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MIERCOLES
MIERCOLES DE CENIZAS
Lecturas bíblicas
a.- Jl:
2,12-18: Convertíos al Señor, Dios vuestro.
b.- 2 Cor.
5, 20 - 6,2: Ahora es tiempo de gracia y salvación.
c.- Mt.
6, 1-6.16 -18: Limosna, oración y ayuno.
San Juan de la Cruz: “Traiga un ordinario
apetito de imitar a Cristo en todas sus cosas, conformándose con su vida la
cual debe considerar para saberla imitar y haberse en todas las cosas como se
hubiera él” (1 S 13,3).
La liturgia de Cuaresma se abre
con una gran invitación a dejar la vida que hemos llevado hasta ahora, si ha
ido por caminos que no conducen a ninguna parte, o queremos continuar lo que
hasta hora hemos iniciado en el seguimiento de Cristo con nuevos convicciones
y certezas de mejorar la relación con Dios, conmigo mismo y con el prójimo
porque el Espíritu Santo me lo ha ido revelando en la oración y la Palabra confirma esa
necesidad continua de conversión a Cristo
Joel nos invita a la conversión
por medio del ayuno, de la limosna y
la oración. Rasgar el corazón no las vestiduras para que se abra a la
compasión y misericordia divina. Ayunar de nuestro egoísmo y malas acciones
con tal de obtener ese perdón que restablece la gracia y la amistad con Dios.
Que nos deja vacíos, a oscuras de nuestros apegos, es verdad, per o
nos deja vacíos precisamente de lo que no necesitamos: el egoísmo. Es abrir
espacios para que en plena libertad optemos por Dios y su Salvación. Que los
paganos no digan: ¿Dónde está su Dios? Cuando nos ven tan lejos del Señor.
Perdona Señor a tu pueblo.
Pablo nos suplica: “Dejaos
reconciliar con Dios”. El cristiano es embajador de la gracia y
reconciliación porque ha conocido su pecado pero mejor aún, ha conocido la
justicia de Dios que en Cristo su Hijo en la Cruz le perdona sus muchos pecados. Con un
realismo existencial Pablo nos amonesta: No echéis en saco roto la gracia de
Dios. Este es el tiempo de la gracia y el día de la salvación.
El evangelio nos sitúa en la
intimidad que Jesús tenía con su Padre. Si somos de su familia porque hacemos
y guardamos su Palabra entonces, la relación con el Padre se debe plantear en
clave de relación orante. Esa relación filial en Cristo con el Padre y el
Espíritu Santo debe ser una amistad vivida en la luz de quien se sabe
habitado por la Presencia
divina en el alma por su condición de bautizado. Las obras de justicia y
piedad que yo haga serán para poner de manifiesto esa Presencia que me
habita, sin palabras quizás, pero las obras serán lenguaje que los sencillos y sabios en el corazón
entenderán. Serán para gloria del Padre y sólo El las acogerá entre sus
manos. Ha su contacto adquieren valor eterno; es el milagro de Quien convierte la arena en oro
purísimo. Esas obras neutralizan su efecto cuando las hago para que las vean
los hombres y vena qué bueno y justo soy. Ahí hay ausencia de Espíritu Santo;
son nada y vacío.
El comprende el lenguaje del
eterno Padre sabe hacer limosna en lo secreto, sabe orar en lo secreto, sabe
ayunar en lo secreto y el propio Padre lo sabrá recompensar porque El ve en
lo secreto. Es el secreto que el Hijo nos revelo y mantiene en vigencia por
medio de su Espíritu. Sólo en lo
secreto del corazón del bautizado Dios ve la intención de nuestro corazón. No
sólo ve sino que ilumina y enciende nuestro espíritu porque el mirar de Dios
es amar; un amar que germina purificación
y unión de voluntad. A
Jesucristo el honor y la gloria por los siglos de los siglos. Amén.
