Misa Diaria, Ciclo C

MISA DIARIA DE CAMINANDO CON JESUS

"La Eucaristía es fuente y culmen de toda la vida cristiana" (LG 11)

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Página de Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

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12-08-2018

EDICION N.º MD 7.282

LITURGIA DE LA HORAS

 

19° DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

EL QUE COMA DE ESTE PAN, VIVIRÁ ETERNAMENTE

bto19En este domingo 19° Durante el Año, Jesús continua presentándose como el Pan de Vida, fortaleza de quienes creen en él, asegurándonos: “el que come mi carne vivirá eternamente”    

Junto con el Evangelio, la liturgia de este domingo 19 del tiempo ordinario nos pone (1 Reyes 19,4-8), a Elías en el desierto sentado bajo un planta, con un actitud muy nuestra. Ciertamente, en situaciones difíciles, no es raro oír la expresión: “¡Basta, no puedo más!”. La vida, en determinados momentos, es verdaderamente dura. ¿Y quién la siente difícil, desagradable, insoportable durante años y años? La experiencia de Elías está presente como nunca en la condición humana, especialmente en los que se toman en serio la tarea en favor o en apoyo de los otros que les ha sido confiada, tanto que Elías llega a expresar: “¡Basta, Señor! Quítame la vida, que no soy mejor que mis antepasados”. Y nosotros, ¿qué expresamos hoy?

Esta experiencia, típica de la condición humana, marcada por el límite y por la precariedad, por la vulnerabilidad y por la fragilidad, puede ser el comienzo de una invocación que se abre al misterio de Dios. Dios quiere que sus hijos tomen conciencia de que él está presente en sus vidas. A Elías le mandó un ángel con un pan; a nosotros nos envía a su Hijo, que se hace pan de vida, pan para nuestra vida, pan para sostenemos en el camino, pan para no dejarnos solos en las misiones difíciles y en los momentos de mayor necesidad.

El pan que nos ofrece contiene todas las atenciones que tiene con nosotros. Es el punto de llegada de la acción creadora del Padre, de la obra de reconstrucción llevada a cabo por el Hijo; es pan siempre tierno por la obra del Espíritu. Ese pan es memorial de una historia infinita de amor: con él también nos sostiene, nos alienta, nos invita a reemprender el camino, con el mismo corazón y la misma audacia recordada y encerrada en el pan de vida.

Para leer la Reflexión completa de las 3 lecturas y el salmo de la Liturgia de este domingo XIX, pinchar este link: (Enlace): PALABRA DE DIOS

 

I. RITOS INICIALES

ANTÍFONA Sal 73, 20. 19. 22. 23

Acuérdate, Señor, de tu alianza, y no olvides para siempre a tus pobres. Levántate, Dios, defiende tu causa y no desoigas el clamor de los que te invocan.

ACTO PENITENCIAL

·      Tú eres el Pan de Vida, y nosotros permanecemos hambrientos. Señor, ten piedad.

·      Tú eres el Pan de Vida, y nosotros recorremos solitarios el camino. Cristo, ten piedad.

·      Tú eres el Pan de Vida, y nosotros buscamos alimento en cualquier parte. Señor, ten piedad.

SE DICE GLORIA A DIOS

Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor. Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso. Señor, Hijo único, Jesucristo. Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra suplica; tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros; porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre. Amén.

ORACIÓN COLECTA

Dios todopoderoso y eterno a quien, movidos por el Espíritu Santo, nos animamos a llamar Padre; confirma en nuestros corazones la condición de hijos tuyos, para que podamos entrar en la herencia prometida. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

II. LITURGIA DE LA PALABRA

PRIMERA LECTURA

El profeta Elías representa la fatiga y el desaliento que, más de una vez, ataca a todo hombre. Huyendo de su compromiso con el Señor, Elías decide abandonarse en el desierto. Espera la muerte, prefiere morir como víctima de su vida de predicador. Pero el compromiso por la Palabra a ser más fuerte que el miedo de anunciarla. El Señor se compromete a alimentar, a sostener y a acompañar a quien ha llamado a ser su voz y testigo. Nada podrá tener más valor que responder al llamado del Señor.

1 Rey 19, 1-8

Lectura del primer libro de los Reyes.

El rey Ajab contó a Jezabel todo lo que había hecho Elías y cómo había pasado a todos los profetas al filo de la espada. Jezabel envió entonces un mensajero a Elías para decirle: "Que los dioses me castiguen si mañana, a la misma hora, yo no hago con tu vida lo que tú hiciste con la de ellos". Él tuvo miedo, y partió en seguida para salvar su vida. Llegó a Berseba de Judá y dejó allí a su sirviente. Luego Elías caminó un día entero por el desierto, y al final se sentó bajo una retama. Entonces se deseó la muerte y exclamó: "¡Basta ya, Señor! ¡Quítame la vida, porque yo no valgo más que mis padres!". Se acostó y se quedó dormido bajo la retama. Pero un ángel lo tocó y le dijo: "¡Levántate, come!". Él miró y vio que había a su cabecera una galleta cocida sobre piedras calientes y un jarro de agua. Comió, bebió y se acostó de nuevo. Pero el Ángel del Señor volvió otra vez, lo tocó y le dijo: "¡Levántate, come, porque todavía te queda mucho por caminar!". Elías se levantó, comió y bebió, y fortalecido por ese alimento caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta la montaña de Dios, el Horeb. Palabra de Dios.

