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Caminando con Jesús Pedro Sergio Antonio Donoso Brant |
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Santa Teresa de Los Andes |
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SUS
ESCRITOS III
ÍNDICE 1. DIARIO 15. Seguir
a Cristo sufriente, único amor. Aspecto mariano. 2. DIARIO 16. Carta a
Rebeca. Seguirle en el Carmelo, enamorada. 3. DIARIO 31. Seguir
a Cristo en la pobreza, humildad y fidelidad 4. DIARIO 55: Sufrimiento
por seguirle. Compartir el dolor. Entrega de la voluntad. 5. CARTA 6. CARTA 65 . A una amiga. Seguimiento en la vida religiosa,
sufrimiento, sequedades, voluntad de
Dios. 7. CARTA 83:
Seguimiento subiendo al Calvario, despedazada como Jesús. 8. CARTA 86:
Seguimiento como víctima, camino del Calvario. Abandono. Decisión. A 9. CARTA 104
Seguimiento con amor en lo negativo de la vida, sed de almas, por la entrega
amorosa a Jesús. III.
SEGUIMIENTO DE CRISTO 1.
DIARIO 15. Seguir a Cristo sufriente, único amor. Aspecto mariano Hoy
desde que me levanté estoy muy triste. Parece que de repente se me parte el
corazón. Jesús me dijo que quería que sufriese con alegría. Esto cuesta
tanto, pero basta que El lo pida para que yo procure hacerlo. Me gusta el
sufrimiento por dos razones: la primera, porque Jesús siempre prefirió el
sufrimiento, desde su nacimiento hasta morir en la cruz. Luego ha de ser algo
muy grande para que el Todopoderoso busque en todo el sufrimiento. Segundo:
me gusta porque en el yunque del dolor se labran las almas. Y porque Jesús, a
las almas que más quiere, envía este regalo que tanto le gustó a El. Me
dijo que El había subido al Calvario y se había acostado en 2. DIARIO
16. CARTA A REBECA. SEGUIRLE EN EL CARMELO, ENAMORADA. 15 DE
ABRIL DE 1916. Querida
Rebeca: aprovecho un instante del estudio para poderte dar mil felicidades en
el día de tu cumpleaños, pues un año más de vida ha de hacerte más seria y
formal y también ha de ser motivo para reflexionar sobre la vocación que Dios
te ha confiado. Créeme, Rebeca, que a los catorce y quince años uno comprende
su vocación. Se siente una voz y una luz que le muestra la ruta de su vida.
Ese faro alumbró para mí a los catorce años. Cambié de rumbo y me propuse el
camino que debía seguir y hoy vengo a hacerte confidencias de los proyectos
ideales que me he forjado. Hasta
hoy nos [ha] alumbrado la misma estrella. Pero mañana no estaremos quizás
juntas bajo su sombra protectora. Esta estrella es el hogar, es la familia.
Es preciso separarnos y nuestros corazones, que habían formado uno sólo,
mañana quizás se separarán. Ayer me parece que no entenderías mi lenguaje;
pero hoy tienes catorce años, edad [en] que puedes comprenderme. Así pues,
creo que te inclinarás hacia mí y me darás la razón. En
pocas palabras te confiaré el secreto de mi vida. Muy luego nos separaremos y
ese deseo que siempre abrigamos en nuestra niñez de vivir siempre unidas, va a
ser muy luego fracasado por otro ideal más alto de nuestra juventud. Tenemos
que seguir distintos caminos en la vida. A mí me ha tocado la mejor parte, lo
mismo que a ¿Quién
podrá rehusar la mano del Todopoderoso que se abaja a la más indigna de sus
criaturas? ¡Qué feliz soy, hermanita querida! He sido cautivada en las redes
amorosas del Divino Pescador. Quisiera hacerte comprender esta felicidad. Yo
puedo decir con certeza que soy su prometida y que muy luego celebraremos
nuestros desposorios en el Carmen. Voy a ser Carmelita, ¿qué te parece? No
quisiera tener en mi alma ningún pliegue escondido para ti. Pero tú sabes que
no puedo decirte de palabra todo lo que siento y por eso he resuelto hacerlo
por escrito. Me
he entregado a El. El ocho de diciembre me comprometí. Todo lo que lo quiero
me es imposible decirlo. Mi pensamiento no se ocupa sino en El. Es mi ideal.
