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Fr. Julio González C. OCD CUARESMA-2008 PALABRA Y ESPIRITUALIDAD Pastoral de Espiritualidad Frailes Carmelitas Viña del Mar - Chile |
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LUNES MARTES MIERCOLES JUEVES VIERNES SABADO (Ciclo A) DOMINGO DE Lecturas a.- 1 Sam. 16, 1. 6-7. 10-13: Samuel unge a David b.- Ef. 5, 8-14: Caminad como hijos de la luz. c.- Jn. 9, 1-41: El ciego de nacimiento. San Juan de Cuanto
más nos acercamos a la fiesta de Pascua, más nos acercamos a luz. El
cristiano recibe la luz en el bautismo por la fe y Jesús resplandece como luz
del mundo en la existencia del hombre. El bautismo cristiano es el sacramento
de la fe que ilumina toda la existencia del nuevo cristiano: su mente y
corazón, su inteligencia y voluntad, todo su ser. Sus obras son fruto de ser
hijo de la luz, que camina en la fe y en el amor de hijo de Dios, que el
Espíritu Santo actualiza continuamente. El
relato del ciego de nacimiento es otra catequesis de iniciación bautismal,
donde Jesús se revela como luz del mundo, Mesías e Hijo de Dios. El ciego
pasa de su ceguera a la visión de la luz natural y a la luz de la fe en
Cristo Jesús. Sin embargo, mientras el ciego pasa de la dependencia e
ignorancia de la fe, adquiere la plena
autonomía y cree en Jesús, en un proceso de liberación obrada por ÉL y la
acepta la fe; los fariseos, de jueces
de esta situación hecha en sábado, juzgan a Cristo como un pecador del cual
no puede venir nada bueno, pasan a ser hombres incrédulos respecto del Mesías
y de ver, pasan a ser ciegos. Mientras en Cristo el ciego encuentra la luz
del mundo y de la fe, los fariseos pierden la capacidad de la luz y la fe en
Dios. Clara contradicción. La
proclamación de Jesús como Mesías y luz del mundo es signo de la llegada del
reino de Dios, liberación para el hombre, del pecado y del mal; triunfo de la
luz sobre las tinieblas, de la visión sobre la ceguera natural, de la fe
sobre la incredulidad, de Jesús Mesías, sobre los jefes religioso de
Jerusalén. Una vez más Jesús se revela no sólo como luz del mundo, sino que
como bandera discutida, piedra de tropiezo, que revela la actitud interior de
los hombres y el juicio de Dios; Jesucristo descubre al interior del hombre
su opción: saca la luz o tinieblas que
ahí existe, fe o incredulidad, fe o claro rechazo, obras buenas o malas,
juicio o aceptación. Caminar
como hijos de la luz, significa vivir iluminados por la luz de la fe. Pasamos
de las tinieblas del pecado a la fe, de una mala conducta a las obras de justicia y santidad; obras que
nacen del cultivo de nuevas actitudes propias del cristiano, amor a Dios y al
prójimo, oración frecuente que se celebra en los sacramentos que alimentan la
vida cristiana hasta crear esa noble sintonía
entre fe y obrar, obras que exige a diario. En
este tiempo de cuaresma debemos volver a la mística bautismal, es decir,
revisar las opciones que hemos hecho en el seguimiento de Cristo, las
motivaciones que tenemos para seguir siendo cristiano de a pie, las obras de
la fe que sean para glorificar al Padre, para sentir y ser verdadera luz del
mundo. El verdadero discípulo de Cristo camina en la luz de la vida, es
decir, vive en su Presencia para ser iluminado por su gracia, por su amor. Si
alguna vez fuimos ciegos, es oportuno, hoy pedir a Jesús que nos conceda una
renovada luz de fe y de amor para caminar a ÉL y a la vida verdadera y no la
apariencia que produce la ceguera espiritual. San Juan de LUNES DE Lecturas: a.- Is. 65, 17-21: Voy a crear un cielo y una tierra nuevo b.- Jn. 4, 43-54: Sanación del hijo de un funcionario real. San Juan de Se
acerca El
pasaje del profeta se cumple en clave mesiánica en Cristo que tiene poder
sobre la enfermedad y la muerte como nos narra Juan: la curación del hijo de
un funcionario real afectado por una enfermedad mortal, la súplica de su
padre a Jesús logra el milagro de
sanar a distancia a su hijo (v. 50). Es el poder de Jesús que sana, signo de
la llegada de los tiempos del Mesías; se manifiesta como la vida misma en
