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Caminando con Jesús

Pedro Sergio Antonio Donoso Brant ocds

 

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Santa Teresa de Los Andes

 

SUS ESCRITOS IV

                    

 

 

1. DIARIO 21. Abril 1917. Ofrenda de su propio ser. Al sufrir está con Cristo en la cruz.

Mortificaciones físicas.

 

2. DIARIO 27 . Vencer su orgullo y sus enojos.

 

3. DIARIO 43. Actitud ante el sufrimiento al salir del internado. Resoluciones para siempre.

 

4. DIARIO 56: Fuertes purificaciones y pruebas de fe.

 

5. CARTA 27. Sequedades y angustias. Mortificaciones físicas. Decidida para seguir su vocación antes las dificultades familiares.

 

6. CARTA 29: Pruebas. Dudas. Sin fervore sensible. Resistencia ante el "mundo".

 

7. CARTA 31. Pena al tener que separarse de Rebeca, por seguir su ideal vocacional.

 

8. CARTA 72: Desgarro al solicitar el permiso de su padre. Inmolada.

Entregada a la voluntad de Dios.

 

9. CARTA 109: Confianza ilimitada en Dios. Las debilidades son escalones para subir.

Ser "hostias" por amo

 

 

IV. ASCESIS PERSONAL

 

1. DIARIO 21. ABRIL 1917. OFRENDA DE SU PROPIO SER. AL SUFRIR ESTÁ CON CRISTO EN LA CRUZ.

Mortificaciones físicas.

Jesús mío, Tú conoces la ofrenda que te he hecho de mí misma por la conversión de las personas que te he nombrado. Desde hoy, no sólo te ofrezco mi vida, sino también mi muerte como te pluguiere dármela. La recibiré con gusto, ya sea en el abandono del Calvario, ya en el Paraíso de Nazaret. Además, si quieres, dame sufrimientos, cruz humillaciones. Que sea pisoteada para castigar mi orgullo y el de ellos. Como Tú quieras, Jesús mío. Soy tuya, haz de mí según tu santa voluntad.

A ti, oh María, que jamás me has desoído los ruegos que te he dirigido, como una hija le pide a su madre, también te pongo en tus manos maternales esas almas. Oyeme. Toda mi vida no he dejado de pedirte, Madre mía. Escúchame, te lo ruego por Jesús y por tu Esposo San José, a quien ruego interceda por esta pobre pecadora. Sufro. Esta palabra expresa todo para mí. ¡Felicidad! Cuando sufro estoy en la Cruz de mi Jesús. ¡Qué felicidad más grande es decirle: Jesús, Esposo mío, acuérdate que soy tu esposa, dame tu cruz!

Abril 1917. Gracias, Dios mío, porque me habéis dado un director que dirija mi alma hacia Ti? Me preguntó cómo era mi oración, si estéril o con devoción. Yo le dije que con devoción a veces; pero había períodos en que no podía meditar y me quedaba tranquila con N. Señor. Pero me dijo que siempre debía tratar de reflexionar y sólo en ultimo término, hacer lo otro. Que viviera constantemente en la presencia de Dios Nuestro Señor dentro de mi alma. Que lo hiciera lo más a menudo posible. Que hiciera el examen particular sobre eso. Que apuntara los pensamientos y afectos de la meditación que más me movieran a devoción.

Me permitió que me mortificara, mortificándome en las comidas, sacrificando el gusto. También que rezara un cuarto de hora en cruz o tres Padre Nuestros hincada sobre las manos. Después me va a dar permiso para ponerme cilicios. Que fuera muy reservada. Que no hablara de mi vocación, sino con mi mamá y con la M. Izquierdo; porque era como un perfume contenido en un frasco que, al destaparlo, se va todo. Que trajera a mis amigas al servicio de Dios.

Lo que más consuelo y alegría me dio fue que me dijo que tenía vocación para Carmelita. Me preguntó qué virtud prefería. Le contesté: la humildad. Después me dio permiso para renovar el voto de virginidad hasta la A[sunción] de la Virgen.

Resolución: un alma para salvarla; una muerte para temerla; una vida para santificarla. Silencio. Está el jubileo. Me siento llena de El. Le amo.

