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Caminando con Jesús

Pedro Sergio Antonio Donoso Brant ocds

 

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Santa Teresa de Los Andes

 

SUS ESCRITOS   VII

 

1. DIARIO 10: Llamada al Carmelo, en las redes del amor.

 

2. DIARIO 13: Discernimiento con la Madre Ríos.

 

3. DIARIO 35: Jesús le dice lo que le espera en el Carmelo.

 

4. CARTA 101: A Elisa Valdés Ossa. Convento del Espíritu Santo, 14 de mayo de 1919.

Qué es ser carmelita.

 

5. CARTA 116: Cómo es su vida en el Carmelo.

 

6. CARTA 103 : A Herminia Valdés Ossa.

Habla de temas espirituales y materiales.

 

7. CARTA 130. A Graciela Montes Larráin.

Identidad de la carmelita.

 

8. CARTA 138 (II): A una amiga.

La carmelita es una crucificada.

 

 

VII. EL CARMELO

 

1. DIARIO 10: LLAMADA AL CARMELO, EN LAS REDES DEL AMOR.

 

[Julio 13, 1915] Hoy cumplo quince años ¡Quince años! La edad en que todos quisieran estar: los niños por ser considerados como más grandes, y los ancianos y los que han pasado esta edad, que tienen veinticinco años, quisieran volver a esta edad por ser la más feliz. Pero yo pienso: quince años, quince años que Dios me ha conservado la vida. Me la dio en 1900. Me prefirió entre millares de seres para crearme a mí. En 1914, el año que pasó estuve enferma a la muerte, y me dio la vida otra vez. ¿Qué [he] hecho yo de mi parte, para este favor tan grande y para que Dios me haya dado la vida dos veces? ¡Quince años! ¿En qué me he ocupado en estos quince años? ¿Qué he hecho yo para agradar a ese Rey omnipotente a ese Creador misericordioso que me creó? ¿Por qué me prefirió entre tantas criaturas? El porvenir no se me ha revelado; pero Jesús me ha descorrido la cortina y he divisado las hermosas playas del Carmelo.

¡Cuántas veces no le he pedido a Dios que me lleve de este mundo, y El casi ha accedido a mis súplicas y me ha mandado enfermedades de las cuales creían que no salvaba. Pero Jesús me ha enseñado que no debo pedir esto y me ha puesto como término de mi viaje nueve años más en el bendito puerto del Carmelo.

Estos quince años, que para una chiquilla es la edad más peligrosa, es la entrada en la mar tempestuosa del mundo. Pero yo que estoy en los quince años, Jesús ha tomado el mando de mi barquilla y la ha retirado del encuentro de las otras naves. Me ha mantenido solitaria con El. Por eso, mi corazón, conociendo a este Capitán, ha caído en el anzuelo del amor, y aquí me tiene cautiva en él. ¡Oh! cuánto amo esta prisión y a este Rey Poderoso que me tiene cautiva a este Capitán que en medio de los oleajes del océano, no ha permitido que naufrague.

Jesús me alimenta cotidianamente con su Carne adorable y, junto con este manjar, escucho una voz dulce y suave como los ecos armoniosos de los ángeles del cielo. Esta es la voz que me guía, que suelta las velas del barco de mi alma para que no sucumba, y para que no se hunda. Siempre siento esa voz querida que es la de mi Amado, la voz de Jesús en el fondo del alma mía; y en mis penas, en mis tentaciones, El es mi Consolador, El es mi Capitán.

Condúceme siempre Jesús mío, por el camino de la Cruz. Y levantará el vuelo el alma mía, donde se encuentra el aire que vivifica y la quietud.

 

2. DIARIO 13: DISCERNIMIENTO CON LA MADRE RÍOS.

 

También le dije que yo deseaba entrar al Carmelo. Y ella me preguntó: ¿Y la salud? ¿Podrá resistir? ¡Ay; no me acuerdo de este cuerpo miserable! Quisiera volar y él no puede. ¡Cuánto te aborrezco, vaso de corrupción que te opones a los deseos de mi alma! Eres delicado. Te hacen mal las austeridades, y necesitas que te regaloneen. Pero mi Jesús hará lo que quiera. Cúmplase en todo su santa voluntad. Esta cruel incertidumbre es una especie de agonía para mi alma. Mejor. Porque así puedo unirme mejor a mi Jesús en el Huerto y consolarlo un poco. Es el cáliz que me acerca a los labios, pero que creo no me lo hará apurar.

La Madre Ríos me dijo que rezaría mucho por mí y mi salud y que sólo pensara en que iba a ser esposa de Jesús. Me recomendó para leer la vida de Santa Teresa y de Teresita del Niño Jesús. Yo le dije que la había leído varias veces y saco tanto provecho; pues su alma tiene algunos puntos parecidos a la mía. Y también porque yo como ella, he recibido muchos beneficios de Nuestro Señor, qué la hicieron que llegara muy luego a la perfección; mientras que yo le pago tan mal a Jesús. Esto me enternece y le prometo ser mejor. La Rebeca llegó y tuve que retirarme con gran pena.

