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Caminando con Jesús

Pedro Sergio Antonio Donoso Brant ocds

 

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Santa Teresa de Los Andes

 

SUS ESCRITOS   I

 

1. CARTA 65: A una "Amiga"

 

2. CARTA 82: A Elena Salas González

 

3. CARTA 114: A su hermana Rebeca

 

4. CARTA 121 . A Inés Salas Pereira

 

5. CARTA 138 (I). A una "Amiga"

 

6. CARTA 149: A Elisa Valdés Ossa

y la fe tambaleante de su hermano querido.

 

 

I. ORACIÓN

1. CARTA 65: A UNA "AMIGA"

Oración es ser casita de Dios. Vida orante permanente.

Querida hermanita,

En cuanto a lo que me dices te hable de las Carmelitas y..., lo haré para otra carta, pues veo que primero está que te resuelvas a ser de Dios. Después te dirá dónde le debes servir. En todas partes puedes ser santa, con tal que observes perfectamente la Regla.

Me dices que quieres ser la casita de Dios. Me alegro mucho por ello, pues veo por eso que lo quieres. Sor Isabel de la Trinidad decía: "Dios es el cielo y Dios está en mi alma". Luego tenemos el cielo en nuestra alma. Ahora bien, ¿qué se hace en el cielo? Amar, contemplar a Dios y glorificarle. He aquí lo que trataremos de hacer: amarlo antes que a nadie. El que ama siempre piensa en el amado. Nosotras pensemos constantemente en El; pero ya que es esto imposible, al menos pensemos muy a menudo en El Contemplémosle allí, en el fondo de nuestra alma, unido a nosotras. Contemplémosle orando a su eterno Padre por las almas y por los pecadores, y unámonos a esa divina oración. Contemplémosle trabajando a nuestro lado. Ahora lo miro escribiendo y me uno a El. Contemplémosle -dice santa Teresa- alegre como en el Tabor, si estamos alegres; triste como en el Huerto si estamos tristes; y así en todo. Contemplémosle en las criaturas. Así nos será más fácil tener caridad. Si somos humilladas, lo somos por El. Si somos alabadas, lo somos por El. Si servimos, servimos a El; y así en todo. Así el alma queda simplificada y unida a El; siempre piensa y ve a El. Por último, en el cielo se cantan sus alabanzas y se le glorifica por sus obras; seamos, pues, como Isabel de la Trinidad, alabanza de su gloria. Es decir, obremos todo por amor y siempre lo más perfecto, de manera que, al vernos las demás personas, puedan decir: "qué virtuosa es". Y ¿para quién es la gloria de nuestra virtud sino para Dios, ya que es El el que obra en nosotras? Nada podemos por nosotras mismas. Propongámonos en todo lo que hacemos la gloria de Dios y todo por amor a El; de esta manera nuestras obras serán con pureza, pues obraremos por El en El y para El. Si nuestras obras son puras, nosotras también lo seremos; así nuestro Señor estará contento en nuestras almas. Viviendo así, viviremos vida de cielo en la tierra. Y ¿cómo podremos demostrarle más nuestro amor a Dios que haciéndole encontrar el cielo en la tierra? Dios va a ser pues el dueño de nuestra alma, de nuestra casita. El dueño de casa es el que manda y vela por la casa, y todos le obedecen y se guían por su parecer. Hagámoslo así también nosotras.

En el cielo se hace siempre la voluntad de Dios, ya que N. Señor nos enseñó a decir: "Hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo". ¿Quieres que te diga con franqueza que -yo lo sé por experiencia-, si hay algo que le gusta a Dios, es que nos abandonemos, pero completamente, a su divina voluntad; pero de tal manera, mi querida hermanita, que no podamos decir "quiero" porque le hemos dado nuestro querer a Dios? Por ejemplo: deseamos salir: "Señor, si Tú lo quieres, saldré; si no, no, y me quedaré feliz". Si por el contrario, tenemos que salir a paseo y no tenemos ganas: "Cómo Tú lo quieres, iré feliz, pues me ayudará a amarte".

