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A Santa Teresa de Jesus Caminando con Jesus Pedro Sergio Antonio
Donoso Brant |
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DICHOS BREVES,
SENTENCIAS Y PENSAMIENTOS DE SANTA
TERESA DE JESUS, EN LA LINEA DEL PENSAMIENTO DE SANTO TOMAS Se incluyen en esta
seción, 1919 voces, fueron elegidas y seleccionada para El Padre Jesus Marti
Ballester, con el fin de preparar un diccionario sobre Santa Teresa de Jesus.
Fueron clasificados y ordenados por Pedro Sergio Antonio Donoso Brant. Libros de referencias,
las fuentes escritas por Santa Teresa de Jesus y el libro Teresa de Jesus nos
habla hoy- Suma Antologica |
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Comentarios de este trabajo a: p.s.donoso@vtr.net
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1
Sea
bendito por siempre que tanto me esperó, a quien con todo mi corazón suplico
me de gracia para que con toda claridad y verdad haga yo esta relación que
mis confesores me mandan (V prl). 2
No
les importaba por decir la verdad y defenderla para gloria de Dios, perderlo
todo que ganarlo todo (V 16, 7; CN 6). 3
Con
toda esta santidad era muy afable (san Pedro de Alcántara), aunque de pocas
palabras, si no se le preguntaba. Su conversación era muy sabrosa, porque
tenía muy lindo entendimiento (V 27, 18). 4
Yo
le decía la verdad, pues creía que no mentía, ni había intentado tal cosa,
además que yo por nada del mundo diría una cosa por otra (V 28, 4). 5
Yo
siempre comunicaba estas profecías a mi confesor y a mi amiga viuda, con la
que tenía permiso de hablar. He sabido que ella las decía a otras personas y
éstas saben que no miento, ni Dios lo permita, pues soy incapaz de mentir en
nada y menos en cosas tan serias (V 34, 18). 6
Pienso
en el gran sufrimiento de las personas que conocen la verdad cuando tienen
que tratar estas cosas de la tierra, donde hay tanta mentira (V 39, 8). 7
Así
que, hermanas,... procurad ser afables y entenderos con todas las personas que
os trataren, de manera que amen vuestra conversación y deseen vuestra manera
de vivir y de tratar, y no se atemoricen y se asusten de la virtud...: cuanto
más santas más conversables con sus hermanas; y aunque os disguste si las
conversaciones no son de vuestro agrado, nunca os escandalicéis de ellas, si
queréis aprovechar y ser amada. Y esto es lo que hemos de procurar con
interés: ser afables y agradar a las personas con quienes tratamos,
especialmente a nuestras hermanas (C 41, 7). 8
Dios
es suma Verdad, y la humildad es andar en verdad ((VI M 10, 8). 9
Si
en cosa muy importante yo no diría una mentira por ninguna cosa de la tierra,
en esto -que se escribe para que nuestro Señor sea alabado- me parecería un
gran cargo de conciencia (F prl 3). 10
Nunca
exagerar mucho las cosas, sino decir lo que siente con moderación (Av 13). 11
La
verdad padece mas no perece, y así espero aún ha de aclarar más el Señor (Cta
277, 26). 12
Aunque
con sus rodeos le parece que no miente, tal estilo no es perfecto (Cta 308,
10). 13
De
que haya quedado satisfecho el padre prior de 14 Mal deseará que todos le desprecien y le aborrezcan, y todas las
virtudes grandes que tienen los perfectos, quien no tiene alguna prenda del
amor que Dios le tiene, y juntamente fe viva. (V 10, 6). 15 Algunas, si son muy sensibles, sufren mucho pensando siempre en 16
¡Oh, Jesús y Señor mío! ¡Cuánto nos
ayuda aquí vuestro amor!, porque éste tiene cogido al nuestro, que no le deja
libertad para amar en aquel momento a nadie y nada, más que a Vos! (V 14, 2;
CN 4). 17 ¿Es posible, Señor, que exista algún alma que haya llegado a que Vos
le hagáis mercedes semejantes y regalos y haya entendido que Vos os gozáis
con ella, que os haya vuelto a ofender después de tantos favores y de tan
grandes muestras del amor que le tenéis, de lo cual no puede dudar, pues las
obras se han visto claras? Sí
la hay, por cierto, y no os ha ofendido una vez sino muchas, que soy yo. Y
quiera vuestra bondad, Señor, que sea yo sola la ingrata y la que haya hecho
tan gran maldad y tenido tan excesiva ingratitud: porque incluso de esa
ingratitud algún bien ha sacado vuestra infinita bondad, y cuanto mayor es el
mal, más resplandece el gran bien de vuestras misericordias. ¡Y con cuánta
razón las puedo yo para siempre cantar! (Sal 88, 2). Yo
os suplico, Dios mío, que así sea y que las cante sin fin, ya que habéis
querido hacerlas tan grandísimas conmigo, que causan admiración a los que las
ven, y a mí me sacan de mí muchas veces, para poder alabaros mejor a Vos; que
estando en mí sin Vos no podría, Señor mío, nada, sino que otra vez volvieran
a ser cortadas estas flores de este huerto, de suerte que esta miserable
tierra volviese a servir de muladar como antes. No
lo permitáis, Señor, ni queráis que se pierda alma que con tantos trabajos
comprasteis y tantas veces de nuevo la habéis vuelto a rescatar y arrancar de
los dientes del dragón (V 14, 11; CN 4). 18
Es pues esta oración una centellica que comienza
el Señor a encender en el alma del verdadero amor suyo, y quiere que el alma
vaya entendiendo qué cosa es este amor con regalo. Esta
quietud y recogimiento y centellica, si es espíritu de Dios y no gusto
causado por el demonio y procurado por nosotros... ; pues esta centellica
encendida por Dios, aunque es tan pequeñita hace mucho ruido, y si no la mata
por su culpa, comienza a encender el gran fuego llameante del grandísimo amor
de Dios que hace Su Majestad que tengan las almas perfectas (V 15, 4; CN 5). 19
Este temor va mezclado con grandísimo
amor que se cobra de nuevo a quien vemos lo tiene tan grande a un gusano tan
podrido, que parece que no tiene bastante con llevarse de veras al alma
consigo, que quiere llevarse también el cuerpo, siendo tan mortal y de tierra
tan sucia, por tantos pecados cometidos (V 20, 7; CN 10). 20
Siempre que se piense en Cristo,
acordémonos del Amor con que nos concedió tantas gracias, y de qué gran amor
nos demostró Dios dándonos tal prenda del que nos tiene; que amor saca amor. Y
aunque estemos comenzando a hacer oración y nosotras seamos tan ruines,
procuremos ir mirando siempre esto y despertándonos a amar; porque si el
Señor nos concede la gracia de que se nos grave en el corazón este Amor, todo
nos resultará fácil y lo haremos todo muy pronto y con muy poco esfuerzo. Que
el Señor nos conceda este amor, que sabe lo que mucho que nos conviene, por
el amor que nos tuvo y por su glorioso Hijo, a quienes nos demostró su Amor,
que tan caro le costó, amén (V 22, 14; CN 12). 21
¡Oh, Señor mío! ¡Qué delicada y fina y
sabrosamente sabéis tratar a quienes os aman! ¡Quién nunca se hubiera
entregado a amar a nadie sino a Vos! 22
Parece, Señor, que probáis con rigor a
quien os ama, para que en la mayor intensidad del sufrimiento se manifieste
la mayor intensidad de vuestro amor (V 25, 17). 23
En este modo de conocer Dios y el alma,
sólo con quererlo Su Majestad, se entienden estos amigos y se manifiestan el
amor, sin necesidad de palabras. Del mismo modo que en este mundo dos
personas inteligentes que se aman, con sólo mirarse y aun casi sin señas,
parece que se entienden. Así
debe de ser este modo de conocimiento del que estoy escribiendo, sin que
veamos cómo, de hito en hito se miran estos dos amantes, como creo que he
oído que dice el Esposo a la esposa, en los Cantares (4, 9). (V 27, 10). 24
Yo me he regalado hoy con el Señor y me
he atrevido a quejarme de Su Majestad, y le he dicho: "¿No basta, Dios
mío, que me tengáis en esta miserable vida y que por amor a Vos pase por
ello, y acepto vivir donde no hay más que obstáculos que me impiden gozar de
Vos, porque he de comer y dormir y preocuparme de los asuntos y hablar con
todos, y todo lo paso por vuestro amor, pues bien sabéis, Señor mío, que todo
es tormento grandísimo para mí, que los poquitos ratos que tengo para gozar
de Vos, también me os escondéis? Creo yo, Señor, que si yo pudiera esconderme
de Vos, como Vos de mí, el amor que me tenéis no lo soportaría; pero Vos
estáis conmigo y me veis siempre. ¡No se puede sufrir esto, Señor mío! Os suplico
miréis que lastimáis a quien tanto os ama (V 37, 8). 25
¡Oh, señor mío, que de todos los bienes
que nos hicisteis nos aprovechamos mal! Vuestra majestad buscando modos y
maneras e invenciones para manifestar el amor que nos tenéis; nosotros, como
mal experimentados en amaros a Vos, los apreciamos tan poco, que de mal
ejercitados en esto, se nos van los pensamientos a donde están siempre,
olvidando los misterios que este idioma encierra en sí, como ha dicho el
Espíritu Santo. ¿Qué más era menester para encendernos en amor suyo y pensar
que adoptó este estilo no sin gran causa? Recuerdo
haber oído a un religioso un sermón harto admirable, declarando estos regalos
que la esposa trataba con Dios. Y causó tanta risa y se recibió tan mal lo
que dijo, porque hablaba de amor (siendo el sermón del Mandato, que es para
no tratar de otra cosa), que yo estaba espantada. Y veo claro que nos
ejercitamos tan mal en el amor a Dios, que no nos parece posible que un alma
trate así con Dios. Mas conozco a algunas personas que sacaron tan gran bien,
tanto regalo, tan gran seguridad en sus temores, que hacían particulares
alabanzas a nuestro Señor muchas veces, porque dejó remedio tan saludable
para las almas que con hirviente amor le aman para que entiendan y vean que
es posible que se humille Dios tanto (Mdt C 1, 4-5). 26
Aunque no entendáis 27
¡Por cuántos caminos y de cuántas
maneras y de cuántos modos nos manifestáis el amor! Con trabajos, con muerte
tan áspera, con tormentos, sufriendo cada día injurias y perdonando; y no
sólo con esto, sino que además le decís en los Cantares unas palabras tan
heridoras al alma que os ama, y le enseñáis a que os las diga, que no se cómo
se pueden soportar, si Vos no ayudáis a que las sufra quien las siente (Mdt C
3, 11). 28
Pensaba yo ahora si hay alguna
diferencia entre la voluntad y el amor. Y paréceme que sí. No se si es
soberbia. El amor me parece que es una saeta que envía la voluntad, que si va
con toda la fuerza que ella tiene, libre de todas las cosas de la tierra,
empleada en solo Dios, muy de verdad debe de herir a Su Majestad; de suerte
que, metida en el mismo Dios, que es Amor, vuelve de allí con grandísimas
ganancias (Mdt C 6, 5). 29
Se podrá decir que parecen cosas
imposibles y que es importante no escandalizar a los débiles. Menos se pierde
en que ellos no crean lo que Dios obra, que en que se dejen de aprovechar los
que reciben los carismas, y se gozarán y estimularán a amar más a quien hace
tantas misericordias, viendo que es tan grande su poder y majestad. Tanto
más, cuando al escribir y decir estas maravillas, se que hablo con quien no
tendrá este peligro, porque saben y creen que hace Dios aún mayores muestras
de amor. Yo
se que quien esto no creyere no lo verá por experiencia; porque es muy amigo
el Señor de que no pongan tasa a sus obras y así, hermanas, jamás os ocurra a
las que el Señor no llevare por este camino, poner límites a sus grandezas (I
M 1, 4). 30
Todas querréis, mis hijas, procurar
tener esta oración, y tenéis razón, que -como he dicho- no acaba de entender
el alma las mercedes que allí le hace el Señor y el amor con que la va
acercando más a sí. Lo cierto es que desearéis saber cómo alcanzamos esta
merced (IV M 2, 9). 31
Yo se que hay mucho que temer en este
caso, y conozco algunas personas que me tienen harto lastimada, y he visto lo
que digo, porque cayeron por haberse apartado de quien con tanto amor se les
quería dar por amigo y manifestárselo con obras. Y,
aunque el demonio no vea otra cosa
sino que Su Majestad les demuestra amor tan particular, basta para que él se
deshaga por perderlas, y por eso son muy combatidas, y aún mucho más perdidas
que otras, si se pierden (IV M 3, 10). 32
Pues vengamos, con el favor del
Espíritu Santo, a hablar de las sextas moradas, donde el alma ya queda herida
del amor del Esposo y busca más tiempo para estar sola y evita todo lo que
puede, según su estado, lo que puede impedir esta soledad (VI M 1, 1). 33
Creedme que es lo más seguro no querer
sino lo que quiere Dios, que nos conoce más que nosotros mismos y nos ama.
Póngamonos en sus manos para que se haga su voluntad en nosotros, y no nos
equivocaremos si con determinada voluntad, permanecemos en esa decisión (VI M
9, 17). 34
Es un secreto tan grande y una gracia
tan alta lo que Dios comunica allí al alma en un instante, y el grandísimo
deleite que siente el alma, que no se a qué compararlo, sino a que el Señor
quiere manifestarle en aquel momento la gloria que hay en el cielo de modo
más perfecto, que por ninguna visión ni gusto espiritual (VII M 2, 4). 35
Sólo se puede decir que, a lo que se
puede entender, el alma, o mejor, el espíritu de esta alma, queda hecho una
cosa con Dios que, como también es espíritu, ha querido Su Majestad
manifestar el amor que nos tiene haciendo ver a algunas personas hasta dónde
llega para que alabemos su grandeza; porque de tal manera ha querido unirse a
la criatura, que no se quiere separar de ella como los que, ya casados, no se
pueden separar (VII M 2, 4). 36
La unión viene a ser como si dos velas
de cera se uniesen tanto que toda la luz fuese una, o que la mecha y la luz y
la cera es todo uno. Pero después que han estado unidos se pueden separar sin
dificultad una vela de la otra y quedan siendo como antes dos velas, o mecha
y cera (VII M 2, 6). 37
En el matrimonio es como si cae agua
del cielo en un río o en una fuente en donde queda hecho todo agua. Nadie
podrá dividir ni separar el agua del río de la que cayó del cielo; o como si
un arroyo pequeño entra en el mar, no habrá manera de separarlos; o como si
en un salón hubiese dos ventanas por donde entrara mucha luz, aunque la luz
entra separada, se hace toda una luz. Quizá es esto lo que dice san Pablo:
"Estar unido al Señor es ser un espíritu con El" (1 Cor 6, 17),
referido a este soberano matrimonio, que presupone que Su Majestad se ha
juntado al alma por unión. Y
también dice san Pablo: "Para mí vivir es Cristo y morir ganancia"
(Fl 1, 21). Esto me parece que puede decir aquí el alma, porque ahora es
cuando la mariposilla de que hemos hablado, muere, y con grandísimo gozo,
porque su vida es ya Cristo (VII M 2, 6). 38
Que es muy cierto que si nosotros nos
vaciamos de todas las criaturas y de ellas nos desasimos por amor de Dios, el
mismo Señor nos llenará de sí mismo. ¡No se qué mayor amor puede ser que
éste! Y no dejaremos de entrar aquí todos, porque así dijo Su Majestad:
"No te pido sólo por éstos, te pido también por los que han de creer en
Mí mediante su mensaje" (Jn 17, 20). Y sigue diciendo: Yo unido con ellos y tú conmigo" (Jn 17, 23). ¡Oh,
válgame Dios, qué palabras tan verdaderas, y cómo las entiende el alma, que
en esta oración lo ve realizado en sí misma! Y ¡cómo lo entenderíamos todos
si no fuese por nuestra culpa, pues las palabras de Jesucristo, nuestra Rey y
Señor, no pueden faltar (Lc 21, 3)!; mas como faltamos en no disponernos y
apartarnos de todo lo que puede oscurecer esta luz, no nos vemos en este
espejo que contemplamos, donde nuestra imagen está esculpida (VII M 2, 9-10). 39
Veía claramente lo mucho que el Señor
había puesto de su parte desde que era muy niña, para acercarme a El con
medios harto eficaces y de ninguno me aproveché. En lo cual se me representó
claramente el excesivo amor que Dios nos tiene perdonando todo esto cuando
queremos volver a el, y más conmigo que con nadie, por muchas causas (Cc 14ª,
3). 40
¡Oh, verdadero Amador, con cuánta
piedad, con cuánta suavidad, con cuánto deleite, con cuánto regalo y con cuán
grandísimas muestras de amor curáis estas llagas que con las saetas del mismo
amor habéis hecho! ¡Oh, Dios mío y descanso de todas las penas, qué
desatinada estoy! ¿Cómo podía haber medios humanos que curasen a los que ha
enfermado el fuego divino? ¿Quién ha de saber hasta dónde llega esta herida,
ni de qué procedió, ni cómo se puede aplacar tan penoso y deleitoso tormento?
No sería justo que tan precioso mal pudiera poderse aplacar con algo tan
vulgar como son los medios que pueden tomar los mortales. Con cuánta razón
dice la esposa en los Cantares: "Mi Amado para mí y yo para mi
Amado" (2, 16); porque semejante amor no es posible que tenga su origen
en amor tan pobre como el mío. Pues
si es pobre, Esposo mío, cómo no para en ninguna criatura hasta llegar a su
Creador? ¡Oh mi Dios!, ¿por qué yo para mi Amado?. Vos, mi verdadero Amador,
comenzáis esta guerra de amor, que no parece otra cosa el desasosiego y
desamparo de todas las potencias y sentidos que salen por las plazas y
barrios conjurando a las hijas de Jerusalén que le digan a su Dios. ¡Oh, alma
mía, qué batalla tan admirable has tenido en esta pena, y cuán al pie de la
letra pasa así! Pues mi Amado para mí y yo para mi Amado, ¿quién será el que
podrá extinguir y apagar dos fuegos tan encendidos? Será trabajar en balde,
porque ya se han convertido en uno (E 16). 41
¡Oh Amor que me amas más de lo que yo
puedo amar ni entiendo! ¿Para qué quiero, Señor, desear más de lo que Vos
quisiereis darme? ¿Para qué me quiero cansar en pediros cosa pedida por mi
deseo, pues todo lo que mi entendimiento puede organizar y mi deseo desear,
ya sabéis Vos en qué termina, cuándo yo no entiendo lo que más me aprovecha?
En lo que mi alma piensa salir con ganancia, quizá estará más perdida (E 17). 42
No deja de nos amar Nuestro Dios, y nos llamar, Sigámosle sin recelo, Monjas del Carmelo (P 10). 43
¡Oh, nudo que así juntáis Dos cosas tan desiguales! No se por qué os desatáis, Pues atado fuerza dais A tener por bien los males. Juntáis quien no tiene ser con el Ser que no se acaba; Sin acabar acabáis, Sin tener que amar amáis Engrandecéis nuestra nada (P 6). 44
Un día que había hecho mucha oración
suplicando al Señor que me ayudase a agradarle en todo, mientras estaba
rezando el himno, me vino un arrobamiento tan repentino que casi me sacó de
mí, de lo que no pude dudar porque fue muy notorio. Fue la primera vez que el
Señor me hizo esta merced de arrobamiento. Y entendí estas palabras: "Ya
no quiero que tengas conversación con hombres, sino con ángeles" (V 24,
5). 45
Veía un ángel cabe mí hacia el lado
izquierdo, en forma corporal, lo que no suelo ver sino por maravilla; aunque
muchas veces se me representaban ángeles, es sin verlos, como la visión de
Jesucristo que dije antes. 46
Esta visión del ángel quiso el Señor que la
viese así: no era grande, sino pequeño, hermoso mucho, el rostro tan
encendido que parecía de los ángeles muy subidos que parece que todos se
abrasan: debe de ser de los que llaman querubines, que los nombres no me los
dicen; mas bien veo que en el cielo hay tanta diferencia de unos ángeles a
otros y de otros a otros, que no lo sabría distinguir (V 29, 13). 47
Estando un día de 48
Me pareció que los veía subir al cielo con
gran multitud de ángeles (V 33, 15). 49
Creo que fueron tres veces las que me
sucedió lo mismo y, al fin, pudo más el ángel bueno que el malo, y fui a
llamarle y vino a hablarme a un confesonario (V 33, 15). 50
Otra vez, estando lejos de esta ciudad, vi
que los ángeles le elevaban con mucha gloria (al padre Gracía de Toledo); por
esta visión supe que su alma había adelantado mucho. Y es que una persona a
quién él había hecho mucho bien y salvado su honra y su alma, le había
levantado una gran difamación contra su honra y él lo había sufrido con mucho
contento, y había sufrido otras persecuciones (V 34, 17). 51
Mas no vi cómo estaba el trono, ni quién
estaba sentado, sólo una gran multitud de ángeles, con una hermosura mayor
sin comparación, que la que he visto otras veces en el cielo. He pensado si
serían serafines o querubines, cuya gloria es muy diferente; estaban
llameantes. 52
La gloria que sentí no se puede escribir
ni decir, ni la puede imaginar quien lo haya experimentado. Entendí, sin ver
nada, que allí estaba todo junto lo que el hombre puede desear. Me dijeron, y
no se quién, que lo único que podía hacer allí era entender que no podía
entender nada, y darme cuenta de que todo es nada comparado con aquello. 53
Después mi alma se avergonzaba viendo
que podía detenerse en alguna criatura o aficionarse a ella, porque todo el
mundo me parecía un hormiguero (V 39, 22). 54
Estando una vez en oración con mucho
recogimiento y suavidad y quietud, veía que estaba rodeada de ángeles y muy
cerca de Dios. Comencé a suplicar a Dios por 55
La víspera de San Sebastián, el primer
año que vine a ser priora de 56
Yo no hacía más que abrir los ojos para
ver si me podía distraer, y no me bastaba para apartar esta tentación, sino
que me parecía que se oía una música de pajaritos y de ángeles, de la que el
alma gozaba, aunque yo no lo oía, mas el alma estaba en aquel deleite (Cc
34ª, 2). 57
Se me representó esta santa mujer
(Catalina Cardona), por visión intelectual, como cuerpo glorificado, y
algunos ángeles con ella (F 28, 36). 58
Tengo mucha experiencia de que no hay
nada como el agua bendita para hacer huir al demonio y que no vuelva. Debe de
ser grande la fuerza del agua bendita. A mí me produce un consuelo muy
singular y notorio cuando la tomo. En verdad siempre siento un gusto que no
sabría definir, como un deleite interior que fortalece toda el alma. Y no es
ilusión mía, porque no me ha ocurrido una vez, sino muchas y lo he
considerado con gran detenimiento. Es algo así como si alguien que tiene
mucho calor y sed, bebiese un jarro de agua fría, que parece que todo él
sintió un gran refrigerio (V 31, 4). 59
Tenga agua bendita junto a sí, que no
hay cosa con que más huya el demonio...Mas, si no le acierta a dar el agua
bendita, no huye (Cta 168, 9). 60
De lo que dice del agua bendita, sólo
se la experiencia que tengo. Lo he dicho a algunos letrados y no lo
cotradicen. Basta tenerlo 61
De esto también gané la grandísima pena
que me causan las muchas almas que se condenan (especialmente de los
luteranos, que por el bautismo ya eran miembros de 62
Nosotras sí estamos desposadas (con ),
y todas las almas por el Bautismo (CE 38, 1). 63
Al que Vos habéis levantado y ha
conocido cuán miserablemente perdió por gozar un muy rápido placer y está
determinado a agradaros siempre..., ¿qué remedio, Señor, para poder después
vivir, que no sea muriendo, con el recuerdo de haber perdido tanto bien como
hubiera tenido si hubiera permanecido en la inocencia en que lo dejó el
Bautismo? (E 3). 64
Quiso el Señor mostrarme solas las
manos con tan grandísima hermosura, que yo no lo podría encarecer... Pocos
días después ví también su divino rostro, que me dejó absorta... Cuando lo vi
todo entero, comprendí que el Señor tenía en cuenta mi debilidad y me iba
preparando...; y, como quien esto sabía, iba el piadoso Señor disponiendo (V
28, 1). 65
Se me representó 66
Esta visión de no es un resplandor que deslumbra, sino una
blancura suave y un resplandor difuso que da deleite grandísimo a la vista, y
la claridad que se ve para poder ver esta hermosura divina no le cansa. Es
una luz tan diferente de la de acá que la luminosidad del sol de la tierra es
tan opaca en comparación de aquella claridad y luz de la visión, que no se
querrían abrir los ojos después. Es como ver agua muy clara que corre sobre
cristal en la que reverbera el sol, comparada con un agua turbia con un cielo
muy nublado corriendo por la superficie de la tierra. Y no es que en la
visión se represente el sol, ni la luz es como la del sol; sino que la luz de
la visión parece luz natural y la de la tierra artificial. Es luz que no
tiene noche porque siempre hay luz y, por gran entendimiento que tenga una
persona, en toda su vida no podrá imaginar cómo es. (V 28, 5). 67
La visión de me dejó impresa su grandísima hermosura,
que aún me dura... (V 37, 4). 68
Después de haber visto la hermosura del
Señor, nadie me gustaba en comparación suya, ni nadie podía llenarme (V 37,
4). 69
¡Oh, Hermosura que excedéis a todas las hermosuras! (P VI). 70
No deje yo, mi Dios, no deje de gozar
de tanta hermosura en paz. (E 14, 2). 71
Estando así el alma buscando a Dios
siente que casi va desfalleciendo toda con un deleite grandísimo y suave y
una especie de desmayo, en que le va faltando la respiración y todas las
fuerzas corporales de tal modo, que sólo con dificultad puede mover las manos
(V 18, 10; CN 8). 72
También me parece que Su Majestad va
probando a unos y a otros, manifestándoles quién es con deleite tan soberano,
para ver quién le quiere y para avivar la fe, si es que está muerta, en lo
que nos ha de dar, diciendo: "Mirad, que esto es sólo una gota del mar
grandísimo de bienes", para no dejar nada por hacer con los que ama y
según ve que le reciben, así da y se da (V 22, 17; CN 12). 73
Mirad que lo que digo no se puede
comparar con la realidad; sólo he dicho lo que es necesario para dar a
entender secretos y grandezas suyas, pues su deleite supera a todos los que
en este mundo se pueden gozar. Por eso con toda razón hace aborrecer los
deleites de esta vida, que son basura todos juntos. Asco da compararlos aquí,
aunque fuera para gozarlos sin fin, con éstos que da el Señor, que son sólo
una gota del gran río caudaloso que nos tiene preparado (V 27, 12). 74
Jamás me podía penar haber visto estas
visiones celestiales, que ni una sola cambiaría yo por todos los bienes y
deleites del mundo. Siempre las tuve por gran merced del Señor y me parecían
un gran tesoro y así me lo decía el Señor muchas veces. Yo me veía crecer
mucho en amarle (V 29, 4). 75
Yo quisiera poder dar a entender algo
de la mínima parte que veía, y pensando cómo lo podré conseguir, veo que me
parece imposible. Porque sólo la diferencia de esta luz a la de allá, aunque
una y otra son luz, es incomparable, porque incluso la luminosidad del sol
parece opaca. En fin, que por muy sutil que sea la imaginación, no puede
producir luz celeste, ni nada de lo que el Señor me daba a entender con un
deleite tan soberano que no se puede decir; porque todos los sentidos gozan
en tan alto grado y suavidad que no se puede expresar, y por eso es mejor
callar (V 38, 2). 76
En esta oración de que estoy hablando,
que yo llamo de quietud, porque el sosiego que produce en todas las potencias
parece que conforta todo el hombre interior y exterior, como si le echasen en
los tuétanos una unción suavísima de un gran perfume de muchas esencias, sin
que sepamos lo que es ni dónde está aquel perfume, sino que nos penetra
totalmente, así parece que es este amor suavísimo de nuestro Dios. Se
introduce en el alma con gran suavidad y la contenta y la satisface y no
puede entender cómo y por dónde entra aquél bien. Querría no perderlo,
querría no menearse ni hablar ni aún mirar, para que no se le fuese. Y esto
es lo que dice aquí la esposa a mi propósito, que dan de sí los pechos del
Esposo olor muy bueno, más que los ungüentos (Mdt C 4, 2). 77
Mas cuando este Esposo riquísimo la
quiere enriquecer y regalar más, la convierte tanto en Sí que, como una
persona que el gran placer y contento la desmaya, le parece que se queda
suspendida en aquellos divinos brazos y arrimada a aquel sagrado costado y a
aquellos pechos divinos. No sabe más que gozar, sustentada con aquella leche
divina con que la va curando su Esposo y mejorando en aquel sueño y en
aquella embriaguez celestial, y queda espantada y embobada y con un santo
desatino. Me parece a mí que puede decir estas palabras: "Mejores son
tus pechos que el vino" porque, cuando estaba en aquella borrachez, le
parecía que ya no podía subir más; mas, cuando se vio en más alto grado y
toda empapada en aquella inmensa grandeza de Dios y se vio que quedaba tan
satisfecha, delicadamente lo comparó, diciendo: "Mejores son tus pechos
que el vino". Porque así como un niño no entiende cómo crece ni sabe cómo
mama -que, aunque sin mamar él ni hacer nada, muchas veces le echan la leche
en la boca-, así sucede aquí, que totalmente el alma no sabe de sí ni hace
nada ni sabe cómo ni por dónde le vino aquel bien tan grande. Sabe que es el
mayor que en la vida se puede gustar, aunque se junten todos los deleites y
gustos del mundo; se ve crecida y mejorada, sin saber cuándo le mereció;
fortalecida en las virtudes, regalada por quien tan bien lo sabe y puede
hacer. No sabe a qué comparar su estado, sino al regalo de la madre que ama
mucho al hijo y lo cría y regala (Mdt C 4, 4). 78
Y ¡cuán venturosa es el alma que merece
estar debajo de esta sombra, aun para cosas que acá se pueden ver! Parece que
estando el alma en este deleite, siente que está toda engolfada y amparada
por una sombra como una nube de 79
No es otra cosa el alma del justo que
un paraíso donde El dice que tiene sus complacencias (Prv 8, 11) (I M 1, 1). 80
¿Cómo os podría yo decir la riqueza y
tesoros y deleites que hay en las quintas moradas? Creo que sería mejor no
decir nada de las que faltan, pues no lo he de saber decir, ni el
entendimiento lo sabe entender, ni las comparaciones pueden servir para
explicarlo, porque son muy pobres las cosas de la tierra para expresar tanta
grandeza (V M 1, 1). 81
Es así como, sabiendo que se comunica
con sus criaturas, alabaremos más su grandeza y nos animaremos a no
menospreciar al hombre, con quien tanto se deleita el Señor. Y cuánto más
supiéramos de esto, mejor (VII M 1, 1). 82
Porque el gran deleite que siente
entonces el alma es porque se ve cerca de Dios. En esta situación no entiende
nada, porque pierde el uso de todas las potencias (VII M 1, 6). 83
Cuando considero que decís que tenéis
vuestros deleites con los hijos de los hombres, se alegra mucho mi alma. ¡Oh
Señor del cielo y de la tierra, y qué palabras éstas para que ningún pecador
desconfíe!... Aquella voz que se oyó cuando el Bautismo, dijo que os
deleitáis con vuestro Hijo... Pues, ¿qué necesidad tenéis de mi amor? ¿Para
qué lo queréis, Dios mío, qué ganáis con él? ¡Oh, bendito seáis Vos!; ¡oh,
bendito seáis Dios mío, para siempre! Que os alaben todas las cosas, Señor,
en fin, pues no lo puede haber en Vos (E 7). 84
¡Oh almas que ya gozáis sin temor de
vuestro gozo y estáis siempre embebidas en alabanzas de mi Dios! Venturosa
fue vuestra suerte. ¡Qué gran razón tenéis para ocuparos siempre en estas
alabanzas y qué envidia os tiene mi alma, porque estáis ya libres del dolor
que dan las ofensas tan grandes que en estos desventurados tiempos se hacen a
mi Dios, y de ver tanta ingratitud, y de ver que no se quiere ver esta
multitud de almas que se lleva Satanás! ¡Oh bienaventuradas almas
celestiales!; ayudad nuestra miseria y sednos intercesoras ante la divina
misericordia para que nos de algo de vuestro gozo y reparta con nosotros ese
claro conociento que tenéis. 85
Dadnos, Dios mío, Vos a entender qué es
lo que se da a los que pelean varonilmente en este sueño de esta miserable
vida. Alcanzadnos, ¡oh almas amadoras!, a entender el gozo que os causa ver
la eternidad de vuestros gozos y cómo es cosa tan deleitosa ver con certeza
que no se han de acabar. ¡Oh desventurados de nosotros, Señor mío!, que bien
lo sabemos y creemos, sino que con la costumbre tan general de no meditar
estas verdades, son tan extrañas ya para las almas, que ni las conocen ni las
quieren conocer. 86
¡Oh, oh, oh, qué poco nos fiamos de
Vos, Señor! ¡Cuántas mayores riquezas y tesoros nos confiasteis a nosotros!,
pues treinta y tres años de grandes trabajos y después muerte tan intolerable
y lastimosa, nos disteis a vuestro Hijo tantos años antes de nuestro
nacimiento; y aun sabiendo que no os lo habíamos de pagar, no quisisteis
dejarnos de confiar tan inestimable tesoro, para que no quedase por Vos lo
que nosotros granjeando con El, podemos ganar con Vos, Padre piadoso (E 13). 87
El es bienaventurado porque se conoce y
se ama y goza de sí mismo, sin que sea posible otra cosa; no tiene, ni puede
tener, ni fuera perfección de Dios poder tener libertad para olvidarse de sí
y dejar de amarse (E 17). 88
Y Dios que es tan bueno que, cuando Su
Majestad sabe por qué, quizá para gran provecho quiere que esté seco el pozo,
si hacemos lo que podemos como buenos hortelanos, sin agua sustenta las
flores y hace crecer las virtudes (V 11, 10; CN 1). 89
Confíen en la bondad de Dios, que es
mayor que todos los males que podemos hacer y no se acuerda de nuestra
ingratitud cuando nosotros, reconociéndonos, queremos volver a su amistad, ni
de las mercedes que nos ha hecho para castigarnos por no haberlas
aprovechado. Al contrario, ellas sirven para perdonarnos más pronto, como
personas que ya eran de su casa y han comido su pan. 90
Acuérdense de sus palabras y miren lo
que ha hecho conmigo, que antes me cansé de ofenderle que Su Majestad de
perdonarme. Nunca se cansa de dar ni se puede agotar su misericordia; no nos
cansemos nosotros de recibir. Sea bendito por siempre, amén, y que le alaben
todas las cosas (V 19, 17: CN 9). 91
Lo que sí se muy bien es que la
fortaleza que deja Dios en el alma al principio, cuando la unión dura tiempo
tan breve como el abrir y cerrar los ojos, que si no fuera por los efectos
que deja sería casi imperceptible, es muy diferente de cuando dura más tiempo
esta merced. La razón de esta diferencia creo que está en que el alma no está
preparada del todo, y el Señor poco a poco la va formando y le da decisión y
fuerzas varoniles para que todo lo pisotee del todo. 92
Con la misma rapidez que lo hizo con 93
Pues ¿qué tal os parece que será la
habitación donde se deleita un rey tan poderoso, tan sabio, tan limpio y tan
lleno de todos los bienes? No encuentro nada que se pueda comparar a la gran
hermosura del alma y a su gran capacidad. Y verdaderamente no pueden
comprenderla nuestros entendimientos, por muy agudos que sean. De la misma
manera que no pueden comprender a Dios, pues El mismo dice que nos crió a
imagen y semejanza suya (Gn 1, 28) (I M 1, 1). 94
Esta pena no se alivia pensando que
nuestro Señor tiene ya perdonados los pecados y olvidados, sino que aún
aumenta la pena viendo tanta bondad y que se hacen mercedes a quien no
merecía sino infierno. 95
Yo pienso que fue éste el gran martirio
de san Pedro y de 96
Mas este andar siempre el alma tan
asida de Dios y ocupado su pensamiento en El, le daría tanta rabia al demonio
que, aunque lo intentase, no volvería muchas veces, y es Dios tan fiel, que
no permitirá darle tanta mano en alma que no pretende otra cosa sino agradar
a Su Majestad y gastar su vida en su honra y gloria, sino que pronto ordenará
que sea desengañada (VI M 8, 7). 97
Y si no falta a Dios el alma, jamás El,
a mi parecer, dejará de manifestar con tanta claridad su presencia. Y tiene
el alma gran confianza de que Dios no dejará que pierda este don que le ha
regalado (VII M 1, 9). 98
Entonces, alma mía, entrarás en tu
descanso, cuando te entrañes con este Sumo Bien y entiendas lo que entiende,
y ames lo que ama, y goces lo que goza. Cuando veas ya perdida tu mudable
voluntad, y sin posibilidad de cambio; porque la gracia de Dios ha podido
tanto que te ha hecho partícipe de su divina naturaleza; con tanta perfección
que ya no puedas ni desees poder olvidarte del sumo Bien, ni dejar de gozarle
junto con amor (E 17). 99
Créanme por Dios... que no dormirá el
demonio para tentarnos cuando más daño nos piense hacer, como hizo a esta
mujer, que cierto me espantó mucho, aunque no porque crea que impediría su
salvación, que es grande la bondad de Dios.(F 6, 21). 100 Nos poníamos de acuerdo para irnos a tierra
de moros, pidiendo por amor de Dios que allá nos descabezasen, y paréceme que
nos daba el Señor ánimo en tan tierna edad para realizarlo, si hubiéramos
encontrado el modo (V 1, 5). 101 Gran cosa fue haberme hecho el Señor la
merced en la oración que me había hecho, que ésta me hacía entender lo que
era amarle (V 6, 3). 102 Era más penoso para mi carácter recibir
mercedes cuando había caído en grandes culpas, que recibir castigos; que una
merced sola me parece, cierto, me deshacía y confundía más y fatigaba, que
muchas enfermedades con otros trabajos hartos juntas; porque esto veía que lo
merecía y me parecía que con ello pagaba algo mis pecados, aunque todo era
poco, según ellos eran muchos; mas verme recibir de nuevo mercedes pagando
tan mal las recibidas, es un tormento para mí terrible, y creo que para todos
los que tuvieren algún conocimiento o amor de Dios, y esto lo podemos deducir
de lo que siente una persona sensible, virtuosa y delicada (V 7, 19). 103 Por eso era tan amiga de imágenes.
¡Desventurados de los que por su culpa pierden este bien! Bien me parece que
no aman al Señor, porque si le amaran, se alegraría de ver su retrato, como
nos ocurre con el de las personas queridas (V 9, 6). 104 Comenzó a crecer en mí la afición de estar
más tiempo con El y a quitarme de los ojos las ocasiones porque, quitadas,
enseguida me volvía yo a amar a Su Majestad; que bien entendía yo que le
amaba, mas no entendía como lo había de entender, en qué consiste el amor
verdadero a Dios (V 9, 9). 105 Hablemos ahora de los que comienzan a ser
siervos del amor, que esos son los que se determinan a seguir por el camino
de la oración, a quien tanto nos amó. Seguir por este camino constituye una
dignidad tan grande, que me regalo extraordinariamente pensando en ella (V
11, 1; CN 1). 106 ¡Oh, Señor de mi alma y bien mío!, ¿por qué
no quisisteis que, cuando un alma se determina a amaros haciendo lo que puede
en dejarlo todo para dedicarse a cultivar este amor de Dios, pudiese ya gozar
del amor perfecto? (V 11, 1; CN 1). 107 Mal he dicho antes: ¿por qué no
quisisteis...? Habría de haber dicho: "no nos lo das porque no queremos
nosotros", y nos habríamos de quejar de ello; pues es nuestra toda la
culpa de que no empecemos a gozar enseguida de tan gran dignidad, pues cuando
se consigue tener con perfección este verdadero amor de Dios, trae consigo
todos los bienes (V 11, 1-2; CN 1). 108 ¡Donosa manera de buscar amor de Dios! Y
luego lo queremos tener a manos llenas, por decirlo de algún modo. Queremos
seguir apegados a nuestras aficiones y recibir muchos consuelos espirituales;
esto no encaja bien, ni es compatible una cosa con otra. Pues no procuramos
realizar nuestros deseos de virtudes y no nos decidimos a desarraigar los
deseos de la tierra. Así que, porque no se acaba de dar todo, no se nos da
del todo este tesoro. Quiera el Señor dárnoslo gota a gota, aunque sea
costándonos todos los trabajos del mundo... 109 Porque son tantas las dificultades que pone
el demonio al principio para que no se comience este camino de veras, porque
sabe el daño que de aquí le viene, no sólo de perder aquella alma, sino
muchas..., que no es menester poco ánimo para no volver atrás, sino muy mucho
y mucho favor de Dios (V 11, 3-4). 110 Pasen como puedan este destierro, que
bastante desgracia tiene un alma que ama a Dios ver que vive en esta miseria
y que no puede lo que quiere por tener tan mal huésped como es este cuerpo (V
11, 16; CN 1). 111 Puede la persona representarse delante
de y acostumbrarse a enamorarse mucho
de su sagrada Humanidad y traerle siempre consigo y hablar con El, pedirle
por sus necesidades y quejársele de sus trabajos, alegrarse con El en sus
alegrías y no olvidarle por ellas, no buscando fórmulas de oraciones de sino
diciéndole palabras brotadas del corazón conforme a sus deseos y necesidades. 112 Es ésta excelente manera de avanzar muy
rápidamente; y a quien trabaje por traer esta preciosa compañía y se
aproveche mucho de ella y se encienda de veras en el amor de este Señor, a
quien tanto debemos, yo le doy por aprovechado (V 12, 12; CN 2). 113 Ve el alma que le comienza a nacer un amor de
Dios muy desinteresado. Desea ratos de soledad para gozar más de aquel bien.
En fin..., es un comienzo de todos los bienes, un estar las flores a punto de
brotar. Y esto lo verá el alma muy claro, y no podrá aceptar que Dios no
estuvo con ella, hasta que se ve con faltas e imperfecciones, que entonces
todo lo teme. 114 Y es bueno que tema; aunque hay almas a
quienes les aprovecha más creer que es cierto que es Dios, que todos los
temores que les pueden meter; porque si el alma es de suyo amorosa y
agradecida, la lleva más a Dios el recuerdo del carisma recibido, que todos los
castigos del infierno que le representen. Al menos a mí, aunque tan ruín,
esto me acaecía (V 15, 14; CN 5). 115 Parece que salgo de quicio. Porque no puedo
hacer otra cosa cuando el Señor me saca de mí, y creo que no soy yo la que
hablo desde esta mañana que comulgué. Parece que sueño lo que veo y quisiera
que todos estuviesen enfermos de este mal. Suplico a usted que estemos todos
locos de amor a quien fue llamado loco por nosotros. Ya que usted dice que me
quiere, disponiéndose para recibir esta merced me lo ha de demostrar, porque
veo pocos que no tengan demasiado seso para recibirla (V 16, 6; CN 6). 116 Queda el alma tan animosa que, si entonces la
hiciesen pedazos por Dios, le daría gran consuelo. En ese momento se hacen
promesas y determinaciones heroicas. Brotan ardentísimos deseos, comienza a
aborrecer el mundo viendo tan claramente su vanidad. Ha quedado mucho más
mejorada que en los grados de oración anteriores, y con la humildad más
crecida; porque ve claro que aquella excesiva merced grandiosa no fue traida
por sus fuerzas. 117 Se ve indignísima con mucha claridad, porque
en una sala donde entra mucho sol no hay telaraña escondida, ve su
miseria... Si se quedó sola con El,
¿qué ha de hacer más que amarle?... De sí ve que merece el infierno y la
castigan con gloria; se deshace en alabanzas de Dios, y yo me quisiera
deshacer ahora; ¡bendito seáis, Señor mío, que así hacéis, de estiércol tan
sucio como yo, agua tan clara que sea para vuestra mesa! ¡Seáis alabado, oh
regalo de los ángeles, que así queréis elevar un gusano tan vil! (V 19, 2; CN
9). 118 ..Si
una cosa como yo, porque el Señor me ha dado esta luz, teniendo tan tibia
caridad...muchas veces siente tanto verse en este destierro, ¿qué sería el
sentimiento de los santos? ¿Cuánto sufriría san Pablo y 119 Creo que los que me dan algún alivio y
descanso en su trato son las personas en las que encuentro estos deseos;
deseos con obras; digo con obras, porque hay algunas personas que creen que
están desprendidas y así lo publican, y así debía ser, ya que así lo exige su
estado y los muchos años que hace que algunos comenzaron el camino de la
perfección; mas conoce muy bien esta alma desde muy lejos a los que tienen
estos deseos sólo de palabra, y a los que lo han demostrado con sus
obras...(V 21, 7; CN 11). 120 121 En todo encontraba medios para conocer más a
Dios y amarle y darme cuenta de lo que le debía y dolerme de haber sido como
fuí. Bien entendía yo que aquello no venía de mí, ni lo había conseguido con
mi esfuerzo (V 21, 12; CN 11). 122 Bienaventurado quien de verdad le amare y
siempre lo trajere junto a sí. Miremos al glorioso san Pablo, que parece que
no se le caía de la boca siempre Jesús, como quien lo tenía bien metido en el
corazón. 123 Yo he examinado cuidadosamente después de
haber comprendido esta verdad, que algunos santos grandes contemplativos, no
iban por otro camino. San Francisco con sus llagas lo demuestra; san Antonio
de Padua con el Niño; san Bernardo se deleitaba en 124 Estoy persuadida de que cuando un alma
forcejea para conseguir oración de unión, aunque parezca que consigue algo,
se desvanece muy pronto como algo artificial. Y temo que no llegue nunca a la
verdadera pobreza de espíritu, que consiste en no buscar consuelo ni gusto en
la oración..., sino consuelo en los sufrimientos soportados por amor del que
siempre vivió en ellos y permanecer sosegada en ellos y en las sequedades (V
22, 11; CN 12). 125 Puede además el alma sentir grandes indicios
en su interior de que ama a Dios de verdad, porque las que han llegado a este
nivel no tienen el amor tan escondido como en el comienzo de sus vida
cristiana, sino con grandes ímpetus y deseo de ver a Dios; todo les cansa,
todo les fatiga, todo les causa tormento. Si no es con Dios o por Dios, no
hay descanso que no canse, y por eso digo que no pueden disimular el amor (V
26, 1). 126 Me dijo un compañero (de san Pedro de Alcántara),
que le acaecía estar ocho días sin comer. Esto debía de ser estando en
oración, porque tenía grandes arrobamientos e ímpetus de amor de Dios, de los cuales yo fuí una vez
tetigo (V 27, 17). 127 Aunque quisiera distraerme no podía dejar de
estar en oración; creo que incluso durmiendo seguía orando; crecía el amor y
las quejas que yo dirigía al Señor de que no podía soportar el tener que
dirigirle desprecios, y no estaba en mi mano dejar de pensar en El, aunque yo
lo quería y lo intentaba (V 27, 7). 128 Poco después comenzó Su Majestad, como me lo
había prometido, a dar mayores pruebas de que era El quien se me aparecía,
con lo cual crecía en mí un amor tan grande de Dios que no sabía de donde
venía, porque era muy sobrenatural y yo no lo procuraba. Me sentía morir de
deseo de ver a Dios, y no sabía donde buscar la vida más que en la muerte (V
27, 8). 129 Me daban unos ímpetus grandes de amor que,
aunque no eran tan insufribles como los que ya otra vez he dicho, ni de tanto
valor, yo no sabía qué hacer de mí; porque nada me satisfacía, ni cabía en
mí, sino que verdaderamente me parecía que se me arrancaba el alma. ¡Oh
soberano arte del Señor! ¡Qué maravilla tan delicada hacíais con vuestra
esclava miserable! Os escondíais de mí y me apretabais con vuestro amor, con
una muerte tan sabrosa que nunca el alma querría salir de ella (V 27, 8). 130 Quien no haya experimentado estos ímpetus, es
imposible que lo pueda entender, pues no es un desasosiego del pecho, ni unos
fervores que a veces se tienen que ahogan el espíritu porque no se pueden
dominar; es ésta una oración más elemental, cuyos ímpetus hemos de contener
procurando recogerlos en lo interior con suavidad y acallar el alma...(V 27,
9). 131 Piense en otra cosa pensando que aquello no
es oración, sino movimiento de la sensibilidad, y haga callar a este niño con
un regalo de amor que le mueva a amar suavemente y no a bofetadas, como suele
decirse. 132 Recojan el amor en lo interior para que no
resulte ser una olla que hierbe demasiado y se desparrama toda porque se ha
puesto leña sin discreción. Moderen la causa que inflamó este amor y procuren
extinguir la llama con lágrimas suaves y no penosas, que lo son las de estos
sentimientos, y perjudican mucho (V 27, 9). 133 Aquellos ímpetus de amor son diferentísimos.
