“PENTECOSTES”

“Llenos del Espíritu”

Hechos 2,1-11

Autor: Pedro Sergio Antonio Donoso Brant ocds

“Se llenaron todos de Espíritu Santo”. He aquí la característica principal de la Iglesia primitiva tal como los Hechos de los Apóstoles nos la presentan. Es el Espíritu Santo quien pone en marcha a la Iglesia. Es su alma y su motor. Sin Él, la Iglesia es un grupo de hombres más, sin fuerza, sin entusiasmo, sin vida. He aquí el secreto de la Iglesia: no con algo de Espíritu Santo, sino “llenos” de Él; y llenos no alguno, sino “todos”.

Lectura de los Hechos de los Apóstoles, Hechos  2, 1-11

Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. De pronto, vino del cielo un ruido, semejante a una fuerte ráfaga de viento, que resonó en toda la casa donde se encontraban. Entonces vieron aparecer unas lenguas como de fuego, que descendieron por separado sobre cada uno de ellos. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en distintas lenguas, según el Espíritu les permitía expresarse. Había en Jerusalén judíos piadosos, venidos de todas las naciones del mundo. Al oírse este ruido, se congregó la multitud y se llenó de asombro, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua. Con gran admiración y estupor decían: “, Acaso estos hombres que hablan no son todos galileos? ¿Cómo es que cada uno de nosotros los oye en su propia lengua? Partos, medos y elamitas, los que habitamos en la Mesopotamia o en la misma Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia Menor, en Frigia y Panfilia, en Egipto, en la Libia Cirenaica, los peregrinos de Roma, judíos y prosélitos, cretenses y árabes, todos los oímos proclamar en nuestras lenguas las maravillas de Dios”.

Palabra de Dios.

COMENTARIO

ESCENA DE ENORME TRASCENDENCIA EN LA HISTORIA DE LA IGLESIA

Escena de enorme trascendencia en la historia de la Iglesia, es la narrada aquí por San Lucas. A ella, como a algo extraordinario, se refería Jesucristo cuando, poco antes de la ascensión, avisaba a los apóstoles de que no se ausentasen de Jerusalén hasta que llegara este día, “Mientras estaba comiendo con ellos, les mandó que no se ausentasen de Jerusalén, sino que aguardasen la Promesa del Padre, - que oísteis de mí: Que Juan bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados en el Espíritu Santo dentro de pocos días- “(Hechos 1, 4-5). Es ahora precisamente cuando puede decirse que va a comenzar la historia de la Iglesia, pues es ahora cuando el Espíritu Santo desciende visiblemente sobre ella para darle la vida y ponerla en movimiento. Los apóstoles, antes tímidos: “Entonces los discípulos le abandonaron todos y huyeron. (Mt 26:56), se transforman en intrépidos propagadores de la doctrina de Cristo: “Entonces Pedro, presentándose con los Once, levantó su voz y les dijo: Judíos y habitantes todos de Jerusalén: Que os quede esto bien claro y prestad atención a mis palabras”  (Hechos 2:14).

LA UNIVERSALIDAD DE ESTA IGLESIA

Es probable que este hecho de Pentecostés haya sido coloreado en su presentación literaria con el trasfondo de la teofanía del Sinaí y quizás también con la de la confusión de lenguas en Babel, a fin de hacer resaltar más claramente dos ideas fundamentales que dirigirán la trama de todo el libro de los Hechos, es a saber, la presencia divina en la Iglesia: “Mientras estaba comiendo con ellos” (Hechos 1-4) y la universalidad de esta Iglesia, representada ya como en germen en esa larga lista de pueblos enumerados:”Había en Jerusalén hombres piadosos, que allí residían, venidos de todas las naciones que hay bajo el cielo……..Partos, medos y elamitas; habitantes de Mesopotamia, Judea, Capadocia, el Ponto, Asia, Frigia, Panfilia, Egipto, la parte de Libia fronteriza con Cirene, forasteros romanos, judíos y prosélitos, cretenses y árabes, todos les oímos hablar en nuestra lengua las maravillas de Dios” (Hechos  2, 5-13)

FIESTA DE PENTECOSTÉS ERA UNA DE LAS TRES GRANDES FIESTAS JUDÍAS

Esa fiesta de Pentecostés era una de las tres grandes fiestas judías llamadas de “peregrinación,” pues en ellas debían los israelitas peregrinar a Jerusalén para adorar a Dios en el único y verdadero templo que se había elegido. Las otras dos eran Pascua y los Tabernáculos. Estaba destinada a dar gracias a Dios por el final de la recolección, y en ella se le ofrecían los primeros panes de la nueva cosecha. Una tradición rabínica posterior añadió a este significado el de conmemoración de la promulgación de la Ley en el Sinaí; y, en este sentido, los Padres hablan muchas veces de que, así como la Ley mosaica se dio el día de Pentecostés, así la Ley nueva, que consiste principalmente en la gracia del Espíritu Santo y ha de sustituir a la Ley antigua, debía promulgarse en ese mismo día. Es posible que Lucas, comenzando precisamente por hacer notar la coincidencia del hecho cristiano con la fiesta judía, esté tratando ya de hacer resaltar la misma idea.

