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SAN JUAN DE LA CRUZ, "¡Qué sabe el que no ha padecido!".

Disertación al Carmelo Seglar de Matanzas, Cuba

Febrero 2017

Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

 

Queridos hermanos del Carmelo Seglar:

Me han pedido ustedes le hable de nuestro santo padre San Juan de la Cruz, y cuál fue su paso por esta tierra, por eso he preparado una síntesis biográfica que nos muestra una vida que no tuvo exenta de padecimientos. Estas lágrimas fueron llevadas por el santo con; “humildad y padecimiento por amor a Dios y con resignación de toda retribución; porque estas mercedes no se hacen al alma propietaria, por cuanto son hechas con muy particular amor de Dios que tiene con la tal alma, porque el alma también se le tiene a él muy desapropiado.” (Cfr. 2S 26,10)

1.    NADIE ES PROFETA EN SU TIERRA

Jesús volvió a Galilea por la fuerza del Espíritu, y su fama se extendió por toda la región. Él iba enseñando en sus sinagogas, alabado por todos. Vino a Nazaret, donde se había criado y, según su costumbre, entró en la sinagoga el día de sábado, y se levantó para hacer la lectura. Le entregaron el volumen del profeta Isaías y desenrollando el volumen, halló el pasaje donde estaba escrito: El Espíritu del Señor sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor” Lc 4, 14-19 y por decir esto lo echaron de la ciudad, en incluso trataron de lazarlo desde arriba de un monte, por es el Señor dijo; “Señor En verdad os digo que ningún profeta es bien recibido en su patria.” LC, 4,24, es decir, nadie es profeta en su tierra. Y a mi parecer, Juan de la Cruz aún no lo ha sido todavía. Pero espero que lo sea, aunque no alcance a verlo.

Nuestra amada Iglesia, fundada por el Hijo de Dios, nuestro Señor Jesucristo, a pesar de que han pasado dos mil años, parece que aún sigue en sus comienzos, me imagino que en los tiempos que vivió el santo padre san Juan de la Cruz aún habían muchas cosas sin surgir, había muchas ideas sin comenzar. No obstante, el santo ya es un hombre de ideas brillantes, y a muchos de los que comenzamos a leerle, desde sus primeras letras comienza a deslumbrarnos. San Juan de la Cruz, es un luminoso, aunque vivió en la oscuridad.

Juan, desde niño es huérfano y pobre, entonces muy tempranamente experimenta la dureza de la vida. Se sabe que su madre, Catalina Alvarez, era al parecer de origen muy sencilla, seguramente morisca, y fue injustamente desheredada por ello. Ella viuda, se vio forzada a emigrar con sus tres hijos. Hay antecedentes que Luís, el segundo de sus hijo habría muerto de hambre. Ellos procedían de un lugar llamado Fontiveros, que era y aún es, una localidad bastante  necesitada de Ávila, por esa razón luego se trasladaron luego a Medina del Campo, en la provincia de Valladolid, ciudad menos pobre y ya en esa época con vida comercial que permitía mayores posibilidades de subsistir.

Instalados en aquel lugar, el pequeño Juan de Yepes y Alvarez trabajo en el Hospital de la Concepción, para enfermos graves, y allí comenzó sus estudios, los que luego continuará en la Universidad de Salamanca, donde le han matriculado los Superiores del Carmen.

San Juan, había profesado en la Orden del Carmen como Fray Juan de Santo Matías, pero parece ser que él no encontró lo que buscaba. Su alma descontenta, necesita un lugar de mayor recogimiento que el que ofrece su Orden religiosa. Se dice que su lema era "religioso y estudiante, y el religioso, delante".  Fray Juan, no logra estar bien frente a la indiferencia de las cosas bien razonadas, con inteligencia y tampoco con la suficiencia transformada en soberbia. Muchos siglos antes había escrito San Bernardo: "La piedad sin ciencia, hace inútiles; la ciencia sin piedad hace soberbios". Entonces Fray Juan era considerado casi como un "bicho raro" entre sus compañeros. Es así como él tiene una idea distinta, y sale en la búsqueda de un lugar más adecuado para un alma contemplativa y reflexiona hacerse cartujo.

