Las fiestas judías de Sucot

P. Eduardo Sanz de Miguel, o.c.d.

 

Esta tarde, los judíos comienzan las fiestas de Sucot (que en español se traduce por fiesta de las cabañas, las tiendas, las chozas o los tabernáculos), que se prolongarán durante los próximos 7 días. En tiempos de Jesús, cada tarde de esta fiesta, se sacaba agua de la piscina de Siloé, y se llevaba en cántaros al templo, donde se derramaba sobre el altar.  En su origen, era una súplica antes de la estación de las lluvias para pedir la lluvia abundante sobre los campos. En este contexto, «El último día, el más solemne de las fiestas [de Sucot], Jesús, poniéndose de pie, exclamó: “El que tenga sed, venga a mí; y beba el que cree en mí”. Como dice la Escritura: “De su seno brotarán manantiales de agua viva”. Él se refería al Espíritu que debían recibir los que creyeran en Él. Porque el Espíritu no había sido dado todavía, ya que Jesús aún no había sido glorificado» (Jn 7,37-39).

Ésta es una de las tres grandes fiestas bíblicas que, mientras existía el templo de Jerusalén, los judíos celebraban peregrinando a Jerusalén. Las tres tienen orígenes agrarios y las tres fueron transformadas en recuerdos históricos relacionados con el Éxodo.

La primera es Pesaj (la Pascua). Al principio era la fiesta de inicio de primavera (cuando los pastores seminómadas iniciaban la trashumancia y los agricultores recolectaban los primeros frutos de la tierra y ofrecían las primicias a Dios). Con el tiempo, sirvió para recordar la liberación de la esclavitud de Egipto.

La segunda es Shabuot  (Pentecostés, fiesta de las semanas). En su origen era la fiesta de la siega de los cereales, al inicio del verano. Con el tiempo, se convirtió en la celebración anual de la Alianza en el Sinaí, del don de la Ley (la Torá, que se resume en los 10 mandamientos).

La tercera es Sucot (las tiendas), al principio del otoño. En su origen era la fiesta de la vendimia y de la recolección de los últimos frutos de la tierra, antes del invierno. Con el tiempo se convirtió en la memoria de los 40 años que el pueblo de Israel anduvo en el desierto, habitando en tiendas, hasta su entrada en la Tierra prometida.

Las tres eran fiestas agrarias, ligadas al ciclo de la naturaleza y al alternarse de las estaciones. Las tres se convirtieron en celebraciones históricas de acontecimientos relacionados con los orígenes de Israel, tal como se narran en el libro del Éxodo. Así se unieron los ciclos de la naturaleza (provocados por el movimiento inmutable de los astros) y la historia de la salvación (en la que Dios interviene en algunos acontecimientos bien localizables en el tiempo y en el espacio, para salvar a los hombres). Cada una de ellas se convirtió en una ocasión para profundizar en el significado de las obras de Dios (tanto en la creación como en la historia) y para renovar la Alianza.

Las fiestas se interpretaban como un «memorial»: recuerdo de acontecimientos pasados, que se actualizan misteriosamente y alimentan la esperanza en nuevas intervenciones de Dios. Así, el recuerdo de las obras de Dios se convierte en esperanza de la salvación definitiva, que Él otorgará en el momento oportuno. Creación, historia y esperanza se unen entre sí.

San Pablo dice que «la creación entera está aguardando, expectante, la gloriosa manifestación de los hijos de Dios» (Rom 8,19). Es decir, que la salvación de los hombres afecta al mundo entero, al eterno proyecto de Dios sobre la creación. De hecho, la Biblia afirma que Dios realizó la creación en vistas de la alianza, con el propósito de establecer una relación de amor con los hombres. La creación no es un fin en sí misma. Es sólo la primera etapa de la historia de la salvación. Por eso, el cosmos no es una realidad cerrada, sino en movimiento, que parte de un principio (la creación), se dirige a una meta (la recapitulación final) y tiene un sentido (que corresponde al proyecto amoroso de Dios sobre el hombre).

Cuando descubrimos que los ciclos de la naturaleza y los recuerdos de la historia de Israel encuentran su pleno cumplimiento en Jesucristo, comprendemos que Él da sentido al universo y a toda la historia de la salvación. A Él la gloria y el honor por los siglos de los siglos. Amén.

P. Eduardo Sanz de Miguel ocd

 

Caminando con Jesús

Pedro Sergio Antonio Donoso Brant ocds

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