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“He aquí, el Cordero de Dios,
que quita el pecado del mundo”
Juan 1:29.
Pedimos misericordia y perdón cuando pecamos, pero: ¿Que es el
pecado?, ¿Cuándo pecamos? Si hacemos, decimos, pensamos, u omitimos algo
que va en contra de la ley de Dios y de sus preceptos o mandamientos,
estamos pecando, del mismo modo cualquier acto o comportamiento lamentable
que nos aparten de lo que es recto o justo. También lo es lo que destruye
la caridad en el corazón de las personas, se opone esto al deseo de Dios y,
por tanto, deja subsistir la caridad en el corazón, la ofende y la hiere
¿Y cual es el pecado más grande?, ¿Cuál pecado no sería perdonado?
¿Es pecado no perdonar? Talvez si
conociéramos bien lo que Dios quiere de nosotros, sería más fácil la respuesta. En
efecto, Dios nos ha enviado a su Hijo para perdonar nuestros pecados, el de
toda la humanidad, y para disfrutar de esta gracia, don gratuito que Dios
nos da a las personas para poder alcanzar la gloria y porque no recocer que
es muchas veces un beneficio que se nos otorga sin merecimiento, debemos
hacer dos cosas, arrepentirnos y confesar nuestras faltas, sin dejar de creer en que recibiremos nuestro
perdón. “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar
nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 9). Nuestro Buen
Padre, siempre estará dispuesto a perdonarnos si nosotros estamos
dispuestos a aislarnos de nuestros pecados y alejarnos por siempre de la
idea de toda falta, entonces de este modo reconciliarnos con EL.
Cristo nos enseño en le Padrenuestro, “Perdona nuestras ofensas como
también nosotros perdonamos a los que nos ofenden.”. Esta el la voluntad de
Dios, que sepamos además reconocer que todos merecen los que Dios nos da a
nosotros y que del mismo modo como El nos perdona, perdonemos también a
nuestros hermanos. De este modo, será además una falta, no estar dispuesto
a perdonar. El mismo Cristo nos enseño: Porque si ustedes perdonan a los
hombres sus ofensas, también el Padre celestial les perdonará a ustedes.
Pero si ustedes no perdonan a los demás, tampoco el Padre les perdonará a
ustedes. Mateo 6:14-15.
“Porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por
el Espíritu Santo que nos ha sido dado (Rom 5:5),
Pero el fruto del Espíritu es: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad,
bondad, fe (Gálatas 5:22). El perdonar es un
hecho de amor divino. Dios nos ha perdonado a través de su amor divino y
eterno, y en consecuencia es a través de este mismo amor divino que El ha
puesto en nosotros, así es que podemos perdonar a otros.
Para Dios el perdón es importantísimo, y lo es porque nos ama al
extremo, por eso El envió a su Hijo Jesucristo para salvarnos, para
redimirnos y para perdonarnos de nuestros pecados. Si entendemos esto, nos
daremos cuenta de la importancia que tiene para nuestro Padre el Perdón.
Entonces no seríamos consecuentes en nuestra unión con Cristo si
denegáramos la misericordia y el perdón a nuestro Hermanos.
Pero también debemos tener muy en cuenta que si le pedimos a Dios su
perdón incondicional, hacia otros tiene que ser del mismo modo. Y hagámoslo
en nombre de Jesucristo, “Y todo lo que Hagáis, sea de palabra o de hecho,
hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por
medio de él. Colosenses 3:17.
Entonces Pedro se acercó con
esta pregunta: «Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas de mi
hermano? ¿Hasta siete veces?» Jesús
le contestó: «No te digo siete, sino setenta y siete veces».Mateo, 18:
21-22.
¿Por qué poner límites?, la caridad, el amor no tiene limites, siete
es un número indefinido, Jesús le respondió: "No te digo hasta siete
veces, sino hasta setenta veces siete”, esto es, un rechazo de plano a la
limitación agregándole un número simbólico aún más indefinido.
¿Cuál ha de ser la actitud cristiana ante las faltas reiteradas del
prójimo? La vida está llena de reincidencias en culpas perdonadas,
entonces, entonces, ¿vamos estar sometidos al un número de indefinidos
perdones? nuestros perdones, ¿consideran una actitud sincera de perdón ante
Dios?
