|
PARA DAR RAZÓN DE NUESTRA
ESPERANZA, SEPA DEFENDER SU FE P. Paulo Dierckx y P. Miguel Jordá |
|
TEMA 28: CARTA ABIERTA A UN
HERMANO SEPARADO |
|
Queridos hermanos: Aquí
les envío una carta que escribí pensando en un hermano separado: «Antes
que nada quiero decirte, sinceramente, que te considero como un verdadero
hermano mío, y que te aprecio y te admiro por muchas cosas buenas que he
visto en ti y en tu iglesia. Admiro
tu deseo de dar a conocer a Cristo y tu entrega... De veras que muchas veces
he sentido en mi corazón una santa envidia por tu celo apostólico. Naturalmente,
hay también ciertas cosas que no me gustan en tu actuación. De esto he
hablado en varias de mis cartas anteriores. De todos modos, ¿en qué familia
no hay problemas o malentendidos? Lo
que quiero aclarar ahora es esto: «Te admiro y te aprecio como un verdadero
hermano en Cristo». En
realidad, lo que nos une es bien profundo: -Tú
y yo creemos igualmente en el mismo Dios, Creador, Providente y Padre
amoroso. Y esto, de por sí, ya es mucho en un mundo tan materialista y lleno
de pesimismo. -Tú
y yo creemos igualmente en Jesucristo como «el Camino, la Verdad y la Vida»
(Jn.14, 6), el único Salvador, Señor y Mediador entre nosotros y el Padre. -Los
dos amamos igualmente y estudiamos la Biblia, tratando de descubrir en ella
la voluntad de Dios. Hay
muchas otras cosas más que nos unen. Pero he querido subrayar solamente las
más importantes, para que nos demos cuenta de que, en lugar de fijarnos en lo
que nos divide, aprendamos a fijarnos mejor en lo que nos une, para tratar de
vivir el mandamiento nuevo que nos dejó Jesús, con sinceridad y sin
exclusivismos: «Amense unos con otros, como yo los
amo a ustedes» (Jn15,12). Estamos separados Pero
por desgracia, no estamos completamente unidos. El pecado nos ha dividido.
Hemos desgarrado el cuerpo de Cristo. Cristo está roto por nuestra culpa y
por la culpa de nuestros mayores. El adversario nos ha ganado. En
lugar de luchar juntos para mejorar la Iglesia, cada uno ha querido hacerlo a
su modo, apartándose del hermano. El sueño de Cristo, expresado con tanta
insistencia en la vigilia de su pasión y muerte, se ha esfumado: «Que
todos sean uno, como Tú, Padre, estás en mí y yo en ti. Sean
también ellos uno en nosotros: así el mundo creerá que tú me has
enviado» (Jn.17,21) Y
como consecuencia, a causa de nuestras divisiones, muchos llegan a rechazar a
Cristo y a odiar cualquier religión, privándose así de esta gran riqueza. A
causa de nuestras divisiones nuestros pueblos están internamente divididos y
debilitados en su espíritu comunitario. Y todo esto, ¡por nuestra culpa! ¡Qué
gran responsabilidad tenemos frente al mundo, por nuestras divisiones! «Así
el mundo creerá que Tú me has enviado» (Jn.17,21),
dijo Jesús. Y ¿cómo va a creer si estamos desunidos? Al
estar nosotros divididos, muchos no creen en Cristo, de modo que, en lugar de
ser un signo de que Cristo es el enviado de Dios, representamos, mediante
nuestra división, una piedra de tropiezo para los que quisieran acercarse a
El. Muchos
piensan: «Quiero buscar a Dios, a lo mejor el cristianismo me da la clave.
Pero... Otro le contesta: Fíjate que ¡los mismos cristianos están divididos
entre sí y se odian!... Mejor busco por otro lado». Y puede ser que dejen de
buscar para siempre, decepcionados de todo y de todos. Y
este problema de la división ya apareció desde el principio, viviendo todavía
los apóstoles. De modo que no le podemos achacar la culpa a una determinada
persona o institución. De por sí el hombre es pecador y tiende a apartarse de
Dios y de su hermano. Puede ser por envidia, orgullo, intereses personales,
etc. para formar un grupo aparte y sentirse superior. Todo lo demás es puro
pretexto. En realidad, la voluntad de Cristo es muy clara: «Que todos sean
uno» (Jn. 17, 21). El que se aparta, para formar otro grupo, tiene que saber
claramente que se está portando mal, poniéndose en contra de la voluntad
clara de Cristo. Jesús quiere la unidad de todos los que creen en su nombre.
La división viene del pecado y del demonio. «Cada
uno va proclamando: Yo
soy de Pablo, yo soy de Apolo, yo
soy de Pedro, yo soy de Cristo ¿Acaso
está dividido Cristo?» (1Cor.1,12-13). «Hijitos
míos, es la última hora, y se les dijo que tendría que llegar el Anticristo;
en realidad, ya han venido varios anticristos, por donde comprobamos que ésta
es la última hora. Ellos salieron de entre nosotros mismos, aunque realmente
no eran de los nuestros. Si hubieran sido de los nuestros, se habrían
quedados con nosotros. Y al salir ellos, vimos claramente que entre nosotros
no todos eran de los nuestros» (1Jn. 2, 18-19). A Dios el juicio Hermano
en Cristo: Recuerda que no es mi intención ofenderte. Solamente quiero que
reflexiones en forma más detenida sobre la cita bíblica anterior. Si crees
que no viene al caso para ti, no te preocupes. Entonces esta reflexión podrá
servir para otros. Muchos
dicen: «Cuando yo era católico, era malo, me emborrachaba, le pegaba a mi
mujer, etc. Cuando dejé la religión católica y entré en esta nueva religión,
encontré a Cristo y cambié de vida». Ahora
mi pregunta es la siguiente y quisiera que la respondieras con toda
sinceridad: «Antes de cambiar de religión, ¿conocías de veras el catolicismo?