SALMO

Reconociendo la ayuda del Señor, el salmo alaba y glorifica a Dios. Participamos de esta oración, aclamando: ¡Gusten y vean qué bueno es el Señor!

Sal 33, 2-9

R. ¡Gusten y vean qué bueno es el Señor!

Bendeciré al Señor en todo tiempo, su alabanza estará siempre en mis labios. Mi alma se gloría en el Señor: que lo oigan los humildes y se alegren.  R. ¡Gusten y vean qué bueno es el Señor!

Glorifiquen conmigo al Señor, alabemos su Nombre todos juntos. Busqué al Señor: Él me respondió y me libró de todos mis temores. R. ¡Gusten y vean qué bueno es el Señor!

Miren hacia él y quedarán resplandecientes, y sus rostros no se avergonzarán. Este pobre hombre invocó al Señor: Él lo escuchó y lo salvó de sus angustias. R. ¡Gusten y vean qué bueno es el Señor!

El Ángel del Señor acampa en torno de sus fieles, y los libra. ¡Gusten y vean qué bueno es el Señor! ¡Felices los que en él se refugian! R. ¡Gusten y vean qué bueno es el Señor!

SEGUNDA LECTURA

San Pablo nos exhorta a no entristecer al Espíritu Santo indicándonos cuál debe ser nuestra conducta. A pesar que el cristiano vive ya la vida en y según el Espíritu, necesita constantemente revisar su vida, para evaluar si está viviendo de acuerdo al don recibido en el bautismo. Pero el criterio para examinar la vida no está en hacer una larga lista de vicios y virtudes, de pecados y milagros realizados. Según lo que nos dice Pablo, el criterio está en si vivimos o no como el Padre, Cristo y el Espíritu Santo quieren que vivamos. La imitación de Dios que Pablo nos plantea aquí no supone una vida de esfuerzos para divinizarse, sino vivir con el mismo amor de Cristo Jesús.

Ef 4, 30-5, 2

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Éfeso.

Hermanos: No entristezcan al Espíritu Santo de Dios, que los ha marcado con un sello para el día de la redención. Eviten la amargura, los arrebatos, la ira, los gritos, los insultos y toda clase de maldad. Por el contrario, sean mutuamente buenos y compasivos, perdonándose los unos a los otros como Dios los ha perdonado en Cristo. Traten de imitar a Dios, como hijos suyos muy queridos. Practiquen el amor, a ejemplo de Cristo, que nos amó y se entregó por nosotros, como ofrenda y sacrificio agradable a Dios. Palabra de Dios.

ALELUYA Jn 6, 51

Aleluya. "Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente", dice el Señor. Aleluya.

EVANGELIO

Jesucristo se presenta nuevamente como el verdadero Pan de Vida insistiendo en que creamos y nos alimentemos de él. La vida cristiana es gracia, de manera total y plena. La vocación a la vida proviene del Padre, es el Hijo quien nos da el alimento para la vida eterna. El Padre nos enseña a vivir de acuerdo con su voluntad. Al igual que el Hijo, nuestro alimento es hacer la voluntad del Padre. Esto significa que el Padre está dedicado exclusivamente a que nosotros podamos vivir su amor y su vida. No es un Dios que se cruza de brazos esperando un resultado a nuestros esfuerzos por alcanzarlo. Dios viene hacia nosotros, está con nosotros, camina con nosotros, nos alimenta y nos educa.

Jn 6, 41-51

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan.

Los judíos murmuraban de Jesús, porque había dicho: "Yo soy el pan bajado del cielo". Y decían: "¿Acaso éste no es Jesús, el hijo de José? Nosotros conocemos a su padre y a su madre. ¿Cómo puede decir ahora: 'Yo he bajado del cielo?'". Jesús tomó la palabra y les dijo: "No murmuren entre ustedes. Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me envió; y yo lo resucitaré en el último día. Está escrito en el libro de los Profetas: 'Todos serán instruidos por Dios'. Todo el que oyó al Padre y recibe su enseñanza, viene a mí. Nadie ha visto nunca al Padre, sino el que viene de Dios: sólo él ha visto al Padre. Les aseguro que el que cree, tiene Vida eterna. Yo soy el pan de Vida. Sus padres, en el desierto, comieron el maná y murieron. Pero éste es el pan que desciende del cielo, para que aquel que lo coma no muera. Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que Yo daré es mi carne para la Vida del mundo".

Palabra del Señor.

SE DICE EL CREDO

Creo en Dios Padre todopoderoso. Creador del cielo y de la tierra. Y en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor; que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen; padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos; al tercer día resucitó de entre los muertos; subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre todopoderoso; desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos.

Creo en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia Católica, la comunión de los Santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne, y la vida eterna. Amén.

ORACIÓN DE LOS FIELES

A cada intención, pedimos: Danos siempre de tu pan.

·      Para que la Iglesia siga acompañando las fatigas de los hombres con la palabra de Dios y la eucaristía. Oremos.

·      Para que los países desarrollados acompañen con generosidad el crecimiento de los pueblos pobres. Oremos.

·      Para que a los enfermos, desalentados y sufrientes no les falte el consuelo de la eucaristía. Oremos.

·      Para que nuestra comunidad avive su fervor eucarístico participando más de la misa y practicando mejor la caridad. Oremos.

III. LITURGIA EUCARISTICA

Después de alimentarnos con la palabra de Dios prepararnos la mesa de la eucaristía. Por eso, con el pan y el vino presentemos al Señor nuestra vida diaria que quiere transformarse en el cuerpo vivo de Cristo.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Recibe, Padre, los dones que tú mismo nos diste para que pudiéramos ofrecértelos, y que por tu poder transformas en alimento de nuestra salvación. Por Jesucristo nuestro Señor.

