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Caminando con
Jesús Pedro Sergio
Antonio Donoso Brant
VIDA DE CRISTO Jesús Marti
Ballester 1. VIDA DE CRISTO Después que santo
Tomás ha meditado y reflexionado sobre la vida oculta de Cristo, su
nacimiento, su manifestación a los pastores y a los magos y su circuncisión
en las cuestiones 36 y 37 de la tercera parte, y en la 38, 39; después de
estudiar la vida pública con el Precursor del Señor y con su Bautismo, a
partir de la cuestión 40, profundiza en la vida del Salvador, en las tentaciones
de Cristo, en sus enseñanzas y milagros, en la transfiguración, en la pasión,
y en la muerte de cruz y sepultura del Señor. Cuando en el Jordán, tras el
forcejeo verbal con Juan, es bautizado Jesús, desciende sobre El el Espíritu Santo en forma de paloma, la voz del Padre
desde el cielo proclama que él es "mi Hijo amado" (Mt 3, 13). Esta
es la manifestación de Jesús como Mesías de Israel e Hijo de Dios, en que
aparece entre los pecadores, como el Siervo Paciente (Is 53, 12), y como "Cordero
de Dios que quita el pecado del mundo", con lo que ella anticipa el
"bautismo" de su muerte sangrienta y se somete, por amor, al
designio del Padre. 2. TENTACIONES DE JESÚS EN EL DESIERTO Para prepararse a
la vida pública, Jesús, impulsado por el Espíritu, va al desierto, donde es
tentado por el diablo, para poner a prueba su fidelidad a Dios. Jesús rechaza
las tentaciones, que resumen las de Adán en el paraíso y las de Israel en el
desierto, y construyen, con su victoria ante el tentador, la fidelidad en
tercera instancia, y anticipan la definitiva victoria en la cruz, del hombre
nuevo. Cristo manifiesta cómo va redimir al mundo por la obediencia al Padre,
y no con gestos espectaculares, como después enseñará a sus discípulos que,
con Pedro, se escandalizarán de la cruz. Los milagros de Jesús, por los que
libera a algunos hombres de los males terrenos del hambre, de la injusticia,
de las enfermedades y de la muerte, son signos mesiánicos, que profetizaban
la liberación de la esclavitud del pecado. "El Espíritu empujó a Jesús
al desierto. Se quedó en el desierto cuarenta días, dejándose tentar por
Satanás; vivía entre alimañas y los ángeles le servían." Marcos 1,12.
Literalmente en esta región del desierto del Jordán viven todavía bestias
salvajes: víboras, cabras silvestres, gacelas y águilas, e incluso por la
noche se oyen los aullidos de hienas y chacales; y en tiempo de Eliseo había
en los bosques desde Jericó a Betel, osos rugientes (Re 2,24). Marcos alude a
los cuarenta años del desierto. Israel creía que la acción del Mesías se
desarrollaría en el desierto y que allí se repetirían las experiencias—tenta¬ciones—del éxodo. De ahí la relación de que Jesús
vivió entre bestias salvajes, que rima con las serpientes que atacaron a los
israelitas en el desierto y con la alimentación prodigiosa del maná, en este
caso servido por los ángeles, designado así en el libro de 3. CRISTO CRECE EN EDAD, EN SABIDURIA Y EN GRACIA Si Jesús ha ido creciendo en edad, en
sabiduría y en gracia, éste es un momento de un gran crecimiento. Mientras
Juan lo bautizaba, ha oído la afirmación del Amor del Padre. Ha oído que el
Padre se complace en El. Ha experimentado que el cariño de su Padre por él es
inmenso e infinito, torrentera plena de felicidad, e inefable, porque si
siempre es costoso e imposible describir los sentimientos personales, la
impotencia aumenta cuando éstos provienen del cruce gratuito de la infusión
mística. Las palabras de amor del Padre confirman sus interrogantes, le
