A Santa Teresa de Jesus

Caminando con Jesus

www.caminando-con-jesus.org

Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

 

 

DICHOS BREVES, SENTENCIAS Y PENSAMIENTOS  DE SANTA TERESA DE JESUS, EN LA LINEA DEL PENSAMIENTO DE SANTO TOMAS

 

Se incluyen en esta seción, 1919 voces, fueron elegidas y seleccionada para El Padre Jesus Marti Ballester, con el fin de preparar un diccionario sobre Santa Teresa de Jesus. Fueron clasificados y ordenados por Pedro Sergio Antonio Donoso Brant.

Libros de referencias, las fuentes escritas por Santa Teresa de Jesus y el libro Teresa de Jesus nos habla hoy- Suma Antologica

 

Comentarios de este trabajo a: p.s.donoso@vtr.net

 

AFABILIDAD

AMOR DE DIOS

ANGELES

AGUA BENDITA

BAUTISMO

BELLEZA Y HERMOSURA DE DIOS

BIENAVENTURANZA DE DIOS

BONDAD INFINITA DE DIOS

CARIDAD, AMOR A DIOS

CARIDAD, CON LOS HERMANOS

CASTIDAD, VIRTUD DE

CIENCIA DE DIOS

CONOCER A DIOS

CREER

CRISTO, EL VERBO ENCARNADO

CRISTO, LA MADRE DE

CRISTO, CUSTODIO DEL REDENTOR

CRISTO JESUS, NACIMIENTO DE

CRISTO JESUS, LA CIRCUNCICION

CRISTO JESUS, EPIFANIA

CRISTO, VIDA, PASION Y MUERTE

CRISTO, OBEDIENCIA AL PADRE

CRISTO, RESURRECCION Y ASCENCION

CRISTO,  LA MEDIDA DE LA CRUZ ES EL AMOR

DIOS, EXISTENCIA DE

 

DESOBEDIENCIA DETRACION

DEMONIOS

DIVINAS PERSONAS, DEL PADRE

DIVINAS PERSONAS DEL HIJO

DIVINAS PERSONAS, DEL ESPIRITU SANTO

ESTADO EPISCOPAL

ESPERANZA, VIRTUD DE

ETERNIDAD DE DIOS

EUCARISTIA

FE, VIRTUD DE

FORTALEZA

GRATITUD

GLORIA CELESTE

GOBIERNO Y CONSERVACION DE DIOS

HUMILDAD

IGLESIA PEREGRINA

IGLESIA/SE PURIFICA

IGLESIA CELESTIAL

IMPRUDENCIA E INCONSTANCIA

INFIERNO

INFINIDAD DE DIOS

INGRATITUD

INJUSTICIA

INMENSIDAD Y UBICUIDAD DE DIOS

IRA/PASION DE

JUICIO,  PARTICULAR Y EL JUICIO FINAL

JUSTICIA

JUSTICIA DE DIOS

 

MATRIMONIO

MISERICORDIA DE DIOS

MUERTE

OBEDIENCIA

OMNIPOTENCIA DE DIOS

ORACION

ORACION/CONTEMPLATIVA

ORIGEN DIVINO DE LAS CRIATURAS

PACIENCIA

PERSEVERANCIA

PENITENCIA Y RECONCILIACION

PIEDAD Y OBSERVANCIA

PROFECIAS Y MILAGROS

PROVIDENCIA DE DIOS

PRUDENCIA, VIRTUD DE

SACRAMENTOS

SACRAMENTO DEL ORDEN

SIMPLICIDAD Y PERFECCION ABSOLUTA DE DIOS

SOBERBIA

TEMPLANZA, VIRTUD DE

TRABAJO

UNCION

UNIDAD Y TRINIDAD DE DIOS

VERDAD, DIOS ES LA VERDAD

VICIOS Y PECADOS

VIDA ACTIVA Y CONTEMPLATIVA

VIDA CONSAGRADA

VIDA, DIOS ES LA VIDA

VOLUNTAD DE DIOS

 

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AFABILIDAD, VIRTUD DE

1           Sea bendito por siempre que tanto me esperó, a quien con todo mi corazón suplico me de gracia para que con toda claridad y verdad haga yo esta relación que mis confesores me mandan (V prl).

2           No les importaba por decir la verdad y defenderla para gloria de Dios, perderlo todo que ganarlo todo (V 16, 7; CN 6).

3           Con toda esta santidad era muy afable (san Pedro de Alcántara), aunque de pocas palabras, si no se le preguntaba. Su conversación era muy sabrosa, porque tenía muy lindo entendimiento (V 27, 18).

4           Yo le decía la verdad, pues creía que no mentía, ni había intentado tal cosa, además que yo por nada del mundo diría una cosa por otra (V 28, 4).

5           Yo siempre comunicaba estas profecías a mi confesor y a mi amiga viuda, con la que tenía permiso de hablar. He sabido que ella las decía a otras personas y éstas saben que no miento, ni Dios lo permita, pues soy incapaz de mentir en nada y menos en cosas tan serias (V 34, 18).

6           Pienso en el gran sufrimiento de las personas que conocen la verdad cuando tienen que tratar estas cosas de la tierra, donde hay tanta mentira (V 39, 8).

7           Así que, hermanas,... procurad ser afables y entenderos con todas las personas que os trataren, de manera que amen vuestra conversación y deseen vuestra manera de vivir y de tratar, y no se atemoricen y se asusten de la virtud...: cuanto más santas más conversables con sus hermanas; y aunque os disguste si las conversaciones no son de vuestro agrado, nunca os escandalicéis de ellas, si queréis aprovechar y ser amada. Y esto es lo que hemos de procurar con interés: ser afables y agradar a las personas con quienes tratamos, especialmente a nuestras hermanas (C 41, 7).

8           Dios es suma Verdad, y la humildad es andar en verdad ((VI M 10, 8).

9           Si en cosa muy importante yo no diría una mentira por ninguna cosa de la tierra, en esto -que se escribe para que nuestro Señor sea alabado- me parecería un gran cargo de conciencia (F prl 3).

10      Nunca exagerar mucho las cosas, sino decir lo que siente con moderación (Av 13).

11      La verdad padece mas no perece, y así espero aún ha de aclarar más el Señor (Cta 277, 26).

12      Aunque con sus rodeos le parece que no miente, tal estilo no es perfecto (Cta 308, 10).

13      De que haya quedado satisfecho el padre prior de la Cuevas me he alegrado mucho. ¡Gran cosa es la verdad! (Cta 299, 22).

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AMOR DE DIOS

 

14      Mal deseará que todos le desprecien y le aborrezcan, y todas las virtudes grandes que tienen los perfectos, quien no tiene alguna prenda del amor que Dios le tiene, y juntamente fe viva. (V 10, 6).

15      Algunas, si son muy sensibles, sufren mucho pensando siempre en la Pasión, y en cambio, se regalan y aprovechan considerando el poder y la grandeza de Dios en las criaturas y el amor que nos tiene y que en todo se manifiesta (V 13, 13; CN 3).

16      ¡Oh, Jesús y Señor mío! ¡Cuánto nos ayuda aquí vuestro amor!, porque éste tiene cogido al nuestro, que no le deja libertad para amar en aquel momento a nadie y nada, más que a Vos! (V 14, 2; CN 4).

17      ¿Es posible, Señor, que exista algún alma que haya llegado a que Vos le hagáis mercedes semejantes y regalos y haya entendido que Vos os gozáis con ella, que os haya vuelto a ofender después de tantos favores y de tan grandes muestras del amor que le tenéis, de lo cual no puede dudar, pues las obras se han visto claras?

Sí la hay, por cierto, y no os ha ofendido una vez sino muchas, que soy yo. Y quiera vuestra bondad, Señor, que sea yo sola la ingrata y la que haya hecho tan gran maldad y tenido tan excesiva ingratitud: porque incluso de esa ingratitud algún bien ha sacado vuestra infinita bondad, y cuanto mayor es el mal, más resplandece el gran bien de vuestras misericordias. ¡Y con cuánta razón las puedo yo para siempre cantar! (Sal 88, 2).

Yo os suplico, Dios mío, que así sea y que las cante sin fin, ya que habéis querido hacerlas tan grandísimas conmigo, que causan admiración a los que las ven, y a mí me sacan de mí muchas veces, para poder alabaros mejor a Vos; que estando en mí sin Vos no podría, Señor mío, nada, sino que otra vez volvieran a ser cortadas estas flores de este huerto, de suerte que esta miserable tierra volviese a servir de muladar como antes.

No lo permitáis, Señor, ni queráis que se pierda alma que con tantos trabajos comprasteis y tantas veces de nuevo la habéis vuelto a rescatar y arrancar de los dientes del dragón (V 14, 11; CN 4).

18       Es pues esta oración una centellica que comienza el Señor a encender en el alma del verdadero amor suyo, y quiere que el alma vaya entendiendo qué cosa es este amor con regalo.

Esta quietud y recogimiento y centellica, si es espíritu de Dios y no gusto causado por el demonio y procurado por nosotros... ; pues esta centellica encendida por Dios, aunque es tan pequeñita hace mucho ruido, y si no la mata por su culpa, comienza a encender el gran fuego llameante del grandísimo amor de Dios que hace Su Majestad que tengan las almas perfectas (V 15, 4; CN 5).

19      Este temor va mezclado con grandísimo amor que se cobra de nuevo a quien vemos lo tiene tan grande a un gusano tan podrido, que parece que no tiene bastante con llevarse de veras al alma consigo, que quiere llevarse también el cuerpo, siendo tan mortal y de tierra tan sucia, por tantos pecados cometidos (V 20, 7; CN 10).

20      Siempre que se piense en Cristo, acordémonos del Amor con que nos concedió tantas gracias, y de qué gran amor nos demostró Dios dándonos tal prenda del que nos tiene; que amor saca amor.

Y aunque estemos comenzando a hacer oración y nosotras seamos tan ruines, procuremos ir mirando siempre esto y despertándonos a amar; porque si el Señor nos concede la gracia de que se nos grave en el corazón este Amor, todo nos resultará fácil y lo haremos todo muy pronto y con muy poco esfuerzo.

Que el Señor nos conceda este amor, que sabe lo que mucho que nos conviene, por el amor que nos tuvo y por su glorioso Hijo, a quienes nos demostró su Amor, que tan caro le costó, amén (V 22, 14; CN 12).

21      ¡Oh, Señor mío! ¡Qué delicada y fina y sabrosamente sabéis tratar a quienes os aman! ¡Quién nunca se hubiera entregado a amar a nadie sino a Vos!

22      Parece, Señor, que probáis con rigor a quien os ama, para que en la mayor intensidad del sufrimiento se manifieste la mayor intensidad de vuestro amor (V 25, 17).

23      En este modo de conocer Dios y el alma, sólo con quererlo Su Majestad, se entienden estos amigos y se manifiestan el amor, sin necesidad de palabras. Del mismo modo que en este mundo dos personas inteligentes que se aman, con sólo mirarse y aun casi sin señas, parece que se entienden.

Así debe de ser este modo de conocimiento del que estoy escribiendo, sin que veamos cómo, de hito en hito se miran estos dos amantes, como creo que he oído que dice el Esposo a la esposa, en los Cantares (4, 9). (V 27, 10).

24      Yo me he regalado hoy con el Señor y me he atrevido a quejarme de Su Majestad, y le he dicho: "¿No basta, Dios mío, que me tengáis en esta miserable vida y que por amor a Vos pase por ello, y acepto vivir donde no hay más que obstáculos que me impiden gozar de Vos, porque he de comer y dormir y preocuparme de los asuntos y hablar con todos, y todo lo paso por vuestro amor, pues bien sabéis, Señor mío, que todo es tormento grandísimo para mí, que los poquitos ratos que tengo para gozar de Vos, también me os escondéis? Creo yo, Señor, que si yo pudiera esconderme de Vos, como Vos de mí, el amor que me tenéis no lo soportaría; pero Vos estáis conmigo y me veis siempre. ¡No se puede sufrir esto, Señor mío! Os suplico miréis que lastimáis a quien tanto os ama (V 37, 8).

25      ¡Oh, señor mío, que de todos los bienes que nos hicisteis nos aprovechamos mal! Vuestra majestad buscando modos y maneras e invenciones para manifestar el amor que nos tenéis; nosotros, como mal experimentados en amaros a Vos, los apreciamos tan poco, que de mal ejercitados en esto, se nos van los pensamientos a donde están siempre, olvidando los misterios que este idioma encierra en sí, como ha dicho el Espíritu Santo. ¿Qué más era menester para encendernos en amor suyo y pensar que adoptó este estilo no sin gran causa?

Recuerdo haber oído a un religioso un sermón harto admirable, declarando estos regalos que la esposa trataba con Dios. Y causó tanta risa y se recibió tan mal lo que dijo, porque hablaba de amor (siendo el sermón del Mandato, que es para no tratar de otra cosa), que yo estaba espantada. Y veo claro que nos ejercitamos tan mal en el amor a Dios, que no nos parece posible que un alma trate así con Dios. Mas conozco a algunas personas que sacaron tan gran bien, tanto regalo, tan gran seguridad en sus temores, que hacían particulares alabanzas a nuestro Señor muchas veces, porque dejó remedio tan saludable para las almas que con hirviente amor le aman para que entiendan y vean que es posible que se humille Dios tanto (Mdt C 1, 4-5).

26      Aunque no entendáis la Sagrada Escritura ni los misterios de nuestra fe, ni las palabras encarecidas que en ella oigáis de lo que pasa entre Dios y el alma, jamás os espantéis. El amor que nos tuvo y nos tiene me espanta a mí y más me desatina, siendo los que somos; que amándonos así, no hay encarecimiento de palabras con que nos lo demuestre, que no las haya demostrado más con obras (Mdt C 1, 7).

27      ¡Por cuántos caminos y de cuántas maneras y de cuántos modos nos manifestáis el amor! Con trabajos, con muerte tan áspera, con tormentos, sufriendo cada día injurias y perdonando; y no sólo con esto, sino que además le decís en los Cantares unas palabras tan heridoras al alma que os ama, y le enseñáis a que os las diga, que no se cómo se pueden soportar, si Vos no ayudáis a que las sufra quien las siente (Mdt C 3, 11).

28      Pensaba yo ahora si hay alguna diferencia entre la voluntad y el amor. Y paréceme que sí. No se si es soberbia. El amor me parece que es una saeta que envía la voluntad, que si va con toda la fuerza que ella tiene, libre de todas las cosas de la tierra, empleada en solo Dios, muy de verdad debe de herir a Su Majestad; de suerte que, metida en el mismo Dios, que es Amor, vuelve de allí con grandísimas ganancias (Mdt C 6, 5).

29      Se podrá decir que parecen cosas imposibles y que es importante no escandalizar a los débiles. Menos se pierde en que ellos no crean lo que Dios obra, que en que se dejen de aprovechar los que reciben los carismas, y se gozarán y estimularán a amar más a quien hace tantas misericordias, viendo que es tan grande su poder y majestad. Tanto más, cuando al escribir y decir estas maravillas, se que hablo con quien no tendrá este peligro, porque saben y creen que hace Dios aún mayores muestras de amor.

Yo se que quien esto no creyere no lo verá por experiencia; porque es muy amigo el Señor de que no pongan tasa a sus obras y así, hermanas, jamás os ocurra a las que el Señor no llevare por este camino, poner límites a sus grandezas (I M 1, 4).

30      Todas querréis, mis hijas, procurar tener esta oración, y tenéis razón, que -como he dicho- no acaba de entender el alma las mercedes que allí le hace el Señor y el amor con que la va acercando más a sí. Lo cierto es que desearéis saber cómo alcanzamos esta merced (IV M 2, 9).

31      Yo se que hay mucho que temer en este caso, y conozco algunas personas que me tienen harto lastimada, y he visto lo que digo, porque cayeron por haberse apartado de quien con tanto amor se les quería dar por amigo y manifestárselo con obras. 

Y, aunque  el demonio no vea otra cosa sino que Su Majestad les demuestra amor tan particular, basta para que él se deshaga por perderlas, y por eso son muy combatidas, y aún mucho más perdidas que otras, si se pierden (IV M 3, 10).

32      Pues vengamos, con el favor del Espíritu Santo, a hablar de las sextas moradas, donde el alma ya queda herida del amor del Esposo y busca más tiempo para estar sola y evita todo lo que puede, según su estado, lo que puede impedir esta soledad (VI M 1, 1).

33      Creedme que es lo más seguro no querer sino lo que quiere Dios, que nos conoce más que nosotros mismos y nos ama. Póngamonos en sus manos para que se haga su voluntad en nosotros, y no nos equivocaremos si con determinada voluntad, permanecemos en esa decisión (VI M 9, 17).

34      Es un secreto tan grande y una gracia tan alta lo que Dios comunica allí al alma en un instante, y el grandísimo deleite que siente el alma, que no se a qué compararlo, sino a que el Señor quiere manifestarle en aquel momento la gloria que hay en el cielo de modo más perfecto, que por ninguna visión ni gusto espiritual (VII M 2, 4).

35      Sólo se puede decir que, a lo que se puede entender, el alma, o mejor, el espíritu de esta alma, queda hecho una cosa con Dios que, como también es espíritu, ha querido Su Majestad manifestar el amor que nos tiene haciendo ver a algunas personas hasta dónde llega para que alabemos su grandeza; porque de tal manera ha querido unirse a la criatura, que no se quiere separar de ella como los que, ya casados, no se pueden separar (VII M 2, 4).

36      La unión viene a ser como si dos velas de cera se uniesen tanto que toda la luz fuese una, o que la mecha y la luz y la cera es todo uno. Pero después que han estado unidos se pueden separar sin dificultad una vela de la otra y quedan siendo como antes dos velas, o mecha y cera (VII M 2, 6).

37      En el matrimonio es como si cae agua del cielo en un río o en una fuente en donde queda hecho todo agua. Nadie podrá dividir ni separar el agua del río de la que cayó del cielo; o como si un arroyo pequeño entra en el mar, no habrá manera de separarlos; o como si en un salón hubiese dos ventanas por donde entrara mucha luz, aunque la luz entra separada, se hace toda una luz. Quizá es esto lo que dice san Pablo: "Estar unido al Señor es ser un espíritu con El" (1 Cor 6, 17), referido a este soberano matrimonio, que presupone que Su Majestad se ha juntado al alma por unión.

Y también dice san Pablo: "Para mí vivir es Cristo y morir ganancia" (Fl 1, 21). Esto me parece que puede decir aquí el alma, porque ahora es cuando la mariposilla de que hemos hablado, muere, y con grandísimo gozo, porque su vida es ya Cristo (VII M 2, 6).

38      Que es muy cierto que si nosotros nos vaciamos de todas las criaturas y de ellas nos desasimos por amor de Dios, el mismo Señor nos llenará de sí mismo. ¡No se qué mayor amor puede ser que éste! Y no dejaremos de entrar aquí todos, porque así dijo Su Majestad: "No te pido sólo por éstos, te pido también por los que han de creer en Mí mediante su mensaje" (Jn 17, 20). Y sigue diciendo: Yo unido  con ellos y tú conmigo" (Jn 17, 23).

¡Oh, válgame Dios, qué palabras tan verdaderas, y cómo las entiende el alma, que en esta oración lo ve realizado en sí misma! Y ¡cómo lo entenderíamos todos si no fuese por nuestra culpa, pues las palabras de Jesucristo, nuestra Rey y Señor, no pueden faltar (Lc 21, 3)!; mas como faltamos en no disponernos y apartarnos de todo lo que puede oscurecer esta luz, no nos vemos en este espejo que contemplamos, donde nuestra imagen está esculpida (VII M 2, 9-10).

39      Veía claramente lo mucho que el Señor había puesto de su parte desde que era muy niña, para acercarme a El con medios harto eficaces y de ninguno me aproveché. En lo cual se me representó claramente el excesivo amor que Dios nos tiene perdonando todo esto cuando queremos volver a el, y más conmigo que con nadie, por muchas causas (Cc 14ª, 3).

40      ¡Oh, verdadero Amador, con cuánta piedad, con cuánta suavidad, con cuánto deleite, con cuánto regalo y con cuán grandísimas muestras de amor curáis estas llagas que con las saetas del mismo amor habéis hecho! ¡Oh, Dios mío y descanso de todas las penas, qué desatinada estoy! ¿Cómo podía haber medios humanos que curasen a los que ha enfermado el fuego divino? ¿Quién ha de saber hasta dónde llega esta herida, ni de qué procedió, ni cómo se puede aplacar tan penoso y deleitoso tormento? No sería justo que tan precioso mal pudiera poderse aplacar con algo tan vulgar como son los medios que pueden tomar los mortales. Con cuánta razón dice la esposa en los Cantares: "Mi Amado para mí y yo para mi Amado" (2, 16); porque semejante amor no es posible que tenga su origen en amor tan pobre como el mío.

Pues si es pobre, Esposo mío, cómo no para en ninguna criatura hasta llegar a su Creador? ¡Oh mi Dios!, ¿por qué yo para mi Amado?. Vos, mi verdadero Amador, comenzáis esta guerra de amor, que no parece otra cosa el desasosiego y desamparo de todas las potencias y sentidos que salen por las plazas y barrios conjurando a las hijas de Jerusalén que le digan a su Dios. ¡Oh, alma mía, qué batalla tan admirable has tenido en esta pena, y cuán al pie de la letra pasa así! Pues mi Amado para mí y yo para mi Amado, ¿quién será el que podrá extinguir y apagar dos fuegos tan encendidos? Será trabajar en balde, porque ya se han convertido en uno (E 16).

41      ¡Oh Amor que me amas más de lo que yo puedo amar ni entiendo! ¿Para qué quiero, Señor, desear más de lo que Vos quisiereis darme? ¿Para qué me quiero cansar en pediros cosa pedida por mi deseo, pues todo lo que mi entendimiento puede organizar y mi deseo desear, ya sabéis Vos en qué termina, cuándo yo no entiendo lo que más me aprovecha? En lo que mi alma piensa salir con ganancia, quizá estará más perdida (E 17).

42      No deja de nos amar

Nuestro Dios, y nos llamar,

Sigámosle sin recelo,

Monjas del Carmelo (P 10).

 

43      ¡Oh, nudo que así juntáis

Dos cosas tan desiguales!

No se por qué os desatáis,

Pues atado fuerza dais

A tener por bien los males.

Juntáis quien no tiene ser

con el Ser que no se acaba;

Sin acabar acabáis,

Sin tener que amar amáis

Engrandecéis nuestra nada (P 6).

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ANGELES

 

44      Un día que había hecho mucha oración suplicando al Señor que me ayudase a agradarle en todo, mientras estaba rezando el himno, me vino un arrobamiento tan repentino que casi me sacó de mí, de lo que no pude dudar porque fue muy notorio. Fue la primera vez que el Señor me hizo esta merced de arrobamiento. Y entendí estas palabras: "Ya no quiero que tengas conversación con hombres, sino con ángeles" (V 24, 5).

45        Veía un ángel cabe mí hacia el lado izquierdo, en forma corporal, lo que no suelo ver sino por maravilla; aunque muchas veces se me representaban ángeles, es sin verlos, como la visión de Jesucristo que dije antes.

46        Esta visión del ángel quiso el Señor que la viese así: no era grande, sino pequeño, hermoso mucho, el rostro tan encendido que parecía de los ángeles muy subidos que parece que todos se abrasan: debe de ser de los que llaman querubines, que los nombres no me los dicen; mas bien veo que en el cielo hay tanta diferencia de unos ángeles a otros y de otros a otros, que no lo sabría distinguir (V 29, 13).

47        Estando un día de la Santísima Trinidad en el coro de un monasterio, caí en éxtasis y vi una gran batalla de demonios contra ángeles. Yo no podía comprender el significado de esta visión. Antes de quince días todo se aclaró con la guerra entablada entre gente de oración y muchos que no lo eran, que causó mucho daño a la casa que era de oración; la guerra duró mucho tiempo y con mucho sufrimiento (V 31, 11).

48        Me pareció que los veía subir al cielo con gran multitud de ángeles (V 33, 15).

49        Creo que fueron tres veces las que me sucedió lo mismo y, al fin, pudo más el ángel bueno que el malo, y fui a llamarle y vino a hablarme a un confesonario (V 33, 15).

50        Otra vez, estando lejos de esta ciudad, vi que los ángeles le elevaban con mucha gloria (al padre Gracía de Toledo); por esta visión supe que su alma había adelantado mucho. Y es que una persona a quién él había hecho mucho bien y salvado su honra y su alma, le había levantado una gran difamación contra su honra y él lo había sufrido con mucho contento, y había sufrido otras persecuciones (V 34, 17).

51        Mas no vi cómo estaba el trono, ni quién estaba sentado, sólo una gran multitud de ángeles, con una hermosura mayor sin comparación, que la que he visto otras veces en el cielo. He pensado si serían serafines o querubines, cuya gloria es muy diferente; estaban llameantes.

52      La gloria que sentí no se puede escribir ni decir, ni la puede imaginar quien lo haya experimentado. Entendí, sin ver nada, que allí estaba todo junto lo que el hombre puede desear. Me dijeron, y no se quién, que lo único que podía hacer allí era entender que no podía entender nada, y darme cuenta de que todo es nada comparado con aquello.

53      Después mi alma se avergonzaba viendo que podía detenerse en alguna criatura o aficionarse a ella, porque todo el mundo me parecía un hormiguero (V 39, 22).

54      Estando una vez en oración con mucho recogimiento y suavidad y quietud, veía que estaba rodeada de ángeles y muy cerca de Dios. Comencé a suplicar a Dios por la Iglesia (V 40, 12).

55      La víspera de San Sebastián, el primer año que vine a ser priora de la Encarnación, comenzando la Salve, vi en la silla prioral, adonde está puesta nuestra Señora, bajar con gran multitud de ángeles la Madre de Dios que se posaba allí...Me parecía que encima de los bastidores de las sillas del coro y sobre los antepechos, había ángeles, aunque no con forma coporal, que era visión inetelectual (Cc 22ª, 1-2).

56      Yo no hacía más que abrir los ojos para ver si me podía distraer, y no me bastaba para apartar esta tentación, sino que me parecía que se oía una música de pajaritos y de ángeles, de la que el alma gozaba, aunque yo no lo oía, mas el alma estaba en aquel deleite (Cc 34ª, 2).

57      Se me representó esta santa mujer (Catalina Cardona), por visión intelectual, como cuerpo glorificado, y algunos ángeles con ella (F 28, 36). 

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AGUA BENDITA

 

58      Tengo mucha experiencia de que no hay nada como el agua bendita para hacer huir al demonio y que no vuelva. Debe de ser grande la fuerza del agua bendita. A mí me produce un consuelo muy singular y notorio cuando la tomo. En verdad siempre siento un gusto que no sabría definir, como un deleite interior que fortalece toda el alma. Y no es ilusión mía, porque no me ha ocurrido una vez, sino muchas y lo he considerado con gran detenimiento. Es algo así como si alguien que tiene mucho calor y sed, bebiese un jarro de agua fría, que parece que todo él sintió un gran refrigerio (V 31, 4).

59      Tenga agua bendita junto a sí, que no hay cosa con que más huya el demonio...Mas, si no le acierta a dar el agua bendita, no huye (Cta 168, 9).

60      De lo que dice del agua bendita, sólo se la experiencia que tengo. Lo he dicho a algunos letrados y no lo cotradicen. Basta tenerlo la Iglesia, como vuestra merced dice (Cta 182, 18).

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BAUTISMO

 

61      De esto también gané la grandísima pena que me causan las muchas almas que se condenan (especialmente de los luteranos, que por el bautismo ya eran miembros de la Iglesia (V 32, 6).

62      Nosotras sí estamos desposadas (con ), y todas las almas por el Bautismo (CE 38, 1).

63      Al que Vos habéis levantado y ha conocido cuán miserablemente perdió por gozar un muy rápido placer y está determinado a agradaros siempre..., ¿qué remedio, Señor, para poder después vivir, que no sea muriendo, con el recuerdo de haber perdido tanto bien como hubiera tenido si hubiera permanecido en la inocencia en que lo dejó el Bautismo? (E 3).

 


BELLEZA Y HERMOSURA DE DIOS

 

64      Quiso el Señor mostrarme solas las manos con tan grandísima hermosura, que yo no lo podría encarecer... Pocos días después ví también su divino rostro, que me dejó absorta... Cuando lo vi todo entero, comprendí que el Señor tenía en cuenta mi debilidad y me iba preparando...; y, como quien esto sabía, iba el piadoso Señor disponiendo (V 28, 1).

65      Se me representó la Sacratísima Humanidad Resucitada, con tanta hermosura y majestad.(V 28, 3).

66      Esta visión de  no es un resplandor que deslumbra, sino una blancura suave y un resplandor difuso que da deleite grandísimo a la vista, y la claridad que se ve para poder ver esta hermosura divina no le cansa. Es una luz tan diferente de la de acá que la luminosidad del sol de la tierra es tan opaca en comparación de aquella claridad y luz de la visión, que no se querrían abrir los ojos después. Es como ver agua muy clara que corre sobre cristal en la que reverbera el sol, comparada con un agua turbia con un cielo muy nublado corriendo por la superficie de la tierra. Y no es que en la visión se represente el sol, ni la luz es como la del sol; sino que la luz de la visión parece luz natural y la de la tierra artificial. Es luz que no tiene noche porque siempre hay luz y, por gran entendimiento que tenga una persona, en toda su vida no podrá imaginar cómo es. (V 28, 5).

