MISA DIARIA DE CAMINANDO CON JESUS

"La Eucaristía es fuente y culmen de toda la vida cristiana" (LG 11)

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Página de Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

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Fecha:

01-10-2018

Edición N.º MD 7.330

Semana XXVI

LITURGIA DE LA HORAS

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Santa Teresa del Niño Jesús, 1 de octubre

Teresa de Lisieux

 

TeresaLisieux Nació en Alençon, Francia, en 1873. Su padre era relojero y su madre bordadora. Teresa sintió la llamada de Dios a los 12 años, y a los 14, en la Navidad del 1886, decidió consagrarse en fidelidad a Dios. El mismo año, al no poder entrar en el Carmelo por ser menor de 18 años, viajó con una peregrinación a Roma, y en la audiencia del papa León XIII, se adelantó decidida hacia él y le pidió dispensa de edad para ser admitida en el Carmelo, y a los cuatro meses, con 15 años, entraba en las carmelitas de Lisieux, donde estaban ya dos de sus hermanas. Pero en el convento no encontró la santidad que esperaba; sin embargo, en lugar de lamentarse, inició con su vida la reforma del convento, que continuó sobre todo como maestra de novicias. Se le llama “Teresita”, en razón de su infancia espiritual, de su sencillez, humildad, obediencia, de su permanente sonrisa inocente, su vida del todo normal, a simple vista. Al no poder ir a misiones, como anhelaba anhelo, descubrió gozosa su vocación en la Iglesia: “Mi vocación es el amor”. Sonreía feliz a la vida; y en los recreos, a pesar de las penitencias y sufrimientos, tantas veces injustos, se divertía, reía y hacía reír. A cambio de malos tratos, difamaciones y ofensas, devolvía perdón, paz y alegría. Vivía la unión con Dios a la altura de los grandes místicos, como lo demuestra en su obra “La historia de un alma”. Pío XI dijo de ella: “Su espiritualidad es masculina y varonil... Teresa del Niño Jesús es un gran hombre”. En 1897 emigró dichosa a la vida eterna, a causa de la tuberculosis. “Yo muero, entro a la vida” decía Teresita. Tenía sólo 24 años, pero su vida extraordinaria en lo ordinario, le mereció los títulos de doctora de la Iglesia y Patrona de las Misiones, al lado de san Francisco Javier. (Leer más: TERESA DE LISIEUX )

 

Leccionario del santoral; Is 66, 10-14, Salmo 130, 1-3; Mt18, 1-5

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ANTÍFONA DE ENTRADA Cfr. Deut 32,1O-12

El Señor la rodeó y la cuidó, la protegió como la pupila de sus ojos. Como el águila extendió sus alas, la tomó consigo y la llevó sobre sus plumas; el Señor solo la condujo.

ORACIÓN COLECTA

Señor Dios, que has preparado tu reino para los humildes y pequeños, ayúdanos a seguir confiadamente el camino de santa Teresa del Niño Jesús, para que, con su intercesión, podamos contemplar tu gloria eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

LECTURA Jb 1, 6-22

Lectura del libro de Job.

El día en que los hijos de Dios fueron a presentarse delante del Señor, también el Adversario estaba en medio de ellos. El Señor le dijo: « ¿De dónde vienes?» El Adversario respondió al Señor: «De rondar por la tierra, yendo de aquí para allá». Entonces el Señor le dijo: « ¿Te has fijado en mi servidor Job? No hay nadie como él sobre la tierra: es un hombre íntegro y recto, temeroso de Dios y alejado del mal».  Pero el Adversario le respondió: « ¡No por nada teme Job al Señor! ¿Acaso Tú no has puesto un cerco protector alrededor de él, de su casa y de todo lo que posee? Tú has bendecido la obra de sus manos y su hacienda se ha esparcido por todo el país. Pero extiende tu mano y tócalo en lo que posee: ¡seguro que te maldecirá en la cara! » El Señor dijo al Adversario: «Está bien. Todo lo que le pertenece está en tu poder, pero no pongas tu mano sobre él». Y el Adversario se alejó de la presencia del Señor. El día en que sus hijos e hijas estaban comiendo y bebiendo en la casa del hermano mayor, llegó un mensajero y dijo a Job: «Los bueyes estaban arando y las asnas pastaban cerca de ellos, cuando de pronto irrumpieron los sabeos y se los llevaron, pasando a los servidores al filo de la espada. Yo sólo pude escapar para traerte la noticia». Todavía estaba hablando, cuando llegó otro y le dijo: «Cayó del cielo fuego de Dios, e hizo arder a las ovejas y a los servidores hasta consumirlos. Yo sólo pude escapar para traerte la noticia». Todavía estaba hablando, cuando llegó otro y le dijo: «Los caldeos, divididos en tres grupos, se lanzaron sobre los camellos y se los llevaron, pasando a los servidores al filo de la espada. Yo sólo pude escapar para traerte la noticia». Todavía estaba hablando, cuando llegó otro y le dijo: «Tus hijos y tus hijas comían y bebían en la casa de su hermano mayor, y de pronto sopló un fuerte viento del lado del desierto, que sacudió los cuatro ángulos de la casa. Ésta se desplomó sobre los jóvenes, y ellos murieron. Yo sólo pude escapar para traerte la noticia». Entonces Job se levantó y rasgó su manto; se rapó la cabeza, se postró con el rostro en tierra y exclamó: «Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allí. El Señor me lo dio y el Señor me lo quitó ¡bendito sea el Nombre del Señor!» En todo esto, Job no pecó ni dijo nada indigno contra Dios.

