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MISA DIARIA
DE CAMINANDO CON JESÚS Pedro
Sergio Antonio Donoso Brant Desde el 26
de febrero de 2002 en Internet – Santiago de Chile-Chile La página de
Misa Diaria, Reflexión Bíblica y Santoral, mas antigua de Internet www.caminando-con-jesus.org www.caminando-con-maria.org www.caminandoconjesus.cl |
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01-01-2010 |
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Santa María, Madre de Dios. (S). Blanco. Octava
de la Navidad del Señor |
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Santa
María Madre de Dios ‘Cuando se cumplió el tiempo establecido,
Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer y sujeto a la Ley, para redimir a
los que estaban sometidos a la Ley y hacernos hijos adoptivos” (Gál 4, 4-5). En este texto san Pablo nos recuerda el acontecimiento
salvífico primordial: una mujer, la Wrgen María, acoge en su persona y en su cuerpo al
Salvador del mundo, el Príncipe de la paz. Sólo ella sabía que el hijo
engendrado en su seno era el mismo Hijo del Dios vivo. El Padre quiso
confirmar la profunda fe de María en la Encarnación con acontecimientos
extraordinarios, como revelación del Angel a san
José, la presencia de los ángeles en Belén, la visita de los pastores, la
llegada de los reyes magos... Acontecimientos que ella meditaba en su corazón
para afianzar su fe, que luego fue puesta a prueba en la persecución a muerte
contra Jesús por parte de Herodes, la consiguiente huida a Egipto, y al fin
la pasión y muerte. La Madre del Hijo de Dios está sujeta al sufrimiento como
si ese Hijo suyo no fuera Dios, como si él no tuviera poder para defenderse.
Ejemplo clarificador para nosotros, cuando, a pesar de acoger a Dios en
nuestra vida e incluso esforzarnos por darlo a los demás como ella, también
nos suceden contratiempos que parecen demostrar la ausencia y desinterés de
Dios. Sólo una fe fuerte, a imitación de María, nos puede mantener firmes y
en paz, con la seguridad de que Dios realiza en nosotros su plan redentor,
transformando nuestro sufrimiento en fuente de salvación y de vida eterna
para nosotros y para otros, aunque parezca una contradicción. |
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ANTÍFONA DE ENTRADA ¡Salve, santa Madre!, Virgen, Madre del Rey, que gobierna para siempre el cielo y la tierra. O bien: Cfr. Is 9, 2. 6; Lc 1, 33 Hoy brillará la luz sobre nosotros porque nos ha nacido el Señor. Y será llamado el Admirable, Dios, Príncipe de la paz, Padre del tiempo futuro, y su Reino no tendrá fin. ORACIÓN COLECTA Señor, que por la fecunda virginidad de María, otorgaste al género humano la gracia de la eterna salvación, concédenos experimentar la intercesión de aquélla por quien recibimos al Autor de la Vida, nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que es Dios y vive y reina contigo. PRIMERA LECTURA Núm
6, 22-27 Lectura del libro de los Números. El Señor dijo a Moisés: “Habla en estos términos a Aarón y a sus hijos: Así bendecirán a los israelitas. Ustedes les dirán: «Que el Señor te bendiga y te proteja. Que el Señor haga brillar su rostro sobre ti y te muestre su gracia. Que el Señor te descubra su rostro y te conceda la paz». Que ellos invoquen mi Nombre sobre los israelitas, y Yo los bendeciré”. Palabra de Dios. COMENTARIO “¡Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo!” Es el tradicional saludo que corre de boca en boca o en cada tarjeta o llamada telefónica que recibimos. También los sacerdotes de Israel saludaban al pueblo, en la fiesta judía de Año Nuevo, pronunciando una bendición. Bendecir es desear la felicidad a aquellos que la buscan y anunciar que el animador de esta búsqueda no puede ser otro en nosotros que el Espíritu de Dios. Invoquemos, pues, con María, el nombre de Dios y recibamos de él bendiciones y prosperidad durante este nuevo año. SALMO Sal 66, 2-3. 5-6. 8 R. El Señor tenga piedad y nos bendiga. El Señor tenga piedad y nos bendiga, haga brillar su rostro sobre nosotros, para que en la tierra se reconozca su dominio, y su victoria entre las naciones. R. Que canten de alegría las naciones, porque gobiernas a los pueblos con justicia y guías a las naciones de la tierra. El Señor tenga piedad y nos bendiga. R. ¡Que los pueblos te den gracias, Señor, que todos los pueblos te den gracias! Que Dios nos bendiga, y lo teman todos los confines de la tierra. R. SEGUNDA LECTURA Gál