En ellos no ponemos nosotros la leña sino que parece que el fuego ya está
ardiendo y de repente nos echan dentro para que nos quememos. 134 No es el alma la que trabaja para que le
duela esta llaga de la ausencia del Señor, sino que a veces le clavan una
saeta en lo más vivo de sus entrañas y corazón, y el alma se queda sin saber
lo que le pasa y lo que quiere. 135 Bien entiende que quiere a Dios, y que la
saeta parece que trae hierba venenosa para que se aborrezca a sí misma por
amor del Señor, por quien de buena gana perdería la vida. 136 No se puede encarecer ni decir el modo con
que Dios llaga al alma y la grandísima pena que le causa sin saber qué le
pasa; mas es una pena tan sabrosa que no hay deleite en la vida que más
contento de. Siempre querría el alma estar muriendo de este mal (V 29, 10). 137 ¡Oh, qué es ver un alma herida! El alma
siente que está herida de amor divino y ve que no procede de ella este amor,
sino que parece que del muy grande que el Señor tiene por ella, cayó
vertiginosamente en su corazón la chispa que la hace arder. 138 ¡Oh, cuántas veces me acuerdo, cuando así
estoy, de aquel verso de David: "Como busca la cierva corrientes de
agua, así mi alma te busca a Tí, Dios mío" (Sal 42, 2), que me parece lo
veo cumplirse en mí al pie de la letra! 139 Cuando este ímpetu no es muy recio, parece
que se aplaca un poco, al menos busca el alma algún remedio porque no sabe
qué hacer, en algunas mortificaciones que no se sienten más ni causan más
dolor, aunque derrame sangre, que si el cuerpo estuviese muerto. Busca modos
y maneras para sufrir algo por amor de Dios; mas es tan grande el dolor de
amor, que no se yo que tormento corporal lo podría quitar. 140 Como no está en sufrir el remedio, son muy
bajas estas medicinas para tan subido mal; algo se aplaca y calma pidiendo a
Dios le de remedio para su mal, y ninguno ve sino la muerte, que con ésta
piensa gozar del todo su Bien (V 29, 11-12). 141 Otras veces da tan recio, que ni eso ni nada
se puede hacer, pues paraliza todo el cuerpo; ni pies ni brazos puede mover;
si está en pie tiene que sentarse, como un cuerpo traspuesto, que no puede ni
siquiera respirar: sólo da unos gemidos no grandes, porque no puede más; son
grandes en el sentimiento (V 29, 12). 142 Bien claro tengo yo que aún no he comenzado a
servir a Dios, aunque Su Majestad me ha concedido mercedes como si fuera
buena, y que soy una verdadera calamidad, excepto en los deseos y en el amor,
y en esto también veo claro que me ha favorecido el Señor para que pueda
servirle en algo. A mí me parece que le amo, mas me desconsuelan las obras y
las muchas imperfecciones que veo en mí (V 30, 17). 143 Este estado es como un navegar con un aire
muy sosegado, en el que se avanza mucho sin que se sienta. 144 En los grandes ímpetus de amor que Dios da,
el alma ve que mejora, porque los efectos son muy grandes y visibles; y bulle
en deseos que no puede realizar. Es como unas fontecicas que yo he visto
manar en las que la arena nunca cesa de empujar hacia arriba. 145 Al natural me parece este ejemplo o
comparación, pues así les ocurre a las almas en esta situación: siempre está
hirbiendo en ellas el amor pensando qué harán por Dios; no cabe en el alma el
amor, como el agua de la fontecica no cabe en la tierra y por eso se vierte
al exterior. 146 Así está el alma siempre, que no sosiega ni
cabe en sí con tanto amor como tiene y, pues ella está saturada de agua y no
le hace falta, quisiera que bebieran los demás para que le ayudasen a alabar
a Dios. 147 ¡Oh, cuántas veces me acuerdo del agua viva
que prometió el Señor a la samaritana! y por eso soy muy aficionada a aquel
evangelio; y desde niña, cuando no entendía tan bien como ahora, gozaba con
este pasaje, y suplicaba muchas veces al Señor me diese aquella agua, y la
tenía pintada donde estaba siempre, con este letrero de las palabras de la
samaritana cuando el Señor llegó al pozo: "dame agua" (Jn 4, 15) (V
30, 19). 148 Parecen también las almas con estos ímpetus
de amor una hoguera grande que hay que alimentar constantemente para que no
se extinga; y ellas quieren traer leña, aunque sea con sacrificio de sí
mismas, para que este fuego no se apague. Yo soy tan pobre que me contentaría
con poder echar pajas en ese fuego, y eso hago algunas veces; a veces me río
y otras lloro mucho por no poder echar leña grande. El ardor interior me
incita a servir en algo y, ya que no puedo hacer cosas grandes, pongo ramos y
flores a las imágenes, me dedico a barrer, ordeno el oratorio y hago unas
cositas tan insignificantes, que me llenan de vergüenza; si hago alguna
penitencia es tan pequeña y poca que, de no ser porque Dios mira la voluntad,
veo yo que no vale nada, y yo misma me burlo de mí (V 30, 20). 149 No es poco el trabajo que tienen las almas a
quienes Dios da, por su bondad, este fuego de amor suyo en abundancia, cuando
ven que no tienen fuerzas corporales para hacer algo por El: es una pena
grande porque, como le faltan fuerzas para echar leña en este fuego y ella
muere porque no se apague, me parece que ella interiormente se consume y se
hace ceniza y se deshace en lágrimas y se quema y es harto tormento, aunque
es sabroso. 150 Alabe mucho al Señor el alma que ha llegado
aquí y tiene fuerzas corporales para hacer penitencia, o le dio estudios y
talentos y libertad para predicar y confesar y acercar las almas a Dios; que
no sabe ni entiende el bien que tiene, si no ha experimentado lo que es no
poder hacer nada en servicio del Señor, cuando está recibiendo siempre mucho
de El (V 30, 21). 151 Me enseñó el Señor el grandísimo bien que es
pasar trabajo y persecución por El, porque como fruto ví que crecía en mi
alma el amor de Dios y las demás virtudes tanto, que yo esta anonadada. Esto
es lo que me mueve a desear los sufrimientos. 152 Los que me trataban pensaban que yo estaba
muy avergonzada, y sí lo estaría, si el Señor no me hubiera favorecido tan
extraordinariamente con merced tan grande. Entonces reaparecieron los ímpetus
de amor de Dios pero más intensos, y mayores arrobamientos, aunque yo
disimulaba y a nadie contaba estas ganancias (V 33, 4). 153 Entendí que podía estar contenta y segura de
que estaba en gracia por el gran amor de Dios que sentía, y las mercedes y
sentimientos que me regalaba no los podría recibir si estuviera en pecado
mortal (V 34, 10). 154 ¡Oh, Jesús mío, qué cosas hace un alma
abrasada en vuestro amor! ¡Cómo la habíamos de estimar en mucho y suplicar al
Señor que la deje en este mundo! (V 34, 15). 155 ¡Oh, Señor mío, cómo se os nota que sois
poderososo! No es menester buscar razones para lo que Vos queréis porque
hacéis tan posible lo que mandáis, que se comprende que sólo es necesario
amaros de veras y dejarlo todo de veras por Vos, para que Vos, Señor mío, lo
hagáis todo fácil. 156 Bien se puede decir que fingís trabajo en
vuestra ley; porque yo no lo veo, Señor, ni se cómo es estrecho el camino que
lleva a Vos. Camino real veo que es, que no senda; camino que quien de verdad
lo sigue va más seguro. Muy lejos están los puertos y las rocas para caer
porque están alejadas las ocasiones. Senda llamo yo, y ruín senda y angosto
camino, al que en una parte hay un valle muy hondo donde caer y en otra un
despeñadero: aún no se han descuidado, cuando se despeñan y hacen pedazos. 157 El que os ama de verdad, Bien mío, seguro va
por ancho y camino real; lejos está el despeñadero; apenas ha tropezado
cuando le dais Vos, Señor, la mano; no basta una caída ni muchas, si os ama a
Vos, y no las cosas del mundo, para perderse (V 35, 13-14). 158 Muy a gusto escojo todos los sufrimientos del
mundo por un poquito de gozar más por entender más profundamente las
grandezas de Dios; pues veo que quien más lo comprende más le ama y alaba (V
37, 2). 159 Fue grandísima la gloria de este
arrobamiento. Me quedé todo lo que quedaba del tiempo pascual tan embobada y
tonta, que no sabía qué hacer, y sin saber cómo podía soportar tan gran favor
y merced. Con tanto gozo interior parece que no oía ni veía nada. Creció más
intensamente el amor a Dios, y las virtudes se me robustecieron mucho más (V
38, 11). 160 Cuando estaba con esta pena, se me apareció
el Señor y me acarició mucho, y me dijo que hiciera yo estas cosas y las
sufriera por amor, pues mi vida era ahora necesaria. 161 Y desde ese momento en que me decidí a servir
con todas mis fuerzas al Señor y consolador mío, no me sentí ya apenada,
porque aunque me dejaba padecer un poco, me consolaba tanto, que no me cuesta
nada desear padecimientos. De tal manera que ahora me parece que la vida no
tiene sentido más que para sufrir y eso es lo que pido con toda mi voluntad
(V 40, 20). 162 Ya que las monjas hacemos lo más, que es
renunciar a la propia libertad por amor de Dios, dejándola en las manos del
superior, y pasamos tantos trabajos, ayunos, silencio, clausura, asistir al
coro que, por mucho que nos queramos regalar sólo alguna vez podremos...,
¿por qué no nos decidimos a mortificarnos interiormente, pues ahí está el
secreto de que todo lo demás sea más meritorio y más perfecto, y de que lo
podamos hacer con más suavidad y descanso? 163 Todo esto se consigue acostumbrándonos poco a
poco a no hacer nuestra voluntad y nuestro gusto, aun en cosas menudas, hasta
que el cuerpo esté sometido al espíritu (C 12, 1). 164 Comprenderéis cómo el verdadero amor de Dios,
cuando está en su madurez, libre ya de todo y volando sobre las cosas de la
tierra, es señor de todos los elementos y del mundo; y como el agua procede
de la tierra, no tengáis miedo de que mate este fuego de amor de Dios; no
tiene poder sobre él. Aunque el fuego y el agua son contrarios, el fuego del
amor de Dios es ya señor absoluto; no está sometido al poder del agua (C 19,
4). 165 Y si es agua que llueve del cielo, menos aún
apagará este fuego; no son elementos contrarios fuego de amor y lágrimas del
cielo, pues tienen el mismo origen; no tengáis miedo de que el uno perjudique
al otro, al contrario, se ayudan el uno al otro a encender más el amor;
porque el agua de las lágrimas verdaderas, que son las que proceden de
verdadera oración y son regalo del Rey del cielo, ayudan a encender más el
fuego y hacen que dure más, y el fuego ayuda a enfriar el agua (C 19, 5). 166 ¡Oh, válgame Dios, qué cosa tan hermosa y
maravillosa, ver que el fuego enfría! Sí, y no sólo enfría, sino que el fuego
hiela todos los afectos mundanos, cuando se une con el agua viva del cielo,
que es la fuente de donde brotan estas lágrimas, que son infusas y no
adquiridas con el esfuerzo nuestro. Es pues, bien seguro, que este fuego
enfría el amor a las cosas del mundo, hace que el alma no se detenga en
ellas, sino para ver si puede prender con ellas fuego, pues es propio de él
no contentarse con poco, sino que, si pudiera, abrasaría a todo el mundo (C
19, 5). 167 Si conociéramos a Dios, así le amaríamos en
este mundo, aunque no con tanta perfección ni de manera permanente, como en
el cielo; ¡ah, si le conociéramos, le amaríamos de muy distinta manera de
como le amamos! (C 30, 5). 168 El remedio que tenemos y nos dio Su Majestad,
es amor y temor: el amor nos hará apresurar los pasos; el temor nos hará ir
mirando dónde ponemos los pies para no caer en el camino por el que caminamos
todos los que vivimos, donde hay tantos peligros en que tropezar (C 40, 1-2). 169 Los que de veras aman a Dios, todo lo bueno
aman, todo lo bueno quieren, todo lo bueno favorecen, todo lo bueno alaban,
se unen siempre a los buenos y los favorecen y defienden; sólo aman verdades
y cosas dignas de ser amadas. ¿Creéis que es posible, que quien muy de veras ama
a Dios, pueda amar vanidades y riquezas y deleites del mundo, y honores?
¿Creéis que se mete en pleitos y se enzarza en envidias? No, porque no
pretende otra cosa que contentar al Amado. Andan muriendo por su amor, y así
ponen toda su vida en conocer cómo le agradarán más (V 40, 3). 170 ¡Es imposible esconder el amor de Dios, si de
veras es amor! Si no, mirad a san Pablo, mirad a 171 En los contemplativos, el amor no es poco;
siempre tienen mucho amor, si no, no serían contemplativos, y así se
manifiesta mucho y de muchas maneras. Es fuego grande, por eso da gran
resplandor (C 40, 4). 172 Así que no dejaréis de conocer dónde está
este amor, ni sé cómo se puede ocultar; pues no se puede ocultar si un
hombrecillo y una mujercilla se aman, y cuanto más intentan ocultarlo más se
descubre, aunque este amor se centra en un gusano, y ni merece el nombre de
amor, porque se funda en nonada, y da asco poner esta comparación, ¿y se
podría encubrir un amor tan fuerte, tan justo, que siempre va creciendo, pues
todo lo que ve en Dios es digno de amor, y fundamentado sobre tal cimiento
como es ser pagado con otro amor, del que no puede dudar por haber sido
demostrado tan a las claras, con tan grandes y sufrimientos y derramamiento
de sangre, hasta dar la vida, para que no nos quedase ninguna duda de este
amor? ¡Oh, válgame Dios, qué diferente debe de ser un amor del otro, para
quien lo ha experimentado! (C 40, 7). 173 Será muy hermoso a la hora de la muerte, ver
que vamos a ser juzgados por quien hemos amado sobre todas las cosas. Seguros
podremos ir con el pleito de nuestras deudas; no será ir a tierra extranjera,
sino propia, pues es la patria de quien tanto amamos y nos ama (C 40, 8). 174 Y lo que no puedo sufrir, Señor, es no poder
saber con certeza que os amo, ni si mis deseos os agradan (C 42, 2). 175 Es cosa sabrosa hablar del amor, ¿qué será
tenerlo? ¡Oh, Señor mío, dádmelo Vos! No me vaya yo de esta vida hasta que no
quiera nada de ella, ni sepa amar más que a Vos, ni ponga mi amor en nadie,
pues todo es falso, porque lo es el cimiento, y por eso no dura el edificio
(C 41, 1). 176 Quiso el Señor que oyese algunas palabras de
los Cantares, y en ellas entendió que iba bien encaminada su alma; porque
conoció que es posible que pase el alma enamorada por su Esposo todos estos
regalos y desmayos y muertes y aflicciones y deleites y gozos con El; después
que ha dejado todos los del mundo por su amor, está del todo puesta y
abandonada en sus manos; esto no de palabra sino con toda verdad, confirmada
por obras (Mdt C 1, 6). 177 Mi intención es hablar de lo que podemos
aprovecharnos las que nos dedicamos a la oración, aunque todo aprovecha para
animar a admirar a un alma que con ardiente amor ama al Señor (Mdt C 1, 10). 178 "Béseme con el beso de su boca".
¡Oh, Señor mío y Dios mío, y qué palabra es ésta para que la diga un gusano a
su Creador!... ¿Quién osará, Rey mío, decir esta palabra, si no fuera con vuestra
licencia? Es cosa que espanta, y así espantará decir yo que la diga nadie.
Dirán que soy ignorante, que no quiere decir esto, que tiene muchos
significados, que está claro que no habíamos de decir esta palabra a Dios,
que por eso no conviene que las gentes sencillas lean estas cosas. Yo
confieso que tiene muchos sentidos; mas el alma que está abrasada de amor,
tanto que la desatina, no quiere ningún otro, sino decir estas palabras
literalmente; sí, que no se lo quita el Señor (Mdt C 1, 11). 179 "Béseme con besos de su boca" Estas
palabras verdaderamente causarían temor si estuviera en sí quien las dice,
tomadas sólo a la letra; mas a quien vuestro amor, Señor, ha sacado de sí,
bien perdonaréis que diga eso y más, aunque sea atrevimiento (Mdt C 1, 12). 180 Si una persona esta viva, por poquito que la
pinchen con un alfiler o una espinita pequeñita ¿no lo siente? Pues si el
alma no está muerta, sino que tiene amor de Dios, no es merced grande de Dios
que cualquier cosita que se haga contra lo que hemos profesado y a lo que
estamos obligadas, se sienta? (Mdt C 2, 5). 181 ¡Oh, amor fuerte de Dios, que cree que no hay
cosa imposible a quien ama! ¡Oh, dichosa alma que ha llegado a alcanzar esta
paz de su Dios, que esté tan por encima de los trabajos y peligros del mundo,
que no le impidan servir a tan buen Esposo y Señor...! (Mdt C 3, 5). 182 ¡Cuántos prudentes le decían que era
disparate! A los que no llegamos a amar tanto al Señor, así nos parece; y
¡cuán mayor disparate es que se nos acabe este sueño de esta vida con tanto
seso!, que Dios quiera que merezcamos entrar en el cielo, cuánto menos ser de
estos que tanto se aventajaron en amar a Dios (Mdt C 3, 6). 183 Parece que este amor suavísimo al Señor
penetra en el alma con grandísima suavidad y la contenta y satisface y no
puede entender cómo ni de dónde entra aquel bien. Esto debe de ser lo que
dice la esposa, "que dan de sí tus pechos más olor que los ungüentos muy
buenos". Querría entonces la esposa no moverse ni hablar ni mirar, para
que no se le fuese su Amado, que claramente conoce que está muy cerca... Y
queda tan enseñada y con tan grandes efectos y con tan gran fortaleza en las
virtudes, que después no se conoce, ni querría hacer otra cosa sino alabar al
Señor; está, cuando está en este gozo, tan embebida y absorta, que no parece
que está en sí, sino en una manera de borrachez, que no sabe lo que aquí
cree, ni lo que dice ni lo que pide. En fin, no sabe de sí, mas no está tan
fuera de sí que no entienda algo de lo que le pasa (Mdt C 4, 3). 184 ¡Oh, Jesús mío, y quién pudiese dar a
entender la ganancia que hay en arrojarnos en los brazos de este Señor y
hacer un compromiso con El y decir con la esposa: mi Esposo para mí y yo para
mi Amado! Ya yo veo cómo, Esposo mío, que Vos sois para mí; no lo puedo
negar: por mí vinisteis al mundo, por mí pasasteis tan grandes trabajos, por
mí sufristeis tantos azotes, por mí os quedasteis en el santísimo Sacramento,
y ahora me hacéis grandísimos regalos (Mdt C 4, 6). 185 ¿En qué seré para Vos, mi Dios? ¿Qué puede
hacer por Vos quien se dio tan mala maña para perder las mercedes que me
habéis hecho? ¿Qué se podrá esperar de su servicio? Ya que con vuestro favor
hago algo, mirad que podrá hacer un gusano; ¿para qué le ha menester un tan
poderoso Señor? ¡Oh, Amor!, que en muchas partes querría repetir esta
palabra, porque sólo él es el que se puede atrever a decir con la esposa: yo
para mi Amado. El nos da licencia para que pensemos que tiene necesidad de
nosotros este verdadero Amador, Esposo y Bien mío (Mdt C 4, 5-6). 186 Dios da sus regalos a las personas que han
deseado su amor y han procurado disponerse para que sean agradables a Su
Majestad todas sus cosas. Cansadas ya de largos años de meditación y de haber
buscado a este Esposo, y cansadísimas de las cosas del mundo, se fundan en la
verdad, no buscan en otra parte su consuelo ni sosiego ni descanso, sino
donde entienden que en verdad lo pueden tener; se ponen debajo del amparo del
Señor; no quieren otro (Mdt C 5, 3). 187 ¡Oh, Dios mío y Creador mío! ¿es posible que
haya alguien que no os ame? ¡Oh, triste de mí, y cómo soy yo la que durante
mucho tiempo no os amé! ¿Por qué no
merecí conoceros? ¡Cómo baja sus ramas este divino manzano, para que las coja
el alma considerando sus grandezas y las mansedumbres de sus misericordias!
(Mdt C 5, 7). 188 ¡Oh, alma de Dios! No te fatigues, que cuando
Su Majestad te llega aquí y te habla tan regaladamente, no consentirá que le
descontentes, sino que te ayudará a lo que no supieres para que le contentes
más. La ve perdida de sí, enajenada por amarle, y que la misma fuerza del
amor le ha quitado el entendimiento para poderle amar más; sí, que no ha de
sufrir, ni suele, ni puede Su Majestad dejar de darse a quien se le da toda
(Mdt C 6, 9). 189 Esta alma -que es el oro-, está sin hacer más
movimiento ni obrar más por sí, que estaría el oro, y la divina sabiduría,
contenta de verla así, como hay tan pocas que le amen con esta fuerza, va
asentando en este oro muchas piedras preciosas y esmaltadas con mil
filigranas (Mdt C 6, 10). 190 Pues esta alma ¿qué hace entonces? Esto es lo
que no se puede entender ni saber más de lo que dice la esposa: "Ordenó
en mí la caridad". Ella al menos, si ama, no sabe cómo ni entiende qué
es lo que ama; el grandísimo amor que la tiene el Rey, que la ha traído a tan
gran estado, debe de haber unido el amor de esta alma a Sí, de manera que no
lo merece entender el entendimiento, y estos dos amores se funden en uno; y
puesto tan verdaderamente y tan unido su amor con el de Dios, ¿cómo lo ha de
alcanzar el entendimiento? Lo pierde de vista en aquel tiempo -que nunca dura
mucho, sino que es breve-, y allí lo ordena Dios, de tal manera, que sabe
bien contentar a Su Majestad entonces, y aún después, cuando ve a esta alma
tan esmaltada y compuesta de piedras y perlas de virtudes, que le tiene
espantado y puede decir: "¿Quién es ésta que ha quedado como el
sol?". 191 ¡Oh, verdadero Rey, y cuánta razón tuvo la
esposa de poneros este nombre, pues en un momento podéis dar riquezas y
ponerlas en un alma, que se gozan para siempre! Qué ordenada deja el amor a esta
alma! (Mdt C 6, 11). 192 Quedan las virtudes tan fuertes y el amor tan
encendido, que no se puede encubrir, porque siempre, aunque sin querer,
aprovechan a otras almas (Mdt C 6, 13). 193 "Ordenó en mí el Rey la caridad";
tan ordenada, que el amor que tenía al mundo se le quita, y el que a sí
misma, lo cambia en desamor; y el que a sus parientes, queda de suerte que
sólo los quiere por Dios; y el que a los prójimos y el que a los enemigos, no
se podrá creer si no se prueba; es muy crecido; el amor que tiene a Dios es
tan sin tasa, que la aprieta muchas veces más de lo que puede sufrir su débil
naturaleza, y como ve que ya desfallece y va a morir,dice: "Sostenedme
con flores y fortalecedme con manzanas, porque desfallezco de mal de amores
(Mdt C 6, 14). 194 No penséis que es exagerado decir que muere,
pues pasa así de verdad, porque el amor obra con tanta fuerza algunas veces,
que se enseñorea de todas las fuerzas del sujeto natural; y sé de una
persona, que estando en oración semejante, oyó cantar una voz y certifica,
que si no cesara el canto, iba ya a salirse el alma del gran deleite y
suavidad que nuestro Señor le daba a gustar, y así proveyó Su Majestad que
callara quien cantaba, que la que estaba en esta suspensión bien se podía
morir, mas no podía decir que cesara, porque no podía moverse. Y este peligro
en que se veía se entendía bien, mas como quien está en un sueño profundo del
que querría salir y no puede hablar, aunque quería. Aquí el alma no querría
salir de allí, ni le causaría pena, sino grande alegría, pues eso es lo que
desea. Y cuán dichosa muerte sería a manos de este amor! (Mdt C 7, 2). 195 Las almas que el Señor llega hasta aquí creo
que no se acuerdan más de sí que si no existieran, para calcular si perderán
o ganarán; sólo miran el servir y contentar al Señor, y porque saben el amor
que tiene a sus criados, gustan de dejar su sabor y bien, por contentarle en
servirlas y decirles las verdades lo mejor que pueden para que se aprovechen
sus almas, y sin pensar si perderán ellos; la ganancia de sus hermanos tienen
presente, no más. Por contentar más a Dios, se olvida a sí misma por ellos y
pierden la vida en la demanda, como hicieron muchos mártires, y envueltas sus
palabras en este tan subido amor de Dios, emborrachadas con aquel vino
celestial, no se acuerdan, y si se acuerdan, no se les da nada descontentar a
los hombres; éstos hacen mucho bien (Mdt C 7, 4). 196 Hacen mucho bien los que después de estar
hablando con Su Majestad algunos años, cuando ya reciben regalos y deleites
suyos, no quieren dejar de servir en las cosas penosas, aunque les impidan
estos deleites y contentos. El olor de estas flores y obras salidas y
producidas por árbol de tan fervoroso amor, dura mucho más, y aprovecha más
un alma de éstas con sus palabras y obras, que muchos que las hagan con el
polvo de nuestra sensualidad y con algún interés propio (Mdt C 7, 8). 197 Estas son las obras que produce la fruta;
éstos son los manzanos que dice luego la esposa: "fortalecedme con
manzanas". Dadme, Señor, trabajos, dadme persecuciones. Y verdaderamente
lo desea, y aun sale bien de ellos; porque como ya no mira su contento, sino
el contentar a Dios, su gusto es imitar en algo la vida trabajosísima
que vivió. Entiendo yo por manzano el
árbol de la cruz, porque dijo en otro lugar de los Cantares (8, 5):
"debajo del árbol manzano te resucité"; y un alma que está rodeada
de cruces, de trabajos y persecuciones..., acude más a las necesidades de los
hermanos, en especial a las de las almas, que por sacar una de pecado mortal,
darían muchas vidas (Mdt C 7, 9). 198 Porque si le volvemos las espaldas y nos
vamos tristes como el joven del evangelio, cuando nos dice lo que hemos de
hacer para ser perfectos, ¿qué queréis que haga Su Majestad, que ha de dar el
premio conforme al amor que le tenemos? Y este amor, hijas, no ha de ser
fabricado en nuestra imaginación, sino probado por obras; y no penséis que El
necesita nuestras obras, sino nuestro amor (III M 1, 7). 199 Para aprovechar mucho en este camino y subir
a las moradas que deseamos, no está la cosa en pensar mucho, sino en amar
mucho; y así lo que más os despertare a amar, eso haced (IV M 1, 7). 200 No hay otro medio mejor para conocer que las
mercedes son auténticas, que no pensar que las merecéis, ni las merceréis
nunca, y no buscarlas..., porque lo primero que para alcanzarlas es menester,
es amar a Dios sin interés ((IV M 2, 10). 201 Muchas veces estando la persona descuidada y
sin pensar en Dios, Su Majestad la despierta, a manera de una cometa que pasa
veloz, o un trueno, aunque no se oye su ruído, mas entiende muy bien el alma
que fue llamada por Dios, tan claro, que algunas veces, sobre todo las
primeras veces, la hace estremecer y aun quejar, sin que le duela nada.
Siente que es herida sabrosísimamente, mas no atina cómo ni quién la hirió;
mas bien conoce que es cosa preciosa y jamás querría curarse de aquella
herida. 202 Quéjase con palabras de amor a su Esposo,
incluso verbalmente, sin poder hacer otra cosa, porque siente que él está
presente, mas no se quiere manifestar más de manera que permita al alma
gozarle, y es harta pena, aunque sabrosa y dulce; y aunque quiera no tenerla,
no puede; mas querría jamás no tenerla. Le satisface mucho más que el
embebecimiento sabroso, que carece de pena, de la oración de quietud (VI M 2,
1). 203 Deshaciéndome estoy por hacer entender esta
operación de amor, y no sé cómo; porque parece cosa contraria que el Amado
esté manifestando claramente que está con el alma y que la llama, con una
señal tan cierta que no se puede dudar, y con un silbido tan penetrante para
que el alma lo sienta, que no puede dejar de oír; porque no parece sino que
apenas habla el Esposo, que está en la séptima morada, de esta manera -porque
no es palabra articulada-, toda la gente que está en las otras moradas, no se
atreve a moverse, ni sentidos, ni imaginación ni potencias (VI M 2, 2). 204 Parece que llega a las entrañas esta pena y
cuando de ellas saca la saeta el que la hiere, verdaderamente parece que se
las lleva consigo, según el sentimiento de amor que experimenta (VI M 2, 3). 205 Estaba ahora pensando si sería que de este
fuego del brasero encendido que es mi Dios, saltaba alguna centella y daba en
el alma, de manera que se dejaba sentir aquel encendido fuego y, como no era
aún bastante fuerte para quemarla y él es tan deleitoso, queda con aquella
pena, y al tocar hace aquella operación. Y me parece que ésta es la mejor
comparación que he acertado a decir. Porque este dolor sabroso -que no es
dolor-, no es constante; aunque a veces dura gran rato, otras se acaba
rápidamente, como quiere comunicarlo el Señor, que no es cosa que se puede
procurar por medios humanos. 206 Mas, aunque algunas veces dura un rato,
desaparece y vuelve a aparecer; en fin, nunca permanece fijo, y por eso no
acaba de abrasar al alma pues, cuando se va a encender, muérese la centella y
queda el alma con deseo de volver a padecer aquel dolor amoroso que le causa
(VI M 2, 4). 207 A veces a deshora, estando rezando vocalmente
y descuidado de lo interior, parece que viene una inflamación deleitosa, como
si rápidamente viniese un olor tan grande que se comunicase a los sentidos o
una cosa parecida, sólo para hacer sentir que está allí el Esposo; produce un
deseo sabroso de gozar el alma de él, y con esto queda dispuesta para hacer
grandes obras y alabanzas a nuestro Señor (VI M 2, 9). 208 Da Dios a estas almas un deseo tan grandísimo
de no descontentarle en nada, por poquito que sea, ni hacer ninguna
imperfección si pudiesen, que sólo por esto,... querrían huir de la gente y
tienen gran envidia a los que viven y han vivido en los desiertos. 209 Y por otra parte, se querría meter en medio
del mundo sólo por conseguir que un alma alabase más a Dios; y si es mujer,
se aflige de los límites que le impone su condición; porque no puede hacer
esto, y tiene gran envidia a los que tienen libertad para dar voces, publicando
quién es éste gran Dios de los ejércitos (VI M 6, 3). 210 Pues sabemos el camino para agradar a Dios
con la práctica de los mandamientos y consejos evangélicos, andemos muy
diligentes en esto y en meditar su vida y muerte y lo mucho que le debemos;
lo demás venga cuando el Señor quisiere (VI M 7, 9). 211 Cuando Su Majestad quiere, no podemos más que
andar siempre con él, como se ve claro por las maneras y modos con que Su
Majestad se nos comunica y nos manifiesta el amor que nos tiene, con algunas
apariciones y visiones tan admirables (VI M 8, 1). 212 Aunque en este camino de oración no hubiera
otra ganancia que comprender el interés particular que Dios tiene de
comunicarse con nosotros y andarnos rogando que nos estemos con él, me parece
que estaban bien empleados todos los sufrimientos que hay que soportar para
gozar estos toques de su amor tan suaves y penetrativos (VII 3, 9). 213 Porque si el alma está mucho con él, como es
razón, poco se debe de acordan de sí misma; toda la memoria se le va en cómo
le contentará más y en qué o por dónde manifestará el amor que le tiene. Para
esto es la oración, hijas mías; de esto sirve este matrimonio espiritual, de
que nazcan siempre obras, obras (VII M 4, 6). 214 Otras veces me dan unos ímpetus muy grandes
con un deshacimiento por Dios que no me puedo valer. Parece que se me va a
acabar la vida, y así me hace dar voces y llamar a Dios; y esto me da con
gran furor (Cc 1ª, 3). 215 Y así no hago más que encomendarlos a Dios,
porque veo yo que haría más provecho una persona perfecta del todo, con
fervor verdadero de amor de Dios, que muchas con tibieza (Cc 3ª, 7). 216 Hay días en que me acuerdo infinitas veces de
lo que dice san Pablo que ni parece que vivo yo, ni hablo, ni tengo querer,
sino que está en mí quien me gobierna y me da fuerza, y ando como casi fuera
de mí, y así me causa grandísima pena la vida. Y la mayor cosa que yo ofrezco
a Dios como gran servicio, es que siéndome tan penoso estar apartada de él,
por su amor quiero vivir con grandes trabajos y persecuciones; ya que no
sirvo para aprovechar a los demás, querría servir para sufrir, y cuantos
trabajos hay en el mundo pasaría por un tantico más de mérito cumpliendo
mejor su voluntad (Cc 3ª 10). 217 Otras veces parece que esta herida del amor
sale de lo íntimo del alma. Los efectos son grandes... Son como unos deseos
de Dios tan vivos y tan finos, que no se pueden decir (Cc 54ª, 15). 218 Parece que vivo sólo para comer y dormir y no
tener pena de nada, y aun esto no me da pena... No reina en mí con fuerza
apego de ninguna criatura ni de toda la gloria del cielo, sino deseo de amar
a este Dios, que esto no se menoscaba, sino que crece, y deseo de que todos
le sirvan (Cc 66ª, 5). 219 ¡Oh, amor poderoso de Dios, cuán diferentes
son tus efectos de los del amor del mundo! Este no quiere compañía, porque le
parece que le han de quitar algo de lo que posee; el de mi Dios, mientras más
amadores entiende que hay, más crece, y así sus gozos se mitigan viendo que
no todos gozan de aquel bien... y busca medios para buscarle compañía, y de
buena gana deja su gozo si puede conseguir que otros gocen este amor (E 2). 220 Tal vez le pareció que no la amabais tanto
como a su hermana, que esto lo sentiría más que el tener que servir a quien
ella tenía gran amor, porque el amor hace tener por descanso el trabajo; y
por eso no dijo nada a su hermana, sino que fue a Vos con toda su queja; el
amor la hizo atreverse a decir que cómo no teníais cuidado. Y aun en la
respuesta parece que brilla la razón de lo que digo: que sólo el amor es el
que da valor a todas las cosas, y que lo más necessario es que sea tan grande
que ninguna cosa le impida amar (E 5). 221 Considero yo muchas veces, mío, cuán sabrosos y cuán deleitosos se
muestran vuestros ojos a quien os ama, y Vos, Bien mío, queréis mirar con
amor. Me parece que sola una mirada tan suave a las almas que tenéis por
vuestras, basta como premio de muchos años de servicio (E 14). 222 ¡Oh, mi suave descanso de los amores de mi
Dios!; no faltéis a quien os ama, pues por Vos ha de crecer y mitigarse el
tormento que causa el Amado al alma que le desea. Deseo yo, Señor,
contentaros, mas mi contento bien se que no está en ninguno de los mortales;
siendo esto así, no culpéis mi deseo. Veisme aquí, Señor; si es necesario
vivir para haceros algún servicio, no rehuso todos cuantos trabajos me puedan
venir en la tierra, como decía vuestro amador san Martín (E 15). 223 Mira que mientras más peleares, más mostrarás
el amor que tienes a tu Dios y más te gozarás con tu Amado, con gozo y
deleite que no puede tener fin (E 15). 224 El corazón que mucho ama, no admite consejo
ni consuelo, sino del mismo que le llagó; porque de ahí espera que ha de ser
remediada su pena. Cuando Vos queréis, Señor, presto sanáis la herida que
habéis hecho; antes no hay que esperar salud ni gozo, sino el que se saca de
padecer tan bien empleado (E 16). 225 Ya toda me entregué y dí Y de tal suerte he trocado,
Que mi Amado es para mí Y yo soy para mi Amado. Cuando el dulce cazador Me tiró y dejó herida, En los brazos del amor Mi alma quedó rendida, Y cobrando nueva vida, De tal manera he trocado Que mi Amado es para mí Y yo soy para mi Amado Hirióme con una flecha Enarbolada de amor Y mi alma quedó hecha Una con su Creador; Ya yo no quiero otro amor, Pues a mi Dios me he entregado,
Y mi amado es para mí Y yo soy para mi Amado (P 3). 226 Si
el amor que me tenéis, Dios mio, es como el que yo
os tengo, Decidme, ¿en qué me
detengo?. Vos, ¿en qué os detenéis? Alma, ¿qué quieres de mí? -Dios mío, no más que
verte. -Y ¿qué temes más de tí? -Lo que más temo es
perderte. Un amor que ocupe os pido, Dios mío, mi alma os tenga, Para hacerte un dulce nido Adonde más la convenga. Un alma en Dios escondida ¿Qué tiene que desear, Sino amar y más amar, Y en amor toda encendida Tornarte de nuevo a amar?
(P 4). 227 Dichoso el corazón enamorado Que en solo Dios ha puesto
el pensamiento Por él renuncia a todo lo
criado, Y en él halla su gloria y
su contento; Aun de sí mismo vive
descuidado, Porque en Dios está todo su
intento, Y así alegre pasa y muy
gozoso Las ondas de este mar
tempestuoso (P 5). 228 ¡Oh, caridad de los que verdaderamente aman
al Señor y conocen su condición! ¡Qué poco descanso podrán tener, si ven que
pueden hacer algo para que sola un alma se aproveche y ame más a Dios. O para
darle algún consuelo o para apartarla de algún peligro! Y cuando no puede con
obras, con oración, importunando al Señor por las muchas almas que la lastima
ver que se pierden; pierde ella su descanso y lo tiene por bien perdido,
porque no se acuerda de su contento, sino de cómo cumplir mejor la voluntad
del Señor, y así en la obediencia (F 5, 5). 229 Sería recia cosa que nos estuviese diciendo
claramente Dios que hiciéramos alguna cosa que le interesa, y no quisiéramos
sino quedarnos mirándole, porque estamos más a nuestro placer. Donoso
adelantamiento en el amor de Dios es atarle las manos creyendo que no podemos
adelantar más que por un camino! (F 5, 5). 230 A
mi parecer, amarían mucho mejor no dejándose embobar... pues mucho más se
puede merecer con un acto y con despertar muchas veces la voluntad para que
ame a Dios, que no dejándola tanto tiempo embebida (F 6, 5). 231 Todo lo que hacía (Beatriz de 232 Más gozaremos en aquella eternidad, donde son
las moradas conforme al amor con que hemos imitado la vida de nuestro Buen
Jesús (F 14, 5). 233 Era mi padre un hombre de mucha caridad con
los pobres y piedad con los enfermos, y aun con los criados; tanta, que jamás
se pudo conseguir que tuviese esclavos, y les tenía gran piedad (V 1, 2). 234 Es virtud de humildad no fiarse de sí, sino
creer que Dios le ayudará para animar y consolar y enseñar a aquellos con
quienes trata, y crece la caridad al comunicarse (V 7, 22). 235 Pues procuremos mirar siempre las virtudes y
cosas buenas que viéremos en los otros y tapar sus defectos con nuestros
grandes pecados (V 13, 10; CN 3). 236 Si han de predicar o enseñar, es bueno
aprovecharse del bien que reciben para ayudar a los pobres de poco saber,
como yo, pues es gran cosa la caridad y el deseo de aprovechar a las almas,
haciéndolo desnudamente por Dios (V 15, 8; CN 5). 237 Toda mi salvación estuvo en que aquel hombre
me supo curar y tuvo humildad y caridad para estar conmigo, y paciencia al
ver que no me enmendaba en todo. Yo comencé a tenerle gran amor, que no había
para mí mayor descanso que el día que lo veía, aunque eran pocos. Cuando
tardaba en venir, me entristecía mucho, pensando que no venía a verme por ser
yo tan ruín (V 23, 10). 238 No
tenía envidia, al menos en materia grave, y algunas cosas más, pues, aunque
era tan ruín, vivía habitualmente en el temor de Dios (V 32, 7). 239 Gané ímpetus grandes de salvar almas, que me
parece que por librar una sola de tan grandísimos tormentos, sufriría yo muchas
muertes muy de buena gana (V 32, 26). 240 Quiso el Señor que aquella señora se
consolara tanto, que mejoró notablemente y cada día estaba más consolada. Se
dio mucha importancia a su mejoría porque la pena la había causado una gran
depresión; lo debió de hacer el Señor por las muchas oraciones de personas
buenas que yo conocía, que oraban para que me sucediera bien. 241 Era muy temerosa de Dios y tan buena, que su
gran espíritu cristiano suplió lo que a mí me faltaba. Me cobró gran cariño.
Yo también la quise mucho a ella viendo su bondad, mas para mí casi todo era
cruz; porque los regalos me causaban gran tormento, y el hacer tanto caso de
mí me traía con gran temor (V 34, 3). 242 Desde hace unos años, cuando veo una persona
que me gusta, deseo verla totalmente entregada a Dios, con unas ansias que a
veces no puedo dominar. Y aunque deseo que todos sean santos, estas personas
que mucho me contentan es con ímpetu, y así importuno mucho al Señor por
ellas (V 34, 7). 243 Se que no me falta el amor y el deseo de ayudar
todo lo que pueda a que las almas de mis hermanas crezcan mucho en santidad;
y este amor, unido a los años y experiencia que tengo de algunos monasterios,
puede que sea útil para poder atinar más que los letrados en cosas menudas (C
Prl 3). 244 En amaros mucho unas a otras va mucho; porque
entre los que se aman no hay dificultad que no se pase con facilidad, y ha de
ser muy recia para que no se pueda superar. Y si este mandamiento se guardara
en el mundo como se debe guardar, ayudaría mucho a cumplir los demás; mas,
más o menos nunca acabamos de cumplirlo con perfección (C 4, 5). 245 Cuando las grandes amistades sirven para
mejor entregarse a Dios pronto se ve, porque no va la voluntad guiada por la
pasión, sino que va buscando ayuda para vencer otras pasiones (C 4, 6). 246 En esta casa todas han de ser amigas, todas
se han de amar, todas se han de querer, todas se han de ayudar... Amemos las
virtudes y la bondad interior, y llevemos siempre examen cuidadoso para no
hacer caso de lo exterior (C 4, 7). 247 ¿Puede haber personas tan insolidarias que,
tratándose contínuamente y viviendo siempre en la misma compañía, y no
habiendo de tener otras conversaciones ni otras comunicaciones ni recreos con
personas de fuera de casa, y creyendo que nos ama Dios y ellas a él, pues lo
han dejado todo por Su Majestad, no cobren amor a sus hermanas? Aparte de que
la virtud siempre es amable; y ésta, con el favor de Dios, espero en el Señor
que las hermanas de esta casa siempre la tendrán (C 4, 10). 248 Es cosa extraña qué apasionado amor es éste,
qué de lágrimas cuesta, qué de penitencias y oración, qué interés pone en que
rueguen por esa alma todos los que cree que le pueden ayudar ante Dios, qué
deseo constante de su santidad, qué tristeza si ve que no adelanta. 249 Pues si le parece que había mejorado y que
vuelve un poco atrás, ya cree que no va a tener placer en su vida; ni come ni
duerme, sine que vive siempre con esta preocupación, aunque sin inquietud
interior. Vive siempre con el temor de que alma que tanto quiere se pueda
perder. 250 Es amor sin ningún interés propio; todo lo
que desea y quiere es ver rica aquella alma de bienes del cielo. En fin, es
amor que se va asemejando al que nos tuvo. Este merece el nombre de amor, no
estos amorcitos desordenados y falsos del mundo, de los cuales Dios nos libre
(C 7, 1). 251 Repito otra vez que este amor se asemeja y va
imitando al que nos tuvo el buen amador Jesús, y por eso hacen tanto bien los
que así aman, porque quisieran cargar con todos los trabajos para que los
demás se aprovechen de los mismos sin trabajar. Así es cómo ganan mucho los
que gozan de su amistad; siempre quisieran estar trabajando y ganado para los
que aman, pues les quieren enseñar más con obras que con palabras... 252 El corazón no les permite ser falsos con
ellos; si les ven alguna falta o ven que se desvían, enseguida se lo dicen.
Con el deseo que tienen de verlos ricos, no pueden conseguir obrar de otra
manera. Hasta las motitas de sus amigos ven. ¡Oh, dichosas almas que son
amadas por ellos! ¡Dichoso el día en que los conocieron! 253 Cuando conozcáis alguna persona así,
hermanas, que la madre busque por todos los medios, que trate con vosotras.
