PASCUA

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Fr. Julio González C. OCD

 

TIEMPO DE PASCUA

CICLO C 2010

 

PALABRA Y ESPIRITUALIDAD

Pastoral de Espiritualidad

Frailes Carmelitas

Viña del Mar – Chile

 

                         

CUARTA SEMANA DE PASCUA

CICLO C

 

 


DOMINGO

Lecturas:

a.-  Hch. 13, 14. 43-52: Nos dedicamos a los gentiles.

b.- Ap. 7, 9. 14-17: El Cordero será su pastor, y los conducirá hacia fuentes de aguas vivas.

c.- Jn. 10, 27-30: Yo doy la vida eterna a mis ovejas.

Luego de predicar el evangelio en Antioquía de Pisidia, el kerigma cristiano, muchos judíos y prosélitos aceptaron la fe. En cambio, los judíos, al ver el éxito de Pablo y Bernabé, soliviantaron a la gente contra los discípulos. La gente quería seguir escuchando a los discípulos, mientras que ellos les piden que se mantengan fieles a la gracia de Dios. Al sábado siguiente se produce la separación entre el judaísmo y el evangelio. Pablo, con una verdadera pedagogía, les recuerda su privilegio cronológico: ellos eran los primeros llamados en recibir la palabra de Dios, el evangelio de la gracia, porque todo lo que ahora se anuncia ocurrió entre los judíos. Jesús, se dirigió a los judíos y lo mismo mandó a sus discípulos: predicar el evangelio comenzando por Israel. El pueblo judío destinatario de  todas las promesas del AT, pero debido al rechazo del Mesías y su evangelio, el anuncio a los gentiles se hacía necesario. Este rechazo de los elegidos y la aceptación de los paganos ya lo había anunciado Jesús (cfr. Lc. 4, 14-30). El pronunciamiento de los discípulos es radical, se vuelven a los gentiles, con la sacudida del polvo de sus pies y con las palabras del profeta (Is. 49,6), es decir, ser luz y salvación hasta los confines de la tierra. Si bien estas palabras fueron interpretadas por los judíos como el futuro esplendo de Israel, ahora se aplica lo mismo para los gentiles destinados a la vida eterna (cfr. Lc. 2, 32). Los gentiles se alegraron en el Señor y la acción del Espíritu Santo en los discípulos es fecunda, aunque tengan que marchar a otro territorio.     

En este pasaje que nos narra Juan, encontramos dos momentos: una liturgia actual y un futuro utópico. En el primer estadio encontramos la visión de una inmensa muchedumbre en el cielo, que nadie puede contar, reunión universal de todos los pueblos, que no llevan el sello, por eso no son contables entre los 144.000 sellados en la tierra. Esta muchedumbre está de pie delante del Cordero, distinto de los impíos que no pueden sostenerse de pie en el día de la cólera del Cordero (cfr. Ap. 6, 17). Visten de blanco, son los mártires, es decir, no se contaminaron con la idolatría, y llevan la palma de la victoria. Han triunfado sobre la Bestia, de su imagen y de la cifra de su nombre. Son los mismos que gritaban justicia y venganza, mas ahora cantan la salvación que es de Dios y está sentado en el trono y del Cordero (v.15; Ap. 6,9-11). La salvación que cantan los mártires, se puede interpretar como un término político pues designa la paz, seguridad y el bienestar que ofrece la Roma imperial; ahora los mártires reconocen que esa salvación viene de Dios y del Cordero. “Esos son los que vienen de la gran tribulación; han lavado sus vestiduras y las han blanqueado con la sangre del Cordero.” (v. 14). La gran tribulación puede ser la persecución llevada a cabo por Nerón pero sobre todo debe entenderse como la permanente situación de opresión y persecución que vive la Iglesia, porque no acepta las estructuras opresoras e idolátricas en lo económico, político, social, cultural y religiosa que propone la sociedad actual.