Palabra de Dios.

Comentario

El Señor es desafiado por Satán, es decir, el adversario, el espíritu que promueve el mal, y a pesar suyo, tiene que probar a Job para defender su propio honor. Así pues, de entrada se pone al hombre en su verdadero lugar. No es el centro del mundo, ni puede exigirle a Dios que detenga por él la marcha de los acontecimientos.

SALMO Sal 16, 1-3. 6-7

R. ¡Inclina tu oído hacia mí y escucha mis palabras!

Escucha, Señor, mi justa demanda, atiende a mi clamor; presta oído a mi plegaria, porque en mis labios no hay falsedad. R.

Tú me harás justicia, porque tus ojos ven lo que es recto: si examinas mi corazón y me visitas por las noches, si me pruebas al fuego, no encontrarás malicia en mí. R.

Yo te invoco, Dios mío, porque Tú me respondes: inclina tú oído hacia mí y escucha mis palabras. Muestra las maravillas de tu gracia, Tú que salvas de los agresores a los que buscan refugio a tu derecha. R.

ALELUYA Mc 10, 45

Aleluya. El Hijo del hombre vino para servir y dar su vida en rescate por una multitud. Aleluya.

EVANGELIO Lc 9, 46-50

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas.

A los discípulos de Jesús se les ocurrió preguntarse quién sería el más grande. Pero Jesús, conociendo sus pensamientos, tomó a un niño y acercándolo, les dijo: «El que recibe a este niño en mi Nombre me recibe a mí, y el que me recibe a mí recibe a Aquél que me envió; porque el más pequeño de ustedes, ése es el más grande». Juan, dirigiéndose a Jesús, le dijo: «Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu Nombre y tratamos de impedírselo, porque no es de los nuestros». Pero Jesús le dijo: «No se lo impidan, porque el que no está contra ustedes, está con ustedes».

Palabra del Señor.

Comentario: Lucas recordó el gesto de Jesús que abraza a un niño. Gesto muy extraño para la gente de su tiempo, pues los niños no se tomaban en cuenta y los maestros en religión solamente invitaban a castigarlos. El modelo de la religión parecía ser el hombre grave que no ríe, ni corre, ni se fija en seres menos responsables que él, como se consideraba, particularmente, a las mujeres y a los niños.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Señor, te proclamamos admirable en la conmemoración de santa Teresa del Niño Jesús, y te pedimos humildemente que, así como sus méritos fueron de tu agrado, aceptes esta liturgia que celebramos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

ANTÍFONA DE COMUNIÓN Mt 18,3

Si no se convierten y no se hacen como niños, no entrarán en el reino de los cielos, dice el Señor.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

El sacramento que recibimos, Padre, encienda en nosotros aquel fuego de amor con el que santa Teresa del Niño Jesús se entregó a ti, implorando para todos tu misericordia. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

  REFLEXIÓN BÍBLICA

 

“El que reciba a este niño en mi nombre, me recibe a mí”

Lc 9, 46-50:

Autor: Pedro Sergio Antonio Donoso Brant


1.      ¿QUIÉN ES EL MÁS GRANDE EN EL REINO DE LOS CIELOS?"

Un día, surgió entre los discípulos una discusión sobre quién era el más grande de ellos, el tema era "¿Quién es el más grande en el Reino de los cielos?". Encontramos en diversos fragmentos del Evangelio, estos celos y ambiciones de los apóstoles por los primeros puestos en el reino. Aún son aquellos hombres que fueron pescadores, hombres de trabajos de Galilea y tierras judías, que a su modo se imaginan el Reino de los Cielos. En otra ocasión, la madre de Juan y Santiago le pedirá a Jesús los dos primeros puestos en su reino, ante esto, los otros 10 apóstoles elevaron su reclamo.