Quered cuanto quisiereis a estas personas. Pocas hay, pero el Señor hace que
sean conocidas... Esta manera de amar es la que yo quisiera que tuviéramos
nosotras (C 7, 4-5). 254 Es bueno y necesario sentir ternura y
manifestarla, y compadecerse de los sufrimientos y enfermedades de las
hermanas, aunque sean de poca importancia; pues a veces sucede que algunas personas
se afligen de unas naderías, de las que otras se reirían. Y de esto no se
extrañen, pues tal vez el demonio ha usado su poder con más fuerza en aquel
caso que en el vuestro. 255 Procurad también estar alegres con las
hermanas, cuando por necesidad tienen recreación en el tiempo establecido,
aunque no tengáis ganas que, si vais con atención, todo se convierte en amor
perfecto (C 7, 5-7). 256 Mirad, hermanas, lo que nos importa amarnos
unas a otras y tener paz, que es la única condición que puso el Señor (CE 64,
4). 257 Conozco yo una persona que la movía el Señor
con tan gran caridad, que le costó hartas lágrimas no poderse ir a canjear
por un cautivo. El lo trató conmigo -era de los descalzos de san Pedro de
Alcántara-, y después de muchas importunaciones, consiguió licencia de su
general, y estando a pocos kilómetros de Argel, donde iba a cumplir su buen
deseo, lo llevó el Señor consigo (Mdt C 3, 6). 258 Muchas veces he pensado en aquella santa
samaritana, qué herida debía de estar de esta hierba y cuán bien había
comprendido en su corazón las palabras del Señor, pues deja al mismo Señor
para que ganen y se aprovechen los de su pueblo; y en pago de esta gran
caridad, mereció ser creída y ver el gran bien que hizo nuestro Señor en
aquel pueblo (Mdt C 7, 5). 259 Si no es por falta de humildad y de caridad,
¿cómo podemos dejarnos de alegrar de que Dios conceda estas gracias a un
hermano nuestro? ¿Acaso es obstáculo que las conceda a un hermano para que
nos las de a nosotros? ¿Cómo no alegrarnos de que manifieste sus grandezas
sea a quien sea? (I M 1, 3). 260 Entendamos que la perfección verdadera es
amor de Dios y del prójimo, y cuando con mayor perfección guardemos estos
mandamientos, seremos más perfectas. 261 Toda
nuestra regla y constituciones no son más que medios para guardar el amor con
más perfección. Déjemonos de celos indiscretos que nos pueden hacer mucho
daño; cada uno se mire a sí (I M 2, 17). 262 Es tan necesario el amor de unas con otras,
que quiero que nunca lo olvidéis; porque si vais mirando en las otras unas
naderías que quizá no son imperfección, sino que por ignorancia lo
agrandamos, puede el alma perder la paz e incluso inquietar a las demás (I M
2, 18). 263 La señal más cierta que hay de que guardamos
el amor a Dios, es guardar el amor al prójimo. Porque si amamos a Dios no se
puede saber, mas el amor del prójimo sí se puede conocer. Y estad ciertas que
cuanto más crecidas y maduras os viereis en el amor al prójimo, más lo estáis
en el amor a Dios. Porque es tan grande el que Su Majestad nos tiene, que en
pago del que tenemos al prójimo, hará que crezca el que tenemos a Su Majestad
de mil maneras. De esto yo no puedo dudar. Porque creo yo que, con lo malo
que es nuestro natural, si el amor a los hermanos no nace de la raiz del amor
de Dios, no llegaremos a tener con perfección el del prójimo (V M 3, 7-9) 264 Cuando yo veo a almas muy preocupadas en
querer saber en qué grado de oración están y con el rostro muy concentrado
cuando la están haciendo... me hacen ver cuán poco entienden el camino por
donde se alcanza la unión. Y creen que ahí está toda la solución del
problema. 265 Que no, hermanas, no; obras quiere el Señor,
y que si ves a una enferma a quien puedes dar alivio, no te importe perder
esa devoción y te compadezcas de ella; y si tiene algún dolor, te duela a tí.
Y si es necesario, lo ayunes para que ella lo coma, no tanto por ella, como
porque sabes que tu Señor quiere aquello; ésta es la verdadera unión con su
voluntad; y que si vieres alabar mucho a una persona, te alegres mucho más
que si te alabasen a tí... Esta alegría de que se conozcan las virtudes de
las hermanas es importantísima, y cuando viéremos alguna falta en alguna,
sentirla como si fuera nuestra y encubrirla (V M 3, 11). 266 Cuando vierais que falláis en la caridad,
aunque tengáis devoción y regalos y os parezca que habéis llegado a la unión
y algún éxtasis aparente en la oración de quietud, que algunas creerán que ya
está todo hecho, creedme que no habéis llegado a unión, y pedid a nuestro
Señor que os de con perfección este amor al prójimo y dejad hacer a Su
Majestad, que él os dará más que sepáis desear, si vosotras os esforzáis y
procuráis la caridad en todo lo que pudiereis y negáis vuestra voluntad para
que se haga en todo la de las hermanas, aunque perdáis de vuestro derecho, y
olvidáis vuestro bien por el suyo, aunque os cueste mucho, y procuráis cargar
con el trabajo por quitarlo al prójimo, cuando se presente la ocasión. No
creáis que esto no os ha de costar y que os lo vais a encontrar hecho (V M 4,
9). 267 Andar con gran cuidado y atención mirando
cómo vamos en la virtud: si vamos mejorando o retrocediendo en algo, sobre
todo en el amor de unas con otras, y en el deseo de ser tenida por la menor y
en las cosas de cada día; que si controlamos la caridad y pedimos al Señor
que nos de luz, pronto veremos la ganancia o la pérdida (V M 4, 9). 268 Le parece que no ofenden a Dios los que la
persiguen, sino que lo permite Su Majestad para gran ganancia suya; y como lo
experimenta claramente, tómales un amor particular muy tierno, pues le parece
que aquéllos son más amigos y le dan ocasión de ganar más que los que hablan
bien (VI M 1, 6). 269 ¡Oh!, pues no nos parezca ya que hacemos algo
en sufrir injurias, sino que de muy buena gana pasemos por todo, y amemos a
quien nos las hace, pues este gran Dios no nos ha dejado de amar a nosotras
aunque le hemos ofendido mucho, y así tiene muy gran razón en querer que
todos perdonen, por muchos agravios que les hagan (VI M 10, 5). 270 Tienen estas almas un gran gozo interior
cuando son perseguidas, con mucha más paz que la que tienen en los otros
efectos, y sin querer guardar enemistad a los que les hacen mal o se lo
desean hacer. Al revés, les cobran amor particular, de tal manera que si les
ven en algún apuro, lo sienten tiernamente, y estarían dispuestos a sufrir
cualquier cosa por librarlos a ellos de la aflicción. Y los encomiendan a
Dios de muy buena gana. Y gozarían de que Dios les quitase los regalos que
les hace a ellas, para que los hiciese a sus enemigos, a fin de que no
ofendiesen a nuestro Señor (VII M 3, 3). 271 Aparte de que con la oración ayudaréis mucho,
no queráis aprovechar a todo el mundo, sino a las que están en vuestra
compañía, y así será mayor la obra, porque estáis a ellas más obligadas.
¿Pensáis que es poca ganancia que sea vuestra humildad tan grande y mortificación
y el servir a todas y una gran caridad con ellas y un amor del Señor, que ese
fuego las encienda a todas, y con las demás virtudes siempre las andéis
despertando? No será sino mucho y muy agradable servicio al Señor, y con esto
que ponéis por obra que podéis, verá Su Majestad que haríais mucho más, y así
os dará premio como si le ganaseis muchas. 272 Diréis que eso no es convertir, porque todas
son buenas. ¿Quién os mete en eso? Cuanto mejores fueren, más agradables
serán sus alabanzas al Señor y más aprovechará su oración a los prójimos (VII
M 4, 17-18). 273 A los que veo más aprovechados y con estas
determinaciones y desasidos y animosos, los amo mucho, y con ellos querría yo
tratar, y parece que me ayudan (Cc 1ª, 21). 274 No sólo no estaba mal con las personas que
hablaban mal de mí, sino que me parece que les cobraba un nuevo amor (Cc 3ª,
3). 275 Caímos casi todas muy malas. Viendo esto una
señora de aquel lugar, llamada Dª María de Mendoza, muy cristiana y de
grandísima caridad (sus limosnas en gran abundancia lo daban a entender), me
hacía mucha caridad, y ya en el primer monasterio nos favoreció mucho y en
todo lo que toca a 276 Beatriz de 277 Dejar a las hijas y hermanas mías cuando me
iba de una parte a otra como yo las amo tanto, no ha sido la más pequeña
cruz, en especial cuando pensaba que no las había de volver a ver y veía su
gran sentimiento y lágrimas. Que, aunque están de otras cosas desasidas, ésta
no se la ha dado Dios, por ventura para más tormento mío, que tampoco lo
estoy de ellas, aunque me esforzaba todo lo que podía para no manifestárselo
y las reñía; mas poco me aprovechaba, porque es grande el amor que me tienen
y bien se ve en muchas cosas que es verdadero (F 27, 18). 278 Ir contra lo que quería mi prelado era para
mí una muerte. Porque -aparte de la obligación que tenía por serlo-, le amaba
muy tiernamente, y se lo debía bien debido (F 28, 2). 279 Yo no querría dejar de decir muchas alabanzas
de la caridad que hallé en Palencia, en particular y en general. Es verdad
que me parecía cosa de la primitiva Iglesia -al menos no muy corriente ahora
en el mundo-, ver que no llevábamos renta y que nos habían de dar de comer y
no sólo no nos rehusaban, sino que decían que les hacía Dios grandísima
merced (F 29, 27). 280 Es para alabar a nuestro Señor la gran
caridad de Burgos, que la ciudad nos dio licencia de muy buena gana, con no
estar con la prosperidad que solían. Siempre había yo oído alabar la caridad
de esta ciudad, mas no pensé que llegaba a tanto (F 31, 13). 281 Todas se amen en general, como lo mandó a sus apóstoles muchas veces; procuren
imitar a su Esposo, que dio la vida por nosostros; este amarse unas a otras
en general y no en particular importa mucho (Const 6, 10). 282 Mire la maestra de novicias que no se
descuide en nada, porque es criar almas para que more el Señor. Trátelas con
piedad y amor, no escandalizándose de sus culpas, porque han de ir poco a
poco, y mortificando a cada una según lo que viere que puede sufrir su
espíritu (Const 9, 7). 283 El prelado a todas juntas demuestre amor como
verdadero padre (Vta D 45). 284 Yo le digo que me alegro tanto con sus cartas
que las estoy deseando. No se qué hace que tenga amor tan particular a esa
casa y a las que están en ella; debe de ser que pasé ahí tantos trabajos (Cta
116, 285 Acá dicen que quiero más a las de esa casa
que a ningunas, y cierto que no se lo que hace que yo las cobré mucho amor, y
así no me extraño de que vuestra reverencia me lo tenga -que yo siempre se lo
he tenido-, aunque me es regalo el oírlo (Cta 128, 286 Yo le puedo tratar y tener mucho amor por
muchas causas y ellas no todas podrán... Y esto no es dejarlas de amar mucho,
sino quererlas mucho. Porque yo confieso que he procurado disimular ante
ellas mis imperfecciones y el amor que tengo a Paulo y el cuidado de él (Cta
162, 1, al P. Jerónimo Gracián). 287 Mucho las encomiendo a Dios. Deles muchos
recuerdos míos a todas, que a cada una quisiera escribir en particular, según
las amo. Es verdad que las quiero particularmente mucho, no se por qué (Cta
171, 288 La señora doña Juana vino aquí ayer tarde
casi de noche, llegó muy buena, gloria a Dios. Heme holgado mucho con su
merced, que cada día la amo más y me parece mejor y más discreta (Cta 230, 2,
al P. Jerónimo Gracián). 289 Qué bien me demuestra el amor que me tiene,
según me da contento en todo. Y yo le digo que aún me debe más, que yo me
espanto de lo que la quiero. No tiene que pensar que la hace ninguna en esto
ventaja, porque no son todas para congeniar conmigo. Lo malo es que le puedo
servir en poco, por ser tan ruín, que harto cuidado tengo de encomendarla a
Dios (Cta 235, 290 En extremo se me ha doblado el amor que las
tenía, auque era harto, y a usted porque ha sido la que más ha padecido... 291 Que no le demuestre indiferencia, al
contrario, que la mime más la que estuviere por mayor y todas le demuestren
gracia y fraternidad, y a la otra también. Procuren olvidar las cosas y miren
lo que cada una quisiera que si hiciera con ella si le hubiera acaecido... A
las que de veras tienen deseos de padecer, no les queda resabio con quien les
hace mal, antes más amor. En esto se verán si salen aprovechadas del tiempo
de la cruz (Cta 277, 292 Muchas veces permite el Señor una caída para
que el alma quede más humilde, y cuando con rectitud y conocimiento se
arrepiente, va después aprovechando más en el servicio de nuestro Señor, como
vemos en muchos santos. Así que, mis hijas, todas lo son de 293 Pido yo a nuestro Señor que les de virtudes,
en especial humildad y amor de unas con otras, que es lo que importa. Quiera
Su Majestad que en esto las vea yo crecidas, y pidan lo mismo para mí (Cta
403, CASTIDAD, 294 Y aunque nunca fuí inclinada a mucho mal
porque naturalmente aborrecía las cosas deshonestas, sólo a fomentar los
requiebros y a mantener excesiva conversación mas, puesta en la ocasión,
jugaba con el peligro y ponía en él a mi padre y hermanos. De los cuales
peligros me libró Dios de manera que se ve claro que intentaba contra mi
voluntad que no me perdiese del todo (V 2, 6). 295 Parece que purifica el alma intensamente y
quita casi del todo la fuerza a nuestra sensualidad. Es una llama grande que
parece que abrasa y aniquila todos los deseos de la vida instintiva, porque,
aunque yo no los tenía de vanidades, se me hizo ver que todo era vanidad (V
38, 18). 296 Y guárdense de esas amistades particulares
por amor del Señor, por santas que sean, que entre hermanas suelen ser veneno
y no veo en ellas nada positivo; y si son parientes mucho peor; ¡es
pestilencia! (C 4, 7). 297 Estas personas a las que Dios conduce y eleva
a estas alturas son almas generosas, almas reales; no se conforman con amar
cosa tan pobre como son estos cuerpos por hermosos que sean, por muchas
gracias que tengan, aunque da gusto verlos y alaban por ello al Creador, mas
no para detenerse en ellos. Digo detenerse en ellos queriendo decir que no
los aman por estas cualidades pues les parecería que amaban lo accidental y
como la sombra; se avergonzarían de ello, y no tendrían cara para decirle a
Dios que le aman sin afrentarse... Y bien mirado, yo pienso algunas veces lo
ciegas que estamos cuando queremos que nos quieran (C 6, 4-5). 298 No es posible ser aquí ángeles, que no es
nuestra naturaleza. Por eso no me preocupa cuando veo a un alma con
grandísimas tentaciones; porque si hay amor y temor de nuestro Señor, ha de
salir con mucha ganancia (Mdt C 2, 3). 299 Siempre anduvo en limpieza y castidad (Cc 4ª,
17). 300 De esas torpezas no haga ningún caso, que
aunque eso yo no lo he tenido -porque siempre me libró Dios pos su bondad de
esas pasiones- entiendo que debe de ser que como el deleite espiritual es tan
grande, hace movimientos en el natural. Se irán pacificando con el favor de
Dios, si no hace caso de ello. Algunas personas lo han tratado conmigo (Cta
173, 301 En lo de esos movimientos sensuales, lo mejor
es no hacer caso de ellos. Una vez me dijo un gran letrado que había ido a él
un hombre afligidísimo, porque cada vez que comulgaba caía en una torpeza
grande (aparte de que eso es raro), y le habían mandado que sólo comulgara de
año en año, por ser de obligación. Y este letrado, aunque no era espiritual
entendió la flaqueza, y le dijo que no hiciese caso de ello y que comulgara
cada ocho días, y como perdió el miedo se le quitó. Así que no haga vuestra
merced caso de eso (Cta 178, 302 Harto disgusto me ha dado que de dichos
contra nosotras, en especial tan deshonestos, haga nuesto padre
averiguaciones, pues son disparates; que lo mejor es reirse de ellos y
dejarlo decir. A mí, en parte, me dan gusto (Cta 186, 303 A la mujer de Don Gonzalo se le ha antojado
que su marido tiene ruín amistad con Dª Beatriz, hija de mi hermana, y le dan
crédito. Y así cuanto a la honra de la moza ya debe de estar tan perdida que
ya no hago caso (Cta 384, 9). 304 ¡Oh
Dios mío! ¡Cuánto daño hace en el mundo pensar que puede haber alguna cosa
contra Vos que os sea secreta! (V 2, 7). 305 Más
delante de 306 Es
un glorioso desatino, una celestial locura, donde se aprende la verdadera
sabiduría y es deleitosísima manera de gozar el alma (V 16, 1; CN 6). 307 Dios
no necesita pedir el consentimiento del alma para que acepte entrar en el
arrobamiento, porque ella ya se lo dio y sabe El que se ha entregado en sus
manos con toda su voluntad, y que a El lo le puede engañar, porque lo sabe
todo (V 21, 1; CN 11). 308 309 ¡Qué sabio el que se alegró de ser tenido
por loco, pues lo llamaron a la misma Sabiduría! (Lc 23, 11) (V 27, 14). 310 No
tenga miedo, ni crea que las gracias místicas son cosas imposibles -todo es
posible para el Señor- (Mc 9, 23), sino procure avivar la fe y humillarse,
porque el Señor hace a una viejecita más sabia quizá que él, por muy teólogo
que sea (V 34, 12). 311 Cuando
yo veo una Majestad tan grande disimulada en una pequeña Hostia, me admira
tanta sabiduría (V 38, 21). 312 Dejad
hacer al Señor de la casa; sabio es; poderoso es; entiende lo que os conviene
y lo que le conviene a El también (C 17, 7). 313 Adherida
pues, a este Maestro de 314 Así
que está claro qué es lo que dice la esposa, que la sabiduría de Dios suple
aquí por el alma y él ordena cómo gane tan grandísimas mercedes en aquel
tiempo (Mdt C 6, 6). 315 Imaginemos,
para entenderlo mejor, que vemos dos fuentes con dos pilas que se llenan de
agua. Que no encuentro cosa más apropiada para explicar alguna de espíritu
que el agua; y es que, como se poco y el ingenio no ayuda y soy tan amiga de
este elemento, lo he mirado con más atención que otras cosas, que en todas
las que creó Dios, tan sabio, debe de haber hartos secretos de que nos
podemos aprovechar, y así lo hacen los que lo entienden, aunque creo que en
cada cosita que creó Dios hay más de lo que se entiende, aunque sea en una
hormiguita (IV M 2, 2). 316 Ya
veis esta alma que la ha hecho Dios boba del todo para imprimir mejor en ella
la divina sabiduría (V M 1, 9). 317 Ya
habéis oido hablar de las maravillas de la cría de la seda, que sólo Dios
pudo hacer semejante invención, y cómo de una simiente, que es como granos de
pimienta pequeños..., con el calor, cuando comienza a brotar hoja en los
morales, empieza esta simiente a vivir; que mientras no hay este alimento con
que puedan vivir está muerta la simiente; y con hojas de moral se crían los
gusanos, hasta que, cuando se han hecho grandes, les ponen unas ramillas, y
allí con las boquillas van de sí mismos hilando la seda y hacen unos
capuchillos muy apretados donde se encierran; y acaba este gusano que es
grande y feo, y sale del mismo capucho una mariposa blanca muy graciosa. Mas
si esto no se viese sino que nos lo contaran de otros tiempos, ¿quién lo
pudiera creer, ni cómo podríamos explicar que una cosa tan sin inteligencia
como es un gusano y una abeja sean tan inteligentes en trabajar para nuestro
provecho y con tanta industria, y el pobre gusanillo pierda la vida en la
demanda? Para un rato de meditación basta esto, aunque sólo contempléis en
ello las maravillas y sabiduría de nuestro Dios (V M 2, 2). 318 Pues
comenzando a gustar de la buena y santa conversación de esta monja. (Dª María
de Briceño), holgábame de oirla cuán bien hablaba de Dios, porque era muy
discreta y santa. Según yo creo, nunca dejé de holgarme de oir hablar bien de
Dios (V 3, 1). 319 Hablaba
mucho de Dios, de manera que edificaba a todas (V 6, 2). 320 Quedóme
deseo de soledad, amiga de tratar con Dios y de hablar de El, que si hallaba
con quién, más contento y recreación me daba que toda la cortesía, o grosería
por mejor decir, de la conversación del mundo (V 6, 4). 321 El
no tenerme por tan ruín se debía a que, como me veían tan joven y en tantos
peligros, y a que buscaba muchas veces la soledad para rezar y leer; a que
hablaba mucho de Dios y era amiga de hacer pintar su imagen en muchos lugares
y de tener oratorio y procurar tener en él cosas que fomentasen la devoción;
no hablar mal de nadie y otras cosas como éstas que tenían apariencia de
virtud (V 7, 2). 322 Era
aficionadísima a los sermones, de tal manera que si veía a alguien predicar
con espíritu y bien, le cobraba un amor particular sin procuralo yo, que no
se quién me lo ponía. Casi nunca me parecía el sermón tan malo, como para no
escucharlo de buena gana; aunque los oyentes juzgasen que no era bueno, era
para mí recreo muy particular. De hablar de Dios y de oir hablar de El nunca
me cansaba, y esto después que comencé a hacer oración (V 8, 12). 323 Entendí
grandísimas verdades sobre esta Verdad, mejor que si me lo hubieran enseñado
muchos teólogos. Pues en este caso no se me hubieran quedado tan impresas ni
se me hubiera hecho comprender tan claramente la vanidad de este mundo (V 40,
4). 324 Ni
en mil vidas de las nuestras llegaríamos a entender cómo merece ser tratado
este Señor, ante quien tiemblan los ángeles (C 22, 7). 325 Jamás
nos acabamos de conocer, si no procuramos conocer a Dios (II M 2, 9). 326 No
hemos de buscar razones para comprender las cosas ocultas de Dios, sino que
como creemos que es poderoso, está claro que hemos de creer que un gusano de
tan limitado poder como nosotros no puede comprender sus grandezas.
Alabémosle mucho porque quiere que comprendamos algunas (VI M 4, 7). 327 Ni
el demonio podría representar cosas que tantos efectos interiores y paz y
sosiego y aprovechamiento dejan en el alma, de forma especial, conocimiento
de la grandeza de Dios, porque con cuanta mayor experiencia tuviéremos de
ella mejor se manifiesta El (VI M 5, 10). 328 Porque
en estas grandezas que le comunica comprende mucho más la de Dios. Espántase
de cómo fue tan atrevida, llora su poco respeto, parécele una cosa tan
desatinada su desatino, que no acaba de apenarse jamás cuando recuerda por
qué cosas tan bajas dejaba una tan gran majestad. Mucho más se acuerda de
esto que de las mercedes que recibe, siendo tan grandes como las dichas y las
que están por decir; parece que se las lleva un río caudaloso y las trae a
sus tiempos (VI M 7, 2). 329 Lo
mismo ocurre con otras cosas espirituales, que no se saben decir, mas se
comprende por ellas cuán importante es nuestra naturaleza que puede entender
las grandezas de Dios, y pues ni
siquiera somos capaces de entender éstas, emplee los días en admiración y
alabanza de Su Majestad quien las reciba; y así le de muchísimas gracias por
ellas que, pues no es carisma que se da a todos, se ha de estimar mucho y
procurar entregarse más, ya que de tantas maneras la ayuda Dios (VI M 8, 6). 330 ¿Habrán
bastado todas estas mercedes que ha hecho al alma el Esposo para que la
palomilla o la mariposilla esté satisfecha (no penséis que la tengo
olvidada), y haga asiento donde ha de morir? No por cierto, sino que está
mucho peor; aunque haga muchos años que recibe estos favores, siempre gime y
anda llorosa, porque de cada uno de ellos le queda mayor dolor. La causa está
en que, como va conociendo más y más las grandezas de su Dios y se ve que
está tan ausente y privada de gozarle, crece mucho más el deseo; porque
también crece el amor cuanto más se le descubre lo que merece ser amado este
gran Bien y Señor; y viene en estos años creciendo poco a poco este deseo,
hasta que la lleva a tan gran pena. He dicho años, teniendo en
cuenta lo que ha ocurrido en mi alma, pues se muy bien que a Dios no hay que
ponerle límites, pues en un momento puede hacer llegar a un alma a lo más
subido que se ha dicho aquí. Poderoso es Su Majestad para todo lo que
quisiere hacer y ganoso de hacer mucho por nosotros (VI M 11, 1). 331 Son
tantas las cosas que veo y lo que entiendo de las grandezas de Dios y cómo
las ha conducido, que casi ninguna vez comienzo a pensar en ello que no me
falle el entendimiento, como quien ve cosas que sobrepasan en mucho lo que
puedo entender y quedo en recogimiento (Cc 3ª 11). 332 ¡Oh
Dios mío, misericordia mía!, ¿qué haré para que no deshaga yo las grandezas
que Vos hacéis conmigo? Vuestras obras son santas, son justas, son de
inestimable valor y con gran sabiduría, pues la misma sois Vos, Señor. Si en
ella se ocupa el entendimiento, quéjase la voluntad, porque querría que nadie
la impidiera amaros - pues no puede el entendimiento en tan grandes grandezas
alcanzar quién es su Dios-, y desea gozarle y no ve cómo, metida en la cárcel
tan penosa de este cuerpo mortal, todo le estorba, aunque primero fue ayudada
en la consideración de vuestras grandezas, donde se hallan mejor las
innumerables bajezas mías (E 1). 333 ¡Oh
Sabiduría que no se puede comprender! (E 12). 334 ¡Oh
Dios mío y mi Sabiduría infinita, sin medida y sin tasa y sobre todos los
entendimientos angélicos y humanos! ( E 17). 335 Aprovechábame
a mí ver campo, agua o flores; en estas cosas encontraba yo memoria del Creador,
quiero decir que me despertaban y me recogían y me servían de libro (V 9, 5). 336 Esto
de apartarse de lo corpóreo debe de ser bueno, ya que lo dice gente tan
espiritual; mas, según me parece, ha de ser cuando el alma está muy avanzada,
porque hasta que lo esté, está claro que se ha de buscar al Creador por las
criaturas (V 22, 8; CN 12). 337 ¡Oh,
Jesús mío! ¡Quién pudiese hacer entender la majestad con que os mostráis! Y
cuán Señor de todo el mundo y de los cielos, y de otros mil mundos, y mundos
y cielos incontables que Vos creaseis, entiende el alma por la majestad con
que os manifestais, que son nada para ser Vos Señor de todo (V 28, 8). 338 A
mí me parece que cuando una persona ha sido elevada por Dios a tener claro
conocimiento de lo que es el mundo, y de que hay otro mundo, y le ha hecho
conocer la diferencia que hay de un mundo a otro, y que el uno es eterno y el
otro soñado; y cuando le ha hecho experimentar que es muy diferente amar al
Creador de amar a la criatura; y le ha hecho ver lo que se gana con el uno y
lo que se pierde con el otro; y le ha dado experiencia de lo que es el
Creador y lo que es la criatura y otras muchas verdades que el Señor enseña a
quien se deja enseñar por El en la oración, o a quien Su Majestad quiere
enseñarlo, su amor es muy diferente del que tenemos los que no hemos llegado
aquí (C 6, 3). 339 Ahora
vengamos a tratar del desasimiento que hemos de tener, porque en esto está el
todo, si se hace con perfección. Digo que en esto está el todo porque, si nos
abrazamos con solo el Creador y no nos interesa nada de lo creado, Su
Majestad infunde tan copiosamente las virtudes, que practicando nosotros poco
a poco lo que está en nuestra mano, no tendremos necesidad de luchar mucho,
porque el Señor carga su mano contra los demonios y contra todo el mundo (C
8, 1). 340 Poderoso
es para librarnos de todo que, una vez que mandó hacer el mundo, fue hecho;
su querer es obrar (C 16, 6). 341 Las
que se puedan encerrar de esta manera en este pequeño cielo de nuestra alma,
donde está el que hizo el cielo y la tierra (C 28, 5). 342 Porque
todo lo que he escrito en este libro va dirigido a entregarnos del todo al
Creador, y a dejar nuestra voluntad en la suya y a desprendernos de las
criaturas, y ya sabéis cuán importante es esto, no insisto más en ello (C 32,
9). 343 ¡Oh
hermanas mías, qué fuerza tiene esta entrega! Si se hace con la determinación
debida, se une el Todopoderoso con nuestra pequeñez y nos transforma en El, y
consigue la unión del Creador con la criatura (C 32, 11). 344 Aun
sabiendo que existe la misma diferencia entre el Castillo y Dios que entre el
Creador y la criatura, ya que el castillo es criatura, basta que Su Majestad
diga que está hecha a su imagen, para que apenas podamos entender la gran
dignidad y hermosura del alma (I M 1, 1). 345 Deja
en el alma... propio conocimiento y humildad al ver cómo cosa tan vulgar, en
comparación del Creador de tantas grandezas, se ha atrevido a ofendenderla, y
osa mirarla; la tercera, tener en muy poco todas las cosas de la tierra, de
no ser las que pueda emplear en el servicio de Dios (VI M 5, 10). 346 Queda
con muy mayor desprendimiento del mundo que antes, porque ve que nada de él
le ayudó en aquel tormento, y muy desasida de las criaturas, porque ya ve que
sólo el Creador es el que puede consolar y hartar su alma, y con mayor temor
y cuidado de no ofenderle, porque ve que tan bien puede atormentar como
consolar (VI M 11, 10). 347 Muchas
veces, Señor mío, considero que si con algo se puede sustentar el vivir sin
Vos es en la soledad, porque descansa el alma con su descanso, puesto que,
como no se goza con entera libertad muchas veces, se dobla el tormento; mas
el que da el tener que tratar con las criaturas y dejar de entender el alma
con su Creador, hace tenerle por deleite (E 2). 348 Pues
¿qué podrá pedir una cosa tan miserable como yo? Que me deis, Dios mío, que
os de con san Agustín, para pagar algo de lo mucho que os debo, que os
acordéis de que soy vuestra hechura y conozca yo quién es mi Creador, para
que le ame (E 7). 349 ¡Oh,
esperanza mía y Padre mío y mi Creador y verdadero Señor y Hermano! (E 7). 350 ¡Oh,
Dios mío, Dios, Hacedor de todo lo creado! Y ¿qué es lo creado, si Vos
quisierais crear más? Pues haced, Señor, que no se aparten de mi pensamiento
vuestras palabras...¿Qué más queremos, Señor?, ¿qué pedimos?, ¿qué buscamos?
¿Por qué están los del mundo perdidos sino por buscar descanso?... Tened
piedad, Creador, de estas creaturas vuestras (E 8). 351 Muera
ya este yo, y viva en mí otro que es más que yo, y para mí mejor que yo, para
que yo le pueda servir: El viva y me de vida; El reine y yo sea cautiva, que
no quiere mi alma otra libertad. ¿Cómo será libre el que del Sumo estuviere
alejado? ¿Qué mayor ni más miserable cautiverio que estar el alma desligada
de la mano del Creador? (E 17). 352 Pues
comenzando a poblarse estos palomarcicos de 353 También
a veces me daban alegría las grandes contradiciones y murmuraciones que este
ir fundando ha provocado, con buena intención unos, otros por otros fines.
Mas tan gran alegría como de esto sentí, no me acuerdo, por trabajo que me
venga, haberla sentido; que yo confieso que en otro tiempo, cualquier cosa de
las tres que me vinieron juntas, fuera harto trabajo para mí. Creo que fue mi
gozo principal el parecerme que, pues las criaturas me pagaban así, es que
tenía contento al Creador (F 27, 21). (Se refiere al confinamiento por el
General con prohibición de fundar más conventos). 354 ¿No
había pagado ya por el pecado de Adán abundantísimamente, Señor? ¿Siempre que
volvemos a pecar lo ha de pagar este mansísimo Cordero? No lo permitáis,
Emperador mío; apláquese ya Vuestra Majestad; no miréis a los pecados
nuestros, sino a que nos redimió vuestro Sacratísimo Hijo, y a los méritos
suyos y de su Madre y de tantos santos y mártires como han muerto por Vos (CE
4, 2). 355 También
he pensado si la esposa pedía aquella unión tan grande como hacerse Dios
hombre, aquella amistad que hizo con el género humano. Porque está claro que
el beso es señal de paz y amistad grande entre dos personas (Mdt C 1, 11). 356 Ya
yo veo, Esposo mío, que Vos sois para mí; no lo puedo negar: por mí vinisteis
al mundo, por mí pasasteis tan grandes trabajos, por mí sufristeis tantos
azotes. Pues, oh esposa santísima, ¿cómo dije yo que vos decís, qué puedo yo
hacer por mi Esposo? (Mdt C 4, 6). 357 ¿Qué
podemos hacer por un Dios tan generoso, que murió por nosotros y nos creó y
da el ser, que no nos tengamos por muy dichosos de irle pagando algo de lo
que le debemos por lo que nos ha servido (de mala gana dije esta palabra, mas
ello es así, que no hizo otra cosa todo lo que vivió en el mundo), sin que le
pidamos mercedes de nuevo y regalos? (III M 1, 8). 358 Gran
error de no practicar el traer presente la humanidad de Nuestro Señor y
Salvador Jesu y su Sacratísima Pasión y Vida (VI M 7). 359 La
primera vez que Dios hace este regalo, quiere Su Majestad manifestarse al
alma por visión imaginaria de su sacratísima Humanidad, para que se de
perfecta cuenta y no ignore que recibe tan soberano don (VII M 2, 1). 360 He
quedado de aquí sin poder pensar en ninguna de las Tres Personas Divinas sin
entender que son todas tres; de manera que estaba yo hoy considerando cómo
siendo tan una unidad, había tomado carne humana el Hijo solo, y me dio el
Señor a entender cómo siendo una sola unidad, eran distintas (Cc 36ª, 2). 361 Estando
una vez con esta presencia de las Tres Personas que traigo en el alma, era
con tanta luz, que no se puede dudar que estaba allí Dios y verdadero, y allí
se me daban a entender cosas, que yo no las sabré decir después. Una de ellas
era cómo había tomado carne humana CRISTO, 362 Con
el cuidado que mi madre tenía de hacernos rezar y hacernos devotos de nuestra
Señora y de algunos santos, comenzaron a despertarme a la virtud cuando tenía
seis o siete años de edad, a mi parecer (V 1, 1). 363 Me
acuerdo que cuando murió mi madre, tenía yo doce años de edad, poco menos.
Cuando yo comencé a entender lo que había perdido, afligida, me fuí a una
imagen de nuestra Señora y le supliqué, con muchas lágrimas, que fuese mi
madre. Me parece que, aunque se hizo con simpleza, me ha valido; porque he
hallado a esta Virgen soberana muy claramente en cuanto la he encomendado y
al fin, me ha reconquistado (V 1, 7). 364 Nuestra
Señora le debía de ayudar mucho (al cura de Becedas), que era muy devoto de
su Concepción y en aquel día hacía gran fiesta. Al fin dejó de verla del todo
y no se hartaba de dar gracias a Dios por haberle dado luz (V 5, 6). 365 No
se cómo se puede pensar en 366 Aquí
se hace devota de 367 Me
parece que si hubieran tenido la fe como la tuvieron después de la venida del
Espíritu Santo, de que era Dios y hombre, no les impidiera; pues no se dijo
esto a 368 Estando
en estos mismos días, el de nuestra Señora de Cuando me acabaron de
vestir el manto, estaba yo con grandísimo deleite y gloria, y nuestra Señora
me asió las manos y me dijo que le agradaba mucho que glorificara a san José;
que creyera que el monasterio que intentaba construir se haría, y que en él
se serviría mucho al Señor y a ellos dos; que
no temiera que se fallara en esto jamás que, aunque la obediencia no
se prometía a mi gusto, su Hijo estaría con nosotras, como nos había prometido
y que, como señal de que esto sería verdad, me daba aquella joya... Era grandísima la hermosura
de nuestra Señora, aunque no me pareció ninguna imagen determinada, sino con
toda la belleza acumulada en el rostro, vestida de blanco con mucho
resplandor, no deslumbrante, sino suave... Nuestra Señora me pareció
muy joven. Estuvieron conmigo un poco y yo, con grandísima gloria y
felicidad, como nunca había gozado tanta. Y nunca quisiera perder tanto gozo.
Me pareció que los veía subir al cielo con gran multitud de ángeles (V 33,
14-15). 369 Estando
haciendo oración en la iglesia, antes de pasar dentro del monasterio, casi
arrobada, vi a Cristo, que con gran amor me recibía y me ceñía una corona y
me agradecía lo que había hecho por su Madre (V 36, 24). 370 Otro
día, estando todas en el coro en oración después de completas, vi a nuestra
Señora con grandísima gloria, con manto blanco, amparándonos a todas debajo
de él, entendí cuán alto grado de gloria daría el Señor a las de esta casa
(36, 24). 371 Guardamos
372 Quiera
el Señor que todo sea para alabanza y gloria suya y de 373 Un
día de 374 Ni
aborrecisteis, Señor de mi alma, cuando andabais por el mundo a las mujeres,
antes las favorecisteis siempre con mucha piedad y hallasteis en ellas tanto
amor... y más fe que en los +hombres, pues estaba la sacratísima Madre en
cuyos méritos merecemos (CE 4, 1). 375 Parezcámonos,
hijas mías, en algo a la gran humildad de 376 Y
¡qué es lo que debió de pasar la gloriosa Virgen y esta bendita Santa!
¡Cuántas amenazas, cuántas malas palabras, y cuántos empujones y groserías!
Pues ¿con qué gente tan cortesana trataban? ¡Sí lo eran! Cortesanos del
infierno y ministros del demonio. Cosa terrible debió de ser lo que pasaron;
sólo que, con el dolor de Cristo, no sentirían el suyo (C 26, 8). 377 Aquí
viene bien recordar cómo lo hizo con ¡Oh, Señora mía, con cuánta
exactitud se puede entender de Vos lo que pasa con la esposa del Cantar de
los Cantares! Y así podéis ver, hijas, en el oficio de nuestra Señora, que
rezamos cada semana, lo mucho que hay en él en las antífonas y lecturas (Mdt
C 6, 7-8). 378 Las
que se vieren en ese estado necesitan acudir a menudo como pudieren, a Su
Majestad, y tomar a su bendita Madre por intercesora (I M 2, 12). 379 Mas
bien sabe Su Majestad que sólo puedo presumir de su misericordia; y ya que no
puedo dejar de ser la que he sido, no tengo otro remedio sino llegarme a ella
y confiar en los méritos de su Hijo y de Alabadle, hijas, que lo
sois verdaderamente de esta Señora, y así no tendréis por qué afrentaros de
que yo sea ruín. Pues tenéis tan buena madre, imitadla y considerad qué tal
debe de ser la grandeza de esta Señora y el bien de tenerla por patrona, pues
no han bastado mis pecados y ser la que soy, para deslustrar en nada esta
sagrada Orden (III M 1, 3). 380 Pues
menos podrán pensar en la sacratísima Virgen, ni en la vida de los santos,
cuya memoria tan gran provecho y aliento nos da (VI M 7, 6). 381 Siempre
hemos visto que los que más cercanos anduvieron a Cristo nuestro Señor,
fueron los de mayores trabajos. Miremos lo que pasó su gloriosa Madre (VII M
4, 5). 382 No
pienses, cuando ves a mi Madre que me tiene en los brazos, que gozaba de
aquellos contentos sin grave tormento. Desde que le dijo Simeón aquellas
palabras, le dio mi Padre clara luz para que viese lo que yo había de padecer
(Cc 26ª, 1). 383 El
día de 384 Entendí
que tenía mucha obligación de servir a nuestra Señora y a san José; porque
muchas veces, estando perdida del todo, por sus ruegos me volvía a dar salud
(Cc 63ª). 385 Comienzo
en nombre del Señor, tomando por ayuda a su gloriosa Madre, cuyo hábito
tengo, aunque indigna de él, y a mi glorioso padre y señor san José, en cuya
casa estoy, que éste es el título de este monasterio de descalzas (F prl, 5). 386 Pasados
algunos días, considerando cuán necesario era si se hacían monasterios de
monjas, que hubiesen frailes de la misma regla, escribí a nuestro Padre
General una carta suplicándoselo lo mejor que yo supe, dando las causas por
donde sería gran servicio de Dios, y que los inconvenientes que podía haber
no bastaban para dejar tan buena obra, y poniéndole delante el servicio que
haría a nuestra Señora, de quien era muy devoto. Ella debió de ser la que lo
tramitó (F 2, 5). 387 Pues
se comenzaron a poblar estos palomarcicos de 388 Me
dijo el Señor que había estado su salvación en mucho peligro y que había
tenido misericordia de él por aquel servicio que había hecho a su Madre en
aquella casa que había dado para hacer monasterio de su Orden (F 10, 2). 389 Gran
cosa es lo que agrada al Señor cualquier servicio que se haga a su Madre (F
10, 5). 390 Si
decimos que estos principios son para renovar 391 Quiera
nuestro Señor, hermanas, que nosotras vivamos como verdaderas hijas de 392 Mas
393 Y
nosotras nos alegramos de poder servir en algo a nuestra Madre y Señora y
Patrona (F 29, 23). 394 La
imagen de nuestra Señora estaba puesta muy indecentemente, y el obispo don
Alvaro de Mendoza le ha hecho una capilla a su costa, y poco a poco se van
haciendo cosas en honor y gloria de esta gloriosa Virgen y de su Hijo (F 29,
28). 395 Lo
he dicho, porque estando en esta fundación de Palencia, acabó nuestro Señor
asunto tan importante en honor y gloria de su gloriosa Madre -pues es de su
Orden-, como Señora y Patrona que es nuestra. (Se trata del Breve pontificio
de la separación de los Descalzos) (F 29, 31). 396 Y
tenga vuestra señoría ánimo para andar por tierras extrañas; acuérdese de
cómo andaba nuestra Señora cuando fue a Egipto, y nuestro padre san José (Cta
9, 18). 397 Mi
"Priora" hace maravillas. Para que se entienda que esto es así, ha
ordenado nuestro Señor que yo esté de suerte que no parece sino que vine a
aborrecer la penitencia y a no preocuparme sino de mi regalo (Cta 37, 9). 398 Eso
no lo osara yo prometer, porque se que los Apóstoles tuvieron pecados
veniales. Sólo nuestra Señora no los tuvo Cta 167, 12). 399 Así
pienso que nos ha de acaecer en esta tempestad de tantos días, que si no
estuviera cierta de que los descalzos y descalzas viven procurando observar
su regla con rectitud y verdad, algunas veces habría temido que han de salir
los calzados con lo que pretenden (que es destruir este principio que 400 Mire
vuestra excelencia que este asunto toca a 401 Y
tomé por abogado y señor al glorioso san José y me encomendé mucho a él. Vi claro
que, tanto de esta necesidad como de otras mayores, de perder la fama y el
alma, este padre y señor mío me libró mejor de lo que yo lo sabía pedir. No
me acuerdo hasta hoy de haberle suplicado nada que no me lo haya concedido (V
6,6). 402 Es
cosa que espanta las grandes mercedes que me ha hecho Dios por medio de este
bienaventurado santo, y de los peligros de que me ha librado, así de cuerpo
como de alma; que a otros santos parece que les dio el Señor gracia para
socorrer en una necesidad; pero a este glorioso santo tengo experiencia de
que socorre en todas, y quiere el Señor darnos a entender, que así como le
estuvo sometido en la tierra, pues como tenía nombre de padre, siendo
custodio, le podía mandar, así en el cielo hace cuanto le pide. Y esto lo han comprobado
algunas personas, a quienes yo decía que se encomendasen a él, también por
experiencia; y aun hay muchas que han comenzado a tenerle devoción, habiendo
experimentado esta verdad (V 6, 6) 403 Procuraba
yo celebrar su fiesta con toda la solemnidad que podía, más llena de vanidad
que de espíritu, queriendo que se hiciese bien y con muchos detalles, aunque
con buena intención (V 6, 7). 404 Querría
yo persuadir a todos que fuesen devotos de este glorioso santo, por la gran
experiencia que tengo de los bienes que alcanza de Dios. No he conocido a
nadie que le tenga verdadera devoción y le haga particulares servivios, que
no lo vea más aprovechado en la virtud; pues ayuda mucho a las almas que a él
se encomiendan (V 6, 7). 405 Creo
que ya hace algunos años que el día de su fiesta le pido una cosa y siempre
la veo cumplida; si la petición va algo torcida, él la endereza para más bien
mío (V 6, 7). 406 Quien
no hallare maestro que le enseñe a orar, tome a este glorioso Santo por
maestro y no errará el camino. No quiera el Señor que haya yo errado
atreviéndome a hablar de él; porque aunque publico que soy devota suya, en
servirle y en imitarle siempre he fallado. Pues él hizo, como quien es, que
yo pudiera levantarme y no estar tullida; y yo, como quien soy, usando mal de
esta merced (V 6, 8). 407 No
me hartaba de dar gracias a Dios y al glorioso Padre mío san José, que me
pareció que él lo había traído, porque fray Pedro era Comisario General de 408 Un
día, después de comulgar, Su Majestad me mandó con mucha insistencia que lo
intentara con todas mis fuerzas, y me hizo grandes promesas de que se haría
el monasterio, y que Dios se glorificaría mucho en él, y que su título fuese
de san José, que él nos ampararía en una puerta y nuestra Señora en la otra
(V 32, 11). 409 Una
vez estaba en un apuro del que no sabía cómo salir, pues no tenía dinero para
pagar a unos albañiles, y se me apareció san José, mi verdadero padre y
señor, y me dijo que no faltaría dinero y que los contratara; y así lo hice,
sin un céntimo. Y el Señor de modo maravilloso que asombraba a los que lo
oían, me proveyó (V 33, 12). 410 Al
glorioso san José no vi con tanta claridad, aunque vi muy bien que estaba
allí, como en las visiones que he dicho que no se ven (V 33, 15). 411 Mas
¡ay, hijas!, encomiéndenme a Dios y sean devotas de san José, que puede mucho
(Cc 28ª). 412 Ya
entonces yo oraba mucho a nuestro Señor, suplicándole que no me fuese sin dejarles casa (en Sevilla),
y hacía que las hermanas se lo pidiesen y al glorioso san José, y hacíamos
muchas procesiones (F 25, 3). 413 Las
hermanas habían pedido mucho a san José que para su día tuviese casa (en
Burgos), y sin pensar que la tendrían tan pronto, se lo cumplió (F 31, 36). 414 Los
días primeros de pascua, u otros días de solemnidad, podrán cantar Laudes, en
especial el día del glorioso de san José (Const 1, 3). 415 Aunque
tenga muchos santos por abogados, tengan particularmente a san José, que
alcanza mucho de Dios (Av 65). En amor se está abrasando Aquel que nació temblando Envuelto en humano vuelo, Monjas del Carmelo (P 10). 416 ¡Ah,
pastores que veláis Por guardar vuestro rebaño. Mirad que nace un Cordero, Hijo de Dios Soberano! Viene pobre y despreciado, Comenzadle ya a guardar, Que el lobo os lo ha de
llevar Sin que le hayamos gozado, ¿No veis que es Dios
soberano? 417 Si
es Dios el que hoy ha nacido, ¿Cómo puede ser difunto? ¡Oh, que es hombre también
junto! (P 11) 418 Hoy
nos viene a redimir Un zagal, nuestro pariente, Gil, que es Dios
Omnipotente. Por eso nos ha sacado De prisión de Satanás. 419 Pues,
si es Dios, ¿cómo es vendido Y muere crucificado? 420 ¿No
ves que mató el pecado. Padeciendo el inocente? Gil, que es Dios
Omnipotente. Mía fe, yo le vi nacido, De una muy linda zagala. Pues si es Dios, ¿cómo ha
querido Estar tan pobre con gente? ¿No ves que es Omnipotente? Déjate de esas preguntas, Miremos por le servir, Y pues El viene a morir, Muramos con El, Llorente, Pues es Dios Omnipotente (P
12). 421 Danos
el Padre A su Unico Hijo: Hoy viene al mundo 422 En
pobre cortijo, ¡Oh, gran regocijo, que ya el hombre es Dios! No hay que temer: Muramos los dos. 423 Qué
fuerte amorío; Viene el inocente A padecer frío; Deja un señorío; En fin, como Dios. 424 Pues
¿cómo Pascual, Hizo esa franqueza, Que toma un sayal Dejando riqueza? Mas quiere pobreza, Sigámosle nos. 425 Pues
¿qué le darán Por esta grandeza? Grandes azotes Con mucha crudeza. 426 Pues
¿cómo se atreven Siendo Omnipotente? El ha de ser muerto De una mala gente. 427 Pues
si es eso, Llorente, Hurtémosle nos. ¿No ves que El lo quiere? Muramos los dos (P 13). Vertiendo está sangre Yo no se por qué. ¿Por qué, te pregunto, Hacen de El justicia, Pues que es inocente Y no tiene malicia? Tuvo gran codicia, Yo no se por qué, De mucho amarme... 428 Pues
luego en naciendo Le han de atormentar? Sí, que está muriendo Por quitar el mal; ¡Oh, qué gran zagal Será!, por mi fe... (P 15). 429 Este
Niño viene llorando; Mira Gil, te está llamando. Vino del cielo a la tierra Para quitar nuestra guerra; Ya comienza la pelea, Su sangre está derramando. 430 Fue
tan grande el amorío, Que no es mucho estar
llorando, Que comienza a tener frío Habiendo de estar
mandando... 431 Caro
nos ha de costar, Pues comienza tan temprano A su sangre derramar, Habremos de estar llorando. 432 No
viniera El a morir, Pudiera estarse en su nido; ¿No ves, Gil, que si ha
venido Es como león bramando? 433 Dime,
Pascual, ¿qué me quieres, Que tantos gritos me das? Que le ames, pues te quiere Y por tí está tiritando...
