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¡Ay de mí, Creador mío, que si
quiero dar disculpa, ninguna tengo! ¡Ni tiene nadie la culpa sino yo!
Porque si os pagara algo del amor que me comenzasteis a demostrar, no
habría podido yo amar a nadie más que a Vos, y vuestro amor me hubiera
librado de todos mis pecados. Mas ya que no lo merecí ni tuve esta dicha,
válgame ahora Señor, vuestra misericordia (V 4, 4). Santa Teresa de Jesús
MISERICORDIA
DE DIOS
El Salmo
110,4 canta "El Señor es compasivo y misericordioso". En la cuestión XXI
artículo 3, Santo Tomás, respondiendo a la dificultad de San Juan
Damasceno, que niega en Dios la misericordia, afirma que: "Se debe
atribuir a Dios la misericordia en grado máximo, no por lo que tiene de
pasión, sino por su eficiencia. El misericordioso, "miserum cor, tiene el corazón lleno de miserias, y las
miserias producen sufrimiento y llanto. A Dios no le pertenece
entristecerse por la miseria de otro, pero sí remediar esas miserias como
si fueran propias. Podemos estar seguros de que él pondrá remedio a
cualquier defecto de bien con sus perfecciones., que es lo que remedia las
deficiencias, porque como Dios lo puede todo, y su corazón se compadece de
todo, remediará todos los defectos de sus criaturas, proporcionándoles
todos los bienes y las perfecciones opuestos a las miserias. En esta
afirmación de ambos, tanto el Damasceno como el Angélico consideran a Dios,
aún no encarnado, única manera como conoce al Ser Absoluto la filosofía
aristotélica. La kenosis de Cristo es una prueba
de que padeció miserias, y Cristo era Dios: Hecho igual a nosotros menos en
el pecado, sí es Dios quien tiene en su corazón las miserias, "'cargó
sobre sí todas las iniquidades", podemos estar seguros de que él
remediará esas miserias como si
fueran propias, que lo son. Porque mi poder lo puede todo, y su corazón se
compadece de todo. Por eso Dios remediará todos los defectos de sus
criaturas, poporcionándo1es los bienes y las perfecciones opuestas a las
miserias.
Cuando
Dios colma a Santa Teresa de carismas místicos está acudiendo a sanar y a
restañar sus limitaciones para que pueda cumplir el ministerio a que la ha
destinado. Ella lo comprende y lo reconoce, tanto que al libro de su Vida
lo llamará "de las misericordias del Señor".
Si la
bondad de Dios comunica los bienes a sus criaturas; la justicia de Dios
concede los bienes en proporción a lo que corresponde a cada ser. Conceder
tos bienes y perfecciones para remediar las miserias y defectos de las
criaturas, sobre todo en el hombre, es obra de su misericordia.
EL MISMO
ESPIRITU SANTO NOS TESTIFICA LA MISERICORDIA DE
DIOS
Llena está
la Divina
Revelación de testimonios que pregonan la divina
misericordia: "Pero tú, Dios del perdón, clemente y compasivo,
paciente y misericordioso, no los abandonaste" (Nh
9,17). "Aunque se retiren los montes y vacilen las colinas, no se
retirará de ti mi misericordia, ni mi alianza de paz vacilará, dice el
Señor que te quiere" (Is 54,10). “¿Qué Dios como tú perdona el pecado
y absuelve la culpa al resto de su heredad? No mantendrá siempre la ira,
pues ama la misericordia; volverá a compadecerse, destruirá nuestras
culpas, arrojará al fondo del mar todos nuestros pecados" (Mq 7, t 8).
"Rasgad
vuestros corazones, no vuestras vestiduras, y convertíos al Señor, vuestro
Dios, que es clemente y misericordioso, tardo a la ira, grande en
misericordia, y se arrepiente de castigar" (Jl
2, 3). "Sabía que tú eres Dios compasivo y clemente; paciente y
misericordioso. Y que se arrepiente de las amenazas" (Jon 4,2).
