Caminando con Jesus

Pedro Sergio Antonio Donoso Brant  ocds

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DIARIO DE TERESA DE LOS ANDES

Teresa de los Andes no es una escritora en el sentido directo y convencional. No es una escritora profesional. No fue ni su llamada ni su dedicación. No nos ha dejado un listado de títulos, aunque si páginas suficientes que nos permiten hablar, más que de obras en sentido técnico, de sus «escritos». Y estos tienen el único título adecuado por su realidad, es decir, por su estructura. Son su Diario y sus Cartas.

Y en sentido literario estricto tienen las cualidades de esos dos géneros. Pero sobre todo poseen unas notas peculiares, las de su autora, ya que se trata de dos formas en las que más directamente se refleja quien escribe. Por otra parte son las más adecuadas para expresar los sentimientos y estados interiores, que es lo que ella quería y buscaba.

El Diario de Teresa de Los Andes

Esta pieza, la que más se puede aproximar a un escrito formal, pudo tener, aunque no constan de hecho, motivaciones externas. Teresa lo dedicó a la M. Julia Ríos, religiosa de gran personalidad, que fue an-madora espiritual de las alumnas del Colegio del Sagrado Corazón. Y especialmente de Juana. ¿Medió alguna sugerencia o insinuación de la M. Julia para animar a Teresa a redactar estas páginas? La sobria presentación o dedicatoria del Diario de la religiosa no lo indica expresamente. La reserva y discreción de la autora nos han velado ese importante detalle. Pero sus palabras no excluyen, antes bien apuntan esa posibili-dad.

Pero el hecho es que no tienen un destinatario expresamente individuado. Es la historia de su alma. Ante todo está escrito por un imperativo interior, por exigencias del estado de su alma. Es una redundancia de su interioridad; una necesidad de dejar constancia de cuanto sucedía en su alma, sin otra finalidad prevista, aunque por eso mismo sea necesario tener en cuenta la presencia de un «agente» de más allá de la realidad y de las previsiones humanas: la Providencia.

Las carpetillas humildes y simplicísimas utilizadas por ella tuvieron su historia. Ella misma en algún momento preciso de su vida tuvo previsto destruirlas: «Muy pronto voy a entregarlas [estas hojas] al fuego». Eran sus confidencias con Dios «tan íntimas del alma, que a nadie, a ninguna criatura, le es permitido penetrar». Ni siquiera a su madre y a su hermana preferida, Rebeca. La fecha fijada para destruir los manuscritos era la de su entrada en el Carmelo.

Pero es en ese preciso momento cuando se encadenan unas situaciones que hoy nos cuesta menos leer en clave providencial: que fueran entregadas a su madre. No se cumplió que fueran a parar a manos del P. José Blanch, que tenía previsto expurgar todo aquello que no debiera «leer o saber su madre».

No se cumplió tampoco el deseo de Teresa un mes antes de morir, a requerimiento del P. Blanch, de recuperar los manuscritos para quemarlos.

La madre recibió los textos, pero fiel y respetuosa, no los leyó; tampoco consintió que fueran destruidos. Al fin se mostró fiel a una misteriosa intuición: «uno no sabe los designios de Dios» (Teresa de los Andes, Teresa de Chile, p. 116). Y los manuscritos están realizando el «misterioso designio» de ayudar a tantísimas almas como señaló proféticamente: «Estos escritos serán de gran edificación para el pueblo de Dios, parti-cularmente para la juventud deseosa de vivir una vida profundamente cristiana» (lb p. 152), uno de los censores de sus escritos de la Congregación para las Causas de los Santos.

Teresa de los Andes escribió materialmente su Diario en dos libretas y cuatro cuadernos de factura sencilla y al uso de su tiempo. Dos en formato de cuaderno y cuatro libretas. Todos escritos a mano, con una caligrafía rápida, ágil, regular y segura. En su mayor parte están escritos con tinta y algunas veces con lápiz, lo que ha hecho que muchas páginas, sobre todo de los cuadernos pequeños, se hayan deteriorado hasta hacer ilegible su grafía.

 

PARA LEER EL DIARIO DE TERESA DE LOS ANDES EN ESTE LINK: D I A R I O

 

 

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