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MISA DIARIA DE CAMINANDO CON JESUS

Pedro Sergio Antonio Donoso Brant ocds
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Fecha: 12-08-2011
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Edición Nº MD 2983
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T.O. CICLO A, SEM XIX
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LITURGIA DE LA HORAS
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Viernes, De
la feria. Verde. Santa Juana Francisca de Chantal, r. (ML). Blanco.
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ANTÍFONA DE
ENTRADA Cf r. SaI 73
Acuérdate, Señor, de tu alianza, y no olvides para siempre a tus
pobres. Levántate, Señor, defiende tu causa y no desoigas el clamor de los
que te invocan.
ORACIÓN COLECTA
Dios todopoderoso y eterno, a quien, movidos por el Espíritu Santo,
nos animamos a llamar Padre; confirma en nuestros corazones la condición de
hijos tuyos, para que podamos entrar en la herencia prometida. Por nuestro
Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del
Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.
LECTURA Jos 24, 1-13
Lectura del libro de Josué.
Josué reunió en Siquém a todas
las tribus de Israel, y convocó a los ancianos de Israel, a sus jefes, a
sus jueces y a sus escribas, y ellos se presentaron delante del Señor.
Entonces Josué dijo a todo el pueblo: «Así habla el Señor, el Dios de
Israel: Sus antepasados, Téraj, el padre de Abraham y Najor, vivían desde
tiempos antiguos al otro lado del río, y servían a otros dioses. Pero yo
tomé a Abraham, el padre de ustedes, del otro lado del río, y le hice
recorrer todo el país de Canaán.
Multipliqué su descendencia, y
le di como hijo a Isaac. A Isaac lo hice padre de Jacob y de Esaú. A Esaú
le di en posesión la montaña de Seír, mientras que Jacob y sus hijos
bajaron a Egipto. Luego envié a Moisés y a Aarón, y castigué a Egipto con
los prodigios que realicé en medio de ellos. Después los hice salir de
Egipto, a ustedes y a sus padres, y ustedes llegaron al mar. Los egipcios
persiguieron a sus padres, con carros y guerreros, hasta el Mar Rojo. Pero
ellos pidieron auxilio al Señor: él interpuso una densa oscuridad entre
ustedes y los egipcios, y envió contra ellos el mar, que los cubrió.
Ustedes vieron con sus propios
ojos lo que hice en Egipto. Luego permanecieron en el desierto durante
largo tiempo, y después los introduje en el país de los amorreos, que habitaban
al otro lado del Jordán. Cuando ellos les hicieron la guerra, yo los
entregué en sus manos, y así pudieron tomar posesión de su país, porque los
exterminé delante de ustedes.
Entonces Balac –hijo de Sipor,
rey de Moab– se levantó para combatir contra Israel, y mandó llamar a
Balaam, hijo de Beor, para que los maldijera. Pero yo no quise escuchar a
Balaam, y él tuvo que bendecirlos. Así los libré de su mano.
Después ustedes cruzaron el
Jordán y llegaron a Jericó. La gente de Jericó les hizo la guerra, y lo
mismo hicieron los amorreos, los perizitas, los cananeos, los hititas, los
guirgasitas, los jivitas y los jebuseos; pero yo los entregué en sus manos.
Hice cundir delante de ustedes el pánico, que puso en fuga a toda esa gente
y a los dos reyes amorreos. Esto no se lo debes ni a tu espada ni a tu
arco.
Así les di una tierra que no
cultivaron, y ciudades que no edificaron, donde ahora habitan; y ustedes
comen los frutos de viñas y olivares que no plantaron.
Palabra de Dios.
COMENTARIO
La
gran jornada de Siquén, señala el nacimiento de Israel como pueblo. De esta
forma, la alianza actúa en sentido vertical, en cuanto todos los clanes y
tribus se comprometen a servir exclusivamente a Yahvé; y en sentido
horizontal en cuanto la fe común crea entre las tribus conciencia de
solidaridad y de pueblo.
SALMO Sal 135, 1-3. 16-18. 21-22. 24
R. ¡Den gracias al Señor, porque es eterno su amor!
¡Den gracias al Señor, porque
es bueno! ¡Den gracias al Dios de los dioses! ¡Den gracias al Señor de los
señores! R.
Al que guió a su pueblo por el
desierto, al que derrotó a reyes poderosos y dio muerte a reyes temibles.
R.
Al que dio sus territorios en
herencia, en herencia a Israel, su servidor, y nos libró de nuestros
opresores. R.
ALELUYA Cfr. 1Tes 2, 13
Aleluya. Reciban la Palabra de
Dios, no como palabra humana, sino como lo que es realmente, como Palabra
de Dios. Aleluya.
EVANGELIO Mt 19, 3-12
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo.
