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PARA DAR RAZÓN DE NUESTRA
ESPERANZA, SEPA DEFENDER SU FE P. Paulo Dierckx y P. Miguel Jordá |
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TEMA 27: LA BIBLIA Y LA
TRADICIÓN |
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Queridos hermanos: A menudo
los hermanos evangélicos, discutiendo con nosotros los católicos, nos dicen: «¿Dónde habla la Biblia del purgatorio? ¿Dónde dice la
Biblia que San Pedro fue a Roma? ¿De dónde sacan ustedes los católicos eso de
que María es la Inmaculada Concepción y que subió al cielo en cuerpo y
alma?». Para
los evangélicos, la Revelación Divina y la Biblia son lo mismo. Es decir,
para ellos solamente en la Biblia se encuentra toda la Revelación de Dios. Ahora
bien: ¿Es correcta esta posición? ¿Es cierto que la Biblia contiene todo el
Evangelio de Cristo? ¿Qué dice la misma Biblia al respecto? Además, ¿quién
reunió todos los libros inspirados que constituyen la Biblia? ¿Acaso no fue
la Iglesia la que recibió el encargo de predicar el Evangelio por todo el
mundo, hasta el fin de los tiempos? ¿Qué hubo primero: la Biblia o la
Iglesia? Hermanos,
en esta carta les explicaré por qué la Revelación Divina no abarca solamente
la Biblia, como piensan los evangélicos, sino que la Revelación de Dios se
manifiesta en la Tradición Apostólica y en la Biblia. Es un tema un poco
difícil, pero fundamental para la comprensión correcta de la fe católica. Es
un tema que ha sido causa de muchos malos entendidos entre la Iglesia Católica
y las distintas iglesias evangélicas. 1. La Revelación Divina: La
Revelación es la manifestación de Dios y de su voluntad acerca de nuestra
salvación. Viene de la palabra «revelar», que quiere decir «quitar el velo»,
o «descubrir». Dios
se reveló de dos maneras: 1)
La Revelación natural, o revelación mediante las cosas creadas. Dice el
apóstol Pablo: «Todo aquello que podemos conocer de Dios El mismo se lo
manifestó. Pues, si bien a El no lo podemos ver, lo contemplamos, por lo
menos, a través de sus obras, puesto que El hizo el mundo, y por sus obras
entendemos que El es eterno y poderoso, y que es Dios» (Rom 1,19-20). 2)
La Revelación sobrenatural o divina. Desde un principio Dios empezó también a
revelarse a través de un contacto más directo con los hombres, mediante los
antiguos profetas y de una manera perfecta y definitiva en la persona de
Cristo Jesús, el Hijo de Dios. «En diversas ocasiones y bajo diferentes
formas, Dios habló a nuestros padres, por medio de los profetas, hasta que,
en estos días que son los últimos, nos habló a nosotros por medio de su Hijo»
(Heb.1,1-2). Jesús nos
reveló a Dios mediante sus palabras y obras, sus signos y milagros; sobre
todo mediante su muerte y su gloriosa resurrección y con el envío del
Espíritu Santo sobre su Iglesia. Todo lo que Jesús hizo y enseñó se llama
«Evangelio», es decir, «Buena noticia de la Salvación». 2. ¿Cómo fue transmitida la Revelación
Divina? Para
llevar el Evangelio por todo el mundo, Jesús encargó a los apóstoles y a sus
sucesores, como pastores de la Iglesia que El fundó personalmente: «Vayan
y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos. Bautíncenlos
en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo y enséñenles a cumplir
todo lo que yo les he encomendado. Yo estoy con ustedes todos los días hasta
que se termine este mundo» (Mt. 28,18-20). Aquí
notamos cómo Jesús ordenó «predicar» y «proclamar» su Evangelio. Y de hecho
los Apóstoles «predicaron» la Buena Nueva de Cristo. Años después algunos de
ellos pusieron por escrito esta predicación. Es decir, al comienzo la Iglesia
se preocupó de predicar el Evangelio. Por supuesto el Evangelio que Jesús
entregó a los Apóstoles no estaba escrito. Jesús no escribió nunca una carta
a sus Apóstoles; su enseñanza era solamente oral. Así lo hicieron también los
Apóstoles. 3. La Tradición Apostólica Este
mensaje escuchado por boca de Jesús, vivido, meditado y transmitido oralmente
por los Apóstoles, se llama «la Tradición Apostólica». Cuando
aquí hablamos de la Tradición» (con mayúscula), nos referimos siempre a la
«Tradición Apostólica». No debemos confundir «la Tradición Apostólica» con la
«tradición» que en general se refiere a costumbres, ideas, modos de vivir de
un pueblo y que una generación recibe de las anteriores. Una tradición de
este tipo es puramente humana y puede ser abandonada cuando se considera
inútil. Así Jesús mismo rechazó ciertas tradiciones del pueblo judío:
«Ustedes incluso dispensan del mandamiento de Dios para mantener la tradición
de los hombres» (Mc.7,8). La
Tradición Apostólica se refiere a la transmisión del Evangelio de Jesús.