 

2. DIARIO 27 . VENCER SU ORGULLO Y SUS ENOJOS.

 

Jueves 5 de julio [1917]. Nada tengo que decir de hoy. No he sido perfecta. En la clase de francés hablé. Sin embargo, me vencí bastante. Mañana haré un día de retiro. Lo necesito tanto. Me uno a N. Señor pero no lo imito. Todavía soy muy orgullosa. Me propondré abatir hasta los últimos gérmenes del amor propio. No sé sobre qué se puede basar, pues soy una nada criminal. Me gusta que me estimen las criaturas, pero ¿de qué me servirá, si Dios no me estima?

 

3. DIARIO 43. ACTITUD ANTE EL SUFRIMIENTO AL SALIR DEL INTERNADO. RESOLUCIONES PARA SIEMPRE.

 

He pasado días de cielo. A cada paseo me iba a estar con El en la capillita, junto a El. Hemos hablado tanto... Sentía muchas dudas acerca de mi vocación. Dudaba si ser carmelita, pero Jesús me decía que esa era su voluntad.

Me voy del colegio [12.8.1918]. Todo lo que sufro no es posible describirlo. ¡Oh Dios mío, cómo todo pasa y concluye! Cuánto nos apegamos a lo transitorio. No he llorado, pero el corazón lo tengo hecho jirones. He asistido a la apertura del semestre y al ver que ya no tendría ningún cargo, sentía que se me destrozaba el corazón. Adiós, Madres que me habéis enseñado el camino de la virtud, que me habéis mostrado el camino de la dicha más cumplida aquí en la tierra y el camino del Cielo. Adiós, morada del Corazón de Jesús, donde tres años he vivido contigo. Adiós, compañeras tan queridas, adiós. Vuestro cariño quedará para siempre en ni memoria. Adiós, adiós [a] todo. Me voy con El. Lo sigo y soy feliz. No lloraré. Quiero ofrecer con generosidad el sacrificio a Dios. Todo por Ti, Jesús, hasta la muerte.

Resoluciones para mi vida entera:

1ª No dejaré jamás mi meditación, mi Comunión y misa.

2ª Haré examen particular y rezaré mis oraciones de la mañana y de la noche de rodillas.

3ª Haré lectura espiritual y conservaré en mi alma un recogimiento que me mantenga unida con Jesús y separada por completo del mundo.

4ª Tendré carácter. Jamás me dejaré llevar por el sentimiento por el corazón, sino por la razón y mi conciencia.

5ª Cumpliré la voluntad de Dios con alegría, tanto en las penas como en las alegrías, sin demostrar jamás en mi cara lo que pasa en el corazón. No llorar jamás, teniendo presente lo de Santa Teresa: Es preciso tener corazón de hombre y no de mujer.

6ª No me dejaré llevar jamás del respeto humano, tanto en mi manera de conducirme como en mis palabras.

 

4. DIARIO 56: FUERTES PURIFICACIONES Y PRUEBAS DE FE.

"Retiro del Espíritu Santo": 08.06.1919

Entré ayer a retiro. N, Señor me dijo que fuera por El a su Padre. Que lo único que quería en este retiro era que me escondiera y sumergiera en la Divinidad para conocer más a Dios y amarlo, y conocerme más a mí y aborrecerme. Que quería que me dejaseguíar por el Espiritu Santo enteramente. Que mi vida debe ser una alabanza continua de amor. Perderme en Dios. Contemplarle siempre sin perderle de vista jamás. Para esto, vivir en un silencio y olvido de todo lo creado, pues Dios, por su naturaleza, siempre vive solo. Todo es silencio, armonía, unidad en El. Y para vivir en El, es necesario simplificarse, no tener sino un solo pensamiento y actividad: alabar.

Dios se comunica a mi alma de una manera inefable en estos días que estoy en el Cenáculo. Ya no es sensible el amor que siento es mucho más interior. En la oración me sucede como nunca me había pasado: me quedo completamente penetrada de Dios. No puedo reflexionar sino como que me duermo en Dios. Así siento su grandeza y es tal el gozo que siento en el alma, como que es de Dios. Me parece que me encuentro penetrada toda de la divinidad.

Hace tres o cuatro días que, estando en oración, he sentido como que Dios bajaba a mí, pero con un ímpetu de amor tan grande, que creo que poco más no podría resistir, pues en ese instante mi alma tiende a salir del cuerpo. Mi corazón late con tanta violencia que es horrible y siento que todo mi ser está como suspendido y que está unido a Dios. Una vez tocaron la hora y no la sentía. Vique mis hermanitas novicias salían e intenté seguirlas; pero no me pude mover. Estaba como clavada en el suelo. Hasta que casi llorando le pedí a N. Señor pudiera salirme, pues todas lo iban a notar. Entonces pude; pero mi alma estaba como en otra parte.