Se acercaron a Jesús algunos
fariseos y, para ponerlo a prueba, le dijeron: “¿Es lícito al hombre
divorciarse de su mujer por cualquier motivo?”. Él respondió: “¿No han
leído ustedes que el Creador, desde el principio, ‘los hizo varón y mujer’;
y que dijo: ‘Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre para unirse
a su mujer, y los dos no serán sino una sola carne’? De manera que ya no
son dos, sino una sola carne. “Que el hombre no separe lo que Dios ha unido”.
Le replicaron: “Entonces, ¿por qué Moisés prescribió entregar una
declaración de divorcio cuando uno se separa?”. Él les dijo: “Moisés les
permitió divorciarse de su mujer, debido a la dureza del corazón de
ustedes, pero al principio no era así. Por lo tanto, yo les digo: El que se
divorcia de su mujer, a no ser en caso de unión ilegal, y se casa con otra,
comete adulterio”.
Sus discípulos le dijeron: “Si
esta es la situación del hombre con respecto a su mujer, no conviene
casarse”. Y él les respondió: “No todos entienden este lenguaje, sino sólo
aquellos a quienes se les ha concedido. En efecto, algunos no se casan, porque
nacieron impotentes del seno de su madre; otros, porque fueron castrados
por los hombres; y hay otros que decidieron no casarse a causa del reino de
los cielos. ¡El que pueda entender, que entienda!”.
Palabra del Señor.
COMENTARIO
Al
cristiano la fidelidad total no le parece una esclavitud, ya que
precisamente Jesús nos da el Espíritu que permite cumplir la ley. Jesús
manifestó durante toda su vida lo que debe ser la ley de los casados:
fidelidad, compromiso, cariño, sacrificio por el otro. Sin este Espíritu,
la misma ley de Dios, vendrá a ser para los esposos una cadena.
ORACION DE LAS
OFRENDAS.
Padre de bondad, acepta los dones que misericordiosamente has dado a
tu iglesia y que, con tu poder, conviertes en sacramento de salvación. Por
Jesucristo, nuestro Señor.
Jerusalén, glorifica al Señor tu Dios, que te sacia con lo mejor del
trigo.
O bien: Cfr. Jn
6, 81.
Dice el Señor: el pan que yo daré, es mi carne para la vida del
mundo.
ORACIÓN DESPUÉS
DE-LA COMUNIÓN
Padre, que la comunión de tus sacramentos nos alcance la salvación y
nos confirme en la luz: de tu verdad, Por Jesucristo, nuestro Señor.
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REFLEXIÓN
BÍBLICA
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"y los dos no serán sino una sola
carne”
Mt 19, 3-12
Autor: Pedro Sergio Antonio Donoso
Brant ocds
1.
“¿ES
LÍCITO AL HOMBRE DIVORCIARSE DE SU MUJER POR CUALQUIER MOTIVO?”
Los fariseos, que se
caracterizaban por su rigor y austeridad en el cumplimiento de la letra de
la ley y en la atención a los aspectos externos de los preceptos religiosos
se acercaron a Jesús para ponerlo a prueba, entonces le
preguntaron:"¿Es lícito al hombre divorciarse de su mujer por
cualquier motivo?".
La escena surge presentada a
Jesús por un grupo de fariseos. Sus intenciones eran, ya muy de antes,
manifiestamente hostiles contra El. Y esto mismo se declara aquí, quería
ponerlo a prueba. Le van a presentar, con el fin de enemistarle, una
cuestión que era entonces muy debatida.
2.
“DARLE
LIBELO DE REPUDIO,”
En la Ley se leía lo siguiente:
“Si un hombre toma una mujer y es su marido, y ésta luego no le agrada,
porque ha notado en ella algo indecoroso le escribirá el libelo de repudio.
Una vez que salió de la casa de él, podrá ella ser mujer de otro hombre”
(Dt 24:1-2).
Este texto de la Ley era sumamente
discutido en las escuelas de interpretación judía. Para algunos bastaba cualquier
motivo, incluso el más intrascendente o caprichoso, como el no haberle
preparado bien la comida. El mismo hecho de encontrar otra mujer más
hermosa, era a veces motivo de divorcio, se decía “que se podía divorciar”
incluso si halló una mujer más hermosa, pues en el Deuteronomio se dice:
“Si ella no encuentra gracia a sus ojos” sin restricción alguna. Josefo
repudia a su mujer, madre ya de tres hijos, porque no le agradaban sus
costumbres. Acaso estos fariseos, reflejando este ambiente y buscando tentarle,
le presentan la cuestión de si es “lícito repudiar — verdadero divorcio — a
la mujer (Mc) por cualquier causa.” Literalmente, “darle libelo de
repudio,” el llamado “escrito de divorcio”
3.