4, 4-7 Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de
Galacia. Hermanos: Cuando se cumplió el tiempo establecido, Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer y sujeto a la Ley, para redimir a los que estaban sometidos a la Ley y hacernos hijos adoptivos. Y la prueba de que ustedes son hijos, es que Dios infundió en nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama a Dios llamándolo: ¡Abbá!, es decir, ¡Padre! Así, ya no eres más esclavo, sino hijo, y por lo tanto, heredero por la gracia de Dios. Palabra de Dios. COMENTARIO Difícilmente se puede hallar un resumen más conciso y preciso sobre el misterio de la Encarnación que el que nos presenta san Pablo hoy: “Dios envió a su Hijo, nacido de mujer”, para hacernos sus hijos y poder llamarle: “¡Padre!”. El Concilio Vaticano II, en su exposición sobre la “bienaventurada Virgen María, Madre de Dios en el misterio de Cristo y de la Iglesia” (cf. LG, 52), asume estas palabras del Apóstol, que luego, Juan Pablo II, las hace suyas, ya sea para hablar “sobre el significado que María tiene en el misterio de Cristo y sobre su presencia activa y ejemplar en la vida de la Iglesia” (cf. RM, 1). O cuando se expresa sobre “el misterio de la Encarnación redentora del Verbo de Dios” (cf. TMA, 1). ALELUYA Heb 1, 1-2 Aleluya. Después de haber hablado a nuestros padres por medio de
los Profetas, en este tiempo final, Dios nos habló por medio de su Hijo. Aleluya. EVANGELIO Lc 2,
16-21 Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas. Los pastores fueron rápidamente adonde les había dicho el Ángel del Señor, y encontraron a María, a José y al recién nacido acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que habían oído decir sobre este niño, y todos los que los escuchaban quedaron admirados de lo que decían los pastores. Mientras tanto, María conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón. Y los pastores volvieron, alabando y glorificando a Dios por todo lo que habían visto y oído, conforme al después, llegó el tiempo de circuncidar al niño y se le puso el nombre de Jesús, nombre que le había sido dado por el ángel antes de su concepción. Palabra del Señor. COMENTARIO “Los pastores fueron corriendo y encontraron a María, a José y al Niño acostado en el pesebre”. He aquí el gran misterio revelado: Dios hecho hombre es mostrado a los más humildes y sencillos. Y de la forma más natural y familiar: un niño recién nacido, contemplado por su padre adoptivo y su madre biológica. Es un acontecimiento sencillo para contemplar y escuchar como buena noticia, profundo para pensar como María que lo conservaba todo en su corazón. Este evangelio tiene ya un cierto sabor pascual. Aquí como en el libro de los Hechos (2, 47), los creyentes, en este caso los pastores, comparten la buena noticia, “glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían visto y oído”. ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS Señor de bondad, que eres el origen y la perfección de todo lo bueno, concede a quienes nos alegramos en esta solemnidad de la santa Madre de Dios, que así como nos gloriamos de las primicias de tu gracia, nos gocemos también de su plenitud. Por Jesucristo nuestro Señor. ANTÍFONA DE COMUNIÓN Heb
13, 8 Jesucristo es el mismo ayer y hoy, y lo será para siempre. ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN Señor, hemos recibido con alegría los sacramentos celestiales; que ellos nos aprovechen para la vida eterna, ya que nos gloriamos de proclamar a la siempre Virgen María como Madre de tu Hijo y Madre de la Iglesia. Por Jesucristo nuestro Señor. BENDICIÓN SOLEMNE V. El Dios que en su providencia amorosa quiso salvar al género humano por el fruto bendito del seno de la Virgen María, los colme de sus bendiciones. R. Amén. V. Que los acompañe siempre la protección de la Virgen, por quien han recibido al Autor de la vida. R. Amén. V. Y a todos ustedes, reunidos hoy para celebrar con devoción a la Virgen María, el Señor les conceda la alegría del Espíritu y los bienes de su reino. R. Amén. V. Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo † y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes. R. Amén. |
