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El 1 de abril de 2005, viernes, nos decía la
radio, la prensa y la televisión, que ayer, jueves a las 7 de la
tarde, habían administrado la Santa Unción al Papa. El día
entero estuvimos pendientes de el. Ese día, viernes, concelebrada la
misa a las 6, pidió más tarde que le leyeran las catorce
estaciones del Via-Crucis, según su
costumbre piadosa. Se santiguaba al final de cada estación.
Después, pide que le lean pasajes de la Sagrada Escritura.
Siguen los partes médicos, cada vez más
emocionados, de Navarro Valls.
Pienso:
la Virgen se llevará al Papa mañana sábado primero de
mes, como lo ha prometido por partida doble, la Virgen, en su
advocación del Carmen y el Inmaculado Corazón de María
en los primeros sábados de mes. La Virgen del Carmen promete llevar al
cielo a sus devotos que mueran con su escapulario y la misma promesa la hace
en Fátima a Sor Lucía, a quienes practiquen los primeros sábados
de mes. Juan Pablo II lleva el escapulario del Carmen desde adolescente, como
Terciario Carmelita. Y su devoción a la Virgen de Fátima es
notoria, pues tras el atentado, confesó que una mano disparó la
bala y otra mano desvió el trayecto. Allí dejó,
incrustada en la corona, la bala del milagro. Además, él es
“Totus tuus”.
Al
comenzar a escribir la homilia del Segundo Domingo
de Pascua y recitar las primeras vísperas de la Divina Misericordia,
en la tarde amarga del sábado, y prolongarse la agonía, con la
angustia con que vivimos estas largas horas atentos a las noticias, pienso
que va a prevalecer la Misericordia a la promesa de la Virgen. Pero,
¡maravillas de la Virgen con su hijo fiel y querido, “Totus tuus”!, Dios anuda
en caricia maternal y signo de predestinación, la promesa de la Virgen
del Carmen y la fiesta de la Misericordia, instaurada por Juan Pablo II, que
de joven conoció, trató y comprendió a Faustina Kowalska, hoy Santa Faustina, canonizada por él,
cuando, no sólo era incomprendida, sino aislada, perseguida y
humillada. Las revelaciones a Santa Faustina sobre la Divina Misericordia,
marcaron tanto como San Juan de la Cruz y Santa Teresa al jovencísimo Karol Wojtyla.
Según
el Papa no se puede comprender al hombre sino desde Cristo, “Cristo
revela el hombre al hombre”. Sor Faustina había escrito en su
diario, en mayo de 1938: “Cuando estuve rezando por Polonia, yo
oí estas palabras: ‘He amado a Polonia de modo especial y si
obedece mi voluntad, la enalteceré en poder y en santidad. De ella saldrá
una chispa que preparará el mundo para mi última venida’.
Ni Faustina ni Karol comprendían que esas
palabras misteriosas le profetizaban como Papa. El joven Wojtyla
comprendió a Faustina porque se esforzaba por aprender y conocer a
Cristo. Los que no comprenden a Juan Pablo ahí pueden encontrar la
razón de su incomprensión. En una rueda de prensa televisada
donde alguien confiesa negar que el sufrimiento y el dolor sea
cristiano, se quedó sin palabras cuando uno de los contertulios le
citó el capítulo 52 de Isaías. Lo que había sido
el Padre De la Colombiere para Santa Margarita en Paray –le-Monial,
será el Cardenal y Papa Wojtyla para Sor
Faustina.
Entre
los años 1959 y 1978, las revelaciones de Sor Faustina, que
habían sido mal traducidas, permanecieron prohibidas por el Santo
Oficio y la Congregación de la Fe. Nombrado Arzobispo
de Cracovia Karol Wojtyla,
ordenó el estudio teológico de los documentos originales del
diario de Sor Faustina, estudio que duró diez años, al padre Ignacy Rózycki, antiguo
profesor de Karol Wojtyla,
y director de su tesis sobre Max Scheler.
Resultado
del estudio fue que el 15 de abril de 1978, la Santa Sede
autorizó las revelaciones. Había sido fruto de la
intervención del entonces Cardenal de Cracovia, Karol
Wojtyla, tan sólo seis meses antes de ser
elegido Papa Juan Pablo II. Tres años después, el 22 de
septiembre de 1981, el Papa Juan Pablo II dijo en el Santuario del Amor
Misericordioso, en Collevalenza, Italia:
“Desde el principio de mi Pontificado he considerado este mensaje como
mi cometido especial. La Providencia me lo ha asignado". El 30 de abril
del año 2000, al canonizar a la beata Sor María
Faustina Kowalska, el Papa Juan Pablo II
concluyó un proceso que él mismo había iniciado en 1965,
como joven Arzobispo de Kracovia. El fue, el que,
en 1967, ya nombrado Cardenal, clausuró el proceso informativo
diocesano, y en 1993, ya como Papa Juan Pablo II, la beatificó y la canonizó.