67      La visión de  me dejó impresa su grandísima hermosura, que aún me dura... (V 37, 4).

68      Después de haber visto la hermosura del Señor, nadie me gustaba en comparación suya, ni nadie podía llenarme (V 37, 4).

69      ¡Oh, Hermosura que excedéis

            a todas las hermosuras! (P VI).

70      No deje yo, mi Dios, no deje de gozar de tanta hermosura en paz. (E 14, 2). 

 

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BIENAVENTURANZA DE DIOS

 

71      Estando así el alma buscando a Dios siente que casi va desfalleciendo toda con un deleite grandísimo y suave y una especie de desmayo, en que le va faltando la respiración y todas las fuerzas corporales de tal modo, que sólo con dificultad puede mover las manos (V 18, 10; CN 8).

72      También me parece que Su Majestad va probando a unos y a otros, manifestándoles quién es con deleite tan soberano, para ver quién le quiere y para avivar la fe, si es que está muerta, en lo que nos ha de dar, diciendo: "Mirad, que esto es sólo una gota del mar grandísimo de bienes", para no dejar nada por hacer con los que ama y según ve que le reciben, así da y se da (V 22, 17; CN 12).

73      Mirad que lo que digo no se puede comparar con la realidad; sólo he dicho lo que es necesario para dar a entender secretos y grandezas suyas, pues su deleite supera a todos los que en este mundo se pueden gozar. Por eso con toda razón hace aborrecer los deleites de esta vida, que son basura todos juntos. Asco da compararlos aquí, aunque fuera para gozarlos sin fin, con éstos que da el Señor, que son sólo una gota del gran río caudaloso que nos tiene preparado (V 27, 12).

74      Jamás me podía penar haber visto estas visiones celestiales, que ni una sola cambiaría yo por todos los bienes y deleites del mundo. Siempre las tuve por gran merced del Señor y me parecían un gran tesoro y así me lo decía el Señor muchas veces. Yo me veía crecer mucho en amarle (V 29, 4).

75      Yo quisiera poder dar a entender algo de la mínima parte que veía, y pensando cómo lo podré conseguir, veo que me parece imposible. Porque sólo la diferencia de esta luz a la de allá, aunque una y otra son luz, es incomparable, porque incluso la luminosidad del sol parece opaca. En fin, que por muy sutil que sea la imaginación, no puede producir luz celeste, ni nada de lo que el Señor me daba a entender con un deleite tan soberano que no se puede decir; porque todos los sentidos gozan en tan alto grado y suavidad que no se puede expresar, y por eso es mejor callar (V 38, 2).

76      En esta oración de que estoy hablando, que yo llamo de quietud, porque el sosiego que produce en todas las potencias parece que conforta todo el hombre interior y exterior, como si le echasen en los tuétanos una unción suavísima de un gran perfume de muchas esencias, sin que sepamos lo que es ni dónde está aquel perfume, sino que nos penetra totalmente, así parece que es este amor suavísimo de nuestro Dios. Se introduce en el alma con gran suavidad y la contenta y la satisface y no puede entender cómo y por dónde entra aquél bien. Querría no perderlo, querría no menearse ni hablar ni aún mirar, para que no se le fuese. Y esto es lo que dice aquí la esposa a mi propósito, que dan de sí los pechos del Esposo olor muy bueno, más que los ungüentos (Mdt C 4, 2).

77      Mas cuando este Esposo riquísimo la quiere enriquecer y regalar más, la convierte tanto en Sí que, como una persona que el gran placer y contento la desmaya, le parece que se queda suspendida en aquellos divinos brazos y arrimada a aquel sagrado costado y a aquellos pechos divinos. No sabe más que gozar, sustentada con aquella leche divina con que la va curando su Esposo y mejorando en aquel sueño y en aquella embriaguez celestial, y queda espantada y embobada y con un santo desatino. Me parece a mí que puede decir estas palabras: "Mejores son tus pechos que el vino" porque, cuando estaba en aquella borrachez, le parecía que ya no podía subir más; mas, cuando se vio en más alto grado y toda empapada en aquella inmensa grandeza de Dios y se vio que quedaba tan satisfecha, delicadamente lo comparó, diciendo: "Mejores son tus pechos que el vino". Porque así como un niño no entiende cómo crece ni sabe cómo mama -que, aunque sin mamar él ni hacer nada, muchas veces le echan la leche en la boca-, así sucede aquí, que totalmente el alma no sabe de sí ni hace nada ni sabe cómo ni por dónde le vino aquel bien tan grande. Sabe que es el mayor que en la vida se puede gustar, aunque se junten todos los deleites y gustos del mundo; se ve crecida y mejorada, sin saber cuándo le mereció; fortalecida en las virtudes, regalada por quien tan bien lo sabe y puede hacer. No sabe a qué comparar su estado, sino al regalo de la madre que ama mucho al hijo y lo cría y regala (Mdt C 4, 4).

78      Y ¡cuán venturosa es el alma que merece estar debajo de esta sombra, aun para cosas que acá se pueden ver! Parece que estando el alma en este deleite, siente que está toda engolfada y amparada por una sombra como una nube de la Divinidad, de donde vienen influencias al alma y rocío tan deleitoso, que con mucha razón quitan el cansancio que le han causado las cosas del mundo (Mdt C 5,4).

79      No es otra cosa el alma del justo que un paraíso donde El dice que tiene sus complacencias (Prv 8, 11) (I M 1, 1).

80      ¿Cómo os podría yo decir la riqueza y tesoros y deleites que hay en las quintas moradas? Creo que sería mejor no decir nada de las que faltan, pues no lo he de saber decir, ni el entendimiento lo sabe entender, ni las comparaciones pueden servir para explicarlo, porque son muy pobres las cosas de la tierra para expresar tanta grandeza (V M 1, 1).

81      Es así como, sabiendo que se comunica con sus criaturas, alabaremos más su grandeza y nos animaremos a no menospreciar al hombre, con quien tanto se deleita el Señor. Y cuánto más supiéramos de esto, mejor (VII M 1, 1).

82      Porque el gran deleite que siente entonces el alma es porque se ve cerca de Dios. En esta situación no entiende nada, porque pierde el uso de todas las potencias (VII M 1, 6).

83      Cuando considero que decís que tenéis vuestros deleites con los hijos de los hombres, se alegra mucho mi alma. ¡Oh Señor del cielo y de la tierra, y qué palabras éstas para que ningún pecador desconfíe!... Aquella voz que se oyó cuando el Bautismo, dijo que os deleitáis con vuestro Hijo... Pues, ¿qué necesidad tenéis de mi amor? ¿Para qué lo queréis, Dios mío, qué ganáis con él? ¡Oh, bendito seáis Vos!; ¡oh, bendito seáis Dios mío, para siempre! Que os alaben todas las cosas, Señor, en fin, pues no lo puede haber en Vos (E 7).

84      ¡Oh almas que ya gozáis sin temor de vuestro gozo y estáis siempre embebidas en alabanzas de mi Dios! Venturosa fue vuestra suerte. ¡Qué gran razón tenéis para ocuparos siempre en estas alabanzas y qué envidia os tiene mi alma, porque estáis ya libres del dolor que dan las ofensas tan grandes que en estos desventurados tiempos se hacen a mi Dios, y de ver tanta ingratitud, y de ver que no se quiere ver esta multitud de almas que se lleva Satanás! ¡Oh bienaventuradas almas celestiales!; ayudad nuestra miseria y sednos intercesoras ante la divina misericordia para que nos de algo de vuestro gozo y reparta con nosotros ese claro conociento que tenéis.

85      Dadnos, Dios mío, Vos a entender qué es lo que se da a los que pelean varonilmente en este sueño de esta miserable vida. Alcanzadnos, ¡oh almas amadoras!, a entender el gozo que os causa ver la eternidad de vuestros gozos y cómo es cosa tan deleitosa ver con certeza que no se han de acabar. ¡Oh desventurados de nosotros, Señor mío!, que bien lo sabemos y creemos, sino que con la costumbre tan general de no meditar estas verdades, son tan extrañas ya para las almas, que ni las conocen ni las quieren conocer.

86      ¡Oh, oh, oh, qué poco nos fiamos de Vos, Señor! ¡Cuántas mayores riquezas y tesoros nos confiasteis a nosotros!, pues treinta y tres años de grandes trabajos y después muerte tan intolerable y lastimosa, nos disteis a vuestro Hijo tantos años antes de nuestro nacimiento; y aun sabiendo que no os lo habíamos de pagar, no quisisteis dejarnos de confiar tan inestimable tesoro, para que no quedase por Vos lo que nosotros granjeando con El, podemos ganar con Vos, Padre piadoso (E 13).

87      El es bienaventurado porque se conoce y se ama y goza de sí mismo, sin que sea posible otra cosa; no tiene, ni puede tener, ni fuera perfección de Dios poder tener libertad para olvidarse de sí y dejar de amarse (E 17).

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BONDAD INFINITA DE DIOS

 

88      Y Dios que es tan bueno que, cuando Su Majestad sabe por qué, quizá para gran provecho quiere que esté seco el pozo, si hacemos lo que podemos como buenos hortelanos, sin agua sustenta las flores y hace crecer las virtudes (V 11, 10; CN 1).

89      Confíen en la bondad de Dios, que es mayor que todos los males que podemos hacer y no se acuerda de nuestra ingratitud cuando nosotros, reconociéndonos, queremos volver a su amistad, ni de las mercedes que nos ha hecho para castigarnos por no haberlas aprovechado. Al contrario, ellas sirven para perdonarnos más pronto, como personas que ya eran de su casa y han comido su pan.

90      Acuérdense de sus palabras y miren lo que ha hecho conmigo, que antes me cansé de ofenderle que Su Majestad de perdonarme. Nunca se cansa de dar ni se puede agotar su misericordia; no nos cansemos nosotros de recibir. Sea bendito por siempre, amén, y que le alaben todas las cosas (V 19, 17: CN 9).

91      Lo que sí se muy bien es que la fortaleza que deja Dios en el alma al principio, cuando la unión dura tiempo tan breve como el abrir y cerrar los ojos, que si no fuera por los efectos que deja sería casi imperceptible, es muy diferente de cuando dura más tiempo esta merced. La razón de esta diferencia creo que está en que el alma no está preparada del todo, y el Señor poco a poco la va formando y le da decisión y fuerzas varoniles para que todo lo pisotee del todo.

92      Con la misma rapidez que lo hizo con la Magdalena, lo hace con otras personas, en la medida en que ellas le dejan hacer a Su Majestad. No nos creemos del todo que Dios da el ciento por uno en esta vida (Lc 18, 29-30) (V 22, 15; CN 12).

93      Pues ¿qué tal os parece que será la habitación donde se deleita un rey tan poderoso, tan sabio, tan limpio y tan lleno de todos los bienes? No encuentro nada que se pueda comparar a la gran hermosura del alma y a su gran capacidad. Y verdaderamente no pueden comprenderla nuestros entendimientos, por muy agudos que sean. De la misma manera que no pueden comprender a Dios, pues El mismo dice que nos crió a imagen y semejanza suya (Gn 1, 28) (I M 1, 1).

94      Esta pena no se alivia pensando que nuestro Señor tiene ya perdonados los pecados y olvidados, sino que aún aumenta la pena viendo tanta bondad y que se hacen mercedes a quien no merecía sino infierno.

95      Yo pienso que fue éste el gran martirio de san Pedro y de la Magdalena; porque, como tenían el amor tan crecido y habían recibido tantas mercedes y conocían la grandeza y majestad de Dios, sería harto recio de sufrir y con muy tierno sentimiento (VI M 7, 4).

96      Mas este andar siempre el alma tan asida de Dios y ocupado su pensamiento en El, le daría tanta rabia al demonio que, aunque lo intentase, no volvería muchas veces, y es Dios tan fiel, que no permitirá darle tanta mano en alma que no pretende otra cosa sino agradar a Su Majestad y gastar su vida en su honra y gloria, sino que pronto ordenará que sea desengañada (VI M 8, 7).

97      Y si no falta a Dios el alma, jamás El, a mi parecer, dejará de manifestar con tanta claridad su presencia. Y tiene el alma gran confianza de que Dios no dejará que pierda este don que le ha regalado (VII M 1, 9).

98      Entonces, alma mía, entrarás en tu descanso, cuando te entrañes con este Sumo Bien y entiendas lo que entiende, y ames lo que ama, y goces lo que goza. Cuando veas ya perdida tu mudable voluntad, y sin posibilidad de cambio; porque la gracia de Dios ha podido tanto que te ha hecho partícipe de su divina naturaleza; con tanta perfección que ya no puedas ni desees poder olvidarte del sumo Bien, ni dejar de gozarle junto con amor (E 17).

99      Créanme por Dios... que no dormirá el demonio para tentarnos cuando más daño nos piense hacer, como hizo a esta mujer, que cierto me espantó mucho, aunque no porque crea que impediría su salvación, que es grande la bondad de Dios.(F 6, 21).

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CARIDAD, AMOR A DIOS

 

100  Nos poníamos de acuerdo para irnos a tierra de moros, pidiendo por amor de Dios que allá nos descabezasen, y paréceme que nos daba el Señor ánimo en tan tierna edad para realizarlo, si hubiéramos encontrado el modo (V 1, 5).

101  Gran cosa fue haberme hecho el Señor la merced en la oración que me había hecho, que ésta me hacía entender lo que era amarle (V 6, 3).

102  Era más penoso para mi carácter recibir mercedes cuando había caído en grandes culpas, que recibir castigos; que una merced sola me parece, cierto, me deshacía y confundía más y fatigaba, que muchas enfermedades con otros trabajos hartos juntas; porque esto veía que lo merecía y me parecía que con ello pagaba algo mis pecados, aunque todo era poco, según ellos eran muchos; mas verme recibir de nuevo mercedes pagando tan mal las recibidas, es un tormento para mí terrible, y creo que para todos los que tuvieren algún conocimiento o amor de Dios, y esto lo podemos deducir de lo que siente una persona sensible, virtuosa y delicada (V 7, 19).

103  Por eso era tan amiga de imágenes. ¡Desventurados de los que por su culpa pierden este bien! Bien me parece que no aman al Señor, porque si le amaran, se alegraría de ver su retrato, como nos ocurre con el de las personas queridas (V 9, 6).

104  Comenzó a crecer en mí la afición de estar más tiempo con El y a quitarme de los ojos las ocasiones porque, quitadas, enseguida me volvía yo a amar a Su Majestad; que bien entendía yo que le amaba, mas no entendía como lo había de entender, en qué consiste el amor verdadero a Dios (V 9, 9).

105  Hablemos ahora de los que comienzan a ser siervos del amor, que esos son los que se determinan a seguir por el camino de la oración, a quien tanto nos amó. Seguir por este camino constituye una dignidad tan grande, que me regalo extraordinariamente pensando en ella (V 11, 1; CN 1).

106  ¡Oh, Señor de mi alma y bien mío!, ¿por qué no quisisteis que, cuando un alma se determina a amaros haciendo lo que puede en dejarlo todo para dedicarse a cultivar este amor de Dios, pudiese ya gozar del amor perfecto? (V 11, 1; CN 1).

107  Mal he dicho antes: ¿por qué no quisisteis...? Habría de haber dicho: "no nos lo das porque no queremos nosotros", y nos habríamos de quejar de ello; pues es nuestra toda la culpa de que no empecemos a gozar enseguida de tan gran dignidad, pues cuando se consigue tener con perfección este verdadero amor de Dios, trae consigo todos los bienes (V 11, 1-2; CN 1).

108  ¡Donosa manera de buscar amor de Dios! Y luego lo queremos tener a manos llenas, por decirlo de algún modo. Queremos seguir apegados a nuestras aficiones y recibir muchos consuelos espirituales; esto no encaja bien, ni es compatible una cosa con otra. Pues no procuramos realizar nuestros deseos de virtudes y no nos decidimos a desarraigar los deseos de la tierra. Así que, porque no se acaba de dar todo, no se nos da del todo este tesoro. Quiera el Señor dárnoslo gota a gota, aunque sea costándonos todos los trabajos del mundo...

109  Porque son tantas las dificultades que pone el demonio al principio para que no se comience este camino de veras, porque sabe el daño que de aquí le viene, no sólo de perder aquella alma, sino muchas..., que no es menester poco ánimo para no volver atrás, sino muy mucho y mucho favor de Dios (V 11, 3-4).

110  Pasen como puedan este destierro, que bastante desgracia tiene un alma que ama a Dios ver que vive en esta miseria y que no puede lo que quiere por tener tan mal huésped como es este cuerpo (V 11, 16; CN 1).

111  Puede la persona representarse delante de  y acostumbrarse a enamorarse mucho de su sagrada Humanidad y traerle siempre consigo y hablar con El, pedirle por sus necesidades y quejársele de sus trabajos, alegrarse con El en sus alegrías y no olvidarle por ellas, no buscando fórmulas de oraciones de sino diciéndole palabras brotadas del corazón conforme a sus deseos y necesidades.

112  Es ésta excelente manera de avanzar muy rápidamente; y a quien trabaje por traer esta preciosa compañía y se aproveche mucho de ella y se encienda de veras en el amor de este Señor, a quien tanto debemos, yo le doy por aprovechado (V 12, 12; CN 2).

113  Ve el alma que le comienza a nacer un amor de Dios muy desinteresado. Desea ratos de soledad para gozar más de aquel bien. En fin..., es un comienzo de todos los bienes, un estar las flores a punto de brotar. Y esto lo verá el alma muy claro, y no podrá aceptar que Dios no estuvo con ella, hasta que se ve con faltas e imperfecciones, que entonces todo lo teme.

114  Y es bueno que tema; aunque hay almas a quienes les aprovecha más creer que es cierto que es Dios, que todos los temores que les pueden meter; porque si el alma es de suyo amorosa y agradecida, la lleva más a Dios el recuerdo del carisma recibido, que todos los castigos del infierno que le representen. Al menos a mí, aunque tan ruín, esto me acaecía (V 15, 14; CN 5).

115  Parece que salgo de quicio. Porque no puedo hacer otra cosa cuando el Señor me saca de mí, y creo que no soy yo la que hablo desde esta mañana que comulgué. Parece que sueño lo que veo y quisiera que todos estuviesen enfermos de este mal. Suplico a usted que estemos todos locos de amor a quien fue llamado loco por nosotros. Ya que usted dice que me quiere, disponiéndose para recibir esta merced me lo ha de demostrar, porque veo pocos que no tengan demasiado seso para recibirla (V 16, 6; CN 6).

116  Queda el alma tan animosa que, si entonces la hiciesen pedazos por Dios, le daría gran consuelo. En ese momento se hacen promesas y determinaciones heroicas. Brotan ardentísimos deseos, comienza a aborrecer el mundo viendo tan claramente su vanidad. Ha quedado mucho más mejorada que en los grados de oración anteriores, y con la humildad más crecida; porque ve claro que aquella excesiva merced grandiosa no fue traida por sus fuerzas.

117  Se ve indignísima con mucha claridad, porque en una sala donde entra mucho sol no hay telaraña escondida, ve su miseria...  Si se quedó sola con El, ¿qué ha de hacer más que amarle?... De sí ve que merece el infierno y la castigan con gloria; se deshace en alabanzas de Dios, y yo me quisiera deshacer ahora; ¡bendito seáis, Señor mío, que así hacéis, de estiércol tan sucio como yo, agua tan clara que sea para vuestra mesa! ¡Seáis alabado, oh regalo de los ángeles, que así queréis elevar un gusano tan vil! (V 19, 2; CN 9).

118  ..Si una cosa como yo, porque el Señor me ha dado esta luz, teniendo tan tibia caridad...muchas veces siente tanto verse en este destierro, ¿qué sería el sentimiento de los santos? ¿Cuánto sufriría san Pablo y la Magdalena y otros como ellos, que vivían sumergidos en el fuego del amor de Dios? Debía de ser un contínuo martirio.

119  Creo que los que me dan algún alivio y descanso en su trato son las personas en las que encuentro estos deseos; deseos con obras; digo con obras, porque hay algunas personas que creen que están desprendidas y así lo publican, y así debía ser, ya que así lo exige su estado y los muchos años que hace que algunos comenzaron el camino de la perfección; mas conoce muy bien esta alma desde muy lejos a los que tienen estos deseos sólo de palabra, y a los que lo han demostrado con sus obras...(V 21, 7; CN 11).

120   

121  En todo encontraba medios para conocer más a Dios y amarle y darme cuenta de lo que le debía y dolerme de haber sido como fuí. Bien entendía yo que aquello no venía de mí, ni lo había conseguido con mi esfuerzo (V 21, 12; CN 11).

122  Bienaventurado quien de verdad le amare y siempre lo trajere junto a sí. Miremos al glorioso san Pablo, que parece que no se le caía de la boca siempre Jesús, como quien lo tenía bien metido en el corazón.

123  Yo he examinado cuidadosamente después de haber comprendido esta verdad, que algunos santos grandes contemplativos, no iban por otro camino. San Francisco con sus llagas lo demuestra; san Antonio de Padua con el Niño; san Bernardo se deleitaba en la Humanidad; santa Catalina de Sena..., y otros muchos... ( V22, 7; CN 12).

124  Estoy persuadida de que cuando un alma forcejea para conseguir oración de unión, aunque parezca que consigue algo, se desvanece muy pronto como algo artificial. Y temo que no llegue nunca a la verdadera pobreza de espíritu, que consiste en no buscar consuelo ni gusto en la oración..., sino consuelo en los sufrimientos soportados por amor del que siempre vivió en ellos y permanecer sosegada en ellos y en las sequedades (V 22, 11; CN 12).

125  Puede además el alma sentir grandes indicios en su interior de que ama a Dios de verdad, porque las que han llegado a este nivel no tienen el amor tan escondido como en el comienzo de sus vida cristiana, sino con grandes ímpetus y deseo de ver a Dios; todo les cansa, todo les fatiga, todo les causa tormento. Si no es con Dios o por Dios, no hay descanso que no canse, y por eso digo que no pueden disimular el amor (V 26, 1).

126  Me dijo un compañero (de san Pedro de Alcántara), que le acaecía estar ocho días sin comer. Esto debía de ser estando en oración, porque tenía grandes arrobamientos e ímpetus de amor  de Dios, de los cuales yo fuí una vez tetigo (V 27, 17).

127  Aunque quisiera distraerme no podía dejar de estar en oración; creo que incluso durmiendo seguía orando; crecía el amor y las quejas que yo dirigía al Señor de que no podía soportar el tener que dirigirle desprecios, y no estaba en mi mano dejar de pensar en El, aunque yo lo quería y lo intentaba (V 27, 7).

128  Poco después comenzó Su Majestad, como me lo había prometido, a dar mayores pruebas de que era El quien se me aparecía, con lo cual crecía en mí un amor tan grande de Dios que no sabía de donde venía, porque era muy sobrenatural y yo no lo procuraba. Me sentía morir de deseo de ver a Dios, y no sabía donde buscar la vida más que en la muerte (V 27, 8).

129  Me daban unos ímpetus grandes de amor que, aunque no eran tan insufribles como los que ya otra vez he dicho, ni de tanto valor, yo no sabía qué hacer de mí; porque nada me satisfacía, ni cabía en mí, sino que verdaderamente me parecía que se me arrancaba el alma. ¡Oh soberano arte del Señor! ¡Qué maravilla tan delicada hacíais con vuestra esclava miserable! Os escondíais de mí y me apretabais con vuestro amor, con una muerte tan sabrosa que nunca el alma querría salir de ella (V 27, 8).

130  Quien no haya experimentado estos ímpetus, es imposible que lo pueda entender, pues no es un desasosiego del pecho, ni unos fervores que a veces se tienen que ahogan el espíritu porque no se pueden dominar; es ésta una oración más elemental, cuyos ímpetus hemos de contener procurando recogerlos en lo interior con suavidad y acallar el alma...(V 27, 9).

131  Piense en otra cosa pensando que aquello no es oración, sino movimiento de la sensibilidad, y haga callar a este niño con un regalo de amor que le mueva a amar suavemente y no a bofetadas, como suele decirse.

132  Recojan el amor en lo interior para que no resulte ser una olla que hierbe demasiado y se desparrama toda porque se ha puesto leña sin discreción. Moderen la causa que inflamó este amor y procuren extinguir la llama con lágrimas suaves y no penosas, que lo son las de estos sentimientos, y perjudican mucho (V 27, 9).

133  Aquellos ímpetus de amor son diferentísimos. En ellos no ponemos nosotros la leña sino que parece que el fuego ya está ardiendo y de repente nos echan dentro para que nos quememos.

134  No es el alma la que trabaja para que le duela esta llaga de la ausencia del Señor, sino que a veces le clavan una saeta en lo más vivo de sus entrañas y corazón, y el alma se queda sin saber lo que le pasa y lo que quiere.

135  Bien entiende que quiere a Dios, y que la saeta parece que trae hierba venenosa para que se aborrezca a sí misma por amor del Señor, por quien de buena gana perdería la vida.

136  No se puede encarecer ni decir el modo con que Dios llaga al alma y la grandísima pena que le causa sin saber qué le pasa; mas es una pena tan sabrosa que no hay deleite en la vida que más contento de. Siempre querría el alma estar muriendo de este mal (V 29, 10).

137  ¡Oh, qué es ver un alma herida! El alma siente que está herida de amor divino y ve que no procede de ella este amor, sino que parece que del muy grande que el Señor tiene por ella, cayó vertiginosamente en su corazón la chispa que la hace arder.

138  ¡Oh, cuántas veces me acuerdo, cuando así estoy, de aquel verso de David: "Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a Tí, Dios mío" (Sal 42, 2), que me parece lo veo cumplirse en mí al pie de la letra!

139  Cuando este ímpetu no es muy recio, parece que se aplaca un poco, al menos busca el alma algún remedio porque no sabe qué hacer, en algunas mortificaciones que no se sienten más ni causan más dolor, aunque derrame sangre, que si el cuerpo estuviese muerto. Busca modos y maneras para sufrir algo por amor de Dios; mas es tan grande el dolor de amor, que no se yo que tormento corporal lo podría quitar.

140  Como no está en sufrir el remedio, son muy bajas estas medicinas para tan subido mal; algo se aplaca y calma pidiendo a Dios le de remedio para su mal, y ninguno ve sino la muerte, que con ésta piensa gozar del todo su Bien (V 29, 11-12).

141  Otras veces da tan recio, que ni eso ni nada se puede hacer, pues paraliza todo el cuerpo; ni pies ni brazos puede mover; si está en pie tiene que sentarse, como un cuerpo traspuesto, que no puede ni siquiera respirar: sólo da unos gemidos no grandes, porque no puede más; son grandes en el sentimiento (V 29, 12).

142  Bien claro tengo yo que aún no he comenzado a servir a Dios, aunque Su Majestad me ha concedido mercedes como si fuera buena, y que soy una verdadera calamidad, excepto en los deseos y en el amor, y en esto también veo claro que me ha favorecido el Señor para que pueda servirle en algo. A mí me parece que le amo, mas me desconsuelan las obras y las muchas imperfecciones que veo en mí (V 30, 17).

143  Este estado es como un navegar con un aire muy sosegado, en el que se avanza mucho sin que se sienta.

144  En los grandes ímpetus de amor que Dios da, el alma ve que mejora, porque los efectos son muy grandes y visibles; y bulle en deseos que no puede realizar. Es como unas fontecicas que yo he visto manar en las que la arena nunca cesa de empujar hacia arriba.

145  Al natural me parece este ejemplo o comparación, pues así les ocurre a las almas en esta situación: siempre está hirbiendo en ellas el amor pensando qué harán por Dios; no cabe en el alma el amor, como el agua de la fontecica no cabe en la tierra y por eso se vierte al exterior.

146  Así está el alma siempre, que no sosiega ni cabe en sí con tanto amor como tiene y, pues ella está saturada de agua y no le hace falta, quisiera que bebieran los demás para que le ayudasen a alabar a Dios.

147  ¡Oh, cuántas veces me acuerdo del agua viva que prometió el Señor a la samaritana! y por eso soy muy aficionada a aquel evangelio; y desde niña, cuando no entendía tan bien como ahora, gozaba con este pasaje, y suplicaba muchas veces al Señor me diese aquella agua, y la tenía pintada donde estaba siempre, con este letrero de las palabras de la samaritana cuando el Señor llegó al pozo: "dame agua" (Jn 4, 15) (V 30, 19).

148  Parecen también las almas con estos ímpetus de amor una hoguera grande que hay que alimentar constantemente para que no se extinga; y ellas quieren traer leña, aunque sea con sacrificio de sí mismas, para que este fuego no se apague. Yo soy tan pobre que me contentaría con poder echar pajas en ese fuego, y eso hago algunas veces; a veces me río y otras lloro mucho por no poder echar leña grande. El ardor interior me incita a servir en algo y, ya que no puedo hacer cosas grandes, pongo ramos y flores a las imágenes, me dedico a barrer, ordeno el oratorio y hago unas cositas tan insignificantes, que me llenan de vergüenza; si hago alguna penitencia es tan pequeña y poca que, de no ser porque Dios mira la voluntad, veo yo que no vale nada, y yo misma me burlo de mí (V 30, 20).

149  No es poco el trabajo que tienen las almas a quienes Dios da, por su bondad, este fuego de amor suyo en abundancia, cuando ven que no tienen fuerzas corporales para hacer algo por El: es una pena grande porque, como le faltan fuerzas para echar leña en este fuego y ella muere porque no se apague, me parece que ella interiormente se consume y se hace ceniza y se deshace en lágrimas y se quema y es harto tormento, aunque es sabroso.

