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MISA DIARIA DE CAMINANDO CON JESUS

Pedro Sergio Antonio Donoso Brant ocds
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de publicación, todos los días desde el 26 de febrero de 2002 en Internet –
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Fecha: 01-05-2011
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Edición Nº MD 2879
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PASCUA, CICLO A
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LITURGIA DE LA HORAS
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LINK TEMAS DIVERSOS DEL TIEMPO DE PASCUA: PASCUA
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TIEMPO DE PASCUA, SEGUNDO DOMINGO
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DOMINGO
II DE PASCUA
Continúa
actuando
Hch 2,42-47; Sal 117; 1Pe 1,3-9
“Vivían todos unidos”.
En medio de la alegría pascual la liturgia proyecta nuestra mirada a
la primera comunidad cristiana. «Todo el mundo estaba impresionado...»
«Tenían todo en común». «Día tras día el Señor iba agregando al grupo los
que se iban salvando». La Iglesia es fruto de la Pascua. La comunidad
cristiana es posible porque Cristo ha resucitado. Toda esa belleza tan
atrayente brota de la victoria de Cristo sobre el pecado. La Iglesia no es nada
sin la presencia y la fuerza del Resucitado. Pero este tampoco se hace
visible sin hombres y mujeres que se dejen transformar por su poder.
“Este es el día en que
actuó el Señor”.
No sólo actuó en el pasado. Este es el día en que el Señor continúa
actuando. Estamos en el día de la resurrección, en el tiempo en que Cristo,
a quien «ha sido dado todo poder», desea seguir mostrando sus maravillas.
El tiempo de Pascua es el tiempo por excelencia de las obras grandes del
Resucitado. Si lo creemos y lo deseamos, si nos ponemos a acogerlo,
seguiremos experimentando que «es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un
milagro patente».
“Nos ha hecho nacer de
nuevo”.
Por la resurrección de Cristo somos ya criaturas nuevas. La vida del
Resucitado nos inunda ya ahora. Hemos nacido de nuevo. Y, sin embargo, lo
mejor está por llegar. Hay «una herencia incorruptible, pura, imperecedera,
que os está reservada en el cielo». ¿Hay acaso motivo para la tristeza, la
desilusión o el desencanto? (FGD)
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El papa Juan Pablo II instituyó,
en el año 2000, el domingo después de Pascua, el Domingo
de la Misericordia,
en respuesta al pedido del Señor a sor Faustina. La Fiesta de la Divina Misericordia
tiene como fin principal hacer llegar a los corazones de cada persona el
siguiente mensaje: Dios es Misericordioso y nos ama a todos... “y cuanto
más grande es el pecador, tanto más grande es el derecho que tiene a Mi
misericordia” (Diario, 723).
I.-RITOS INICIALES
ANTÍFONA DE ENTRADA 1Ped 2, 2
Como niños recién nacidos,
deseen la leche pura y espiritual que los haga crecer hacia la salvación.
Aleluya.
O bien: Esd 2, 36-37
Celebren con alegría su
victoria, dando gracias a Dios, que los llamó a su Reino celestial.
Aleluya.
ACTO PENITENCIAL
-
Tú, el vencedor del pecado y de la muerte
Señor, ten piedad.
-
Tú, alegría de los que creen en ti. Cristo,
ten piedad.
-
Tú, la resurrección y la vida. Señor, ten
piedad.
SE DICE GLORIA A DIOS.
Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que
ama el Señor. Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te
adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial,
Dios Padre todopoderoso. Señor, Hijo único, Jesucristo. Señor Dios, Cordero
de Dios, Hijo del Padre; tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de
nosotros; tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra suplica; tú
que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros; porque
sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú Altísimo, Jesucristo, con el
Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre. Amén.
ORACIÓN COLECTA
Dios de eterna misericordia,
que en la celebración anual de las fiestas pascuales
reavivas la fe del pueblo santo, acrecienta en nosotros los dones de tu
gracia, para que comprender, verdaderamente, la inestimable grandeza del
bautismo que nos purificó, del Espíritu que nos regeneró y de la sangre que
nos redimió. Por nuestro Señor Jesucristo. Él que vive y reina contigo en
la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.