Como Jesús, debió soportar no sólo los
ultrajes de los romanos sino también la traición y el abandono
de los suyos, muchos profetas, santos y místicos de diversas
épocas tuvieron que afrontar los ataques, persecuciones y el
hostigamiento de amigos, compañeros, hermanos y superiores, aun dentro
de la misma Iglesia.
Dios
reveló anticipadamente a Santa Faustina todo lo que tendría que
sufrir como “Secretaria y Apóstol de la Divina Misericordia",
por acusaciones falsas, pérdida de credibilidad y el sufrimiento
físico por los dolores de la Pasión de Cristo que, durante la
Cuaresma de 1933, experimentó invisiblemente, dato conocido
únicamente por su confesor y relatado en sus escritos: “Un
día durante la oración, vi una gran
luz y de esta luz salían rayos que me envolvían completamente.
De pronto sentí un dolor muy agudo en mis manos, en mis pies, y en mi
costado, y sentí el dolor de la corona de espinas
". Todo fue causa de desconfianza, burla y desprecio de su
congregación y de algunas autoridades de la Iglesia: “Al darme
cuenta de que no obtenía ninguna tranquilidad de las Superioras,
decidí no hablar más de esas cosas interiores. “Durante
mucho tiempo fui considerada como poseída por el espíritu
maligno y me miraban con lástima, y la Superiora tomó
precauciones respecto a mí. Llegaba a mis oídos que las
hermanas me miraban como si yo fuera así". “Hasta
aquí se pudo soportar todo. Pero cuando el Señor me
pidió que pintara esta imagen, entonces, de verdad, empezaron a hablar
y a mirarme como a una histérica y una exaltada, y eso empezó a
propagarse aún más. Una de las hermanas vino para hablar conmigo
en privado. Y se puso a compadecerme" (Diario 125). “Un
día, una de las Madres se enojó tanto conmigo y me
humilló tanto, que pensé que no lo soportaría. Me dijo:
Extravagante, histérica, visionaria, vete de mi habitación, no
quiero conocerte. Todo lo que pudo cayó sobre mi cabeza" (Diario
129) “Una vez, me llamó una de las Madres de mayor edad y de un
cielo sereno empezaron a caer truenos de fuego, de tal modo que ni siquiera
sabía de qué se trataba. Me dijo: ‘Quítese de la
cabeza, hermana, que el Señor Jesús trate con usted tan
familiarmente, con una persona tan mísera, tan imperfecta. El
Señor Jesús trata solamente con las almas santas,
recuérdelo bien' " (Diario133). Se la condenó a una
especie de cautiverio, para mantener a la religiosa en constante vigilancia y
observación.
“Veo
que soy vigilada en todas partes como un ladrón: en la capilla, cuando
hago mis deberes, en la
celda. Ahora sé que además de la presencia de
Dios tengo siempre la presencia humana; a veces esta presencia humana me
molesta mucho. Hubo momentos en que reflexionaba si desvestirme o no para
lavarme.
De
verdad, mi pobre cama también fue controlada muchas veces. Una hermana
me dijo que cada noche me miraba en la celda.” (Diario128).
Cuando
Juan Pablo II empezó a escribir Redemptor hominis, no concebía su primera encíclica
como panel inicial de un tríptico trinitario, como una
reflexión sobre el misterio de la Santísima
Trinidad. Su gran impulso era que el humanismo centrado en
Cristo fuera el tema conductor de su pontificado, y así quiso
anunciarlo a la Iglesia y al mundo. La Reflexión sobre la dignidad de
la persona humana redimida por Cristo le condujo a la meditación del
Dios, Rico en Misericordia, que ha enviado a su Hijo como Redentor de los
hombres; y al Espíritu Santo, enviado por el Padre y el Hijo para
proseguir la obra redentora y santificadora de Cristo resucitado. Con lo que
el crecimiento lógico de la Redemptor
Hominis dio origen a dos
encíclicas más, Dives in
misericordia, sobre Dios Padre, y a la Dominum et vivificantem, sobre Dios Espíritu Santo. La Dives in misericordia, la encíclica de mayor
intensidad teológica entre todas las de Juan Pablo, refleja dos
dimensiones personales de su vida espiritual. Kracovia
había sido elegida para renovar la teología católica
sobre la misericordia de Dios, conducente a la renovación de la vida
espiritual.