"Tú eres, Señor, indulgente y piadoso, y de gran misericordia para los
que te invocan" (Sa] 85,5). "El Señor
es compasivo y clemente, paciente y misericordioso; no está siempre
acusando ni guarda rencor perpetuo. No nos trata como merecen nuestros
pecados ni nos paga según nuestras cu1pas; como se levanta el cielo sobre
la tierra, se levanta su misericordia sobre sus fieles" (Sal l02,8-11). "Porque el Señor es clemente y
misericordioso" (Eclo 2,11). "Como es su grandeza, así es su
misericordia" (Eclo 2,18). "¡Qué grande es la misericordia del
Señor para los que vuelven a El!" (Eclo 17,29). "Su misericordia
llega a sus fieles generación tras generación" (Lc 1,49). "Sed
misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso" (Lc 6, 36).
"Dios, que es rico en misericordia, por el gran amor con que Dios nos
amó, cuando estábamos muertos por las culpas., nos dio vida con el Mesías
(Ef 2,4).
CONSAGRACIÓN
DEL MUNDO A LA
MISERICORDIA
Juan Pablo
II, que ya había escrito una Encíclica sobre la Misericordia de
Dios, la “Dives in misericordia”, ha
pronunciado en Polonia una Homilía en la consagración del santuario de la Divina Misericordia:
En este santuario, quiero consagrar el mundo a la Misericordia
divina. "¡Oh inconcebible e insondable
misericordia de Dios, ¿quién te puede adorar y exaltar de modo digno? Oh
sumo atributo de Dios omnipotente, tú eres la dulce esperanza de los
pecadores!" (Diario). Repito hoy estas
sencillas y sinceras palabras de Santa Faustina, para adorar juntamente con
ella y con todos vosotros el misterio inconcebible e insondable de la
misericordia de Dios. Como ella, queremos profesar que, fuera de la
misericordia de Dios, no existe otra fuente de esperanza para el hombre.
Deseamos repetir con fe: Jesús, confío en ti. De este anuncio, que expresa
la confianza en el amor omnipotente de Dios, tenemos particularmente
necesidad en nuestro tiempo, en el que el hombre se siente perdido ante las
múltiples manifestaciones del mal. Es preciso que la invocación de la
misericordia de Dios brote de lo más intimo de los
corazones llenos de sufrimiento, de temor e incertidumbre, pero, al mismo
tiempo, en busca de una fuente infalible de esperanza. Por eso, venimos hoy
aquí, al santuario de Lagjewniki, para
redescubrir en Cristo el rostro del Padre: de aquel que es “Padre
misericordioso y Dios de toda consolación” (2 Co 1,3). Con los ojos del
alma deseamos contemplar los ojos de Jesús misericordioso, para descubrir
en la profundidad de esta mirada el reflejo de su vida, así como la luz de
la gracia que hemos recibido ya tantas veces, y que Dios nos reserva para
todos los días y para el último día. .
EL PECADO
A LA LUZ DE LA
MISERICORDIA
El
Espíritu Santo nos permite ver, siempre mediante la cruz de Cristo, el
pecado, a la luz del "mysterium pietatis",
es decir, del amor misericordioso e indulgente de Dios (cf. Dominum et vivificarnem, 32).
Y así, el "convencer en lo referente al pecado", se transforma al
mismo tiempo en un convencer de que el pecado puede ser perdonado y el
hombre puede corresponder de nuevo a la dignidad de hijo predilecto de
Dios. En efecto, la cruz "es la inclinación más profunda de la Divinidad hacia el
hombre. La cruz es como un toque del amor eterno sobre las heridas más
dolorosas de la existencia terrena del hombre (Dives
in misericordia, 8). "Padre eterno, te ofrezco el Cuerpo y la Sangre, el alma y la
divinidad de tu amadísimo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, por los pecados
nuestros y del mundo entero; por su dolorosa pasión, ten misericordia de
nosotros y del mundo entero" (Diario, 476). De nosotros y del mundo
entero... ¡Cuánta necesidad de la misericordia de Dios tiene el mundo de hoy!
