Misa Diaria

MISA DIARIA DE CAMINANDO CON JESUS

"La Eucaristía es fuente y culmen de toda la vida cristiana" (LG 11)

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Página de PEDRO SERGIO ANTONIO DONOSO BRANT

18 años en Internet

 

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LITURGIA DE LA HORAS

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31-12-2016

Edición Nº MD 4.714

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Querido amigos, “La paz con ustedes”  (Juan 20,26)

Lo primero que los ángeles pregonaron en el nacimiento del Señor fue “Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres en quienes él se complace”.  (Lc 2,14), El nacimiento del Señor es el nacimiento de la paz; y así dice el Apóstol: Él es nuestra paz. Les deseo de corazón que finalicen este año que se va en paz y que comiencen el siguiente, con la paz de Jesucristo.

“Dios nuestro, fuente del amor sincero y de la paz, concédenos glorificar tu nombre con estas ofrendas que te presentamos; y por la participación en la eucaristía ayúdanos a vivir unidos en un solo corazón. Por Jesucristo, nuestro Señor.” (Oración Sobre las Ofrendas de hoy)

Les invito hace una “Oración Fin de Año”

Oh Dios, Padre Todopoderoso, creador del cielo y la tierra, hoy, que termina un viejo año 2016, quiero darte gracias por todo lo que nos has dado, en especial por la vida, por el amor de nuestros amigos y nuestros hermanos, por el aire que respiramos, por ver el sol de cada día, por tantas alegrías en Ti, por la Paz y la Esperanza que recibimos de Ti, por la Fe que nos entregas cada día, por tu perdón, tu misericordia. Gracias Señor por tu generosidad, por tu bondad si límites. Gracias Señor Dios, por el Dios de Jesucristo, cuyo amor a los hombres  es extenso e ilimitado, amigo que no nos abandona, nos alivia en nuestros dolores y nos regala una verdadera Paz. Oh Padre nuestro, por todo los que nos das cada día, te elogiamos, te cantamos y te honramos y, nos postramos con alegría ante Tí en agradecimiento a Tú indescriptible comprensión, piedad y misericordia, y ahora que llega este nuevo año 2017, te rogamos humildemente que nos ayudes a perfeccionar en el amor hacia Ti, a nuestros hermanos y en todas las virtudes. Te rogamos Señor, que para este nuevo año que ya se inicia, nos hagas  dignos de siempre para agradecer y glorificarte junto a tu Hijo Jesucristo. Que vive y reina, contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos

De corazón, feliz 2017

Pedro Sergio.


ANTÍFONA DE ENTRADA Is 9, 6

Un niño nos ha nacido, se nos ha dado un hijo. Lleva sobre sus hombros el  imperio y su nombre será: “Ángel del gran consejo”.

ORACIÓN COLECTA

Dios todopoderoso y eterno, que en el nacimiento de tu Hijo estableciste el principio y la perfección de toda religión, concédenos ser contados entre los miembros de aquél en quien radica la plenitud de la humana salvación. Él que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

LECTURA 1 Jn 2, 18-21

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan.

Hijos míos, ha llegado la última hora. Ustedes oyeron decir que vendría un Anticristo; en realidad, ya han aparecido muchos anticristos, y por eso sabemos que ha llegado la última hora. Ellos salieron de entre nosotros; sin embargo, no eran de los nuestros. Si lo hubieran sido, habrían permanecido con nosotros. Pero debía ponerse de manifiesto que no todos son de los nuestros. Ustedes recibieron la unción del que es Santo, y todos tienen el verdadero conocimiento. Les he escrito, no porque ustedes ignoren la verdad, sino porque la conocen, y porque ninguna mentira procede de la verdad.

Palabra de Dios.

COMENTARIO: Se aproxima el momento final de la historia que camina hacia la manifestación última y definitiva de Jesús, el Señor. Juan nos pone en guardia frente a los falsos maestros, cuya aparición es inevitable mientras no llega el fin. Llegar a detectar a estos falsos maestros es más complejo, ya que la frontera que separa a los que están dentro de la Iglesia de los que están fuera no es, necesariamente, la que separa la verdad de la mentira.

SALMO Sal 95, 1-2. 11-13

R. ¡Alégrese el cielo y exulte la tierra!

Canten al Señor un canto nuevo, cante al Señor toda la tierra; canten al Señor, bendigan su Nombre, día tras día, proclamen su victoria. R.

Alégrese el cielo y exulte la tierra, resuene el mar y todo lo que hay en él; regocíjese el campo con todos sus frutos, griten de gozo los árboles del bosque. R.

Griten de gozo delante del Señor, porque él viene a gobernar la tierra: Él gobernará al mundo con justicia, y a los pueblos con su verdad. R.

