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PARA DAR RAZÓN DE NUESTRA
ESPERANZA, SEPA DEFENDER SU FE P. Paulo Dierckx y P. Miguel Jordá |
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TEMA 33: ¿PODEMOS ORAR POR
LOS DIFUNTOS? |
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Queridos hermanos: Les
voy a contar un caso que me sucedió hace algún tiempo. Un día se murió un amigo
mío que en cuanto a religión no era ni chicha ni limonada, unas veces iba a
misa y otras iba al culto de los evangélicos. Cuando murió, los evangélicos
lo velaron con muchos cantos y alabanzas, y al día siguiente lo llevaron al
cementerio. Como era amigo mío, quise ir al cementerio a orar por él. Una vez
allá, le pregunté al pastor, si me dejaba hacerle un responso, y me contestó:
«El finado era oveja de nuestro rebaño y nosotros no les rezamos a los
muertos porque a estas alturas de nada le sirven las oraciones». Total que no
me permitieron rezarle el responso y tuve que contentarme con orar en
silencio. Esta
anécdota nos da pie para preguntarnos: ¿Podemos orar por los difuntos? ¿Les
sirven nuestras oraciones? ¿Cuál es la doctrina católica y la evangélica al
respecto? La
Doctrina católica La
Biblia nos dice que después de la muerte viene el juicio: «Está establecido
que los hombres mueran una sola vez y luego viene el juicio» (Hebr. 9, 27). Después de la muerte viene el juicio particular
donde «cada uno recibe conforme a lo que hizo durante su vida mortal» (2 Cor.
5, 10). Al
fin del mundo tendrá lugar el «juicio universal» en el que Cristo vendrá en
gloria y majestad a juzgar a los pueblos y naciones. Es
doctrina católica que en el juicio particular se destina a cada persona a una
de estas tres opciones: Cielo, Purgatorio o Infierno. -Las
personas que en vida hayan aceptado y correspondido al ofrecimiento de
salvación que Dios nos hace y se hayan convertido a El, y que al morir se
encuentren libres de todo pecado, se salvan. Es decir, van directamente al
Cielo, a reunirse con el Señor y comienzan una vida de gozo indescriptible
«Bienaventurados los limpios de corazón -dice Jesús- porque ellos verán a
Dios» (Mt. 5, 8). -Quienes
hayan rechazado el ofrecimiento de salvación que Dios hace a todo mortal, o
no se convirtieron mientras su alma estaba en el cuerpo, recibirán lo que
ellos eligieron: el Infierno, donde estarán separados de Dios por toda la
eternidad. -Y
finalmente, los que en vida hayan servido al Señor pero que al morir no estén
aún plenamente purificados de sus pecados, irán al Purgatorio. Allá Dios, en
su misericordia infinita, purificará sus almas y, una vez limpios, podrán
entrar en el Cielo, ya que no es posible que nada manchado por el pecado
entre en la gloria: «Nada impuro entrará en ella (en la Nueva Jerusalén)»
(Ap. 21, 27). Aquí
surge espontánea una pregunta cuya respuesta es muy iluminadora: ¿Para qué
estamos en este mundo? Estamos en este mundo para conocer, amar y servir a
Dios y, mediante esto, salvar nuestra alma. Dios nos coloca en este mundo
para que colaboremos con El en la obra de la creación, siendo cuidadores de
este «jardín terrenal» y para que cuidemos también de los hombres nuestros
hermanos, especialmente de aquellos que quizás no han recibido tantos dones y
«talentos» como nosotros. Este es el fin de la vida de cada hombre: Amar a
Dios sobre todas las cosas y salvar nuestra alma por toda la eternidad. ¿Qué
acontece, entonces, con los que mueren? Ya
lo dijimos: Los que mueren en gracia de Dios se salvan. Van derechamente al
cielo. Los que rechazan a Dios como Creador y a Jesús como Salvador durante
esta vida y mueren en pecado mortal se condenan. También aquí la respuesta es
clara y coincidente entre católicos y evangélicos. -Pero,
¿qué ocurre con los que mueren en pecado venial o que no han satisfecho
plenamente por sus pecados? Ahí está la diferencia entre católicos y
evangélicos. Los católicos creemos en el Purgatorio. Según nuestra fe católica,
el Purgatorio es el lugar o estado por medio del cual, en atención a los
méritos de Cristo, se purifican las almas de los que han muerto en gracia de
Dios, pero que aún no han satisfecho plenamente por sus pecados. El
Purgatorio no es un estado definitivo sino temporal. Y van allá sólo aquellos
que al morir no están plenamente purificados de las impurezas del pecado, ya
que en el cielo no puede entrar nada que sea manchado o pecaminoso. Ahora
bien, según los evangélicos no hay Purgatorio porque no figura en la Biblia y
Cristo salva a todos, menos a los que se condenan. Para
nosotros, los católicos hay Purgatorio y en cuanto a su duración podemos
decir que después que venga Jesús por segunda vez y se ponga fin a la