 

3. DIARIO 35: JESÚS LE DICE LO QUE LE ESPERA EN EL CARMELO.

 

Octubre 30 [1917]. He servido como Hermana todo el día. He gozado, pues me figuraba servir a Jesús. Hablé hoy bastante con Jesús. Me hizo ver la necesidad que tiene la carmelita de vivir siempre al

pie de la Cruz, para aprender allí a amar y sufrir. Sufrir de tres maneras: [1°] La carmelita ha de mortificar su carne a ejemplo de Jesús agonizante. 2° Mortificar su voluntad, negándose todos los gustos y sometiendo su voluntad a Dios y al prójimo. 3° El sufrimiento del espíritu, del abandono de nuestro Jesús en la oración, en las luchas del alma, etc. Como Jesús que dijo en la cruz: "Dios mío, ¿por qué me habéis abandonado?". La vida de la carmelita no es otra cosa: amar, llegar a la unión más perfecta con Dios, e inmolarse y sacrificarse en todo, ya que el sacrificio es la oblación del amor.

 

4. CARTA 101: A ELISA VALDÉS OSSA. CONVENTO DEL ESPÍRITU SANTO, 14 DE MAYO DE 1919.

Qué es ser carmelita.

Que Jesús sea el confidente de mi hermanita Isabel: "Magnificat anima mea Dominum" [Engrandece mi alma al Señor]. Estas son las únicas palabras que brotan de mi corazón al ponerlo en contacto con el tuyo, mi hermanita querida. En este momento siento mi alma desbordante de gratitud para con Dios. ¿Con qué le pagaré, hermanita mía?

Hoy hacen ocho días que morí para el mundo para vivir escondida en el infinito Corazón de mi Jesús. Hermanita, soy feliz; pero la criatura más feliz del mundo. Estoy comenzando mi vida de cielo, de adoración, de alabanza y amor continuo. Me parece que estoy ya en la eternidad, porque el tiempo no se siente aquí en el Carmen. Estamos sumergidas en el seno del Dios Inmutable. Mi Isabelita querida, quiera Dios concederte algún día el ser carmelita. Por mucho que idealices este nombre, sólo será tu pensamiento una vaga sombra de lo que es realmente. Yo así lo he palpado. Hermanita querida, lo único que me pregunto: ¿por qué a mí que soy tan perversa y miserable, me ha elegido para estar tan unida a El, mientras a ti te deja en el mundo siendo mejor que esta tu infeliz hermana? Isabel, el amor de Dios es infinito y, por lo tanto, incomprensible. Anonadémonos ante sus inescrutables designios.

Me dices te diga mi opinión acerca de tu vocación. Me río al ver a quién se lo preguntas. ¿Qué confianza, hermanita mía, puedes tener en mí? Pero en fin, ya que me lo preguntas, te diré que yo creo que, por ahora, tu misión está en el seno de los tuyos, cerca de tu papá. Puedes ser, entretanto, carmelita en el mundo. Dios quiere lo seas. El te dará la fuerza y gracia que necesitas para serlo. Que, en ese desierto de amor, Jesús encuentre un oasis en su Isabelita. Que en esas tinieblas del mundo, encuentre el foco de amor de tu corazón puro. ¡Qué grande es tu misión, hermanita! Pero también es una misión de lucha continua. Abrázate con toda tu alma a la cruz que tu divino Esposo pone sobre tus hombros. Te considera fuerte, varonil, ya que te la da -y bien pesada por cierto-, pero es porque te ama infinitamente. Agradécele tanto bien.

Mi hermanita Isabel, seamos pues carmelitas; pero en toda la extensión de la palabra. Es la vocación más grande, ya que nuestro divino Maestro se lo dijo a Magdalena: "Has escogido la mejor parte". La Sma. Virgen fue una perfecta carmelita. N. Señor 30 años de su vida pasó en la vida del recogimiento y oración; sólo 3 los empleó en evangelizar. En el Smo. Sacramento continúa en esa oración no interrumpida. En el cielo la ocupación de las almas será adorar y amar. ¡Iniciemos, pues, en la tierra lo que haremos por una eternidad!

La carmelita, tal como yo la concibo, no es sino una víctima adorante. Seamos víctimas, Isabelita querida, hostias, pero muy puras. Vivamos completamente sumidas en Dios. Yo te diré lo que hago para esto: considero mi alma como un cielo donde reside laSma. Trinidad, a quien no puedo compenetrar ni mirar, porque la considero como un foco inmenso, infinito de luz. Muy cerca del centro de ese foco me represento a la Sma. Virgen inundada de luz y de amor. Cerca de la Sma. Virgen, a mi Padre S. José, y después a todos los ángeles y santos, cada uno en su lugar correspondiente. Y más abajo, la última, me veo yo como un punto negro en esa aureola y torrente de luz. Allí vivo contemplando y adorando a ese Ser perfectísimo. La cuestión es no interrumpir interiormente esa alabanza de gloria. Aunque estemos ocupadas exteriormente, guardemos silencio interior, es decir, no admitir ningún pensamiento ajeno a esa adoración, rechazar aún aquellos que sean de nuestra propia persona, porque podríamos tener pensamientos de vanidad o cualquiera otro que nos inquietara. Vivamos siempre en presencia de Dios rechazando el pensamiento de las criaturas. Cuando tengamos que tratarlas, miremos en ellas a Dios y tratémoslas con deferencia y considerándonos nosotras como esclavas de ellas; posponiéndonos a ellas, sacrificándonos por ellas. No tengamos, Isabelita, otro deseo que el [de] glorificar a Dios cumpliendo en todo momento su divina voluntad. Pensemos con alegría en cada momento que la estamos cumpliendo y adoremos esa divina voluntad. Que nuestras obras sean hechas como que Dios nos las examina. Así obraremos con perfección. Y hacerlo todo como tú me recomiendas: por amor. Y siempre con la intención de cumplir la voluntad de Dios y no porque nos vean las criaturas. Para vivir en esta continua oración es necesario la mortificación de la carne, ya que, al preocuparnos de nuestras comodidades, desatendemos nuestra alma. Pero como no se nos permite mucha penitencia, mortifiquemos nuestros sentidos, de modo que, cuando deseemos mirar algo para satisfacer nuestra curiosidad, no lo hagamos. Lo mismo de los otros sentidos, en particular el gusto: no comer nada a deshora. Cuando comamos, no recrearnos y complacernos en aquello que nos agrada; comerlo ligero, sin tomarle el gusto o demorarnos harto para ir en contra del apetito.