Es un ideal infinito. Suspiro por el día de irme al Carmen para no ocuparme
sino de El, para confundirme en El y para no vivir sino la vida de El: Amar y
sufrir para salvar las almas. Sí, sedienta estoy de ellas porque sé que es lo
que más quiere mi Jesús. ¡Oh, le amo tanto! (D 16) Quisiera
inflamarte en ese amor. ¡Qué dicha la mía si pudiera darte a El! ¡Oh, nunca
tengo necesidad de nada, porque en Jesús encuentro todo lo que busco! El
jamás me abandona. Jamás disminuye su amor. Es tan puro. Es tan bello. Es El
viene con una Cruz, y sobre ella está escrita una sola palabra que conmueve
mi corazón hasta sus más íntimas fibras: "Amor" ¡Oh, qué bello se
ve con su túnica de sangre! Esa sangre vale para mí más que las joyas y los
diamantes de toda la tierra. Los
que se aman en la tierra, mi querida Rebeca, como tú lo ves en Mas
yo no soy sino un pobre pajarito sin alas. ¿Y quién me las dará para irme a
anidar para siempre junto a El? El amor. Oh, sí, le amo y quisiera morir por
El. Es tanto lo que lo quiero que quisiera ser martirizada para demostrarle
que le amo. Sin
duda que tu corazón de hermana se desgarra al oírme hablar de separación, al
oírme murmurar esa palabra: adiós para siempre en la tierra para encerrarme
en el Carmen. Mas no temas, hermanita querida. No
existirá jamás separación entre nuestras almas. Yo viviré en El. Busca a
Jesús y con El me encontrarás y allí los tres seguiremos los coloquios
íntimos que hemos de continuar allá en la eternidad ¡Qué feliz soy! Te convido
a pasar con Jesús en el fondo de tu alma. He leído en la vida de Isabel de Diremos
a Jesús en Ocupémonos
del prójimo, de servirle, aunque nos cause repugnancia hacerlo. De esta
manera conseguiremos que el trono de nuestro corazón sea ocupado por su
Dueño, por Dios nuestro Creador. Venzámonos.
Obedezcamos en todo. Seamos humildes. ¡Somos tan miserables! Seamos pacientes
y puras como los ángeles y tendremos la felicidad de ver que Jesús, que es un
buen arquitecto, edifique una segunda casa de Betania, donde tú te ocuparás
de servirlo en la persona de tus prójimos como lo hacía Marta, y yo como
Magdalena permaneceré contemplándolo y oyendo su palabra de vida. Es
imposible que, mientras estemos en el colegio, El exija de nosotras esa total
unión que no consiste sino en ocuparnos de El. Pero podemos cada hora
ofrecerle un ramillete de amor. Amemos
al divino Niño que sufre tanto sin encontrar consuelo en las criaturas. Que
El encuentre en nuestras almas un refugio un asilo donde guarecerse en medio
del odio de sus enemigos y un jardín de delicias que le haga olvidar el
olvido de sus amigos. Termino.
Adiós. Contéstame esta carta y guárdame el más completo secreto. Tu hermana
que te quiere en Jesús Juana. 3.
DIARIO 31. Seguir a Cristo en la pobreza, humildad y fidelidad Jueves
16 [8.1917]. Jesús mío, perdóname. Soy tan orgullosa que no sé aceptar con
humildad la más ligera humillación. Jesús querido, enséñame la humildad y
envíame humillaciones, aunque soy indigna de ellas. Jesús querido, quiero ser
pobre, humilde, obediente, pura, como era mi Madre y como Tú, Jesús. Haz de
tu casita un palacio, un cielo. Anhelo vivir adorándote como las ángeles, sentir mi nada en tu presencia. Soy tan
imperfecta. Quiero ser pobre como Tú y, ya que no puedo serlo, quiero no amar
nada las riquezas, etc. Lunes
20 [8.1917]. ¿Dios mío, por qué me habéis abandonado? Jesús mío, quizás he
sido ingrata para contigo. Me siento insensible, fría como el mármol, sin
poder ni meditar ni aún comulgar con devoción. Jesús mío, te lo ofrezco por
mis pecados y por los pecadores y el Santo Padre y sacerdotes. Me uno a tu
abandono en el Calvario. Martes
21 [8.1917]. Hoy he estado más unida a mi Jesús. Le amo. Esta mañana tocó mi
corazón y me resucitó de mi letargo. ¡Oh, le amo! Me pidió tres cosas: 1ª Que
guardara el silencio; 2ª Que viviera con espíritu de fe; 3ª Que diera gracias
por la comunión en la mañana, y en la tarde que me preparara para la otra. Lo
primero, cumplí. Perdón Jesús, mañana seré más fiel. Miércoles
22 [8.1917]. Si no me ayudara Jesús en mis resoluciones, las echaría todas en
un abismo para no acordarme de ellas. Pero espero en Aquel que me conforta. A
ver si mañana seré mejor que hoy, pues cuando salgo me distraigo más; no me
recojo tanto. Recibí carta del Padre Colom. Me
habla de la elección del monasterio. ¿Qué hacer? No sé qué hacer,
verdaderamente. Por otra parte me dicen que no piense, pues falta mucho. Pero
sólo falta un año, pues quiero entrar de religiosa a los 18 años. Jueves
23 [8.1917]. Jesús me dijo que obedeciera a mi confesor. Que me pusiera en
sus divinas manos; que no me inquietara en nada, pues ya El me dijo de dónde
sería. Examiné lo que me llevaba al Carmen y por lo principal es porque allá
viviré ya como en el Cielo, pues ya no me separaré de Dios ni un instante. Le
alabaré y cantaré sus misericordias constantemente, sin mezclarme para nada
con el mundo. Por otra parte, los rigores de la penitencia me atraen, pues siento deseos de martirizar mi cuerpo, despedazarlo con
los azotes, no dándole en nada gusto para reparar las veces que le di a él
gusto y se lo negué a mi alma. Me gustan las Carmelitas porque son tan
sencillas, tan alegres, y Jesús debió ser así. Pero vi
también que la vida de la carmelita consiste en sufrir, en amar y rezar.
Cuando los consuelos de la oración me sean negados, ¿qué será de mí? Temblé.