Pedro, que plantea el problema, lo lleva al extremo de preguntar si
incluso ha de perdonar “siete veces,” número muchas veces simbólico de lo
universal (Gen 4:24). La pregunta de Pedro es equivalente a saber si tiene
que perdonar siempre. El judaísmo discutía el número legal de veces a
perdonar; generalmente eran cuatro. Pero era un perdón externo. La
respuesta de Jesús es afirmativa, con el grafismo oriental, de perdonar no
sólo “siete veces,” sino “setenta veces siete.” Y para hacer más gráfica la
enseñanza se expone una parábola.
Dice Jesús: “Por eso, el Reino de los Cielos se parece a un rey que
quiso arreglar las cuentas con sus servidores. Comenzada la tarea, le
presentaron a uno que debía diez mil talentos.” El “talento” era una unidad
fundamental de peso; indicaba un peso determinado de dinero. El “talento”
comprendía 60 “minas” = 6.000 “dracmas áticas.” La “dracma ática” era
equivalente al “denario.” Y éste era la paga diaria de un jornalero (Mt 20:1). Por eso la deuda de 10.000 “talentos” era
equivalente a 60 millones de "denarios.” La deuda era, pues, fabulosa.
Entonces, la escena, utiliza deliberadamente datos supuestos, para una
finalidad pedagógica.
Dice la parábola; “Como no podía pagar, el rey mandó que fuera
vendido junto con su mujer, sus hijos y todo lo que tenía, para saldar la deuda.” Se manda,
para compensar en parte, vender a su mujer, hijos y propiedades. En los
contratos de entonces entraba la responsabilidad familiar. Sin embargo, no
es posible, con esta venta, lograr pagar una cantidad respetable de la
deuda de los 10.000 “talentos.” Sin embargo se acusa la misericordia de su
señor con él. Por lo que, no pudiendo pagar, el dueño se lo perdona todo.
Pero se contrapone la conducta de este siervo perdonado con lo que
exige a su otro compañero para que le pague, inmediatamente, una pequeña
deuda: 100”denarios.” Y al no pagarlos, lo mete en la cárcel. Enterado
el rey, lo manda encarcelar hasta que pague la deuda. La parábola
se alegoriza en parte. Se destacan algunas situaciones especiales, como el
motivo por el que el compañero del siervo debía haber perdonado, porque el
rey — Dios — le había perdonado a él. “Sed perfectos como es perfecto
vuestro Padre celestial” (Mt 5:43-48; cf. Col 3:12-15; Sant 2:13).
También se percibe, alegorizada, la distancia entre el perdón del rey al
siervo (60.millones de denarios”) y lo que no quería perdonar aquel otro
compañero (100 “denarios”). Esto habla de la deuda infinita del perdón de
Dios a los seres humanos, y la pequeñez de perdón de los seres humanos
entre sí.
Pero el punto central es la
necesidad de perdonar para que Dios perdone.
Pablo nos recuerda: “Sean mutuamente buenos y compasivos,
perdonándose los unos a los otros, como Dios los perdonó en Cristo” (Ef 4,32). Esto es los cristianos debemos perdonarnos
siempre, no algunas veces. Ser buenos, como dice Pablo, es saber emplear
bien esta palabra, porque cuando queremos decir que aprobamos algo y
estamos conforme decimos esta bueno, y cuando queremos indicar que algo que
ya es suficiente y debe terminar, como el rencor, decimos bueno, ya esta
bien, aún mas cuando recibimos una agradable noticia decimos que bueno, y
cuando pecamos o ofendemos y nos arrepentimos o vemos a alguien
arrepentido, hay sentimientos de pena y lástima por la desgracia o por el
sufrimiento ajeno, por eso debemos ser buenos y compasivos. Es así, como
perdonamos siempre, como Dios nos perdona a nosotros, como Dios es bueno
con nosotros.
Para que la caridad siempre este viva y reine entre nosotros, es indispensable
el perdón de las injurias, es así como Jesús rechaza las limitaciones que
quiso poner Pedro, para destacar aún más la necesidad de perdonar y sin
límites, además que hay que perdonar y siempre hacerlo de corazón, a igual
que el amor, cuando uno ama, ama de verdad, de todo corazón, sin límite y
siempre. Así es, nuestro Dios Padre con nosotros, así nos ha enseñado, y
así debemos ser y actuar, perdonar a nuestro prójimo de corazón, rogar por
él, desearle todo bien y hacer que llegue la paz, por sobre cualquier
dificultad.