San Juan, nos presenta a Jesús como el buen Pastor y la puerta del rebaño, en medio de la disputa de Jesús con los jefes religiosos por su origen. Era la fiesta de la Dedicación, recuerdo de la consagración del templo y que Jesús está ahí paseándose viene a indicar que ÉL es el nuevo Salomón, constructor del verdadero templo del Señor que es el mismo, pero lejos de las instituciones judías. Jesús es el nuevo Salomón, el buen Pastor. Siguiéndolo a ÉL, el nuevo rebaño experimentará la verdadera vida, la verdadera comunicación con Dios, el Padre, como fuente y raíz de todo el quehacer de Cristo Jesús. No permitirá que ninguno de los que le ha entregado, sean arrancados de las manos de Jesús, porque es Uno con el Padre, y por lo mismo poseedor de su misma vida. Las ovejas oyen su voz y éstas lo siguen porque conocen su voz (cfr. Jn. 10, 3-4). Los fariseos, no son de sus ovejas y tampoco escuchan su voz, ni Jesús los conoce, ni lo siguen (cfr. Jn. 10,26). Sólo quien cree en Jesús discierne la identidad de Jesús, esto porque ha oídos su voz, experimenta la vida eterna y sabe que viene del Pastor bueno. Lon incrédulos no son capaces de leer las obras del Mesías. El Padre y el Hijo son uno, y por lo mismo el Pastor tiene una capacidad vivificadora y una soberanía absoluta, atributos divinos, recibidos del Padre (cfr. Jn. 3, 3; 6, 37). Es fundamental que  somos conocidos por el Pastor, nos llama por nuestro nombre, la respuesta será en la medida de nuestro conocimiento de Jesús, ser capaces de reconocer su voz,  vivir la comunión con el Padre y el Hijo a la cual nos invita nuestra condición de hijos de Dios y alcanzar ya en esta vida la eternidad. 


LUNES

a.- Hch. 11,1-18: Pedro explica su conducta.

b.- Jn. 10, 1-10: El buen pastor da la vida por sus ovejas.

 

Este pasaje de los Hechos nos presenta la apertura de la Iglesia a los paganos, que comienza con el bautismo de Cornelio de manos de Pedro. La reacción de la Iglesia de Jerusalén, es pedirle una explicación. Pedro, como cabeza de la Iglesia no obra por capricho ni en forma independiente. La oposición le vino de los que provenían de la circuncisión, es decir, que privilegiaban las tradiciones judías, se oponían a la comunión con los gentiles (cfr. Hch. 15, 1; Gál. 2,11). Pedro narra lo que aconteció y posee a su favor el testimonio de los otros seis hermanos que lo acompañaban y recuerda las palabras de Jesús sobre el bautismo en el Espíritu (vv. 12. 16; cfr. Lc. 1,5), incluía también a los paganos. Luego de la exposición de Pedro, las críticas desaparecieron, reconocen los hermanos la acción de Dios en los gentiles, sin la necesidad que observen la Ley de Moisés. Con todo esto vemos que en la comunidad primitiva de Jerusalén había dos grupos bien definidos: los que se oponen al ingreso de paganos a la Iglesia y el otro segmento que reconoce que Dios implantó su voluntad a la comunidad, apertura a los gentiles (cfr. Hch. 10,14. 28. 47; 11, 2. 8. 17; 10,3-11-16. 22. 30; 11, 5-10; 13). De esta forma el trabajo con los gentiles quedaba autorizado; vía abierta para su ingreso a la comunidad. Lo significativo fue que el primer pagano fuera bautizado por Pedro y que la Iglesia después de un sano discernimiento aprobó el accionar de Pedro y la asumió como suya. Fue la Iglesia apostólica que inició este trabajo, lo que legitima el bautismo a los paganos. El primer convertido, es un militar romano, pero se insistirá más en las buenas relaciones entre la Iglesia y las autoridades del momento.  