150  Alabe mucho al Señor el alma que ha llegado aquí y tiene fuerzas corporales para hacer penitencia, o le dio estudios y talentos y libertad para predicar y confesar y acercar las almas a Dios; que no sabe ni entiende el bien que tiene, si no ha experimentado lo que es no poder hacer nada en servicio del Señor, cuando está recibiendo siempre mucho de El (V 30, 21).

151  Me enseñó el Señor el grandísimo bien que es pasar trabajo y persecución por El, porque como fruto ví que crecía en mi alma el amor de Dios y las demás virtudes tanto, que yo esta anonadada. Esto es lo que me mueve a desear los sufrimientos.

152  Los que me trataban pensaban que yo estaba muy avergonzada, y sí lo estaría, si el Señor no me hubiera favorecido tan extraordinariamente con merced tan grande. Entonces reaparecieron los ímpetus de amor de Dios pero más intensos, y mayores arrobamientos, aunque yo disimulaba y a nadie contaba estas ganancias (V 33, 4).

153  Entendí que podía estar contenta y segura de que estaba en gracia por el gran amor de Dios que sentía, y las mercedes y sentimientos que me regalaba no los podría recibir si estuviera en pecado mortal (V 34, 10).

154  ¡Oh, Jesús mío, qué cosas hace un alma abrasada en vuestro amor! ¡Cómo la habíamos de estimar en mucho y suplicar al Señor que la deje en este mundo! (V 34, 15).

155  ¡Oh, Señor mío, cómo se os nota que sois poderososo! No es menester buscar razones para lo que Vos queréis porque hacéis tan posible lo que mandáis, que se comprende que sólo es necesario amaros de veras y dejarlo todo de veras por Vos, para que Vos, Señor mío, lo hagáis todo fácil.

156  Bien se puede decir que fingís trabajo en vuestra ley; porque yo no lo veo, Señor, ni se cómo es estrecho el camino que lleva a Vos. Camino real veo que es, que no senda; camino que quien de verdad lo sigue va más seguro. Muy lejos están los puertos y las rocas para caer porque están alejadas las ocasiones. Senda llamo yo, y ruín senda y angosto camino, al que en una parte hay un valle muy hondo donde caer y en otra un despeñadero: aún no se han descuidado, cuando se despeñan y hacen pedazos.

157  El que os ama de verdad, Bien mío, seguro va por ancho y camino real; lejos está el despeñadero; apenas ha tropezado cuando le dais Vos, Señor, la mano; no basta una caída ni muchas, si os ama a Vos, y no las cosas del mundo, para perderse (V 35, 13-14).

158  Muy a gusto escojo todos los sufrimientos del mundo por un poquito de gozar más por entender más profundamente las grandezas de Dios; pues veo que quien más lo comprende más le ama y alaba (V 37, 2).

159  Fue grandísima la gloria de este arrobamiento. Me quedé todo lo que quedaba del tiempo pascual tan embobada y tonta, que no sabía qué hacer, y sin saber cómo podía soportar tan gran favor y merced. Con tanto gozo interior parece que no oía ni veía nada. Creció más intensamente el amor a Dios, y las virtudes se me robustecieron mucho más (V 38, 11).

160  Cuando estaba con esta pena, se me apareció el Señor y me acarició mucho, y me dijo que hiciera yo estas cosas y las sufriera por amor, pues mi vida era ahora necesaria.

161  Y desde ese momento en que me decidí a servir con todas mis fuerzas al Señor y consolador mío, no me sentí ya apenada, porque aunque me dejaba padecer un poco, me consolaba tanto, que no me cuesta nada desear padecimientos. De tal manera que ahora me parece que la vida no tiene sentido más que para sufrir y eso es lo que pido con toda mi voluntad (V 40, 20).

162  Ya que las monjas hacemos lo más, que es renunciar a la propia libertad por amor de Dios, dejándola en las manos del superior, y pasamos tantos trabajos, ayunos, silencio, clausura, asistir al coro que, por mucho que nos queramos regalar sólo alguna vez podremos..., ¿por qué no nos decidimos a mortificarnos interiormente, pues ahí está el secreto de que todo lo demás sea más meritorio y más perfecto, y de que lo podamos hacer con más suavidad y descanso?

163  Todo esto se consigue acostumbrándonos poco a poco a no hacer nuestra voluntad y nuestro gusto, aun en cosas menudas, hasta que el cuerpo esté sometido al espíritu (C 12, 1).

164  Comprenderéis cómo el verdadero amor de Dios, cuando está en su madurez, libre ya de todo y volando sobre las cosas de la tierra, es señor de todos los elementos y del mundo; y como el agua procede de la tierra, no tengáis miedo de que mate este fuego de amor de Dios; no tiene poder sobre él. Aunque el fuego y el agua son contrarios, el fuego del amor de Dios es ya señor absoluto; no está sometido al poder del agua (C 19, 4).

165  Y si es agua que llueve del cielo, menos aún apagará este fuego; no son elementos contrarios fuego de amor y lágrimas del cielo, pues tienen el mismo origen; no tengáis miedo de que el uno perjudique al otro, al contrario, se ayudan el uno al otro a encender más el amor; porque el agua de las lágrimas verdaderas, que son las que proceden de verdadera oración y son regalo del Rey del cielo, ayudan a encender más el fuego y hacen que dure más, y el fuego ayuda a enfriar el agua (C 19, 5).

166  ¡Oh, válgame Dios, qué cosa tan hermosa y maravillosa, ver que el fuego enfría! Sí, y no sólo enfría, sino que el fuego hiela todos los afectos mundanos, cuando se une con el agua viva del cielo, que es la fuente de donde brotan estas lágrimas, que son infusas y no adquiridas con el esfuerzo nuestro. Es pues, bien seguro, que este fuego enfría el amor a las cosas del mundo, hace que el alma no se detenga en ellas, sino para ver si puede prender con ellas fuego, pues es propio de él no contentarse con poco, sino que, si pudiera, abrasaría a todo el mundo (C 19, 5).

167  Si conociéramos a Dios, así le amaríamos en este mundo, aunque no con tanta perfección ni de manera permanente, como en el cielo; ¡ah, si le conociéramos, le amaríamos de muy distinta manera de como le amamos! (C 30, 5).

168  El remedio que tenemos y nos dio Su Majestad, es amor y temor: el amor nos hará apresurar los pasos; el temor nos hará ir mirando dónde ponemos los pies para no caer en el camino por el que caminamos todos los que vivimos, donde hay tantos peligros en que tropezar (C 40, 1-2).

169  Los que de veras aman a Dios, todo lo bueno aman, todo lo bueno quieren, todo lo bueno favorecen, todo lo bueno alaban, se unen siempre a los buenos y los favorecen y defienden; sólo aman verdades y cosas dignas de ser amadas. ¿Creéis que es posible, que quien muy de veras ama a Dios, pueda amar vanidades y riquezas y deleites del mundo, y honores? ¿Creéis que se mete en pleitos y se enzarza en envidias? No, porque no pretende otra cosa que contentar al Amado. Andan muriendo por su amor, y así ponen toda su vida en conocer cómo le agradarán más (V 40, 3).

170  ¡Es imposible esconder el amor de Dios, si de veras es amor! Si no, mirad a san Pablo, mirad a la Magdalena; san Pablo, a los tres días se comenzó a saber que estaba enfermo de amor (Hch 9, 20). De la Magdalena, desde el primer día (Lc 7, 36), ¡y cuán elocuentemente! Que esto tiene el amor, que hay más y menos; y así su manifestación es equivalente a la fuerza que tiene el amor; si es poco, se demuestra poco, y si es mucho, mucho; mas poco o mucho, si hay amor de Dios, siempre se nota (C 40, 3).

171  En los contemplativos, el amor no es poco; siempre tienen mucho amor, si no, no serían contemplativos, y así se manifiesta mucho y de muchas maneras. Es fuego grande, por eso da gran resplandor (C 40, 4).

172  Así que no dejaréis de conocer dónde está este amor, ni sé cómo se puede ocultar; pues no se puede ocultar si un hombrecillo y una mujercilla se aman, y cuanto más intentan ocultarlo más se descubre, aunque este amor se centra en un gusano, y ni merece el nombre de amor, porque se funda en nonada, y da asco poner esta comparación, ¿y se podría encubrir un amor tan fuerte, tan justo, que siempre va creciendo, pues todo lo que ve en Dios es digno de amor, y fundamentado sobre tal cimiento como es ser pagado con otro amor, del que no puede dudar por haber sido demostrado tan a las claras, con tan grandes y sufrimientos y derramamiento de sangre, hasta dar la vida, para que no nos quedase ninguna duda de este amor? ¡Oh, válgame Dios, qué diferente debe de ser un amor del otro, para quien lo ha experimentado! (C 40, 7).

173  Será muy hermoso a la hora de la muerte, ver que vamos a ser juzgados por quien hemos amado sobre todas las cosas. Seguros podremos ir con el pleito de nuestras deudas; no será ir a tierra extranjera, sino propia, pues es la patria de quien tanto amamos y nos ama (C 40, 8).

174  Y lo que no puedo sufrir, Señor, es no poder saber con certeza que os amo, ni si mis deseos os agradan (C 42, 2).

175  Es cosa sabrosa hablar del amor, ¿qué será tenerlo? ¡Oh, Señor mío, dádmelo Vos! No me vaya yo de esta vida hasta que no quiera nada de ella, ni sepa amar más que a Vos, ni ponga mi amor en nadie, pues todo es falso, porque lo es el cimiento, y por eso no dura el edificio (C 41, 1).

176  Quiso el Señor que oyese algunas palabras de los Cantares, y en ellas entendió que iba bien encaminada su alma; porque conoció que es posible que pase el alma enamorada por su Esposo todos estos regalos y desmayos y muertes y aflicciones y deleites y gozos con El; después que ha dejado todos los del mundo por su amor, está del todo puesta y abandonada en sus manos; esto no de palabra sino con toda verdad, confirmada por obras (Mdt C 1, 6).

177  Mi intención es hablar de lo que podemos aprovecharnos las que nos dedicamos a la oración, aunque todo aprovecha para animar a admirar a un alma que con ardiente amor ama al Señor (Mdt C 1, 10).

178  "Béseme con el beso de su boca". ¡Oh, Señor mío y Dios mío, y qué palabra es ésta para que la diga un gusano a su Creador!... ¿Quién osará, Rey mío, decir esta palabra, si no fuera con vuestra licencia? Es cosa que espanta, y así espantará decir yo que la diga nadie. Dirán que soy ignorante, que no quiere decir esto, que tiene muchos significados, que está claro que no habíamos de decir esta palabra a Dios, que por eso no conviene que las gentes sencillas lean estas cosas. Yo confieso que tiene muchos sentidos; mas el alma que está abrasada de amor, tanto que la desatina, no quiere ningún otro, sino decir estas palabras literalmente; sí, que no se lo quita el Señor (Mdt C 1, 11).

179  "Béseme con besos de su boca" Estas palabras verdaderamente causarían temor si estuviera en sí quien las dice, tomadas sólo a la letra; mas a quien vuestro amor, Señor, ha sacado de sí, bien perdonaréis que diga eso y más, aunque sea atrevimiento (Mdt C 1, 12).

180  Si una persona esta viva, por poquito que la pinchen con un alfiler o una espinita pequeñita ¿no lo siente? Pues si el alma no está muerta, sino que tiene amor de Dios, no es merced grande de Dios que cualquier cosita que se haga contra lo que hemos profesado y a lo que estamos obligadas, se sienta? (Mdt C 2, 5).

181  ¡Oh, amor fuerte de Dios, que cree que no hay cosa imposible a quien ama! ¡Oh, dichosa alma que ha llegado a alcanzar esta paz de su Dios, que esté tan por encima de los trabajos y peligros del mundo, que no le impidan servir a tan buen Esposo y Señor...! (Mdt C 3, 5).

182  ¡Cuántos prudentes le decían que era disparate! A los que no llegamos a amar tanto al Señor, así nos parece; y ¡cuán mayor disparate es que se nos acabe este sueño de esta vida con tanto seso!, que Dios quiera que merezcamos entrar en el cielo, cuánto menos ser de estos que tanto se aventajaron en amar a Dios (Mdt C 3, 6).

183  Parece que este amor suavísimo al Señor penetra en el alma con grandísima suavidad y la contenta y satisface y no puede entender cómo ni de dónde entra aquel bien. Esto debe de ser lo que dice la esposa, "que dan de sí tus pechos más olor que los ungüentos muy buenos". Querría entonces la esposa no moverse ni hablar ni mirar, para que no se le fuese su Amado, que claramente conoce que está muy cerca... Y queda tan enseñada y con tan grandes efectos y con tan gran fortaleza en las virtudes, que después no se conoce, ni querría hacer otra cosa sino alabar al Señor; está, cuando está en este gozo, tan embebida y absorta, que no parece que está en sí, sino en una manera de borrachez, que no sabe lo que aquí cree, ni lo que dice ni lo que pide. En fin, no sabe de sí, mas no está tan fuera de sí que no entienda algo de lo que le pasa (Mdt C 4, 3).

184  ¡Oh, Jesús mío, y quién pudiese dar a entender la ganancia que hay en arrojarnos en los brazos de este Señor y hacer un compromiso con El y decir con la esposa: mi Esposo para mí y yo para mi Amado! Ya yo veo cómo, Esposo mío, que Vos sois para mí; no lo puedo negar: por mí vinisteis al mundo, por mí pasasteis tan grandes trabajos, por mí sufristeis tantos azotes, por mí os quedasteis en el santísimo Sacramento, y ahora me hacéis grandísimos regalos (Mdt C 4, 6).

185  ¿En qué seré para Vos, mi Dios? ¿Qué puede hacer por Vos quien se dio tan mala maña para perder las mercedes que me habéis hecho? ¿Qué se podrá esperar de su servicio? Ya que con vuestro favor hago algo, mirad que podrá hacer un gusano; ¿para qué le ha menester un tan poderoso Señor? ¡Oh, Amor!, que en muchas partes querría repetir esta palabra, porque sólo él es el que se puede atrever a decir con la esposa: yo para mi Amado. El nos da licencia para que pensemos que tiene necesidad de nosotros este verdadero Amador, Esposo y Bien mío (Mdt C 4, 5-6).

186  Dios da sus regalos a las personas que han deseado su amor y han procurado disponerse para que sean agradables a Su Majestad todas sus cosas. Cansadas ya de largos años de meditación y de haber buscado a este Esposo, y cansadísimas de las cosas del mundo, se fundan en la verdad, no buscan en otra parte su consuelo ni sosiego ni descanso, sino donde entienden que en verdad lo pueden tener; se ponen debajo del amparo del Señor; no quieren otro (Mdt C 5, 3).

187  ¡Oh, Dios mío y Creador mío! ¿es posible que haya alguien que no os ame? ¡Oh, triste de mí, y cómo soy yo la que durante mucho tiempo no os amé! ¿Por  qué no merecí conoceros? ¡Cómo baja sus ramas este divino manzano, para que las coja el alma considerando sus grandezas y las mansedumbres de sus misericordias! (Mdt C 5, 7).

188  ¡Oh, alma de Dios! No te fatigues, que cuando Su Majestad te llega aquí y te habla tan regaladamente, no consentirá que le descontentes, sino que te ayudará a lo que no supieres para que le contentes más. La ve perdida de sí, enajenada por amarle, y que la misma fuerza del amor le ha quitado el entendimiento para poderle amar más; sí, que no ha de sufrir, ni suele, ni puede Su Majestad dejar de darse a quien se le da toda (Mdt C 6, 9).

189  Esta alma -que es el oro-, está sin hacer más movimiento ni obrar más por sí, que estaría el oro, y la divina sabiduría, contenta de verla así, como hay tan pocas que le amen con esta fuerza, va asentando en este oro muchas piedras preciosas y esmaltadas con mil filigranas (Mdt C 6, 10).

190  Pues esta alma ¿qué hace entonces? Esto es lo que no se puede entender ni saber más de lo que dice la esposa: "Ordenó en mí la caridad". Ella al menos, si ama, no sabe cómo ni entiende qué es lo que ama; el grandísimo amor que la tiene el Rey, que la ha traído a tan gran estado, debe de haber unido el amor de esta alma a Sí, de manera que no lo merece entender el entendimiento, y estos dos amores se funden en uno; y puesto tan verdaderamente y tan unido su amor con el de Dios, ¿cómo lo ha de alcanzar el entendimiento? Lo pierde de vista en aquel tiempo -que nunca dura mucho, sino que es breve-, y allí lo ordena Dios, de tal manera, que sabe bien contentar a Su Majestad entonces, y aún después, cuando ve a esta alma tan esmaltada y compuesta de piedras y perlas de virtudes, que le tiene espantado y puede decir: "¿Quién es ésta que ha quedado como el sol?".

191  ¡Oh, verdadero Rey, y cuánta razón tuvo la esposa de poneros este nombre, pues en un momento podéis dar riquezas y ponerlas en un alma, que se gozan para siempre! Qué ordenada deja el amor a esta alma! (Mdt C 6, 11).

192  Quedan las virtudes tan fuertes y el amor tan encendido, que no se puede encubrir, porque siempre, aunque sin querer, aprovechan a otras almas (Mdt C 6, 13).

193  "Ordenó en mí el Rey la caridad"; tan ordenada, que el amor que tenía al mundo se le quita, y el que a sí misma, lo cambia en desamor; y el que a sus parientes, queda de suerte que sólo los quiere por Dios; y el que a los prójimos y el que a los enemigos, no se podrá creer si no se prueba; es muy crecido; el amor que tiene a Dios es tan sin tasa, que la aprieta muchas veces más de lo que puede sufrir su débil naturaleza, y como ve que ya desfallece y va a morir,dice: "Sostenedme con flores y fortalecedme con manzanas, porque desfallezco de mal de amores (Mdt C 6, 14).

194  No penséis que es exagerado decir que muere, pues pasa así de verdad, porque el amor obra con tanta fuerza algunas veces, que se enseñorea de todas las fuerzas del sujeto natural; y sé de una persona, que estando en oración semejante, oyó cantar una voz y certifica, que si no cesara el canto, iba ya a salirse el alma del gran deleite y suavidad que nuestro Señor le daba a gustar, y así proveyó Su Majestad que callara quien cantaba, que la que estaba en esta suspensión bien se podía morir, mas no podía decir que cesara, porque no podía moverse. Y este peligro en que se veía se entendía bien, mas como quien está en un sueño profundo del que querría salir y no puede hablar, aunque quería. Aquí el alma no querría salir de allí, ni le causaría pena, sino grande alegría, pues eso es lo que desea. Y cuán dichosa muerte sería a manos de este amor! (Mdt C 7, 2).

195  Las almas que el Señor llega hasta aquí creo que no se acuerdan más de sí que si no existieran, para calcular si perderán o ganarán; sólo miran el servir y contentar al Señor, y porque saben el amor que tiene a sus criados, gustan de dejar su sabor y bien, por contentarle en servirlas y decirles las verdades lo mejor que pueden para que se aprovechen sus almas, y sin pensar si perderán ellos; la ganancia de sus hermanos tienen presente, no más. Por contentar más a Dios, se olvida a sí misma por ellos y pierden la vida en la demanda, como hicieron muchos mártires, y envueltas sus palabras en este tan subido amor de Dios, emborrachadas con aquel vino celestial, no se acuerdan, y si se acuerdan, no se les da nada descontentar a los hombres; éstos hacen mucho bien (Mdt C 7, 4).

196  Hacen mucho bien los que después de estar hablando con Su Majestad algunos años, cuando ya reciben regalos y deleites suyos, no quieren dejar de servir en las cosas penosas, aunque les impidan estos deleites y contentos. El olor de estas flores y obras salidas y producidas por árbol de tan fervoroso amor, dura mucho más, y aprovecha más un alma de éstas con sus palabras y obras, que muchos que las hagan con el polvo de nuestra sensualidad y con algún interés propio (Mdt C 7, 8).

197  Estas son las obras que produce la fruta; éstos son los manzanos que dice luego la esposa: "fortalecedme con manzanas". Dadme, Señor, trabajos, dadme persecuciones. Y verdaderamente lo desea, y aun sale bien de ellos; porque como ya no mira su contento, sino el contentar a Dios, su gusto es imitar en algo la vida trabajosísima que  vivió. Entiendo yo por manzano el árbol de la cruz, porque dijo en otro lugar de los Cantares (8, 5): "debajo del árbol manzano te resucité"; y un alma que está rodeada de cruces, de trabajos y persecuciones..., acude más a las necesidades de los hermanos, en especial a las de las almas, que por sacar una de pecado mortal, darían muchas vidas (Mdt C 7, 9).

198  Porque si le volvemos las espaldas y nos vamos tristes como el joven del evangelio, cuando nos dice lo que hemos de hacer para ser perfectos, ¿qué queréis que haga Su Majestad, que ha de dar el premio conforme al amor que le tenemos? Y este amor, hijas, no ha de ser fabricado en nuestra imaginación, sino probado por obras; y no penséis que El necesita nuestras obras, sino nuestro amor (III M 1, 7).

199  Para aprovechar mucho en este camino y subir a las moradas que deseamos, no está la cosa en pensar mucho, sino en amar mucho; y así lo que más os despertare a amar, eso haced (IV M 1, 7).

200  No hay otro medio mejor para conocer que las mercedes son auténticas, que no pensar que las merecéis, ni las merceréis nunca, y no buscarlas..., porque lo primero que para alcanzarlas es menester, es amar a Dios sin interés ((IV M 2, 10).

201  Muchas veces estando la persona descuidada y sin pensar en Dios, Su Majestad la despierta, a manera de una cometa que pasa veloz, o un trueno, aunque no se oye su ruído, mas entiende muy bien el alma que fue llamada por Dios, tan claro, que algunas veces, sobre todo las primeras veces, la hace estremecer y aun quejar, sin que le duela nada. Siente que es herida sabrosísimamente, mas no atina cómo ni quién la hirió; mas bien conoce que es cosa preciosa y jamás querría curarse de aquella herida.

202  Quéjase con palabras de amor a su Esposo, incluso verbalmente, sin poder hacer otra cosa, porque siente que él está presente, mas no se quiere manifestar más de manera que permita al alma gozarle, y es harta pena, aunque sabrosa y dulce; y aunque quiera no tenerla, no puede; mas querría jamás no tenerla. Le satisface mucho más que el embebecimiento sabroso, que carece de pena, de la oración de quietud (VI M 2, 1).

203  Deshaciéndome estoy por hacer entender esta operación de amor, y no sé cómo; porque parece cosa contraria que el Amado esté manifestando claramente que está con el alma y que la llama, con una señal tan cierta que no se puede dudar, y con un silbido tan penetrante para que el alma lo sienta, que no puede dejar de oír; porque no parece sino que apenas habla el Esposo, que está en la séptima morada, de esta manera -porque no es palabra articulada-, toda la gente que está en las otras moradas, no se atreve a moverse, ni sentidos, ni imaginación ni potencias (VI M 2, 2).

204  Parece que llega a las entrañas esta pena y cuando de ellas saca la saeta el que la hiere, verdaderamente parece que se las lleva consigo, según el sentimiento de amor que experimenta (VI M 2, 3).

205  Estaba ahora pensando si sería que de este fuego del brasero encendido que es mi Dios, saltaba alguna centella y daba en el alma, de manera que se dejaba sentir aquel encendido fuego y, como no era aún bastante fuerte para quemarla y él es tan deleitoso, queda con aquella pena, y al tocar hace aquella operación. Y me parece que ésta es la mejor comparación que he acertado a decir. Porque este dolor sabroso -que no es dolor-, no es constante; aunque a veces dura gran rato, otras se acaba rápidamente, como quiere comunicarlo el Señor, que no es cosa que se puede procurar por medios humanos.

206  Mas, aunque algunas veces dura un rato, desaparece y vuelve a aparecer; en fin, nunca permanece fijo, y por eso no acaba de abrasar al alma pues, cuando se va a encender, muérese la centella y queda el alma con deseo de volver a padecer aquel dolor amoroso que le causa (VI M 2, 4).

207  A veces a deshora, estando rezando vocalmente y descuidado de lo interior, parece que viene una inflamación deleitosa, como si rápidamente viniese un olor tan grande que se comunicase a los sentidos o una cosa parecida, sólo para hacer sentir que está allí el Esposo; produce un deseo sabroso de gozar el alma de él, y con esto queda dispuesta para hacer grandes obras y alabanzas a nuestro Señor (VI M 2, 9).

208  Da Dios a estas almas un deseo tan grandísimo de no descontentarle en nada, por poquito que sea, ni hacer ninguna imperfección si pudiesen, que sólo por esto,... querrían huir de la gente y tienen gran envidia a los que viven y han vivido en los desiertos.

209  Y por otra parte, se querría meter en medio del mundo sólo por conseguir que un alma alabase más a Dios; y si es mujer, se aflige de los límites que le impone su condición; porque no puede hacer esto, y tiene gran envidia a los que tienen libertad para dar voces, publicando quién es éste gran Dios de los ejércitos (VI M 6, 3).

210  Pues sabemos el camino para agradar a Dios con la práctica de los mandamientos y consejos evangélicos, andemos muy diligentes en esto y en meditar su vida y muerte y lo mucho que le debemos; lo demás venga cuando el Señor quisiere (VI M 7, 9).

211  Cuando Su Majestad quiere, no podemos más que andar siempre con él, como se ve claro por las maneras y modos con que Su Majestad se nos comunica y nos manifiesta el amor que nos tiene, con algunas apariciones y visiones tan admirables (VI M 8, 1).

212  Aunque en este camino de oración no hubiera otra ganancia que comprender el interés particular que Dios tiene de comunicarse con nosotros y andarnos rogando que nos estemos con él, me parece que estaban bien empleados todos los sufrimientos que hay que soportar para gozar estos toques de su amor tan suaves y penetrativos (VII 3, 9).

213  Porque si el alma está mucho con él, como es razón, poco se debe de acordan de sí misma; toda la memoria se le va en cómo le contentará más y en qué o por dónde manifestará el amor que le tiene. Para esto es la oración, hijas mías; de esto sirve este matrimonio espiritual, de que nazcan siempre obras, obras (VII M 4, 6).

214  Otras veces me dan unos ímpetus muy grandes con un deshacimiento por Dios que no me puedo valer. Parece que se me va a acabar la vida, y así me hace dar voces y llamar a Dios; y esto me da con gran furor (Cc 1ª, 3).

215  Y así no hago más que encomendarlos a Dios, porque veo yo que haría más provecho una persona perfecta del todo, con fervor verdadero de amor de Dios, que muchas con tibieza (Cc 3ª, 7).

216  Hay días en que me acuerdo infinitas veces de lo que dice san Pablo que ni parece que vivo yo, ni hablo, ni tengo querer, sino que está en mí quien me gobierna y me da fuerza, y ando como casi fuera de mí, y así me causa grandísima pena la vida. Y la mayor cosa que yo ofrezco a Dios como gran servicio, es que siéndome tan penoso estar apartada de él, por su amor quiero vivir con grandes trabajos y persecuciones; ya que no sirvo para aprovechar a los demás, querría servir para sufrir, y cuantos trabajos hay en el mundo pasaría por un tantico más de mérito cumpliendo mejor su voluntad (Cc 3ª 10).

217  Otras veces parece que esta herida del amor sale de lo íntimo del alma. Los efectos son grandes... Son como unos deseos de Dios tan vivos y tan finos, que no se pueden decir (Cc 54ª, 15).

218  Parece que vivo sólo para comer y dormir y no tener pena de nada, y aun esto no me da pena... No reina en mí con fuerza apego de ninguna criatura ni de toda la gloria del cielo, sino deseo de amar a este Dios, que esto no se menoscaba, sino que crece, y deseo de que todos le sirvan (Cc 66ª, 5).

219  ¡Oh, amor poderoso de Dios, cuán diferentes son tus efectos de los del amor del mundo! Este no quiere compañía, porque le parece que le han de quitar algo de lo que posee; el de mi Dios, mientras más amadores entiende que hay, más crece, y así sus gozos se mitigan viendo que no todos gozan de aquel bien... y busca medios para buscarle compañía, y de buena gana deja su gozo si puede conseguir que otros gocen este amor (E 2).

220  Tal vez le pareció que no la amabais tanto como a su hermana, que esto lo sentiría más que el tener que servir a quien ella tenía gran amor, porque el amor hace tener por descanso el trabajo; y por eso no dijo nada a su hermana, sino que fue a Vos con toda su queja; el amor la hizo atreverse a decir que cómo no teníais cuidado. Y aun en la respuesta parece que brilla la razón de lo que digo: que sólo el amor es el que da valor a todas las cosas, y que lo más necessario es que sea tan grande que ninguna cosa le impida amar (E 5).

221  Considero yo muchas veces,  mío, cuán sabrosos y cuán deleitosos se muestran vuestros ojos a quien os ama, y Vos, Bien mío, queréis mirar con amor. Me parece que sola una mirada tan suave a las almas que tenéis por vuestras, basta como premio de muchos años de servicio (E 14).

222  ¡Oh, mi suave descanso de los amores de mi Dios!; no faltéis a quien os ama, pues por Vos ha de crecer y mitigarse el tormento que causa el Amado al alma que le desea. Deseo yo, Señor, contentaros, mas mi contento bien se que no está en ninguno de los mortales; siendo esto así, no culpéis mi deseo. Veisme aquí, Señor; si es necesario vivir para haceros algún servicio, no rehuso todos cuantos trabajos me puedan venir en la tierra, como decía vuestro amador san Martín (E 15).