2.    LLAMADO POR SANTA TERESA DE JESUS

Estaba Fray Juan planificando esas nuevas ideas, cuando por otra parte Santa Teresa de Jesús andaba en la búsqueda de hombres para que le ayudasen en la tarea de comenzar la Reforma de los Carmelitas. Ciertamente, ella necesitaba hombres como el que fue San Juan de la Cruz, para hacer prosperar la reforma que planificaba para las mujeres. Es así como Pedro de Orozco, le sugiere el nombre de Fray Juan, condiscípulo suyo, que acaba de llegar de Salamanca para celebrar, su primera misa en Medina del Campo, donde vive su pequeña familia. Entonces Teresa le pide que venga al locutorio y, sin mayor rodeo, le propone la empresa, apremiándole a que deje su plan de ir a la Cartuja. Teresa ve en Juan una persona útil en la Reforma de los hombres carmelitas. Teresa, mujer que sabe persuadir, le convence, lo gana para la Reforma. Hoy podemos decir con certeza que fue un encuentro propiciado por el cielo. Fray Juan de la Cruz será, no sólo el primer Carmelita Descalzo, sino también el padre de la madre Teresa y su teólogo preferido. Fray Juan fue el hombre providencial que sistematizará la doctrina, experiencias e intuiciones con las que Teresa de Jesús, Madre Fundadora de Carmelo, mujer sin las letras y la ciencia de Fray Juan, está cimentando el Carmelo reformado para las mujeres.

En ese tiempo, Fray Juan no es esplendoroso a lo humano. Al revés. Desconocido y humillado. Era demasiado grande para entrar en mentes superficiales; demasiado fino, para ser tolerado por vidas ordinarias y mediocres; demasiado cristalino y elegante, para que le perdonaran los vulgares y los perversos; demasiado noble y entero, para ser aceptado; demasiado roble, para que no se ensañaran con él las cañas volubles y vacías; demasiado inteligente y modesto, para que no se sintieran postergados ante él, los obtusos presumidos y eclipsados por su luminosidad espontánea, Y, fatalmente, apareció como una serpiente negra, la envidia, ese bicho rastrero viscoso que todo lo corrompe y emponzoña. El tributo que la mediocridad paga al genio. 

3.    MUCHOS SE HAN ENCANTARON CON ÉL

San Juan de la Cruz, fue encarcelado por sus propios hermanos, malamente calumniado y desprestigiado hasta su muerte. El eligió incluso el convento donde sabe que el Superior fray José Crisóstomo, le malquiere, para ir a curarse de unas calenturillas, que le llevarán al sepulcro. Pero él fue un hombre celestial y divino, una llama de amor viva, "no hay otro que fervores tanto en las cosas del cielo en toda Castilla", dijo de él Teresa de Jesús. Pero ya dije al principio de esta exposición, nadie es profeta en su tierra. Con todo, hoy el Carmelo y otras instituciones religiosas, hay muchos santos modernos que se encantaron con él y llevan su huella, santos tales como Teresita de Lisieux, ya Doctora de la Iglesia; santa Benedicta de la Cruz (Edith Stein), Santa Isabel de la Trinidad, el Beato María Eugenio del Niño Jesús (Recientemente Beatificado), otros como el Beato Carlos de Foucauld y filósofos como Maritain y su esposa Raisa, judía convertida, y mística, que formaron un matrimonio excepcional, y constituyeron en este siglo, una academia, que integraba a los más conspicuos pensadores de Francia, entre ellos Garrigou Lagrange, profesor en el Angelicum de Karol Woytila a quien dirigió la tesis para su doctorado de la fe en San Juan de la Cruz. San Juan Pablo II, le debe el sacerdocio y su hondura mística y se declara sin complejos, "hijo espiritual de España", por Juan de la Cruz, su padre. En fin, se conocen religiosos católicos como el polacos Kalinowski; evangélicos, como Schering; anglicanos, como Ramsey y Trueman Dicken; luteranos, como Rotger Schutzs, fundador y prior de Taizé; ortodoxos, como Atenágoras; agnósticos, como Jean Baruzi; hinduistas, taoistas, suamis de Yoga y de Zen, como Suami Sid-deswarananda, que le consideran un gran místico. Incluso, filósofos y judíos, como Bergson, y hasta marxistas, como Garaudy, han declarado que son sus lectores.

