Misa Diaria

MISA DIARIA DE CAMINANDO CON JESUS

"La Eucaristía es fuente y culmen de toda la vida cristiana" (LG 11)

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Página de PEDRO SERGIO ANTONIO DONOSO BRANT

18 años en Internet

 

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LITURGIA DE LA HORAS

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27-12-2016

Edición Nº MD 4.710

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Sábado, San Esteban (F) Rojo

NAVIDAD

 

SAN JUAN, APOSTOL Y EVANGELISTA

ANTÍFONA DE ENTRADA

Juan es aquél que durante la Cena reclinó su cabeza sobre el pecho del Señor. Bienaventurado el Apóstol a quien fueron revelados los secretos celestiales, y difundió por todo el mundo las palabras de vida.

ORACIÓN COLECTA

Señor y Dios nuestro, que nos revelaste los misterios de tu Verbo por medio del Apóstol san Juan; concédenos la gracia de comprender con claridad lo que él nos enseñó tan admirablemente. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.

PRIMERA LECTURA 1Jn 1, 1-4

Lectura de la primera carta de san Juan.

Queridos hermanos: Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado y lo que hemos tocado con nuestras manos acerca de la Palabra de Vida, es lo que les anunciamos.

Porque la Vida se hizo visible, y nosotros la vimos y somos testigos, y les anunciamos la Vida eterna, que existía junto al Padre y que se nos ha manifestado.

Lo que hemos visto y oído, se lo anunciamos también a ustedes, para que vivan en comunión con nosotros. Y nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo Jesucristo. Escribimos esto para que nuestra alegría sea completa.

Palabra de Dios.

COMENTARIO: Para Juan, la misión es un acontecimiento existencial. Se trata de proclamar nuestra comunión con el Padre en la persona del Hijo y de compartir nuestra alegría. Por eso, no se puede celebrar la Navidad sin conexión con el resto de la vida de Jesús. Sin sus enseñanzas y ejemplos, quedaría reducida a una expresión de sentimentalismo o en un paquete de concesiones a la sociedad de consumo. Es la vida la que estaba junto al Padre y se manifestó. Por eso Juan, con gran énfasis nos comunica que, la manifestación ha sido visible, audible y palpable como testigo presencial. Manifestación y anuncio, no se agotan en información y conocimiento intelectual, sino que se orientan a la vida trascendente.

SALMO Sal 96, 1-2. 5-6. 11-12

R. Alégrense, justos, en el Señor.

¡El Señor reina! Alégrese la tierra, regocíjense las islas incontables. Nubes y tinieblas lo rodean, la justicia y el derecho son la base de su trono. R.

Las montañas se derriten como cera delante del Señor, que es el dueño de toda la tierra. Los cielos proclaman su justicia y todos los pueblos contemplan su gloria. R.

Nace la luz para el justo, y la alegría para los rectos de corazón. Alégrense, justos, en el Señor y alaben su santo nombre. R.

ALELUYA

Aleluya. A ti, Dios, te alabamos y cantamos; a ti, Señor, te alaba el coro celestial de los apóstoles. Aleluya.

EVANGELIO Jn 20, 1-8

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan.

El primer día de la semana, de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada. Corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo: “Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto”. Pedro y el otro discípulo salieron y fueron al sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió más rápidamente que Pedro y llegó antes. Asomándose al sepulcro, vio las vendas en el suelo, aunque no entró. Después llegó Simón Pedro, que lo seguía, y entró en el sepulcro; vio las vendas en el suelo, y también el sudario que había cubierto la cabeza de Jesús; éste no estaba caído con las vendas, sino enrollado en un lugar aparte. Luego entró el otro discípulo, que había llegado antes al sepulcro: él también vio y creyó.

Palabra del Señor.

COMENTARIO: La carrera de los discípulos hacia el sepulcro muestra el deseo de comprobar lo que les había anunciado María Magdalena. Pedro y el “discípulo amado”, se encuentran frente al sepulcro vacío y, éste, sin ver más que el sudario y las vendas por el suelo, le bastó para creer que el Maestro había resucitado.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Santifica, Señor, los dones que te presentamos, y concédenos ahondar en el misterio de tu Verbo eterno que en la última cena revelaste a tu apóstol san Juan. Por Jesucristo nuestro Señor.

ANTÍFONA DE COMUNIÓN Jn 1, 14. 16

La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. De su plenitud, todos nosotros hemos participado.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Te pedimos, Dios todopoderoso, que el Verbo hecho carne anunciado por el apóstol san Juan, habite siempre en nosotros por esta eucaristía que hemos celebrado. El que vive y reina por los siglos de los siglos.

 

  REFLEXIÓN BÍBLICA

 

“él también vio y creyó”

Jn 20, 1-8

Autor: Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

1. “MARÍA MAGDALENA FUE AL SEPULCRO Y VIO QUE LA PIEDRA HABÍA SIDO SACADA.”

