|
PAGINA
CREADA EL 12 DE FEBRERO DE 2002 PAGINA WEB DE PEDRO DONOSO BRANT Reflexiones sobre Dios Jesús Marti Ballester INMUTABILIDAD Y ETERNIDAD DE DIOS Esto dice La palabra de Santo Tomás argumenta la inmutabilidad de
Dios desde la demostración de que Dios es Acto Puro, ser simplicísimo de
perfección infinita. Porque si es Acto Puro no hay en él potencia, que es
propia del ser mudable. Si es infinito debe tener todas las perfecciones, y
el ser mudable lo es, o porque adquiere una perfección nueva, o porque la
pierde, y en un caso y en otro, deja de ser infinito. Pero como Dios es
infinito es también inmutable, atributo que, por otra parte, sólo es propio
de Dios. ETERNIDAD DE DIOS. Si Dios es inmutable es también eterno,
porque la eternidad es consecuencia de la inmutabilidad. Pruebas de la
sagrada Escritura: "Antes que naciesen los montes o fuera engendrado el
orbe de la tierra, desde siempre y por siempre tú eres Dios" (Sal 89,2).
"Ha establecido el poder de su sabiduría, es el único desde la
eternidad, no puede crecer ni menguar ni le hace falta un maestro" (Ecclo 42,21). "Yo soy el Alta y Dice Santo Tomás: "El concepto de
eternidad se deriva del de inmutabilidad y como Dios es absolutamente
inmutable es ser eterno; y no solamente es eterno, sino que es su misma
eternidad". En consonancia con esta doctrina escribe
Santa Teresa: “Dios no se muda.
“Bendito seáis Vos, Dios y Señor mío, que sois inmutable por siempre
jamás, amén; quien os sirviere hasta el fin, vivirá sin fin en vuestra
eternidad”. Y comenta el Cardenal Newman: “Ha existido un estado en que Dios
vivió solo para sí y no había nada fuera de El, ni la tierra ni el cielo, ni
el sol, ni las estrellas, ni el espacio ni el tiempo, ni ninguna clase de
seres, ni hombres, ni ángeles. Todo era silencio, todo era quietud, sólo Dios
existía. Y este estado no duró solo un momento, fue un estado de infinita duración,
existió siempre y era lo normal, viniendo COMO DIOS ES ETERNO NOS HACE ETERNOS Dios no sólo él es eterno, sino que nos ha
hecho a nosotros eternos por gracia. Saboreemos el testimonio de San
Pablo:"Sabemos que, si nuestra mansión terrena, esta tienda de campaña
se derrumba, tenemos un edificio que viene de Dios, un albergue eterno en el
cielo, no construido por hombres" (2Cor 5,1). En el Libro de Daniel
12,3, leemos: "Los maestros brillarán como brilla el firmamento, y los
que convierten a los demás, como las estrellas, eternamente". Leemos en el evangelio de Juan: “Esta es
la voluntad de mi Padre, que todo el que ve al Hijo y cree en él tenga la
vida eterna, y yo le resucite el ultimo día'" (Jn 6,40). Y San Pablo:
"Quien sembrare en su carne, de la carne cosechará la corrupción; pero
quien siembre en el espíritu cosechará la vida eterna" (Col 6,8). San
Mateo, cita palabras de Jesús: "Y el Rey dirá a los de la izquierda:
Apartaos de mi, malditos, al fuego eterno, preparado para el diablo y para
sus ángeles" (Mt 26,41). El Profeta Isaías afirma: "Ya no será el
sol tu luz en el día, ni te alumbrará la claridad de la luna. Será el Señor
tu luz eterna” (Is 60,19). San Pablo le escribe a Tito, su discípulo querido:
"Dios nos ha hecho renacer por el bautismo y nos ha renovado por el
Espíritu Santo, que derramó sobre nosotros copiosamente por Jesucristo
Salvador Nuestro, para que, justificados por la gracia de Jesucristo,
vengamos a ser herederos de la vida eterna, conforme a la esperanza que
tenemos" (Tit 3,5). PENSAR EN Cuando Teresa de Jesús, aún niña, salía
por la puerta del Adaja, atravesando las murallas
de la ciudad de Ávila, acompañada de su hermano Rodrigo para ir a tierra de
moros a que los descabezaran por Cristo, susurraba al hermano que se cansaba:
“para siempre, para siempre, para siempre”. "Acaecíanos,
escribe en su Vida, estar muchos ratos tratando de esto y gustábamos de decir
muchas veces: ¡Para siempre, siempre, siempre! En pronunciar esto mucho rato
era el Señor servido me quedase en esta niñez impreso el camino de la
verdad". “Los hombres pasan, la verdad del Señor
permanece para siempre", dice Tomás de Kempis.
