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Caminando con Jesús

Pedro Sergio Antonio Donoso Brant ocds

 

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Santa Teresa de Los Andes

 

SUS ESCRITOS   VI

 

 

1. DIARIO 6: Invitación a la vida de piedad.

 

2. DIARIO 7: Ante la enfermedad. Vida centrada en Jesús y María.

 

3. DIARIO 16: Dar sentido a la vida. Mejor, desde Dios.

 

4. CARTA 11: Juanita lleva una vida normal de la joven de su edad.

También pienso en el "pololeo" o trato con los muchachos.

 

5. CARTA 19: Vacaciones normales: deporte, baño, ecologismo, misa, catequesis.

 

6. CARTA 22: Vacaciones felices, misa, catequesis, noticias, amistad.

 

7. CARTA 35: Ayuda a su padre en las dificultades matrimoniales. A su padre. Santiago, 13 de agosto de 1918.

 

8. CARTA 43: Diversiones, marianismo, alegría cascabelera, piedad,

recuerdos del colegio.

 

9. CARTA 54: Buena amiga, interesadas por las noticias.

 

10. CARTA 91 Desgarro de la ausencia del papá. Cariño inmenso.

 

11. CARTA 93: Carta cariñosa a la oveja perdida de la familia.

 

12. CARTA 96: Conforma la sensibilidad y la fe tambaleante de su hermano querido.

 

 

VI. LOS JOVENES CON TERESA

1. DIARIO 6: INVITACIÓN A LA VIDA DE PIEDAD.

No es para describir lo que pasó por mi alma con Jesús. Le pedí mil veces que me llevara, y sentía su voz querida por primera vez. ¡Ah Jesús, yo te amo; yo te adoro! Le pedía por todos. Y [a] la Virgen la sentía cerca de mí. ¡Oh, cuánto se dilata el corazón! Y por primera vez sentí una paz deliciosa. Después que dimos acciones de gracias fuimos al patio a repartir cosas a los pobres y a abrazar [cada una] a su familia. Mi papacito me besaba y me levantaba en sus brazos feliz.

Todos los días comulgaba y hablaba con Jesús largo rato. Pero mi devoción especial era la Virgen. Le contaba todo. Desde ese día la tierra para mí no tenía atractivo. Yo quería morir y le pedía a Jesús que el ocho de diciembre me llevara.

 

2. DIARIO 7: ANTE LA ENFERMEDAD. VIDA CENTRADA EN JESÚS Y MARÍA.

 Todos los años [1911-1914], yo estaba enferma el ocho de diciembre tanto que creían que me moría. A los doce años, me dio membrana. El ocho de diciembre estuve a la muerte. Mi mamá creyó que me moría. En 1913 tuve una fiebre espantosa. En este tiempo, Nuestro Señor me llamaba para Sí; pero yo no hacía caso de su voz. Y entonces, el año pasado me envió apendicitis, lo que me hizo oír su voz querida que me llamaba para hacerme esposa más tarde en el Carmelo.

Mi devoción a la Virgen era muy grande. Un día, yo -que tenía mucha pena por una cosa- le conté a la Virgen y le rogué por la conversión de un pecador. Entonces me contestó Ella. Desde entonces, la Virgen cuando la llamo, me habla.

Un día estaba sola yo en mi cuarto. Con la enfermedad me había puesto tan regalona que no podía estar sola. El día a que me refiero, la Lucita estaba enferma y la Elisea -una sirviente que cuidaba a mi abuelito- fue a acompañarla. Entonces me dio envidia y pena y me puse a llorar. Mis ojos llenos de lágrimas se fijaron en un cuadro del Sagrado Corazón y sentí una voz muy dulce que me decía: ¡Cómo! Yo, Juanita, estoy solo en el altar por tu amor, ¿y tú no aguantas un momento? Desde entonces Jesusito me habla. Y yo pasaba horas enteras conversando con El. Así es que me gustaba estar sola. Me fue enseñando cómo debía sufrir y no quejarme... [y] de la unión íntima con El. Entonces me dijo que me quería para El Que quería que fuese Carmelita. ¡Ay! Madre, no se puede imaginar lo que Jesús hacía de mi alma. Yo, en ese tiempo, no vivía en mí. Era Jesús el que vivía en mí. Me levantaba a las siete, cuando se levantaba Rebeca para el colegio. Tenía horario para todo el día, pero todo lo hacía con Jesús y por Jesús.

 

3. DIARIO 16: DAR SENTIDO A LA VIDA. MEJOR, DESDE DIOS.

 Carta a Rebeca, 16.4.16

Créeme, Rebeca, que a los catorce y quince años uno comprende su vocación. Se siente una voz y una luz que le muestra la ruta de su vida. Ese faro alumbró para mí a los catorce años. Cambié de rumbo y me propuse el camino que debía seguir y hoy vengo a hacerte confidencias de los proyectos ideales que me he forjado.