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ESTUDIO
Y REFLEXIÓN BÍBLICA |
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“Mientras tanto, María conservaba estas cosas y las meditaba en su
corazón” Lc 2, 16-21 Autor: Pedro Sergio Antonio
Donoso Brant Los pastores que estaban por esa fecha en Belén, eran hombres que guardaban sus ganados de ladrones y animales de rapiña. Estos pastores no eran de Belén, ello estaban por un pastoreo estacional en el que el ganado se traslada desde las zonas de pastos de invierno a las de verano y viceversa, ya que el ganado de las gente del pueblo los volvían a la noche a sus establos, mientras que los de los trashumantes suelen estar allí hasta las primeras lluvias, que pueden venir de mediados de noviembre a mediados de enero. Los pastores no gozaban de buena fama, pues se los tenía por “ladrones”. Un fariseo temería comprarles lana o leche por temor a que proviniesen del robo. Pero, si éste era el concepto, real o ficticio, debía de haber también entre ellos almas sencillas, como las de estos pastores. Inesperadamente, se les apareció “un ángel del Señor.” Al mismo tiempo, el evangelista dice que “la gloria del Señor” los rodeó iluminándolos”. Es una teofanía, es decir, manifestación de la divinidad a las personas. Al rodearlos de su luz, ellos se asustaron, esto es lo que se entiende al decir que “temieron grandemente.” Era el temor ante la presencia de Dios, que así acreditaba al ángel y su anuncio: el hallarse encarnado en Belén. El anuncio del ángel es el Evangelio: la Buena Nueva, la Buena Nueva mesiánica. Les anuncia a ellos esta nueva, pero “es para todo el pueblo.” El “pueblo” que aquí se considera es directamente Israel. Es el vocabulario del A.T., y el pueblo a quien se había prometido que en él nacería el Mesías. “Hoy os ha nacido en la ciudad de David,” Belén, donde según Miqueas (5:2), había de nacer el Mesías, un niño, “Un Salvador”. Es el “Cristo”, es decir, el “Ungido,” el Mesías. Y este Cristo es “el Señor”. Los pastores comprendieron que el Mesías había llegado. “Los pobres son evangelizados.” Y se les dio una “señal” para encontrarlo. El Mesías no había nacido en un palacio, ni con el esplendor humano, ni esperado con pompa, había nacido en un establo, en un pesebre. Y el hecho de estar reclinado en un “pesebre” les indicaba que no había que buscarlo entre los habitantes de Belén, ya que allí habría nacido en una casa. Terminado el anuncio del ángel,
se juntó con él, allí en el campo de los pastores, “una multitud del ejército
celestial,” es decir, de ángeles. Ya en el libro de Daniel (7:10) se habla de
una multitud casi infinita de ellos, lo mismo que aparecen en la Escritura
“alabando a Dios” (Sal 148:2; Job 38:7). Todo este coro entona allí una
alabanza a Dios, diciendo: “Gloria a
Dios en las alturas, Y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad.” El sentido del cántico es la glorificación que tiene Dios, que se lo supone viviendo en el cielo, al comenzar la obra redentora, con el Mesías en la tierra, y por lo cual se sigue la “paz,” que para el judío es la suma de todos los bienes, y aquí es la suma de todos los bienes mesiánicos, que se van a dispensar a los hombres de “buena voluntad.” para aquellos que van a tomar partido por Cristo cuando aparezca en su vida pública, como “señal de contradicción.” Los pastores fueron con rapidez. A media hora de camino estaba Belén. El “signo” se cumple al encontrar lo que los ángeles les anunciaron. Los pastores, aquellos días fuertemente impresionados, lo divulgaron, y la gente se “maravilló.” Los pastores glorificaron a Dios por la obra que les hizo. Lucas en todo caso, destaca la firmeza de “todas estas cosas” en el corazón de María, “confrontándolas,” “comparándolas,” meditándolas.” Era María que observaba, admirada, el modo como Dios iba preparando y realizando la obra de su Hijo, el Mesías. Cuando se hubieron cumplido los ocho días