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Autor: Pedro Sergio Antonio Donoso
Brant
La Biblia, no es un libro cualquiera, es el
libro por excelencia, el primero entre todos los libros y es único, no hay
otro igual. ¿Por qué?: Porque a diferencia de los demás libros, este es único
que tiene un doble origen, humano y divino. Juan, el discípulo amado, escribe
en el capitulo: 1Jn 4:7-11: “Amados, amémonos unos a otros, porque el amor
es de Dios. Y todo aquel que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. El
que no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor. En esto se
Mostró el amor de Dios para con nosotros: en que Dios Envió a su Hijo
unigénito al mundo para que vivamos por él. En esto consiste el amor:
no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos Amó a nosotros y
Envió a su Hijo en Expiación por nuestros pecados. Amados, ya que Dios nos
Amó Así, también nosotros debemos amarnos unos a otros. Nadie ha visto a Dios
Jamás. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor se
ha perfeccionado en nosotros. Y así lo confirman todas las
intervenciones de Dios en la historia del hombre, realizadas siempre por
amor. ¿Y porque Israel? Dios elige al
pueblo de Israel por puro amor, contemplemos el Libro del Deuteronomio, en el
capitulo: Dt 7:7-9. "No porque
vosotros Seáis Más numerosos que todos los pueblos, Yahvé os ha querido y os
ha escogido, pues vosotros erais el Más insignificante de todos los pueblos.
Es porque Yahvé os ama y guarda el juramento que hizo a vuestros padres, que
os ha sacado de Egipto con mano poderosa y os ha rescatado de la casa de
esclavitud, de mano del Faraón, rey de Egipto. "Reconoce, pues, que
Yahvé tu Dios es Dios: Dios fiel que guarda el pacto y la misericordia para
con los que le aman y guardan sus mandamientos, hasta mil generaciones. Las relaciones de Dios con su pueblo
están descritas bajo el símbolo del matrimonio, en el que Dios es el esposo y
el pueblo la esposa (Os 2:16). Sucederá en aquel Día, dice Yahvé, que me
Llamarás: 'Esposo Mío'; y nunca Más me Llamarás: 'Señor Mío.' La época resplandeciente de estas
relaciones amorosas es la estadía en el desierto en tiempo de Moisés. La
infidelidad de la esposa y la reconciliación en el amor están
conmovedoramente narradas en el libro del Profeta Oseas, es algo patético,
pero así fue, contemplemos esta lectura: Os 2:4-23. Tampoco me
compadeceré de sus hijos, porque son hijos de Prostitución. Porque su madre
se Prostituyó; la que los Concibió Actuó desvergonzadamente, porque dijo:
'Iré tras mis amantes que me dan mi pan y mi agua, mi lana y mi lino, mi
aceite y mi bebida.' Por tanto, he Aquí que yo obstruyo su camino con
espinos, y reforzaré su vallado, de manera que ella no encuentre sus
senderos. Ella Irá tras sus amantes, pero no los Alcanzará; los Buscará, pero
no los Hallará. Entonces Dirá: 'Iré y me volveré a mi primer esposo, porque
mejor me iba antes que ahora.' "Pero ella no Reconoció que era yo el que
le daba el trigo, el vino nuevo y el aceite. Yo le di abundancia de plata y
de oro, que ellos usaron para Baal. Por tanto, volveré a tomar mi trigo a su
tiempo y mi vino en su época, y quitaré mi lana y mi lino que cubren su
desnudez. Ahora pondré al descubierto su locura ante los ojos de sus amantes,
y nadie Pero ante todo, ahí esta Dios,
siempre con los brazos abiertos para acoger a esta infiel esposa, “su
querida” contemplemos al Profeta Jeremías en; Jer
11:15, ¿Qué derecho tiene mi amada en mi casa, después de haber hecho tantas
intrigas? ¿Acaso los votos y la carne santa podrán apartar tu mal de sobre
ti? ¿Puedes entonces alegrarte? Es, “La amada de su alma”,
observemos al mismo profeta en: Jer 12,7, He abandonado mi casa, he
