PASCUA

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Fr. Julio González C. OCD

 

TIEMPO DE PASCUA

CICLO C 2010

 

PALABRA Y ESPIRITUALIDAD

Pastoral de Espiritualidad

Frailes Carmelitas

Viña del Mar – Chile

 

                         

SEXTA SEMANA DE PASCUA

CICLO C

 

 


DOMINGO

Lecturas:

a.- Hch. 15, 1-2. 22-29: Hemos decidido, el Espíritu Santo y nosotros,  no imponeros más cargas que las indispensables.

b.- Ap. 21, 10-14: Me enseñó la ciudad santa, que bajaba del cielo.

c.- Jn. 14, 23-29: El Espíritu Santo os irá recordando todo lo que os he dicho.

 

El tema central de la liturgia de la Palabra es la presencia constante de Jesús Resucitado por medio de su Espíritu en la comunidad eclesial. La llegada de algunos hermanos venidos de Jerusalén, exigiendo la obligatoriedad de la circuncisión como requisito para la salvación, llevó a la comunidad a mandar a Pablo y Bernabé a Jerusalén a consultar a los apóstoles sobre esta cuestión. Nace la primera reunión de la comunidad eclesial: el Concilio de Jerusalén. De la reunión conciliar sale una resolución respecto a la obligatoriedad  para los gentiles que se incorporaban a la Iglesia. Nombran dos delegados propios, Judas y Silas,  además de Pablo y Bernabé  embajadores de la comunidad de Antioquía, llevan por escrito lo acordado. Esta decisión pone deja ver la  autoridad de la Iglesia de Jerusalén. La carta en cuestión es enviada a Antioquía y otras comunidades que habían sido violentadas, en cierta forma, por las palabras de los judaizantes. La decisión de proclamar la libertad del Evangelio respecto a la Ley fue asumida por el Espíritu Santo y los miembros de la comunidad. Santiago, movido por el mismo Espíritu, habla basado en la Escritura (cfr. Am. 9,11-12), pero también supo exponer el pensar de la comunidad. Vemos la profunda convicción de Hechos, que el Espíritu Santo actúa en la Iglesia, no sólo en los momentos de conflicto o crisis, o cuando hay que tomar una decisión, sino siempre: “Hemos decidido el Espíritu Santo y nosotros…” (v. 28).

El Espíritu Santo y los dirigentes de la comunidad, son los dos testimonios autorizados para tomar una decisión trascendental para la Iglesia y su futuro.  Las cuatro prohibiciones están tomadas del libro del Levítico: no contaminarse con la carne ofrecida a los ídolos;  abstenerse de la fornicación; la prohibición de comer animales con su sangre, prohibido consumir su misma sangre (cfr. Lv. 17, 8. 10ss; 18, 6-18). Se trata de evitar la idolatría y la inmoralidad sexual, ideas que rechazaba la Ley de Moisés y los propios judíos. Este comunicado causó gran alegría en la Iglesia, porque las Escrituras se habían cumplido en su tiempo y en esos acontecimientos que les tocaban de forma directa. No es de menor importancia la alabanza que el autor reserva para Pablo y Bernabé, como hombres que han consagrado la vida por la causa de Jesucristo, el Señor (v. 26). Alabanza no menor si se piensa que Lucas, no menciona los sufrimientos que ello significó, sobre todo para Pablo, pero define la vida del apóstol como una consagración total a la causa del evangelio, respuesta de fe a la entrega que hizo Jesucristo de sí mismo por los hombres (cfr. 2 Cor. 8, 5; Mc. 10, 45; Jn. 10, 17-18). Crecía la importancia de Jerusalén, que apoya y confirma la acción de Pablo y condena el obrar de los judíos convertidos.

La visión del apóstol nos muestra la Jerusalén celestial, con un fuerte lenguaje metafórico, nos presenta la belleza y perfección de la casa de Dios puesto que ahí reside la gloria de Dios. Es la Jerusalén mesiánica y celestial, ya que todavía existen las naciones paganas que todavía pueden convertirse (cfr. Ap. 21, 24; 22,2). La descripción nos recuerda la misión que se le  encomendó a Ezequiel de medir el templo y la ciudad donde había de residir la gloria de Dios. La ciudad que describe Juan es perfecta en todas sus medidas, lo que ya no puede decirse del templo de Jerusalén porque aquí reside la presencia viva de Dios y del Cordero. El culto y la peregrinación se hacen hacia la Jerusalén celestial, desde la comunidad cristiana donde brilla una luz resplandeciente para toda la humanidad. 

