PASCUA

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Fr. Julio González C. OCD

 

TIEMPO DE PASCUA

SEGUNDA SEMANA

CICLO C 2010

 

PALABRA Y ESPIRITUALIDAD

Pastoral de Espiritualidad

Frailes Carmelitas

Viña del Mar – Chile

 

                         

SEGUNDA SEMANA DE PASCUA

CICLO C

 

 


DOMINGO

Lecturas:

a.- Hch. 5, 12-16: Crecía el número de creyentes.

b.- Ap. 1,9-11.12-13.17-19: Estaba muerto y ya ves, vivo por los siglos de los siglos.

c.- Jn. 20, 19-31: A las ocho días se les apareció Jesús.

 

Este pasaje es el tercer sumario que hace el autor para destacar las actividades que hacen los apóstoles. Inmediatamente antes, ha narrado la simulación e impostura de Ananías y Safira (5,1-11) y luego de esta síntesis, nos ofrece una imagen de la Iglesia perseguida (5, 17-42). No todos eran problemas ni persecuciones, Lucas, quiere destacar los éxitos del evangelio en medio de ese contexto concreto porque entonces se vería limitado el poder del evangelio y la predicación de los apóstoles. Los cristianos comenzaron a ser respetados por los judíos, por lo de Ananías y Safira, ese temor debía ser completado con esta síntesis. Pedro y los apóstoles, dice Lucas, hacían signos y prodigios. Pedro, como cabeza resume la actividad de todos. Luego, habla de la comunidad, unida a los apóstoles, que se reunía en el pórtico de Salomón. El templo ya había sido destruido, cuando escribe Lucas, su obra. Esta comunidad es presentada como protegida por un aura de temor y respeto por los no cristianos, no se les unían en la enseñanza, pero al mismo tiempo la gente común los apreciaba. Era una especie de temor sagrado que separaba a unos y otros. Hay que destacar que los cristianos ya contaban con su espacio, lo que no significa que no hubiera conversiones, porque el propio Lucas, afirma que la comunidad aumentaban  más los creyentes. Del temor se pasa a la estima hasta convertirla en aceptación como grupo entre la población. Las curaciones que realizaban los apóstoles, atraían a muchas personas a venir a Jerusalén, lo que habla de la gran consideración en que se tenía a los cristianos. 

La segunda lectura, nos presenta a Jesucristo como el testigo fiel, primogénito entre los muertos, soberano de los reyes de la tierra (v. 5), Dios que es el alfa y la omega, el principio y el fin, el que era, es y ha de venir. Todo esto pone en alerta a los cristianos, por que Dios no es pasado y presente, sino que sobre todo es futuro.

El evangelio nos presenta a Jesús en medio de sus discípulos en día de la resurrección por la tarde, en un ambiente cerrado, como el día de la despedida. Por dos veces les da la paz, la tercera vez la dará cuando esté presente Tomás (v. 26), muestra sus manos y el costado, es decir, que la resurrección supone la cruz. Cruz y resurrección, desde ahora deben ir siempre unidas en el Muestro y Señor, pero también en sus discípulos. Su presencia provoca la alegría de éstos, alegría que ya les había presagiado (cfr. Jn. 16, 20-22), los envía al mundo, como ÉL había sido enviado por el Padre (cfr. Jn. 17, 18). Los fortalece para la misión con el don particular del Espíritu Santo, con el gesto de soplar sobre ellos, comunicándoles la vida (cfr. Gn. 2,7; 1 Re. 17, 21; Ez. 37, 9; Sb. 15,11). Así como el primer hombre recibió la vida de Dios en el paraíso, comienza a ase espíritu viviente, verdaderamente hombre. Es la nueva creación, la nueva humanidad, que crea el Espíritu Santo de Dios. Perdonar los pecados y el retenerlos, viene del poder de atar y desatar, tercer don del Resucitado para su conversión, el primero es la paz y el segundo del Espíritu Santo. Con ello Jesús Resucitado, constituye a los apóstoles el jueces de la sociedad, porque han recibido el Espíritu de la Verdad, saber discernir la comunidad eclesial sobre la realidad que los circunda.


