Caminando con Jesús

Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

 

CRISTO, LA OBEDIENCIA AL PADRE

Jesús Marti Ballester

1. OBEDIENCIA DE CRISTO

Los hombres hemos desobedecido a Dios, Cristo contrarrestará con su obediencia nuestra desobediencia. Así lo escribe San Pablo: "Como por la desobediencia de un solo hombre, todos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno solo todos serán constituidos justos" (Rm 5, 19). El amor de Jesús hasta el extremo confiere su valor de redención y de reparación, de expiación y de satisfacción, a su propio sacrificio. Ningún hombre era capaz de tomar sobre sí los pecados de todos y de ofrecerse en sacrificio por todos. Unicamente Cristo, Persona divina y por tanto con valor infinito en sus actos, porque estos se atribuyen a la persona, siendo también perfecto y verdadero hombre, y Cabeza de todos los hombres, ha podido ofrecer su sacrificio, como Redentor del hombre.

           

2. LA “KENOSIS” DE CRISTO

El enorme teólogo Von Balthasar, uno de los pocos que han tratado a fondo la "kenosis" de Dios, pues desde 1500 no se ha profundizado teológicamente este misterio, cita a Isaías 24, 17-23, al evocar la muerte de Dios. Si Dios muere, todo muere; si la palabra de Dios calla, todo el mundo calla (Mysterium Salutis III, II). ¿Para qué se derramó tanta sangre?, pregunta san Gregorio Nazianceno. Sin el pecado, Jesús no hubiera muerto. Y si la muerte de Jesús es la finalidad de la manifestación de Dios, entonces el pecado es necesario para esta manifestación. ¡Feliz culpa que nos mereció tal Redentor! El misterio de la Pasión es la revelación de Dios que se anonada. Cuando Dios sirve, cuando lava los pies a sus criaturas, revela su íntimo ser.

Pedro se rebela y protesta frente a la humillación de Cristo, porque no comprende, y tuvo que ser especialmente formado por Jesús, para poder llegar a conocer a Dios y a sí mismo, pues había de ser pastor. Pedro se ve deslumbrado por el hecho inconcebible de la Pasión. Veámoslo. Cuando Jesús caminaba sobre las aguas, Pedro le dijo: "Señor, mándame ir a tí sobre las aguas. "Ven", le dijo Cristo (Mt 14, 28). Caminar sobre las aguas, es una acción propia de Yahvé. Pedro pudo pensar: ¿Acaso no nos ha comunicado Cristo sus poderes para expulsar demonios y curar enfermos? Pedro querría participar de la potencia de Jesús, pero no sabe que eso significa participar en sus pruebas, es decir, soportar el viento y el furor de las olas encrespadas-. Le pareció fácil caminar sobre el agua. Pero cuando arreció el viento, gritó, y se hundía. Presumía porque no se conocía, y se consideraba capaz de participar de la debilidad de Dios.

3. LA MUERTE DESHONROSA

Cuando Jesús se dirige con los discípulos al huerto de los Olivos: "Heriré al Pastor y se dispersarán las ovejas"(Mt 26, 31), le dice Pedro: "Aunque tuviera que morir contigo, no te negaré" (Ib 35). La idea que los discípulos tenían de Dios era totalmente veterotestamentaria. Porque nadie tiene la idea verdadera de Dios, hasta que no ha conocido al Crucificado. Pedro habla de morir, pero lo entiende de una manera heroica, la muerte del mártir con la espada en la mano, como los Macabeos, pero no entiende morir humillado, en silencio, en el escarnio público. Pedro y los demás se duermen. Aunque Dios se les está revelando, no están maduros para aceptar su revelación: Sienten miedo ante Jesús que se asusta. Tienen los ojos cargados. Jesús tiene que orar solo. Le ven la cara tan asustada, angustiada, y aparece la duda - ¿pero éste es el Mesías? ¿Cómo puede Dios manifestarse en un hombre tan pobre? -Este Jesús que se humilla, que parece un guiñapo, que camina con inseguridad, los desconcierta cada vez más, derrumba su esquema mental, su idea de cómo Dios debe manifestarse y debe salvar a un hombre que le ha sido fiel, que es su Cristo. Este titubear de Pedro se viene abajo cuando llega Judas y besa a Jesús. Pedro hizo el último intento de morir como un héroe: sacó la espada. Y Jesús le desautorizó. ¿Por qué no vienen ahora esas legiones de ángeles? ¡Jesús no reacciona! Y Mt 26, 56 dice: "todos le abandonaron". Pedro lo seguía de lejos. Pedro negó. Cantó el gallo (Ib 70). "Jesús se volvió, miró a Pedro y Pedro se acordó de la palabra del Señor y lloró amargamente" (Lc 22, 61). Reflexionaría Pedro: Jesús lo sabía todo. Luego ese es el plan de Dios. La mirada de Jesús engendra a un Pedro nuevo, que comienza a intuir, entre lágrimas, que Dios se revela en Cristo abofeteado, insultado, negado por él, y que va a morir por él, cuando era él el que quería morir por Jesús. Así es como Pedro entra, por medio de esta laceración y humillación, en el conocimiento del misterio de Dios a través de la ignominia de la cruz.