Pero no todo ha sido goce. La cruz ha sido bien pesada.

Primero tuve que acompañar a N. Señor en la agonías. Después me vinieron unas dudas tan horribles contra la fe que tuve la tentación de no comulgar y después, cuando tenía en mi lengua la Sagrada Forma, la quería arrojar, porque creía no estaba ni existía allí N.Señor. Ya no sabía lo que me pasaba y le conté a nuestra Madre, quien me aseguró no había consentido. Con lo que quedé más tranquila y me dijo que despreciara el pensamiento y así desapareció la tentación. Pero N. Madre me dijo que no me abatiera tanto; que fuera más mujer. Y N. Señor me reprochó que descargara mi cruz sobre nuestra Madre, y me pidió sufriera sin decir nada.

La tercera prueba fue la más horrible. Sentí todo el peso de mis pecados y los numerosos favores y el amor de Dios. Ya no sabía lo que me pasaba de ver que no correspondía a N. Señor. Mi pena aumentó más en el refectorio al escuchar lo que hacían las monjas primitivas. Me vine a llorar a mi celda, postrada, con la cabeza en el suelo. En esto estaba, cuando llega N. Madre a buscar me para ir al huerto y me tuvo todo el recreo conversando. Y yo ya no podía más; pero no le dije, ni se lo di a entender. Todo lo contrario. En la noche me preguntó si estaba tranquila y le dije que sí; pues lo estaba con la voluntad de Dios, y que estaba agobiada con las gracias de Dios. Me mandó acostarme, lo que fue para peor, pues vi que N. Señor no quería que ni aun lo alabara.

Después me quedé con tanta pena que fue horrible. Al día siguiente, se me presentó N. Señor no ya en agonía, sino con el rostro muy triste. Le pregunté qué tenía, pero no me contestó, dándome a entender que estaba enojado conmigo. Pero después, como yo insistiera en preguntarle, me dijo que no quería hablar conmigo, y que era una pecadora, y me dijo en un momento todos los pecados de mi vida y siguió muy triste. Quedé con una pena negra y confusa con mis pecados. Pero no podía creer que estuviera tan enojado, pues El me ha dicho que me ha perdonado. Y además, El es todo Bondad y Misericordia.

La cuarta prueba fue espantosa y tuvo lugar después de la oración, en que me vi inflamada y transportada en Dios sin poderme mover. Se me vino el pensamiento que todo esto eran engaños del demonio y la prueba estaba en que no había obedecido a la campana. Fueron las tinieblas más horribles, pues me creí desamparada de Dios. Además, sentía la pena más grande al ver que todas iban a notar algo extraño en mí. Esto me llenaba de amargura, pues quiero pasar desapercibida.

Hoy, víspera de Pentecostés [1919], he sentido ese arrebato de todo mi ser en Dios, con mucha violencia, sin poderlo disimular. Y tres veces he vuelto y después he sido de nuevo transportada. Sufro mucho, pues no sé si son ilusiones, y no tengo con quien consultarlo. En fin, me abandono a la voluntad de Dios. El es mi Padre, mi Esposo, mi Santificador. El me ama y quiere mi bien.

 

5. CARTA 27. SEQUEDADES Y ANGUSTIAS. MORTIFICACIONES FÍSICAS. DECIDIDA PARA SEGUIR SU VOCACIÓN ANTES LAS DIFICULTADES FAMILIARES.

 

Al P. José Blanch, C.M.F. Santiago, 2 de abril de 1918

Reverendo Padre: Creo no habrá recibido mi carta anterior, por lo cual temía escribirle, creyendo pudiera desagradarle, porque no he recibido contestación alguna. Pero mi mamá me dice que le escriba, pues le Parece que no le disgustará.

Veo que Dios quiere probarme, porque a cada instante me envía sufrimientos. Mas todos se los ofrezco, ya que comprendo que por ellos me he de asemejar a Jesús crucificado y he aquí mi único ideal.