“María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada.” Según san Juan, el relato lo sitúa en “el primer día de la semana.” Es decir, al día siguiente del sábado, y la hora en que viene al sepulcro es de “madrugada”, esto es muy de mañana y cuando aún hay “todavía estaba oscuro”. Es en la hora crepuscular del amanecer.

Por los sinópticos se sabe que esta visita de María al sepulcro no la hace ella sola, sino que viene en compañía de otras mujeres, cuyos nombres se dan: María, la madre de Santiago, y Salomé, la madre de Juan y Santiago el Mayor (Mc 16:1) y otras más (Lc 24:10). Al ver, desde cierta distancia, “sacada” la piedra rotatoria o golel, dejó a las otras mujeres, que llevaban aromas para acabar de preparar el “embalsamamiento” del cuerpo de Cristo, y “Corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba”, que, por la confrontación de textos, es, con toda probabilidad, el mismo Juan.

2. “EL OTRO DISCÍPULO AL QUE JESÚS AMABA”

Me parece bonita esta expresión que se lee en este fragmento del evangelio, “El otro discípulo al que Jesús amaba”. Es hermoso saber del amor de Jesús por sus apóstoles, pero en el caso de san Juan, hay una predilección especial, pero aún es más hermosa esa humildad, esa modestia y esa demostración de no ser vanidoso, san Juan en lugar de nombrarse, utiliza esta frase “El otro discípulo al que Jesús amaba”.

Como ella, Magdalena, no entró en el sepulcro, supuso la noticia que da a estos apóstoles: “Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto”. El plural con que habla: no “sabemos”, entronca fielmente la narración con lo que dicen los sinópticos de la compañía de las otras mujeres que allí fueron (Mt 28,lss; Mc 16ss; Lc 24:1ss; cf. Lc 24:10). Seguramente, al ver, a cierta distancia, removida la piedra de cierre, cuya preocupación de cómo la podían rodar para entrar temían (Mc 16:3), cambiaron, alarmadas, sus impresiones, y Magdalena, más impetuosa, se dio prisa en volver, para poner al corriente a Pedro y al anónimo Juan.

3. ESTE “DISCÍPULO” CORRÍA MÁS QUE PEDRO

Pedro y Juan debieron de salir enseguida de recibir esta noticia, pues ambos “corrían.” Pero el evangelista dejará en un rasgo su huella literaria. Este “discípulo” corría más que Pedro. En efecto, Pedro debía de estar sobre la mitad de su edad, sobre los cincuenta años (Jn 21:18.19), y, según San Ireneo, vivió hasta el tiempo de Trajano (98-117) Esto hace suponer que Juan pudiese tener entonces sobre veinticinco o treinta años. Juan, por su juventud y su fuerte ímpetu de amor a Cristo, “corrió más rápidamente” y “llegó antes.” al sepulcro. Pero “no entró.”

Juan no entró, esperando a Pedro que es el primero que entra en el sepulcro y “vio las vendas en el suelo, y también el sudario que había cubierto la cabeza de Jesús”. El evangelista, al recoger estos datos, pretende, manifiestamente, hacer ver que no se trata de un robo; de haber sido esto, los que lo hubiesen robado no se hubiesen entretenido en llevar un cuerpo muerto sin su mortaja, ni en haber cuidado de dejar “las vendas” y “sudario” puestos cuidadosamente en sus sitios respectivos “sino enrollado en un lugar aparte”

4. JUAN PONE LUEGO EL TESTIMONIO DE FE

Observados el orden y la paz que reinaban en él, el discípulo amado se abre a la visión de la fe, creyendo en los signos visibles del Señor: “Vio y creyó”. No es aún la fe perfecta en la resurrección. Para esto será necesario que el espíritu del discípulo se abra a la inteligencia de la Escritura (ef. Lc 24,45), que vea al Señor en persona y que reciba de él el don del Espíritu Santo

Pero en todo caso, Juan puso el testimonio de fe. “Luego entró el otro discípulo, que había llegado antes al sepulcro: él también “vio y creyó.” Es decir al no ver el cuerpo de Jesús, creyó que estaba resucitado. San Juan cree, porque es limpio de corazón, su pureza no le hace tener ninguna duda.

El Señor les Bendiga

   Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

PARA LA LECTIO DIVINA  (3)

 

LA COMPRENSIÓN PENETRANTE DE LA PALABRA DE VIDA.

