MISA DIARIA DE CAMINANDO CON JESUS

"La Eucaristía es fuente y culmen de toda la vida cristiana" (LG 11)

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Página de Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

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Fecha 10-03-2016

Edición Nº 4.613

LITURGIA DE LA HORAS

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Jueves IV Semana de Cuaresma

 

ANTÍFONA DE ENTRADA Sal 104, 3-4

Que la alegría llene el corazón de los que buscan al Señor. Busquen al Señor y serán fuertes, busquen siempre su rostro.

ORACIÓN COLECTA

Imploramos tu misericordia, Señor, y te pedimos que, purificados por la penitencia y por la práctica de las buenas obras, nos mantengamos fieles a tus mandamientos y llegar bien dispuestos a las fiestas de Pascua. Por nuestro Señor Jesucristo tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

LECTURA Éx 32, 7-14

Lectura del libro del Éxodo.

El Señor dijo a Moisés: “Baja en seguida, porque tu pueblo, ése que hiciste salir de Egipto, se ha pervertido. Ellos se han apartado rápidamente del camino que yo les había señalado, y se han fabricado un ternero de metal fundido. Después se postraron delante de él, le ofrecieron sacrificios y exclamaron: «Éste es tu Dios, Israel, el que te hizo salir de Egipto»”. Luego le siguió diciendo: “Ya veo que éste es un pueblo obstinado. Por eso, déjame obrar: mi ira arderá contra ellos y los exterminaré.

De ti, en cambio, suscitaré una gran nación”. Pero Moisés trató de aplacar al Señor con estas palabras: “¿Por qué, Señor, arderá tu ira contra tu pueblo, ese pueblo que Tú mismo hiciste salir de Egipto con gran firmeza y mano poderosa? ¿Por qué tendrán que decir los egipcios: «Él los sacó con la perversa intención de hacerlos morir en las montañas y exterminarlos de la superficie de la tierra»? Deja de lado tu indignación y arrepiéntete del mal que quieres infligir a tu pueblo. Acuérdate de Abraham, de Isaac y de Jacob, tus servidores, a quienes juraste por ti mismo diciendo: «Yo multiplicaré su descendencia como las estrellas del cielo, y les daré toda esta tierra de la que hablé, para que la tengan siempre como herencia»”. Y el Señor se arrepintió del mal con que había amenazado a su pueblo.

Palabra de Dios.

COMENTARIO: Moisés aparece en las dos lecturas que hoy nos ofrece la liturgia de la Palabra. Aquí, aparece haciendo oración de intercesión por el pueblo que ha caído en la idolatría. El Señor escuchó la oración de Moisés y «se arrepintió de la amenaza que había pronunciado contra su pueblo» como una forma de demostrar la inagotable misericordia del Señor.

SALMO Sal 105, 19-23

R. ¡Acuérdate de tus promesas, Señor!

En Horeb se fabricaron un ternero, adoraron una estatua de metal fundido: así cambiaron su Gloria por la imagen de un toro que come pasto. R.

Olvidaron a Dios, que los había salvado y había hecho prodigios en Egipto, maravillas en la tierra de Cam y portentos junto al Mar Rojo. R.

El Señor amenazó con destruirlos, pero Moisés, su elegido, se mantuvo firme en la brecha para aplacar su enojo destructor. R.

VERSÍCULO Jn 3, 16

Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único; para que todo el que crea en él tenga Vida eterna.

EVANGELIO Jn 5, 31-47

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan.