223  Mira que mientras más peleares, más mostrarás el amor que tienes a tu Dios y más te gozarás con tu Amado, con gozo y deleite que no puede tener fin (E 15).

224  El corazón que mucho ama, no admite consejo ni consuelo, sino del mismo que le llagó; porque de ahí espera que ha de ser remediada su pena. Cuando Vos queréis, Señor, presto sanáis la herida que habéis hecho; antes no hay que esperar salud ni gozo, sino el que se saca de padecer tan bien empleado (E 16).

225  Ya toda me entregué y dí

Y de tal suerte he trocado,

Que mi Amado es para mí

Y yo soy para mi Amado.

Cuando el dulce cazador

Me tiró y dejó herida,

En los brazos del amor

Mi alma quedó rendida,

Y cobrando nueva vida,

De tal manera he trocado

Que mi Amado es para mí

Y yo soy para mi Amado

Hirióme con una flecha

Enarbolada de amor

Y mi alma quedó hecha

Una con su Creador;

Ya yo no quiero otro amor,

Pues a mi Dios me he entregado,

Y mi amado es para mí

Y yo soy para mi Amado  (P 3).

 

226  Si el amor que me tenéis,

Dios mio, es como el que yo os tengo,

Decidme, ¿en qué me detengo?.

Vos, ¿en qué os detenéis?

Alma, ¿qué quieres de mí?

-Dios mío, no más que verte.

-Y ¿qué temes más de tí?

-Lo que más temo es perderte.

Un amor que ocupe os pido,

Dios mío, mi alma os tenga,

Para hacerte un dulce nido

Adonde más la convenga.

Un alma en Dios escondida

¿Qué tiene que desear,

Sino amar y más amar,

Y en amor toda encendida

Tornarte de nuevo a amar? (P 4).

 

227  Dichoso el corazón enamorado

Que en solo Dios ha puesto el pensamiento

Por él renuncia a todo lo criado,

Y en él halla su gloria y su contento;

Aun de sí mismo vive descuidado,

Porque en Dios está todo su intento,

Y así alegre pasa y muy gozoso

Las ondas de este mar tempestuoso (P 5).

 

228  ¡Oh, caridad de los que verdaderamente aman al Señor y conocen su condición! ¡Qué poco descanso podrán tener, si ven que pueden hacer algo para que sola un alma se aproveche y ame más a Dios. O para darle algún consuelo o para apartarla de algún peligro! Y cuando no puede con obras, con oración, importunando al Señor por las muchas almas que la lastima ver que se pierden; pierde ella su descanso y lo tiene por bien perdido, porque no se acuerda de su contento, sino de cómo cumplir mejor la voluntad del Señor, y así en la obediencia (F 5, 5).

229  Sería recia cosa que nos estuviese diciendo claramente Dios que hiciéramos alguna cosa que le interesa, y no quisiéramos sino quedarnos mirándole, porque estamos más a nuestro placer. Donoso adelantamiento en el amor de Dios es atarle las manos creyendo que no podemos adelantar más que por un camino! (F 5, 5).

230  A mi parecer, amarían mucho mejor no dejándose embobar... pues mucho más se puede merecer con un acto y con despertar muchas veces la voluntad para que ame a Dios, que no dejándola tanto tiempo embebida (F 6, 5).

231  Todo lo que hacía (Beatriz de la Encarnación) de labor y de oficios, lo hacía con un fin que no dejaba perder el mérito, y así decía a las hermanas: No tiene precio la cosa más pequeña que se hace, si se hace por amor de Dios; no habíamos de mover los ojos, sino fuera por este fin de agradarle (F 12, 7).

232  Más gozaremos en aquella eternidad, donde son las moradas conforme al amor con que hemos imitado la vida de nuestro Buen Jesús (F 14, 5).

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CARIDAD, CON LOS HERMANOS

 

233  Era mi padre un hombre de mucha caridad con los pobres y piedad con los enfermos, y aun con los criados; tanta, que jamás se pudo conseguir que tuviese esclavos, y les tenía gran piedad (V 1, 2).

234  Es virtud de humildad no fiarse de sí, sino creer que Dios le ayudará para animar y consolar y enseñar a aquellos con quienes trata, y crece la caridad al comunicarse (V 7, 22).

235  Pues procuremos mirar siempre las virtudes y cosas buenas que viéremos en los otros y tapar sus defectos con nuestros grandes pecados (V 13, 10; CN 3).

236  Si han de predicar o enseñar, es bueno aprovecharse del bien que reciben para ayudar a los pobres de poco saber, como yo, pues es gran cosa la caridad y el deseo de aprovechar a las almas, haciéndolo desnudamente por Dios (V 15, 8; CN 5).

237  Toda mi salvación estuvo en que aquel hombre me supo curar y tuvo humildad y caridad para estar conmigo, y paciencia al ver que no me enmendaba en todo. Yo comencé a tenerle gran amor, que no había para mí mayor descanso que el día que lo veía, aunque eran pocos. Cuando tardaba en venir, me entristecía mucho, pensando que no venía a verme por ser yo tan ruín (V 23, 10).

238  No tenía envidia, al menos en materia grave, y algunas cosas más, pues, aunque era tan ruín, vivía habitualmente en el temor de Dios (V 32, 7).

239  Gané ímpetus grandes de salvar almas, que me parece que por librar una sola de tan grandísimos tormentos, sufriría yo muchas muertes muy de buena gana (V 32, 26).

240  Quiso el Señor que aquella señora se consolara tanto, que mejoró notablemente y cada día estaba más consolada. Se dio mucha importancia a su mejoría porque la pena la había causado una gran depresión; lo debió de hacer el Señor por las muchas oraciones de personas buenas que yo conocía, que oraban para que me sucediera bien.

241  Era muy temerosa de Dios y tan buena, que su gran espíritu cristiano suplió lo que a mí me faltaba. Me cobró gran cariño. Yo también la quise mucho a ella viendo su bondad, mas para mí casi todo era cruz; porque los regalos me causaban gran tormento, y el hacer tanto caso de mí me traía con gran temor (V 34, 3).

242  Desde hace unos años, cuando veo una persona que me gusta, deseo verla totalmente entregada a Dios, con unas ansias que a veces no puedo dominar. Y aunque deseo que todos sean santos, estas personas que mucho me contentan es con ímpetu, y así importuno mucho al Señor por ellas (V 34, 7).

243  Se que no me falta el amor y el deseo de ayudar todo lo que pueda a que las almas de mis hermanas crezcan mucho en santidad; y este amor, unido a los años y experiencia que tengo de algunos monasterios, puede que sea útil para poder atinar más que los letrados en cosas menudas (C Prl 3).

244  En amaros mucho unas a otras va mucho; porque entre los que se aman no hay dificultad que no se pase con facilidad, y ha de ser muy recia para que no se pueda superar. Y si este mandamiento se guardara en el mundo como se debe guardar, ayudaría mucho a cumplir los demás; mas, más o menos nunca acabamos de cumplirlo con perfección (C 4, 5).

245  Cuando las grandes amistades sirven para mejor entregarse a Dios pronto se ve, porque no va la voluntad guiada por la pasión, sino que va buscando ayuda para vencer otras pasiones (C 4, 6).

246  En esta casa todas han de ser amigas, todas se han de amar, todas se han de querer, todas se han de ayudar... Amemos las virtudes y la bondad interior, y llevemos siempre examen cuidadoso para no hacer caso de lo exterior (C 4, 7).

247  ¿Puede haber personas tan insolidarias que, tratándose contínuamente y viviendo siempre en la misma compañía, y no habiendo de tener otras conversaciones ni otras comunicaciones ni recreos con personas de fuera de casa, y creyendo que nos ama Dios y ellas a él, pues lo han dejado todo por Su Majestad, no cobren amor a sus hermanas? Aparte de que la virtud siempre es amable; y ésta, con el favor de Dios, espero en el Señor que las hermanas de esta casa siempre la tendrán (C 4, 10).

248  Es cosa extraña qué apasionado amor es éste, qué de lágrimas cuesta, qué de penitencias y oración, qué interés pone en que rueguen por esa alma todos los que cree que le pueden ayudar ante Dios, qué deseo constante de su santidad, qué tristeza si ve que no adelanta.

249  Pues si le parece que había mejorado y que vuelve un poco atrás, ya cree que no va a tener placer en su vida; ni come ni duerme, sine que vive siempre con esta preocupación, aunque sin inquietud interior. Vive siempre con el temor de que alma que tanto quiere se pueda perder.

250  Es amor sin ningún interés propio; todo lo que desea y quiere es ver rica aquella alma de bienes del cielo. En fin, es amor que se va asemejando al que nos tuvo. Este merece el nombre de amor, no estos amorcitos desordenados y falsos del mundo, de los cuales Dios nos libre (C 7, 1).

251  Repito otra vez que este amor se asemeja y va imitando al que nos tuvo el buen amador Jesús, y por eso hacen tanto bien los que así aman, porque quisieran cargar con todos los trabajos para que los demás se aprovechen de los mismos sin trabajar. Así es cómo ganan mucho los que gozan de su amistad; siempre quisieran estar trabajando y ganado para los que aman, pues les quieren enseñar más con obras que con palabras...

252  El corazón no les permite ser falsos con ellos; si les ven alguna falta o ven que se desvían, enseguida se lo dicen. Con el deseo que tienen de verlos ricos, no pueden conseguir obrar de otra manera. Hasta las motitas de sus amigos ven. ¡Oh, dichosas almas que son amadas por ellos! ¡Dichoso el día en que los conocieron!

253  Cuando conozcáis alguna persona así, hermanas, que la madre busque por todos los medios, que trate con vosotras. Quered cuanto quisiereis a estas personas. Pocas hay, pero el Señor hace que sean conocidas... Esta manera de amar es la que yo quisiera que tuviéramos nosotras (C 7, 4-5).

254  Es bueno y necesario sentir ternura y manifestarla, y compadecerse de los sufrimientos y enfermedades de las hermanas, aunque sean de poca importancia; pues a veces sucede que algunas personas se afligen de unas naderías, de las que otras se reirían. Y de esto no se extrañen, pues tal vez el demonio ha usado su poder con más fuerza en aquel caso que en el vuestro.

255  Procurad también estar alegres con las hermanas, cuando por necesidad tienen recreación en el tiempo establecido, aunque no tengáis ganas que, si vais con atención, todo se convierte en amor perfecto (C 7, 5-7).

256  Mirad, hermanas, lo que nos importa amarnos unas a otras y tener paz, que es la única condición que puso el Señor (CE 64, 4).

257  Conozco yo una persona que la movía el Señor con tan gran caridad, que le costó hartas lágrimas no poderse ir a canjear por un cautivo. El lo trató conmigo -era de los descalzos de san Pedro de Alcántara-, y después de muchas importunaciones, consiguió licencia de su general, y estando a pocos kilómetros de Argel, donde iba a cumplir su buen deseo, lo llevó el Señor consigo (Mdt C 3, 6).

258  Muchas veces he pensado en aquella santa samaritana, qué herida debía de estar de esta hierba y cuán bien había comprendido en su corazón las palabras del Señor, pues deja al mismo Señor para que ganen y se aprovechen los de su pueblo; y en pago de esta gran caridad, mereció ser creída y ver el gran bien que hizo nuestro Señor en aquel pueblo (Mdt C 7, 5).

259  Si no es por falta de humildad y de caridad, ¿cómo podemos dejarnos de alegrar de que Dios conceda estas gracias a un hermano nuestro? ¿Acaso es obstáculo que las conceda a un hermano para que nos las de a nosotros? ¿Cómo no alegrarnos de que manifieste sus grandezas sea a quien sea? (I M 1, 3).

260  Entendamos que la perfección verdadera es amor de Dios y del prójimo, y cuando con mayor perfección guardemos estos mandamientos, seremos más perfectas.

261  Toda nuestra regla y constituciones no son más que medios para guardar el amor con más perfección. Déjemonos de celos indiscretos que nos pueden hacer mucho daño; cada uno se mire a sí (I M 2, 17).

262  Es tan necesario el amor de unas con otras, que quiero que nunca lo olvidéis; porque si vais mirando en las otras unas naderías que quizá no son imperfección, sino que por ignorancia lo agrandamos, puede el alma perder la paz e incluso inquietar a las demás (I M 2, 18).

263  La señal más cierta que hay de que guardamos el amor a Dios, es guardar el amor al prójimo. Porque si amamos a Dios no se puede saber, mas el amor del prójimo sí se puede conocer. Y estad ciertas que cuanto más crecidas y maduras os viereis en el amor al prójimo, más lo estáis en el amor a Dios. Porque es tan grande el que Su Majestad nos tiene, que en pago del que tenemos al prójimo, hará que crezca el que tenemos a Su Majestad de mil maneras. De esto yo no puedo dudar. Porque creo yo que, con lo malo que es nuestro natural, si el amor a los hermanos no nace de la raiz del amor de Dios, no llegaremos a tener con perfección el del prójimo (V M 3, 7-9)

264  Cuando yo veo a almas muy preocupadas en querer saber en qué grado de oración están y con el rostro muy concentrado cuando la están haciendo... me hacen ver cuán poco entienden el camino por donde se alcanza la unión. Y creen que ahí está toda la solución del problema.

265  Que no, hermanas, no; obras quiere el Señor, y que si ves a una enferma a quien puedes dar alivio, no te importe perder esa devoción y te compadezcas de ella; y si tiene algún dolor, te duela a tí. Y si es necesario, lo ayunes para que ella lo coma, no tanto por ella, como porque sabes que tu Señor quiere aquello; ésta es la verdadera unión con su voluntad; y que si vieres alabar mucho a una persona, te alegres mucho más que si te alabasen a tí... Esta alegría de que se conozcan las virtudes de las hermanas es importantísima, y cuando viéremos alguna falta en alguna, sentirla como si fuera nuestra y encubrirla (V M 3, 11).

266  Cuando vierais que falláis en la caridad, aunque tengáis devoción y regalos y os parezca que habéis llegado a la unión y algún éxtasis aparente en la oración de quietud, que algunas creerán que ya está todo hecho, creedme que no habéis llegado a unión, y pedid a nuestro Señor que os de con perfección este amor al prójimo y dejad hacer a Su Majestad, que él os dará más que sepáis desear, si vosotras os esforzáis y procuráis la caridad en todo lo que pudiereis y negáis vuestra voluntad para que se haga en todo la de las hermanas, aunque perdáis de vuestro derecho, y olvidáis vuestro bien por el suyo, aunque os cueste mucho, y procuráis cargar con el trabajo por quitarlo al prójimo, cuando se presente la ocasión. No creáis que esto no os ha de costar y que os lo vais a encontrar hecho (V M 4, 9).

267  Andar con gran cuidado y atención mirando cómo vamos en la virtud: si vamos mejorando o retrocediendo en algo, sobre todo en el amor de unas con otras, y en el deseo de ser tenida por la menor y en las cosas de cada día; que si controlamos la caridad y pedimos al Señor que nos de luz, pronto veremos la ganancia o la pérdida (V M 4, 9).

268  Le parece que no ofenden a Dios los que la persiguen, sino que lo permite Su Majestad para gran ganancia suya; y como lo experimenta claramente, tómales un amor particular muy tierno, pues le parece que aquéllos son más amigos y le dan ocasión de ganar más que los que hablan bien (VI M 1, 6).

269  ¡Oh!, pues no nos parezca ya que hacemos algo en sufrir injurias, sino que de muy buena gana pasemos por todo, y amemos a quien nos las hace, pues este gran Dios no nos ha dejado de amar a nosotras aunque le hemos ofendido mucho, y así tiene muy gran razón en querer que todos perdonen, por muchos agravios que les hagan (VI M 10, 5).

270  Tienen estas almas un gran gozo interior cuando son perseguidas, con mucha más paz que la que tienen en los otros efectos, y sin querer guardar enemistad a los que les hacen mal o se lo desean hacer. Al revés, les cobran amor particular, de tal manera que si les ven en algún apuro, lo sienten tiernamente, y estarían dispuestos a sufrir cualquier cosa por librarlos a ellos de la aflicción. Y los encomiendan a Dios de muy buena gana. Y gozarían de que Dios les quitase los regalos que les hace a ellas, para que los hiciese a sus enemigos, a fin de que no ofendiesen a nuestro Señor (VII M 3, 3).

271  Aparte de que con la oración ayudaréis mucho, no queráis aprovechar a todo el mundo, sino a las que están en vuestra compañía, y así será mayor la obra, porque estáis a ellas más obligadas. ¿Pensáis que es poca ganancia que sea vuestra humildad tan grande y mortificación y el servir a todas y una gran caridad con ellas y un amor del Señor, que ese fuego las encienda a todas, y con las demás virtudes siempre las andéis despertando? No será sino mucho y muy agradable servicio al Señor, y con esto que ponéis por obra que podéis, verá Su Majestad que haríais mucho más, y así os dará premio como si le ganaseis muchas.

272  Diréis que eso no es convertir, porque todas son buenas. ¿Quién os mete en eso? Cuanto mejores fueren, más agradables serán sus alabanzas al Señor y más aprovechará su oración a los prójimos (VII M 4, 17-18).

273  A los que veo más aprovechados y con estas determinaciones y desasidos y animosos, los amo mucho, y con ellos querría yo tratar, y parece que me ayudan (Cc 1ª, 21).

274  No sólo no estaba mal con las personas que hablaban mal de mí, sino que me parece que les cobraba un nuevo amor (Cc 3ª, 3).

275  Caímos casi todas muy malas. Viendo esto una señora de aquel lugar, llamada Dª María de Mendoza, muy cristiana y de grandísima caridad (sus limosnas en gran abundancia lo daban a entender), me hacía mucha caridad, y ya en el primer monasterio nos favoreció mucho y en todo lo que toca a la Orden. Como tiene caridad y vio que allí no podrían vivir sin gran trabajo, nos dijo que le dejásemos aquella casa y nos compraría otra. Y así lo hizo, y valía mucho más la que nos dio, dándonos además todo lo necesario, y lo hará mientras viva (F 10, 6).

276  Beatriz de la Encarnación tenía grandísima caridad con los prójimos, de manera que decía que por cada uno se dejaría hacer mil pedazos, a cambio de que no perdiesen el alma y gozasen de su hermano Jesu, que así llamaba a nuestro Señor (F 12, 2). 

277  Dejar a las hijas y hermanas mías cuando me iba de una parte a otra como yo las amo tanto, no ha sido la más pequeña cruz, en especial cuando pensaba que no las había de volver a ver y veía su gran sentimiento y lágrimas. Que, aunque están de otras cosas desasidas, ésta no se la ha dado Dios, por ventura para más tormento mío, que tampoco lo estoy de ellas, aunque me esforzaba todo lo que podía para no manifestárselo y las reñía; mas poco me aprovechaba, porque es grande el amor que me tienen y bien se ve en muchas cosas que es verdadero (F 27, 18).

278  Ir contra lo que quería mi prelado era para mí una muerte. Porque -aparte de la obligación que tenía por serlo-, le amaba muy tiernamente, y se lo debía bien debido (F 28, 2).

279  Yo no querría dejar de decir muchas alabanzas de la caridad que hallé en Palencia, en particular y en general. Es verdad que me parecía cosa de la primitiva Iglesia -al menos no muy corriente ahora en el mundo-, ver que no llevábamos renta y que nos habían de dar de comer y no sólo no nos rehusaban, sino que decían que les hacía Dios grandísima merced (F 29, 27).

280  Es para alabar a nuestro Señor la gran caridad de Burgos, que la ciudad nos dio licencia de muy buena gana, con no estar con la prosperidad que solían. Siempre había yo oído alabar la caridad de esta ciudad, mas no pensé que llegaba a tanto (F 31, 13).

281  Todas se amen en general, como lo mandó  a sus apóstoles muchas veces; procuren imitar a su Esposo, que dio la vida por nosostros; este amarse unas a otras en general y no en particular importa mucho (Const 6, 10).

282  Mire la maestra de novicias que no se descuide en nada, porque es criar almas para que more el Señor. Trátelas con piedad y amor, no escandalizándose de sus culpas, porque han de ir poco a poco, y mortificando a cada una según lo que viere que puede sufrir su espíritu (Const 9, 7).

283  El prelado a todas juntas demuestre amor como verdadero padre (Vta D 45).

284  Yo le digo que me alegro tanto con sus cartas que las estoy deseando. No se qué hace que tenga amor tan particular a esa casa y a las que están en ella; debe de ser que pasé ahí tantos trabajos (Cta 116, 1, a María de San José, en Sevilla).

285  Acá dicen que quiero más a las de esa casa que a ningunas, y cierto que no se lo que hace que yo las cobré mucho amor, y así no me extraño de que vuestra reverencia me lo tenga -que yo siempre se lo he tenido-, aunque me es regalo el oírlo (Cta 128, 4 a las Descalzas de Sevilla).

286  Yo le puedo tratar y tener mucho amor por muchas causas y ellas no todas podrán... Y esto no es dejarlas de amar mucho, sino quererlas mucho. Porque yo confieso que he procurado disimular ante ellas mis imperfecciones y el amor que tengo a Paulo y el cuidado de él (Cta 162, 1, al P. Jerónimo Gracián).

287  Mucho las encomiendo a Dios. Deles muchos recuerdos míos a todas, que a cada una quisiera escribir en particular, según las amo. Es verdad que las quiero particularmente mucho, no se por qué (Cta 171, 15, a María de san José en Sevilla).

288  La señora doña Juana vino aquí ayer tarde casi de noche, llegó muy buena, gloria a Dios. Heme holgado mucho con su merced, que cada día la amo más y me parece mejor y más discreta (Cta 230, 2, al P. Jerónimo Gracián).

289  Qué bien me demuestra el amor que me tiene, según me da contento en todo. Y yo le digo que aún me debe más, que yo me espanto de lo que la quiero. No tiene que pensar que la hace ninguna en esto ventaja, porque no son todas para congeniar conmigo. Lo malo es que le puedo servir en poco, por ser tan ruín, que harto cuidado tengo de encomendarla a Dios (Cta 235, 7, a María de san José, en Sevilla).

290  En extremo se me ha doblado el amor que las tenía, auque era harto, y a usted porque ha sido la que más ha padecido...

291  Que no le demuestre indiferencia, al contrario, que la mime más la que estuviere por mayor y todas le demuestren gracia y fraternidad, y a la otra también. Procuren olvidar las cosas y miren lo que cada una quisiera que si hiciera con ella si le hubiera acaecido... A las que de veras tienen deseos de padecer, no les queda resabio con quien les hace mal, antes más amor. En esto se verán si salen aprovechadas del tiempo de la cruz (Cta 277, 2, a Isabel de san Jerónimo y a María de san José, en Sevilla).

292  Muchas veces permite el Señor una caída para que el alma quede más humilde, y cuando con rectitud y conocimiento se arrepiente, va después aprovechando más en el servicio de nuestro Señor, como vemos en muchos santos. Así que, mis hijas, todas lo son de la Virgen y hermanas, procuren amarse unas a otras y hagan cuenta que nunca pasó. Con todas hablo (Cta 302, 6, a Las MM Carmelitas Descalzas de Sevilla).

293  Pido yo a nuestro Señor que les de virtudes, en especial humildad y amor de unas con otras, que es lo que importa. Quiera Su Majestad que en esto las vea yo crecidas, y pidan lo mismo para mí (Cta 403, 6, a la M Priora y hermanas de Soria).

 

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CASTIDAD, LA VIRTUD DE LA CASTIDAD

 

294  Y aunque nunca fuí inclinada a mucho mal porque naturalmente aborrecía las cosas deshonestas, sólo a fomentar los requiebros y a mantener excesiva conversación mas, puesta en la ocasión, jugaba con el peligro y ponía en él a mi padre y hermanos. De los cuales peligros me libró Dios de manera que se ve claro que intentaba contra mi voluntad que no me perdiese del todo (V 2, 6).

295  Parece que purifica el alma intensamente y quita casi del todo la fuerza a nuestra sensualidad. Es una llama grande que parece que abrasa y aniquila todos los deseos de la vida instintiva, porque, aunque yo no los tenía de vanidades, se me hizo ver que todo era vanidad (V 38, 18).

296  Y guárdense de esas amistades particulares por amor del Señor, por santas que sean, que entre hermanas suelen ser veneno y no veo en ellas nada positivo; y si son parientes mucho peor; ¡es pestilencia! (C 4, 7).

297  Estas personas a las que Dios conduce y eleva a estas alturas son almas generosas, almas reales; no se conforman con amar cosa tan pobre como son estos cuerpos por hermosos que sean, por muchas gracias que tengan, aunque da gusto verlos y alaban por ello al Creador, mas no para detenerse en ellos. Digo detenerse en ellos queriendo decir que no los aman por estas cualidades pues les parecería que amaban lo accidental y como la sombra; se avergonzarían de ello, y no tendrían cara para decirle a Dios que le aman sin afrentarse... Y bien mirado, yo pienso algunas veces lo ciegas que estamos cuando queremos que nos quieran (C 6, 4-5).

298  No es posible ser aquí ángeles, que no es nuestra naturaleza. Por eso no me preocupa cuando veo a un alma con grandísimas tentaciones; porque si hay amor y temor de nuestro Señor, ha de salir con mucha ganancia (Mdt C 2, 3).

299  Siempre anduvo en limpieza y castidad (Cc 4ª, 17).

300  De esas torpezas no haga ningún caso, que aunque eso yo no lo he tenido -porque siempre me libró Dios pos su bondad de esas pasiones- entiendo que debe de ser que como el deleite espiritual es tan grande, hace movimientos en el natural. Se irán pacificando con el favor de Dios, si no hace caso de ello. Algunas personas lo han tratado conmigo (Cta 173, 10, a D. Lorenzo de Cepeda en Avila).

301  En lo de esos movimientos sensuales, lo mejor es no hacer caso de ellos. Una vez me dijo un gran letrado que había ido a él un hombre afligidísimo, porque cada vez que comulgaba caía en una torpeza grande (aparte de que eso es raro), y le habían mandado que sólo comulgara de año en año, por ser de obligación. Y este letrado, aunque no era espiritual entendió la flaqueza, y le dijo que no hiciese caso de ello y que comulgara cada ocho días, y como perdió el miedo se le quitó. Así que no haga vuestra merced caso de eso (Cta 178, 7, a D. Lorenzo de Cepeda).

302  Harto disgusto me ha dado que de dichos contra nosotras, en especial tan deshonestos, haga nuesto padre averiguaciones, pues son disparates; que lo mejor es reirse de ellos y dejarlo decir. A mí, en parte, me dan gusto (Cta 186, 6 a la M María de san José, en Sevilla).

303  A la mujer de Don Gonzalo se le ha antojado que su marido tiene ruín amistad con Dª Beatriz, hija de mi hermana, y le dan crédito. Y así cuanto a la honra de la moza ya debe de estar tan perdida que ya no hago caso (Cta 384, 9).

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CIENCIA DE DIOS

 

304  ¡Oh Dios mío! ¡Cuánto daño hace en el mundo pensar que puede haber alguna cosa contra Vos que os sea secreta! (V 2, 7).

305  Más delante de la Sabiduría infinita créanme que vale más un poco de estudio de humildad y un acto de ella, que toda la ciencia del mundo (V 15, 8; CN 5).

306  Es un glorioso desatino, una celestial locura, donde se aprende la verdadera sabiduría y es deleitosísima manera de gozar el alma (V 16, 1; CN 6).

307  Dios no necesita pedir el consentimiento del alma para que acepte entrar en el arrobamiento, porque ella ya se lo dio y sabe El que se ha entregado en sus manos con toda su voluntad, y que a El lo le puede engañar, porque lo sabe todo (V 21, 1; CN 11).

308   

309   ¡Qué sabio el que se alegró de ser tenido por loco, pues lo llamaron a la misma Sabiduría! (Lc 23, 11) (V 27, 14).

310  No tenga miedo, ni crea que las gracias místicas son cosas imposibles -todo es posible para el Señor- (Mc 9, 23), sino procure avivar la fe y humillarse, porque el Señor hace a una viejecita más sabia quizá que él, por muy teólogo que sea (V 34, 12).

311  Cuando yo veo una Majestad tan grande disimulada en una pequeña Hostia, me admira tanta sabiduría (V 38, 21).

312  Dejad hacer al Señor de la casa; sabio es; poderoso es; entiende lo que os conviene y lo que le conviene a El también (C 17, 7).

313  Adherida pues, a este Maestro de la Sabiduría, quizá me enseñe alguna consideración que os satisfaga (C 21, 4).

314  Así que está claro qué es lo que dice la esposa, que la sabiduría de Dios suple aquí por el alma y él ordena cómo gane tan grandísimas mercedes en aquel tiempo (Mdt C 6, 6).

315  Imaginemos, para entenderlo mejor, que vemos dos fuentes con dos pilas que se llenan de agua. Que no encuentro cosa más apropiada para explicar alguna de espíritu que el agua; y es que, como se poco y el ingenio no ayuda y soy tan amiga de este elemento, lo he mirado con más atención que otras cosas, que en todas las que creó Dios, tan sabio, debe de haber hartos secretos de que nos podemos aprovechar, y así lo hacen los que lo entienden, aunque creo que en cada cosita que creó Dios hay más de lo que se entiende, aunque sea en una hormiguita (IV M 2, 2).