DE
MANERA QUE YA NO SON DOS, SINO UNA SOLA CARNE”
Cuando hablamos de algo lícito,
es porque esta permitido por la ley, pero aquí esta pregunta la orientación
es, si es justo desde el punto de vista de la razón o de la moral, la
pregunta es hecha de manera que no se refiera al divorcio simplemente, sino
al divorcio “por cualquier causa”, queriendo obligar a Jesús a que opine
sobre la disputa entre si permitía el divorcio literalmente por cualquier
razón o causa, o sólo por causa de adulterio.
Pero Jesús los desconcierta
exponiendo una vía distinta, que era la de la revelación primitiva. En el
Génesis se expone claramente la creación de los dos sexos y la unión
inseparable de ellos. “De manera que ya no son dos, sino una sola carne” en
el sentido de una persona; “y una sola carne” no se puede dividir sin
matarla. Y Así es como Jesús afirma categóricamente sobre lo indisoluble
del vínculo matrimonial, revalidando la dignidad del matrimonio, rechazando
la teoría del repudio, y restaura el derecho en su sentido original, sin
dejar de recordar que Moisés les permitió divorciarse de su mujer, debido a
la dureza del corazón, pero al principio no era así.
4.
“LO
QUE DIOS UNIÓ, NO LO SEPARE EL HOMBRE.”
De este modo, Jesús pronuncia
una sentencia definitiva, restituyendo el matrimonio a su indisolubilidad
primitiva: “Lo que Dios unió, no lo separe el hombre.” La palabra de Jesús
situó la verdad de las cosas. Moisés, en efecto, “permitió” el repudio, no
lo “mandó.” Pero “en un principio no sucedía así.” El matrimonio, aludiendo
al Génesis, se enseña que es de institución divina. El matrimonio en su
institución creadora, por su naturaleza, era indisoluble. Y si Moisés hizo
esto, sólo lo permitió, fue una concesión que se autorizó, como una
dispensa temporal, a causa de la dureza del corazón y del carácter duro.
Pero aquel paréntesis de concesión ya terminó.
El amor que nos prometemos al
casarnos, es un amor para siempre, de lo contrario no estaríamos siendo
honestos y sinceros, por tanto el amor tampoco seria verdadero. Como
humanos, por lo general somos inconstantes, y tenemos facilidad para el
cambio, en especial con el carácter de persona, y esta forma de ser
voluble, es una amenaza para la permanencia del amor. Entonces la
intervención de Dios en nuestra unión como esposos, es garantía de
indisolubilidad de este sacramento. Esta es una obra de la creación, es
obra de Dios, en la que los hombres no podemos intervenir.
5.
EL
QUE SE DIVORCIA DE SU MUJER, A NO SER EN CASO DE UNIÓN ILEGAL, Y SE CASA
CON OTRA, COMETE ADULTERIO".
Sin embargo, muchas veces
concientes que la unidad y la indisolubilidad del matrimonio son dos
cualidades establecidas por Dios, se le exige intervención a la Iglesia e incluso se
le hace ver que es demasiado terca, firme, perseverante o excesivamente
tenaz en este propósito, pero con lo que nos dice Jesús, significa que ni
la misma Iglesia puede intervenir, por tanto, lo que debemos comprender que
lo que esta haciendo es ser fiel a lo mandado por Dios.
Jesús quiere devolver a la ley
divina, su primitivo vigor, y dice:”Por lo tanto, yo les digo: El que se
divorcia de su mujer, a no ser en caso de unión ilegal, y se casa con otra,
comete adulterio". Sus discípulos le dijeron: "Si ésta es la
situación del hombre con respecto a su mujer, no conviene casarse". La
respuesta de Jesús al tema de la indisolubilidad del matrimonio fue tan
tajante, que causó verdadera sorpresa en los discípulos.
6.
MUCHAS
VECES EL MATRIMONIO NO ES ALGO FÁCIL
Es cierto que muchas veces el
matrimonio no es algo fácil, en otras palabras tiene su cruz y en ocasiones
muy pesada, más aún si se mira como algo del cuerpo y de sus instintos, o
relacionado con ellos, esto es carnal, pero si al contrario, si lo miramos
con algo más de espíritu, y tomamos conciencia de que es un gran
sacramento, descubriremos la riqueza del matrimonio.
Jesús respondió no sólo reafirmando
implícitamente cuanto había dicho, sino presentando la excelencia de algo
más grande y más difícil: la virginidad. De este modo, Jesús no aprobó la
conclusión de “No conviene casarse”, y alaba la castidad consagrada,
exponiendo metafóricamente la dignidad y excelencia de la continencia
voluntaria: la virginidad.
7.
"NO
TODOS ENTIENDEN ESTE LENGUAJE”
Entonces responde:"No
todos entienden este lenguaje, sino sólo aquellos a quienes se les ha
concedido, es decir es un privilegio de aquellos “a quienes ha sido dado,
es por don de Dios.