PREFACIO DOMINICAL

Jesús insiste que aquel que lo coma vivirá eternamente. Por eso, junto al celebrante, elevemos nuestra alabanza y demos gracias al Señor, nuestro Dios porque Jesús, en la eucaristía, se hace comida y bebida espiritual para nosotros.

ANTÍFONA Jn 6, 52

Dice el Señor: El pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo.

Jesús dejó en la eucaristía su Cuerpo y su Sangre para alimentarnos en el camino hacia la Pascua eterna. Con alegría, vayamos a recibirlo.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Por la comunión de este sacramento concédenos, Padre, liberarnos de toda esclavitud y mantenernos siempre fieles a tu Verdad. Por Jesucristo nuestro Señor.

IV.-RITOS DE CONCLUSIÓN

BENDICION

Canto final: Con alegría, porque Jesús mismo es nuestro alimento en las fatigas de la vida, nos retiramos cantando

  REFLEXIÓN BÍBLICA

 

"Yo soy el pan bajado del cielo”

Jn 6, 41-51

Autor: Pedro Sergio Antonio Donoso Brant


1.      YO SOY EL PAN BAJADO DEL CIELO

Las anteriores revelaciones de Jesús sobre su origen divino; "Yo soy el pan de vida”  y “bajado del cielo”, no fueron fácil de comprender y habían provocado desacuerdo y disconformidad entre los que oyeron estas declaraciones surgieron protestas entre la muchedumbre, los que comenzaron a murmurar y a mostrarse hostiles, entonces; Decían: Éste es Jesús, el hijo de José. Conocemos a su padre y a su madre. ¿Cómo se atreve a decir que ha bajado del cielo?”. Hoy sucede algo similar, hay muchos que se resisten a creer que Jesús es pan bajado del cielo, ayer y hoy, para algunos es demasiado difícil superar el obstáculo del origen humano de Cristo y reconocerle como Dios. En ese tiempo Jesús evita entonces una discusión inútil con los judíos y les ayuda a reflexionar sobre su dureza de corazón, enunciando las condiciones necesarias para creer en él. Hoy nos corresponde  a nosotros esta tarea y de seguro que no es fácil.

¡OH misterio de amor! (Comentario de San Agustín) Yo soy el Pan vivo que ha bajado del cielo. Cristo, el Hijo de Dios vivo, encarnado en nuestra propia carne y sangre, para hacer a los hombres hijos de Dios, se nos ha convertido en Sacramento de Pan de vida al alcance de todos los hombres. San Agustín dice: “Pan vivo precisamente, porque descendió del cielo. El maná también descendió del cielo; pero el maná era la sombra, éste es la verdad... ¿Cuándo iba la carne a ser capaz de comprender esto de llamar al pan carne? Se da el nombre de carne a lo que la carne no entiende; y tanto menos comprende la carne, porque se llama carne. Esto fue lo que les horrorizó y dijeron que esto era demasiado y que no podía ser. Mi carne, dice, es la vida del mundo. Los fieles conocen el cuerpo de Cristo si no desdeñan ser el cuerpo de Cristo. Que lleguen a ser cuerpo de Cristo si quieren vivir del Espíritu de Cristo. Del Espíritu de Cristo solamente vive el cuerpo de Cristo.... Mi cuerpo recibe ciertamente de mi espíritu la vida.” ¿Quieres tú recibir la vida del Espíritu de Cristo? Incorpórate al Cuerpo de Cristo... El mismo Cuerpo de Cristo no puede vivir sino del Espíritu de Cristo.” De aquí que el Apóstol Pablo nos hable de este Pan, diciendo: “Somos muchos un solo Pan, un solo Cuerpo. ¡Oh qué misterio de amor, y qué símbolo de unidad, y qué vínculo de caridad!. Quien quiere vivir sabe dónde está su vida y sabe de dónde le viene la vida. Que se acerque, y que crea, y que se incorpore a este Cuerpo, para que tenga participación de su vida” (San Agustín, Tratado sobre el Evangelio de San Juan 26,13).

2.      MURMURABAN” CONTRA JESÚS

Ante todo esto, Jesús contestó: No sigáis murmurando, Nadie puede aceptarme si el Padre, que me envió, no se lo concede, y yo lo resucitaré el último día”. Es decir, una primera condición es ser atraídos por el Padre, don y manifestación del amor de Dios a la humanidad. Nadie puede ir a Jesús si no es atraído por el Padre.

En general, cuando san Juan se refiere a los judíos, para el son los enemigos de Jesús; pero aquí son la muchedumbre, pretenciosa e incrédula, de los galileos, sus coterráneos, como se desprende; Nosotros conocemos a su padre y a su madre”  sin que haya que suponer nuevos grupos de judíos llegados de Jerusalén (Mc 2:16.18.24; 3:2), en contraposición a los galileos, en cuya región se desenvuelve la escena.

Estos galileos “murmuraban” contra Jesús porque había dicho de sí mismo que bajó del cielo. Es interesante destacar esto, que tendrá valor argumentativo al hablar de Jesús pan eucarístico. Jesús hace una afirmación, su origen celestial. El origen celestial del Mesías era compartido incluso por algunas corrientes judías, aunque no debían de afectar a estos galileos. Por eso, esta afirmación de Jesús les parecía a ellos algo muy grande, especialmente porque ellos argumentaban conocer a su padre legal, José, y a su madre María; "¿Acaso éste no es Jesús, el hijo de José?. Sucede que ellos, no conocían de la concepción virginal de María, entonces hablan al modo humano, como lo conceptuaban en su vida nazarena.