Vivir siempre muy alegres. Dios es alegría infinita. Ser muy indulgentes para los demás y con nosotras mismas muy estrictas. El otro día dijeron a este respecto un pensamiento que me gustó mucho: "ser topo para con el prójimo y lince para consigo misma"; es decir, no ver los defectos ajenos sino los nuestros.

Mi Isabelita querida, es esto lo que Dios me ha inspirado y, como nuestras almas están muy unidas, te lo participo a ti. Tú puedes hacer todo esto en el mundo perfectamente. No dejes ningún día tu oración, aunque sea sólo por la mañana cuando vayas a misa, no importa que no sea la hora entera. Tu intención particular hande ser los sacerdotes y los pecadores. Lee el Camino de Perfección de Nuestra Santa Madre, aunque sea una página. Para otra vez te mandaré mi reglamento. Dile a la Rebeca te preste la carta que le escribí a ella; van varios detalles que te gustará saber. Estoy rezando una novena a S. José por tu papá; únete a mí. Mi Madrecita te ha tomado mucho cariño y siempre me habla de ti y de los tuyos. Su Reverencia reza mucho por tu papá y por Isabel de la Trinidad. Me ha permitido también que te escriba con alguna frecuencia; así pues, apróntate a recibir mis sermones que tú no necesitas y que yo estoy muy lejos de practicar. Confiemos en Dios. El hará la obra de nuestra santificación.

Únete a mí a las 11 am hasta ¼ para las 12 am. Y a las 5 hasta ¼ para las 7 pm. A esas horas estoy en oración en el coro. Haré lo que me dices respecto a la Herminita. A Dios. Reza por mí. Soy cada vez más miseria e ingratitud: un verdadero monstruo, hermanita mía. Te tengo en mi corazón con N. Señor. Tu indigna s. En HMJT. Teresa de Jesús. Carmelita. Pidámosle a la Sma. Virgennos dé recogimiento.

 

5. CARTA 116: CÓMO ES SU VIDA EN EL CARMELO.

J.M.J.T Convento del Espiritu Santo, 20 de julio de 1919

R.P. Artemio Colom, Córdoba [Argentina].

Reverendo Padre: Que la gracia del Espíritu Santo sea en el alma de Vuestra Reverencia.

Tantos días han pasado sin poder contestar su atenta cartita para agradecerle todas sus oraciones con el más filial y respetuoso agradecimiento. Ya tiene a su hija pecadora en el Carmelo, separada por completo del mundo, realizando así el ideal de toda su vida; ideal que, a medida que pasa el tiempo, me parece más hermoso. Me pregunto de continuo por qué Dios me ha amado tanto, siendo yo tan pecadora, tan ingrata a sus numerosos beneficios. Y sólo encuentro la razón en su Bondad infinita. Nadie, si no es El, podrá amar a una criatura tan despreciable como soy.

Mis esfuerzos todos se dirigen a ser una santa carmelita, y creo que lo que Dios quiere de mí para alcanzar esta santidad es un recogimiento continuo: que nada ni nadie pueda distraerme de El. No me pide nada más que esto, porque allí, en esa unión íntima demi alma con mi Dios, se encuentra para mí el ejercicio de todas las virtudes. Primero que todo, encuentro la renuncia completa de todo mi ser, pues cuanto más me aísle de mí misma, más me internaré en El. Trato, pues, de negarme en todo para llegar a poseer al Todo, según nos enseña nuestro Padre San Juan.

Hay días que consigo vivir enteramente para Dios. Entonces es cuando me siento en el cielo. Entonces es cuando comprendo que "sólo Dios nos basta". Fuera de El no hay felicidad posible. No se imagina, Rdo. Padre, lo que N. Señor se revela a mi alma, a pesar de ser tan miserable, y no comprendo cómo he amado a N. Señor sin conocerlo; tanta es la distancia que tengo y tenía de Dios.

Mi oración es cada vez más sencilla. Apenas me pongo en oración, siento que toda mi alma se sumerge en Dios, y encuentro una paz, una tranquilidad tan grande como me es imposible describir. Entonces mi alma percibe ese silencio divino, y cuanto más profunda es esa quietud y recogimiento, [más] se me revela Dios. Es una noticia muy clara y rápida. No es reflexionando; antes me turbo cuando reflexiono. Cuando esta noticia es muy clara, siento como que mi alma quisiera salir de mi ser. Mi cuerpo no lo siento.

 

Estoy como insensible; y dos veces no me he podido mover de mi sitio, pues estaba como enclavada en el suelo. Otra vez, una hermanita me fue a hablar, y sentí un estremecimiento terrible en todo mi ser, y lo que me dijo lo oí como de muy lejos, sin comprender sino hasta después lo que me dijo. Siento que mi alma está abrasada en amor de Dios y como que El me comunicara su fuego abrasador.

Un Padre a quien le consulté acerca de mi oración me dijo que, cuando sintiera ese arrobamiento de todo mi ser, debía rechazar el pensamiento de Dios. Lo hice por obedecer, pero era el sufrimiento más terrible, y a veces no lo conseguía. También, que debía principiar mi oración por meditar en Jesucristo; y yo sentía que no podía, pues Dios me atraía el alma.

