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Caminando con Jesus Pedro Sergio Antonio Donoso Brant |
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Queridos
hermanos en Jesucristo Hemos
llegado al mes de diciembre y ya pronto estaremos celebrando ¿No es
cierto acaso que cuando éramos niños contábamos los días y casi las horas que
faltaban para la media noche, Nochebuena de Belén? Todos
preparamos en casa, en la parroquia, en el barrio, en la escuela, en el
trabajo, en cada rincón de la cuidad el día del nacimiento, y adornamos
especiales lugares para crear un clima y un ambiente que nos recuerde donde
nació Jesús. Todos vemos como en los principales punto de la ciudad, de cada
pueblo, se reconstruye este período navideño con un establo o una cueva como
pesebre, y es así como ocupa un lugar central en nuestra Parroquia. Todos nos
acercamos como una peregrinación espiritual a nuestro pesebre, como lo
hicieron los pastores la noche del nacimiento de Jesús, como lo hicieron más
tarde los Magos venían desde el lejano Oriente, guiados y siguiendo la
estrella, hasta el lugar donde estaba nuestro hermano Jesús recién nacido
para ser el Redentor nuestro. Al
visitar el nacimiento o los belenes en estos días de Navidad, miremos al niño
recién nacido, contemplemos a su Madre, observemos a San José, es decir Seguro
que todos conocemos desde niño y muy bien estos acontecimientos relacionados
con el nacimiento de Jesús. Primero nos lo contaron nuestros padres, nuestros
abuelos, los profesores, los catequistas, el sacerdote de la parroquia, las
películas, la televisión, entonces cada vez los revivimos espiritualmente
durante las fiestas de Navidad, y lo hacemos junto con toda Hermanos
en Jesús, lo sucedido al Niño de Belén, en muchos casos es la suerte de los
niños de tantas partes de nuestro país y el mundo, porque un niño es la
alegría no sólo de sus padres, de todos sus familiares, de “Mas
Jesús llamó a los niños, diciendo: «Dejad que los niños vengan a mí y no se
lo impidáis; porque de los que son como éstos es el Reino de Dios. Yo os
aseguro: el que no reciba el Reino de Dios
como niño, no entrará en él.” (Lucas 18, 16-17) El
Niño Jesús, que en Navidad contemplamos en es humilde pesebre, con el paso
del tiempo fue creciendo, a los doce años, junto con María y José, fue a
Jerusalén con motivo de la fiesta de Hermanos,
el Niño que contempláremos en el pesebre, es el mismo hombre adulto que más
tarde, con treinta años, comenzará a anunciar la palabra de Dios, llamará a
los doce Apóstoles, será seguido por multitudes sedientas de verdad. A cada
paso confirmará su maravillosa enseñanza con signos de su potencia divina:
devolverá la vista a los ciegos, curará a los enfermos, resucitará a los muertos y repartirá bondad
en el corazón de quienes lo oirán, mostrara su natural inclinación a la
misericordia y compasión, no condenará a nadie a morir por pecar, solo pedirá
que no se peque más y a los hambrientos repartirá la multiplicaciones de pan
y peces, nos enseñara el amor por
nuestro semejantes, nos enseñara a orar y nos enseñara como Dios es nuestro
amoroso Padre. Queridos
hermanos, pensemos un momento en Queridos
hermanos, pensemos en el Bautismo de nuestros hijos, este es el primer
sacramento y el más necesario para la salvación. Cada muchacho y cada
muchacha de familia católica conoce bien esta
costumbre. En este día se acercan generalmente a la ceremonia junto los
padres, los demás familiares, y con ellos los hermanos y hermanas, los
padrinos que serán sus compadres y a veces sus principales amigos. Es
costumbre hacer fotos familiares de estos acontecimientos para así no
olvidarlo y por lo general, las personas conservan estas fotografías durante
toda su vida. Con el paso de los años, al hojearlas, se revive la atmósfera
de aquellos momentos; se vuelve a la pureza y a la alegría experimentadas en
el encuentro con Jesús, que se hizo por amor Redentor del hombre. Queridos
hermanos y amigos, deseo encomendar la oración a los problemas de nuestras
familias y de todas las familias que nos rodeamos. Debemos rezar juntos y
mucho para que nuestra comunidad, nuestra sociedad y nuestro país, seamos
cada vez más la familia de Dios, y podamos vivir en paz. Recordemos
en esta Navidad, también los sufrimientos que tantos hombres, mujeres y niños