En este pasaje Juan nos habla de las características del buen Pastor y de aquel que no es pastor del rebaño. El verdadero Pastor entra por la puerta, el portero le abre y es reconocido por las ovejas por el tono de su voz: las llama por su nombre y le siguen. El otro es un extraño, escala por la pared, las ovejas no le siguen; su voz es extraña para ellas. En el trasfondo late la presencia de falsos profetas con anhelos mesiánicos, con pretensiones de salvación, que conoció Israel. Escuchar la voz del pastor es un tema recurrente del AT, aquí se trata de oír a Jesús, escuchar su palabra. Lo mismo se puede decir de las palabras redil, ovejas, rebaño; aquí deja en claro que ÉL ama a sus ovejas, entra por la puerta y las ovejas le siguen al escuchar su voz. Otra lectura es señalar que Jesús, no ha entrado en el redil de Israel con violencia pretendiendo ser el Mesías. Se puede entender que es Yahvé el portero del redil de Israel, que gozoso abre las puertas a Jesús el Pastor. Entre las ovejas y el Pastor, hay una gran intimidad, transida de alegría al escuchar su voz, ÉL no busca la paga por su trabajo,  cuidar las ovejas, más bien, entrega la vida por ellas. Descubrimos en el Pastor, al esposo de la nueva alianza; ellas le siguen porque conocen su voz, la voz del Amado (cfr. Ct. 5, 2). A la imagen del Pastor se agrega el de la puerta: Él es la puerta del rebaño, de las ovejas, por donde se puede entrar y salir, es decir, el creyente se siente cómodo, nada de estrecho. Es el Pastor de la vida de su rebaño (cfr. Jn. 10,10). Vemos como Jesús se ha ido declarando la luz del mundo, el agua viva, el pan vivo bajado del cielo, finalmente, declarará que el Camino y la Verdad y la Vida. Todas estas declaraciones hablan de cómo Jesús conduce a las ovejas hacía sí mismo, no sólo es vía, acceso, sino nuevo recinto, nuevo templo, donde los que creen adquieren los bienes mesiánicos. Jesús es la puerta que conduce a la vida, al nuevo templo. Quien encuentra a Jesús encuentra la plenitud total, la vida para siempre.


MARTES

Lecturas:

a.- Hch. 11, 19-26: Nace la comunidad de Antioquia.

b.- Jn. 10, 22-30: Yo doy vida eterna a mis ovejas.

 

La dispersión que produjo el martirio de Esteban se termina convirtiendo en una gran bendición para la Iglesia primitiva. Algunos hombres de Chipre y Cirene, predicaron la palabra en Antioquía (v. 20). Es posible que sean Lucio de Cirene y Simeón llamado el Niger (cfr. Hch. 13). Es posible que ambos domiciliados en Antioquía, predicaran el evangelio y comandaran la comunidad. Hay que decir que estos fueron misioneros anónimos que fundaron lo mismo en Antioquía, que Éfeso, Alejandría  y  Roma (cfr. Hch. 18,21; 18,24; 28,14). La iglesia madre de Jerusalén envía a Bernabé a Antioquia,  quien vio el don que había hecho Dios a esa comunidad, y los exhorta a permanecer unidos en el Señor con un propósito firme. El mensaje de estos misioneros fue otro que el kerigma cristiano: Jesús es el Señor. En la mentalidad helenista había muchos señores, la fórmula cristiana es presentar a Jesús como el único Señor. Los gentiles dieron el nombre de “cristianos”, ungidos, a los seguidores de Cristo. Con estos se quiere decir, que el cristianismo ya no es una secta judía, sino que el cristianismo ha adquirido personalidad y consistencia propia. Es una realidad nueva en el mundo religioso de entonces y recordemos que según la mentalidad judía las cosas sin nombre, no existen. Al poco tiempo, se agrega Saulo de Tarso a esta misión, y luego de permanecer un año allí, muchos se agregaron a la Iglesia. Pablo estaba en Tarso, luego de su conversión, enviado por los hermanos (cfr. Hch. 9, 30). Recordemos que fue Bernabé quien presentó a Pablo a los apóstoles (cfr. Hch. 9,27), pero al convertirlo Lucas en puente entre los apóstoles y Pablo, está legitimando la misión de éste último. De este modo se incrementa el rebaño de Cristo,  Antioquia se convierte en la segunda Iglesia, luego de Jerusalén, puente para el trabajo apostólico con los griegos, como la iglesia madre, lo es para los judíos.