En efecto, algunos no se casan,
porque nacieron impotentes del seno de su madre; otros, porque fueron
castrados por los hombres; y hay otros que decidieron no casarse a causa
del Reino de los Cielos. ¡El que pueda entender, que entienda!".
Esta es una invitación a la
continencia perpetua a los que quieran consagrase exclusivamente al Reino
de Dios, pero este ideal no es válido para todos, sino para aquellos a los
Dios llama a tal estado y que tienen una firme voluntad de guardarla.
Entonces nosotros tenemos que saber cual es el estado de vida que Dios nos
ha señalado en el puesto que hemos de servir, sea este el camino del
matrimonio cristianos, o la soltería o la virginidad consagrada.
El Señor les Bendiga
Pedro Sergio Antonio Donoso Brant ocds
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PARA LA LECTIO DIVINA (3)
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LO QUE DIOS HA UNIDO
Dios tiene un
proyecto respecto al hombre y la mujer, el proyecto del matrimonio: « ¿No
habéis leído que el Creador, desde el principio... ?». «De manera que ya no
son dos, sino uno sólo. Por tanto, lo que Dios ha unido...». No nos unimos
en matrimonio por instinto, por una elección personal, sino obedeciendo a
la voluntad de Dios. No somos nosotros quienes escogemos, quienes nos
unimos, sino que es él quien escoge, nos llama, nos une; nosotros
respondemos libremente a su llamada de amor. Es difícil explicar cómo
sucede esto; Dios se sirve de muchos factores o causas: los del cuerpo, los
de las pulsiones interiores, los de los acontecimientos cotidianos...
Así las cosas,
tanto el matrimonio como el celibato han de ser comprendidos como
realidades cristianas, y tanto el uno como el otro sólo pueden ser
comprendidos por aquellos a quienes se les ha concedido. Es difícil
comprender el celibato: «No todos pueden comprender esto, sino sólo
aquellos a quienes Dios se lo concede... Quien pueda comprender que lo
haga». Los discípulos no «comprenden» las palabras de Jesús sobre el
matrimonio tal como él lo propone; ante la revelación de su proyecto -que
es el proyecto original de Dios-, dicen: «Si tal es la situación del hombre
con respecto a su mujer, no tiene cuenta casarse». En consecuencia, el
matrimonio -y no sólo el celibato- es algo que hemos de «comprender», fruto
de una búsqueda, de un abandono a la acción misteriosa del amor del Padre y
del Hijo.
El hombre y la
mujer, para llevar a cabo su vocación, deben «dejar» («Por eso dejará el
hombre a su padre y a su madre»: Gn 2,24), deben realizar un éxodo. Dejan
su «soledad», tierra de su esclavitud («No es bueno que el hombre esté
solo»: Gn 2,18). Y al final de su camino encuentran a aquel o aquella que
Dios les ha dispuesto como «ayuda adecuada» (Gn 2,18), hecha para él. Ambos
viven el misterio de la pascua y pasan de este mundo al Padre, entran en el
amor trinitario. Ambos «dejan» y, de extraños como eran, de «solos» como
estaban, son conducidos a formar una intimidad más grande que cualquier
otro vínculo: «Se une a su mujer, y los dos se hacen uno solo» (Gn 2,24).
La unidad, la indisolubilidad, la fidelidad que sustancia esta unión, no
son «ley», sino «Evangelio» de Jesús. Este parte del matrimonio y llega al
celibato. En este punto parece necesario intuir que Jesús quiere afirmar
dos cosas. En primer lugar, que el matrimonio, como toda realidad, está al
servicio del Reino. El Reino está tan por encima de todo, debe ser hasta
tal punto la única preocupación, que para ponerse a su servicio es justo no
sólo construir un matrimonio indisoluble, sino también abrazar el celibato.
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Resultó
difícil entonces, Señor, comprender lo que significaba casarse o vivir
célibe; lo fue para aquellos que estaban familiarizados con la sagrada
Escritura y para tus mismos discípulos; lo es para nosotros, que vivimos
entre mil propuestas, bombardeados por tantos proyectos, apremiados por tantos
expertos que pretenden tener la última palabra. Ahora, por fin, nos queda
clara una cosa: todo está bajo el signo de tu gracia, tenemos necesidad de
tu Espíritu.
Envíalo sobre
nuestras soledades y nuestros aislamientos, sobre nuestras clausuras y nuestros
arraigos, sobre nuestros egoísmos. Envíalo como Espíritu de unidad y de
fidelidad para que el yo se abra al tú, y cada uno se encuentre con el otro
hasta hospedarse y recrearse recíprocamente en el amor. Envíalo a nuestras
confusiones y oscuridades, a nuestro andar a tientas y a nuestro errar.