En pedirle por nuestras familias y por nosotras, decirle siempre: "Estos son los seres que quiero en Ti; Tú ves sus necesidades. Si quieres Tú, Señor, remédialas". Y quedarnos tranquilas con su divina voluntad. No pedirle nada, sino decirle "dame lo que Tú quieras". Esta es la mayor gloria de Dios, y no te niego que cuesta, pues a veces, sin darse cuenta uno, le pide; pero decirle: "no, Señor, lo que quiero, sino lo que Tú quieras".

Dime también si haces oración y cuánto rato. Examínate después cómo la has hecho y apunta las inspiraciones de N. Señor que has recibido en ella, para que las leas y no se te olviden. Cuánto te latearán mis cartas, hermanita; perdóname y reza para que cumpla lo que te he dicho, si Dios lo quiere que yo lo haré por ti.

El otro día hicimos un paseo precioso a caballo. Fuimos muy lejos, a un lugar muy pintoresco. No sabemos si mañana haremos otro a navegar en el río Loncomilla. Todo lo que veo me lleva a amar a Jesús, que lo ha hecho todo, y a glorificarlo por sus obras.

Rezo por tu abuelita. ¿Cómo está? Ojalá, si Dios lo quiere, se mejore. Vivamos unidas en el Corazón de Jesús. A Dios, casita de Dios. Juana, H. de M.


2. CARTA 82: A ELENA SALAS GONZÁLEZ

Oración continua que produce virtudes

El Espíritu Santo sea en el alma de mi Elena

Tu cartita me ha revelado tu alma y me ha venido a confirmar en el concepto que de ti me había formado... Demos gracias a Dios por haber juntado nuestras almas con el lazo de la verdadera amistad aquella que comprende que la verdadera amistad consiste en perfeccionarse mutuamente y en acercarse más a Dios. Te hablaré lo que me dicte N. Señor, en cuya presencia estoy. El me inspirará, pues de otro modo ¿qué cosa buena puede salir de mí? También he pedido la bendición a la Virgen para que ella te bendiga y te ponga bajo su manto.

La vocación es el favor más grande que Dios hace a la criatura. El te va a hacer su esposa. Tú serás esposa de Dios. Ese ser infinito va a unirse con un ser finito. Ese ser eterno, con un ser limitado, un ser impotente, un ser que ha sido sacado de la nada. ¿Qué somos sino nada? ¿Qué podemos por nosotras mismas? Nada. Si Dios no obra en nosotros, no podemos obrar. Si no nos da la vida, no podemos vivir. Todo es El; nosotros, nada. Mas El se baja d nosotros, dice que quiere nuestro amor. A El, todopoderoso, ¿de que le sirve que lo amen criaturas tan miserables como nosotras.

Mi querida Elena, piensa que, a pesar del amor que nos demuestra, nosotros lo ofendemos, nos rebelamos contra sus mandatos. Y Dios a pesar de todo eso, nos ama, nos elige como a esposas suyas. ¿No es esto para morir de amor? Te aseguro que a veces deseo morir porque 12 vida para mi es insoportable viendo que El me ama y yo le ofendo. No parece que le amo, pues el amor se manifiesta en las obras, y El dijo: "Aquel que me ama verdaderamente, ese tal cumple mi palabra". Es cierto que lo amamos más que a otros, a lo menos deseamos amarlo. El se contenta con nuestros deseos. Mas hay tantos que no solo lo olvidan, sino que lo aborrecen... Así, pues, consolémosle. Y para esto vivamos íntimamente unidas a El, ya que aquel que ama tiende a unirse con el objeto amado. Una fusión de dos almas se hace por medio del amor. Que el fuego del amor consuma en mi Elena todas las imperfecciones, para que as, pueda formarse en ella la imagen de su Cristo. Es preciso pues, que la miseria, la criatura sea consumida para que solo quede Dios. Tú amas luego tu fin es la unión, y para esto te diré lo que yo creo conveniente, aunque no sé si yerro. Pero, en fin, a mi me ha dado buen resultado.