316  Ya veis esta alma que la ha hecho Dios boba del todo para imprimir mejor en ella la divina sabiduría (V M 1, 9).

317  Ya habéis oido hablar de las maravillas de la cría de la seda, que sólo Dios pudo hacer semejante invención, y cómo de una simiente, que es como granos de pimienta pequeños..., con el calor, cuando comienza a brotar hoja en los morales, empieza esta simiente a vivir; que mientras no hay este alimento con que puedan vivir está muerta la simiente; y con hojas de moral se crían los gusanos, hasta que, cuando se han hecho grandes, les ponen unas ramillas, y allí con las boquillas van de sí mismos hilando la seda y hacen unos capuchillos muy apretados donde se encierran; y acaba este gusano que es grande y feo, y sale del mismo capucho una mariposa blanca muy graciosa. Mas si esto no se viese sino que nos lo contaran de otros tiempos, ¿quién lo pudiera creer, ni cómo podríamos explicar que una cosa tan sin inteligencia como es un gusano y una abeja sean tan inteligentes en trabajar para nuestro provecho y con tanta industria, y el pobre gusanillo pierda la vida en la demanda? Para un rato de meditación basta esto, aunque sólo contempléis en ello las maravillas y sabiduría de nuestro Dios (V M 2, 2).

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CONOCER  A DIOS

 

318  Pues comenzando a gustar de la buena y santa conversación de esta monja. (Dª María de Briceño), holgábame de oirla cuán bien hablaba de Dios, porque era muy discreta y santa. Según yo creo, nunca dejé de holgarme de oir hablar bien de Dios (V 3, 1).

319  Hablaba mucho de Dios, de manera que edificaba a todas (V 6, 2).

320  Quedóme deseo de soledad, amiga de tratar con Dios y de hablar de El, que si hallaba con quién, más contento y recreación me daba que toda la cortesía, o grosería por mejor decir, de la conversación del mundo (V 6, 4).

321  El no tenerme por tan ruín se debía a que, como me veían tan joven y en tantos peligros, y a que buscaba muchas veces la soledad para rezar y leer; a que hablaba mucho de Dios y era amiga de hacer pintar su imagen en muchos lugares y de tener oratorio y procurar tener en él cosas que fomentasen la devoción; no hablar mal de nadie y otras cosas como éstas que tenían apariencia de virtud (V 7, 2).

322  Era aficionadísima a los sermones, de tal manera que si veía a alguien predicar con espíritu y bien, le cobraba un amor particular sin procuralo yo, que no se quién me lo ponía. Casi nunca me parecía el sermón tan malo, como para no escucharlo de buena gana; aunque los oyentes juzgasen que no era bueno, era para mí recreo muy particular. De hablar de Dios y de oir hablar de El nunca me cansaba, y esto después que comencé a hacer oración (V 8, 12).

323  Entendí grandísimas verdades sobre esta Verdad, mejor que si me lo hubieran enseñado muchos teólogos. Pues en este caso no se me hubieran quedado tan impresas ni se me hubiera hecho comprender tan claramente la vanidad de este mundo (V 40, 4).

324  Ni en mil vidas de las nuestras llegaríamos a entender cómo merece ser tratado este Señor, ante quien tiemblan los ángeles (C 22, 7).

325  Jamás nos acabamos de conocer, si no procuramos conocer a Dios (II M 2, 9).

326  No hemos de buscar razones para comprender las cosas ocultas de Dios, sino que como creemos que es poderoso, está claro que hemos de creer que un gusano de tan limitado poder como nosotros no puede comprender sus grandezas. Alabémosle mucho porque quiere que comprendamos algunas (VI M 4, 7).

327  Ni el demonio podría representar cosas que tantos efectos interiores y paz y sosiego y aprovechamiento dejan en el alma, de forma especial, conocimiento de la grandeza de Dios, porque con cuanta mayor experiencia tuviéremos de ella mejor se manifiesta El (VI M 5, 10).

328  Porque en estas grandezas que le comunica comprende mucho más la de Dios. Espántase de cómo fue tan atrevida, llora su poco respeto, parécele una cosa tan desatinada su desatino, que no acaba de apenarse jamás cuando recuerda por qué cosas tan bajas dejaba una tan gran majestad. Mucho más se acuerda de esto que de las mercedes que recibe, siendo tan grandes como las dichas y las que están por decir; parece que se las lleva un río caudaloso y las trae a sus tiempos (VI M 7, 2).

329  Lo mismo ocurre con otras cosas espirituales, que no se saben decir, mas se comprende por ellas cuán importante es nuestra naturaleza que puede entender las grandezas de Dios, y pues  ni siquiera somos capaces de entender éstas, emplee los días en admiración y alabanza de Su Majestad quien las reciba; y así le de muchísimas gracias por ellas que, pues no es carisma que se da a todos, se ha de estimar mucho y procurar entregarse más, ya que de tantas maneras la ayuda Dios (VI M 8, 6).

330  ¿Habrán bastado todas estas mercedes que ha hecho al alma el Esposo para que la palomilla o la mariposilla esté satisfecha (no penséis que la tengo olvidada), y haga asiento donde ha de morir? No por cierto, sino que está mucho peor; aunque haga muchos años que recibe estos favores, siempre gime y anda llorosa, porque de cada uno de ellos le queda mayor dolor. La causa está en que, como va conociendo más y más las grandezas de su Dios y se ve que está tan ausente y privada de gozarle, crece mucho más el deseo; porque también crece el amor cuanto más se le descubre lo que merece ser amado este gran Bien y Señor; y viene en estos años creciendo poco a poco este deseo, hasta que la lleva a tan gran pena.

He dicho años, teniendo en cuenta lo que ha ocurrido en mi alma, pues se muy bien que a Dios no hay que ponerle límites, pues en un momento puede hacer llegar a un alma a lo más subido que se ha dicho aquí. Poderoso es Su Majestad para todo lo que quisiere hacer y ganoso de hacer mucho por nosotros (VI M 11, 1).

331  Son tantas las cosas que veo y lo que entiendo de las grandezas de Dios y cómo las ha conducido, que casi ninguna vez comienzo a pensar en ello que no me falle el entendimiento, como quien ve cosas que sobrepasan en mucho lo que puedo entender y quedo en recogimiento (Cc 3ª 11).

332  ¡Oh Dios mío, misericordia mía!, ¿qué haré para que no deshaga yo las grandezas que Vos hacéis conmigo? Vuestras obras son santas, son justas, son de inestimable valor y con gran sabiduría, pues la misma sois Vos, Señor. Si en ella se ocupa el entendimiento, quéjase la voluntad, porque querría que nadie la impidiera amaros - pues no puede el entendimiento en tan grandes grandezas alcanzar quién es su Dios-, y desea gozarle y no ve cómo, metida en la cárcel tan penosa de este cuerpo mortal, todo le estorba, aunque primero fue ayudada en la consideración de vuestras grandezas, donde se hallan mejor las innumerables bajezas mías (E 1).

333  ¡Oh Sabiduría que no se puede comprender! (E 12).

334  ¡Oh Dios mío y mi Sabiduría infinita, sin medida y sin tasa y sobre todos los entendimientos angélicos y humanos! ( E 17).

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CREER

 

335  Aprovechábame a mí ver campo, agua o flores; en estas cosas encontraba yo memoria del Creador, quiero decir que me despertaban y me recogían y me servían de libro (V 9, 5).

336  Esto de apartarse de lo corpóreo debe de ser bueno, ya que lo dice gente tan espiritual; mas, según me parece, ha de ser cuando el alma está muy avanzada, porque hasta que lo esté, está claro que se ha de buscar al Creador por las criaturas (V 22, 8; CN 12).

337  ¡Oh, Jesús mío! ¡Quién pudiese hacer entender la majestad con que os mostráis! Y cuán Señor de todo el mundo y de los cielos, y de otros mil mundos, y mundos y cielos incontables que Vos creaseis, entiende el alma por la majestad con que os manifestais, que son nada para ser Vos Señor de todo (V 28, 8).

338  A mí me parece que cuando una persona ha sido elevada por Dios a tener claro conocimiento de lo que es el mundo, y de que hay otro mundo, y le ha hecho conocer la diferencia que hay de un mundo a otro, y que el uno es eterno y el otro soñado; y cuando le ha hecho experimentar que es muy diferente amar al Creador de amar a la criatura; y le ha hecho ver lo que se gana con el uno y lo que se pierde con el otro; y le ha dado experiencia de lo que es el Creador y lo que es la criatura y otras muchas verdades que el Señor enseña a quien se deja enseñar por El en la oración, o a quien Su Majestad quiere enseñarlo, su amor es muy diferente del que tenemos los que no hemos llegado aquí (C 6, 3).

339  Ahora vengamos a tratar del desasimiento que hemos de tener, porque en esto está el todo, si se hace con perfección. Digo que en esto está el todo porque, si nos abrazamos con solo el Creador y no nos interesa nada de lo creado, Su Majestad infunde tan copiosamente las virtudes, que practicando nosotros poco a poco lo que está en nuestra mano, no tendremos necesidad de luchar mucho, porque el Señor carga su mano contra los demonios y contra todo el mundo (C 8, 1).

340  Poderoso es para librarnos de todo que, una vez que mandó hacer el mundo, fue hecho; su querer es obrar (C 16, 6).

341  Las que se puedan encerrar de esta manera en este pequeño cielo de nuestra alma, donde está el que hizo el cielo y la tierra (C 28, 5).

342  Porque todo lo que he escrito en este libro va dirigido a entregarnos del todo al Creador, y a dejar nuestra voluntad en la suya y a desprendernos de las criaturas, y ya sabéis cuán importante es esto, no insisto más en ello (C 32, 9).

343  ¡Oh hermanas mías, qué fuerza tiene esta entrega! Si se hace con la determinación debida, se une el Todopoderoso con nuestra pequeñez y nos transforma en El, y consigue la unión del Creador con la criatura (C 32, 11).

344  Aun sabiendo que existe la misma diferencia entre el Castillo y Dios que entre el Creador y la criatura, ya que el castillo es criatura, basta que Su Majestad diga que está hecha a su imagen, para que apenas podamos entender la gran dignidad y hermosura del alma (I M 1, 1).

345  Deja en el alma... propio conocimiento y humildad al ver cómo cosa tan vulgar, en comparación del Creador de tantas grandezas, se ha atrevido a ofendenderla, y osa mirarla; la tercera, tener en muy poco todas las cosas de la tierra, de no ser las que pueda emplear en el servicio de Dios (VI M 5, 10).

346  Queda con muy mayor desprendimiento del mundo que antes, porque ve que nada de él le ayudó en aquel tormento, y muy desasida de las criaturas, porque ya ve que sólo el Creador es el que puede consolar y hartar su alma, y con mayor temor y cuidado de no ofenderle, porque ve que tan bien puede atormentar como consolar (VI M 11, 10).

347  Muchas veces, Señor mío, considero que si con algo se puede sustentar el vivir sin Vos es en la soledad, porque descansa el alma con su descanso, puesto que, como no se goza con entera libertad muchas veces, se dobla el tormento; mas el que da el tener que tratar con las criaturas y dejar de entender el alma con su Creador, hace tenerle por deleite (E 2).

348  Pues ¿qué podrá pedir una cosa tan miserable como yo? Que me deis, Dios mío, que os de con san Agustín, para pagar algo de lo mucho que os debo, que os acordéis de que soy vuestra hechura y conozca yo quién es mi Creador, para que le ame (E 7).

349  ¡Oh, esperanza mía y Padre mío y mi Creador y verdadero Señor y Hermano! (E 7).

350  ¡Oh, Dios mío, Dios, Hacedor de todo lo creado! Y ¿qué es lo creado, si Vos quisierais crear más? Pues haced, Señor, que no se aparten de mi pensamiento vuestras palabras...¿Qué más queremos, Señor?, ¿qué pedimos?, ¿qué buscamos? ¿Por qué están los del mundo perdidos sino por buscar descanso?... Tened piedad, Creador, de estas creaturas vuestras (E 8).

351  Muera ya este yo, y viva en mí otro que es más que yo, y para mí mejor que yo, para que yo le pueda servir: El viva y me de vida; El reine y yo sea cautiva, que no quiere mi alma otra libertad. ¿Cómo será libre el que del Sumo estuviere alejado? ¿Qué mayor ni más miserable cautiverio que estar el alma desligada de la mano del Creador? (E 17).

352  Pues comenzando a poblarse estos palomarcicos de la Virgen nuestra Señora, comenzó la divina Majestad a manifestar sus grandezas en estas mujercitas flacas, aunque fuertes en los deseos y en el desprenderse de todo lo criado, que debe de ser lo que más une al alma con su Creador, teniendo limpia la conciencia (F 4, 5).

353  También a veces me daban alegría las grandes contradiciones y murmuraciones que este ir fundando ha provocado, con buena intención unos, otros por otros fines. Mas tan gran alegría como de esto sentí, no me acuerdo, por trabajo que me venga, haberla sentido; que yo confieso que en otro tiempo, cualquier cosa de las tres que me vinieron juntas, fuera harto trabajo para mí. Creo que fue mi gozo principal el parecerme que, pues las criaturas me pagaban así, es que tenía contento al Creador (F 27, 21). (Se refiere al confinamiento por el General con prohibición de fundar más conventos).

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CRISTO, EL VERBO ENCARNADO

 

354  ¿No había pagado ya por el pecado de Adán abundantísimamente, Señor? ¿Siempre que volvemos a pecar lo ha de pagar este mansísimo Cordero? No lo permitáis, Emperador mío; apláquese ya Vuestra Majestad; no miréis a los pecados nuestros, sino a que nos redimió vuestro Sacratísimo Hijo, y a los méritos suyos y de su Madre y de tantos santos y mártires como han muerto por Vos (CE 4, 2).

355  También he pensado si la esposa pedía aquella unión tan grande como hacerse Dios hombre, aquella amistad que hizo con el género humano. Porque está claro que el beso es señal de paz y amistad grande entre dos personas (Mdt C 1, 11).

356  Ya yo veo, Esposo mío, que Vos sois para mí; no lo puedo negar: por mí vinisteis al mundo, por mí pasasteis tan grandes trabajos, por mí sufristeis tantos azotes. Pues, oh esposa santísima, ¿cómo dije yo que vos decís, qué puedo yo hacer por mi Esposo? (Mdt C 4, 6).

357  ¿Qué podemos hacer por un Dios tan generoso, que murió por nosotros y nos creó y da el ser, que no nos tengamos por muy dichosos de irle pagando algo de lo que le debemos por lo que nos ha servido (de mala gana dije esta palabra, mas ello es así, que no hizo otra cosa todo lo que vivió en el mundo), sin que le pidamos mercedes de nuevo y regalos? (III M 1, 8).

358  Gran error de no practicar el traer presente la humanidad de Nuestro Señor y Salvador Jesu y su Sacratísima Pasión y Vida (VI M 7).

359  La primera vez que Dios hace este regalo, quiere Su Majestad manifestarse al alma por visión imaginaria de su sacratísima Humanidad, para que se de perfecta cuenta y no ignore que recibe tan soberano don (VII M 2, 1).

360  He quedado de aquí sin poder pensar en ninguna de las Tres Personas Divinas sin entender que son todas tres; de manera que estaba yo hoy considerando cómo siendo tan una unidad, había tomado carne humana el Hijo solo, y me dio el Señor a entender cómo siendo una sola unidad, eran distintas (Cc 36ª, 2).

361  Estando una vez con esta presencia de las Tres Personas que traigo en el alma, era con tanta luz, que no se puede dudar que estaba allí Dios y verdadero, y allí se me daban a entender cosas, que yo no las sabré decir después. Una de ellas era cómo había tomado carne humana la Persona del Hijo y no las otras. No sabré decir nada de esto, que algunas cosas pasan tan en secreto del alma, que parece que el entendimiento entiende como una persona que está durmiendo o medio dormida. Yo estaba pensando cuán recio era el vivir que nos privaba de estar así siempre en aquella admirable compañía, y dije entre mí: Señor, dadme algún medio para que yo pueda soportar esta vida. Me dijo: "Piensa, hija, cómo después de acabada, no me puedes servir en lo que ahora, y come por Mí, y duerme por Mí, y todo lo que hicieres sea para Mí, como si no lo vivieses tú ya, sino Yo, que esto es lo que decía san Pablo" (Cc 42ª).

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CRISTO, LA MADRE DE

 

362  Con el cuidado que mi madre tenía de hacernos rezar y hacernos devotos de nuestra Señora y de algunos santos, comenzaron a despertarme a la virtud cuando tenía seis o siete años de edad, a mi parecer (V 1, 1).

363  Me acuerdo que cuando murió mi madre, tenía yo doce años de edad, poco menos. Cuando yo comencé a entender lo que había perdido, afligida, me fuí a una imagen de nuestra Señora y le supliqué, con muchas lágrimas, que fuese mi madre. Me parece que, aunque se hizo con simpleza, me ha valido; porque he hallado a esta Virgen soberana muy claramente en cuanto la he encomendado y al fin, me ha reconquistado (V 1, 7).

364  Nuestra Señora le debía de ayudar mucho (al cura de Becedas), que era muy devoto de su Concepción y en aquel día hacía gran fiesta. Al fin dejó de verla del todo y no se hartaba de dar gracias a Dios por haberle dado luz (V 5, 6).

365  No se cómo se puede pensar en la Reina de los ángeles, cuando tanto pasó con el Niño Jesús, sin dar gracias a san José, por lo bien que les ayudó en los dolores (V 6, 8).

366  Aquí se hace devota de la Reina del cielo para que interceda (V 19, 6; CN 9).

367  Me parece que si hubieran tenido la fe como la tuvieron después de la venida del Espíritu Santo, de que era Dios y hombre, no les impidiera; pues no se dijo esto a la Madre de Dios, aunque le amaba más que todos (V 22, 1; CN 12).

368  Estando en estos mismos días, el de nuestra Señora de la Asunción, en un convento de la Orden del glorioso santo Domingo, considerando los muchos pecados y cosas de mi ruín vida, que en tiempos pasados había confesado en aquella casa, me vino un arrobamiento grande, que casi me sacó de mí; me senté y creo que no pude ver la elevación ni oir misa. Estando así me pareció que me vestían un manto de mucha blancura y claridad, y al principio no veía quién me lo vestía; después vi a nuestra Señora hacia el lado derecho, y a mi padre san José al izquierdo, que eran los dos que me vestían aquel manto; se me reveló que ya estaba limpia de mis pecados.

Cuando me acabaron de vestir el manto, estaba yo con grandísimo deleite y gloria, y nuestra Señora me asió las manos y me dijo que le agradaba mucho que glorificara a san José; que creyera que el monasterio que intentaba construir se haría, y que en él se serviría mucho al Señor y a ellos dos; que  no temiera que se fallara en esto jamás que, aunque la obediencia no se prometía a mi gusto, su Hijo estaría con nosotras, como nos había prometido y que, como señal de que esto sería verdad, me daba aquella joya...

Era grandísima la hermosura de nuestra Señora, aunque no me pareció ninguna imagen determinada, sino con toda la belleza acumulada en el rostro, vestida de blanco con mucho resplandor, no deslumbrante, sino suave...

Nuestra Señora me pareció muy joven. Estuvieron conmigo un poco y yo, con grandísima gloria y felicidad, como nunca había gozado tanta. Y nunca quisiera perder tanto gozo. Me pareció que los veía subir al cielo con gran multitud de ángeles (V 33, 14-15).

 

369  Estando haciendo oración en la iglesia, antes de pasar dentro del monasterio, casi arrobada, vi a Cristo, que con gran amor me recibía y me ceñía una corona y me agradecía lo que había hecho por su Madre (V 36, 24).

370  Otro día, estando todas en el coro en oración después de completas, vi a nuestra Señora con grandísima gloria, con manto blanco, amparándonos a todas debajo de él, entendí cuán alto grado de gloria daría el Señor a las de esta casa (36, 24). 

371  Guardamos la Regla de nuestra Señor del Carmen, sin mitigaciones, sino como la ordenó fray Hugo, Cardenal de santa Sabina, el año 1248, en el año quinto del pontificado del papa Inocencio IV (V 36, 26).

372  Quiera el Señor que todo sea para alabanza y gloria suya y de la Virgen María, cuyo hábito vestimos, amén (V 36, 28).

373  Un día de la Asunción de la Reina de los Angeles y Señora nuestra, en un arrobamiento se me representó su subida al cielo, y la alegría y solemnidad con que fue recibida y el lugar donde está. Yo no sabría decir cómo me ocurrió. Fue grandísima la gloria que recibió mi espíritu, viendo tanta gloria. Quedé con grandes frutos y me movió a desear más sufrir mucho y servir a esta Señora, que tanto se lo merece (V 39, 26).

374  Ni aborrecisteis, Señor de mi alma, cuando andabais por el mundo a las mujeres, antes las favorecisteis siempre con mucha piedad y hallasteis en ellas tanto amor... y más fe que en los +hombres, pues estaba la sacratísima Madre en cuyos méritos merecemos (CE 4, 1).

375  Parezcámonos, hijas mías, en algo a la gran humildad de la Virgen Santísima, cuyo hábito llevamos, que es motivo de confusión llamarnos hijas suyas; que por mucho que parezca que nos humillamos, nos quedamos muy cortas para ser hijas de tal Madre (C 13, 3).

376  Y ¡qué es lo que debió de pasar la gloriosa Virgen y esta bendita Santa! ¡Cuántas amenazas, cuántas malas palabras, y cuántos empujones y groserías! Pues ¿con qué gente tan cortesana trataban? ¡Sí lo eran! Cortesanos del infierno y ministros del demonio. Cosa terrible debió de ser lo que pasaron; sólo que, con el dolor de Cristo, no sentirían el suyo (C 26, 8).

377  Aquí viene bien recordar cómo lo hizo con la Virgen nuestra Señora, con toda la sabiduría que tuvo; y cómo preguntó al ángel "cómo será esto", cuando le dijo "el Espíritu Santo vendrá sobre tí y la virtud del muy Alto te hará sombra", no buscó más disputas. No como algunos letrados, que no les lleva el Señor por este modo de oración ni tienen principio de espíritu, y quieren llevar las cosas por tanta razón y tan medidas por sus entendimientos, que parece que ellos con sus letras han de comprender todas las grandezas de Dios. ¡Si aprendiesen algo de la humildad de la Virgen Santísima!

¡Oh, Señora mía, con cuánta exactitud se puede entender de Vos lo que pasa con la esposa del Cantar de los Cantares! Y así podéis ver, hijas, en el oficio de nuestra Señora, que rezamos cada semana, lo mucho que hay en él en las antífonas y lecturas (Mdt C 6, 7-8). 

378  Las que se vieren en ese estado necesitan acudir a menudo como pudieren, a Su Majestad, y tomar a su bendita Madre por intercesora (I M 2, 12).

379  Mas bien sabe Su Majestad que sólo puedo presumir de su misericordia; y ya que no puedo dejar de ser la que he sido, no tengo otro remedio sino llegarme a ella y confiar en los méritos de su Hijo y de la Virgen, Madre suya, cuyo hábito indignamente traigo y traéis vosotras.

Alabadle, hijas, que lo sois verdaderamente de esta Señora, y así no tendréis por qué afrentaros de que yo sea ruín. Pues tenéis tan buena madre, imitadla y considerad qué tal debe de ser la grandeza de esta Señora y el bien de tenerla por patrona, pues no han bastado mis pecados y ser la que soy, para deslustrar en nada esta sagrada Orden (III M 1, 3).

380  Pues menos podrán pensar en la sacratísima Virgen, ni en la vida de los santos, cuya memoria tan gran provecho y aliento nos da (VI M 7, 6).

381  Siempre hemos visto que los que más cercanos anduvieron a Cristo nuestro Señor, fueron los de mayores trabajos. Miremos lo que pasó su gloriosa Madre (VII M 4, 5).

382  No pienses, cuando ves a mi Madre que me tiene en los brazos, que gozaba de aquellos contentos sin grave tormento. Desde que le dijo Simeón aquellas palabras, le dio mi Padre clara luz para que viese lo que yo había de padecer (Cc 26ª, 1).

383  El día de la Natividad de nuestra Señora tengo particular alegría. Cuando este día viene, me parecía que sería bueno renovar los votos; y queriéndolo hacer, se me representó la Virgen nuestra Señora por visión iluminativa y me pareció que los hacía en sus manos y que le eran agradables. Me quedó esta visión por algunos días cómo estaba junto conmigo, hacia el lado izquierdo (Cc 37ª).

384  Entendí que tenía mucha obligación de servir a nuestra Señora y a san José; porque muchas veces, estando perdida del todo, por sus ruegos me volvía a dar salud (Cc 63ª).

385  Comienzo en nombre del Señor, tomando por ayuda a su gloriosa Madre, cuyo hábito tengo, aunque indigna de él, y a mi glorioso padre y señor san José, en cuya casa estoy, que éste es el título de este monasterio de descalzas (F prl, 5).

386  Pasados algunos días, considerando cuán necesario era si se hacían monasterios de monjas, que hubiesen frailes de la misma regla, escribí a nuestro Padre General una carta suplicándoselo lo mejor que yo supe, dando las causas por donde sería gran servicio de Dios, y que los inconvenientes que podía haber no bastaban para dejar tan buena obra, y poniéndole delante el servicio que haría a nuestra Señora, de quien era muy devoto. Ella debió de ser la que lo tramitó (F 2, 5).

387  Pues se comenzaron a poblar estos palomarcicos de la Virgen nuestra Señora (F 4, 5).

388  Me dijo el Señor que había estado su salvación en mucho peligro y que había tenido misericordia de él por aquel servicio que había hecho a su Madre en aquella casa que había dado para hacer monasterio de su Orden (F 10, 2).

389  Gran cosa es lo que agrada al Señor cualquier servicio que se haga a su Madre (F 10, 5).

390  Si decimos que estos principios son para renovar la Regla de la Virgen su Madre y Señora y Patrona nuestra, no la hagamos tanto agravio, ni a nuestros santos padres antepasados, que dejemos de conformarnos con ellos (F 14, 5).

391  Quiera nuestro Señor, hermanas, que nosotras vivamos como verdaderas hijas de la Virgen y guardemos nuestra consagración, para que nuestro Señor nos haga la merced que nos ha prometido, amén (F 16, 7).

392  Mas la Virgen nuestra Señora, cuyo devoto es en gran extremo (el padre Gracián), le quiso pagar dándole su hábito y así pienso que fue la Medianera para que Dios le concediera esta merced, y la causa de tomarlo él y de haberse aficionado tanto a la Orden, era esta gloriosa Virgen; no quiso que a quien tanto le deseaba servir, le faltase ocasión para ponerlo por obra; porque es costumbre suya favorecer a los que a ella se quieren amparar. Siendo muchacho en Madrid iba muchas veces a una imagen de nuestra Señora a la que él tenía gran devoción. Ella le debía de alcanzar de su Hijo la limpieza con que siempre ha vivido (F 23, 4-5).

393  Y nosotras nos alegramos de poder servir en algo a nuestra Madre y Señora y Patrona (F 29, 23).

394  La imagen de nuestra Señora estaba puesta muy indecentemente, y el obispo don Alvaro de Mendoza le ha hecho una capilla a su costa, y poco a poco se van haciendo cosas en honor y gloria de esta gloriosa Virgen y de su Hijo (F 29, 28).

395  Lo he dicho, porque estando en esta fundación de Palencia, acabó nuestro Señor asunto tan importante en honor y gloria de su gloriosa Madre -pues es de su Orden-, como Señora y Patrona que es nuestra. (Se trata del Breve pontificio de la separación de los Descalzos) (F 29, 31).

396  Y tenga vuestra señoría ánimo para andar por tierras extrañas; acuérdese de cómo andaba nuestra Señora cuando fue a Egipto, y nuestro padre san José (Cta 9, 18).

397  Mi "Priora" hace maravillas. Para que se entienda que esto es así, ha ordenado nuestro Señor que yo esté de suerte que no parece sino que vine a aborrecer la penitencia y a no preocuparme sino de mi regalo (Cta 37, 9).

398  Eso no lo osara yo prometer, porque se que los Apóstoles tuvieron pecados veniales. Sólo nuestra Señora no los tuvo Cta 167, 12).

399  Así pienso que nos ha de acaecer en esta tempestad de tantos días, que si no estuviera cierta de que los descalzos y descalzas viven procurando observar su regla con rectitud y verdad, algunas veces habría temido que han de salir los calzados con lo que pretenden (que es destruir este principio que la Virgen sacratísima ha procurado se comience), según las astucias que trae el demonio, que parece que le ha dado Dios licencia para que haga su poder en esto (Cta 244, 6).

400  Mire vuestra excelencia que este asunto toca a la Virgen nuestra Señora, que ha menester que sea amparada por personas semejantes en esta guerra que hace el demonio a su Orden (Cta 262, 4).

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CRISTO, CUSTODIO DEL REDENTOR

 

401  Y tomé por abogado y señor al glorioso san José y me encomendé mucho a él. Vi claro que, tanto de esta necesidad como de otras mayores, de perder la fama y el alma, este padre y señor mío me libró mejor de lo que yo lo sabía pedir. No me acuerdo hasta hoy de haberle suplicado nada que no me lo haya concedido (V 6,6).

402  Es cosa que espanta las grandes mercedes que me ha hecho Dios por medio de este bienaventurado santo, y de los peligros de que me ha librado, así de cuerpo como de alma; que a otros santos parece que les dio el Señor gracia para socorrer en una necesidad; pero a este glorioso santo tengo experiencia de que socorre en todas, y quiere el Señor darnos a entender, que así como le estuvo sometido en la tierra, pues como tenía nombre de padre, siendo custodio, le podía mandar, así en el cielo hace cuanto le pide.

