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CREADA EL 12 DE FEBRERO DE 2002 PAGINA WEB DE PEDRO DONOSO BRANT Reflexiones sobre Dios Jesús Marti Ballester AMOR DE DIOS La voluntad, como
potencia o motor del alma, produce múltiples afectos, a saber, amor, odio,
deseo, temor, tristeza, gozo e ira. El acto más característico y propio de la
voluntad es el amor y sólo el amor y el gozo caben en la voluntad Dios; los
otros, que entrañan imperfección, no caben en Dios, como explica Santo Tomás
en la cuestión 20 de DIOS ES AMOR Dios en DIOS AMA A TODAS LAS CRIATURAS Se pregunta Santo
Tomás en el segundo artículo si Dios ama a todas las criaturas. Acudamos a Pero es verdad
que el amor de Dios supera la comprensión humana y nos pone en una situación
difícil de resolver. Sólo por OBJETO FORMAL DEL AMOR DE DIOS. Pero ¿qué es lo
que Dios ama, para seguir siendo Dios? Porque si Dios ama algo que no sea El
mismo, deja de ser infinito, que, por serlo, no le falta ninguna perfección.
Dios ama a Sí mismo como Sumo Bien y, de su mismo bien y bondad nace el deseo
de participar su mismo bien, y por razón de la difusividad
del bien, ama el bien suyo que hay en cada criatura. Cuando algunos
filósofos, como Kant, Hermes, Gunther y Laberthoniere, acusan a Dios de
egoísmo trascendental, porque ama todas las cosas en orden a él mismo,
ignoran la naturaleza del amor, que en Kant es lógico, porque niega a la
naturaleza humana la capacidad de captar la esencia del ser, lo que es falso,
porque puede conocer las leyes más íntimas de la realidad, como la
desintegración del átomo y el descubrimiento del genoma humano. Y, sobre
todo, ignoran la condición de la perfección de Dios, que si amara algo que no
fuera él como objeto primario, lo que amara, le faltaría a él y entonces ya
no sería Dios; porque si Dios es infinitamente perfecto, en ese caso no lo
sería, pues le faltaría la perfección que buscaría en otro ser. Por otra parte,
egoísmo es amar buscando su bien propio sacrificando todo lo demás, pero Dios
busca siempre el bien de todas sus criaturas y no puede amar en ellas más que
el bien, la bondad, la verdad y la belleza que él les ha comunicado o les
está comunicando. SANTO TOMÁS Y SAN JUAN DE La autoridad
teológica de Santo Tomás es excelsa. Podríamos citar un rimero apabullante de
testimonios. Valgan entre todos, los del Cardenal Sforza Pallavicini, que
dice: “Los más grandes elogios que se han tributado al Doctor Angélico,
siempre son inferiores a sus méritos, como el sol es más grande en realidad,
que lo que aparece en la tierra. Yo sigo su doctrina y la seguiría aunque me
la prohibiesen. El Padre Luis de PODER UNITIVO DEL AMOR Por otra parte,
el amor tiene poder unitivo. Cuando uno se ama a sí mismo, quiere el bien
para sí, y busca incorporar ese bien a sí mismo poseyéndolo, con lo cual se
une el que ama con el bien que ama. Y cuando amamos y deseamos el bien para
otro, consideramos a ese otro como nuestro mismo yo, es decir, incorporamos a
aquellos para quienes queremos el bien a nuestro propio yo, porque al
desearles el bien a ellos, los consideramos como una prolongación de nuestra
misma persona, por eso el amor une. La palabra revelada lo expresa con mucha
plasticidad cuando nos narra el amor de Jonatán,
hijo del rey Saúl, a su amigo David: "Conglutinó el alma de Jonatán con el alma de David". De donde si el amor