Jesús dijo a los judíos: Si yo diera testimonio de mí mismo, mi testimonio no valdría. Pero hay otro que da testimonio de mí, y yo sé que ese testimonio es verdadero. Ustedes mismos mandaron preguntar a Juan, y él ha dado testimonio de la verdad. No es que yo dependa del testimonio de un hombre; si digo esto es para la salvación de ustedes. Juan era la lámpara que arde y resplandece, y ustedes han querido gozar un instante de su luz. Pero el testimonio que yo tengo es mayor que el de Juan: son las obras que el Padre me encargó llevar a cabo. Estas obras que yo realizo atestiguan que mi Padre me ha enviado. Y el Padre que me envió ha dado testimonio de mí. Ustedes nunca han escuchado su voz ni han visto su rostro, y su palabra no permanece en ustedes, porque no creen al que él envió. Ustedes examinan las Escrituras, porque en ellas piensan encontrar Vida eterna: ellas dan testimonio de mí, y sin embargo, ustedes no quieren venir a mí para tener Vida. Mi gloria no viene de los hombres. Además, yo los conozco: el amor de Dios no está en ustedes. He venido en nombre de mi Padre y ustedes no me reciben, pero si otro viene en su propio nombre, a ése sí lo van a recibir. ¿Cómo es posible que crean, ustedes que se glorifican unos a otros y no se preocupan por la gloria que viene del único Dios? No piensen que soy yo el que los acusaré ante el Padre; el que los acusará será Moisés, en el que ustedes han puesto su esperanza. Si creyeran en Moisés, también creerían en mí, porque él ha escrito acerca de mí. Pero si no creen lo que él ha escrito, ¿cómo creerán lo que yo les digo?

Palabra del Señor.

COMENTARIO: En la discusión entre Jesús y los judíos, éstos recurren a Moisés y la escrituras, en cambio el Maestro cita a Moisés como testigo contra la autosuficiencia y obcecación de quienes pretenden apoyarse en él, pero no creen en Aquel que ha venido a traer la salvación preparada en la era mosaica. Jesús desenmascara el orgullo de los «creídos» y ofrece el testimonio más valioso para los creyentes, que consiste en sus obras en nombre de Dios, llenas de salud, perdón y vida en abundancia.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Dios todopoderoso, concédenos que la ofrenda de ese sacrificio fortalezca nuestra debilidad y la defienda contra todos los males. Por Jesucristo nuestro Señor.

ANTÍFONA DE COMUNIÓN Jer 31, 33

Dice el Señor: “Pondré mi ley en su interior, la escribiré en su corazón; yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo”.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Que  esta comunión, Padre, nos purifique de todas nuestras culpas, y así nos alegremos con tu ayuda quienes estamos agobiados por el peso de nuestra conciencia. Por Jesucristo nuestro Señor.

  REFLEXIÓN BÍBLICA

 

He venido en nombre de mi Padre y ustedes no me reciben

Jn 5, 31-47

Autor: Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

1.    JESÚS, NOS ARGUMENTA EL TESTIMONIO DEL PADRE SOBRE LA MISIÓN DEL HIJO.

Este discurso dogmático de Jesús, sobre sus poderes divinos, tiene una segunda parte, la demostración, por testificación del Padre, de que todo cuanto El enseña es verdad.

En este fragmento del Evangelio de san Juan, Jesús no hablara del Testimonio que diera primero Juan Bautista, luego el más importante de todos, El Padre que lo ha enviado, luego el de las Sagradas Escrituras, que hablan de Jesús y finalmente las obras que Jesús realiza, estas últimas, son las que dan autentico testimonio de Jesús.

Jesús basa el fundamento de su argumentación en un principio que está en la Ley (Dt 19:15): la necesidad de testigos en un pleito. Situándose Jesús en él, les dice: “Si yo diera testimonio de mí mismo, mi testimonio no valdría”. En realidad no es que Jesús no admita como infalible su solo testimonio, como argumenta en otra ocasión (San Juan 8:14ss), precisamente contra la acusación judía de que El testificaba de sí (San Juan 8:13), pues sólo Él sabe de dónde viene y adónde va, sino que aquí, para argumentarles en el terreno de su juridicidad humana, plantea su argumentación en el mismo terreno de sus exigencias. No apela aquí a su testimonio. “Pero hay otro (el Padre) que da testimonio de mí.

2.    EL TESTIMONIO DEL BAUTISTA, QUE JESÚS DIRÁ QUE ÉL NO NECESITA

San Juan, (el evangelista) recoge antes, como contraste, el testimonio del Bautista, que Jesús dirá que él no necesita, pero que para los judíos les habría sido suficiente para ir a Jesús. “No es que yo dependa del testimonio de un hombre” es decir, Él no lo necesita, pues tiene conciencia clara de quién es; “si digo esto,” la evocación del testimonio del Bautista, “es para la salvación de ustedes”, ya que, recibiendo el testimonio del Bautista, vendrían a Jesús, le oirían convenientemente, y se salvarían.