Quiere de mí, Rdo. Padre, un abandono total en sus divinas manos, y se ha constituido El mismo mi director; pues creo que sólo El me satisfará después de ser Ud., Rdo. Padre, el guía que me dirigía hacia Jesús. Yo pienso verdaderamente con quién me voy a confesar..., pues a mí me cuesta tanto tener confianza, y además eso de tener que darse a conocer a otro confesor me desanima. Tengo deseos de no elegir a nadie de director, sino a Jesús, pues si El se lo ha llevado a Ud., Rdo. Padre, es porque quiere ser El mismo mi Maestro. Además me manifiesta su voluntad de una manera tan directa, que no puedo dudar sean esos sus designios.

Ahora me pide la renuncia completa de mi voluntad, pues me dice que, si quiero ser crucificada a su semejanza, es necesario despreciarse por completo y vivir en cada instante cumpliendo perfectamente su divina voluntad, aunque ella me traiga sacrificio e inmolación.

He sufrido tanta sequedad [y] abandono, que ya no es posible describirlo. Sobre todo una vez pasé como una hora y media en una angustia tan terrible, que me dije: "Si esto continúa, no voy a poder hacer nada". Pues sentía una soledad, un abandono total, y al mismo tiempo yo veía que no tenía a quién comunicárselo. Y esto me hacía sufrir. Supliqué a N. Señor me sacara de esa angustia, y entonces El dejó oír su voz, e inmediatamente, con su palabra, la tempestad se apaciguó; aunque quedé siempre en sequedad. Pero esto no me extraña, Rdo. Padre, pues yo he sido la que he pedido a Cristo me prive de todo consuelo, para que otras almas que quiero encuentren en los sacramentos y en la oración paz y gozo.

El voto de castidad se cumplió ayer. Yo no me atreví a renovarlo, esperando pedir permiso.

En cuanto a las mortificaciones, no he hecho casi ninguna porque no tenía permiso. Sólo mortifico la voluntad. Además, me pongo en posturas incómodas cuando no soy vista. Y el Viernes Santo me puse, desde la una hasta las tres, piedras en los zapatos, lo que me incomodó bastante. Pero creo no lo podré hacer, pues casi no puedo andar y me lo pueden notar.

También el Jueves y el Viernes Santo no bebí agua; ni comí dulces en toda la semana. Pero ahora le pido permiso para hacer algo más, pues creo conveniente, cuando estoy con desaliento [y] tedio, hacer alguna mortificación, como vgr., ponerme cilicios, que voy a comprar, y privarme un poco de la comida. Mas todo quiero someterlo a su voluntad, pues sé que ésa es la de Dios.

Siempre me pongo en la presencia de Dios, pero hay días en que me olvido. Todos los días hago meditación, y en este tiempo de la Cuaresma, ha versado ella sobre la Pasión, y he podido penetrar más en los sufrimientos de Cristo. Suelo tomar el Evangelio para ello, lo que antes no podía porque no me resultaba.

Cada día que pasa se aumentan mis deseos de ser carmelita. Me escribió la Madre Superiora una carta llena de santos consejos, donde pinta admirablemente la vida de la carmelita, y me dice que entretanto procure sólo vivir en Dios, por Dios y para Dios;

pero la realización de mis deseos la veo cada día más difícil. Ya principio a sentir la oposición de mi familia, pues desean que salga del colegio para sacarme a las fiestas; esas fiestas mundanas que son lazos para perder las almas. ¡Ah! Ruegue, Rdo. Padre, por mí, para que salga victoriosa de la lucha y de la tempestad que se inicia. Que pueda pronto llegar al puerto del Carmelo donde espero encontrar el cielo en la tierra, es decir, el cielo en el sufrimiento y en el amor. A veces siento deseos de morir antes que sucedan estas cosas; pero digo con Nuestro Señor que se haga la voluntad de Dios y no la mía. Es además cobardía no querer el combate. Entonces pido a Cristo me dé las armas para vencer. También N. Señor me dice que me abandone a El. Ya que siempre me ha auxiliado y me ha hecho vencer, ¿por qué desconfiar ahora?

Mi salud es mejor. Sin embargo, con franqueza le diré que siento muchas veces debilidad que no sé a qué atribuirla. Sin embargo, estoy mejor en el colegio y puedo estudiar, gracias a Dios. Tomo tónico, lo que espero me acabará de fortalecer para poderme ir este año al Carmen. Rece, Rdo. Padre, por eso. Se lo suplico.

