MISA DIARIA DE CAMINANDO CON JESUS

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Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

 

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13-03-2018

Edición Nº MD 5.136

LITURGIA DE LA HORAS

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MARTES CUARTA SEMANA DE CUARESMA

ANTÍFONA DE ENTRADA Cf. Is 55, 1

Dice el Señor: Vengan a beber, ustedes, los que tienen sed; y los que no tengan dinero, vengan y beban con alegría 

ORACIÓN COLECTA

Te pedimos, Padre, que las venerables prácticas de este tiempo cuaresmal dispongan el corazón de tus fieles y así celebren dignamente el misterio pascual y anunciar a todos los hombres el mensaje de tu salvación. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

LECTURA Ez 40, 1-3; 47, 1-9. 12

Lectura de la profecía de Ezequiel.

La mano del Señor descendió sobre mí y me llevó a la tierra de Israel. Allí vi a un hombre que por su aspecto parecía de bronce. El hombre me llevó a la entrada de la Casa del Señor y vi que salía agua por debajo del umbral de la Casa, en dirección al oriente, porque la fachada de la Casa miraba hacia el oriente. El agua descendía por debajo del costado derecho de la Casa, al sur del altar. Luego me sacó por el camino de la puerta septentrional, y me hizo dar la vuelta por un camino exterior, hasta la puerta exterior que miraba hacia el oriente.

Allí vi que el agua fluía por el costado derecho. Cuando el hombre salió hacia el este, tenía una cuerda en la mano.

Midió quinientos metros y me hizo caminar a través del agua, que me llegó a los tobillos. Midió otros quinientos metros y me hizo caminar a través del agua, que me llegó a las rodillas. Midió otros quinientos metros y me hizo caminar a través del agua, que me llegó a la cintura.

Luego midió otros quinientos metros, y ya era un torrente que no pude atravesar, porque el agua había crecido: era un agua donde había que nadar, un torrente intransitable. El hombre me dijo: “¿Has visto, hijo de hombre?”, y me hizo volver a la orilla del torrente. Al volver, vi que a la orilla del torrente, de uno y otro lado, había una inmensa arboleda. Entonces me dijo: “Estas aguas fluyen hacia el sector oriental, bajan hasta la estepa y van a desembocar en el Mar. Se las hace salir hasta el Mar, para que sus aguas sean saneadas. Hasta donde llegue el torrente, tendrán vida todos los seres vivientes que se mueven por el suelo y habrá peces en abundancia. Porque cuando esta agua llegue hasta el Mar, sus aguas quedarán saneadas, y habrá vida en todas partes adonde llegue el torrente. Al borde del torrente, sobre sus dos orillas, crecerán árboles frutales de todas las especies. No se marchitarán sus hojas ni se agotarán sus frutos, y todos los meses producirán nuevos frutos, porque el agua sale del Santuario. Sus frutos servirán de alimento y sus hojas de remedio”.

Palabra de Dios.

COMENTARIO: El libro de Ezequiel está lleno de imágenes y símbolos. Es necesario, entonces, reconocer que en este texto, el agua que fluye es símbolo de vida. Esa agua la proporciona Dios, y se trata de la restauración del pueblo de Israel. Cuando el pueblo sea restaurado y recupere la vida que Dios mismo le dará, entonces se transformará también él en fuente de vida para los otros pueblos.

SALMO Sal 45, 2-3. 5-6. 8-9

R. ¡El Señor está con nosotros!

El Señor es nuestro refugio y fortaleza, una ayuda siempre pronta en los peligros. Por eso no tememos, aunque la tierra se conmueva y las montañas se desplomen hasta el fondo del mar. R.

Los canales del Río alegran la Ciudad de Dios, la más santa Morada del Altísimo. El Señor está en medio de ella: nunca vacilará. Él la socorrerá al despuntar la aurora. R.

El Señor de los ejércitos está con nosotros, nuestro baluarte es el Dios de Jacob. Vengan a contemplar las obras del Señor, él hace cosas admirables en la tierra. R.

