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PARA DAR RAZÓN DE
NUESTRA ESPERANZA, SEPA DEFENDER SU FE P. Paulo Dierckx y P. Miguel Jordá |
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TEMA 31: LA CONTRIBUCIÓN A
LA IGLESIA |
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Queridos hermanos: Hoy
vamos a conversar un poco sobre nuestra contribución material a la Iglesia.
Y, aunque a primera vista este tema aparezca un poco ajeno a lo que estamos
tratando, en realidad no es así, sino que, en realidad, condiciona la misión
de la Iglesia. Efectivamente,
Nuestro Señor Jesucristo antes de subir al cielo dijo a sus discípulos estas
hermosas palabras: «Vayan por todo el mundo y hagan que todos los pueblos
sean mis discípulos» (Mt. 28, 19) He aquí su glosa: El
día de la Ascensión con
un gozo muy profundo Jesús
dijo por el mundo lleven
mi predicación. Por
todo pueblo y nación prediquen
la santa fe, Yo
los acompañaré hasta
el final de los tiempos y
en la cruz y en el tormento con ustedes Yo
estaré. El
mandato de Jesús Lo
primero que percibimos en las palabras de Jesús es que aquí hay un mandato:
Anunciar y propagar la Buena Nueva a través de todo el mundo. Ello
se hace con la dedicación y esfuerzo del Papa, de los obispos y sacerdotes,
de los catequistas, de los misioneros y de todos los que son consecuentes con
su bautismo. Cada cristiano, en razón de su bautismo, está llamado a cooperar
a la hermosa tarea de Evangelización que Jesús nos dejó. Pero
para cumplir con este mandato, además de recursos humanos y de la gracia del
Espíritu Santo, se necesitan también recursos materiales. Es necesario
preparar personal, construir seminarios, locales para reuniones, templos,
parroquias, capillas, obras de caridad, etc. No podemos evangelizar sin
contar con los medios necesarios para el apostolado. No debemos «tentar a
Dios» pensando que El va a arreglar todo milagrosamente. El
refrán dice: «A Dios rogando y con el mazo dando». Dios nos ha dado manos y
la inteligencia para solucionar los problemas que se presentan en el camino.
De ahí la necesidad de que todos los bautizados cooperen también
materialmente a la extensión del Reino. Y¿en qué se fundamenta esta obligación? Este
deber tiene, por supuesto, un fundamento bíblico. En el ANTIGUO TESTAMENTO: Moisés
en el Deuteronomio muestra el profundo sentido del diezmo o primicia, que
nació como una forma de agradecer a Dios por todos los dones recibidos (Deut. 12, 6-9 y 14, 22-28). En el NUEVO TESTAMENTO: -
Jesús es presentado al templo y hace su ofrenda (Lc. 2, 24). -
Jesús paga el impuesto al templo (Mt. 17, 24-27). -
Jesús elogia a la pobre viuda (Lc. 21, 1-4). -
Jesús necesita y pide cinco peces y dos panes (Jn. 6, 9). En la Iglesia primitiva En
la primera comunidad los cristianos compartían todo (Hch. 2, 42). San
Pablo pide a los Romanos una colecta para gastos de
viaje (Rom. 15, 24). Además,
la comunión de bienes materiales es signo de la comunión en la fe y en el
amor. Y al ofrecer dinero, uno se ofrece a sí mismo (2 Cor. 8, 5). ¿Cumple el cristiano con esto dando una
limosna? A
veces los cristianos colaboran con la Iglesia dando una limosna en la Misa,
en las Campañas de Cuaresma o con motivo de una colecta especial. Sin duda
que esto es bueno y hay que hacerlo, pero ninguna de estas colaboraciones
dispensa del compromiso mensual del cristiano con su Parroquia. ¿Cuál es la situación real de los
católicos en nuestro país? En
nuestro país el porcentaje de católicos comprometidos con su iglesia es muy
bajo. Esta situación, de por sí, ya revela una gran falta de madurez. Sólo
gracias a la generosidad de otras Iglesias extranjeras se pueden mantener las
obras de la Iglesia. Pero esta dependencia es incompatible con la condición
de una Iglesia adulta. Tenemos que comprometernos. ¿A qué nos llama hoy la Iglesia? La
Iglesia nos llama a asumir este compromiso con sentido misionero. Algunos,
pocos, ya lo hacen, y lo cumplen sagradamente todos los meses. Sigan
cooperando sabiendo «que Dios ama al que da con alegría» (2 Cor. 9,7). A
quienes todavía no se han inscrito, la Iglesia los invita a hacerlo cuanto