Pero ante esta actitud pretenciosa, puesto que los milagros que habían visto eran el sello de Dios aprobando sus palabras y su misión, les reafirma su enseñanza. No les dice cómo El haya venido al mundo, sino cómo ellos han de venir a Él.

3.      NADIE PUEDE VENIR A MÍ, SI NO LO ATRAE EL PADRE QUE ME ENVIÓ

Jesús dijo a la gente: “Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me envió” Es el Padre, el que eficazmente mueve las almas para venir a Jesús. Se destaca la obra del Padre, pero no se excluye la acción instrumental de Jesús para venir a Él (San Juan 15:5). Dios trae las almas a la fe en Jesús: cuando Él quiere, infaliblemente, irresistiblemente, aunque de un modo tan maravilloso que ellas vienen también libremente, y cuyo aspecto de libertad, en el ser humano, se destaca especialmente en: Todo el que oyó al Padre y recibe su enseñanza, viene a mí”. San Agustín ha escrito una página genial, y ya célebre, sobre esta atracción de las almas, infalible y libre, por Dios Es la doctrina de la gracia eficaz.

Si también aquí se evoca la escatología por el hecho de traer el Padre los seres humanos a Jesús, es porque los trae para que tengan la vida eterna. Lo que postula complementariamente la resurrección final.

Más para ello no es necesario, ni posible, ver al Padre; Nadie ha visto nunca al Padre, sino el que viene de Dios: sólo él ha visto al Padre”. Nadie puede ver a Dios sin morir, se lee en el Antiguo Testamento. Su lenguaje es, por tanto, perceptible, pero El invisible. Sólo lo ha visto uno: el que está en Dios, Jesús; sin nombrarse explícitamente, se presenta (San Juan 1:18) y garantiza con ello su verdad. Al estar en el seno del Padre (San Juan 1:28), conoce sus planes y por eso los dio a conocer (San Juan 1:18), que aquí es: Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me envió”.

En este discurso sobre Jesús Pan de vida se cierra y sintetiza en una afirmación solemne: Les aseguro que el que cree, tiene Vida eterna”.  La tiene en causa, en esperanza, y también la tendrá (luego en la plenitud) de la realidad, cuando Él lo resucite en el último día: en una “escatología” futura y final. “que coma de este pan vivirá eternamente”.

4.      TODOS SERÁN INSTRUIDOS POR DIOS

La segunda condición es la docilidad a Dios: Está escrito en los profetas: Y serán todos instruidos por Dios”. Los hombres deben darse cuenta de la acción salvadora de Dios respecto al mundo.

Después de esta afirmación a las multitudes, Jesús les hace ver con el testimonio de los Profetas, testimonio irrecusable en Israel, la posibilidad de esta atracción del Padre, la existencia de una acción docente de Dios en los corazones. Les cita un pasaje de Isaías en el que se describe la gloria de la nueva Sión y de sus hijos en los días mesiánicos. Está escrito en el libro de los Profetas: Todos serán instruidos por Dios. Y Jeremías destaca aún más el aspecto íntimo de esta obra docente de Dios (Jer 31:33.34). Según los profetas, hay una enseñanza que se realiza precisamente en los días de Jesús-Mesías, de la alianza nueva, y que consiste en que Dios mismo enseñará a los hijos de la nueva Sión. Esta es la fuerza de la argumentación: ser enseñados y, en consecuencia, atraídos por el mismo Dios. Si Dios habla a los seres humanos, puede igualmente moverlos eficazmente a sus fines. Es lo que Jesús quiere dejar aquí bien establecido. Así se verá la colaboración de ambos en la obra misma del Padre.

Luego Jesús, propone una tercera condición es la escucha del Padre; “Todo el que escucha al Padre y recibe su enseñanza me acepta a mí”.  Estamos frente a la enseñanza interior del Padre y a la de la vida de Jesús, que brota de la fe obediente del creyente a la Palabra del Padre y del Hijo.

Escuchar a Jesús significa ser instruidos por el mismo Padre. Con la venida de Jesús, la salvación está abierta a todos, pero la condición esencial que se requiere es la de dejarse atraer por él escuchando con docilidad su Palabra de vida. Aquí es donde precisa el evangelista la relación entre fe y vida eterna, principio que resume toda regla para acceder a Jesús. Sólo el hombre que vive en comunión con Jesús se realiza y se abre a una vida duradera y feliz. Sólo “el que come” de Jesús-pan no muere. “El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí nunca pasará sed”. Es Jesús, pan de vida, el que dará la inmortalidad a quien se alimente de él, a quien interiorice su Palabra y asimile su vida en la fe.

5.      LA FE ES OBRA DE LA GRACIA DE DIOS

La fe es una virtud sobrenatural; no bastan nuestra voluntad o nuestras propias fuerzas para conseguirla, la fe es obra de la gracia de Dios, que ayuda a nuestra voluntad. Nosotros hemos de agradecer el don de la fe que el Señor nos ha dado y bueno es vivir conforme a ella.