El evangelio tiene como  contexto  la visita de Jesús al templo en la fiesta de la Dedicación. La pregunta de los judíos es directa: “¿Hasta cuando  vas a tenernos en vilo? Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente” (v. 24). La respuesta de Jesús los remite a sus obras, pero no creen a ellas, porque no son ovejas de su rebaño. Expone, luego la realidad acerca de la comunión de vida eterna que establece con sus ovejas, que se traduce, en conocimiento del pastor y escuchar  su voz. Estas son las condiciones para vivir esa comunión entre el Pastor y su rebaño.

Es el propio Jesús, quien da razones para constituirse en verdadero y único pastor del rebaño de Dios: una razón, es que conoce sus ovejas y ellas le conocen y siguen. Este conocimiento que crea comunión de vida, relación activa y efectiva, amorosa y familiar, personal e íntima con el Otro. Quiere Jesús llevar esta relación, al mismo grado, que hay de conocimiento mutuo con su Padre. Les da vida eterna, por lo mismo, no perecerán jamás, porque nadie se las arrebatará de su mano. Es el Padre quien se las confió, nadie se las puede arrebatar.  El Señor resucitado abre la puerta de su rebaño para conocernos por nuestro nombre, a cada uno. La esperanza que nace de su resurrección  transforma en testigos a los que lo aman, y su voz resuena en lo interior de cada creyente.  


MIERCOLES

Lecturas:

a.- Hch. 12, 24 - 13, 1-5: Misión de Bernabé y Saulo.

b.- Jn. 12, 44-50: Yo, la luz, he venido al mundo.

 

La lectura de Hechos, nos sitúa en Antioquia de la que va a partir la gran misión. Los protagonistas son Bernabé y Pablo, se les une Juan Marcos, primo de Bernabé, que vino con ellos desde Jerusalén. Buen hombre que prestó servicios a Bernabé y Pablo (cfr. Col. 4,10; Hch. 13,5; 15,39; Col. 4,10; Flm 24; 2Tm.4,11). La comunidad de Antioquía contaba con profetas y maestros. Estos tenían la misión de interpretar  la Escritura, sobre todo el AT, y su cumplimiento en el Evangelio. Predicaban y posiblemente dirigían la comunidad. Eran hombres doctos inspirados por el Espíritu Santo, el mismo que hablaba por medio de los profetas. Se puede decir que Bernabé y Pablo, estaban llenos del Espíritu Santo, por lo mismo eran considerados buenos profetas y maestros. La palabra de Dios crecía y se propagaba entre los paganos.

Los  seleccionados por el Espíritu Santo, para la nueva misión, son Bernabé y Pablo, son escogidos en una asamblea litúrgica  y la comunidad se hace responsable de esta misión (vv. 2- 3). La oración y el ayuno son imprescindibles para conocer la voluntad del Señor. Lucas, quiere dejar en claro que la iniciativa viene del Espíritu y que mueve a toda la comunidad para asumirla y planificarla. Las palabras del Espíritu: “separadme…” es el término para indicar una consagración como la de los levitas y de Pablo (cfr. Núm. 16,9; 1Cró 23, 13; Rm. 1,1; Gál. 1, 15). Se trata, entonces de la consagración de Bernabé y Pablo llamados para evangelizar; la imposición de las manos viene a significar autoidentificación, trasmisión de un poder que se comparte entre quien las impone y sobre aquellos que son impuestas. Serán misioneros en nombre o mandados o representantes de la Iglesia de Antioquía ante los paganos, Iglesia en la que por primera vez se les llamó cristianos a los discípulos de Jesús. 