A los que inician la subida al
Monte Carmelo les recomienda que tengan el santo Doctor: “traigan un
ordinario apetito de imitar a Cristo en todo, conformándose con su vida, la
cual debe considerar para saberla imitar…” (1 S 13,3). A la base de este
seguimiento está el amor, sin lo cual, no se entiende este camino. El místico
castellano siempre pone los motivos para seguir al Maestro resaltando la
importancia vital del amor para mover la voluntad del hombre para dejar su
condición de bajeza y pecado. Por esto continua diciendo: “ Para poder hacer
bien esto, cualquier gusto que se le ofreciere a los sentidos, como no sea
puramente para gloria de Dios, renúncielo y quédese vacío de él por amor de
Jesucristo, el cual en esta vida no tuvo otro gusto, ni le quiso, que hacer
la voluntad de su Padre, la cual él llamaba su comida y su manjar Jn. 4,34).” (1S 13,4). Es la voluntad del Padre la que determina si estamos en el
camino de la vida que Jesús nos
enseñó. ÉL, nos dijo, es Camino, Verdad y Vida (Jn.14,
6).
El místico carmelita nos invita
a iniciar el camino de la
Cuaresma con un amor crucificado por Cristo Jesús, porque
ese es modo como ÉL nos amó y dio su vida por nosotros (Gál.2, 20).
A Jesucristo el poder y la
gloria por los siglos de los siglos. Amén.
JUEVES DESPUÉS DE CENIZA
Lecturas bíblicas:
a.- Dt.
30,15-20: Elegir entre bendición y maldición.
b.- Lc.
9, 22-25: El que pierda su vida por mí, la ganará.
San Juan de la Cruz: “Cayendo el alma en
la cuenta” (CB 1)
La vida cristiana nace de la
elección de Dios por el hombre para comunicarle su amistad y paternidad,
luego de la caída de Adán, le ofrece en su Hijo la Redención. La
Iglesia es espacio para revivir la vocación a la vida cristiana que recibí en
el Bautismo y que la
Eucaristía hace alianza personal entre Jesucristo resucitado
y su discípulo; pero también como asamblea, como pueblo de la alianza nueva y
eterna sellada con su preciosa sangre en el ara de la Cruz.
Si Dios desde el comienzo optó
por el hombre es razonable y de fe optar por el camino de la vida, de la
bendición divina y por ende de la felicidad. Depende donde coloques tu
felicidad, el camino que escojas para ser feliz o infeliz. El camino de la
vida conlleva guardar la voluntad de Dios, contar con su compañía y bendición
para toda tu existencia. El camino del mal conlleva a la idolatría, vivir de
espaldas a Dios y no conduce a la felicidad definitiva.
En Evangelio Jesús no rechaza el sufrimiento
lo anuncia como parte de su razón de ser Mesías redentor. Sufrirá el rechazo
y la incredulidad de los suyos hasta el momento del Calvario: si es el Hijo
de Dios que baje de la Cruz
y le creeremos, decían, algunos de los
presentes.
A los más íntimos y a los
creerán por el testimonio de ellos, les anuncia las condiciones para
seguirlo: tomar la Cruz
personal, cada día, y lo siga. El que guarde su vida para sí, finalmente la
perderá; mas quien la entrega, la dona a los hermanos, por ÉL, por su amor
crucificado y salvador, no guardará la
vida sino que la salvará en ÉL para siempre. La Cruz podemos decir es
camino de salvación. De la Cruz
nos viene la vida verdadera.
“Cayendo el alma en la cuenta”
(CB 1). Con estas palabras comienza el santo carmelita a describir el
itinerario de quien aspira a la perfección. Habla de quien se da cuanta de lo que está comprometida a
hacer por su fe, ve que la vida es breve, la senda de la perfección estrecha,
que el camino de la salvación no es fácil y las cosas del mundo son vanas y
engañosas. Se decide a emprender el camino de la conversión. Será búsqueda
del Amado para agradecer que la creó para ÉL, la redimió para ÉL, por lo cual
el alma se siente comprometida de por vida a amarlo con toda su voluntad. El
tiempo pasa y sintiendo que quizás Dios esté dolido con ella por haberle
olvidado por las criaturas, sin perder más tiempo, con el corazón herido ya
por el amor de Dios, declara: “¿Adónde te escondiste, Amado, y me dejaste con
gemido? Como el ciervo huiste, habiéndome herido; salí tras ti clamando y
eras ido” (CB 1,1).Vida cristiana entendida como camino y búsqueda del rostro
del Amado redentor. A Jesucristo el poder y la gloria por los siglos de los
siglos. Amén.