(P 16). Pues que la estrella Es ya llegada, Va con los Reyes La mi manada. Vamos todos juntos A ver al Mesías, Que vemos cumplidas Ya las profecías; Pues en nuestros días Nos es ya llegada, Va con los Reyes La mi manada. Llevémosle dones De grande valor, Pues vienen los Reyes Con tan gran hervor. Alégrese hoy Nuestra gran zagala... 434 No
cure Llorente De buscar razón, Para ver que es Dios Aqueste garzón; 435 Dale
el corazón. (P 18). 436 Me
sucedió que, estando un día en el oratorio, vi una imagen que se había
buscado para una fiesta que se hacía en casa, y la habían traído para
guardarla allí. Era de muy llagado, y
tan devota, que cuando la miré, toda me turbé de verle tal, porque representaba
muy bien lo que sufrió por nosotros (V 9, 1). 437 En
especial me hallaba muy bien en la oración del Huerto (V 9, 4). 438 Porque
pensar y reflexionar en lo que el Señor pasó por nosotros nos mueve a
compasión y es sabrosa esta pena y las lágrimas que de aquí proceden (V 12,
1; CN 2). 439 Pues
volviendo a lo que decía de pensar en
en 440 Y
veo yo claro y he visto después, que para agradar a Dios y para que nos
conceda grandes mercedes, quiere que sea por manos de esta Humanidad
sacratísima, en quien dijo Su Majestad que se deleita (Mt 3, 17) (V 22, 6; CN
12). 441 Cuando
en medio de nuestras ocupaciones y en las persecuciones y sufrimientos y
sequedades no se puede tener tanto sosiego, es muy buen amigo , porque le
miramos hombre, y le vemos con flaquezas y padecimientos, y nos hace
compañía. 442 Si
uno se acostumbra, con mucha facilidad se lo encuentra al lado; aunque
llegarán momentos o temporadas, en que el alma ni gozará de contemplación ni
podrá ponerse junto a . En estos casos vale lo que he dicho: no buscar
consuelos espirituales, sino abrazarse con la cruz, venga lo que viniere. Es
gran cosa. Desierto quedó el Señor de todos los consuelos; en los
sufrimientos le dejaron solo (V 22, 10; CN 12). 443 Me
dijo que cada día hiciese la oración sobre un misterio de 444 Que
siempre comenzase la oración meditando un misterio de 445 Casi
siempre se me representaba el Señor Resucitado, incluso cuando se me aparecía
en 446 Cuando
iba a la oración y miraba a en la
cruz, tan pobre y desnudo, no podía soportar ser rica y le rogaba con
lágrimas que me hiciera pobre como El (V 53, 3). 447 Se
me apareció como otras veces y me comenzó a enseñar la llaga de la mano
izquierda, mientras con la otra sacaba un clavo grande que en ella tenía
metido. Al sacar el clavo, sacaba también la carne. Se notaba que le producía
un gran dolor, que me lastimaba mucho; y me dijo que no dudara de que quien
había sufrido aquello por mí, mejor haría lo que le pidiera (V 39, 1). 448 ¡Oh,
Señor mío, cuántas veces os hacemos pelear a brazo partido con el demonio!
¿No bastaba que os dejaseis llevar en sus brazos cuando os llevó al pináculo
para enseñarnos a vencerle? Mas, ¡qué sería, hijas, ver aquel Sol al lado de
las tinieblas, y qué miedo tendría aquel desventurado, sin saber por qué!,
pues no permitió Dios que conociese el misterio, y cómo merecía por tal
atrevimiento que creara Dios un infierno nuevo para él. Bendita sea tanta
piedad y misericordia. 449 Qué
vergüenza habíamos de tener los cristianos de hacer luchar a Jesús cada día,
como he dicho, a brazo partido con tan sucia bestia. Fué muy necesario,
Señor, que tuvieseis los brazos tan fuertes, mas ¿cómo no se os quedaron
desfallecidos de tantos tormentos como sufristeis en la cruz? (C 16, 7). 450 Si
estáis con sufrimientos o triste, miradle camino del huerto; ¡qué aflicción
tan grande llevaba en su alma!; pues siendo la misma paciencia, la manifiesta
y se queja de ella. 451 miradle
cargado con la cruz, que ni siquiera respirar le dejaban. Y os mirará El con
unos ojos tan hermosos y piadosos, llenos de lágrimas, y olvidará sus dolores
para consolar los vuestros, solamente porque vais a consolaros con El y
porque volvéis la cabeza para mirarle (C 26, 5). 452 Pues,
si cuando iba por el mundo sólo con tocar sus vestidos curaba a los enfermos,
¿por qué hemos de dudar que hará milagros estando tan dentro de nosotros? (C
34, 8). 453 Me
parece que tiene razón el buen Jesús al pedir esto para Sí, porque ya sabemos
cuán cansado estaba de esta vida, cuando dijo en la última Cena a sus
Apóstoles: "¡cuánto he deseado cenar con vosotros esta Pascua!" (Lc
22, 15), que era la última de su vida. De lo cual se deduce cuán cansado
debía de estar ya de vivir, y hoy no se cansan los que tienen cien años,
porque siempre tienen deseo de vivir más. En verdad, no pasamos la vida tan
mal ni con tantos trabajos, como Su Majestad la pasó, ni tan pobremente. ¿Qué
fue su vida más que una contínua muerte, teniendo siempre delante de los ojos
la que le habían de dar tan cruel? (C 42, 1).
454 Pensando
en la sagrada Pasión, pensamos muchas más cosas de fatigas y tormentos que
allí debía de padecer el Señor, de las que los evangelistas escriben (Mdt C
1, 8). 455 Me
parece a mí que habla con tercera persona. Y es la misma, que da a entender
que en hay dos naturalezas, una divina
y otra humana (Mdt C 1, 10). 456 Acordaos
de cómo dejó el mundo a nuestro Señor,
y qué ensalzado lo había tenido el día de Ramos (Mdt C 2, 13). 457 Mirad
que dice el buen Jesús en la oración del Huerto: "La carne es
flaca", y acordaos de aquel tan admirable y lastimoso sudor. Pues si
aquella carne divina y sin pecado, dice Su Majestad que es flaca, ¿cómo
queremos que sea la nuestra tan fuerte, que no sienta la persecución que le
puede venir y los trabajos? Nuestro buen Jesús muestra la flaqueza de su
Humanidad antes de los sufrimientos y en el golfo de ellos tuvo gran
fortaleza, que no sólo no se quejaba, sino que no hizo ni un gesto en el
semblante que demostrara que padecía con flaqueza. Cuando iba al Huerto,
dijo: "Triste está mi alma hasta la muerte"; y estando en la cruz,
que era ya estar pasando la muerte, no se quejaba. Cuando en la oración del
Huerto, fue a despertar a los Apóstoles. Pues con más razón se hubiera
quejado a su Madre, cuando estaba al pie de la cruz, y no dormía, y padecía
en su alma y estaba muriendo dura muerte. Pues siempre nos consuela más
quejarnos a los que sabemos que sienten nuestros trabajos y nos aman (Mdt C
3, 8-9). 458 Y
que vea y goce el fruto que sacó Jesu nuestro Señor de su Pasión, regando
este árbol con su sangre con tan admirable amor (Mdt C 5, 7). 459 Pues
si nunca le miramos ni consideramos lo que le debemos y la muerte que pasó
por nosotros, no se cómo le podemos conocer ni hacer obras en su servicio.
Porque la fe sin obras y sin estar entroncadas en los méritos de Jesu, bien
nuestro, ¿qué valor puede tener ni quién nos despertará a amar a este Señor?
(II M 1, 12). 460 El
tormento que sufre y ha sufrido cierta alma que conozco, de ver ofender a
nuestro Señor, tan insufrible que mucho más quisiera morir que sufrirlo, y
pensando que si un alma con tan poquísima caridad comparada con la de -que se puede decir ninguna en su
comparación-, sentía este tormento tan insoportable, ¿cuál sería el
sentimiento de nuestro Señor Jesu y qué vida debía de pasar, pues tenía todas
las cosas presentes y estaba siempre viendo las grandes ofensas que se hacían
a su Padre? 461 Sin
duda yo creo que fueron unos dolores mucho mayores que los de su sacratísima
Pasión; porque entonces ya veía el fin de estos dolores y con eso, y con el
contento de ver nuestro remedio con su muerte y de demostrar el amor qu tenía
a su Padre padeciendo tanto por El, se le atenuarían los dolores. Igual que
les ocurre en esta vida a los que con las fuerzas del amor hacen grandes
penitencias que casi no las sienten y aún quisieran hacer más y más y todo
les parece poco. (V M 2,14). 462 Mirad
lo que le costó a nuestro Esposo el amor que nos tuvo que, por librarnos de la
muerte, la murió tan penosa como muerte de cruz V M 3, 12). 463 Le
dijo el mismo Crucificado consolándola, que El le daba todos los dolores y
trabajos que había sufrido en su Pasión, que los considerase propios para
ofrecerlos al Padre (VI M 5, 6). 464 O
comenzamos en la oración del Huerto, y no para el entendimiento hasta que
está puesto en la cruz; o tomamos un misterio de 465 Ni
es posible que el alma que tanto ha recibido de Dios, olvide las muestras de
amor tan preciosas, porque son vivas centellas para encenderla más en el que
tiene a nuestro Señor, sino que no se entiende, porque entiende el alma estos
misterios más plenamente, y es que se los representa el entendimiento y se
graban en la memoria, de manera que sólo de ver al Señor caído con aquel espantoso
sudor en el Huerto, le basta no sólo para una hora, sino para muchos días,
mirando con una sencilla mirada quién es y cuán ingratos hemos sido a tan
gran pena; luego acude la voluntad, aunque no sienta ternura, a desear servir
en algo tan gran merced y a desear padecer algo por quien tanto padeció, y a
otros afectos semejantes, en los que ocupa la memoria y el entendimiento (VI
M 7, 11). 466 Pues
créanme y no se ensimismen tanto, como ya he dicho en otra parte, que es
larga la vida y hay en ella muchos trabajos y hemos menester mirar a nuestro
dechado cómo lo pasó, y aun a sus
apóstoles y santos, para llevarlo con perfección (VI M 7, 13). 467 Cuando
nuestro Señor quiere regalar más a esta alma le manifiesta claramente su
sacratísima Humanidad de la manera que quiere, o como cuando vivió en el
mundo, o después de Resucitado; y aunque es con tanta rapidez que lo
podríamos comparar a la de un relámpago, queda tan esculpida en la
imaginación esta imagen gloriosísima, que tengo por imposible olvidarla hasta
que la vea donde sin fin la pueda gozar (VI M 9, 3). 468 Poned
los ojos en el Crucificado, y se os hará todo poco. Si Su Majestad nos mostró
el amor con tan espantables obras y tormentos, ¿cómo queréis contentarle con
sólo palabras? (VII M 4, 9). 469 Que
aunque no fuera más que ver a su Maestro tan aborrecido, era intolerable
sufrimiento. Pues los muchos que después sufrió en la muerte del Señor, tengo
para mí que, el no haber recibido martirio, fue por haberlo sufrido viendo
morir al Señor (VII M 4, 15). 470 Mucho
me sirve, mas gran cosa es seguirme desnudo de todo como yo me puse en la
cruz (Cc 56ª). 471 El
día de Ramos, acabando de comulgar, quedé con gran suspensión, de manera que
aun no podía pasar 472 Y
ayúdele a llevar la cruz y piense que toda la vida vivió el en ella y no
quiera aquí reino ni deje jamás la oración. Y decídase, aunque le dure toda la
vida la sequedad, a no dejar a caer en
la cruz (V 11, 11). 473 Es
importantísimo que comience el alma el camino de la oración despegándose de
todo género de contentos, y entrar determinada sólo a ayudar a llevar la cruz
a (V 15, 11; CN 5). 474 Pues
ahí podéis ver, hijas, lo que dio a quien más amaba, de donde se deduce cuál
es su voluntad. Así que éstos son sus dones en este mundo. Da conforme al
amor que nos tiene: a quienes ama más, da más de estos dones; a quienes ama
menos, da menos, y de acuerdo con el ánimo que ve en cada uno y el amor que
tiene a Su Majestad. Al que le ama mucho, ve que puede padecer mucho por El;
al que le ama poco, ve que puede padecer poco. Tengo para mí que la medida de
poder llevar gran cruz o pequeña es la del amor. Así que, hermanas, si tenéis
amor, procurad que no sean palabras de cumplimiento las que decís a tan gran
Señor, sino esforzaos a pasar lo que Su Majestad quiera. Porque si dais la
voluntad de otra manera, es como si enseñarais la joya y la fuerais a dar y
pidierais que os la reciban; y cuando extienden la mano para cogerla,
volvierais vos a guardarla muy bien (C 32, 7). 475 ¿Sabéis
qué es ser espiritual de veras? Hacerse esclavos de Dios, a quienes,
señalados con su hierro, que es el de la cruz, porque ya ellos le han dado su
libertad, los puedan vender como esclavos de todo el mundo como El lo fue,
que no les hace ningún agravio ni pequeña merced (VII M 4, 9). 476 "Cree,
hija, que a quien mi Padre más ama, da mayores trabajos, y éstos responde el
amor. ¿En qué te lo puedo demostrar más, que queriendo para tí lo que quise
para Mí? Mira estas llagas, que nunca llegarán aquí tus dolores: Este es el
camino de la verdad" (Cc 26ª, 1). 477 De
cosas corporales de enfermedades no se aflija mucho. Ya sabe que si ha de
gozar del Crucificado, ha de pasar cruz; que esto no es menester que se lo
pidan, que a los que Su Majestad ama, llévalos como a su Hijo (Cta 235, 11). Me han causado gran lástima
los trabajos que tiene. En fin, han de ir por la cruz, los que han de gozar
del que en ella se puso (Cta 358, 5). 478 "¡Oh,
Jesús mío! Cuán grande es el amor que tenéis a los hijos de los hombres, que
el mayor servicio que se os puede hacer, es dejaros a Vos por su amor y
ganancia..., pues con tanta sangre vemos demostrado el amor tan grande que
tenéis a los hijos de Adán (E 2). 479 ¡Cómo
fue necesario todo el amor que tenéis a las criaturas para poder sufrir tanto
desatino y esperar a que sanemos y procurarlo de mil maneras y medios! (E
12). 480 Pues,
si es Dios, cómo es vendido Y muere crucificado? ¿No ves que mató el pecado,
Padeciendo el
inocente? (P 19). 481 ¡Oh,
Hijo del Padre Eterno, Jesu, Señor nuestro, Rey verdadero de todo! ¿Qué
dejaste en el mundo, qué pudimos heredar de Vos vuestros descendientes? ¿Qué
poseísteis, Señor mío, sino trabajos y dolores y deshonras, y aun no
tuvisteis sino un madero en que pasar el trabajoso trago de la muerte? En
fin, Dios mío, que los que quisiéramos ser vuestros hijos vedaderos y no
renunciar a la herencia, no nos conviene huir del padecer. Vuestras armas son
cinco llagas. ¡Ea pues, hijas mías!, ésta ha de ser nuestra divisa, si hemos
de heredar su reino; no con descansos, no con regalos, no con honras, no con
riquezas se ha de ganar lo que El compró con su sangre (F 10, 11). 482 Y
con esta luz Dª Catalina Godínez puso los ojos en el Señor, que estaba en la
cruz derramando sangre y pensó cuán maltratado estaba, y cuán diferente
camino llevaba ella llena de soberbia (F 22, 6). 483 La
visión no es de un hombre muerto, sino de Cristo vivo, que manifiesta que es
Hombre y Dios; no como estaba en el sepulcro, sino como salió de él después
de resucitado (V 28, 8). 484 Y
pensando en la gloria que esperamos y en el amor que el Señor nos tuvo y en
su Resurrección se va llenando el alma de gozo (V 12, 1; CN 2). 485 ¿Quién
nos impide que permanezcamos con el Señor Resucitado, ya que lo tenemos tan
cerca en el Sacramento donde está glorificado¬? (V 22, 6; cn 12). 486 Un
día de san Pablo, estando en misa, se me representó la sacratísima Humanidad
Resucitada, con tanta hermosura y majestad como ya se la describí a usted
cuando tan insistentemente me lo mandó, y me costó muchísimo, pues no se
puede decir sin que uno quede deshecho; a pesar de todo, ya se lo dije lo
mejor que supe, y no es necesario repetirlo (V 28, 3). 487 Vi
a Cristo con gran majestad y gloria, manifestando gran contento de lo que
allí estaba ocurriendo; y así me lo dijo,y quiso viera con claridad que en
semejantes pláticas siempre está El presente, y lo mucho que le glorifica
cuando así se deleitan hablando de El (V 34, 17). 488 Si
estáis alegre, miradle resucitado; que sólo imaginar cómo salió del sepulcro
os alegrará. Con qué claridad y con qué hermosura salió!; ¡con qué majestad, qué
victorioso, qué alegre! Como el que venció en la batalla en la que ganó un
Reino tan grande que todo lo quiere para vos, junto con él. Pues ¿es mucho
pediros que volváis una vez los ojos para mirar a quien tanto os da? (C 26,
4). 489 Se
le manifestó el Señor acabando de comulgar, en figura de gran esplendor y
hermosura y majestad, como después de Resucitado (VII M 2, 1). 490 En
san José de Avila un día, oyendo la misa al padre Francisco de Salcedo vi al
Señor glorificado en 491 Lo
que hay que procurar, según ellos, es ver a Dios inmenso que está en todas
partes y verse engolfado en El (V 22, 1; CN 12). 492 El
Señor me enseñó esta verdad, que tuviera la certeza de que nada de lo que
tenía era mío, sino de Dios, y así como no me apenaba de oir alabar a otras
personas, sino que me alegraba y me consolaba mucho de ver que allí se
manifestaba Dios, tampoco podía sentir pena de que manifestara en mí sus
obras (V 31, 14). 493 Aprender
a mirar al Señor en lo muy interior de su alma, es una mirada muy unitiva y
mucho más provechosa que mirarle fuera de sí mismo; esto se lee en algunos
libros de oración que enseñan dónde hay que buscar a Dios. Sobre todo lo dice
San Agustín que ni en las plazas, ni en los deleites, ni en ninguna parte que
lo buscaba, lo encontraba como dentro de sí. Y esto es mucho mejor, pues no
es necesario subir al cielo, ni ir más lejos que a nuestro interior, porque
buscarlo fuera cansa el espíritu y distrae el alma y no produce tanto fruto
(V 40, 6). 494 Para
buscar a Dios en lo interior (donde se encuentra mejor y con más provecho que
en las criaturas, como dice san Agustín, que lo halló después de haberlo
buscado en muchas partes), es gran ayuda cuando Dios hace esta merced. Y no
creáis que este recogimiento es fruto del entendimiento activo, que se
esfuerza en pensar que Dios está dentro de sí, ni de la imaginación, que lo
representa dentro de sí. Bueno es esto y excelente manera de meditación,
porque se funda sobre la verdad de que Dios está dentro de nosotros mismos;
mas no es esto, que cada uno lo puede hacer -con el favor de Dios, ya se
entiende-; mas lo que digo es de diferente manera, y que algunas veces, antes
de que comience a pensar en Dios, ya esta gente está en el castillo, que no
se por dónde ni cómo oyó el silbo de su Pastor, que no fue por los oídos,
pues no se oye nada, mas siéntese notablemente un recogimiento suave en lo
interior, como verá quien lo experimenta, que yo no lo se explicar mejor.
Paréceme que he leído que sucede como a un erizo o tortuga cuando se retiran
hacia sí; y debíalo de entender quien lo escribió. Con la diferencia de que
los erizos y tortugas entran en sí cuando quieren; pero la oración de
recogimiento no está en nuestro querer, sino llega cuando Dios nos quiere
hacer esta merced (IV M 3, 3). 495 Mas
entiendo que quedan unas verdades en esta alma tan fijas de la grandeza de
Dios, que aunque no tuviera fe que le dice quién es y que está obligada a
creerle por Dios, le adorara desde aquel punto por tal, como hizo Jacob
cuando vio la escala (Gn 28, 12), que con ella debía de entender otros
secretos, que no los supo decir; que sólo por ver una escala por la que
bajaban y subían ángeles, de no haber recibido más luz interior, no hubiera
entendido tan grandes misterios. Ni tampoco Moisés supo decir todo lo que vio
en la zarza, sino lo que quiso Dios que dijese (Ex 3, 12); mas si no hubiera
revelado Dios a su alma secretos con certidumbre para que viese y creyese que
era Dios no se hubiera expuesto a tantos y tan grandes trabajos; mas debió de
entender tan grandes cosas dentro de los espinos de aquella zarza, que le
dieron ánimo para hacer lo que hizo por el pueblo de Israel (IV M 4, 6-7). DESOBEDIENCIA 496 Me
parece que si no hay obediencia, no son monjas (C 18, 7). 497 Bueno
es hacer penitencia, pero si la priora ha mandado que no la hagan sin permiso
y el demonio les hace creer que siendo una cosa tan buena por qué no ha de
desobedecer y a escondidas se da tal vida que llega a perder la salud y a no
cumplir lo que dispone la regla, ya veis cómo terminó ese bien (I M 2, 16). 498 Si
la que es neurasténica desobedeciera al prelado, que lo pague como la sana y
ninguna cosa se le perdone (F 7, 6). 499 Si
no obedeciera a lo que el confesor le dice y no se deja guiar por él, o tiene
mal espíritu o terrible neurastenia (F 8, 5). 500 Gravísima
culpa es si alguna es desobediente, o por manifiesta rebeldía no obedece al
mandamiento del prelado o superior que a ella en particular, o a todas en
general hubiere sido mandado (Const 15, 5). 501 Y
crea vuestra señoría que si yo los viera desobedientes, no los vería ni
escucharía; mas no puedo yo ser tan hija de vuestra señoría como ellos se
demuestran (Cta 81, 10, al P. Juan Bautista Rubeo). 502 Hoy
me escribió el señor don Teutonio, que está en Madrid, que no iba ya el
Nuncio. Si esto es así, si no está en Alcalá con la disculpa de que vuestra
reverencia está enfermo, de ninguna manera se sufre que parezca que no le
obedece (Cta 184, 1, al P. Ambrosio Mariano de san Benito). 503 Teme
usted que habrá otras como Ana de Jesús. Por cierto, más las querría yo ver
peor que ella estuvo, que no desobedientes; porque para ver que alguna ofende
a Dios no tengo paciencia, y para todo lo demás veo que me da el Señor mucha
(Cta 197, 504 ¡Oh,
padre mío, qué trabajo es ver tantos cambios en las de esta casa! ¡Y cuántas
cosas les parecían insufribles antes, de las que ahora adoran! Tienen la
perfección de la obediencia con mucho amor propio, y así las castiga Dios
allí donde ellas faltan (Cta 227, 6, al Lic Gaspar de Villanueva, Malagón). 505 Mas
allá se dan tan buena maña a no obedecer, que no me ha dado poca pena esto
último, por lo mal que ha de parecer en toda 506 Y
si ha de ir -como ahora- para sentar precedentes en 507 Volver
las de Beas es tan acertado que si no es por el miedo que tengo de ayudar a
hacer ofensas de Dios con desobediencia, enviaría a vuestra reverencia un
gran precepto; porque para todo lo que toca a las descalzas hago las veces de
nuestro padre provincial (Cta 424, 10). 508 Era
muy sincero, jamás nadie le vio jurar ni murmurar (a su padre) (V 1, 2) 509 No
hablaba mal de nadie por poco que fuese, sino evitaba siempre toda
murmuración, pues tenía muy presente que no había de querer ni decir de otra
persona lo que no quería que dijesen de mí. Tomaba esto con mucho empeño para
las ocasiones que había...y así, a las que vivían conmigo y me trataban
persuadía tanto a esto, que se quedaron con esta costumbre. Se llegó a
divulgar que donde yo estaba tenían seguras las espaldas, y así procedían mis
amigas y parientes y esto les enseñaba (V 6, 3). 510 El
no tenerme por tan ruín se debía a que me veían tan moza y en tantos peligros
y a que buscaba ratos de soledad para rezar y leer; a que hablaba mucho de
Dios...; y que no hablaba mal de nadie (V 7, 2). 511 Andan
ya las cosas del servicio de Dios tan flacas, que es menester hacerse
espaldas unos a otros los que viven el evangelio para seguir adelante, según
se tiene por bueno andar en las vanidades y contentos del mundo. Para los que
caminan según el mundo hay pocos ojos; pero si uno comienza a darse a Dios
hay tantos que murmuren, que es menester buscar compañía para defenderse (V
7, 22). 512 Con
todo sabéis Vos, mi Señor, que clamaba muchas veces ante Vos disculpando a
las personas que murmuraban de mí porque me parecía que les sobraba razón
para ello (V 19, 7; CN 9). 513 Comenzó la murmuración y persecución de
golpe y, a mi parecer, con mucha razón;...Decían que me las daba de santa y
que inventaba novedades, cuando estaba muy lejos de cumplir mi regla y de
aventajar a las buenas y santas monjas que estaba en aquel monasterio..., cuando
era yo la que quitaba lo bueno y ponía costumbres que no lo eran;... Así que
sin culpa suya me condenaban. Y no eran sólo las monjas, sino otras personas;
me descubrían verdades, porque Vos lo permitíais (V 19, 8; CN 9). 514 Fue
tan fuerte la tentación y la murmuración, que quería salir de esta ciudad e
ingresar en otro monasterio de clausura más estricta que en el que vivía, de
cuya austeridad había oído hablar. Pertenecía a mi Orden y estaba muy lejos,
que eso es lo que a mí me hubiera gustado, estar donde no me conocieran, pero
nunca mi confesor me lo permitió (V 31, 13). 515 Ya
se puede preparar bien un alma que así permite Dios que sea el centro de los
ojos del mundo, porque si ella no quiere morir al mundo, el mismo mundo la
matará. Lo único bueno que en verdad me parece bien del mundo es que no
tolera faltas en los buenos y que los perfecciona a fuerza de murmuraciones
(V 31, 17). 516 No
murmuraba ni hablaba mal de nadie y creo que no podía querer mal a nadie (V
32, 7). 517 Apenas
se supo en la ciudad, cayó sobre nosotras una gran persecución que sería
largo de contar; comentarios, risas, el decir que era disparate; a mí me
decían que ya estaba bien en mi monasterio; a mi amiga le hacían tanta
persecución que la tenían deshecha. Yo no sabía qué hacer; en parte me parecía
que tenían razón. 518 Estando
así de abatida encomendándome a Dios, comenzó Su Majestad a consolarme y
animarme. Me dijo que ahora me daría cuenta de lo que habían sufrido los
santos fundadores y que todavía me esperaba sufrir más de lo que yo podía
imaginar; pero que no nos preocupáramos de nada...Casi nadie se puso de
nuestra parte en toda la ciudad, incluso personas de oración estaban en
contra, pues les parecía grandísima locura. Fueron tantos los comentarios y
el alboroto de mi monasterio, que el provincial no se atrevió a mantenerse
frente a todos (V 32, 14-15). 519 Como
todo se vino abajo, se confirmó la opinión de la gente de que todo era
ilusión de mujeres y creció la murmuración contra mí a pesar de había obrado
hasta entonces por mandato de mi provincial (V 33, 1). 520 Ahora
ya, gloria a Dios, aunque murmuran mucho de mí y con buena intención, y
tienen miedo de hablar conmigo y de confesarme, y otros me dicen otras cosas,
como se que por este medio el Señor ha curado muchas almas... y pienso lo
mucho que sufrió el Señor por una sola, muy poco me importa todo (V 40, 21). 521 Y
si tienen humildad verdadera, dichosa esta sierva de vida activa que no
murmurará de nadie, sino de sí. Mejor quisiera yo ser ella, que muchas
contemplativas (C 18, 5). 522 Coged
hijas, aquella cruz; no os importe que os atropellen los judíos, para que él
no camine con tanto trabajo; no hagáis caso de lo que os digan; haceos sordas
a las murmuraciones (C 26, 7). 523 Y
si se le dice a un murmurador que es voluntad de Dios que quiera para su
prójimo lo mismo que para sí, no tiene paciencia para soportarlo; ni habrá
razones suficientes que se lo hagan entender (C 33, 1). 524 Hay
que obrar con suma prudencia para que no nos engañe el demonio, y no
comentarlo unas con otras, para que el demonio no saque gran ganancia
comenzando costumbre de murmuración (I M 2, 18). 525 Como
entendió una que estaba en esta aflicción, de parte de nuestro Señor:
"No tengas pena, que ellos o han de alabarme a mí o murmurar de tí; y en
cualquier cosa de éstas ganas tú" (VI M 4, 17). 526 Y
luego las persecuciones y murmuraciones, y aunque ella quiera estar sin
miedos no la dejan, porque son muchas las personas que se los infunden, sobre
todo los confesores...,teme que la engañe el demonio hasta llegar a ofender a
quien tanto ama, que de las murmuraciones tiene poca pena, si no es cuando el
confesor la aprieta, como si ella pudiese impedir las gracias que recibe (VI
M 6, 1). 527 ¡Oh,
qué buena locura, hermanas, si nos la diese Dios a todas, y qué merced os ha
hecho de traeros a un lugar donde aunque el Señor os haga esto y lo
manifestéis, más bien os ayudarán que os murmurarán, lo que no ocurriría si
estuvierais en el mundo, donde se usa tan poco este pregón, que no es mucho
que lo murmuren (VI M 6, 11). 528 Y
en todo defiende a estas almas y responde por ellas en las persecuciones y en
las murmuraciones, como hizo por 529 Pensáis
que le sería poca mortificación a una señora como ella irse por esas calles,
y por ventura sola, porque el fervor le impedía fijarse en cómo iba y entrar
donde nunca había entrado y después sufrir la murmuración del fariseo y otras
muchas que debía de sufrir? (VII M 4, 15). 530 En
cosas que murmuraran de mí, que son hartas y en mi perjuicio, también me
siento muy mejorada; casi me hace la impresión que le haría a un bobo. Me
parece casi siempre que tienen razón (Cc 18, 5). 531 Cuando
se supo en la ciudad, hubo mucha murmuración: unos decía que yo estaba loca;
otros esperaban el fin de aquel desatino (F 3,3). 532 A
esto se juntaron todas las dificultades que podían poner los que lo habían
murmurado mucho, y entendí claro que tenían razón (F 3, 11). 533 Mas
habían ido con tantas murmuraciones al gobernador, que me dio la licencia con
la condición de que fundase como en otras partes (F 15, 15). 534 Además
me dijeron a la vez otros dos falsos testimonios muy graves que me
levantaban. Yo os digo, para que veáis la misericordia del Señor y cómo no
desampara a quien desea servirle, que no sólo no me dio pena, sino un gozo
tan accidental que no cabía en mí, de manera que no me espanto de lo que
hacía el rey David, cuando iba delante del arca del Señor; porque no quisiera
yo entonces hacer otra cosa según el gozo que sentía, que no sabía cómo
disimularlo. No se la causa, porque en otras grandes murmuraciones y
contradicciones en que me he visto, no me ha acaecido tal; y al menos una
cosa de éstas que dijeron de mí, era gravísima (F 27, 20). 535 Algunas
veces me daban contento las grandes contradicciones y murmuraciones que en
este ir a fundar ha habido, con buena intención unos, otros por otros fines.
Mas no recuerdo haber sentido tan gran alegría por ningún trabajo como la que
por esto sentí. Confieso que en otro tiempo, cualquier cosa de las tres que
me vinieron juntas, hubiera sido harto trabajo para mí (F 27, 21). 536 De
aquí de Pastrana comenzó a procurar la santa Cardona con qué hacer su
monasterio y para eso volvió a 537 Todas
aquellas cosas que la madre hubiera castigado o definido en capítulo, ninguna
hermana las cambie de él con murmuración, porque esto origina discordias y se
pierde la paz en el convento y se constituyen bandos y usurpan el oficio de
los mayores (Const 10, 9). 538 El
día que en algún monasterio tenga amistad particular, aunque sea como la de
san Jerónimo con santa Paula, no se librará de murmuraciones, como ellos no
se libraron; y no sólo hará daño en aquella casa, sino en todas, que en
seguida lo hace saber el demonio para ganar algo (Vta D 45). 539 En
todas las pláticas y conversaciones siempre mezcle algunas cosas
espirituales, y con esto se evitarán palabras ociosas y murmuraciones (Av
14). 540 Jamás
de nadie digas mal, sino de tí misma, y cuando te goces en esto, vas
aprovechando mucho (Av 22). 541 De
esas murmuraciones de frailes ninguna pena tengo, que ocurrirá como en las
otras calumnias que le han levantado (Cta 170, 3, al P. Ambrosio Mariano de
san Benito, en Madrid). 542 Ya
se acordará de lo que murmuran estos viajes míos (Cta 280, 7, al P. Jerónimo
Gracián). 543 Me
parece cordura huir como de una fiera de la lengua de una mujer apasionada
(Cta 184, 544 Surgen
muchos inconvenientes de juntarse muchos, tanto para el silencio como por el
desconcierto de la comunidad e incluso algunas veces puede haber murmuración
(Cta 385, 12, al P. Gracián). 545 Me
he alegrado mucho de que les vaya tan bien en todo, en especial de que haya
habido alguna ocasión sin haber dado motivo de que las murmuren, que es muy
linda cosa, porque han tenido pocas en qué merecer en esa fundación (Cta 403,
546 Si
es espíritu de demonio creo que el alma que tenga experiencia lo entenderá;
porque deja inquietud y poca humildad y poca disposición para recibir los
efectos que produce el espíritu de Dios. No deja luz en el entendimiento, ni
firmeza en la verdad (V 15, 10; CN 5). 547 Me
dijo que, según el parecer de los dos, me movía el espíritu del demonio (V
23, 14). 548 ¡Cuántas
dificultades pone el demonio y cuántos temores a quien quiere seguir a Dios
más de cerca! (V 23, 15). 549 Tengo
por cierto que Dios no permitirá que el demonio engañe al alma que no se fia
de sí misma y que está tan firme en la fe, que puede afirmar que por un punto
de ella moriría mil muertes (V 25, 12). 550 Cuando
es demonio parece que se esconden todos los bienes y huyen del alma, según
queda de desabrida y alborotada y sin ningún efecto bueno; porque aunque
parece que pone buenos deseos, no son fuertes; la humildad que deja es falsa,
alborotada y sin suavidad (V 25, 14). 551 Pues
si este Señor es poderoso, como veo que lo es y se que lo es, y los demonios
son sus esclavos (y esto no se puede dudar, pues es de fe), si yo soy esclava
de este Señor y Rey, ¿qué mal me pueden hacer ellos a mí? ¿Por qué yo no he
de tener fortaleza para combatir con todo el infierno? (V 25, 19). 552 No
entiendo estos miedos: "¡demonio! ¡demonio!, donde podemos decir:
"¡Dios! ¡Dios!" y hacerle temblar. Sí, que ya sabemos que el
demonio no se puede menear si el Señor no lo permite. ¿Qué es esto? Es sin
duda, que tengo yo más miedo a los que tan grande le tienen al demonio, que a
él mismo; porque él no puede hacer nada y los otros, sobre todo los
confesores, inquietan mucho (V 25, 22). 553 Tengo
por una de las grandes mercedes que me ha hecho el Señor este ánimo que me
dio contra los demonios (V 26, 1). 554 Porque
como antes era tan ruín, yo decía que no podía creer que el demonio, para
engañarme y llevarme al infierno, me quitase los vicios y me pusiese virtudes
y fortaleza (V 28, 13). 555 Les
parecía tan cierto a algunas personas que yo tenía demonio, que me querían
exorcizar (V 29, 4). 556 Quiero
narrar, ya que he dicho algunas tentaciones y turbaciones interiores y
secretas que el demonio me causaba,
otras intervenciones suyas, que eran casi públicas y que claramente se
veía que las hacía él. 557 Estaba
una vez en un oratorio y se me apareció hacia el lado izquierdo, en figura
abominable; concretamente le miré la boca, porque me habló, y la tenía
espantosa: parecía que le salía una gran llama del cuerpo, toda clara, sin
sombra. Me dijo espantosamente que bien me había librado de sus manos, pero
él me volvería a coger. Yo tuve mucho miedo y me santigüé como pude y
desapareció, y luego volvió otra vez. Dos veces me acaeció esto. Yo no sabía
qué hacer; tenía allí agua bendita y la eché hacia aquel lugar y no volvió
más. 558 Otra
vez estuvo cinco horas atormentándome con tan terribles dolores y desasosiego
interior y exterior, que ya no podía sufrir más. Las personas que estaban
conmigo estaban espantadas y no sabían qué hacer, y yo no podía dominarme. 559 Cuando
los dolores y sufrimientos corporales son muy intolerables, suelo orar
interiormente como puedo, suplicando al Señor que si aquel martirio le
glorifica, me de Su Majestad paciencia para que pueda soportarlo, si es
necesario, hasta el fin del mundo. Como esta vez el sufrimiento era tan
cruel, lo soportaba con oración y con esta determinación. Quiso el Señor que
me diese cuenta de que era el demonio, porque ví junto a mí un negrillo muy
abominable, regañando como desesperado, porque donde pretendía ganar era
vencido. Cuando yo lo ví me reí; y no le tuve miedo, porque estaban conmigo
algunas personas que no podían soportar aquel espectáculo, ni sabían qué
remedio podían poner a tanto tormento, pues me hacía dar grandes golpes con
el cuerpo, cabeza y brazos, sin que yo lo pudiese resistir, y lo peor era el
desasosiego interior, pues de ningún modo podía tener sosiego. No me atrevía
a pedir agua bendita para no asustarlas y para que no sospechasen lo que
estaba ocurriendo. 560 Pues,
como no cesaba el tormento, dije: Si no lo tomasen a risa, pediría agua
bendita. Me la trajeron y me rociaron con ella, y seguía igual el tormento;
la eché hacia donde estaba el demonio, y al instante se fue y se me quitó
todo el mal, como si me lo quitaran con la mano, aunque quedé cansada igual
que si me hubieran dado una paliza. Pensé, y me aprovechó mucho, que si
cuando el Señor le da licencia hace tanto mal a un alma y a un cuerpo que no
son esclavos suyos, ¿qué hará cuando los posea? Y me entraron ganas nuevas de
verme libre de tan ruín compañía (V 31, 1-5). 561 Hace
poco tiempo me acaeció lo mismo, aunque no duró tanto, y yo estaba sola, pedí
agua bendita, y las que entraron cuando ya se habían ido los demonios (que
eran dos monjas muy de fiar, incapaces de mentir), olieron un olor muy malo,
como de piedra azufre; yo no lo olí; duró tanto el olor que pudo ser bien
percibido (V 31, 6). 562 Otra
vez estaba en el coro y me dio un gran ímpetu de recogimiento; me fuí de allí
para que no lo notaran, aunque todas oyeron dar grandes golpes cerca de donde
yo estaba, y yo junto a mí oí hablar palabras fuertes como si tramaran algo,
aunque no entendí qué; mas yo estaba tan absorta en oración, que no entendí
nada ni tuve ningún miedo. Esto ocurría casi siempre que el Señor me concedía
la merced de que por mi persuasión se aprovechara algún alma (V 31, 6). 563 Yo
supliqué a Su Majestad que se le suavizasen aquellos tormentos y tentaciones
y que aquellos demonios me atormentaran a mí, con tal de que yo no ofendiera
en nada al Señor, y entonces me ocurrieron las dos cosas que he referido (V
31, 7). 564 Una
noche creí que me ahogaban; y cuando echaron agua bendita, vi cómo gran
multitud de demonios se despeñaban (V 31, 9). 565 Son
tantas las veces que estos malditos me atormentan y es tan poco el miedo que
yo les tengo, viendo que no se pueden mover si el Señor no les da licencia,
que le cansaría a V. y me cansaría yo si las refiriera todas. 566 Sirva
lo escrito para que el verdadero siervo de Dios no de importancia a los
espantajos que los demonios ponen para meter miedo; tengan entendido que cada
vez que los despreciamos pierden fuerza, y el alma queda mucho más señora (V
31, 9-10). 567 Siempre
queda algún gran provecho de haber vencido la tentación, que no lo digo por
no alargarme; sólo digo lo que me acaeció una noche de las ánimas: estando en
mi oratorio rezando, terminando un nocturno, al decir unas oraciones muy
devotas de nuestro breviario, se puso el demonio encima del libro para que no
terminara la oración. Yo me santigüé y él se fue. Comencé otra vez el rezo y
volvió. Creo que comencé tres veces y, hasta que no eché agua bendita, no
pude terminar. Vi que en aquel instante salieron algunas almas del
purgatorio, que les debía de faltar poca purificación, y pensé que quizá
quería impedirlo (V 31, 10). 568 Pocas
veces lo he visto en figura visible y muchas sin ella, como en aquella visión
de que hablé ya, que se ve intelectualmente con claridad que está allí (V 31,
10). 569 Quiero
decir también algo que me impresionó mucho: estando un día de 570 Otras
veces veía gran multitud de demonios a mi alrededor y me parecía que toda mi
persona estaba rodeada de una gran luz que les impedía acercarse a mí (V 31,
11). 571 Tengo
ya tan entendido lo poco que pueden los demonios si estoy unida a Dios, que
casi no les tengo ningún miedo; porque sólo tienen fuerzas con las almas
rendidas a ellos y cobardes; aquí demuestran ellos su poderío (V 31, 11). 572 Algunas
veces en las tentaciones que ya dije, me parecía que todas las vanidades y
flaquezas de tiempos pasados volvían a despertarse en mí, y tenía que
encomendarme mucho a Dios. Como me venían aquellos pensamientos, seguía
después el tormento de creer que todo debía de ser obra del demonio, hasta
que me sosegaba el confesor (V 31, 11). 573 Me
armó el demonio una batalla interior que ahora voy a contar: me vino la duda
de si había obrado bien y de si había ido contra la obediencia... 574 También
me sugería el demonio que cómo con tantas enfermedades me quería encerrar en
casa tan estrecha. Mas no dejó el Señor padecer mucho a esta pobre sierva;
porque en las tribulaciones siempre me socorrió, y así fue en ésta, que me
dio un poco de luz para ver que era demonio, y para que pudiera comprender la
verdad, y que todo era trama suya para asustarme con mentiras (V 36, 7-9). 575 Al
acercarme una vez a comulgar, vi con los ojos del alma más claro que con los
del cuerpo, dos demonios de forma muy abominable. Con los cuernos rodeaban la
garganta del pobre sacerdote y vi a mi Señor con majestad en aquellas manos
pecadoras que me daban 576 ¿Qué
sería, Señor mío, ver vuestra hermosura entre figuras tan abominables?
Estaban ellos como amedrentados en vuestra presencia, que de buena gana
parece que hubieran huído, si Vos los dejarais ir (V 38, 23). 577 Cuando
amortajaban aquel cuerpo, ví que muchos demonios lo cogían y como que jugaban
con él, y lo arrastraban con garfios. Quedé aterrada. 578 Cuando
lo llevaban a enterrar con las ceremonios y honras que a todos, pensaba yo en
la bondad de Dios que encubría su enemistad con aquella alma, porque no
quería su difamación. 579 Estaba
yo medio boba de lo que había visto: Al meter aquel cuerpo en la sepultura,
era tal la multitud de demonios que estaban dentro para cogerlo, que yo
estaba fuera de mí de verlo, y no se necesitaba poco ánimo para disimularlo.
Consideraba lo que harían con el alma, cuando así se enseñoreaban del triste
cuerpo (V 38, 24-25). 580 Un
día en la oración vi a mi lado un demonio que rompía unos papeles que tenía
en la mano, con mucho enojo (V 39, 4). 581 Que
observara cómo iba creciendo su amor en mí, y en esto conocería que no era
demonio: que no pensara que Dios permite que el demonio pueda intervenir
tanto en las almas de sus siervos, ni que pueda dar la luz del entendimiento
y la paz que tú gozas (V 39, 4). 582 Pienso
ofrecer remedios para algunas tentaciones menudas del demonio que, por ser
pequeñas, no se tienen en cuenta (C Prl, 2). 583 Son
muchas las sutilezas que emplea el demonio con las personas que viven en
clausura, con las que utiliza armas nuevas para poderlas engañar (C Prl 3). 584 Es
muy grande el daño que el demonio puede hacer, y tarda mucho en ser conocido
(C 4, 16). 585 Y
así, cuando el demonio pueda tentar al confesor, seduciéndole con alguna
falsa doctrina, sabiendo que las monjas tratan con otros, irá con cuidado y
mirará mejor todo lo que hace (C 5, 5). 586 Me
da la impresión de que al verdadero humilde no osará el demonio tentarle, ni
siquiera con primer movimiento, en querer sobresalir; porque, como es tan
sagaz, teme el golpe que recibirá. 587 Si
uno es humilde, es imposible que si el demonio le tienta en ese punto, no
gane más fortaleza en la virtud y en mayor aprovechamiento (C 12, 6). 588 Si
queréis vengaros del demonio y veros más pronto libres de la tentación, en
cuanto os acometa, pedid a la priora que os mande hacer algún servicio
humilde, o hacedlo vosotras como podáis, e id pensando cómo doblegaréis
vuestra voluntad en cosas que la contraríen (C 12, 7). 589 Otra
razón por la que tiene tanta importancia comenzar el camino de la oración con
firme propósito, es porque así el demonio no tiene tanta mano para tentar; tiene
gran miedo a almas resueltas, pues tiene experiencia de que le hacen mucho
daño y de que, lo que él urde para dañarlas, redunda en provecho del alma y
de los hermanos y de que él sale perdiendo. 590 Aunque
nosotras no nos hemos de descuidar confiándonos en esto porque tratamos con
gente traidora, y porque los demonios no osan acometer tanto a los que están
prevenidos, pues son muy cobardes; mas si ven algún descuido, harán gran
daño. Y si conoce que alguien es inconstante y que no está firme en el bien,
y que no tiene gran determinación de perseverar, no lo dejará ni a sol ni a
sombra; le infundirá miedos e inconvenientes interminables. Yo lo se muy bien
por experiencia, y afirmo que nadie sabe lo mucho que importa tener una firme
decisión (C 23, 4). 591 En
lo que el demonio puede hacer gran daño sin que nos demos cuenta, es en
hacernos creer que tenemos virtudes sin tenerlas, porque esto es pestilencia
(C 38, 5). 592 Pues
¿qué será de los que tienen paz viviendo con mucha relajación su Regla? Esta
paz la debe de dar el demonio, de muchas maneras, y Dios lo permite por
nuestros pecados (Mdt C 2, 6). 593 Alabadle,
hijas, mucho porque os trajo a un monasterio donde, por mucho que haga el
demonio, no puede engañar tanto como a los que viven en sus casas (Mdt C 2,
30). 594 ¡Oh,
válgame Dios, hijas, cuántas almas habrá ganado el demonio por esta razón!
