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CREADA EL 12 DE FEBRERO DE 2002 PAGINA WEB DE PEDRO DONOSO BRANT Reflexiones sobre Dios Jesús Marti Ballester BELLEZA Y HERMOSURA DE DIOS La belleza y hermosura, equivalen a la
bondad y constituyen el tercer trascendental cuya raíz es la forma y la
figura, la imagen. Entre lo bueno, lo bello y lo hermoso hay una reciprocidad
y por eso lo que es bello y hermoso, es también bueno. Una diferencia hay, y
es que lo bueno es deseado por el apetito, sensitivo o espiritual: "Como
la cierva va sedienta a la corriente de las aguas, mi alma tiene sed del Dios
vivo" (Sal 41, 2). Es el hambre y la sed de la justicia. Dice
Aristóteles, que "bueno es lo que todos desean", y bello es lo que
el conocimiento y la vista reconocen como tal, por la calidad de su integridad,
armonía, proporción y claridad. Así consideramos hermoso y bello lo que
agrada a los sentidos que, de alguna manera, conocen y son también
entendimiento. Aquí es donde el apetito desmesurado de los sentidos, puede
cegar y desviar moralmente. Ante la figura de una estrella, moderna,
por poner un ejemplo, digamos Milla Javovich, cabe
la admiración y el deleite que produce la belleza, variable según los
tiempos, y el deslumbramiento. Ante la seducción de la belleza, migajas de
belleza de las criaturas, los hombres podemos idolatrarlas, olvidando la
hermosura del Creador, de la que procede toda la belleza intramundana
y celestial, como dice el libro de Cuando, como Santa Teresa de Jesús,
alguien ha visto algo de la hermosura de Dios (ella nos dice ingenuamente
que, cuando vio por primera vez una sola mano gloriosa de Cristo, quedó
desatinada), ya no ha podido detenerse en hermosuras creadas que, pálidas y
pobres, han quedado eclipsadas por ORIENTE Y OCCIDENTE Anteriormente he
señalado un modelo de belleza humana occidental. Para la cultura de Oriente,
el símbolo de la belleza y con ella de la armonía, la simetría y de la
nitidez significada en la blancura nacarina, es la flor de loto, que tiene
además la habilidad de flotar en el agua sin mojarse, que puede ser la norma
para gozar de las bellezas humanas de cualquier orden sin dejarse corromper
ni ajar por el movimiento, a veces turbulento y turbio de las aguas
pasionales y, como diría San Juan de Pedro Sergio Antonio Donoso Brant |