II. LITURGIA DE LA PALABRA
PRIMERA LECTURA Hech
2, 42-47
Lectura de los Hechos de los apóstoles.
Todos
se reunían asiduamente para escuchar la enseñanza de los Apóstoles y
participar en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones. Un
santo temor se apoderó de todos ellos, porque los Apóstoles realizaban
muchos prodigios y signos. Todos los creyentes se mantenían unidos y ponían
lo suyo en común: vendían sus propiedades y sus bienes, y distribuían el
dinero entre ellos, según las necesidades de cada uno. Íntimamente unidos,
frecuentaban a diario el Templo, partían el pan en sus casas, y comían
juntos con alegría y sencillez de corazón; ellos alababan a Dios y eran
queridos por todo el pueblo. Y cada día, el Señor acrecentaba la comunidad
con aquellos que debían salvarse.
Palabra de Dios.
COMENTARIO
Las consecuencias de la
resurrección abarcan toda la vida de los cristianos. Incluso el modo de
vivir comunitario. Desde este hecho, la comunidad se transforma en signo
vital para la sociedad: nadie pasa necesidad, todos aprenden, oran y
celebran. La fe se expresa y traduce en la vida cotidiana.
SALMO Sal 117, 2-4. 13-15. 22-24
R. ¡Den gracias al Señor, porque es
bueno, porque es eterno su amor!
O bien: Aleluya.
Que
lo diga el pueblo de Israel: ¡es eterno su amor! Que lo diga la familia de
Aarón: ¡es eterno su amor! Que lo digan los que temen al Señor: ¡es eterno
su amor! R.
Me
empujaron con violencia para derribarme, pero el Señor vino en mi ayuda. El
Señor es mi fuerza y mi protección; él fue mi salvación. Un grito de
alegría y de victoria resuena en las carpas de los justos. R.
La
piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular. Esto ha
sido hecho por el Señor y es admirable a nuestros ojos. Éste es el día que
hizo el Señor: alegrémonos y regocijémonos en él. R.
SEGUNDA LECTURA 1 Ped
1, 3-9
Lectura de la primera carta del apóstol
san Pedro.
Bendito
sea Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, que en su gran
misericordia, nos hizo renacer, por la resurrección de Jesucristo, a una
esperanza viva, a una herencia incorruptible, incontaminada e imperecedera,
que ustedes tienen reservada en el cielo. Porque gracias a la fe, el poder
de Dios los conserva para la salvación dispuesta a ser revelada en el
momento final. Por eso, ustedes se regocijan a pesar de las diversas
pruebas que deben sufrir momentáneamente: Así, la fe de ustedes, una vez
puesta a prueba, será mucho más valiosa que el oro perecedero purificado
por el fuego, y se convertirá en motivo de alabanza, de gloria y de honor
el día de la
Revelación de Jesucristo. Porque ustedes lo aman sin
haberlo visto, y creyendo en Él sin verlo todavía, se alegran con un gozo
indecible y lleno de gloria, seguros de alcanzar el término de esa fe, que
es la salvación.
Palabra de Dios.
COMENTARIO
Las pruebas a las que se
refiere la carta son, muy probablemente, las persecuciones a las que se
vieron sometidas las comunidades de finales del siglo I. El imperio romano
perseguía y encarcelaba a quienes consideraba sus
enemigos. Sin embargo, estos hombres y mujeres veían que su fe era más
fuerte que las dificultades y que la meta era más alta que el camino.
ALELUYA Jn 20, 29
Aleluya.
Ahora crees, Tomás, porque me has visto. ¡Felices los que creen sin haber
visto!, dice el Señor. Aleluya.
EVANGELIO Jn 20, 19-31
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo
según san Juan.
Al
atardecer del primer día de la semana, los discípulos se encontraban con
las puertas cerradas por temor a los judíos. Entonces llegó Jesús y
poniéndose en medio de ellos, les dijo: «¡La paz
esté con ustedes!». Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado.
Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor. Jesús les
dijo de nuevo: «¡La paz esté con ustedes! Como el
Padre me envió a Mí, Yo también los envío a ustedes». Al decirles esto,
sopló sobre ellos y añadió: «Reciban el Espíritu Santo. Los pecados serán
perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que
ustedes se los retengan». Tomás, uno de los Doce, de sobrenombre el
Mellizo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús. Los otros discípulos le
dijeron: «¡Hemos visto al Señor!». Él les
respondió: «Si no veo la marca de los clavos en sus manos, si no pongo el
dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creeré». Ocho
días más tarde, estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa, y
estaba con ellos Tomás. Entonces apareció Jesús, estando cerradas las
puertas, se puso en medio de ellos y les dijo: «¡La
paz esté con ustedes!». Luego dijo a Tomás: «Trae aquí tu dedo: aquí están
mis manos. Acerca tu mano: Métela en mi costado. En adelante no seas
incrédulo, sino hombre de fe». Tomás respondió: «¡Señor
mío y Dios mío!». Jesús le dijo: «Ahora crees, porque me has visto.
¡Felices los que creen sin haber visto!». Jesús realizó además muchos otros
signos en presencia de sus discípulos, que no se encuentran relatados en
este Libro. Estos han sido escritos para que ustedes crean que Jesús es el
Mesías, el Hijo de Dios, y creyendo, tengan Vida en su Nombre.
Palabra del Señor.
COMENTARIO
Las palabras de Jesús a
los apóstoles son un modo de anunciar el inicio de lo que luego será la
comunidad eclesial: los exhorta a vivir la reconciliación y los envía al
mundo. En definitiva, eso mismo vino a hacer Jesús: enviado por el Padre,
vino a reconciliar a todos los hombres. La comunidad, entonces, es enviada
como lo fue el Hijo, para continuar con su obra.
EL CREDO
Creo en Dios Padre
todopoderoso. Creador del cielo y de la tierra. Y en Jesucristo, su único
Hijo, nuestro Señor; que fue concebido por obra y gracia del Espíritu
Santo, nació de Santa María Virgen; padeció bajo el poder de Poncio Pilato,
fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos; al tercer
día resucitó de entre los muertos; subió a los cielos y está sentado a la
derecha de Dios Padre todopoderoso; desde allí ha de venir a juzgar a los vivos
y a los muertos.
Creo en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia
Católica, la comunión de los Santos, el perdón de los pecados, la
resurrección de la carne, y la vida eterna. Amén.
ORACIÓN DE LOS FIELES
A cada intención, pedimos: Jesús resucitado, auméntanos la fe.
·
Para que los que trabajan por la justicia y
la paz logren promover una nueva convivencia entre los pueblos. Oremos
·
Para que todos los que buscan y aún no han
llegado a la fe tengan la dicha de creer sin ver. Oremos.
·
Para que los cristianos, en el mundo entero,
irradien la alegría pascual. Oremos.
·
Para que nuestra comunidad parroquial imite
la unidad y la fraterna solidaridad de aquella primera comunidad. Oremos.
III.- LITURGIA EUCARÍSTICA
Presentación de las
ofrendas: Jesús resucitado es la garantía de nuestra fe. Por eso, con el
pan y el vino, presentemos al Señor el propósito de vivir con alegría la
cincuentena pascual
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Recibe, Señor, las ofrendas que
te presentamos [junto a los recién bautizados], y haz que, renovados por la
confesión de tu nombre y el bautismo lleguemos la felicidad eterna. Por
Jesucristo nuestro Señor.
PREFACIO PASCUAL
Jesús nos trae la paz y
nos envía a evangelizar. Por eso, con especial alegría, unidos al
celebrante, elevemos la gran acción de gracias al Padre porque por
Jesucristo, nos hizo vencer el pecado y la muerte y renacer a una nueva
vida.