En todos los continentes, desde lo más profundo del sufrimiento humano
parece elevarse la invocación de la misericordia. Donde
reinan el odio y la sed de venganza, donde 1a guerra causa el dolor y la
muerte de los inocentes, se necesita la gracia de la misericordia para
calmar las mentes y los corazones, y hacer que brote la paz. Donde no se
respeta la vida y la dignidad del hombre se necesita el amor misericordioso
de Dios, a cuya 1uz se manifiesta el inexpresable valor de todo ser humano.
Se necesita la misericordia para hacer que toda injusticia en el mundo
termine en el resplandor de la verdad.
Por eso
hoy, en este santuario, quiero consagrar solemnemente el mundo a la Misericordia
divina. Lo hago con el deseo ardiente de que el mensaje del amor
misericordioso de Dios, proclamado aquí a través de santa Faustina. Llegue
a todos los habitantes de la tierra y llene su corazón de esperanza. Que
este mensaje se difunda desde este lugar a toda nuestra amada patria y al
mundo. Ojalá se cumpla la firme promesa del Señor
Jesús; de aquí debe salir la chispa que preparará al mundo para su última
venida" (cf Diario, 1732). Es preciso encender esta chispa de la
gracia de Dios. Es preciso transmitir al mundo este fuego de la misericordia. En
la misericordia de Dios el mundo encontrará la paz, y el hombre, la felicidad. Dios,
Padre misericordioso, que has revelado tu amor en tu Hijo Jesucristo y lo
has derramado sobre nosotros en el Espíritu Santo, Consolador, te
encomendamos hoy el destino del mundo y de todo hombre. Inclinate
hacia nosotros, pecadores; sana nuestra debilidad; derrota todo mal; haz
que todos los habitantes de la tierra experimenten tu misericordia, para
que en ti, Dios uno y trino, encuentren siempre la fuente de la esperanza. Padre
eterno, por la dolorosa pasión y resurrección de tu Hijo, ten misericordia
de nosotros y del mundo entero. Amén.
JUSTICIA Y
MISERICORDIA
A veces se
quiere oponer la misericordia a la justicia, y es todo lo contrario, porque
están plenamente hermanadas, y se encuentran en toda obra divina, porque
todas las cosas han sido ordenadas por Dios al último fin de la creación,
por pura bondad y misericordia. Y aún más. La misericordia de Dios colma y
rebasa la justicia., dando siempre más de lo que exige la estricta
justicia. El hombre le pidió agua a Dios y Dios le dio un océano. Pidió una
flor, y le regaló mil jardines. Un árbol, y le brindó miríadas de bosques.
Un amigo, y 1e dijo: Tú eres mi amigo. Por eso se puede comprobar que,
cuando Dios elige a una persona para una concreta. misión,
no sólo le da la gracia justa, sino que rebasa la medida dándole otras
muchas gracias, que su misericordia le inspira. Por eso dice santo Tomás
que la misericordia es la plenitud de su justicia.
Y hasta el
misterio del dolor que a tantos escandaliza, es utilizado por Dios como una
gran misericordia. El sufrimiento no es e1 látigo de la ira de Dios, sino
la caricia de un Padre amoroso que nos aprieta a su Corazón, coronado de
espinas. Y llega a decir santo Tomás que incluso la misericordia de Dios
brilla en el infierno suavizando los rigores de su justicia, castigando a
los condenados menos de lo que merecen sus pecados.
Dirá Santa
Teresa: "Sea su nombre bendito que en todo tiempo usa de misericordia
con todas SUS criaturas".
LA MISERICORDIA, EN LA BASE DEL CONCEPTO
CRISTIANO DE DIOS.
