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Evangelio según san Mateo 4:1-11
1 Entonces fue llevado Jesús por
el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo. 2 Y, habiendo
ayunado cuarenta días y cuarenta noches, al fin tuvo hambre.3 Y acercándose
el tentador, le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se
conviertan en pan. 4 Pero él respondió, diciendo: Escrito está: “No sólo de
pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.” Le
llevó entonces el diablo a la Ciudad Santa, y, poniéndole sobre el pináculo
del Templo, 6 le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate de aquí abajo, pues
escrito está: “A sus ángeles encargará que te tomen en sus manos para que
no tropiece tu pie contra una piedra.” 7 Le díjo
Jesús: También está escrito: “No tentarás al Señor tu Dios.” 8 De nuevo le
llevó el diablo a un monte muy alto, y mostrándole todos los reinos del
mundo y la gloria de ellos, 9 le dijo: Todo esto te daré si de rodillas me
adoras. 10 Le dijo entonces Jesús: Apártate, Satanás, porque escrito está:
“Al Señor tu Dios adorarás y a El solo darás culto.” 11 Entonces el diablo
le dejó, y llegaron ángeles y le servían.
COMENTARIO-ESTUDIO
Nos encontramos con uno de los relatos más misteriosos e
incomprensible o enigmático de los evangelios según san Mateo, en el se
expone un elemento diabólico; la tentación.
Comienza el relato con la expresión entonces, con esta
forma se esta vinculando que sucedió luego del bautismo de Jesús y la expresión se
transforma en un simple cambio de escena. Jesús, sometido en todo a la
acción del Espíritu Santo, el relato dice que “fue llevado Jesús por el
Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo”. Va al desierto para
ser “tentado” por el diablo. La palabra usada lo mismo puede significar
“tentación” en el sentido de solicitar al pecado, que indicar, simplemente,
ser sometido a prueba.
El desierto aparece en la literatura judía y oriental
como lugar donde moraba: los malos espíritus, y en especial los demonios
como los dicen otros relatos evangélicos. Pero tiene también otro sentido
mesiánico, además de lugar de penitencia y aislamiento.
Las comunidades de esenios y Qumrán son un claro ejemplo
de ello.
El diablo significa, conforme a su etimología “echador,”
en sentido de acusador, calumniador o tentador. Se decía que su oficio era
triple, solicitar al hombre al pecado (cf. Zac
3:1; Job 2:6ss), acusarlo luego ante el tribunal de Dios y aplicar la
muerte en castigo al pecado; de ahí llamarle en la literatura rabínica, “el
ángel de la muerte.”
El tiempo que se establece para esta tentación es de
cuarenta días y cuarenta noches. Podemos fijar atención en esta cifra, es
de ambiente bíblico, así es como se menciona en el diluvio (Gen 7:12),
también en la estancia de Moisés en el Sinaí (Ex 24:18), lo mismo en los
años de Israel en el desierto (Núm 14:33-34).
Dice el relato; “Y, habiendo ayunado cuarenta días y
cuarenta noches, al fin tuvo hambre. Y acercándose el tentador, le dijo: Si
eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan”, con cuya respuesta esperaba saber si era
el Mesías o no, que transforme estas piedras en pan. Sugerencia bajo capa
de piedad: que no sufra un privilegiado hijo de Dios. “Hijo de Dios” se
refiere, como en otros casos (Mt 8:29; 27:40.43; Mc 1:1), al Mesías, esto
se comprende en especial porque con el bautismo se le proclamó “su” Hijo
(cf. Mt 9:25). Se esperaba entonces que el Mesías, al modo de Moisés, haría
descender otra vez del cielo una lluvia de “maná”, del que se comería en
aquellos años. Acaso pueda en el evangelista san Mateo un recuerdo de esto.
Jesús le contesta con un argumento de la Escritura: “Está
escrito.” La palabra de Dios cierra toda discusión. “El hombre no vive sólo
de pan, sino de toda palabra que sale de boca de Dios” (Dt 8:3). Jesús
alude aquí al sentido espiritual de confianza en la omnipotencia de Dios,
en función de otra vida superior, a la que hay que atender con preferencia.
Que es lo que Jesús recordará más tarde junto al pozo de Siquem: “Mi
alimento es hacer la voluntad de aquel que me envió” (Jn 4:34). Por eso
dijo a sus discípulos: “Yo tengo una comida que vosotros no sabéis” (Jn
4:32).
Jesús pudo hacer el milagro. Pero éste no debe hacerse
inútilmente. El abandono al Espíritu y a la Providencia fue el
medio para rechazar la tentación.