RITO DE COMUNIÓN
PADRE NUESTRO
Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre;
venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el
cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como
también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la
tentación, y líbranos del mal.
LA PAZ
Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: “La paz os dejo, mi
paz os doy”. No tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu
Iglesia, y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad. Tú que
vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
CORDERO
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de
nosotros. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de
nosotros. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, danos la paz.
ANTÍFONA DE COMUNIÓN Cfr.
Jn 20, 27
Acerca tu mano y reconoce el
lugar de los clavos; en adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe.
Aleluya.
Comunión: Unidos en una
misma fe, con alegría, vayamos a recibir al mismo Cristo resucitado que nos
llama a vivir en verdadera comunidad.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Dios todopoderoso, concédenos
que los frutos del sacramento pascual que hemos recibido, permanezca
siempre en nuestros corazones. Por Jesucristo nuestro Señor.
IV.- RITO DE CONCLUSIÓN
BENDICION
Canto final
Queridos amigos: ¡Cristo ha
resucitado y vive entre nosotros! Con esta alegría y seguridad, nos
retiramos cantando.
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REFLEXIÓN
BÍBLICA
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“Ahora crees, porque me has visto”
Jn 20, 19-31
Autor: Pedro Sergio Antonio Donoso
Brant ocds
1. AL ATARDECER DEL PRIMER DÍA DE LA SEMANA
Estas apariciones a los
apóstoles son destacadas en el Evangelio de San Juan para relatarnos su
particular importancia, estos son hechos excepcionales. La primera
aparición, sucede en la “tarde” del mismo día de la resurrección, cuyo
nombre de la semana era llamado por los judíos como lo pone aquí San Juan,
“el primer día de la semana.”
Los discípulos se encontraban
con las puertas cerradas por temor a los judíos. Suponemos que los once
apóstoles están juntos, sin embargo también se puede presumir que
posiblemente hubiese con ellos otras personas, pero estas no se citan.
El relato evangélico no
precisa el lugar donde sucedieron estos hechos, no obstante creíblemente
podría ser en el cenáculo (Act 1:4.13). Los
sucesos de aquellos días, siendo ellos los discípulos del Crucificado, les
tenían temerosos. Esa es la razón por la cual se ocultaban y permanecían a
puertas cerradas. Temía la intromisión inesperada de sus enemigos
2. EL ESTADO “GLORIOSO” EN QUE SE HALLA CRISTO RESUCITADO
Pero la entrega de este
detalle tiene también por objeto demostrar el estado “glorioso” en que se
halla Cristo resucitado cuando se presenta ante ellos. Es así como
inesperadamente, Cristo se apareció en medio de ellos. En el relato de
Lucas, se comenta que quedaron “despavoridos,” pues creían ver un
“espíritu” o un fantasma.
Entonces llegó Jesús y poniéndose
en medio de ellos, les dijo: “¡La paz esté con ustedes!”. Con ello les
dispensó lo que ésta llevaba adjunto (cf. Lc
24:36-43). San Juan omite lo que dice en evangelio de Lucas, sobre que no
se turben ni duden de su presencia. Aquí, al punto, como garantía, les
muestra “las manos,” que con sus cicatrices les hacían ver que eran las
manos días antes perforadas por los clavos, y “el costado,” abierto por la
lanza; en ambas heridas, mostradas como títulos e insignias de triunfo, tal
así que Tomás podría poner sus dedos.
En evangelio de Lucas se
relata que les muestra “sus manos y pies,” y se omite lo del costado, sin
duda porque se omite la escena de Tomás. Ni quiere decir esto que Cristo
tenga que conservar estas señales en su cuerpo. Como se mostró a Magdalena
seguramente sin ellas, y a los peregrinos de Emaús
en aspecto de un caminante, así aquí, por la finalidad apologética que
busca, les muestra sus llagas. Todo depende de su voluntad. Esta, como la
escena en Lucas, es un relato de reconocimiento: aquí, de identificación
del Cristo muerto y resucitado; en Lucas es prueba de realidad corporal, no
de un fantasma.