En pocas palabrase confiaré el secreto de mi vida. Muy luego nos separaremos y ese deseo que siempre abrigamos en nuestra niñez de vivir siempre unidas, va a ser muy luego fracasado por otro ideal más alto de nuestra juventud. Tenemos que seguir distintos caminos en la vida. A mí me ha tocado la mejor parte, lo mismo que a la Magdalena. El Divino Maestro se ha compadecido de mi. Acercándose, me ha dicho muy por lo bajo: "Deja a tu padre y madre y todo cuanto tienes y sígueme".

¿Quién podrá rehusar la mano del Todopoderoso que se abaja a la más indigna de sus criaturas? ¡Qué feliz soy, hermanita querida! He sido cautivada en las redes amorosas del Divino Pescador. Quisiera hacerte comprender esta felicidad. Yo puedo decir con certeza que soy su prometida y que muy luego celebraremos nuestros desposorios en el Carmen. Voy a ser Carmelita, ¿qué te parece? No quisiera tener en mi alma ningún pliegue escondido para ti. Pero tú sabes que no puedo decirte de palabra todo lo que siento y por eso he resuelto hacerlo por escrito.

Me he entregado a El. El ocho de diciembre me comprometí. Todo lo que lo quiero me es imposible decirlo. Mi pensamiento no se ocupa sino en El. Es mi ideal. Es un ideal infinito. Suspiro por el día de irme al Carmen para no ocuparme sino de El, para confundirme en El y para no vivir sino la vida de El: Amar y sufrir para salvar las almas. Sí, sedienta estoy de ellas porque sé que es lo que más quiere mi Jesús. ¡Oh, le amo tanto!

Quisiera inflamarte en ese amor. ¡Qué dicha la mía si pudiera darte a El! ¡Oh, nunca tengo necesidad de nada, porque en Jesús encuentro todo lo que busco! El jamás me abandona. Jamás disminuye su amor. Es tan puro. Es tan bello. Es la Bondad misma. Pídele por mí, Rebequita. Necesito oraciones. Veo que mi vocación es muy grande: salvar almas, dar obreros a la Viña de Cristo. Todos los sacrificios que hagamos es poco en comparación del valor de un alma. Dios entregó su vida por ellas y nosotros cuánto descuidamos su salvación. Yo, como prometida, tengo que tener sed de almas, ofrecerle a mi Novio la sangre que por cada una de ellas ha derramado. ¿Y cual es el medio de ganar almas? La oración, la mortificación y el sufrimiento.

El viene con una Cruz, y sobre ella está escrita una sola palabra que conmueve mi corazón hasta sus más íntimas fibras: "Amor" ¡Oh, qué bello se ve con su túnica de sangre! Esa sangre vale para mí más que las joyas y los diamantes de toda la tierra.

 

4. CARTA 11: JUANITA LLEVA UNA VIDA NORMAL DE LA JOVEN DE SU EDAD.

También pienso en el "pololeo" o trato con los muchachos.

A Carmen de Castro Ortúzar, desde Chacabuco, 4.2.17

No tengo nada que contarte, pues no hemos salido a caballo nada más que sólo 10 veces desde que estamos aquí. ¿Qué te parece? Cuando nosotras antes salíamos tarde y mañana. En las tardes solemos salir a andar a pie, y casi siempre vamos a una ermita dela Sma. Virgen en un cerro. Ahí rezo y le pido por ti. Aunque tú creas que te he olvidado, no es así.

Te diré que lo que te voy a contar prefiero decírtelo cuando estemos solas. Mucho gusto me dio que estés pasando tan bien y que tengas hartas chiquillas con quienes juntarte. También te diré que me quedé encantada con tu noticiosa carta, y de lo bien que empleas el tiempo.

Nosotras pasamos los días leyendo y tejiendo debajo de los árboles--leímos en común "Relato de una Hermana" que yo lo leo por segunda vez, pues me encanta-, y rezando, por supuesto. No te figuras lo cortos que se me hacen los días y lo ligero que se me pasan, pues ya principio a pensar en esa terrible entrada al colegio, el 8. ¡Ah, qué feliz eres tú con no tener que pensar en esto! Pero, gracias a Dios, es el último año. Sólo que yo quisiera entrar -me parece que entraré- a hacer primera por un semestre, aunque no sé nada, pues depende de muchas cosas que consultaré contigo. Por favor, que quede esto entre las dos, pues te parecerá muy raro.