Pero la fe, no es admitir algunas fórmulas religiosas que son poco precisas, esa que queda como un residuo de alguna charla catequista, muchas veces olvidada, o como un saldo de una vida religiosa que viene en decadencia y que parece que va a revivir. Es una pena, pero es muy cierto, aceptar muchas veces que creemos en Cristo, pero no en la Iglesia y no participar en esa hermosa comunidad de creyentes, es no querer participar en un pueblo de hermanos, que intenta llevar la palabra de Dios por el mundo.

"¿Acaso éste no es Jesús, el hijo de José?” Los judíos murmuraban de Jesús que se presentaba como “pan bajado del cielo”. Se negaban a creer su palabra. No se fiaban de Él. Preferían permanecer encerrados en su razón, en su experiencia, en sus sentidos... y en sus intereses. La fe exige de nosotros un salto, un abandono, una expropiación. La fe nos invita a ir siempre más allá. La fe es “prueba de las realidades que no se ven! (Hb 11,1).

“Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre”. La fe es respuesta a esa atracción del Padre, a esa acción suya íntima y secreta en lo hondo de nuestra alma. La adhesión a Cristo es siempre respuesta a una acción previa de Dios en nosotros. “Yo soy el pan de la vida”. Cristo es siempre el pan que alimenta y da vida; no sólo en la eucaristía, sino en todo momento. Y la fe nos permite comulgar –es decir, entrar en comunión con Cristo – en cualquier instante. La fe nos une a Cristo, que es la fuente de la vida. Por eso asevera Jesús: Les aseguro que el que cree, tiene Vida eterna”. Todo acto de fe acrecienta nuestra unión con Cristo y, por tanto, la vida.

El Papa Pablo VI, dijo en una ocasión (Audiencia General del 19-IV-67): Esta es desgraciadamente la fe de costumbre, una fe convencional, una fe no comprometida y poco practicada”

Cristo Jesús, vivan en nuestros corazones.

Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

PARA LA LECTIO DIVINA  (3)

 

LA VIDA VIVIDA EUCARÍSTICAMENTE ES SIEMPRE UNA VIDA DE MISIÓN.

Vivimos en un mundo que gime bajo el peso de sus pérdidas: las guerras despiadadas que destruyen pueblos y países, el hambre y la muerte de hambre que diezman poblaciones enteras, el crimen y la violencia que ponen en peligro la vida de millones de personas, el cáncer y el sida, el cólera y otras muchas enfermedades que devastan los cuerpos de incontables personas; terremotos, aluviones y desastres del tráfico... es la historia de la vida de cada día, que llena los periódicos y las pantallas de los televisores [...]. Este es el mundo al que hemos sido enviados a vivir eucarísticamente, esto es, a vivir con el corazón ardiente y con los ojos y los oídos abiertos. Parece una tarea imposible. ¿Qué puede hacer este reducido grupo de personas que lo han encontrado por el camino [...] en un mundo tan oscuro y violento? El misterio del amor de Dios consiste en que nuestros corazones ardientes y nuestros oídos receptivos estarán en condiciones de descubrir que aquel a quien habíamos encontrado en la intimidad continúa revelándose a nosotros entre los pobres, los enfermos, los hambrientos, los prisioneros, los refugiados y entre todos los que viven en medio del peligro y del miedo (H. J. M. Nouwen, La fuerza de su presencia, Brescia 52000, pp. 82ss).

ORACION (3)

 

Ilumina, Señor, mi mente para que pueda comprender que la eucaristía es “memorial de la muerte del Señor”. En ese pan has puesto «todo deleite», porque en él has puesto toda tu historia de amor conmigo y con el mundo. Con ese pan quieres recordarme todo el amor que sientes por mí, un amor que ha llegado a su cumbre insuperable en la muerte y resurrección de tu Hijo, de suerte que yo no pueda dudar ya nunca.

Oh Señor, ese pan que recibo con tanta ligereza contiene verdaderamente todo tu amor por mí, contiene el recuerdo de tus maravillas y la cumbre de las maravillas de tu amor. Y contiene asimismo el recuerdo de que este amor tuyo te ha costado mucho y me sugiere que, si deseo amarte a ti y a mis hermanos, no debo reparar en costes.

Refuerza mi pequeño corazón, demasiado pequeño para comprender; ilumínale sobre los costes del amor, para que no se desanime, para que se reanime, reemprenda el camino, no se achique y esté seguro de que contigo y por ti vale la pena caminar y sudar aún un poco, especialmente cuando tenemos que desarrollar tareas delicadas. ¡Todavía un poco, que la meta no está lejos!

SANTORAL

 

SANTA JUANA FRANCISCA FREMIOT DE CHANTAL

VIUDA; COFUNDADORA DE LA CONGREGACIÓN DE LA VISITACIÓN (1641 P.C.)

Nació en el año 1572 en Dijon (Francia). Casada con el barón de Chantal, tuvo seis hijos, a los que educó cristianamente. Muerto su marido, llevó, bajo la dirección de san Francisco de Sales, una admirable vida de perfección, ejerciendo, sobre todo, la caridad con los pobres y enfermos. Fundó el Instituto de la Visitación, y lo gobernó sabiamente. Murió el año 1641.