Juan Bautista, era el “precursor.” Su misión era mostrar oficialmente el Mesías a Israel (San Juan 1:31.33.34). El prestigio que el Bautista tuvo entonces en Israel fue excepcional, así lo registran los evangelios. Ante la conmoción mesiánica creada en torno al Bautista, los judíos le enviaron una embajada oficiosa a preguntarle, estando él en Betania de Transjordania, si él era el Mesías. Y Juan dio testimonio a la verdad: él no era el Mesías, pero su misión era ser su “precursor” (San Juan 1:19-34). Ellos daban tal crédito al Bautista, que lo hubiesen reconocido por Mesías si él se proclamaba tal. Y, puesto que él señalaba a Jesús como Mesías, que lo recibiesen, ya que apelaban a “testimonios humanos.”

Pero aquella embajada al Bautista fue una frivolidad para Israel. “Juan era la lámpara que arde y resplandece” en la noche, a falta de sol. En la hora premesiánica buena era la lámpara, la misión del Bautista, como lo es la lucerna en la casa al anochecer.

Los calificativos con que se describe la misión del Bautista tienen una fuerte evocación bíblica: “que arde y resplandece.” Con estas dos expresiones se alude a su celo y a su palabra. Precisamente en el libro del Eclesiástico se describe semejantemente a Elías, “tipo” del Bautista (Lc 1:17; Mc 1:2ss): “Se levantó Elías, profeta, como fuego, y su palabra ardía como antorcha” (Eclo 48:1).

Israel se conmovió ante la palabra del Bautista. Vinieron multitudes de todas partes a oírle y bautizarse, dice Jesús: “ustedes han querido gozar un instante de su luz”. La metáfora piensan los autores que está tomada, sea de las costumbres de los niños de saltar alegremente en torno al fuego, sea de las danzas que el pueblo solía tener en las grandes solemnidades al resplandor de la luz de los grandes candelabros del templo. Pero aquella conmoción expectante en torno a El pronto se disipó. El influjo del Bautista en ellos fue por poco tiempo.

3.    “PERO EL TESTIMONIO QUE YO TENGO ES MAYOR QUE EL DE JUAN”

Pero Jesús, no necesita testimonio de un hombre de lo que Él es y de su misión, Él dice “Pero el testimonio que yo tengo es mayor que el de Juan” son las obras que el Padre me encargó llevar a cabo” Así es como, la testificación que da el Padre “con sus obras,” de forma más íntima, y el testimonio que dé El da el Padre en la Escritura. Este es el primer testimonio objetivo argumentando en su favor: “son las obras que el Padre me encargó llevar a cabo” Las “obras” que aquí dice son los milagros hechos por El. El milagro es obra de Dios, que aquí testifica la dignidad, misión y enseñanza de Jesús (San Juan 6:27; 32). Es el Padre quien testifica que su Hijo es Dios. Frecuentemente Jesús lo argumenta en los evangelios sinópticos como prueba apologética (Mt 9:2-8; 11:2-6.20-24; 12:28 par.). Así las “obras,” que son obra fundamental del Padre, de la divinidad, dan testimonio de su dignidad, misión y enseñanza.

Dice Jesús; “Y el Padre que me envió ha dado testimonio de mí. Ustedes nunca han escuchado su voz ni han visto su rostro, y su palabra no permanece en ustedes, porque no creen al que él envió.” Este “testimonio” que el Padre le rinde es íntimo y personal que el Padre deja oír en el alma, y al cual aludirá San Juan el capítulo siguiente (San Juan 6:44-46), y que confirma con un pasaje de Isaías (Is 54:13). Este testimonio, pues, íntimo, misterioso, del Padre y en la conciencia, existe. Pues testificando el Padre de esa forma misteriosa, personal e íntima, a favor del Hijo, ellos debieron venir a Él. Y no lo hicieron. 