VERSÍCULO Sal 50, 12. 14

Crea en mí, Dios mío, un corazón puro, y devuélveme la alegría de tu salvación.

EVANGELIO Jn 5, 1-3. 5-18

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan.

Se celebraba una fiesta de los judíos y Jesús subió a Jerusalén. Junto a la puerta de las Ovejas, en Jerusalén, hay una piscina llamada en hebreo “Betsata”, que tiene cinco pórticos. Bajo estos pórticos yacía una multitud de enfermos, ciegos, lisiados y paralíticos. Había allí un hombre que estaba enfermo desde hacía treinta y ocho años. Al verlo tendido, y sabiendo que hacía tanto tiempo que estaba así, Jesús le preguntó: “¿Quieres sanarte?”. Él respondió: “Señor, no tengo a nadie que me sumerja en la piscina cuando el agua comienza a agitarse; mientras yo voy, otro desciende antes”.

Jesús le dijo: “Levántate, toma tu camilla y camina”. En seguida el hombre se sanó, tomó su camilla y empezó a caminar.

Era un sábado, y los judíos dijeron entonces al que acababa de ser sanado: “Es sábado. No te está permitido llevar tu camilla”. Él les respondió: “El que me sanó me dijo: - Toma tu camilla y camina -. Ellos le preguntaron: “¿Quién es ese hombre que te dijo: «Toma tu camilla y camina»?”. Pero el enfermo lo ignoraba, porque Jesús había desaparecido entre la multitud que estaba allí. Después, Jesús lo encontró en el Templo y le dijo: “Has sido sanado; no vuelvas a pecar, de lo contrario te ocurrirán peores cosas todavía”. El hombre fue a decir a los judíos que era Jesús el que lo había sanado. Ellos atacaban a Jesús, porque hacía esas cosas en sábado. Él les respondió: “Mi Padre trabaja siempre, y yo también trabajo”. Pero para los judíos ésta era una razón más para matarlo, porque no sólo violaba el sábado, sino que se hacía igual a Dios, llamándolo su propio Padre.

Palabra del Señor.

COMENTARIO: La tradición popular otorgaba a las aguas de la piscina llamada «Betsata» propiedades curativas, por lo que mucha gente acudía a ella. Ante el hombre del relato,  que no podía beneficiarse de esta agua porque su mal lo tenía absolutamente atado, Jesús reemplaza el ritual popular con el poder de su palabra, que es también palabra de salvación.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Te ofrecemos, Señor, los dones que tú mismo nos diste; que sean para nosotros prueba de tu providencia en esta vida mortal y remedio eficaz para la inmortalidad. Por Jesucristo nuestro Señor.

ANTÍFONA DE COMUNIÓN Sal 22, 1-2

El Señor es mi Pastor, nada me puede faltar. En praderas cubiertas de verdor, él me hace descansar y me conduce a las aguas tranquilas.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Padre de bondad, purifica nuestros corazones y renuévalos con tus sacramentos, para que también nuestro cuerpo encuentre en ellos la fuerza para la vida presente y germen de su vida inmortal. Por Jesucristo nuestro Señor.

 

  REFLEXIÓN BÍBLICA

 

“Levántate, toma tu camilla y camina”.

Jn 5, 1-3a.5-18

Autor: Pedro Sergio Antonio Donoso Brant


1.      YACÍA UNA MULTITUD DE ENFERMOS, CIEGOS, LISIADOS Y PARALÍTICOS

Se celebraba una fiesta de los judíos y Jesús subió a Jerusalén. Jesús “subió” a Jerusalén dado que está a unos 750-800 metros de altura, de cualquier parte que se vaya hay que “subir.” Además, este término se vino a hacer usual para indicar los viajes a la Ciudad Santa en las tres grandes fiestas de peregrinación preceptuadas en la Ley.  Se trataría, en esta lectura, de una “fiesta” de las tres principales que se celebraban en Jerusalén: Pascua, Pentecostés o Tabernáculos, y a las que todo varón israelita debía presentarse en el templo (Ex 23:14-17; 34:23ss; Dt 16:16). En todo caso no se precisa cual,  porque dice “una fiesta de los judíos”.