VIERNES DESPUÉS DE CUARESMA
Lecturas bíblicas:
a.- Is.
58, 1-9: El ayuno que Dios quiere.
b.- Mt.
9, 14-15: Ayunarán cuando se lleven al novio.
San Juan de la Cruz: “Para enderezar,
pues, el gozo a Dios en los bienes morales ha de advertir el cristiano que el
valor de sus buenas obras, ayunos, limosnas, penitencias, (oraciones), etc.,
que no se funda tanto en la cuantidad y cualidad de ellas, sino en el amor de
Dios que el lleva en ellas” (3S 27,
5).
El ayuno que Dios quiere es que
seamos justos, compartir el pan, vestir al desnudo, acoger al sin techo, todo
para no cerrarnos a nuestras propias necesidades. Luz, justicia, la gloria
del Señor nos acompañará. Si oras el Señor te escuchará, el que responde es
un Dios misericordioso. La lectura es directa y clara para quien quiere hacer
la voluntad de Dios.
En una sociedad donde el egoísmo
se disfraza de muchas caras y confunde la mente y el corazón, aquí tenemos
una palabra luminosa para vida cotidiana, donde a Dios los encontramos,
mejor, se hace el encontradizo a cada instante. El problema está en sí lo
puedo reconocer o si reconociéndolo lo acompaño haciendo del suyo también mi
camino.
El ayuno en el Evangelio se
entendía, por parte de los fariseos, como el deseo de apurar la venida del
Mesías, por lo cual ayunaba dos veces por semana. Jesús inaugura la venida del Reino de Dios, por
lo tanto, todo es nuevo, desde Jesús. Estar cerca de Jesús es para establecer
los cimientos de una nueva realidad, donde los valores del Reino son los que
hay que asimilar y entender lo que significan. ¿Cuáles son esos valores? La
verdad, la justicia, la paz y el amor. Debo ayunar de la mentira, de la
injusticia, de la violencia interior y exterior, y del egoísmo que
lamentablemente consume los cimientos de nuestra sociedad.
Un ayuno que corrige las
actitudes negativas para dejar espacio a la luz del amor salvador del Esposo
que transforma la propia existencia.
El ayuno de la Cuaresma es para darle
más importancia a las cosas del espíritu y no tanto a la comida. La privación
de la carne los viernes es para mortificar el apetito y el gusto, afinarlo a
gustar de las realidades del espíritu: la vida teologal y la oración. ¿Creo
firmemente lo que Jesús me enseña en el Evangelio y que la Iglesia me transmite
fielmente? ¿Espero alcanzar la vida eterna; colaboro con la gracia de Dios
para ello? ¿Amo a Dios sobre todas las cosas y a mi prójimo como Él, lo ama?
El místico Juan de la Cruz tiene una palabra
eficaz al respecto. La austeridad del Santo se reflejaba no en lo exterior
sino en lo interior. Su mortificación la centraba no en la carne,
entendida en lo externo, sino en lo del deseo. El místico deja
entender tres sentidos para definir la penitencia: que algo nos cueste este
amor de Cristo, otras veces significa
desasimiento, y también como
camino y signo de conversión. El verdadero valor de la penitencia se aprecio
en la vida espiritual donde se va alcanzando cuotas de madurez humana y
cristiana (CB 31,6). Concretamente hablando del ayuno no lo condena, pero sí,
la soberbia y vanagloria en las propias obras buenas como el fariseo en el
templo (cfr. Lc.18, 12;
3S 28,2-3; 1N 2,1). Establece un principio general de sabor bíblico: “Mejor
es vencerse en la lengua que ayunar a pan y agua” (Av. 5,12; cfr. Sant.1, 26). En resumen el
místico insistirá en la mortificación de la voluntad para librarse de la
tiranía del gusto y capricho. Recordemos que en el sistema sanjuanista la
voluntad debe ser purificada por la caridad, es decir, por el amor de Dios
para alcanzar la estatura de Cristo Jesús y no quedarnos enanos como niños
caprichosos, sujetos al egoísmo. El amor nos hace crecer, o mejor su amor nos
eleva hasta su altura para tratarnos como discípulo y amigo. La clave siempre
estará en la oración, entendida como trato de amistad divina. A Jesucristo el
poder y la gloria por los siglos de los siglos. Amén.