4.    “USTEDES EXAMINAN LAS ESCRITURAS, PORQUE EN ELLAS PIENSAN ENCONTRAR VIDA ETERNA”

En el capítulo siguiente San Juan dirá: “Todo el que oye al Padre, viene a mí; no que alguno haya visto al Padre” (San Juan 6:45-46), salvo el Hijo (San Juan 1:18).

Por tanto, esta “audición” y esta “visión” han de tomarse en un sentido especial, el cual el mismo San Juan lo recoge en otros pasajes. Dice Jesús: “El que me ha visto a mí, ha visto a mi Padre” (San Juan 14:9.7.8; 8:19). “Y yo hablo al mundo lo que le oigo a Él (Padre)” (San Juan 8:26.28.40.47).

Es así, según parece, como, de ese testimonio íntimo del Padre a favor del Hijo, va el pensamiento a acusarles de no haber ni “oído” ni “visto” al Padre, precisamente por no creer en el Hijo. Este es el testimonio viviente y ostensible de aquél. El testimonio del Padre en las Escrituras — Es el testimonio que, sobre todo para un judío, era definitivo: “Ustedes examinan las Escrituras, porque en ellas piensan encontrar vida eterna”. En el primer caso, Jesús les mandaría no sólo practicar el cultivo de la Escritura, sino penetrarla profunda y auténticamente. En el segundo caso, partiendo del estudio que ellos hacen porque creen tener en ella la vida eterna, como enseñanza de camino y mérito, les hace ver que ella habla de Él y que así Él está incluido en esa “vida eterna” que ellos buscan. Indirectamente, con ello se encierra la sugerencia de una censura al método erróneo como la cultivaban. Pues, bien interpretada, lleva a Él.

Que las Escrituras son fuente de vida eterna, es algo que brota de la finalidad de su enseñanza y que se dice en la misma Escritura. Pero lo eran como enseñanza, que había que comprobar rectamente y luego vivirla auténticamente.

5.    “Y SIN EMBARGO, USTEDES NO QUIEREN VENIR A MÍ PARA TENER VIDA”

Mas para que su estudio y comprensión los llevase a Jesús, que era comprender su verdadero sentido en el camino mesiánico y necesario para ir a Dios. Dice Jesús: “y sin embargo, ustedes no quieren venir a mí para tener Vida”, Tenían ellos dos serios obstáculos en íntima conexión. Uno era un error de método. Consistía en un materialismo de la letra y de la tradición rabínica. Y así les resultaba que la Escritura, fuente de vida, se les convertía en esterilidad y muerte. “La letra mata” (2 Cor 3:6). Pero había otro obstáculo de tipo moral, en íntima conexión con éste. Era el refinado orgullo intelectual, la “gloria humana” que los doctores de la Ley buscaban en su interpretación. Frente a sus “tradiciones” — cadena de dichos de rabinos — se ponía el “espíritu” de la Ley y la doctrina de Jesús. Este rectificaba lo que era la “sabiduría” de ellos. En lugar de buscar la “gloria que procede del Unigénito”, que era buscar el triunfo de la verdad, y en la que se reflejaba la gloria de Dios, ellos buscaban la gloria que recibían “unos de otros”.

Y así, buscando el contenido de la Escritura, se daba la paradoja de que Moisés, a quien la tradición asignaba la paternidad de la Ley, personificada en él, iba a ser su acusador ante “mi Padre,” es decir, ante Dios (San Juan 8:54). Porque no bastaba estudiar así la Ley.

Para llegar a Jesús por ella, les hacía falta, aparte de otro método científico, “creer a Moisés,” es decir, que, si lo estudiasen imparcial y sinceramente, en el sentido en que la letra va llena de contenido, “Si creyeran en Moisés, también creerían en mí”, comprenderían aquellas profecías de la Ley relativas al Mesías-Jesús, “porque él ha escrito acerca de mí”.