ALELUYA Jn 1, 14. 12

Aleluya. La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. A todos los que la recibieron, les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios. Aleluya.

EVANGELIO Jn 1, 1-18

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan.

Al principio existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. Al principio estaba junto a Dios.

Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe. En ella estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la percibieron. Apareció un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan. Vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. Él no era la luz, sino el testigo de la luz. La Palabra era la luz verdadera que, al venir a este mundo, ilumina a todo hombre. Ella estaba en el mundo, y el mundo fue hecho por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a los suyos, y los suyos no la recibieron. Pero a todos los que la recibieron, a los que creen en su Nombre, les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios. Ellos no nacieron de la sangre, ni por obra de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino que fueron engendrados por Dios. Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros.

Y nosotros hemos visto su gloria, la gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él, al declarar: “Éste es aquél del que yo dije: El que viene después de mí, me ha precedido, porque existía antes que yo”. De su plenitud, todos nosotros hemos participado y hemos recibido gracia sobre gracia; porque la Ley fue dada por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo. Nadie ha visto jamás a Dios; el que lo ha revelado, es el Dios Hijo único, que está en el seno del Padre.

Palabra del Señor.

COMENTARIO: Estar en la “Octava de Navidad” es estar en una fiesta que dura ocho días. Cada día se celebra como el día en que nace Jesús. La Iglesia, quiere de este modo, que haya mucho tiempo para celebrar, agradecer, orar y meditar sobre este misterio. Por eso, podemos decir con total verdad, que hoy Jesús ha nacido; hoy el hombre, finalmente, ha alcanzado un lugar de privilegio, porque Dios lo eligió como morada.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Dios nuestro, fuente del amor sincero y de la paz, concédenos glorificar tu nombre con estas ofrendas que te presentamos; y por la participación en la eucaristía ayúdanos a vivir unidos en un solo corazón. Por Jesucristo, nuestro Señor.

ANTÍFONA DE COMUNIÓN 1Jn 4, 9

Dios envió al mundo a su Hijo único para que tengamos Vida por medio de él.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Señor, que tu pueblo constantemente dirigido por ti, reciba de tu bondad la ayuda en el presente y en el futuro, para que, consolado en sus necesidades con las cosas transitorias, aspire con mayor confianza a los bienes eternos. Por Jesucristo nuestro Señor.

 

  REFLEXIÓN BÍBLICA

 

“La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros”

Jn 1, 1-18

Comentario-estudio de la lectura del santo Evangelio según Juan (1)

(Este comentario es solo a efectos pedagógicos)

Autor: Pedro Sergio Antonio Donoso Brant


1.    AL PRINCIPIO ERA EL VERBO, Y EL VERBO ESTABA EN DIOS, Y EL VERBO ERA DIOS.  EL ESTABA AL PRINCIPIO EN DIOS.

San Juan comienza a describir al Verbo con relación “al principio”. Porque no pensar que el evangelista recuerda el pasaje de la creación en el Génesis. Toda la obra creadora que se describe en el Génesis, fue hecha por palabra creadora de Dios; es precisamente lo que aquí se va a decir del Verbo. Este “principio” es, pues, punto de referencia con relación al existir del Verbo. Es una valoración absoluta. En el lenguaje bíblico, antes de la creación de las cosas no hay más que la eternidad de Dios. Por tanto, si en el “principio,” en la creación de las cosas, pues todas van a ser creadas por el Verbo, éste existía ya, es que no sólo es anterior a ellas, sino que es eterno. A esta misma conclusión se llega, lógicamente, por la conexión con el final de este mismo versículo, donde se dice explícitamente que este Verbo era Dios. Luego eterno, “principio” absoluto (cf. Jn 17:5-24).

Por eso el evangelista utiliza la forma imperfecta de “existía”. No limita su duración ni a un tiempo pasado, como decir fue, o como un tiempo presente y decir existe, sino que lo acusa en su duración indefinida.

Juan en esta primera parte del versículo expresa la eternidad de este Verbo.

En la segunda mitad del verso, va a expresar la distinción entre este Verbo y el Padre. Pues el Verbo “estaba en Dios”. Es una proximidad interna, íntima, de persona a persona (Jn 10:30; 14:20; 17:20.23). Esta expresión que se utiliza parecería a primera vista muy sugerente, ¿Acaso está puesto con una intención muy marcada por el evangelista, para indicar que ese estar el Verbo con el Padre no era estático, sino dinámico: en íntima vitalidad con él.

La conclusión es que el Verbo estaba “en Dios.” La forma, con artículo, significa al Padre, en contraposición a la misma palabra sin artículo, que sólo expresa la divinidad. Esta distinción, revelación de personas en el seno de la Trinidad es tema del evangelio de Jn (Jn 10:30; cf. 2 Cor 13:13).