para circuncidar al Niño, le dieron por nombre Jesús, impuesto por el ángel antes de ser concebido en el seno. La circuncisión era el signo de incorporación al pueblo de Israel. Tenía lugar al octavo día del nacimiento y dispensaba el reposo sabático. El rito no era de oficio sacerdotal y podía realizarlo cualquier persona. Podía realizarse en casa o en la sinagoga, ante diez testigos. Al hacerse la circuncisión se pronunciaba una fórmula, ya hecha, de bendición a Dios. En la época neotestamentaria solía imponerse en este día el nombre al niño (Gen 17:5-15). Era la incorporación real y nominal a Israel. José, de acuerdo con María, debió de ser el que le impuso el nombre. Ya el ángel lo había anunciado. Y se le llamó Jesús, forma apocopada de Yehoshúa: “Yahvé salva.” Era la misión salvadora que tenía (Mt 1:21). Y con la dolorosa circuncisión, Cristo derramó ya la primera sangre redentora. Paz con todos El Señor les Bendiga Pedro Sergio Antonio Donoso Brant |
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PARA
LA LECTIO DIVINA (3) |
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«MARÍA GUARDABA TODOS ESOS RECUERDOS Y LOS
MEDITABA EN SU CORAZÓN» De nuevo se
proclama en la liturgia el evangelio de la misa de la aurora de Navidad, con
el añadido del y. 21 referente a la circuncisión de Jesús. El tema de la
lectura es una reflexión posterior sobre el misterio de la encarnación. Los
pastores van a la gruta de Belén, encuentran al Niño en el pesebre y, luego
de adorarlo, refieren el hecho y todos quedan maravillados. Después se
vuelven a sus rebaños en la alegría y la alabanza por la extraordinaria
experiencia vivida. Pasados los ocho
días del nacimiento del Niño, fue celebrado el rito de la circuncisión,
mediante el cual él entró a formar parte del pueblo elegido (cf. Gn 17,2-17) y se le impuso
el nombre «Jesús», que quiere decir: «Dios salva» (ef.
Mt 1,21). Ante todos estos acontecimientos María conserva todo en su corazón
y medita todas estas cosas, dándoles el justo sentido: «María guardaba todos
esos recuerdos y los meditaba en su corazón» (y. 19). María aparece así como
la Madre que sabe interpretar los hechos del Hijo. Hay, pues,
diversas actitudes que se pueden asumir ante el Cristo: la búsqueda pronta y
gozosa de los pastores, el asombro y la alabanza de aquellos que intervienen
en el hecho, el relato a otros de la experiencia vivida. Para el evangelista
sólo María adopta la postura del verdadero creyente, porque ella sabe guardar
con sencillez lo que escucha y meditar con fe lo que ve, para ponerlo todo en
su corazón y transformar en plegaria la salvación que Dios le ofrece. “LA JORNADA DE LA PAZ” EN NOMBRE DE MARÍA,
MADRE DE DIOS Y MADRE DE LA IGLESIA. Desde hace
varios años, el primer día del año civil se celebra en todo el mundo “la jornada
de la paz” en nombre de María, madre de Dios y madre de la Iglesia. La paz (=
Shalom) es el don mesiánico por excelencia que Jesús resucitado ha traído a
sus discípulos (cf. Jn
20,19- 21); es la salvación de los hombres y la reconciliación definitiva con
Dios. Pero la paz de Cristo es también la paz del hombre, rica en valores
humanos, sociales y políticos, que encuentra su fundamento, para decirlo con
la Facem in terris de
Juan XXIII, en las condiciones de verdad, de
justicia, de amor y de libertad, que son los cuatro pilares sobre los que se
erige el edificio de la paz. La constante
bendición de Dios en la primera alianza, la acción de Cristo realizada en
favor de toda la humanidad y de cada uno de sus componentes, el mismo nombre
impuesto a Jesús, que evoca su misión de salvador, todos son hechos
orientados en la línea de la paz, de la alianza, de la fraternidad. Dios no
ha creado al hombre para la guerra, sino para la paz y la fraternidad. El mal
en todas sus múltiples formas se contrarresta sólo con una constante
educación en la paz. Aquella paz que la Virgen María, Reina de la paz, nos
puede obtener del Padre: la shalom bíblica viene de
Dios y está ligada a la justicia. La raíz de la paz, no obstante, reside en
el corazón del hombre, esto es, en el rechazo de la idolatría, porque no hay
paz sin verdadera conversión, no hay paz sin tensiones (cf.