Mas Jesús me dijo: "¿Crees que te abandonaré?" Viernes
24 [8.1917]. Quiero dejar escrito un acontecimiento que me sucedió, que
aunque pequeño, me sirvió para humillarme. Estábamos en instrucción cuando
una abeja u otro bicho más grande se acercó a mi.
Sin saber cómo di un salto y arranqué para afuera de la sala; pero después me
dio vergüenza de no haberme sabido vencer, pero en fin ofrecí la humillación
a Dios y entré. Entonces Me
fui a confesar el viernes [24.8.1917]. Me dijo el Padre que no me inquietara
por las distracciones, pues me servían para humillarme. Me dijo que cuando
tuviera duda sobre una cosa, hiciera el término medio. Sábado
25 [8.1917]. ¡Cuánto amo a mi Madre! ¡Cuánto me ama Ella! Hoy es el día de su
Corazón Inmaculado. Qué tiernamente hablaron de Ella en el sermón. Llegué a
llorar después. Tanto la amaba. Estoy triste. Yo no sé lo que tengo. Cuánto
me cuesta acostumbrarme a ponerme la última en todo. Jesús me dijo que El
estaba siempre en el último lugar. 4.
DIARIO 55: Sufrimiento por seguirle. Compartir
el dolor. Entrega de la voluntad [Mayo
20.1919]. En la noche sentí una pena inmensa por la separación. Se me
representaba 22
de mayo [1919]. N. Señor en la oración me manifestó cómo El había sido
triturado por nosotros y convertido en hostia. Me dijo que para ser hostia
era necesario morir a sí misma. Una hostia -una carmelita- debe crucificar su
pensamiento, rechazando todo aquello que no sea de Dios. Siempre tener el
pensamiento enclavado en El. Los deseos, dirigidos a la gloria de Dios, a la
santificación del alma. Una hostia no tiene voluntad propia, donde quiera la
transportan. Una hostia no ve, no oye, no se comunica exteriormente sino en
el interior. Después
me mostró cómo, a pesar de su agonía en el altar, las criaturas no lo amaban,
no reparaban en El. Esto me ha tenido muy apenada todo el día. Es una especie
de martirio, pues me siento sin fuerzas para amarle como debiera; muy
miserable, e incapaz de ofrecerle ningún consuelo. Además veo la ingratitud
de los hombres. Esto me produce una amargura indecible. Para mayor tormento,
me llegó carta de mi mamacita en que me dice ruegue para que N. Señor se
lleve a Miguel, porque está muy malo. Esto me tiene fuera de mi misma, porque
es mi propia sangre la que ofende a Dios. Estoy incapaz de nada. Tanto es el
amor que experimento y la amargura por los pecados. N. Señor me dijo en la
comunión lo consolara. Se me presenta a cada instante como agonizante. ¡Es
horrible...! Me dijo lo acariciara, lo besara, porque esto le servía de
consuelo. 26
de mayo 1919. Hace tres días que estoy sumida en la agonía de N. Señor. Se me
representa a cada instante moribundo. Con el rostro en el suelo. Con los
cabellos rojos de sangre. Con los ojos amoratados. Sin facciones. Pálido. Demacrado.
Tiene la túnica hasta la mitad del cuerpo. Las espaldas están cubiertas de
una multitud de lancetas, que entiendo son los pecados. En las paletas, tiene
dos llagas que permiten verle los huesos blancos, y enclavados en los huecos
de estas heridas, lancetas que llegan hasta penetrar en los huesos. En la
espina dorsal tiene lancetas que le duelen horriblemente. Por ambos lados
corre la sangre a torrentes e inunda todo el suelo. Con
esta visión, todo se me hace amargo y no encuentro gusto nada más que en
estar acompañando a N. Señor. Pero encuentro más perfecto hacerlo todo sin
demostrar exteriormente ninguna pena. Con mi Madrecita he conversado, pues
sentía necesidad de que lo consolasen almas que no fueran tan miserables como
la mía. N. Señor me dijo que tanto nuestra Madrecita y Hermanitas como yo lo
habíamos consolado. No sé cómo agradecerle a N. Señor me haga participante de
sus sufrimientos y que encuentre consuelo en mí, pecadora miserable. Lo único
que me pide es que no hable de mí misma, viva sólo para Dios y para
consolarlo. Que sufra en silencio. Pero como a veces ya no puedo más, me
desahogo con mi Madrecita. ¿Hasta cuándo buscaré las criaturas? Deseo no
morirme sino hasta el fin del mundo para vivir siempre al pie del sagrario,
confortando al Señor en su agonía. 5.
CARTA Seguir
a Jesús en amor, fe, oración, obediencia, pobreza, Carmelo. Querida
Elena: ¿Qué te parecen mis proyectos? ¿No encuentras que son demasiado
ideales para mí que soy tan miserable? Cuando pienso en las grandezas que se
encierran en la vocación me confundo y no sé cómo agradecerle a N. Señor el
haberse fijado en una criatura tan ruin. Dime,
¿hay algo más grande sobre la tierra que el Dios eterno, inmutable, el todopoderoso,
busque en la tierra un alma para hacerla su esposa; busque un corazón humano
para unirlo a su Corazón Divino y hacer en el amor la fusión más completa?