Envíalo como Espíritu de luz para que introduzca la claridad en nuestros
corazones y en nuestros sentimientos, en nuestras mentes y en nuestras
fantasías, en nuestros pequeños y en nuestros grandes proyectos. Envíalo
sobre nuestras perezas y sobre nuestras debilidades, sobre nuestros
titubeos y sobre nuestros cambios de opinión. Envíalo como Espíritu de
fortaleza que nos invita a partir, a arriesgar, a fiarnos los unos de los
otros, a creer firmemente que tú eres el único que puede llevar a puerto un
proyecto que es tuyo antes de ser nuestro.
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SANTORAL
(4)
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SANTA JUANA FRANCISCA FREMIOT DE CHANTAL
VIUDA; COFUNDADORA DE LA CONGREGACIÓN DE
LA VISITACIÓN
(1641 P.C.)
Nació en el año 1572 en Dijon
(Francia). Casada con el barón de Chantal, tuvo seis hijos, a los que educó
cristianamente. Muerto su marido, llevó, bajo la dirección de san Francisco
de Sales, una admirable vida de perfección, ejerciendo, sobre todo, la
caridad con los pobres y enfermos. Fundó el Instituto de la Visitación,
y lo gobernó sabiamente. Murió el año 1641.
VIDA FAMILIAR
El padre de Santa Juana de
Chantal era Benigno Frémiot, presidente del parlamento de Borgoña. El señor
Frémiot había quedado viudo cuando sus hijos eran todavía pequeños, pero no
ahorró ningún esfuerzo para educarlos en la práctica de la virtud y
prepararlos para la vida. Juana, que recibió en la confirmación el nombre
de Francisca, fue sin duda la que mejor supo aprovechar esa magnífica
educación. Cuando la joven tenía veinte años, su padre, que la amaba
tiernamente, la concedió en matrimonio al barón de Chantal, Cristóbal de Rabutin. El barón tenía veintisiete años, era oficial
del ejército francés y contaba con un largo historial de victoriosos
duelos; su madre descendía de la Beata Humbelina,
cuya fiesta se celebra también el día de hoy. El matrimonio tuvo lugar en
Dijon y Juana Francisca partió con su marido a Bourbilly.
Desde la muerte de su madre, el barón no había llevado una vida muy
ordenada, de suerte que la servidumbre de su casa se había acostumbrado a
cierta falta de disciplina; en consecuencia, el primer cuidado de la
flamante baronesa fue establecer el orden en su casa. Los tres primeros
hijos del matrimonio murieron poco después de nacer; pero los jóvenes
esposos tuvieron después un niño y tres niñas que vivieron. Por otra parte,
poseían cuanto puede constituir la felicidad a los ojos del mundo y
procuraban corresponder a tantas bendiciones del cielo. Cuando su marido se
hallaba ausente, la baronesa se vestía en forma muy modesta y, si alguien
le preguntase por qué, ella respondía: "Los ojos de aquél a quien
quiero agradar están a cien leguas de aquí". Las palabras que San
Francisco de Sales dijo más tarde sobre Santa Juana Francisca podían
aplicársele ya desde entonces: "La señora de Chantal es la mujer
fuerte que Salomón no podía encontrar en Jerusalén".
EL DOLOR VISITA
Pero la felicidad de la
familia sólo duró nueve años. En 1601, el barón de Chantal salió de cacería
con su amigo, el señor D'Aulézy, quien
accidentalmente le hirió en la parte superior del muslo. El barón
sobrevivió nueve días, durante los cuales sufrió un verdadero martirio a
manos de un cirujano muy torpe y recibió los últimos sacramentos con
ejemplar resignación, La baronesa había vivido exclusivamente para su
esposo, de modo que el lector puede suponer fácilmente su dolor al verse
viuda a los veintiocho años. Durante cuatro meses estuvo sumida en el más
profundo dolor, hasta que una carta de su padre le recordó sus obligaciones
para con sus hijos. Para demostrar que había perdonado de corazón al señor D'Aulézy, la baronesa le prestó cuantos servicios pudo
y fue madrina de uno de sus hijos. Por otra parte, redobló sus limosnas a
los pobres y consagró su tiempo a la educación e instrucción de sus hijos.