LUNES

Lecturas:

a.- Hch. 4, 23-31: Oración de los apóstoles.

b.- Jn. 3, 1-8: Nacer del agua y del Espíritu.

 

Oración en la persecución hecha por los apóstoles, luego de haber sido liberados, en comunidad, con los suyos. Si bien las conversiones iban en aumento, la comunidad apostólica era un pequeño grupo, reunidas en casas (cfr. Hch.12,12). Una actitud que llama la atención es cómo la comunidad en lugar de escapar se entrega a la oración y ponen en la presencia del Señor sus dificultades por confesar su fe (cfr. Hch. 11,18; 16,25; 21,20). El esquema de oración estaba basado en invocar la divinidad, cantar o señalar los atributos divinos y luego la petición. Lucas, adaptó una oración de Ezequías (2Re. 19, 15-19; Is. 37,15-20), para sus propósitos, incluyendo el Salmo 2,1-2. Vemos cómo se cumple todo esto en la muerte y resurrección de Jesús. El rey de Judá era el ungido del Señor, representante de Dios ante su pueblo y el representante de éste ante Dios. Terminada la monarquía, el Salmo fue interpretado en forma mesiánica, lo cual resulta evidente en la oración que hizo la comunidad de los apóstoles: Herodes y Pilatos, los reyes de la tierra, conspiraron contra Jesús, pero fue una acción inútil porque eso no impidió la resurrección de Jesús. Jesús como sus hermanos de comunidad son todos siervos de Dios y deberán correr la misma suerte que su Maestro. No piden les libere de la persecución, sino la suficiente libertad para predicar el evangelio con la predicación y los signos que la acompañan, invocando el Nombre de Jesús.

El evangelio nos presenta esta entrevista entre Jesús y Nicodemo, maestro de la Ley, fariseo, que había visto en el joven rabino algo especial después de la escena de la purificación del templo en Jerusalén. De hombre de buena voluntad, quiere comprender la perspectiva de Jesús, pues piensa que es un enviado de Dios. Su preocupación era el reino de Dios. Hay que nacer de nuevo para ingresar en el reino de Dios, cosa que Nicodemo entiende en forma literal. Hoy hablamos de un cambio de mentalidad, de actitudes, según los criterios de Jesús, pero antes hay que nacer de arriba o de Dios. Nacimiento que es posible porque Jesús vino de arriba, bajó del cielo (cfr. Jn. 1,12-13). No basta con nacer de la carne y de la sangre sino que hay que nacer de arriba, para acceder a la vida eterna. Será el Espíritu Santo, que actúa por Jesús, el agente regenerador, y el hombre por la fe acepta la salvación que Dios le ofrece por medio del Bautismo: don y compromiso. Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es espíritu, es decir, el hombre nuevo, personalidad nueva, por la cual responde a Dios. Los elementos esenciales del bautismo: el agua, que purifica el alma del pecado y del Espíritu que da la eficacia al agua para realizar el nuevo nacimiento de Dios.


MARTES

Lecturas:

a.- Hch. 4, 32-37: Todos pensaban y sentían lo mismo.

b.- Jn. 3, 11-15: Jesús: El que bajó del cielo vuelve al seno del Padre.

 

Nos encontramos con un segundo sumario sobre la vida de la primitiva comunidad cristiana de Jerusalén. Se recalca el testimonio apostólico acerca de la resurrección, la nueva creación, de la que la comunidad es claro testimonio. Este el  motivo esencial de la existencia eclesial comunitaria, basada en el poder los apóstoles en la predicación acompañada por signos y la eficacia de la gracia divina que acompaña a todos los miembros de la Iglesia. Otra realidad a destacar es la unanimidad, un solo corazón y una sola alma por el amor, manifestada en la comunión de bienes. Todo era común, no había propiedad de bienes entre ellos. En esta presentación de Lucas, encontramos vestigios del AT., en que se invita a compartir con el otro (cfr. Dt. 15, 4), pero también la mentalidad griega proponía en tener todo en común, por lo mismo el lector no hebreo encontraba en el ideal comunitario de los cristianos una invitación a vivir este desafío. Los ricos vendían sus propiedades y el dinero lo ponían al servicio de los apóstoles, es decir,  cada uno, recibía según sus necesidades (cfr. Hch. 4, 36-37; 5,1-11). No obstante este compartir, seguramente la comunidad era pobre, ya que en el primer concilio, los apóstoles piden a Pablo, recuerde a sus hermanos pobres de Jerusalén (Gál. 2, 10).

