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¡JESÚS VIVE! Comentario sobre Autor: Pedro
Sergio Antonio Donoso Brant |
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Dijo entonces Jesús: Aún estaré con vosotros un poco
de tiempo, y me iré al que me ha enviado (Jn 7:33). También dijo: y Yo, si
fuere levantado de la tierra, atraeré a todos a mí (Jn 12:32). Los apóstoles, fueron lo primero en reconocer y
hablar sobre la resurrección de Jesús, y así se lo hicieron saber a los
primeros cristianos, Pedro en su discurso dice que a Jesús lo alzaron en la
cruz: “Pero Dios, rotas las ataduras de la muerte, le resucitó” San Pablo en la cartas a los Corintios, 15: 3-8 les dice: Pues, a la verdad, os he
transmitido, en primer lugar, lo que yo mismo he recibido, que Cristo murió
por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado, que resucitó
al tercer día, según las Escrituras, y que se apareció a Cefas,
luego a los Doce. Después se apareció una vez a más de quinientos hermanos,
de los cuales muchos viven todavía, y algunos murieron; luego se apareció a
Santiago, luego a todos los apóstoles;
y después de todos, como a un aborto, se me apareció también a mí.” Jesús al enseñarnos el Padrenuestro, nos enseño que le
pidamos Dios que se haga su voluntad aquí en la tierra como en el cielo. Así
es como fue Jesús resucitado por la voluntad de Dios. Rezamos en el Credo: padeció
bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió
a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los
cielos, y está sentado a la derecha de Dios Padre todopoderoso, desde allí ha
de venir a juzgar a vivos y muertos. Esa es nuestra fe, así es nuestra vida
espiritual, llena del amor de Dios y de la convicción que Jesus vive para los
hombres, esa fe, nos hace sentir que ¡Jesús Vive! Según san Mateo 28:2-7 Y sobrevino un gran terremoto, pues un ángel del
Señor bajó del cielo y, acercándose, removió la piedra del sepulcro y se
sentó sobre ella. Era su aspecto como el relámpago, y su vestidura blanca
como la nieve. De miedo de él temblaron los guardias y se quedaron como
muertos. El ángel, dirigiéndose a las mujeres, dijo: No temáis vosotras, pues
sé que buscáis a Jesús el crucificado. No está aquí, ha resucitado, según lo
había dicho. Venid y ved el sitio donde fue puesto. Id
luego y decid a sus discípulos que ha resucitado de entre los muertos y que
os precede a Galilea; allí lo veréis. Es lo que tenía que deciros. Según san Marcos 16:5-7 Entrando en el monumento, vieron un joven sentado a
la derecha, vestido de una túnica blanca, y quedaron sobrecogidas de espanto.
El les dijo: No os asustéis. Buscáis a Jesús Nazareno, el crucificado; ha
resucitado, no está aquí; mirad el sitio en que le pusieron. Pero id a decir a sus discípulos y a Pedro que os precederá a
Galilea: allí le veréis, como os ha dicho. Según san Lucas 24:2-7 “y encontraron removida del monumento la piedra, y, entrando, no hallaron el cuerpo del
Señor Jesús. Estando ellas perplejas
sobre esto, se les presentaron dos hombres vestidos de vestiduras
deslumbrantes. Mientras ellas se
quedaron aterrorizadas y bajaron la cabeza hacia el suelo, les dijeron: ¿Por
qué buscáis entre los muertos al que vive?
No está aquí, ha resucitado. Acordaos cómo os habló estando aún en
Galilea, diciendo que el Hijo del
hombre había de ser entregado en poder de los pecadores, y ser crucificado, y
resucitar al tercer día.” Según san Juan 20: 11-13 María se quedó junto al monumento, fuera, llorando.