Juana pedía constantemente a Dios que le diese un guía verdaderamente
santo, capaz de ayudarla a cumplir perfectamente su voluntad. Una vez,
mientras repetía esta oración, vio súbitamente a un hombre cuyas facciones
y modo de vestir reconocería más tarde, al encontrar en Dijon a San
Francisco de Sales.En otra ocasión, se vio a sí
misma en un bosquecillo, tratando en vano de encontrar una iglesia. Por
aquel medio, Dios le dio a entender que el amor divino tenía que consumir
la imperfección del amor propio que había en su corazón y que se vería
obligada a enfrentarse con numerosas dificultades. La futura santa fue a
pasar el año del luto en Dijon, a casa de su padre. Más tarde, se trasladó
con sus hijos a Monthelon, cerca de Autun, donde habitaba su suegro, que tenía ya setenta y
cinco años. Desde entonces, cambió su hermosa y querida casa de Bourbilly por un viejo castillo. A pesar de que su
suegro era un anciano vanidoso, orgulloso y extravagante, dominado por una
ama de llaves insolente y de mala reputación, la noble dama no pronunció
jamás una sola palabra de queja y se esforzó por mostrarse alegre y amable.
UN GUÍA ESPIRITUAL EXCEPCIONAL
En 1604, San Francisco de
Sales fue a predicar la cuaresma a Dijon y Juana se trasladó ahí con su
suegro para oír al famoso predicador. Al punto reconoció en él al hombre
que había vislumbrado en su visión y comprendió que era el director
espiritual que tanto había pedido a Dios. San Francisco cenaba
frecuentemente en casa del padre de Juana Francisca y ahí se ganó, poco a poco,
la confianza de ésta. Ella deseaba abrirle su corazón, pero la retenía un
voto que había hecho por consejo de un director espiritual indiscreto, de
no abrir su conciencia a ningún otro sacerdote. Pero no por ello dejó de
sacar gran provecho de la presencia del santo obispo, quien a su vez se
sintió profundamente impresionado por la piedad de Juana Francisca. En
cierta ocasión en que se había vestido más elegantemente que de ordinario,
San Francisco de Sales le dijo: "¿Pensáis casaros de nuevo?"
"De ninguna manera, Excelencia", replicó ella. "Entonces os
aconsejo que no tentéis al diablo", le dijo el santo. Juana Francisca
siguió el consejo.
Después de vencer sus
escrúpulos sobre su voto indiscreto, la santa consiguió que Francisco de
Sales aceptara dirigirla. Por consejo suyo, moderó un tanto sus devociones
y ejercicios de piedad para poder cumplir con sus obligaciones mundanas en
tanto que vivía con su padre o con su suegro. Lo hizo con tanto éxito, que
alguien dijo de ella: "Esta dama es capaz de orar todo el día sin
molestar a nadie". De acuerdo con una estricta regla de vida,
consagrada la mayor parte de su tiempo a sus hijos, visitaba a los enfermos
pobres de los alrededores y pasaba en vela noches enteras junto a los
agonizantes. La bondad y mansedumbre de su carácter mostraban hasta qué
punto había secundado las exigencias de la gracia, porque en su naturaleza
firme y fuerte había cierta dureza y rigidez que sólo consiguió vencer del
todo al cabo de largos años de oración, sufrimiento y paciente sumisión a
la dirección espiritual. Tal fue la obra de San Francisco de Sales, a quien
Juana Francisca iba a ver, de cuando en cuando, a Annecy
y con quien sostenía una nutrida correspondencia. El santo la moderó mucho
en materia de mortificaciones corporales, recordándole que San Carlos
Borromeo, "cuya libertad de espíritu tenía por base la verdadera
caridad", no vacilaba en brindar con sus vecinos, y que San Ignacio de
Loyola había comido tranquilamente carne los viernes Por consejo de un
médico, "en tanto que un hombre de espíritu estrecho hubiese discutido
esa orden cuando menos durante tres días". San Francisco de Sales no
permitía que su dirigida olvidase que estaba todavía en el mundo, que tenía
un padre anciano y, sobre todo, que era madre; con frecuencia le hablaba de
la educación de sus hijos y moderaba su tendencia a ser demasiado estricta
con ellos. En esta forma, los hijos de Juana Francisca se beneficiaron de
la dirección de San Francisco de Sales tanto como su madre.
SUEÑO HECHO REALIDAD
Durante algún tiempo, la
señora de Chantal se sintió inclinada a la vida conventual por varios
motivos, entre los que se contaba la presencia de las carmelitas en Dijon.
San Francisco de Sales, después de algún tiempo de consultar el asunto con
Dios, le habló en 1607 de su proyecto de fundar la nueva Congregación de la Visitación. Santa
Juana acogió gozosamente el proyecto; pero la edad de su padre, sus propias
obligaciones de familia y la situación de los asuntos de su casa
constituían, por el momento, obstáculos que la hacían sufrir. Juana
Francisca respondió a su director que la educación de sus hijos exigía su
presencia en el mundo, pero el santo le respondió que sus hijos ya no eran
niños y que desde el claustro podría velar por ellos tal vez con más fruto,
sobre todo si tomaba en cuenta que los dos mayores estaban ya en edad de
"entrar en el mundo". En esa forma, lógica y serena, resolvió San
Francisco de Sales todas las dificultades de la señora de Chantal.