           

4. EL MISTERIO DEL SUFRIMIENTO

Hay que aceptar la debilidad de Dios y la Pasión como manifestación del amor de Dios, como la obra de Dios por excelencia. Hay que meditar la Pasión y la Muerte del Hijo de Dios en toda su terribilidad. Contemplando la Pasión en su dimensión trinitaria, aparece la revelación definitiva de Dios. Hasta la Pasión, la revelación del misterio de Dios era incompleta. El Dios del A. T. es verdad, pero no toda la verdad completa. La verdad plena de Dios es ver a Dios que se hace débil, Dios vida que entra en la muerte. El Padre que entrega al Hijo y el Hijo entregado, traicionado por los hombres y entregado por el Padre a los hombres.

Es el misterio del abandono, de los hombres y del Padre y toda la desolación interior, que los hombres que aman a Dios sufren a veces larga y amargamente. San Juan de la Cruz, lo vive y lo describe como "Noche oscura", con sus grados, hasta el puro infierno. Isaac de Nínive habla de un infierno mental, de gustar el infierno, de situación de abandono: "Un hombre en esa situación cree que no puede cambiar ya su vida, ni que algún día pueda encontrar la paz. La esperanza en Dios y el consuelo de la fe desaparecen completamente de su alma, y se encuentra continuamente llena de duda y angustia".

5. LA RECONCILIACION POR EL DOLOR DEL AMOR

Los Místicos de Occidente, desde San Bernardo, "con el abandono de la esposa", comentando el Cantar de los Cantares, hasta Angela de Foligno y Rosa de Lima, quien a diario se veía visitada por terribles tinieblas del espíritu y del sentimiento, que la angustiaban hasta el extremo de que no sabía si estaba en la tierra o en el infierno y sollozaba bajo el tremendo peso de las tinieblas. Su voluntad tiraba hacia el amor, pero se quedaba quieta y paralizada como el hielo. Su memoria se esforzaba por recordar sus anteriores consuelos, pero en vano. Se adueñaban de ella terror y angustia, y gritaba, Dios mío... ¿por qué me has abandonado? Pero nadie respondía... Y lo peor es que parecía que sus males iban a durar eternamente, que no se vislumbraba el final de sus miserias y que un muro de bronce le imposibilitaba salir del laberinto. Ignacio en Manresa, sufrió la tentación de tirarse al pozo por el horror de la desolación, y analiza este estado, en sus EE, 317. Santa Teresa en las moradas sextas roza vivencias de infierno. Teresita se ve en el túnel...de una noche que desemboca en la nada. De Raïsa escribe su esposo el filósofo Maritain: "Durante todo ese tiempo fue implacablemente destruida, como a hachazos, por ese Dios que la amaba a su manera terrible y cuyo amor sólo es dulce a los ojos de los santos o de los que no saben lo que dicen".

           

6. EL ABANDONO DE CRISTO VIVIDO POR LOS MIEMBROS MAS VIVOS

A través de estas experiencias, se puede intuir algo del misterio del abandono de Cristo. Esta noche oscura suele proceder de una ofrenda generosa, como la Ofrenda de Teresita al Amor. En el A. T. existen las experiencias de abandono de Dios que encontramos en muchos salmos. Pero sólo quien ha experimentado al Dios de la Alianza, sabe lo que significa sentirse abandonado por El. No se puede expresar con palabras, pero algo intuimos siguiendo la vía trinitaria en la contemplación de la Pasión. Pueden estas intuiciones convertirse en realidad muy dramática en la oración personal y comprendemos que muchos estados de ánimo de los que no lográbamos darnos cuenta, son en el fondo experiencias de abandono, a través de los cuales Jesús nos pide que entremos en un conocimiento más vivo de su Pasión.