En esta misma segunda mitad del verso, a la eternidad del Verbo, enseñada antes, añade ahora Jn una distinción en el seno de la divinidad. Lo que se ve incluso por lingüística: que el Verbo estaba con “el Padre.” Dios tiene, pues, un Hijo eterno.

En la tercera mitad del verso, se proclama explícitamente la divinidad del Verbo: “y el Verbo era Dios.”

Sintéticamente resume el evangelista todo su pensamiento en una expresión final: este Verbo así descrito estaba eternamente con el Padre.

2.    TODAS LAS COSAS FUERON HECHAS POR EL, Y SIN EL NO SE HIZO NADA DE CUANTO HA SIDO HECHO.

Juan expone esta enseñanza con un paralelismo encontrado. Todas las cosas, que, sin artículo, no indican las cosas globalmente, sino que señalan a cada una en particular, fueron hechas por El y sin Él no fue hecho nada; y acusándose enfáticamente (Is 39:4; Jer 42:4) que “ni una sola cosa” existe que no haya sido hecha por El.

Si el Verbo es Dios, ¿qué causalidad o qué mediación tiene el Verbo en la obra de la creación? El pensamiento de Jn sobre esta causalidad ha de valorárselo en su ambiente bíblico. En efecto, en la Escritura aparece un doble grupo de textos relativos a la obra creadora o eficiente de Dios. En unos se acusa la acción eficiente o causadora de Dios. Tales son los que hablan del “soplo de Dios,” del “Espíritu de Dios,” de la “palabra” de Dios, mediante lo cual los seres son creados. Otro grupo es el que presenta a Dios mirando, teniendo en cuenta, para su obrar, a la “Sabiduría” (Prov. 8:27-30; Job 28:24-28). Dios obra por “su palabra.” Pero no se excluye, conceptualmente, su entronque bíblico, pues para Jn, siendo el Verbo Dios, la causalidad que tiene es tan profunda como ha de ser la que le corresponde a Dios en la obra creadora.

3.    EN EL ESTABA LA VIDA, Y LA VIDA ERA LA LUZ DE LOS HOMBRES. LA LUZ LUCE EN LAS TINIEBLAS, PERO LAS TINIEBLAS NO LA ABRAZARON.

Lo que fue hecho en El, era la vida. El pensamiento es manifiestamente que las cosas que fueron hechas por el Verbo tienen vida en El. ¿En qué sentido? No se trata de la vida de Dios — del Verbo — en sí mismo, pues no dice que “el Verbo era la vida,” sino de la vida divina en cuanto va a ser ampliamente participada. Pues esa “vida” va a ser “luz” de los seres humanos.

En los pasajes bíblicos sapienciales, los conceptos de la Ley, la Sabiduría y la Palabra tienen un paralelismo o identificación con el concepto de “luz.” Así como la luz ilumina al hombre en su caminar diario, y bajo ella no tropieza o cae, como en la noche (Jn 9:9-10), así el ser humano, caminando moralmente a la “luz” de la Ley, de la Sabiduría o de la Palabra divina, no tropieza ni cae en su marcha moral hacia Dios: Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino. (Sal 119:105)

Estos dos conceptos de “vida” y de “luz” andan parejos en el A.T. Si no son sinónimos, están íntimamente entrelazados. La “luz” conduce a la “vida.” Con esta “luz” se “vive” la vida verdadera. Es la misma forma de expresarse Jn en su primera epístola (1 Jn 1:5-11; 2:8-11). Así, el pensamiento del evangelista en el “prólogo” es el siguiente: Esta misma “vida” es “luz” para los seres humanos. ¿Cómo? Toda la obra de la creación era, de suyo, “luz” para que los seres humanos pudiesen venir en conocimiento de Dios y de la vida moral (Rom 1:19-22). Pero no sólo era “luz” para conocerle teóricamente, sino para conocerle y encuadrarse en esta “luz,” lo que era “vivirla”: vivir la vida religiosa-moral. Por eso, esa “luz” que les viene y conduce al Verbo, era ya en el mismo, en el sentido bíblico expuesto, “vida” para los seres humanos

“La noción de “vida,” lo mismo que la de “luz,” en el evangelio de Jn entra en la esfera de lo divino.”