4.    LA LECTURA DE LA NOCHE

Quizá el momento más adecuado para emprender con provecho su lectura es el de la Noche, cuando se han recibido tres o cuatro desgarrones en la vida; creo que entonces se da una asociación con él, como de alma gemela. El sufrió tanto que, después escribirá por experiencia: "¡Qué sabe el que no ha padecido!". Pero para él el sufrimiento no es un fracaso, tampoco masoquismo, sino fuente y manantial de sabiduría. Un día, había encontrado en un desván del convento de Segovia, fundado por él, un cuadro de Jesús con la cruz a cuestas, cubierto de polvo y de telarañas. Sintió pena. Que lo vean los fieles en la iglesia, y ¡ojalá les conmueva tanto como a mí me ha llegado al alma! Dicho y hecho. Limpió con cariño el cuadro abandonado, y con reverente delicadeza, lo colgó en la pared, y va el Señor y le habla: "Fray Juan: Estoy contento de lo que has hecho con mi imagen, dime qué recompensa quieres por ello. Sin pensárselo dos veces, contestó Fray Juan: "Domine, patti et contemni pro te". "Señor, padecer y ser despreciado por Vos!". Sufrió mucho porque él mismo lo había pedido. Y lo había pedido, porque sabía la riqueza y la grandeza que engendra el sufrimiento. Por eso dice que el que no ha sufrido, sabe muy poco.

5.    TIEMPOS DE DIFAMACIÓN

Al morir Juan de la Cruz a los 47 años, Diego Evangelista, hombre rencoso,  resentido y revanchista, difama  a San Juan de la Cruz, incluso dijo esta frase: "Si no hubiera muerto, el hábito le hubiera quitado". Decía esto por el proceso difamatorio que, con toda saña, y como suplantador del Vicario General, Nicolás Doria, fraile de rompe y rasga, que hasta el nombre de la Madre Teresa, intentó usurpar para detentar él el protagonismo de fundador, llevaba adelante. Y como sólo a medias lo consiguió con la Santa, fulminó a sus almas predilectas: Jerónimo Gracián, a quien expulsó de la Orden; y María de San José, Priora de Sevilla, a quien encarceló y excomulgó, habiéndola involucrado en un execrable proceso similar. ¡Cómo cambian los hombres! Son como camaleones. Enaltecen a unos, rebajan a otros, según les convenga a su afán de protagonismo que, en el fondo, y subconscientemente, es lo que persiguen. Y todo, naturalmente, faltaría más, con el signo de la gloria y de la voluntad de Dios, de la que se sienten guardianes infalibles, y mesías monopolizadores, encargados de promocionarla en exclusiva y contabilizarla.

Nicolás Doria profesó carmelita descalzo atraído por la legislación teresiana y, cuando ya es él legislador, quiere destrozar lo que dispuso la Madre Teresa, con Gracián, María de San José y San Juan de la Cruz, sus más fieles colaboradores, quemando la excelencia por la superficialidad de la larvada apariencia.

¿Resistirá Fray Juan? El resistió una carrera de obstáculos, no lo doblegan ni frente a Calzados que le encarcelaron, le mataron de hambre y de piojos, le amenazaban con empozarle y en el refectorio le azotaban en rueda circular uno detrás de otro, no le dejaban celebrar misa, a él que era todo Misa, ni siquiera el día de la Asunción de Nuestra Señora, lo que le inspiró escribir el dolorido y nostálgico poema de la Fonte:

"¡Qué bien se yo la fonte que mana y corre,

aunque es de noche.