Antes de abandonar el mundo,
Juana Francisca casó a su hija mayor con el barón de Thorens,
hermano de San Francisco de Sales, y se llevó consigo al convento a sus dos
hijas menores; la primera murió al Poco tiempo, y la segunda se caso más
tarde con el señor de Toulonjon. Celso Benigno,
el hijo mayor, quedó al cuidado de su abuelo y de varios tutores. Después
de despedirse de sus amistades, Juana fue a decir adiós a Celso Benigno. El
joven, que había tratado en vano de apartarla de su resolución, se tendió
por tierra ante el dintel de la puerta de la habitación para cerrarle la
salida, pero la santa no se dejó vencer por la tentación de escoger la
solución más fácil y pasó sobre el cuerpo de su hijo. Frente a la casa la
esperaba su anciano padre, Juana Francisca se postró de rodillas y,
llorando, le pidió su bendición. El anciano le impuso las manos y le dijo:
"No puedo reprocharte lo que haces. Ve con mi bendición. Te ofrezco a
Dios como Abraham le ofreció a Isaac, a quien amaba tanto como yo a ti. Ve
a donde Dios te llama y sé feliz en Su casa. Ruega por mí". La santa
inauguró el nuevo convento el domingo de la Santísima Trinidad
de 1610, en una casa que San Francisco de Sales le había proporcionado, a
orillas del lago de Annecy. Las primeras
compañeras de Juana Francisca fueron María Favre, Carlota de Bréchard y una sirvienta llamada Ana Coste. Pronto
ingresaron en el convento otras diez religiosas. Hasta ese momento, la
congregación no tenía todavía nombre y la única idea clara que San
Francisco de Sales poseía sobre su finalidad, era que debía servir de puerto
de refugio a quienes no podían ingresar en otras congregaciones y que las
religiosas no debían vivir en clausura para poder consagrarse con, mayor
facilidad a las obras de apostolado y caridad.
Naturalmente, la idea provocó
fuerte oposición por parte de los espíritus estrechos e incapaces de
aceptar algo nuevo. San Francisco de Sales acabó por modificar sus planes y
aceptar la clausura para sus religiosas. A las reglas de San Agustín añadió
unas constituciones admirables por su sabiduría y moderación, Año demasiado
duras para los débiles y no demasiado suaves para los fuertes. Lo único que
se negó a cambiar fue el nombre de la Congregación
de la Visitación
de Nuestra Señora, y Santa Juana Francisca le exhortó a hacer concesiones
en ese punto. El santo quería que la humildad y la mansedumbre fuesen la
base de la observancia. "Pero en la práctica", decía a sus
religiosas, "la humildad es la fuente de todas las otras virtudes; no
pongáis límites a la humildad y haced de ella el principio de todas
vuestras acciones.
FUENTE DE AMOR Y ALEGRÍA
Para bien de Santa Juana y de
las hermanas más experimentadas, el santo obispo escribió el "Tratado
del amor de Dios". Santa Juana progresó tanto en la virtud bajo la
dirección de San Francisco de Sales, que éste le permitió que hiciese el
voto de que, en todas las ocasiones, realizaría lo que juzgase más perfecto
a los ojos de Dios. Inútil decir que la santa gobernó prudentemente su
comunidad, inspirándose en el espíritu de su director.
La madre de Chantal tuvo que
salir frecuentemente de Annecy, tanto para fundar
nuevos conventos como para cumplir con sus obligaciones de familia. Un año
después de la toma de hábito, se vio obligada a pasar tres meses en Dijon,
con motivo de la muerte de su padre, para poner en orden sus asuntos. Sus
parientes aprovecharon la ocasión para intentar hacerla volver al mundo.
Una mujer exclamó al verla: "¿Cómo podéis sepultaros en dos metros de
tela? Deberíais hacer pedazos ese velo". San Francisco de Sales le
escribió entonces las palabras decisivas: "Si os hubiéseis
casado de nuevo con algún señor de Gascuña o de
Bretaña, habríais tenido que abandonar a vuestra familia y nadie habría
opuesto en ese caso la menor objeción . . ."
Después de la fundación de los conventos de Lyon, Moulins,
Grénoble y Bourges Francisco de Sales, que estaba
entonces en París, mandó llamar a la madre de Chantal para que fundase un
convento en dicha ciudad. A pesar de las intrigas y la oposición, Santa
Juana Francisca consiguió fundarlo en 1619. Dios la sostuvo, le dio valor y
la santa se ganó la admiración de sus más acerbos opositores con su
paciencia y mansedumbre. Ella misma gobernó durante tres años el convento
de París, bajo la dirección de San Vicente de Paul
y ahí conoció a Angélica Arnauld, la abadesa de Port-Royal, quien le
consiguió permiso de renunciar a su cargo e ingresar en la Congregación
de la
Visitación.