Más aún, ¿que Dios baje a la tierra y viva allí en El
amor humano generalmente tiene principio a los 7 años. Desde esta edad se
puede concebir en el corazón del hombre la pasión del amor. Pero en Dios ese
amor es infinito. El es eterno, y su amor eterno es. El amor humano estriba
en la hermosura del cuerpo y en la bondad del corazón. Pues siendo el hombre
un compuesto de alma y de cuerpo debe tener su objeto proporcionado. Debe,
pues, la mujer reunir la hermosura del cuerpo, para que el marido se
complazca en mirarla y también debe tener la belleza moral, pues la hermosura
del rostro, sin la última, no vale nada. Mas es tan difícil reunir ambas, que
estoy convencida que la pasión que un día llenaba su corazón, después se
convierte en cariño y por último en indiferencia. ¿Cómo
se puede querer por un instante, cuando se sabe que ese amor un día no será
correspondido? Ahora bien, ¿cómo puede enamorarse uno de un ser imperfecto,
de un ser que a cada instante se le noten deficiencias de carácter y
cualidades y multitud de defectos? ¿Cómo se puede querer a un hombre, cuando
Dios nos pone un limite en este amor? Antes que a
todos los seres debemos querer y servir al Creador; ya entonces el hombre es
segundo término. No, no puedo comprender ese amor; no comprendo cómo pueden
enamorarse así. El
amor es la fusión de dos almas en una para perfeccionarse mutuamente. ¿Cómo
se podrá unir un alma a otra más perfectamente que lo que Dios se une con la
nuestra? El alma unida a Dios se diviniza de tal manera que llega a desear y
obrar conforme a Jesucristo. ¿Hay algo más grande en el mundo que Dios? ¿Hay
algo más grande que un alma divinizada? ¿No es esta la mayor grandeza a que
puede aspirar el hombre? Es verdad que no lo vemos con nuestros ojos del
cuerpo. Mas Dios se nos hace visible por la fe. No
lo palpamos con nuestras manos, mas lo palpamos en cada de sus obras. Créeme.
Sinceramente te lo digo: yo antes creía imposible poder llegar a enamorarse
de un Dios a quien no veía; a quien no podía acariciar. Mas
hoy día afirmo con el corazón en la mano que Dios resarce enteramente ese
sacrificio. De tal manera siente uno ese amor, esas caricias de N. Señor, que
le parece tenerlo a su lado. Tan íntimamente lo siento unido a mí, que no
puedo desear más, salvo la visión beatífica en el cielo. Me siento llena de
El y en este instante lo estrecho contra mi corazón pidiéndole que te dé a
conocer las finezas de su amor. No hay separación entre nosotros. Donde yo
vaya, El está conmigo dentro de mi pobre corazón. Es su casita donde yo
habito; es mi cielo aquí en la tierra. Vivo con El y, a pesar de estar en los
paseos, ambos conversamos sin que nadie nos sorprenda ni pueda
interrumpirnos. Si tú lo conocieras lo bastante, lo amarías. Si estuvieras con
El una hora en oración, podrías saber lo que es cielo en la tierra. Pídele
a Manifestarnos
siempre cual somos, es decir, sin andar disimulando lo que pensamos (sólo que
la prudencia lo estime necesario). Y nuestro pensamiento ha de ser el que
corresponde a una Hija de María. Jamás dejarnos vencer por el respeto humano,
y recurrir a Después,
tratar de obedecer aún a los inferiores considerando que todos tienen derecho
a mandarnos, porque somos muy miserables. Cuando se nos reprenda, no
disculparnos en nada y decir que en adelante trataremos de corregirnos. Lo
que ante todo procuraremos es vivir en esa oración continua en que 6.
CARTA 65 . A UNA AMIGA. SEGUIMIENTO EN Querida
hermanita: Que la gracia del Espíritu Santo sea en tu alma. No te extrañes no
te haya contestado tu cartita encantadora; pero me es sumamente difícil, pues
tengo que emplear un rato muy largo para conversar con mi hermanita y el
tiempo anda escaso. Estas
letras que pongo bajo la protección de mi Madre Santísima y que las escribo
en unión con mi Jesús, han de hacerte ver el interés que tengo por ti y lo
mucho que deseo seas toda de El -no importa dónde- con tal que seas una
santa. Te aconsejo que en cuestión de vocación consultes con el Padre Falgueras o con un padre que sea tu confesor, pues ellos
reciben especiales luces sobre el camino por donde han de guiar las almas. De
todos modos, yo te daré algunas señales que te pueden servir para conocerla y
vayas pensando mientras no puedas consultarlo Te
voy a hacer las siguientes preguntas: ¿Deseas mucho pertenecer sólo a Dios y
servirle en cuanto te sea posible con la mayor perfección? Ese fue el ideal
que Dios se propuso al crearnos: que lo sirviéramos y amáramos sobre todas
las cosas. ¿No encuentras que es demasiado el consagrarle a Dios toda una
vida? El vive para nosotras y no hace otra cosa que amarnos. ¿Crees que podrá
quedar saciado tu corazón con el amor de las criaturas, que la mayor parte de
las veces es inconstante y pasajero? ¿No dejan en tu
corazón un vacío, una tristeza las diversiones mundanas y los paseos? En
cambio Dios nos ama y ese amor es inmutable, y cuando pasamos un rato con N.