La expresión “La luz luce en las tinieblas” se explica bien teniendo en cuenta la acción permanente de la irradiación de la luz del Verbo: es un sol permanente. Pero, frente a él, “las tinieblas” tomaron una posición hostil a esta luz. ¿Quiénes son estas “tinieblas”? Instintivamente se piensa en que estas “tinieblas” sean los hombres malos, hostiles a la luz, pero las “tinieblas” no pueden ser los hombres. En otros pasajes del mismo evangelio se dice que los “hombres” caminan en las “tinieblas” (Jn 8:12; 12:35; 1 Jn 2:11), o que ellos permanecen en las “tinieblas” (Jn 12:46; 1 Jn 2:9-11), o que las “tinieblas” amenazan sorprender a los hombres (Jn 12:35); pero jamás se dice que los hombres sean las “tinieblas.” En los manuscritos de Qumrán hay un largo fragmento que se titula “Guerra de los hijos de la luz y de los hijos de las tinieblas,” y en él se lee: “En manos del Príncipe de la luz está el gobierno de los hijos de la justicia, que caminarán por los senderos de la luz; en manos del ángel de las tinieblas está el gobierno de los hijos de la iniquidad, que caminarán por los senderos de las tinieblas.” Por el término de tinieblas no hay que pensar en los hombres incrédulos, sino en el mundo satánico, opuesto a Dios.

A esta misma conclusión llevan otras razones. Jn está imbuido en los “sapienciales.” Y en ellos se dice que a la “Sabiduría no la vence la maldad” (Sab 7:30). El mismo pensamiento se lee en las Odas de Salomón, en donde se dice que “la luz no sea vencida por las tinieblas” (18:6).

El pensamiento del evangelista es que esa “luz” del Verbo que luce en el mundo no pudo ser “vencida” ni aplastada por los poderes del mal — demoníacos y gobernadores del mal en los hombres — que influyen en el mundo en su lucha contra la verdad y el misterio del Mesías. San Pablo dirá que nuestra lucha es “contra dominadores de este mundo tenebroso” (Ef. 6:12).

4.    HUBO UN HOMBRE ENVIADO DE DIOS, DE NOMBRE JUAN. VINO ÉSTE A DAR TESTIMONIO DE LA LUZ, PARA TESTIFICAR DE ELLA Y QUE TODOS CREYERAN POR ÉL.

El Verbo hasta ahora no había ofrecido a los hombres más que una cierta participación de su luz; ahora va a darla con el gran esplendor de su encarnación. Para esto aparece introducida la figura del Bautista, y aparece situado en un momento histórico ya pasado, en contraposición al Verbo, que siempre existe. Juan no viene por su propio impulso; “es enviado por Dios.” Trae una misión oficial. Viene a “testificar”, que en su sentido original indica preferentemente un testigo presencial Viene a testificar a la Luz, que se va a encarnar, para que todos puedan creer por medio de él. El prestigio del Bautista era excepcional en Israel (Jn 1:19-28), hasta ser recogido este ambiente de expectación y prestigio por el mismo Flavio Josefo. El tema del “testimonio” es uno de los ejes en el evangelio de Jn, que se repartirá multitud de veces y por variados testigos.

5.  NO ERA ÉL LA LUZ, SINO QUE VINO A DAR TESTIMONIO DE LA LUZ. ERA LA LUZ VERDADERA, (LUZ) QUE VINIENDO A ESTE MUNDO ILUMINA A TODO HOMBRE. ESTABA EN EL MUNDO Y POR EL FUE HECHO EL MUNDO, PERO EL MUNDO NO LE CONOCIÓ  VINO A LOS SUYOS, PERO LOS SUYOS NO LE CONOCIERON.

Se insiste en algo evidente: que Juan no era la Luz, sino que venía a testificar a la Luz, puesto que el bautista sólo testifica al verbo “encarnado,” en los pasajes.

El Verbo es la luz verdadera. Así como de Dios se dice que es “verdadero” en oposición a los ídolos (Jn 17:3; 1 Jn 5:20), o lo mismo que Cristo es el pan “verdadero” en oposición al maná (Jn 6:32), así el Verbo es llamado luz “verdadera” porque en él se incluyen todas y plenamente las cualidades, metafóricamente, de la luz, pero elevadas al orden religioso-moral (Jn 7:28:17:3; cf. Rom 3:4). Es el ordenamiento divino, en contraposición a los planes del hombre falaz, pecador.

Esta luz del Verbo ilumina a todo ser humano. “Luz verdadera que ilumina a todo hombre (luz) que está viniendo a este mundo.” Así dirá Jn en otros pasajes que “vino la luz al mundo” (Jn 3:19; 9:39; 12:46). Por eso, esa “luz” así descrita “estaba en el mundo,” y lo estaba precisamente porque el “mundo fue hecho por el Verbo.” Pero el “mundo” no “conoció” a esta Luz: a Dios Verbo. Los seres humanos debieron conocerlo. Las obras les llevaban a su conocimiento y servicio (Sab 13:1-9; Rom 1:19-23). Pero este “conocimiento” no es un simple conocimiento intelectual; hay que valorarlo en el sentido semita: un conocimiento que entraña una vida y una actitud moral y servicio a Dios. Así se lee en Jeremías: “Hacía justicia al pobre y al desvalido. Esto es conocerme, dice Yahvé” (Jer 22:16; cf. Os 4:1-6). Los hombres, teniendo motivos para conocer y servir a Dios, no lo hicieron: “el mundo no le conoció.”

