LA BIBLIA ES EL LIBRO DEL AMOR

Autor: Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

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La Biblia, no es un libro cualquiera, es el libro por excelencia, el primero entre todos los libros y es único, no hay otro igual. ¿Por qué?: Porque a diferencia de los demás libros, este es único que tiene un doble origen, humano y divino.

La Biblia es un libro humano, hecho por hombres, en el lenguaje de los hombres. Sin embargo, los profetas y los apóstoles escribían no por su entendimiento humano sino por la inspiración de Dios. El purificaba sus almas, esclarecía su mente y abría los misterios del futuro, inalcanzables por conocimiento natural. Por eso sus escritos se llaman inspirados por Dios. Es, además y sobre todo, un libro divino, hecho por Dios para transmitir a los hombres un mensaje de salvación.

La Biblia es el Libro del Amor, ella nos revela que revela que “Dios es amor”, con esta reflexión, podemos hacer un  reconocimiento de que así es, para ello contemplemos algunos pasajes que nos revelan que es el Libro del Amor y que nos habla del “Amor de Dios” y que “Dios es Amor”

Juan, el discípulo amado, escribe en el capitulo: 1Jn 4:7-11: “Amados, amémonos unos a otros, porque el amor es de Dios. Y todo aquel que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios.  El que no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor.  En esto se Mostró el amor de Dios para con nosotros: en que Dios Envió a su Hijo unigénito al mundo para que vivamos por él.  En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos Amó a nosotros y Envió a su Hijo en Expiación por nuestros pecados. Amados, ya que Dios nos Amó Así, también nosotros debemos amarnos unos a otros. Nadie ha visto a Dios Jamás. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor se ha perfeccionado en nosotros.

Y así lo confirman todas las intervenciones de Dios en la historia del hombre, realizadas siempre por amor. La Biblia es la historia de las continuadas intervenciones de Dios en la historia del hombre para sacar al hombre de un estado de sufrimiento y de dolor, de persecución y de esclavitud, de enfermedad y de muerte, a un estado de bienestar y de alegría, de paz y de libertad, de salud y de vida.

¿Y porque Israel? Dios elige al pueblo de Israel por puro amor, contemplemos el Libro del Deuteronomio, en el capitulo: Dt 7:7-9.  "No porque vosotros Seáis Más numerosos que todos los pueblos, Yahvé os ha querido y os ha escogido, pues vosotros erais el Más insignificante de todos los pueblos. Es porque Yahvé os ama y guarda el juramento que hizo a vuestros padres, que os ha sacado de Egipto con mano poderosa y os ha rescatado de la casa de esclavitud, de mano del Faraón, rey de Egipto. "Reconoce, pues, que Yahvé tu Dios es Dios: Dios fiel que guarda el pacto y la misericordia para con los que le aman y guardan sus mandamientos, hasta mil generaciones.

Las relaciones de Dios con su pueblo están descritas bajo el símbolo del matrimonio, en el que Dios es el esposo y el pueblo la esposa (Os 2:16). Sucederá en aquel Día, dice Yahvé, que me Llamarás: 'Esposo Mío'; y nunca Más me Llamarás: 'Señor Mío.'