Aquesta eterna fonte está escondida

En este vivo pan por darnos vida,

aunque es de noche.

Aquesta viva fonte que deseo

En este pan de vida yo la veo,

aunque es de noche"

¿Cómo no va a resistir los ataques de sus propios hermanos descalzos, hijos todos de la misma Madre Teresa, que pretenden cambiar lo que él profesó, el fraile rebelde, tildado de "lima sorda"? No va a permitir ni con su silencio, ni con su palabra, que la autoridad competente pase sobre las carmelitas como una apisonadora. Sabía discernir Juan de la Cruz, sabía penetrar hasta lo hondo las intenciones y no se le convencería de nada para apartarse de su camino. Le nombran provincial de una provincia que no existía, la de México, es decir, le hacían obispo "in partibus", para sacárselo de encima. "Con tus superiores no partas peras, de bromas ni de veras". El refrán quedaba para quienes buscan las peras, o no las quieren perder. El nadó siempre contracorriente.

6.    CATORCE DE DICIEMBRE DE 1591

Juan de la Cruz vino a Úbeda asegurando que allí no le conocían; pero su fama se extendió enseguida por toda la ciudad en los dos meses y medio en que estuvo en ella; y según los eruditos en el santo, dicen que casi sin salir ni una sola vez a la calle o a visitar a nadie. Pero se interesó por él un gran número de personas. Cada uno aporta lo que puede para alivio del enfermo. Hay quienes lavarán las vendas, quien envía sábanas nuevecitas para la cama, quien trae la comida para el enfermo… 

Desde su lecho y desde su soledad llega fray Juan con sus consejos a conectar con diversas personas. No pocos seglares acceden a su habitación para ver aquel modelo de paciencia y de mansedumbre.

El padre Antonio, su compañero de Duruelo, le visitó otras veces, además de aquella en que vino requerido por el enfermero y puso un poco de orden. El 27 de noviembre, miércoles, llegó acompañado de otro religioso. Saluda al enfermo y le dice: «Padre, mañana hace 24 años [eran 23] que comenzamos la primera fundación». Los presentes le piden que cuente cómo fue aquello. Fray Juan le suplica que no lo haga; ahí se corta la conversación; y le advierte: «Padre, ¿es esa la palabra que nos hemos dado de que en nuestra vida no se había de tratar ni saber nada de eso?». Al poco rato Antonio va diciendo alguna cosa y fray Juan, con fina ironía: «Él se lo irá diciendo poco a poco»

¿Qué día es?

Cosa de ocho días antes de su muerte, probablemente desde el 6 de diciembre, no hace más que preguntar: ¿qué día es?

Son los días más plenos de su existencia, y los acaricia en su mente y se regala con la respuesta que se le da; el viernes,  sí que es el día más pleno de la vida de fray Juan de la Cruz.

Vamos a fijarnos en un manojo de datos acerca de los tres últimos días:

miércoles día 11: El enfermo pide por la tarde los auxilios espirituales y “recibió los sacramentos de la Penitencia y Eucaristía con grande devoción y con profundísima humildad y amor, y pidió perdón a los que estaban presentes”. 

Jueves día 12: llama al Padre Bartolomé de San Basilio, “y pidiéndole lumbre, rasgó y quemó todas las cartas  que tenía en un fardelillo debajo de su cabecera, que eran en cantidad”, Y quemó hasta los sobrescritos. No quería que quedase rastro de aquella correspondencia en la que lo más seguro se le hablaba de la persecución de Diego Evangelista contra él. Nadie tenía que saber quién acusaba a su perseguidor.

viernes día 13: por la tarde recibió la Unción de enfermos atentísimo, rezando y contestando   al preste con los demás del convento. Por la tarde habla con el padre Prior   y le pide afectuosamente que le traiga  el Santísimo Sacramento para adorarle. Y una vez que entró el Señor en su celda dijo muchas cosas de ternura y devoción  al  Santísimo Sacramento, de modo que a todos los circunstantes les movió a devoción. Y despidiéndose dijo: “Ya Señor no os tengo de volver a ver  con los ojos mortales”.