Y si lo conocías, ¿tratabas de vivirlo? ¿O tal vez abandonaste el catolicismo
antes de haberlo conocido y vivido? No
quiero juzgarte ni culparte de nada. Para mí las palabras de Jesús:«No juzguen y no serán juzgados» (Lc. 6, 37), son ley. Quiero
solamente decirte esto: Si antes de conocer y vivir el catolicismo cambiaste
de religión: «Tú no eras de los nuestros. Si hubieras sido de las nuestros,
te habrías quedado con nosotros. Al salirte, vimos claramente que entre
nosotros no todos eran de los nuestros» (1 Jn. 2, 19). Y
este problema sigue todavía. A causa de tantos malos ejemplos presentes en la
Iglesia, a falta de buenos evangelizadores y frente a la triste realidad de
una masa que se llama católica, carente de instrucción y vivencia cristiana,
muchos se aprovechan para desacreditarla y sacar gente para sus distintos
grupos. ¿Lo
hacen con sinceridad? ¿Por interés? ¿Por orgullo? ¿Por odio en contra de la
Iglesia Católica? ¿Por motivos políticos, tratando de adormecer las
conciencias y así detener la marcha de la Iglesia Católica en favor de los
derechos fundamentales de la dignidad del hombre y de la igualdad de todos
los pueblos? Yo
creo que hay de todo. Sólo Dios conoce el corazón del hombre y sabe por qué
razones actúa cada cual. Mi
intención es ponerte en guardia, para que no creas fácilmente a cualquier
persona que te hable muy bonito de Cristo, persiguiendo otros fines,
reconocidos abiertamente o no. Tú
obedece a tu conciencia. Si estás convencido de que andas bien, sigue
adelante según tu conciencia y sin temor. Dios juzga el corazón. Si eres
sincero contigo mismo y buscas la verdad, no tengas miedo. Dios te ayudará.
Ora mucho y sigue buscando la voluntad de Dios. Tal vez estas cartas que
escribo te podrán ayudar en algo. Que Cristo sea conocido No
obstante lo anterior, yo, por mi parte, sigo siendo optimista. Me doy cuenta
perfectamente de que para algunos «la religión es puro negocio» (1 Tim. 6,
5). Me doy cuenta que algunos viven de lo que otros cooperan. En
realidad, «el amor al dinero es la raíz de todos los males» (1 Tim. 6, 10).
Sin embargo, lo que más importa es que Cristo sea conocido, aunque se trate
de un Cristo roto y con verdades a medias. Algo es algo. Claro
que me gustaría que estuviéramos todos unidos y predicáramos al mismo Cristo
con amor hacia todos, dando testimonio de aquel Reino de paz y justicia, que
Cristo vino anunciar y empezó a implantar en este mundo. Pero... hay que ser
realistas. Es un hecho que somos pecadores y que no logramos hacer las cosas
a la perfección. A
este propósito recuerdo las palabras de San Pablo: «Algunos son llevados por
la envidia y quieren hacerme la competencia, pero, al fin, ¿qué importa que
unos sean sinceros y otros hipócritas? De todas maneras, se anuncia a Cristo
y eso me alegra, y seguiré alegrándome» (Fil1,15-18).
Se llegará a la unidad A
pesar de las fuerzas destructoras y los fanatismos que operan en este mundo,
estoy convencido de que el sueño de Cristo se va a realizar algún día. La
verdad tiene que abrirse paso; si somos dóciles a los impulsos del Espíritu,
se llegará a la unidad: «Yo
soy el Buen Pastor: conozco
mis ovejas y ellas me
conocen a mí. Tengo
otras ovejas, que no son de
este corral. A
ellas también las llamaré y
oirán mi voz: y
habrá UN SOLO REBAÑO, como
hay un solo pastor» (Jn.
10,14-16) Así
pues, adelante, hermano, con fe en estas palabras de Jesús. Un día llegaremos
a formar una sola Iglesia todos los creyentes en Cristo. Tratemos de luchar
para que este día no sea muy lejano. Quiero
terminar esta carta con las palabras de un pastor protestante: «No
te conformes nunca con el escándalo de la separación de los cristianos que
tan fácilmente proclaman el amor al prójimo pero siguen viviendo separados.
Busca ardientemente la unidad del Cuerpo de Cristo» (Pastor Roger Schultz). El
Mesías Verdadero al
darles la Comunión dijo
vivan en unión hasta
el último momento. Este
es mi testamento no
me lo hagan al revés tengan
un solo querer perseveren
bien unidos no
se olviden mis amigos de
cumplir este deber Hoy
después de dos mil años esta
es la pura verdad se
perdió aquella unidad que el Señor dejó
ordenado. El
nos llama a reencontrarnos en
amor y santa unión busquemos
de corazón aquella
unidad perdida y
sanemos las heridas que causó la
división. Cuestionario: ¿Qué
pidió Jesús en la oración sacerdotal? ¿Cuál es la realidad actual que nos
toca vivir? ¿Por qué estamos separados? ¿Va esto contra la expresa voluntad
de Jesús? ¿Es también esto un escándalo par l mundo? ¿Dificulta esto la
evangelización a nivel mundial? ¿Por qué algunos católicos se cambian a los
evangélicos? ¿Por qué renuncian tan fácilmente a la Fe Católica? ¿Estamos
suficientemente informados sobre los postulados de nuestra Fe? ¿Llegará algún
día la unidad deseada por Jesús? ¿Qué se nos exige mientras? |
|
Pedro Sergio Antonio Donoso Brant |