La época resplandeciente de estas relaciones amorosas es la estadía en el desierto en tiempo de Moisés. La infidelidad de la esposa y la reconciliación en el amor están conmovedoramente narradas en el libro del Profeta Oseas, es algo patético, pero así fue, contemplemos esta lectura: Os 2:4-23.   Tampoco me compadeceré de sus hijos, porque son hijos de Prostitución. Porque su madre se Prostituyó; la que los Concibió Actuó desvergonzadamente, porque dijo: 'Iré tras mis amantes que me dan mi pan y mi agua, mi lana y mi lino, mi aceite y mi bebida.' Por tanto, he Aquí que yo obstruyo su camino con espinos, y reforzaré su vallado, de manera que ella no encuentre sus senderos. Ella Irá tras sus amantes, pero no los Alcanzará; los Buscará, pero no los Hallará. Entonces Dirá: 'Iré y me volveré a mi primer esposo, porque mejor me iba antes que ahora.' "Pero ella no Reconoció que era yo el que le daba el trigo, el vino nuevo y el aceite. Yo le di abundancia de plata y de oro, que ellos usaron para Baal. Por tanto, volveré a tomar mi trigo a su tiempo y mi vino en su época, y quitaré mi lana y mi lino que cubren su desnudez. Ahora pondré al descubierto su locura ante los ojos de sus amantes, y nadie la Librará de mi mano. Haré cesar todo su regocijo: sus fiestas, sus lunas nuevas, sus Sábados y todas sus festividades. Arrasaré sus viñas y sus higueras de las cuales ha dicho: 'Son la paga que me han dado mis amantes.' Yo las reduciré a matorral, y se las Comerán los animales del campo. La castigaré por los Días dedicados a los Baales, a los cuales ha quemado incienso y para los cuales se ha adornado con sus aretes y sus joyas. Ella se ha ido tras sus amantes y se ha olvidado de Mí", dice Yahvé. "Sin embargo, he Aquí que yo la persuadiré, la llevaré al desierto y hablaré a su Corazón. Y desde Allí le daré sus viñas, y el valle de Acor Será como puerta de esperanza. Allí me Responderá como en los Días de su juventud, y como en el Día en que Subió de la tierra de Egipto. Sucederá en aquel Día, dice Yahvé, que me Llamarás: 'Esposos Mío'; y nunca Más me Llamarás: 'Señor Mío.'     Porque yo quitaré de su boca los nombres de los Baales, y nunca Más Serán mencionados sus nombres. "En aquel Día haré por ellos un pacto con los animales del campo, con las aves del cielo y con las serpientes de la tierra. Quebraré el arco y la espada, y anularé la guerra en la tierra. Y les haré dormir seguros. "Te desposaré conmigo para siempre; te desposaré conmigo en justicia y derecho, en lealtad y Compasión. Yo te desposaré conmigo en fidelidad, y Conocerás a Yahvé. Y Sucederá en aquel Día, dice Yahvé, que responderé a los cielos, y ellos Responderán a la tierra.  La tierra Responderá al trigo, al vino y al aceite; y éstos Responderán a Jezreel. Yo la sembraré para Mí en esta tierra, y tendré Compasión de Lo-rujama. Diré a Lo-Ammí: '¡Pueblo Mío eres Tú!', y él Dirá: '¡Dios Mío!'" Todo este pasaje es algo patético, pero del mismo modo, podemos agregar que es emocionante, impresiona por lo enternecedor, pero al mismo tiempo es turbador,  dramático y conmovedor.

Pero ante todo, ahí esta Dios, siempre con los brazos abiertos para acoger a esta infiel esposa, “su querida” contemplemos al Profeta  Jeremías en; Jer 11:15, ¿Qué derecho tiene mi amada en mi casa, después de haber hecho tantas intrigas? ¿Acaso los votos y la carne santa podrán apartar tu mal de sobre ti? ¿Puedes entonces alegrarte? Es, “La amada de su alma”, observemos al mismo profeta en: Jer 12,7, He abandonado mi casa, he desamparado mi heredad, he entregado lo que amaba mi alma en mano de sus enemigos”. Todo esto, porque su amor es inquebrantable: “Te amo con un amor eterno” así lo relata en: Jer 31:3. Yahvé me ha aparecido desde hace mucho tiempo, diciendo: "Con amor eterno te he amado; por tanto, te he prolongado mi misericordia.

Pero la prueba más definitiva del amor de Dios al mundo está en que le dio a su Hijo único, el cual, a su vez, nos manifestó el más grande amor muriendo por nosotros, regresamos a contemplar al discípulo amado, san Juan: Jn 15:13. Nadie tiene mayor amor que éste, que uno ponga su vida por sus amigos.

A este amor de Dios, el hombre debe responder con amor a Dios y al hombre, esta doble respuesta está resumida toda la Ley, leemos en el Evangelio de san Marcos: Mc 12:28-31; Se le Acercó uno de los escribas al Oírles discutir; y Dándose cuenta de que Jesús Había respondido bien, le Preguntó: --¿Cuál es el primer mandamiento de todos? Jesús le Respondió: --El primero es: Escucha, Israel: El Señor nuestro Dios, el Señor uno es. Y Amarás al Señor tu Dios con todo tu Corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. El segundo es éste: Amarás a tu Prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que estos dos. Y en Rom 13:8. No Debáis a nadie nada, salvo el amaros unos a otros; porque el que ama al Prójimo ha cumplido la ley.