persona que comparte con quien la necesita, como en este caso con el hijo del
funcionario. Pero
la curación del hijo no es todo, hay más para ese padre cuando comprueba, por
boca de sus criados, que su hijo efectivamente está sano, a la misma hora en que Jesús se lo había
dicho (vv.51-52), cree en el Mesías, él y toda su familia (v. 53). Es otra
catequesis de iniciación bautismal: el funcionario primero creyó en el poder
taumatúrgico de Jesús, luego en su palabra cuando le dice que ya está sano y
finalmente en su persona. Para el funcionario el contacto con la vida nueva y
el de su familia le viene por Jesús, nueva creación, no pasa como este mundo,
es el paso de la muerte a la vida (Jn. 5, 24). El poder sanador de Jesús
sobre la enfermedad se extiende a la muerte y al pecado, si Cristo resucita,
es porque la muerte y la enfermedad no tienen la última palabra sino la vida
y la salvación de Dios para aquel que lo acepta por el Bautismo y la fe. La
entrega de su vida por el hombre
pecador es para que goce de la resurrección que ÉL ha conseguido sobre
la muerte, hacernos partícipes de la vida nueva de resucitado en la
eternidad. La
oración el funcionario la hace en un momento de aflicción, con lo cual
reconoce su dependencia de Dios ante una situación superior a sus
capacidades, consigue la salud para su hijo. Este tipo de oración no es la
única que el cristiano debe hacer, para profundizar en la amistad con Dios,
pasando por la actitud de quien se arrepiente de sus pecados, de
agradecimiento, de alabanza por tanta bondad, de adoración. Se trata de
superar la visión que tienen algunos cristiano de acordarse de Dios sólo
cuando se le necesita, olvidándolo después de conseguida la gracia que se
obtiene, lo que representa una visión miope de la fe. El
cristiano cuando se dirige a su Padre en vuelo de amor de hijo, vive en lo
interior su voz, que le revela sus secretos por medio de su Hijo, y el Amor
los fecunda hasta convertirlos en realidad, es decir en vocación a la
santidad con las particularidades que ÉL le imprime a cada discípulo. “Palabras
sustanciales” dice el místico fueron las que le dijo Jesucristo al
funcionario real: “Vete, que tu hijo vive” (v. 50). Palabras que fueron vida
para su hijo, para él y toda su familia. Palabras sustanciales que le
comunicaron la fe y creyó en Jesús, signo, que transformó sus vidas como
quiere transformar también las nuestras. Sus palabras hay que oírlas en
silencio amoroso, con música callada, en fe dialogante. MARTES DE Lecturas: a.- Ez. 47, 1. 9.12: La
fuente del templo. b.- Jn. 5,1-3.5-16: Curación en la piscina de Betsaida. San Juan de El
agua es protagonista de ambas lecturas. En la primera el profeta en el exilio
babilónico contempla la nueva Jerusalén y del templo nacen ríos de aguan que
a su paso todo lo fecundan, el desierto cobra vida, y en el mar muerto, habrá
hasta peces. El agua símbolo señalado de vida y creación nueva y en el NT
símbolo de los bienes mesiánicos y de sabiduría. Hay claras reminiscencias a
los ríos que regaban el edén (Gen. 2,10ss) y en la nueva Sión, en En
Cristo, el agua es vida nueva, vida de resucitado, anuncio del bautismo en el
Espíritu. El Mesías es esa bendición de la que habla el profeta, cuando
convierte el agua en vino nuevo del Reino de Dios y junto al pozo de Jacob le
dio el agua viva a Agua
y Espíritu, íntimamente unidos al bautismo, es decir, para regeneración del
hombre pecador que cree en Jesús Salvador. La cuaresma brinda la oportunidad
de volver siempre a empezar la vida bautismal, revivir nuestra condición de
hijos de Dios, miembros de La
curación del paralítico en la piscina nace del querer de Cristo y de la
necesidad del enfermo que una vez sano toma su camilla y se marcha. Como era
sábado, los fariseos recriminan al hombre que había sido sanado por llevar la
camilla en ese día. Desde ese momento los fariseos acosan a Jesús por hacer
esas sanaciones en sábado, oposición que irá creciendo, hasta culminar en el
misterio pascual. Las
palabras del paralítico nos deben hacer meditar: “Señor, no tengo a nadie que
me ayude” (v.7), son la voz de una humanidad doliente que espera un Salvador.