Pero no sólo el “mundo,” sino “que vino a los suyos. “Y no le recibieron.” ¿Quiénes?, siempre se interpreta esta expresión a Israel, pueblo especialmente elegido de Dios.

Vino la Luz a Israel con su Ley, con sus profetas, con sus enseñanzas; le anunciaron un Mesías., y fueron rebeldes — ¡tantas veces! — a esta Luz de Dios, del Verbo. Y vino el Verbo encarnado a ellos, a su pueblo, al pueblo que le esperaba, y cuando llegó a ellos., Israel no le conoció, no lo recibió., y ¡crucificó! al Mesías.

6.    MAS A CUANTOS LE RECIBIERON DIOLES PODER DE VENIR A SER HIJOS DE DIOS, A AQUELLOS QUE CREEN EN SU NOMBRE; QUE NO DE LA SANGRE, NI DE LA VOLUNTAD CARNAL, NI DE LA VOLUNTAD DE VARÓN, SINO DE DIOS SON NACIDOS.

Frente a este panorama del paganismo y de Israel, que no recibe la Luz del Verbo, tono trágico con que el evangelista expone esta actitud del mundo frente a la Luz, va a describir, por contraste, la ventaja incomparable que se sigue a los seres humanos de dejarse iluminar por esta Luz de Dios.

San Juan ha afirmado que no recibieron, no “aceptaron” esta Luz ni los paganos ni los judíos. El modo semita de hablar gusta de hacer afirmaciones rotundas, de fórmulas absolutas, sin matizar ni acusar las excepciones (Jn 3:31-32). Por eso podría ser que el evangelista pensase sólo en grupos — incluso mayoritarios — judíos y paganos que no recibieron esta Luz. Y hasta no sería improbable que influyese sobre él, para esto, o los hechos — grupo de creyentes —, o la promesa de existencia de un “resto” santo en el Israel fiel. Por eso hubo un sector que “le recibieron.” ¿Cómo? “Creyendo en su nombre” (12; cf. Jn 3:11-12; 12:46-50; 5:43-44). Esta expresión es característica de Juan. Treinta y cuatro veces la usa en su evangelio y tres en su primera epístola, mientras que en el resto de todo el Nuevo Testamento sólo sale nueve veces. Nombre, según el modo semita, está por persona. “El que cree a alguien, recibe su testimonio; pero el que cree en alguien se entrega totalmente a él.” En el vocabulario de Juan, “creer en El” es entregársele plenamente.

A estos que así “creen,” que así se entregan al Verbo, en esta perspectiva de Jn, les confiere el mismo Verbo, sujeto de todo el desarrollo oracional, un gran don: el poder ser hijos de Dios. La gracia de este don del Verbo es ser “hijos de Dios.”

7.    Y EL VERBO SE HIZO CARNE Y HABITÓ ENTRE NOSOTROS.

En esta sección se proclama la encarnación del Verbo (v.14ª), y se lo garantiza luego con un doble grupo de testimonios: uno sus discípulos (v.14b), El evangelista, que no explícito desde el v.3 al Verbo, lo vuelve a tomar por sujeto explícito, como si quisiese precisar bien que el Verbo del que habló, estando en el seno de la divinidad, es el mismo sujeto que se va a encarnar. El Verbo, que se lo describía en su existencia eterna: “era,” “existía,” actuó en un momento histórico: “fue,” “se hizo.” A la duración eterna sucede una actuación temporal. Se hizo “carne”. No dice, como en otras ocasiones, que se mudó (Jn 2:9), sino que se hizo, que tomó “carne,” sin dejar de ser Verbo. No sólo todo el evangelio de Jn estaría contra esto, sino que explícitamente lo dice el v.18b-e.

¿Por qué Juan dice que se hizo “carne” y no que tomó cuerpo ο que se hizo hombre? No dice “cuerpo,” probablemente porque no implica vida; ni “hombre,” para indicar mejor el contraste que se propuso expresar entre la grandeza del Verbo y el nuevo estado que va a tomar. “Carne,” en el lenguaje bíblico, no es carne sin vida, sino que es el ser humano todo entero, pero acusando el aspecto de su debilidad, de su humildad inherente a su condición de criatura (Sal 56:5; Is 40:6; Mt 24:22; Jn 3:6; 17:2).

Juan afirma el hecho de la encarnación del Verbo, pero no indica el momento histórico en que esto se realizó. Lucas es el que lo precisa en el relato de la “anunciación.” Y, aunque Juan tampoco dice como haya de representarse la encarnación del Verbo, evidentemente no se trata de una transformación de la divinidad en la humanidad que asume; estaría contra ello todo el evangelio del hombre-Dios. Es una unión estable e indesunible.