desamparado mi heredad, he entregado lo que amaba mi alma en mano de sus
enemigos”. Todo
esto, porque su amor es inquebrantable: “Te amo con un amor eterno” así
lo relata en: Jer 31:3. Yahvé me ha aparecido desde hace
mucho tiempo, diciendo: "Con amor eterno te he amado; por tanto, te he
prolongado mi misericordia. Pero la prueba más definitiva del
amor de Dios al mundo está en que le dio a su Hijo único, el cual, a su vez,
nos manifestó el más grande amor muriendo por nosotros, regresamos a
contemplar al discípulo amado, san Juan: Jn 15:13. Nadie tiene mayor amor que éste,
que uno ponga su vida por sus amigos. A este amor de Dios, el hombre
debe responder con amor a Dios y al hombre, esta doble respuesta está
resumida toda El amor a Dios debe ser radical,
en plenitud. Dios no admite propinas de amor. Lo quiere todo. Hay que amar a
Dios con todo el corazón y con toda el alma, es así como lo expresa el libro
del Deuteronomio: Dt 6:5. No Debáis a nadie
nada, salvo el amaros unos a otros; porque el que ama al Prójimo ha cumplido
la ley. Y con esa misma fuerza hay que
amar a los hombres, esto lo contemplamos en Evangelio de san Mateo: Mt 22:39. Le preguntan a Jesús: Maestro, ¿Cuál es el
gran mandamiento de la ley? Jesús le dijo: --Amarás al Señor tu Dios con todo
tu Corazón y con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el grande y el
primer mandamiento. Y el segundo es semejante a él: Amarás a tu Prójimo como
a ti mismo. De estos dos mandamientos dependen toda Es más, amar al prójimo es ya amar
a Dios; y sin amar al hombre, no es posible amar a Dios. El siguiente pasaje
de san Juan, nos invita a reconocer lo que Jesucristo nos ha mandado: 1 Jn 3:14-23; Nosotros sabemos que hemos pasado de
muerte a vida, porque amamos a los hermanos. El que no ama permanece en
muerte. Todo aquel que odia a su hermano es homicida, y sabéis que Ningún
homicida tiene vida eterna permaneciendo en él. En esto hemos conocido el
amor: en que él puso su vida por nosotros. También nosotros debemos poner
nuestras vidas por los hermanos. Pero el que tiene bienes de este
mundo y ve que su hermano padece necesidad y le cierra su Corazón, ¿Cómo
Morará el amor de Dios en él? Hijitos, no amemos de palabra
ni de lengua, sino de hecho y de verdad. En esto sabremos que
somos de la verdad y tendremos nuestros corazones confiados delante de él; en
caso de que nuestro Corazón nos reprenda, mayor es Dios que nuestro Corazón,
y él conoce todas las cosas. Amados, si nuestro Corazón no nos reprende,
tenemos confianza delante de Dios; y cualquier cosa que pidamos, la
recibiremos de él, porque guardamos sus mandamientos y hacemos las cosas que
son agradables delante de él. Y éste es su mandamiento: que creamos en el
nombre de su Hijo Jesucristo y que nos amemos unos a otros, como él nos ha
mandado. Mas adelante, san Juan nos
observa: 1 Jn 4:19-21. Nosotros
amamos, porque él nos Amó primero. Si alguien dice: "Yo amo a Dios"
y odia a su hermano, es mentiroso. Porque el que no ama a su hermano a quien
ha visto, no puede amar a Dios a quien no ha visto. Y tenemos este
mandamiento de parte de él: El que ama a Dios ame también a su hermano. ¿Y a quien hay que amar?, a los
amigos es fácil, como lo es con los familiares y cercanos de la familia, pero
Dios no pide que hay que amar a todos, incluso a los enemigos. Así nos lo
dice el Evangelio según san Mateo: Mt 5:43-48. Habéis
Oído que fue dicho: Amarás a tu Prójimo y Aborrecerás a tu enemigo. Pero yo
os digo: Amad a vuestros enemigos, y orad por los que os
persiguen; de modo que Seáis hijos de vuestro Padre
que Está en los cielos, porque él hace salir su sol sobre malos y buenos, y
hace llover sobre justos e injustos. Porque si Amáis a los que os aman, ¿qué