Será precisamente ÉL quien asuma los dolores, dolencias y enfermedades, los
toma sobre sí, como enseña Isaías,
varón de dolores acostumbrado a sufrimientos (Is. 53, 3), que con su
pasión y su sangre y agua que brotaron de su costado en ¿Quieres
quedar sano? Pregunta Jesús a El
místico no exhorta a busca a Dios por el camino de la fe oscura y desnuda,
dejar que Dios se manifieste en la vida cotidiana pero agudizar la mirada de amor para descubrir su
presencia en todo su proceso de
conversión para evitar que todo quede en ilusión o buenas intenciones. MIERCOLES DE Lecturas: a.- Is. 49, 8-15: El amor de una madre. b.- Jn. 5, 17-30: El Hijo da la vida a los que creen. San Juan de La lectura de Isaías nos sitúa en el
destierro babilónico, donde los israelitas recuerdan los beneficios de antaño
que Yahvé les proporcionaba. Ahora se sienten abandonados, tristes llenos de
amargura. Los que están en tinieblas, son llamados a la luz; los guía el
Compasivo a manantiales de agua. Por boca del profeta Dios les recuerda su
fidelidad y su amor que culmina con la imagen de la madre que no olvida su
cariño por su hijo. “Pero dice Sión: “Yahveh me ha abandonado, el Señor me ha
olvidado” ¿Acaso olvida una mujer a su niño de pecho, sin compadecerse del
hijo de sus entrañas? Pues aunque ésas
llegasen a olvidar, yo no te olvido” (Is. 49, 14-15). Un
nuevo motivo de escándalo de parte de Jesús para los fariseos, con mayor
razón quieren matarle, no sólo por violar el sábado, sino por llamar a Dios
su Padre e igualarse a ÉL. “Mi Padre trabaja hasta ahora, y yo también
trabajo…En verdad, en verdad os digo:
el Hijo no puede hacer nada por su cuenta, sino lo que ve hacer al Padre: lo
que hace él, eso también lo hace igualmente el Hijo. Porque el Padre quiere
al Hijo y le muestra todo lo que él hace…Porque como el Padre resucita a los
muertos y les da vida, así también el Hijo da la vida a los que quiere” (vv.
19-21). Es el discurso de la obra del Hijo, que provoca las iras de los
judíos porque no podían concebir que Jesús se identificara con Dios en su
actividad como Juez, no como Creador,
puesto que con el Sabbat, el descanso, la creación había concluido.
Efectivamente, Dios descansó, luego de terminar con La
gran obra de Jesús es decirle al hombre que Dios lo ama como Padre y
comunicarle la vida divina, vida eterna. Ese amor de Dios creó todo de la
nada, lo mismo hoy, crea vida nueva en el hombre, lo regenera, lo hace pasar
de la muerte a la vida verdadera de hijo de Dios. Las palabras de Jesús son
claras: “El que escucha mi palabra y cree al que me ha enviado, tiene vida
eterna y no incurre en juicio, sino que ha pasado de la muerte a la vida” (v.
24). Como
humanos que somos la palabra cumple la función de comunicarnos entre sí: Dios
usa el lenguaje para comunicarnos su palabra y ésta es Jesucristo, su Hijo;
por ÉL se nos revela, se nos entrega. El Verbo se hizo carne, para habitar
con nosotros y revelarnos a Dios como Padre como el mejor Padre, anunciarnos
la salvación que trae el Reino de los cielos. El Evangelio de la vida y de la
salvación debe llegar por la predicación de Así
como Israel en el exilio, el cristiano de hoy se pregunta, si Dios no nos
habrá abandonado al ver tanto mal en la sociedad, tanto dolor, etc. Es cuando
más necesitamos revivir nuestra fe y la oración de creer que Dios nos sigue
amando con el primer amor con que le conocimos en nuestra historia personal y
revisar si no somos nosotros demasiado pesimistas y no damos suficiente
testimonio de la propia esperanza en Dios. Solo el encuentro en la oración
personal con Dios, nos comunica su vida y su amor, ya que la oración es
encuentro con quien sabemos nos ama, como dijo Teresa de Jesús (V 8, 5). Sin
oración no somos nada, sino un manojo marchito de deseos que sin Dios nunca
se realizarán. Si
queremos que JUEVES DE Lecturas: a.-Ex. 32,7-14: Idolatría del pueblo con el becerro de oro b.- Jn. 5, 31-47: Testigos a favor de Cristo. San Juan de En
ambas lecturas aparece la increencia, ya sea con la adoración del becerro del
Éxodo o la negación a reconocer en Cristo, al Mesías de Dios, de parte de los
judíos que leemos en el Evangelio. Moisés
ha tenido que detener con su intercesión la ira de Yahvé contra su pueblo,
luego de realizar la alianza cae en la idolatría olvidando el pacto,
olvidando a Yahvé que define a este pueblo como de dura cerviz (v. 9). El
recuerdo de las hazañas hechas en el pasado y la promesa de multiplicar su
pueblo son los argumentos que usa Moisés para que cambie Yahvé su decisión. Juan,
nos presenta esta continua lucha entre Cristo y los judíos, la batalla entre
la luz de la verdad y la mala fe de los judíos contra el Mesías. Todo comenzó
con la curación del paralítico de la piscina de Betsaida donde Jesús se
defiende presentando testigos hasta convertirse en juez de sus enemigos. El
primer testimonio es el de Juan Bautista “él dio testimonio de la verdad”
(v.33), pero hay un testimonio mayor, el de las obras que realiza que
atestiguan que es enviado del Padre (v. 36), más aún es el propio Padre que
da testimonio a favor del Mesías en su bautismo y en su transfiguración (v.