El 10 tendremos la dicha de ir a Lourdes -y creo firmemente- a presenciar el milagro de Nanito. ¡Oh, cuántas impresiones grandes te contaré en mi próxima! Te ruego que todos estos días le reces a la Virgen hasta el 10, y también que te acuerdes pedirle todos los días en la sagrada comunión. Te aseguro que te envidio con toda mi alma por la S. comunión; pues yo hace un mes justo que no comulgo. Acuérdate de mí, pues, cuando lo hagas.

Adiós, querida pichita. Cada día te quiero más y te echo tanto de menos; y quién sabe cuándo nos veremos, pues Uds. se vendrán tarde de Cartagena y nosotras entraremos al colegio.

Por favor cuéntame todo, y también si pololeas y todas tus impresiones, como lo hacías el año pasado y como en tu última carta. Perdona esta latosa y pesada carta y no la muestres. Adiós, pichita.

 

5. CARTA 19: VACACIONES NORMALES: DEPORTE, BAÑO, ECOLOGISMO, MISA, CATEQUESIS.

 

A Carmen de Castro Ortúzar. Algarrobo, 16 de enero 1918

Señorita Carmen De Castro O.

Querida Carmenchita: Mucho te extrañaría el laconismo de mi carta; pero estaba muy apurada, porque el correo se iba a ir y no va sino día por medio. Tú supondrás lo que te recuerdo. Me haces una falta inmensa y a cada instante me recuerdo de la felicidad de que disfrutaríamos ambas si estuviéramos juntas.

Aquí se pasa una vida deliciosa. Es una costa encantadora. Vivimos en una casa que está en la misma playa, a unos 3 metrosdel mar. Como tú puedes calcular, tenemos una vista preciosa. Todo lo que te diga de la confianza que existe será poco. Aquí se anda del modo que a cada uno le parezca: las chiquillas andan con chupallas de paja, y todo es así por el estilo. En la playa se ve un grupo de sólo cuatro o cinto señoras y de 11 chiquillas que se juntan todas. Nos bañamos juntas y se puede andar una cuadra con el agua hasta el pescuezo, sin tener que evitar ni olas ni corriente, porque no la hay. Se puede nadar mejor que en un baño de natación .

Te nombraré las chiquillas con que nos juntamos: las LyonSubercaseaux, las Valdés Alfonso, la Estela Valenzuela, Valenzuela Larrain, las Hurtado Valdés, que llevan una vida más independiente, y la Rebeca Echazarreta Larrain.

Un día hicimos un paseo a caballo con la Teresa Lyon. No te imaginas paisajes más bonitos los que se nos presentaban: quebradas inmensas entre dos cerros cubiertos de árboles, y al final de ellas una abertura por donde se veía el mar, sobre el cual se reflejaban nubes de diversos colores; y por detrás el sol encubierto. No te imaginas cosa más bella, que hace pensar en Dios que ha creado la tierra tan hermosa, a pesar que es un lugar de dolores. ¿Qué será el cielo -me pregunto muchas veces- cuando es para gozar? Todas las tardes las chiquillas salen a andar, pero mi mamá no nos deja, porque llegan muy tarde.

Hay aquí dos misas, pero hoy hubo cuatro y, en la tarde, todos los días bendición. Nosotras con las Lyon hemos formado un coro de canto que no resultaría tan mal, si nos supiesen acompañar. Hoy vamos a buscar con la Gabriela Lyon chiquillos para formar un curso de catecismo, del que te daré cuenta en mi próxima carta. Reza para que recojamos un buen número.

Nada te he contado del pueblo de Algarrobo, cuyas casitas, con excepción de dos o tres, son verdaderas casas de pobres: enladrilladas, el techo con vigas, y sin muebles. Es cómico ver la sorpresa de los que llegan a conocer el famoso pueblo. Nuestra casita, aunque es pobre, es cómoda. Cuenta con los muebles necesarios, y tiene bastantes piezas.

Todo se perdona aquí por la confianza que existe y por la vista que tenemos.

Anoche fue una noche ideal. Salimos a sentarnos en la arena, porque era la primera vez que la luna se veía, pues todos los días se nubla en la tarde. Decirte algo más ideal es imposible. En ese instante me pareció tenerte a mi lado; tanto era lo que te recordaba. ¿No te pasaba, Carmen, a ti que cuanto veías el mar sentías verdadero tormento por lo infinito? Uno siente en el alma una soledad inexplicable que sólo Dios puede llenar, pues todo le parece muy pequeño.

