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CREADA EL 12 DE FEBRERO DE 2002 PAGINA WEB DE PEDRO DONOSO BRANT Reflexiones sobre Dios Jesús Marti Ballester MISERICORDIA DE DIOS El Salmo 110,4 canta "El Señor es
compasivo y misericordioso". En la cuestión XXI artículo 3, Santo Tomás,
respondiendo a la dificultad de San Juan Damasceno, que niega en Dios la
misericordia, afirma que: "Se debe atribuir a Dios la misericordia en
grado máximo, no por lo que tiene de pasión, sino por su eficiencia. El
misericordioso, "miserum cor, tiene el corazón
lleno de miserias, y las miserias producen sufrimiento y llanto. A Dios no le
pertenece entristecerse por la miseria de otro, pero sí remediar esas
miserias como si fueran propias. Podemos estar seguros de que él pondrá
remedio a cualquier defecto de bien con sus perfecciones., que es lo que
remedia las deficiencias, porque como Dios lo puede todo, y su corazón se
compadece de todo, remediará todos los defectos de sus criaturas,
proporcionándoles todos los bienes y las perfecciones opuestos a las
miserias. En esta afirmación de ambos, tanto el Damasceno como el Angélico
consideran a Dios, aún no encarnado, única manera como conoce al Ser Absoluto
la filosofía aristotélica. La kenosis de Cristo es
una prueba de que padeció miserias, y Cristo era Dios: Hecho igual a nosotros
menos en el pecado, sí es Dios quien tiene en su corazón las miserias,
"'cargó sobre sí todas las iniquidades", podemos estar seguros de
que él remediará esas miserias como si
fueran propias, que lo son. Porque mi poder lo puede todo, y su corazón se
compadece de todo. Por eso Dios remediará todos los defectos de sus criaturas,
poporcionándo1es los bienes y las perfecciones opuestas a las miserias. Cuando Dios colma a Santa Teresa de
carismas místicos está acudiendo a sanar y a restañar sus limitaciones para
que pueda cumplir el ministerio a que la ha destinado. Ella lo comprende y lo
reconoce, tanto que al libro de su Vida lo llamará "de las misericordias
del Señor". Si la bondad de Dios comunica los bienes a
sus criaturas; la justicia de Dios concede los bienes en proporción a lo que
corresponde a cada ser. Conceder tos bienes y perfecciones para remediar las
miserias y defectos de las criaturas, sobre todo en el hombre, es obra de su
misericordia. EL MISMO ESPIRITU SANTO NOS TESTIFICA Llena está "Rasgad vuestros corazones, no
vuestras vestiduras, y convertíos al Señor, vuestro Dios, que es clemente y
misericordioso, tardo a la ira, grande en misericordia, y se arrepiente de
castigar" (Jl 2, 3). "Sabía que tú eres
Dios compasivo y clemente; paciente y misericordioso. Y que se arrepiente de
las amenazas" (Jon 4,2). "Tú eres, Señor, indulgente y piadoso, y
de gran misericordia para los que te invocan" (Sa]
85,5). "El Señor es compasivo y clemente, paciente y misericordioso; no
está siempre acusando ni guarda rencor perpetuo. No nos trata como merecen
nuestros pecados ni nos paga según nuestras cu1pas; como se levanta el cielo
sobre la tierra, se levanta su misericordia sobre sus fieles" (Sal l02,8-11). "Porque el Señor es clemente y
misericordioso" (Eclo 2,11). "Como es su grandeza, así es su
misericordia" (Eclo 2,18). "¡Qué grande es la misericordia del
Señor para los que vuelven a El!" (Eclo 17,29). "Su misericordia
llega a sus fieles generación tras generación" (Lc 1,49). "Sed
misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso" (Lc 6, 36).
"Dios, que es rico en misericordia, por el gran amor con que Dios nos
amó, cuando estábamos muertos por las culpas., nos dio vida con el Mesías (Ef
2,4). CONSAGRACIÓN DEL MUNDO A Juan Pablo II, que ya había escrito una
Encíclica sobre EL PECADO A El Espíritu Santo nos permite ver, siempre
mediante la cruz de Cristo, el pecado, a la luz del "mysterium
pietatis", es decir, del amor misericordioso e
indulgente de Dios (cf. Dominum et vivificarnem, 32). Y así, el "convencer en lo
referente al pecado", se transforma al mismo tiempo en un convencer de
que el pecado puede ser perdonado y el hombre puede corresponder de nuevo a
la dignidad de hijo predilecto de Dios. En efecto, la cruz "es la
inclinación más profunda de Por eso hoy, en este santuario, quiero
consagrar solemnemente el mundo a JUSTICIA Y MISERICORDIA A veces se quiere oponer la misericordia a
la justicia, y es todo lo contrario, porque están plenamente hermanadas, y se
encuentran en toda obra divina, porque todas las cosas han sido ordenadas por
Dios al último fin de la creación, por pura bondad y misericordia. Y aún más.