Por fin, el Padre Avertano, carmelita, que es actualmente mi confesor, me dijo que no debía resistir a Dios, sino seguir sus inspiraciones. Así lo he hecho. Después de tener esta oración de quietud, cuando he sido más fuertemente atraída por Dios, me vienen tentaciones muy grandes. A veces, me parece que todo lo que me pasa son ilusiones. Otras veces, que es el demonio que me engaña para hacerme creer que soy extraordinaria. Otras veces, me siento agobiada por mis miserias y abandonada de Dios; y por fin, la más terrible es la tentación contra la fe: quedo en completa oscuridad, dudando hasta de la existencia de Dios.

Antes de ayer fue esta tentación tan grande, que no podía ni aún rezar, pues era peor. Entonces creí había consentido en la tentación, y que estaba en pecado mortal; pero no me importaba ni aún esto, pues me decía que el pecado mortal eran invenciones. Anduve todo el día así y al mismo tiempo decía que se hiciera la voluntad de Dios. En la noche le dije a nuestra Madre que yo no comulgaría; sin embargo, ella quería sufriese yo sola y no trató de consolarme, pues creyó que la tentación pasaría como otras veces.

Al día siguiente, tenía fe y me dije que estaba en pecado mortal. Y como nuestra Madre juzgó que era prudente no exigirme que comulgara, pues yo no quería, me quedé sin comulgar, aunque tenía hambre de Jesús. Me sentía condenada. Dios se me representaba como un Juez terrible. Lloré tanto, que ya no sabía lo que tenía. Cuando nuestra Madre se me acercaba para consolarme, yo me retiraba, pues veía que estaba ella con Dios y yo con el demonio Me tranquilicé cuando me aseguró que no estaba en pecado. Sin embargo, vi claramente que Dios no había querido venir ese día a mi alma. Ya la tentación pasó, y me ha dejado muy humilde, no sólo delante de Dios, sino delante de mis hermanitas (pues se cercioraron que no había comulgado y que me había tenido que confesar).

Pero después de estas oscuridades Dios se comunica más a mi alma. Ayer ya no sabía dónde estaba, aun después de la oración; y aunque mi pensamiento no está permanentemente en Dios, me siento muy unida a El y, apenas pienso en El, mi alma se siente fuertemente atraída. Yo no sé si esto es ilusión o no. Lo único que veo es que ando con mucho recogimiento, sé mortificarme y vencerme más y soy más humilde. Dios es demasiado bueno con esta infeliz pecadora; a pesar que tanto lo ofende, no deja de amarla.

Después que comulgo, me siento en el cielo, y dominada por el amor infinito de mi Dios. A veces mi solo consuelo en este destierro es la comunión, donde me uno íntimamente con El. Siento ansias de morirme por poseerlo sin temor de perderlo por el pecado. Este deseo me hace huir de las menores imperfecciones, pues ellas me separan del Ser infinitamente Santo.

También N. Señor se me representa a veces interiormente, y me habla. Como una semana lo vi en agonía, pero de un modo tal como jamás lo había ni aún soñado. Sufrí mucho, pues traía la imagen perpetuamente, y me pidió que lo consolara. Después fue el Sagrado Corazón en el tabernáculo con el rostro muy triste; y por último, el día del Sagrado Corazón, se me representó con una ternura y belleza tal, que abrasaba mi alma en su amor, no pudiendo resistir. Sin embargo, en cuanto a las imágenes y hablas interiores no hago caso, si no es al efecto bueno que producen en mí, para no aficionarme a ellas, y aún trato de rechazarlas. En cuanto a Dios no me lo represento en ninguna forma, para ir a El por fe. Todo esto pasa en mi alma. Juzgue su Reverencia si no voy errada, pues vivo con este temor.

Mi toma de hábito quizás sea el 15 de octubre, pues Nuestra Madrecita pidió al Nuncio me suprimiera un mes. Le aseguro que ardo de deseos de verme con el hábito de nuestra Madre del Carmen. Sin embargo, me confundo al ver que no tengo las virtudes de una religiosa. Créame que, al ver a mis hermanitas tan santas, me avergüenzo de verme tan miserable.

Trato de adquirir las virtudes: ser obediente hasta en lo más mínimo, caritativa con mis hermanitas y sobre todo, ser humilde. Para esto procuro no hablar ni en pro ni en contra de mí misma, y sólo humillarme delante de Nuestra Madrecita. Procuro no disculparme, aunque sin razón me reprendan, y si alguna hermana me humilla, me estimulo en servirla y en ser más atenta con ella. Siempre quiero negarme y renunciarme en todo, para así unirme más a Dios.

El día del Sagrado Corazón solicité licencia de nuestra Madre para hacer los tres votos hasta mi toma de hábito. Mi ideal de carmelita es ser hostia, ser inmolada constantemente por las almas, y mi fin principal es sacrificarme porque el amor del Corazón de Jesús sea conocido. Créame, Rdo. Padre, que no sé lo que me pasa al contemplar a Nuestro Dios desterrado en los tabernáculos por el amor de sus criaturas, las cuales lo olvidan y ofenden. Quisiera vivir hasta el fin del mundo sufriendo junto al divino Prisionero.

