CAMINANDO CON JESUS

Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

www.caminando-con-jesus.org

Biblia comentada.

Epístolas Paulinas

Epístola a Filemon

Texto de la Nácar-Colunga.

, por Lorenzo Turrado.

Para Usos Internos y Didácticos Solamente

Adaptación pedagógica: Dr. Carlos Etchevarne, Bach. Teol.

Para Usos Internos y Didácticos Solamente

 

 

Epístola a Filemon.

Introducción.

Filemón, destinatario de la carta.

Su nombre entró en la historia gracias a esta breve carta que le dirigió San Pablo. De él no tenemos otros datos sino los que aquí nos da el Apóstol.

Parece que era de Golosas, pues de allí era Onésimo, su esclavo (cf. Col 4:9). Había sido convertido a la fe por el Apóstol (cf. Flm 19), probablemente durante el trienio de predicación en Efeso (cf. Act 19:10; 20:31), ya que personalmente San Pablo nunca estuvo en Colosas (cf. Gol 1:7; 2:1). Debía de ser de posición bastante acomodada, pues su casa era lugar de reunión de los fieles (Flm 1; cf. Rom 16:5; 1 Cor 16:19; Col 4:15). San Pablo le trata con sumo cariño y confianza (cf. v.8.17.19.21) y le llama su “colaborador” (v.1), lo que deja entrever que era cristiano activo en la difusión del Evangelio. Es probable que Apia y Arquipo, mencionados junto con Filemón en el saludo de la carta (cf. v.1), sean esposa e hijo, respectivamente.

Ocasión de la carta.

La ocasión de la carta es un asunto de familia. Onésimo, esclavo de Filemón, se había escapado de casa de su amo, llevando acaso dinero o cosa que lo valía (cf. v.18). No sabemos por qué se escapó. Pablo habla a Filemón de que en un tiempo le fue “inútil” (v.11), lo que parece dar a entender que había sido perezoso, y quizás había escapado precisamente para sustraerse al trabajo.

Lo cierto es que, tratando de escapar de su amo y de la justicia civil, acabó en Roma, donde, como decía Tácito (An. 15:44), “afluye gente de todas partes y se exaltan todos los crímenes y verguetas.” Allí se encontró con San Pablo, a quien probablemente había visto en Efeso, o de quien por lo menos había oído hablar en Colosas a su amo Filemón. Es posible que el mismo Onésimo le buscase, tratando de encontrar en él protección, comenzando ya a preocuparle su situación de fugitivo, en peligro de ser arrestado y fuertemente castigado, como solía hacerse en estos casos. San Pablo le acogió con bondad y, como era fácil de prever, después de cierto tiempo, el esclavo se hizo cristiano (cf. v.10). Habiendo provisto así a su alma, quedaba por proveer a su situación civil. Parece que San Pablo, en un principio, pensó en retenerlo junto a sí, contando sin duda con la aquiescencia de Filemón (cf. v.13-14); pero luego juzgó más oportuno remitirlo a su amo.

Precisamente en aquellos días estaba para partir para Colosas Tíquico, el portador de la carta a los Colosenses, y el Apóstol juzgó que era buena ocasión para confiarle a Onésimo (cf. Col 4:7-9), al mismo tiempo que entregaba al esclavo fugitivo esta breve carta de recomendación con que poder presentarse de nuevo a su amo. La fecha, pues, es la misma que la de la carta a los Colosenses, es decir, a fines de la primera cautividad romana de Pablo.

Tal es el encuadramiento histórico de la carta a Filemón, conforme ha venido haciéndose tradicionalmente entre los exegetas. Sin embargo, juzgamos oportuno hacer referencia también a una interpretación propuesta no hace muchos años por J. Knox, que se sale totalmente de la perspectiva tradicional.

Piensa Knox que el amo de Onésimo, esclavo fugitivo, no es Filemón sino Arquipo (v.2), para el que Pablo en la carta a Colosenses da el encargo de que cumpla su “servicio,” es decir, que dé libertad a Onésimo (Col 4:17). Es a Arquipo, y no a Filemón, a quien Pablo se dirige en ese constante “tú,” a partir del v.2; sin embargo, la carta va dirigida a Filemón (v.1), que debía ser el jefe de las iglesias del valle del Lycus (Golosas, Laodicea, Hierápolis), con residencia en Laodicea, y a través de él, como superior jerárquico de la región, influir más eficazmente en Arquipo para que conceda la libertad a Onésimo. Cree Knox que esta carta es la mencionada en Gol 4:16 como “de Laodicea,” pues allí la debe recibir Filemón, para que luego la pase a la iglesia de Colosas, que es donde residía Arquipo 359*.

No cabe duda que la reconstrucción es ingeniosa; pero creemos que la cosa no pasa de ahí. Trasladar a Arquipo todos esos consejos de una carta a Filemón, es violentar los textos; ni vemos motivo alguno serio para abandonar la interpretación obvia y tradicional.

Estructura de la carta.

Esta breve carta es un modelo de tacto y finura, que muestra la delicadeza con que Pablo solía conducirse con los fieles. En ella descubrimos al hombre amable y fino, que posee un corazón sumamente sensible, purificado por Cristo.