Bien atestiguada su
resurrección y su presencia sensible, San Juan transmite esta escena de
trascendental alcance teológico.
3. COMO EL PADRE ME ENVIÓ A MÍ, YO TAMBIÉN LOS ENVÍO A USTEDES.
Jesús anuncia a los apóstoles
que ellos van a ser sus “enviados,” como El lo es del Padre. Es un tema
constante en los evangelios. Ellos son los “apóstoles” (Mt 28:19; Jn 17:18,
etc.).
Jesucristo tiene todo poder
en cielos y tierra y los “envía” ahora con una misión concreta. Los
apóstoles son sus enviados con el poder de perdonar los pecados. Para ese
tiempo, ese envío era algo insólito. En el Antiguo Testamento, sólo Dios
perdonaba los pecados. Por eso, de Cristo, al considerarle sólo hombre,
decían los fariseos escandalizados: Este “blasfema. ¿Quién puede perdonar
los pecados sino sólo Dios?” (Mc 2:7).
4. AL DECIRLES ESTO, SOPLÓ SOBRE ELLOS Y AÑADIÓ: “RECIBAN EL
ESPÍRITU SANTO”
El Espíritu Santo es el “don”
por excelencia, infinito como infinito es Dios; aunque quien cree en Cristo
ya lo posee, puede sin embargo recibirlo y poseerlo cada vez más. La
donación del Espíritu Santo los Apóstoles en la tarde de la Resurrección
demuestra que ese don inefable, indescriptible, está estrechamente unido al
misterio pascual; es el supremo don de Cristo que, habiendo muerto y
resucitado por la redención de los hombres, tiene el derecho y el poder de
concedérselo. La bajada del Espíritu en el día de Pentecostés renueva y
completamente este don, y se realiza no de una manera íntima y privada,
como en la tarde de Pascua, sino en forma solemne, con manifestaciones
exteriores y públicas indicando con ello que el don del Espíritu no está
reservado a unos pocos privilegiados sino que está destinado a todos los
hombres como por todos los hombres murió, resucitó y subió a los cielos
Cristo. El misterio pascual culmina por lo tanto no sólo en la Resurrección
y en la Ascensión, sino también en el día de Pentecostés que es su acto conclusivo.
5. “LOS PECADOS SERÁN PERDONADOS A LOS QUE USTEDES SE LOS PERDONEN,
Y SERÁN RETENIDOS A LOS QUE USTEDES SE LOS RETENGAN”.
Al decir esto, “sopló” sobre
ellos. Es símbolo con el que se comunica la vida que Dios concede (Gen 2:7;
Ez 37:9-14; Sab 15:11).
Por la penitencia, Dios va a comunicar su perdón, que es el dar a los
hombres el “ser hijos de Dios” (Jn 1:12): el poder de perdonar, que es dar
vida divina. Precisamente en Génesis, Dios “sopla” sobre Adán el hombre de
“arcilla,” y le “inspiró aliento de vida” (Gen 2:7) Por eso, con esta
simbólica sopladura explica su sentido, que es el que “reciban el Espíritu
Santo.” Dios les comunica su poder y su virtud para una finalidad muy
concreta: “Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen,
y serán retenidos a los que ustedes se los retengan”.
Aquí el regalo del Espíritu
Santo a los apóstoles tiene una misión de “perdón.” Los apóstoles se
encuentran en adelante investidos del poder de perdonar los pecados. Este
poder exige para su ejercicio un juicio. Si han de perdonar o retener todos
los pecados, necesitan saber si pueden perdonar o han de retener.
Evidentemente es éste el poder sacramental de la confesión.
Por otra parte, para no
confundirse, esta no es la promesa del Espíritu Santo que les hace en el
evangelio de Juan, en el Sermón de la Cena (Jn 14:16.17.26; 16:7-15), ya
que en esos fragmentos se les promete al Espíritu Santo, que se les
comunicará en Pentecostés, una finalidad “defensora” de ellos e
“iluminadora” y “docente.” En este relato san Juan trata sólo del poder que
se confiere del perdón de los pecados. “Los pecados serán perdonados a los
que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los
retengan”.