Nada le he dicho del Oficio Divino, oficio de ángeles. Me creo en el cielo cuando estoy en el coro cantando las alabanzas de la Sma. Trinidad. Ruegue por mí, Rdo. Padre, que soy tan perversa, tan orgullosa, tan poco mortificada. Ofrezca a su carmelita siquiera una vez en la Santa Misa como hostia. Quiero ser hostia por hostia. Introdúzcame en el cáliz, para que, bañada en la Sangre de Jesús, sea aceptada por la Sma. Trinidad. Pídale a N. Señor me haga una santa carmelita, verdadera hija de nuestra Sta. Madre. Yo, aunque miserable pecadora, ruego mucho por Su Reverencia, para que sea un santo Jesuita.

Agradeciendo la Misa ofrecida por mí el día 7 de mayo y todas sus oraciones, se despide su indigna sierva en el C.J.M.J.T. Teresa de Jesús, Carmelita. P.D. ? Nuestra Madre envía a su Rcia. respetuoso saludo.

 

6. CARTA 103 : A HERMINIA VALDÉS OSSA.

Habla de temas espirituales y materiales.

 

Mi hermanita muy querida en el Corazón de Jesús:

Aunque sean unas cuantas líneas, te quiero escribir para consolarte. ¿Por qué te encuentras tan sola? ¿No estamos siempre muy unidas en el Divino Maestro? ¿Acaso crees que la carmelita ya no tiene corazón para querer a aquella que forma parte de su propio ser...? Siempre vas conmigo a todas partes; siempre seguimos obrando juntas. No temas que te olvide. Te he querido demasiado para olvidarte tan ligero; mucho más que antes te quiero, porque el amor no sólo está en las palabras sino en las obras. Ahora obro, ahora me sacrifico por ti para que conozcas la voluntad de Dios. Ojalá, hermanita querida, que ese corazón que siempre traigo junto al mío, no lata sino por Jesús. Que nuestro amor sea el mismo. Que no pertenezcamos nada más que a nuestro Dueño soberano. El es el único capaz de saciarnos. Su amor es infinito. No tiene límites.

¡Oh, si pudieras por un momento ver cómo me ama mi Jesús! Parece que no existiera otra criatura en el mundo a quien amar, pues su amor se me manifiesta hasta en los menores detalles. ¡Cómo quisiera que lo amaras! ¡Quién pudiera abrir los ojos de tu alma para que vieras su infinita belleza que arrebata, para que comprendieras su amor infinito que extasía! Todo un Dios mendigando el amor de criaturas miserables, de nadas criminales. Medita, hermanita, todos los días, ya sea en la Pasión, ya en elSmo. Sacramento, o en los inmensos beneficios con que Dios te ha favorecido. Pidámosle juntas que te dé su divino amor, y pueda ser que antes que la muerte nos dé la vida verdadera, podamos abrazarnos y cantar las misericordias divinas, unidas tras estas rejas queridas de mi Carmelo; y después morir e ir al cielo a entonar el cántico de las vírgenes, siguiendo al Cordero. ¡Qué dicha hermanita, cuando ya los velos de la fe hayan caído y contemplemos sin cesar la faz del Dios Amor! ¿Qué importa sufrir y morir a cada instante en la tierra, si amamos?

Ahora voy a cumplir con lo que te dije de mis encargos. Cómprame, por caridad, hilo y las cosas necesarias para hacer canastitos tejidos: cola, pintura café, y me mandas decir cómo se encolan, porque se me ha olvidado. Ojalá también me hicieras un modelo pequeño, o me puedes mandar el canastito dorado; pero lo quiero muy pronto, porque es para el día de nuestra Madrecita. También te agradecería me enviaras yeso para hacer esos medallones y [dijeras] todo cómo se hacen; y los santos que dejé, es decir, las estampitas. Aunque tengan dedicatoria no importa. Te recuerdo también le pidas a mi papacito lo que te dije antes y todo lo que tú puedas, ¿no?

Cuando mi mamacita me envíe las rosas y claveles, ojalá me consiguieras buvardia blanca, que tiene muy rico olor y se parece al jazmín, y mándame las violetas de Persia, porque tenemos un oratorio muy bonito con la Sma. Virgen y un Niñito Jesús precioso.Ojalá consiguieras con las monjas un cuadernito de cantos delSdo. Corazón, porque aquí no tenemos sino muy pocos. Y te enviaré después esa música que saqué del colegio. Perdona que sea tan pedigüeña, pero contigo no importa. Mándame luego este cuadernito.

 

Adiós, pichita querida. No muestres esta carta. Saludos para mi mamacita y papacito, y a cada uno de mis hermanos a quienes no nombro por estar apurada. Adiós, linda. Recibe de parte mía y de Jesús muchos cariños. Tu indigna Teresa de Jesús, Carmelita

Dale muchos besos a la Lucecita. Saludos a mi mamita y a todas. Contesta muy luego a todo. Mándame polvos de magnesia y bicarbonato. Saludos para las Madres. Nuestra Reverenda Madre y hermanitas agradecen tus saludos.

 

7. CARTA 130. A GRACIELA MONTES LARRÁIN.

Identidad de la carmelita.

 

Convento del Espíritu Santo, septiembre 14 de 1919

Que el Espíritu Santo sea en tu alma, mi hermanita tan querida:

... Te participaré que la votación para mi toma de hábito se efectuó el día de la Natividad, y por la misericordia de Dios fui aceptada por mis hermanitas. No te diré mi sorpresa y susto cuando me manda llamar nuestra Madrecita a la sala de capítulo para decirme el resultado. Estaban todas mis hermanitas, y nuestra Madrecita en el medio con su capa de coro. Se me figuró que iba a ser sentenciada. Cuando oigo lo contrario, no supe lo que [me] pasó. Después de abrazar a todas, se acabó la ceremonia, y todas principiaron a embromar, con lo que se me pasó el acholo. Créeme que me encanta esa confianza, cariño y expansión.