VIDA FAMILIAR

El padre de Santa Juana de Chantal era Benigno Frémiot, presidente del parlamento de Borgoña. El señor Frémiot había quedado viudo cuando sus hijos eran todavía pequeños, pero no ahorró ningún esfuerzo para educarlos en la práctica de la virtud y prepararlos para la vida. Juana, que recibió en la confirmación el nombre de Francisca, fue sin duda la que mejor supo aprovechar esa magnífica educación. Cuando la joven tenía veinte años, su padre, que la amaba tiernamente, la concedió en matrimonio al barón de Chantal, Cristóbal de Rabutin. El barón tenía veintisiete años, era oficial del ejército francés y contaba con un largo historial de victoriosos duelos; su madre descendía de la Beata Humbelina, cuya fiesta se celebra también el día de hoy. El matrimonio tuvo lugar en Dijon y Juana Francisca partió con su marido a Bourbilly. Desde la muerte de su madre, el barón no había llevado una vida muy ordenada, de suerte que la servidumbre de su casa se había acostumbrado a cierta falta de disciplina; en consecuencia, el primer cuidado de la flamante baronesa fue establecer el orden en su casa. Los tres primeros hijos del matrimonio murieron poco después de nacer; pero los jóvenes esposos tuvieron después un niño y tres niñas que vivieron. Por otra parte, poseían cuanto puede constituir la felicidad a los ojos del mundo y procuraban corresponder a tantas bendiciones del cielo. Cuando su marido se hallaba ausente, la baronesa se vestía en forma muy modesta y, si alguien le preguntase por qué, ella respondía: "Los ojos de aquél a quien quiero agradar están a cien leguas de aquí". Las palabras que San Francisco de Sales dijo más tarde sobre Santa Juana Francisca podían aplicársele ya desde entonces: "La señora de Chantal es la mujer fuerte que Salomón no podía encontrar en Jerusalén".

EL DOLOR VISITA

Pero la felicidad de la familia sólo duró nueve años. En 1601, el barón de Chantal salió de cacería con su amigo, el señor D'Aulézy, quien accidentalmente le hirió en la parte superior del muslo. El barón sobrevivió nueve días, durante los cuales sufrió un verdadero martirio a manos de un cirujano muy torpe y recibió los últimos sacramentos con ejemplar resignación, La baronesa había vivido exclusivamente para su esposo, de modo que el lector puede suponer fácilmente su dolor al verse viuda a los veintiocho años. Durante cuatro meses estuvo sumida en el más profundo dolor, hasta que una carta de su padre le recordó sus obligaciones para con sus hijos. Para demostrar que había perdonado de corazón al señor D'Aulézy, la baronesa le prestó cuantos servicios pudo y fue madrina de uno de sus hijos. Por otra parte, redobló sus limosnas a los pobres y consagró su tiempo a la educación e instrucción de sus hijos. Juana pedía constantemente a Dios que le diese un guía verdaderamente santo, capaz de ayudarla a cumplir perfectamente su voluntad. Una vez, mientras repetía esta oración, vio súbitamente a un hombre cuyas facciones y modo de vestir reconocería más tarde, al encontrar en Dijon a San Francisco de Sales.En otra ocasión, se vio a sí misma en un bosquecillo, tratando en vano de encontrar una iglesia. Por aquel medio, Dios le dio a entender que el amor divino tenía que consumir la imperfección del amor propio que había en su corazón y que se vería obligada a enfrentarse con numerosas dificultades. La futura santa fue a pasar el año del luto en Dijon, a casa de su padre. Más tarde, se trasladó con sus hijos a Monthelon, cerca de Autun, donde habitaba su suegro, que tenía ya setenta y cinco años. Desde entonces, cambió su hermosa y querida casa de Bourbilly por un viejo castillo. A pesar de que su suegro era un anciano vanidoso, orgulloso y extravagante, dominado por una ama de llaves insolente y de mala reputación, la noble dama no pronunció jamás una sola palabra de queja y se esforzó por mostrarse alegre y amable.

UN GUÍA ESPIRITUAL EXCEPCIONAL

En 1604, San Francisco de Sales fue a predicar la cuaresma a Dijon y Juana se trasladó ahí con su suegro para oír al famoso predicador. Al punto reconoció en él al hombre que había vislumbrado en su visión y comprendió que era el director espiritual que tanto había pedido a Dios. San Francisco cenaba frecuentemente en casa del padre de Juana Francisca y ahí se ganó, poco a poco, la confianza de ésta. Ella deseaba abrirle su corazón, pero la retenía un voto que había hecho por consejo de un director espiritual indiscreto, de no abrir su conciencia a ningún otro sacerdote. Pero no por ello dejó de sacar gran provecho de la presencia del santo obispo, quien a su vez se sintió profundamente impresionado por la piedad de Juana Francisca. En cierta ocasión en que se había vestido más elegantemente que de ordinario, San Francisco de Sales le dijo: "¿Pensáis casaros de nuevo?" "De ninguna manera, Excelencia", replicó ella. "Entonces os aconsejo que no tentéis al diablo", le dijo el santo. Juana Francisca siguió el consejo.