de un hombre para con otro hombre fue tan fuerte que pudo conglutinar un alma
con la otra, ¿qué será la conglutinación que hará el alma con el esposo Dios,
el amor que tiene el alma al mismo Dios, especialmente siendo Dios aquí el
principal amante?" (Ib C 31,2). Por eso Dios no
quiere de nosotros otra cosa más que amor, porque, como nos ama y El sabe que
no nos puede venir el bien más que de la unión con El, Sumo Bien, y sólo el
amor nos une con El, queriendo engrandecernos, desea nuestro amor. Como no
hay otra cosa en que más nos pueda engrandecer que igualándonos consigo
mismo, por eso solamente se sirve de que le amemos, porque la propiedad del
amor es igualar al que ama con la cosa amada" (Ib
Anotación para AL UNIR EL AMOR IDENTIFICA E IGUALA Porque el amor
identifica, al unificar, iguala. Es como el agua mezclada con el vino que se
convierte y se hace vino. EL AMOR ETERNO Y GRATUITO DE DIOS A lo largo de su
historia, Israel descubrió que Dios sólo tenía una razón para revelársele y
escogerlo entre todos los pueblos como pueblo suyo: su amor gratuito. Israel
comprendió, gracias a sus profetas, que también por amor, Dios no dejó de
salvarlo y de perdonarle su infidelidad y sus pecados. El amor de Dios a
Israel es comparado al amor de un padre a su hijo. Es más fuerte que el amor
de una madre a sus hijos. Dios ama a su pueblo más que un esposo a su amada;
vencerá las peores infidelidades; llegará hasta el don más precioso de su Hijo
único. El amor de Dios es eterno. "Porque los montes se distanciarán y
las colinas se moverán, mas mi amor no se apartará de tu lado" (Is
54,10). "Con amor eterno te he amado: por eso he reservado gracia para
tí" (Jr 31,3). Pero San Juan irá todavía más lejos
al afirmar: "Dios es Amor"; el ser mismo de Dios es Amor. Al enviar
en la plenitud de los tiempos a su Hijo único y al Espíritu de Amor, Dios
revela su secreto más íntimo; El mismo es una eterna comunicación de amor:
Padre, Hijo y Espíritu Santo, y nos ha destinado a participar en El"
(CIC, 218). “Dios es Amor” es la definitiva clave de bóveda de la verdad
sobre Dios, que se abrió camino mediante numerosas palabras y muchos
acontecimientos, hasta convertirse en plena certeza de la fe con la venida de
Cristo, y sobre todo con su cruz y su resurrección. La fe de Santa Teresa
llena de gratitud exclamará: “Me amas más de lo que yo me puedo amar ni
entiendo" Sin tener que amar amáis / Engrandecéis nuestra nada". DIOS DEMUESTRA SU AMOR EN “Al hombre,
atormentado por la duda y el pecado, ha dicho hoy el Papa, citando el
Evangelio de Juan, DEL DIOS PODEROSO AL DIOS DEBIL Pero he ahí que
el Dios que los judíos nunca pudieron comprender que tuviera un Hijo, Jesús,
se convierte en un Dios débil y humillado, anonadado. Vendido por Judas,
negado por Pedro, juzgado por el Sanedrín, por Herodes y Pilato, preferido
por los judíos a Barrabás, un bandido, abofeteado, azotado, escupido por los
soldados, coronado de espinas, abochornado y burlado con un manto escarnio de
púrpura, mofado como rey de burla, pedido para ser crucificado. Condenado a
muerte, escarnecido en "El subía
bajo el follaje gris, - todo gris y confundido con el olivar, - y metió su
frente llena de polvo - muy dentro de lo polvoriento de sus manos calientes”.