Mientras lloraba, se inclinó hacia el monumento, y vio a dos ángeles vestidos de blanco, uno
a la cabecera y otro a los pies de donde había estado el cuerpo de Jesús. Le dijeron: ¿Por que lloras, mujer? Ella
les dijo: Porque han tomado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto. En
diciendo esto, se volvió para atrás y vio a Jesús que estaba allí, pero no
conoció que fuese Jesús. La tumba vacía En los cuatro relatos, nos encontramos con la tumba
vacía, san Mateo dice; “sé que buscáis a Jesús el crucificado. No está aquí,
ha resucitado”, san Marcos dice: Buscáis a Jesús Nazareno, el crucificado; ha
resucitado, no está aquí; mirad el sitio en que le pusieron, san Lucas dice: y, entrando, no hallaron el
cuerpo del Señor Jesús, san Juan dice: Porque han tomado a mi Señor y no sé
dónde lo han puesto. Y diciendo esto, se volvió para atrás y vio a Jesús que
estaba allí. El mensaje de Dios a través de los
Ángeles Hemos aprendido que un ángel habla cuando se formula
en palabras un mensaje de Dios, y ese mensaje en estos relatos en de la
resurrección. San Mateo dice; El ángel, dirigiéndose a las mujeres, dijo: No
temáis vosotras, pues sé que buscáis a Jesús el crucificado…. Id luego y decid a sus discípulos que ha resucitado de
entre los muertos. San Marcos, no trae la palabra Ángel, pero los describe
con las vestiduras que utilizaban los Ángeles, y lo relata así; vieron un
joven sentado a la derecha, vestido de una túnica blanca. San Lucas, tampoco
menciona la palabra ángeles, pero al igual que san Marcos da entender que si
lo son, el los relata así: Estando ellas perplejas sobre esto, se les
presentaron dos hombres vestidos de vestiduras deslumbrantes. San Juan lo
narra de esta forma: y vio a dos ángeles vestidos de blanco, uno a la
cabecera y otro a los pies de donde había estado el cuerpo de Jesús. El
mensaje de la resurrección, nos llega como un mensaje de Dios. Proclamar la resurrección Decimos y anunciamos, con claridad y sin equívoco, es
decir proclamamos la resurrección de Jesús, es decir esta no se puede
describir, sino sólo proclamar. En efecto, ninguno de los Evangelios describe
como fue, san Mateo dice que: “sobrevino un gran terremoto, pues un ángel del
Señor bajó del cielo y, acercándose, removió la piedra del sepulcro y se
sentó sobre ella.” La expresión el “gran terremoto” procede de la idea del
antiguo vocabulario bíblico para explicar los “signos de la teofanía”, es
decir una manifestación de la divinidad, en otras palabras, ha ocurrido una manifestación de Dios. San
Marcos tampoco explica como fue la resurrección, solo dice que: Muy de
madrugada, el primer día después del sábado, en cuanto salió el sol, vinieron
al monumento. Se decían entre sí: ¿Quién nos quitará la piedra de la entrada
del monumento? Y mirando, vieron que la piedra estaba removida; era muy
grande. (Mc 16; 2-4). Esto es Jesús no estaba ya allí, porque no estaba
muerto. El mensaje de resurrección de la tumba vacía. Dios manifiesto así sus
misterios.
Las Mujeres van a la tumba Según san Mateo, dice que: Pasado el sábado, ya para
alborear el día primero de la semana, vino María Magdalena, con la otra
María, a ver el sepulcro. (Mt 28:1). ¿Cuál es la finalidad de la visita de
estas mujeres al sepulcro? Según Mt, vinieron “para verlo.” San Marcos aclara
algo mas, el dice que eran tres mujeres y venían para ungirle “Pasado el
sábado, María Magdalena, y María la de Santiago, y Salomé compraron aromas
para ir a ungirle” (Mc 16:1), san Lucas dice que: vinieron al monumento,
trayendo los aromas que habían preparado, (Lc 24: 1, 10) y luego dice: Eran
María
Pedro y Juan van al sepulcro, Evangelio según san
Juan 20:3-10. Salió, pues, Pedro y el otro discípulo y fueron al
monumento. Ambos corrían; pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro,
y llegó primero al monumento, e inclinándose, vio los lienzos; pero no entró.