6.    “HE VENIDO EN NOMBRE DE MI PADRE Y USTEDES NO ME RECIBEN”

Frente a este obstáculo de la soberbia de los rabinos para no ver a Jesús vaticinado en la Ley, Jesús le contrasta que Él es más imparcial que ellos, aun colocándose en el solo plano humano, porque El “no recibe gloria de los hombres.” Su plan es obedecer al Padre, y por ello arrastra la impopularidad, los ataques y la muerte. Pero ellos no, porque “buscaban la gloria unos de otros,” por lo que obran con prejuicio y se adulan.

Y, por último, les hace ver además la inconsecuencia de su conducta. Él se presenta como el Hijo de Dios y lo garantiza con milagros. “He venido en nombre de mi Padre y ustedes no me reciben”, como tal. En cambio, “pero si otro viene en su propio nombre, a ése sí lo van a recibir “

Estas palabras de Jesús no eran sólo una paradoja para indicar la ilógica conducta de ellos. Fue profecía. La historia judía bien pronto demostró la verdad de esta palabra de Jesús. Pero esa actitud judía contra Jesús era el pecado contra el Espíritu Santo (Mc 3:29 par.). Es cerrar los ojos a la evidencia para hacerse voluntariamente ciegos. Así lo dijo Jesús abiertamente con ocasión del ciego de nacimiento. “Al oír esto, algunos fariseos que estaban allí con él le dijeron: ¿Así que también nosotros somos ciegos? Jesús les contestó: Si fueran ciegos, no tendrían pecado. Pero ustedes dicen: "Vemos", y esa es la prueba de su pecado”. (San Juan 9:40.41).

Como vemos, muchos testimonios y calificados testigos, no lograron convencer a los judíos de la verdad de las afirmaciones de Jesús, esto es, porque no quisieron oír el testimonio de Dios, porque se cierran a la fe y se apoyan en su orgullo.

Dijo Jesús: “Yo soy la resurrección (y la vida). El que cree en mí, aunque muera, vivirá. El que vive, el que cree en mí, no morirá para siempre” (San Juan 11; 25-26)

El Señor les Bendiga

   Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

PARA LA LECTIO DIVINA  (3)

 

LA EXISTENCIA DE UN DIOS QUE ES AMOR

Llevar una vida auténticamente religiosa significa ante todo sentirse dependiente de Dios, unidos a él con un vínculo indisoluble. Lo demás es secundario. De ahí brotan las actitudes espirituales y prácticas que caracterizan al creyente y le diferencian del no creyente. El creyente es el que, en una situación de prueba, no abandona a Dios como si fuese la causa de su mal, sino que se vuelve hacia él con una insistencia invencible, como hizo Moisés.

Además, el creyente adulto en la fe siente como prueba personal las pruebas de sus hermanos próximos o lejanos: en todos ve a su prójimo. Ora por todos y es un intercesor universal, dispuesto a cargar con las debilidades de los demás, a sufrir para que los otros puedan ser aliviados en su dolor, como hicieron Moisés y, sobre todo, Jesús, el inocente muerto como pecador por nosotros, injustos. En esta humilde, fiel y continua donación de sí está el verdadero testimonio. Frente a una vida entregada al servicio de los más débiles, frente a personas que no acusan, sino que suplican y perdonan, antes o después surgirá la pregunta: "¿Por qué actúa así?". La existencia de un Dios que es amor no se "demuestra" más que dejando transparentar que vive en los corazones de los que le acogen.

ORACION (3)

 

Señor, esplendor de la gloria del Padre, ten piedad de nosotros. Hemos buscado la gloria humana vanamente: lo único que sacamos es hacernos más duros de corazón, sin saber dar un sentido a las cosas, a los acontecimientos. Queremos ir a ti para tener vida; a ti, que eres transparencia del rostro del Dios-humildad.

Jesús, testigo fiel y veraz del Padre, ten piedad de nosotros. Hemos rechazado las exigencias de tu Palabra y hemos preferido seguir los ídolos del mundo, viviendo una "espiritualidad de compromiso": ilusiones falaces que apagan el amor interior. Queremos ir a ti para tener vida; a ti, que nos permites oír la voz del Dios-verdad.