Si nos damos cuenta a leer con detenimiento este fragmento del Evangelio, la discusión no es para saber quién de ellos va a ser más santo en el Reino, sino quién de ellos tendrá una mayor dignidad o un puesto de mayor privilegio.

En el Evangelio según san Marcos, se relata que Jesús se sentó, ya que venían de camino y había que descansar, y les responde con una magistral lección, un bellísima parábola, llamó a un niño, lo puso en medio de ellos, es decir también, delante de ellos y dijo: “Les aseguro que si no se hacen como niños, no entrarán en el Reino de los cielos”. Es la gran lección que da el Señor sobre la ambición y los honores. Recordemos que los fariseos, se creían con derecho al Reino, pero este privilegio se da como don gratuito de Dios. Esta es la lección. Y se lo ha de recibir con la actitud de los niños, no tanto por sus condiciones morales, sino por su inocencia y simplicidad. Entonces Jesús nos enseña que hay que tener, pues, esta actitud moral para recibir el reino: no como exigencia, sino como don gratuito de Dios.

2.      "EL QUE RECIBE A ESTE NIÑO EN MI NOMBRE ME RECIBE A MÍ".

El pensamiento nos juega a veces una mala pasada, excitando pasiones por la codicia de la gloria. Esto les sucedió a algunos discípulos, entonces les vino en el pensamiento la idea de discutir quien de ellos sería el mayor o el más grande. Parece que esta pasión nace cuando en una ocasión no pudieron curar a un endemoniado y se culparon entre ellos la impotencia de unos a otros. En otra ocasión ellos habían visto que Pedro, Santiago y San Juan, habían sido llamados aparte y llevados al monte.

Pero Jesús, conocía perfectamente bien el corazón de sus íntimos amigos, conocía lo que pensaban y lo que sentían, de este modo se daba cuenta lo que ellos planeaban y tramaban en su interior. Jesús, que sabe muy bien cómo salvar a los hombres de las caídas, cuando vio que se suscitaba esta idea en la mente de sus discípulos como un germen de amargura, antes que tomase incremento, la arrancó de raíz. Es así como conociendo sus pensamientos, tomó a un niño y acercándolo, les dijo:

"El que recibe a este niño en mi Nombre me recibe a mí, y el que me recibe a mí recibe a Aquel que me envió; porque el más pequeño de ustedes, ése es el más grande".

3.      EL ALMA SINCERA, ES DE CORAZÓN INMACULADO

El niño tiene el alma sincera, es de corazón inmaculado, y permanece en la sencillez de sus pensamientos, el no ambiciona los honores, ni conoce las prerrogativas; entendiéndose esto por el privilegio concedido por una dignidad o un cargo, tampoco teme ser poco considerado, ni se ocupa de las cosas con gran interés. A esto niños ama y abraza el Señor; se digna tenerlos cerca de sí, pues lo imitan. Por esto dice el Señor (Mt 11,29): "Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón".

Dos enseñanzas muy claras, nos dejó aquí Jesús, una que enseña simplemente que los que quieren ser más grandes deben recibir a los pobres de Cristo por su honor, y otra los exhorta a ser párvulos en la malicia.

El mayor será quien reconozca su más grande indigencia ante Dios, y será mayor quien más ame al humilde.

4.      MAESTRO, HEMOS VISTO A UNO QUE EXPULSABA DEMONIOS EN TU NOMBRE

Juan, dirigiéndose a Jesús, le dijo: "Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu Nombre y tratamos de impedírselo, porque no es de los nuestros".

Juan, el discípulo amado, como amaba mucho y era correspondido, cree que no debe permitirse esta gracia a aquel que no es acreedor a ella, seguramente no alcanzó en un momento a pensar que él no era el autor de los milagros, sino la gracia que está en aquel que obra los milagros, por virtud de Cristo y como se les había concedido a los apóstoles la gracia de arrojar los demonios fuera de los cuerpos de los hombres, creyeron que sólo a ellos era lícito ejercer ese poder.

5.      EL QUE NO ESTÁ CONTRA USTEDES, ESTÁ CON USTEDES

Pero Jesús le dijo: "No se lo impidan, porque el que no está contra ustedes, está con ustedes". El que trabaja por el bien, donde se encuentre, pertenece al Reino de Dios, no importa a que grupo o sector pertenezca, la unión es con el corazón de Jesucristo, en el amor de Dios, entonces no seamos rivales entre los seguidores de Cristo.

Este es el nexo entre los dos fragmentos de este evangelio, no seamos rivales entre sí en nuestra fe católica y no seamos rivales entre los que tienen otra escuela, los que interesa es que seamos bien intencionados, que trabajemos por un mismo fin de justicia, de verdad, de amor a Dios y de paz, esas son las características fundamentales del Reino de Dios, y no es lo mismo “El que no está conmigo, esta contra mí”, que decir como afirma aquí Jesús, “El que no está contra ustedes, está con ustedes", porque el hecho es si somos o no discípulos de Jesús, y si estamos con Cristo o en contra de Él, porque si no probamos que otras espiritualidades no están en contra, debemos mirar a estos hermanos como los mira Jesucristo.