Continua el relato con esta forma; “Le llevó entonces el
diablo a la Ciudad
Santa” ¿es el diablo quien tiene la iniciativa?, es un
enigma, pero la expresión muestra que este sujeto tiene la iniciativa, pero
sin exigir una acción física. Desde allí, el diablo interviene para que
Jesús esté en la
“Ciudad Santa,” Jerusalén, y sea “puesto” sobre el
“pináculo” del Templo, probablemente era la techumbre desde donde se
lograría mejor la espectacularidad de la propuesta que el maléfico hace.
En una de las concepciones rabínicas se contaba
precisamente que el Mesías se revelaría estando de pie, sobre el techo del
Templo, para anunciar a Israel que su redención había llegado. En aquel ambiente, y a la hora de los
sacrificios, hubiese sido un prodigio tal que acusaría ser él el Mesías.
De nuevo Jesús rechaza la tentación con la Escritura: “No
tentarás al Señor tu Dios,” que se refiere al Dt 6:16, y se alude con él al
pasaje del Éxodo cuando, faltos de agua en el desierto, exigían los
israelitas a Moisés un milagro. “¿Por qué tentáis a Yahvé?” les dijo Moisés
(Ex 17:2). Nuevamente Jesús, confiando en la providencia de Dios, rechazó la tentación. No
era “confiar” en Dios arrojarse temerariamente, exponiendo su vida, y
esperar que Dios milagrosamente lo salvase. Los ángeles protegen al “justo”
(Sal 91:11ss), pero no al temerario suicida. Y esto suponiendo que no le
propusiese tirarse, por lo descabellado, desde una altura 180 metros, (altura
estimada según el historiador Judío Flaviano Josefo)
En la tercera tentación el diablo interviene para que
Jesús vea los reinos del mundo y su atracción, dice el relato que: De nuevo
le llevó el diablo a un monte muy alto, y mostrándole todos los reinos del
mundo y la gloria de ellos, le dijo: “Todo esto te daré si de rodillas me
adoras.”
Los judíos contemporáneos de Jesús esperaban un Mesías
político y nacional, que aparecería con pompa dominación y prodigios. Así
se presentaron una serie de pseudomesías, como se
ve en los evangelios (Mc 10:35ss; Lc 24:21; Jn 6:15). No es que el diablo
tenga dominio sobre el mundo. Únicamente en el sentido de que influye en
sembrar el mal, Jesús le llamó “príncipe de este mundo” (Jn 12:31), y San
Pablo le llega a llamar “Dios de este mundo” (2 Cor 4:4). Por eso Jesús,
citando de nuevo la
Escritura (Dt 6:13), desenmascara la falta de sus poderes
y le ordena que se aparte: “Teme a Yahvé, tu Dios y sírvele a El.” Sólo a
Dios se puede adorar y temer como fuente y dador de todo poder. Mt modifica
homogéneamente la cita explicitándola a su propósito.
Y el diablo se retiró, como dice Lucas, “temporalmente.”
No directamente, pero sí indirectamente, tentó luego a Jesús a través de
los fariseos y saduceos, queriendo intimidarle en el desarrollo de su
mesianismo; de las turbas, que querían hacerle rey temporal; de los que
intervinieron en la
pasión. Todos colaboraron a aquel momento, del que Jesús
dijo: “Viene el príncipe de este mundo contra mí” (Jn 12:31). Entonces el
Padre, por el abandono de Jesús en su providencia, hizo lo que antes El no
quiso realizar: “vinieron los ángeles y le servían,” es decir, le trajeron
alimento: (Mt 8:13; 25:44, etc.) tiene aquí este sentido.
Sobre estas tentaciones mesiánicas, se lee que muchos
han pensado que fue una victoria ejemplar y eficiente de Jesús sobre las
tentaciones y pecados genéricos de los hombres, tales como la gula, la
vanagloria y la soberbia, que cita San Juan (1 Jn 2:16). Así se podía Jesús
compadecer de nosotros y animarnos en la lucha: “Confiad, yo he vencido al
mundo” (Jn 16:33). Para otros significan la absoluta impecabilidad de
Jesús: “¿Quién de vosotros me argüirá de pecado?” (Jn 8:46). Otros querían
ver que en el desierto donde Israel fue tentado y pecó, Jesús supera
aquella conducta.
La interpretación general, sin embargo, es que tienen un
valor mesiánico. Jesús es tentado en cuanto Mesías, pues el diablo le dice:
“Si eres Hijo de Dios,” palabras que se refieren directamente al Mesías,
aunque en esta redacción literaria, van a tener el sentido del Mesías-Dios.
Se producen, además, en el desierto, símbolo y escenario
de la edad mesiánica. “Ya en tiempos de los profetas existía la tradición
según la cual el tiempo de la restauración de Israel, los tiempos
mesiánicos, se verán precedidos de un período más o menos largo en el que
se repitan las experiencias del pueblo de Dios en su peregrinación por el
desierto antes de entrar en la tierra prometida. Pero, según se observa
esta corriente de ideas penetraba íntimamente la conciencia del judaísmo
contemporáneo de Jesús, ya que estaban convencidos de que el Mesías había de
venir del desierto y que inauguraría la era mesiánica repitiendo las
manifestaciones del desierto.