No pierdo las esperanzas que lo han de traer de nuevo a Santiago. Por eso no puedo resolverme a confesarme con otro Padre. Creo que N. Señor quiere probarme. Que se haga su santa voluntad. Le ruego, si le es posible, me conteste. Haga una obra de caridad. Y le doy permiso para que me hable de todo esto de conciencia, y de todo lo que juzgue conveniente para mi alma.

Gracias, Rdo. Padre, por todo el bien que me ha proporcionado. N. Señor se encargará de pagar lo que mi pobre alma no puede pagar sino con humildes oraciones, que bien poco valen, como Ud. sabe. Jesús las oirá para pagar su caridad. Y Ud., Rdo. Padre, ruegue por mí en el santo sacrificio de la Misa. Ofrézcame a Jesús como víctima de reparación y amor por manos de la Sma. Virgen. Así no me despreciará.

Su humilde y S.S. en Jesús, Juana, H. de M.

 

6. CARTA 29: PRUEBAS. DUDAS. SIN FERVORE SENSIBLE. RESISTENCIA ANTE EL "MUNDO".

Al P. José Blanch, C.M.F. Santiago, 18 de junio 1918

Reverendo Padre: Parece que N. Señor ha querido probarme durante el transcurso de este año, pues he sufrido bastante, sin tener a quién recurrir. He tenido muchas dudas respecto a mi vocación de carmelita. Dudas también respecto a la fe; de tal manera, Rdo. Padre, que a veces me preguntaba si existía Dios, pues me sentía completamente abandonada de El. Miraba mi crucifijo y todo me parecía una quimera. Lloraba e imploraba auxilio de la Virgen, y Ella tampoco me socorría. Hasta que N. Señor se compadeció y dejó oír su voz interiormente, e inmediatamente cesó todo y quedé inundada de paz.

Mi estado habitual es de una sequedad espantosa. Muchas veces en la comunión paso distraída. No siento el menor fervor sensible. Sin embargo, aunque no siento ese atractivo, no he dejado de comulgar. El año pasado me porté perfectamente en el colegio. Mas este año me ha sido imposible, aunque todos los días hago resoluciones de portarme bien. Además, vivía en la presencia de Dios. Es cierto que invoco a N Señor antes de algunos ejercicios; pero vivo tan poco recogida dentro de mi alma que, en la noche, me pregunto dónde ha estado mi espíritu todo el día, y no sé contestarme.

Respecto a las mortificaciones, siempre sigo sus consejos y he tomado la resolución de negarme en todo. En cuanto al cilicio, todavía no lo tengo en mi poder, porque resulta que la niña que me lo va a dar, no la he podido ver.

De salud, gracias a Dios, estoy mejor, porque el doctor conoció lo que tenía y me recetó remedios que me han hecho mucho bien. Eso sí, necesito tanto abrigo, que me da no sé qué abrigarme tanto, pero lo hago, pues lo necesito.

Oración como hacía el año pasado no he hecho, porque me aconsejaron que hiciera sólo los diez minutos que hacen las monjas. Pero hoy mi mamá me ha dicho que haga la meditación enla Misa, pero no sé en qué libro la haré. Por favor, Rvdo. Padre, hábleme sobre esto.

Las dudas que tengo respecto a las carmelitas es por mi poca salud y, además, porque estoy segura que mi papá se opondrá a ello. Cuando dudo, N. Señor me habla que esa es mi verdadera vocación. Entonces me someto a su voluntad.

Me falta un mes para salirme del colegio. Quiero ahora prepararme para resistir a los halagos del mundo. Le aseguro, Rdo. Padre, que tiemblo, pues me siento tan débil de carácter. En fin, me pongo en los brazos de la Sma. Virgen y le pido todos los días que, si he de ser infiel a N. Señor, me lleve antes de salir del colegio.

Ya me voy a ir al colegio. Así es que concluyo pidiéndole, Rdo. Padre, se acuerde de esta pobre alma en sus oraciones, para que, despegada de todo afecto terreno, viva unida a Jesús, encontrando en El la dicha única y verdadera.

Déme permiso para renovar el voto que concluyó el día del Sdo. Corazón; pero lo renové hasta mi salida del colegio, pues no pude escribirle para solicitar su permiso, que creo no me lo negará.