Dios tiene
muchos atributos que se identifican con su esencia. Es eterno, infinito,
inmenso, perfecto, omnisciente, omnipotente… El Hermano León le pide a
Francisco que escriba lo que siente de Dios. Y Francisco, con su derecha llagada,
escribió con dolor: "Tú eres santo, tú eres justo, Señor Dios único,
que haces maravillas. Tú eres fuerte, grande, altísimo. Tú eres el Bien,
todo el bien, sumo bien, Señor Dios vivo y verdadero. Tú eres caridad y
amor, tú eres sabiduría. Tú eres humildad, paciencia, seguridad. Tú eres
quietud, gozo, alegría. Tú eres hermosura, mansedumbre. Tú eres protector,
custodio, defensor. Tú eres nuestra fortaleza y nuestra esperanza. Tú eres
nuestra gran dulzura. Tú eres nuestra vida eterna, grande y admirable,
Señor".
Según el
atributo que se considere se tendrá una vivencia distinta de Dios en cada
caso. Hay religiones basadas en el res¬peto; el
hombre que las vive ve a Dios a través de los atributos de grandeza. Hay
religiones basadas en el temor; que ven a Dios en el atributo de la justicia. La
cristiana está basada en el amor. Para el cristiano, Dios es grande,
eterno, todopoderoso, justo. Pero sobre todo es bueno, es misericordioso y
es padre. Todo nuestro ser cristiano depende de Cristo, y Cristo es la obra
grande de la misericordia divina. El Verbo existía desde la eternidad en el
seno del Padre, y si bajó a la tierra, fue por misericordia. Se hizo hombre
para redimimos. Según Santo Tomás, si el hombre no peca y no necesita
redención, no se encarna el Verbo. Toda la razón de ser de Cristo se basa
en la mise¬ricordia, y todo lo que hace lo hace
por misericordia. Incluso en la sentencia que dicta contra los réprobos,
está trufada de misericordia. A la misericordia se añade la paternidad. Dios
es misericordioso, y por eso se encarnó y se entregó para nuestro bien.
Pero además es padre: «Cuando oréis, hacedlo así: «Padre nuestro, que estás
en los cielos» y se despidió diciendo que iba «a su Padre y a nuestro
Padre».
INTERVENCIÓN
DE LA MISERICORDIA
Dios
castiga al condenado “citra con¬dignum”,
“menos de lo merecido. Santo Tomás escribe en la respuesta a la dificultad
primera del artícu¬lo 2 de la cuestión 99: “Se
puede decir que la misericordia se ma¬nifiesta en
los condenados, ya que, aunque no haga desaparecer toda su pena, la aligera
castigándoles menos de lo merecido”. Y en la Suma: “Hay obras que se
atribuyen a la justicia y obras que se atribuyen a la misericordia, porque
en unas destaca más la primera, y en otras la segunda. En la
condena de los réprobos está aún la misericordia, no para hacerla
desaparecer, sino para suavizarla. Ella hace que el castigo sea inferior a
lo merecido”.
MISERICORDIA
Y VERDAD
Dice la
Escritura que todos los caminos del Señor son
misericordia y verdad. En todo cuanto hace se mezclan estos dos atributos,
incluso en la condena de los pecadores. Con ellos tendrá misericordia. Es
decir, que porque hay justicia hay castigo, y porque hay misericordia hay
castigo disminuido. Una oración de la misa afirma que «es pro¬pio de Dios tener siempre misericordia y
compadecerse». Y dice Santo Tomás que tener misericordia y compadecerse es
una ley ordinaria que rige las acciones de Dios. Por eso hay también
misericordia en la condena, que no la acorta, pero la reduce. No la hace
más breve, porque la eternidad siempre es igual de duradera; pero sí la
hace más pequeña. La pena será eterna, pero más leve de lo que debía ser
por liberalidad divina. Dios es un dador excelentísimo; por eso es
razonable que su don exceda a lo que exige aquel a quien da. Dar lo debido
es lo normal; dar más de lo debido lo excelente. Si Dios se limitara a dar
lo debido, sería un dador ordinario, pero él es un dador excelentísimo.
Jesús Marti Ballester
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