recompensa tenéis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y si Saludáis
solamente a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de Más? ¿No hacen eso mismo los
gentiles? Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que Está en los
cielos es perfecto. Todo esto lo concretó Jesucristo
en el mandamiento nuevo: “Amaos unos a otros como yo os he amado”,
contemplemos a san Juan en: Jn 13:34. 34 Un
mandamiento nuevo os doy: que os améis los unos a los otros. Como os he
amado, amaos también vosotros los unos a los otros. El Discípulo de Cristo, es un
hombre de amor, y debe vivir amando a sus hermanos, eso el lo que lo
distingue, en eso se le conoce. Por eso el lo característico del cristiano es
el amor, así lo manifiesta san Juan: Jn 13:35. En
esto Conocerán todos que sois mis Discípulos, si tenéis amor los unos por los
otros. San Pablo, se dirige a los
Corintios, y no es exagerar el decir que es ésta una de las páginas más
bellas de toda En ese arranque de amor a Dios,
como no puede ser menos, van incluidos también todos los hombres a quienes El
tanto ha amado, y destaco que sin distinción de razas ni simpatías naturales,
exento total de ver la condición económica y social, hasta el punto de que el
amor a Dios y el amor al prójimo no son sino dos manifestaciones de una misma
caridad. Contemplando la bellísima carta de
san Pablo, y me he permitido llamarlo en algunas ocasiones, Apóstol de amor,
enamorado y chiflado por Jesucristo como muchos quisiéramos imitarlo,
aquí, propiamente, no hace distingo en la descripción de las cualidades de la
caridad que se fija en el amor al prójimo y luego, en una forma muy especial,
al final, une la caridad con la fe y la esperanza y dice que, al contrario
que éstas, la caridad no pasará jamás, sino que se prolongará en un perpetuo
abrazo de estrecha unión con Dios. Así es como san Pablo, nos muestra
como sin el amor no hay valor espiritual alguno; el amor, aparte de dar valor
a todo, es el mayor de todos los bienes, contemplemos finalmente la carta a
los Corintios, 1Crón 13:1-13. Si yo hablo en lenguas de
hombres y de ángeles, pero no tengo amor, vengo a ser como bronce que resuena
o un Címbalo que retiñe. Si tengo Profecía y entiendo todos los misterios y
todo conocimiento; y si tengo toda la fe, de tal manera que traslade los
montes, pero no tengo amor, nada soy. Si reparto todos mis bienes, y si
entrego mi cuerpo para ser quemado, pero no tengo amor, de nada me sirve. El
amor tiene paciencia y es bondadoso. El amor no es celoso. El amor no es
ostentoso, ni se hace arrogante. No es indecoroso, ni busca lo suyo propio.
No se irrita, ni lleva cuentas del mal. No se goza de la injusticia, sino que
se regocija con la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo
lo soporta. El amor nunca deja de ser. Pero las Profecías se Acabarán,
Cesarán las lenguas, y se Acabará el conocimiento. Porque conocemos Sólo en
parte y en parte profetizamos; pero cuando venga lo que es perfecto, entonces
lo que es en parte Será abolido. Cuando yo era niño, hablaba como niño,
pensaba como niño, razonaba como niño; pero cuando llegué a ser hombre, dejé
lo que era de niño. Ahora vemos oscuramente por medio de un espejo, pero
entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte, pero entonces conoceré
plenamente, Así como fui conocido. Y ahora permanecen la fe, la esperanza y
el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor. No es posible en unas pocas letras
hablar de todo el amor que habla Es así como podemos llamar también
a El amor del hombre vive en el
alma, mora en el corazón, es así como Pero siendo el libro del amor, la
lectura de El Señor les Bendiga Pedro Sergio Antonio Donoso Brant Noviembre 2005 |