Cristo, Hijo obediente enviado por el Padre, ten piedad de nosotros. Hemos olvidado las Escrituras, que nos cuentan la pasión que sufriste por nosotros; hemos apartado la mirada de quien todavía vive la pasión en el cuerpo o en el corazón; intercede por nosotros, pecadores, tú, inocente Cordero de Dios. Queremos ir a ti para tener vida; a ti, que eres la presencia encarnada del Dios-misericordia.

SANTORAL (4)

 

SAN JUAN DE OGILVIE 1579-1615

Es la Inglaterra de Shakespeare, entre los reinados de Isabel la Grande y Jacobo I, cuando el teatro es una fiesta inmortal, la corte resplandece y a golpes de audacia y de aventura nace un gran imperio. Una Inglaterra brillante y despótica que rebosa sangrientas intrigas y que persigue a los católicos.

Escocia, a la que el calvinista Knox ha hecho adusta y férreamente presbiteriana, se distingue por su odio al papismo, y el señor de Ogilvie, noble escocés adherido a la Reforma, teme que su esposa, que es católica en secreto, pueda influir en las convicciones de su hijo John y decide que lo mejor es que a partir de los trece años se eduque en el continente, rodeado de hugonotes franceses.

Allí es precisamente donde conoce el catolicismo, en Lovaina abraza lo que ahora se llama en su país «la antigua fe», luego se hace novicio jesuita, en 1601 ya pertenece a la orden y en 1610 es ordenado en París. Su primer destino será Ruán, pero él sueña con volver a su tierra desafiando la persecución, y en 1613 desembarca en Edimburgo bajo el nombre supuesto de Watson y fingiéndose capitán.

Pronto se hace un nombre de heroísmo, entre los católicos de Escocia, "el capitán Watson"; lo mismo en el norte, que en Edimburgo, o en Glasgow.

Su trabajo fructifica.

Sigue un período breve pero muy intenso de disfraces, escondrijos, misas en la clandestinidad y arriesgadísimos auxilios espirituales a los diezmados fieles, hasta que una traición le pone en manos de su mayor enemigo, el arzobispo Spottiswood, quien recurre a todos los medios para hacerle apostatar.

Amenazas, halagos, torturas (que le dejan cojo), privarle del sueño durante más de una semana y hasta ofrecerle a su hija en matrimonio, además de una sustanciosa prebenda, si renunciaba al catolicismo.

Estaba haciendo oración cuando se le comunica que le ha llegado el momento de ser ahorcado. Saluda, anima y perdona al verdugo; y se deja atar las manos.

Alegre y en oración, se dirige a la horca; la besa.

Si se aparta de la fidelidad al Papa, se le promete finalmente un importante cargo; y además la hija del arzobispo presbiteriano. Ogilvie replica sonriente: Prefiero la horca.

Vuelve a orar de rodillas, se levanta, y proclama ante todo el pueblo: "Muero únicamente por causa de mi religión católica; y por ella, yo daría muy a gusto cien vidas; quitadme la única que tengo; ya que mi religión jamás me la podréis quitar".

Se le canonizó en 1976.

Muere en Tor de Especchi rodeada de sus hijas, las Oblatas (1440).

 

FUENTES DE LA PAGINA

 

La Página de la Misa Diaria, está preparada y es enviada por Pedro S. A. Donoso Brant ocds, desde Santiago de Chile, como un servicio de apostolado, amor por Nuestro Señor Jesucristo y por la Iglesia. Les ruego su oración, para que pueda mantenerse este servicio y subsidio, dando gracias a nuestro Dios que tanto nos ama.

Nota: Para la Liturgia de la Palabra, utilizo “Liturgia Cotidiana” de Ediciones San Pablo, para el estudio y comentario de la Palabra, utilizo los textos de la Biblia Nácar-Colunga, (SBNC) y/o Biblia de Jerusalén (SBJ),

(3) Para la Lectio Divina, Lectio Divina para cada día del año, de Giorgio Zevini y Pier Giordano Cabra (Eds.) y/o, Intimidad Divina, Fr. Gabriel de Santa M. Magdalena ocd,

(4) Santoral preparado por la Parroquia de la Sagrada Familia de Vigo.

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