Que todo esto les parece humildad y otras muchas cosas que pudiera decir y en
realidad procede de no conocernos profundamente. El demonio desvía el
concepto del propio conocimiento, y si nunca salimos de nosotros mismos, no
me espanto de que esto y más se pueda temer (I M 2, 11). 595 Mirad
que en pocas moradas de este castillo dejan de combatir los demonios. Es
verdad que en algunas moradas las potencias tienen fuerzas para pelear; pero
es muy necesario que no nos descuidemos para conocer los ardides del demonio,
a fin de que no nos engañe, transformado en ángel de luz; que hay una
multitud de cosas en que nos puede hacer daño, entrando poco a poco y sólo lo
vemos cuando el daño está hecho. Ya os dije otra vez que el demonio es como
una lima sorda, que es necesario desenmascararlo desde el principio (I M 2,
15). 596 Podría
el demonio engañar mezclando sus ardides con los gustos que da Dios si no
hubiese tentaciones, y entonces hace mucho más daño que cuando las hay (IV M
1, 3). 597 Y
si el demonio quiere falsificar estas mercedes, se conocerá en que no
producirán estos efectos, sino todo al revés (IV M 3, 11). 598 Osaré
afirmar que si verdaderamente es unión con Dios, no puede entrar el demonio
ni hacer ningún daño; porque está Su Majestad tan cerca y tan unido con la
substancia del alma, que no osará llegar, ni siquiera debe de conocer este
secreto. Y está claro; pues si dicen que los demonios no conocen nuestro
pensamiento, menos conocerán cosa tan secreta, que ni a nuestro pensamiento
la confía Dios. ¡Oh gran bien, estado donde este maldito no nos hace mal! (V
M 1, 5). 599 Otros
trabajos exteriores que causan los demonios no son tan frecuentes y así no
hay razón para hablar de ellos, ni son tan penosos con mucho; porque por
mucho que hagan no llegan a incapacitar tanto las potencias ni a turbar el
alma de esta manera; que, en fin, queda inteligencia suficiente para pensar
que no pueden hacer más de lo que el Señor les permita, y cuando se pierde la
razón, todo es poco en comparación de los sufrimientos que quedan dichos (VI
M 1, 14). 600 Yo
os digo, hijas, que huir en la oración de 601 Aquí
no teme que el demonio pueda falsificar esta merced tan subida, que se ha
hecho estable y tiene seguridad de que es de Dios; porque como ya he dicho,
no tienen que ver aquí los sentidos ni las potencias, pues se descubrió Su
Majestad al alma y la metió consigo, donde, a mi parecer, no osará entrar el
demonio ni le dejará el Señor VII M 3, 19). 602 No
puedo yo creer que el demonio haya buscado tantos medios para ganar mi alma
para después perderla, pues no le tengo por tan necio (Cc 1, 34). 603 Comencé
a tener envidia de los que están en los desiertos, pareciéndome que como no
oyesen ni viesen nada, estarían libres de esta distracción. Entendí:
"Mucho te engañas, hija, antes allí tienen más fuertes las tentacioens
de los demonios; ten paciencia, que mientras se viva, no se puede
evitar" (Cc 34ª, 1). 604 Tampoco
quiero ahora tratar de cuando las revelaciones son de Dios (que ya sabemos
los grandes bienes que hacen al alma), mas de las que son representaciones
que hace el demonio para engañar y en las que se aprovecha de la imagen de
Cristo nuestro Señor o de sus santos. Para esto tengo para mí, que no
permitirá Su Majestad ni le dará poder para que con semejantes figuras engañe
a nadie, si no es por su culpa,sino que él quedará engañado; digo que no engañará
si hay humildad; y así no hay para qué andar asombradas, sino confiar en el
Señor y hacer poco caso de estas cosas, si no es para alabarle más (F 8, 2). 605 Yo
no me espanto de ver la sutileza del demonio y cómo hace creer a cada una que
dice la mayor verdad del mundo (Vta D 53). 606 En
lo de las licencias, la del rey tengo por fácil con el favor del cielo,
aunque se pase algún trabajo, que yo tengo experiencia de que el demonio
sufre mal estas casas y así siempre
nos persigue (Cta 19, 5). 607 Ahí
les envío al padre fray Juan de 608 Podría
ser que viera el demonio que puede hacer algún mal y que Dios pudiera sacar
algún bien de ello. Mas es menester grandísimo aviso, pues tengo por seguro
que el demonio no dejará de buscar cuantas invenciones pudiere para hacer
daño a Eliseo, y así hace bien en tenerlo por "Patillas" (Cta 133,
10). 609 En
lo que respecta a esa otra doncella o dueña, mucho me parece que no es tanto
neurastenia como demonio que se mete en esa mujer para que haga esos
embustes, que no es otra cosa, por ver si puede engañar en algo a usted, ya
que a ella la tiene engañada (Cta 137, 2). 610 Cierto
que no echo la culpa al nuncio, sino que la batería del demonio debe de ser
tal que no me espanto de nada (Cta 184, 2). 611 Mire
que nos hacen guerra todos los demonios, y es menester esperar el amparo de
solo Dios, y esto ha de ser obedeciendo y sufriendo, y entonces El nos lleva
de la mano (Cta 186, 4). 612 Y
crea vuestra señoría que el demonio pretendió destruir el provecho que hacen
estas casas (Cta 214, 9). 613 Yo
estoy tan temerosa, después de que veo que de todo lo bueno saca el demonio
mal (Cta 228, 2). 614 Que
se viene a descubrir las marañas que ha puesto el demonio en esa casa... Lo
que entiendo es que el demonio no puede soportar ahí descalzos ni descalzas,
y por eso les hace tanta guerra; mas yo confío en el Señor que le aprovechará
poco (Cta 266, 8-11). 615 No
parece sino que todas las furias infernales se han juntado allí para engañar
y cegar a los de dentro y a los de fuera (Cta 272, 1). 616 No
porque yo la tuviera por mala, sino fácil a que el demonio le hiciera
trampantojos como lo ha hecho, que sabe muy bien aprovecharse del natural y
del poco entendimiento (Cta 277, 8). 617 Estoy
espantada del estrago que hace el demonio por un mal gobierno y el temor que
tenía puesto en esas monjas o el abatimiento (Cta 299, 4). 618 Como
tenga contento al Señor no hay que hacer ya caso de nada, que el demonio ha
andado tal -rabiando y procurando que estos santos principios no fuesen
adelante-, que no hay que espantarse sino del mucho daño que nos ha hecho en
todas partes (Cta 302, 6). 619 Harta
lástima me hace y gran pena me da, porque veo que el demonio procura por
todos los medios que puede, hacer daño (Cta 358, 1). 620 No
se por qué han de dar tanta importancia a unas mujeres -que harto poco es el
número-, sino porque le duele al demonio (Cta 388, 3). 621 No
tenga pena de lo que aquí (Burgos) hemos pasado, que en esto se ve lo que le
pesa al demonio y es para mayor autoridad de esta casa (Cta 409, 3). 622 Hoy
el diablo ha conseguido persuadir al mundo de la mayor mentira suya: "no
existe el diablo". 623 Si
es espíritu de demonio creo que el alma que tenga experiencia lo entenderá;
porque deja inquietud y poca humildad y poca disposición para recibir los
efectos que produce el espíritu de Dios. No deja luz en el entendimiento, ni
firmeza en la verdad (V 15, 10; CN 5). 624 Me
dijo que, según el parecer de los dos, me movía el espíritu del demonio (V
23, 14). 625 ¡Cuántas
dificultades pone el demonio y cuántos temores a quien quiere seguir a Dios
más de cerca! (V 23, 15). 626 Tengo
por cierto que Dios no permitirá que el demonio engañe al alma que no se fia
de sí misma y que está tan firme en la fe, que puede afirmar que por un punto
de ella moriría mil muertes (V 25, 12). 627 Cuando
es demonio parece que se esconden todos los bienes y huyen del alma, según
queda de desabrida y alborotada y sin ningún efecto bueno; porque aunque
parece que pone buenos deseos, no son fuertes; la humildad que deja es falsa,
alborotada y sin suavidad (V 25, 14). 628 Pues
si este Señor es poderoso, como veo que lo es y se que lo es, y los demonios
son sus esclavos (y esto no se puede dudar, pues es de fe), si yo soy esclava
de este Señor y Rey, ¿qué mal me pueden hacer ellos a mí? ¿Por qué yo no he
de tener fortaleza para combatir con todo el infierno? (V 25, 19). 629 No
entiendo estos miedos: "¡demonio! ¡demonio!, donde podemos decir:
"¡Dios! ¡Dios!" y hacerle temblar. Sí, que ya sabemos que el
demonio no se puede menear si el Señor no lo permite. ¿Qué es esto? Es sin
duda, que tengo yo más miedo a los que tan grande le tienen al demonio, que a
él mismo; porque él no puede hacer nada y los otros, sobre todo los
confesores, inquietan mucho (V 25, 22). 630 Tengo
por una de las grandes mercedes que me ha hecho el Señor este ánimo que me
dio contra los demonios (V 26, 1). 631 Porque
como antes era tan ruín, yo decía que no podía creer que el demonio, para
engañarme y llevarme al infierno, me quitase los vicios y me pusiese virtudes
y fortaleza (V 28, 13). 632 Les
parecía tan cierto a algunas personas que yo tenía demonio, que me querían
exorcizar (V 29, 4). 633 Quiero
narrar, ya que he dicho algunas tentaciones y turbaciones interiores y
secretas que el demonio me causaba,
otras intervenciones suyas, que eran casi públicas y que claramente se
veía que las hacía él. 634 Estaba
una vez en un oratorio y se me apareció hacia el lado izquierdo, en figura
abominable; concretamente le miré la boca, porque me habló, y la tenía
espantosa: parecía que le salía una gran llama del cuerpo, toda clara, sin
sombra. Me dijo espantosamente que bien me había librado de sus manos, pero
él me volvería a coger. Yo tuve mucho miedo y me santigüé como pude y
desapareció, y luego volvió otra vez. Dos veces me acaeció esto. Yo no sabía
qué hacer; tenía allí agua bendita y la eché hacia aquel lugar y no volvió
más. 635 Otra
vez estuvo cinco horas atormentándome con tan terribles dolores y desasosiego
interior y exterior, que ya no podía sufrir más. Las personas que estaban
conmigo estaban espantadas y no sabían qué hacer, y yo no podía dominarme. 636 Cuando
los dolores y sufrimientos corporales son muy intolerables, suelo orar
interiormente como puedo, suplicando al Señor que si aquel martirio le glorifica,
me de Su Majestad paciencia para que pueda soportarlo, si es necesario, hasta
el fin del mundo. Como esta vez el sufrimiento era tan cruel, lo soportaba
con oración y con esta determinación. Quiso el Señor que me diese cuenta de
que era el demonio, porque ví junto a mí un negrillo muy abominable,
regañando como desesperado, porque donde pretendía ganar era vencido. Cuando
yo lo ví me reí; y no le tuve miedo, porque estaban conmigo algunas personas
que no podían soportar aquel espectáculo, ni sabían qué remedio podían poner
a tanto tormento, pues me hacía dar grandes golpes con el cuerpo, cabeza y
brazos, sin que yo lo pudiese resistir, y lo peor era el desasosiego
interior, pues de ningún modo podía tener sosiego. No me atrevía a pedir agua
bendita para no asustarlas y para que no sospechasen lo que estaba
ocurriendo. 637 Pues,
como no cesaba el tormento, dije: Si no lo tomasen a risa, pediría agua
bendita. Me la trajeron y me rociaron con ella, y seguía igual el tormento;
la eché hacia donde estaba el demonio, y al instante se fue y se me quitó
todo el mal, como si me lo quitaran con la mano, aunque quedé cansada igual
que si me hubieran dado una paliza. Pensé, y me aprovechó mucho, que si
cuando el Señor le da licencia hace tanto mal a un alma y a un cuerpo que no
son esclavos suyos, ¿qué hará cuando los posea? Y me entraron ganas nuevas de
verme libre de tan ruín compañía (V 31, 1-5). 638 Hace
poco tiempo me acaeció lo mismo, aunque no duró tanto, y yo estaba sola, pedí
agua bendita, y las que entraron cuando ya se habían ido los demonios (que
eran dos monjas muy de fiar, incapaces de mentir), olieron un olor muy malo,
como de piedra azufre; yo no lo olí; duró tanto el olor que pudo ser bien
percibido (V 31, 6). 639 Otra
vez estaba en el coro y me dio un gran ímpetu de recogimiento; me fuí de allí
para que no lo notaran, aunque todas oyeron dar grandes golpes cerca de donde
yo estaba, y yo junto a mí oí hablar palabras fuertes como si tramaran algo,
aunque no entendí qué; mas yo estaba tan absorta en oración, que no entendí
nada ni tuve ningún miedo. Esto ocurría casi siempre que el Señor me concedía
la merced de que por mi persuasión se aprovechara algún alma (V 31, 6). 640 Yo
supliqué a Su Majestad que se le suavizasen aquellos tormentos y tentaciones
y que aquellos demonios me atormentaran a mí, con tal de que yo no ofendiera
en nada al Señor, y entonces me ocurrieron las dos cosas que he referido (V
31, 7). 641 Una
noche creí que me ahogaban; y cuando echaron agua bendita, vi cómo gran
multitud de demonios se despeñaban (V 31, 9). 642 Son
tantas las veces que estos malditos me atormentan y es tan poco el miedo que
yo les tengo, viendo que no se pueden mover si el Señor no les da licencia,
que le cansaría a V. y me cansaría yo si las refiriera todas. 643 Sirva
lo escrito para que el verdadero siervo de Dios no de importancia a los
espantajos que los demonios ponen para meter miedo; tengan entendido que cada
vez que los despreciamos pierden fuerza, y el alma queda mucho más señora (V
31, 9-10). 644 Siempre
queda algún gran provecho de haber vencido la tentación, que no lo digo por
no alargarme; sólo digo lo que me acaeció una noche de las ánimas: estando en
mi oratorio rezando, terminando un nocturno, al decir unas oraciones muy
devotas de nuestro breviario, se puso el demonio encima del libro para que no
terminara la oración. Yo me santigüé y él se fue. Comencé otra vez el rezo y
volvió. Creo que comencé tres veces y, hasta que no eché agua bendita, no
pude terminar. Vi que en aquel instante salieron algunas almas del
purgatorio, que les debía de faltar poca purificación, y pensé que quizá
quería impedirlo (V 31, 10). 645 Pocas
veces lo he visto en figura visible y muchas sin ella, como en aquella visión
de que hablé ya, que se ve intelectualmente con claridad que está allí (V 31,
10). 646 Quiero
decir también algo que me impresionó mucho: estando un día de 647 Otras
veces veía gran multitud de demonios a mi alrededor y me parecía que toda mi
persona estaba rodeada de una gran luz que les impedía acercarse a mí (V 31,
11). 648 Tengo
ya tan entendido lo poco que pueden los demonios si estoy unida a Dios, que
casi no les tengo ningún miedo; porque sólo tienen fuerzas con las almas
rendidas a ellos y cobardes; aquí demuestran ellos su poderío (V 31, 11). 649 Algunas
veces en las tentaciones que ya dije, me parecía que todas las vanidades y
flaquezas de tiempos pasados volvían a despertarse en mí, y tenía que
encomendarme mucho a Dios. Como me venían aquellos pensamientos, seguía
después el tormento de creer que todo debía de ser obra del demonio, hasta
que me sosegaba el confesor (V 31, 11). 650 Me
armó el demonio una batalla interior que ahora voy a contar: me vino la duda
de si había obrado bien y de si había ido contra la obediencia... 651 También
me sugería el demonio que cómo con tantas enfermedades me quería encerrar en
casa tan estrecha. Mas no dejó el Señor padecer mucho a esta pobre sierva;
porque en las tribulaciones siempre me socorrió, y así fue en ésta, que me
dio un poco de luz para ver que era demonio, y para que pudiera comprender la
verdad, y que todo era trama suya para asustarme con mentiras (V 36, 7-9). 652 Al
acercarme una vez a comulgar, vi con los ojos del alma más claro que con los
del cuerpo, dos demonios de forma muy abominable. Con los cuernos rodeaban la
garganta del pobre sacerdote y vi a mi Señor con majestad en aquellas manos
pecadoras que me daban 653 ¿Qué
sería, Señor mío, ver vuestra hermosura entre figuras tan abominables?
Estaban ellos como amedrentados en vuestra presencia, que de buena gana
parece que hubieran huído, si Vos los dejarais ir (V 38, 23). 654 Cuando
amortajaban aquel cuerpo, ví que muchos demonios lo cogían y como que jugaban
con él, y lo arrastraban con garfios. Quedé aterrada. 655 Cuando
lo llevaban a enterrar con las ceremonios y honras que a todos, pensaba yo en
la bondad de Dios que encubría su enemistad con aquella alma, porque no
quería su difamación. 656 Estaba
yo medio boba de lo que había visto: Al meter aquel cuerpo en la sepultura,
era tal la multitud de demonios que estaban dentro para cogerlo, que yo
estaba fuera de mí de verlo, y no se necesitaba poco ánimo para disimularlo.
Consideraba lo que harían con el alma, cuando así se enseñoreaban del triste
cuerpo (V 38, 24-25). 657 Un
día en la oración vi a mi lado un demonio que rompía unos papeles que tenía
en la mano, con mucho enojo (V 39, 4). 658 Que
observara cómo iba creciendo su amor en mí, y en esto conocería que no era
demonio: que no pensara que Dios permite que el demonio pueda intervenir
tanto en las almas de sus siervos, ni que pueda dar la luz del entendimiento
y la paz que tú gozas (V 39, 4). 659 Pienso
ofrecer remedios para algunas tentaciones menudas del demonio que, por ser
pequeñas, no se tienen en cuenta (C Prl, 2). 660 Son
muchas las sutilezas que emplea el demonio con las personas que viven en clausura,
con las que utiliza armas nuevas para poderlas engañar (C Prl 3). 661 Es
muy grande el daño que el demonio puede hacer, y tarda mucho en ser conocido
(C 4, 16). 662 Y
así, cuando el demonio pueda tentar al confesor, seduciéndole con alguna
falsa doctrina, sabiendo que las monjas tratan con otros, irá con cuidado y
mirará mejor todo lo que hace (C 5, 5). 663 Me
da la impresión de que al verdadero humilde no osará el demonio tentarle, ni
siquiera con primer movimiento, en querer sobresalir; porque, como es tan sagaz,
teme el golpe que recibirá. 664 Si
uno es humilde, es imposible que si el demonio le tienta en ese punto, no
gane más fortaleza en la virtud y en mayor aprovechamiento (C 12, 6). 665 Si
queréis vengaros del demonio y veros más pronto libres de la tentación, en
cuanto os acometa, pedid a la priora que os mande hacer algún servicio
humilde, o hacedlo vosotras como podáis, e id pensando cómo doblegaréis
vuestra voluntad en cosas que la contraríen (C 12, 7). 666 Otra
razón por la que tiene tanta importancia comenzar el camino de la oración con
firme propósito, es porque así el demonio no tiene tanta mano para tentar;
tiene gran miedo a almas resueltas, pues tiene experiencia de que le hacen
mucho daño y de que, lo que él urde para dañarlas, redunda en provecho del alma
y de los hermanos y de que él sale perdiendo. 667 Aunque
nosotras no nos hemos de descuidar confiándonos en esto porque tratamos con
gente traidora, y porque los demonios no osan acometer tanto a los que están
prevenidos, pues son muy cobardes; mas si ven algún descuido, harán gran
daño. Y si conoce que alguien es inconstante y que no está firme en el bien,
y que no tiene gran determinación de perseverar, no lo dejará ni a sol ni a
sombra; le infundirá miedos e inconvenientes interminables. Yo lo se muy bien
por experiencia, y afirmo que nadie sabe lo mucho que importa tener una firme
decisión (C 23, 4). 668 En
lo que el demonio puede hacer gran daño sin que nos demos cuenta, es en
hacernos creer que tenemos virtudes sin tenerlas, porque esto es pestilencia
(C 38, 5). 669 Pues
¿qué será de los que tienen paz viviendo con mucha relajación su Regla? Esta
paz la debe de dar el demonio, de muchas maneras, y Dios lo permite por
nuestros pecados (Mdt C 2, 6). 670 Alabadle,
hijas, mucho porque os trajo a un monasterio donde, por mucho que haga el
demonio, no puede engañar tanto como a los que viven en sus casas (Mdt C 2,
30). 671 ¡Oh,
válgame Dios, hijas, cuántas almas habrá ganado el demonio por esta razón!
Que todo esto les parece humildad y otras muchas cosas que pudiera decir y en
realidad procede de no conocernos profundamente. El demonio desvía el
concepto del propio conocimiento, y si nunca salimos de nosotros mismos, no
me espanto de que esto y más se pueda temer (I M 2, 11). 672 Mirad
que en pocas moradas de este castillo dejan de combatir los demonios. Es
verdad que en algunas moradas las potencias tienen fuerzas para pelear; pero
es muy necesario que no nos descuidemos para conocer los ardides del demonio,
a fin de que no nos engañe, transformado en ángel de luz; que hay una multitud
de cosas en que nos puede hacer daño, entrando poco a poco y sólo lo vemos
cuando el daño está hecho. Ya os dije otra vez que el demonio es como una
lima sorda, que es necesario desenmascararlo desde el principio (I M 2, 15). 673 Podría
el demonio engañar mezclando sus ardides con los gustos que da Dios si no
hubiese tentaciones, y entonces hace mucho más daño que cuando las hay (IV M
1, 3). 674 Y
si el demonio quiere falsificar estas mercedes, se conocerá en que no
producirán estos efectos, sino todo al revés (IV M 3, 11). 675 Osaré
afirmar que si verdaderamente es unión con Dios, no puede entrar el demonio
ni hacer ningún daño; porque está Su Majestad tan cerca y tan unido con la
substancia del alma, que no osará llegar, ni siquiera debe de conocer este
secreto. Y está claro; pues si dicen que los demonios no conocen nuestro
pensamiento, menos conocerán cosa tan secreta, que ni a nuestro pensamiento
la confía Dios. ¡Oh gran bien, estado donde este maldito no nos hace mal! (V
M 1, 5). 676 Otros
trabajos exteriores que causan los demonios no son tan frecuentes y así no
hay razón para hablar de ellos, ni son tan penosos con mucho; porque por
mucho que hagan no llegan a incapacitar tanto las potencias ni a turbar el
alma de esta manera; que, en fin, queda inteligencia suficiente para pensar
que no pueden hacer más de lo que el Señor les permita, y cuando se pierde la
razón, todo es poco en comparación de los sufrimientos que quedan dichos (VI
M 1, 14). 677 Yo
os digo, hijas, que huir en la oración de 678 Aquí
no teme que el demonio pueda falsificar esta merced tan subida, que se ha
hecho estable y tiene seguridad de que es de Dios; porque como ya he dicho,
no tienen que ver aquí los sentidos ni las potencias, pues se descubrió Su
Majestad al alma y la metió consigo, donde, a mi parecer, no osará entrar el
demonio ni le dejará el Señor VII M 3, 19). 679 No
puedo yo creer que el demonio haya buscado tantos medios para ganar mi alma
para después perderla, pues no le tengo por tan necio (Cc 1, 34). 680 Comencé
a tener envidia de los que están en los desiertos, pareciéndome que como no
oyesen ni viesen nada, estarían libres de esta distracción. Entendí:
"Mucho te engañas, hija, antes allí tienen más fuertes las tentacioens
de los demonios; ten paciencia, que mientras se viva, no se puede
evitar" (Cc 34ª, 1). 681 Tampoco
quiero ahora tratar de cuando las revelaciones son de Dios (que ya sabemos los
grandes bienes que hacen al alma), mas de las que son representaciones que
hace el demonio para engañar y en las que se aprovecha de la imagen de nuestro Señor o de sus santos. Para esto
tengo para mí, que no permitirá Su Majestad ni le dará poder para que con
semejantes figuras engañe a nadie, si no es por su culpa, sino que él quedará
engañado; digo que no engañará si hay humildad; y así no hay para qué andar
asombradas, sino confiar en el Señor y hacer poco caso de estas cosas, si no
es para alabarle más (F 8, 2). 682 Yo
no me espanto de ver la sutileza del demonio y cómo hace creer a cada una que
dice la mayor verdad del mundo (Vta D 53). 683 En
lo de las licencias, la del rey tengo por fácil con el favor del cielo,
aunque se pase algún trabajo, que yo tengo experiencia de que el demonio
sufre mal estas casas y así siempre
nos persigue (Cta 19, 5). 684 Ahí
les envío al padre fray Juan de 685 Podría
ser que viera el demonio que puede hacer algún mal y que Dios pudiera sacar
algún bien de ello. Mas es menester grandísimo aviso, pues tengo por seguro
que el demonio no dejará de buscar cuantas invenciones pudiere para hacer
daño a Eliseo, y así hace bien en tenerlo por "Patillas" (Cta 133,
10). 686 En
lo que respecta a esa otra doncella o dueña, mucho me parece que no es tanto
neurastenia como demonio que se mete en esa mujer para que haga esos
embustes, que no es otra cosa, por ver si puede engañar en algo a usted, ya
que a ella la tiene engañada (Cta 137, 2). 687 Cierto
que no echo la culpa al nuncio, sino que la batería del demonio debe de ser
tal que no me espanto de nada (Cta 184, 2). 688 Mire
que nos hacen guerra todos los demonios, y es menester esperar el amparo de
solo Dios, y esto ha de ser obedeciendo y sufriendo, y entonces El nos lleva
de la mano (Cta 186, 4). 689 Y
crea vuestra señoría que el demonio pretendió destruir el provecho que hacen
estas casas (Cta 214, 9). 690 Yo
estoy tan temerosa, después de que veo que de todo lo bueno saca el demonio
mal (Cta 228, 2). 691 Que
se viene a descubrir las marañas que ha puesto el demonio en esa casa... Lo
que entiendo es que el demonio no puede soportar ahí descalzos ni descalzas,
y por eso les hace tanta guerra; mas yo confío en el Señor que le aprovechará
poco (Cta 266, 8-11). 692 No
parece sino que todas las furias infernales se han juntado allí para engañar
y cegar a los de dentro y a los de fuera (Cta 272, 1). 693 No
porque yo la tuviera por mala, sino fácil a que el demonio le hiciera
trampantojos como lo ha hecho, que sabe muy bien aprovecharse del natural y
del poco entendimiento (Cta 277, 8). 694 Estoy
espantada del estrago que hace el demonio por un mal gobierno y el temor que
tenía puesto en esas monjas o el abatimiento (Cta 299, 4). 695 Como
tenga contento al Señor no hay que hacer ya caso de nada, que el demonio ha
andado tal -rabiando y procurando que estos santos principios no fuesen
adelante-, que no hay que espantarse sino del mucho daño que nos ha hecho en todas
partes (Cta 302, 6). 696 Harta
lástima me hace y gran pena me da, porque veo que el demonio procura por
todos los medios que puede, hacer daño (Cta 358, 1). 697 No
se por qué han de dar tanta importancia a unas mujeres -que harto poco es el
número-, sino porque le duele al demonio (Cta 388, 3). 698 No
tenga pena de lo que aquí (Burgos) hemos pasado, que en esto se ve lo que le
pesa al demonio y es para mayor autoridad de esta casa (Cta 409, 3). DIVINAS
PERSONAS, 699 Me
dijo el Señor que fundara el monasterio en pobreza, que esta era la voluntad
de su Padre y suya, que El me ayudaría (V 35, 6). 700 Vi
701 Padre
nuestro que estás en el cielo. ¡Oh Señor mío, cómo se os nota que sois Padre
de tal Hijo, y cómo a vuestro Hijo se le nota que es Hijo de tal Padre! (C
27, 1). 702 Pues
siendo Padre nos ha de soportar por grandes que sean nuestras ofensas; si
retornamos a El, como al hijo pródigo nos ha de perdonar, y nos ha de
consolar en nuestros trabajos, y nos ha de alimentar, como debe hacerlo el
padre que necesariamente ha de ser mejor que todos los padres del mundo,
porque El es el bien en plenitud; y además de todo esto nos ha de hacer
partícipes y herederos con Vos de su Reino (C 27, 2). 703 Mirad,
Señor mío, que si a Vos no hay nada que os detenga por el amor que nos tenéis
y por vuestra humildad, ya que estáis en la tierra y vestido de ella pues
tenéis nuestra misma naturaleza y por eso es justo que busquéis nuestro bien;
mas mirad que vuestro Padre está en el cielo, Vos lo decís; pues debéis mirar
por su honor. Si Vos os habéis ofrecido a ser humillado por nosotros, dejad
libre a vuestro Padre; no le obliguéis a tanto por gente tan ruín como yo,
que tan mal he de darle las gracias, y hay otros también que no se las dan
buenas (C 27, 3). 704 ¿Creéis
que para un alma disipada es poco importante entender esta verdad y saber que
para hablar con su Padre y regalarse con El no es necesario ir al cielo, ni
es menester gritarle? Aunque le hable muy bajito, está tan cerca que os oirá;
no se necesitan alas para ir a buscarle, sólo basta ponerse en soledad y
mirarle dentro de sí y no separarse de tan buen huésped; sino con gran
humildad hablarle como a Padre, contarle sus penas, pedirle remedio para
ellas, reconociendo que no es digna de ser su hija (C 28, 2). 705 Padre
mío, pues vuestro Hijo os dio en nombre de todos nuestra voluntad, no os
falte la mía; pero hacedme merced de darme vuestro Reino para que yo la pueda
cumplir pues El me la pidió, y disponed de mí como de cosa vuestra conforme a
vuestra voluntad (C 32, 10). 706 Entendiendo
el buen Jesús lo difícil que es entregar nuestra voluntad a Dios como El ha
ofrecido al Padre en nuestro nombre en la petición anterior, y que muchas
veces damos a entender que no comprendemos cuál es la voluntad del Señor
porque somos débiles y El tan piadoso, vio que había un medio que nos
fortaleciera para cumplir la voluntad de Dios, pues nos conviene cumplirla
porque en ello está toda nuestra ganancia (C 33, 1). 707 Y
como el asunto era tan grave y de tanta importancia, quiso que viniese la
decisión de la mano del Eterno Padre. Porque aunque son una misma naturaleza
y Jesús sabía que lo que El hiciera en la tierra lo haría Dios en el cielo y
lo tendría por bueno pues su voluntad y la de su Padre son una, es tanta la
humildad del buen Jesús, que quiso pedir licencia, porque ya sabía que era
amado por el Padre y que se deleitaba en El. Había entendido bien que era
mayor sacrificio quedarse con nosotros que pedir la muerte que le habían de
dar y las deshonras que había de padecer, pues ya las conocía (C 33, 2). 708 ¿Habrá
algún padre, Señor, que habiéndonos dado a su hijo y habiéndolo tratado tan
mal, quisiera consentir que se quedara con nosotros cada día a padecer?
Seguramente ninguno, más que vuestro Padre: bien sabéis a quién pedís (C 33,
3). 709 ¡Oh,
válgame Dios, qué gran amor del Hijo, y qué gran amor del Padre! Aún no me
espanto tanto del amor del buen Jesús porque, como ya había dicho
"hágase tu voluntad", la había de cumplir como quien es. ¡Sí, que
no es como nosotros! Pues como sabe que cumple la voluntad del Padre
amándonos como a Sí mismo, iba buscando el modo de cumplir con mayor plenitud
el mandamiento del amor, aunque fuera a costa suya (C 33, 3). 710 Y
esto era lo de menos; pues aún le dolían más tantas ofensas a su Padre y tanta
multitud de almas que se perdían (C 42, 1). 711 Pues
¿qué le ocurriría a Su Majestad viendo la gran oportunidad de demostrar al
Padre con qué totalidad le obedecía y le manifestaba el amor a sus hermanos?
(V M 2, 14). 712 Y
así, orando una vez Jesu nuestro Señor por sus apóstoles (Jn 17, 21) pidió
que fuesen una sola cosa con el Padre y con El, como Jesu nuestro Señor está
en el Padre y el Padre en El (VII M 2, 9). 713 Estando
un día muy apenada por el remedio de 714 Estando
en oración tuve un gran arrobamiento y me parecía que nuestro Señor me había
llevado el espíritu junto a su Padre, y le dijo: a ésta que me diste te
doy"; y me parece que me acercaba a El (Cc 13ª, 5). DIVINAS
PERSONAS, 715 Quedé
impresionada de tal manera que durante unos días no pude recobrar el sentido;
y siempre tenía presente aquella majestad del Hijo de Dios, aunque la visión
no había sido igual que la primera. Esto bien lo entendía yo, pero queda tan
esculpido en la imaginación que, aunque haya ocurrido en un instante, durante
algún tiempo no lo puede olvidar, y produce mucho consuelo y fruto. 716 Esta
misma visión la he visto tres veces. Me parece que es la más sublime y
produce muchos frutos y es una gran lección para elevar los deseos a la pura
verdad. Deja impresa una sumisión a Dios que no se decir cómo es, mas es muy
distinta de la que acá podemos adquirir. Produce un espanto grande en el alma
viendo cómo se atrevió, o alguien se puede atrever, a ofender a una Majestad
tan grandísima (V 38, 17-18). 717 Después
de comulgar, me parece clarísimamente que se sentó caba mí nuestro Señor y me
comenzó a consolar con grandes regalos, y me dijo entre otras cosas:
"Mírame aquí, hija, que Yo soy; muestra tus manos"; y me parecía
que me las cogía y las llevaba a su costado, y dijo: "Mira mis llagas;
no estás sin Mí; pasa la brevedad de la vida". En algunas cosas que me
dijo entendí que después que subió a los cielos nunca bajó a la tierra -sólo
en el Santísimo Sacramento- a comunicarse con nadie. 718 Me
dijo que cuando resucitó había visto a nuestra Señora, porque estaba ya con
gran necesidad, pues la pena la tenía absorta y traspasada, que no podía
volver en sí para gozar de aquel gozo; y que había estado mucho con ella,
porque lo necesitaba, hasta consolarla (Cc 13ª, 10-12). 719 Estando
en 720 Habiendo
un día hablado con una persona, que había dejado mucho por Dios, y
acordándome de que yo nunca he dejado nada por El, ni le he servido en nada
como estoy obligada, y mirando las muchas mercedes que ha hecho a mi alma;
comencé a fatigarme mucho, y me dijo el Señor: "Ya sabes el desposorio
que hay entre tú y Yo, y por este desposorio, lo que Yo tengo es tuyo, y así
te doy todos los trabajos y dolores que pasé, y con esto puedes pedir a mi
Padre como cosa propia". 721 Aunque
yo he oído decir que somos participantes de todo esto, ahora fue tan
distinto, que quedé con gran señorío, porque la amistad con que se me hizo
esta merced, no se puede decir aquí. Me pareció que el Padre lo aceptaba, y
desde entonces miro muy de otra manera lo que padeció el Señor, como cosa
propia, y me causa gran alivio (Cc 50ª).
722 Doy
todos los trabajos y dolores que pasé, y con esto puedes pedir a mi Padre
como si fueran tuyos 723 Aunque
yo he oído decir que somos participantes de todo esto, ahora fue tan
distinto, que quedé con gran señorío, porque la amistad con que se me hizo
esta merced, no se puede decir aquí. Me pareció que el Padre lo aceptaba, y
desde entonces miro de otra manera lo que padeció el Señor, como cosa propia,
y me causa gran alivio (Cc 50ª). DIVINAS
PERSONAS, 724 Si
los Apóstoles hubieran tenido la fe como cuando vino el Espíritu Santo... (V
22, 1; CN 12, 1). 725 Me
parecía que en mi confesor hablaba el Espíritu Santo (V 23, 16). 726 Oyendo
aquella lengua divina, en quien parece que hablaba el Espíritu Santo, me dio
un gran arrobamiento (V 34, 17). 727 Un
día víspera de Pentecostés, después de misa, me fui a una ermita donde solía
rezar, y comencé a leer en un cartujano el capítulo correspondiente a esta
fiesta; y leyendo las señales para discernir entre los que comienzan, los que
aprovechan y los perfectos, para comprender que está con ellos el Espíritu
Santo, me pareció que, por la bondad de Dios, estaba conmigo. 728 Mientras
le alababa y recordaba que en una lectura anterior, me faltaba todo aquello,
y bien claro lo veía, en cambio ahora veía que el Espíritu Santo estaba en
mí, y reconocí que había sido una merced grande del Señor (V 38, 9). 729 Entre
tal Padre y tal Hijo necesariamente ha de estar el Espíritu Santo (C 27, 7). 730 Bien
necesito lo que he hecho, que es encomendarme al Espíritu Santo, y rogarle
que de aquí en adelante hable por mí (IV M
1, 1). 731 Una
vez, yendo a comulgar, estando la forma en el sagrario-que aún no se me había
dado-, ví una especie de paloma que movía las alas con ruído. Me turbó tanto
y me sacó de mí, que con harta fuerza recibí la forma. era esto en San José
de Avila. Dábame el Santísimo Sacramento el padre Francisco de Salcedo (Cc
14, 6-7). 732 Me
dio el Señor una gran confianza y me parecía que hacía la promesa de obedecer
en todo al padre Gracián, por el Espíritu Santo (c 30, 6). 733 Dicen
que cuando una elección se hace por unanimidad, interviene el Espíritu Santo
(Cta 307, 3). 734 Una
persona me pidió que le preguntara a Dios si sería servicio suyo aceptar un
obispado. Después de comulgar, me dijo el Señor: "Cuando entendiere con toda
verdad y claridad que el verdadero señorío es no poseer nada, entonces lo
podrá aceptar", dando a entender que quien ha de tener cargos de
dignidad, ha de estar muy lejos de desearlo y de quererlos, o al menos de
buscarlos (V 40, 16). 735 Me
daba gran lástima que hubiera perdido la vista que tanto aprovecha en el
servicio de nuestro Señor... Debía de ser para más mérito de su siervo,
porque él no dejaba de trabajar como antes; y para probar la conformidad que
tenía con la voluntad de Dios, me decía que no le daba más pena que si lo
tuviera su vecino, que algunas veces pensaba que no le pesaría si perdiera la
vista del otro ojo, porque así se estaría en una ermita sirviendo a Dios, sin
más obligación. Siempre fue ésta su vocación antes de ser obispo, y me lo
decía algunas veces, y estuvo casi decidido a dejarlo todo e irse (F 30, 9). 736 El
día que le dieron el obispado, cuando me lo envió a decir, me dio un alboroto
grande, pareciéndome que le veía con una grandísima carga y no me podía valer
ni sosegar, y fuí a encomendarle a nuestro Señor. Su Majestad me sosegó
diciéndome que sería muy en servicio suyo, y así lo parece. Con la enfermedad
del ojo que padece y otros achaques muy dolorosos y el trabajo constante,
ayuna cuatro días a la semana y hace otras penitencias; su comida es muy
austera. Cuando va a visitar , va a pie... Se fía poco de que los negocios
graves pasen por provisores -y aun pienso que todos-, y así todo pasa por su
mano (F 30, 10). ESPERANZA,
737 Y ciertamente, si sólo hubiera hablado con
él, mi alma nunca hubiera crecido, porque la tristeza que me causaba ver que
ni hacía ni podía hacer lo que él me mandaba (Gaspar Daza), bastaba para
perder la esperanza y dejarlo todo (V 23, 29). 738 Mas, el no tener otra cosa que contar de mi
parte, me hace decir estas nimiedades, para que tenga esperanza quien hubiera
practicado grandes virtudes (V 31, 25). 739 A quienes, como le pedimos, les da aquí el
Reino, les da prendas para que por ellas tengan gran esperanza de que irán a
gozar perpétuamente, lo que aquí les da a sorbos (C 30, 6). 740 Supliquemos a Dios que, si hemos de recibir
penas, sea donde, con esperanza de salir de ellas, las llevemos de buena gana
y donde no perdamos su amistad y gracia (C 40, 10). 741 Y por eso es mejor cumplir nuestra Regla:
"en silencio y esperanza" procurar vivir siempre (III M 2, 13). 742 Pues la verdadera unión se puede muy bien
alcanzar, con el favor de nuestro Señor, si nosotros nos esforzamos en
conseguirla no teniendo voluntad propia, sino sometida a la voluntad de Dios
(V M 3, 3). 743 El mejor remedio (no digo para que se quiten,
que yo no encuentro, sino para que se puedan sufrir las angustias y penas
espirituales), es dedicarse a obras de caridad y a actividdes exteriores, y
esperar en la misericordia de Dios, que nunca falta a los que en El esperan
(VI M 1, 13). 744 También les atormentan las almas que ven que
se pierden; y aunque tienen gran esperanza de que no estarán entre ellas,
cuando recuerdan lo que dice 745 En la octava del Espíritu Santo me hizo el
Señor una merced y me dio esperanza de que las almas de esta casa irían
mejorando (Cc 23ª 746 ¡Oh, deleite mío, Señor de todo lo criado y
Dios mío! ¿Hasta cuándo esperaré ver vuestra presencia? (E 6). Miserables son mis
servicios aunque hiciese muchos a mi Dios; pues ¿para qué tengo que estar en
esta miserable vida? Para que se haga la voluntad del Señor. ¿Qué mayor
ganancia, alma mía? Espera, espera, que no sabes cuándo vendrá el día ni la
hora. Vela con cuidado, que todo se pasa con brevedad, aunque tu deseo hace
lo cierto, dudoso y el tiempo breve, largo (E 15). 747 Espera en Dios, que aún ahora confesaré a El mis
pecados y sus misericordias y de todo junto haré cantar de alabanza con
suspiros perpetuos al Salvador mío y Dios mío (E 17). 748 Mas entretanto en esperanza y silencio será
mi fortaleza. Más quiero vivir y morir deseando y esperando la vida eterna
que poseer todas las criaturas y todos sus bienes, que se han de acabar. No
me desampares, Señor, porque en Tí espero, no sea confundida mi esperanza (E
17). Cuando me gozo, Señor, Con esperanza de verte, Viendo que puedo perderte Se me dobla mi dolor. Viviendo con tal pavor Y esperando como espero, Que muero porque no muero (P 1). 749 Confianza y fe viva mantenga el alma que quien cree y espera todo lo alcanza (P 30). 750 Pues andando ya con esta pena tan grande una
noche, estando en oración, se me representó nuestro Señor de la manera que
suele, y mostrándome mucho amor como queriéndome consolar, me dijo:
"Espera un poco, hija, y verás grandes cosas". Quedaron tan
grabadas en mi corazón estas palabras, que no las podía quitar de mí; y aunque
no podía atinar -por mucho que pensaba en ello- qué podría ser ni veía camino
para poderlo imaginar, quedé muy consolada y con gran certeza de que estas
palabras serían verdaderas; mas, el medio cómo lo serían, nunco vino a mi
imaginación. Así se pasó, a mi parecer, otro medio año, y después de éste,
sucedió lo que ahora diré (F 1, 8). 751 El ánimo no desfallecía ni la esperanza, que
pues el Señor había dado lo uno, daría lo otro; ya todo me parecía muy
posible, y así lo comencé a poner por obra (F 2, 6). 752 No
hay nadie que sea estable sino Dios (V 39, 19). 753 Os
alabo, Señor, y os bendigo por siempre; en fin, vuestro Reino durará siempre
(C 22, 11). 754 ¡Oh
Rey de la gloria, Señor de los señores, Emperador de los emperadores, Santo
de los santos, no dejaréis de reinar por siempre (CE 37, 6). 755 Me
introdujo el Rey. Y ¡qué bien llena este nombre de Rey, que no tiene
superior, ni se acaba su Reino nunca! (Mdt C 6, 2). 756 Si
se pierde una cosa, una aguja o un gavilán, que sólo sirve para dar un
gustillo a la vista de verle volar por el aire, nos da pena, ¡y que no la
tengamos de perder esta águila caudalosa de 757 Mira
que mientras más peleares, más demostrarás el amor que tienes a tu Dios y más
te gozarás con tu Amado, con gozo y deleite que no puede tener fin (E 15). 758 Breve
es todo tiempo para darlo por vuestra eternidad (E 17). 759 Nada
te turbe, Nada te espante, Dios no se muda...