historia de la humanidad, el Purgatorio dejará de existir y sólo habrá Cielo
e Infierno. Por
consiguiente, según nuestra fe católica, se pueden ofrecer oraciones,
sacrificios y Misas por los muertos, para que sus almas sean purificadas de
sus pecados y puedan entrar cuanto antes a la gloria a gozar de la presencia
divina. Los evangélicos insisten en que la palabra «Purgatorio» es una pura
invención de los católicos y que ni siquiera este nombre se halla en la
Biblia. Nosotros argumentamos que tampoco está en la Biblia la palabra
«Encarnación» y, sin embargo, todos creemos en ella. Tampoco está la palabra
«Trinidad» y todos, católicos y evangélicos, creemos en este misterio. Por
tanto, su argumentación no prueba nada. En
definitiva, el porqué de esta diferencia es muy sencillo. Ellos sólo admiten
la Biblia, en cambio para nosotros, los católicos, la Biblia no es la única
fuente de revelación. Nosotros tenemos la Biblia y la Tradición. Es decir, si
una verdad se ha creído en forma sostenida e ininterrumpida desde Jesucristo
hasta nuestros días es que es dogma de fe y porque el Pueblo de Dios en su
totalidad no puede equivocarse en materia de fe porque el Señor ha
comprometido su asistencia. Es el mismo caso de la Asunción de la Virgen a
los cielos, que si bien no está en la Biblia, la Tradición cristiana la ha
creído y celebrado desde los primeros tiempos, por lo que se convierte en un
dogma de fe. Además esto lo ha reafirmado la doctrina del Magisterio durante
los dos mil de fe de la Iglesia Católica. La
Tradición de la Iglesia Católica La
Tradición constante de la Iglesia, que se remonta a los primeros años del
cristianismo, confirma la fe en el Purgatorio y la conveniencia de orar por
nuestros difuntos. San Agustín, por ejemplo, decía: «Una lágrima se evapora,
una rosa se marchita, sólo la oración llega hasta Dios». Además, el mismo
Jesús dice que «aquel que peca contra el Espíritu Santo, no alcanzará el
perdón de su pecado ni en este mundo ni en el otro» (Mt. 12, 32). Eso revela
claramente que alguna expiación del pecado tiene que haber después de la
muerte y eso es lo que llamamos el Purgatorio. En consecuencia, después de la
muerte hay Purgatorio y hay purificación de los pecados veniales. El
Apóstol Pablo dice, además, que en el día del juicio la obra de cada hombre
será probada. Esta prueba ocurrirá después de la muerte: «El fuego probará la
obra de cada cual. Si su obra resiste al fuego, será premiado, pero si esta
obra se convierte en cenizas, él mismo tendrá que pagar. El se salvará pero
como quien pasa por el fuego» (1 Cor. 3, 15). La frase: «tendrá que pagar» no
se puede referir a la condena del Infierno, ya que de ahí nadie puede salir.
Tampoco puede significar el Cielo, ya que allá no hay ningún sufrimiento.
Sólo la doctrina y la creencia en el Purgatorio explican y aclaran este pasaje.
Pero, además, en la Biblia se demuestra que ya en el Antiguo Testamento,
Israel oró por los difuntos. Así lo explica el Libro II de los Macabeos (12, 42-46), donde se dice que Judas Macabeo,
después del combate oró por los combatientes muertos en la batalla para que
fueran liberados de sus pecados. Dice así: «Y rezaron al Señor para que
perdonara totalmente de sus pecados a los compañeros muertos». Y también en 2
Timoteo 1, 1-18, San Pablo dice refiriéndose a Onesíforo:
«El Señor le conceda que alcance misericordia en aquel día». Resumiendo,
entonces, digamos que con nuestras oraciones podemos ayudar a los que están
en el Purgatorio para que pronto puedan verse libres de sus sufrimiento y ver
a Dios. No
obstante, como que en la práctica, cuando muere una persona, no sabemos si se
salva o se condena, debemos orar siempre por los difuntos, porque podrían
necesitar de nuestra oración. Y si ellos no la necesitan, le
servirá a otras personas, ya que en virtud de la Comunión de los Santos
existe una comunicación de bienes espirituales entre vivos y difuntos. Esto
explica aquella costumbre popular de orar «por el alma más necesitada del
Purgatorio». Las
catacumbas En
las catacumbas o cementerios de los primeros cristianos, hay aún esculpidas
muchas oraciones primitivas, lo que demuestra que los cristianos de los
primeros siglos ya oraban por sus muertos. Del siglo II es esta inscripción:
«Oh Señor, que estás sentado a la derecha del Padre, recibe el alma de
Nectario, Alejandro y Pompeyo y proporciónales algún alivio». Tertuliano (año
160-222) dice: «Cada día hacemos oblaciones por los difuntos». San Juan
Crisóstomo (344-407) dice: «No en vano los Apóstoles introdujeron la
conmemoración de los difuntos en la celebración de los sagrados misterios.