San Juan, describe un baño público o piscina llamada en hebreo “Betsata”, que estaba situada “junto a la (puerta) Probática,” y cuya piscina “tenía cinco pórticos,” es decir, lugar cubierto, cuya techumbre está sostenida por columnas, dejando el resto descubierto. En estos pórticos yacía habitualmente una “multitud” de enfermos, dice el Evangelio; “Bajo estos pórticos yacía una multitud de enfermos, ciegos, lisiados y paralíticos” Esta multitud de enfermos no iba allí como a un lugar de cita o entretenimiento: los llevaba una esperanza de curación. “Esperaban el movimiento del agua.”  Pensemos que eran aguas termales, que se agitaban porque el chorro produjese ebullición y movimiento del agua, y al ingreso a ella, tuviese propiedades curativas.

Nos imaginamos la escena de aquella piscina pública llena de enfermos. Era una verdadera “multitud” de ellos la que estaba allí expectante ante el movimiento de aquellas aguas. Había entre ellos un hombre que llevaba enfermo treinta y ocho años. No dice el texto que estuviese allí los treinta y ocho años, aunque será lo más probable suponer que llevase allí, en las horas permitidas, ya mucho tiempo. La esperanza de su curación había de llevarle casi instintivamente allí, como a tantos otros.

2.      JESÚS,  DESCUBRE ENTRE LA MULTITUD A UN ENFERMO

No dice el evangelista la enfermedad que padeciese. Sólo dice que estaba allí en una camilla. Parece, pues, que se trataba de una forma más o menos acentuada de parálisis, pues no podía valerse totalmente, sino con gran dificultad, acaso arrastrándose. Jesús le ve, le mira en su camilla, y Al verlo tendido, y supo  qué hacía mucho tiempo que estaba así enfermo. Esto pudo saberlo Jesús por una información directa del enfermo. No obstante, la impresión del texto parece ser que se trata del conocimiento natural de Jesús de los hombres,  y es lo que parece sugerir cuando Jesús le encuentra, después de curado, en el templo y le dice que no vuelva a pecar para que no le suceda cosa peor.

Entonces Jesús,  descubre entre la multitud a un enfermo se para ante él, lo ve desamparado y necesitado de auxilio. Esto es algo natural en Jesús, se fija en los desamparados, en los más necesitados, en los imposibilitados y amorosamente los socorre. Conoce por su ciencia sobrenatural el origen de su enfermedad, la duración de la misma, porque la mirada de Jesús, penetra en lo más íntimo del corazón y lo descubre todo. Así, fija en él los ojos de su misericordia y le pregunta si quiere ser curado. Es una frase que iba cargada de sentido. Todo enfermo desea curar; su simple presencia en aquella piscina prodigiosa era una prueba de su deseo. Pero era esta pregunta un modo de despertar su fe y levantarle la esperanza. Mas el paralítico no piensa en una posibilidad de curación milagrosa por obra de su interlocutor. Entendió, por la pregunta que le hizo, si ponía los medios necesarios para obtener su curación en aquella piscina. Era su obsesión. Es lo que le responde el paralítico.

3.      LE HABÍA LLEGADO EL TURNO DE LOS PRODIGIOS DE DIOS

A este enfermo, así impedido para ensayar aquellos medios de hidroterapia, le había llegado el turno de los prodigios de Dios. Estaba estancado en su enfermedad para que en él se manifieste la gloria de Dios (Jn 9:3; 11:4). Por eso le dijo Jesús: "Levántate, toma tu camilla y camina". En seguida el hombre se sanó, tomó su camilla y empezó a caminar.”

Esta curación va a traer un conflicto con los fariseos, porque, cuando Jesús hizo este milagro, “era día de sábado.” La enseñanza del Génesis sobre el séptimo día (Gen 2:2.3) fue la base de la prescripción del descanso de toda obra en el día del sábado. Pero luego los rabinos añadieron a esta legislación una serie tal de interpretaciones, prescripciones y prevenciones tan casuísticas, que resultaban ridículas e inhumanas, yendo así contra el mismo espíritu de la legislación.