De seguro habrás leído en el Evangelio de San Juan, capitulo 14, versículo 23: "Aquel que me ama y observa mi doctrina, mi Padre lo amará y vendremos a él y haremos mansión dentro de él". Pero para ser mansión de Dios es necesario cumplir su doctrina, practicar las virtudes. La 1ª virtud -creo- ha de ser la pureza. Has de tratar de purificarte lo más pronto posible de tus faltas, pedirle inmediatamente perdón a N. Señor. Además, tratar constantemente de desarraigar nuestros defectos dominantes por los actos contrarios a esos defectos. Aunque es imposible que nos veamos libres de ellos inmediatamente, Dios ve nuestros deseos y se contenta con que queramos purificarnos de ellos. Una vez formulado este deseo, hermanita querida, decirle a N. Señor que venga a morar en nuestra alma, que, aunque es muy pobre y todavía no está muy pura, haremos lo posible por tenerla siempre lo más agradable a sus ojos. Dile en seguida que se la das, que quieres ella sea su refugio, su asilo contra sus enemigos. Que viva allí contigo; que, aunque muchas veces lo ofenderás, nunca será con la voluntad sino por flaqueza. Que tú lo amas y que deseas vivir en íntima unión con El. Cuando tenemos un amigo en nuestra casa, no lo dejamos solo, sino que, si estamos muy ocupadas, tratamos de irle a hablar de vez en cuando. Así lo harás con Jesús. Antes de principiar cualquiera obra le dirás que se la ofreces a El, sólo por amor, no con intención de que las criaturas te vean, sino para servirle y porque le amas. Después lo adorarás, le dirás que lo amas, que te perdone tus faltas y en seguida obrarás junto con El como si estuvieras en Nazaret. Así vivirás con Dios y podrás hablarle sin que nadie lo sepa. Al principio te costará recogerte, pero después será habitual en ti estar con Dios. También procurarás ver tu nada y la grandeza de Dios, para que, conociéndote y conociéndolo, te desprecies más tú y ames más a Dios.

Esta es la base de la humildad, la que se llama especulativa porque reside en nuestro entendimiento. De ella se deriva la práctica porque, humillándonos delante de Dios, al conocer nuestra bajeza, nos gusta que las criaturas nos desprecien y nos admiramos no lo hagan cuando somos tan malas para con Dios. Hay que ser muy humilde, porque sin la humildad todas las demás virtudes son hipocresía. Para adquirir la humildad:

1 ? Tenemos que tratar de no hablar ni en pro ni en contra del yo, sino que despreciarlo.

2 ? Humillarnos delante de las demás personas siempre que lo creyéremos conveniente, y para esto hacer cosas que nos humillen, como sería obedecer a una sirviente, a un hermano más chico.

3 ? Cuando seamos humilladas darle gracias a Dios y decirse:

"esto y mucho más merezco por mis pecados", y seguir muy amable con la persona.

4 ? Tratar de servir a aquellas personas que nos sean antipáticas o a aquellas que notemos son poco cariñosas con nosotras, para así humillarnos.

También es necesaria la obediencia. Obedecer inmediatamente sin examinar si son inferiores o superiores, si tienen razón o no, sino como obedecía Jesús: porque era la voluntad de Dios. Po; último te recomendaré la caridad con el prójimo. El amor a nuestros semejantes es la medida del amor de Dios No ver la criatura? sólo a Dios en su alma, ya que en el bautismo nos hicieron templos de la Santísima Trinidad.

Mi querida hermanita, es verdad que no viviremos juntas; pero tú vivirás en Dios y yo también. Allí, en ese abismo del amor, viviremos unidas. Todo en Dios es indivisible; nosotras lo seremos también. Nos llama Dios por diferentes caminos, pero ¿qué importa si el término es El? Tú, mientras estamos aquí en la tierra, serás Marta; salvarás las almas inmolándote por ellas. Servirás a N. Señor en la persona de las alumnas o en las hijas de Maria o en las niñitas pobres. Mientras, yo, como Magdalena, permaneceré a los pies de N. Señor contemplándolo, amándolo. Mi vida será oración, sacrificio y amor, que reúne las dos cosas.

No creas que, porque he elegido ser carmelita, no crea son muy perfectas las del Sdo. Corazón. He dudado mucho entre los dos, pero por mi carácter y aptitudes creo quiere Dios sea carmelita. Mi vida será la del cielo. Viviré ya sólo para Dios, en Dios y por Dios, sin mezcla de criatura alguna. Mi ocupación será orar por el mundo, salvar las almas por la oración. Santa Teresa salvó más almas que San Francisco Javier. Seré una pobre carmelita a quien despreciará el mundo. Pero, ¿qué me puede importar el mundo cuando estoy crucificada para él? Sólo me acordaré del mundo para rogar por él. Me dices que sufriré más. En busca de la cruz voy. Dudaba si ser del Sdo. Corazón porque creía podía sufrir más allí. Pero N. Señor me dio a entender sufriría más en el Carmen. Allá, pues, voy. En la Cruz está Jesús, y teniendo a Jesús ¿qué me importa lo demás?