El evangelio nos presenta a Jesús clamando por su identidad:  “El que cree en mí, no cree en mí, sino en aquel que me ha enviado; y el que me ve a mí,  ve a aquel que me ha enviado. Yo, la luz, he venido al mundo para que todo el que crea en mí  no siga en las tinieblas” (vv. 44-46; cfr. Jn. 1,15; 7, 28. 37; 12,44). Jesús obra en nombre de Dios no hace nada por su propia autoridad, sino que actúa en comunión con el Padre y en total obediencia a ÉL, de quien ha recibido la más absoluta autorización. Si vemos son varios los pasajes en que Jesús recibe la aprobación de Juan el Bautista (cfr. Jn. 1,15; al autoproclamación en la fiesta de los Tabernáculos (cfr. Jn. 7, 28; 7, 38). Ahora Jesús sintetiza cuanto ha dicho de sí mismo: Creer en Jesús es creer en Aquel que lo ha enviado. El Padre y Jesús, son una misma cosa; ÉL es reflejo del Padre, acerca al hombre a Dios, lo comunica, lo presenta. Jesús, es la luz de la salvación, portadora de luz verdadera que es vida. Vino para traer luz en medio de las tinieblas, del paganismo, la increencia, rescatar al hombre para que pueda creer en ÉL  y ser salvo. El hombre debe decidir entre  la fe y la increencia, que tiene como contrapartida, salvación o condenación eterna. Se acepta o no se acepta a Jesús, su palabra, si bien vino para salvar y no para juzgar. Es la actitud que tengamos respecto a Jesús, es si nos salvamos o somos juzgados. “El que me rechaza y no recibe mis palabras, ya tiene quien le juzgue: la Palabra que yo he hablado, ésa le juzgará el último día” (v. 48). Si la Ley juzgará a los rebeldes en el último día como, creían los judíos, Jesús, se presenta como superior a la Ley, pues será su palabra la que nos juzgue. Es la palabra de Jesús, en definitiva la que nos juzga, porque nada nos ha mostrado o enseñado que el Padre no conozca primero. El es la fuente de todo lo que Jesús nos comparte y comunica; su palabra es la del Padre, tiene la autoridad de Dios. Su palabra es vida, comunicarla es su trabajo y misión. También la nuestra si la hemos conocido y recibido del Padre.   


JUEVES

Lecturas:

a.- Hch. 13, 13-25: Pablo en Antioquia de Pisidia.

b.- Jn. 13, 16-20: El siervo no es más que su amo.

 

La lectura de Hechos nos sitúa en Antioquia de Pisidia, donde luego de la lectura de la Ley y los profetas, Pablo y Bernabé son invitados a hacer una exhortación. Era el primer viaje apostólico de Pablo y Bernabé, se sabía que conocían bien las Escrituras.

