Fr. Julio González C. OCD

 

CENIZAS-2008

 

PALABRA Y ESPIRITUALIDAD

Pastoral de Espiritualidad

Frailes Carmelitas

Viña del Mar - Chile

                         

MIERCOLES

JUEVES      VIERNES     SABADO


 

MIERCOLES DE CENIZAS

Lecturas bíblicas

a.- Jl: 2,12-18: Convertíos al Señor, Dios vuestro.

b.- 2 Cor. 5, 20 - 6,2: Ahora es tiempo de gracia y salvación.

c.- Mt. 6, 1-6.16 -18: Limosna, oración y ayuno.

San Juan de la Cruz: “Traiga un ordinario apetito de imitar a Cristo en todas sus cosas, conformándose con su vida la cual debe considerar para saberla imitar y haberse en todas las cosas como se hubiera él” (1 S 13,3).

La liturgia de Cuaresma se abre con una gran invitación a dejar la vida que hemos llevado hasta ahora, si ha ido por caminos que no conducen a ninguna parte, o queremos continuar lo que hasta hora hemos iniciado en el seguimiento de Cristo con nuevos convicciones y certezas de mejorar la relación con Dios, conmigo mismo y con el prójimo porque el Espíritu Santo me lo ha ido revelando en la oración y la Palabra confirma esa necesidad continua de conversión a Cristo

Joel nos invita a la conversión por medio del ayuno,  de la limosna y la oración. Rasgar el corazón no las vestiduras para que se abra a la compasión y misericordia divina. Ayunar de nuestro egoísmo y malas acciones con tal de obtener ese perdón que restablece la gracia y la amistad con Dios. Que nos deja vacíos, a oscuras de nuestros apegos,   es verdad, per o nos deja vacíos precisamente de lo que no necesitamos: el egoísmo. Es abrir espacios para que en plena libertad optemos por Dios y su Salvación. Que los paganos no digan: ¿Dónde está su Dios? Cuando nos ven tan lejos del Señor. Perdona Señor a tu pueblo.

Pablo nos suplica: “Dejaos reconciliar con Dios”. El cristiano es embajador de la gracia y reconciliación porque ha conocido su pecado pero mejor aún, ha conocido la justicia de Dios que en Cristo su Hijo en la Cruz le perdona sus muchos pecados. Con un realismo existencial Pablo nos amonesta: No echéis en saco roto la gracia de Dios. Este es el tiempo de la gracia y el día de la salvación.

El evangelio nos sitúa en la intimidad que Jesús tenía con su Padre. Si somos de su familia porque hacemos y guardamos su Palabra entonces, la relación con el Padre se debe plantear en clave de relación orante. Esa relación filial en Cristo con el Padre y el Espíritu Santo debe ser una amistad vivida en la luz de quien se sabe habitado por la Presencia divina en el alma por su condición de bautizado. Las obras de justicia y piedad que yo haga serán para poner de manifiesto esa Presencia que me habita, sin palabras quizás, pero las obras serán lenguaje que los  sencillos y sabios en el corazón entenderán. Serán para gloria del Padre y sólo El las acogerá entre sus manos. Ha su contacto adquieren valor eterno; es el milagro de          Quien convierte la arena en oro purísimo. Esas obras neutralizan su efecto cuando las hago para que las vean los hombres y vena qué bueno y justo soy. Ahí hay ausencia de Espíritu Santo; son nada y vacío.

El comprende el lenguaje del eterno Padre sabe hacer limosna en lo secreto, sabe orar en lo secreto, sabe ayunar en lo secreto y el propio Padre lo sabrá recompensar porque El ve en lo secreto. Es el secreto que el Hijo nos revelo y mantiene en vigencia por medio de su Espíritu.  Sólo en lo secreto del corazón del bautizado Dios ve la intención de nuestro corazón. No sólo ve sino que ilumina y enciende nuestro espíritu porque el mirar de Dios es amar; un amar que germina purificación  y  unión de voluntad. A Jesucristo el honor y la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