Así, entre otras muchas cosas, se prohibía frotar las manos (Mt 12:2), saltar, encender la lámpara; se había limitado el número de pasos que se podían andar (“camino de sábado”).; hasta se debía dudar en visitar a los enfermos, y, llegándose al caso, hasta prohibir las curas que supusieran algún movimiento de miembros;  si se desencajaba un pie, no se lo podía articular por nadie; ni estaba permitido por su propio movimiento meterlos en agua; sólo se permitía lavarlos por fuera, con lavado ordinario  Y entre los trabajos claves prohibidos en sábado estaba expresamente citado el transportar un objeto de un lugar a otro.

4.      "EL QUE ME SANÓ ME DIJO: “TOMA TU CAMILLA Y CAMINA"

Por eso, cuando los “judíos,” que en San Juan son frecuentemente los enemigos de Jesús, y que aquí deben de ser los dirigentes, estrechos y mal intencionados  ven aquel enfermo curado, y posiblemente rodeado de gentes que presenciaron el milagro, o que él mismo lo proclamaba con gestos y gritos de alegría, le decían insistentemente y conminaban que no le era lícito llevar la “camilla” en que había estado echado tanto tiempo.

Pero la respuesta del paralítico curado fue contundente: "El que me sanó me dijo: “Toma tu camilla y camina" No era una salida para librarse de responsabilidades con los fariseos, disculpándose con la orden recibida; era el buen sentido el que le hacía concluir, con lógica, la licitud de aquella acción.

Jesús no sólo lo cura, sino que además le manda llevarse su camilla, esto era para que el milagro fuese patente y para salir por los fueros de la caridad, contra la seca e inhumana casuística de los rabinos. También una camilla para un pobre era un factor de sus bienes. Para la sutileza rabínica era lícito transportar en sábado un enfermo acostado en una camilla, pero no la camilla sola.

5.      HAS SIDO SANADO; NO VUELVAS A PECAR

Ellos le preguntaron: "¿Quién es ese hombre que te dijo: “Toma tu camilla y camina”? Pero el enfermo lo ignoraba, no conocía su fisonomía, porque estaba  habitualmente encerrado en los pórticos de la piscina Probática y  porque Jesús había desaparecido entre la multitud que estaba allí. Después, Jesús lo encontró en el Templo y le dijo: "Has sido sanado; no vuelvas a pecar, de lo contrario te ocurrirán peores cosas todavía". El milagro causó fuerte conmoción. El paralítico curado debió de ir a los suyos, aunque algún celoso fariseo le hubiese impedido ir con su camilla a cuestas. Después pasó un tiempo indeterminado, que no debió de ser mucho. Y de una manera al parecer casual, pero que era providencial, Jesús encontró en el templo al paralítico curado, que había ido a la casa de Dios para agradecer el beneficio. El curado no conocía a Jesús; es éste quien le encuentra y se da a conocer.

El hombre fue a decir a los judíos que era Jesús el que lo había sanado. Ellos atacaban a Jesús, porque hacía esas cosas en sábado. Él les respondió: "Mi Padre trabaja siempre, y yo también trabajo".

6.      JESÚS  ESTARÁ AHÍ CON NOSOTROS

Jesús,  garantiza la autoridad que tiene para obrar así y  expone cómo el Hijo tiene toda su actuación en íntima unión con el Padre. Pero para los judíos ésta era una razón más para matarlo, porque no sólo violaba el sábado, sino que, además, se hacía igual a Dios, llamándolo su propio Padre.

Jesús, nos ha demostrado que él quiere curarnos, pero no lo hace hasta que nosotros lo deseemos y se lo pidamos. ¿Cómo?, con la oración, porque el que reza y le cuenta sus necesidades, con confianza y honestidad, recibirá su ayuda. Es en ese minuto cuando  nos damos cuenta como el Señor se preocupa por nosotros. Muchos nos podrán abandonar y no nos prestaran auxilio, pero Jesús  estará ahí con nosotros, a nuestro lado, con toda su bondad.