Después de vencer sus escrúpulos sobre su voto indiscreto, la santa consiguió que Francisco de Sales aceptara dirigirla. Por consejo suyo, moderó un tanto sus devociones y ejercicios de piedad para poder cumplir con sus obligaciones mundanas en tanto que vivía con su padre o con su suegro. Lo hizo con tanto éxito, que alguien dijo de ella: "Esta dama es capaz de orar todo el día sin molestar a nadie". De acuerdo con una estricta regla de vida, consagrada la mayor parte de su tiempo a sus hijos, visitaba a los enfermos pobres de los alrededores y pasaba en vela noches enteras junto a los agonizantes. La bondad y mansedumbre de su carácter mostraban hasta qué punto había secundado las exigencias de la gracia, porque en su naturaleza firme y fuerte había cierta dureza y rigidez que sólo consiguió vencer del todo al cabo de largos años de oración, sufrimiento y paciente sumisión a la dirección espiritual. Tal fue la obra de San Francisco de Sales, a quien Juana Francisca iba a ver, de cuando en cuando, a Annecy y con quien sostenía una nutrida correspondencia. El santo la moderó mucho en materia de mortificaciones corporales, recordándole que San Carlos Borromeo, "cuya libertad de espíritu tenía por base la verdadera caridad", no vacilaba en brindar con sus vecinos, y que San Ignacio de Loyola había comido tranquilamente carne los viernes Por consejo de un médico, "en tanto que un hombre de espíritu estrecho hubiese discutido esa orden cuando menos durante tres días". San Francisco de Sales no permitía que su dirigida olvidase que estaba todavía en el mundo, que tenía un padre anciano y, sobre todo, que era madre; con frecuencia le hablaba de la educación de sus hijos y moderaba su tendencia a ser demasiado estricta con ellos. En esta forma, los hijos de Juana Francisca se beneficiaron de la dirección de San Francisco de Sales tanto como su madre.

SUEÑO HECHO REALIDAD

Durante algún tiempo, la señora de Chantal se sintió inclinada a la vida conventual por varios motivos, entre los que se contaba la presencia de las carmelitas en Dijon. San Francisco de Sales, después de algún tiempo de consultar el asunto con Dios, le habló en 1607 de su proyecto de fundar la nueva Congregación de la Visitación. Santa Juana acogió gozosamente el proyecto; pero la edad de su padre, sus propias obligaciones de familia y la situación de los asuntos de su casa constituían, por el momento, obstáculos que la hacían sufrir. Juana Francisca respondió a su director que la educación de sus hijos exigía su presencia en el mundo, pero el santo le respondió que sus hijos ya no eran niños y que desde el claustro podría velar por ellos tal vez con más fruto, sobre todo si tomaba en cuenta que los dos mayores estaban ya en edad de "entrar en el mundo". En esa forma, lógica y serena, resolvió San Francisco de Sales todas las dificultades de la señora de Chantal.

Antes de abandonar el mundo, Juana Francisca casó a su hija mayor con el barón de Thorens, hermano de San Francisco de Sales, y se llevó consigo al convento a sus dos hijas menores; la primera murió al Poco tiempo, y la segunda se casó más tarde con el señor de Toulonjon. Celso Benigno, el hijo mayor, quedó al cuidado de su abuelo y de varios tutores. Después de despedirse de sus amistades, Juana fue a decir adiós a Celso Benigno. El joven, que había tratado en vano de apartarla de su resolución, se tendió por tierra ante el dintel de la puerta de la habitación para cerrarle la salida, pero la santa no se dejó vencer por la tentación de escoger la solución más fácil y pasó sobre el cuerpo de su hijo. Frente a la casa la esperaba su anciano padre, Juana Francisca se postró de rodillas y, llorando, le pidió su bendición. El anciano le impuso las manos y le dijo: "No puedo reprocharte lo que haces. Ve con mi bendición. Te ofrezco a Dios como Abraham le ofreció a Isaac, a quien amaba tanto como yo a ti. Ve a donde Dios te llama y sé feliz en Su casa. Ruega por mí". La santa inauguró el nuevo convento el domingo de la Santísima Trinidad de 1610, en una casa que San Francisco de Sales le había proporcionado, a orillas del lago de Annecy. Las primeras compañeras de Juana Francisca fueron María Favre, Carlota de Bréchard y una sirvienta llamada Ana Coste. Pronto ingresaron en el convento otras diez religiosas. Hasta ese momento, la congregación no tenía todavía nombre y la única idea clara que San Francisco de Sales poseía sobre su finalidad, era que debía servir de puerto de refugio a quienes no podían ingresar en otras congregaciones y que las religiosas no debían vivir en clausura para poder consagrarse con, mayor facilidad a las obras de apostolado y caridad.

Naturalmente, la idea provocó fuerte oposición por parte de los espíritus estrechos e incapaces de aceptar algo nuevo. San Francisco de Sales acabó por modificar sus planes y aceptar la clausura para sus religiosas. A las reglas de San Agustín añadió unas constituciones admirables por su sabiduría y moderación, Año demasiado duras para los débiles y no demasiado suaves para los fuertes. Lo único que se negó a cambiar fue el nombre de la Congregación de la Visitación de Nuestra Señora, y Santa Juana Francisca le exhortó a hacer concesiones en ese punto. El santo quería que la humildad y la mansedumbre fuesen la base de la observancia. "Pero en la práctica", decía a sus religiosas, "la humildad es la fuente de todas las otras virtudes; no pongáis límites a la humildad y haced de ella el principio de todas vuestras acciones.

FUENTE DE AMOR Y ALEGRÍA

Para bien de Santa Juana y de las hermanas más experimentadas, el santo obispo escribió el "Tratado del amor de Dios". Santa Juana progresó tanto en la virtud bajo la dirección de San Francisco de Sales, que éste le permitió que hiciese el voto de que, en todas las ocasiones, realizaría lo que juzgase más perfecto a los ojos de Dios. Inútil decir que la santa gobernó prudentemente su comunidad, inspirándose en el espíritu de su director.