Todas las semanas, Rvdo. Padre, ofrezco la misa y comunión por su santificación, para agradecerle cuanto le debo. Acuérdese de esta futura carmelita en el sacrificio de la misa y ofrézcala a N. Señor como víctima de amor y expiación Su a. S.S. en Jesús Juana, H. de M.

 

7. CARTA 31. PENA AL TENER QUE SEPARARSE DE REBECA, POR SEGUIR SU IDEAL VOCACIONAL.

A Elena Salas González

Querida Elena: Todavía estoy gozando con nuestra conversación. Verdaderamente comprendo cuánto vale una buena amiga. Sentía verdaderamente la necesidad de expansionarme con alguien que me comprendiera y que sintiera lo mismo que yo siento. ¡Cuánto bien me has hecho! Te lo agradezco de todo corazón.

He hablado con la que lleva esta libreta. ¡Pobrecita! Te aseguro que me parte el alma [ver] cómo sufre. Y soy yo todavía la causa de sus sufrimientos. La idea de separación la preocupa demasiado, pues, como tú sabes, ella lo sabe todo.

Elena, no te puedes imaginar lo que siento en este instante. La Rebeca me ha pedido que, por favor, te cuente todo a ti, para poder hablar sobre sus proyectos para el otro año, los cuales están ligados a mi pobre personilla. En fin, como esta separación es su constante preocupación, quiere tener una confidente que sepa lo mío. Y ese ángel de consuelo vas a ser tú. Ella ni sospecha que yo te lo he dicho a ti. Háblale de mí; pero yo no le diré ni una palabra de todo lo tuyo, ni tú tampoco si quieres no le digas nada. Lo único que te pido es que la consueles, la alientes. Ve ya demasiado cerca la separación definitiva; pues pienso realizarla en mayo. Pero no digas a nadie, por favor. Ella lo sabe y duda si salirse del colegio o no. ¿Qué te parece?

En este instante te aseguro que siento más grande que nunca su cariño. Cuando se deja lo que se quiere, parece que se siente el corazón más apegado. Pero en fin, mi ideal es grande y lo voy de todas maneras a cumplir. Pide a Dios por mí, para que salga triunfante en la lucha. Así es la vida. Es una continua tempestad que nos pone a cada instante en peligro de zozobrar... Cuánto cuesta arribar al puerto...

Ten cuidado con esta libreta. Escribe, si quieres, en ella tus impresiones. Yo escribiré las mías en otra y después nos cambiaremos y escribiremos en las libretas cambiadas algunas impresiones sobre lo leído. ¿Qué te parece?

No la muestres a nadie, por favor, ni te rías por esta carta tan elevada; pero cuando se tiene pena, se necesita hablar así. Te abraza tu Juanita

 

8. CARTA 72: DESGARRO AL SOLICITAR EL PERMISO DE SU PADRE. INMOLADA.

ENTREGADA A LA VOLUNTAD DE DIOS

Al P. Julián CeaC.M.F. Santiago, [25] de marzo de 1919

Muy Rdo. Padre: Estoy sufriendo una verdadera agonía, pues hoy escribiré la carta a mi papá para solicitar el permiso para ser carmelita, para que la reciba el sábado, día de la Sma. Virgen.

Apenas llegué a ésta se ha renovado en mi el inmenso dolor que experimento al pensar que los voy a dejar. Fue una lucha que sostuve contra mi propia naturaleza cuando escribía carta. Y todo el entusiasmo sensible que sentía hacia el Carmelo ha desaparecido. Me parece de repente que es una locura lo que voy a hacer; que son ilusiones, etc. Pero está ya muy pensado y mi voluntad lo desea como un bien verdadero. Doy gracias a Dios de esta repugnancia natural que experimento, pues así la cruz que abrazaré será más pesada y podré manifestar al buen Jesús más amor, ya que iré en busca de El sin consuelo alguno.

En mi oración no encuentro gusto alguno, ni aún en la comunión. A veces pienso que sería mejor no comulgar para no hacerlo tan mal; pero no puedo. No está en mi dejar de hacerlo, pues N. Señor, a pesar de que ve mi corazón de piedra, me comunica fuerzas, luz, en una palabra, vida.

