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CREADA EL 12 DE FEBRERO DE 2002 PAGINA WEB DE PEDRO DONOSO BRANT Reflexiones sobre Dios Jesús Marti Ballester CREER EN DIOS "CREO EN DIOS PADRE TODOPODEROSO
CREADOR DEL CIELO Y DE No conoceríamos del todo a Dios, ni
siquiera del modo imperfectísimo con que le podemos
conocer en la tierra, si después de haberle estudiado en sí mismo, no
intentáramos conocerle también en sus operaciones "ad extra", en
sus criaturas. Por eso siguiendo el orden que nos hemos trazado en estos
textos con la guía de Santo Tomás, dirigiremos una rápida mirada a Dios
Creador, y nos apoyaremos con los incisos de Santa Teresa en su meditación
contemplativa de la creación, en la de los Padres de "Creemos en un solo Dios, Padre
Omnipotente, Creador del cielo y de la tierra, de todas las cosas visibles e
invisibles". Juan dice "todas las cosas fueron hechas por El"
(Rom 2,36): "De El, y por El y en El son todas las cosas". Ningún
ser limitado puede crear en sentido estricto, porque crear es producir el ser
"de la nada". Pero para dar el ser a lo que no es, se requiere un
poder infinito y omnipotente, porque infinito es el abismo entre la nada y el
ser más pequeño. Los seres limitados sólo pueden modificar lo que ya existe. CREAR ES PRODUCIR DE CREAR es hacer algo en su totalidad, a
partir de "nada". El carpintero no hace la totalidad de la silla,
sino a partir de algo: la madera. El poeta no hace la totalidad de un poema:
lo hace a partir de conceptos y de palabras que ya existían o que ha
elaborado desde otras que ya existían. En cambio, Dios hace el universo sin
existencia previa de nada, sin ningún elemento anterior: "ex nihilo sui et subiecti".
Pero no en el sentido de que Dios utilice la nada como material para formar
el universo, porque la nada, es nada, y cuando se juega con la palabra nada
como si significara algo, sólo se hace un juego de palabras que no
corresponde a nada en la realidad, pues la nada ni siquiera es virtual. Aquí
la imaginación nos falla y nos traiciona. "Hacer algo de la nada"
es una operación inimaginable. Cuanto más queremos apoyarnos en la
imaginación para concebirlo, más confundidos nos encontramos. Porque la nada
no se puede representar, ni imaginar. De la nada no puede surgir algo. Sólo
la preexistencia del Ser en plenitud, con poder infinito, se puede obrar sin
nada previo. Dios no se vale de la nada, sino de su omnipotencia. Dios no
depende de nada ni en su ser ni en su obrar. El carpintero depende de sus
facultades y de la madera. Sin la madera podría ser un hábil carpintero pero
con su habilidad sin la madera, no podría hacer nada. La creación supone un
poder infinito, aunque el efecto, la criatura, sea un ser finito.
"Crear" quiere decir, pues, hacer de la nada, llamar a los dominios
de la nada a la existencia, formar un ser de la nada. El lenguaje bíblico
deja entrever este significado en la primera palabra del libro del Génesis:
"Al principio creó Dios los cielos y la tierra". El término
"creó" traduce el hebreo "bara"
-br-, que expresa una acción de extraordinaria
potencia, cuyo único sujeto es Dios. Con la reflexión post-exílica se comprende cada vez mejor el alcance de la
intervención divina inicial, que en el segundo libro de los Macabeos se
presenta como un producir "de la nada" (7,28). Los Padres de La verdad acerca de la creación es objeto
y contenido de la fe cristiana: únicamente está presente de modo explícito en
"Por la fe conocemos que los mundos
han sido dispuestos por la palabra de Dios, de suerte que de lo invisible ha
tenido origen lo visible (11,3). En la verdad de la creación se expresa el
pensamiento de que todo lo que existe fuera de Dios ha sido llamado a la
existencia por El. La madre de los siete hijos, de los que habla el libro de
los Macabeos, ante la amenaza de muerte, anima al más pequeño a profesar la
fe de Israel, diciéndole: "Mira el cielo y la tierra de la nada lo hizo
todo Dios y todo el linaje humano ha venido de igual modo" (2 Mac 7,28).