Y esto lo han comprobado algunas personas, a quienes yo decía que se encomendasen a él, también por experiencia; y aun hay muchas que han comenzado a tenerle devoción, habiendo experimentado esta verdad (V 6, 6)

403  Procuraba yo celebrar su fiesta con toda la solemnidad que podía, más llena de vanidad que de espíritu, queriendo que se hiciese bien y con muchos detalles, aunque con buena intención (V 6, 7).

404  Querría yo persuadir a todos que fuesen devotos de este glorioso santo, por la gran experiencia que tengo de los bienes que alcanza de Dios. No he conocido a nadie que le tenga verdadera devoción y le haga particulares servivios, que no lo vea más aprovechado en la virtud; pues ayuda mucho a las almas que a él se encomiendan (V 6, 7).

405  Creo que ya hace algunos años que el día de su fiesta le pido una cosa y siempre la veo cumplida; si la petición va algo torcida, él la endereza para más bien mío (V 6, 7).

406  Quien no hallare maestro que le enseñe a orar, tome a este glorioso Santo por maestro y no errará el camino. No quiera el Señor que haya yo errado atreviéndome a hablar de él; porque aunque publico que soy devota suya, en servirle y en imitarle siempre he fallado. Pues él hizo, como quien es, que yo pudiera levantarme y no estar tullida; y yo, como quien soy, usando mal de esta merced (V 6, 8).

407  No me hartaba de dar gracias a Dios y al glorioso Padre mío san José, que me pareció que él lo había traído, porque fray Pedro era Comisario General de la Custodia de san José, a quien me encomendaba mucho, y a nuestra Señora (V 3, 7).

408  Un día, después de comulgar, Su Majestad me mandó con mucha insistencia que lo intentara con todas mis fuerzas, y me hizo grandes promesas de que se haría el monasterio, y que Dios se glorificaría mucho en él, y que su título fuese de san José, que él nos ampararía en una puerta y nuestra Señora en la otra (V 32, 11).

409  Una vez estaba en un apuro del que no sabía cómo salir, pues no tenía dinero para pagar a unos albañiles, y se me apareció san José, mi verdadero padre y señor, y me dijo que no faltaría dinero y que los contratara; y así lo hice, sin un céntimo. Y el Señor de modo maravilloso que asombraba a los que lo oían, me proveyó (V 33, 12).

410  Al glorioso san José no vi con tanta claridad, aunque vi muy bien que estaba allí, como en las visiones que he dicho que no se ven (V 33, 15).

411  Mas ¡ay, hijas!, encomiéndenme a Dios y sean devotas de san José, que puede mucho (Cc 28ª).

412  Ya entonces yo oraba mucho a nuestro Señor, suplicándole que  no me fuese sin dejarles casa (en Sevilla), y hacía que las hermanas se lo pidiesen y al glorioso san José, y hacíamos muchas procesiones (F 25, 3).

413  Las hermanas habían pedido mucho a san José que para su día tuviese casa (en Burgos), y sin pensar que la tendrían tan pronto, se lo cumplió (F 31, 36).

414  Los días primeros de pascua, u otros días de solemnidad, podrán cantar Laudes, en especial el día del glorioso de san José (Const 1, 3).

415  Aunque tenga muchos santos por abogados, tengan particularmente a san José, que alcanza mucho de Dios (Av 65).

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CRISTO, EL NACIMIENTO JESUS

 

En amor se está abrasando

Aquel que nació temblando

Envuelto en humano vuelo,

Monjas del Carmelo (P 10).

 

416  ¡Ah, pastores que veláis

Por guardar vuestro rebaño.

Mirad que nace un Cordero,

Hijo de Dios Soberano!

Viene pobre y despreciado,

Comenzadle ya a guardar,

Que el lobo os lo ha de llevar

Sin que le hayamos gozado,

¿No veis que es Dios soberano?

 

417  Si es Dios el que hoy ha nacido,

¿Cómo puede ser difunto?

¡Oh, que es hombre también junto! (P 11)

 

418  Hoy nos viene a redimir

Un zagal, nuestro pariente,

Gil, que es Dios Omnipotente.

Por eso nos ha sacado

De prisión de Satanás.

 

419  Pues, si es Dios, ¿cómo es vendido

Y muere crucificado?

 

420  ¿No ves que mató el pecado.

Padeciendo el inocente?

Gil, que es Dios Omnipotente.

 

Mía fe, yo le vi nacido,

De una muy linda zagala.

Pues si es Dios, ¿cómo ha querido

Estar tan pobre con gente?

¿No ves que es Omnipotente?

Déjate de esas preguntas,

Miremos por le servir,

Y pues El viene a morir,

Muramos con El, Llorente,

Pues es Dios Omnipotente (P 12).

 

421  Danos el Padre

A su Unico Hijo:

Hoy viene al mundo

 

422  En pobre cortijo,

¡Oh, gran regocijo,

que ya el hombre es Dios!

No hay que temer:

Muramos los dos.

 

423  Qué fuerte amorío;

Viene el inocente

A padecer frío;

Deja un señorío;

En fin, como Dios.

 

424  Pues ¿cómo Pascual,

Hizo esa franqueza,

Que toma un sayal

Dejando riqueza?

Mas quiere pobreza,

Sigámosle nos.

 

425  Pues ¿qué le darán

Por esta grandeza?

Grandes azotes

Con mucha crudeza.

 

426  Pues ¿cómo se atreven

Siendo Omnipotente?

El ha de ser muerto

De una mala gente.

 

427  Pues si es eso, Llorente,

Hurtémosle nos.

¿No ves que El lo quiere?

Muramos los dos (P 13).


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CRISTO JESUS, LA CIRCUNCISION

 

Vertiendo está sangre

Yo no se por qué.

¿Por qué, te pregunto,

Hacen de El justicia,

Pues que es inocente

Y no tiene malicia?

Tuvo gran codicia,

Yo no se por qué,

De mucho amarme...

 

428  Pues luego en naciendo

Le han de atormentar?

Sí, que está muriendo

Por quitar el mal;

¡Oh, qué gran zagal

Será!, por mi fe... (P 15).

 

429  Este Niño viene llorando;

Mira Gil, te está llamando.

Vino del cielo a la tierra

Para quitar nuestra guerra;

Ya comienza la pelea,

Su sangre está derramando.

 

430  Fue tan grande el amorío,

Que no es mucho estar llorando,

Que comienza a tener frío

Habiendo de estar mandando...

 

431  Caro nos ha de costar,

Pues comienza tan temprano

A su sangre derramar,

Habremos de estar llorando.

 

432  No viniera El a morir,

Pudiera estarse en su nido;

¿No ves, Gil, que si ha venido

Es como león bramando?

 

433  Dime, Pascual, ¿qué me quieres,

Que tantos gritos me das?

Que le ames, pues te quiere

Y por tí está tiritando... (P 16).

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CRISTO JESUS, EPIFANIA

 

Pues que la estrella

Es ya llegada,

Va con los Reyes

La mi manada.

Vamos todos juntos

A ver al Mesías,

Que vemos cumplidas

Ya las profecías;

Pues en nuestros días

Nos es ya llegada,

Va con los Reyes

La mi manada.

Llevémosle dones

De grande valor,

Pues vienen los Reyes

Con tan gran hervor.

Alégrese hoy

Nuestra gran zagala...

 

434  No cure Llorente

De buscar razón,

Para ver que es Dios

Aqueste garzón;

 

435  Dale el corazón.

(P 18).  

 

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CRISTO, VIDA PASION Y MUERTE

 

436  Me sucedió que, estando un día en el oratorio, vi una imagen que se había buscado para una fiesta que se hacía en casa, y la habían traído para guardarla allí. Era de  muy llagado, y tan devota, que cuando la miré, toda me turbé de verle tal, porque representaba muy bien lo que sufrió por nosotros (V 9, 1).

437  En especial me hallaba muy bien en la oración del Huerto (V 9, 4).

438  Porque pensar y reflexionar en lo que el Señor pasó por nosotros nos mueve a compasión y es sabrosa esta pena y las lágrimas que de aquí proceden (V 12, 1; CN 2).

439  Pues volviendo a lo que decía de pensar en  en la Columna, es bueno discurrir un rato y pensar en las penas que allí tuvo y en el amor con que las pasó. Mas que no se canse en andar a buscar esto, sino que esté allí con El, callado el entendimiento (V 13, 22; CN 3).

440  Y veo yo claro y he visto después, que para agradar a Dios y para que nos conceda grandes mercedes, quiere que sea por manos de esta Humanidad sacratísima, en quien dijo Su Majestad que se deleita (Mt 3, 17) (V 22, 6; CN 12).

441  Cuando en medio de nuestras ocupaciones y en las persecuciones y sufrimientos y sequedades no se puede tener tanto sosiego, es muy buen amigo , porque le miramos hombre, y le vemos con flaquezas y padecimientos, y nos hace compañía.

442  Si uno se acostumbra, con mucha facilidad se lo encuentra al lado; aunque llegarán momentos o temporadas, en que el alma ni gozará de contemplación ni podrá ponerse junto a . En estos casos vale lo que he dicho: no buscar consuelos espirituales, sino abrazarse con la cruz, venga lo que viniere. Es gran cosa. Desierto quedó el Señor de todos los consuelos; en los sufrimientos le dejaron solo (V 22, 10; CN 12).

443  Me dijo que cada día hiciese la oración sobre un misterio de la Pasión, y que le sacase jugo, y que sólo meditara en la Humanidad de  (V 23, 17).

444  Que siempre comenzase la oración meditando un misterio de la Pasión (V 24, 3).

445  Casi siempre se me representaba el Señor Resucitado, incluso cuando se me aparecía en la Hostia, menos algunas veces, cuando estaba en tribulación, que me mostraba las llagas para fortalecerme; algunas veces, pocas, en la cruz y en el huerto y la corona de espinas; y algunas veces en momentos de necesidades mías y de otras personas, también llevando la cruz, mas siempre con la carne glorificada (V 29, 4).

446  Cuando iba a la oración y miraba a  en la cruz, tan pobre y desnudo, no podía soportar ser rica y le rogaba con lágrimas que me hiciera pobre como El (V 53, 3).

447  Se me apareció como otras veces y me comenzó a enseñar la llaga de la mano izquierda, mientras con la otra sacaba un clavo grande que en ella tenía metido. Al sacar el clavo, sacaba también la carne. Se notaba que le producía un gran dolor, que me lastimaba mucho; y me dijo que no dudara de que quien había sufrido aquello por mí, mejor haría lo que le pidiera (V 39, 1).

448  ¡Oh, Señor mío, cuántas veces os hacemos pelear a brazo partido con el demonio! ¿No bastaba que os dejaseis llevar en sus brazos cuando os llevó al pináculo para enseñarnos a vencerle? Mas, ¡qué sería, hijas, ver aquel Sol al lado de las tinieblas, y qué miedo tendría aquel desventurado, sin saber por qué!, pues no permitió Dios que conociese el misterio, y cómo merecía por tal atrevimiento que creara Dios un infierno nuevo para él. Bendita sea tanta piedad y misericordia.

449  Qué vergüenza habíamos de tener los cristianos de hacer luchar a Jesús cada día, como he dicho, a brazo partido con tan sucia bestia. Fué muy necesario, Señor, que tuvieseis los brazos tan fuertes, mas ¿cómo no se os quedaron desfallecidos de tantos tormentos como sufristeis en la cruz? (C 16, 7).

450  Si estáis con sufrimientos o triste, miradle camino del huerto; ¡qué aflicción tan grande llevaba en su alma!; pues siendo la misma paciencia, la manifiesta y se queja de ella.

451  miradle cargado con la cruz, que ni siquiera respirar le dejaban. Y os mirará El con unos ojos tan hermosos y piadosos, llenos de lágrimas, y olvidará sus dolores para consolar los vuestros, solamente porque vais a consolaros con El y porque volvéis la cabeza para mirarle (C 26, 5).

452  Pues, si cuando iba por el mundo sólo con tocar sus vestidos curaba a los enfermos, ¿por qué hemos de dudar que hará milagros estando tan dentro de nosotros? (C 34, 8).

453  Me parece que tiene razón el buen Jesús al pedir esto para Sí, porque ya sabemos cuán cansado estaba de esta vida, cuando dijo en la última Cena a sus Apóstoles: "¡cuánto he deseado cenar con vosotros esta Pascua!" (Lc 22, 15), que era la última de su vida. De lo cual se deduce cuán cansado debía de estar ya de vivir, y hoy no se cansan los que tienen cien años, porque siempre tienen deseo de vivir más. En verdad, no pasamos la vida tan mal ni con tantos trabajos, como Su Majestad la pasó, ni tan pobremente. ¿Qué fue su vida más que una contínua muerte, teniendo siempre delante de los ojos la que le habían de dar tan cruel? (C 42, 1). 

454  Pensando en la sagrada Pasión, pensamos muchas más cosas de fatigas y tormentos que allí debía de padecer el Señor, de las que los evangelistas escriben (Mdt C 1, 8).

455  Me parece a mí que habla con tercera persona. Y es la misma, que da a entender que en  hay dos naturalezas, una divina y otra humana (Mdt C 1, 10).

456  Acordaos de cómo dejó el mundo a  nuestro Señor, y qué ensalzado lo había tenido el día de Ramos (Mdt C 2, 13).

457  Mirad que dice el buen Jesús en la oración del Huerto: "La carne es flaca", y acordaos de aquel tan admirable y lastimoso sudor. Pues si aquella carne divina y sin pecado, dice Su Majestad que es flaca, ¿cómo queremos que sea la nuestra tan fuerte, que no sienta la persecución que le puede venir y los trabajos? Nuestro buen Jesús muestra la flaqueza de su Humanidad antes de los sufrimientos y en el golfo de ellos tuvo gran fortaleza, que no sólo no se quejaba, sino que no hizo ni un gesto en el semblante que demostrara que padecía con flaqueza. Cuando iba al Huerto, dijo: "Triste está mi alma hasta la muerte"; y estando en la cruz, que era ya estar pasando la muerte, no se quejaba. Cuando en la oración del Huerto, fue a despertar a los Apóstoles. Pues con más razón se hubiera quejado a su Madre, cuando estaba al pie de la cruz, y no dormía, y padecía en su alma y estaba muriendo dura muerte. Pues siempre nos consuela más quejarnos a los que sabemos que sienten nuestros trabajos y nos aman (Mdt C 3, 8-9).

458  Y que vea y goce el fruto que sacó Jesu nuestro Señor de su Pasión, regando este árbol con su sangre con tan admirable amor (Mdt C 5, 7).

459  Pues si nunca le miramos ni consideramos lo que le debemos y la muerte que pasó por nosotros, no se cómo le podemos conocer ni hacer obras en su servicio. Porque la fe sin obras y sin estar entroncadas en los méritos de Jesu, bien nuestro, ¿qué valor puede tener ni quién nos despertará a amar a este Señor? (II M 1, 12).

460  El tormento que sufre y ha sufrido cierta alma que conozco, de ver ofender a nuestro Señor, tan insufrible que mucho más quisiera morir que sufrirlo, y pensando que si un alma con tan poquísima caridad comparada con la de  -que se puede decir ninguna en su comparación-, sentía este tormento tan insoportable, ¿cuál sería el sentimiento de nuestro Señor Jesu y qué vida debía de pasar, pues tenía todas las cosas presentes y estaba siempre viendo las grandes ofensas que se hacían a su Padre?

461  Sin duda yo creo que fueron unos dolores mucho mayores que los de su sacratísima Pasión; porque entonces ya veía el fin de estos dolores y con eso, y con el contento de ver nuestro remedio con su muerte y de demostrar el amor qu tenía a su Padre padeciendo tanto por El, se le atenuarían los dolores. Igual que les ocurre en esta vida a los que con las fuerzas del amor hacen grandes penitencias que casi no las sienten y aún quisieran hacer más y más y todo les parece poco. (V M 2,14).

462  Mirad lo que le costó a nuestro Esposo el amor que nos tuvo que, por librarnos de la muerte, la murió tan penosa como muerte de cruz V M 3, 12).

463  Le dijo el mismo Crucificado consolándola, que El le daba todos los dolores y trabajos que había sufrido en su Pasión, que los considerase propios para ofrecerlos al Padre (VI M 5, 6).

464  O comenzamos en la oración del Huerto, y no para el entendimiento hasta que está puesto en la cruz; o tomamos un misterio de la Pasión, por ejemplo el prendimiento, y vamos considerando en este misterio por menudo, las cosas que hay que pensar en él y que sentir; así en la traición de Judas con la huída de los Apóstoles y todo lo demás. Y es admirable y meritoria oración (VI M 7, 10).

465  Ni es posible que el alma que tanto ha recibido de Dios, olvide las muestras de amor tan preciosas, porque son vivas centellas para encenderla más en el que tiene a nuestro Señor, sino que no se entiende, porque entiende el alma estos misterios más plenamente, y es que se los representa el entendimiento y se graban en la memoria, de manera que sólo de ver al Señor caído con aquel espantoso sudor en el Huerto, le basta no sólo para una hora, sino para muchos días, mirando con una sencilla mirada quién es y cuán ingratos hemos sido a tan gran pena; luego acude la voluntad, aunque no sienta ternura, a desear servir en algo tan gran merced y a desear padecer algo por quien tanto padeció, y a otros afectos semejantes, en los que ocupa la memoria y el entendimiento (VI M 7, 11).

466  Pues créanme y no se ensimismen tanto, como ya he dicho en otra parte, que es larga la vida y hay en ella muchos trabajos y hemos menester mirar a nuestro dechado  cómo lo pasó, y aun a sus apóstoles y santos, para llevarlo con perfección (VI M 7, 13).

467  Cuando nuestro Señor quiere regalar más a esta alma le manifiesta claramente su sacratísima Humanidad de la manera que quiere, o como cuando vivió en el mundo, o después de Resucitado; y aunque es con tanta rapidez que lo podríamos comparar a la de un relámpago, queda tan esculpida en la imaginación esta imagen gloriosísima, que tengo por imposible olvidarla hasta que la vea donde sin fin la pueda gozar (VI M 9, 3).

468  Poned los ojos en el Crucificado, y se os hará todo poco. Si Su Majestad nos mostró el amor con tan espantables obras y tormentos, ¿cómo queréis contentarle con sólo palabras? (VII M 4, 9).

469  Que aunque no fuera más que ver a su Maestro tan aborrecido, era intolerable sufrimiento. Pues los muchos que después sufrió en la muerte del Señor, tengo para mí que, el no haber recibido martirio, fue por haberlo sufrido viendo morir al Señor (VII M 4, 15).

470  Mucho me sirve, mas gran cosa es seguirme desnudo de todo como yo me puse en la cruz (Cc 56ª).

471  El día de Ramos, acabando de comulgar, quedé con gran suspensión, de manera que aun no podía pasar la Forma y, teniéndola en la boca, verdaderamente me pareció cuando volví un poco en mí, que toda la boca se me había llenado de sangre; y me parecía que también el rostro y toda yo estaba cubierta de  ella, como si entonces acabara de derramarla el Señor. Me parece que estaba caliente, y era excesiva la suavidad que entonces sentía, y me dijo el Señor: "Hija, yo quiero que mi sangre te aproveche, y no tengas miedo de que te falte mi misericordia; Yo la derramé con muchos dolores, y tú la gozas con gran deleite, como ves; bien te pago el convite que me hacías este día" (Cc 12ª, 1).

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LA OBEDIENCIA  AL PADRE, CAUSA Y MODELO DE LA DEL CRISTIANO

 

472  Y ayúdele a llevar la cruz y piense que toda la vida vivió el en ella y no quiera aquí reino ni deje jamás la oración. Y decídase, aunque le dure toda la vida la sequedad, a no dejar a  caer en la cruz (V 11, 11).

473  Es importantísimo que comience el alma el camino de la oración despegándose de todo género de contentos, y entrar determinada sólo a ayudar a llevar la cruz a  (V 15, 11; CN 5).

474  Pues ahí podéis ver, hijas, lo que dio a quien más amaba, de donde se deduce cuál es su voluntad. Así que éstos son sus dones en este mundo. Da conforme al amor que nos tiene: a quienes ama más, da más de estos dones; a quienes ama menos, da menos, y de acuerdo con el ánimo que ve en cada uno y el amor que tiene a Su Majestad. Al que le ama mucho, ve que puede padecer mucho por El; al que le ama poco, ve que puede padecer poco. Tengo para mí que la medida de poder llevar gran cruz o pequeña es la del amor. Así que, hermanas, si tenéis amor, procurad que no sean palabras de cumplimiento las que decís a tan gran Señor, sino esforzaos a pasar lo que Su Majestad quiera. Porque si dais la voluntad de otra manera, es como si enseñarais la joya y la fuerais a dar y pidierais que os la reciban; y cuando extienden la mano para cogerla, volvierais vos a guardarla muy bien (C 32, 7).

475  ¿Sabéis qué es ser espiritual de veras? Hacerse esclavos de Dios, a quienes, señalados con su hierro, que es el de la cruz, porque ya ellos le han dado su libertad, los puedan vender como esclavos de todo el mundo como El lo fue, que no les hace ningún agravio ni pequeña merced (VII M 4, 9).

476  "Cree, hija, que a quien mi Padre más ama, da mayores trabajos, y éstos responde el amor. ¿En qué te lo puedo demostrar más, que queriendo para tí lo que quise para Mí? Mira estas llagas, que nunca llegarán aquí tus dolores: Este es el camino de la verdad" (Cc 26ª, 1).

477  De cosas corporales de enfermedades no se aflija mucho. Ya sabe que si ha de gozar del Crucificado, ha de pasar cruz; que esto no es menester que se lo pidan, que a los que Su Majestad ama, llévalos como a su Hijo (Cta 235, 11).

Me han causado gran lástima los trabajos que tiene. En fin, han de ir por la cruz, los que han de gozar del que en ella se puso (Cta 358, 5).

LA MEDIDA DE LA CRUZ ES LA DEL AMOR

 

478  "¡Oh, Jesús mío! Cuán grande es el amor que tenéis a los hijos de los hombres, que el mayor servicio que se os puede hacer, es dejaros a Vos por su amor y ganancia..., pues con tanta sangre vemos demostrado el amor tan grande que tenéis a los hijos de Adán (E 2).

479  ¡Cómo fue necesario todo el amor que tenéis a las criaturas para poder sufrir tanto desatino y esperar a que sanemos y procurarlo de mil maneras y medios! (E 12).

480  Pues, si es Dios, cómo es vendido

Y muere crucificado?

¿No ves que mató el pecado,

Padeciendo el inocente?  (P 19).

481  ¡Oh, Hijo del Padre Eterno, Jesu, Señor nuestro, Rey verdadero de todo! ¿Qué dejaste en el mundo, qué pudimos heredar de Vos vuestros descendientes? ¿Qué poseísteis, Señor mío, sino trabajos y dolores y deshonras, y aun no tuvisteis sino un madero en que pasar el trabajoso trago de la muerte? En fin, Dios mío, que los que quisiéramos ser vuestros hijos vedaderos y no renunciar a la herencia, no nos conviene huir del padecer. Vuestras armas son cinco llagas. ¡Ea pues, hijas mías!, ésta ha de ser nuestra divisa, si hemos de heredar su reino; no con descansos, no con regalos, no con honras, no con riquezas se ha de ganar lo que El compró con su sangre (F 10, 11).

482  Y con esta luz Dª Catalina Godínez puso los ojos en el Señor, que estaba en la cruz derramando sangre y pensó cuán maltratado estaba, y cuán diferente camino llevaba ella llena de soberbia (F 22, 6).

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RESURRECCION Y ASCENSION

 

483  La visión no es de un hombre muerto, sino de Cristo vivo, que manifiesta que es Hombre y Dios; no como estaba en el sepulcro, sino como salió de él después de resucitado (V 28, 8).

484  Y pensando en la gloria que esperamos y en el amor que el Señor nos tuvo y en su Resurrección se va llenando el alma de gozo (V 12, 1; CN 2).

485  ¿Quién nos impide que permanezcamos con el Señor Resucitado, ya que lo tenemos tan cerca en el Sacramento donde está glorificado¬? (V 22, 6; cn 12).

486  Un día de san Pablo, estando en misa, se me representó la sacratísima Humanidad Resucitada, con tanta hermosura y majestad como ya se la describí a usted cuando tan insistentemente me lo mandó, y me costó muchísimo, pues no se puede decir sin que uno quede deshecho; a pesar de todo, ya se lo dije lo mejor que supe, y no es necesario repetirlo (V 28, 3).

487  Vi a Cristo con gran majestad y gloria, manifestando gran contento de lo que allí estaba ocurriendo; y así me lo dijo,y quiso viera con claridad que en semejantes pláticas siempre está El presente, y lo mucho que le glorifica cuando así se deleitan hablando de El (V 34, 17).

488  Si estáis alegre, miradle resucitado; que sólo imaginar cómo salió del sepulcro os alegrará. Con qué claridad y con qué hermosura salió!; ¡con qué majestad, qué victorioso, qué alegre! Como el que venció en la batalla en la que ganó un Reino tan grande que todo lo quiere para vos, junto con él. Pues ¿es mucho pediros que volváis una vez los ojos para mirar a quien tanto os da? (C 26, 4).

489  Se le manifestó el Señor acabando de comulgar, en figura de gran esplendor y hermosura y majestad, como después de Resucitado (VII M 2, 1).

490  En san José de Avila un día, oyendo la misa al padre Francisco de Salcedo vi al Señor glorificado en la Hostia. Me dijo que le era aceptable su sacrificio (Cc 14ª, 4).

 


DIOS  , EXISTENCIA DE

 

491  Lo que hay que procurar, según ellos, es ver a Dios inmenso que está en todas partes y verse engolfado en El (V 22, 1; CN 12).

492  El Señor me enseñó esta verdad, que tuviera la certeza de que nada de lo que tenía era mío, sino de Dios, y así como no me apenaba de oir alabar a otras personas, sino que me alegraba y me consolaba mucho de ver que allí se manifestaba Dios, tampoco podía sentir pena de que manifestara en mí sus obras (V 31, 14).

493  Aprender a mirar al Señor en lo muy interior de su alma, es una mirada muy unitiva y mucho más provechosa que mirarle fuera de sí mismo; esto se lee en algunos libros de oración que enseñan dónde hay que buscar a Dios. Sobre todo lo dice San Agustín que ni en las plazas, ni en los deleites, ni en ninguna parte que lo buscaba, lo encontraba como dentro de sí. Y esto es mucho mejor, pues no es necesario subir al cielo, ni ir más lejos que a nuestro interior, porque buscarlo fuera cansa el espíritu y distrae el alma y no produce tanto fruto (V 40, 6).

494  Para buscar a Dios en lo interior (donde se encuentra mejor y con más provecho que en las criaturas, como dice san Agustín, que lo halló después de haberlo buscado en muchas partes), es gran ayuda cuando Dios hace esta merced. Y no creáis que este recogimiento es fruto del entendimiento activo, que se esfuerza en pensar que Dios está dentro de sí, ni de la imaginación, que lo representa dentro de sí. Bueno es esto y excelente manera de meditación, porque se funda sobre la verdad de que Dios está dentro de nosotros mismos; mas no es esto, que cada uno lo puede hacer -con el favor de Dios, ya se entiende-; mas lo que digo es de diferente manera, y que algunas veces, antes de que comience a pensar en Dios, ya esta gente está en el castillo, que no se por dónde ni cómo oyó el silbo de su Pastor, que no fue por los oídos, pues no se oye nada, mas siéntese notablemente un recogimiento suave en lo interior, como verá quien lo experimenta, que yo no lo se explicar mejor. Paréceme que he leído que sucede como a un erizo o tortuga cuando se retiran hacia sí; y debíalo de entender quien lo escribió. Con la diferencia de que los erizos y tortugas entran en sí cuando quieren; pero la oración de recogimiento no está en nuestro querer, sino llega cuando Dios nos quiere hacer esta merced (IV M 3, 3).

495  Mas entiendo que quedan unas verdades en esta alma tan fijas de la grandeza de Dios, que aunque no tuviera fe que le dice quién es y que está obligada a creerle por Dios, le adorara desde aquel punto por tal, como hizo Jacob cuando vio la escala (Gn 28, 12), que con ella debía de entender otros secretos, que no los supo decir; que sólo por ver una escala por la que bajaban y subían ángeles, de no haber recibido más luz interior, no hubiera entendido tan grandes misterios. Ni tampoco Moisés supo decir todo lo que vio en la zarza, sino lo que quiso Dios que dijese (Ex 3, 12); mas si no hubiera revelado Dios a su alma secretos con certidumbre para que viese y creyese que era Dios no se hubiera expuesto a tantos y tan grandes trabajos; mas debió de entender tan grandes cosas dentro de los espinos de aquella zarza, que le dieron ánimo para hacer lo que hizo por el pueblo de Israel (IV M 4, 6-7).

 

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DESOBEDIENCIA

 

496  Me parece que si no hay obediencia, no son monjas (C 18, 7).

497  Bueno es hacer penitencia, pero si la priora ha mandado que no la hagan sin permiso y el demonio les hace creer que siendo una cosa tan buena por qué no ha de desobedecer y a escondidas se da tal vida que llega a perder la salud y a no cumplir lo que dispone la regla, ya veis cómo terminó ese bien (I M 2, 16).

498  Si la que es neurasténica desobedeciera al prelado, que lo pague como la sana y ninguna cosa se le perdone (F 7, 6).

499  Si no obedeciera a lo que el confesor le dice y no se deja guiar por él, o tiene mal espíritu o terrible neurastenia (F 8, 5).