El evangelista nos propone un criterio para saber si amamos a Jesús y es saber cuánto cumplimos sus mandamientos o mejor dicho su único mandamiento: amor a Dios y al prójimo. Pero no se limita a sólo este mandamiento si no a toda la revelación que nos ha comunicado, es decir, permanecer en su palabra, condición indispensable para recibir al Paráclito. La presencia del Espíritu Santo, Espíritu de la Verdad, permanecerá en los creyentes en la medida guarden los mandamientos de Jesús, aunque se marche nos los dejará huérfanos. Les anuncia su caminar hacia su misterio pascual y en el nuevo tiempo del Espíritu donde no estará físicamente con ellos. La misión del Espíritu consistirá en hacerles saber que el Padre y el Hijo, vive en ellos, por el conocimiento y el amor (v. 23). Guardar su palabra es fundamental para vivir esa experiencia de inhabitación trinitaria pos-pascual. Jesús evoca la presencia de Yahvé en medio de su pueblo (cfr. Ex. 25,8; 29, 45; Lv. 26, 11), experiencia propia de los tiempos mesiánicos anunciada por los profetas (cfr. Ez. 37, 26; Za. 2, 14; Ap. 21, 3-22). Se trata de dejar trasvasar su personalidad, habitar redundando en el creyente, hacer morada en nosotros quiere el Padre y el Hijo. También podemos afirmar que somos templo del Espíritu Santo.

Como Cristo Jesús, es tienda del encuentro del hombre con Dios; ahora el cristiano puede vivir esta experiencia.

Lo que interesa a Juan es hacernos comprender que sin Jesús no podemos vivir: su muerte ahora no la comprenden pero insiste en que será procurarles una mayor presencia no sólo suya, sino también la del Padre. Juan se mueve en este sentido en un doble plano un antes de la muerte y resurrección de Cristo y la era del Espíritu Santo. Enseña a leer la experiencia de la muerte de Cristo, desde la luz pos pascual y desde esa realidad lee los diversos tiempos por esto el evangelista fija su atención ahora en la figura del Espíritu Santo. Enviado por el Padre, a nombre de Jesús, su misión será recordar la enseñanza de ÉL a sus discípulos a través del tiempo. Profundizar su magisterio en la vida de los fieles y de la Iglesia. Promete una paz estable a los que creen en su palabra, a pesar de las asechanzas del mundo con su Señor y contra de los fieles: no hay nada que temer. Les exhorta a la alegría, porque va al Padre para volver, con la posibilidad de una mayor comunión con ellos. El Padre es mayor en cuanto origen de toda la historia de salvación, porque va a glorificar al Hijo y enviará al Espíritu Santo, pero el Padre y el Hijo son una sola cosa. Jesús se refiere al momento presente, llega el poder del príncipe de este mundo, pero nada puede contra ÉL. Su muerte es designio del Padre, no obra del maligno. Cristo Jesús, entrega libremente su vida, todo termina con una confesión de amor y obediencia al Padre.  


LUNES

Lecturas:

a.- Hch. 16, 11-15: San Pablo en Filipos.

b.- Jn. 15, 26-27; 16,1-4: Testimonio del Espíritu y del creyente.

 

Vemos a Pablo y sus compañeros en Filipos, nuevo campo misional. Ciudad romana que se remonta a Filipo de Macedonia, padre de Alejandro Magno. Si bien se hablaba griego, el latín tenía una mayor impronta, puesto que el ambiente y administración eran al estilo romano. Quizás los misioneros  se sentían algo extraños en ese lugar al no encontrar judíos y un lugar donde efectuar la reunión de los sábados.  Buscaron gente y encontraron algunas mujeres, entre ellas Lidia, comerciante en púrpuras. A oír a predicar a Pablo se convierte ella y toda su familia al recibir el bautismo (v. 15); los misioneros fueron recibidos en su casa. Esta sección además de presentar un itinerario del viaje, Lucas, nos presenta la historia de Lidia, en la misma línea de su evangelio, donde nos muestra a Jesús como Salvador de los más débiles, especialmente de las mujeres. La primera creyente de Europa es una mujer importante, comerciante en púrpuras, temerosa de Dios. Consigue que los misioneros, se hospeden en su casa, convertida en centro de reunión de cristianos (cfr. Hch. 16, 40). Dios había abierto el corazón de Lidia, para hacer de ella instrumento de salvación (v.14).