Me dices que rece por ti. ¿Me podré olvidar de mi hermanita? Yo rezaré mientras tú salves las almas. Nuestra acción será en común. ¿Consientes?.Te encargo muy especialmente hagas meditación. Ella consiste en mirar a N. Señor cuando andaba aquí en la tierra, y ver cómo obraba y obrar nosotros conforme a El. Hay otro modo de oración que encuentro más sencillo: hablar con N. Señor como quien habla con un amigo, pedirle sus consejos, prometerle que no le ofenderás, decirle que lo amas, etc... Fija el tiempo de oración, ya sean diez minutos o quince minutos como quieras tú. Pero represéntate siempre a N. Señor allí en tu alma; lo mismo cuando comulgues. Podrás también convidar a tu casita a la Sma Virgen; a ella le contarás toda tus cosas y le pedirás te guarde toda para Jesús. Reza por mí. Soy muy mala. Soy una hipócrita. Aconsejo mucho, pero yo no hago todo lo que aconsejo, aunque es verdad, trato de hacerlo. Pídele sólo para mi haga la voluntad de Dios. Querámonos mucho, pero en Dios. El ante todo.

Escríbeme largo contándome todo lo que puedas decirme? yo no lo digo a nadie. A?Dios. Te abraza tu hermana Juana, H. de M.


3. CARTA 114: A SU HERMANA REBECA . 12 DE JULIO DE 1919:

Orar es saber que Dios nos ama y responder a ese amor.

Mi querida hermanita: Que Jesús sea el único dueño de tu corazón.

¡Cómo ruego por ti, mi pichita querida, para que seas completamente de Jesús! Ahora ya no hay diferencia entre nosotras. La casita de nuestras almas no tiene más que un solo dueño, un mismo Sol que las ilumina, y este dueño es nuestro Jesús. ¡Cómo se enternece mi alma al pronunciar este nombre santo! ¡Cómo me lleno de una alegría inexplicable! Quisiera que a ti te sucediera lo mismo ¡Encierra tanto esta sola palabra: Amor Infinito de un Dios humanado, de un Dios anonadado por nosotros...! En este instante, mi alma se halla bajo el peso infinito de su amor. ¡Es tan bueno para con nosotros, criaturas tan miserables...! Estoy con El solo en mi celdita. Todo un Dios con su criatura. Estoy sumergida en El. Perdida en su inmensidad. Compenetrada por su sabiduría. Viviendo porque El es mi principio de vida, mi todo.

Cada día que pasa, hermanita, comprendo mejor que "solo Dios basta". Esa es la máxima que tengo sobre mi cruz. Que también sea la tuya. Búscalo a El y lo encontrarás todo. Las criaturas ¿qué nos pueden dar, si no tienen más que miseria? Despréndete de ellas: Busca a Dios allí, en el fondo de tu alma y, cuando estés triste, expónselo todo y quedarás alegre; porque El te dará a conocer que, siendo Dios, sufrió más por ti que todo lo que los hombres han sufrido. Y no sólo esto, sino que ha sufrido infinitamente.

Obra por amor a El. No busques el agrado de las criaturas.

¡Se equivocan tanto en sus juicios...! Mientras que Dios te penetra en cada instante cual si fueras la única criatura existente. Piensa que, mientras tú duermes, mientras tú obras y vives, hay un Ser infinito que se ocupa de darte vida, de amarte con un amor eterno infinito... ¡Cómo quisiera penetrarte de estos pensamientos que hacen que todo desaparezca, para no tener nada ante sí, sino a Dios! Entonces, ¡qué paz, qué alegría experimentamos! Se comprende, pues nuestro centro es El. Entonces vivimos vida de amor, vida de cielo...