En LOS SIMBOLOS DE Esta fe es proclamada por las más antiguas
profesiones de fe, como el Símbolo Apostólico: "Creo en Dios Creador del
cielo y de la tierra"; y el Símbolo Niceno-Constatinopolitano:
"Creo en Dios Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo
invisible"; y el proclamado por el Papa Pablo VI en el Credo del Pueblo
de Dios; "Creemos en un solo Dios Creador de las cosas visibles, como el
mundo en que transcurre nuestra vida pasajera, de las cosas invisibles como
los espíritus puros que reciben el nombre de ángeles y Creador en cada hombre
de su alma espiritual e inmortal. El Apóstol Pablo en el Areópago de Atenas
dijo a los oyentes que se habían reunido allí: "Al pasar y contemplar
los objetos de vuestro culto, he hallado un altar en el cual está escrito: Al
Dios desconocido. Pues ése que sin conocerle veneráis es el que yo os
anuncio. El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que hay en El, es Señor
del cielo y de la tierra" (Hech 17,23). Lo confesamos en el Credo:
"Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo
invisible". Dice el Salmo 32,4: "Porque El lo dijo y se hicieron las
cosas: El lo mandó y existieron". "Alzad a los cielos vuestros ojos
y mirad: ¿Quién los creó?...: Dios", leemos en Hebreos 3,4: "Toda
casa es fabricada por alguno, pero el Hacedor de todas las cosas es
Dios" (Ex 20,11). "Todas las cosas fueron hechas por El" (Rom
11,36): "De El y por El y en El son todas las cosas" LAS PRUEBAS DE SANTO TOMAS Y EL MAGISTERIO
DE Santo Tomás prueba la creación del mundo
por Dios con el argumento de las cinco vías por las que se demuestra la
existencia de Dios. "Toda la economía divina es la obra común de las
tres personas divinas. Porque Dios creó el universo hace millones de
años. Pero aquel acontecimiento inefable, aquel acto creador que dio origen
al universo, y a nuestra propia vida, no es sólo algo del pasado, que no
tenga que ver con la existencia actual del universo y de nuestra propia
existencia. Precisamente porque Dios creó ex nihilo,
porque las criaturas de suyo nada son, no podemos continuar en la existencia
si Dios no sigue dándonos el ser, si no sigue manteniéndonos en la
existencia. Hay en el núcleo de la criatura una insuficiencia radical; de
manera que si la criatura fuese abandonada por Dios, dejaría de ser ipso facto, volvería a ser lo que de suyo fue, nada. La
acción creadora se requiere no sólo al comenzar a existir, sino también para
mantener en la existencia y para aumentar la perfección. El carpintero hace
una mesa y la mesa sigue existiendo, aunque pase a otras manos. Una vez
hecha, la mesa no necesita para nada del carpintero. Dios ha hecho todo de la
nada, y si abandonara su obra, el universo volvería a caer en la nada. Al ser
la "nada" como el "material" de que Dios hace las cosas,
sin Dios nos quedamos en la nada. En la creación la criatura es totalmente
pasiva. Si nos ponemos delante el espejo, nuestra imagen se refleja. Pero
sólo está allí mientras estamos delante del espejo. Si desaparecemos
desaparece la imagen del espejo. Porque la imagen no está hecha del espejo ni
ha sido hecha por el espejo. El espejo no pone nada, sólo recibe, es
totalmente pasivo. Si Dios "se fuera" del universo, el universo
desaparecería. Dios crea un mundo ordenado y bueno de la nada y El, que
trasciende toda la creación, está también presente en ella. "Realizada la creación, Dios no
abandona su criatura a ella misma. No sólo le da el ser y el existir, sino
que la mantiene a cada instante en el ser, le da el obrar y la lleva a su
término. Reconocer esta dependencia completa con respecto al Creador es
fuente de sabiduría y de libertad, de gozo y de confianza". DIOS CREA PARA PARTICIPAR SU PERFECCION Y
SU BONDAD. Dice Santo Tomás: "Todo agente obra
por un fin. El primer agente no puede obrar para adquirir algún fin, sino
para comunicar su perfección y bondad, lo contrario que todas las criaturas
que, cuando obran, intentan conseguir su perfección, que consiste en una
semejanza de la perfección y bondad de Dios". Santa Teresa nos invitará
a alabar al Señor, porque "Quiere este gran Dios de Israel ser alabado
en sus criaturas". Dice el Papa Juan Pablo II: "La catequesis sobre
EL CANTO DE LOS TRES JOVENES EN EL HORNO Al cantar este cántico, el creyente
cristiano es invitado a contemplar el mundo de la primera creación, intuyendo
en él el perfil de la segunda, inaugurada con la muerte y la resurrección del
Señor Jesús. Y esta contemplación lleva a todos a entrar, casi bailando de
alegría, en la única Iglesia de Cristo. "De la misma manera que quien