 

El evangelio nos habla del testimonio  que dará el Espíritu Santo de Jesús en la vida de los creyentes, recordando sus palabras e interpretándolas (cfr. Jn. 14,26), para convertirlos en verdaderos discípulos. Serán testigos de la acción del Espíritu de Jesús,  para adquirir la plena inteligencia del misterio de Cristo. Anuncia a sus discípulos que serán expulsados de la sinagoga y que muchos al matarlos pensarán que dan gloria a Dios (v. 2). Esto lo vivieron los apóstoles, después de la destrucción de Jerusalén, excomunión de la sinagoga para todos los que creían o reconociese en Jesús, como Mesías, jefe de la fe cristiana. Los judíos podían castigar la blasfemia contra Yahvé, con la muerte, los cristianos eran considerados como tales (cfr. Flp. 3, 6). La invitación final de Jesús es a conocer más  al Padre y a Él, profundizar en lo que nos enseñó para una vida cristiana, guiados por el Espíritu Santo. La tarea de la Iglesia es acompañar a los hombres en este continuo crecer en el conocimiento de la voluntad de Dios por medio de la tarea de las parroquias y colegios, misiones, grupos apostólicos pero todo funcionará bien en la medida en que se invoque la presencia del Espíritu Santo en una oración continua para que derrame sus dones sobre la comunidad eclesial, como un nuevo Pentecostés. 


MARTES

Lecturas

a.- Hch. 16, 22-34: Pablo y Silas en la cárcel.

b.- Jn. 16, 5-11: Si no me voy, no vendrá el Paráclito.

 

La exitosa misión de Pablo y Silas en Filipos termina con ellos en la cárcel. Todo se suscitó porque  los misioneros, Pablo en concreto liberó del espíritu de adivinación que poseía una mujer, lo que ocasionaba ganancias económicas a sus amos. Fueron acusados de hacer propaganda a favor de costumbres  judías, en una ciudad romana, que ellos no estaban dispuestos ni a aceptar ni a practicar; de ahí que sean azotados y llevados a la cárcel. Gracias aun fuerte terremoto, fueron liberados, pero no escaparon, con lo que Lucas, nos enseña que  Dios es más poderoso que los hombres, y que las dificultades las convierte en medios para confirmar su palabra. La conversión del carcelero nos lleva a pensar que los sufrimientos de los cristianos no son en vano, están dentro de los planes de Dios, pasando de una teología de la cruz, a una teología de la gloria, es decir, ver como Dios ha dirigido esa misión en una ciudad pagana liberándoles de la muerte. El autor de Hechos, quiere mostrarnos cómo la Iglesia nunca fue un peligro para la ley y el orden dentro del Imperio romano, fueron ellos los equivocados. Como ciudadano romano Pablo exigió, cuando los liberaron y mandaron marcharse de la ciudad, que fueran los mismos pretores quienes vinieran a cumplir esa orden. Vinieron y les pidieron dejar la ciudad; salieron de la cárcel como triunfadores con el homenaje del carcelero, los pretores y los hermanos de fe (vv. 29. 39). Con esta narración Lucas, nos quiere presentar el éxito de la primera misión de los cristianos en Europa, bendecidos por las mismas obras del poder de Dios realizados en Jerusalén, sólo que ahora en medio de paganos, como Pedro fue bendecido entre los judíos. El anuncio de Cristo les costó sufrimiento y éxito, donde la providencia divina trabajó para conservarlos con vida y con los frutos de la cosecha a la vista de todos.