(P 30). 760 Esto
nacía de tener muy presente la eternidad y el fin para que Dios nos ha creado
(F 12, 1). 761 Cuanto
menos tengamos aquí, más gozaremos en aquella eternidad (F 14, 3). 762 Bendito
seáis Vos, Dios y Señor mío, que sois inmutable por siempre jamás, amén;
quien os sirviere hasta el fin, vivirá sin fin en vuestra eternidad (F 27,
21). 763 Veis
aquí cómo ya acabaron estos trabajos y la gloria que tiene será sin fin (F
28, 36). 764 No
nos cansemos de alabar a tan gran Rey y Señor, que nos tiene preparado un
reino que no tiene fin, por unos trabajillos mezclados con mil contentos, que
se acabarán mañana (F 31, 47). 765 Bendito
sea Dios, que hemos de gozar de El con seguridad eternamente (Cta 75, 7). Y así se habrá de
quedar mi descanso para aquella eternidad que no tiene fin 766 ¡Oh, Señor mío y Bien mío! ¡Que no puedo
decir esto sin lágrimas y gran regalo de mi alma! ¡Que queráis Vos, Señor,
estar así con nosotros, y estáis en el Sacramento (que con toda verdad se
puede creer, pues es verdad, y con gran verdad podemos hacer esta
comparación), y si no es por nuestra culpa, nos podemos gozar con Vos, y que
Vos os gozáis con nosotros, pues decís que vuestro deleite es estar con los
hijos de los hombres (Prv 8, 31) (V 14, 11; CN 4). 767 Viene a veces con tan gran majestad, que no
hay quien pueda dudar que es el mismo Señor, especialmente después de
comulgar, que ya sabemos por la fe que está allí; se manifiesta tan Señor de
aquella posada, que parece que el alma, toda deshecha, se ve consumir en (V 28, 8). 768 Cuando iba a comulgar y me acordaba de
aquella majestad grandísima que había visto, y veía que era el mismo que
estaba en el Santísimo Sacramento (y muchas veces lo veo en 769 ¡Oh, Señor mío! Si no encubrierais vuestra
grandeza, ¿quién se atrevería a ir tantas veces a unir cosa tan sucia y
miserable con tan gran Majestad? (V 38, 19). 770 Me produjo gran turbación, que no se cómo pude
comulgar. Me dijo el Señor que rogara por él y que lo había permitido para
que entendiera yo el poder que tienen las palabras de la consagración, y cómo
Dios no deja de estar allí, por débil que sea el sacerdote que las dice (V
38, 23). 771 Algunas veces me vienen una ganas de comulgar
tan grandes... que, aunque me pusieran lanzas en los pechos, pasaría por
ellas (V 39, 22). 772 Pues, Creador mío, ¿cómo pueden sufrir unas
entrañas tan amorosas como las vuestras, que lo que vuestro Hijo hizo con tan
ardiente amor por cumplir vuestra voluntad, pues que le mandasteis que nos
amase, sea despreciado por estos herejes que profanan el Santísimo Sacramento
y le quitan sus posadas destruyendo iglesias? ¡Si le hubiera faltado algo por
hacer para teneros contento! Mas todo lo hizo cumplido. 773 ¿No bastaba, Padre eterno, que no hubiera
tenido donde reclinar la cabeza (Lc 9, 58) mientras vivió en este mundo,
siempre sumergido en tantos sufrimientos, sino que ahora aun le quitan las
casas que tiene para convidar a sus amigos a comer, porque nos ve frágiles y
sabe que necesitamos la eucaristía para poder trabajar? (C 3, 8). 774 Pedid vosotras, hijas, con este Señor al
Padre que os deje "hoy" a vuestro Esposo, para que no os veáis en
este mundo sin El; que baste para templar tan gran contento de tenerlo entre
nosotros, haberse quedado tan disfrazado en los accidentes de pan y de vino,
que es harto tormento para quien no tiene otra cosa que amar ni otro
consuelo; mas suplicadle... que os prepare para recibirle dignamente (C 34,
3). 775 ¿Pensáis que no es alimento incluso para los
cuerpos este santísimo manjar y gran medicina aun para los males corporales?
Yo se que lo es, y conozco a una persona con grandes enfermedades, que
estando muchas veces con grandes dolores, se le quitaban como con la mano
cuando comulgaba y quedaba buena del todo (C 34, 6). 776 Y porque las maravillas que hace este
santísimo Pan en los que dignamente lo reciben son muy notorias, no digo
muchas que podría decir, que le han sucedido a esta persona de la que estoy
hablando...(C 34, 6). 777 A esta persona le había dado el Señor tan
viva fe, que cuando oía decir a algunos que quisieran haber vivido
cuando nuestro Bien estaba en el
mundo, se reía por dentro, pareciéndole que, teniéndolo tan verdaderamente en
el Santísimo Sacramento como entonces, que ¿qué más les daba?. 778 Se de una persona que, aunque no era muy
perfecta, durante muchos años, procuraba avivar la fe para desocuparse todo
lo que podía de todas las cosas exteriores cuando comulgaba y entraba con el Señor,
pues creía verdaderamente que entraba El en su pobre posada... Se imaginaba
que estaba a sus pies como 779 En 780 Si os da pena no verle con los ojos
corporales, pensad que no os conviene, pues verle glorificado, o como cuando
andaba por el mundo, pertenece a un nivel de vida diferente; ninguna persona
le podría soportar con las flacas fuerzas humanas, ni habría mundo, ni quien
quisiera vivir en él; porque viendo esta Verdad eterna, se vería que todas
las cosas de las que en este mundo hacemos caso, son mentira y engaño.
Además, si viéramos tan gran Majestad, ¿cómo se atrevería una pecadorcilla
como yo, que tanto le he ofendido, a estar tan cerca de El? Debajo de aquel
pan está tratable; porque si el rey se difrazara, no nos intimidaría
conversar con él sin tantos miramientos y respeto; parece que viene obligado
a soportar nuestra llaneza, pues se ha disfrazado. ¡Quién se atrevería, si le
viéramos con tan gran majestad, a acercarse a El con tanta tibieza, tan indignamente,
con tantas imperfecciones! (C 34, 9). 781 A los que El ve que se han de aprovechar de
su presencia El se les descubre; que aunque no lo vean con sus ojos
corporales, tiene muchos modos de manifestarse al alma por grandes
sentimientos interiores y por diferentes caminos. Permaneced con él de buena
gana; no perdáis tan buen momento de negociar con El, como es el tiempo
después de haber comulgado (C 34, 10). 782 Este pues, es buen tiempo para que os enseñe
nuestro Maestro, y para que le escuchemos y le besemos los pies porque nos ha
querido enseñar, y para que le supliquéis que no se vaya de vuestra compañía
(C 34, 10). 783 Si habéis de pedir esto cuando estáis mirando
una imagen de , me parece una bobería dejar a la misma persona para mirar su
retrato. ¿No sería una necedad, que viniera una persona muy querida a vernos,
si en vez de hablar de hablar con ella, estuviéramos conversando todo el rato
con su retrato¬? (C 34, 11). 784 Cuando acabéis de recibir al Señor, como
tenéis a la misma persona delante, procurad cerrar los ojos del cuerpo y
abrir los del alma y mirad al corazón; que yo os digo... que, si os
acostumbráis a hacer esto siempre que comulguéis,... aunque viene disfrazado,
no lo vendrá tanto que no se os de a conocer de muchas maneras, según el
deseo que tengáis de verle; y tanto lo podéis desear que se os descubra del
todo (c 34, 12). 785 Mas si no hacemos caso de el, sino que en
cuanto le hemos recibido nos apartamos de El, a buscar otras cosas más
ordinarias, ¿qué ha de hacer? ¿Nos ha de traer a la fuerza a que le veamos
porque se nos quiere dar a conocer? No, que no le trataron tan bien cuando
dejó que le vieran todos manifiestamente y les decía claro quién era, y
fueron muy pocos los que le creyeron. Por eso harta misericordia nos hace
cuando quiere Su Majestad que entendamos que es Él el que está en el
santísimo Sacramento. Mas sólo quiere que le vean manifiestamente, y sólo
quiere comunicar sus grandezas y dar sus tesoros, a los que ve que le desean
mucho, porque éstos son sus verdaderos amigos. Que yo os digo que quien no lo
sea, y no lo llegue a recibir como amigo... a ese no se le manifestará (C 34,
13). 786 No ve la hora de haber cumplido lo que manda 787 Y cuando oigáis misa y no comulguéis
sacramentalmente, podéis comulgar espiritualmente, que es de grandísimo provecho,
y recogeos también después interiormente, porque con esto se imprime mucho el
amor de este Señor; porque a quien se prepara para recibir, jamás deja de dar
de muchas maneras que no entendemos. 788 Si nos acercamos al fuego, por muy grande que
sea, pero nos desviamos y escondemos las manos, mal nos podemos calentar,
aunque recibamos más calor que si estamos donde no hay fuego; en cambio, si
nos queremos acercar a El y el alma está dispuesta, es decir, con deseos de
calentarse, y está allí un rato, queda con calor para muchas horas (C 35, 1). 789 Si cuando comenzáis a practicar la comunión
espiritual y el recogimiento posterior, no os encontráis a gusto -que puede
suceder porque el demonio os encoja el corazón y os cause congoja-..., el
mismo demonio os hará creer que encontraréis más devoción en otras cosas que
en la eucaristía. Pero vosotras no la dejéis; en esto comprobará el Señor lo
que le queréis (C 34, 2). 790 Acordaos de que hay pocas almas que le
acompañen y le sigan en los trabajos; pasemos algo por El, que Su Majestad os
lo pagará. Y acordaos también de tantas personas que, no sólo no quieren
estar con él, sino que le faltan al respeto echándoselo de encima. Suframos
algo por El para que vea que tenemos deseo de verle (C 35, 2). 791 Y ya que todo lo sufre y sufrirá por
encontrar al menos un alma que le reciba y lo tenga en sí con amor, sea ésta
la vuestra; porque si no hubiera alguna, con razón el Padre Eterno no le
hubiera consentido quedarse con nosotros (C 35, 2). 792 Es tan amigo de amigos y tan señor de sus
siervos que, como ve la voluntad de su buen Hijo, no le quiere impedir obra
tan excelente, en la que tan cumplidamente demuestra el amor que nos tiene (C
35, 2). 793 Pues, Padre santo que estás en el cielo, ya
que queréis y aceptáis el sacrificio de vuestro Hijo, y está claro que no
habíais de negar algo que tanto nos conviene a nosotros, alguien ha de haber
que hable en favor de vuestro Hijo, pues El nunca se defendió (C 35, 3). 794 Seamos nosotras, hijas, aunque es
atrevimiento siendo las que somos; mas, confiadas en que nos manda el Señor
que pidamos, en cumplimiento de esta obediencia y en nombre del buen Jesús,
supliquemos a Su Majestad que, ya que no le ha quedado nada por hacer
concediendo a los pecadores tan gran beneficio como éste, quiera Su Majestad poner
remedio para que no sea tan maltratado (C 35, 3). 795 ¿Qué he de hacer, Creador mío, sino ofreceros
este Pan sacratísimo y, aunque nos lo disteis, volvéroslo a entregar y
suplicaros, por los méritos de vuestro Hijo, que me hagáis esta merced? (C
35, 5). 796 Tened pues cuidado con cierta humildad que
inspira el demonio, que causa gran inquietud por la gravedad de nuestros
pecados, con lo que... consigue que las almas se aparten de la comunión y que
no hagan oración personal porque no lo merecen, y cuando reciben el santísimo
sacramento se les pasa el tiempo en que habían de recibir mercedes, pensando
en si se han preparado bien (C 39, 1). 797 ¡Válgame Dios!; ¿qué nos espanta? ¿No es más
de admirar la obra? ¿No nos llegamos al santísimo Sacramento? (Mdt C 1, 11). 798 Pienso que si nos acercáramos al santísimo
Sacramento con gran fe y amor, que una vez bastaría para hacernos ricas,
¡cuánto más tantas!, pero parece que nos acercamos a El por cumplido y así
nos luce tan poco. ¡Oh miserable mundo, que así tienes tapados los ojos de
los que viven en tí, para que no vean los tesoros con que podrían granjear
riquezas perpetuas! (Mdt C 3, 9). 799 Por mí os quedasteis en el santísimo
Sacramento, y ahora me hacéis tan grandísimos regalos (Mdt C 4, 6). 800 Un día, acabando de comulgar, me pareció
verdaderamente que mi alma se hacía una cosa con aquel cuerpo sacratísimo del
Señor, cuya presencia se me representó, y me hizo gran operación y provecho
(Cc 39ª). 801 Una vez acabando de comulgar, se me dio a
entender cómo este sacratísimo Cuerpo de
lo recibe el Padre dentro del alma, como yo entiendo y he visto que
están estas divinas Personas, y cuán agradable le es esta ofrenda de su Hijo;
porque se deleita y goza con El acá en la tierra (porque su Humanidad no está
con nosotros habitualmente en el alma, sino 802 Hay grandes secretos en lo interior cuando
uno comulga. Es lástima que estos cuerpos no nos los dejen gozar (Cc 43ª). 803 Cuando me pienso aliviar Viéndote
en el Sacramento, Me
hace más sentimiento El
no poderte gozar. Todo
es para más penar Por
no verte como quiero, Que
muero porque no muero (P 2). 804 ¡Ay! Cuando te dignas entrar
en mi pecho, Dios
mío, al instante el
perderte temo... (P 7). 805 Es tan muerto nuestro natural, que nos vamos
a lo que vemos presente; y así estos mismos favores son los que despiertan la
fe y la fortalecen. Ya puede ser que, como soy tan ruín, juzgue por mí; tal
vez otros no necesiten más que la verdad de la fe para hacer obras muy
perfectas. Yo como miserable, todo lo he habido menester (V 10, 6). 806 Y así, todo lo que sea decir más allá de la
narración de mi vida, resérveselo usted, que tanto me ha importunado para que
escriba una declaración de las mercedes que me hace Dios en la oración, si
está de acuerdo con las verdades de la fe católica; y si no, quémelo
enseguida, que yo a esto me someto (V 10, 8). 807 Jamás tuvo el demonio fuerza para tentarme
haciéndome dudar de que Vos, mi Señor, tenéis todas las perfecciones ni de
ninguna verdad de la fe (V 19, 9; CN 9). 808 Creo que me ocurría que cuanto menos iban por
camino natural los misterios, más firme era mi fe y me causaba gran devoción:
en ser todopoderoso hallaban explicación para mí todas las grandezas que
podéis hacer, y de esto, como digo, jamás tenía duda (V 19, 9; CN 9). 809 Mil reinos perdería y con razón, para
aumentar un grado su fe y haber llevado algo de luz a los herejes (V 21, 1;
11). 810 Son tan admirables las mercedes que recibe, y
además concedidas a quien tan poco las ha merecido, que algunas veces se le
hacen inverosímiles y si no tiene una fe muy viva, no se pueden creer (V 27,
9). 811 La fe está entonces tan amortiguada y dormida
como todas las virtudes, aunque no perdida, pues creo todo lo que enseña 812 Porque en este punto de fe yo estaba segura
de mí que estaba dispuesta a morir mil muertes antes de ir contra el menor
rito de 813 ¡Oh, válgame Dios!; cuánto hace tener dormida
la fe para pedir y recibir, pues no acabamos de entender que el castigo es
cierto y el premio también (C 30, 3). 814 Y así os recomiendo mucho que, cuando
leyereis algún libro y oyereis algún sermón, o pensareis en los misterios de
nuestra sagrada fe, que lo que buenamente no pudiereis entender, no os
canséis ni gastéis el pensamiento en escudriñarlo (Mdt C 1, 1). 815 Que no escuche las razones que le dará el
entendimiento ni los temores que le pondrá, sino que deje obrar la fe de
manera que no mire provecho ni descanso, sino acabe ya de entender que en eso
está todo su provecho (Mdt C 3, 1). 816 Cuando os encontréis con esta pusilanimidad,
acudid a la fe y a la humildad y no dejéis de acometer con fe, que Dios los
puede todo y así pudo dar fortaleza a muchas niñas santas, y se la dió para
que se decidieran a pasar tantos tormentos por El (Mdt C 3, 5). 817 Se conocen bien las grandísimas gracias que
de este grado de oración saca el alma por los efectos y por las virtudes y la
fe viva que le queda y el desprecio del mundo (Mdt C 6, 6). 818 Pues si esto sería irracional lo es más, sin
comparación, que nosotros no procuremos saber quiénes somos, sino que nos
quedemos en nuestros cuerpos y así, a bulto, porque lo hemos oído y porque
nos lo dice la fe, sabemos que tenemos alma (I M 1, 2). 819 ¡Oh, Jesús, qué grande es la barahunda que
aquí ponen los demonios y las aflicciones de la pobre alma, que no sabe si
pasar adelante o volver a la primera morada! Pues la razón, por otra parte,
le presenta el engaño que es pensar que todo esto vale algo en comparación de
lo que pretende. La fe le enseña qué es lo que le conviene (II M 1, 4). 820 Porque está tan muerta la fe, que queremos
más lo que vemos que lo que ella nos dice (II M 1, 5). 821 Todo el bien está en cómo se aprovechan estas
palabras, y de ninguna que no esté totalmente de acuerdo con 822 Mas, con todas estas imaginaciones que debe
de poner el demonio para causar pena y acobardar al alma, en especial si se
trata de una empresa, que en hacerse lo que se entendió se juegan muchos
bienes de las almas y es una obra para gran gloria y servicio de Dios, y en
ella hay gran dificultad, ¿qué no hará el demonio? Por lo menos debilita la
fe, que es harto daño no creer que Dios es poderoso para hacer obras que no
entiende nuestro entendimiento (VI M 3, 7). 823 No lo dijo a su Madre sacratísima, porque
estaba firme en la fe, que sabía que era Dios y Hombre; y aunque le amaba más
que ellos, era con tanta perfección, que más bien le ayudaba 824 De manera que lo que entendemos por la fe,
ahora lo entiende el alma por visión. Aunque esta visión no es con los ojos
del cuerpo ni del alma, pues no es visión imaginaria (VII M 1, 7). 825 Muchas veces tengo una fe tan grande en que
no puede faltar Dios a quien le sirve, y sin tener ninguna duda de que nunca
fallen sus palabras, que ni puedo persuadirme a otra cosa, ni puedo temer (Cc
2ª, 4). 826 En la fe me hallo, a mi parecer, con mucha
mayor fortaleza. Me parece que me pondría yo sola contra todos los luteranos
a hacerles entender su error. Siento mucho la perdición de tantas almas. Veo
muchas que conozco claramente que Dios ha querido que se hayan aprovechado
por mi medio, y conozco que, por su bondad, crece en mi alma el amor cada día
(Cc 3ª, 8). 827 Hace unos trece años, después de fundado san
José de Avila -a donde ella se había pasado desde el otro monasterio-, fue
allí el que ahora es Obispo de Salamanca, que era Inquisidor en Toledo, y lo
había sido en Sevilla. Ella le habló para cerciorarse más y le dio cuenta de
todo, y él le dijo que no correspondía a su oficio, porque todo lo que oía y
entendía siempre la afirmaba más en la fe católica, que siempre estuvo y está
con grandísimos deseos de la gloria de Dios y bien de las almas, que por una
se dejaría matar muchas veces (Cc 53ª, 7). 828 Su oración y la de las monjas que ha fundado
siempre es por el aumento de la fe católica, y para esto comenzó el primer
monasterio, junto con el bien de su Orden. Decía ella que, cuando algunas
cosas de éstas le indujeran contra la fe católica y ley de Dios, que no sería
menester buscar letrados ni hacer pruebas, porque enseguida vería que era
demonio (Cc 53ª, 13-14). 829 En todo lo que ha dicho se somete a la fe
católica de 830 Porque no ha tenido tentaciones contra la fe
(Cc 60ª, 1). 831 No lo cuento como milagro -que otras cosas
podría decir-, sino por la fe que tenían estas hermanas (F 1, 5). 832 El amor de contentar a Dios y la fe hace
posible lo que por razón natural no lo es; y así, cuando yo vi la gran
voluntad de nuestro reverendísimo General de que hiciese más monasterios, me
pareció que ya los veía hechos (F 2, 4). 833 ¡Ojalá hubiera tenido fortaleza para no ir
contra la honra de Dios, como la tenía por mi natural pundonoroso para no
perder la honra del mundo, en lo que a mí me parecía que estaba! (V 2, 3). 834 Me determiné a seguir aquel camino con todas
mis fuerzas (V 4, 7). 835 Porque ya se hasta dónde llega mi fortaleza y
poca virtud si no me la estáis dando Vos siempre y ayudando para que no os
deje (V 6, 9). 836 Y miraba su soberana largueza, no los grandes
pecados sino los deseos que muchas veces tenía de servirle y la pena que
sentía por no tener fortaleza en mí para ponerlo por obra (V 7, 18). 837 Por esta fuerza que se hacen de querer estar
con tan buena compañía, miráis que al principio no pueden más y algunas veces
ni después, forzáis Vos, Señor, los demonios para que no los acometan y para
que cada día tengan menos fuerza contra ellos y se las dais a ellos para
vencer (V 8, 6). 838 Era tan insoportable la fuerza que el demonio
me hacía, o mi ruín costumbre para que no fuese a la oración y la tristeza
que me daba cuando entraba en el oratorio, que era menester ayudarme de todo
mi ánimo (que dicen no lo tengo pequeño, y se ha visto que me lo dio harto
más que de mujer...), para forzarme, y al fin me ayudaba el Señor. Y después que
me había hecho esta fuerza me hallaba con más quietud y regalo, que algunas
veces que tenía deseo de rezar (V 8, 7). 839 Y me arrojé cabe él con grandísimo
derramamiento de lágrimas, suplicándole me fortaleciese ya de una vez para no
ofenderle (V 9, 1). 840 Parece que mi alma ganó grandes fuerzas de la
divina Majestad y que debía de oir mis clamores y tener lástima de tantas
lágrimas (V 9, 9). 841 Creamos que quien nos da los bienes nos dará
gracia para conocer la tentación cuando el demonio nos tiente y fortaleza
para rechazarla (V 10, 4). 842 No está el amor de Dios en llorar ni sentir
gustos y ternura, que casi siempre los deseamos y nos consolamos con ellos,
sino en servir con justicia y fortaleza de alma y humildad (V 11, 14). 843 ¡Siempre la humildad por delante para
entender que no han de venir estas fuerzas de las nuestras! (V 13, 4; CN 3). 844 Lo que advierto mucho es que no deje la
oración, que allí se dará cuenta de lo que hace y ganará del Señor
arrepentimiento y fortaleza para levantarse (V 15, 3; CN 5). 845 Ve claro que los mártires no hacían nada de
su parte sufriendo tormentos, porque conoce bien el alma que la fortaleza
viene de otra parte (V 16, 4; CN 6). 846 Porque bien sabe el Señor lo que conviene y
que mi alma no tenía fuerzas para salvarse, si Su Majestad con tantas
mercedes no lo hiciera (V 18, 5). 847 Llegada un alma aquí no sólo son deseos los
que tiene de Dios; Su Majestad le da fuerzas para que los realice. Se lanza a
cualquier empresa que juzgue de la gloria de Dios y esto sin ningún
esfuerzo...El sufrimiento está en que no se les presenta oportunidad de hacer
algo... Disponed Vos, Dios mío, que se me presente la ocasión de que pueda
pagar alguna monedita de lo mucho que os debo. Ordenad que os pueda servir en
algo. También otras eran mujeres y han hecho cosas heroicas por vuestro amor.
Yo no se hacer más que hablar y por eso no queréis, Dios mío, confiarme
obras. Todo se me va en palabras y en deseos, y aún para eso no tengo
libertad... 848 Fortaleced Vos mi alma... Bien de los bienes
y Jesús mío, y disponed pronto los medios para que yo haga algo por
Vos...Bien veo yo, mi Señor, lo poco que puedo; mas unida a Vos, subida a
esta atalaya donde se ven verdades, no apartándoos de mí todo lo podré (V 21,
5; CN 11). 849 Cuando llegó para mi alma la hora de que Dios
le hiciese esta merced, cesaron mis males y me dio el Señor fortaleza para
salir de ellos...(V21, 12; CN 11). 850 Desde que el Señor comenzó a darme
arrobamientos hasta hoy siempre ha ido creciendo esta fortaleza y por su
bondad me ha tenido cogida de su mano para que no volviese atrás (V 21, 13;
CN 11). 851 Y todo sirve para humillar y fortalecer al
alma (V 21, 14; CN 11). 852 La fortaleza que deja Dios en el alma cuando
la unión dura tiempo tan breve como el de abrir y cerrar los ojos..., es muy
diferente de cuando dura más tiempo esta merced... El Señor poco a poco la va
formando y le da decisión y fuerzas de varón para que todo lo pisotee del
todo. Con la misma rapidez que lo hizo con 853 Sentía en mí una certeza de que era Dios
sobre todo cuando estaba en la misma oración y veía que quedaba muy mejorada
y con más fortaleza (V 23, 2). 854 Me ha ocurrido verme con grandes
tribulaciones y murmuraciones de casi toda la ciudad donde vivo y de mi
Orden... y estando afligida por los muchos problemas que llevaba sobre mis
espaldas y sólo con decirme el Señor:"De qué temes? ¿No sabes que soy
todopoderoso? Yo cumpliré lo que te he prometido"..., he quedado con tal
fortaleza que me hubiera arriesgado a emprender otras obras aunque me
costasen muchos sufrimientos y me expondría otra vez a padecer por servirle
(V 26, 2). 855 A las jóvenes les da fortaleza y conocimiento
para que no puedan desear otra vida (V 35, 12). 856 Comencé a acordarme de mis grandes deseos de
servir al Señor y de padecer por él y pensé... que por qué me había de faltar
ánimo para servir a quien tanto debía. Con estas y otras consideraciones
venciéndome mucho prometí delante del santísimo Sacramento hacer todo lo que
pudiera para conseguir licencia para venirme a esta casa y prometer vivir en
clausura (V 36, 9). 857 Quedé con grandísima fortaleza y muy
dispuesta a cumplir con todas mis fuerzas las más pequeña palabra de 858 Y si no están fortalecidos en su vida
interior y convencidos de la importancia que tiene tenerlo todo debajo de los
pies y estar desasidos de las cosas que se acaban y bien asidos a las
eternas, por mucho que lo quieran disimular se les notará (C 3, 4). 859 Es muy de mujeres y no quisera yo, hijas
mías, que lo fuerais en nada, ni que lo parecierais, sino varones fuertes;
que si vosotras lo ponéis todo de vuestra parte, el Señor os hará tan
varoniles que asombréis a los hombres (C 7, 8). 860 Pelead como fuertes hasta morir en la empresa
pues no habéis venido a otra cosa que a pelear (C 20, 2). 861 Y al que ve que tiene fuerza no se detiene en
cumplir en él su voluntad (C 32, 5). 862 Puede ser que al principio cuando el Señor
hace estas mercedes no vea el alma en sí esta fortaleza; pero si el Señor
continúa regalándola, pronto se hace fuerte (C 36, 12). 863 Nunca temen a los enemigos descubiertos; ya
los conocen y saben que con la fuerza que les da el Señor, no tienen fuerza,
y que siempre salen vencedores y con gran ganancia; nunca huyen (C 38, 2). 864 Supliquemos siempre a Dios que no sea tan
recia la tentación que nos haga ofenderle; sino que la permita conforme a la
fortaleza que nos ha de dar para vencerla (C 41, 1). 865 Si son de Dios (los deleites) vienen cargados
de amor y de fortaleza con que se puede avanzar más sin trabajo e ir
creciendo en las obras y virtudes (III M 2, 11). 866 En la séptima morada ya nada se teme. Allí se
lanza radicalmente el alma a pasarlo por Dios. Y la causa es que está casi
siempre tan unida a Su Majestad, que de allí le viene la fortaleza (VI M 1,
2). 867 No le tengáis lástima que ayudada con vuestra
fortaleza puede pasar muchos trabajos (VI M 6, 4). 868 El verdadero Consolador la consuela y
fortalece para que quiera vivir todo lo que sea su voluntad (VI M 11, 9). 869 Tengo por cierto que estas mercedes son para
fortalecer nuestra flaqueza para poderle imitar en el mucho padecer (VII M 4,
4). 870 Estando el alma hecha una cosa con el fuerte
por la unión tan soberana de espíritu con espíritu se le ha de pegar
fortaleza y así veremos lo que han tenido los santos para padecer y morir
(VII M 4, 11). 871 Una cosa me asombra, que estando de esta
suerte, con una sola palabra de las que suelo entender o una visión o un poco
de recogimiento que dure un Avemaría o después de comulgar, queda el alma y
el cuerpo tan quieto, tan sano y el entendimiento tan claro y con toda fortaleza
y deseos que suelo tener (Cc 1ª, 31). 872 ¡Oh, mi Dios y mi verdadera fortaleza! (E
12). 873 Que esto sirva para procurar caminar mejor el
camino para contentar mejor a nuestro esposo y hallarle más pronto; y para
animarnos a andar con fortaleza camino de puertos tan ásperos, como es el de
esta vida; pues yendo con humildad mediante la misericordia de Dios, hemos de
llegar a aquella ciudad de Jerusalén donde todo lo que hemos padecido nos
parecerá poco en comparación de lo que se goza (F 4, 4). 874 No pongo en estas fundaciones los grandes
trabajos de los caminos, con fríos, con soles, con nieves, que a veces no
cesaba de nevar todo el camino; otras veces nos perdíamos, otras con muchas
enfermedades y calenturas; porque gloria a Dios, yo siempre he tenido poca salud,
pero veía claro que nuestro Señor me daba fortaleza; porque me acaecía
algunas veces que se trataba de fundación, hallarme con tantos males y
dolores, que yo me acongojaba mucho porque me parecía que aún no estaba ni
para estar en la celda sin acostarme, y me volvía a nuestro Señor quejándome
y diciéndole que cómo quería que hiciese lo que no podía, y después aunque
con trabajo, Su Majestad me daba fuerza y con el fervor que me ponía y la
preocupación parece que me olvidaba de mí (F 18, 4). 875 Nunca dejé una fundación por miedo del
trabajo aunque de los caminos, especialmente los largos, sentía gran
contradicción (F 18, 5). 876 Las seis que venían conmigo eran tales almas
que me parece me hubiera atrevido a ir con ellas a tierra de turcos, pues
tenían gran fortaleza, o mejor dicho, se la daba nuestro Señor para padecer
por él, porque estos eran sus deseos y sus pláticas, y muy maduras en oración
y mortificación; que como habían de quedarse tan lejos, procuré que fuesen de
las que me parecían más valientes. Y todo fue menester, según se pasó de
trabajos (F 24, 6). 877 Me dijo nuestro Señor como reprendiéndome:
"¿Qué temes? ¿Cuándo te he faltado yo? El mismo que he sido, soy ahora;
no dejes de hacer esas dos fundaciones, (Palencia y Burgos)..." Quedé
tan decidida y animada que ni todo el mundo hubiera podido detenerme, y
comencé enseguida a tratar de ello (F 29, 6). 878 Yo
confieso que mi ruindad y flaqueza muchas veces me han hecho temer y dudar;
mas no me acuerdo de ninguna vez que no me hiciese merced, por su sola misericordia,
de vencer estas tentaciones y lanzarme a lo que entendía era mayor servicio
suyo, por difícil que fuera. Su Majestad nos haga fuertes para morir por El
que, cierto, ha sido misericordia suya esta refriega (Cta 269, 6) 879 Me parecía que era virtud ser agradecida y
dar amor a quien me quería (V 5, 4). 880 Por ser yo tan agradecida (V 35, 11). 881 Como gozo cuando estoy con las personas con
quienes comunico mi alma y con los que veo que son muy siervos de Dios, con
los cuales me consuelo y los amo mucho, llegué a pensar si estaba asida a
ellos. Me dijo que si un médico cura a un enfermo en peligro de muerte, no es
virtud no estarle agradecida y amarle; que qué hubiera hecho yo sin estas
pesonas; que la conversación con los buenos no daña, pero que mis palabras
fueran siempre graves y santas, y que no dejara de hablar con ellos pues me
causaban mucho provecho y no daño (V 40, 19). 882 Tenéis mucha obligación de rogar
contínuamente por sus almas porque os dan de comer; que también quiere el
Señor que aunque es él quien os provee, lo agradezcamos a las personas por
cuyo medio nos lo da; y no os descuidéis en esto (C 2, 10). 883 Que hemos de ser agradecidas, y era
ingratitud aun con el obispo (Cta 61, 9). 884 Mi condición de agradecida y su gran celo me
hace pasar por lo que está bien lejos de mi carácter (Cta 76, 17). 885 Aunque ahora, por no desagradecer a mi
hermano lo que ha hecho, quisiera estar allí hasta que solucionara algunas
cosas, pues me espera para esto (Cta 116, 6). 886 Vuestra merced ya creo que sabe que no soy
desagradecida (Cta 130, 1). 887 Sino que se agradezca siempre el bien que nos
han hecho (Cta 139, 9). 888 No dejen de enviarle algunos recuerdos para
que parezcan agradecidas, aunque no haya de qué (Cta 143, 12). 889 Agradezca vuestra reverencia a Nicolao lo que
hace por las monjas (Cta 170, 11). 890 Cada día me tiene vuestra paternidad con
mayor agradecimiento por el cuidado que tiene de mi contento; así espero en
Dios se lo ha de pagar (Cta 172, 1). 891 ¡Válgame Dios, qué poderosa está!; espantadas
tiene a estas monjas de lo que me envió. Vino para poderse comer, y lo demás
muy lindo y los relicarios lo son. El grande es mejor para la señora doña
Luisa (Cta 183, 892 Bien veo que no es perfección en mí ser
agradecida; debe de ser natural, que con una sardina que me den me sobornarán
(Cta 250). 893 Den muchas gracias a Dios por tanta merced
que nos ha hecho Su Majestad de quedar tan en gracia del General. Hagan
alguna procesión y digan algo al Señor en acción de gracias, que ya no nos
falta nada sino ser muy santas y servir a Dios con estas mercedes (Cta 431,
9). 894 Ningún
miedo me daba ninguna enfermedad, porque estaba tan decidida a ganar bienes
eternos, que por cualquier medio me determinaba a ganarlos. Y ahora me
espanto, pues entonces creo que aún no tenía amor de Dios, como lo tuve
después que comencé a hacer oración. Pero veía con clara luz que todo lo que
se acaba es de poca estima y los
bienes eternos que se pueden ganar con las tribulaciones, son de mucho
precio, pues son eternos (V 5, 2). 895 Estos
gozos de oración son como deben de ser los de los que están en el cielo que
como no han visto más de lo que el Señor quiere que vean según sus méritos, y
ven que son tan pocos, cada uno está contento de estar en el grado que está,
aun habiendo tan grandísima diferencia de gozar en el cielo; mucho mayor que
la que hay aquí de unos gozos espirituales a otros, que es grandísima (V 10,
3). 896 ¿Quién
ve un destello de la gloria que da a los que le sirven, que no reconozca que
todo lo que se puede hacer y padecer es nada, pues tal premio esperamos? (V
26, 5). 897 El
Señor quiere que el alma, de todos los modos posibles, tenga algún
conocimiento de lo que paga en el cielo, y le hace conocer que allí las almas
se entienden sin hablar (cosa que yo ignoraba, hasta que el Señor por su
bondad quiso que lo viese y me lo enseñó en un arrobamiento (V 27, 19). 898 Lo
he visto muchas veces con grandísima gloria (a san pedro de Alcántara). La
primera vez que se me apareció, me dijo: "Bienventurada penitencia que
tan gran premio me ha merecido", y otras muchas cosas (V 27, 19). 899 He
aquí acabada esta vida penitente con tan gran gloria. Creo que ahora me
consuela más que cuando vivía aquí (V 27, 20). 900 Son
tan hermosos los cuerpos glorificados, que la gloria que produce ver cosa tan
sobrenaturalmente hermosa, desatina (V 28, 2). 901 Si
en el cielo no hubiera otra cosa para deleitar la vista más que la gran
hermosura de los cuerpos glorificados, ya sería grandísima gloria, sobre todo
ver 902 Después
de haber visto el infierno y otras grandes revelaciones y secretos que el
Señor, por ser quien es, me quiso revelar sobre la gloria que recibirán los
buenos, deseando hacer penitencia para ganar tanto bien, quería apartarme del
mundo (V 32, 8). 903 Yo
ya le había visto otras dos veces después de morir, y la gran gloria que
gozaba, y por eso no me dio miedo, al contrario, me alegré mucho, porque
siempre se me aparecía con cuerpo glorificado, lleno de mucha gloria, y me la
daba grandísima verle (san Pedro de Alcántara) (V 36, 20). 904 Aunque
después el Señor me ha concedido penetrar cuán grande es la diferencia que
hay en el cielo de lo que gozan unos a lo que gozan otros, comprendo que
también en la tierra no hay tasa en el dar cuando quiere el Señor, por eso yo
tampoco quisiera tener medida en mi entrega a él, y quisiera emplear toda mi
vida y mis fuerzas y salud en esto y no perder por mi culpa un tantito de
gozar más (V 37, 2). 905 Hay
que procurar estimar mucho conseguir un grado más de gloria y no perder
bienes que son eternos, aunque cuesten mucho sacrificio (V 37, tit). 906 Me
pareció que había sido introducida en el cielo, y las primeras personas que
allí vi fueron mi padre y mi madre, y cosas tan maravillosas en el breve
tiempo de decir un Avemaría, que quedé fuera de mí (V 38, 1). 907 Esta
visión también me aprovechó mucho para conocer nuestra patria verdadera y ver
que aquí somos peregrinos, pues es gran cosa haber visto lo que hay allá y
saber dónde hemos de vivir. Porque si uno ha de ir a vivir permanentemente a
una tierra, le resulta muy provechoso para soportar el trabajo del camino,
haber visto que es una tierra donde
estará con mucho descanso, y también resulta más fácil para considerar las
cosas celestiales y procurar que nuestra conversación sea de allá (V 38, 6). 908 Sólo
mirar al cielo recoge el alma, pues como el Señor ha querido enseñarme algo
de lo que hay allá, en ello se detiene mi pensamiento; y me acaece algunas
veces que los que me acompañan y con los que me consuelo algunas veces son
los que allá viven, y me parece que aquellos son los verdaderos vivos, y los
que acá viven tan muertos, que me parece que nadie me hace compañía, sobre
todo cuando tengo aquellos ímpetus (V 38, 6). 909 Esta
casa es un cielo, si lo puede haber en la tierra, para quien se contenta sólo
con agradar a Dios sin hacer caso de contento suyo (C 13, 7). 910 El
gran bien que a mí me parece que hay en el reino del cielo, con otros muchos,
es no hacer ya caso de nada de la tierra, estar todos penetrados de sosiego y
de gloria, con un gran gozo y alegría de ver que todos están alegres, con una
paz perenne, nadando en una gran satisfacción proveniente de ver que todos
santifican y alaban al Señor y bendicen su nombre y de que nadie le ofende.
Todos le aman, y la misma alma no hace otra cosa más que amarle y no puede
dejar de amarle porque le conoce (C 30, 5). 911 912 Lo
mismo le ocurre con su linaje, porque saben que en el reino que no se acaba
no han de ganar por este camino (C 36, 10). 913 Nuestra
alma es como un castillo todo de un diamante o muy claro cristal en el que
hay varias mansiones, igual que en el cielo hay muchas moradas (Jn 14, 2; Cf
Ap 21, 10-23) (I M 1, 1). 914 Pues
pensar que hemos de entrar en el cielo y no entrar en nosotros conociéndonos
y considerando nuestra miseria y lo que debemos a Dios y pidiéndole muchas
veces misericordia, es desatino (II M 1, 11). 915 Estando
el alma tan hecha una cosa con Dios, metida en este aposento del cielo empíreo
que debemos de tener en el interior de nuestras almas (VI M 4, 8). 916 ¡Oh,
válgame Dios, Señor, cómo apretáis a vuestros amadores! Mas todo es poco para
lo que les dais después (VI M 11,6). 917 Porque
de la misma manera que la tiene en el cielo, debe de tener en el alma un
lugar donde sólo mora Su Majestad, y digamos que es otro cielo (VII 1, 3). 918 La
luz que ví debió de hacer blanco el rostro, que así me parece lo están todos
en el cielo, y he pensado si el resplandor y luz que sale de nuestro Señor
les hace estar blancos (Cc 45ª, 1). 919 ¡Oh,
almas que ya gozáis sin temor de vuestro gozo y estáis siempre embebidas en
alabanzas de mi Dios! Venturosa es vuestra suerte. ¡Qué gran razón tenéis de
ocuparos siempre en estas alabanzas y qué envidia os tiene el alma, porque
estáis ya libres del dolor que dan las ofensas tan grandes que en estos
desventurados tiempos se hacen a mi Dios, y de ver tanto desagradecimiento, y
de ver que no se quiere ver esta multitud de almas que lleva Satanás!... 920 Dadnos,
Dios mío, a entender qué es lo que se da a los que pelean varonilmente en
este sueño de esta miserable vida...¡Oh desventurados de nosotros, Señor mío!
que bien lo sabemos y creemos sino que con la costumbre tan grande de no
considerar estas verdades, son tan extrañas ya de las almas, que ni las
conocen ni las quieren conocer. ¡Oh gente interesada!, codiciosa de sus
gustos y deleites, que por no esperar un breve tiempo a gozarlos tan en
abundancia, por no esperar un año, por no esperar un día, por no esperar una
hora, y por ventura no será más que un momento, lo pierden todo por gozar
esta miseria que ven presente (E 13). 921 ¡Oh,
almas bienaventuradas, que tan bien os supisteis aprovechar y comprar heredad
tan deleitosa y permaneciente con este precioso precio!, decidnos: ¿cómo
granjeabais con él bien tan sin fin? (E 13). 922 No
hemos de ir mirando las paredes. Considerado que no es la casa que nos ha de
durar siempre, sino tan breve tiempo como es el de la vida, por larga que
sea, se nos hará todo suave, viendo que mientras menos tengamos acá más
gozaremos en aquella eternidad donde son las moradas conforme al amor con que
hemos imitado la vida del buen Jesús (F 14, 5). 923 ¡Oh,
válgame Dios, cuán diferentemente entenderemos estas ignorancias en el día en
que se entenderá la verdad de todas las cosas, y cuántos padres y madres
verán que se van al infierno por haber tenido hijos, y cuántos se verán en el
cielo por medio de sus hijas! (F 20, 3). 924 Cuando
estemos delante del acatamiento de Dios verá vuestra señoría lo que debe a su
hija verdadera, Teresa de Jesús (Cta 98, 4, al P. Juan Bta Rubeo). 925 Qué
bien parece que es vuestra señoría de los que han de gozar de su reino, pues
le da a beber el cáliz con tantas enfermedades de vuestra señoría y de quien
bien quiere (Cta 34, GOBIERNO Y CONSERVACION DE DIOS 926 Se
nos da a entender cómo es Dios y poderoso, y que todo lo puede y todo lo
dispone y todo lo gobierna y todo lo llena de su amor (V 28, 9). 927 Veía
que, aunque era Dios, era también Hombre, que no se extraña de las flaquezas
de los hombres, que comprende nuestra miserable condición, sujeta a muchas
caídas, por el primer pecado que El había venido a reparar (V 37, 6). 928 Comulgué
y estuve en misa, que no se cómo pude estar. Me pareció que todo había pasado
muy rápidamente. Quedé espantada cuando sonó el reloj y ví que había estado
dos horas en aquel arrobamiento y gloria. Espantábame después de que, cuando
viene de arriba este fuego de verdadero amor de Dios, que sólo llega cuando
quiere Su Majestad, y de mí no brota ni una chispa aunque me haga pedazos,
parece que consume las faltas y tibieza y miseria del hombre viejo; y así
como el ave fénix cuando se quema, de sus mismas cenizas sale otra, así queda
transformada el alma con diferentes deseos y fortaleza grande. No parece la
misma de antes, sino que comienza con nueva pureza el camino. Suplicando
yo a Su Majestad que así fuera, y que comenzara a servirle de nuevo, me dijo:
"Buena comparación has hecho; mira que no se te olvide para procurar
mejorarte siempre" (V 39, 23). 929 ¿No
es linda cosa que una pobre monja de san José pueda llegar a señorear la
tierra y sus elementos? Y ¿qué extraño es que los santos los dominaran como
ellos querían? A san Martín le obedecían el fuego y las aguas; a san
Francisco, las aves y los peces, y así a otros muchos santos (C 19, 4). 930 No
es pequeña lástima y vergüenza que, por nuestra culpa, no nos comprendamos a
nosotros mismos ni sepamos quiénes
somos. ¿No sería gran ignorancia que preguntasen a uno quién es y no se
conociese ni supiera quién fue su padre, ni su madre, ni de qué tierra? Pues
si esto sería tan irracional, lo es más, sin comparación, que nosotros no
procuremos saber quiénes somos, sino que nos quedamos en nuestros cuerpos, y
así a bulto, porque lo hemos oido y porque nos lo dice la fe, sabemos que
tenemos alma. Mas pensamos poco las riquezas que atesora y quién vive dentro,
y el gran valor del alma. Y, en consecuencia, se tiene poco interés en
conseguir con todo cuidado conservar su hermosura. Todo se nos va en la
tosquedad del engaste o cerca del castillo, que son estos cuerpos nuestros (I
M 1, 2) 931 Pues
pensemos bien que este castillo tiene muchas moradas: unas arriba, otras
abajo, otras a los lados, y en el centro y en el medio de todas está la más
principal, que es donde ocurren los misterios secretísimos entre Dios y el
alma (Ib 3). 932 Pues
si la grandeza de Dios no tiene término, tampoco lo tendrán sus obras. ¿Quién
acabará de contar sus misericordias y grandezas? (Ex 18, 2-4). Es imposible.
Y por eso no os maravilléis de lo que he escrito y de lo que voy a escribir,
porque es un resumen de lo que hay que contar de Dios. Demasiada misericordia
nos ha demostrado comunicando estas maravillas a quien nos las pueda contar.
Pues cada una de nosotras tiene alma pero, como no valoramos como lo merece
una criatura hecha a imagen de Dios, tampoco entendemos los grandes secretos
que encierra (VII M 1, 1). 933 ¿Por
qué está este hermano mío donde corre peligro su salvación¬? Si yo viera,
Señor, a un hermano vuestro en este peligro, ¿qué hiciera por remediarle?
Creo que no me quedara por hacer cosa que yo pudiera. Me dijo el Señor:
"Oh, hija, hija; hermanas mías son éstas de 934 Como
estaba espantada de ver tanta majestad en cosa tan baja como mi alma,
entendí: "No es baja, hija, pues está hecha a mi imagen". También
entendí algunas cosas tan delicadas, de la causa por la que Dios se deleita
con las almas más que con otras criaturas que, aunque el entendimiento las
entendió instantáneamente, no las sabré decir (Cc 41). 935 ¡Oh,
esperanza mía y Padre mío y mi Creador y mi verdadero Señor y Hermano! Cuando
considero en cómo decís que vuestros deleites los tenéis con los hijos de los
hombres, se alegra mucho mi alma! ¡Oh, Señor del cielo y de la tierra, y qué
palabras son éstas para que no desconfíe ningún pecador! ¿Os falta, Señor,
tal vez con quien os deleitéis, que buscáis un gusanillo de tan mal olor como
yo? Aquella voz que se oyó en el Bautismo, dijo que os deleitáis con vustro
Hijo. Pues, ¿hemos de ser todos igual, Señor? (E 7). A
su Unico Hijo Hoy
viene al mundo En
pobre cortijo, ¡Oh,
gran regocijo, Que ya el hombre es Dios (P 13). 936 Ni
se acuerdan de que es Dios el que así lo ordena... (F 20, 3). 937 Es
cosa muy cierta que cuanto más ricos nos vemos después de reconocer que somos
pobres, nos viene más aprovechamiento y más verdadera humildad. Lo demás es
acobardar el ánimo hasta hacerle creer que no es capaz de grandes bienes si
cuando comienza el Señor a dárnoslos, comienza él a atemorizarse por miedo de
vanagloria (V 10, 4). 938 Y
como todo este edificio va fundamentado en humildad, cuanto más nos vamos
acercando a Dios mayor ha de ser esta virtud y si no, todo se viene abajo (V
12, 5; CN 2). 939 Es
menester que entendamos cómo ha de ser esta humildad porque creo que el
demonio hace mucho daño para que no progresen las personas que hacen oración
haciéndoles comprender mal la humildad (V13, 4; CN 3). 940 Mas
hemos de pensar que sí que nos podemos esforzar con el favor de Dios a tener
un gran desprecio del mundo, un no estimar honores... (V 13, 4; CN 3). 941 El
conocimiento propio jamás se ha de dejar, ni hay nadie en este camino, tan
gigante que no tenga necesidad muchas veces de volver a ser niño y a mamar...