Consigue que te traigan para mi toma de hábito, pues me encantaría verte. Sobre todo, para que presenciaras la felicidad de ser carmelita, la cual para mí toma mayores proporciones. Si antes consideraba mi vocación por encima de todas, hoy día laaprecio el doble más; pues he visto y me he cerciorado que el ideal de santidad de una carmelita es mayor que el de otra cualquiera religiosa.

Vivimos sólo para Jesús. Y así como los ángeles en el cielo cantan incesantemente sus alabanzas, la carmelita los secunda aquí en la tierra, ya sea cerca del sagrario donde está prisionero el Dios?Amor, ya en lo íntimo del cielo de su alma, donde la fe le dice que Dios mora. La vocación nuestra tiene por objeto el amor, que es lo más grande que posee el corazón del hombre. Ese amor reside dentro de su alma desde el día en que puso Jesús en ella el germen de la vocación. Es una hoguera donde el alma se consume y se funde con su Dios. Esa hoguera no deja nada a su paso. Todo lo hace desaparecer, aun las criaturas, para irse a unir al fuego infinito del amor que es Dios. Por eso busca la soledad para que nada le impida la unión con Aquel por quien todo lo deja. Un alma cuando ama verdaderamente -aun se ve esto en los cariños humanos- no quiere estar sino con la persona amada, mirarla siempre, expresar aquello que pasa en los corazones y estrecharse más y más. Por eso es que nosotras, amando a Jesús con toda nuestra alma, sólo deseamos contemplarlo y hablarle a solas para cambiar sus ideas y sentimientos divinos por los nuestros miserables.

¡Qué cosa más rica es para el alma que ama pasar la vida junto al Sagrario. El, prisionero por su amor, y ella también. Nada los separa. Ninguna preocupación. Sólo deben amarse y perderse la criatura en su Bien infinito. El le abre su Corazón, y allí la hace vivir olvidada de todo lo del mundo, porque le revela sus encantos infinitos, a la vista de los cuales todo lo demás es vanidad. El la estrecha y la une a sí. Y el alma, perdida y enloquecida ante la ternura de todo un Dios, desprecia las criaturas, y sólo quiere vivir sola con el Amor. Ay hermanita querida, dichosas nosotras que hemos sido elegidas para ser las esposas predilectas de Jesús, sin las cuales El no puede pasar, pues encuentra en ellas un amor verdadero, ya que la carmelita le hace la más completa donación de todo. Ella le consagra su inteligencia despreciando las ciencias humanas; su memoria, olvidando todo lo del mundo; su familia, etc. Su voluntad la depone completamente, pues ella no tiene autoridad sobre nadie y hasta para tomar un alfiler tiene que pedir licencia. Su corazón se lo consagra enteramente, desposeyéndose de todo por la pobreza más completa y negándose la más mínima comodidad. Por fin, su cuerpo se lo ofrece en sacrificio, sometiéndose a las más rudas penitencias. ¿Qué queda de ella? La nada, y aún su nada la sepulta en silencio dentro del Corazón adorable de su Dios. Allí, como la Magdalena, oye de Jesús que ha escogido la mejor parte, la de amar lo único necesario. Nadie la saca de allí. Ella comprende que al contacto de Jesús se diviniza; por eso se sumerge en El para transformarse en El, y, a medida que se engolfa en Jesús, va descubriendo en El tesoros infinitos de amor y de bondad; va reconociendo poco a poco al Verbo humanado. Entonces es cuando comprende más que nunca la obra redentora del Salvador, el valor de esa Sangre divina, y, consumida por el amor, siente sed. Sí, sed de la sangre de su Dios, derramada por las almas pecadoras. Ir en pos de ellas para salvarlas no puede. Está ciega si se aparta del foco de la Luz que es el Verbo. Entonces, como ya no forma con Jesús sino una sola persona y una sola voluntad, dice que tiene sed de su sangre y El no puede menos que sentir lo mismo y, echando a raudales su Sangre sobre las almas, las salva.

Un alma unida e identificada con Jesús lo puede todo. Y me parece que sólo por la oración se puede alcanzar esto. Aunque otros digan que por el apostolado y la oración se salvan las almas, yo creo que es mucho más difícil, pues esto necesita una gran unión con el Redentor; pues salvar almas no es otra cosa que darles a Jesús, y el que no lo posee, no puede dar nada. Por lo general las almas en la vida activa llegan más difícilmente a unirse enteramente [a Dios], ya que las cosas exteriores y el trato constante con el mundo la hacen distraerse y apartarse de Jesús. Además me parece puede mezclarse el amor propio cuando se palpan los triunfos, peligro que la Carmelita no tiene, ya que ignora el número de almas que salva por la oración y sacrificio. Y quizás desde su celda conquista, al par que los misioneros, millones de infieles que se encuentran en los confines del mundo.