La partida de Jesús causa tristeza en el corazón de los discípulos: “Os conviene que yo me vaya” (v.7). La partida de Jesús es necesaria y conveniente para los discípulos: habla de su próxima muerte por ellos y si no lo hace, no vendrá el Espíritu Santo, el abogado. La venida de este Espíritu dará sentido a la muerte de Jesús, a saber quién es Jesús, el sentido de su misión entre los hombres y sobre todo, su misterio pascual de muerte y resurrección. Debían dar razón de su esperanza, de sus certezas, antes las gentes  a las que anunciaban el kerigma cristiano. El Espíritu Santo, vino luego de haber vivido ellos el misterio pascual de Jesús, debían experimentar como testigos,  esa realidad para comprender la necesidad de ser iluminados en la mente y el corazón por la luz de este Espíritu, para comprender el trasfondo último del misterio de Jesucristo y la redención del hombre pecador. La Iglesia, como comunidad necesita un abogado para entenderse muchas veces con la sociedad, con el mundo porque siempre intentarán demostrar que Jesús no es Dios, ni mesías salvador. Los judíos consideraban blasfemos a los cristianos por dar nombre divinos a Jesús. No se puede poner la fe en un hombre que terminó crucificado y que su muerte fue el resultado de la aplicación de las leyes judías y romanas. La tarea del Espíritu Santo será demostrar que el pecado fue de ellos. La continuidad de la fe intacta en Cristo Jesús, la Iglesia la conserva en su fidelidad a lo que recibió de su Maestro,  propone a lo largo de los siglos a los hombres como camino de salvación. La justicia de Jesús está en que volvió al Padre glorificado y está sentado a la derecha de Dios. La Iglesia vive de la resurrección de Jesús, aunque ausente, está presente por medio de su Espíritu y este mismo Espíritu testimonia su palabra, sus obras y sobre todo su Presencia salvadora. La causa de Jesús y su continuidad habla que es justa a los ojos de los creyentes y quien la sostiene en el tiempo es el Espíritu de Verdad. La glorificación de Jesús y su exaltación, es la condena de Satanás, desposeído de su poder, pero también del mundo por haber rechazado y condenado a Jesús. El testimonio del Espíritu en la Iglesia es un juicio perenne de Dios contra el mundo pagano, indiferente e incrédulo, cerrado en su orgullo y soberbia, que no permite la entrada Dios ni de su luz. Al contrario, hay oasis de luz y de gracia, donde se reúnen los cristianos para orar, celebrar su fe y proclamar la resurrección de Jesucristo a los hombres.


MIERCOLES

Lecturas

a.- Hch. 17, 15. 22-34; 18,1: Discurso de Pablo en Atenas.

b.- Jn. 16, 12-15: El Espíritu Santo os guiará hasta la verdad plena.

 

Este texto nos presenta a Pablo en Atenas, donde la lectura atenta nos habla de una ciudad con muchos templos paganos y dioses a quien rendir culto, escuelas de filosofía, hombres sabios que discuten y dialogan. Atenas, era la representación del mundo de la filosofía griega y en particular la filosofía estoica. Entre las discusiones con los filósofos y el discurso en el Aerópago encontramos las discusiones que también tenía con los judíos en la sinagoga (v.16). Propiamente el discurso es una velada, pero fuerte crítica a la idolatría que contemplaba en la ciudad, lo mismo que el culto, sacrificios y fiestas paganas. La filosofía dominaba la vida de los atenienses, con una gran carga teológica también ella, la del momento era la corriente estoica. ¿Como dirigirse a ellos? Recurre a la literatura y la revelación natural que Dios ha hecho de sí mismo, como lo enseñaban los poetas y filósofos. Pablo usa la filosofía estoica y citas del A. Testamento para hablar de Dios como creador del mundo, como también, Dios no necesita de nadie, ni de templos, ni tampoco de sacrificios. Temas comunes a la fe judía y a la filosofía griega (cfr. Gn. 1, 1; Is. 42, 5). Pablo lo que hace es llevar a sus oyentes hacia el Dios desconocido, es decir, no conocen al Dios verdadero, sin embargo lo adoran. Excelente plataforma para remontar el discurso hacia el Dios desconocido. Si bien había grande aproximaciones entre ambas corrientes, el salto del paganismo a la fe pasaba por la resurrección de Jesucristo, lo que no fue aceptado por los filósofos del Aérópago, convertida en piedra de escándalo. Dios se reveló a su pueblo, pero también a los paganos, si bien parcialmente. Todos los hombres pueden ser salvos, si se convierten al Dios verdadero para ser juzgados por Aquel que resucitó y está sentado a la derecha del Padre.