(Rilke). 5. El velo del
Templo se rasgó. Ante la debilidad espantosa de Dios, debe rasgarse también
nuestro concepto del Dios del Antiguo Testamento. Debemos aceptar a un Dios
humillado, que se encarna en la debilidad humana y que quiere ser el servidor
de todos y el que está en los pequeños, en los sin cultura, en los marginados
y en los torturados de todas las sociedades: "lo que hacéis a uno de mis
pequeños, a mí me lo hacéis". Sin penetrar en
la mística terrible del Mysterium iniquitatis se comprende un poco que se admita la muerte
de Jesucristo como sola una voluntad perversa de los que no le admitieron, y
entonces no sé qué exégesis correcta podrá hacerse del texto revelado de la
carta a los Hebreos 10,1-18. TANTO DOLOR CORRESPONDE A TANTO AMOR ¿Por qué tanto
dolor, Señor? ¿Por qué tanta humillación? Tantas palabras, tanta formación,
tantos desvelos, tanto amor malbaratado, tanta angustia y zozobra, pobreza y
sufrimiento, cobardía y mediocridad, ¿Por qué tanta tibieza en defender lo que
sabes que es la verdad, cuando tienes tantas agallas para ponerte en tu sitio
cuando tu amor propio te empuja? ¿Por que tanta sangre, Señor? ¡Qué gran amor
el tuyo y el de tu Padre, que te entrega para que participemos de vuestra
vida trinitaria y feliz por siempre! Te adoramos, Cristo y te bendecimos
porque por tu santa Cruz has redimido al mundo. Los novillos de Basán se han desbocado, los mastines en
jauría me acorralan, la soledad es
total, cruda y sarcástica, cual la hiel de ¡Ay si me
descubrieses por un tiempo, aunque breve, tu
faz de amor dulcísimo, Jesús del
terremoto, Jesús de mi agonía! ¡Ay si tus ojos
deslumbrantes me miraran! Pero no, es la
hora inexorable del misterioso
poder de las tinieblas, la de la angustia
y dolor sin analgésico, la del frenesí y de la locura sin fronteras. Getsemani y
lluvia de sangre, Señor Jesús, no
es poesía. Getsemaní es
amar, morder el polvo, como un mar sin riberas en tus brazos. Los pies y las
manos taladrados, ya en alrededor se oyen gritos y golpes de martillos. Martillos y
puñales y lanzadas. y palabras y
palabras y palabras, envenenadas con caridad por vaselina. Pretextando y
juzgando LEY en mano, Por no haber
asimilado su doctrina. Y se levanta en un silencio
escalofriante de dolor y de ignominia. Allí estás Tú, mi
Jesucristo, Maestro,
Redentor, hecho un gusano. Tiritando de
fiebre y despojado, sin honor, sin
amor, hecho un leproso, te me acercas y
me eclipsan tus tinieblas, y me quemas, y me incendias y...te alejas. Jesús- Dios en el
cepo y ultrajado. ¡No hay piedad
para Ti, Tú que la diste la inagotables chorros a cualquiera! -¡Blasfemo!- oyes
que te gritan, y Tú callas... Cierras tus ojos
bellos para mirar al Padre, y pides perdón para los deicidas... Otra vez los
abres y nos das a tu hermosa
Madre traspasada, y le prometes al ladrón Tienes sed y la
sufres, Tú, la fuente, eres Pastor y te
quedas sin ovejas, y al morir, tu Iglesia es María y Juan y Magdalena. Y aunque Pedro te
negó, no lo desechas. Les disculpas y
rocías con tu Sangre. A tu Padre le
dices que qué saben... Ese es el Amor,
el de tu Reino, el que nos dejas como Ley, Valor Supremo. Todo está ya
cumplido, ¿qué más queda?... Que tu Cuerpo
consumido dé cosecha, de flores y
esmeraldas y olorosas Primaveras. El Ungido está
aquí, el Seducido espera. ¿Qué hay en tu
corazón que, triturado, sigue, mientras sangra y llora a gritos, perdonando? Dime ¿Qué hay en
tu corazón, Maestro, que soy un aprendiz y no comprendo? El Padre te
abandona y Tú le gritas, tu garganta
reseca balbucea, el clamor del
populacho se desploma sobre tu Cuerpo Santo y tu alma bella. Y Tú en sin huir, ni maldecir, ni fulminar un rayo... ¡Esa fuerza,
Señor, no es la de un hombre! ¡Esa fuerza es la
de un Dios Crucificado! Pedro Sergio Antonio Donoso Brant |