¡Qué hermosa es nuestra vocación, querida hermanita! Somos redentoras de almas en unión con nuestro Salvador. Somos las hostias donde Jesús mora. En ellas vive, ora y sufre por el mundo pecador. ¿No fue ésta la vida de la más perfecta de las criaturas,la Sma. Virgen? Ella llevó al Verbo en el silencio. Ella siempre oró y sufrió. ¿No fue esta vida de oración y sacrificio la que poseyó Jesús por espacio de 30 años? Sólo tres años los empleó en predicación. ¿No es ésta la vida de Jesús en el Sagrario? Ah, hermanita querida, es sin duda que hemos escogido la mejor parte, ya que la carmelita sólo trata con Dios. Pídele a El te traiga muy pronto. Ven luego a perderte entre sus brazos divinos. Ven luego para que Jesús encuentre una hostia más que presentar a su Eterno Padre por las almas. Que nada te haga vacilar. Míralo a El. Te espera lleno de amor infinito y te va a hacer su esposa. Quiere efectuar contigo la unión más íntima. El te va a hacer divina, compenetrándose contigo. Vas a vivir en la dulzura infinita en Jesús, en la pureza, en la santidad, en la bondad, en el amor de un Dios.

¡Oh, si supieras las ternuras que encierra su adorable Corazón! Es Dios, y se acerca a sus nadas criminales, a esas criaturas que un tiempo atrás sólo sabían ofenderlo, y que todavía sólo le corresponden ingratamente. ¿Cómo no amarlo hasta el delirio, cómo no despreciarlo todo ante el espectáculo de sus encantos y bellezas infinitas? El reúne todas las bellezas de las criaturas, tanto las físicas como las intelectuales y las bellezas del corazón elevadas a un grado infinito. ¿Qué se puede buscar que no esté en Jesús?

Por Dios, cuánto me he extendido; pero perdóname, hermanita. Cuando hablo de mi vocación de carmelita y de Jesús, no puedo detenerme. Sin embargo, hay frases y expresiones del alma que no se pueden escribir. Perdóname, pero creo te gustará, pues yo creo que a ti te pasará lo mismo. Escríbeme largo y con confianza. Acuérdate que somos hermanas.

Hoy -14 de septiembre- principian los ayunos de la Orden y fue la renovación de los votos. Como postulante, no pude estar en el coro; pero nuestra Madrecita me permitió estar en la puerta oyendo, y después la Madre Sub?Priora me entró y me puso detrás de la cortina; así es que pude oír la renovación y cantar después el Te?Deum. Te estoy escribiendo a la 1 P.M. hora en que hay que hacer siesta; pero, como me levanté un poco más tarde, me dieron licencia para conversar con mi hermanita.

¡Qué pena me dio esta mañana no poder renovar los votos! Sin embargo, pensaba que ya soy sólo de Jesús y que El sólo me basta. ¡Qué feliz se siente el alma cuando se ve libre de todo lo del mundo y de las criaturas! Esta felicidad se compra al precio de la sangre del corazón; pues no te niego que el romper los lazos de la familia cuesta mucho. Sin embargo, créeme que, si posible fuera volver atrás y tuviera de nuevo que hacer el sacrificio, creo que, aunque tuviera que pasar por el fuego, lo haría, pues nada son los sacrificios efectuados con la dicha de ser carmelita. Por eso quiero prevenirte para la lucha que tienes que sostener en contra de lo que te pide la naturaleza y el corazón. Créeme que, para llegar a este cielito, hay que dejar a un lado lo que se siente y seguir el impulso de la fe. Reflexiona así: yo tengo vocación para carmelita; en serlo está mi felicidad, pues sólo en Dios se encuentra la satisfacción de mi alma; así pues, quiero ser carmelita, quiero ser sola para Ti, Jesús, cueste lo que costare .Así el alma, fortalecida, no sucumbirá cuando la vida de familia, las comodidades del mundo se le presenten; cuando todas las personas insistan en que te vas a enterrar viva y tan chiquilla; cuando te digan que esperes un poco más; que examines si tienes verdadera vocación, conociendo el mundo, etc.; cuando, en fin, el demonio te pinta las horribles austeridades del Carmen y la falta de salud, todo le dice a uno no te vayas; pero, si existe en esa alma amor, nada la detendrá. Jesús la espera, quiere poseerla por completo, quiere encontrar en ella su descanso y su consuelo, haciéndola hostia. Créeme, hermanita, que ahora me río de ver todo lo que el demonio me presentó antes de venirme. Hasta hacerme dudar que tenía vocación de carmelita, cuando toda mi vida no deseé otra cosa. Pero, gracias a Jesús que me dio luz para reconocer las tentaciones, estoy aquí.

Todo esto te lo digo, Chelita, para prevenirte; pues el demonio no descansa. Por ahora procura conocer a Jesús. Anda siempre en su presencia. Míralo constantemente, pues nuestra Sta. Madre dice que es imposible que, en esa mirada, el alma toda no se inflame en amor. Es preciso que te enamores bien. Pídele después de comulgar ese amor. Amándolo, sabrás vencerte y sacrificarte. Amándolo, te conservarás pura. Ten siempre como modelo a laSma. Virgen y pídele te asemeje, pues Ella siempre permaneció en silencio unida a su Dios, y se consumió en el amor y en el sacrificio por sus hijos pecadores. Su vida se resume en dos palabras, que son las de una carmelita: sufrió y amó. Pero no te atemorice la cruz con que se debe la carmelita abrazar. Jesús está en ella. El mide las fuerzas de sus esposas y, como tanto nos ama, El la aligera de manera que todo el peso lo carga sobre sus hombros.

A Dios, hermanita. Vivamos en El, para que, identificadas, podamos ser hostias de alabanza a la Sma. Trinidad. Te abraza tu indigna

Teresa de Jesús, Carmelita.

 

8. CARTA 138 (II): A UNA AMIGA.

La carmelita es una crucificada.

 

Pax Christi. Que la gracia del Espíritu Santo sea en tu alma, querida X:

... Por lo general, todas las chiquillas se forman un ideal del compañero que elegirán y, cuando llega la ocasión, amoldan ese ideal al individuo, queriendo encontrar en él lo que ellas soñaron.