Es una constante en Pablo en el anuncio del Evangelio dirigirse primero a la sinagoga, es decir, a los judíos, si encontraba rechazo, entonces se dirigía a los gentiles. El servicio litúrgico fuera de Palestina era en griego. En la exhortación los oyentes querían escuchar si había algún indicio que hablara del cumplimiento de las promesas hechas por Dios en el AT. ¿Dios cumplirá su palabra en este momento de la historia, finalmente? Las palabras de Pablo, asume el protagonismo de aquí en adelante, comienza a recordar el pasado de Israel: comienza por la conquista de la tierra prometida, el período de los jueces y los primeros reyes de Israel, Saúl y David. “Depuso a éste y les suscitó por rey a David, de quien precisamente dio este testimonio: He encontrado a David, el hijo de Jesé, un hombre según mi corazón, que realizará todo lo que yo quiera. De la descendencia de éste, Dios, según la Promesa, ha suscitado para Israel un Salvador, Jesús” (vv. 22-23). La exhortación de Pablo, consiste en confirmar que las promesas hechas a David se cumplen en Jesús, es el Salvador. Pablo, quiere colocar toda su atención en David. Según la tradición judía, Dios había prometido un rey que reinaría para siempre; pero todavía no había llegado. La monarquía había desaparecido hacía siglos. Los judíos llamaban Mesías y Cristo a ese rey que debía venir; de ahí la importancia de la referencia inmediata que hace Pablo de David a Jesús. Es más para la mentalidad judía el término Salvador decía mucho más que el de Mesías.  El Bautista, dice, Pablo, precedió a la actividad de Jesús y dio testimonio de ÉL y se consideró indigno de desatar las sandalias de sus pies (v. 25). Juan Bautista, fue su precursor y su testigo de Jesús, quien lo anunció y abrió caminos llanos al Salvador y redentor del mundo en el corazón de los hombres.   

La mención que hace Pablo, del Bautista enmarca la actividad de Jesús en un tiempo determinado; ser precursor y testigo de Cristo Jesús, ayuda a comprender el rol superior que tiene el Mesías de su precursor.

El evangelio nos sitúa en el contexto después del lavado de pies, mejor dicho es su explicación. El gesto de Jesús debe servir para explicar el dicho: “No es más el siervo que su amo, ni el enviado más que el que lo envía. Sabiendo esto, dichosos si lo cumplís” (v. 16; cfr. Jn. 15, 20; Mt. 10,24; Lc. 6, 40). Este dicho viene a significar que el siervo correrá la misma suerte que su Maestro, es decir, las mismas persecuciones. Es probable que el dicho surgiera del mandato que Jesús les hizo de lavarse los pies unos a otros. Este también establece una relación nueva entre Jesús y sus discípulos, pensando que el enviado, embajador tiene la misma dignidad del que lo envía. Así como Jesús envía a sus discípulos, lo mismo ÉL que fue enviado por el Padre (cfr. Mt. 10, 40); honores o maltratos que se hagan a los embajadores es como si se lo hicieran a Aquel que los envió. Quien recibe al enviado por Jesús, recibe no sólo a Jesús, sino también al Padre, el que ha enviado a Jesús. El lavado de pies, es una forma de anunciar a Cristo Jesús entre los hombres, por medio del servicio al prójimo dentro de la comunidad (cfr. Jn. 13, 14). Sólo quien ponga en práctica su palabra alcanzará la bienaventuranza, dice Jesús (v.17), es decir, al conocimiento, debe seguir la acción. Sólo de este modo es eficaz para quien los posee además de dar testimonio ante el prójimo. La  velada alusión a Judas, que queda fuera de esta bendición por su actitud, aunque sabemos que Jesús lo escogió para ser su discípulo, incluso sabiendo que lo iba a traicionar. Ahora sabemos que fue para que se cumpliera la Escritura:  “El que come mi pan ha alzado contra mi su talón” (Sal. 41, 10). Os lo digo ahora antes que suceda,  para que, cuando suceda creáis que Yo soy” (vv. 18-20). Estas palabras  expresan  el dolor de la traición por parte de uno de sus discípulos. Jesús lo anuncia o revela antes que suceda para que cuando haya sucedido, se confirme la fe de sus discípulos en ÉL: “y creáis que Yo soy” (v. 19). El cristiano comprometido debe seguir el camino de su Maestro, es decir, de servicio, de humillación y gloria. Seguir a Jesús, en este camino de evangelio, se trata de imitar sus actitudes: amor y servicio a los hermanos, entrega y renuncia, obediencia y humillación. No olvidemos que el servicio y el amor tienen  otra cara, que es precisamente, el sacrificio y la renuncia. Son intrínsecos al amor ya que sin ellos éste no vale nada. El amor se alimenta sólo de sacrificios.