No te puedes quejar, mi Carmenchita querida, de que no te comunico todo lo que siento y pienso, pues sé que tú me comprendes, y yo siento la necesidad de expansionarme. Y ¿quién mejor amiga que tú? ¿Cómo están todos en tu casa? ¿Has sabido de la Inés y de los chicos? ¿Y la guagua? Dale muchos besos de mi parte a ese angelito. Saludos cariñosos de parte de los míos para tu mamacita y hermanas. Y tú, mi pichita linda, recibe un fuerte abrazo y sonoro beso de tu amiga Juana, H. de M

 

6. CARTA 22: VACACIONES FELICES, MISA, CATEQUESIS, NOTICIAS, AMISTAD.

A Herminia Valdés Ossa, desde Algarrobo 2.2.18.

Estamos todos muy contentos de haber venido a este pueblo, pues no creo haya otra costa de más confianza. El pueblo con sus casas no puede ser más sencillo. La casa que tenemos está en la misma playa; así, pues, disfrutamos de una vista encantadora.

Toda la gente es conocida: están las Lyon Subercaseaux, las Valdés Alfonso, las Hurtado Larraín, las Hurtado Echenique, lasLarraín Gandarillas, las Valenzuela Larrain, las Rivas Freire, lasEchazarreta Larrain, las Hurtado Valdés.

Todos los días salimos por las tardes, ya a pie, ya a caballo. El otro día hicimos un paseo en carreta a Punta de Tralca. El paseo fue lo más ideal, pues el punto a donde nos dirigimos era precioso: grandes peñascos donde azotaban las olas con una fuerza extraordinaria, al extremo de levantar unos 15 metros la espuma. Tomamos onces en las rocas y nos volvimos a las 7 de la tarde, y no llegamos sino a las 11 de la noche. Por suerte era una noche de luna. Cosa más bonita no es posible imaginarse.

Todos los días hay Misa y bendición con el Santísimo, a la que asiste toda la gente. También hacemos Catecismo. Me tienes que contar todo lo que haces. ¿Estudias? ¿Has leído los libros? Dame cuenta de todo, por favor. La Lucía, gracias a Dios, está muy bien. Mi mamá no estuvo bien, pues le dio esa fatiga; pero ya está mejor, gracias a Dios.

Saludos para todos los tuyos, en especial para tu papá y mamá de parte de los míos. A la Eli un abrazo de la Lucía y mío; y tú recibe un fuerte abrazo y beso de tu amiga que tanto te quiere Juana. La Rebeca te manda saludar. No la muestres. Dime si te la leen.

 

7. CARTA 35: AYUDA A SU PADRE EN LAS DIFICULTADES MATRIMONIALES. A SU PADRE. SANTIAGO, 13 DE AGOSTO DE 1918.

 

Mi querido papacito:

Ayer salí para siempre del colegio. Al mismo tiempo que sentía pena de dejar a la Rebeca, pues jamás nos hemos separado, de dejar a las monjas, que eran tan cariñosas conmigo, y a mis amigas, con las cuales pasábamos tan unidas, no podía menos de estar contenta al pensar que volvería a la vida de familia, y [a] estar en medio de los míos, a quienes tanto quiero.

Desde ahora, papacito, empieza para mí una nueva vida. Así es que yo quiero que Ud. cuente para todo conmigo. No tengo otro deseo que darle gusto en todo, acompañarlo y consolarlo, pues sé que, en la vida de trabajo que Ud. lleva por nosotros, encuentra muy a menudo sufrimientos que, aunque trate de ocultarlos por el mismo cariño que nos tiene, es imposible no comprenderlo.

La Lucía se casó y, aunque vive en casa ahora, no pertenece sino a Chiro. Créame, papacito, que aunque yo no valgo ni la mitad de ella, trataré por todos los medios posibles de reemplazarla, no sólo cerca de Ud. con mi cariño, sino también cerca de mi mamá y hermanos, ayudándoles en cuanto pueda y sacrificándome, si es preciso, por darles el menor gusto.

Pienso correr con la casa, tratando de hacerlo lo mejor posible; ya que considero que es ese el papel de la mujer, y que no hay nada más bonito como ver una joven preocupada en las cosas del hogar, trabajadora, no teniendo otro pensamiento que el agradar a cuantos la rodean. Y aprendiendo ahora estas cosas, si Dios quiere que más tarde yo tenga un hogar, sabré cumplir con mis deberes.

Me preparo para trabajar mucho en las misiones. Tenemos muchos planes combinados con la Rebeca para entonces. Principio a estudiar el piano, para poder tocar algunas piezas bonitas y atraer a la gente con algunos cantos aprendidos en el colegio...

Cuente pues, papacito, conmigo. Ahora ya soy grande. Considéreme como hija a quien puede confiarle sus penas, sabiendo que ella no lo dirá a nadie. Créame que me haría feliz si esto lo consiguiera.

Reciba saludos y cariños de mi mamá y hermanos, y Ud., mi papacito querido, todo el cariño y agradecimiento de su hija en un beso y abrazo apretado. Su hija Juana

Todas las noches le rezo a la Virgen por Ud.