6. “¡HEMOS VISTO AL SEÑOR!”
En esta aparición del Señor a
los apóstoles no estaba el apóstol Tomás, de sobrenombre el mellizo. Si
aparece, por una parte, el hombre de corazón y de arranque que relata san
Juan 11:16. En el capitulo 14:5 san Juan lo muestra un tanto escéptico.
Entonces se diría que es lo que va a reflejarse aquí. No solamente no creyó
en la resurrección del Señor por el testimonio de los otros diez apóstoles,
y no sólo exigió para ello el verle él mismo, sino el comprobarlo. Es así
como el necesitaba ver las llagas de los clavos en las manos del Señor, y
aún mas, meter su dedo en ellas, lo mismo que su mano en la llaga del
costado de Cristo, la que había sido abierta por el golpe de lanza del
centurión. Entonces, sólo a este precio creerá.
7. “TRAE AQUÍ TU DEDO: AQUÍ ESTÁN MIS MANOS.”
Pero a los ocho días se
realizó otra vez la visita del Señor. Estaban los apóstoles juntos,
probablemente en el mismo lugar, y Tomás con ellos. Y vino el Señor otra
vez, cerradas las puertas. San Juan relata esta escena muy sobriamente. Y
después de desearles la paz "¡La paz esté con ustedes!", se
dirigió a Tomás y le dijo: Trae aquí tu dedo: aquí están mis manos y le
mandó que cumpliese en su cuerpo la experiencia que él exigía diciéndole:
Acerca tu mano, métela en mi costado. En adelante, no seas incrédulo, sino
hombre de fe.
No dice explícitamente el
relato si Tomas llegó a introducir el dedo en las llagas para cerciorarse,
al contrario lo exceptúa al decirle Cristo: Ahora crees, porque me has
visto. La evidencia de la presencia de Cristo había de deshacer la
obstinación de Tomás.
8. ¡SEÑOR MÍO Y DIOS MÍO!
Tomas exclamo: ¡Señor mío y
Dios mío! Esta exclamación encierra una riqueza teológica grandiosa y
hermosísima. Esta es un reconocimiento de Cristo, es un afirmación de quién
es El. Es, además, esta enunciación, uno de los pasajes del evangelio de
san Juan junto con el prólogo, en donde explícitamente se proclama la
divinidad de Cristo. Dado el lento proceso de los apóstoles en ir valorando
en Cristo su divinidad hasta la gran clarificación de Pentecostés, sin duda
la frase es una explicitación de san Juan a la hora de la composición de su
evangelio. Pero supone el acto de fe de Tomás.
9. “AHORA CREES, PORQUE ME HAS VISTO.”
Tomás fue reprochado, no
porque el ver para creer sea malo, sino por haber rechazado el testimonio
de los otros apóstoles que vieron. Para creer hay que verlo directamente,
como los apóstoles, o indirectamente, como nosotros, que nos apoyamos en el
ver y en la predicación solemne y pública de los apóstoles.
La fe es un don de Dios, pero
tiene también sus bases humanas, como es el estudio y el testimonio de los
testigos.
Este Evangelio nos enseña una
lección de fe y, nos invita a no esperar signos visibles para creer. Pero
también es comprensible que Tomás quisiera experimentar por si mismo, del
mismo modo como nos gusta a nosotros experimentar por nosotros mismos, por
que a Cristo se le debe experimentar en primera persona. Es cierto que la
ayuda de los amigos como los consejos de nuestro director espiritual son
validos, pero al final solo depende de nosotros mismos dar ese gran paso a
la fe, y entregarnos con toda confianza a los brazos del Señor.
El Señor permite a Tomás esta
experiencia, se aparece a los apóstoles e inmediatamente le habla, me
imagino la emoción de Tomás al verle, tal vez entristecido por haber
dudado, pero al mismo tiempo agradecido por este actitud de Cristo y, así,
el hace ese hermoso reconocimiento a la divinidad de Jesús con esta hermosa
oración de alabanza: “Señor mío y Dios mío.”