Señor orando con fervor o hacemos el bien por amor a El, ¿no nos sentimos
felices y tranquilos? ¿Te parece a ti que el matrimonio con un joven que sea
un ventajoso partido, con el que puedas formar un hogar cristiano, te
atraiga? ¿No te gustaría más ser de Dios, vivir despreciada y desconocida del
mundo en un convento, formando miles de corazones cristianos, siendo madre de
esas almas, convirtiéndolas y llevándolas a Dios? ¿Qué importa ser alabada,
ser apreciada por las criaturas cuando éstas no son nada? ¿No importa más ser
querida y apreciada de Dios? ¿Qué importa sacrificarse en el destierro por
pocos años, si se ha de demostrar en esos años el amor a un Dios que nos amó
eternamente? Morir sufriendo por las almas que costaron la sangre de un Dios
infinito ¿encuentras que es mucho? O, si me dieran todo el mundo, toda su
vana ostentación, ¿no dudaría en irme a mi conventito pobre y desconocido?
Además, ¿quién como N. Señor podrá querernos? Nadie en el mundo. Ni aún
nuestras propias madres. Su amor es infinito. Si amamos a aquellos que nos
aman; si se entregan muchas a aquellos que más las aman, ¿no es natural que
nosotras que hemos comprendido el amor de Dios nos entreguemos a El? El
supera a todas las criaturas en hermosura, en bondad, en sabiduría, en
santidad, en poder, en justicia, en amor. Si amamos a los seres que tienen
cualidades extraordinarias, ¿por qué no amarlo a El, que las reúne todas con
infinita perfección? Hermanita,
piensa en todo esto. Y si eres capaz de renunciar a todas las comodidades por
vivir con El, para ser la esposa del divino Crucificado; si sientes que serás
capaz -claro que ayudada por El -es porque Dios te quiere para Sí, ya que te
da el valor para abandonarlo todo, y te da su amor para que lo sigas al
calvario. Sí, ser esposa de Cristo es ser crucificada, pues así como los
esposos comparten las alegrías y las penas, las riquezas y las pobrezas así
también la que es esposa del Crucificado, del Obediente hasta la muerte, del
que no tiene dónde reclinar la cabeza, ¿no debe ser crucificada por el mundo,
no debe ser obediente hasta morir sin voluntad, no debe ser pobre hasta no
tener sino a Jesús para reclinar sobre su pecho su cabeza? La vida religiosa,
hermanita mía, no es sino vida de sacrificio. El alma se ha dado a Dios y
debe darse enteramente, pues el amor no deja nada para sí; todo lo consume,
para que de esas cenizas se levante una persona sola: Cristo. La criatura se
consumió en la divinidad. Ella
no tiene voluntad, sino lo que diga Jesús por sus superiores. Si la mandan
trabajar, aunque esté enferma lo debe hacer. Si le ordenan rezar y después
dejar ese rezo e irse a sus hermanas, lo debe hacer. Y esto sin decir
palabra. Jesús obedeció en silencio. Su espíritu y su corazón deben someterse
en silencio. Cristo era superior a las criaturas, vera el mal que le causaban
los judíos al darle la muerte y, sin embargo, se sometía enteramente, sin
murmurar. Sufre la religiosa en vencerse a sí misma, en despreciarse y
humillarse, en vencer sus defectos y adquirir las virtudes para ser perfecta,
en amar y servir con alegría y caridad a aquellas de sus hermanas que no
tienen buena voluntad para con ella. Sufre mortificando su cuerpo, viviendo
en continua austeridad, negándose toda comodidad; y eso, por toda la vida.
Mas ¿qué importa si Dios está con ella? Mas,
hermanita, hay otros sufrimientos aún mayores que no sé si los comprenderás.
Estos son las sequedades del espíritu, que consisten en verse enteramente
abandonada de Dios; en no sentir ningún fervor en la oración. Como somos tan
miserables nos apegamos al fervor sensible, a sentir el amor de Dios
sensiblemente, y vamos muchas veces a la oración a buscar los consuelos de
Dios pero no a Dios. Esto es imperfección y N. Señor purga a veces a las
almas que quiere dándoles estas sequedades, y sólo cuando ya no les importa
sentir o no el fervor sensible, entonces las regala y las consuela. Este es
el mayor sufrimiento, pues es del alma: se ve abandonada a sus fuerzas,
separada de Dios a quien tanto ama, y cercada de tentaciones; llena de
flaquezas. ¿Cómo será este sufrimiento, que Nuestro Señor, que no se quejó
durante toda su pasión, al verse abandonado de Dios lo llamó con gran
angustia: "Dios mío, por qué me habéis abandonado?" Cuando en el
huerto se sintió débil al ver lo que iba a sufrir y experimento en su alma el
dolor de En
cuanto a lo que me dices te hable de las Carmelitas y..., lo haré para otra
carta, pues veo que primero está que te resuelvas a ser de Dios. Después te
dirá dónde le debes servir. En todas partes puedes ser santa, con tal que
observes perfectamente Me
dices que quieres ser la casita de Dios. Me alegro mucho por ello, pues veo
por eso que lo quieres. Sor Isabel de Por
último, en el cielo se cantan sus alabanzas y se le glorifica por sus obras;
seamos, pues, como Isabel de En
el cielo se hace siempre la voluntad de Dios, ya que N. Señor nos enseñó a
decir: "Hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo".