Este pasaje de Juan, nos habla del poco tiempo que tuvo Jesucristo para enseñarles a los apóstoles todo lo que hubiera querido. Quedaban muchas cosas por comunicarles, pero también hay que contar con la falta de compresión de los apóstoles para recibir todo ese caudal, todo su magisterio. Es el propio Juan, quien nos dice que muchas cosas no fueron comprendidas por los apóstoles, cuando sucedieron, sino después de la resurrección (cfr. Jn. 2, 2; 12,16; 21, 24-25). La verdad completa, no se refiere a un catálogo de verdades que nos revelará el Espíritu Santo, sino, profundizar en el misterio de la persona de Jesús y su obra, su misterio pascual, la universalidad de la salvación, el llamado a construir el reino de Dios, etc. Evidente los discípulos tampoco tuvieron tiempo de asimilar todo esto “in situ”. Será a la luz de la resurrección y de Pentecostés y el trabajo evangelizador de la Iglesia que germinarán las enseñanzas de Jesús con una primavera doctrinal y pastoral, fecundada por la acción del Espíritu Santo. Surgirá la claridad en las mentes y corazón del Evangelio para con férrea voluntad pastorear la vida de la Iglesia y de los hombres. Buen ejemplo de todo esto son las cartas escritas por Pedro, Pablo, Juan, cuyo contenido es precisamente el desarrollo de todo lo enseñado por Jesús. Fue ÉL quien predicó la verdad completa, y no el Espíritu Santo, lo suyo será guiar la reflexión de los hombres a una mayor profundización de su misterio salvador. Este tema de la verdad completa, no contradice lo dicho anteriormente, que a sus discípulos ha revelado todo lo que ha oído al Padre (cfr. Jn. 15, 5).  A lo largo de la historia de la Iglesia, juega un papel muy importante, el espíritu de profecía, extendiendo, no tanto la mirada al futuro, como centrado en el presente que había que interpretar. Esa fue la misión confiada a los profetas del A. Testamento, descubrir la profundidad y el trasfondo de los acontecimientos del momento para convertirlos en un lugar teológico. La tarea confiada a la comunidad eclesial y al Espíritu Santo es profundizar desde el misterio de Jesucristo, la dimensión profética de los acontecimientos que presenta cada época de la historia de la Iglesia y la sociedad. Este mismo Espíritu, es el que glorificará a Jesús, luego de su humillación en la Pasión corresponde la máxima exaltación, su elevación hacia el Padre. Sólo el Espíritu Santo, que conoce los secretos del Padre, como el Hijo, puede dar a conocer a Jesucristo, como el enviado de Dios para comunicar al hombre la salvación.


JUEVES

Lecturas:

a.-  Hch. 18,1-8: Fundación de la Iglesia en Corinto.

b.-  Jn. 16, 16-20: Jesús anuncia su pronto retorno.

 

Nos encontramos a Pablo en Corinto. Célebre ciudad por su puerto, pero también por su libertinaje moral. Aquí nace una floreciente comunidad cristiana, pero también la que más disgustos y sufrimientos tuvo que vivir el apóstol. La narración de Lucas se centra en la predicación del evangelio entre los gentiles. Encuentra una familia que lo acoge y le da trabajo (vv.1-2). Los sábados predica en la sinagoga y cuando llegan, Silas y Timoteo, aumenta su trabajo, responde a la hostilidad de los judíos, Crispo jefe de la sinagoga se convierte, lo que trae otras conversiones (vv.5-9). Este texto, nos habla de cómo se fue enraizando la vida cristiana en esta ciudad, pero también de la expulsión de Roma de los judíos decretada por Claudio, lo que motivó la conversión de Aquila y Priscila y por esos caminos de Dios llegaron a  Corinto y encontraron a Pablo. 