10. ¡FELICES LOS QUE CREEN SIN HABER VISTO!
Dice el Señor: ¡Felices los
que creen sin haber visto! La respuesta de Cristo a esta confesión de Tomás
acusa el contraste, se diría un poco irónico, entre la fe de Tomás y la
visión de Cristo resucitado, para proclamar bienaventurados a los que creen
sin ver. No es censura a los motivos racionales de la fe y la credibilidad,
como tampoco lo es a los otros diez apóstoles, que ocho días antes le
vieron y creyeron, pero que no plantearon exigencias ni condiciones para su
fe, ya que ellos no tuvieron la actitud de Tomás, que se negó a creer a los
testigos para admitir la fe si él mismo no veía lo que no sería posible
verlo a todos, ni por razón de la lejanía en el tiempo, ni por haber sido
de los elegidos por Dios para ser testigos de su resurrección (Act 2:32; 10:40-42). Es la bienaventuranza de Cristo a
los fieles futuros, que aceptan, por tradición ininterrumpida,
la fe de los que fueron elegidos por Dios para ser testigos oficiales de su
resurrección y para transmitirla a los demás. Es lo que Cristo pidió en la
Oración Sacerdotal: No ruego sólo por éstos (por los apóstoles), sino por
cuantos crean en mí por su palabra” (Jn 17:20).
Cristo es "nuestra paz" (Ef 2,
14), la Paz de Cristo Resucitado para todos
Pedro Sergio Antonio Donoso Brant ocds
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PARA LA LECTIO DIVINA (3)
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BIENAVENTURADOS NOSOTROS SI, AUNQUE NO
LO VEAMOS CON LOS OJOS DEL CUERPO, CREEMOS EN EL SEÑOR
Jesús quiere
que expresemos nuestra unión con él y que correspondamos a su amor viviendo
en comunión entre nosotros, dejándonos plasmar de verdad como criaturas
nuevas que no viven aisladas, sino unidas, por haber sido incorporadas
todas a él. Ese es el fruto de la pascua del Señor. Los que han nacido del
mismo seno de la Iglesia forman una sola familia. La novedad consiste precisamente
en poder vivir con un solo corazón y una sola alma en el amor.
En el
evangelio se aparece Jesús a los discípulos cuando están reunidos. Los
abraza con su mirada, les da la paz, les entrega el Espíritu Santo y les
muestra sus llagas, signos de la crucifixión. Jesús les hace constatar a
través de las dudas de Tomás que el que está delante de ellos es de verdad
el Señor resucitado. También nosotros estamos reunidos hoy para tocar las
llagas de Jesús, unas llagas gloriosas ahora, aunque siguen visibles en su
cuerpo glorificado, como signo de su amor. Aparecen justamente como la
declaración escrita, en su cuerpo, del amor que le llevó a morir por
nosotros en la cruz.
Bienaventurados
nosotros si, aunque no lo veamos con los ojos del cuerpo, creemos en el Señor,
creemos en su amor y besamos sus llagas. ¿Cómo? Besaremos a Jesús cuando
también nosotros seamos traspasados por clavos, por esas espinas que son
las pruebas de la vida. Porque es siempre él quien sufre en nosotros, es
siempre él quien es crucificado en nuestra humanidad, una humanidad que
debe pasar también por el crisol del dolor. Es siempre él: es él quien ya
ha sido glorificado en nosotros y, por consiguiente, está lleno de alegría;
es él quien sigue sufriendo y, por consiguiente, gime. Por eso, si tenemos
fe, también nosotros podremos sufrir juntos y alegrarnos, porque siempre
estaremos unidos a él, en su misterio
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ORACION
(3)
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Señor Dios
nuestro, en la plenitud de tu amor nos has dado a tu Hijo unigénito y,
añadiendo don sobre don, has derramado en nosotros la abundancia de tu
Espíritu de santidad.