A los que inician la subida al Monte Carmelo les recomienda que tengan el santo Doctor: “traigan un ordinario apetito de imitar a Cristo en todo, conformándose con su vida, la cual debe considerar para saberla imitar…” (1 S 13,3). A la base de este seguimiento está el amor, sin lo cual, no se entiende este camino. El místico castellano siempre pone los motivos para seguir al Maestro resaltando la importancia vital del amor para mover la voluntad del hombre para dejar su condición de bajeza y pecado. Por esto continua diciendo: “ Para poder hacer bien esto, cualquier gusto que se le ofreciere a los sentidos, como no sea puramente para gloria de Dios, renúncielo y quédese vacío de él por amor de Jesucristo, el cual en esta vida no tuvo otro gusto, ni le quiso, que hacer la voluntad de su Padre, la cual él llamaba su comida y su manjar Jn. 4,34).” (1S 13,4). Es la voluntad  del Padre la que determina si estamos en el camino de la vida que  Jesús nos enseñó. ÉL, nos dijo, es Camino, Verdad y Vida (Jn.14, 6).

El místico carmelita nos invita a iniciar el camino de la Cuaresma con un amor crucificado por Cristo Jesús, porque ese es modo como ÉL nos amó y dio su vida por nosotros (Gál.2,  20).

A Jesucristo el poder y la gloria por los siglos de los siglos. Amén.


JUEVES DESPUÉS DE CENIZA

Lecturas bíblicas:

a.- Dt. 30,15-20: Elegir entre bendición y maldición.

b.- Lc. 9, 22-25: El que pierda su vida por mí, la ganará.

San Juan de la Cruz: “Cayendo el alma en la cuenta” (CB 1)          

La vida cristiana nace de la elección de Dios por el hombre para comunicarle su amistad y paternidad, luego de la caída de Adán, le ofrece en su Hijo la Redención. La Iglesia es espacio para revivir la vocación a la vida cristiana que recibí en el Bautismo y que la Eucaristía hace alianza personal entre Jesucristo resucitado y su discípulo; pero también como asamblea, como pueblo de la alianza nueva y eterna sellada con su preciosa sangre en el ara de la Cruz.

Si Dios desde el comienzo optó por el hombre es razonable y de fe optar por el camino de la vida, de la bendición divina y por ende de la felicidad. Depende donde coloques tu felicidad, el camino que escojas para ser feliz o infeliz. El camino de la vida conlleva guardar la voluntad de Dios, contar con su compañía y bendición para toda tu existencia. El camino del mal conlleva a la idolatría, vivir de espaldas a Dios y no conduce a la felicidad definitiva.

En  Evangelio Jesús no rechaza el sufrimiento lo anuncia como parte de su razón de ser Mesías redentor. Sufrirá el rechazo y la incredulidad de los suyos hasta el momento del Calvario: si es el Hijo de Dios que baje de la Cruz y le creeremos, decían,  algunos de los presentes. 

A los más íntimos y a los creerán por el testimonio de ellos, les anuncia las condiciones para seguirlo: tomar la Cruz personal, cada día, y lo siga. El que guarde su vida para sí, finalmente la perderá; mas quien la entrega, la dona a los hermanos, por ÉL, por su amor crucificado y salvador,  no guardará la vida sino que la salvará en ÉL para siempre. La Cruz podemos decir es camino de salvación. De la Cruz nos viene la vida verdadera.

“Cayendo el alma en la cuenta” (CB 1). Con estas palabras comienza el santo carmelita a describir el itinerario de quien aspira a la perfección. Habla de quien  se da cuanta de lo que está comprometida a hacer por su fe, ve que la vida es breve, la senda de la perfección estrecha, que el camino de la salvación no es fácil y las cosas del mundo son vanas y engañosas. Se decide a emprender el camino de la conversión. Será búsqueda del Amado para agradecer que la creó para ÉL, la redimió para ÉL, por lo cual el alma se siente comprometida de por vida a amarlo con toda su voluntad. El tiempo pasa y sintiendo que quizás Dios esté dolido con ella por haberle olvidado por las criaturas, sin perder más tiempo, con el corazón herido ya por el amor de Dios, declara: “¿Adónde te escondiste, Amado, y me dejaste con gemido? Como el ciervo huiste, habiéndome herido; salí tras ti clamando y eras ido” (CB 1,1).Vida cristiana entendida como camino y búsqueda del rostro del Amado redentor. A Jesucristo el poder y la gloria por los siglos de los siglos. Amén.