           

7. ANTE LA PARADOJA, LA METANOIA. DEL DIOS FUERTE AL DIOS DEBIL

Desde el Génesis y el Exodo, Dios es un Dios fuerte, que hace lo que quiere, para quien nada es imposible, capaz de exterminar a los Egipcios, devorar con el fuego a los pecadores, que arranca los cedros del Líbano, que hace temblar las montañas como cabritos que saltan en los prados. El AT educa según una fuerza irresistible de Yavé. ¿Quién podrá resistir ante El? Del AT se desprende que esta fuerza es característica de Dios, Dios no puede renunciar a ella sin renunciar a ser Dios, porque es el fuerte, el poderoso, lo es por su naturaleza. En el AT se manifiesta la ira de Dios. Dios odia y destruye el mal. Su fuerza ante el mal se convierte en la ira de Dios. Ante estas verdades del AT aparece Jesús, tan difícil de asimilar por los Apóstoles, el Hijo amadísimo, el predilecto, es pobre y débil, se retira ante los fariseos, deja que crezca su odio contra El. Jesús no se hace propaganda. Sus hermanos le decían: "Muéstrate al mundo". El no sabe hacerse de valer. Esto hacía vacilar a sus discípulos. Por eso en la pasión ellos están pensando que este hombre no es fuerte, que les obliga a ceder, a alejarse. Les ha dicho que quiere hablar al mundo, pero no emplea los medios. Isaías había escrito: "No gritará, no levantará la voz, no disputará, ni gritará, ni se oirá su voz en las plazas". No usará los medios para impresionar a las multitudes. Es manso, no es prepotente, sino tímido. He aquí la paradoja de la fuerza de Dios, que se manifiesta débil, que viene para destruir el mal, pero parece tener una voz tan débil que puede ser sofocada por el mal. Dios se revela en él. Pero el misterio sigue: Dios tiene poder para destruir el mal, sin embargo aquí tenemos a un hombre, Jesús, que no es capaz de hacerse valer, que no quiere imponerse, que tolera a sus enemigos y que no los derrota; que no combate la injusticia aplastándola, al contrario, se retira y permite que prevalezca la injusticia, y que sea ella la que alce la voz. "No romperá la caña cascada", pero él sí será roto, por esta debilidad suya; "no apagará la mecha humeante", pero otros le apagarán a él por no haberse impuesto. Este Dios que se manifiesta aquí, deja que le insulten, le escupan, se burlen de El y que le desafíen: "Si eres el Hijo de Dios, sálvate a tí mismo" (Mt 27, 40). Aquí entramos en la paradoja misteriosa, en la que vivimos en este mundo: triunfa el injusto, y el justo es oprimido, vejado, humillado, postergado y escarnecido.

8. TAMBIEN NOSOTROS VIVIMOS LA PARADOJA DE LA DEBILIDAD DE DIOS

Nosotros mismos vivimos el misterio de la debilidad de Dios. La debilidad de Dios manifestada en la parábola de la viña Mt 21, 33. El amor y el deseo de promover a los labradores pierden al amo de la viña. El Padre entrega a su Hijo a los labradores, porque quiere darles confianza hasta el fondo. Pero el dueño no es débil: Cuando venga el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos viñadores? Les impondrá dura muerte. La cruz pues no es sólo poder de Dios, es también juicio terrible, pero puede serlo precisamente porque es la prueba de que Dios quiere libres a los hombres y de que quiere darles la posibilidad de expresar su propia libertad en su servicio. Al darles esa libertad, les da también la posibilidad de rebelarse. 

Cuando se lee el sermón de la montaña, resulta casi inconcebible tener que entregarse inermes al enemigo. ¿Cómo puede llegarse a eso? He ahí al Padre que entrega a su Hijo al enemigo, no como enemigo, sino esperando que comprendan, "respetarán a mi Hijo".

Santa Teresa, que había leído y meditado intensamente la vida y la pasión y muerte de Cristo, al tiempo de escribir sus obras, la resume toda en el amor que el Padre nos tiene para entregarnos a su Hijo, que culmina en la Pasión y en la muerte, y su magisterio de oración lo resume en ir siguiendo paso a paso los misterios de la Redención, lo que el Señor pasó por nosotros, su gran anonadamiento e ignominia, su tortura y su amor: "Pensando en la sagrada pasión, pensamos muchas más cosas de fatigas y tormentos que allí debía de padecer el Señor de las que los evangelistas escriben". "¡Oh, Jesús mío! Cuán grande es el amor que tenéis a los hombres... pues con tanta sangre vemos demostrado el amor tan grande que tenéis a los hijos de Adán". Y este amor es la causa de la debilidad de Dios que muere por los hombres y quiere encarnarse en los pequeños y en los débiles, en la Iglesia, en la comunidad y en la historia.

JESUS MARTI BALLESTER

 

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