37; cfr. Mt. 3,17; 17,1-9). Finalmente el movimiento de la escena cambia y
constituye a Jesucristo en juez de sus opositores: no han oído nunca la voz
del Padre, tampoco han visto su rostro por eso no reconocen a su enviado (vv.
37-38). Los maestros de A
pesar de todos estos argumentos no creen en Cristo. ¿Dónde radica su
problema? En la fe, que siempre es un don de Dios, pero que necesita la
colaboración del hombre, les falta humildad porque hasta esta apertura del
ser humano a Dios, es también obra de Dios. Jesús les enrostra dos motivos de
su incredulidad: la falta del amor y de la verdad de Dios y que no buscan la
gloria de Dios, de ahí que sean orgullosos y reciben la gloria de los
hombres, actitud muy propia de los fariseos. Permanecen en las tinieblas,
rechazan la luz porque sus obras son malas, pero Cristo les advierte que no
será ÉL quien los juzgue sino Moisés, en quien tienen puesta su esperanza.
Sólo la fe hace contemplar en el rostro de Cristo la luz de Dios; luz que da
vida a los hombres con su perdón a los pecadores, sanación integral. Obras
que son del Padre y que el Hijo hace porque esa es su voluntad, manifestación
de su amor; sin embargo, son rechazadas por los judíos. En
la increencia y paganismo que invade
nuestra sociedad existen muchos tipos de becerros de oro que son elevados a la categoría de ídolos.
Muchos no poseen ni el amor y la verdad de Dios, por lo mismo, egoístas e
idolatras. No aceptan a Dios como Padre y mucho menos a su Hijo como un Dios
Crucificado, que ama a los pequeños y pecadores, marginados y pobres de la
sociedad. Jesucristo desde Debido
a las consecuencias de la increencia en la vida del hombre y en la sociedad,
el ateísmo debe ser considerado como un reto en el sentido de saber que
siempre ha habido tiempos recios para la fe cristiana. Del cristiano se espera
que reconozca su propia situación de incredulidad en su vida, no sólo la
mirar a los demás, trabajar una seria conversión, para dar testimonio del
seguimiento de Cristo. Eso que queda por convertir al Señor es una
oportunidad para acercarse a los no creyentes y hacer la propuesta del
Evangelio de Jesús. La identidad cristiana es tarea diaria que crece en la fe
puesta en comunión con Dios en la oración (1Cor. 4, 13) y la luz que viene
del resucitado es vida para el orante. El
místico nos invita a dar culto al verdadero Dios, sin otros intereses de por
medio, ni mucho menos servirse de la religión para provecho propio. Sólo la
fe vivida en espíritu y en verdad, hacen que el amor sea guía que nos
conduzca a Dios. VIERNES DE Lecturas: Sab. 2, 1.12-22: Condenaremos a muerte al justo. Jn. 7, 1-2. 10. 25-30: Trataban de prender a Jesús. San Juan de La
primera lectura nos presenta al justo perseguido, víctima del odio de los
malvados. Es la increencia de la sociedad helenista que ataca al judío de la
diáspora. La denuncia que hacen es precisamente lo que los coloca entre los
malvados, pues sus acciones siendo malas, las consideran buenas: “Tendamos
lazos al justo, que nos fastidia, se enfrenta a nuestro modo de obrar, nos
echa en cara faltas contra Lo
mismo sucede con Jesús en el Evangelio, también se considera Hijo de Dios,
también es un reproche viviente para los jefes religiosos de Jerusalén, que
se sirven de la religión y no sirven a su pueblo como lo mandaba El
rechazo nace de la ceguera de los maestros de Como
nuestro Maestro nos enseña el amor y la paz, el discípulo, no puede convivir
con la violencia, la injusticia, la mentira que domina a nuestra sociedad. Es
la continua victoria del bien sobre el mal, la luz sobre las tinieblas, la
verdad sobre la mentira. La oposición a la fe que vive el cristiano
diariamente debe ser combatida con la fuerza del Espíritu de Dios, manteniendo
su opción bautismal, asumiendo como Jesucristo su destino y la victoria final
a la que nos invita. El texto a los Hebreos puede venir en nuestra ayuda:
“Por tanto, también nosotros, teniendo en torno nuestro tan gran nube de
testigos, sacudamos todo lastre y el pecado que nos asedia, y corramos con
fortaleza la prueba que se nos propone, fijos los ojos en Jesús, el que
inicia y consuma la fe, el cual, en lugar del gozo que se le proponía,
soportó la cruz sin miedo a la
ignominia y está sentado a la diestra del trono de Dios” (Heb. 1,1-2).