SÁBADO DESPUÉS DE CUARESMA
Lecturas bíblicas
a.- Is.
58, 9-14: Partir el pan con el hambriento.
b.- Lc.
5, 27-32: Vocación de Mateo, el publicano.
San Juan de la Cruz: “Porque, así como un
alma imperfecta tiene muy ordinariamente, a lo menos, primeros movimientos
inclinados a mal, según el entendimiento y según la voluntad, y memoria y
apetitos e imperfecciones, así el alma de este estado, según el
entendimiento, memoria y voluntad y apetitos, en los primeros movimientos de
ordinario se mueve e inclina a Dios, por la grande ayuda y firmeza que tiene
ya en Dios y perfecta conversión al bien” (CB 27,7).
El profeta Isaías nos invita a
la justicia y misericordia. Nos invita a desterrar de nosotros lo que
atenta la sana convivencia de las
personas puesto que todos tenemos derecho de vivir en paz. Las obras de
caridad con el prójimo serán luz de
mediodía para quien las practica. Convivencia sana, caridad con el prójimo
son las primeras exigencias, pero esto no sería nada sin la celebración del
día del Señor, el sábado. Guardar el día del Señor, es un alto en el camino,
para adorar, impetrar las gracias necesarias, alabar y agradecer a Dios por sus magníficas obras
y empresas en favor nuestro. Volver a los quehaceres semanales es también
rememorar la Palabra
celebrada en el Templo como luz y vida para el alma del justo.
La vocación de Mateo representa
a esos judíos que eran despreciados por los suyos, sacerdotes y fariseos por
trabajar para el poder romano en Judea. Como recaudador, su gremio, no tenían
buena fama, por considerarlos ladrones de sus hermanos de raza. Así y todo,
la generosidad de Leví quedó demostrada, luego de
la invitación que Jesús le hizo para que lo siguiera, en el espléndido
banquete dio en honor de Jesús. ¿Qué vio Jesús en este recaudador? Su corazón
dispuesto a recibir la novedad del Evangelio. No lo sabemos pero a lo mejor, Leví sería honrado, en medo de su gremio, la excepción,
si queremos pensar bien de él. Más razón tendría pensar que quizás de verdad
era un ladrón pero precisamente porque era de los enfermos, de avaricia, no era de los sanos, Jesús lo rescató
y lo llamó a ser su discípulo. Es precisamente
por ellos, los enfermos, que viene Jesús y no por los sanos. Justos e
injustos; sanos y enfermos en el lenguaje de Jesús señala diferencias
considerables. Los primeros son de dos clases: los que verdaderamente eran
justos y piadosos a los ojos de Dios y del pueblo por su vida santa. Una
segunda clase de justos era los que se creían justos pero sus obras desdecían
de tal nombre. En el Evangelio, los fariseos entraban en esta segunda
categoría aunque como el mismo Evangelio nos señala que también había entre
ellos hombres justos y santos.
Los pecadores o injustos eran
los que no cumplían con la Ley
de Moisés. Los enfermos no sólo podían ser de dolencias físicas sino también
los no considerados por la sociedad: como las prostitutas, los pobres, los
extranjeros que ocupaban cargos en la administración pública, etc. A estos se
dirige Jesús con especial cuidado. Otra
lectura más profunda de esta realidad se refiere al pecado que subyace
en esa sociedad: la de creer que el Dios de Israel actuaba solo en base al
cumplimiento de su voluntad. Las matemáticas de Dios van más allá y por lo
mismo Jesús critica esta mentalidad nacionalista, por una parte, y la
intolerancia de no aceptar que Dios actúa fuera de los límites de Israel y
del corazón del hombre pecador. Aquí radica nuestra esperanza y nuestra
garantía de que Dios está de nuestro lado como lo está con quien lo necesite
si de veras lo busca con sincero corazón. Ahí, en ese, reposa la mirada y la
palabra redentora de Jesús ayer, hoy y siempre.