No olvidemos: Dios recompensa a los que son fuertes en su servicio, sin embargo no excluye a los débiles, a todos los ama.

El Señor les Bendiga

Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

 

PARA LA LECTIO DIVINA  (3)

 

EL MÁS PEQUEÑO ENTRE USTEDES ES EL MÁS IMPORTANTE.

Las lecturas litúrgicas de hoy constituyen una vigorosa invitación a mirar a Jesús crucificado y a extraer de aquí las consecuencias pertinentes para cualquier situación humana. De Job aprendemos que nuestra verdadera grandeza se manifiesta en el hecho de seguir amando con el «amor desmesurado» (Ef 2,4) de Dios, aun cuando la prueba y el sufrimiento puedan llegar a la violencia inaudita que aparece en la primera lectura.

La actitud de Job en la prueba dolorosa es una expresión profunda de adoración. Cuando nuestra vida discurre tranquila sin que el dolor golpee nuestro corazón, parece más fácil reconocer a Dios. De una manera casi instintiva y de una forma que es pagana volvemos siempre a una imagen de un Dios puesto a nuestro servicio, y no a la de un Dios a quien podemos confiarnos. Tenemos casi la impresión de que Dios está a nuestro alcance. Por desgracia, no advertimos que somos precisamente nosotros quienes le debemos todo a Dios.

Contrariamente a Satán, Dios piensa, sin embargo, que el hombre es capaz de obrar por gratuidad de amor incluso allí donde las gratificaciones ordinarias desaparecen. Job, despojado de todos sus bienes, de sus siervos e incluso de sus hijos, confía totalmente en Dios: «Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allí. El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó. ¡Bendito sea el nombre del Señor!». Job ha resistido y se ha abierto al corazón de Dios. Ahora es capaz de adorarle.

Job, ahora totalmente empobrecido, está en condiciones de realizar lo que dice Jesús: «El más pequeño entre ustedes es el más importante». Job empieza a ser «importante» porque precisamente ahora está completamente «desnudo» frente a Dios y a su amor crucificado. Es muy probable que no consiga comprender aún del todo el sentido de la prueba, pero sigue siendo fiel. Comprende que Dios es el todo de su vida y que a él se lo debe todo. Gracias a Job hemos llegado a conocer qué es la verdadera adoración. Esta va unida al sentido vivo de la pobreza y, a buen seguro, se trata de un ideal que no es fácil llevar a cabo. Puede parecernos irrealizable, pero sabemos que hemos de contar únicamente con la fuerza de Cristo. Lo importante es no olvidar nunca a Jesús crucificado, pues de este olvido nacerían el egoísmo y la mezquindad del corazón.

ORACION (3)

 

Señor Jesús, Hijo de Dios crucificado, concédenos tener un conocimiento más profundo de tu misterio de amor a través de los sufrimientos y las pruebas. Ábrenos el corazón y muéstranos el sentido oculto de las experiencias dolorosas a través de las cuales vienes a romper el velo de nuestra ignorancia. Haz que podamos entrever en tu inaprensible presencia el misterio de tu «amor desmesurado». Permítenos conocer quién es el Padre que te ha enviado; quién eres tú, que nos manifiestas el corazón del Padre mediante tu corazón traspasado en la cruz; quiénes somos nosotros, que vernos resplandecer tu amor en la humillación de nuestra pobreza y en la soledad del corazón.

Por eso, Señor, ayúdanos a mirar de frente nuestras pruebas y sufrimientos, deseando sólo -en esta mi-rada- conocerte y penetrar con el corazón y con la mente en tu inexpresable misterio de amor. Haz, pues, Señor, brotar en nosotros algunas pequeñas yemas de la contemplación de tu misterio, aunque sea a través de la transfixión de las pruebas. Nos importa considerarlas no sólo en su realidad, sino también en la manera en la que las asumimos y las vivimos en relación contigo.

Te pedimos por último, Señor, que no nos desanimemos si descubrimos en nosotros únicamente incapacidad y rechazo y no vemos que nuestro corazón está fijo en el tuyo. Ayúdanos, más bien, a servirnos de esta pobreza como si fuera una gracia que tú nos das para conocemos a nosotros mismos y ascender hasta ti. Te lo pedimos, oh Señor, por intercesión de María, que sufrió, pero creyó profundamente en ti.