El amor a Dios debe ser radical, en plenitud. Dios no admite propinas de amor. Lo quiere todo. Hay que amar a Dios con todo el corazón y con toda el alma, es así como lo expresa el libro del Deuteronomio: Dt 6:5. No Debáis a nadie nada, salvo el amaros unos a otros; porque el que ama al Prójimo ha cumplido la ley.

Y con esa misma fuerza hay que amar a los hombres, esto lo contemplamos en Evangelio de san Mateo: Mt 22:39. Le preguntan a Jesús: Maestro, ¿Cuál es el gran mandamiento de la ley? Jesús le dijo: --Amarás al Señor tu Dios con todo tu Corazón y con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el grande y el primer mandamiento. Y el segundo es semejante a él: Amarás a tu Prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los Profetas.

Es más, amar al prójimo es ya amar a Dios; y sin amar al hombre, no es posible amar a Dios. El siguiente pasaje de san Juan, nos invita a reconocer lo que Jesucristo nos ha mandado: 1 Jn 3:14-23; Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, porque amamos a los hermanos. El que no ama permanece en muerte. Todo aquel que odia a su hermano es homicida, y sabéis que Ningún homicida tiene vida eterna permaneciendo en él. En esto hemos conocido el amor: en que él puso su vida por nosotros. También nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos.   Pero el que tiene bienes de este mundo y ve que su hermano padece necesidad y le cierra su Corazón, ¿Cómo Morará el amor de Dios en él?    Hijitos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y de verdad.   En esto sabremos que somos de la verdad y tendremos nuestros corazones confiados delante de él; en caso de que nuestro Corazón nos reprenda, mayor es Dios que nuestro Corazón, y él conoce todas las cosas. Amados, si nuestro Corazón no nos reprende, tenemos confianza delante de Dios; y cualquier cosa que pidamos, la recibiremos de él, porque guardamos sus mandamientos y hacemos las cosas que son agradables delante de él. Y éste es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo y que nos amemos unos a otros, como él nos ha mandado.

Mas adelante, san Juan nos observa: 1 Jn 4:19-21.   Nosotros amamos, porque él nos Amó primero. Si alguien dice: "Yo amo a Dios" y odia a su hermano, es mentiroso. Porque el que no ama a su hermano a quien ha visto, no puede amar a Dios a quien no ha visto. Y tenemos este mandamiento de parte de él: El que ama a Dios ame también a su hermano.

¿Y a quien hay que amar?, a los amigos es fácil, como lo es con los familiares y cercanos de la familia, pero Dios no pide que hay que amar a todos, incluso a los enemigos. Así nos lo dice el Evangelio según san Mateo: Mt 5:43-48. Habéis Oído que fue dicho: Amarás a tu Prójimo y Aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, y orad por los que os persiguen;     de modo que Seáis hijos de vuestro Padre que Está en los cielos, porque él hace salir su sol sobre malos y buenos, y hace llover sobre justos e injustos. Porque si Amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tenéis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y si Saludáis solamente a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de Más? ¿No hacen eso mismo los gentiles? Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que Está en los cielos es perfecto.

Todo esto lo concretó Jesucristo en el mandamiento nuevo: “Amaos unos a otros como yo os he amado”, contemplemos a san Juan en: Jn 13:34. 34 Un mandamiento nuevo os doy: que os améis los unos a los otros. Como os he amado, amaos también vosotros los unos a los otros.

El Discípulo de Cristo, es un hombre de amor, y debe vivir amando a sus hermanos, eso el lo que lo distingue, en eso se le conoce. Por eso el lo característico del cristiano es el amor, así lo manifiesta san Juan: Jn 13:35. En esto Conocerán todos que sois mis Discípulos, si tenéis amor los unos por los otros.