El esquema de la carta, si es que alguno gusta de reducirla a esquema, es el siguiente:

Saludo (1-3) y acción de gracias (4-7).

Cuerpo de la carta (8-21): Ruega a Filemón que perdone a su esclavo,

aduciendo los motivos (8-17) y diciéndole que ponga a su cuenta el daño que acaso le hubiera causado (8-21). Encargo de alojamiento (22) y saludos (23-25).

Esta carta de Pablo se ha comparado con otra de Plinio el Joven a su amigo Sabiniano en un caso del todo semejante al de Pablo y Filemón. De Plinio se conserva, además, otra segunda carta en la que da gracias a Sabiniano por haber atendido su ruego. Desde luego, estas cartas de Plinio son hermosas y revelan un corazón noble y generoso; pero ¡qué diferencia con la de Pablo! Falta esa ternura profunda que da a Pablo su paternidad espiritual y su estima sin límites de las almas humildes, redimidas por la sangre de Jesucristo. Jamás un pagano, por corazón noble que tenga, podrá llegar a hablar como Pablo.

A continuación damos el texto de esas dos cartas, dejándolas en su lengua original, a fin de que conserven todo su valor y frescura nativa para los que quieran hacer por sí mismos la confrontación:

“C. Plinius Sabiniano Suo S.

Libertus tuus, cui suscensere te dixeras, venit ad me advolutusque pedibus meis tanquam tuis haesit. Flevit multum, multum rogavit, multum etiam tacuit, in summa fecit mihi fidem paenitentiae. Veré credo emenda-tum, quia deliquisse se sentít.

Irasceris, scio, et irasceris mérito, id quoque scio; sed tune praecipua mansuetudinis laus, cum irae causa iustissima est. Amasti hominem et, spero, amabis; interim sufficit ut exorari te sinas. Licebit rursus irasci, si meruerit, quod exoratus excusatius facies. Remitte aliquid adulescentiae ipsius, remitte lacrimis, remitte indulgentiae tuae. Ne torseris illum, ne torseris etiam te, torqueris enim cum tam lenis irasceris.

Vereor ne videar non rogare, sed cogeré, si precibus eius meas iunxero; iungam tamen tanto plenius et effusius, quanto ipsum acrius severiusque corripui destricte minatus nunquam me postea rogaturum. Hoc illi, quem terreri oportebat, tibí non ídem; nam fortasse iterum rogabo, impetrabo iterum; sit modo tale ut rogare me, ut praestare te deceat. Vale.

C. Plinius Sabiniano Suo S.

Bene fecisti, quod libertum aliquando tibí carum reducentibus epistulis meis in domum, in animum recepisti. luvabit hoc te; me certe iuvat, pri-mum quod te tam tractabilem video, ut in ira regí possis, deinde quod tantum mihi tribuís, ut vel auctoritati meae pareas vel precibus indulgeas. Igitur et laudo et gratias ago; simul in posterum moneo ut te erroribus tuorum, etsi non fuerit qui deprecetur, placabilem praestes. Vale” (Coll. G. Budé, Pline le Jeune, Lettres t.3 p. 14-15 y 118).

Perspectivas doctrinales.

En esta carta no hay propiamente tema doctrinal, sino simple correspondencia de amigos, intercediendo por un esclavo que se había escapado de casa. Más que apelar a su autoridad de apóstol de Cristo, prefiere apelar a su condición de ya “anciano” y “prisionero” por el Evangelio (cf. v.8-10). Si recuerda discretamente los favores que le debe Filemón (cf. v.14.19), en lo que insiste sobre todo es en la amistad que los une, que le da seguridad de que su ruego en favor de Onésimo será atendido (cf. v. 14.17.21).

Sin embargo, esos desahogos y manifestaciones de Pablo implican una enseñanza de sumo alcance doctrinal, al señalar a Filemón sus deberes de cristiano en un problema tan importante como el de la esclavitud. Sabemos que, para el mundo grecorromano de entonces, el esclavo era simplemente una “cosa,” que no tenía ningún derecho, y del que el amo podía disponer libremente lo mismo para trabajos duros que para abusos inmorales. Es bajo este fondo jurídico como hay que enjuiciar la breve carta de Pablo a Filemón 360.

El Apóstol no aborda directamente el problema de la esclavitud, sacando él mismo todas las consecuencias que fluyen de la doctrina cristiana. Al ordenar a Onésimo que regrese junto a Filemón, está dando claramente a entender que no intenta cambiar de improviso la estructura social existente. Ni podía hacerse otra cosa sin provocar un cataclismo, dadas las condiciones de entonces, con un orden social que se apoyaba en la esclavitud. Se contenta con hacer valer aquellos mismos principios de libertad y hermandad en Cristo expuestos ya en otras cartas (cf. 1 Cor 7:20-22; Gal 3:27-28; Ef 6:5-9; Col 3:22-25); por eso, lo que directamente pide a Filemón no es la liberación de Onésimo, sino que le acoja como a “hermano muy amado” (v.16), como si fuera Pablo mismo (v.17), en la seguridad, añade, de que “harás más de lo que yo te digo” (v.21). A Filemón toca entender qué va incluido en ese “más.”

 

 

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Epístola a Filemon

Texto de la Nácar-Colunga, Hechos de los Apóstoles y Epístola a los Romanos,

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