Llegó Simón Pedro después de él, y entró en el monumento y vio los lienzos
allí colocados, y el sudario que
habían estado sobre su cabeza, no puesto con los lienzos, sino envuelto
aparte. Entonces entró también el otro discípulo que vino primero al
monumento, y vio y creyó; porque aún no se habían dado cuenta de Pedro y Juan debieron de salir enseguida de recibir
esta noticia, pues ambos “corrían.” San Juan nos revela en este relato rasgos
interesantes, dice: “el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro”. En
efecto, Pedro debía de estar sobre la mitad de su edad, sobre los cincuenta
años (Jn 21:18.19), y, según San Ireneo, vivió hasta el tiempo de Trajano
(98-117). Esto hace suponer que san Juan pudiese tener entonces sobre
veinticinco o treinta años, él por su juventud y su fuerte ímpetu de amor a
Cristo, “corrió más aprisa” y llegó primero al sepulcro. Pero “no entró.”
Sólo se “inclinó” para ver el interior. Teniendo el sepulcro la entrada en lo
bajo y teniendo que agacharse para entrar, es decir san Juan, para poder
echar una ojeada al interior, tenía que “inclinarse.” Además san Juan no
entró, esperando a Pedro. ¿Por qué esto?, no lo dice. Pedro es el primero que
entra en el sepulcro. El evangelista insiste en lo que vio: los “lienzos” en
que había sido envuelto estaban allí; y el “sudario” en que se había envuelto
su cabeza no estaba con los “lienzos,” sino que estaba “enrollado” y puesto
aparte. El evangelista, al recoger estos datos, pretende, manifiestamente,
hacer ver que no se trata de un robo; de haber sido esto, los que lo hubiesen
robado no se hubiesen entretenido en llevar un cuerpo muerto sin su mortaja,
ni en haber cuidado de dejar “lienzos” y “sudario” puestos cuidadosamente en
sus sitios respectivos (Lc 24:12). A este propósito, el caso de Lázaro al
salir del sepulcro, “fajado” de pies y manos y envuelta su cabeza en el
“sudario,” antes descrito por el evangelista, era aleccionador (Jn 11:44).
San Juan pone luego el testimonio de fe. También él entró “y vio, y creyó.”
Vio el sepulcro vacío, sin que hubiese habido robo. Y “creyó.” Las apariciones de Jesús. A primera vista las apariciones de Jesús resucitado
son simplemente dichas, es decir se expresan que Jesús simplemente esta o
estaba ahí. Jesús vive. Los relatos expresan la existencia postpascual de Jesús con medios muy terrenos: no dicen
que llegó como un “espíritu,” sino que comió con sus discípulos; Tomás pudo
tocar los agujeros de sus llagas. Pese a lo cual la manera y naturaleza de
ese cuerpo resucitado de Jesús contradice en los relatos las leyes de los
cuerpos materiales; para él ni los muros ni las puertas cerradas constituyen
un impedimento; para él no existían las distancias. Esta idea es importante
porque refrenda la realidad espiritual de las apariciones. Los apóstoles, los discípulos y hombres como Santiago
y Pablo, que en manera alguna propendían al reconocimiento de Jesús como
Mesías, dejaron de lado su desconfianza y creyeron. Quienes fueron honrados
con alguna de las apariciones referidas de Jesús se convirtieron en testigos:
del Resucitado que vivía. Por ello en las historias de apariciones que
relatan los Evangelios Sinópticos las mujeres pasan a un segundo plano. No es
que no las hayan tenido en absoluto, sino que los Sinópticos no conceden gran
valor a su testimonio. Las mujeres, en efecto, no podían actuar en los
tribunales como testigos. Marcos sólo menciona de paso a María Magdalena
(16:9). Y cuando la propia María Magdalena les refirió a los apóstoles la
aparición de Jesús, “ellos se resistieron a creer” (Mc 16:11). Pero Juan
relata ampliamente una aparición a María Magdalena (Jn 20:11-18) y presenta
así la doctrina explícita de que el Cristo terreno y el Jesús resucitado y
transfigurado son la misma persona. La misma tendencia de la buena nueva de la salvación
(muerte y resurrección de Cristo), fundamento de la fe cristiana, late en los
relatos de la aparición de Jesús a Tomás y en el lago de Genesaret; en ambas
apariciones se destaca con fuerza la vinculación con la vida terrena de
Jesús: en la de Tomás, mediante las heridas de la crucifixión de Jesús; en la
del lago, mediante la situación que crea la pesca milagrosa y con la llamada
a Pedro y el recuerdo de su negación. De lo que se trata en esas historias es
de proclamar la identidad del Resucitado con el Jesús que había vivido sobre
la tierra. Ni los relatos sobre la tumba vacía ni sobre las
apariciones de Jesús intentan ser relatos de hechos evidentes; más bien
quieren expresar en palabras las experiencias intelectual-espirituales (Cuando
Los sanedritas se enteran de la resurrección de
Cristo Evangelio según san Mateo 28:11-15. Mientras iban ellas, algunos de los guardias vinieron
a Según el relato, la guardia romana puesta en el
sepulcro huye, ante el hecho del ángel aterrador y el sepulcro abierto, a
comunicar la noticia y justificarse. Había que dar una explicación de alguna
manera de aquel suceso. Hay una reunión de gentes sanedritas y se apela al dinero. Aquella soldadesca
mercenaria aceptaba fácilmente aquella propuesta: mientras dormían, habían
robado el cuerpo. Mas a quien lo pensase, no le parecería verosímil: ¿cómo
dormir en una custodia, que era gravemente punible en el código militar?