Continúa el diálogo de Jesús y Nicodemo, pero a otro nivel, puesto que este último no comprende el leguaje de Jesús. Le habla de la nueva existencia cristiana, incomprensible desde categorías lógicas o muy humanas. El nuevo nacimiento viene de arriba, de Dios, por lo tanto hablamos de una existencia teocéntrica. Jesús se presenta en su discurso, como Aquel que habla de lo que sabe, y da testimonio de lo que ha visto del Padre. Habla de las cosas de arriba del cielo, porque es el Hijo del Hombre, que bajó del cielo y vuelve allá (cfr. Jn. 1,18). En la humanidad de Jesucristo se unen el cielo y la tierra, punto de encuentro de dos mundos, lo de arriba y lo de abajo. EL Hijo del Hombre, es el que bajó y sube al Padre, mediante la elevación en la Cruz pero también en su exaltación a los cielos. El trono de su gloria es la crucifixión. Así como la serpiente con Moisés fue señal de salud, mirando y creyendo en Cristo Jesús, crucifixión, resurrección y exaltación, se obtiene la vida eterna.


MIERCOLES

Lecturas:

a.- Hch. 5, 17-26: Prisión de los apóstoles

b.- Jn. 3, 16-21: Tanto amó Dios al mundo.

 

Por segunda vez los apóstoles van a la cárcel, por seguir predicando en el Nombre de  Jesús. El Sumo sacerdote y los saduceos eran los custodios del templo y los levitas sus guardias. El éxito de la predicación de los apóstoles, lleva a los saduceos a encarcelar a los apóstoles, porque predicaban la resurrección de Jesús, realidad que ellos negaban, pero daba la razón a sus enemigos los fariseos, que sí creían en la vida después de la muerte. Para Lucas, es importante destacar esa unión entre judíos fariseos y cristianos. Liberados por la voz del ángel de la cárcel,  les manda volver al templo y seguir predicando, con lo que se quiere señalar, que en el templo, el lugar más sagrado de Israel, se comienza a reemplazar la Ley de Moisés por el Evangelio de la gracia. Ellos predican palabras de vida, la vida nueva, inaugurada por Cristo Jesús con su palabra y sus obras. Sus palabras son vida que lleva a la plenitud (cfr. Jn.10, 10; Hch. 13,26). Puestas en acción esas palabras conforman la vida cristiana.

Este evangelio nos presenta uno de los textos más profundos de todo el NT. El amor como causa determinante de la presencia del Hijo de Dios entre los hombres. Afirmación muy necesaria en cuanto antes ha hablado del Hijo del Hombre, figura muy unida a la idea del juicio aparece celebrando junto a Dios (cfr. Dn.7). Este Hijo del Hombre que habla y testimonia lo que ha visto de Dios, que bajó del cielo y volvió a él es el amor de Dios en acción. En la primera parte  se hace mención de la encarnación y crucifixión, misterios de salvación, puesto que Dios quiere que el mundo se salve. Por eso manda a su Hijo para conozcamos al Padre y así llegar a la vida eterna (cfr. Jn. 1,18; 17,3). Jesús viene como Salvador, quien cree por medio de la fe, no conocerá el juicio; pero también viene para juzgar a quien no cree en la salvación, no lo acepta como revelador del Padre, Hijo de Dios e Hijo del hombre, se autoexcluye de la salvación, se condena por el rechazo que hace de la salvación. El día del juicio, vivos y muertos, comparecerán ante Jesucristo, pero en la visión de Juan, ese juicio se adelanta al presente, sin excluir el final. En todo se acentúa el rol de la fe, aquí y ahora, el juicio se está llevando a cabo por las actitudes y decisiones que tomamos momento a momento. Se trata de estar en la luz o en las tinieblas, un dualismo moral, estar con Dios o contra Dios. Es la actitud básica enseñada y vivida por Jesús: “Jesús les habló otra vez diciendo: «Yo soy la luz del mundo; el que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida.» (Jn. 8, 12). Hay hombres que vienen a la luz, se deciden por Dios y Jesucristo, el revelador, y están, los que rechazan la luz, es decir, a Dios y su Hijo. La decisión sobre esta cuestión, afecta una vida eterna de felicidad o de condenación, lejos del amor de Dios.