SANTORAL (4)

 

“FIESTA DE SANTA TERESA DEL NIÑO JESÚS”

Cada santo ha dejado en la tierra una estela de luz, que le ha llevado a la comunión con Dios. No hay dos santos clonados, ni dos caminos iguales. Cada santo ha vivido la Vida divina de una manera, porque cada persona tiene su carácter particular, pues la gracia no destruye las propiedades naturales. Y cuando relata su itinerario, cada uno describe el camino que él ha seguido, como una variedad más. Santa Teresita sufrió una verdadera crisis cuando trató de elegir su vocación específica, porque su ambición era inmensa: quería ser guerrero, sacerdote, apóstol, misionero, profeta, doctor, mártir... El ardor la consumía.

Tomó las cartas de San Pablo y leyó los capítulos 12 y 13 de la Carta a los Corintios. Yo os enseñaré un camino mejor: “el amor”. Había encontrado su vocación: En el cuerpo de su Madre la Iglesia, será el corazón. Sin el corazón no funciona ningún miembro. Siendo el corazón, la que quiere reunir todas las vocaciones, lo va a conseguir porque infundirá amor en todos. Yo ayudaré, a los sacerdotes, a los misioneros, a los doctores, a los mártires, a todos. Pero ¿con qué modalidad vivirá ese amor? Con un modo muy sencillo, como su propio carácter; un camino que fuera reflejo de su espíritu, y orientación para otras almas semejantes a la suya. Por el caminito de infancia espiritual, que es tan específico como su alma. Su pensamiento se inspiró en el convencimiento de que no todos los caminos son buenos para todas las almas.

1.    MUCHAS SENDAS

Al comenzar su vida espiritual, se encontró con una multitud de sendas, pero advirtió que ninguna resultaba a propósito para su espíritu, porque: “Eran caminos demasiado perfectos para mi alma”. Y volviéndose a Jesús, le dijo que su deseo era llegar a la cumbre de la montaña del amor. Que la condujese por donde fuera su gusto, pues a ella no le importaba la aspereza del camino con tal de llegar al término. Esta actitud entraña el secreto de su caminito de infancia espiritual. No escoge ningún camino determinado, y, en eso mismo marca el camino del abandono en los brazos de Dios, en el que predomina el abandono y la confianza, que tiene una ventaja sobre todos los demás, pues lo reduce al elemento esencial de toda santidad. Se entregó a Jesús para que la llevara por donde Él quiera, sin importarle que el camino fuera lleno de claridades o de túneles tenebrosos. Por eso, cuando anduvo por medio de oscuridades espirituales, que no la permitían saber dónde se encontraba, si adelantaba o retrocedía, caminaba con la misma seguridad que si se viese conducida entre claridades divinas. En este estado de confianza plena en Dios el alma no necesita ver ni sentir nada para tener la más absoluta certeza de que va bien, sabiendo que va en los brazos de Dios. Se llama caminito porque prescinde de los caminos extraordinarios, y demuestra el estado de infancia ante Dios y porque es corto en cuanto renuncia a distancias que se pueden medir. No es caminito porque es el que recorren las personas imperfectas. Y su carisma será enseñar su caminito: "Presiento que voy a entrar en el descanso, pero sobre todo presiento que mi misión va a comenzar: la misión de hacer amar a Dios como yo le amo, de entregar mi caminito a las almas".

Tras la anestesia puedes cortar lo que quieras. El amor de Dios adormece los apetitos. Ella nos cuenta que cuando ve a su Dios mendigo de amor no lo puede resistir. El crucifijo del patio le mendiga sacrificios. Pero su amor es tan delicado que quiere ser "imitación de la humilde violeta, que derrama su aroma sin que las criaturas sepan de dónde viene el perfume. Lo ha aprendido en su Maestro y consanguíneo, San Juan de la Cruz. Para no afligirle no llorará delante de Dios. “¿Llorar delante de Dios? No, para no entristecerle”. Por lo mismo sonreirá durante las disciplinas. Quiere coger a Jesús por el Corazón. Si un niño se echa al cuello de su madre... todo lo consigue. Y esto vale para todos, aunque fuera una gran pecadora como Magdalena o el buen ladrón.

2.    LAS NECESIDADES DE NUESTRO TIEMPO

El Papa Pablo VI, en carta dirigida al obispo de Bayeux - Lisieux, con motivo del Centenario del nacimiento de santa Teresa, quiso que el mensaje de la Santa de Lisieux, fuera expuesto de acuerdo con las necesidades espirituales de nuestro tiempo. "Formulando estos votos con un corazón ardiente, os alentamos, querido hermano en el Episcopado, a emplear todos los medios para que el mensaje de la Santa de Lisieux sea expuesto nuevamente, meditado, profundizado, de acuerdo con las necesidades de nuestro tiempo... (Ecclesia, 20 enero 1973, pág. 11). Las necesidades de nuestro tiempo... unos se secularizan porque no encuentran aún bastante clara la identidad del sacerdocio... Otros apenas si tienen tiempo para las pequeñas tareas sin brillo, pensando que son ellos los que forjan la historia de la Iglesia... Otros, en busca de novedades, resucitan errores ya viejos en la historia multisecular de la Iglesia...