San Pablo, se dirige a los Corintios, y no es exagerar el decir que es ésta una de las páginas más bellas de toda la Sagrada Escritura. No sólo por su contenido, sino incluso por su forma literaria, en estilo rápido y lleno de vida: un verdadero himno al amor, a la caridad. La caridad que habla el Apóstol esta carta, aunque parece mirar sobre todo al prójimo, no es por ese amor o simpatía que nos nace a veces espontáneamente en nosotros, buscando el bien de otros hombres, sino que es un amor que trasciende todo lo creado y se remonta hasta el Creador. Tiene su raíz en Dios, que fue quien nos amó primero a cuyo amor trata de corresponder.

En ese arranque de amor a Dios, como no puede ser menos, van incluidos también todos los hombres a quienes El tanto ha amado, y destaco que sin distinción de razas ni simpatías naturales, exento total de ver la condición económica y social, hasta el punto de que el amor a Dios y el amor al prójimo no son sino dos manifestaciones de una misma caridad.

Contemplando la bellísima carta de san Pablo, y me he permitido llamarlo en algunas ocasiones, Apóstol de amor, enamorado y chiflado por Jesucristo como muchos quisiéramos imitarlo,  aquí, propiamente, no hace distingo en la descripción de las cualidades de la caridad que se fija en el amor al prójimo y luego, en una forma muy especial, al final, une la caridad con la fe y la esperanza y dice que, al contrario que éstas, la caridad no pasará jamás, sino que se prolongará en un perpetuo abrazo de estrecha unión con Dios.

Así es como san Pablo, nos muestra como sin el amor no hay valor espiritual alguno; el amor, aparte de dar valor a todo, es el mayor de todos los bienes, contemplemos finalmente la carta a los Corintios, 1Crón 13:1-13.    Si yo hablo en lenguas de hombres y de ángeles, pero no tengo amor, vengo a ser como bronce que resuena o un Címbalo que retiñe. Si tengo Profecía y entiendo todos los misterios y todo conocimiento; y si tengo toda la fe, de tal manera que traslade los montes, pero no tengo amor, nada soy. Si reparto todos mis bienes, y si entrego mi cuerpo para ser quemado, pero no tengo amor, de nada me sirve. El amor tiene paciencia y es bondadoso. El amor no es celoso. El amor no es ostentoso, ni se hace arrogante. No es indecoroso, ni busca lo suyo propio. No se irrita, ni lleva cuentas del mal. No se goza de la injusticia, sino que se regocija con la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser. Pero las Profecías se Acabarán, Cesarán las lenguas, y se Acabará el conocimiento. Porque conocemos Sólo en parte y en parte profetizamos; pero cuando venga lo que es perfecto, entonces lo que es en parte Será abolido. Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño; pero cuando llegué a ser hombre, dejé lo que era de niño. Ahora vemos oscuramente por medio de un espejo, pero entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte, pero entonces conoceré plenamente, Así como fui conocido. Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor.

No es posible en unas pocas letras hablar de todo el amor que habla La Biblia, pero al menos en esta pocas líneas, podemos contemplar que nos dice y que nuestra relaciones, de unos con otros y de todos con Dios se tienen que centrar en el amor.

Es así como podemos llamar también a La Biblia, como el Libro del Amor. Y el amor es el centro de nuestra vida diaria, por esto la Biblia debe ser el libro de lectura cotidiana, el libro de cabecera y el más importante libro de oración. Este es libro es un regalo más del Amor de Dios y es  el libro de texto de todos sus hijos, todos miembros del pueblo de Dios.

El amor del hombre vive en el alma, mora en el corazón, es así como la Biblia habla al alma. Por tanto para contemplar este libro de amor, no debemos poner bajo la acción del Espíritu Santo, el es que actuó en otros tiempos como fuerza inspiradora de la Biblia, así sigue actuando en nuestro tiempo para darnos a conocer la plenitud la amorosa verdad bíblica.

Pero siendo el libro del amor, la lectura de la Biblia no debe quedarse en el análisis cerebral, intelectual, estudioso, especulativo o imaginativo, tiene que centrarse en el área del corazón, ya que se trata de conocer el mensaje de amor que ella trae, empaparse de él y, encarnarlo en nuestra vida.

 

El Señor les Bendiga

Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

Noviembre 2005

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