VIERNES DESPUÉS DE CUARESMA

Lecturas bíblicas:

a.- Is. 58, 1-9: El ayuno que Dios quiere.

b.- Mt. 9, 14-15: Ayunarán cuando se lleven al novio.

San Juan de la Cruz: “Para enderezar, pues, el gozo a Dios en los bienes morales ha de advertir el cristiano que el valor de sus buenas obras, ayunos, limosnas, penitencias, (oraciones), etc., que no se funda tanto en la cuantidad y cualidad de ellas, sino en el amor de Dios que el lleva en ellas”  (3S 27, 5).

El ayuno que Dios quiere es que seamos justos, compartir el pan, vestir al desnudo, acoger al sin techo, todo para no cerrarnos a nuestras propias necesidades. Luz, justicia, la gloria del Señor nos acompañará. Si oras el Señor te escuchará, el que responde es un Dios misericordioso. La lectura es directa y clara para quien quiere hacer la voluntad de Dios.

En una sociedad donde el egoísmo se disfraza de muchas caras y confunde la mente y el corazón, aquí tenemos una palabra luminosa para vida cotidiana, donde a Dios los encontramos, mejor, se hace el encontradizo a cada instante. El problema está en sí lo puedo reconocer o si reconociéndolo lo acompaño haciendo del suyo también mi camino.

El ayuno en el Evangelio se entendía, por parte de los fariseos, como el deseo de apurar la venida del Mesías, por lo cual ayunaba dos veces por semana. Jesús  inaugura la venida del Reino de Dios, por lo tanto, todo es nuevo, desde Jesús. Estar cerca de Jesús es para establecer los cimientos de una nueva realidad, donde los valores del Reino son los que hay que asimilar y entender lo que significan. ¿Cuáles son esos valores? La verdad, la justicia, la paz y el amor. Debo ayunar de la mentira, de la injusticia, de la violencia interior y exterior, y del egoísmo que lamentablemente consume los cimientos de nuestra sociedad.

Un ayuno que corrige las actitudes negativas para dejar espacio a la luz del amor salvador del Esposo que transforma la propia existencia.

El ayuno de la Cuaresma es para darle más importancia a las cosas del espíritu y no tanto a la comida. La privación de la carne los viernes es para mortificar el apetito y el gusto, afinarlo a gustar de las realidades del espíritu: la vida teologal y la oración. ¿Creo firmemente lo que Jesús me enseña en el Evangelio y que la Iglesia me transmite fielmente? ¿Espero alcanzar la vida eterna; colaboro con la gracia de Dios para ello? ¿Amo a Dios sobre todas las cosas y a mi prójimo como Él, lo ama?

El místico Juan de la Cruz tiene una palabra eficaz al respecto. La austeridad del Santo se reflejaba no en lo exterior sino en lo interior. Su mortificación la centraba no en la carne, entendida  en lo externo,  sino en lo del deseo. El místico deja entender tres sentidos para definir la penitencia: que algo nos cueste este amor de Cristo, otras veces significa  desasimiento,  y también como camino y signo de conversión. El verdadero valor de la penitencia se aprecio en la vida espiritual donde se va alcanzando cuotas de madurez humana y cristiana (CB 31,6). Concretamente hablando del ayuno no lo condena, pero sí, la soberbia y vanagloria en las propias obras buenas como el fariseo en el templo (cfr. Lc.18, 12; 3S 28,2-3; 1N 2,1). Establece un principio general de sabor bíblico: “Mejor es vencerse en la lengua que ayunar a pan y agua” (Av. 5,12; cfr. Sant.1, 26). En resumen el místico insistirá en la mortificación de la voluntad para librarse de la tiranía del gusto y capricho. Recordemos que en el sistema sanjuanista la voluntad debe ser purificada por la caridad, es decir, por el amor de Dios para alcanzar la estatura de Cristo Jesús y no quedarnos enanos como niños caprichosos, sujetos al egoísmo. El amor nos hace crecer, o mejor su amor nos eleva hasta su altura para tratarnos como discípulo y amigo. La clave siempre estará en la oración, entendida como trato de amistad divina. A Jesucristo el poder y la gloria por los siglos de los siglos. Amén.