3.    LAS NECESIDADES DE NUESTRO TIEMPO

Lo que está necesitando la Iglesia de hoy es el programa que Teresa del Niño Jesús nos propone: su caminito de infancia espiritual. A lo que menos nos resignamos es a ser niños. Ya somos muy mayores. Y se proclamará con voz ahuecada llena de soberbia que hemos llegado a la mayoría de edad. Con tanto como hoy se sabe... Con las cumbres tan altas que ha alcanzado a estas horas la inteligencia del hombre... hacernos niños... Y sin embargo Jesús nos dice: "Si no os hiciereis como niños no entraréis en el Reino de los Cielos» (Mt 18,3). Pero hacernos niños supone dar un golpe mortal a la soberbia en que se está destruyendo la vida humana. Dar valor a las cosas pequeñas. Porque no son las cosas las que tienen valor sino el amor con que están vivificadas. Dios no necesita nuestras deslumbrantes obras, nuestras retóricas huecas... Lo que Dios busca es nuestro amor. Y el amor puro puede vivificarlo todo: desde las recepciones de un Jefe de Estado hasta la acción tan trivial de pelar patatas en la cocina. He ahí las necesidades de nuestro tiempo.

Esta es la llaga que con dedo certero señaló el Papa Pablo VI cuando pidió "que el mensaje de santa Teresa fuera propuesto de acuerdo con las necesidades de nuestro tiempo". Es el amor por lo pequeño, el cuidado de lo más opaco, la atención a las cosas más insignificantes, que son las que constituyen en mayor número la vida humana, lo que hay que hacer y además, hacerlo por amor de Dios. En eso es maestra Santa Teresa.

4.    NATURALEZA TÍMIDA, Y SUS CIRCUNSTANCIAS

Es muy joven, vive en un claustro, bajo una Regla, limitada para realizar acciones grandes. A ella no parece que le convenía un camino de penitencias corporales extraordinarias, ni siquiera de grandes obras externas. Cada persona ha de florecer en el lugar y clima en que está plantada. Hoy vemos a un Juan Pablo II, ya anciano, desbordado de actos multitudinarios. Y lo hemos visto durante casi 23 años derrochando todavía mayor dinamismo. Él sintió vocación de carmelita descalzo y lleva el escapulario desde sus años de juventud. Antes de entrar al seminario, siendo estudiante universitario en Cracovia, pensó seriamente en entrar en el Carmelo, tras leer las obras de San Juan de la Cruz. Sus escritos místicos le apasionaron hasta el punto de que en ellos basó su tesis doctoral de teología, defendida ante la Universidad Pontificia de Santo Tomás, Angelicum, en Roma. El Cardenal Sapieha, su Arzobispo de Cracovia, desvió su vocación. Si hubiera seguido aquel camino, su vida y su trayectoria habrían sido muy diferentes. Teresa de Jesús, la Madre Fundadora del Carmelo de Teresita, siguió una senda muy distinta de la de su hija. Cada uno en su lugar ha de echar las flores de acuerdo con sus circunstancias, cualidades y talentos. Teresita sólo pedía unos brazos divinos que la llevaran a las cumbres de la montaña del amor. Se acaba de descubrir el ascensor, y ella quiere utilizarlo. Intuye que Jesús, con cualidades infinitas, tiene dos grandes lunares: no sabe cálculo y está ciego. Una señora confiaba a su confesor que tenía revelaciones, éste que no las creía, le sometió a una prueba: Si dices que hablas con Jesús, pídele que te revele algún pecado mío, y te creeré. Acudió a Jesús con el encargo, quien contestó: ¿Un pecado del padre? No recuerdo ninguno.

5.    EL CAMINITO DE INFANCIA ESPIRITUAL

Su vida se desliza uniforme casi monótona, por claustros, celdas y oficinas. Por la mañana trabaja en la ropería; barre la escalera y el dormitorio. Por la tarde sale a arrancar hierbas en la huerta. Se encarga del comedor: prepara el pan, sirve el agua, distribuye la cerveza entre las hermanas. La nombraron sacristana y con gozo manejaba los vasos sagrados. A veces pinta o escribe poesías. Nada extraordinario. Dada su debilidad de enferma no puede seguir todos los actos de comunidad ni practicar las penitencias de la Orden; y, sin embargo, avanza velozmente hacia la santidad. ¿Cómo? Haciendo actos extraordinariamente pequeños pero vivificados por un amor purísimo. Ese es el secreto de su vida espiritual. Ese amor, que es, a la vez, confianza filial y desprendimiento de sí misma, es el ascensor divino, que la eleva, sin esfuerzo aparente, hasta los brazos de Dios. Este es el caminito suyo, el de su infancia espiritual; programa de vida para las almas pequeñitas a los ojos de los hombres; nuevo sistema espiritual, en el que han desaparecido los métodos complicados; santidad ingenua, sin matemáticas y sin alardes. Es la pura doctrina evangélica, despojada de todo aquello con que la habían ido recubriendo los hombres.