Custodia esos
tesoros tan grandes, urge en nuestro ánimo el deseo de caminar hacia ti con
pureza de corazón y santidad de vida. Que podamos vivir con fe y amor, con
serenidad y fortaleza, los pequeños y los grandes sufrimientos de la vida
diaria, a fin de que, purificados de todo fermento de mal, lleguemos juntos
al banquete de la pascua eterna que has preparado desde siempre para
nosotros, tus hijos, pecadores perdonados por medio de tu Cristo.
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SANTORAL
(4)
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SAN JOSÉ, OBRERO
El primero de mayo, antes de convertirse
en Europa en la Fiesta
del trabajo, señaló durante mucho tiempo — a finales del siglo XIX y
comienzos del XX — un día de reivindicaciones, y sobre todo un día de reivindicaciones
en favor de la promoción obrera. Había en todo ello una voz ante la que no
podía resultar insensible la
Iglesia, a la que los papas León XIII y Pío XI se
esforzaban por entonces en abrir a los problemas del mundo del trabajo. Pío
XII quiso dar una dimensión cristiana al presente día colocándolo bajo la
protección de San José Obrero (1955). José no sólo fue un trabajador, el
carpintero de Nazaret, sino que es el modelo del trabajador cristiano, ya
que, durante años, trabajó para Jesús y dentro de la diaria intimidad con
él.
Se debe trabajar con amor.
"Trabajar con amor es tejer la tela con hilos de vuestro corazón, como
si el ser amado fuera a usar esa prenda de vestir. Es arrojar semillas de
ternura, y cosechar con alegría, como si el ser amado fuera a comer ese
fruto. Es impregnarlo todo de amor" (K. Gibrán).
El 5 de enero de 1964, desde Nazaret,
exhortaba Pablo VI a aprender la lección del trabajo, la conciencia de su
dignidad. Y nos señalaba a todos "al gran modelo, al hermano divino,
al defensor de todas las causas justas, es decir: a Cristo, nuestro
Señor". El hijo del carpintero, como era conocido Jesús. Y con el
hijo, el padre, San José, obrero. ¡La Obra Bien Hecha! ¿Alguien puede imaginarse a
San José haciendo "chapuzas"?. Realizaría tareas sencillas, pero
pondría toda su alma en hacer las cosas bien. No haría cosas
extraordinarias, pero lo ordinario lo haría extraordinariamente.
Para el cristiano, el taller de José
proyecta una nueva luz acerca la dignidad del trabajo. No sólo le ofrece,
como a los demás hombres, el medio con que perfeccionar la naturaleza y
servir a la comunidad de sus hermanos, sino que le da pie a participar
plenamente en la condición del Hijo de Dios hecho hombre, y le invita a
unir a los sufrimientos de Cristo los propios sufrimientos inherentes a su
trabajo. Así resulta éste una aproximación a Dios.
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FUENTES DE LA PAGINA
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La Pagina de la Misa Diaria, esta
preparada y es enviada por Pedro S. A. Donoso Brant ocds,
desde Santiago de Chile, como un servicio de apostolado, amor por Nuestro
Señor Jesucristo y por la
Iglesia. Les ruego su oración, para que pueda mantenerse
este servicio y subsidio, dando gracias a nuestro Dios que tanto nos ama.
Nota: Para la Liturgia de la Palabra, utilizo
“Liturgia Cotidiana” de Ediciones San Pablo, para el estudio y comentario
de la Palabra,
utilizo los textos de la Biblia Nácar-Colunga, (SBNC) y/o Biblia de
Jerusalén (SBJ),
(3) Para la Lectio
Divina, Lectio Divina para cada
día del año, de Giorgio Zevini y Pier Giordano
Cabra (Eds.) y/o, Intimidad Divina, Fr. Gabriel
de Santa M. Magdalena ocd,
(4) Santoral preparado por la Parroquia de la Sagrada Familia
de Vigo.
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ESTA PAGINA, SOLO DEBE INDICARSE EL AUTOR Y LAS FUENTES DE ORIGEN
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