El conocimiento propio es el pan con que se han de comer todos los manjares,
por muy delicados que sean, en este camino de oración..., pero hay que
comerlo con tasa...(V 13, 15; CN 3). 942 Ahora
me hago cruces y me parece que no he pasado peligro tan peligroso como esta
invención que el demonio me enseñaba con disfraz de humildad. Me ponía en el
pensamiento que cómo cosa tan ruín y que había recibido tantas mercedes podía
acercarse a la oración...(V 19, 10; CN 9). 943 Aunque
un alma llegue a recibir tan grandes mercedes de Dios en la oración, no se
fie de sí misma, ni se ponga en ocasiones, pues puede caer (V 19, 14; CN 9). 944 Aquí
no se teme perder la vida ni el prestigio por amor de Dios (V 21, 1; CN 11). 945 ¡Cuánto
honor recibirá el que por Cristo no quiso honores y con gusto se vio
humillado! (2 Cor 16 ss) (V 27, 14). 946 La
humildad verdadera aunque el alma se reconozca ruín y nos aflija ver lo que
somos y sintamos verdaderamente que somos grandes pecadores, no viene con
alboroto ni desasosiega el alma ni la oscurece ni le causa sequedad; más bien
goza de ello con quietud, con suavidad, con luz... Le duele lo que ofendió a
Dios; pero le ensancha el corazón su misericordia. Tiene luz para humillarse
y alabar a Su Majestad porque la soportó tanto (V30, 9). 947 Aquí
puede entrar la verdadera humildad, porque esta virtud y la del desasimiento
creo que siempre van juntas; son dos hermanas que no debemos separar (C 10,
3). 948 El
amador verdadero de Dios ha de amar poco su vida y su prestigio (C 12). 949 Examine
cada una la humildad que tiene y verá lo que ha avanzado. Si uno es humilde
al ser tentado hará balance de su vida y comparará lo que ha hecho por el
Señor con lo que le debe, y el misterio de su humillación para darnos ejemplo
de humildad, mirando sus pecados y a dónde merecía estar por ellos. Sale el
alma tan gananciosa, que el demonio no osa volver otro día para no salir con
la cabeza quebrada (C 12, 6). 950 La
que le parezca que es tenida entre todas en menos, téngase por más dichosa; y
así lo es si lo lleva como lo debe llevar, que no le faltará honor en esta
vida y en la otra (C 13, 3). 951 Cuando
nos hagan algún halago o algún regalo o cuando nos traten bien pensemos que
no lo merecemos, que cierto es contra la razón que nos traten bien en esta
vida (C 13, 2). 952 Siempre
me parece que encuentro razones que me hacen ver que es mayor virtud
disculparme; esto algunas veces es lícito, pero a mí me falta discreción o
mejor dicho humildad, para disculparme sólo cuando es conveniente.
Verdaderamente hace falta mucha humildad para verse condenar sin culpa y
callar, y es gran imitación del Señor, que nos quitó todas las culpas... El
verdaderamente humilde ha de desear con verdad ser tenido en poco y
perseguido y condenado sin culpa, aun en cosas graves. Porque si quiere
imitar al Señor, ¿en qué mejor puede imitarle que en esto? Y para esto no
hacen falta fuerzas corporales ni ayuda de nadie, sino de Dios (C 15, 1-2). 953 Aún
me queda algo muy importante por decir porque se refiere a la humildad, y es
muy necesaria en esta casa. Porque en ella la tarea principal es la oración
y, como después diré, es muy necesario que practiquéis la humildad...muy
necesaria para todas las personas que hacen oración... para eso es la
humildad, para considerarse dichosa de servir a las siervas del Señor y
alabarle porque, mereciendo ser sierva de los demonios en el infierno, la
trajo Su Majestad a vivir entre ellas (C 17, 1). 954 Conoceréis,
hijas, que habéis adelantado, en que cada una crea que es la más ruín de
todas y manifieste en sus obras que lo reconoce así, para provecho y bien de
las otras; y no en que tiene más gustos en la oración y arrobamientos o
visiones o mercedes extraordinarias, que hemos de aguardar a estar en el otro
mundo para conocer su valor y autenticidad...Conoceréis vuestra madurez si
tenéis una virtud grande de humildad... (C 18, 7). 955 La
dama es la que más guerra le puede hacer en el juego del ajedrez... No hay
dama que le haga rendir tanto como la humildad; ésta le trajo del cielo en
las entrañas de 956 La
humildad no consiste en que si el rey os hace un regalo no lo aceptéis, sino
en aceptarlo sabiendo que no lo merecéis, y en alegraros porque os lo hace.
¡Donosa humildad, que tenga yo en mi casa al Emperador del cielo y de la
tierra que ha venido para colmarme de gracias y para gozar conmigo, y que yo,
por humildad, ni le quiera corresponder ni estarme con él, ni recibir lo que
me da, sino que lo deje solo; y cuando él me está diciendo y rogando que le
pida favores yo, por humildad, me quede pobre e incluso le deje marcharse,
porque él ve que no acabo de decidirme a estar con él. (C 28, 3). 957 La
humildad, aunque sea muy grande, no inquieta ni desasosiega ni alborota el
alma; al contrario, viene con paz y regalo. Aunque uno al verse ruín, ve
claramente que merece estar en el infierno, y se entristece..., si es buena
su humildad, esta pena viene con suavidad y contento, que quisiera tenerla
siempre (C 39, 2). 958 ¡Oh,
secretos de Dios! Aquí no hay más que rendir nuestros entendimientos y pensar
que para entender las grandezas de Dios, no valen nada (Mdt C 6, 7). 959 Si
estamos sumergidos siempre en la miseria de nuestra tierra nunca saldrá la
corriente del cieno de temores y cobardías, de mirar si me miran..., si me
atreveré a comenzar aquella obra, si será soberbia, si es prudente que una
persona tan miserable como yo haga cosa tan alta como es la oración, si me
tendrán por mejor, si no voy por el camino de todos, que no son buenos los
extremos aunque sean en virtud, que como soy tan pecadora caeré de más alto,
quizá no perseveraré y perjudicaré a los buenos, que a una persona como yo no
le conviene singularizarse... Pongamos los ojos en Cristo, nuestro bien, y
allí aprenderemos la verdadera humildad (I M 2, 10-11). 960 Ya
que no hayamos llegado aquí, humildad, que es el ungüento de nuestras
heridas; porque si la hay de veras, aunque tarde algún tiempo, vendrá el
cirujano que es Dios, a sanarnos (III M 1, 5). 961 Como
tiene más presente el honor y la gloria de Dios que el suyo, ... no le
importa ser despreciada, a cambio de que al menos una vez, sea Dios alabado
por su medio (VI M 1, 5). 962 Para
que toméis conciencia de lo que le gusta a Dios que nos conozcamos y
procuremos siempre mirar y remirar nuestra pobreza y miseria y que no tenemos
nada que no lo hayamos recibido...Para esto y para otras muchas cosas que
tiene que pasar un alma a quien ya el Señor ha conducido a esta altura es
menester ánimo y... si hay humildad, más para lo último que he dicho que para
nada. Dénosla el Señor por quien él es (VI M 5, 6). 963 Yo
no tendría por seguro, por favorecida que un alma esté de Dios, que se olvidase de que algún
tiempo se vio en miserable estado; porque aunque es cosa penosa, aprovecha
para muchas cosas. Quizá como yo he sido tan ruín pienso así, y ésta es la
causa de traerlo siempre en la memoria (VI M 7, 4). 964 Y
con esto no andéis turbadas ni inquietas, que aunque no fuese de Dios, si
tenéis humildad y buena conciencia, no os dañará, que sabe Su Majestad sacar
de los males bienes, y por el camino que el demonio os quería perder,
ganaréis más (VI M 9, 13). 965 Es
falta de humildad que tú quieras que se te de lo que nunca has merecido, y
por eso creo que no tendrá mucha humildad quien lo desee; porque así como un
pobre labrador está lejos de desear ser rey, pareciéndole imposible porque no
lo merece, así lo está el humilde de cosas semejantes (VI M 9, 16). 966 La
humildad es andar en la verdad (VI M 10, 8). 967 ¡Oh,
hermanas mías, qué olvidado debe de tener su descanso y qué poco se le debe
de dar de honores y qué lejos debe de estar de ser tenida en nada el alma en
que viva el Señor de manera tan excepcional! (VII M 4, 6). 968 El
cimiento de todo este edificio es la humildad y si no hay ésta muy de veras,
aun por vuestro bien, no querrá el Señor subirlo muy alto para que no de todo
en el suelo (VII 4, 9). 969 ¿Pensáis
que es poca ganancia que sea vuestra humildad tan grande... que ese fuego las
encienda... en amor del Señor? (VIi M 4, 17). 970 El
Señor es muy amigo de humildad (M epílogo). 971 Cuando
veo que alguna persona sabe algo de mí, le querría dar a entender mi vida;
porque me parece que es honra mía que nuestro Señor sea alabado, y por lo
demás nada se me da (Cc 1, 33). 972 El
mucho honor que me hacen muchas veces es contra mi voluntad (Cc 2ª, 9). 973 En
la oscuridad, mi luz, Mi
grandeza en puesto bajo, De
mi camino el atajo Y
mi gloria sea la cruz; Mi
honra el abatimiento Y
mi palma padecer, En
las menguas mi crecer Y
en menoscabo mi aumento (P 25). 974 En
obedecer está el ir adelantando en la virtud, y el ir cobrando la de la
humildad (F prl). 975 Más
hace un día de conocimiento propio que muchos de oración (F 5, 16). 976 Cuando
el demonio por incitar a soberbia, provoca estas apariciones, si entonces el
alma, pensando que son de Dios se humilla y reconoce que no merece tan gran
merced y se esfuerza en servir más, porque viéndose rica cuando aún no merece
comer las migajas que caen de las personas a quienes hace Dios estas
mercedes, se humilla y comienza a esforzarse a hacer penitencia y más oración
y a tener más cuidado de no ofender a este Señor que le hace esta merced y a
obedecer con más perfección, yo aseguro que no volverá el demonio, sino que
se irá avergonzado y que ningún daño dejará en el alma (F 8, 4). 977 Esta
ha de ser nuestra divisa si hemos de heredar su reino; no con descansos, no
con regalos, no con honores, no con riquezas se ha de ganar lo que él compró
con su sangre (F 10, 11). 978 Estaba
el padre fray Antonio de Jesús barriendo la puerta de la iglesia, con un
rostro de alegría que tiene él siempre. Yo le dije: ¿Qué es esto, mi padre?,
¿qué se ha hecho de la honra? Me dijo estas palabras diciéndome el gran
contento que tenía: "Yo maldigo el tiempo que la tuve" (F 14, 6). 979 Para
que se ejerciten en la humildad no respondan cuando sean acusados (Cnst 30). 980 Cuando
te reprendan en algo, recíbelo con humildad interior y exterior (Av 45). 981 Yo
tengo por honra, gloria a Dios, andar remendada (Cta 2, 2). 982 Muchas
veces permite el Señor una caída para que el alma quede más humilde (Cta 400,
5). 983 Y
no se por qué nos espantamos de que
haya tantos males en 984 Dejo
aparte el dolor que producen los pecados públicos, si los hay en 985 Mas
os alabo porque despertáis a tantos para que nos despierten (V 13, 21; CN 3). 986 Pedir
a Su Majestad mercedes y rogarle por 987 Y
con este amor a la fe que Dios le va infundiendo hasta consolidarse en fe
viva y fuerte, vive conforme a lo que cree 988 Considero
cuánta importancia tiene lo que 989 De
aquí también gané la grandísima pena que me causan las muchas almas que se
condenan (especialmente de los luteranos, que por el bautismo ya eran
miembros de 990 Cada
Orden había de procurar y todos los miembros en particular, que por su
trabajo el Señor hiciera tan fecunda su Orden que pudiera servir a 991 En
este tiempo me llegaron noticias de los daños de Francia y del estrago que
habían causado los luteranos y el crecimiento de esta desventurada secta. Me
causó mucha aflicción y, como si yo pudiera hacer algo o fuera alguien,
lloraba con el Señor y le suplicaba que remediara tanto mal. Creo que estaría
dispuesta a dar mil vidas por salvar una sola alma de las muchas que allí se
perdían. 992 Y
como me vi mujer y ruín y sin posibilidad de servir en lo que yo pudiera al
Señor, toda mi ansia era y es que, ya que tiene tantos enemigos y tan pocos
amigos, que esos fueran buenos, me decidí a hacer lo poquito que yo podía,
que es seguir los consejos evangélicos con toda fidelidad, y procurar que
estas poquitas que viven aquí, hicieran lo mismo, confiada en la gran bondad
de Dios, que ayuda siempre al que se decide a dejarlo todo. 993 Pensaba
que si ellas eran tal cual yo las pintaba en mis deseos, entre sus virtudes
quedarían desvanecidas mis faltas, y yo podría contentar en algo al Señor. 994 Y
que todas dedicadas a la oración por los que defienden a 995 ¡Oh,
hermanas mías en Cristo!, ayudadme a suplicar a este Señor, que para esto os
ha reunido aquí; esta es vuestra vocación; éstos han de ser vuestros
negocios; éstos vuestros deseos, aquí vuestras lágrimas; éstas vuestras
peticiones (C 1, 5). 996 Está
ardiendo el mundo, quieren sentenciar otra vez a Cristo puesle levantan mil
testimonios falsos, quieren derribar por tierra a su Iglesia y ¿hemos de
perder el tiempo pidiendo cosas que, si Dios se las concediera, quizá
tendríamos un alma menos en el cielo? No, hermanas mías, no es tiempo de
tratar con Dios negocios de poca importancia (C 1, 5). 997 En
tiempo de guerra, cuando los enemigos han conquistado todo el territorio, al
verse acorralado el señor del mismo, hace fortificar muy bien una ciudad y
concentra allí su gente más valerosa y desde allí atacan el campo enemigo, y
pueden más ellos solos, que muchos soldados cobardes pudieron, y muchas
veces, así es como se consigue la victoria. Al menos aunque no se gane, no
son vencidos; porque si no hay ningún traidor, no los pueden vencer, si no es
por hambre. Aquí no hay hambre capaz de rendirlos; podrán morir, pero no
quedarán derrotados (C 3, 1). 998 Puede
ser que me digáis que por qué encarezco tanto esto y digo que hemos de ayudar
a los que son mejores que nosotras. Yo os lo diré, porque creo que aún no os
dais cuenta de lo mucho que debéis al Señor por haberos reunido donde estáis
tan libres de negocios y tentaciones y conversaciones mundanas. Es ésta una
grandísima merced; en cambio los predicadores y los teólogos no están libres
de eso, ni deben estarlo y menos en este tiempo que en los anteriores; porque
son ellos los que deben fortalecer y animar a la gente débil y a los
pequeños: ¡buenos quedarían los soldados sin los capitanes! Ellos han de vivir
entre los hombres y hablar con los hombres y a veces vivir en los palacios, e
incluso han de parecerse exteriormente a los hombres. 999 ¿Pensáis,
hijas mías, que es menester poco para tratar con el mundo y vivir en el mundo
y tratar de solucionar los problemas del mundo y habituarse a la conversación
del mundo, y ser interiormente extraños del mundo y enemigos del mundo y
vivir en él como quien está en el desierto y, en fin, no ser hombres sino
ángeles? Porque, si no es así ni merecen el nombre de capitanes, ni el Señor
permita que salgan de sus celdas, pues harán más daño que provecho; porque no
estamos en tiempos de ver imperfecciones en los que han de enseñar (C 3, 3). 1000 Y
si no están fortalecidos en su vida interior y convencidos de la importancia
que tiene tenerlo todo debajo de los pies y estar desasidos de las cosas que
se acaban y bien asidos a las eternas, por mucho que lo quieran disimular se
les notará. Pues ¿no se enfrentan con el mundo? Pues no tengan miedo, que no
se lo perdonará, ni les tolerará una sola imperfección. Pasarán por alto
muchas cosas buenas, y tal vez creerán que no son virtud; mas malas e
imperfectas, no tengan miedo de que las callen. Yo misma me asombro y pienso
quién les enseña la perfección, no para cunplirla, pues creen que ya hacen
bastante con guardar razonablemente los mandamientos, sino para condenar, y a
veces considerar comodidad lo que es virtud. Así que no creáis que necesitan
poca ayuda de Dios para meterse en esta gran batalla, sino grandísima (C 3,
4). 1001 Así
que os pido por amor del Señor, que pidáis a Su Majestad que nos oiga en
esto. Yo aunque miserable, también se lo pido, pues es para gloria suya y
bien de su Iglesia, que es el centro de mis deseos (C 3, 6). 1002 Mirad,
mi Señor, mis deseos y las lágrimas con que esto os suplico, y olvidad mis
obras por quien vos sois, y tened lástima de tantas almas que se pierden. Y
favoreced a vuestra Iglesia: No permitáis ya más daños en 1003 Mirad
que no son tiempos de fiaros de todos, sino de los que viereis que viven la
vida de Cristo. Procurad tener limpia conciencia, humildad, menosprecio de
las cosas mundanas, cred firmemente lo que cree 1004 Ya
Señor, haced ya que se sosiegue este mar; no navegue siempre entre tanta
tempestad esta nave de 1005 Estas
personas, aunque se guarden de pecar mortalmente, no dejan de caer de cuando
en cuando, según creo; porque no dan ninguna importancia a pecados veniales,
aunque hagan muchos al día, y así están muy cerca de los mortales. A muchos
he oído decir: ¿de esto hacéis caso?; para eso hay agua bendita y los
remedios que tiene 1006 Si
alguna cosa dijere que no esté de acuerdo con lo que enseña 1007 Tiene
más interés el demonio por un alma de éstas que por muchas a quienes el Señor
no haga estas mercedes; porque le pueden hacer gran daño llevando otras
consigo y hacer gran provecho, podría ser, en 1008 Tienen
un no se qué grandes letrados que, como Dios los tiene para luz de 1009 Entonces
comienza a tener vida este gusano, cuando con el calor del Espíritu Santo
comienza a aprovecharse de la gracia suficiente que Dios nos da a todos, y
cuando comienza a aprovecharse de los medios que dejó en su Iglesia (V M 2,
3). 1010 Ningún
acontecimiento de la tierra la afligirá, a no ser si se ve en algún peligro
de perder a Dios o de ver que es ofendido. Ni enfermedad, ni pobreza, ni
muertes, de no ser de quien es necesario en 1011 Por
el gran deseo que tengo de poderos ayudar un poco a servir a este mi Dios y
Señor os pido que en mi nombre, cada vez que leáis este libro, si se puede
leer cuando lo hayan revisado los letrados, alabéis mucho a Su Majesta y le
pidáis el crecimiento de su Iglesia y luz para los luteranos y para mí que me
perdone mis pecados; y si hay algún error en él es por no entenderlo mejor y
en todo me someto a la doctrina de la santa Iglesia católica romana, que en
ésta vivo y prometo vivir y morir (M Epíl 24). 1012 Deseo
grandísimo, más que suelo, siento en mí de que tenga Dios personas que le
sirvan con todo desasimiento y que no se detengan en nada de lo de acá
-porque veo que todo es burla-, especialmente los teólogos; pues como veo las
grandes necesidades de 1013 Quiera
Su Majestad que sea así y de su gracia para que acierte yo a decir para
gloria suya las mercedes que en estas fundaciones ha hecho a esta Orden.
También me mandan que trate alguna cosas de oración y de los engaños que
puede haber para que no adelanten los
que los sufren. En esto me someto a lo que cree la santa madre Iglesia romana
(F Prl 3, 5). 1014 Vino
a visitarme un fraile franciscano llamado fray Alonso Maldonado, muy siervo
de Dios y con los mismos deseos del bien de las almas que yo, y los podía
cumplir y por eso le tuve mucha envidia. Hacía poco que había venido de América.
Me comenzó a contar los muchos millones de almas que allí se perdían por
falta de enseñanza. Nos hizo un sermón y una plática animándonos a la
penitencia y se marchó. Yo quedé tan lastimada por la perdición de tantas
almas que no cabía dentro de mí. Me fui a una ermita con muchas lágrimas;
clamaba a nuestro Señor suplicándole me proporcionase el medio de que yo
pudiera hacer algo para ganar algún alma para El, y que mi oración pudiera
conseguir algo, ya que no podía hacer más... Estando yo con esta pena tan
grande, una noche en la oración, se me apareció el Señor y demostrándome
mucho amor como queriéndome consolar, me dijo: "Espera un poco, hija, y
verás grandes cosas" (F 1, 7-8). 1015 Yo
no querría dejar de decir muchas alabanzas de la caridad que hallé en
Palencia, en particular y en general. Es verdad que me parecía cosa de la
primitiva Iglesia, poco practicada ahora en el mundo, ver que no llevábamos
renta y que nos habían de dar de comer, y no sólo no lo rehusaban, sino que
decían que les hacía Dios merced grandísima. Y si se mirase con luz de fe
decían verdad: porque aunque sólo sea tener otra iglesia más donde está el
santísimo Sacramento, es mucho (F 29, 27). 1016 Su
Divina Majestad lo guarde tantos años como la crsitiandad ha menester. Harto
gran alivio es que, para los trabajos y persecuciones que hay en ella, tenga
Dios nuestro Señor un tan gran defensor y ayuda para su Iglesia como vuestra
Majestad es (Cta 49, 1017 Porque
aunque otros monasterios están relajados, no es con tanta exageración -digo
los sujetos a los frailes, que a los ordinarios terrible cosa es- y si los
prelados entendiesen lo que cargan sobre sí y tuviesen el cuidado que tiene
vuestra paternidad, de otra manera irían las cosas, y no sería poca
misericordia de Dios tener tantas oraciones de almas buenas en favor de su
Iglesia (Cta 158, 9, al P. Gracián). 1018 Palabras
de 1019 En
esta batalla estuve tres meses, forzándome a mí misma con una razón: que los
trabajos y la pena de ser monja no podían ser mayores que los del purgatorio,
y ya que yo tenía tan merecido el infierno, que no era mucho vivir lo que me
quedaba de vida como si estuviera en el purgatorio, y que después me iría
derecha al cielo, que es lo que yo deseaba (V 3, 6). 1020 Me
dijeron que había muerto un provincial nuestro, de otra provincia, a quien yo
había tratado y le debía algunos favores. Era persona de muchas virtudes.
Cuando supe que había muerto quedé muy turbada porque temía por su salvación,
pues había sido prelado veinte años, cosa que a mí me asusta mucho, porque
tener responsabilidad de almas me parece muy peligroso. 1021 Con
mucha pena me fui a un oratorio. Le ofrecí todo el bien que yo hubiera hecho
en mi vida, que sería poco, y le dije al Señor que suplieran sus méritos lo
que aquella alma necesitaba para salir del purgatorio (V 38, 26). 1022 Hacía
poco más de día y medio que había muerto una monja en casa, muy santa. Se
celebraba en el coro el oficio de difuntos por su alma y cuando una monja
leía una de las lecciones de maitines yo, que estaba de pie para ayudarle a
recitar el versículo, vi que a la mitad de la lectura salía el alma del mismo
lugar que salió la anterior, y que subía al cielo (V 38, 28). 1023 En
la misma casa murió una monja de dieciocho o veinte años. Había estado
siempre enferma y era muy santa, amiga del coro y muy virtuosa. Yo, en
verdad, pensé que no iría al purgatorio, porque había sufrido muchas
enfermedades y porque le sobrarían méritos. 1024 Estaban
rezando las horas antes de enterrarla, hacía cuatro horas que había muerto, y
entendí que salía del fondo de la tierra
y se iba al cielo (V 38, 29). 1025 Estaba
en un colegio de 1026 Mas
de todas las almas que he visto, ninguna se ha librado de pasar por el
purgatorio más que este padre, san Pedro de Alcántara y el padre dominico
Pedro Ibáñez (V 38, 31-32). 1027 Y
no creáis que es inútil esta petición reiterada; porque hay algunas personas
a quienes les parece muy duro no rezar mucho por su propia alma; y ¿qué mejor
oración que ésta? Si tenéis pena porque no se os descontará la pena del
purgatorio, también se os resta por esta oración, y si falta algo, que falte.
¿Qué importa que yo esté hasta el día del Juicio en el purgatorio, si con mi
oración salvo aunque no sea más que un alma? (C 3, 6). 1028 Y
si desean no estar mucho en el purgatorio, es más por no estar ausentes de
Dios lo que allá estuvieren, que por las penas que han de pasar (VI M 7, 3). 1029 Aunque
es una persona sufrida y acostumbrada a padecer dolores, no puede más consigo,
porque este sufrimiento no lo sufre en el cuerpo, como ya he dicho, sino en
lo interior del alma. Por eso comprendió esta persona que los sufrimientos
del alma son más recios que los del cuerpo, y se le manifestó que los que se
padecen en el purgatorio son de esta clase, que no por no tener cuerpo dejan
de padecer mucho más que todos los que teniéndolo, padecen en este mundo (VI
M 11, 3). 1030 Justo
es que lo mucho cueste mucho; cuánto más que, si es para purificar a esta
alma para que entre en las séptimas moradas, como los que han de entrar en el
cielo se limpian en el purgatorio (VI M 11, 6). 1031 Un
avemaría pido por su amor a quien esto leyere, para que me ayude a salir del
purgatorio y llegar a ver a Jesu (F prl 4). 1032 Viniendo
el sacerdote adonde habíamos de comulgar, con el santísimo Sacramento en las
manos, llegando yo a recibirle, junto al sacerdote, se me representó el
caballero que he dicho, con rostro resplandeciente y alegre; con las manos
juntas, me agradeció lo que había hecho por él para que saliese del
purgatorio, y se fue aquella alma al cielo (F 10, 5). 1033 Las
disciplinas... se hagan cada viernes del año por el aumento de la fe y por
los bienhechores y por las almas del purgatorio... (Const 3. 2). 1034 Por
las difuntas que se hagan sus sufragios y entierros por cada una con vigilia
y misa. Si hubiere posibilidad digan las misas de san Gregorio y si no, como
se pudiere rece todo el convento un oficio de difuntos por las monjas del
convento, y por las demás un oficio de difuntos y si hubiere posibilidad una misa
cantada, y esto por todas las monjas de la primera regla, y por las de la
mitigada un oficio de difuntos (Cnst 8, 2). 1035 Que
quede en su capítulo determinado lo que han de rezar por cada monja que se
muera vuestras reverencias que, conforme a lo que hicieren, haremos nosotras,
que no hacen sino rezarlos, y creo que hasta ahora no nos dicen misa. Lo que
acá se hace es su misa cantada y un oficio de difuntos el convento. Creo que
es de las Constituciones antiguas porque así se hacía en 1036 De
muchos recuerdos a todas las hermanas y a las que se les mueren esos
parientes dígales mucho de mi parte que los encomendaré a Dios (Cta 430, 8,a
María de san José). 1037 Encomiéndela
a Dios, y a su madre (que se había muerto), que lo encargue mucho, pues se lo
deben bien en esa casa (Cta 430, 9). 1038 Y
por eso pido, por amor del Señor, que tenga delante de los ojos quien leyera
esta narración de mi vida, que ha sido tan ruín, que no he hallado ningún
santo de los que se convirtieron a Dios, con quien me haya podido consolar (V
prl 1). 1039 Tenía
un hermano casi de mi edad. Nos juntábamos los dos para leer vidas de santos,
pues era el que yo más quería, aunque a todos tenía gran amor, y ellos a mí. 1040 Como
veía los martirios que por Dios los santos pasaban, me parecía que compraban
muy barato el ir a gozar de Dios, y deseaba yo mucho morir así (V 1, 5). 1041 En
este tiempo me dieron las Confesiones de san Agustín, que parece lo ordenó el
Señor, porque yo no lo busqué ni nunca las había visto. Yo soy muy aficionada
a san Agustín, porque el monasterio donde estuve de seglar era de su Orden y
también por haber sido pecador, pues yo encuentro mucho consuelo en los
santos a quienes el Señor convirtió siendo pecadores. Me parecía que en ellos
había de encontrar ayuda (V 9, 7). 1042 Creo
yo, sin duda, que se nos daría este bien muy pronto, si nosotros nos
preparásemos; como hicieron algunos santos (V 11, 2; CN 1). 1043 Hay
que tener gran confianza, porque conviene mucho no apocar los deseos, sino
creer en Dios que si nos esforzamos, poco a poco, anque no sea en seguida,
podemos llegar, con su favor, a lo que muchos santos llegaron; que si ellos
no se hubieran determinado a desearlo y poco a poco a ponerlo por obra, no
hubieran llegado a la santidad (V 13, 2; CN 3). 1044 Aquí
es el no osar alzar los ojos; aquí el levantarlos para agradecer lo que os
debe; aquí invoca a los santos que cayeron después de haberlos Vos llamado, para
que le ayuden (V 19, 6; CN 9). 1045 Escogía
santos protectores para que me librasen del demonio, hacía novenas. Me
encomendaba a san Hilarión, a san Miguel arcángel, a quien reanudé mi
devoción, y acudía a otros muchos santos, para que me consiguiesen que el
Señor manifestase la verdad (V 27, 1). 1046 Después
de muerto quiere el Señor que me ayude más que cuando vivía. Una vez me dijo
el Señor que lo que le pidiera en el nombre de él (san Pedro de Alcántara),
me lo concedería. Yo he comprobado que muchas cosas que le he encomendado que
pidiera al Señor, las he visto cumplidas (V 27, 19-20). 1047 Suplicaba
mucho a Dios que me librase de ser engañada. Esto siempre lo hacía y con
hartas lágrimas, y a san Pedro y a san Pablo, en cuya fiesta se me apareció
por primera vez el Señor y me dijo que ellos me guardarían para que no fuera
engañada; y así muchas veces los veía al lado izquierdo muy claramente,
aunque no en visión imaginaria. Eran estos gloriosos santos muy mis señores
(V 29, 5). 1048 Leía
vidas de santos porque como yo me veo tan lejos de lo que ellos hicieron por
Dios, su ejemplo me estimulaba (V 30, 17). 1049 Estando
una vez rezando cerca del santísimo Sacramento, se me apareció un santo cuya
Orden ha estado algo relajada; tenía en las manos un libro grande; lo abrió y
me dijo que leyera unas letras muy grandes y muy fáciles de leer que decían:
En los tiempos venideros florecerá esta Orden; habrá muchos mártires. Algunas
veces he visto a este glorioso santo y me ha dicho algunas cosas y me ha
agradecido la oración que hago por su Orden y me ha prometido encomendarme al
Señor (V 40, 13-15). 1050 Mirad
a los santos que entraron en la cámara de este Rey y veréis la diferencia que
hay de ellos a nosotros (III M 1, 6). 1051 Esto
no es visión intelectual sino imaginaria, que se ve con los ojos del alma
mucho mejor que aquí vemos con los del cuerpo y, sin palabras se le dan a
conocer algunas cosas; por ejemplo, si ve algunos santos, los conoce como si
los hubiera tratado personalmente mucho (VI M 5, 7). 1052 Algunas
veces la visión es de algún santo. Y esto es también de gran provecho (VI M
8, 5). 1053 Diréis
que si no se ve, que cómo sabe que es , o cuándo es un santo o su Madre
gloriosísima. Eso no lo sabrá el alma decir, ni puede comprender cómo lo
entiende, sino que lo sabe con grandísima certeza (VI M 8, 6). 1054 ¡Oh,
bienaventuradas almas celestiales!, ayudad nuestra miseria y sednos
intercesores ante la divina misericordia para que nos de algo de vuestro gozo
y reparta con nosotros de ese claro conocimiento que tenéis. ¡Alcanzadnos,
oh almas amadoras!, entender el gozo que os da ver la eternidad de vuestros
gozos y cómo es cosa tan deleitosa ver con certeza que no se han de
acabar...¡Oh almas bienaventuradas...Ayudadnos, pues estáis tan cerca de la
fuente, coged agua para los que acá perecemos de sed (E 13). 1055 ¡Cuántos
santos tenemos en el cielo que llevaron este hábito! (F 29, 33). 1056 En
las fiestas de los santos piense en sus virtudes, y pida al Señor se las de
(Av 56). 1057 ¡Oh, por amor de Dios, hermanas mías; que
ninguna se deje llevar de indiscreta caridad manifestando tener lástima de la
otra en estos fingidos agravios, que sería como la que tuvieron los amigos
del santo Job y su mujer con él (C 12, 9). 1058 Si nos parece que el Señor nos ha concedido
alguna virtud, sepamos que es un regalo que nos puede volver a quitar, como
en realidad acaece muchas veces, y no sin gran providencia de Dios. ¿Nunca lo
habéis visto en vosotras? Pues yo sí; a veces me parece que estoy muy desprendida
y cuando llega la prueba, lo estoy; y otras veces me encuentro tan atada en
cosas de las que el día anterior me hubiera reído, que casi no me conozco.
Otras veces me parece que tengo mucho ánimo y que no rehuiría hacer cualquier
cosa por Dios; y tengo pruebas de que así lo he hecho algunas veces; al día
siguiente no me encuentro con ánimo para matar una hormiga por Dios, si
encuentro en ello contradicción. Así, unas veces creo que no se me da nada de
nada de cualquier cosa que digan y murmuren de mí y que esto me causa
alegría. Pero otros días, una sola palabra me aflige y querría salir de este
mundo, porque me parece que en todo me cansa. Y esto no me ocurre a mí sola,
pues lo he examinado en muchas personas mejores que yo, y también les ocurre
lo mismo (C 38, 6). 1059 Repito que las que no obedecieren a las
buenas sean obligadas a obedecer por las prioras y no se engañen con piedades
indiscretas, que alborotan a todas con sus imprudencias (F 7, 5). 1060 Parecería que me tendrían por vana y voluble,
cosa que yo aborrezco mucho (F 29, 19). 1061 Es menester informarse de si las prioras
añaden más de lo que están obligadas, tanto en el rezo como en las
penitencias; porque podría ocurrir que cada una añadiera a su gusto cosas
particulares y ser tan pesadas en ello que cargadas mucho las monjas se les
acabe la salud y no puedan hacer lo que tienen obligación. Esto no se
entiende cuando se ofreciere alguna necesidad por algún día; mas pueden ser
algunas tan indiscretas que casi lo tomen por costumbre, como suele acaecer y
las monjas no osan hablar pareciéndoles poca devoción suya, ni es razón que
hablen sino con el prelado (Vta C 29). 1062 ¿Qué le parece cuál nos paran en ese escrito?
No se para qué andan comprobando estas cosas. Mal lo hace nuestra padre, que
es grandísima bajeza. Por amor de Dios no lo enseñe usted a nadie, que los
tendrán por imprudentes si hacen caso de esos desatinos ni hablen de ellos,
sino al contrario, ríanse de ello (Cta 184, 5). 1063 Nos
aterrorizaba mucho el decir en lo que leíamos, que pena y gloria eran para
siempre. Nos acaecía estar muchos ratos tratando de esto y gustábamos de
decir muchas veces; ¡para siempre, siempre, siempre! (V 1, 5). 1064 Aunque
los días que estuve fueron pocos, con la fuerza que hacían en mi corazón las
palabras de Dios, tanto leídas como oídas y la buena compañía, vine a ir
entendiendo la verdad de cuando niña de que todo era nada y la vanidad del
mundo y que se acababa pronto. Y comencé también a temer cómo hubiera ido al
infierno, si me hubiera muerto. Y aunque la voluntad no acababa de decidirse
a ser monja, vi que era el mejor y más seguro estado, y así poco a poco me
determiné a hacerme fuerza para serlo. 1065 En
esta batalla estuve tres meses, forzándome a mí misma con una razón: que los trabajos
y pena de ser monja, no podían se mayores que los del purgatorio, y ya que yo
tenía tan merecido el infierno...(V 3, 5-6). 1066 Bien
hace el demonio metiendo miedo para poder él hacernos mal de verdad, si
consigue que por miedo no piense yo en lo que he ofendido a Dios y en lo
mucho que le debo, y en que hay infierno y hay gloria (V 8, 7). 1067 Algunas
personas aprovechan considerándose en el infierno, y otras en el cielo, y en
cambio se afligen si piensan en el infierno (V 13, 13; CN 3). 1068 ¿Quién
ve los tormentos que sufren los condenados que no se le hagan deleite en su
comparación los tormentos de este mundo y reconozca lo mucho que debe al
Señor por haberle librado tantas veces del infierno? (V 26, 5). 1069 Aquí
se ve claro, Jesús mío, el poco poder que tienen los demonios comparado con
el vuestro y que quien os tenga contento a Vos puede pisotear todo el
infierno (V 28, 9). 1070 Mucho
tiempo después de que el Señor me concediera muchas de las mercedes que he
contado y otras muy grandes, estando un día en oración me encontré toda yo,
sin saber cómo, metida en el infierno...Parecíame la entrada como un callejón
muy largo y estrecho, como si fuera un horno muy hondo y oscuro y angosto; el
suelo me pareció de agua como lodo muy sucio y de olor pestilencial, con
muchas serpientes venenosas; al fondo, en un hueco metido en la pared como un
armario, ví que me metían muy apretada. Todo esto es deleitoso de ver en
comparación de lo que allí sentí. Esto que he dicho va mal encarecido V 32,
1). 1071 Lo
que sentí no puede ser encarecido ni se puede entender; mas sentí un fuego en
el alma que yo no puedo entender cómo poder decir de la manera que es. Los
dolores corporales tan insoportables, que yo, que los he sufrido gravísimos
en esta vida y según dicen los médicos, los más dolorosos que pueden
existir..., aseguro que ninguno se puede comparar a lo que allí sentí,
sabiendo además que aquello era sin fin y sin jamás cesar. 1072 Y
esto no es nada en comparación del agonizar del alma, una opresión, una
asfixia, una tristeza tan inmensa y con desesperada y afligida amargura, que
yo no se cómo encarecerlo. Porque decir que es un estarse siempre arrancando
el alma es poco, porque aún parece que es otro quien os quita la vida; mas en
el infierno es el alma misma la que se despedaza. 1073 El
caso es que yo no se cómo encarezca aquel fuego interior y aquella
desesperación en medio de tan gravísimos tormentos y dolores. No veía yo
quién me los causaba, mas me sentía quemar y triturar por dentro, así me
parece, y digo que aquel fuego y desesperación es lo peor (V 32, 2). 1074 Estando
en tal pestilencial lugar, tan sin poder esperar consuelo, no podía sentarme
ni acostarme ni había lugar para ello, aunque me habían metido en esta
especie de agujero hecho en la pared; porque estas paredes aterradoras
aprietan ellas mismas y todo ahoga. No hay luz, sino todo tinieblas
oscurísimas; yo no entiendo cómo puede ser esto que, sin haber luz, todo lo
que ha de producir pena, se ve (V 32, 3). 1075 Después
he visto cosas espantosas, que me parecieron mucho más terribles que las de la
primera visión, pero no me causaron tanto miedo, porque esta vez no sentí el
dolor. Porque en aquella primera visión quiso el Señor que verdaderamente yo
sintiese aquellos tormentos y aquella amargura espiritual como si los
padeciese en mi carne. Yo no se cómo ello fue, mas bien entendí que era una
gran merced y que quiso el Señor que yo viese con mis ojos de dónde me había
librado su misericordia. 1076 Aunque yo había oído hablar del infierno, y
había meditado otras veces las diferentes penas..., y los tormentos que
causan los demonios, comprendo que nada se puede comparar con la pena que
sentí, porque es otra cosa. En fin, como de lo pintado a lo real, y el fuego
de este mundo es muy poca cosa, comparado con el fuego del infierno (V 32,
3). 1077 Ví con cuánta justicia se merece el infierno
por un solo pecado mortal (V 40, 10). 1078 ¿Qué
será de la pobre alma que cuando acaba de salir de los dolores y sufrimientos
de la muerte, cae en ellos? ¡Qué mal descanso le viene!; ¡qué despedazada irá
al infierno!; qué multitud de serpientes de diferentes maneras!; ¡Qué
temeroso lugar!; ¡qué desventurado hospedaje! Pues para una noche una mala
posada se sufre mal, si es persona muelle, que son los que más deben de ir
allá, pues posada para siempre, para sin fin, ¿qué pensáis que sentirá
aquella triste alma? Que no queramos comodidades, hijas; bien estamos aquí;
sólo es una noche la mala posada (C 40, 9). 1079 Mas
el ver incesantemente tantas ofensas a Su majestad y caminar tantas almas al
infierno lo considero cosa tan recia que creo que si Jesús no fuera más que
hombre, un día de aquella pena bastaba para acabar muchas vidas, ¡cuánto más,
una! (V M 2, 14). 1080 Son
muchas las cosas que la atormentan con un sufrimiento interior tan intenso e
intolerable,que no se yo a qué se puede comparar sino a los que padecen en el
infierno, porque ningún consuelo se admite en esta tempestad (VI M 1, 9). 1081 En
lo que toca a miedo del infierno, ninguno tienen (VI M 7, 3). 1082 Yo
os digo que, siendo tan ruín, nunca he tenido miedo de los tormentos del
infierno que fuese nada, en comparación de cuando pensaba que los condenados
había de ver airados estos ojos tan hermosos y mansos y benignos del Señor;
parece que no lo podía sufrir mi corazón (VI M 9, 7). 1083 Pues
pensemos en aquellos que están en el infierno, que no están con esta
conformidad ni con este contento y gusto que pone Dios en el alma, ni viendo
que este padecer es meritorio, sino que siempre padecen más y más, digo más y
más en cuanto a las penas accidentales, siendo el tormento del alma mucho más
recio que los del cuepo, y los que ellos pasan son mayores sin comparación
que éste de que aquí hemos hablado, y sabiendo que han de durar para siempre
jamás, ¿qué será de estas desventuradas almas?; ¿qué podemos hacer en vida
tan corta ni padecer, que valga la pena, con el fin de librarnos de tan
terribles eternales tormentos? (VI M 11, 7). 1084 ¡Oh,
válgame Dios!, ¡oh, válgame Dios, qué gran tormento es para mí cuando
considero qué sentirá un alma que siempre ha sido tenida acá en consideración
y querida y servida y estimada y regalada, cuando, acabando de morir se vea
ya perdida para siempre y entienda claro que no ha de tener fin, -que allí no
le valdrá no querer pensar las verdades de la fe, como acá ha hecho-, y se
vea separar de lo que aún no había comenzado a gozar! Y con razón, porque
todo lo que con la vida se acaba es un soplo, y rodeada de aquella compañía
deforme y sin piedad, con quien siempre ha de padecer, metida en aquel lago
hediondo lleno de serpientes, que la que más pudiera le dará mayor bocado; en
aquella miserable oscuridad, en donde no verán sino lo que les causará
tormento y pena, sin ver la luz, sino la de una llama tenebrosa... 1085 ¡Oh,
qué poco encarecido va esto para lo que es! ¡Oh, Señor!, ¿quién puso tanto
lodo en los ojos de esta alma para que no haya visto esto hasta que se vea
allí? ¡Oh, Señor!, ¿quién ha tapado sus oídos para no oir las muchas veces
que se le había dicho sto y la eternidad de los tormentos? ¡Oh vida que no se
acabará!, ¡Oh tormento sin fin!, ¿cómo no os temen lo que temen dormir en una
cama dura por no causar pena a su cuerpo? 1086 ¡Oh,
Señor, Dios mío! Lloro el tiempo que no lo entendí; y pues sabéis, mi Dios,
lo que me fatiga ver los muchos que hay que no quieren entenderlo, siquiera
uno, Señor, siquiera uno ahora os pido que alcance luz de Vos, que sería para
tenerla muchos. No por mí, Señor, que no lo merezco, sino por los méritos de
vuestro Hijo; mirad sus llagas, Señor, y pues él perdonó a los que se las
hicieron, perdonadnos Vos a nosotros (E 11ª). 1087 ¡Qué
será de los pobres que están en el infierno, que no se han de mudar nunca,
que aunque sea de trabajo a trabajo parece que es un alivio (F 24, 9). 1088 ¡Oh
Rey de la gloria y Señor de todos los reyes! ¡Cómo no es vuestro reino
montado sobre palillos de romero seco, pues no tiene fin! ¡Cómo no es
necesario buscar recomendaciones para hablar con Vos! Sólo con ver vuestra
Persona, se ve en seguida que sois el único que merece que le llamen Señor,
según 1089 ¡Oh
Señor mío! ¡Oh Rey mío! ¡Quién supiera ahora manifestar la majestad que
tenéis! Es imposible dejar de ver que sois gran Emperador en Vos mismo, que
anonada mirar esta Majestad; pero aún anonada más, Señor, mirar vuestra
humildad junto a vuestra Majestad y el amor que demostráis a una como yo. 1090 Se
puede conversar y hablar con Vos de todo, cuando queramos, después de haber
perdido el primer asombro y el temor de ver Vuestra Majestad quedando mayor
temor de ofenderos; mas, no por miedo del castigo, Señor mío, porque éste no
se tiene en nada en comparación de perderos a Vos (V 37, 6). 1091 Mas, si habéis de hablar con tan gran Señor,
es justo que advirtáis que estáis hablando con El, y que sois criatura para,
al menos, hablar con cortesía. Porque, ¿cómo podéis llamar al Rey Majestad,
ni conocer las ceremonias que se tienen que hacer cuando hay que hablar con
un personaje, si no tenéis presente su categoría y la vuestra? Porque el
tratamiento ha de corresponder a estas condiciones, y ha de estar
reglamentado por la costumbre, y esto lo tenéis que saber; de lo contrario os
despedirán por torpe, y no podréis negociar los asuntos. 1092 Pues
¿qué es esto, Señor mío? ¿Qué es esto, mi Emperador? ¿Cómo se puede tolerar? Rey
sois, Dios mío, sin fin, que no es Reino prestado el que tenéis. Cuando en el
Credo decimos: "Vuestro reino no tiene fin, casi siempre me causa
consuelo especial (C 22, 1).