La parábola que nos deja hoy Jesús, nos llega al corazón, porque nos
damos cuenta de la falta de generosidad de aquel que había recibido la
benevolencia y la comprensión y luego el se la niega a un hermano. Es así
como luego al enterarse el rey lo mandó llamar y le dijo:
"¡Miserable!" e indignado, lo entregó en manos de los verdugos
hasta que pagara todo lo que debía. Esa es la gran diferencia que quiere
destacar Jesús y nos pone en contrastes la generosidad de Dios, que nos
perdona grandes deudas, contra la mezquindad de los hombres, el cual muchas
veces ni siquiera quiere perdonar pequeñísimas cosas. No deja de se cierto
la gran diferencia de nuestros pecados contra Dios y la de algunos contra
nosotros que comete nuestro prójimo o nosotros contra ellos, por eso Jesús
destaca que el servidor debía diez mil y a el tan solo cien.
Pero debemos tener muy en cuenta, que al final de este Evangelio,
Jesús no dice “Lo mismo hará también mi Padre celestial con ustedes, si no
perdonan de corazón a sus hermanos". Esta deducción es muy clara, Dios
no nos perdonará, si nosotros no perdonamos. ¿Es justo esto?, lo que no es
justo es que nosotros pidamos perdón, Dios nos conceda misericordia y
nosotros no seamos capaces de perdonar (“perdona nuestras deudas…así como
nosotros perdonamos a los que nos ofenden...)
El perdón es un mandamiento del Señor, no una opción. El que dice: "Yo le conozco"
y no guarda sus mandamientos es mentiroso, y la verdad no Está en él. Pero
en el que guarda su palabra, en éste verdaderamente el amor de Dios ha sido
perfeccionado. Por esto sabemos que estamos en él. El que dice que
permanece en él debe andar como él anduvo. (I Juan 2:4-6). Jesús caminó y
habló con y en el perdón, luego fue crucificado, siendo inocente, porque
fue acusado falsamente y mucha gente mintió acerca de El, conspiraron en su
contra, lo azotaron, lo torturaron. ¿Y que hizo Cristo después de esto?,
mientras estaba en la cruz, nos enseño el ejemplo superior y supremo de
perdón, “Padre, perdónalos, porque ellos no saben lo que hacen.” Lc 23:34.
Y apedreaban a Esteban, mientras él invocaba diciendo: --¡Señor
Jesús, recibe mi Espíritu! Y puesto de rodillas Clamó a gran voz: --¡Señor,
no les tomes en cuenta este pecado! Y habiendo dicho esto, Durmió. (Hechos
7-60). Al leer este texto, me he preguntado si estaríamos dispuestos a
hacer lo mismo.
Me encanta leer a san Pablo cuando dice: Con Cristo he sido
juntamente crucificado; y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en Mí. Lo que
ahora vivo en la carne, lo vivo por la fe en el Hijo de Dios, quien me Amó
y se Entregó a Sí mismo por Mí. (Gálatas 2:20).
Nuestro Buen Padre Dios nos perdonó por todas las cosas, por siempre, a
través de Su Hijo, Jesucristo. En esta cuaresma vivamos la vida de fe en El
y caminemos en amor, siendo capaces de tener misericordia y dar con
libertad y cariño perdón nuestros hermanos.
Termino esta reflexión para la cuaresma con las palabras de san
Pablo: “Por tanto, como escogidos
de Dios, santos y amados, Vestíos de profunda Compasión, de benignidad, de
humildad, de mansedumbre y de paciencia, Soportándoos los unos a los otros
y Perdonándoos los unos a los otros, cuando alguien tenga queja del otro.
De la manera que el Señor os Perdonó, Así también hacedlo vosotros. Pero
sobre todas estas cosas, Vestíos de amor, que es el Vínculo perfecto. Y la
paz de Cristo gobierne en vuestros corazones, pues a ella fuisteis llamados
en un solo cuerpo; y sed agradecidos. La palabra de Cristo habite
abundantemente en vosotros. “(Colosenses 3: 12-16)
El Señor les Bendiga y le regale
su amorosa Paz
Pedro Sergio Antonio Donoso
Brant
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