Pero, tristemente, el roce y trato de los años va poco a poco quitando la venda de los ojos, y quedando sólo, no el retrato ideal, sino el real, o sea, las miserias humanas en toda su plenitud. Mas dime, ¿hay algo bueno, bello, verdadero que podamos concebir que en Jesús no esté, no ya en un grado superior, sino infinito? Sabiduría, para la cual no hay nada secreto; poder, para el cual nada existe imposible (la esfera en que obra es la nada); verdad, que excluye absolutamente lo que no es (El dijo: "YO SOY EL QUE SOY"); justicia, que lo hace encarnarse para satisfacer el pecado, el desorden del hombre; providencia, que siempre vela y sostiene; misericordia, que jamás deja de perdonar; bondad, que olvida las ofensas de sus criaturas; amor, que reúne todas las ternuras de una madre, del hermano, del esposo, y que, haciéndolo salir del abismo de su grandeza, lo liga estrechamente a sus criaturas; belleza, que extasía... ¿Qué otra cosa imaginas allí en lo íntimo del alma que no esté realmente en grado infinito en este Hombre?Dios?

¿Temes acaso que el abismo de la grandeza de Dios y el de tu nada jamás podrán unirse? Existe en El Amor; y esta pasión lo hizo encarnarse para que, viendo un Hombre?Dios, no temieran acercarse a El... Esta pasión hízolo convertirse en pan, para poder asimilar y hacer desaparecer nuestra nada en su Ser infinito. Esta pasión le hizo dar su vida, muriendo muerte de cruz.

¿Temes acercarte a El? Míralo rodeado por los niños. Los acaricia, los estrecha contra su corazón. Míralo en medio de su rebaño fiel, cargando sobre sus hombros a la oveja infiel. Míralo sobre la tumba de Lázaro y oye lo que le dice a Magdalena: "Mucho se le ha perdonado porque ha amado mucho". ¿Qué descubres en estos rasgos del Evangelio, sino un Corazón bueno, dulce, tierno, compasivo, un Corazón, en fin, de un Dios?

Muchas preguntan: "¿Dónde seguiré a Jesús?" La medida del amor marcará el sitio donde deben colocarse. Y esto quiero explicarte. ¿Cuál es lo esencial en la vida religiosa? La unión, o sea, la semejanza con Jesús, el esposo del alma. Ahora volvamos a una comparación vulgar. De un matrimonio se dice que es unido cuando siempre se ve a él y a ella juntos; cuando existe entre ellos un mismo parecer, un mismo modo de obrar; cuando los dos se aman tanto que todo lo que puede impedirles estar juntos, no lo sufren. Ahora bien, entre Jesús y ciertas almas pasa eso. Existe un amor tan grande que siempre el alma vive en presencia del Amado. No puede sufrir que ninguna cosa creada se lo impida; por eso busca la soledad.

Una vez que el alma entra al claustro, Jesús sale a recibirla; pero sale con su cruz y se la da como prenda de su amor. La esposa debe vivir siempre en el palacio del Calvario. Allí no se admite nada del mundo. Allí no se respira nada carnal. Allí el demonio no puede penetrar .

La carmelita es una crucificada. Como [en] Jesús, en ella no haya que no esté llagado, mortificado. El pensamiento, que libre del hombre, lo encadena en Dios. Su entendimiento sólo debe conocer a Jesús. Las ciencias humanas las desprecia. La memoria la ofrece en holocausto, olvidando todo lo del mundo: las imágenes de los seres queridos, para sólo recordar a Jesús. La voluntad la sacrifica en aras de la obediencia a sus superioras. La carmelita tiene que pedir licencia aún para recoger una pajita . Los bienes temporales son despreciados. La Carmelita no puede tener un alfiler de más en su celda. Ni aun conversando puede decir "mi celda", sino "nuestra celda", porque todo es común.

Los afectos del corazón son sacrificados por la castidad. Una carmelita es un alma de oración. Por lo tanto, si tiene el más pequeño apego a una criatura, ya sea racional o irracional, o ya sea algún objeto preferido, no podrá en la oración levantar su corazón, porque el pensamiento la llevará al objeto del cariño. Debe, pues, ser un ángel que siempre permanezca en oración.

Su cuerpo lo inmola por los ayunos, los cilicios, las disciplinas. Por todas partes la cruz. Aún en el trato íntimo con Dios, cuántas veces Jesús la deja sensiblemente abandonada y bajo el peso de sus propias miserias, combatida por tentaciones. Entonces es cuando se sufre, pues es Dios mismo quien purifica el alma por medio del dolor. Dime por dónde puede buscarse a la carmelita que no se le encuentre en el altar del sacrificio. Es inmolada cual hostia santa: en silencio. Su acción, su obra redentora, ¿no es acaso semejante a la de Jesús ?hostia? Ella salva a las almas por la oración y el sacrificio. Tras las rejas de su claustro, escondida, olvidada por el mundo, ella detiene la justicia de Dios. Ella es la savia por donde Dios hace circular su gracia en las almas.

Lo que me hace amar más aún mi vocación es el ver que la vida de una carmelita es semejante a la de la Sma. Virgen. Ella sólo padeció y amó. Y todo en silencio. Además nuestra Orden es de la Sma. Virgen. Créeme que antes yo no sabía bien esto. Pero he dado más de una vez gracias a mi Madre Santísima de haberme traído a su Orden, como en repetidas ocasiones, al aparecer, también lo ha dicho.

 

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