"En pasando esta vida, ya no hay enmienda. Esta vida es como el estadio:
O vencemos o somos vencidos. Quien ha sido vencido en el palenque, ¿trata de
luchar fuera del estadio para conquistar la corona perdida?”, ha escrito San
Agustín. "En aquella morada, los días no consisten en el empezar y en el
pasar uno después de otro, ni el comienzo de un día significa el fin del
anterior; todos los días se dan simultáneamente y ninguno se termina allí
donde ni la vida ni sus días tienen fin" (lb. Carta a Proba). Advierte San Gregorio Magno: "Todo
cuanto hacemos en este mundo apenas tiene duración hasta la muerte; y
llegando ésta, arranca el fruto de nuestro trabajo. Pero cuando trabajamos de
cara a la vida eterna, el fruto de nuestro trabajo permanece. Cuando se ha
llegado al conocimiento de las cosas eternas, dejan de tener importancia los
frutos temporales", Y el Abad Casiano: "Si tenemos fija la mirada
en las cosas de la eternidad y estamos persuadidos de que todo lo de este
mundo pasa y termina, viviremos siempre contentos y permaneceremos
inquebrantables en nuestro entusiasmo hasta el fin. Ni nos abatirá el
infortunio, ni nos ensoberbecerá la prosperidad, porque consideraremos ambas
cosas como caducas y transitorias". También, más actual, Juan Pablo II:
"Para madurar espiritualmente hasta la eternidad, el hombre no puede
crecer sólo en el terreno de la temporalidad. No puede poner su apoyo en la
carne, es decir, en sí mismo, en la materia. El hombre no puede construir
sólo sobre sí y "confiar'" solamente en el hombre. Debe crecer en
un terreno diverso del de lo transitorio y de lo caduco de este mundo
temporal. Es el terreno de la nueva vida, de la eternidad y de la
inmortalidad el que Dios ha puesto en el hombre, al crearlo a su propia
imagen y semejanza". EL EXTASIS DE SAN VIRILA DE LEIRE Termina Santo Tomás diciendo que la
eternidad sobrepasa a todo el tiempo presente incomparablemente más que mil
años a un solo día. Ilustremos esta afirmación con la leyenda, que es un
clásico teológico sobre los goces de la eternidad. A finales del siglo IX,
después del descubrimiento de la tumba del apóstol Santiago en Galicia,
existía el monasterio de San Salvador de Leiyre
(Navarra), que por su fervor, llamó la atención de San Eulogio en su viaje
por los Pirineos en 850. Escribió que allí conoció a "excelentes
varones, temerosos de Dios". El monasterio está enclavado en pleno
Camino de Santiago aragonés, en la vía que ance en Somport y pasa por Jaca en dirección a Puente San Virila, abad de Leire, cuya figura
histórica está perfectamente documentada en el Libro gótico da San Juan de Buscando en el archivo del cenobio
encuentran el nombre de un abad Virila “que se
había perdido en el bosque", hacía trescientos años. Este milagro causa
un gran revuelo, y canta la comunidad un Te Deum en acción de gracias. Al
final del canto, se oye la voz de Dios: "Virila,
tú has estado trescientos años oyendo el canto de un ruiseñor y te ha
parecido un instante. Los goces de la eternidad son mucho más
perfectos". Un ruiseñor entró por la puerta de la iglesia con un anillo
abacial en el pico, y lo colocó en el dedo del abad, que lo fue hasta que
Dios lo llamó a la gloria eterna. La leyenda ha tenido amplia repercusión
literaria en el mundo occidental. Consta en el monasterio benedictino
flamenco de Afflighem; en Francia es traducida par
el obispo de París y lo reproduce en 1212, Jacobo de Pedro Sergio
Antonio Donoso Brant |