La
Divina Misericordia
del Padre, que envió al Redentor del hombre al mundo para renovarlo
por el Espíritu Santo, Dominum et Vivificantem, y regaló a la Iglesia para la
humanidad a un Papa grande y humilde, padre y misericordioso, le puso en los
labios las conocidas frases con que abrió su servicio pontifical:
¡”No tengáis miedo”!¡Abrid las puertas a
Cristo de par en par”!. Eran las mismas
expresiones que dirigía Jesus a Santa Faustina Kowalska.
Ayer,
2 de abril, sábado carmelitano y de Fátima, habrá
abierto las puertas de su Corazón y el de María para dar el
descanso y los consuelos del cielo, a su fiel apóstol, a su hijo Juan
Pablo II, y le habrá limpiado el polvo de sus sandalias que llevaba de
todos los caminos de la tierra, de donde no sólo recibió
gratitud y consuelos, sino también contradicción de personas
interesadas a veces, o incapaces de medir y calibrar la grandeza de un
gigante. No le han podido comprender porque le han mirado con ojos de tierra
y no con los de Cristo. Con esos ojos, sí, le ha mirado el pueblo
sencillo, que le ha tributado una apoteosis gloriosa y colosal y universal:
Los infatuados recalcitrantes, los que morirán con su pecado de
soberbia, los que se han erigido en maestros sin competencia, los que le
quisieron bajar de la cruz, los
que le aplicaron baremos que se rompen ante su
magna talla, barbotan: - “Maestro, hazlos callar!!”.-
“¿No sabéis que de los labios de los pequeños
brota la alabanza”?- “Si ellos callan, hablarán las
piedras”. Y los jóvenes son los últimos que le han
aclamado en la plaza de San Pedro, y en la de Colón…
Los jóvenes, los que tienen una nata intuición para discernir
entre los hipócritas y los auténticos y coherentes, ellos son
los que más huérfanos han sentido. Y ellos han merecido las
últimas palabras del coloso agonizante: “Os he buscado y
habéis venido”. “Por eso os doy las gracias”.Cansado
llega, Señor, déjalo ya descansar!
EL
PRIMER CONGRESO MUNDIAL DE LA MISERICORDIA
se
abrirá en el tercer aniversario de la muerte de Papa Juan Pablo II, el
próximo año, ha anunciado el arzobispo de Viena. El cardenal Christoph Schönborn
reveló que este encuentro se celebrará del 2 al 6 de abril de
2008, en el aula Pablo VI del Vaticano. La fecha ha sido elegida en
función del aniversario de la muerte de Juan Pablo II, pues la llamada
a convertirse en «testigos» de la Misericordia fue el mensaje
esencial del fallecido pontífice. El cardenal Schönborn
repitió las palabras pronunciadas por el Papa con motivo de la
consagración del Santuario de la Divina Misericordia
en Cracovia-Lagiewniki en el 2002: «No hay
otro manantial de esperanza por la humanidad, si no en la misericordia de
Dios».
En Lagiewniki se encuentra el monasterio de la
mística santa Faustina Kowalska, 1905-1938.
Juan Pablo II la canonizó el 30 de abril de 2000 y anunció que
«en todo el mundo, el Segundo Domingo de Pascua sería llamado
Domingo de la
Divina Misericordia». «Muchos creyentes han
acogido como una señal del Dios el hecho que Juan Pablo II muriera en
la Víspera del Domingo de la Divina Misericordia».
En el encuentro participarán judíos, musulmanes y budistas:
«El Congreso será un puente hacia las otras religiones, pero
también hacia los agnósticos y los ateos». El Cardenal Schönborn ha añadido que la Iglesia es criticada
por su «estrechez doctrinal» y su «rigidez moral»,
por eso, consideró que este congreso puede ser un
«estímulo muy radical» para redescubrir «el
corazón del Evangelio, o sea la Misericordia». El Padre Patrice Chocholski, secretario
general del Congreso, dijo que el objetivo del acontecimiento es difundir el
mensaje de la Misericordia al más gran número de personas,
«ya que la misericordia puede transformar el mundo». Muchas otras
iglesias cristianas y comunidades religiosas, incluidos a los representantes
del budismo y del hinduismo, han manifestado su interés por el
Congreso. El Patriarca Alejo II de la Iglesia rusa ortodoxa se ha mostrado
entusiasta.
JESUS
MARTI BALLESTER
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