La madre de Chantal tuvo que salir frecuentemente de Annecy, tanto para fundar nuevos conventos como para cumplir con sus obligaciones de familia. Un año después de la toma de hábito, se vio obligada a pasar tres meses en Dijon, con motivo de la muerte de su padre, para poner en orden sus asuntos. Sus parientes aprovecharon la ocasión para intentar hacerla volver al mundo. Una mujer exclamó al verla: "¿Cómo podéis sepultaros en dos metros de tela? Deberíais hacer pedazos ese velo". San Francisco de Sales le escribió entonces las palabras decisivas: "Si os hubiéseis casado de nuevo con algún señor de Gascuña o de Bretaña, habríais tenido que abandonar a vuestra familia y nadie habría opuesto en ese caso la menor objeción . . ." Después de la fundación de los conventos de Lyon, Moulins, Grénoble y Bourges Francisco de Sales, que estaba entonces en París, mandó llamar a la madre de Chantal para que fundase un convento en dicha ciudad. A pesar de las intrigas y la oposición, Santa Juana Francisca consiguió fundarlo en 1619. Dios la sostuvo, le dio valor y la santa se ganó la admiración de sus más acerbos opositores con su paciencia y mansedumbre. Ella misma gobernó durante tres años el convento de París, bajo la dirección de San Vicente de Paul y ahí conoció a Angélica Arnauld, la abadesa de Port-Royal, quien le consiguió permiso de renunciar a su cargo e ingresar en la Congregación de la Visitación.

UNA DOLOROSA PÉRDIDA

En 1622, murió San Francisco de Sales y su muerte constituyó un rudo golpe para la madre de Chantal; pero su conformidad con la voluntad divina le ayudó a soportarlo con invencible paciencia. El santo fue sepultado en el convento de la Visitación de Annecy. En 1627, murió Celso Benigno en la isla de , durante las batallas contra los ingleses y los hugonotes; el hijo de la santa, que no tenía sino treinta y un años, dejaba a su esposa viuda y con una hijita de un año, la que con el tiempo sería la célebre Madame de Sévigné. Santa Juana Francisca recibió la noticia con heroica fortaleza y ofreció su corazón a Dios, diciendo: "Destruye, corta y quema cuanto se oponga a tu santa voluntad". El año siguiente, se desató una terrible peste, que asoló Francia, Saboya y el Piamonte, y diezmó varios conventos de la Visitación. Cuando la peste llegó a Annecy, la santa se negó a abandonar la ciudad, puso a la disposición del pueblo todos los recursos de su convento y espoleó a las autoridades a tomar medidas más eficaces para asistir a los enfermos. En 1632, murieron la viuda de Celso Benigno, Antonio de Toulonjon (el yerno de la santa, a quien esta quería mucho) y el P. Miguel Favre, quien había sido el confesor de San Francisco y era muy amigo de las visitantinas. A estas pruebas se añadieron la angustia, la oscuridad y la sequedad espiritual, que en ciertos momentos era Dios que permite con frecuencia que las almas que le son más queridas atraviesen por largos períodos de bruma, oscuridad y angustia; pero a través de ellos las casi insoportables, como lo prueban algunas cartas de Santa Juana Francisca, lleva con mano segura a las fuentes de la felicidad y al centro de la luz.

SANTA MUERTE

En los años de 1635 y 1636, la santa visitó todos los conventos de la Visitación, que eran ya sesenta y cinco, pues muchos de ellos no habían tenido aún el consuelo de conocerla. En 1641, fue a Francia para ver a Madame de Montmorency en una misión de caridad. Ese fue su último viaje.

La reina Ana de Austria la convidó a París, donde la colmó de honores y distinciones con gran confusión por parte de la homenajeada. Al regreso, cayó enferma en el convento de Moulins, donde murió el 13 de diciembre de 1641, a los sesenta y nueve años de edad. Su cuerpo fue trasladado a Annecy y sepultado cerca del de San Francisco de Sales.

La canonización de Santa Juana Francisca tuvo lugar en 1767. San Vicente de Paul dijo de ella: "Era una mujer de gran fe y, sin embargo, tuvo tentaciones contra la fe toda su vida. Aunque aparentemente había alcanzado la paz y tranquilidad de espíritu de las almas virtuosas, sufría terribles pruebas interiores, de las que me habló varias veces. Se veía tan asediada de tentaciones abominables, que tenía que apartar los ojos de sí misma para no contemplar ese espectáculo insoportable. La vista de su propia alma la horrorizaba como si se tratase de una imagen del infierno. Pero en medio de tan grandes sufrimientos jamás perdió la serenidad ni cejó en la plena fidelidad que Dios le exigía. Por ello, la considero como una de las almas más santas que me haya sido dado encontrar sobre la tierra".

Fuente Bibliográfica: -Butler, Vidas de los Santos, Vol. III.

-Oficio Divino I, p. 1026

 

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La Página de la Misa Diaria, está preparada y es enviada por Pedro S. A. Donoso Brant, desde Santiago de Chile, como un servicio de apostolado, amor por Nuestro Señor Jesucristo y por la Iglesia. Les ruego su oración, para que pueda mantenerse este servicio y subsidio, dando gracias a nuestro Dios que tanto nos ama.

Nota: Para la Liturgia de la Palabra, utilizo “Liturgia Cotidiana” de Ediciones San Pablo, para el estudio y comentario de la Palabra, utilizo los textos de la Biblia Nácar-Colunga, (SBNC) y/o Biblia de Jerusalén (SBJ),

(3) Para la Lectio Divina, Lectio Divina para cada día del año, de Giorgio Zevini y Pier Giordano Cabra (Eds.) y/o, Intimidad Divina, Fr. Gabriel de Santa M. Magdalena ocd,

(4) Santoral preparado por la Parroquia de la Sagrada Familia de Vigo.

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