El místico carmelita en su
doctrina espiritual deja en claro que el hombre al encontrarse con Cristo
Jesús, su luz, ilumina su verdadera condición de hombre imperfecto, es decir,
enfermo que necesita la medicina del amor que lo purifique en el sentido y en
el espíritu donde radica su mal. Un camino señalado por Juan de la Cruz es la de aprender a
escuchar a este gran Dios porque el único lenguaje que el entiende es el del
callado amor (D 131). Es en el silencio de las pasiones o dicho en otros
términos sosegada la “casa del sentido” es donde Dios puede purificar el
sentido del hombre para acomodarlo al
espíritu y así culminar su obra más delicada hacer del alma humana verdadera
morada de su gracia y amor; Presencia y no figura de un Dios vivo y operante.
El amor callado, es decir,
efectivo quien va despojando al alma de todas las escorias que se han
adherido a ella por medio del gusto y afición a todo lo terreno. La sanación o purificación viene por la noche del sentido y
la del espíritu. Describe el daño que han dejado los apetitos (1S 6-12) y los
pecados capitales (1 N 2-7). Los apetitos voluntarios según el santo: cansan
y atormentan, oscurecen y ciegan, ensucian y enflaquecen (1S 6,1-5), tanto
que rompe el equilibrio del alma racional la cual Dios creo como hermosa y
acabada imagen suya (1S 8,1; 1S 8,1-7). Dios quiere transformar esta realidad
y devolverle al alma su belleza original hasta poder contemplar su imagen en
nuestra alma. La transformación viven por la imitación de Cristo Jesús
pasando a vivir el misterio pascual, misterio de muerte y vida. ¿Por qué esta
purificación? La necesidad se explica por la distancia que existe entre Dios
y el hombre para alcanzar la unión. La vidriera será tal cuando deje
traspasar la luz del sol; si está sucio no dejará pasar la luz. El alma es la
vidriera, la luz es Dios que quiere iluminarla pero el pecado, la
imperfección, no deja que pase la luz. Sólo la pureza entendida como desnudez
y luz que junto al amor van ejercitando la transformación en el alma del
creyente.
Lo admirable, Juan de la Cruz deja bien en claro, es
que la purificación es tarea no
solamente o fundamentalmente humana sino plenamente humana y divina. Usando
los términos del místico diríamos activa o pasiva; activa lo que el hombre
puede hace y debe hacer para entrar en la purificación definitiva; pasiva es
cuando el protagonista de la acción purificadora es Dios, el alma no hace
nada. Esta es la auténtica purificación. La noche es el estado en que sucede
esta purificación sin referencias temporales sino más bien funcionales. La
purificación “es” un don de Dios, el
hombre se puede disponer para este estado pero no lo alcanza por su acción
(1S 13,1; cfr. 2S 6,6).
En la primera noche,
activa, el hombre se empeña por
liberarse del dominio desordenado del sentido hasta ponerlo al servicio del
hombre espiritual. El ejercicio y purificación que realizan las virtudes
teologales es fundamental: la fe purifica el entendimiento, la esperanza
purifica la memoria y la caridad purifica la voluntad del hombre. La noche del
espíritu es la verdadera noche o purificación, donde el hombre es paciente y
Dios el cirujano que elimina las raíces de los pecados capitales hasta
purificarlo de toda mancha de pecado y sólo Dios es la luz que sana y une al
amor del Padre y del Hijo en una comunión que lo eleva a amarle con el mismo
amor con que Dios lo ama.
Tarea titánica si la vemos desde
abajo, desde la cumbre del Carmelo, sin embargo, es tarea conjunta de la
debilidad humana y del poder del amor de Dios. Es desde la cumbre desde donde
Juan de la Cruz
nos invita a recorrer el camino, donde el amor es la luz y la fe los pies
para recorrerlo hasta poder cantar con el místico: “Míos son los cielos y mía
es la tierra; mías son las gentes, los justos son míos, y míos los
pecadores…porque Cristo es mío y todo para mí” (D 26). A Jesucristo el honor
y el poder por los siglos de los siglos. Amén.
Fr. Julio
González C. OCD
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