Para esto, hermanita, hemos sido creadas: para alabar y amar a Dios. Todo lo demás, es nada, es vanidad. Si cada mañana al comulgar nos preparáramos un poco mejor, ¡cómo nos aprovecharíamos de nuestra comunión...! ¡Cómo pasaríamos el día entero en éxtasis de amor para con ese Dios inmenso, majestuoso, hecho alimento de nuestras almas! En el cielo, hermanita, los ángeles lo contemplan faz a faz, pero nosotros los hombres lo poseemos cada uno, nos identificamos con El. En esos momentos en que mi alma está unida a Dios, cesa todo para mí. Me faltan palabras, hermanita, para expresar la dicha divina que experimento. Siento al Infinito, al Eterno, al Santo todopoderoso, al sapientísimo Dios, unido con la nada pecadora. Entonces adoro y más amo. Entonces es cuando el alma se siente pura. Está en la fuente de la santidad.

Una verdadera esposa ama a su esposo y no lo contraría en nada, antes busca en todo el agradarle. Cumplamos, pues, nosotras la voluntad de Dios en todo, aunque a veces se presente de una manera mortificante; aunque a veces se presente contrariando nuestro propio parecer y juicio. Esto es amar a Dios. Esto es vivir correspondiendo a ese amor infinito, divino. Cuando tropieces con alguna dificultad en el camino del deber, piensa que Dios te mira y que ve tu repugnancia por obrar, midiendo tu amor para recompensártelo después. Piensa que Dios te está amando en ese momento infinitamente, se está ocupando de ti como si no existiera en el mundo criatura alguna; que te está sosteniendo para que vivas, ¿y podrás dejar de obrar ante la consideración de semejante bondad?

Oh hermanita, vivamos amando el Amor. Seamos hostias de alabanza a la Stma. Trinidad. ¿Y cómo? Cumpliendo en cada instante la voluntad de Dios ¡Si supieras la felicidad que inunda mi alma en cada momento de mi vida escondida en Dio! ¡Si supieras la felicidad que inunda mi alma en cada momento de mi vida escondida en Dios! No quisiera saber ni tratar nada que no fuera El. Comprendo que aún no lo conozco y que [no] lo amo con todas las fuerzas de mi alma. ¿Qué será, pues, cuando Dios se descubre a un alma santa? ¿Cómo podrán vivir en medio de las miserias de este destierro, no pudiendo contemplarle incesantemente por tener la naturaleza necesidades apremiantes?


4. CARTA 121 . A INÉS SALAS PEREIRA

Dios se te manifiesta y te enamoras

Agosto de 1919

Mi Inés tan querida: Que Jesús sea el astro de tu nueva vida.

Por fin, tengo el gusto de conversar con mi querida hermanita, que quizás ha atribuido mi silencio a falta de cariño. Si lo has creído, peor para ti; porque, como muchas veces te lo he dicho, cuando quiero es para siempre. Sobre todo, una carmelita no olvida jamás. Desde su celdita acompaña a las almas que en el mundo quiso. Pueden echarla a ella al olvido; pero ella sólo mira esa alma que vale la sangre de su Esposo Divino. ¡Cómo quisiera trasladarme a tu lado para acompañarte en los momentos tristes en que estás! Por eso voy a hablarte mirándolo a El, para que El irradie todo lo que debo decirte para consolarte y alentarte a emprender tu nueva vida.

Vengo del coro donde he pasado una hora dentro de su Corazón. Una hora perdida en la Fuente del Amor. ¡Qué vida tan deliciosa es la que vivo! Quisiera, amiguita mía, hacerte participar de mi felicidad. Ya no vivo sino para Dios sólo. Todas las pequeñeces de la vida del mundo han desaparecido. Ahora sólo veo lo grande, lo eterno, lo infinito. Allá todo era para mi alma desasosiego, turbación, vacío; aquí todo es paz, tranquilidad, satisfacción completa con mi Dios.

Cuán bien experimento que El es el único Bien que nos puede satisfacer, el único ideal que nos puede enamorar enteramente. Lo encuentro todo en El. Me gozo hasta lo íntimo de verlo tan hermoso, de sentirme siempre unida a El, ya que Dios es inmenso y está en todas partes. Nadie puede separarme. Su esencia divina es mi vida. Dios en cada momento me sostiene, me alimenta. Todo cuanto veo me habla de su poderío infinito y de su amor. Uniéndome a su Ser Divino me santifico, me perfecciono, me divinizo. Por fin, te diré que es inmutable, que no cambia y que su amor para mí es infinito... amor eterno, incomprensible, que lo hizo humanarse, que lo hizo convertirse en pan por estarse junto a mí, por sufrir y consolarme.