 

8. CARTA 43: DIVERSIONES, MARIANISMO, ALEGRÍA CASCABELERA, PIEDAD,

RECUERDOS DEL COLEGIO.

 

A su hermana Rebeca. Cunaco, 20 de noviembre de 1918

Mi querida Negrita: Muy poco te duró el entusiasmo por escribirme, pues hace más de una semana que no sé qué es de tu vida. Pero, en fin, te perdono y por esta vez te doy el ejemplo de escribirte primero, considerando que en el colegio hay muy pocos estudios, sobre todo a fines de año.

No te figuras lo que te recuerdo y los muchos deseos que tengo de estar con mi querida hermanita. Creo que me iré el sábado, si Dios no dispone otra cosa. Te aseguro que he pasado regiamente y me quedaría todo el mes, si pudiera tener a todos los míos aquí.

Estoy muy yankee. Con la Herminita salimos a hacer largas excursiones de a pie las dos solas. A veces llegamos embarradas

hasta los tobillos, pues nos lanzamos por cualquiera parte. Nada nos detiene. Vencemos todos los obstáculos; en una palabra, somos muy varoniles. El otro día gocé a caballo. Galopamos con la Gordita desde las dos de la tarde hasta las cuatro y media. Como llovía salimos ambas con grandes mantas, con las que nos veíamos en unas fachas cómicas. ¡Qué reírnos más! Y pensaba entretanto en ti, mi pichita querida, que estarías estudiando o cosiendo apuradísima. Estoy eximia para manejar. El otro día hicimos un paseo al fundo vecino. Salimos como a las 9 y volvimos a las 12. No te imaginas lo que embromo a la Herminia. Pasamoscon ataques de risa perennemente.

Ayer pasé un susto colosal. Salimos a andar por los potreros y nuestro punto preferido es un cerro rodeado de mucha vegetación. Después de pasar una gran acequia haciendo puentes de piedras (las cuales hundía la Gordita), llegamos a la orilla donde descansamos un rato. Nos inspiramos con la belleza de la naturaleza, y enseguida nos volvimos. De repente siento un ruido entre el pasto. Miro y veo que he pisado una culebra que estaba con sus culebritas. Grito igual al mío no creo haya salido de la boca de ningún mortal. Yo corría desesperada gritando, hasta que me encontré con don Pepe, que se había asustado muchísimo con los gritos de nosotras, y nos hizo pasar al camino. Me acordé de ti, que seguramente habrías tomado la culebra para enrollártela en el brazo. Puede ser que te lleve, cuando me vaya, lagartijas, pues aquí las pisamos a cada instante. ¿No te gustaría?

Gracias a Dios, hemos tenido constantemente Misa y hemos tenido al Santísimo, y como nosotras con la Eli y Gorda somos las sacristanas, hemos pasado ratitos de cielo al lado de N. Señor. Entonces, siempre te tenía muy cerquita y le pedía muchas cosas buenas para ti. Ahora, desgraciadamente se fueron los Padres; así es que mañana -21- no podremos comulgar, lo que siento en el alma; pero te ruego lo hagas tú por mí todos estos días.

Dile a la Madre Izquierdo lo mucho que la recuerdo; lo mismo a la Madre Du Bose, M. Ríos, M. Alayza y M. Serrano. En una palabra, desde la Reverenda Madre, las recuerdo una por una y les conservo la misma gratitud y cariño, rezando todos los días por sus intenciones.

Cuéntale a la M. Alayza que no se me ha olvidado el latín. Los Padres me embromaban muchísimo con mi latín. Y varias veces me tocó ayudar a dar la comunión teniendo que contestar en latín. Por supuesto que creía poseer por completo la lengua latina y [ser] capaz de traducir no sólo los libros de la clase, sino también todos los textos... "¡Eugeeuge!"

Todos los días rezamos el Mes de María y cantamos con la Eli. Y el otro día se nos ocurrió inventar un Ave María. Estamos muy ufanas con nuestra improvisación. Cuando dábamos la nota más alta, a la Herminia se le ocurrió taparse los oídos, pues con nuestros vozarrones creyó que se le destapaba el tímpano. Al ver las gesticulaciones de la Gordita, nos principiamos a reír. En vez de notas, nos salían carcajadas, y yo no daba con ninguna nota en elharmónium. ¡Qué apuro más grande para que no nos viera la gente! Por suerte, nosotras nos ponemos en el oratorio, mientras que los inquilinos están debajo de un galpón.

En este corto período de tiempo he conocido nueve Padres. Así es que tú comprenderás lo muy santas que estamos con la Herminia, la cual dice que misiá Juanita ganó a mi mamá, pero muy lejos.