¿Cómo atreverse nadie ante la tropa, máxime sus discípulos, a intentar violar
un sepulcro? ¿Cómo no despertar ante el ruido de gentes y de instrumentos y
del rodaje de la piedra sepulcral? Alguna explicación había de darse. Las
gentes sanedritas se comprometían a apaciguar al procurador si la noticia
llegaba a él. Si a ellos no les interesaba el asunto, menos había de
preocuparle aquel enojoso asunto a Pilato.
Encuentro de Jesús con dos discípulos, Los discípulos
de Emaús. Evangelio según san Lucas, 24:13-35 El mismo día, dos de ellos iban a una aldea que dista
de Jerusalén sesenta estadios, llamada Emaús, y hablaban entre sí de todos
estos acontecimientos. Mientras iban hablando y razonando, el mismo Jesús se
les acercó e iba con ellos, pero sus ojos no podían reconocerle. Y les dijo:
¿Qué discursos son éstos que vais haciendo entre vosotros mientras camináis?
Ellos se detuvieron entristecidos, y, tomando la palabra uno de ellos, por
nombre Cleofás, le dijo: ¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no
conoce los sucesos en ella ocurridos estos días? El les dijo: ¿Cuáles? Contestáronle: Lo de Jesús Nazareno, varón profeta,
poderoso en obras y palabras ante Dios y ante todo el pueblo; cómo le
entregaron los príncipes de los sacerdotes y nuestros magistrados para que
fuese condenado a muerte y crucificado. Nosotros esperábamos que sería El
quien rescataría a Israel; mas, con todo, van ya tres días desde que esto ha
sucedido. Nos asustaron ciertas mujeres de las nuestras que, yendo de
madrugada al monumento, no encontraron su cuerpo, y vinieron diciendo que habían
tenido una visión de ángeles que les dijeron que vivía. Algunos de los nuestros fueron al monumento
y hallaron las cosas como las mujeres decían, pero a El no le vieron. Y El les dijo: ¡Oh hombres sin inteligencia
y tardos de corazón para creer todo lo que vaticinaron los profetas! ¿No era
preciso que el Mesías padeciese esto y entrase en su gloria? Y, comenzando
por Moisés y por todos los profetas, les fue declarando cuanto a El se
refería en todas las Escrituras. Se acercaron a la aldea adonde iban, y El
fingió seguir adelante. Obligáronle diciéndole:
Quédate con nosotros, pues el día ya declina. Y entró para quedarse con
ellos. Puesto con ellos a la mesa, tomó el pan, lo bendijo, lo partió y se lo
dio. Se les abrieron los ojos y le reconocieron, y desapareció de su
presencia. Se dijeron unos a otros: ¿No ardían nuestros corazones dentro de
nosotros mientras en el camino nos hablaba y nos declaraba las Escrituras? Hermoso relato de Lucas, en el nos dice que el primer
día de la semana, dos de los discípulos iban a un pequeño pueblo llamado
Emaús, el mismo día de la resurrección del Señor, en el cómputo judío el
primer día de la semana, dos de ellos, de los discípulos que estaban reunidos
con los apóstoles tuvieron que salir de camino de Jerusalén. Probablemente
fuesen peregrinos que, cumplidos los primeros ritos pascuales, se volvían a
su pueblo. Era ésta una aldea llamada Emaús. En su caminar, preocupados por los acontecimientos,
se les une en el camino, como un viajero más, Jesús. Pero ellos no le reconocieron.