VIERNES

Lecturas

a.-Hch. 13, 26-33: Las promesas han sido cumplidas en los hijos.

b.- Jn. 14, 1-6: Yo soy el camino, la verdad y la vida.

 

Continuamos en la sinagoga de Antioquía de Pisidia y Pablo sigue su exhortación: el evangelio es la consumación de todo cuanto Yahvé había prometido a su pueblo. Pablo, les recuerda que son raza de Abraham, hombres temerosos de Dios, a ellos es dirigida hoy, una palabra de salvación. Los jefes del pueblo cumplieron las Escrituras, sin saberlo, dice el apóstol, las mismas que se leen lo sábados, cuando pidieron la muerte de Jesús. Revive la Pasión cuando les recuerda que fue crucificado, muerto y sepultado, pero Dios lo resucitó, se apareció a sus discípulos, convertidos hoy en sus testigos. El argumento esencial es que la Buena Nueva, el mensaje que él les anuncia,  que todo cuanto Dios prometió a los padres, lo ha cumplido en los hijos, es decir, en ellos sus interlocutores, al resucitar a Jesús de entre los muertos (cfr. Sal. 2,7). Es el kerigma anunciado a los primeros destinatarios de la promesa, los judíos, pero que desde el rechazo a Jesús y su evangelio,  luego a los apóstoles, se abre a los gentiles.

El evangelista nos introduce en el clima de una verdadera despedida de Jesús de sus discípulos, luego del anuncio de la traición de Judas y la negación de Pedro. El Maestro quiere infundirles confianza y seguridad en sus discípulos. Éstos deben creer en Jesús, así como creen en Dios. Su partida les favorece, es más saben el camino para ir al Padre, porque lo conocen a ÉL. Eso es precisamente Jesús: camino de salvación, porque Dios está en ÉL para salvar al hombre pecador. Su partida incluye su regreso: volverá luego de vivir la Pasión y Resurrección; vivirán el Padre y ÉL en aquellos que lo amen y guarden su palabra. Esta vivencia es fruto de la fe, de creer y de la acción del Espíritu que potencia la adhesión a Cristo Jesús. En la casa del Padre hay muchas habitaciones, se adelanta para prepararnos un lugar y estar siempre con el Señor (cfr. 1Test. 4, 16-17). La pregunta de Tomás es la llave que abre el misterio de la comunión y la respuesta de cómo realizarlo. “Le dice Tomás: Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino? Le dice Jesús: Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí” (vv. 5-6). El camino hacia la casa del Padre es Cristo Jesús, por lo mismo es la verdad y la vida hacia Dios, que es la verdad y la vida para el discípulo que lo conoce y ama. Se dice hoy que el hombre ya no busca la verdad, se cansó en el intento, pero si no lo hace busca instintivamente poner por verdad lo que es relativo o lo que es peor, la mentira. El cristiano, busca la verdad en su vida, porque en ella encuentra a Jesús el camino hacia Dios.


SABADO

Lecturas:

a.-Hch. 13, 44-52: Nos dedicaremos a los gentiles.

b.- Jn. 14, 7-14: Quien me ve a mí ve al Padre.

 