JUEVES

Lecturas:

a.- Hch. 5, 27-33: Testigos somos nosotros y el Espíritu Santo.

b.- Jn. 3, 31-36: El Padre ama el Hijo y todo lo puso en su mano.

 

De dos cosas son acusados los apóstoles por el Sumo sacerdote: de desobediencia a sus órdenes (cfr. Hch. 4, 18-19), y por difamación, acusarles de la muerte de Cristo. Al haber despreciado su autoridad, se hacían dignos de castigo según la Ley. Esto da a Pedro la posibilidad de exponer un principio básico: la obediencia a Dios está por sobre la obediencia a los hombres. Obedecen a Dios, al predicar todo lo que hizo Jesús, a favor de los hombres. Pedro da más importancia a la segunda acusación: ese hombre, Jesús, cuyo nombre ni siquiera pronuncia el Sumo sacerdote, deben reconocer, que toda la ciudad habla de ÉL, por la predicación apostólica: reconocimiento y glorificación de Jesús, pero al mismo tiempo condena de quienes  lo mataron. Pedro, presenta el kerigma cristiano la muerte y resurrección de Jesús, en contraposición de lo que “vosotros hicisteis y lo que hizo Dios” (v. 30; cfr. Dt. 21,22). El rechazo que sufrió Jesús e su parte, fue un error que Dios reparó resucitando a Jesús de entre los muertos, el mismo Dios de sus padres (v. 30), si creen en Él, deberían aceptar a Jesús y la predicación de sus discípulos. Luego de su misterio pascual, Dios ha constituido a Jesús en Jefe y Salvador, como lo fue Moisés, “para conceder a Israel la conversión y el perdón de los pecados” (v. 31; Lc. 23, 34). Se destaca el hecho el acto humano de arrepentirse pero Lucas lo presenta, con un don de la gracia de Dios y la conversión, como esencial a la hora de considerarse cristiano. Importante el testimonio final de Pedro: “Nosotros somos testigos de estas cosas, y también el Espíritu Santo que ha dado Dios a los que le obedecen.» Ellos, al oír esto, se consumían de rabia y trataban de matarlos.” (vv. 32-33). Pero al testimonio apostólico se une la acción del Espíritu Santo que se infunde en aquellos que creen en Jesús Resucitado.

El evangelista usa categorías espaciales para hablarnos de arriba y de abajo; el Enviado del Padre viene de arriba, es decir del mundo divino, por lo mismo está sobre todo. Este Enviado al mundo y a los hombres,  es igual a Dios. Este Enviado se contrapone con lo de la tierra. Insistir en el origen del Revelador, el Enviado es para recalcar que ninguna palabra de la tierra, puede compararse con las que proclame ÉL. Sólo ÉL puede hablar de las cosas del cielo, de lo divino y por lo tanto su testimonio es verdadero. El hombre debería aceptarla esta palabra interpelante, por medio de la fe, pero es rechazada (cfr. Jn. 1, 11). La razón de esta actitud es que el mundo, el hombre, ama lo suyo y las palabras de Revelador, le resultan extrañas, por decir lo menos, no corresponden a su realidad (cfr. Jn. 15, 19). Pero así como hay algunos que rechazan la Palabra, otros aceptan  su testimonio, aceptan al Revelador y con ello reconocen la veracidad de Dios (cfr. Jn. 1, 12). Hay una íntima relación entre el Revelador y el que lo envió, al aceptarlo se quiere acoger lo que Dios quiere comunicar al hombre. Se acoge porque es verdadero su testimonio. El que no cree en Dios lo hace embustero, porque no cree en el testimonio que Dios ha dado de su Hijo, es más, quien lo acepta tiene este testimonio en sí mismo (1 Jn. 5, 10-11). En el Revelador es Dios mismo quien habla (v. 33-34), se acentúa la relación de identidad entre la palabra del Revelador y el Revelador, es decir, de Jesús no se pueden separar esas palabras. Aquí adquieren sentido las palabras de Juan: el Verbo se hizo carne, se hizo hombre. Hay otra afirmación importante acerca de la identidad entre la palabra de Jesús y la palabra de Dios: Dios no le dio el espíritu con medida. El Padre comunica a su Hijo su Espíritu sin medida, sin ninguna restricción, es decir, la revelación traída por Jesús es completa. ÉL es la única palabra del Padre para el hombre de ayer y de hoy. No hay otra. El Padre ama al Hijo y ha puesto todo en sus manos, tiene la misma autoridad del Padre, por lo mismo, aceptarlo por la fe o rechazarlo, decide el destino final del hombre. Las palabras de Jesús son una seria advertencia, la persistencia en el rechazo, puede ser definitivo, es el ahora de la salvación para todo ser humano. Quien crea, tiene la vida eterna en sí.    