He adquirido fama con mis tentaciones de risa. (Se la gané a laChopi Salas). No hacemos otra cosa que embromar. Apróntate. En la mesa, nosotras estamos las últimas con Pepe. Era tanto lo que disparateábamos y nos reíamos, que a veces no podía comer. Y lo más trágico era que el Padre que rezaba después de la comida, en la mitad del rezo no podía continuarlo por la risa, pues los contagiábamos.

La Herminia viene a despertarme por la mañana con agua y sillas, mantas y todo lo que encuentra a su paso, y me lo echa todo encima de la cama. Así es que me desquito en el día, y en la noche no la dejo quedarse dormida. Y hay que advertir que le baja el sueño muy temprano.

No tengo más que contarte, excepto un paseo en carretón que hicimos el otro día, el cual lo tomé por asalto para pasar el río.

¿Qué es de la Elena Salas, mellizas, Marta, Goya y Graciela Silva? (De la larguin clienta no me acuerdo). Dales muchos cariños. Las recuerdo muy a menudo y pienso que mientras gozo, ellas, las pobres, estudian; pero de todas maneras las envidio de corazón, pues yo también recuerdo los días felices que pasé en mi colegio.

No te puedes quejar, querida hermanita, de esta tan larga y latosa carta, pero ella te expresará las ansias de conversar contigo y la mucha falta que me haces. Acabo de recibir una carta de Lucho que voy a contestar. Mi mamá me escribió ayer. Me da noticias de todos.

Adiós. Reza por mí. Saluda respetuosamente a todas las Madres, cariños a mis amigas y tú recibe un beso y abrazo tiernísimo de tu hermana Juana, H. de M.

 

9. CARTA 54: BUENA AMIGA, INTERESADAS POR LAS NOTICIAS.

 

A Carmen De Castro Ortúzar. San Pablo, 23 de enero de 1919

Señorita Carmen De Castro. Mi querida Carmenchita:

Aunque tengo otras cartas que contestar, prefiero escribirte a ti, pues constantemente pienso que tú puedes creer que mi cariño ha disminuido, porque no te he escrito; y lo mismo que no sé lo que dirás porque no me despedí de ti; pero te explicaré lo que pasó. Nosotras pensábamos venirnos el mismo viernes que ustedes se iban, por lo que tuvimos que arreglar todas las cosas y pasé esos últimos días en las cosas que teníamos que comprar para traer. El último día te iba a llamar por teléfono y resultó que me obligaron a salir acabando de comer, sumamente apurada; así es que no pude llamarte, y además no sé lo que me pasó, que no me acordé que al otro día era viernes y te iba a llamar por la mañana. En fin mi pichita querida, creo que me perdonarás, pues a pesar de esté olvido aparente, te recuerdo siempre y te quiero cada día más.

¿Cómo te va en ese mundo de Viña? Cuéntame tu vida en ésa con todos los detalles, pues ya sabes que todo lo tuyo me interesa. Nosotras aquí lo pasamos bien. Llevamos una vida sumamente tranquila. A caballo casi no he salido. Me llevo leyendo, y en la tarde salimos a pie. Nos vamos muy a menudo a la orilla del Maule, que presenta una vista encantadora.

No sé tu dirección en Viña y te la dirijo a Santiago. Contéstame luego, que tengo ansias de saber de ti. Con mis besos y abrazos se despide tu amiga que más te quiere

Juana, H. de M.

Mi dirección es: San Javier de Loncomilla, casilla 6.

 

10. CARTA 91 DESGARRO DE LA AUSENCIA DEL PAPÁ. CARIÑO INMENSO.

A su padre. Santiago, 1° de mayo de 1919 Señor Miguel Fernández Jara

Mi papacito querido:

Su carta tan deseada la recibí, por fin, el sábado y como he tenido mucho que hacer, no había ¡podido contestársela. Le aseguro, me siento orgullosa de tener un padre como el que Dios me ha dado. Doy gracias mil veces al cielo de ser su hija. ¡Cuánto le agradezco su generoso consentimiento y todos los sentimientos que me expresa en su carta! Verdaderamente gocé con el la.

Lo único que le pido es que se venga pronto, antes de irme, pues sería la pena más grande, si tuviera que renunciar a abrazarlo y besarlo por última vez. Le aseguro que sólo la idea de que no se venga me produce una pena tan intensa, que llega a convertirse en desfallecimiento físico. Papacito lindo venga por caridad. No puedo resignarme a no darle mi último beso y cariño. Acuérdese que lo quiero con locura. No puedo creer que Dios quiera someterme a esta horrible prueba; pero en fin, que se cumpla su adorable voluntad.