Otra vez  llama fray Juan  al Padre Prior y le dice, después de pedirle perdón por todo el trabajo que haya dado a la comunidad con su enfermedad: “Padre nuestro, allí está el hábito de la Virgen, que he traído a uso; yo soy pobre y necesitado  y no tengo con qué enterrarme; por amor de Dios suplico a vuestra reverencia que me le dé  de limosna”. Y el dicho padre Prior le echó la bendición y se salió de la celda”,  enternecido y  llorando”.

Este día ya no pregunta ¿qué día es? sino ¿qué hora es?

¿Qué hora es? ¿Las nueve?:” ¡Que aún me quedan tres horas!”

Cuando llega el momento de la recomendación del alma y el prior echa mano del Ritual, el enfermo le dice: «Dígame, padre de los Cantares, que eso no es menester» (13, 426). El prior le obedece, «haciendo intervalos a cada sentencia, porque percibía cómo aquella alma se inflamaba en aquellos retornos amorosos místicos que pasaban entre ella y Dios, porque repitiendo el santo padre algunas de aquellas amorosas sentencias decía: “¡Oh, qué preciosas margaritas!”. Horas antes, oyendo que eran las nueve, besando el crucifijo que tiene consigo, “al que le decía, de rato en rato, palabras muy tiernas y devotas”, dice: “¡Que aún me faltan tres horas!” ¡Ay de mí cómo se prolonga mi peregrinación!».

¿Qué hora es? ¿Las diez? ¿A qué tañen?  “Son las monjas de la Madre de Dios que tocan a maitines”.

Y fray Juan: “Y yo también, por la bondad del Señor, los tengo de decir con la Virgen nuestra Señora, al cielo”. ”Gracias os doy infinitas, Reina y Señora mía, por este favor que me hacéis en querer salga de esta vida en vuestro día de sábado” 

¿Qué hora es? ¿Las once? “Ya  se nos acerca la hora de los maitines que diremos en el cielo”.   Y en enfermo pone toda el alma en los besos que da al crucifijo que tiene en la mano.

¿Qué hora es, vuelve a preguntar? Las once y media. Y él: ”Ya se llega mi hora; avisen a los religiosos” que él había mando a descansar a las diez 

¿Qué hora es? Todavía no son las doce. Y él: “A esa hora estaré yo delante de Dios Nuestro Señor diciendo maitines”. 

Al poco rato “tomó  el crucifijo que tenía encima de la cama y comenzó a hacer algunos actos interiores” “Dio el reloj las doce de media noche; y tañeron la campana de maitines, y el dicho Santo preguntó: “¿A qué tañen?”,  a Maitines; y fray Juan exclamó: “¡gloria a Dios, que al cielo los iré a decir!”. 

Bartolomé de San Basilio, testigo presencial, añade algunos detalles deliciosos:

“En dando el reloj de las doce, tocó en casa la campana a maitines. Y entonces abrió el Santo los ojos y nos miró, pasando los ojos por todos, como despidiéndose de sus hijos”  y besando los pies del crucifijo, dijo: In manus tuas, Domine, commendo spiritum meum”,  “y dio su alma  al Creador con grande serenidad y paz a la entrada del sábado, 14 de diciembre del año 1591, quedando su rostro muy sereno y hermoso y alegre, que parecía estaba durmiendo”.

Palabras de fray Juan: Como quien describiera anticipadamente su propia muerte comenta  que en ese trance ”vienen en uno a juntarse todas las riquezas del alma y van allí a entrar los ríos del amor del alma en la mar, los cuales están allí ya tan anchos y represados que parecen ya mares; juntándose lo primero y lo postrero de sus tesoros, para acompañar al justo, que va y parte para su reino, oyéndose ya las alabanzas desde los fines de la tierra, que, como dice Isaías (24, 16), son gloria del justo”

“Quiero que vivas siempre con Dios en el fondo de tu alma... Tienes que poseer a Dios para darlos a las almas”. (c 160)

Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

Matanzas, Cuba, febrero 2017

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