Alcanzar la derecha del Padre y del Hijo,
es nuestra meta y recibir la corona merecida luego de correr la
carrera: completar nuestra fe. El
padecer por el Amado, nos enseña el místico, es parte de nuestra fe y un
tesoro de SABADO DE Lecturas: Jer. 11,18-20: Cordero manso llevado al matadero Jn. 7,40-53: El origen de Jesús San Juan de Jeremías
rechazado por su pueblo, lo confiesa, lo que Dios le revela, es la maldad de
sus enemigos. “Destruyamos el árbol en su vigor; borrémoslo de la
tierra de los vivos, y su nombre no vuelva a mentarse” (v. 19). El profeta
clama venganza a Yahvé, actitud muy propia del AT, ya que ha puesto en sus
manos su causa. Sin embargo mientras este profeta clama venganza para sus
enemigos, Cristo, seis siglos más tarde les perdona amándolos desde Jesús,
suscita inquietudes entre los judíos: ¿Es el Mesías? ¿El Cristo? Si bien la gente lo reconoce
como profeta, los expertos de Sin
la visión de fe es imposible acercarse a Jesús y reconocerlo como el enviado
de Dios: su misterio, su persona se dan conocer sólo mediante el don
inestimable de la fe. Los fariseos se cierran a la verdad y a la evidencia,
su mala voluntad les pone una venda sobre los ojos. La actitud de Nicodemo es
de valentía, da la cara por Jesús frente a sus enemigos, porque ha abierto su
corazón a la verdad y quizá con fe lo reconoce como profeta, en su interior.
Pero ante el argumento legal de sus colegas, él calla, no dice más; mide a
Jesús con un criterio legal, de Galilea no se puede tomar en serio a ningún
hombre. Defender
la propia fe con argumentos, pero sobre todo con el testimonio, es parte
integral de nuestro saber vivir en medio de no creyentes. Defender a
Jesucristo y su Iglesia, debe hacer del cristiano un hombre valiente para
confesar su fe. Traicionar la fe, por respetos humanos puede llevar al hombre
a incluso claudicar en su convicciones. La palabra de Dios ha de ser criterio
de nuestro comportamiento, la vara con que debemos medir nuestras actitudes
para ir conformándonos a Jesús, el Señor (Rm. 8, 29). No debemos temer a
quienes pueden matar el cuerpo pero no el alma, reconocerle en esta vida es
asegurarse su reconocimiento ante el Padre de los cielos, negarle ante los
hombres, es nuestra perdición (cfr.
Mt. 10, 28ss). Hoy
son millones los cristianos, que cual lámparas de fuego, viven su fe y por
eso, son luz para el mundo. Fuerte estímulo para quien duda o está en vías de
recuperar su andar en fe. Los primeros han optado seriamente por Cristo, su
Evangelio, su Iglesia y sobre todo defienden a sus hermanos, rostros de
Cristo, más necesitados. En la serenidad o en las situaciones extremas de
persecución, el cristiano debe dar testimonio de su fe en Cristo en esta
sociedad sin Dios, su fuerza cómo se siente si se pide, desde un espíritu
pobre y confiado. Padecer por Cristo, enseña el místico
carmelita, es camino seguro para ejercitase en las virtudes teologales.
Padecer lo entendemos por sufrir tribulaciones por la defensa de la fe, ahí
donde nos encontremos alcanzando sabiduría y fortaleza. Fr. Julio
González C. OCD |
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Caminando con Jesus |
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