Si tú te das a la oración, conseguirás que Dios se te manifieste y te enamore de El. En la oración nuestra alma lo busca. Y si es con ansias de conocerlo y de amarlo, Jesús levanta un tanto el velo que lo encubre y muestra su divina Faz radiante de hermosura y suavidad. Otras veces abre la herida de su Corazón, y nos señala los tesoros de sus infinitas bondades y de su amor. Y otras veces deja oír su dulce voz que deja al alma deshecha en amor y arrepentimiento.

Tu corazón desea amar y con locura. ¿No crees tú que un hombre es demasiado pequeño y miserable para ser digno de un tal amor, ya que cuanto más amamos, necesitamos y ansiamos más el sacrificio, y sacrificarse por demostrar a un hombre, a una criatura, nuestro amor, es perder el mérito, la nobleza del sacrificio ?

Amemos al Amor eterno, al Amor infinito, inmutable. Amemos locamente a Dios, ya que El en su eternidad nos amó. Sin necesidad de nosotros nos creó. Toda la obra de su poder fue dirigida para el hombre. Todo lo puso a disposición de nosotros. Continuamente nos sostiene y alimenta. Y para no separarse de nosotros en la eternidad, nos dio su Unigénito Hijo. Dios se hizo criatura. Padeció y murió por nosotros. Dios se hizo alimento de sus criaturas. ¿Has profundizado alguna vez esta locura infinita de amor? Créeme que siento mi alma deshecha de gratitud y amor. Mi vida la paso contemplando esa Bondad incomprensible, y me duele el alma al ver que el Amor no es conocido. Me abismo en su grandeza, en su sabiduría. Pero cuando pienso en su Bondad, mi corazón no puede decir nada. Lo adoro...

Vas a salir a un nuevo campo de batalla. Adiéstrate para luchar. Que tu divisa sea esta: "Dios siempre en vista y 'yo' siempre en sacrificio". Tus armas, la comunión y la oración. Tu alimento, la voluntad de Dios. Tu Capitán, Jesús. Tu bandera, la humildad. Es preciso que te sacrifiques en todo momento. La vida de familia, para que sea vida de unión, ha de ser un sacrificio continuado. Considérate la última de todos, y aún trata de servir a las sirvientes. Ayúdalas cuando estén enfermas, y cuando estén en cama, dales por tu propia mano los remedios. Cuando las veas de mal humor, consuélalas con N. Señor. Léeles algún libro de algún santo y otro libro entretenido para no cansarlas. Así las atraerás y llevarás a Dios. Con tus hermanos chicos sé muy cariñosa. No los retes sin causa justa. Juega con ellos y enséñales el rezo, a leer, escribir, etc., y hazte respetar, dándoles buen ejemplo. Que no te vean desobedeciendo ni de mal humor jamás. En cuanto a lo que debes ser con tu papá y mamá, sólo te digo que seas un ángel de consuelo: ser, ante todo, muy cariñosa; ayudarlos en lo que puedas, y obedecerles ciegamente en todo, pues no te mandarán hacer una acción menos buena.

Vence siempre el respeto humano en sociedad. Ten una opinión fija, y no cedas cuando los demás no juzgan rectamente. En la Iglesia da muy buen ejemplo, estando muy recogida. Esto cuesta cuando se asiste a matrimonios, que, por lo general, todas no hacen sino hablar y mirar. Comulga todos los días que puedas, aún cuando no sientas devoción. Todos los días, apenas te levantes, reza tus oraciones y haces un cuarto de hora de meditación.

Penétrate bien con Quién hablas y quién es la que habla. Ten presencia de Dios. Ofrécelo todo a El y has muchos actos de amor. Todos los días haz tu examen de conciencia a los pies de la Sma. Virgen. Pregúntale con sencillez cómo te has portado en el día. Pide perdón, y después cuéntale tanto las penas como las alegrías y oye sus consejos.

Ojalá puedas alguna vez venirme a ver, para que conozcas este palomarcito que tiene su puerta sólo abierta para el cielo. Reza por mí, porque soy como siempre y más mala. Tu indigna

Teresa de Jesús, Carmelita


5. CARTA 138 (I). A UNA "AMIGA"

Orar es seguimiento consciente de Jesús. Qué es contemplar.