En este marco ideal del desierto es donde se comprende
bien todo el sentido profundo del mesianismo que en esta escena se
contiene. Todos los elementos concurren a ello: la cifra de cuarenta días,
las citas del Deuteronomio, el “maná,” la condena de la idolatría
recordando la escena del “becerro de oro,” son sucesos todos del pueblo de
Israel en el desierto. Todo ello hace ver que el sentido de estas tentaciones
fue mesiánico.
Se comprende bien que Jesús, después del bautismo y
antes de su vida pública de Mesías, se hubiese retirado algún tiempo a la
oración, como hacía en otras ocasiones, máxime en momentos trascendentales,
y que fuese este lugar una región desértica. Sin embargo llama mucho la
atención toda la escena que se relata, así como el diálogo Satanásico del Génesis — que el demonio, al estilo de
Job ante Dios, se ponga, sin la menor extrañeza, en diálogo con Jesús. Y si
Jesús va realmente al desierto para ser tentado por el diablo, es extraño
que ni allí, en el desierto, está Jerusalén ni
ninguna montaña altísima. Aparte que las tentaciones son presentadas como
un lucha — entre Jesús y Satanás — de textos bíblicos. Es así como el
relato muestra que la lucha se desarrolla en la forma de una discusión
entre conocedores de las Escrituras.
Decía al principio de este comentario, que nos
encontramos con uno de los relatos más misteriosos e incomprensible o
enigmático de los evangelios según san Mateo, en el se expone un elemento
diabólico; la
tentación. Así es como hay que responder ahora algunos
interrogantes.
Primero, ¿por qué el Mesías va al desierto a “ayunar” y
a ser “tentado por el diablo,” y para ello, además, es “movido” o “llevado”
por el Espíritu Santo? Esto es ya un misterio, pero que Dios traza. Son los
planes de Dios.
Y en estas “tentaciones” A prueba,” en la primera ¿y por qué el Mesías tiene “hambre”? No
se resuelve por el expediente fácil del milagro, sino por el abandono a la Providencia de
Dios. Si se hubiese hecho conforme a la proposición diabólica, el Mesías no
seguiría el mesianismo profético, espiritual y de dolor (Isaías), que Dios
trazó.
La segunda “tentación,” la expectacular,
de bajar en la hora esplendente del Templo en manos de ángeles — ¿la gente
vería los ángeles? —, era provocar el mesianismo por aclamación de
triunfalismo espectacular. Lo que no era el Mesías profético, que
triunfaría, finalmente en la cruz.
La tercera “tentación” era exponer que Jesús no recibe
el poder de Satanás — como los fariseos decían de los milagros de Jesús —,
sino de Dios. No era por recursos políticos — piénsese en tantos tronos de
entonces logrados por sangre, en el fondo, por Satanás —. Es verdad que en
el salmo 2:6.8 se prometen al Mesías los reinos de la tierra. Pero
éstos no le vienen por donación de Satanás, que no tiene, sino de Yahvé. Lo
llamaron en vida “endemoniado” y que realizaba prodigios en virtud del
diablo. Es aquí la proclamación de los poderes mesiánicos, y del mesianismo
universal, que Dios le dio.
El ansia judía de poder autónomo, aunque teocrático,
pero político, encuentra aquí su respuesta. Jesús-Mesías rechaza ese poder
político. ¿Acaso se quiere insinuar por rechazo, que esos otros falsos
mesianismos y aspiraciones judías son Satánicos? Jesús es el gran vencedor
de Satanás y su obra: no se inclina ante él para recibir el mesianismo: ni
en lo religioso ni en lo político.
Es la gran confesión que se hace del mesianismo Isaiano del “Siervo de Yahvé.” Es el mesianismo
profético, el auténtico. Es el mesianismo espiritual y de sufrimiento. Es
el mesianismo de la Verdad,
que trae Jesús, el Hijo de Dios, como mensaje del Padre: éste es el
mesianismo salvador.
Y con este cuadro también se adelanta y confirma la
temática fundamental evangélica: la victoria de Jesús contra Satanás, el
gran enemigo del Reino.
Un excelente “prólogo” al resto de la exposición de la
obra mesiánica de Jesús.
PEDRO SERGIO ANTONIO DONOSO
BRANT
www.caminando-con-jesus.org
Extraído de mis apuntes de
estudios Teológicos y comentarios a los Evangelios de San Mateo, el Texto
Bíblico es la edición de la Nácar-Colunga
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