VIERNES

Lecturas:

a.- Hch. 5, 34-42: Contentos de sufrir por Cristo. La intervención de Gamaliel.

b.- Jn. 6, 1-15: Multiplicación de los panes.

 

La defensa de Pedro ante el Sanedrín, pulveriza la doble acusación que había hecho el Sumo sacerdote a los apóstoles. Queda claro que la muerte de Jesús, los hacía a ellos responsables, como también que la desobediencia era motivada por la voluntad de Dios. Se cambian los papeles y los acusadores quedaron como los únicos acusados y éstos fueron condenados a muerte. La moderación vino de parte de Gamaliel, hombre docto, simpatizante de los cristianos, por su adhesión a la idea de la resurrección; postura contraria a la mayoría de los saduceos que la negaban. Lucas, nos presenta al cristianismo como el cumplimiento de las Escrituras, por lo mismo un hombre sabio de Israel no lo podía rechazar, había que esperar, fue su consejo. Si este movimiento mesiánico es falso, desaparecerá, si en cambio, es de Dios, la oposición sería inútil. Los apóstoles salvaron la vida, fueron azotados y les renovaron la prohibición de hablar de aquel “nombre”. Esta afrenta de los hombres, la consideraron un honor venido de la mano de Dios, había sufrido por Cristo (cfr. Mt. 5,11-12; 10,17; 23,34; Mc. 15, 15; 19,1). En lugar de arredrarse, nace en ellos la valentía para seguir predicando a Jesús Mesías Resucitado, el evangelio se abría paso en la vida e historia de los hombres. 

Este evangelio nos narra uno de los grandes signos que realizó Jesús. Lo propio de Juan, es que la gente comenzará a seguir a Jesús precisamente por este acontecimiento, es la idea del evangelista, que los signos lleven a Jesús. Estaba cercana la Pascua, con la velada intención de unir a Jesús con el cordero pascual que era sacrificado en esa fecha. Jesús, toma la iniciativa, sus gestos y actitudes recuerdan la última cena, la forma que tomó los panes, pronunció la bendición, lo partió y se los entregó; sin olvidar que es Jesús quien lo distribuye, no los apóstoles como en los Sinópticos. Recoger las sobras hablaría de que no se pierda ningún hombre  y mujer, de los que el Padre le ha confiado (cfr. Jn. 11, 52; 17,12). La reacción de la gente: Jesús es el profeta. Pero la intención del Juan es llegar a la fuente de formular una confesión de fe: ÉL es el profeta que tenía que venir, semejante a Moisés (cfr. Deut. 18,15). Saber lo que tenía que hacer, habla del conocimiento sobrenatural que Jesús poseía (v. 6), distribuye el pan y los peces personalmente a todo los que esperaban su ración sentados (v.11). No busca el sensacionalismo, por eso evita que lo nombren y coronen rey (v.15). En este prodigio Jesús es el centro de todo, su autorrevelación. La mención de la Pascua, recuerda el desierto, a Moisés, la liberación de la servidumbre de Egipto, el éxodo en cuyo trasfondo el evangelista compara a Jesús como un nuevo Moisés. La doctrina eucarística va a ir apareciendo desde lo más profundo del evangelio de Juan (cap. 6).  