de nuestros países, cuántos son víctimas del odio, de la injusticia, del
perjurio, de las mentiras de los demás, de la envidia del vecino, del
compañero de trabajo, de la incomprensión de sus seres queridos, meditemos
precisamente sobre estos hechos, que llenan de dolor nuestros corazones, y
busquemos a través de la oración por la paz, el amor y la concordia terminar
con el odio y la violencia, la desidia, el desencuentro. Yo se que ustedes
detestan estas situaciones y que en estas fiestas sus corazones se llenan de
amor, y se unirán a la oración por la paz entre nosotros, con la misma fuerza
que lo hacen en la noche de Navidad en cada familia. Hermanos,
permítame recordar además el sentido de nuestra celebración de Navidad, donde
Dios llama a cada hombre, y su voz se deja sentir ya en el alma, en su
corazón, llama a vivir en el matrimonio, llama a ser sacerdote, llama a la
vida consagrada, llama al trabajo en su parroquia, llama a presenciar y
participar diariamente y en especial los domingos del milagro que se produce
en Hermanos
en Navidad el hijo predilecto de Dios se presenta entre nosotros como un
recién nacido; en torno a El sentimos mirada amorosa del Padre celestial y
nos alegramos porque Dios nos ama. El hombre no puede vivir sin amor. Está
llamado a amar a Dios y al prójimo, pero para amar verdaderamente,
necesitamos cada día tener una actitud de vida donde: • Se
es una persona coherente que ama y busca la verdad y ajusta su comportamiento
a ella. • Se
vive y da testimonio de su vida en el Señor •
Donde se corrobora todo lo que predica con su vida personal, familiar y
profesional. • Se
tiene y mantiene una reputación moral intachable pues sabe que será un modelo
y ejemplo a seguir de sus hijos, amigo, familiares. • Se
tiene una recta escala de valores: Dios ilumina su inteligencia, su
inteligencia a la voluntad y la voluntad a los sentimientos. • Es
una persona madura con un gran equilibrio emocional que la hace fuerte para
afrontar problemas y dificultades. •
Donde se sabe dominarse y nunca se pierde el control de sus emociones frente
a los conflictos diarios de esta vida. • Le
da una gran importancia al respeto que tiene hacia los demás. • Es
responsable. Está consciente de su deber y nunca se acoge a excusas para
dejar de cumplirlo. • Es
una persona prudente, justa y moderada en su manera de hablar, que utiliza un
léxico digno, respetuoso, amable y adecuado a las circunstancias. • Es
una persona alegre, optimista, positiva y sonriente, que sabe acoger a los
demás. Tiene tiempo para escuchar a sus amigos, compañeros de trabajos,
familiares cuando se acercan a él. •
Transmite el valor de la convivencia, promoviendo siempre actitudes de
respeto, y sembrando un ambiente de cordialidad y amabilidad ante cualquier
circunstancia. Hermanos,
Dios nos ama, y con ocasión de estas fiestas navideñas que son
particularmente queridas, le deseo unas fiestas alegres, gozosas y en
completa paz, espero que en ellas vivan una experiencia muy intensa del amor
de vuestros padres, de los hermanos y hermanas, y de los demás miembros de vuestra
familia. Que este amor se extienda después a toda vuestra comunidad, amigos,
vecinos, compañeros de trabajo, la señora que les atiende la casa, el
jardinero, el gasfiter, el cartero, el casero, el
hombre que les retira la basura, y tanto otros miembros de nuestra comunidad.
El mejor regalo navideños que le podemos hacer a Jesús en su día de
Natividad, no tiene nada que ver con el consumismo que observamos, no se
compra en el Mall ni en el negocio de la esquina o mas allá, el mejor regalo
es entregando amor a quienes más lo necesitan, en especial a los que sufren y
a los abandonados, a los que hemos ofendido, a los que hemos olvidado Por
eso les hago una pregunta ¿Alguien conoce una alegría mayor que el Amor? Qué
alegría más grande para el Dios Padre, para nuestro Hermanos Jesús, la que nosotros
pongamos en el corazón de los hombres? Hermanos
Reciban
de mi, todo mi cariño, el mismo amor que siento por cada uno de ustedes
cuando le pido al señor que reciban la bendición de nuestro Padre, del Hijo y
del Espíritu Santo Feliz
Navidad y reciban en cada uno de vuestros corazones a Jesús. Pedro
Sergio Antonio Donoso Brant Adviento-
Diciembre 2005 |
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