Una noche al salir del coro para ir a la celda se encuentra sor Teresa con que su linterna no está en el anaquel. Alguien se la llevó equivocadamente. ¿Irá a reclamarla? Si no lo hace tendrá que estar en la celda a oscuras una hora. Y sin poder trabajar, hoy precisamente que tenía mucho trabajo. Teresa calla. Se va a oscuras a la celda, y a oscuras se pasa una hora, ofreciendo gustosa aquella privación que ocasiona la pobreza. ¿Veis por qué he dicho antes que el Papa señaló con dedo certero las necesidades de nuestro tiempo? Cualquier joven de hoy creerá que así no se realiza, que es hora de protestar y de contestar. La contestación tan en moda, no entra en el camino sencillo, pero arduo, de la infancia espiritual.

Durante la oración de comunidad en el coro, al lado de Teresa una hermana hace ruido molesto y persistente moviendo su rosario grande. Teresa, que tiene un oído finísimo, afinado aún más por su misma enfermedad, se siente muy molesta. Ha sentido muchas veces el impulso de volver la cabeza para llamar la atención a la hermana del ruido, pero se ha dominado pensando que sufrir aquello por amor de Dios y del prójimo, es mejor que gozar de un místico recogimiento y se vence, aunque la violencia que tiene que hacerse le hace sudar copiosamente. Y en vez de taparse los oídos, los aplica al ruido desagradable con el mismo interés que si escucharía un concierto delicioso.

Otro día está en el lavadero. Frente a sor Teresa, que lava ropa, una hermana le salpica la cara con agua sucia de pañuelos. Siente un primer impulso de alejarse limpiándose la cara, como una manera de advertir a la hermanita su faena. Pero, no; aquellas gotas que son de agua sucia para el cuerpo, pueden convertirse en perlas para el alma, Teresa aguanta la aspersión con rostro sereno, y hasta con espíritu gozoso, mientras el natural siente la repulsa de aquella rociada desagradable.

6.    PASIVIDAD Y EGOISMO

Algunos se resignan con pasividad; otros se encierran en su egoísmo o en el goce inmediato; otros se endurecen o se rebelan; otros, se desesperan. A unos y a otros Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz enseña a no contar con solas sus fuerzas, ya se trate de la virtud o de la limitación, sino con el amor misterioso de Cristo, el cual es mayor que nuestro corazón, y nos asocia a la ofrenda de su Pasión y al dinamismo de su vida. ¡Ojalá pueda ella enseñar a todos el "pequeño camino real" del espíritu de infancia, que es justamente todo lo contrario de la puerilidad, de la tristeza. Crueles pruebas de familia, escrúpulos, temores y otras dificultades, incluso parecía que iban a ser capaces de impedir su perfección; la enfermedad no perdonó su juventud; y lo más duro: tuvo que experimentar profundamente la noche de la fe. Y Dios le hizo encontrar en el fondo mismo de esa noche, el abandono y el valor, la paciencia y la alegría, en una palabra, la verdadera libertad (Pablo VI).

7.    ¿SU VIDA VA A GOZAR DE MENOR EFICACIA?