mira al mundo sensible deduce por medio de las cosas visibles la belleza
invisible, así quien mira a este nuevo mundo de la creación eclesial ve en él
a Aquel que se ha hecho todo en todos llevando la mente, por medio de las
cosas comprensibles por nuestra naturaleza racional, hacia lo que supera la
comprensión humana" (Langerbeck). Los seres
humanos, debemos unir a este concierto de alabanza nuestra voz alegre y
confiada, acompañada por una vida coherente y fiel. Sidrac,
Misac y Abdénago, en
hebreo, Ananías, Azarías y Misael,
liberados por el ángel del Señor de las llamas voraces del horno encendido,
alimentadas con petróleo, pez, estopa y leña, cantaban al unísono. Leemos en
el libro de Daniel: "Entonces, aquellos tres jóvenes, como si no tuviesen
los tres sino una sola boca, alababan y glorificaban y bendecían a Dios en
medio del horno, diciendo: "Bendito seas tú, ¡oh Señor Dios de
nuestros padres!, y digno eres de loor, y de gloria, y de ser ensalzado para
siempre; bendito sea tu santo y glorioso Nombre, y digno de ser alabado y
sobremanera ensalzado en todos los siglos. Bendito eres tú en el templo santo
de tu gloria, y sobre todo, loor y toda gloria por todos los siglos de los
siglos. Bendito eres tú en el trono de tu reino, y todo loor y toda gloria
por todos los siglos. Bendito eres tú que con tu vista penetras los abismos,
y estás sentado sobre querubines, y eres digno de loor, y de ser ensalzado
por todos los siglos. Bendito eres tú en el firmamento del cielo, y digno de
loor, y de gloria por todos los siglos. Obras todas del Señor, bendecid al
Señor, y loadle y ensalzadle sobre todas las cosas por todos los siglos.
Ángeles del Señor, bendecid al Señor: loadle y ensalzadle sobre todas las
cosas por todos los siglos. Cielos, bendecid al Señor, alabadle y ensalzadle
sobre todas las cosas por todos los siglos. Aguas todas que estáis sobre los
cielos, bendecid al Señor, alabadle y ensalzadle por todos los siglos.
Virtudes todas, o milicias celestiales, bendecid vosotras al Señor, loadle y ensalzadle
por todos los siglos. Sol y luna, bendecid al Señor, loadle y ensalzadle por
todos los siglos. Estrellas del cielo, bendecid al Señor, loadle y ensalzadle
por todos los siglos. Lluvias todas y rocíos, bendecid al Señor, alabadle y
ensalzadle por todos los siglos. Espíritus o vientos de Dios, bendecid todos
vosotros al Señor, loadle y ensalzadle por todos los siglos. Fuego y calor,
bendecid vosotros al Señor, loadle y ensalzadle por todos los siglos. Frío y
calor, bendecid al Señor, loadle y ensalzadle por todos los siglos. Rocíos y
escarchas, bendecid al Señor, loadle y ensalzadle por todos los siglos.
Hielos y fríos, bendecid al Señor, loadle y ensalzadle por todos los siglos.
Heladas y nieves, bendecid al Señor, loadle y ensalzadle por todos los
siglos. Noches y días, bendecid al Señor, loadle y ensalzadle por todos los
siglos. Luz y tinieblas, bendecid al Señor, loadle y ensalzadle por todos los
siglos. Relámpagos y nubes, bendecid al Señor, loadle y ensalzadle por todos
los siglos. Bendiga al Señor la tierra, alábele y ensálcele sobre todas las
cosas por todos los siglos. Montes y collados, bendecid al Señor, loadle y
ensalzadle por todos los siglos. Plantas todas que nacéis en la tierra,
bendecid al Señor, loadle y ensalzadle por todos los siglos. Fuentes,
bendecid al Señor, loadle y ensalzadle por todos los siglos. Mares y ríos,
bendecid al Señor, loadle y ensalzadle por todos los siglos. Ballenas y peces
todos, que giráis por las aguas, bendecid al Señor, loadle y ensalzadle por
todos los siglos. Aves todas del cielo, bendecid al Señor, loadle y
ensalzadle por todos los siglos. Bestias todas y ganados, bendecid al Señor,
loadle y ensalzadle por todos los siglos. ¡Oh hijos de los hombres!, bendecid
al Señor, loadle y ensalzadle por todos los siglos. Bendiga Israel al Señor,
alábele y ensálcele por todos los siglos. Sacerdotes del Señor, bendecid al
Señor, loadle y ensalzadle por todos los siglos. Siervos del Señor, bendecid
al Señor, loadle y ensalzadle por todos los siglos. Espíritus y almas de los
justos, bendecid al Señor, loadle y ensalzadle por todos los siglos. Santos y
humildes de corazón, bendecid al Señor, alabadle y ensalzadle por todos los
siglos. Ananías, Azarías y Misael,
bendecid al Señor, loadle y ensalzadle por todos los siglos. Porque él nos ha
salvado del sepulcro, y librado de las manos de la muerte, y nos ha sacado de
en medio de las ardientes llamas, y libertado del fuego del horno. Tributad
las gracias al Señor, porque es tan bueno, y por ser eterna su misericordia.