Grados de oración.

Respecto a lo que me preguntas de la oración, te diré, primeramente, que yo, como tú, no sabía lo que era contemplar, y aún creo no saberlo; pero no me importa, pues la contemplación es un don que Dios hace a ciertas almas, y es una mirada llena de amor Dios o a Jesús. Dios les descubre, en esa mirada, alguna de sus perfecciones adorables y, al conocerlas, el alma se llena de amor. Esto es lo que he entendido en los libros que tratan de oración; no sé si me equivoco. Pero, para ser carmelita, no se necesita tener contemplación, pues lo esencial en ella es el amor a Jesús; por lo tanto, en ese amor se encierra el deseo ardiente de conocerlo y asemejarse a El, y el único medio es la oración mental.

En la oración hay muchos grados y modos diversos con los cuales el alma, conociendo a Dios, se une a El. El primer grado es la meditación que consiste en reflexionar sobre una verdad. Eso tú lo sabes mejor que yo. Lo esencial de la oración es inflamar la voluntad en amor de Dios, pues si esto se consigue, se tiene fuerza para obrar la virtud.

Ahora bien, hay otro modo de oración, y es el de la locución. Esto consiste en sentir interiormente una voz que parece ser, ya de N. Señor o de la Sma. Virgen, que dice lo que se debe hacer para ser buena u otras cosas. A veces es el mismo entendimiento el que con rapidez forma razones; pero otras veces es N. Señor que inspira al alma. Sin embargo, a lo único que se debe atender es al provecho que recibe el alma en esa comunicación, sin fijarse si es Dios o si es su razón. También hay que ejecutar sólo lo que es conforme a la voluntad de Dios; pues muchas veces el demonio inspira cosas que, aunque no son malas en sí, pueden hacer mal al alma. Ejemplo: penitencias excesivas. Cuando se tiene esta oración, debe avisarse al confesor lo que se oye interiormente.

Hay otros modos de oración, pero sería muy largo de explicar. Lo único que te diré es que, cuando un alma se da a Dios por entero, El se le manifiesta de tal modo que el alma va descubriendo en El horizontes infinitos y, por lo tanto, amándolo y uniéndose más a El.

Quiero hablarte del Oficio Divino. Tú sabes que es el grito incesante que la Iglesia eleva a Dios. Nosotras, las contemplativas, somos las encargadas de clamar por el mundo. Cuando estamos en el coro somos ya ángeles que alaban a Dios; formamos nosotras parte de ese concierto angélico, y nuestras antífonas son estrofas de esa pura y divina poesía. ¿No somos en esos instantes los ángeles que cantan ante el sagrario para consolar a Jesús en su triste prisión? Jesús también canta con sus carmelitas. El eleva, junto con sus esposas, ese clamor puro y suplicante por el mundo a su Eterno Padre.

Esos mismos salmos son los que Jesús, cuando vivía en la Judea, salmodiaba en la soledad. Todos son preciosos y son un grito humilde y confiado que la criatura dirige a su Padre del cielo. A las 5 de la mañana ya las carmelitas principian sus alabanzas hasta las 10 y 1/2, a esas horas que en el mundo nadie se acerca a Jesús.

A Dios. Vive con El. Lo tienes en tu alma, y con El está tu

Teresa de Jesús, Carmelita


6. CARTA 149: A ELISA VALDÉS OSSA

Orar es vivir a presión el amor, también en los momentos difíciles.

El Carmelo es clima orante.

Mi Isabelita querida. Que Jesús se posesione cada vez mas de tu ser. Cuánto tiempo por contestarte para hablar íntimamente con mi hermanita... Pero siempre la misma disculpa del tiempo.