¿Quieres que te diga con franqueza que -yo lo sé por experiencia-, si hay
algo que le gusta a Dios, es que nos abandonemos, pero completamente, a su
divina voluntad; pero de tal manera, mi querida hermanita, que no podamos
decir "quiero" porque le hemos dado nuestro querer a Dios? Por
ejemplo: deseamos salir: "Señor, si Tú lo quieres, saldré; si no, no, y
me quedaré feliz". Si por el contrario, tenemos que salir a paseo y no
tenemos ganas: "Cómo Tú lo quieres, iré feliz, pues me ayudará a
amarte". En
pedirle por nuestras familias y por nosotras, decirle siempre: "Estos
son los seres que quiero en Ti; Tú ves sus necesidades. Si quieres Tú, Señor,
remédialas". Y quedarnos tranquilas con su divina voluntad. No pedirle
nada, sino decirle "dame lo que Tú quieras". Esta es la mayor
gloria de Dios, y no te niego que cuesta, pues a veces, sin darse cuenta uno,
le pide; pero decirle: "no, Señor, lo que quiero, sino lo que Tú
quieras". Dime
también si haces oración y cuánto rato. Examínate después cómo la has hecho y
apunta las inspiraciones de N. Señor que has recibido en ella, para que las
leas y no se te olviden. Cuánto te latearán mis cartas, hermanita; perdóname
y reza para que cumpla lo que te he dicho, si Dios lo quiere que yo lo haré
por ti. El
otro día hicimos un paseo precioso a caballo. Fuimos muy lejos, a un lugar muy
pintoresco. No sabemos si mañana haremos otro a navegar en el río Loncomilla. Todo lo que veo me lleva a amar a Jesús, que
lo ha hecho todo, y a glorificarlo por sus obras. Rezo
por tu abuelita. ¿Cómo está? Ojalá, si Dios lo
quiere, se mejore. Vivamos unidas en el Corazón de Jesús. A?Dios, casita de Dios Juana, H. de M. 7.
CARTA 83: SEGUIMIENTO SUBIENDO AL CALVARIO, DESPEDAZADA COMO JESÚS. Al
P. Julián Cea, C.M.F.
JESÚS Santiago, abril de 1919 Rdo.
Padre Julián Cea Rdo.
Padre: Ayer,l al volver
del fundo de unas amigas, me encontré con su carta que de tanto provecho ha
sido para mi alma. La carta anterior también la recibí, pero no quería
contestarla hasta no darle la noticia del consentimiento de mi papacito.
Gracias a Dios, lo tengo para el 7 de mayo. No puedo dudar es un milagro de
San José, pues fue el domingo 3?° de los dedicados a este santo. No tengo
cómo agradecerle a mi Jesús tanta bondad para con esta alma tan miserable e
infiel. Estoy feliz al contemplar las puertas de mi Carmelo ya abiertas para
recibirme. Sólo me restan 20 días más o menos, y después... el Calvario, el
Cielo. Ya estoy subiendo su cima. El dolor de la separación es tan intenso,
que no hay palabras para expresarlo. Sin embargo Dios me sostiene y aún
cuando veo que todos los míos lloran, permanezco sin hacerlo, sin demostrar
siquiera pena. Es esto lo que me pide N. Señor. Más aún, que ni siquiera diga
a nadie que sufro; que ante los demás permanezca
como insensible. Créame, Rdo. Padre. Esto es horrible; pero cuento con la
gracia de Dios que en estos momentos sobrepasa todo límite. Sus
cartas me infunden ánimo. Dígame si hay otra manera de realizar el sacrificio
más perfectamente, pues yo quiero dar a Dios lo más que pueda darle. Continúo
en las mismas disposiciones de espíritu, pero verdaderamente que me encuentro
con la gracia de Dios muy por encima de todo lo que siento. Lo amo, pero sin
sentir ese amor como me sucedía antes, que me sentía sin fuerzas y
desfallecida. Ahora no es as;; estoy más unida a El,
pero sin sentir nada. ¡Cuánto
le agradezco el interés que tiene por mi alma! Que Dios se lo pague. En mi
subida al Calvario lo tengo muy presente. Acepto con sumo agradecimiento el
convite que me hace para ofrecernos como mártires. Es todo mi ideal. Sin
embargo, nunca le pido a N. Señor esta gracia porque soy demasiado indigna de
ella. Además creí que era más perfecto no pedirle nada más que el cumplir su
voluntad, y fuera de ello no deseo nada más. Pero
hace un año -creo- N. Señor se me reveló un día cuando estaba expuesto, con
una caridad infinita. Entonces me hizo comprender su amor no correspondido
por los hombres. Me pidió me ofreciera como victima de amor y expiación y me
aseguró iba a sufrir mucho en mi vida. Después de esto, yo no quise sin
consultarlo al confesor ofrecerme como víctima, y me dio permiso, pero por
cierto tiempo. Tuve varios meses muchos sufrimientos interiores, pero cesaron
después. Le
ruego que el viernes santo a las tres, si no es mucho pedirle, me ofrezca a
N. Señor para siempre por sus manos de sacerdote. Dios no rehusará esta
ofrenda completa de todo mi ser para ir despedazada y martirizada por su
amor. Que yo sea toda de El y para siempre. Ofrézcame, le ruego, con una
amiga íntima que tiene mis mismos ideales y un alma parecida a la mía, aunque
mejor; es una santita. Rece para que Dios le manifieste su voluntad, pues,
aunque desea ser carmelita, no puede pedir el permiso... Le
vuelvo a repetir: Dios le pague por todas sus oraciones, sobre todo, por la
gran bondad que tiene en recordarme durante Ruegue
por los míos, para que El les dé valor para darme a mi Divino Esposo
Jesucristo. Adiós. Junto al Divino Crucificado encontrará a esta indigna
carmelita que ruega porque sea un santo mártir misionero del Corazón de
Maria. Su affma en J.M.J.T
Teresa de Jesús 8.