Este evangelio nos presenta unas palabras de Cristo algo oscuras de comprender: “Dentro de poco ya no me veréis, y dentro de otro poco me volveréis a ver” (v. 16). Se trata de los acontecimientos que se acercan: su pasión, muerte y resurrección. Jesús desaparece ante sus ojos durante el tiempo de la Pasión y muerte, para volver en su Resurrección a encontrar con ellos. La frase habría que entenderla entonces entre el tiempo de la Ascensión y su retorno en el día del juicio final. Otra lectura es comprender esta frase que se refiere a la muerte y resurrección de Jesucristo, su exaltación o subida al Padre, la venida del Espíritu Santo y la nueva creación llevada a cabo por Jesús, es decir, la nueva condición del hombre redimido y santificado, partícipe de la intimidad divina en  la vida trinitaria. Las preguntas que surgen en los apóstoles, hace que Cristo aclare sus palabras: había anunciado su camino hacia el Calvario, el Hijo del hombre, sería arrestado, maltratado y muerto, pero al tercer día resucitará (cfr. Mc. 9, 9). “Dentro de poco…”, era una frase común en quien tenía un visión de futuro, judíos y cristianos, confiesan un fin del mundo, no sabiendo, eso sí,  cuándo sucederá. Los mismo profetas, Jesús, Juan en el Apocalipsis usaron este lenguaje (cfr. 6,1). Jesús está anunciando lo que sucederá en el futuro, no lejano, tiempo antes del juicio definitivo, es el tiempo del Espíritu y de la Iglesia, tiempo de Dios que va desde la Ascensión hasta su venida gloriosa. Los apóstoles, algo atrevidos, se creían con el derecho de saber todo, cómo serían esas cosas, de ahí que terminen diciendo: “no sabemos lo que quiere decir” (v. 18).  Ahora todos comprendían que esos días serían tiempos revueltos de tribulaciones y persecuciones, preludio de las alegrías mesiánicas, la imagen de la mujer que da a luz refleja ese momento duro, pero breve. Si los apóstoles hubieran sabido lo que significaba subir al Padre, como Jesús que lo vivió, estarían tranquilos, pero sabemos que todo comienza por comprender el misterio de la persona de Jesús.  Tarea nuestra es aprender a conocerlo y cuanto más le conozcamos mejor comprenderemos nuestro tiempo y la actitud de fe de tantos y mujeres que permanecen fieles, a pesar de lo vivimos en la Iglesia y fuera de ella.


VIERNES

Lecturas

a.- Hch. 18, 9-18: Pablo ante el tribunal de Galión.

b.- Jn. 16, 20-23: Vuestra tristeza se convertirá en gozo.

 

El apóstol se siente confortado por el Señor Jesús, antes que suceda lo que estaba por venir. Jesucristo lo alentó con estas palabras: “No tengas miedo, sigue hablando y no calles; porque yo estoy contigo y nadie te pondrá la mano encima para hacerte mal, pues tengo yo un pueblo numeroso en esta ciudad.» Y permaneció allí un año y seis meses, enseñando entre ellos la Palabra de Dios.” (vv. 9-11). Fueron los judíos quienes quisieron ganarse para su causa a Galión, nuevo procónsul de Acaya, con sede en Corinto. Pensaban que podía ayudarles a conservar la ortodoxia judía contra toda nueva doctrina, o herejía, los cristianos representaban esta última realidad. Galión recibe la acusación contra Pablo de enseñar una doctrina contraria a la Ley de Moisés. Su tarea era vigilar si el nuevo movimiento representado por Pablo, violaban alguna ley contra Roma. El gobernador no se quiere inmiscuir en un juicio sobre temas de religión y los despacha del tribunal, que se arreglen entre ellos. Queda claro, por la reacción de Galión que los cristianos no violaban ninguna ley romana. La acusación de los judíos, tendrían un carácter más bien teológico y no político; seguramente se referían a la Ley o al Mesías, por ello los despide del tribunal (vv. 15-16). Lucas, deja claro, todo un tema en los Hechos, es dejar clara la postura de los cristianos frente a Roma. Son inocentes, no han ofendido la ley del Imperio. A pesar de todo Pablo, siguió predicando y permaneció un buen tiempo más en Corinto. Las dificultades le enseñaron a Pablo la veracidad de la predicación y la protección que acompaña a los testigos del evangelio por parte del Señor Jesús. El propio Pablo, lo experimenta día a día en su vida.  

El evangelio, presenta la imagen de la mujer que da a luz, se olvida del dolor, una vez que ha nacido un varón para el mundo (v. 21). Este tiempo que precede a la alegría, tiempo de dolor y persecuciones, establece la realidad que vivirá la comunidad eclesial y el mundo; unos sufren otros gozan. ¿Cuál es la razón de esta situación? La tristeza del cristiano se fundamenta en que no siendo del mundo, debe vivir en él; pero también del odio del mundo por Jesús, la Iglesia y los cristianos.  El mundo evidentemente no ama lo que no es suyo, que no piensa como él, todo lo que ataca su soberbia y vanidad. El mundo se alegra de la partida de Jesús, por su persona y palabra porque son un ataque a su seguridad, se alegra de las persecuciones de la Iglesia y los creyentes, porque son una prolongación de la presencia del Señor Jesús. Pero, es el mismo Jesús que nos dice que esa tristeza se convertirá en gozo por la verdadera libertad interior que el cristiano debe vivir respecto de todo aquello que no es Dios (cfr. Jn. 8, 32). Fundamental para adquirir esta libertad interior es la comunión con Cristo Resucitado, causa de alegría perenne, porque se ha realizado la reconciliación entre Dios y cada creyente. Finalmente, la oración celebrada en forma individual y comunitaria, es otra fuente de fe y alegría, porque está animada por el Espíritu Santo.