El texto dice: pero sus ojos estaban retenidos para no reconocerle. Algunos
autores piensan que se trata de una acción sobrenatural que les impedía
reconocer a Jesús. La frase no debe de exigir una acción de este tipo. Era
sencillamente que la apariencia de Jesús resucitado, cuerpo glorioso, se les
mostró en una forma no ya la ordinaria. Como fue en el caso de Magdalena,
recordemos que ella piensa que es un hortelano y donde se dice que no le
conoció, pero sin alegar una acción sobrenatural que se lo impidiese; o
cuando Jesús resucitado se les aparece junto al Tiberíades, y de momento no
le reconocieron los discípulos. La conversación se inicia con la preocupación que les
embaraza, por lo que pasó en Jerusalén. El impacto tuvo que ser muy grande en
la ciudad, pues Jesús era muy conocido, los peregrinos de todo Israel estaban
allí con motivo de la fiesta pascual y la crucifixión era siempre un acto
espectacular. Estos peregrinos hablan de Jesús Nazareno, nombre con que era
conocido, pero como de un profeta. Sin embargo, con este nombre piensan en el
Mesías, pues esperaban que rescataría a Israel.
Estaban en la promesa mosaico-mesiánica. Y le reconocen poderoso en obras y
palabras, estilo de Lc (Act 7:22), con el que los peregrinos proclaman la obra
salvadora doctrinal de Jesús y su vida de milagros. El desánimo en ellos está patente. Su esperanza no se
ve. Esperaban que rescataría a Israel, y van tres
días de su muerte. Reflejan estos peregrinos la concepción judaica de la
escatología mesiánica de formas complejas o confusas, que ya aparece en la
petición del buen ladrón (Lc), y según la cual se esperaba que el gran
período mesiánico se inauguraría con la resurrección
de los muertos. Y aunque aluden a la visita de las mujeres al sepulcro, y que
no hallaron el cuerpo de Jesús, y que habían tenido una visión de ángeles,
que les dijeron que vivía, y que algunos discípulos fueron al sepulcro y no
hallaron el cuerpo del Señor, el desánimo y la desilusión se acusa en ellos.
La cifra de tres días, tan anunciada por Jesús para su resurrección, estaba
muy fija en ellos. El alma permanecía tres días sobre el cadáver y lo
abandonaba al cuarto (Talmud). Este es el momento en que Jesús les explica lo que en
las Escrituras se decía de El: que por el sufrimiento entraría en su gloria.
Hacía falta deshacer el concepto judío de un Mesías triunfante política y
nacionalmente; había de sufrir. Por eso apeló al gran argumento en Israel:
las Escrituras. Y comenzó por Moisés (Pentateuco) y los Profetas. No faltó en
la exposición, de seguro, la profecía mesiánica del Siervo de Yahvé. Así era
preciso que el plan del Padre, revelador de las Escrituras, se cumpliese. Y
así el Mesías entraría en su gloria. Pronto van a ver parte de esta vida
sobrenatural que tiene en su aparición a ellos, a pesar del desconocimiento
que tienen de El y su misteriosa desaparición. A la hora en que san Lucas lo
refiere, no debe ser ajeno a él, en la expresión su
gloria, la plena irradiación de su divinidad a través de su humanidad. En el resto del relato, Jesús esta la mesa con estos
peregrinos. Jesús, como invitado, tomó el pan (en sus manos), lo bendijo, lo
partió y se lo dio. ¿Qué significa este acto? ¿Es la simple bendición del pan
ritual en la mesa? ¿O es que Jesús realizó allí el rito eucarístico? Estos
peregrinos le reconocieron en la fracción. Pero éstos no asistieron a la
última Cena ni es fácil que hubiesen oído explicar este rito a los apóstoles.
Más, por otra parte, esta expresión del relato parece una forma del rito
eucarístico de la consagración del pan en los sinópticos. Si el relato se
considera histórico en todos sus detalles, se impone el sentido no
eucarístico, ya que estos discípulos no habían asistido a la última Cena.