CARTA 86: SEGUIMIENTO COMO VÍCTIMA, CAMINO DEL CALVARIO. ABANDONO. DECISIÓN. A Reverenda
Madre: ¡Aleluya! Es la primera palabra que brota de mis labios en este
momento. ¡Cómo me gustaría darles personalmente a Ud. mi Rda. y
queridísima Madre y a todas mis hermanitas el saludó de Pascual Pero que N.
Señor sea el que lleve mis saludos y El les haga presentes mis deseos de paz
y de santa alegría para mi Madrecita y Hermanitas. ¡Cuán
feliz se siente el corazón cuando se entona el "Gloria in excelsis" después de ver a N. Señor sufrir tanto por
nuestro amor! ¡Después de presenciar la escena horrible del Calvario el
viernes, con cuántas ansias espera el alma que ama presenciar el domingo la
escena del triunfo más completo de N. Señor sobre la muerte y sobre el
pecado! El viernes a las 3 P.M. le pedí a Sólo
me restan 17 días para permanecer en el mundo. Me parecen ya las cosas tan
pequeñas que no tengo cómo agradecerle a N. Señor su llamamiento. Pocos días
más, y viviré; porque la vida del mundo es muerte. Viviré "abscondita in Christo".
Qué vida más ideal, mi Rda. Madre, es la que N.
Señor me dará. Ya todo el mundo desaparecerá para mí, para encontrar tras las
rejas de mi Carmelo horizontes sin límites, horizontes divinos que el mundo
no comprende. Pero
no crea que voy en busca del Tabor sino del Calvario. Por la gracia de Dios,
he comprendido que la vida de la carmelita es una abnegación continua, no
sólo de la carne, sino de la voluntad y del juicio. Y aunque a veces esto me
hace estremecer, sin embargo no quiero otra cosa que la cruz. Antes me
parecía que Dios daría a las almas que se entregan a El los goces y dulzuras
de la oración, y que sólo por sentirlas era de encerrarse en el convento.
Pero hoy comprendo que eso no es buscar a Dios, sino a sí misma; y me
preparo, no para regalos, sino para sequedades y abandonos, en una palabra,
para cumplir la voluntad de Dios. Le
aseguro que no sé qué daría por predicar al mundo entero el abandono ciego en
manos de Dios. Créame que lo he palpado en mis asuntos, pues no le he pedido
nada sino lo que El quiera y nada más. Le he dicho a mi Jesús que El sea el
Capitán. Que ordene. Que su soldado lo seguirá hasta la muerte, pero siempre
que lo ayude con su gracia. Mi
Madre tan querida: desde ahora me pongo en sus manos, para que vaya formando
a esta indigna carmelita. Quiero ser una santa carmelita. Sería una locura
que, después de sacrificarlo todo, no fuera una carmelita según el ideal de
mi Madre Santa Teresa; que mi Jesús no pudiera decirme que era totalmente de
El. ¡Qué feliz estoy porque luego ya no tendré que estar disimulando que soy
del buen Jesús! Ahora no tengo un momento para estar tranquila con N. Señor y
sin preocupaciones. Desde el 7 ya no habrá nadie entre Dios y su sierva
Teresa. ¡Qué felicidad! Hoy
llega mi papacito con mis hermanos, que creo sabrán. No sé cómo irán a
portarse conmigo. En fin, lo que quiera Dios. Mi hermano Lucho me escribió
una carta muy tierna y cariñosa y me ruega que no me vaya, porque en el mundo
puedo no casarme y hacer mayor bien. Pero yo le contesté refutándole sus
argumentos, y que ya está decidido. Mi
sobrinita Luz está muy bien. La encuentro encantadora. ¡Como
será esa almita templo de 9.
CARTA 104 SEGUIMIENTO CON AMOR EN LO NEGATIVO DE J.M.J.T.