Sabían ellos que esas almas obtendrían de esta fiesta gran provecho y gran
utilidad» (Homilía a Filipo, Nro.
4). Amigos
y hermanos míos, creo que les quedará bien claro este punto tan importante de
nuestra fe. Quien se profese católico no sólo puede sino que debe orar por sus
difuntos Y
aquí cabe una pregunta: ¿Cómo queremos que nos recuerden nuestros amigos y
familiares cuando nos muramos, con o sin oración? Por
lo menos entre los católicos, todos dirán que su deseo es que oren por ellos
y que se les recuerde con la Santa Misa, porque aunque un católico muera con
todos los sacramentos, siempre puede quedar en su alma alguna mancha de
pecado y por eso conviene orar por ellos. Este es el sentir de la Iglesia
Católica desde sus comienzos. En
lo que se refiere al Purgatorio hay que agregar que no es como una segunda
oportunidad para que la persona establezca una recta relación con Dios. La
conversión y el arrepentimiento deben darse en esta vida. Los
católicos, pues, no nos contentamos solamente con cantar alabanzas y glorificar
a Dios, sino que elevamos plegarias a Dios y a la Santísima Virgen por
nuestros difuntos y con más razón en los días inmediatos a su muerte. La
oración por los difuntos Los
primeros misioneros que evangelizaron América introdujeron la costumbre, que
aún perdura en algunos lugares, de reunirse y hacer un velorio que se
prolonga por una semana o nueve días. Se reza aún una Novena en la que los
familiares se congregan para acompañar a los deudos y ofrecen a Dios
oraciones por el difunto. También la Iglesia, desde tiempo inmemorial,
introdujo la costumbre de celebrar el día 2 de Noviembre dedicado a los
difuntos, día en el que los católicos vamos a los cementerios y, junto con
llevar flores, elevamos una oración por nuestros seres queridos. Los
evangélicos, por lo general, sólo alaban a Dios por los favores que Dios le
concedió al difunto. Pocas son las sectas que oran por ellos. En materia
doctrinal, hay mucha variedad entre una secta y otra, ya que, como
interpretan la Biblia según su libre albedrío, cada iglesia y cada persona
tienen su propio criterio. En
cambio, entre los católicos sabemos que cualquier texto de la Escritura no
debe ser objeto de interpretación personal, sino que la Iglesia, inspirada
por el Espíritu Santo, nos revela a través de sus pastores el verdadero
sentido de cada texto. Y en este sentido, el Papa es el garante la verdad
revelada, es decir, del depósito de la Fe. Así, el Papa nos confirma en que
nuestra Fe es la misma de los primeros cristianos, y la misma que perdurará
hasta el fin de los tiempos. Digamos,
para terminar, que los católicos no sólo podemos orar por los difuntos, sino
que éste es un deber cristiano que obliga, especialmente, a los familiares y
a los amigos más cercanos. Orar
por los vivos y por los difuntos es una obra de misericordia. De la misma
manera que ayudaríamos en vida a sus cuerpos enfermos, así, después de
muertos, debemos apiadarnos de ellos rezando por el descanso eterno de sus
almas. Ente
los católicos la tradición es orar por los difuntos y en lo posible celebrar
la Santa Misa por su eterno descanso. Dice
la Liturgia: "dales, Señor, el descanso eterno y brille para ellos la
luz eterna" Y
san Agustín dijo:"Una lágrima se evapora, una flor se marchita, sólo la
oración llega al trono de Dios". Cuestionario: ¿Cuál
es la respuesta protestante al respecto? ¿Cuál es la respuesta católica? ¿Qué
acontece después de la muerte del ser humano? ¿Hay Purgatorio? ¿Que sostiene
la Tradición de la Iglesia Católica? ¿Qué frases, al respecto, hay escritas
en las catacumbas junto a los sepulcros martiriales? ¿Qué día la Iglesia
dedica a orar de forma especial por los difuntos? |
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Pedro Sergio Antonio Donoso Brant |