La misericordia de Dios colma y rebasa la justicia., dando siempre más de lo
que exige la estricta justicia. El hombre le pidió agua a Dios y Dios le dio
un océano. Pidió una flor, y le regaló mil jardines. Un árbol, y le brindó
miríadas de bosques. Un amigo, y 1e dijo: Tú eres mi amigo. Por eso se puede
comprobar que, cuando Dios elige a una persona para una concreta. misión, no sólo le da la gracia justa, sino que rebasa la
medida dándole otras muchas gracias, que su misericordia le inspira. Por eso
dice santo Tomás que la misericordia es la plenitud de su justicia. Y hasta el misterio del dolor que a tantos
escandaliza, es utilizado por Dios como una gran misericordia. El sufrimiento
no es e1 látigo de la ira de Dios, sino la caricia de un Padre amoroso que
nos aprieta a su Corazón, coronado de espinas. Y llega a decir santo Tomás
que incluso la misericordia de Dios brilla en el infierno suavizando los
rigores de su justicia, castigando a los condenados menos de lo que merecen
sus pecados. Dirá Santa Teresa: "Sea su nombre
bendito que en todo tiempo usa de misericordia con todas SUS criaturas". Dios tiene muchos atributos que se
identifican con su esencia. Es eterno, infinito, inmenso, perfecto,
omnisciente, omnipotente… El Hermano León le pide a Francisco que escriba lo
que siente de Dios. Y Francisco, con su derecha llagada, escribió con dolor:
"Tú eres santo, tú eres justo, Señor Dios único, que haces maravillas.
Tú eres fuerte, grande, altísimo. Tú eres el Bien, todo el bien, sumo bien,
Señor Dios vivo y verdadero. Tú eres caridad y amor, tú eres sabiduría. Tú
eres humildad, paciencia, seguridad. Tú eres quietud, gozo, alegría. Tú eres
hermosura, mansedumbre. Tú eres protector, custodio, defensor. Tú eres
nuestra fortaleza y nuestra esperanza. Tú eres nuestra gran dulzura. Tú eres
nuestra vida eterna, grande y admirable, Señor". Según el atributo que se considere se
tendrá una vivencia distinta de Dios en cada caso. Hay religiones basadas en
el res¬peto; el hombre que las vive ve a Dios a
través de los atributos de grandeza. Hay religiones basadas en el temor; que
ven a Dios en el atributo de la justicia. La cristiana está basada en el
amor. Para el cristiano, Dios es grande, eterno, todopoderoso, justo. Pero
sobre todo es bueno, es misericordioso y es padre. Todo nuestro ser cristiano
depende de Cristo, y Cristo es la obra grande de la misericordia divina. El
Verbo existía desde la eternidad en el seno del Padre, y si bajó a la tierra,
fue por misericordia. Se hizo hombre para redimimos. Según Santo Tomás, si el
hombre no peca y no necesita redención, no se encarna el Verbo. Toda la razón
de ser de Cristo se basa en la mise¬ricordia, y
todo lo que hace lo hace por misericordia. Incluso en la sentencia que dicta
contra los réprobos, está trufada de misericordia. A la misericordia se añade
la paternidad. Dios es misericordioso, y por eso se encarnó y se entregó para
nuestro bien. Pero además es padre: «Cuando oréis, hacedlo así: «Padre
nuestro, que estás en los cielos» y se despidió diciendo que iba «a su Padre
y a nuestro Padre». INTERVENCIÓN DE Dios castiga al condenado “citra con¬dignum”, “menos de lo
merecido. Santo Tomás escribe en la respuesta a la dificultad primera del artícu¬lo 2 de la cuestión 99: “Se puede decir que la
misericordia se ma¬nifiesta en los condenados, ya
que, aunque no haga desaparecer toda su pena, la aligera castigándoles menos
de lo merecido”. Y en MISERICORDIA Y VERDAD Dice Pedro Sergio
Antonio Donoso Brant |