EL DIA QUE DEBÍA CELEBRARSE

Los judíos de Palestina solían llamarla la fiesta de las “semanas” (hebr. shabuoth), pues había de celebrarse siete “semanas” después de Pascua (cf. Lev 23:15; Núm 28:26; Dt 16:9); en cambio, los judíos de la diáspora parece que la designaban con el término griego pentecosté (= quincuagésimo), por la misma razón de tener que celebrarse el “quinquagésimo” día después de Pascua. Había seria discusión sobre cuándo habían de comenzar a contarse esos “cincuenta” días, pues el texto bíblico está oscuro, y no es fácil determinar cuál es ese día “siguiente al sábado” (Lev 23:11.15), que debe servir de base para comenzar a contar. Los fariseos, cuya interpretación, al menos en época posterior, prevaleció, tomaban la palabra “sábado,” no por el sábado de la semana pascual, sino por el mismo día solemne de Pascua, 15 de Nisán, que era día de descanso “sabático”; en consecuencia, el día “siguiente al sábado” era el 16 de Nisán, fuese cual fuese el día de la semana. No así los saduceos, que afirmaban tratarse del “sábado” de la semana, y, por consiguiente, el día “siguiente al sábado” era siempre el domingo, y la fiesta de Pentecostés (cincuenta días más tarde) había de caer siempre en domingo 30.

ESTANDO TODOS JUNTOS

En cuanto al lugar en que sucedió la escena, parece claro que fue en una casa o local cerrado: “Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. De pronto, vino del cielo un ruido, semejante a una fuerte ráfaga de viento, que resonó en toda la casa donde se encontraban” (Hechos 1-2), probablemente la misma en que se habían reunido los apóstoles al volver de los  Olívos, después de la ascensión: “Entonces se volvieron a Jerusalén desde el monte llamado de los Olivos, que dista poco de Jerusalén, el espacio de un camino sabático cuando llegaron subieron a la estancia superior, donde vivían, Pedro, Juan, Santiago y Andrés; Felipe y Tomás; Bartolomé y Mateo; Santiago de Alfeo, Simón el Zelotes y Judas de Santiago. Todos ellos perseveraban en la oración, con un mismo espíritu en compañía de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús, y de sus hermanos” (Hechos 1:13-14). Si ahora estaban reunidos todos los 120 de cuando la elección de Matías (1:15), o sólo el grupo apostólico presentado antes (1:13-14), no es fácil de determinar. De hecho, en la narración sólo se habla de los apóstoles (2:14.37), pero la expresión “estando todos juntos” (v.1) parece exigir que, si no el grupo de los 120, al menos estaban todos los del grupo apostólico de que antes se comentó.

“QUEDARON TODOS LLENOS DEL ESPÍRITU SANTO.”

La afirmación fundamental del pasaje está en aquellas palabras: “quedaron todos llenos del Espíritu Santo.” Todo lo demás, de que se habla antes o después, no son sino manifestaciones exteriores para hacer visible esa gran verdad. A eso tiende el ruido, como de viento impetuoso, que se oye en toda la casa: “De pronto, vino del cielo un ruido, semejante a una fuerte ráfaga de viento” (Hechos 2). Era como el primer toque de atención. A ese fenómeno acústico sigue otro fenómeno de orden visual: “Entonces vieron aparecer unas lenguas como de fuego”,  que se reparten y van posando sobre cada uno de los reunidos. Ambos fenómenos pretenden lo mismo: llamar la atención de los reunidos de que algo extraordinario está sucediendo. Y nótese que lo mismo el “viento” que el “fuego” eran los elementos que solían acompañar las teofanías en las escrituras del A.T. y, por tanto, es obvio que los apóstoles pensasen que se hallaban ante una teofanía, la prometida por Jesús pocos días antes, al anunciarles que serían bautizados en el Espíritu Santo: sino que recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros”, (Hechos 1:6-8). Es clásica, además, la imagen del “fuego” como símbolo de purificación a fondo y total: Entonces voló hacia mí uno de los serafines con una brasa en la mano, que con las tenazas había tomado de sobre el altar,  y tocó mi boca y dijo: “He aquí que esto ha tocado tus labios: se ha retirado tu culpa, tu pecado está expiado”.  (Isaías 6:5-7) y es así como probablemente eso quiere indicar también aquí.