Una vez proclamada explícitamente la encarnación del Verbo, el evangelista hace ver que fue un hecho real, pero no desconocido, sino que presenta un doble testimonio de este hecho histórico. El primero es el de un grupo — “nosotros” —, que son ciertamente los apóstoles, y probablemente un grupo mayor: discípulos y aquellos que en Palestina fueron testigos. El autor del evangelio se incluye, por tanto, en el grupo de estos testigos. Este mismo testimonio lo traerá en la primera epístola (1:1-3ª). Alega este testimonio porque el Verbo encarnado “habitó entre nosotros.” Por eso ellos son un testimonio irrebatible.

8.    Y HEMOS VISTO SU GLORIA, GLORIA COMO DE UNIGÉNITO DEL PADRE, LLENO DE GRACIA Y DE VERDAD

Por eso, al morar “entre nosotros,” dice el evangelista enfáticamente, “nosotros vimos su gloria.” Este “ver” que dice el evangelista es una visión sensible. Este verbo nunca significa en el Ν. Τ. una visión intelectual, sino sensible. Estos testigos han “visto con sus ojos” lo que garantizan; pero no se excluye con esta expresión un sentido más amplio de percepción, aunque sensible (1 Jn 1:1-3), v. gr., oír, tocar, etc.

Lo que el evangelista “vio,” lo que este grupo testifica, es que “vieron (con sus ojos) su gloria.” Aludiéndose a la presencia de la divinidad en el tabernáculo con el verbo citado, esta “gloria” de Cristo responde también a la gloria de Yahvé, que llenaba el tabernáculo

Esta “gloria” no era otra cosa, como dice el evangelista, que la que le correspondía al que era “Unigénito del Padre.” La conjunción “como” no indica una comparación de semejanza, como si el Verbo encarnado disminuyese en su esencia, sino que tiene valor, como en tantos otros casos, de una afirmación e identidad. Así, se lee en Marcos: Cristo “les enseñaba como quien tiene autoridad” (Mc 1:22), es decir, teniendo verdaderamente esta autoridad (Mt 7:29; Lc 6:22; Rom 6:13; 2 Cor 2:17, etc.). Lo contrario iría contra toda la doctrina del “prólogo” y del evangelio mismo de Juan.

Esta “gloria” que tenía, le mostraba también “estar lleno de gracia y de verdad.” Considerada la forma “lleno” como forma indeclinable, da una lectura excelente junto con la más lógica posibilidad gramatical, por proximidad, al concordarlo con “Unigénito.” Es el Verbo encarnado, el Unigénito del Padre, al que testifican estos discípulos, al que vieron lleno de “gracia y de verdad.” Los que traducen el pensamiento de Juan interpretando las palabras “gracia” y “verdad” en su exclusivo sentido etimológico, lo interpretan así: “Gracia dice abundancia de dones espirituales, tanto para sí mismo (Col 2:9) como para otros (cf. v.16); y verdad, en el estilo joanneo, significa el verdadero conocimiento de Dios, “que procede de Dios y lleva a Dios (cf. 8:46ss; 18:37), la verdadera estimación de las cosas espirituales, la genuina noticia de las cosas celestes y, en consecuencia, el concepto idóneo de las terrestres.” Es a esta interpretación donde llevaría el v.16.

9.    JUAN DA TESTIMONIO DE EL, CLAMANDO: ESTE ES DE QUIEN OS DIJE: EL QUE VIENE DETRÁS DE MÍ HA PASADO DELANTE DE MÍ, PORQUE ERA PRIMERO QUE YO.

Manifiestamente el v.15 rompe la consecuencia del cursus, siendo un paréntesis. Pues el v.14 se une, lógicamente, con el v.16. Debe de ser una interpolación, inspirada, y que guarda el puesto correspondiente de su “inclusión semítica” con los v.6-8 33.

El evangelista, discípulo del Bautista, evoca aquí el testimonio del Precursor, en correspondencia estructural con el v.6-8. El Bautista tenía la misión de testimoniar al Verbo encarnado. Acabando de afirmar la encarnación, al punto le brota la escena en que el Bautista testifica que Cristo es el Verbo encarnado. La escena es vivamente descrita. Está redactado al modo de los antiguos profetas. Usa el enigma, tan del uso oriental, para excitar más la atención de los oyentes. La expresión antes que yo, nunca se dice en el Ν. Τ. de prioridad temporal Es la confesión de la preexistencia de Cristo (Jn 3:30).

10. PUES DE SU PLENITUD RECIBIMOS TODA GRACIA SOBRE GRACIA. PORQUE LA LEY FUE DADA POR MOISÉS; LA GRACIA Y LA VERDAD VINO POR JESUCRISTO.