Mi medalla de oro --que jamás se ha separado de mí salvo cuando se la presté a Ud.--se la he reservado, para que la conserve como un recuerdo de su hija su vida entera. Es muy milagrosa. Siempre que la he besado pidiéndole a la Sma. Virgen alguna gracia, me la ha concedido. ¿Y sus chacras? Dios permita que le vayan bien. No se imagina, mi papacito, cómo se lo pido.

Adiós. Estoy muy apurada, porque tengo que ir a hacer visitas. Cuánto me gustaría conversar con Ud. otro ratito. Todos están muy bien. La Isabel está muy contenta, tanto con los patrones como con la guagua.

Reciba muchos recuerdos de mi mamacita y hermanos, y Ud., mi pichito querido, reciba todo el inmenso cariño de su hija en un beso y abrazo apretado. Juana

Miguel se ha portado muy bien y le estoy muy agradecida. Todo se lo debo a Ud. Gracias, mil veces gracias. Que Dios se lo pague, papacito querido. Saludos a Adelaida y chiquillas.

 

11. CARTA 93: CARTA CARIÑOSA A LA OVEJA PERDIDA DE LA FAMILIA.

 

7 de mayo de 1919 . Mi querido hermano:

Antes de partir he querido dejarte estas líneas que te han de manifestar el inmenso cariño que te he profesado toda mi vida. He sentido por ti, al mismo tiempo que mucho cariño, mucha compasión.

Comprendo, aunque tú nunca me lo has manifestado, que sufres; que llevas el alma destrozada. Sin embargo, muchas veces he querido penetrar hasta esa herida, pero tu carácter reservado me la ha ocultado. ¿Qué hacer sino callar y rezar por ti? Si tú pudieras comprender lo mucho que he llorado yo por ti, me oirías todo lo que mi alma te querría decir. Pero quizás no querrás oír los consejos de una monja. Sí, monja seré, pero siempre tendré corazón de hermana para ti. Siempre velaré desde el convento y te acompañaré a todas partes con mis pobres oraciones.

Que jamás, Miguel querido, pierdas la fe. Antes prefiero morir y ofrecer mi vida que tu alma sea extraviada. Prométeme que todos los días vas a rezar una 'Ave Maria" a la Santísima Virgen para que te dé la salvación, y que ese crucifijo lo conservarás y llevarás siempre contigo hasta la muerte, como recuerdo de tu hermana. Siempre lo he llevado yo conmigo

Siento la pena más inmensa al separarme, pero Dios me sostiene y me da fuerzas para romper los lazos más estrechos que existen sobre la tierra.

Créeme que mi vida entera será una continua inmolación por ti, para que seas buen cristiano. Acuérdate de tu hermana carmelita. Cuando las pasiones, los amigos te quieran sumergir en el abismo, ella al pie del santo altar estará pidiendo para ti la fuerza. Acuérdate que, mientras tu te entregas a los placeres, ella tras las rejas de su claustro someterá su cuerpo a las más rudas penitencias. Sí, Miguel. Te quiero con locura y, si es necesario que yo pierda mi vida porque tú vuelvas sobre tus pasos y comiences la verdadera vida cristiana, aquí la tiene Dios. Aún el martirio, con tal que, cuando pasen estos cuatro días del destierro, nos encontremos reunidos para siempre en Dios.

Adiós, hermanito querido. Perdóname todo lo que te he hecho sufrir. No ha sido con intención. No te olvides de tu hermana que tanto te quiere. Juana F., H. de M. Te ruego que no dejes de cumplir con la Iglesia. Sé bueno con mi papá y mamá. Escríbeme.

 

12. CARTA 96: CONFORMA LA SENSIBILIDAD Y LA FE TAMBALEANTE DE SU HERMANO QUERIDO.

 

A su hermano Luis

Convento del Espíritu Santo, Los Andes. 12 de mayo de 1919

Mi querido Lucho: Que Jesús sea el lazo de unión de nuestras almas.

Ayer recibí tu cariñosa cartita en la que me expresas los sentimientos de tu alma. Créeme que, después que la leí, me fui al coro para agradecerle a Nuestro Señor lo que me expresas haberexperimentado .

Déjame, Lucho querido, hablarte de corazón a corazón. Tu hermana carmelita viene a mostrarte cuál es el móvil de nuestra vida, el fin primordial de todo hombre, de todo cristiano: "Conocer, amar y servir a Dios aquí en la tierra para alcanzar el cielo". ¿Qué importa, Lucho querido, todo lo de la tierra, la ciencia, la gloria, los honores, si todo esto ha de concluir? La muerte todo lo disipa. Sólo un conocimiento, una verdad no se oscurece, por que está basada en lo inmutable. Sólo un bien, sólo un amor no se destruye, porque es eterno e infinito. Todo pasa en la vida, menos nuestras obras buenas. Lucho, nosotros también pasamos. Sólo un Ser queda siempre el mismo: Dios. Amémosle, pero antes conozcámosle. Solo El vale la pena de ser conocido, porque es infinito.