Nosotros medimos las cosas por su realidad física o por su trascendencia moral o social. Creemos que el esfuerzo realizado debe ser el principio que dé eficacia a la obra. Esto es lo que ocurre en el orden puramente natural. Porque en este orden es nuestro esfuerzo la causa total de la obra, y como el efecto no puede tener más virtualidad que la que recibe de su causa, la obra realizada no puede tener más eficacia que el esfuerzo con que la hemos realizado. En el orden sobrenatural cambia el aspecto de la cuestión. Y no es que en este orden deje de ser verdadero el principio filosófico de que el efecto no puede exceder la virtualidad de su causa sino porque aquí interviene Dios, que suma su acción a la nuestra. Y entonces el mérito y la importancia de la obra no hay que medirla por nuestro esfuerzo, ni mucho menos por su realidad física, sino por la virtualidad que Dios quiera comunicarla. Los cincuenta céntimos de la viuda pobre del evangelio fueron considerados como más meritorios que las enormes cantidades de los que tenía mayor poder adquisitivo que el de la pobrecita viuda, llena de amor generoso. ¿Obras grandes u obras pequeñas? ¿Qué más le da a Dios? El no necesita nada: “No aceptaré un becerro de tu casa ni un cabrito de tus rebaños, pues las fieras de la selva son mías y hay miles de bestias en mis montes; conozco todos los pájaros del cielo... Si tuviera hambre, no te lo diría, pues el orbe y cuanto lo llena es mío. ¿Comeré yo carne de toros, beberé sangre de cabritos?... (Sal 49). Cada obra producirá el efecto que él quiera. Sin que lo estorbe ni la insignificancia del instrumento, ni la adversidad de las circunstancias, ni la mala voluntad de los hombres. El euro del pobre depositado en el tesoro público queda potenciado por esa riqueza. Sumado el amor de la persona humana que levanta un sobre del suelo por amor; mejor dicho, absorbido este pequeño esfuerzo del niño o del adulto, hecho niño evangélico, en el océano siempre activo de la omnipotencia divina, adquiere valor infinito.

8.    SOMOS UNA GOTITA DE ROCÍO”

Así se lo escribía Santa Teresita a su hermana Celina: “Somos como una gotita de rocío que se oculta en el cáliz de la flor de los campos. Desconocidas de todos, no debemos envidiar ni siquiera al claro arroyuelo que serpentea por la pradera. Es verdad que su murmullo es muy dulce; pero, además de que por eso mismo no puede permanecer oculto, el arroyuelo no cabe en el cáliz de la Flor de los campos... ¿Es necesario ser tan pequeño para poder acercarse a Jesús...? Se dirá que el arroyuelo es más útil que la gota de rocío, la cual no sirve más que para refrescar un instante la frágil corola de una flor silvestre. Esto es ignorar la causa del mérito de las obras. Jesús no tiene necesidad de nuestras obras brillantes ni de nuestros pensamientos sublimes; si él quisiera concepciones elevadas, ¿no tiene sus ángeles, cuya ciencia sobrepasa infinitamente la de los más grandes genios de este mundo? No es, pues, ni la grandiosidad de las obras ni los talentos lo que Jesús quiere y aprecia. No pide más que una gotita de rocío que durante la noche de esta vida permanezca oculta en Él, en el cáliz de la Flor de los campos”.

9.    SUBLIME CONCEPCIÓN DEL VALOR REAL DE LAS OBRAS

Sublime y consoladora. Porque, ¿qué sería de tantas pobres criaturas imposibilitadas para realizar obras brillantes, que tienen que pasarse la vida tendidas en su cama, o envueltas en la oscuridad de un oficio ingrato y repugnante? Si el mérito de las obras se basara en las apariencias brillantes, Dios habría sido injusto. Infinidad de criaturas estarían condenadas a la desesperación. Pero Santa Teresita pone una condición para que las obras más insignificantes tengan ese mérito: el que estén hechas en Cristo, con Cristo y por Cristo. “Sin Mí no podéis hacer nada”. Sin Dios, las acciones humanas valdrán sólo lo que tengan de apariencia; porque como la razón de ese otro mérito es Dios, si se prescinde de Él, la obra se quedará en su raquítico valor natural. Y eso ¿para qué lo quiere Dios? En cambio, la obra realizada por Dios y para Dios, por muy insignificante que sea en el orden natural, unido a la virtualidad de Dios, tiene toda la dignidad y toda la trascendencia de una obra de Dios. Esa trascendencia no llegará a aparecer nunca a los ojos de los hombres en esta vida; pero algún día se manifestará, y entonces veremos cómo los grandes acontecimientos sociales, los grandes descubrimientos e inventos, han sido causados por una multitud de obras de almas pequeñas, más que por las grandes hazañas de los héroes y de los científicos, de los grandes estrategas y de los descubridores. Incluso en el orden físico, un ascua ardiente es capaz de producir un incendio voraz. ¿No estará el secreto de la esterilidad de tantos actos multiplicados en la escasez de ascuas de amor?

P. Jesús Martí Ballester

 

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Nota: Para la Liturgia de la Palabra, utilizo “Liturgia Cotidiana” de Ediciones San Pablo, para el estudio y comentario de la Palabra, utilizo los textos de la Biblia Nácar-Colunga, (SBNC) y/o Biblia de Jerusalén (SBJ),

(3) Para la Lectio Divina, Lectio Divina para cada día del año, de Giorgio Zevini y Pier Giordano Cabra (Eds.) y/o, Intimidad Divina, Fr. Gabriel de Santa M. Magdalena ocd,

(4) Santoral preparado por la Parroquia de la Sagrada Familia de Vigo.

 

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