Terminado este evocador paréntesis, estos versículos se unen conceptualmente al 14e, al que desarrollan. Allí se proclama al Verbo encarnado “lleno de gracia y de verdad.,” “por lo que de su plenitud recibimos todos gracia sobre gracia.” En la nueva obra recibimos todos una gracia torrencial, como participada y dispensada y proporcionada al Verbo encarnado, que la tiene en plenitud.

Esta obra maravillosa dispensada por el Verbo hecho carne evoca en el Evangelista la antigua economía, promulgada en el Sinaí (Ex c.33 y 34), contraponiendo ambas. Allí fue “dada” por Moisés. Moisés era ministro y servidor. Aparece su Ley como algo normativo y oneroso. Pero en contraposición de esto está la obra de Jesucristo. La oposición entre la Ley y la Gracia es un tema dominante “de la teología paulina: mostrar el contraste entre las obras humanas y el don de Dios. Juan, en cambio, declara abiertamente que el A.T. resulta superado y anulado por la Gracia y la Verdad que provienen de Cristo.” A la Ley se contrapone con superación la “gracia” y la “verdad.” Estas “fueron,” es decir, vinieron por Jesucristo. ¿En qué sentido? ¿En el sentido de que aparecieron en Él? ¿O en el sentido de que son dispensadas por Él?

Este segundo sentido es el que se impone: primero, por la contraposición con Moisés: éste le dio la Ley a Israel; Cristo da, dispensa, a los hombres la “gracia.”; en segundo lugar porque este versículo es continuación manifiesta de los 14-16, y especialmente de éste último, en el que se dice que de “su plenitud recibimos todos” la gracia correspondiente a la gracia, que se encuentra en plenitud en el Verbo encarnado.

11. A DIOS NADIE LE VIO JAMÁS; DIOS UNIGÉNITO, QUE ESTÁ EN EL SENO DEL PADRE, ÉSE NOS LE HA DADO A CONOCER.

San Juan hace una reflexión final, va a explicitar al resolver una objeción que era una convicción en el A.T.: no se podía ver a Dios sin morir (Ex 33:20; Jue 13:21.22,). Así dice terminantemente Jn: que a Dios nadie le vio. No le vieron, pues, ni Moisés (Ex 32:22-23) ni Isaías (Is 6:1.5). Acaso Jn piensa también explícitamente en éstos. No vieron a Dios” facialmente”; sus manifestaciones fueron teofanías simbólicas. La naturaleza divina es inaccesible al ojo humano (1 Jn 3:2). Pero lo que no puede ver el ojo humano, lo puede descubrir a él el que es Dios.

La expresión “en el seno del Padre,” en lenguaje bíblico, expresa la idea de afección e identidad. Así, el niño reposa en el seno de su madre (1 Re 3:20; cf. Núm 11:12). La mujer reposa por afección sobre el seno de su marido (Dt 28:54-56). Noemí toma al hijo de su nuera y lo pone con afección sobre su seno (Rut 4:16). El discípulo “amado de Jesús” estaba “recostado sobre el pecho de Jesús” (Jn 13:23). Por eso, con la expresión “el Unigénito del Padre,” que está perennemente en el “seno del Padre,” se está acusando la constante intimidad y afección entre ambos, por lo que, estando en sus secretos, puede comunicarlos.

La paz del Señor viva en sus corazones

El Señor les Bendiga

Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

Para este estudio y reflexión, se han utilizado dos textos Bíblicos, Biblia de Jerusalén versión estudio, de donde se han tomado las referencias y la Biblia de Nacar-Colunga, de esta última se han considerado algunas precisiones y  comentarios.

 

PARA LA LECTIO DIVINA  (3)

 

LA HISTORIA HUMANA ESTÁ GUIADA POR DIOS

En su historia bimilenaria, la Iglesia ha encontrado siempre falsos profetas y maestros de falsedad, que se han servido del nombre de Cristo para propagar sus propias ideas y doctrinas. Y, muy a menudo, tales adversarios del evangelio han salido de las filas de los creyentes. También hoy la historia se repite porque no faltan doctores de la mentira, que hacen brillar ante muchos las tinieblas como luz, desconociendo la verdadera luz de Cristo, portadora de gozo y paz interior.

Pertenecer a la Iglesia es un don y un misterio que ningún vínculo externo puede garantizar, sino sólo la fidelidad a la Palabra de Cristo en la humilde y constante búsqueda de la verdad. Rechazar a la Iglesia es rechazar a Cristo, la verdad y la vida (cf. Jn 14,6). Rechazar a la Iglesia es no creer en el evangelio y en la Palabra de Jesús, es vivir en las tinieblas y en el absurdo. Por el contrario, el verdadero discípulo de Jesús, habiendo recibido la unción del Espíritu Santo, se deja conducir suavemente por su acción y por su verdad, reconociendo los caminos de Dios y esperando su venida sin alarmismos ni fantasías milenaristas. La encarnación de Cristo ha impregnado toda la historia y la vida de los hombres, porque sólo en él reside toda plenitud de vida y toda aspiración a la felicidad, y el hombre ha entrado a pleno derecho entre los familiares de Dios.