La primera reunión había suscitado para el sábado siguiente un gran interés, que había provocado la predicación de Pablo entre judíos y gentiles: querían permanecer fieles en la gracia de Dios, es decir, escuchar el evangelio. Los judíos organizaron la ofensiva con blasfemias contra su palabra. La reacción de Pablo es sabia y sensata:  “Era necesario anunciaros a vosotros en primer lugar la Palabra  de Dios; pero ya que la rechazáis y vosotros mismos no os juzgáis dignos de la vida eterna, mirad que nos volvemos a los gentiles. Pues así nos lo ordenó el Señor: Te he puesto como la luz de los gentiles, para que lleves la salvación hasta el fin de la tierra” (vv. 46-47). La intención de Pablo era buena, llevar a sus propios hermanos  la fe en Jesucristo, como cumplimiento perfecto de todo cuanto se había dicho del Mesías en las Escrituras del AT. El mismo rechazo que recibió Cristo Jesús, no aceptaron su palabra, serán entonces los gentiles quienes se verán beneficiados, si aceptan la fe (vv. 48-49; cfr. Lc. 4, 14-30). Aquí se ve como la mano de Dios acompaña la evangelización de los pueblos, en esa visión de cómo se construye la historia de la salvación, donde el aporte del hombre de fe, es fundamental. El ataque de los judíos, no se dejó esperar porque incitaron a hombres y  mujeres piadosos contra Pablo y Bernabé hasta expulsarlos de su territorio (vv. 50-51). Ante el rechazo los apóstoles se vuelven hacia los gentiles inspirados en el profeta que había anunciado: serás luz para los gentiles (Is. 49,6). Texto que los judíos habían interpretado como el futuro de Israel, ahora  son los cristianos los herederos de dichas promesas (cfr. Lc. 2, 32). Pero lo más importante, después del anuncio del kerigma es que desde dentro los animaba el Espíritu de Dios: “Los discípulos quedaron llenos de gozo y del Espíritu Santo” (v. 52). Toda evangelización necesita al Espíritu Santo que anime a los misioneros y evangelizadores para que verdaderamente sea proclamado el kerigma, al igual que los apóstoles Pedro, Pablo, Esteban, olvidar esto, es sembrar sin la simiente de la fe: la unción del Espíritu.

El Señor Jesús habla con frecuencia de su relación con el Padre, en el evangelio de Juan, de una unión exclusiva, de ser su enviado. “Si me conocéis a mí, conoceréis también a mí Padre; desde ahora lo conocéis y lo habéis visto” (v. 7). Pero es Felipe quien quiere un cara a cara con Dios Padre: “Señor, muéstranos al Padre y nos basta” (v. 8). Al Padre nadie lo había visto, no es su costumbre o modo de presentarse así al hombre, sino a través de su palabra. La petición está fuera de lugar en Juan, puesto que para ver  y creer hay que conocer, el más perfecto se obtiene por medio del Hijo, obediente al Padre, realizando el proyecto que ÉL le encomendó, presentando el amor en cada una de sus obras que tiene por el hombre. Siguiendo esta lógica, a mayor conocimiento y cercanía con Jesús se da un mayor conocimiento del Padre; Felipe debía descubrir la relación entre el Hijo y su Padre. Estar en el otro, sólo se consigue por medio del amor, por una identificación, un mismo pensar, sentir y obrar; sólo de esta manera Jesús está en el Padre y el Padre en Jesús. Obediencia y misión vividas en la propia vida hacen que Jesús se identifique en todo con su Padre; y el Padre está en Jesús porque por medio de ÉL lleva cabo la obra de la salvación o redención, se da a conocer, se comunica al creyente. Sólo desde la fe se comprende y vislumbra esta realidad, por eso la respuesta a Felipe comienza: “¿No crees que yo estoy en el Padre y  Padre en mí?” (v.10). Esto es lo que los discípulos deben creer firmemente; lo mismo dígase de los cristianos por su unión con Cristo están muy cerca del Padre. Ahora bien, si el Padre está en los cristianos debe obrar también en él como lo hizo con Cristo Jesús. Puede hacer obras mayores en el tiempo de la Iglesia, porque Jesús subió al Padre. La tarea de los creyentes será llevar la salvación a todos los hombres a todas las generaciones. Que importante será entonces dejar obrar al Padre por medio del Espíritu en nuestra vida las mismas obras que hizo el Hijo, por la salvación de los hombres de hoy. La oración deberá ser la tierra fecunda desde donde germine este conocimiento amoroso del plan de salvación que el Padre, obra por el Hijo en el Espíritu Santo en la vida de cada discípulo de Cristo en su Iglesia. 

Fr. Julio González C.  OCD

 

 

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