Ya más de 6 meses en el Carmen, Isabelita. 6 meses de cielo que no han sido turbados por nada de lo de la tierra. 6 meses viviendo escondida en mi Verbo adorado, escuchando su Palabra de vida, contemplando su hermosura infinita. Si pudiera hacerte comprender el vacío inmenso en que vivo respecto de todo lo del mundo, me envidiarías. Es Jesús, mi Isabel, el único atractivo de mi vida. Es El, con sus encantos y suavidad lo que me hace olvidarlo todo. Sin embargo, hay momentos -créeme- que se sufre. Y no creas que son sufrimientos de cualquiera especie los de una carmelita. Mas, sufriendo es como se goza, ¿no es verdad, mi hermanita? Sobre todo cuando es Jesús el mismo que la crucifica, que la despedaza, se encuentra una feliz en ser su juguete de amor. Tú demasiado comprendes el lenguaje de la cruz; por eso no necesito decirte que la ames, que es en ella donde se efectúa la transformación del alma en Dios. Mas no creas por esto que yo sufro, pues créeme que deseo sufrir mucho más. Lo mejor es amar la volunad de Dios. Allí encontramos la cruz mejor que en ninguna parte. Allí crece este árbol bendito rectamente, sin impedimento, pues es sin la elección nuestra, sin satisfacción alguna. ¿Sientes en tu alma ese amor por la divina voluntad? Trata de sentirlo, ya que tu nombre ?Isabel de la Trinidad, o sea, "Casita de Dios"- debe estar tan llena de ella, que por todos sus ámbitos, es decir, en sus facultades y operaciones, resuene siempre el eco de la Palabra eterna, del divino querer.

Sí, mi Isabelita; podemos vivir en comunión perpetua con el Amor uniéndonos a su voluntad. Que no encuentre resistencia en nuestra alma. Debe en ella reinar siempre el ambiente de la fe. En este aire puro no se pierde esa voz de Dios que debe imperar en nuestra alma. Que ella sea como una participación de El. Dios, en sí, obra siempre lo que quiere; que nosotras, perdidas como nadas en su inmensidad, obremos también lo que El quiere. ¿Cómo seremos más semejantes a El, si no es obrando su divina voluntad? Al quererla y al abrazarnos con ella, queremos y practicamos un bien querido infinitamente por Dios, un bien que lleva en sí la razón eterna; un bien en que existe la sabiduría eterna; un bien en que existe el poder infinito, un bien en que existe, concentrado, todo el amor, la santidad de nuestro Dios. Al ejecutar ese bien, ¿acaso no obramos conforme a Dios? Al obrar conforme a Dios, somos otro Dios; en una palabra, somos El.

Quisiera, mi Isabel, hablarte de mi Jesús, quisiera encenderte en su amor, ya que yo no lo amo lo bastante; pero soy incapaz de ello. Quisiera, hermanita, que vieras en Jesús, en el Verbo, el amor que nos ha demostrado; pero no me atrevo a franquear ese abismo infinito en el que me pierdo, sobre todo, que tú lo has sondeado más que yo. No miremos en El nada más que amor; ya que Dios es amor. El amor es su esencia, en el amor se hallan todas sus perfecciones infinitas.

Después de pascua te contaré cómo se pasa aquí en el Carmen navidad. ¿Te acuerdas, el año pasado, que Jesús naciendo hizo nacer en mi alma la paz? Te tendré esa noche bien al ladito de El, o mejor, le pediré que te deje besar sus piececitos. Mi Dios eterno, infinito, espíritu puro, naciendo niño en un pobre portal. ¡Qué misterio de amor, qué éxtasis sería el de la S. Virgen y de nuestro Padre S. José! ¡Qué pureza, qué belleza se reflejaría en la frente de Jesús! Algo más que angélico, algo divino... Amemos y adoremos y escuchemos al Verbo... que dice de humildad, de silencio, de pobreza. Escuchemos: "Ecce venio" = "Vengo, oh Padre, a hacer tu voluntad".

A Dios. Corto, porque si no, jamás terminaría... Fíjate que me han dado una ermita. Estoy feliz. Todavía no sé si tendré un nacimiento o si una gruta. Reza para que sea lo que más me aproveche. Mañana tendré retiro. "Sola con El solo". A Dios. Vivamos unidas a El. Te abraza tu humilde y pobre hermana que te pide una limosna de oraciones Teresa de Jesús, Carmelita

Respecto a lo que me dices te diga del Oficio... Es imposible lo reces afuera; toma muchas horas. Además tiene muchas complicaciones que yo aún no sé; pues cada día tiene su santo y cada tiempo sus rezos especiales. Lo que podrías rezar sería el Oficio parvo de la S. Virgen. La jaculatoria es "Amor, invádeme". 

 

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