La figura de Juan es de fundamental importancia en la Iglesia primitiva, no sólo por su condición de discípulo amado por el Señor, sino sobre todo por habernos dado con su contemplación el Jesús más íntimo, el que se revela Hijo de Dios hecho carne, venido a desvelarnos el rostro del Padre y el camino que lleva a la comunión con él. Entre los varios títulos que la tradición antigua atribuye a Juan destaca el de teólogo, porque el objetivo de sus escritos es creer en Jesús, Mesías e Hijo de Dios (ef. Jn 20,31). El símbolo del evangelista es el águila, porque, como declara un dicho rabínico, es como el único pájaro que puede mirar el sol (que para Juan es Cristo) sin quedar deslumbrado. Y su presencia en la comunidad cristiana, que en todo tiempo debe estar a la búsqueda de los signos visibles del Señor, es la de la contemplación y la comprensión penetrante de la Palabra de vida.

Son muchos los carismas en la Iglesia, todos preciosos y necesarios, como, por ejemplo, el carisma de la institución de Pedro o el de la profecía de Juan. Sólo el respeto recíproco y la búsqueda común en el compartir sincero y atento a los dones del Espíritu, permite adentrarse en el misterio. El ejemplo de la búsqueda común y de la ayuda entre hermanos de la misma fe, de que claramente nos habla el discípulo amado, lleva necesariamente a reencontrarse juntos, reunidos en el reconocimiento de los signos del Resucitado.

ORACIÓN (3)

 

Señor Jesús, que revelaste los misteriosos secretos de la Palabra al discípulo amado, Juan, da también hoya tu Iglesia una nueva inteligencia espiritual de las Escrituras.

El Espíritu Santo, a través de las palabras del concilio, nos ha recordado que “la Iglesia ha venerado siempre las Sagradas Escrituras como el Cuerpo mismo de Cristo” y que la Palabra de Dios es fuente pura y “perenne de la vida espiritual” (DV 21). Por esto nosotros queremos iluminar cada vez más nuestra vida espiritual con tu Palabra, para aprender “la sublime ciencia de Jesucristo” (Flp 3,8). Sentimos cada vez más verdadera, sin embargo, la afirmación conciliar según la cual la Escritura “debe ser leída e interpretada con la ayuda del mismo Espíritu con que ha sido inspirada” (DV 12). Da, Señor, a tu Iglesia pastores sabios y santos que sepan captar el sentido espiritual y profundo de tus Escrituras e introducir al pueblo entero de Dios en tu intimidad para conocer mejor tu pensamiento, las profundidades del Espíritu y como guías a tu Iglesia. Pero haznos comprender también que tantas crisis de nuestras comunidades religiosas se superan sólo con la frecuente lectura y meditación de tu Palabra “acompañadas por la oración, para que pueda brotar el coloquio entre Dios y el hombre” (DV 25), lugar donde se opera en nosotros la conversión del corazón nuevo y la apertura a la fraternidad universal.

SANTORAL

 

SAN JUAN APÓSTOL

San Juan se encuentra en una relación peculiar con cada uno de los diversos aspectos del Misterio de Cristo. Al Apóstol «que durante la Cena reclinó su cabeza en el pecho del Señor», que recibió a María por Madre al pie de la Cruz y fue el primero de los discípulos en creer en la resurrección, se le puede considerar como el teólogo del Misterio pascual, por lo que con toda justicia leemos su Evangelio durante el tiempo de Pascua. Pero San Juan es, asimismo, el heraldo del Misterio de la Encarnación, el hombre que, bajo la inspiración del Espíritu, escribió: «La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros». Resulta oportuno celebrar su fiesta dentro de la octava de Navidad y comenzar hoy la lectura de la Carta en que nos relata «lo que ha contemplado con sus propios ojos».  Juan gozó de la intimidad de Cristo, a quien encontrara en la ribera del Jordán, fue junto con Pedro y Santiago testigo de su transfiguración y compañero de su agonía, así como el único de entre los Apóstoles que vio morir al Maestro y lo depositó en su sepulcro. Conservó de todo ello unos recuerdos que habían de iluminar su larga vida. Así descubrió con admiración que «Dios es amor» y que el mandamiento del Señor consiste en el amor.

 

FUENTES DE LA PAGINA

 

La Página de la Misa Diaria, está preparada y es enviada por Pedro S. A. Donoso Brant, desde Santiago de Chile, como un servicio de apostolado, amor por Nuestro Señor Jesucristo y por la Iglesia. Les ruego su oración, para que pueda mantenerse este servicio y subsidio, dando gracias a nuestro Dios que tanto nos ama.

Nota: Para la Liturgia de la Palabra, utilizo “Liturgia Cotidiana” de Ediciones San Pablo, para el estudio y comentario de la Palabra, utilizo los textos de la Biblia Nácar-Colunga, (SBNC) y/o Biblia de Jerusalén (SBJ),

(3) Para la Lectio Divina, Lectio Divina para cada día del año, de Giorgio Zevini y Pier Giordano Cabra (Eds.) y/o, Intimidad Divina, Fr. Gabriel de Santa M. Magdalena ocd,

(4) Santoral preparado por la Parroquia de la Sagrada Familia de Vigo.

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