COMENZARON A HABLAR EN DISTINTAS LENGUAS, SEGÚN EL ESPÍRITU LES PERMITÍA EXPRESARSE.

El texto, sin embargo, parece que, con esa imagen de las “lenguas de fuego,” apunta sobre todo al don de lenguas, de que se hablará después: “comenzaron a hablar en distintas lenguas, según el Espíritu les permitía expresarse.”

Qué es lo que incluye ese “quedaron llenos del Espíritu Santo,” que constituye la afirmación fundamental del pasaje, no lo especifica San Lucas. El se fija sólo en el primer efecto manifiesto de esa realidad, y fue que comenzaron a hablar en lenguas extrañas, pero no por propia iniciativa, sino según que el Espíritu les movía a expresarse. No cabe duda, sin embargo, que la causa no se extiende sólo al efecto ahí puesto de relieve, es decir, en orden a hablar en lenguas. Esa misma expresión “llenos del Espíritu Santo” se repetirá luego de Pedro: Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santo,  (Hechos 4:8), Pablo: “me ha enviado a ti el Señor Jesús, el que se te apareció en el camino por donde venías, para que recobres la vista y seas lleno del Espíritu Santo.”  (Hechos 9:17), Esteban (Hechos 6:5; 7:55),  Bernabé (Hechos 11:24) Y otros (4:31) con un significado de mucha más amplitud, significado que evidentemente también queda insinuado aquí. Añadamos que si Lucas habla de que la venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles tuvo lugar en Pentecostés (ver Hechos 1:8; 2:4), ello no se opone a que ya antes hayan recibido el Espíritu Santo: Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: Recibid el Espíritu Santo. (Jn 20:22). Es una nueva efusión del Espíritu sobre ellos, o mejor, un nuevo aspecto de la actuación en ellos de ese Espíritu, en orden a la difusión del Reino de Dios en el mundo, que va a comenzar.

CONTEMPLACION

Muéstrate solícito en unirte al Espíritu Santo. Él viene apenas se le invoca, y sólo hemos de invocarlo, porque ya está presente. Cuando se le invoca, viene con la abundancia de las bendiciones de Dios. El es el río impetuoso que da alegría a la ciudad de Dios (cf. Sal 45,5) y, cuando viene, si te encuentra humilde y tranquilo, aunque estés tembloroso ante la Palabra de Dios, reposará sobre ti y te revelará lo que esconde el Padre a los sabios y a los prudentes de este mundo. Empezarán a resplandecer para ti aquellas cosas que la Sabiduría pudo revelar en la tierra a los discípulos, pero que ellos no pudieron soportar hasta la venida del Espíritu de la verdad, que les habría de enseñar la verdad completa.

Es vano esperar recibir y aprender de boca de cualquier hombre lo que sólo es posible recibir y aprender de la lengua de la verdad. En efecto, como dice la verdad misma, “Dios es Espíritu” (Jn 4,24). Dado que es preciso que sus adoradores lo adoren en Espíritu y en verdad, los que desean conocerlo y experimentarlo deben buscar sólo en el Espíritu la inteligencia de la fe y el sentido puro y simple de esa verdad.

El Espíritu es —para los pobres de espíritu— la luz iluminadora, la caridad que atrae, la mansedumbre más benéfica, el acceso del hombre a Dios, el amor amante, la devoción, la piedad en medio de las tinieblas y de la ignorancia de esta vida (Guillermo de Saint-Thierry Speculum fidei, 46).

ORACION

Ven, Espíritu divino, manda tu luz desde el cielo. Padre amoroso del pobre, don en tus dones espléndido; luz que penetras las almas; fuente del mayor consuelo.

Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo, tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego, gozo que enjuga las lágrimas y reconforta en los duelos.

Ven, Espíritu enviado por el Padre, en nombre de Jesús, el Hijo amado: haz una y santa a la Iglesia para las nupcias eternas del Cielo.

ACCION

Repitamos con frecuencia y vivamos la Palabra:

“Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos la llama de tu amor)” (de la liturgia).

Que Espíritu Santo viva en vuestros corazones

Pedro Sergio

                                     

PRESENTACIÓN PARA ACOMPAÑAR LA VIGILIA DE PENTECOSTES

 

Fuentes: Algunos comentarios de la Biblia Nácar Colunga

Contemplación y oración, Lectio Divina para cada día del año, de Giorgio Zevini y Pier Giordano Cabra (Eds.

 

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