Jesús, además de enseñar a sus apóstoles con discursos y ejemplos, les enseñó
una manera de orar, de actuar y de convivir. Estas eran las tradiciones que
los apóstoles guardaban en la Iglesia. El apóstol Pablo en su carta a los
Corintios se refiere a esta Tradición Apostólica: «Yo mismo recibí esta
tradición que, a su vez, les he transmitido» (1 Cor. 11, 23). Resumiendo,
podemos decir que Jesús mandó «predicar», no «escribir» su Evangelio. Jesús
nunca repartió una Biblia. El Señor fundó su Iglesia, asegurándole que
permanecerá hasta el fin del mundo. Y la Iglesia vivió muchos años de la
Tradición Apostólica, sin tener los libros sagrados del Nuevo Testamento. 4. La Biblia Solamente
una parte de la Palabra de Dios, proclamada oralmente, fue puesta por escrito
por los mismos apóstoles y otros evangelistas de su generación. Estos
escritos, inspirados por el Espíritu Santo, dan origen al Nuevo Testamento
(NT), que es la parte más importante de toda la Biblia. Está claro que al
escribir el NT, no se puso por escrito «todo» el Evangelio de Jesús. «Jesús
hizo muchas otras cosas. Si se escribieran una por una, creo que no habría
lugar en el mundo para tantos libros», nos dice el apóstol Juan (Jn. 21,25). La
Sagrada Escritura, y especialmente el NT, es la Palabra de Dios, que nos
manifiesta al Hijo en quien expresó Dios el resplandor de su gloria (Heb.1,3). Podemos
decir que sólo la parte más importante y fundamental de la Tradición
Apostólica fue puesta por escrito. Por esta razón la Iglesia siempre ha
tenido una veneración muy especial por las Divinas Escrituras. 5. Biblia y Tradición Después
de esto podemos decir que la revelación divina ha llegado hasta nosotros por
la Tradición Apostólica y por la Sagrada Escritura. No debemos considerarlas
como dos fuentes, sino como dos aspectos de la Revelación de Dios. El
Concilio Vaticano II lo describe muy bien: «La Tradición Apostólica y la
Sagrada Escritura manan de la misma fuente, se unen en un mismo caudal y
corren hacia el mismo fin». La Tradición y la Escritura están unidas y
ligadas, de modo que ninguna puede subsistir sin la otra. Además,
la Sagrada Escritura presenta la Tradición como base de la fe del creyente:
«Todo lo que han aprendido, recibido y oído de mí, todo lo que me han visto
hacer, háganlo» (Fil.4,9). «Lo que aprendiste de mí,
confirmado por muchos testigos, confíalo a hombres que merezcan confianza,
capaces de instruir después a otros» (2. Tim. 2,2). «Hermanos,
manténganse firmes guardando fielmente las tradiciones que les enseñamos de
palabra y por carta» (2 Tes. 2,15). Está
claro que el Apóstol Pablo, para confirmar la fe de los cristianos, no usa
solamente la Palabra de Dios escrita, sino que recuerda también de una manera
muy especial la Tradición o la predicación oral. Para el Apóstol las formas
de transmisión del Evangelio: Sagrada Escritura y Tradición, tienen la misma
importancia. En realidad, una vez que se escribió el NT no se consideró
acabada la Tradición Apostólica, como si estuviera completa la Revelación
Divina. La Biblia no dice eso; en ninguna parte está escrito que el cristiano
debe someterse ¡sólo a la Biblia! Esta es una idea que surgió entre los
protestantes recién en los años 1550. En la Iglesia Católica hubo siempre una
conciencia clara sobre la importancia de la Tradición Apostólica, sin quitar
a la Biblia el valor que tiene. 6. ¿Sólo la Biblia? Es
un error creer que basta la Biblia para nuestra salvación. Esto nunca lo ha
dicho Jesús y tampoco está escrito en la Biblia. Jesús, reitero, nunca
escribió un libro sagrado, ni repartió ninguna Biblia. Lo único que hizo
Jesús fue fundar su Iglesia y entregarle su Evangelio para que fuera
anunciado a todos los hombres hasta el fin del mundo. Fue dentro de la
Tradición de la Iglesia donde se escribió y fue aceptado el N.T., bajo su autoridad apostólica. Además la Iglesia
vivió muchos años sin el N.T., el que se terminó de
escribir en el año 97 después de Cristo. Y también es la Iglesia la que, en
los años 393-397, estableció el Canon o lista de los libros que contienen el N.T. Por
tanto, si aceptamos solamente la Biblia, ¿cómo sabemos cúales
son los libros inspirados? La Biblia, en efecto, no contiene ninguna lista de
ellos. Fue la Tradición de la Iglesia la que nos transmitió la lista de los
libros inspirados. Supongamos que se perdiera la Biblia, en ese caso la
Iglesia seguiría poseyendo toda la verdad acerca de Cristo, la cual hasta la
fecha ha sido transmitida fielmente por la Tradición, tal como lo hizo antes
de escribir el NT. Los
evangélicos, al aceptar solamente la Biblia, están reduciendo
considerablemente el conocimiento auténtico de la Revelación Divina.