afirman en su vocación, le hacen más disponible, pues también su
disponibilidad ha ido creciendo, porque es gracia, y "ha ido creciendo
en gracia" (Lc 2,52). Todos
sicológicamente, necesitamos ver afirmada y reafirmada nuestra vocación,
aceptadas nuestras cualidades, reconocida nuestra actividad, garantizada y
autentificada nuestra empresa. Y si el reconocimiento procede de una persona
cualificada, o de la entera comunidad, o del grupo de nuestros amigos,
experimentamos seguridad, crecemos en entrega, y nos dedicamos a ella con
mayor ilusión y empeño. El reconocimiento potencia y multiplica la dedicación
y la entrega. Así como la falta del reconocimiento la frena y la paraliza. Y
más cuando esas palabras son de cariño generoso, auténtico y verdadero, nada
menos que de un padre. Jesús, apenas ha
escuchado estas palabras del Padre, empujado por el Espíritu, se ha ido al
desierto a contemplarlas, como cuando un Superior nos ha dicho alguna palabra
trascendental, deseamos meditarla, rumiarla, saborearla, medir su
trascendencia y hasta su tono. Que resuene de nuevo. Necesitamos estar solos.
Jesús ha sido
empujado por el Espíritu al desierto, a la soledad, para contemplar las
Palabras del Padre: "Tú eres mi Hijo", "el Amado",
"el Padre se complace en mí". Soy su Hijo querido, se Amado, sus
Delicias, no puede vivir sin Mí. Jesús es dócil al empuje, a la moción del
Espíritu. Y se va con El solo, a rumiar sus palabras que le resuenan como un
eco celestial, y a planear cómo se lo transmitirá a sus hermanos, los hombres,
a quienes lleva tatuados en su corazón y por quienes ha descendido del cielo,
para compartir con ellos la felicidad del Amor del mismo Padre. Nosotros
debemos también ser dóciles al Espíritu que nos llama al Exodo,
al desierto, al recogimiento, a la escucha de 4. EL ESCENARIO DE LAS TENTACIONES Con este impulso
interno del Espíritu Santo que acababa de descender sobre él en su bautismo,
Jesús se retiró al desierto llamado hoy el Monte de 5. DIFERENTES SENSIBILIDADES DE LOS EVANGELISTAS Marcos narra las tentaciones de Jesús
telegráficamente. Mateo y Lucas, concretarán las circunstancias y los temas.
A Marcos le ha interesado más subrayar el retiro de Jesús como preparación a
su vida activa, como se nota en otros lugares de su evangelio. Se descubre la
catequesis del pastor Pedro, preocupado por la actuación de los corderos y de
las ovejas: “Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios;
decía: Se ha cumplido el plazo, está cerca el Reino de Dios. Convertíos y
creed 6. ELECCION DE LOS DISCIPULOS Jesús eligió
discípulos, a quienes formó y amó y transmitió sus poderes. Confió a Pedro el
poder de las llaves del Reino de los cielos y la misión de apacentar las
ovejas, como signo del Buen Pastor. Cuando, después de la confesión de Pedro:
"Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo", "comenzó a decirles
a los discípulos que él debía subir a Jerusalén, y ser desechado y sufrir y
ser condenado a muerte y ejecutado y resucitar al tercer día", Pedro se
resistió (Mt 16 22). Y, para animar a sus discípulos que, ni entendían ni
querían entender, porque tenían mentalidades mesianistas,
y porque amaban a Jesús y también, por lo que a ellos les podía tocar, Jesús
se transfigura ante Pedro, Juan y Santiago. El Padre le avala, le proclama su
Hijo, su elegido, y les manda que le escuchen. Durante un instante, Jesús ha
manifestado su divinidad y ha probado que, para entrar en su gloria, es
necesario pasar por la cruz, en Jerusalén. El Doctor Angélico, que reflexiona
detenidamente en JESUS MARTI
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