Mt 10,34). La paz de Cristo no es como la del mundo, porque la de Cristo
exige que nos alejemos de la mentalidad mundana. Con la venida de Cristo la paz
nos ha sido ofrecida a cada uno de nosotros, porque brota del corazón de
Dios, que es amor. REZAMOS VOLVIENDO LA MIRADA HACIA MARÍA Al inicio de
este nuevo año, Señor, te rezamos volviendo la mirada hacia María, a la que,
siendo la madre de tu Hijo y madre nuestra, puede hacer posible la
civilización del amor y de la paz para toda la humanidad. Primeramente te
queremos agradecer el don precioso de María: tú la elegiste, como flor
incomparable y preciosa de la humanidad, para que Jesús pudiera venir a nosotros
a traemos tu Palabra de vida, a darnos el Espíritu Santo consolador de los
corazones y para que nos pudiéramos dirigir a ti llamándote Padre. Haznos
capaces de seguir los caminos del evangelio de la paz, como ha caminado María
en su peregrinaje terreno, viviendo en el silencio y oculta en el hogar
doméstico, permaneciendo abiertos al anuncio de la “alegre noticia” que nos
ha traído tu Hijo, sabiendo afrontar las pruebas de la vida con humildad y fe
profundas, y confiando en ti en la hora de nuestro retomo a la casa del Padre
donde tú nos esperas. Te rogamos de
modo especial por la paz del mundo, convencidos de que es un deber de todos
conocer los problemas que están detrás de las graves divisiones actuales para
compartir y sostener todo camino y toda propuesta de paz y de justicia.
Suscita gobernantes y hombres de paz que sepan actuar de manera que el
desarrollo sea posible a todas las gentes por igual, y que la solidaridad sea
tal que los países ricos prevean intervenciones capaces de elevar económicamente
incluso a los países más pobres. Pero haz capaz a cada hombre de comprender
que la auténtica paz y la verdadera felicidad vienen de ti, que eres el Dios
de la paz. |
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SANTORAL |
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SANTA MARIA,
MADRE DE DIOS Feliz año nuevo y feliz vida nueva en Belén; porque la Eternidad se hace tiempo; y el tiempo Eternidad; al hacerse el Hijo eterno de Dios, hijo de María. Para alcanzar y poseer este Misterio de la Encarnación, es preciso vivirlo desde el primer momento con María; como lo vivió excelsamente el Hijo de Dios. EL NOMBRE DE JESÚS En la Octava de su Navidad, el hijo de María se somete en Belén al rito simbólico de pertenencia al pueblo de Israel, a la circuncisión. Y recibe el nombre de Jesús, que significa "Dios salva". Con él se expresa la esencia de su ser: "Le pondréis el nombre de Jesús, por que El rescatará a su pueblo de sus pecados". «Un nombre sobre todo nombre, ante el que tiene que doblar toda rodilla en los cielos, la tierra y los infiernos". "En ningún otro nombre obtiene nadie la salvación; ni a los hombres se nos ha dado otro nombre por el que tengamos que salvarnos". Santoral preparado por la Parroquia de la Sagrada Familia de Vigo |
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Nota: Para (3) Para la Lectio Divina, Lectio Divina
para cada día del año, de Giorgio Zevini y Pier
Giordano Cabra (Eds.) y/o, Intimidad Divina, Fr.
Gabriel de Santa M. Magdalena ocd, ESTA PERMITIDO EL RE-ENVIO, Nota sobre la publicidad: La publicidad
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queremos dar todo lo mejor que podamos, pero sin en esa publicidad no podría
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