Guardemos esta ley de oro que nos dejó el apóstol Pablo: «Manténganse firmes
guardando fielmente la Tradiciones que les enseñamos de palabra y por carta»
(2 Tes. 2,15). 7. El Magisterio de la Iglesia La
Revelación Divina abarca la Sagrada Tradición y la Sagrada Escritura. Este
depósito de la fe (cf. 1 Tim. 6, 20; 2 Tim. 1, 12-14) fue confiado por los
Apóstoles al conjunto de la Iglesia. Ahora bien el oficio de interpretar
correctamente la Palabra de Dios, oral o escrita, ha sido encomendado sólo al
Magisterio vivo de la Iglesia. Ella lo ejercita en nombre de Jesucristo. Este
Magisterio, según la Tradición Apostólica, lo forman los obispos en comunión
con el sucesor de Pedro que es el obispo de Roma o el Papa. El
Magisterio no está por encima de la Revelación Divina, sino que está a su
servicio, para enseñar puramente lo transmitido. Por mandato divino y con la
asistencia del Espíritu Santo, el Magisterio de la Iglesia lo escucha
devotamente, lo guarda celosamente y lo explica fielmente. Los
fieles, recordando la Palabra de Cristo a sus apóstoles: «El que a ustedes
escucha, a mí me escucha» (Lc.10, 16), reciben con docilidad las enseñanzas y
directrices que sus pastores les dan de diferentes formas. El Magisterio de
la Iglesia es un guía seguro en la lectura e interpretación de la Sagrada
Escritura, «ya que nadie puede interpretar por sí mismo la Escritura» (2 Ped. 1, 20). El
Magisterio de la Iglesia orienta también el crecimiento en la comprensión de
la fe. Gracias a la asistencia del Espíritu Santo, la comprensión de la fe
puede crecer en la vida de la Iglesia cuando los fieles meditan la fe
cristiana y comprenden internamente los misterios de la Iglesia. Es decir, el
creyente vive la palabra de Dios en las circunstancias concretas de la
historia y hace cada vez más explícito lo que estaba implícito en la Palabra
de Dios. En
este sentido la Tradición divino-apostólica va creciendo, como sucede con
cualquier organismo vivo. Este
es precisamente el significado que hay que dar a las definiciones dogmáticas,
hechas por el Magisterio de la Iglesia. Conclusión: 1.
Resumiendo, podemos decir que la Iglesia no saca solamente de la Escritura la
certeza de toda la Revelación Divina. 2.
La Tradición y la Sagrada Escritura constituyen un único depósito sagrado de
la Palabra de Dios, en el cual, como en un espejo, la Iglesia peregrinante
contempla a Dios, fuente de todas sus riquezas. 3.
El oficio de interpretar auténticamente la Palabra de Dios ha sido confiado
únicamente al Magisterio de la Iglesia, a los obispos en comunión con el
Papa. 4.
La Tradición, la Escritura y el Magisterio de la Iglesia, según el plan de
Dios, están íntimamente unidos, de modo que ninguno puede subsistir sin los
otros. Los tres, cada uno según su carácter, y bajo la acción del único
Espíritu Santo, contribuyen eficazmente a la salvación de los hombres. Cuestionario: ¿Qué
fue primero: la Biblia o la Iglesia? ¿Qué significa la palabra revelación?
¿De cuántas maneras se reveló Dios al Hombre? ¿Qué ordenó Jesús antes de
subir al cielo? ¿Cuándo se pusieron por escrito las enseñanzas de Jesús? ¿Qué
significa la palabra Tradición Apostólica? ¿Basta la sola Biblia para la
salvación? ¿Jesús fundó una Iglesia o mandó difundir la Biblia? ¿Cuál es la
función del Magisterio? |
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Pedro Sergio Antonio Donoso Brant |