antes. Si usted es uno de ellos, vaya a su parroquia, pregunte e intégrese al
grupo de cristianos comprometidos. No lo deje para otro día. Asuma el compromiso en familia ¡Qué
hermoso es cuando el papá o la mamá conversan sobre esto con sus hijos, los
educan en este compromiso y mes a mes van cumpliendo generosamente con este
deber! Ahí sí que experimentan el gozo y la alegría de ser cristianos. ¿Por
qué hay tantos católicos pasivos en nuestra Iglesia? ¿Por qué entre los
católicos hay tan poca conciencia de pertenecer a la Iglesia? Sin duda por la
falta de compromiso en lo económico. ¿Y por qué avanzan tanto las sectas? En
parte porque son sumamente exigentes en este punto. Es frecuente que un
católico que nunca ha colaborado económicamente con su Iglesia, se pasan a
las sectas e inmediatamente se compromete a pagar el diezmo. Piense,
además, cuántos misioneros laicos y sacerdotes se comprometen de por vida con
el Señor. Pregúntese: ¿Hasta dónde llega mi compromiso con Cristo? ¿Soy de
los que tan sólo me gusta recibir en la Iglesia, o soy de los que están
prontos a cooperar, siquiera con un granito de arena para que la causa del
Reino siga avanzando? Hermano
mío. Si todos cumplimos, la obra del Reino irá creciendo de día en día y
nuestra Iglesia irá avanzando. Si no cumplimos, algo quedará por hacer. Finalmente
una pregunta: ¿Cómo quisiera ver usted a su Iglesia? ¿La quiere ver hermosa,
sin mancha ni arruga, y que avance cada día? Inscríbase
hoy mismo como contribuyente y sentirá que también usted es parte de la
Iglesia. Medite estas décimas: Este
es el primer deber que
tiene todo cristiano ayudar
desde temprano al progreso de
la Fe. Nadie
se margine pues de
este hermoso compromiso comprométase
de fijo a sacar
esta tarea y
verá como la Iglesia va cumpliendo su
destino. Si
usted tiene un buen hogar y
también trabajo estable comprométase
cuanto antes y sin hacerse
rogar. El
Señor lo ayudará téngalo
por entendido con
su esposa y con sus hijos cumpla,
pues, con su tarea y
verá como la Iglesia va cumpliendo su
destino. Resumiendo: Desde
el momento en que un católico coopera con su Iglesia ya está trabajando por
extender el Reino. Y al contrario, quien pudiendo no colabora, está frenando
la acción misionera de su Iglesia. El
verdadero católico colabora con su Iglesia. El
que es católico a su manera sólo quiere recibir de su Iglesia, pero nunca
está dispuesto a cooperar. Piénselo
bien: Dios nos da la vida, la salud, el tiempo... Y
nos pide tan poco. Unas miguitas que, sumadas a las de otros cristianos,
harán posible el crecimiento del Reino. Si
usted colabora activamente podrá decir con orgullo: Yo soy socio de mi
Iglesia. Yo también soy misionero y ayudo con lo que puedo. Ahora bien, si
usted no tiene recursos o no tiene trabajo y es tan pobre que no puede
cooperar, no se haga problema. Dios ve su buena voluntad. He
aquí unos versitos que nos llaman a participar en la misión: Cada
uno tiene un don una
gracia y un talento para
que el Reino de Dios vaya siempre en
aumento. Vamos
todos a la Viña a
la Viña del Señor y
hagamos un mundo nuevo un mundo nuevo y
mejor. En
los Hechos se asegura que
los primeros cristianos se
ayudaban mutuamente como auténticos
hermanos. Este
es el gran mandato que
dejó Nuestro Señor: anunciar
la Buena Nueva y hacer un
mundo mejor. Coopere
sin demora y
con gozo muy profundo a
extender la Buena Nueva a través de
todo el mundo. Nuestra
Santa Madre Iglesia tiene
el sagrado deber de
anunciar al mundo entero las riquezas de
la fe. Para
hacer esta tarea a
través del mundo entero nuestra
Iglesia necesita de su aporte y
su dinero. Cuestionario: ¿Cuál
fue el mandato de Jesús el día de la Ascensión? ¿A quiénes va dirigido este mandato?
¿Tiene que ser misionera toda la Iglesia? ¿Cómo se comprometen los sacerdotes
y religiosos en esta tarea? ¿cómo se comprometen los
laicos? ¿Qué grado de compromiso con la Iglesia tengo yo? ¿Coopero a la
extensión de Reino también con mi aporte en lo material? |
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Pedro Sergio Antonio Donoso Brant |