SÁBADO DESPUÉS DE CUARESMA

Lecturas bíblicas

a.- Is. 58, 9-14: Partir el pan con el hambriento.

b.- Lc. 5, 27-32: Vocación de Mateo, el publicano.

San Juan de la Cruz: “Porque, así como un alma imperfecta tiene muy ordinariamente, a lo menos, primeros movimientos inclinados a mal, según el entendimiento y según la voluntad, y memoria y apetitos e imperfecciones, así el alma de este estado, según el entendimiento, memoria y voluntad y apetitos, en los primeros movimientos de ordinario se mueve e inclina a Dios, por la grande ayuda y firmeza que tiene ya en Dios y perfecta conversión al bien” (CB 27,7).   

El profeta Isaías nos invita a la justicia y misericordia. Nos invita a desterrar de nosotros lo que atenta  la sana convivencia de las personas puesto que todos tenemos derecho de vivir en paz. Las obras de caridad con el prójimo serán  luz de mediodía para quien las practica. Convivencia sana, caridad con el prójimo son las primeras exigencias, pero esto no sería nada sin la celebración del día del Señor, el sábado. Guardar el día del Señor, es un alto en el camino, para adorar, impetrar las gracias necesarias, alabar  y agradecer a Dios por sus magníficas obras y empresas en favor nuestro. Volver a los quehaceres semanales es también rememorar la Palabra celebrada en el Templo como luz y vida para el alma del justo.     

La vocación de Mateo representa a esos judíos que eran despreciados por los suyos, sacerdotes y fariseos por trabajar para el poder romano en Judea. Como recaudador, su gremio, no tenían buena fama, por considerarlos ladrones de sus hermanos de raza. Así y todo, la generosidad de Leví quedó demostrada, luego de la invitación que Jesús le hizo para que lo siguiera, en el espléndido banquete dio en honor de Jesús. ¿Qué vio Jesús en este recaudador? Su corazón dispuesto a recibir la novedad del Evangelio. No lo sabemos pero a lo mejor, Leví sería honrado, en medo de su gremio, la excepción, si queremos pensar bien de él. Más razón tendría pensar que quizás de verdad era un ladrón pero precisamente porque era de los enfermos, de  avaricia, no era de los sanos, Jesús lo rescató y lo llamó  a ser su discípulo. Es precisamente por ellos, los enfermos, que viene Jesús y no por los sanos. Justos e injustos; sanos y enfermos en el lenguaje de Jesús señala diferencias considerables. Los primeros son de dos clases: los que verdaderamente eran justos y piadosos a los ojos de Dios y del pueblo por su vida santa. Una segunda clase de justos era los que se creían justos pero sus obras desdecían de tal nombre. En el Evangelio, los fariseos entraban en esta segunda categoría aunque como el mismo Evangelio nos señala que también había entre ellos hombres justos y santos.

Los pecadores o injustos eran los que no cumplían con la Ley de Moisés. Los enfermos no sólo podían ser de dolencias físicas sino también los no considerados por la sociedad: como las prostitutas, los pobres, los extranjeros que ocupaban cargos en la administración pública, etc. A estos se dirige Jesús con especial cuidado. Otra  lectura más profunda de esta realidad se refiere al pecado que subyace en esa sociedad: la de creer que el Dios de Israel actuaba solo en base al cumplimiento de su voluntad. Las matemáticas de Dios van más allá y por lo mismo Jesús critica esta mentalidad nacionalista, por una parte, y la intolerancia de no aceptar que Dios actúa fuera de los límites de Israel y del corazón del hombre pecador. Aquí radica nuestra esperanza y nuestra garantía de que Dios está de nuestro lado como lo está con quien lo necesite si de veras lo busca con sincero corazón. Ahí, en ese, reposa la mirada y la palabra redentora de Jesús ayer, hoy y siempre.