SABADO

Lecturas

a.- Hch. 18, 23-28: Apolo, un cristiano a medias.

b.- Jn. 16, 23-28: Pedid en mi nombre. El Padre os quiere porque me queréis a mí.

 

Es Apolo el protagonista de esta lectura bíblica, hombre elocuente en palabras que conocía sólo el bautismo de Juan, por lo mismo, sabía poco del evangelio. Era un cristiano, poco instruido en la doctrina. Entra en Efeso y se pone en contacto con la comunidad, donde tiene gran éxito en su predicación. Es posible pensar que fuera instruido en la escuela de Alejandría, donde los maestros judíos habían hecho un gran esfuerzo por interpretar el AT., con el lenguaje de la filosofía griega. ¿Era ese el origen de su sabiduría? Es probable, ya que un grupo de la comunidad de Corinto, se gloriaba de tener por maestro a un tal Apolo (cfr. 1Cor. 1, 17; 2,1). Este Apolo llegó antes que Pablo a Efeso, misionero libre, no ligado a ninguna comunidad. Su predicación privilegiaba la interpretación alegórica-espiritual de la Escritura, cuyo sentido descubrimos en el misterio de Cristo Jesús. Al entrar en contacto con Aquila y Priscila, completa su formación cristiana, deja su interpretación, para asumir la visión de  Pablo. Luego de esto, Apolo pasa a Corinto, con carta de recomendación de los hermanos para ser bien recibidos por los de Corinto, lo que habla de la buena comunicación que existía entre las comunidades. Muy buena fue su ayuda para esta comunidad, pues desde la Escritura les ayudaba a penetrar en el misterio de Cristo. Mucho debía saber Apolo para diferenciar entre las pretensiones judías y las afirmaciones que hacían los cristianos desde la Sagrada Escritura. Todo su saber, lo puso al servicio del Evangelio, lo que nos enseña que un buen grupo de personas fueron bien instruidas en la fe, contando con su aporte filosófico, lo que los convertía en un grupo culturalmente superior al resto de la comunidad eclesial. Vemos así cómo Dios se valió de Apolo para ponerlo al servicio de Jesús de Nazaret y demostrar que era el Mesías, enviado por el Padre.

El evangelio nos presenta el acceso cada vez mayor que Jesús hace a su Persona y a su misterio de salvación. Es a la luz de la Resurrección y de Pentecostés que se vive esta comunión de la que Jesús nos hace partícipes y nos guía hacia la verdad completa (cfr. Jn. 16, 12-15). Jesús, les garantiza a los discípulos que su oración será escuchada; esto es una novedad, puesto que los judíos pensaban que esa proximidad con el misterio divino era cosa del futuro, en cambio, Jesús lo hace algo presente. Juan, prácticamente en toda su obra, hace que aquello que se esperaba para el futuro, por el camino de la  fe en Jesús, pueda ser un bien presente. Lo mismo que aquello de “dentro de un poco me veréis…” es causa de tristeza y de alegría, porque sin su partida no puede darnos lo más íntimo de sí: el Espíritu Santo. Por una parte, quedan abandonados los discípulos sin Jesús, pero también es causa de alegría por su regreso, nuevo modo de presencia por medio de su Espíritu. Desde ahora, la comunión con Dios es una realidad, tanto que el creyente tiene la certeza de ser escuchado, no sólo porque lo ha dicho Jesús, sino porque el Padre nos ama, porque haberlo amado a ÉL. Todos los protagonistas de esta historia de salvación: el Padre omnipotente el Hijo Salvador, el Espíritu Santificador, la Iglesia, y cada creyente forman una comunión de amor (cfr. Jn. 15,13). Jesús si bien bajó del cielo, nunca dejó de estar con el Padre; tampoco ha abandonado a los suyos, está presente, solo que de un  modo diferente en su Espíritu, que anima y sopla fuerte en la comunidad eclesial en oración perenne.

Fr. Julio González C.  OCD

 

 

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