SABADO      

Lecturas:

a.- Hch. 6,1-7: Institución de los siete diáconos.

b.- Jn. 6,16-21: Jesús camina sobre las aguas.

 

Este pasaje de Hechos nos va introduciendo en la realidad de la comunidad primitiva. Una realidad compuesta por diversos grupos culturales, mentalidad y condición social, se puede hablar de dos las dificultades entre judíos y helenistas, judíos de la dispersión. Si bien convertidos al cristianismo, no hablaban arameo, lo que creaba un problema lingüístico. La mayor diferencia era que al regresar a Palestina traían toda la influencia griega, cultura y filosofía, la religión al menos como la celebran en el templo, sacrificios de animales y rituales, era contrario a su concepción ética y filosófica de su modo de vivir la fe. Todo esto germina en el diverso trato que recibían en la comunidad, con perjuicio de los helenistas, en concreto sus viudas.  La comunidad elige siete varones justos para un nuevo oficio ministerial en la comunidad: los diáconos. Los apóstoles les imponen las manos y les confieren el ministerio, es decir, la participación en su mismo ministerio. Quedan asociados al oficio del que los confía hasta significar el traspaso del Espíritu del que impone las manos sobre el son impuestas, como lo fue Josué (cfr. Núm. 27, 18. 23).   Al nuevo estado se asocia, la gracia que el nuevo estado conlleva (cfr. 1Tim. 4, 14; 5, 22; 2Tim. 1,6). Lucas, deja claro que los siete varones, eran hombres llenos del Espíritu Santo y que poseían, dos de ellos, Felipe y Esteban, poderes como los apóstoles, además de predicar (cfr. Hch. 6, 8; 8, 26; 21,8). Los siete quedan unidos a los apóstoles en el gobierno de la comunidad, para su servicio; mientras los primeros se dedicarán a la oración y predicación, los segundos, se dedicaran a la caridad, servicio a los pobres, viudas, etc. Muchos abrazaban la fe, incluidos sacerdotes judíos, era el crecimiento de la Iglesia primitiva. 

Este breve pasaje de Juan, nos relata el caminar de Jesús sobre las aguas, una auténtica epifanía, al estilo del AT, con esa presentación, que el Señor hace de sí mismo: “Yo soy. No temáis” (v. 20). Mar Rojo y Pascua, en la mentalidad judía estaban estrechamente unidas, a lo que se asociaba el don del maná. Pareciera que Juan piensa en esa relación, el caminar de Jesús sobre las aguas, paso del mar  para desembocar en el don del maná, pan de la vida, nuevo maná, es el discurso eucarístico del evangelista. Luego de la multiplicación de los panes, Jesús rechaza el título de rey (Jn. 6,15), lo que provocó la decepción de los apóstoles por no asumir como el Mesías que ellos querían. Lo abandonan y se regresan a Cafarnaúm, solos sin Jesús entran en las tinieblas y hasta el mar se subleva. No aceptar el mesianismo de Jesús, invadió de oscuridad el alma de los apóstoles. Pero Jesús no los abandona, los busca y los encuentra temerosos, su palabra tiende puentes de amistad con cada uno de ellos. Jesús se mueve en la esfera de lo divino, ellos en lo humano y terrenal, su andar sobre el mar confirma su condición. El temor de los discípulos nace del encuentro con un hombre que encierra en su persona el misterio mismo de Dios. Verdadera epifanía, que devela la divinidad de Jesucristo, y salva a los apóstoles de la muerte. Querer recogerle en la barca y llegar a su destino, es una sola cosa, Cafarnúm, viene a significar la institución judía de la cual podrán desapegarse. El encuentro con Jesús, los capacita para unirse más al propósito del Mesías y crecer en su dimensión de discípulos. 

Fr. Julio González C.  OCD

 

 

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