El místico carmelita en su doctrina espiritual deja en claro que el hombre al encontrarse con Cristo Jesús, su luz, ilumina su verdadera condición de hombre imperfecto, es decir, enfermo que necesita la medicina del amor que lo purifique en el sentido y en el espíritu donde radica su mal. Un camino señalado por Juan de la Cruz es la de aprender a escuchar a este gran Dios porque el único lenguaje que el entiende es el del callado amor (D 131). Es en el silencio de las pasiones o dicho en otros términos sosegada la “casa del sentido” es donde Dios puede purificar el sentido del hombre  para acomodarlo al espíritu y así culminar su obra más delicada hacer del alma humana verdadera morada de su gracia y amor; Presencia y no figura de un Dios vivo y operante.

 

El amor callado, es decir, efectivo quien va despojando al alma de todas las escorias que se han adherido a ella por medio del gusto y afición a todo lo terreno. La sanación o purificación viene por la noche del sentido y la del espíritu. Describe el daño que han dejado los apetitos (1S 6-12) y los pecados capitales (1 N 2-7). Los apetitos voluntarios según el santo: cansan y atormentan, oscurecen y ciegan, ensucian y enflaquecen (1S 6,1-5), tanto que rompe el equilibrio del alma racional la cual Dios creo como hermosa y acabada imagen suya (1S 8,1; 1S 8,1-7). Dios quiere transformar esta realidad y devolverle al alma su belleza original hasta poder contemplar su imagen en nuestra alma. La transformación viven por la imitación de Cristo Jesús pasando a vivir el misterio pascual, misterio de muerte y vida. ¿Por qué esta purificación? La necesidad se explica por la distancia que existe entre Dios y el hombre para alcanzar la unión. La vidriera será tal cuando deje traspasar la luz del sol; si está sucio no dejará pasar la luz. El alma es la vidriera, la luz es Dios que quiere iluminarla pero el pecado, la imperfección, no deja que pase la luz. Sólo la pureza entendida como desnudez y luz que junto al amor van ejercitando la transformación en el alma del creyente.

Lo admirable, Juan de la Cruz deja bien en claro, es que la purificación  es tarea no solamente o fundamentalmente humana sino plenamente humana y divina. Usando los términos del místico diríamos activa o pasiva; activa lo que el hombre puede hace y debe hacer para entrar en la purificación definitiva; pasiva es cuando el protagonista de la acción purificadora es Dios, el alma no hace nada. Esta es la auténtica purificación. La noche es el estado en que sucede esta purificación sin referencias temporales sino más bien funcionales. La purificación “es”  un don de Dios, el hombre se puede disponer para este estado pero no lo alcanza por su acción (1S 13,1; cfr. 2S 6,6).

En la primera noche, activa,  el hombre se empeña por liberarse del dominio desordenado del sentido hasta ponerlo al servicio del hombre espiritual. El ejercicio y purificación que realizan las virtudes teologales es fundamental: la fe purifica el entendimiento, la esperanza purifica la memoria y la caridad purifica la voluntad del hombre. La noche del espíritu es la verdadera noche o purificación, donde el hombre es paciente y Dios el cirujano que elimina las raíces de los pecados capitales hasta purificarlo de toda mancha de pecado y sólo Dios es la luz que sana y une al amor del Padre y del Hijo en una comunión que lo eleva a amarle con el mismo amor con que Dios lo ama.

Tarea titánica si la vemos desde abajo, desde la cumbre del Carmelo, sin embargo, es tarea conjunta de la debilidad humana y del poder del amor de Dios. Es desde la cumbre desde donde Juan de la Cruz nos invita a recorrer el camino, donde el amor es la luz y la fe los pies para recorrerlo hasta poder cantar con el místico: “Míos son los cielos y mía es la tierra; mías son las gentes, los justos son míos, y míos los pecadores…porque Cristo es mío y todo para mí” (D 26). A Jesucristo el honor y el poder por los siglos de los siglos. Amén.

                           

Fr. Julio González C.  OCD

 

 

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