Lucho querido, ¿por qué no buscar a ese Ser, el único necesario? Amémosle a El y seremos felices, por cuanto Dios es el objeto de nuestro entendimiento y voluntad. Lucho, el medio para conocer a Dios es la humildad. "Dios --dice la "Imitación de Cristo"--no se revela a los soberbios". Humillémonos delante de El. Pidámosle con el corazón se manifieste a nuestras almas infinitamente. El no nos despreciará, porque Dios ama a las almas. Busquémosle por medio de la oración. Aunque no sintamos atractivo por ella, nuestro entendimiento ha de ver de cuánto provecho le sirve ese conocimiento y nuestra voluntad ha de querer los medios para llegar a él. El atractivo sensitivo no se ha de tener en cuenta, sino hasta cierto punto, pues las facultades superiores son las que gobiernan al hombre. Busquémosle por medio de los sacramentos. Nuestro Señor nos los dejó para unirnos más a su Divina Persona. Comulguemos lo más a menudo posible para amarlo más. Quien se acerca al fuego se calienta.

Lucho querido, a pesar de que la distancia nos separa, mi alma siempre está muy unida a la tuya. Ambas no forman sino una sola, ¿no es verdad? Pues bien, yo ya estoy sumida en Dios. Su amor es la vida de mi alma. Quiero elevarte hasta El; quiero comunicarte, hermanito mío, un poco del fuego en que me abraso; quiero calentarte con ese calor infinito, para que tengas vida. Sólo quisiera de ti la buena voluntad. Déjame, Lucho mío ser tu guía. ¿Quién puede desearte mejor y mayor bien que tu carmelita?

¡Oh! Si pudieras por un instante sentirte lleno de felicidad, como yo me siento. Créeme que me pregunto a cada momento si estoy en el cielo, pues me veo envuelta en una atmósfera divina de paz, de amor, de luz y alegría infinitas. No creas que por eso yo te olvido. Sería un egoísmo de mi parte. Cuando me encuentro sola en mi celda o en el coro, le abro mi corazón al buen Jesús, le presento los seres que amo, y nada más le digo, porque El lo sabe todo y El me ama. No llores. Soy feliz. A la Sma. Virgen le he encargado que te consuele. Ella sufrió más que nadie. Por lo tanto nadie mejor que Ella puede poner en las heridas del alma la gota de consuelo. Le pido que en ese hueco que he dejado al separarnos, introduzca a mi Jesús. El encierra todas las bondades, todos los atractivos para enamorar tu corazón.

Los sacrificios a que me someto no son sacrificios; el amor lo endulza y aligera todo. Amo y en amor deseo vivir toda mi vida. ¿Qué importa mortificar la carne, hacerla morir, si de esta muerte nace la vida del alma y la unión con Dios?

Mi mamá me cuenta que fueron el otro día a la Bendición No sabes lo que me ha hecho gozar esta noticia. Muchas tardes me llevaba mi mamacita a ella y, en el rincón más oscuro de la iglesia, adoraba y consolaba al Amor, por los que le ofenden y olvidan.

En ese instante, Lucho querido, siento el más vivo dolor al ver cómo Dios, en su majestad y grandeza, se preocupa del hombre, desciende al tabernáculo y se constituye nuestro amigo íntimo, nuestro médico amoroso, nuestro Todo adorado y, sin embargo, permanece allí cautivo sin que los hombres piensen siquiera en El; antes, al contrario, sólo piensan en pecar. ¡Que ingratitud más execrable! Hermano, no seamos ingratos para ese Dios todobondad, todo amor... La ingratitud es propia de corazones sin sentimientos. Y si nuestros corazones están llenos de afectos ¿sólo Jesús no tendrá siquiera una parte en ellos?

Voy a concluir esta larga carta, que espero no será la última. Mi madrecita te manda ese santito, para que lo guardes como recuerdo de tu carmelita. A mi mamacita, a la Rebeca y a Ignacioles dirás que apenas tenga tiempo les contestaré sus cartitas, que me han hecho gozar. A la Lucía, a Chiro y Miguel dales cariñosos saludos. Para mi papacito un saludo muy cariñoso junto con un abrazo; y para ti, Lucho regalón, todo el cariño de que es capaz tu hermana Teresa de Jesús, Carmelita

P.D. Saluda a mi mamita, Rosa, Susana,etc. Diles que a todas las tengo muy presentes en mis pobres oraciones.

 

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