El final de un año civil recuerda al cristiano que la historia humana está guiada por Dios y a él dirigimos nuestro reconocimiento por los dones recibidos y nuestra súplica por la vida nueva que siempre nos ofrece.

ORACIÓN (3)

 

Padre, Señor omnipotente que gobiernas con infinito amor la historia y la vida de los hombres, te damos gracias por tu Hijo Jesús que nos has enviado como Palabra de verdad a nuestro pobre mundo, hecho de fragilidad, de debilidad y de pecado. Nosotros sólo queremos acoger esta Palabra tuya hecha carne, pero queremos tenerla constantemente ante los ojos como inmutable y único punto de referencia en nuestro peregrinar terreno.

Tú has amado tanto al mundo que nos hablas a través del don de tu Hijo para que el que cree en él tenga la vida (cf. Jn 3,16).

Continúa, Padre, todavía hoy, manifestándote a través de él, para que nos sintamos hijos tuyos y la vida divina que has sembrado en nuestro corazón con el bautismo se refuerce con un camino de fe que nos haga experimentar siempre tus favores y contemplar tu gloria.

Toda la vida de Jesús se ha desarrollado como vida filial en una actitud de escucha y de obediencia a ti, Padre, en una relación de amor y como expresión del amor. Ésta es la razón por la que Jesús no se ha buscado nunca a sí mismo ni su propia gloria, sino sólo escucharte a ti para revelarnos tu rostro. Por esto la vida de Jesús es para nosotros la revelación completa, la plenitud de la verdad.

También nosotros, como el apóstol Juan, queremos experimentar que la auténtica identidad de tu Hijo se comprende sólo cuando en la contemplación nos situamos fuera del tiempo y de la historia y encontramos la raíz de la existencia de Jesús en tu intimidad. Sobre esta plenitud queremos fundamentar nuestra fe.

SANTORAL (4)

 

SAN SILVESTRE I

Era Silvestre presbítero de la Iglesia romana cuando fue llamado a suceder al papa Milcíades, poco tiempo después de la Paz constantiniana. Un pontificado de veintiún años (314-335) - el más largo del primer milenio junto al de San León Magno - le permitió ver cómo la Iglesia cobraba auge con un entusiasmo del que se hacía eco un contemporáneo: «Fiestas de dedicaciones en todas las ciudades, consagraciones de iglesias recientemente construidas, asambleas de obispos congregados a tal fin, multitudes de fieles llegados de todos los rincones, aun los más lejanos, sentimientos de amistad de unos pueblos con otros, unión entre los miembros del cuerpo de Cristo en una sola armonía de hombres aunados» (Eusebio de Cesárea). Por su parte, el obispo de Roma vio levantarse las basílicas de Letrán., de San Pedro y de San Pablo. Ante un protector tan embarazoso como había llegado a convertirse el emperador Constantino, Silvestre encontró un estilo de ayuda que acaso hubiese precisado por su parte de una personalidad más fuerte que la suya. En la crisis arriana, su acción no fue tampoco de primera línea. Pero al menos estuvo representado en el Concilio de Nicea por medio de sus legados. El papa San Silvestre debe su popularidad al hecho de haber muerto el 31 de diciembre. Por eso confiamos a su intercesión «pasar esta vida bajo su pastoreo» caminando hacia Aquel que será «la vida que no acaba».

FUENTES DE LA PAGINA

 

La Página de la Misa Diaria, está preparada y es enviada por Pedro S. A. Donoso Brant, desde Santiago de Chile, como un servicio de apostolado, amor por Nuestro Señor Jesucristo y por la Iglesia. Les ruego su oración, para que pueda mantenerse este servicio y subsidio, dando gracias a nuestro Dios que tanto nos ama.

Nota: Para la Liturgia de la Palabra, utilizo “Liturgia Cotidiana” de Ediciones San Pablo, para el estudio y comentario de la Palabra, utilizo los textos de la Biblia Nácar-Colunga, (SBNC) y/o Biblia de Jerusalén (SBJ),

(3) Para la Lectio Divina, Lectio Divina para cada día del año, de Giorgio Zevini y Pier Giordano Cabra (Eds.) y/o, Intimidad Divina, Fr. Gabriel de Santa M. Magdalena ocd,

(4) Santoral preparado por la Parroquia de la Sagrada Familia de Vigo.

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