1093 Mas
nosotras con llaneza tomemos lo que el Señor nos diere; y lo que no, no nos
cansemos, sino alegrémonos considerando qué gran Dios y Señor tenemos, que
una palabra suya tendrá en sí mil misterios, y así no entendemos nosotras su
principio (Mdt C 1, 2). 1094 Pues
volviendo a nuestra santa Esposa, dice: "Me introdujo el Rey". Y
¡cuánto llena este nombre de Rey, que no tiene superior, ni se acaba su Reino
para sin fin! Cuando el alma está así, seguramente podemos creer que no le
falta fe para conocer y creer mucho de la grandeza de este Rey, cuanto en
esta vida mortal se puede entender (Mdt C 6, 2). 1095 Os
parecerá que se ha hablado tanto de este camino espiritual que no es posible
decir nada más. Pensar eso sería una gran equivocación. Pues si la grandeza
de Dios no tiene término, tampoco lo tendrán sus obras. ¿Quién acabará de
contar sus misericordias y grandezas? (Ex 18, 2-4). Es imposible, y por eso,
no os maravilléis de lo que he escrito y de lo que voy a escribir porque es
un resumen de lo que hay que contar de Dios. 1096 Demasiada
misericordia nos ha demostrado comunicando estas maravillas a quien nos las
puede contar. Asi, sabiendo que se comunica con sus criaturas, alabaremos más
su grandeza y nos animaremos a no menospreciar al hombre con quien tanto se
deleita el Señor. Y cuanto más supiéremos de esto, más. Pues cada uno de
nosotros tiene alma pero, como no valoramos como lo merece una criatura hecha
a imagen de Dios,tampoco entendemos los grandes secretos que encierra. 1097 Quiera
el Señor, si es de su agrado, mover la pluma y darme a entender para que os
diga algo de lo mucho que hay que decir y lo mucho que enseña a quien mete en
esta morada. Mucho se lo he suplicado, ya que conoce que mi intención es que
no permanezcan ocultas sus misericordias, para que su nombre sea alabado y
glorificado (VII M 1, 1). 1098 Pues
Dios es infinito, ¿por qué ha de estar el alma cautiva a una sola de sus
grandezas o misterios, pues hay tanto en qué ocuparnos? Y mientras más cosas
suyas quisiéramos considerar, más se descubren sus grandezas (F 6, 7). 1099 Necesitaría
un entendimiento mejor que el mío para saber encarecer lo que debo y mi
ingratitud y maldad, pues todo esto olvidé (V 4, 11). 1100 ¡Ojalá
hubierais permitido, Señor, que yo fuera ingratísima con todo el mundo, a cambio
de no serlo ni un instante contra Vos! Mas por mis pecados ha sido todo al
revés (V 5, 4). 1101 He
dicho esto para que se entienda mi maldad y gran bondad de Dios y cuán
merecido tenía el infierno por tan gran ingratitud (V 7, 9). 1102 Fue
tanto lo que sentí lo mal que había agradecido aquellas llagas que el corazón
me parece se me partía (V 9, 1). 1103 Nos
puede ayudar mucho reflexionar sobre nuestra pobreza y la ingratitud que
tenemos con Dios (V 10, 2). 1104 Es
menester sacar fuerzas de nuevo para servir y no ser ingratos; porque con esa
condición las da el Señor (V 10, 6). 1105 Basta
para ver sus grandes misericordias que ha perdonado tanta ingratitud no una
vez, sino muchas (V 19, 10; CN 9). 1106 Aunque
con las amistades que tenía no ofendía a Dios, me entregaba demasiado y creía
que era ingratitud dejarlas. Le decía yo: si no ofendo a Dios ¿por qué he de
ser desagradecida? (V 24, 5). 1107 ¡Oh,
ingratitud de los mortales! ¿Hasta cuándo ha de llegar? (V 27, 11). 1108 Yo
se de una persona que aparte de querer morirse por ver a Dios, lo deseaba
para no sentir pena de cuán desagradecida había sido a quien tanto debió
siempre y había de deber (VI M 7, 3). 1109 Porque
no puedo sufrir que nos mostremos desagradecidas con quien nos ha hecho bien.
Porque me acuerdo que cuando nos querían engañar con una casa que nos
vendían, él nos desengañó y nunca se me puede olvidar el bien que en esto nos
hizo y el trabajo de que nos libró; y siempre me pareció siervo de Dios y
bien intencionado (Cta 250). 1110 Las
injusticias que se hacen en esta tierra son cosa extraña, la poca verdad, las
dobleces. Yo le digo que con razón tiene la fama que tiene. Bendito sea el
Señor que de todo saca bien (Cta 101, 2). 1111 Y
fue gran suerte que no le llevaran a la cárcel, que es aquí como un infierno,
y todo sin ninguna justicia, pues nos piden lo que no debemos y a él como
fianza (Cta 101, 1112 Yo
le digo que tengo por cierto que si alguna persona grave pidiese a fray Juan
de 1113 Esto
es todo verdad y otras cosas, por donde quien lo supiere, verá claramente que
con injusticia le tratan tan mal en ese breve (Cta 248, 8 al P. Gracián). 1114 Y
que, pues sabe que ella (Teresa de Jesús) no diría mentira por nada de la
tierra y conoce lo que suelen hacer personas apasionadas, que de oportunidad
de ser informado y que, pues es pastor, no condene sin justicia y sin oir a
las partes (Cta 256, 2). INMENSIDAD Y UBICUIDAD DE DIOS 1115 Sabemos
que Dios nos oye siempre y está con nosotros. No hay duda de que esto es así,
mas quiere nuestro Emperador y Señor nuestro que entendamos aquí que nos
entiende y lo que hace su presencia, y quiere particularmente comenzar a
obrar en el alma, por la gran satisfacción interior y exterior que le da y
por la diferencia que hay de este deleite y contento a los de la tierra, tal
que parece que llena el vacío que nuestros pecados habían hecho en el alma (V
14, 6; CN 4). 1116 Los
que no tenían estudios me decían que Dios estaba en el alma sólo por la
gracia. Yo no lo podía creer porque, como digo, me parecía que estaba
presente, y esto me afligía. Un gran letrado de 1117 Estando
una vez en oración se me representó cómo se ven en Dios todas las cosas y
cómo existen todas en El, (aunque no vi ninguna figura, fue una
representación con gran claridad). Yo no se escribir esto mas quedó muy
grabado en mi alma, y ésta ha sido una de las mayores mercedes que el Señor
me ha hecho y que más me ha confundido y avergonzado, recordando los pecados
que he cometido. Creo que si esto lo hubiera sabido antes, y si lo vieran los
que le ofenden, no tendrían corazón ni atrevimiento para hacerlo. 1118 Aunque
digo que no vi nada, algo se debe de ver, de muy sutil y delicado, que escapa
al entendimiento, y yo no entiendo estas visiones que, aunque no parezcan
imaginarias, algún elemento imaginario deben de tener, por lo que yo pondré
la siguiente comparación:...Podemos decir que 1119 En
un momento, llena de asombro y de pena, vi tantas cosas a la vez en este
claro diamante que, cuando recuerdo que en aquella limpieza de claridad veía
representadas cosas tan feas como mis pecados, me sentía muy lastimada.
Cuando lo recuerdo no se cómo lo puedo soportar, y así quedé tan avergonzada,
que no sabía dónde esconderme. 1120 ¡Oh
quién pudiera hacer comprender esto a los que cometen pecados muy deshonestos
y feos, para que tengan presente que no están ocultos, y que con razón los
siente Dios, pues se hacen tan presentes a 1121 No
se puede comprender cuán gravísima falta es hacerla delante de tan gran Majestad
y cuán enemigas de El son semejantes maldades. Y así se ve más su
misericordia, pues aunque nosotros sabemos todo esto, nos soporta... 1122 ¡Oh,
válgame Dios, en cuánta ceguedad he vivido! Escribiendo esto muchas veces he quedado
abrumada, y no se extrañe usted de ello, sino de cómo puedo vivir viendo
estas cosas y mirándome a mí. ¡Sea bendito por siempre que tanto me ha
sufrido! (V 40, 9-11). 1123 Ya
sabéis que Dios está en todas partes. Y como donde está el Rey debe estar su
corte, donde está Dios está el cielo. Podéis creer sin ningún género de duda
que donde está Su Majestad está toda la gloria. Dice San Agustín que le
buscaba en muchas partes y que lo encontró dentro de sí mismo (C 28, 2). 1124 Yo
bien sabía que tenía alma; mas, como yo me tapaba los ojos con las vanidades
de la vida que me impedían ver el respeto que esta alma merecía y quién vivía
dentro de ella, no lo entendía. 1125 Si
yo hubiera sabido que en este palacio pequeñito de mi alma cabe tan gran Rey,
como ahora lo se, no lo hubiera dejado solo tantas veces; alguna vez me
hubiera estado con El, y hubiera procurado que no estuviera tan sucio. 1126 Mas,
¡qué cosa tan admirable, que quiera estar encerrado en un sitio tn pequeño el
que puede llenar mil mundos y muchísimos más con su grandeza! Como
verdaderamente es Señor, trae consigo la libertad y como nos ama, se hace a
nuestra medida (C 28, 11). 1127 Yo
se de una persona que no sabía que Dios estaba en todas las cosas por
presencia y esencia y potencia, y después de una gracia de esta clase que el
Señor le concedió, lo vino a creer tan firmemente que, aunque un medioletrado
de los que tengo dichos, a quien preguntó cómo estaba Dios en nosotros (él lo
sabía tan poco como ella antes de que Dios se lo manifestase), le dijo que
sólo estaba por gracia, ella tenía tan fija la verdad, que no le creyó, y lo
preguntó a otros que le dijeron la verdad, con lo que se consoló mucho (V M
1, 10). 1128 Y
aunque, según creo, alguna mercedes de las anteriores son mayores, ésta trae
consigo un particular conocimiento de Dios, y de esta compañía tan contínua
nace un amor ternísimo a Su Majestad y unos deseos mayores aún que los de
antes, de entregarse a su servicio, y una limpieza grande de conciencia,
porque la presencia que va con ella le hace advertir a todo. Porque aunque ya
sabemos que Dios está presente a todo lo que hacemos, nuestra naturaleza es
tan frágil, que se descuida en pensarlo; esto no ocurre ahora, porque la
despierta el Señor que está a su lado. 1129 Y
ocurre que incluso las mercedes que antes recibía, ahora las recibe más
habitualmente, porque el alma esta casi siempre inmersa en un amor a quien ve
y entiende que está cabe sí (VI M 8, 4). 1130 Acaece,
cuando el Señor quiere, estando el alma en oración y con los sentidos bien
despiertos, venirle de repente una suspensión, en la que el Señor le da a
entender grandes secretos, que parece que los ve en el mismo Dios. Estas no
son visiones de la sacratísima Humanidad, ni aunque digo que ve, no ve nada,
porque no es visión imaginaria, sino muy intelectual, en la cual se le
descubre cómo en Dios se ven todas y las tiene todas en sí mismo. Y es de
gran provecho, porque, aunque ocurre en un momento, se queda muy grabado, y
sumerge en grandísima humillación, y se ve con mayor claridad la maldad de la
ofensa a Dios, porque en el mismo Dios, estando dentro de El, hacemos grandes
maldades. 1131 Quiero
poner una comparación si acierto, para dároslo a entender, porque aunque esto
es así y lo oímos muchas veces, o no reparamos en ello o no lo queremos
entender, porque parece que no sería posible que fuéramos tan atrevidos si se
comprendiese cómo es. 1132 Imaginemos
que Dios es como una morada o palacio muy grande y hermoso, y que este
palacio, como digo, es el mismo Dios. ¿Acaso puede el pecador para hacer sus
maldades, apartarse de este palacio? No por cierto, sino que dentro, en el
mismo palacio, que es el mismo Dios, ocurren las abominaciones y
deshonestidades que hacemos los pecadores (VI M 10, 3-4). 1133 Una
vez entendí cómo estaba el Señor en todas las cosas y cómo en el alma, y se me
ocurrió la comparación de una esponja que embebe el agua en sí (Cc 49). 1134 ¡Oh,
verdadero Dios y Señor mío! Gran consuelo es para el alma a quien fatiga la
soledad de estar ausente de Vos, ver que estáis en todas partes (E 16). 1135 A
lo que me parece, el mote es del Esposo de nuestras almas, que dice:
"Búscate en Mí". Pues señal es que yerra el señor Francisco de
Salcedo poniendo tanto énfasis en que Dios está en todas las cosas, porque él
es sabedor de que está en todas las cosas (Vej 2). 1136 (Cta 98, 19). 1137 Y
enojábame mucho de las muchas lágrimas que por la culpa lloraba cuando veía
mi poca enmienda, pues ni bastaban determinaciones ni la fatiga en que me veía,
para no volver a caer en cuanto se presentaba la ocasión (V 6, 4). 1138 Aquí
eran mis lágrimas y mi enojo de ver lo que sentía viéndome tan débil que
estaba en vísperas de tornar a caer, aunque mis propósitos y deseos entonces
-en aquel momento digo-, eran firmes (V 7, 19). 1139 Pues
tener conversación con alguien aún es peor, porque pone el demonio un
espíritu tan desabrido de ira que a todos me comería sin poderme dominar y
bastante hago con frenarme, o frena el Señor a quien padece esto para que no
diga ni haga contra sus prójimos cosas que les perjudiquen y ofendan a Dios
(V 30, 13). 1140 Esto
no me ocurre sólo una vez sino muchas, y entonces me enojo conmigo misma y me
aborrezco de verdad (V 40, 20). 1141 Como
duró la enfermedad, el clérigo muy siervo de Dios que le decía misa muchas
veces, le pareció que no era lícito que comulgase cada día en su casa. Debía
de ser tentación del demonio, porque acertó a ser el día que murió. Ella
cuando vio que acabó la misa y que se quedó sin el Señor, le dio tan gran
enojo y se encolerizó tanto con el clérigo, que él vino muy escandalizado a
contármelo a mí. Yo lo sentí mucho, pues aún no se si se reconcilió, pues me
parece que murió en seguida (F 6, 19). 1142 Cuando
llegó a noticia del provisor que estaba hecho el monasterio, vino en seguida
muy enojado y no consintió decir más misa, y quería llevar preso a quien la
había dicho, que era un fraile descalzo (san Juan de 1143 Mas
él (el racionero Ribera, camino de Segovia) tenía la virtud tan de raiz, que
me parece que nunca le vi enojado, que me hizo espantar mucho y alabar a
nuestro Señor, que donde hay virtud de raiz hacen poco las ocasiones (F 30,
13). 1144 El
P. Gracián halló (al Arzobispo de Burgos, D. Cristóbal Vela) tan alterado y
enojado porque me había venido sin su licencia -como si no me lo hubiera
mandado él, ni se hubiera tratado con él la fundación-, y así habló al padre
provincial enojadísimo conmigo (F 31, 21). 1145 Siendo
superior nunca reprenda a nadie con ira, sino cuando se le haya pasado, y así
aprovechará la reprensión (Av 59). 1146 Aunque
tiene pocos años (san Juan de 1147 Enojada
estoy con esos ayunos de la priora. Dígaselo, que por eso no la quiero
escribir ni tener cuenta con ella (Cta 41, 1148 No
tenga vuestra reverencia miedo de que nadie le ose mirar, que el Señor es su
guarda; sino que, pues nos ha hecho merced de que hasta ahora temple vuestra
reverencia su cólera, que lo lleve adelante y sea ésta su cruz, que no debe
de ser pequeña. Si el Señor no le hubiera ayudado particularmente, crea que
no lo pudiera haber sufrido (Cta 184, 3, al P. Ambrosio Mariano de san
Benito). 1149 Nuestro
Señor nos da hartas pruebas en qué merecer y ya veo las que vuestra reverencia
ahí ha tenido y tiene, que yo me espanto de lo que domina su cólera (Cta 186,
7). JUICIO PARTICULAR Y EL JUICIO FINAL 1150 Aquí
se manifiesta bien lo que será el día del juicio al ver a esta Majestad de
este Rey, y verle con rigor para los malos (V 28, 9). 1151 Si
sólo una visión como ésta deja tan apabullada al alma ¿qué será el día del
juicio, cuando esta Majestad se nos manifieste con toda claridad y veamos los
pecados que hemos hecho? (V 40, 11). 1152 Más
edificios o casa grandes o lujosas, de ninguna manera. ¡Dios nos libre! Tened
siempre presente que el día del juicio se ha de caer todo; ¿qué sabemos si
será pronto? (C 2, 9). 1153 Mirad
que en aquel espantoso juicio de la hora de la muerte, no nos parecerán
pequeñas las faltas, en especial a las que tomó por esposas el Juez de esta
vida (Mdt C 2, 20). 1154 Mirar
a las virtudes, y la que con más mortificación y humildad y limpieza de
conciencia sirva a nuestro Señor, esa será la más santa; aunque la certeza no
se puede tener en esta vida, hasta que el verdadero Juez de a cada uno lo que
merece. Allá nos espantaremos de ver cuán diferente es su juicio de lo que
acá podemos entender (VI M 8, 10). 1155 ¡Oh,
Señor, cómo os desconocemos los cristianos! ¿Qué será aquel día cuando
vengáis a juzgarnos, pues viniendo aquí tan amistosamente a comunicaros con
vuestra esposa, da tanto temor miraros? ¡Oh, hijas!, ¿qué será cuando con tan
rigurosa voz dijere: "Id malditos de mi Padre"? (Mt 25, 41) (VI M
9, 5). 1156 ¿Por
ventura permanecerá nuestra maldad contra él? No, que se acaba la vida del
hombre como la flor del heno, y ha de venir el Hijo de 1157 Ya
sabéis, Señor mío, que muchas veces me causaba a mí más temor acordarme de si
había de ver vuestro divino rostro airado contra mí en ese espantoso día del
juicio final, que todas las penas y furias del infierno que se me
representaban (E 14ª). 1158 ¡Ay,
ay, Creador mío, cuán espantoso será el día en que se haya de ejecutar
vuestra justicia! (E 14ª). 1159 En
el juicio de Dios se entenderá lo que acá no podemos juzgar sin gran ofensa
suya (Cta 363, JUSTICIA, VIRTUD 1160 Tuvo
dos años allí, al principio, las más bravas persecuciones de falsos
testimonios, que yo me espantaba; porque en caso de hacer justicia es entero
y recto (F 30, 10). 1161 Es
muy necesario que entiendan que hay cabeza, y no piadosa, para cosa que sea
menoscabo de la religión, y que el juez sea tan recto en la justicia, que las
tenga persuadidas de que no se ha de doblegar en lo que fuere más servicio de
Dios y más perfección, aunque se hunda el mundo (Vta D 4). 1162 Lo
he tratado por acá y tiene por dudoso acabarlo; por eso, si por allá hay
justicia y se pierde en la tardanza, no se descuide vuestra merced, que en
cosa de interés tengo poca dicha en 1163 También
me ha dado pena que ese "santo" (P. Antonio de Jesús), me dice la
priora que no cumple bien su oficio, harto más que de que tenga poco ánimo.
Por amor de Dios, que vuestra paternidad se lo diga de forma que entienda que
también para él habrá justicia, como para los otros (Cta 155, 3, al P.
Jerónimo Gracián). 1164 Está
todo el lugar bien escandalizado cómo no siendo prelado ni acreditando por
dónde hace esto (Hernando Maldonado, prior de Toledo), se atreven tanto
-estando este lugar tan cerca de donde está vuestra majestad-, que parece que
ni temen que hay justicia ni a Dios (Cta 208, 6, al rey Felipe II, en
Madrid). 1165 Y
esto se había de tratar con el rey y con el presidente, y con el arzobispo y
con todos, dándoles a entender los escándalos y la guerra que hay por no
estar hecho, en especial con éstos de Castilla: como no hay para ellos
visitador ni justicia, hacen cuanto quieren (Cta 243, 12, al P. Jerónimo
Gracián en Madrid). 1166 Una
vez rezando las Horas... llegué al verso que dice: "Señor, tú eres
justo, tus mandamientos son rectos" (Sal 119, 137) y comencé a pensar
qué gran verdad era (V 19, 9; CN 9). 1167 Mas
cuando ha llegado el éxtasis en el que le da el sol de justicia que le hace
abrir los ojos, ve tantas motas en sí que quisiera volverlos a cerrar; porque
aún no es tan hija de esta águila caudalosa para poder mirar este sol de hito
en hito; mas por poco abiertos que los tenga, se ve toda turbia. Recuerdo el
salmo que dice: "¿Quién será justo delante de Tí?" (Sal 142) (V 20,
29; CN 10). 1168 Estando
en un oratorio muy afligida sin saber lo que me iba a ocurrir, leí un libro,
que parece que el Señor lo puso en mis manos, en que decía san Pablo:
"Que Dios era muy fiel y no permitía que los que le amaban fueran
engañados por el demonio" (1 Cor 10, 13). Esto me consoló mucho (V 23,
15). 1169 ¡Oh,
quién pudiera gritar en vuestro nombre, para decir cuán fiel sois a vuestros
amigos! Todas las cosas fallan: Vos, Señor de todas ellas, nunca falláis (V
25, 17). 1170 Aquí
el alma se ve inundada de verdadera humildad al ver su miseria, pues no la
puede ignorar. Aquí la confusión y el verdadero arrepentimiento de los
pecados pues, aun viéndole manifestando amor, no sabe uno dónde meterse, y
así se deshace toda (V 28, 9). 1171 No
es nada delicado mi Dios, no se fija en menudencias. Así es como tendrá algo
que agradeceros; eso es dar algo. Lo demás, bueno es para quien no es
generoso, sino tan mezquino, que no tiene corazón para dar. No es nada
minucioso para tomarnos cuentas, sino generoso; por grande que sea la deuda,
no le cuesta perdonarla. Para pagarnos es tan mirado, que no tengáis miedo de
que un alzar de ojos acordándonos de El, deje sin premio (C 23, 3). 1172 ¡Oh,
hijas mías, que es Dios muy pagador, y tenéis un Señor y un Esposo a quien no
se le pasa nada sin que lo entienda y lo vea! Y así, aunque sean cosas muy
pequeñas, no dejéis de hacer por su amor lo que pudiereis. Su Majestad las
pagará; lo que mira es el amor con que lo hacéis (Mdt C 1, 6). 1173 En
estas moradas no deja el Señor de pagar como justo, y aun como misericordioso
-que siempre da mucho más de lo que merecemos-, dándonos contentos harto
mayores que los que nos pueden dar los regalos y vanidades del mundo (III M
2, 8). 1174 No
penséis que importa poco que no quede por nosotros, que cuando no es nuestra
la falta, justo es el Señor (Sal 118, 137), y Su Majestad os dará por otros
camino lo que os quita por éste, por lo que Su Majestad sabe, que son muy
ocultos sus secretos, al menos será lo que más nos conviene sin duda ninguna
(III M 2, 11). 1175 ¡Oh,
poderoso Dios mío!, pues aunque no queramos, nos habéis de juzgar, ¿por qué
no miramos lo que nos importa teneros contento para aquella hora? (E 3). ¡Oh, Dios mío!, ¿cómo padecéis por
quien tan poco se duele de vuestras penas?. Tiempo vendrá, Señor, en el que
se manifieste vuestra justicia y si es igual que la misericordia. Mirad,
cristianos, considerémoslo bien y jamás podremos acabar de entender lo que
debemos a nuestro Señor Dios y las magnificencias de sus misericordias. Pues
si es tan grande su Justicia, ¡ay dolor!, ¡ay dolor!, ¿qué será de los que
hayan merecido que se ejecute y resplandezca en ellos? (E 12). 1176 Considero
algunas veces cuán mal lo hacen los padres que no procuran que sus hijos vean
siempre ejemplos de toda clase de virtudes; porque con ser tan virtuosa mi
madre como he dicho, lo bueno no lo imité tanto al llegar al uso de razón, ni
casi nada, y lo malo me dañó mucho (V 2, 1). 1177 Si
yo hubiera de aconsejar, diría a los padres que en esa edad vigilasen mucho
las amistades de sus hijos; porque ahí está nuestro mal, en que nuestra
naturaleza se inclina antes a lo pero que a lo mejor. 1178 Así
me acaeció a mí, que tenía una hermana de mucha más edad que yo, de cuya
honestidad y bondad, que tenía mucha, no tomaba nada, y tomé todo el daño de
una parienta que tenía mucha entrada en casa. Era de tan livianos tratos, que
mi madre había procurado por todos los medios conseguir que no viniese a casa
(V 2, 3). 1179 Querría
que escarmentasen en mí los padres para vigilar pues, aun teniendo un alma
naturalmente virtuosa, no me dejó casi ninguna virtud, y me parece que era
esta parienta amiga la que me contagiaba sus defectos, junto con otra que
tenía las mismas costumbres livianas (V 2, 4). 1180 Una
cosa tenía que podía disculparme, si no tuviera tanta culpa, y es que el
trato era con quien casándome, podía terminar bien (V 2, 9). 1181 Aunque
también tenía miedo de casarme (V 3, 2). 1182 Si
el confesor es corto, a una mujer casada le dirá que es mejor que haga
oración cuando debe atender a su hogar, aunque disguste al marido (V 13, 7;
CN 3). 1183 Lo
que hace una buena esposa con su marido, que si está triste, ella también
está triste, y si está alegre, ella también está alegre, aunque no lo esté (C
26, 4). 1184 Como
dos casados que, si se aman, quiere el uno lo que el otro quiere; mas si el
uno es mal casado, ya se sabe el desasosiego que hace pasar a su mujer C 31,
8). 1185 ¡Oh,
Señor, qué gran merced hacéis a los que dais tales padres, que aman tan
verdaderamente a sus hijos, que quieren que tengan sus estados y propiedades
y riquezas en aquella bienaventuranza que no ha de tener fin! Cosa es de gran
lástima, que está el mundo ya con tanta desventura y ceguedad, que les parece
a los padres que su honor está en que no se acabe la memoria de este
estiércol de los bienes de este mundo y que no se acuerden de que tarde o
pronto se ha de acabar...Abridles, Dios mío, los ojos; hacedles entender cuál
es el amor que tienen obligación de tener a sus hijos, para que no les hagan
tanto mal y no tengan que quejarse de ellos delante de Dios en el juicio
final, donde -auque no quieran- entenderán el valor de cada cosa (F 10, 9). 1186 Para
que no se perdiera la negra memoria, decidieron los parientes casar a esta
niña con un tío suyo, hermano de su padre, y trajeron dispensa del Sumo
Potífice, y los desposaron (F 10, 13). 1187 Comenzó
a tratarlo con su hermana, Dª Luisa de Padilla. Ella, pareciéndole niñería,
la desviaba de ello y le decía...que bien se podía salvar siendo casada (F
10, 16). 1188 Consideraba
que, antes de prometerse en matrimonio, solía tener ratos de oración; porque
la bondad y santidad de su madre había educado así a sus hijos...Considero yo
algunas veces, cuando ellos se vean gozar de los gozos eternos, y que su
madre fue el medio, las gracias que le darán y el gozo accidental que ella
tendrá de verlos; y cuán al contrario les sucederá a los que por no criarlos
sus padres como a hijos de Dios (que lo son más que suyos), se vean los unos
y los otros en el infierno, maldiciéndose mútuamente desesperados. La que
antes hacía oración, después de desposada aun el rosario rezaba de mala gana,
y pensó que siempre iría descendiendo...(F 11, 2-3). 1189 Cuando
la querían casar, ella no quería ni lo deseaba. Supo que la pedía Francisco
Velázquez, que es también el fundador de esta casa, marido suyo; y cuando se
lo dijeron se decidió a casarse con él, aunque no le había visto en su vida;
mas veía el Señor que convenía esto para que hicieran los dos la buena obra
que han hecho para el servicio de Su Majestad; porque, además de ser hombre
virtuoso y rico, quiere tanto a su mujer, que le da gusto en todo...Cuando su
marido la llevó a Alba y hospedaron en su casa... a un caballero joven, lo
sintió tanto, que comenzó a aborrecer el pueblo; porque ella, siendo moza y
de muy bien parecer, de no haber sido tan buena, según el demonio comenzó a
poner en el joven malos pensamientos, pudiera haber sucedido algo malo.
Cuando ella se dio cuenta, sin decir nada a su marido, le rogó que la sacase
de allí (F 20, 5-6). 1190 Sólo
tenía una pena, que nuestro Señor no les daba hijos, y para que se los diese,
hacía grandes devociones y oraciones y nunca suplicaba al Señor otra cosa
sino que le diera descendencia para que, muerta ella, alabase a Su Majestad
(F 20, 6). 1191 Mi
hermano ha casado a dos sobrinas, y muy bien; antes que se venga las deja
remediadas (Cta 35, 9). 1192 Y
aún esta mañana me ha venido al pensamiento que no debe casar tan pronto a
esos niños, para hacer más por su alma (Cta 138, 3). 1193 Hoy
ha estado acá el doctor Velázquez, que es mi confesor. Le comenté lo que me
dice de la plata y tapicería que desea dejar...Dice que eso no hace ni
deshace, como vuestra merced procure ver lo poco que importa y no estar asido
a ello, que es justo que pues ha de casar a sus hijos, tenga casa como
conviene (Cta 178, 1194 Mucho
contento me ha dado el casamiento de la señora doña María; y es verdad que de
la mucha alegría que me dio no acababa de creerlo del todo, y así me ha sido
gran consuelo de verlo en la carta de vuestra señoría. Sea Dios bendito que
tanta merced me ha hecho, que estos días en especial me ha traído bien
desasosegada y cuidadosa y con gran deseo de ver libre a vustra señoría de
tan gran cuidado, y tan a poca costa, que es un casamiento bien honroso (Cta
202, 1). 1195 Harto
siento tener que tratar de casamientos ahora, a cabo de ratos y de negocios,
aunque le debía todo al que esté en gloria, y me dicen que es servicio de
Dios. Vuestra merced le pida que acertemos. Yo le avisaré de lo que acá
suceda (Cta 331, 1196 Porque
si yo supiera escribir algunas cosas particulares de su alma, entendería
usted la gran obligación que tiene a Dios de haberle dado buen padre y de
vivir de manera que parezca ser su hijo (Cta 342, 1197 De
que esté tan contento con el estado que le ha dado le alabo. Quiera El que
sea para su servicio, que como también hay en él santos como en otros, si
usted no lo pierde por su culpa, así será (Cta 363, 1198 Sea
alabado por siempre, que tanta merced le ha hecho a vuestra merced, pues le
ha dado una mujer con la que puede tener mucho descanso. Sea mucho
enhorabuena, que harto consuelo es para mí pensar que lo tiene (Cta 402, 1199 Harta
misericordia de Dios ha sido acabar tan bien y haberse casado pronto, que
según lo temprano que ha comezado a ser travieso, trabajo hubiéramos tenido.
En esto veo lo que le quiero, que con ser cosa para pesarme mucho por la
ofensa de Dios, de que veo que se parece tanto a vustra merced esta niña, no
puede dejar de acercármela y quererla mucho (Cta 402, 1200 ¡Ay
de mí, Creador mío, que si quiero dar disculpa, ninguna tengo! ¡Ni tiene
nadie la culpa sino yo! Porque si os pagara algo del amor que me comenzasteis
a demostrar, no habría podido yo amar a nadie más que a Vos, y vuestro amor
me hubiera librado de todos mis pecados. Mas ya que no lo merecí ni tuve esta
dicha, válgame ahora Señor, vuestra misericordia (V 4, 4). 1201 Muchas
veces he pensado espantada de la gran bondad de Dios y se ha regalado mi alma
de ver su gran magnificencia y misericordia (V 4, 10). 1202 He
contado todo esto para que se vea la gran misericordia de Dios y mi
ingratitud (V 8, 4). 1203 Y
¿quién, Señor de mi alma, no se ha de espantar de misericordia tan grande y
tan crecida merced a quien os ha traicionado con traición tan fea y
abominable? ¡Que no se cómo no se me parte el corazón cuando escribo esto!
¡Porque soy ruín! (V 19, 6; CN 9). 1204 bis Mas mirad, Emperador mío, que ya sois Dios
de misericordia; habedla de esta pecadorcilla, gusanillo que así se os atreve
(CE 4, 3). 1205 Por
cierto que es grande la misericordia de Dios. ¿Qué amigo hallaremos tan
sufrido? (Mdt C 2, 21). 1206 ¡Oh,
Señor mío y misericordia mía y bien mío!, y ¿qué mayor lo quiero yo en esta
vida que estar junto a Vos, que no haya división entre Vos y yo? Con esta
compañía, ¿qué se puede hacer difícil? ¿Qué no se puede emprender, teniéndoos
tan unido? ¿Qué hay que agradecerme, Señor? Que culparme, mucho por lo que no
os sirvo. Y así os suplico con san Agustín, con toda determinación, que
"me deis lo que mandareis, y mandadme lo que quisiereis"; no volveré
las espaldas con vuestro favor y ayuda (Mdt C 4, 7). 1207 Las
que más me lastiman son las almas de los cristianos que, aunque ve que es tan
grande la misericordia de Dios que, por mal que vivan se pueden enmendar y
salvarse, teme que se condenen muchos (V M 2, 10). 1208 En
fin, que ningún remedio hay en esta tempestad, sino aguardar a la
misericordia de Dios (VI M 1, 10). 1209 Viendo
lo que su Majestad hace con ella y volviéndose a mirar a sí misma lo poco que
hace para lo que está obligada, y lo poquillo que hace lleno de faltas y
defectos y flojedad, que para no acordarse de cuán imperfectamente hace
alguna obra, si la hace, prefiere olvidarla y considerar sus pecados y
sumergirse en la misericordia de Dios, que, pues ella no tiene con qué pagar,
supla la misericordia que el siempre tuvo con los pecadores (VI M 5, 5). 1210 Consideremos
la gran misericordia y paciencia de Dios en no hundirnos allí en seguida y
démosle grandísimas gracias, y tengamos vergüenza de ofendernos por cualquier
cosa que se haga o se diga contra nosotras, que es la mayor maldad del mundo
ver que sufre Dios, nuestro Creador, tantas a sus criaturas dentro de sí
mismo, y que nosotros sintamos alguna vez alguna palabra que se dijo en
nuestra ausencia, y quizá sin mala intención (VI M 10, 4). 1211 Y
me saque del purgatorio, que allí estaré quizá, por la misericordia de Dios,
cuando esto se os diere a leer (VII M 4, 24). 1212 ¡Oh,
Dios mío, misericordia mía!, ¿qué haré para que no deshaga yo las grandezas
que Vos hacéis conmigo? (E 1). 1213 ¡Oh,
qué grandísima misericordia y qué favor que no podemos nosotros merecer! ¡Y
que los mortales olvidemos todo esto! Acordaos Vos, Dios mío, de tantas
miserias y mirad nuestra flaqueza, pues de todo sois sabedor (E 7). 1214 Espera
en Dios, que aún confesaré a El mis pecados y sus misericordias, y de todo
junto haré cantar de alabanzas con suspiros perpétuos al Salvador mío y Dios
mío (E 17). 1215 Sea
su nombre bendito que en todo tiempo tiene misericordia con todas sus
criaturas (Cta 440, 1). 1216 Mi
madre... aunque murió de treinta y tres años, ya su vestido era como de
persona de mucha edad...Murió muy cristianamente (V 1, 3). 1217 Me
tenían por tan muerta, que hasta la cera me hallé después en los ojos (V 5,
9). 1218 En
este tiempo dio a mi padre la enfermedad de que murió que duró algunos días.
fui yo a cuidarlo. Tuve gran ánimo para no demostrarle pena y estar hasta que
murió como si ninguna cosa sintiera, pareciéndome que se me arrancaba el alma
cuando veía acabar su vida, porque le quería mucho. Estuvo casi tres días sin
sentido. El día que murió se lo tornó el Señor tan entero que nos
espantábamos, y lo tuvo hasta que a la mitad del Credo, diciéndolo él mismo,
expiró. Quedó como un ángel (V 7, 16). 1219 Fue
para alabar a Dios la muerte que murió y la gana que tenía de morirse, los
consejos que nos daba después de recibir 1220 ¿Qué
hacéis Vos Señor mío, que no sea para mayor bien del alma que sabéis que ya
es vuestra y que se entrega para serviros hasta la muerte de cruz, y que está
dispuesta a ayudárosla a llevar y a no dejaros solo con ella? (V 11, 12; CN
1). 1221 Como
yo estoy tan enferma, hasta que me determiné a no hacer caso del cuerpo ni de
la salud siempre estuve atada sin valer para nada; y ahora hago bien poco,
mas como quiso Dios que comprendiera este ardid del demonio, cuando me ponía
delante el perder la salud, decía yo: "Poco va en que me muera; si el
descanso: ya no he menester descanso sino cruz" (V 13, 7; CN 3). 1222 Apenas
está desocupada le sobrevienen casi siempre estas ansias de muerte y teme
cuando ve que comienzan porque sabe que no se ha de morir; mas cuando ya está
en ello quisiera que toda su vida futura estuviera sumergida en este padecer
(V 20, 12; CN 10). 1223 Toda
mi ansia es morirme entonces; ni me acuerdo del purgatorio ni de los grandes
pecados que he hecho. Todo se me olvida con aquel ansia de ver a Dios; y
aquel desierto y soledad le parece mejor que toda la compañía del mundo... Es
como alguien que se está ahogando con la soga a la garganta y lucha por
respirar. Creo que el deseo de tener compañía proviene de nuestra flaqueza;
pues como la pena nos pone en peligro de muerte...la exigencia que tienen el
cuerpo y el alma de no separarse es la que les hace pedir socorro para
respirar, manifestándolo y quejándose (V 20, 13-14; CN 10). 1224 ¡Oh,
si no estuviésemos atados a nada ni tuviésemos puesto nuestro contento en
ninguna cosa de la tierra, cómo la pena que nos daría vivir siempre sin
alegría mundana, amortiguaría el miedo de la muerte con el deseo de gozar la
vida verdadera! (V 21, 6; CN 11). 1225 Su
muerte fue como fue su vida, pues murió predicando y exhortando a sus
frailes. Cuando vio que se le acababa la vida, dijo el salmo 121, 1:
"Qué alegría cuando me dijeron..." e hincado de rodillas,
murió...Cuando expiró se me apareció y dijo cómo se iba a descansar. Yo no lo
creí y lo dije a algunas personas, y después de ocho días llegó la noticia de
que había muerto, o comenzado a vivir para siempre, por mejor decir (V 27,
8). 1226 Me
sentía morir de deseo de ver a Dios, y no sabía dónde debía buscar la vida
más que en la muerte (V 29, 8). 1227 Me
quedó también poco miedo de la muerte a la que yo siempre temía mucho; ahora
me parece cosa facilísima para quien sirve a Dios, porque en un instante se
ve el alma libre de esta cárcel y puesta en descanso. Este llevarme Dios el
espíritu y enseñarle cosas tan excelentes en estos arrobamientos, me parece
muy semejante a cuando sale el alma del cuerpo, pues en un momento se ve
introducida en todo este bien; dejemos aparte los dolores de cuando es
arrancada el alma a los que hay que dar poca importancia; y los que aman a
Dios de veras y han dejado las cosas de esta vida, más suavemente deben de
morir (V 38, 5). 1228 Algunas
veces le digo con toda mi voluntad: "Señor, o morir o padecer", no
te pido otra cosa para mí. Me consuela oír el reloj, porque me parece que me
estoy acercando un poquito más para ver a Dios, al ver que se ha pasado
aquella hora de la vida (V 40, 20). 1229 No
le importa la muerte de acá (C 7, 1). 1230 Determinaos,
mis hijas, que venís a morir por , y no a regalaros por (CE 15, 3). 1231 Si
no os determináis a tragar de una vez la muerte y la falta de salud, nunca
haréis nada (CE 16, 4). 1232 ¡Oh,
Señor mío, y quién se viese tan engolfada en esta agua viva, que se le
acabase la vida! Más, ¿no puede suceder esto? Sí, que puede crecer tanto el
amor y el deseo de Dios, que la humana naturaleza no lo pueda soportar, y así
ha habido personas que han muerto de amor (C 19, 8). 1233 Yo
se de una persona que si no la hubiera socorrido Dios pronto con esta agua
viva en grandísima abundancia con arrobamiento, tenía una sed tan grande y
crecía tanto su deseo que veía claro que era muy posible... que se muriera de
sed (CE 31, 5). 1234 ¡Qué
dulce será la muerte de quien ha hecho penitencia de todos sus pecados y no
ha de ir al purgatorio... No tendrá temor, sino paz (C40, 9). 1235 Será
gran cosa a la hora de la muerte (que vamos a donde no sabemos) haber amado
sobre todas las cosas y con pasión de amor que nos saque de nosotras, al
Señor que nos ha de juzgar. Seguras podremos ir con el pleito de nuestras
deudas; no será ir a tierra extraña, sino propia, pues es a la de quien tanto
amamos (CE 70, 3). 1236 ¿Qué será de la pobre alma que, acabada de
salir de tales dolores y trabajos como son los de la muerte, cae en seguida
en ellas? Negro descanso le viene, negro; despedazada irá al infierno (CE 70,
4). 1237 Gócese
en estos gozos; admírese de sus grandezas; no tema perder la vida de beber
tanto que supere la flaqueza de su natural; muérase en ese paraíso de
deleites. ¡Bienaventurada tal muerte que así hace vivir! (Mdt C 6, 3). 1238 No
penséis que es exageración decir que muere, porque en realidad pasa así, porque
el amor obra con tanta fuerza algunas veces, que se enseñorea de tal manera
de todas las fuerzas de la naturaleza, que se de una persona que estando en
oración semejante, oyó cantar una voz y certifica que si el canto no hubiera
cesado, iba ya a salirse el alma del gran deleite y suavidad que nuestro
Señor le daba a gustar, y así quiso Su Majestad que cesara el canto, que la
que estaba en esa suspensión bien se podía morir, mas no podía decir que
cesara...El alma no querría salir de allí ni le causaría pena, sino gran
alegría porque eso es lo que desea. Y ¡cuán dichosa muerte a manos de este
amor! (Mdt C 7, 1-2). 1239 La
memoria le representa en lo que acaban todas las cosas, haciéndole presente
la muerte de los que mucho gozaron estas cosas (II M 1, 4). 1240 ¡Oh,
Señor mío y Bien mío!, ¿cómo queréis que se desee vida tan miserable?; que no
es posible dejar de querer y pedir que nos saquéis de ella, si no es por la
esperanza de perderla por Vos o gastarla muy de veras en vuestro servicio y
sobre todo que es vuestra voluntad que vivamos. Si lo es, Dios mío, muramos
con Vos, como dijo santo Tomás (Jn 16, 11), que no es otra cosa vivir sin Vos
sino morir muchas veces y sobre todo con estos temores de que puede ser
posible perdernos para siempre (III M 1, 2). 1241 Pues
ya veis aquí, hermanas, lo que nuestro Dios hace ahora para que esta alma ya
se conozca por suya; da de lo que tiene, que es lo que tuvo su Hijo en esta
vida; no nos puede hacer mayor merced. ¿Quién más que él debía de querer
salir de esta vida? Y así lo dijo Su Majestad en 1242 De
estas mercedes tan grandes queda el alma tan deseosa de gozar del todo al que
las hace, que vive con harto tormento, aunque sabroso; unas ansias
grandísimas de morirse, y así con lágrimas muy frecuentes pide a Dios que la
saque de este destierro (VI M 6, 1). 1243 Estando
el alma..., que se muere por morir cuando aprieta tanto, que ya parece que no
le falta casi nada para salir del cuerpo, verdaderamente teme y querría que
disminuyera la pena para no acabar de morir (VI M 11, 9). 1244 Dos
cosas me parece a mí que hay en este camino espiritual que son peligro de
muerte: una es ésta, que verdaderamente lo es, y no pequeño; la otra, de muy
excesivo gozo y deleite, que es tan inmensamente intenso, que verdaderamente
parece que desfallece el alma hasta el punto de que no le falta tantito para
acabar de salir del cuerpo; a la verdad, no sería poca dicha la suya (VI M
11, 11). 1245 Sea
Dios alabado y conocido un poquito más y gríteme todo el mundo. Sobre todo
pensando que cuando esto se lea yo ya me habré muerto. Bendito sea el que
vive para siempre, amén (VII 1, 2). 1246 Lo
que más me espanta de todo es cómo han cambiado respecto al deseo de morirse.
¡Lo que han sufrido y padecido estas almas de ver que no se morían para gozar
de nuestro Señor! Pues ahora es tan grande el deseo que tienen de servirle y
de alabarle y de poder ayudar a algún alma, que no sólo no desean morirse,
sino vivir muchos años padeciendo grandísimos trabajos, aunque fuese en cosa
muy pequeña... Tienen puesta su gloria en si pudiesen ayudar en algo al
Crucificado...Verdad es que algunas veces que se olvida de esto, vuelven a
sentir con ternura los deseos de gozar de Dios y vuelven a desear salir de
este destierro...No tienen ningún temor de la muerte (VII M 3, 4-5). 1247 Gusto
yo mucho de san Pedro cuando iba huyendo de la cárcel y se le apareció
nuestro Señor y le dijo que iba a Roma a ser crucificado otra vez...¿Cómo
quedó san Pedro de esta merced del Señor o qué hizo? Irse luego a la muerte.
Y no es poca misericordia del Señor hallar quien se la de (VII M 4, 5). 1248 ¡Oh,
muerte, muerte!, ¡no se quién te teme, pues está en tí la vida! (E 6). 1249 Temerosa
cosa es la hora de la muerte (E 14). 1250 ¡Ay
de mí, ay de mí, Señor, que es muy largo este destierro y se pasa con grandes
penalidades del deseo de mi Dios! Señor, ¿qué hace mi alma metida en esta
cárcel? (E 15, 1). 1251 Fuerte
es como la muerte el amor (E 17). 1252 Vivo
sin vivir en mí Y
tan alta vida espero, Que
muero porque no muero. 1253 ¡Ay,
qué larga es esta vida Que
duros estos destierros, Esta
cárcel, estos hierros En
que el alma está metida! Sólo
esperar la salida Me
causa dolor tan fiero, Que
muero porque no muero 1254 ¡Ay,
qué vida tan amarga Do
no se goza al Señor! Porque
si es dulce el amor, No
lo es la espaera larga; Quítame,
Dios, esta carga, Más
pesada que de acero, Que
muero porque no muero. 1255 Sólo
con la confianza Vivo
de que he de morir, Porque
muriendo, el vivir Me
asegura mi esperanza Muerte
do el vivir se alacanza No
te tardes, que te espero Que
muero porque no muero. 1256 Mira
que el amor es fuerte, Vida,
no me seas molesta, Mira
que sólo te resta Para
ganarte, perderte; Venga
ya la dulce muerte, Venga
el amor muy ligero, Que
muero porque no muero. 1257 Aquella
vida de arriba, Que
es la vida verdadera, Hasta
que esta vida muera No
se goza estando viva. Muerte,
no seas esquiva; Viva
muriendo primero Que
muero porque no muero. 1258 Vida,
¿qué puedo yo darle A
mi Dios que vive en mí, Si
no es perderte a tí Para
mejor a él gozarle? Pues
a él sólo es al que quiero. Que
muero porque no muero. 1259 El
pez que del agua sale Aun
de alivio no carece; A
quien la muerte padece Al
fin la muerte le vale. ¿qué
muerte habrá que se iguale A
vivir tan lastimero? que
muero porque no muero. 1260 Sácame
de aquesta muerte, Mi
Dios, y dame la vida; No
me tengas impedida En
este lazo tan fuerte. Mira
que muero por verte, Y
vivir sin tí no puedo, Que
muero porque no muero. 1261 Lloraré
mi muerte ya Y
lamentaré mi vida, en
tanto que detenida Por
mis pecados está. ¡Oh,
mi Dios! ¿Cuándo será Cuando
yo diga de vero Que
muero porque no muero? 1262 ¡Cuán
triste es, Dios mío, La
vida sin Tí! Ansiosa
de verte Deseo
morir. Es
la de este suelo, Morada
penosa, Muy
duro destierro. ¡Oh,
dueño adorado Sácame
de aquí! 1264 ¡Oh,
muerte benigna, Socorre
mis penas! Tus
golpes son dulces 1265 Que
el alma liberan. ¡Qué
dicha, oh mi Amado, Estar
junto a Tí! Es
contínuo duelo; vida
verdadera La
hay sólo en el cielo. Permite,
Dios mío, Que
viva yo allí. 1267 ¿Quién
es el que teme La
muerte del cuerpo, Si
con ella logra Un
placer inmenso? ¡Oh,
sí, el de amarte, Dios
mío, sin fin! |