Vosotros todos, los que dais culto al Señor, bendecid al Dios de los dioses,
loadle y tributadle gracias, porque su misericordia permanece por todos los
siglos" (Dan 3,49). La escena de los tres jóvenes en el horno
de Babilonia es una de las páginas del Antiguo Testamento que más ha usado EL CANTICO DE El Papa Juan Pablo II, ha dedicado una
catequesis a glosar el cántico de los tres jóvenes que, dice, hace desfilar
ante nuestros ojos una especie de procesión cósmica, que parte del cielo
poblado de ángeles, donde brillan también el sol, la luna y las estrellas.
Desde allí Dios derrama sobre la tierra el don de las aguas que están sobre
los cielos, es decir, la lluvia y el rocío. Pero he aquí que soplan los
vientos, estallan los rayos e irrumpen las estaciones con el calor y el frío,
con el ardor del verano, pero también con la escarcha, el hielo y la nieve.
El poeta incluye también en el canto de alabanza al Creador el ritmo del
tiempo, el día y la noche, la luz y las tinieblas. Por último, la mirada se
detiene también en la tierra, partiendo de las cimas de los montes,
realidades que parecen unir el cielo y la tierra. Entonces se unen a la
alabanza a Dios las criaturas vegetales que germinan en la tierra, las
fuentes, que dan vida y frescura, los mares y ríos, con sus aguas abundantes
y misteriosas. En efecto, el cantor evoca también «los monstruos marinos»
junto a los cetáceos, como signo del caos acuático primordial al que Dios
impuso límites que es preciso respetar. Viene luego el vasto y variado reino
animal, que vive y se mueve en las aguas, en la tierra y en los cielos (Dn 3,80). El último actor de la creación que entra en
escena es el hombre. En primer lugar, la mirada se extiende a todos los
«hijos del hombre»; después, la atención se concentra en Israel, el pueblo de
Dios; a continuación, vienen los que están consagrados plenamente a Dios, no
sólo como sacerdotes sino también como testigos de fe, de justicia y de
verdad. Son los «siervos del Señor», las «almas y espíritus justos», los
«santos y humildes de corazón» y, entre estos, sobresalen los tres jóvenes,
Ananías, Azarías y Misael,
portavoces de todas las criaturas en una alabanza universal y perenne.
Constantemente han resonado los tres verbos de la glorificación divina, como
en una letanía: «bendecid», «alabad» y «exaltad» al Señor. Esta es el alma
auténtica de la oración y del canto: celebrar al Señor sin cesar, con la
alegría de formar parte de un coro que comprende a todas las criaturas. LOS PADRES DE Algunos santos Padres de "Quien mira al mundo sensible deduce
por medio de las cosas visibles la belleza invisible, así quien mira a este
nuevo mundo de la creación eclesial ve en él a Aquel que se ha hecho todo en
todos llevando la mente, por medio de las cosas comprensibles por nuestra
naturaleza racional, hacia lo que supera la comprensión humana" (Langerbeck). Al cantar este cántico, el creyente
cristiano es invitado a contemplar el mundo de la primera creación, intuyendo
en él el perfil de la segunda, inaugurada con la muerte y la resurrección del
Señor Jesús. Y esta contemplación lleva a todos a entrar, casi bailando de
alegría, en la única Iglesia de Cristo. EL ORDEN EN Leemos en el
Génesis: "En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra
era un caos informe" (Gén 1,1). Dios es un Dios de orden. Él lo creo
todo ordenadamente. El hombre debe mantener, por lo menos el orden original,
en lo ecológico y, sobre todo, en lo viviente. Y debe poner los medios para
que el orden impuesto por el Creador, prospere según los avances de la
ciencia, para que el Creador encuentre la colaboración que, no sólo conserve
el gran regalo que nos ha hecho con la maravilla de la creación, sino que
pueda hacer prosperar las obras de nuestras manos por nuestro trabajo y orden
respetuoso y reverente. Los hombres formamos parte de la gigantesca sinfonía
de toda la creación que glorifica al Señor, sin manipularla, con mística
actitud contemplativa, con el recato tímido de nuestra pobreza y obediencia
virginal, como sacerdotes y liturgos de este mundo
bello y bendito. Pedro Sergio
Antonio Donoso Brant |