500  Gravísima culpa es si alguna es desobediente, o por manifiesta rebeldía no obedece al mandamiento del prelado o superior que a ella en particular, o a todas en general hubiere sido mandado (Const 15, 5).

501  Y crea vuestra señoría que si yo los viera desobedientes, no los vería ni escucharía; mas no puedo yo ser tan hija de vuestra señoría como ellos se demuestran (Cta 81, 10, al P. Juan Bautista Rubeo).

502  Hoy me escribió el señor don Teutonio, que está en Madrid, que no iba ya el Nuncio. Si esto es así, si no está en Alcalá con la disculpa de que vuestra reverencia está enfermo, de ninguna manera se sufre que parezca que no le obedece (Cta 184, 1, al P. Ambrosio Mariano de san Benito).

503  Teme usted que habrá otras como Ana de Jesús. Por cierto, más las querría yo ver peor que ella estuvo, que no desobedientes; porque para ver que alguna ofende a Dios no tengo paciencia, y para todo lo demás veo que me da el Señor mucha (Cta 197, 3, a Gaspar de Villanueva, en Malagón).

504  ¡Oh, padre mío, qué trabajo es ver tantos cambios en las de esta casa! ¡Y cuántas cosas les parecían insufribles antes, de las que ahora adoran! Tienen la perfección de la obediencia con mucho amor propio, y así las castiga Dios allí donde ellas faltan (Cta 227, 6, al Lic Gaspar de Villanueva, Malagón).

505  Mas allá se dan tan buena maña a no obedecer, que no me ha dado poca pena esto último, por lo mal que ha de parecer en toda la Orden y aun por la costumbre que puede quedar de tener libertad las prioras, que tampoco faltarán disculpas (Cta 424, 3, a la M Ana de Jesús en Granada).

506  Y si ha de ir -como ahora- para sentar precedentes en la Orden de poca obediencia, harto mejor sería que no le hubiese; porque no está nuestra ganancia en ser muchos los monasterios, sino en ser santas las que estuvieren en ellos (Cta 424, 6).

507  Volver las de Beas es tan acertado que si no es por el miedo que tengo de ayudar a hacer ofensas de Dios con desobediencia, enviaría a vuestra reverencia un gran precepto; porque para todo lo que toca a las descalzas hago las veces de nuestro padre provincial (Cta 424, 10).


DETRACION

 

508  Era muy sincero, jamás nadie le vio jurar ni murmurar (a su padre) (V 1, 2)

509  No hablaba mal de nadie por poco que fuese, sino evitaba siempre toda murmuración, pues tenía muy presente que no había de querer ni decir de otra persona lo que no quería que dijesen de mí. Tomaba esto con mucho empeño para las ocasiones que había...y así, a las que vivían conmigo y me trataban persuadía tanto a esto, que se quedaron con esta costumbre. Se llegó a divulgar que donde yo estaba tenían seguras las espaldas, y así procedían mis amigas y parientes y esto les enseñaba (V 6, 3).

510  El no tenerme por tan ruín se debía a que me veían tan moza y en tantos peligros y a que buscaba ratos de soledad para rezar y leer; a que hablaba mucho de Dios...; y que no hablaba mal de nadie (V 7, 2).

511  Andan ya las cosas del servicio de Dios tan flacas, que es menester hacerse espaldas unos a otros los que viven el evangelio para seguir adelante, según se tiene por bueno andar en las vanidades y contentos del mundo. Para los que caminan según el mundo hay pocos ojos; pero si uno comienza a darse a Dios hay tantos que murmuren, que es menester buscar compañía para defenderse (V 7, 22).

512  Con todo sabéis Vos, mi Señor, que clamaba muchas veces ante Vos disculpando a las personas que murmuraban de mí porque me parecía que les sobraba razón para ello (V 19, 7; CN 9).

513   Comenzó la murmuración y persecución de golpe y, a mi parecer, con mucha razón;...Decían que me las daba de santa y que inventaba novedades, cuando estaba muy lejos de cumplir mi regla y de aventajar a las buenas y santas monjas que estaba en aquel monasterio..., cuando era yo la que quitaba lo bueno y ponía costumbres que no lo eran;... Así que sin culpa suya me condenaban. Y no eran sólo las monjas, sino otras personas; me descubrían verdades, porque Vos lo permitíais (V 19, 8; CN 9).

514  Fue tan fuerte la tentación y la murmuración, que quería salir de esta ciudad e ingresar en otro monasterio de clausura más estricta que en el que vivía, de cuya austeridad había oído hablar. Pertenecía a mi Orden y estaba muy lejos, que eso es lo que a mí me hubiera gustado, estar donde no me conocieran, pero nunca mi confesor me lo permitió (V 31, 13).

515  Ya se puede preparar bien un alma que así permite Dios que sea el centro de los ojos del mundo, porque si ella no quiere morir al mundo, el mismo mundo la matará. Lo único bueno que en verdad me parece bien del mundo es que no tolera faltas en los buenos y que los perfecciona a fuerza de murmuraciones (V 31, 17).

516  No murmuraba ni hablaba mal de nadie y creo que no podía querer mal a nadie (V 32, 7).

517  Apenas se supo en la ciudad, cayó sobre nosotras una gran persecución que sería largo de contar; comentarios, risas, el decir que era disparate; a mí me decían que ya estaba bien en mi monasterio; a mi amiga le hacían tanta persecución que la tenían deshecha. Yo no sabía qué hacer; en parte me parecía que tenían razón.

518  Estando así de abatida encomendándome a Dios, comenzó Su Majestad a consolarme y animarme. Me dijo que ahora me daría cuenta de lo que habían sufrido los santos fundadores y que todavía me esperaba sufrir más de lo que yo podía imaginar; pero que no nos preocupáramos de nada...Casi nadie se puso de nuestra parte en toda la ciudad, incluso personas de oración estaban en contra, pues les parecía grandísima locura. Fueron tantos los comentarios y el alboroto de mi monasterio, que el provincial no se atrevió a mantenerse frente a todos (V 32, 14-15).

519  Como todo se vino abajo, se confirmó la opinión de la gente de que todo era ilusión de mujeres y creció la murmuración contra mí a pesar de había obrado hasta entonces por mandato de mi provincial (V 33, 1).

520  Ahora ya, gloria a Dios, aunque murmuran mucho de mí y con buena intención, y tienen miedo de hablar conmigo y de confesarme, y otros me dicen otras cosas, como se que por este medio el Señor ha curado muchas almas... y pienso lo mucho que sufrió el Señor por una sola, muy poco me importa todo (V 40, 21).

521  Y si tienen humildad verdadera, dichosa esta sierva de vida activa que no murmurará de nadie, sino de sí. Mejor quisiera yo ser ella, que muchas contemplativas (C 18, 5).

522  Coged hijas, aquella cruz; no os importe que os atropellen los judíos, para que él no camine con tanto trabajo; no hagáis caso de lo que os digan; haceos sordas a las murmuraciones (C 26, 7).

523  Y si se le dice a un murmurador que es voluntad de Dios que quiera para su prójimo lo mismo que para sí, no tiene paciencia para soportarlo; ni habrá razones suficientes que se lo hagan entender (C 33, 1).

524  Hay que obrar con suma prudencia para que no nos engañe el demonio, y no comentarlo unas con otras, para que el demonio no saque gran ganancia comenzando costumbre de murmuración (I M 2, 18).

525  Como entendió una que estaba en esta aflicción, de parte de nuestro Señor: "No tengas pena, que ellos o han de alabarme a mí o murmurar de tí; y en cualquier cosa de éstas ganas tú" (VI M 4, 17).

526  Y luego las persecuciones y murmuraciones, y aunque ella quiera estar sin miedos no la dejan, porque son muchas las personas que se los infunden, sobre todo los confesores...,teme que la engañe el demonio hasta llegar a ofender a quien tanto ama, que de las murmuraciones tiene poca pena, si no es cuando el confesor la aprieta, como si ella pudiese impedir las gracias que recibe (VI M 6, 1).

527  ¡Oh, qué buena locura, hermanas, si nos la diese Dios a todas, y qué merced os ha hecho de traeros a un lugar donde aunque el Señor os haga esto y lo manifestéis, más bien os ayudarán que os murmurarán, lo que no ocurriría si estuvierais en el mundo, donde se usa tan poco este pregón, que no es mucho que lo murmuren (VI M 6, 11).

528  Y en todo defiende a estas almas y responde por ellas en las persecuciones y en las murmuraciones, como hizo por la Magdalena (Lc 7, 44), aunque no sea por palabras, por obras, y en fin, antes de que se mueran se lo paga todo junto (VI M 11, 12).

529  Pensáis que le sería poca mortificación a una señora como ella irse por esas calles, y por ventura sola, porque el fervor le impedía fijarse en cómo iba y entrar donde nunca había entrado y después sufrir la murmuración del fariseo y otras muchas que debía de sufrir? (VII M 4, 15).

530  En cosas que murmuraran de mí, que son hartas y en mi perjuicio, también me siento muy mejorada; casi me hace la impresión que le haría a un bobo. Me parece casi siempre que tienen razón (Cc 18, 5).

531  Cuando se supo en la ciudad, hubo mucha murmuración: unos decía que yo estaba loca; otros esperaban el fin de aquel desatino (F 3,3).

532  A esto se juntaron todas las dificultades que podían poner los que lo habían murmurado mucho, y entendí claro que tenían razón (F 3, 11).

533  Mas habían ido con tantas murmuraciones al gobernador, que me dio la licencia con la condición de que fundase como en otras partes (F 15, 15).

534  Además me dijeron a la vez otros dos falsos testimonios muy graves que me levantaban. Yo os digo, para que veáis la misericordia del Señor y cómo no desampara a quien desea servirle, que no sólo no me dio pena, sino un gozo tan accidental que no cabía en mí, de manera que no me espanto de lo que hacía el rey David, cuando iba delante del arca del Señor; porque no quisiera yo entonces hacer otra cosa según el gozo que sentía, que no sabía cómo disimularlo. No se la causa, porque en otras grandes murmuraciones y contradicciones en que me he visto, no me ha acaecido tal; y al menos una cosa de éstas que dijeron de mí, era gravísima (F 27, 20).

535  Algunas veces me daban contento las grandes contradicciones y murmuraciones que en este ir a fundar ha habido, con buena intención unos, otros por otros fines. Mas no recuerdo haber sentido tan gran alegría por ningún trabajo como la que por esto sentí. Confieso que en otro tiempo, cualquier cosa de las tres que me vinieron juntas, hubiera sido harto trabajo para mí (F 27, 21).

536  De aquí de Pastrana comenzó a procurar la santa Cardona con qué hacer su monasterio y para eso volvió a la Corte, de donde con tanta gana había salido, donde no le faltaron hartas murmuraciones y trabajos (F 28, 32).

537  Todas aquellas cosas que la madre hubiera castigado o definido en capítulo, ninguna hermana las cambie de él con murmuración, porque esto origina discordias y se pierde la paz en el convento y se constituyen bandos y usurpan el oficio de los mayores (Const 10, 9).

538  El día que en algún monasterio tenga amistad particular, aunque sea como la de san Jerónimo con santa Paula, no se librará de murmuraciones, como ellos no se libraron; y no sólo hará daño en aquella casa, sino en todas, que en seguida lo hace saber el demonio para ganar algo (Vta D 45).

539  En todas las pláticas y conversaciones siempre mezcle algunas cosas espirituales, y con esto se evitarán palabras ociosas y murmuraciones (Av 14).

540  Jamás de nadie digas mal, sino de tí misma, y cuando te goces en esto, vas aprovechando mucho (Av 22).

541  De esas murmuraciones de frailes ninguna pena tengo, que ocurrirá como en las otras calumnias que le han levantado (Cta 170, 3, al P. Ambrosio Mariano de san Benito, en Madrid).

542  Ya se acordará de lo que murmuran estos viajes míos (Cta 280, 7, al P. Jerónimo Gracián).

543  Me parece cordura huir como de una fiera de la lengua de una mujer apasionada (Cta 184, 10, a D. Sancho Dávila).

544  Surgen muchos inconvenientes de juntarse muchos, tanto para el silencio como por el desconcierto de la comunidad e incluso algunas veces puede haber murmuración (Cta 385, 12, al P. Gracián).

545  Me he alegrado mucho de que les vaya tan bien en todo, en especial de que haya habido alguna ocasión sin haber dado motivo de que las murmuren, que es muy linda cosa, porque han tenido pocas en qué merecer en esa fundación (Cta 403, 3, a la M Priora y hermanas de Soria).

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DEMONIOS

 

546  Si es espíritu de demonio creo que el alma que tenga experiencia lo entenderá; porque deja inquietud y poca humildad y poca disposición para recibir los efectos que produce el espíritu de Dios. No deja luz en el entendimiento, ni firmeza en la verdad (V 15, 10; CN 5).

547  Me dijo que, según el parecer de los dos, me movía el espíritu del demonio (V 23, 14).

548  ¡Cuántas dificultades pone el demonio y cuántos temores a quien quiere seguir a Dios más de cerca! (V 23, 15).

549  Tengo por cierto que Dios no permitirá que el demonio engañe al alma que no se fia de sí misma y que está tan firme en la fe, que puede afirmar que por un punto de ella moriría mil muertes (V 25, 12).

550  Cuando es demonio parece que se esconden todos los bienes y huyen del alma, según queda de desabrida y alborotada y sin ningún efecto bueno; porque aunque parece que pone buenos deseos, no son fuertes; la humildad que deja es falsa, alborotada y sin suavidad (V 25, 14).

551  Pues si este Señor es poderoso, como veo que lo es y se que lo es, y los demonios son sus esclavos (y esto no se puede dudar, pues es de fe), si yo soy esclava de este Señor y Rey, ¿qué mal me pueden hacer ellos a mí? ¿Por qué yo no he de tener fortaleza para combatir con todo el infierno? (V 25, 19).

552  No entiendo estos miedos: "¡demonio! ¡demonio!, donde podemos decir: "¡Dios! ¡Dios!" y hacerle temblar. Sí, que ya sabemos que el demonio no se puede menear si el Señor no lo permite. ¿Qué es esto? Es sin duda, que tengo yo más miedo a los que tan grande le tienen al demonio, que a él mismo; porque él no puede hacer nada y los otros, sobre todo los confesores, inquietan mucho (V 25, 22).

553  Tengo por una de las grandes mercedes que me ha hecho el Señor este ánimo que me dio contra los demonios (V 26, 1).

554  Porque como antes era tan ruín, yo decía que no podía creer que el demonio, para engañarme y llevarme al infierno, me quitase los vicios y me pusiese virtudes y fortaleza (V 28, 13).

555  Les parecía tan cierto a algunas personas que yo tenía demonio, que me querían exorcizar (V 29, 4).

556  Quiero narrar, ya que he dicho algunas tentaciones y turbaciones interiores y secretas que el demonio me causaba,  otras intervenciones suyas, que eran casi públicas y que claramente se veía que las hacía él.

557  Estaba una vez en un oratorio y se me apareció hacia el lado izquierdo, en figura abominable; concretamente le miré la boca, porque me habló, y la tenía espantosa: parecía que le salía una gran llama del cuerpo, toda clara, sin sombra. Me dijo espantosamente que bien me había librado de sus manos, pero él me volvería a coger. Yo tuve mucho miedo y me santigüé como pude y desapareció, y luego volvió otra vez. Dos veces me acaeció esto. Yo no sabía qué hacer; tenía allí agua bendita y la eché hacia aquel lugar y no volvió más.

558  Otra vez estuvo cinco horas atormentándome con tan terribles dolores y desasosiego interior y exterior, que ya no podía sufrir más. Las personas que estaban conmigo estaban espantadas y no sabían qué hacer, y yo no podía dominarme.

559  Cuando los dolores y sufrimientos corporales son muy intolerables, suelo orar interiormente como puedo, suplicando al Señor que si aquel martirio le glorifica, me de Su Majestad paciencia para que pueda soportarlo, si es necesario, hasta el fin del mundo. Como esta vez el sufrimiento era tan cruel, lo soportaba con oración y con esta determinación. Quiso el Señor que me diese cuenta de que era el demonio, porque ví junto a mí un negrillo muy abominable, regañando como desesperado, porque donde pretendía ganar era vencido. Cuando yo lo ví me reí; y no le tuve miedo, porque estaban conmigo algunas personas que no podían soportar aquel espectáculo, ni sabían qué remedio podían poner a tanto tormento, pues me hacía dar grandes golpes con el cuerpo, cabeza y brazos, sin que yo lo pudiese resistir, y lo peor era el desasosiego interior, pues de ningún modo podía tener sosiego. No me atrevía a pedir agua bendita para no asustarlas y para que no sospechasen lo que estaba ocurriendo.

560  Pues, como no cesaba el tormento, dije: Si no lo tomasen a risa, pediría agua bendita. Me la trajeron y me rociaron con ella, y seguía igual el tormento; la eché hacia donde estaba el demonio, y al instante se fue y se me quitó todo el mal, como si me lo quitaran con la mano, aunque quedé cansada igual que si me hubieran dado una paliza. Pensé, y me aprovechó mucho, que si cuando el Señor le da licencia hace tanto mal a un alma y a un cuerpo que no son esclavos suyos, ¿qué hará cuando los posea? Y me entraron ganas nuevas de verme libre de tan ruín compañía (V 31, 1-5).

561  Hace poco tiempo me acaeció lo mismo, aunque no duró tanto, y yo estaba sola, pedí agua bendita, y las que entraron cuando ya se habían ido los demonios (que eran dos monjas muy de fiar, incapaces de mentir), olieron un olor muy malo, como de piedra azufre; yo no lo olí; duró tanto el olor que pudo ser bien percibido (V 31, 6).

562  Otra vez estaba en el coro y me dio un gran ímpetu de recogimiento; me fuí de allí para que no lo notaran, aunque todas oyeron dar grandes golpes cerca de donde yo estaba, y yo junto a mí oí hablar palabras fuertes como si tramaran algo, aunque no entendí qué; mas yo estaba tan absorta en oración, que no entendí nada ni tuve ningún miedo. Esto ocurría casi siempre que el Señor me concedía la merced de que por mi persuasión se aprovechara algún alma (V 31, 6).

563  Yo supliqué a Su Majestad que se le suavizasen aquellos tormentos y tentaciones y que aquellos demonios me atormentaran a mí, con tal de que yo no ofendiera en nada al Señor, y entonces me ocurrieron las dos cosas que he referido (V 31, 7).

564  Una noche creí que me ahogaban; y cuando echaron agua bendita, vi cómo gran multitud de demonios se despeñaban (V 31, 9).

565  Son tantas las veces que estos malditos me atormentan y es tan poco el miedo que yo les tengo, viendo que no se pueden mover si el Señor no les da licencia, que le cansaría a V. y me cansaría yo si las refiriera todas.

566  Sirva lo escrito para que el verdadero siervo de Dios no de importancia a los espantajos que los demonios ponen para meter miedo; tengan entendido que cada vez que los despreciamos pierden fuerza, y el alma queda mucho más señora (V 31, 9-10).

567  Siempre queda algún gran provecho de haber vencido la tentación, que no lo digo por no alargarme; sólo digo lo que me acaeció una noche de las ánimas: estando en mi oratorio rezando, terminando un nocturno, al decir unas oraciones muy devotas de nuestro breviario, se puso el demonio encima del libro para que no terminara la oración. Yo me santigüé y él se fue. Comencé otra vez el rezo y volvió. Creo que comencé tres veces y, hasta que no eché agua bendita, no pude terminar. Vi que en aquel instante salieron algunas almas del purgatorio, que les debía de faltar poca purificación, y pensé que quizá quería impedirlo (V 31, 10).

568  Pocas veces lo he visto en figura visible y muchas sin ella, como en aquella visión de que hablé ya, que se ve intelectualmente con claridad que está allí (V 31, 10).

569  Quiero decir también algo que me impresionó mucho: estando un día de la Santísima Trinidad en el coro de un monasterio, caí en éxtasis y ví una gran batalla de demonios contra ángeles (V 31, 11).

570  Otras veces veía gran multitud de demonios a mi alrededor y me parecía que toda mi persona estaba rodeada de una gran luz que les impedía acercarse a mí (V 31, 11).

571  Tengo ya tan entendido lo poco que pueden los demonios si estoy unida a Dios, que casi no les tengo ningún miedo; porque sólo tienen fuerzas con las almas rendidas a ellos y cobardes; aquí demuestran ellos su poderío (V 31, 11).

572  Algunas veces en las tentaciones que ya dije, me parecía que todas las vanidades y flaquezas de tiempos pasados volvían a despertarse en mí, y tenía que encomendarme mucho a Dios. Como me venían aquellos pensamientos, seguía después el tormento de creer que todo debía de ser obra del demonio, hasta que me sosegaba el confesor (V 31, 11).

573  Me armó el demonio una batalla interior que ahora voy a contar: me vino la duda de si había obrado bien y de si había ido contra la obediencia...

574  También me sugería el demonio que cómo con tantas enfermedades me quería encerrar en casa tan estrecha. Mas no dejó el Señor padecer mucho a esta pobre sierva; porque en las tribulaciones siempre me socorrió, y así fue en ésta, que me dio un poco de luz para ver que era demonio, y para que pudiera comprender la verdad, y que todo era trama suya para asustarme con mentiras (V 36, 7-9).

575  Al acercarme una vez a comulgar, vi con los ojos del alma más claro que con los del cuerpo, dos demonios de forma muy abominable. Con los cuernos rodeaban la garganta del pobre sacerdote y vi a mi Señor con majestad en aquellas manos pecadoras que me daban la Forma; y entendí que aquella alma estaba en pecado mortal.

576  ¿Qué sería, Señor mío, ver vuestra hermosura entre figuras tan abominables? Estaban ellos como amedrentados en vuestra presencia, que de buena gana parece que hubieran huído, si Vos los dejarais ir (V 38, 23).

577  Cuando amortajaban aquel cuerpo, ví que muchos demonios lo cogían y como que jugaban con él, y lo arrastraban con garfios. Quedé aterrada.

578  Cuando lo llevaban a enterrar con las ceremonios y honras que a todos, pensaba yo en la bondad de Dios que encubría su enemistad con aquella alma, porque no quería su difamación.

579  Estaba yo medio boba de lo que había visto: Al meter aquel cuerpo en la sepultura, era tal la multitud de demonios que estaban dentro para cogerlo, que yo estaba fuera de mí de verlo, y no se necesitaba poco ánimo para disimularlo. Consideraba lo que harían con el alma, cuando así se enseñoreaban del triste cuerpo (V 38, 24-25).

580  Un día en la oración vi a mi lado un demonio que rompía unos papeles que tenía en la mano, con mucho enojo (V 39, 4).

581  Que observara cómo iba creciendo su amor en mí, y en esto conocería que no era demonio: que no pensara que Dios permite que el demonio pueda intervenir tanto en las almas de sus siervos, ni que pueda dar la luz del entendimiento y la paz que tú gozas (V 39, 4).

582  Pienso ofrecer remedios para algunas tentaciones menudas del demonio que, por ser pequeñas, no se tienen en cuenta (C Prl, 2).

583  Son muchas las sutilezas que emplea el demonio con las personas que viven en clausura, con las que utiliza armas nuevas para poderlas engañar (C Prl 3).

584  Es muy grande el daño que el demonio puede hacer, y tarda mucho en ser conocido (C 4, 16).

585  Y así, cuando el demonio pueda tentar al confesor, seduciéndole con alguna falsa doctrina, sabiendo que las monjas tratan con otros, irá con cuidado y mirará mejor todo lo que hace (C 5, 5).

586  Me da la impresión de que al verdadero humilde no osará el demonio tentarle, ni siquiera con primer movimiento, en querer sobresalir; porque, como es tan sagaz, teme el golpe que recibirá.

587  Si uno es humilde, es imposible que si el demonio le tienta en ese punto, no gane más fortaleza en la virtud y en mayor aprovechamiento (C 12, 6).

588  Si queréis vengaros del demonio y veros más pronto libres de la tentación, en cuanto os acometa, pedid a la priora que os mande hacer algún servicio humilde, o hacedlo vosotras como podáis, e id pensando cómo doblegaréis vuestra voluntad en cosas que la contraríen (C 12, 7).

589  Otra razón por la que tiene tanta importancia comenzar el camino de la oración con firme propósito, es porque así el demonio no tiene tanta mano para tentar; tiene gran miedo a almas resueltas, pues tiene experiencia de que le hacen mucho daño y de que, lo que él urde para dañarlas, redunda en provecho del alma y de los hermanos y de que él sale perdiendo.

590  Aunque nosotras no nos hemos de descuidar confiándonos en esto porque tratamos con gente traidora, y porque los demonios no osan acometer tanto a los que están prevenidos, pues son muy cobardes; mas si ven algún descuido, harán gran daño. Y si conoce que alguien es inconstante y que no está firme en el bien, y que no tiene gran determinación de perseverar, no lo dejará ni a sol ni a sombra; le infundirá miedos e inconvenientes interminables. Yo lo se muy bien por experiencia, y afirmo que nadie sabe lo mucho que importa tener una firme decisión (C 23, 4).

591  En lo que el demonio puede hacer gran daño sin que nos demos cuenta, es en hacernos creer que tenemos virtudes sin tenerlas, porque esto es pestilencia (C 38, 5).

592  Pues ¿qué será de los que tienen paz viviendo con mucha relajación su Regla? Esta paz la debe de dar el demonio, de muchas maneras, y Dios lo permite por nuestros pecados (Mdt C 2, 6).

593  Alabadle, hijas, mucho porque os trajo a un monasterio donde, por mucho que haga el demonio, no puede engañar tanto como a los que viven en sus casas (Mdt C 2, 30).

594  ¡Oh, válgame Dios, hijas, cuántas almas habrá ganado el demonio por esta razón! Que todo esto les parece humildad y otras muchas cosas que pudiera decir y en realidad procede de no conocernos profundamente. El demonio desvía el concepto del propio conocimiento, y si nunca salimos de nosotros mismos, no me espanto de que esto y más se pueda temer (I M 2, 11).

595  Mirad que en pocas moradas de este castillo dejan de combatir los demonios. Es verdad que en algunas moradas las potencias tienen fuerzas para pelear; pero es muy necesario que no nos descuidemos para conocer los ardides del demonio, a fin de que no nos engañe, transformado en ángel de luz; que hay una multitud de cosas en que nos puede hacer daño, entrando poco a poco y sólo lo vemos cuando el daño está hecho. Ya os dije otra vez que el demonio es como una lima sorda, que es necesario desenmascararlo desde el principio (I M 2, 15).

596  Podría el demonio engañar mezclando sus ardides con los gustos que da Dios si no hubiese tentaciones, y entonces hace mucho más daño que cuando las hay (IV M 1, 3).

597  Y si el demonio quiere falsificar estas mercedes, se conocerá en que no producirán estos efectos, sino todo al revés (IV M 3, 11).

598  Osaré afirmar que si verdaderamente es unión con Dios, no puede entrar el demonio ni hacer ningún daño; porque está Su Majestad tan cerca y tan unido con la substancia del alma, que no osará llegar, ni siquiera debe de conocer este secreto. Y está claro; pues si dicen que los demonios no conocen nuestro pensamiento, menos conocerán cosa tan secreta, que ni a nuestro pensamiento la confía Dios. ¡Oh gran bien, estado donde este maldito no nos hace mal! (V M 1, 5).

599  Otros trabajos exteriores que causan los demonios no son tan frecuentes y así no hay razón para hablar de ellos, ni son tan penosos con mucho; porque por mucho que hagan no llegan a incapacitar tanto las potencias ni a turbar el alma de esta manera; que, en fin, queda inteligencia suficiente para pensar que no pueden hacer más de lo que el Señor les permita, y cuando se pierde la razón, todo es poco en comparación de los sufrimientos que quedan dichos (VI M 1, 14).

600  Yo os digo, hijas, que huir en la oración de la Humanidad sacratísima, lo tengo por camino peligroso, y que el demonio podría hacer perder la devoción al sacratísimo sacramento (VI M 7, 15).

601  Aquí no teme que el demonio pueda falsificar esta merced tan subida, que se ha hecho estable y tiene seguridad de que es de Dios; porque como ya he dicho, no tienen que ver aquí los sentidos ni las potencias, pues se descubrió Su Majestad al alma y la metió consigo, donde, a mi parecer, no osará entrar el demonio ni le dejará el Señor VII M 3, 19).

602  No puedo yo creer que el demonio haya buscado tantos medios para ganar mi alma para después perderla, pues no le tengo por tan necio (Cc 1, 34).

603  Comencé a tener envidia de los que están en los desiertos, pareciéndome que como no oyesen ni viesen nada, estarían libres de esta distracción. Entendí: "Mucho te engañas, hija, antes allí tienen más fuertes las tentacioens de los demonios; ten paciencia, que mientras se viva, no se puede evitar" (Cc 34ª, 1).

604  Tampoco quiero ahora tratar de cuando las revelaciones son de Dios (que ya sabemos los grandes bienes que hacen al alma), mas de las que son representaciones que hace el demonio para engañar y en las que se aprovecha de la imagen de Cristo nuestro Señor o de sus santos. Para esto tengo para mí, que no permitirá Su Majestad ni le dará poder para que con semejantes figuras engañe a nadie, si no es por su culpa,sino que él quedará engañado; digo que no engañará si hay humildad; y así no hay para qué andar asombradas, sino confiar en el Señor y hacer poco caso de estas cosas, si no es para alabarle más (F 8, 2).