Sería el rito ordinario de partir el pan y bendecirlo en la comida, hecho,
como invitado de honor, por Jesús. Si la expresión viene a tener una
coincidencia con la fórmula sinóptica eucarística, pudiera ser un Idea o
expresión demasiado repetidas o tópicas con el que se expresaba el rito de la
bendición de la mesa, de donde el mismo Jesús lo parece tomar para el rito
nuevo eucarístico. Era una buena semejanza, basada en la misma naturaleza de
las cosas. Sin embargo recordemos que Jesús les dijo: ¡Hombres
duros de entendimiento, cómo les cuesta creer todo lo que anunciaron los
profetas! ¿No era necesario que el Mesías soportara esos sufrimientos para
entrar en su gloria?. Y comenzando por Moisés y
continuando con todos los profetas, les interpretó en todas las Escrituras lo
que se refería a él, es decir, primero Jesús se detiene en la enseñanza de
las Escrituras, que llevan a Jesús, y luego él, por la consagración
eucarística, está ante ellos por su real presencia eucarística y resucitado. Lo que aquí se intenta no es, como en las apariciones
de Jesús a sus apóstoles, el hecho mismo de la aparición, el hecho que Jesús
viene, se presenta, se muestra. Para los discípulos de Emaús no basta que
Jesús esté allí; es preciso aún más: que se le reconozca. No es una narración
con finalidad apologética, sino con un deliberado enfoque teológico. Dada
esta enseñanza, Jesús desaparece. Pero San Lucas a veces no explica en su evangelio
expresiones muy judías (Lc 20:17). El evangelio procede, en parte, de una
catequesis, donde las explicaciones habían de tener mayor volumen. Por eso, la
síntesis evangélica puede omitir cosas supuestas. Además, es muy poco
probable que los lectores de Lucas no conociesen este tipo de bendición judía
de la mesa cuando el mismo ágape debió de tener su origen en los preludios
judíos de la cena del Señor. Y esto suponía una explicación de lo mismo.
Además, esta narración está situada entre hechos manifiestamente apologéticos
de este capítulo de Lucas. Si la frase fracción del pan, anterior a su
específico uso cristiano, es aquí síntesis de tomó el pan, lo partió., ambas
fórmulas son del rito judío. Y Jesús tenía su rito, como se ve en los
sinópticos. De aquí que la forma usual y repetida de la bendición del pan en
Emaús pudiese, por su uso eucarístico, revertir sobre la fórmula histórica
primitiva de bendición de la comida, evocando a esta hora, en cierto sentido,
Por último, la narración de la explicación que Jesús
les hace de las Escrituras tiene un manifiesto valor apologético: les trata
de hacer ver el verdadero mesianismo profético. Pero este hecho me recuerda algo muy importantes en
nuestra celebración litúrgica, primero se escucha a Jesús en la lectura y
luego se entra en contacto con El por Estos discípulos, conociendo a Jesús en el rito del
pan, por ser característica suya la bendición, o el tono de voz, volvieron
presurosos a Jerusalén. Allí encontraron a los Once y a sus compañeros.
Fácilmente podemos imaginar con que alegría, detalles y viveza contaron su
encuentro con Jesús. Estos les dijeron: Es verdad, ¡el Señor ha resucitado y
se apareció a Simón! Sin embargo no les creyeron (Mc 16:13), al menos en un
principio. Pero también ellos supieron que el Señor, el Kyrios,
confesándose así la divinidad de Jesús, como lo hacía con este nombre Los discípulos, se sintieron atrapados por las
palabras y la compañía de Jesus, así es como le dijeron "Quédate con
nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba". Eso es lo que queremos
decirle hoy a Jesús, eso es lo que le rogamos, que se quede, porque sin el la
tarde se hace oscura, sin El queda vacía el alma, y El es Luz para la
oscuridad, alegría y consuelo para el espíritu. Jesús se dio a conocer a los discípulos cuando
estando a la mesa, tomó el pan y pronunció la bendición; luego lo partió y se
lo dio. Entonces los ojos de los discípulos se abrieron y lo reconocieron.
Así hoy nosotros, es donde encontramos a Jesús, así se nos da a conocer en Pedro Sergio Antonio Donoso Brant |
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Pedro Sergio Antonio Donoso Brant |