Todo el tiempo he notado que estoy menos mortificada y recogida. Pero ya le he prometido a N. Señor volver con todo ahínco a negarme en todo y a vivir sólo para El. Me tengo que preparar para el favor tan grande que El me va a dispensar. Y sin embargo, cada día me encuentro más miserable. Rece por mí que tanto lo necesito. Si N. Señor no me encuentra preparada, no moverá el corazón de mi papá a darme el consentimiento, y entonces no podría ya este año ser carmelita. No le pido a Dios nada, mas que se cumpla en mi su divina voluntad. A ella me abandono y digo con mi Madre Santa Teresa: "El todo lo sabe y El me ama". No me preocupo de nada, pues sé que mi Jesús arreglará todo por su pequeña esposa...

Le ruego, Rdo. Padre, rece mucho por un hermano extraviado del buen camino, que se aparta cada vez más de él. No se imagina lo que sufro al pensar que hay en mi hogar un alma que no ama a Dios y que le ofende tanto. He ofrecido mi vida por él, pero el Señor no la ha aceptado. Cuando sea carmelita me inmolaré toda la vida por este hermano que tanto quiero.

Todos los días rezo por Ud., Rdo. Padre, conforme se lo prometí en la Misa y Comunión nunca olvido de pedir que Dios lo haga un religioso según su corazón, que viva en el cielo, olvidado de todas las pequeñeces de este mundo miserable y que salve muchas almas. Mis oraciones, como Ud. bien lo sabe, son bien pobres pero se las doy a mi Sma. Madre. Ella las presenta a N

Señor, y El no niega nada a su Madre.

Rece por todos los míos y por esta pobre alma que Dios permitió conociera. No se olvide de encomendarla al Señor, especialmente el sábado para que se cumpla en ella la voluntad santa de Dios. Juana.

 

9. CARTA 109: CONFIANZA ILIMITADA EN DIOS. LAS DEBILIDADES SON ESCALONES PARA SUBIR.

Ser "hostias" por amor.

A Elisa Valdés Ossa J.M.J.T. 13 de junio de 1919

Nuestro Jesús es todo Corazón. En este instante estoy presa por El. Me tiene encarcelada en el horno del amor. Vivo en El, mi Hna.querida. ¡Qué paz, qué dulzura, qué silencio, qué mar de bellezas encierra ese divino Corazón! Qué de ternuras me colma, a pesar de serle tan infiel. ¿Cuándo será el día dichoso en que la muerte, rompiendo las cadenas del pecado en el que nuestra alma vive, podamos decirle a nuestro Dios: "Ya no te ofenderemos más, y nadie ni nada nos podrá separar de Ti"?

La Santa Hostia se da a los cristianos. Nosotros debemos darnos por entero, o mejor, prestarnos -pues no conviene darse- a cuantos nos rodean. Esto nos hará ser caritativas, pero siempre mirar en el prójimo a Jesús. Propongámonos esto, mi Isabel querida, mi hermana carmelita; hagamos un desafío para ver quién lo consigue primero.

Otro punto [en] que creo que me tienes muy aventajada es no hablar de sí misma, pues así se niega completamente la personalidad. No sabes cuánto me hace falta este punto de negación, porque, como tú me conoces, estoy tan llena de orgullo. No creas que, porque estoy en el Carmen, me he despojado de mis miserias; antes al contrario, cada momento, al compararme con mis santas hermanitas, me encuentro más imperfecta. Como aquí todo es pureza, santidad, atmósfera de luz, se ve una bien negrita. Soy una cholita, un carbón en medio de brillantes.

En cuanto a lo que me dices de tu oración, yo creo que tu alma, como la mía, no son para la meditación. No te desconsueles con no poder discurrir ni saberle decir nada a N. señor. A mí me pasa muchas veces lo mismo, y no por eso creo que mi oración es mala; pues el fin de la oración es inflamarnos en el amor de nuestro Dios. Si el estar sólo en su presencia, si el mirarle sólo nos basta para amarle, y estamos tan prendadas de su Hermosura que no podemos decirle otra cosa [sino] que le amamos, ¿por qué, hermanita, inquietarnos? N. Santa Madre recomienda esta mirada amorosa al Esposo de nuestra alma. Míralo sin cansarte, Isabelita, dentro de tu cielito; y pídele, cuando le mires, te dé las virtudes que te hagan hermosa a sus divinos ojos. Consuélalo con tus lágrimas y acarícialo, que esto a El le encanta. Pídele por la Iglesia, por los sacerdotes y por las almas pecadoras.

 

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