605  Yo no me espanto de ver la sutileza del demonio y cómo hace creer a cada una que dice la mayor verdad del mundo (Vta D 53).

606  En lo de las licencias, la del rey tengo por fácil con el favor del cielo, aunque se pase algún trabajo, que yo tengo experiencia de que el demonio sufre mal estas casas y así siempre  nos persigue (Cta 19, 5).

607  Ahí les envío al padre fray Juan de la Cruz para que la cure, que le ha hecho Dios merced de darle gracia para echar los demonios de las personas que los tienen (Cta 48, 2).

608  Podría ser que viera el demonio que puede hacer algún mal y que Dios pudiera sacar algún bien de ello. Mas es menester grandísimo aviso, pues tengo por seguro que el demonio no dejará de buscar cuantas invenciones pudiere para hacer daño a Eliseo, y así hace bien en tenerlo por "Patillas" (Cta 133, 10).

609  En lo que respecta a esa otra doncella o dueña, mucho me parece que no es tanto neurastenia como demonio que se mete en esa mujer para que haga esos embustes, que no es otra cosa, por ver si puede engañar en algo a usted, ya que a ella la tiene engañada (Cta 137, 2).

610  Cierto que no echo la culpa al nuncio, sino que la batería del demonio debe de ser tal que no me espanto de nada (Cta 184, 2).

611  Mire que nos hacen guerra todos los demonios, y es menester esperar el amparo de solo Dios, y esto ha de ser obedeciendo y sufriendo, y entonces El nos lleva de la mano (Cta 186, 4).

612  Y crea vuestra señoría que el demonio pretendió destruir el provecho que hacen estas casas (Cta 214, 9).

613  Yo estoy tan temerosa, después de que veo que de todo lo bueno saca el demonio mal (Cta 228, 2).

614  Que se viene a descubrir las marañas que ha puesto el demonio en esa casa... Lo que entiendo es que el demonio no puede soportar ahí descalzos ni descalzas, y por eso les hace tanta guerra; mas yo confío en el Señor que le aprovechará poco (Cta 266, 8-11).

615  No parece sino que todas las furias infernales se han juntado allí para engañar y cegar a los de dentro y a los de fuera (Cta 272, 1).

616  No porque yo la tuviera por mala, sino fácil a que el demonio le hiciera trampantojos como lo ha hecho, que sabe muy bien aprovecharse del natural y del poco entendimiento (Cta 277, 8).

617  Estoy espantada del estrago que hace el demonio por un mal gobierno y el temor que tenía puesto en esas monjas o el abatimiento (Cta 299, 4).

618  Como tenga contento al Señor no hay que hacer ya caso de nada, que el demonio ha andado tal -rabiando y procurando que estos santos principios no fuesen adelante-, que no hay que espantarse sino del mucho daño que nos ha hecho en todas partes (Cta 302, 6).

619  Harta lástima me hace y gran pena me da, porque veo que el demonio procura por todos los medios que puede, hacer daño (Cta 358, 1).

620  No se por qué han de dar tanta importancia a unas mujeres -que harto poco es el número-, sino porque le duele al demonio (Cta 388, 3).

621  No tenga pena de lo que aquí (Burgos) hemos pasado, que en esto se ve lo que le pesa al demonio y es para mayor autoridad de esta casa (Cta 409, 3).

622  Hoy el diablo ha conseguido persuadir al mundo de la mayor mentira suya: "no existe el diablo".

623  Si es espíritu de demonio creo que el alma que tenga experiencia lo entenderá; porque deja inquietud y poca humildad y poca disposición para recibir los efectos que produce el espíritu de Dios. No deja luz en el entendimiento, ni firmeza en la verdad (V 15, 10; CN 5).

624  Me dijo que, según el parecer de los dos, me movía el espíritu del demonio (V 23, 14).

625  ¡Cuántas dificultades pone el demonio y cuántos temores a quien quiere seguir a Dios más de cerca! (V 23, 15).

626  Tengo por cierto que Dios no permitirá que el demonio engañe al alma que no se fia de sí misma y que está tan firme en la fe, que puede afirmar que por un punto de ella moriría mil muertes (V 25, 12).

627  Cuando es demonio parece que se esconden todos los bienes y huyen del alma, según queda de desabrida y alborotada y sin ningún efecto bueno; porque aunque parece que pone buenos deseos, no son fuertes; la humildad que deja es falsa, alborotada y sin suavidad (V 25, 14).

628  Pues si este Señor es poderoso, como veo que lo es y se que lo es, y los demonios son sus esclavos (y esto no se puede dudar, pues es de fe), si yo soy esclava de este Señor y Rey, ¿qué mal me pueden hacer ellos a mí? ¿Por qué yo no he de tener fortaleza para combatir con todo el infierno? (V 25, 19).

629  No entiendo estos miedos: "¡demonio! ¡demonio!, donde podemos decir: "¡Dios! ¡Dios!" y hacerle temblar. Sí, que ya sabemos que el demonio no se puede menear si el Señor no lo permite. ¿Qué es esto? Es sin duda, que tengo yo más miedo a los que tan grande le tienen al demonio, que a él mismo; porque él no puede hacer nada y los otros, sobre todo los confesores, inquietan mucho (V 25, 22).

630  Tengo por una de las grandes mercedes que me ha hecho el Señor este ánimo que me dio contra los demonios (V 26, 1).

631  Porque como antes era tan ruín, yo decía que no podía creer que el demonio, para engañarme y llevarme al infierno, me quitase los vicios y me pusiese virtudes y fortaleza (V 28, 13).

632  Les parecía tan cierto a algunas personas que yo tenía demonio, que me querían exorcizar (V 29, 4).

633  Quiero narrar, ya que he dicho algunas tentaciones y turbaciones interiores y secretas que el demonio me causaba,  otras intervenciones suyas, que eran casi públicas y que claramente se veía que las hacía él.

 

634  Estaba una vez en un oratorio y se me apareció hacia el lado izquierdo, en figura abominable; concretamente le miré la boca, porque me habló, y la tenía espantosa: parecía que le salía una gran llama del cuerpo, toda clara, sin sombra. Me dijo espantosamente que bien me había librado de sus manos, pero él me volvería a coger. Yo tuve mucho miedo y me santigüé como pude y desapareció, y luego volvió otra vez. Dos veces me acaeció esto. Yo no sabía qué hacer; tenía allí agua bendita y la eché hacia aquel lugar y no volvió más.

635  Otra vez estuvo cinco horas atormentándome con tan terribles dolores y desasosiego interior y exterior, que ya no podía sufrir más. Las personas que estaban conmigo estaban espantadas y no sabían qué hacer, y yo no podía dominarme.

636  Cuando los dolores y sufrimientos corporales son muy intolerables, suelo orar interiormente como puedo, suplicando al Señor que si aquel martirio le glorifica, me de Su Majestad paciencia para que pueda soportarlo, si es necesario, hasta el fin del mundo. Como esta vez el sufrimiento era tan cruel, lo soportaba con oración y con esta determinación. Quiso el Señor que me diese cuenta de que era el demonio, porque ví junto a mí un negrillo muy abominable, regañando como desesperado, porque donde pretendía ganar era vencido. Cuando yo lo ví me reí; y no le tuve miedo, porque estaban conmigo algunas personas que no podían soportar aquel espectáculo, ni sabían qué remedio podían poner a tanto tormento, pues me hacía dar grandes golpes con el cuerpo, cabeza y brazos, sin que yo lo pudiese resistir, y lo peor era el desasosiego interior, pues de ningún modo podía tener sosiego. No me atrevía a pedir agua bendita para no asustarlas y para que no sospechasen lo que estaba ocurriendo.

637  Pues, como no cesaba el tormento, dije: Si no lo tomasen a risa, pediría agua bendita. Me la trajeron y me rociaron con ella, y seguía igual el tormento; la eché hacia donde estaba el demonio, y al instante se fue y se me quitó todo el mal, como si me lo quitaran con la mano, aunque quedé cansada igual que si me hubieran dado una paliza. Pensé, y me aprovechó mucho, que si cuando el Señor le da licencia hace tanto mal a un alma y a un cuerpo que no son esclavos suyos, ¿qué hará cuando los posea? Y me entraron ganas nuevas de verme libre de tan ruín compañía (V 31, 1-5).

638  Hace poco tiempo me acaeció lo mismo, aunque no duró tanto, y yo estaba sola, pedí agua bendita, y las que entraron cuando ya se habían ido los demonios (que eran dos monjas muy de fiar, incapaces de mentir), olieron un olor muy malo, como de piedra azufre; yo no lo olí; duró tanto el olor que pudo ser bien percibido (V 31, 6).

639  Otra vez estaba en el coro y me dio un gran ímpetu de recogimiento; me fuí de allí para que no lo notaran, aunque todas oyeron dar grandes golpes cerca de donde yo estaba, y yo junto a mí oí hablar palabras fuertes como si tramaran algo, aunque no entendí qué; mas yo estaba tan absorta en oración, que no entendí nada ni tuve ningún miedo. Esto ocurría casi siempre que el Señor me concedía la merced de que por mi persuasión se aprovechara algún alma (V 31, 6).

640  Yo supliqué a Su Majestad que se le suavizasen aquellos tormentos y tentaciones y que aquellos demonios me atormentaran a mí, con tal de que yo no ofendiera en nada al Señor, y entonces me ocurrieron las dos cosas que he referido (V 31, 7).

641  Una noche creí que me ahogaban; y cuando echaron agua bendita, vi cómo gran multitud de demonios se despeñaban (V 31, 9).

642  Son tantas las veces que estos malditos me atormentan y es tan poco el miedo que yo les tengo, viendo que no se pueden mover si el Señor no les da licencia, que le cansaría a V. y me cansaría yo si las refiriera todas.

643  Sirva lo escrito para que el verdadero siervo de Dios no de importancia a los espantajos que los demonios ponen para meter miedo; tengan entendido que cada vez que los despreciamos pierden fuerza, y el alma queda mucho más señora (V 31, 9-10).

644  Siempre queda algún gran provecho de haber vencido la tentación, que no lo digo por no alargarme; sólo digo lo que me acaeció una noche de las ánimas: estando en mi oratorio rezando, terminando un nocturno, al decir unas oraciones muy devotas de nuestro breviario, se puso el demonio encima del libro para que no terminara la oración. Yo me santigüé y él se fue. Comencé otra vez el rezo y volvió. Creo que comencé tres veces y, hasta que no eché agua bendita, no pude terminar. Vi que en aquel instante salieron algunas almas del purgatorio, que les debía de faltar poca purificación, y pensé que quizá quería impedirlo (V 31, 10).

645  Pocas veces lo he visto en figura visible y muchas sin ella, como en aquella visión de que hablé ya, que se ve intelectualmente con claridad que está allí (V 31, 10).

646  Quiero decir también algo que me impresionó mucho: estando un día de la Santísima Trinidad en el coro de un monasterio, caí en éxtasis y ví una gran batalla de demonios contra ángeles (V 31, 11).

647  Otras veces veía gran multitud de demonios a mi alrededor y me parecía que toda mi persona estaba rodeada de una gran luz que les impedía acercarse a mí (V 31, 11).

648  Tengo ya tan entendido lo poco que pueden los demonios si estoy unida a Dios, que casi no les tengo ningún miedo; porque sólo tienen fuerzas con las almas rendidas a ellos y cobardes; aquí demuestran ellos su poderío (V 31, 11).

649  Algunas veces en las tentaciones que ya dije, me parecía que todas las vanidades y flaquezas de tiempos pasados volvían a despertarse en mí, y tenía que encomendarme mucho a Dios. Como me venían aquellos pensamientos, seguía después el tormento de creer que todo debía de ser obra del demonio, hasta que me sosegaba el confesor (V 31, 11).

650  Me armó el demonio una batalla interior que ahora voy a contar: me vino la duda de si había obrado bien y de si había ido contra la obediencia...

651  También me sugería el demonio que cómo con tantas enfermedades me quería encerrar en casa tan estrecha. Mas no dejó el Señor padecer mucho a esta pobre sierva; porque en las tribulaciones siempre me socorrió, y así fue en ésta, que me dio un poco de luz para ver que era demonio, y para que pudiera comprender la verdad, y que todo era trama suya para asustarme con mentiras (V 36, 7-9).

652  Al acercarme una vez a comulgar, vi con los ojos del alma más claro que con los del cuerpo, dos demonios de forma muy abominable. Con los cuernos rodeaban la garganta del pobre sacerdote y vi a mi Señor con majestad en aquellas manos pecadoras que me daban la Forma; y entendí que aquella alma estaba en pecado mortal.

653  ¿Qué sería, Señor mío, ver vuestra hermosura entre figuras tan abominables? Estaban ellos como amedrentados en vuestra presencia, que de buena gana parece que hubieran huído, si Vos los dejarais ir (V 38, 23).

654  Cuando amortajaban aquel cuerpo, ví que muchos demonios lo cogían y como que jugaban con él, y lo arrastraban con garfios. Quedé aterrada.

655  Cuando lo llevaban a enterrar con las ceremonios y honras que a todos, pensaba yo en la bondad de Dios que encubría su enemistad con aquella alma, porque no quería su difamación.

 

656  Estaba yo medio boba de lo que había visto: Al meter aquel cuerpo en la sepultura, era tal la multitud de demonios que estaban dentro para cogerlo, que yo estaba fuera de mí de verlo, y no se necesitaba poco ánimo para disimularlo. Consideraba lo que harían con el alma, cuando así se enseñoreaban del triste cuerpo (V 38, 24-25).

657  Un día en la oración vi a mi lado un demonio que rompía unos papeles que tenía en la mano, con mucho enojo (V 39, 4).

658  Que observara cómo iba creciendo su amor en mí, y en esto conocería que no era demonio: que no pensara que Dios permite que el demonio pueda intervenir tanto en las almas de sus siervos, ni que pueda dar la luz del entendimiento y la paz que tú gozas (V 39, 4).

659  Pienso ofrecer remedios para algunas tentaciones menudas del demonio que, por ser pequeñas, no se tienen en cuenta (C Prl, 2).

660  Son muchas las sutilezas que emplea el demonio con las personas que viven en clausura, con las que utiliza armas nuevas para poderlas engañar (C Prl 3).

661  Es muy grande el daño que el demonio puede hacer, y tarda mucho en ser conocido (C 4, 16).

662  Y así, cuando el demonio pueda tentar al confesor, seduciéndole con alguna falsa doctrina, sabiendo que las monjas tratan con otros, irá con cuidado y mirará mejor todo lo que hace (C 5, 5).

663  Me da la impresión de que al verdadero humilde no osará el demonio tentarle, ni siquiera con primer movimiento, en querer sobresalir; porque, como es tan sagaz, teme el golpe que recibirá.

664  Si uno es humilde, es imposible que si el demonio le tienta en ese punto, no gane más fortaleza en la virtud y en mayor aprovechamiento (C 12, 6).

665  Si queréis vengaros del demonio y veros más pronto libres de la tentación, en cuanto os acometa, pedid a la priora que os mande hacer algún servicio humilde, o hacedlo vosotras como podáis, e id pensando cómo doblegaréis vuestra voluntad en cosas que la contraríen (C 12, 7).

666  Otra razón por la que tiene tanta importancia comenzar el camino de la oración con firme propósito, es porque así el demonio no tiene tanta mano para tentar; tiene gran miedo a almas resueltas, pues tiene experiencia de que le hacen mucho daño y de que, lo que él urde para dañarlas, redunda en provecho del alma y de los hermanos y de que él sale perdiendo.

667  Aunque nosotras no nos hemos de descuidar confiándonos en esto porque tratamos con gente traidora, y porque los demonios no osan acometer tanto a los que están prevenidos, pues son muy cobardes; mas si ven algún descuido, harán gran daño. Y si conoce que alguien es inconstante y que no está firme en el bien, y que no tiene gran determinación de perseverar, no lo dejará ni a sol ni a sombra; le infundirá miedos e inconvenientes interminables. Yo lo se muy bien por experiencia, y afirmo que nadie sabe lo mucho que importa tener una firme decisión (C 23, 4).

668  En lo que el demonio puede hacer gran daño sin que nos demos cuenta, es en hacernos creer que tenemos virtudes sin tenerlas, porque esto es pestilencia (C 38, 5).

669  Pues ¿qué será de los que tienen paz viviendo con mucha relajación su Regla? Esta paz la debe de dar el demonio, de muchas maneras, y Dios lo permite por nuestros pecados (Mdt C 2, 6).

 

670  Alabadle, hijas, mucho porque os trajo a un monasterio donde, por mucho que haga el demonio, no puede engañar tanto como a los que viven en sus casas (Mdt C 2, 30).

671  ¡Oh, válgame Dios, hijas, cuántas almas habrá ganado el demonio por esta razón! Que todo esto les parece humildad y otras muchas cosas que pudiera decir y en realidad procede de no conocernos profundamente. El demonio desvía el concepto del propio conocimiento, y si nunca salimos de nosotros mismos, no me espanto de que esto y más se pueda temer (I M 2, 11).

672  Mirad que en pocas moradas de este castillo dejan de combatir los demonios. Es verdad que en algunas moradas las potencias tienen fuerzas para pelear; pero es muy necesario que no nos descuidemos para conocer los ardides del demonio, a fin de que no nos engañe, transformado en ángel de luz; que hay una multitud de cosas en que nos puede hacer daño, entrando poco a poco y sólo lo vemos cuando el daño está hecho. Ya os dije otra vez que el demonio es como una lima sorda, que es necesario desenmascararlo desde el principio (I M 2, 15).

673  Podría el demonio engañar mezclando sus ardides con los gustos que da Dios si no hubiese tentaciones, y entonces hace mucho más daño que cuando las hay (IV M 1, 3).

674  Y si el demonio quiere falsificar estas mercedes, se conocerá en que no producirán estos efectos, sino todo al revés (IV M 3, 11).

675  Osaré afirmar que si verdaderamente es unión con Dios, no puede entrar el demonio ni hacer ningún daño; porque está Su Majestad tan cerca y tan unido con la substancia del alma, que no osará llegar, ni siquiera debe de conocer este secreto. Y está claro; pues si dicen que los demonios no conocen nuestro pensamiento, menos conocerán cosa tan secreta, que ni a nuestro pensamiento la confía Dios. ¡Oh gran bien, estado donde este maldito no nos hace mal! (V M 1, 5).

676  Otros trabajos exteriores que causan los demonios no son tan frecuentes y así no hay razón para hablar de ellos, ni son tan penosos con mucho; porque por mucho que hagan no llegan a incapacitar tanto las potencias ni a turbar el alma de esta manera; que, en fin, queda inteligencia suficiente para pensar que no pueden hacer más de lo que el Señor les permita, y cuando se pierde la razón, todo es poco en comparación de los sufrimientos que quedan dichos (VI M 1, 14).

677  Yo os digo, hijas, que huir en la oración de la Humanidad sacratísima, lo tengo por camino peligroso, y que el demonio podría hacer perder la devoción al sacratísimo sacramento (VI M 7, 15).

678  Aquí no teme que el demonio pueda falsificar esta merced tan subida, que se ha hecho estable y tiene seguridad de que es de Dios; porque como ya he dicho, no tienen que ver aquí los sentidos ni las potencias, pues se descubrió Su Majestad al alma y la metió consigo, donde, a mi parecer, no osará entrar el demonio ni le dejará el Señor VII M 3, 19).

679  No puedo yo creer que el demonio haya buscado tantos medios para ganar mi alma para después perderla, pues no le tengo por tan necio (Cc 1, 34).

680  Comencé a tener envidia de los que están en los desiertos, pareciéndome que como no oyesen ni viesen nada, estarían libres de esta distracción. Entendí: "Mucho te engañas, hija, antes allí tienen más fuertes las tentacioens de los demonios; ten paciencia, que mientras se viva, no se puede evitar" (Cc 34ª, 1).

 

681  Tampoco quiero ahora tratar de cuando las revelaciones son de Dios (que ya sabemos los grandes bienes que hacen al alma), mas de las que son representaciones que hace el demonio para engañar y en las que se aprovecha de la imagen de  nuestro Señor o de sus santos. Para esto tengo para mí, que no permitirá Su Majestad ni le dará poder para que con semejantes figuras engañe a nadie, si no es por su culpa, sino que él quedará engañado; digo que no engañará si hay humildad; y así no hay para qué andar asombradas, sino confiar en el Señor y hacer poco caso de estas cosas, si no es para alabarle más (F 8, 2).

682  Yo no me espanto de ver la sutileza del demonio y cómo hace creer a cada una que dice la mayor verdad del mundo (Vta D 53).

683  En lo de las licencias, la del rey tengo por fácil con el favor del cielo, aunque se pase algún trabajo, que yo tengo experiencia de que el demonio sufre mal estas casas y así siempre  nos persigue (Cta 19, 5).

684  Ahí les envío al padre fray Juan de la Cruz para que la cure, que le ha hecho Dios merced de darle gracia para echar los demonios de las personas que los tienen (Cta 48, 2).

685  Podría ser que viera el demonio que puede hacer algún mal y que Dios pudiera sacar algún bien de ello. Mas es menester grandísimo aviso, pues tengo por seguro que el demonio no dejará de buscar cuantas invenciones pudiere para hacer daño a Eliseo, y así hace bien en tenerlo por "Patillas" (Cta 133, 10).

686  En lo que respecta a esa otra doncella o dueña, mucho me parece que no es tanto neurastenia como demonio que se mete en esa mujer para que haga esos embustes, que no es otra cosa, por ver si puede engañar en algo a usted, ya que a ella la tiene engañada (Cta 137, 2).

687  Cierto que no echo la culpa al nuncio, sino que la batería del demonio debe de ser tal que no me espanto de nada (Cta 184, 2).

688  Mire que nos hacen guerra todos los demonios, y es menester esperar el amparo de solo Dios, y esto ha de ser obedeciendo y sufriendo, y entonces El nos lleva de la mano (Cta 186, 4).

689  Y crea vuestra señoría que el demonio pretendió destruir el provecho que hacen estas casas (Cta 214, 9).

690  Yo estoy tan temerosa, después de que veo que de todo lo bueno saca el demonio mal (Cta 228, 2).

691  Que se viene a descubrir las marañas que ha puesto el demonio en esa casa... Lo que entiendo es que el demonio no puede soportar ahí descalzos ni descalzas, y por eso les hace tanta guerra; mas yo confío en el Señor que le aprovechará poco (Cta 266, 8-11).

692  No parece sino que todas las furias infernales se han juntado allí para engañar y cegar a los de dentro y a los de fuera (Cta 272, 1).

693  No porque yo la tuviera por mala, sino fácil a que el demonio le hiciera trampantojos como lo ha hecho, que sabe muy bien aprovecharse del natural y del poco entendimiento (Cta 277, 8).

694  Estoy espantada del estrago que hace el demonio por un mal gobierno y el temor que tenía puesto en esas monjas o el abatimiento (Cta 299, 4).

695  Como tenga contento al Señor no hay que hacer ya caso de nada, que el demonio ha andado tal -rabiando y procurando que estos santos principios no fuesen adelante-, que no hay que espantarse sino del mucho daño que nos ha hecho en todas partes (Cta 302, 6).

696  Harta lástima me hace y gran pena me da, porque veo que el demonio procura por todos los medios que puede, hacer daño (Cta 358, 1).

697  No se por qué han de dar tanta importancia a unas mujeres -que harto poco es el número-, sino porque le duele al demonio (Cta 388, 3).

698  No tenga pena de lo que aquí (Burgos) hemos pasado, que en esto se ve lo que le pesa al demonio y es para mayor autoridad de esta casa (Cta 409, 3).

 

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DIVINAS PERSONAS, LA PERSONA DEL PADRE

 

699  Me dijo el Señor que fundara el monasterio en pobreza, que esta era la voluntad de su Padre y suya, que El me ayudaría (V 35, 6).

700  Vi la Humanidad Sacratísima con más excesiva gloria que nunca. Se me representó por una noticia admirable y clara dentro del Padre. No sabré decir cómo es esto, porque sin ver, me pareció verme presente en aquella Divinidad (V 38, 17).

701  Padre nuestro que estás en el cielo. ¡Oh Señor mío, cómo se os nota que sois Padre de tal Hijo, y cómo a vuestro Hijo se le nota que es Hijo de tal Padre! (C 27, 1).

702  Pues siendo Padre nos ha de soportar por grandes que sean nuestras ofensas; si retornamos a El, como al hijo pródigo nos ha de perdonar, y nos ha de consolar en nuestros trabajos, y nos ha de alimentar, como debe hacerlo el padre que necesariamente ha de ser mejor que todos los padres del mundo, porque El es el bien en plenitud; y además de todo esto nos ha de hacer partícipes y herederos con Vos de su Reino (C 27, 2).

703  Mirad, Señor mío, que si a Vos no hay nada que os detenga por el amor que nos tenéis y por vuestra humildad, ya que estáis en la tierra y vestido de ella pues tenéis nuestra misma naturaleza y por eso es justo que busquéis nuestro bien; mas mirad que vuestro Padre está en el cielo, Vos lo decís; pues debéis mirar por su honor. Si Vos os habéis ofrecido a ser humillado por nosotros, dejad libre a vuestro Padre; no le obliguéis a tanto por gente tan ruín como yo, que tan mal he de darle las gracias, y hay otros también que no se las dan buenas (C 27, 3).

704  ¿Creéis que para un alma disipada es poco importante entender esta verdad y saber que para hablar con su Padre y regalarse con El no es necesario ir al cielo, ni es menester gritarle? Aunque le hable muy bajito, está tan cerca que os oirá; no se necesitan alas para ir a buscarle, sólo basta ponerse en soledad y mirarle dentro de sí y no separarse de tan buen huésped; sino con gran humildad hablarle como a Padre, contarle sus penas, pedirle remedio para ellas, reconociendo que no es digna de ser su hija (C 28, 2).

705  Padre mío, pues vuestro Hijo os dio en nombre de todos nuestra voluntad, no os falte la mía; pero hacedme merced de darme vuestro Reino para que yo la pueda cumplir pues El me la pidió, y disponed de mí como de cosa vuestra conforme a vuestra voluntad (C 32, 10).

706  Entendiendo el buen Jesús lo difícil que es entregar nuestra voluntad a Dios como El ha ofrecido al Padre en nuestro nombre en la petición anterior, y que muchas veces damos a entender que no comprendemos cuál es la voluntad del Señor porque somos débiles y El tan piadoso, vio que había un medio que nos fortaleciera para cumplir la voluntad de Dios, pues nos conviene cumplirla porque en ello está toda nuestra ganancia (C 33, 1).

707  Y como el asunto era tan grave y de tanta importancia, quiso que viniese la decisión de la mano del Eterno Padre. Porque aunque son una misma naturaleza y Jesús sabía que lo que El hiciera en la tierra lo haría Dios en el cielo y lo tendría por bueno pues su voluntad y la de su Padre son una, es tanta la humildad del buen Jesús, que quiso pedir licencia, porque ya sabía que era amado por el Padre y que se deleitaba en El. Había entendido bien que era mayor sacrificio quedarse con nosotros que pedir la muerte que le habían de dar y las deshonras que había de padecer, pues ya las conocía (C 33, 2).

708  ¿Habrá algún padre, Señor, que habiéndonos dado a su hijo y habiéndolo tratado tan mal, quisiera consentir que se quedara con nosotros cada día a padecer? Seguramente ninguno, más que vuestro Padre: bien sabéis a quién pedís (C 33, 3).

709  ¡Oh, válgame Dios, qué gran amor del Hijo, y qué gran amor del Padre! Aún no me espanto tanto del amor del buen Jesús porque, como ya había dicho "hágase tu voluntad", la había de cumplir como quien es. ¡Sí, que no es como nosotros! Pues como sabe que cumple la voluntad del Padre amándonos como a Sí mismo, iba buscando el modo de cumplir con mayor plenitud el mandamiento del amor, aunque fuera a costa suya (C 33, 3). 

710  Y esto era lo de menos; pues aún le dolían más tantas ofensas a su Padre y tanta multitud de almas que se perdían (C 42, 1).

711  Pues ¿qué le ocurriría a Su Majestad viendo la gran oportunidad de demostrar al Padre con qué totalidad le obedecía y le manifestaba el amor a sus hermanos? (V M 2, 14).

712  Y así, orando una vez Jesu nuestro Señor por sus apóstoles (Jn 17, 21) pidió que fuesen una sola cosa con el Padre y con El, como Jesu nuestro Señor está en el Padre y el Padre en El (VII M 2, 9).

 

713  Estando un día muy apenada por el remedio de la Orden, me dijo el Señor: "Haz lo que esté en tí y déjame tú a Mí y no te inquietes por nada; goza del bien que te ha sido dado; mi Padre se deleita contigo y el Espíritu Santo te ama" (Cc 10ª).

714  Estando en oración tuve un gran arrobamiento y me parecía que nuestro Señor me había llevado el espíritu junto a su Padre, y le dijo: a ésta que me diste te doy"; y me parece que me acercaba a El (Cc 13ª, 5).

DIVINAS PERSONAS, LA PERSONA DEL HIJO

 

715  Quedé impresionada de tal manera que durante unos días no pude recobrar el sentido; y siempre tenía presente aquella majestad del Hijo de Dios, aunque la visión no había sido igual que la primera. Esto bien lo entendía yo, pero queda tan esculpido en la imaginación que, aunque haya ocurrido en un instante, durante algún tiempo no lo puede olvidar, y produce mucho consuelo y fruto.

716  Esta misma visión la he visto tres veces. Me