Convento del Espíritu Santo, mayo de 1919 Señora
Lucía Solar de Fernández Que Jesús sea con mi mamachita
querida: Hoy,
como es domingo, no tenemos tantos quehaceres, y nuestra Madrecita me permite
me traslade un momentito a su lado para conversar. Pero ahora tiene que poner
dos sillas, porque voy con mi Jesús. Ya nos es imposible separarnos. ¡Qué felicidad... No
sabe cuánto gozo con sus cartitas. Todas ellas me dicen que los sentimientos
divinos de mi alma encuentran un eco fiel en la de mi mamachita
querida. ¡Cuántas gracias le doy a mi buen Jesús por haberme dado una madre
como la que tengo, una madre que sólo mira los intereses divinos! Amemos,
mamacita, a ese Jesús que es tan aborrecido y ofendido. Consolémosle a cada
segundo diciendo que le amamos. Le gusta tanto este canto no interrumpido de
amor... Amémosle en cada uno de nuestros actos, haciéndolos con perfección y
sólo por agradar a El. Amemos su adorable Voluntad en cada una de las
circunstancias de nuestra vida. Cuando se ama, todo es alegría; Le
aseguro, mamacita, que es hambre, que es sed insaciable la que siento porque
las almas busquen a Dios. Pero que le busquen no por el temor, sino por la
confianza ilimitada en su Divino Amor. Cuando un alma se entrega así, Jesús
lo hace todo, porque ve que esa alma es miserable e incapaz de todo bien, y
como la ve llena de buena voluntad y desconfiada de sí misma, se conmueve su
amante Corazón y la toma por su cuenta. Busque,
mamacita, a Dios de esta manera y verá que Dios se acercará más a Ud. y la arrojará más hondamente en el océano infinito de
amor. Parece que a N. Señor le agrada mucho esto, pues hace sentir su
presencia al alma sensiblemente. Abandonémosle todo, mamachita
linda, a su adorable Voluntad, y El todo lo hará, porque nos ama
infinitamente. Respecto
a lo que me dice de Miguel, me ha dado mucha pena y rezo muchísimo por él. Ya
sabe que he venido al Carmen para convertirlo. Nuestra Madrecita, con su
excesiva bondad, está ofreciendo todo por él y todas mis hermanitas rezan también.
Confiemos, y el Sdo. Corazón lo arreglará todo para
su gloria. Las súplicas de una madre Dios no las desoye jamás. Así pues,
suframos, oremos y amemos. Esta ha de ser nuestra consigna para conseguirlo No
se imagina cómo me cuida nuestra Madrecita. Llegó el otro día al colmo de
creer que no tenía bastante ropa en la cama, y después de tocar para
recogerse, ella misma fue a buscarme más ropa para abrigarme; y en todo obra
así. Me regalonea demasiado. Me llega a confundir, pues no merezco que nadie se
preocupe de mí. Pero parece que está de acuerdo con N. Señor, pues los dos no
se dan tasa para colmarme de cuidados. ¿Qué hacer sino agradecer
? Estoy
feliz, pues tengo el oficio de despertadora. Me levanto un cuarto de hora
antes para despertar a mis hermanitas. Es lo más delicioso, pues está oscuro
todavía, con luna. Y soy la primera que me voy al coro. Allí, delante de N.
Señor, sola, cuántas cosas no le digo, mamachita
linda, por todos; pues a esa hora tiene que estar muy generoso, pues toda la
noche acopia las gracias para las almas. Me encanta este oficio, pues tengo
que llamar a mis hermanas a la oración, y ya que mis alabanzas son tan pobres
al menos llamo a otras almas que saben amar y alabar mejor al Divino
Prisionero. Hoy también fui a la cocina para aprender a cocinar. Me encanta,
y recordaba a Principiamos
el mes del Sdo. Corazón. Ya supondrá con qué
devoción y recogimiento se hace. Primer mes del Sdo.
Corazón en el Carmen, ¿no es un sueño? Rezan esa oración que Ud. rezaba: "Oh Jesús, os consagro mi corazón"
y que tanto me encanta. Tenemos un Niñito Jesús regalado por nuestra Madre
Margarita en el Noviciado. Antes lo tenían en el coro y, desde que llegué, lo
trajeron para acá. Todas ayer reclamaban al Niñito Jesús pero nuestra
Madrecita no nos lo quiso quitar. Se lo habían llevado al coro y El se vino
con su Teresa, y he pasado una hora encerrada en mi celdita diciéndole mil
disparates, porque estoy loca, pero bien loca... El
jueves entramos a retiro por ocho días para prepararnos a Pentecostés. ¡Qué
rico! Rece por su Teresita para que sea loca endiosada, ¿no? Ojalá, mamacita, les pidiera a las Madres del S. Corazón
ese canto "Repetiré canto de amor". Creo que lo llaman "amor y
sacrificio", pues mis hermanitas desean cantarlo; y también "Cor Jesu, Rex", que ojalá los
prestaran y se podrían copiar. Por favor, envíenos lo más ligero posible los
encargos hechos en la carta a Adiós.
Se acaba el papel y el tiempo. Nuestra Madrecita le envía cariñosos
recuerdos. Lo mismo mis hermanitas. Deles a mi
papacito y hermanos un abrazo muy apretado, y Ud.
reciba el inmenso cariño de su indigna Teresa de Jesús, Carmelita Saludos
especiales para mi tía Juanita, misiá Julia, Sra.
Ester Pellé, Madre Josefina. De cada una me acuerdo
especialmente. Lo mismo dígales a misiá Juanita Ossa y niñitas. Me acaban de entregar sus cartas.
Agradézcales mucho a nombre de nuestra Madrecita y Hermanitas su regalito, y
que pronto les escribiré. Saludo a mi mamita, y a Fuente:
www.santuarioteresadelosandes.cl |
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