UNA DOLOROSA PÉRDIDA
En 1622, murió San Francisco
de Sales y su muerte constituyó un rudo golpe para la madre de Chantal;
pero su conformidad con la voluntad divina le ayudó a soportarlo con
invencible paciencia. El santo fue sepultado en el convento de la Visitación
de Annecy. En 1627, murió Celso Benigno en la
isla de Ré, durante las batallas contra los
ingleses y los hugonotes; el hijo de la santa, que no tenía sino treinta y un años, dejaba a su esposa viuda y con una hijita de un
año, la que con el tiempo sería la célebre Madame de Sévigné.
Santa Juana Francisca recibió la noticia con heroica fortaleza y ofreció su
corazón a Dios, diciendo: "Destruye, corta y quema cuanto se oponga a
tu santa voluntad". El año siguiente, se desató una terrible peste,
que asoló Francia, Saboya y el Piamonte, y diezmó varios conventos de la Visitación. Cuando
la peste llegó a Annecy, la santa se negó a
abandonar la ciudad, puso a la disposición del pueblo todos los recursos de
su convento y espoleó a las autoridades a tomar medidas más eficaces para
asistir a los enfermos. En 1632, murieron la viuda de Celso Benigno,
Antonio de Toulonjon (el yerno de la santa, a
quien esta quería mucho) y el P. Miguel Favre, quien había sido el confesor
de San Francisco y era muy amigo de las visitantinas.
A estas pruebas se añadieron la angustia, la oscuridad y la sequedad
espiritual, que en ciertos momentos era Dios que permite con frecuencia que
las almas que le son más queridas atraviesen por largos períodos de bruma,
oscuridad y angustia; pero a través de ellos las casi insoportables, como
lo prueban algunas cartas de Santa Juana Francisca, lleva con mano segura a
las fuentes de la felicidad y al centro de la luz.
SANTA MUERTE
En los años de 1635 y 1636, la
santa visitó todos los conventos de la Visitación,
que eran ya sesenta y cinco, pues muchos de ellos no habían tenido aún el
consuelo de conocerla. En 1641, fue a Francia para ver a Madame de Montmorency en una misión de caridad. Ese fue su último
viaje.
La reina Ana de Austria la
convidó a París, donde la colmó de honores y distinciones con gran
confusión por parte de la homenajeada. Al regreso, cayó enferma en el
convento de Moulins, donde murió el 13 de
diciembre de 1641, a
los sesenta y nueve años de edad. Su cuerpo fue trasladado a Annecy y sepultado cerca del de San Francisco de Sales.
La canonización de Santa Juana
Francisca tuvo lugar en 1767. San Vicente de Paul
dijo de ella: "Era una mujer de gran fe y, sin embargo, tuvo
tentaciones contra la fe toda su vida. Aunque aparentemente había alcanzado
la paz y tranquilidad de espíritu de las almas virtuosas, sufría terribles
pruebas interiores, de las que me habló varias veces. Se veía tan asediada
de tentaciones abominables, que tenía que apartar los ojos de sí misma para
no contemplar ese espectáculo insoportable. La vista de su propia alma la
horrorizaba como si se tratase de una imagen del infierno. Pero en medio de
tan grandes sufrimientos jamás perdió la serenidad ni cejó en la plena
fidelidad que Dios le exigía. Por ello, la considero como una de las almas
más santas que me haya sido dado encontrar sobre la tierra".
Fuente
Bibliográfica: -Butler, Vidas de los Santos, Vol. III.
-Oficio
Divino I, p. 1026
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FUENTES DE LA PAGINA
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preparada y es enviada por Pedro S. A. Donoso Brant ocds, desde Santiago de
Chile, como un servicio de apostolado, amor por Nuestro Señor Jesucristo y
por la Iglesia. Les
ruego su oración, para que pueda mantenerse este servicio y subsidio, dando
gracias a nuestro Dios que tanto nos ama.
Nota: Para la Liturgia de la Palabra, utilizo
“Liturgia Cotidiana” de Ediciones San Pablo, para el estudio y comentario
de la Palabra,
utilizo los textos de la Biblia Nácar-Colunga, (SBNC) y/o Biblia de
Jerusalén (SBJ),
(3) Para la Lectio
Divina, Lectio Divina para cada
día del año, de Giorgio Zevini y Pier Giordano
Cabra (Eds.) y/o, Intimidad Divina, Fr. Gabriel
de Santa M. Magdalena ocd,
(4) Santoral preparado por la Parroquia de la Sagrada Familia
de Vigo.
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ESTA PAGINA, SOLO DEBE INDICARSE EL AUTOR Y LAS FUENTES DE ORIGEN
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