El Señor les Bendiga

Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

PARA LA LECTIO DIVINA  (3)

 

"¿QUIERES CURARTE?".

Sentado en los límites de la esperanza, sin poder comprometerse con la vida, desilusionado de los demás y con frecuencia también de la religión: así es el hombre de hoy, de siempre, al que Cristo viene a buscar allí donde se encuentra, paralizado por el sufrimiento, el pecado o por distintas circunstancias. Jesús sencillamente pregunta: "¿Quieres curarte?". Pregunta obvia, quizás, pero exige una respuesta personal que renueva interiormente y hace sentir la gran dignidad del hombre: su libertad y responsabilidad. Luego, sencillamente, dice: "Levántate: echa a andar... ". No por medio de ritos vacíos o por no sé qué agua milagrosa, sino por el poder de la Palabra de Dios que recrea, rompe las ataduras que aprisionan. No es nada la parálisis del cuerpo: hay ataduras mucho peores que atan el corazón al pecado. Por esta razón, Cristo ha dejado a la Iglesia la eficacia de su Palabra y la gracia que brota como un río de su costado abierto: agua viva del baño bautismal, que regenera y renueva al pecador; agua viva de las lágrimas del arrepentimiento, que suscita el Espíritu para absolver de todo vínculo de culpa al penitente; sangre derramada por aquel que fue perseguido a muerte por haber traído al mundo la salvación de Dios.

ORACION (3)

 

Ven, Señor Jesús a buscar a todo el que yace con el ánimo abatido, en la enfermedad de sus miembros, en la desesperación del pecado oculto. Ven a buscarme también a mí. Acércate a nosotros, oh Cristo, vuélvete a nosotros, uno por uno, para que en cada uno resuene la pregunta: "¿Quieres curarte?". Pídemelo también a mí. Ven a sumergirnos, Señor, en el profundo abismo de tu amor, que brota de tu corazón abierto como un río y corre, inagotable y potente, atravesando y renovando tiempos y espacios para desembocar en el Eterno. Ya me purificaste en la fuente bautismal: haz que viva fielmente en conformidad a los dones recibidos. Que pueda cada día cancelar las culpas cometidas con el agua de mis lágrimas: que me abran a la gracia del perdón nunca merecido, siempre humildemente implorado. Libre del pecado que me inmoviliza en una existencia carente de sentido, que pueda caminar anunciando que en ti todos pueden volver a encontrar la vida y sentirse hermanos.

SANTORAL (4)

 

SANTA EUFRASIA  382-412

Santa Eufrasia, más ilustre por su virtud que por su nobleza, nació en Constantinopla, hacia el 380, en tiempos del emperador Teodosio el Grande, con quien estaba emparentada. Sus padres, Antígono y Eufrasia, eran dechado de virtudes en la corte.

Todo el esmero de la virtuosa madre fue la educación cristiana de su hija. Le hablaba del amor a Jesucristo, de la salvación eterna, del horror al pecado, del santo temor de Dios. La niña Eufrasia aprendió tan bien la lección que a la tierna edad de cinco años era la admiración de todos.

Perdió a los cinco años a su padre.  Madre e hija marcharon a Egipto  buscando un retiro para dedicarse a Dios el resto de su vida.

Allí encontraron un convento de religiosas de perpetua clausura de vida muy santa y de mucha austeridad, según el espíritu eliano. Al convento acudían con frecuencia madre e hija para aprovecharse del ejemplo de sus virtudes y para cantar con ellas gozosamente las alabanzas del Señor.

La deliciosa niña, con una inteligencia superior a su edad, pues apenas tenía diez años, como inspirada por Dios, decidió quedarse en aquel convento para siempre. Se hincó de rodillas ante un Crucifijo, lo abrazó tiernamente, y exclamó: "Yo me consagro a Vos para siempre, dulce Jesús mío. No saldré de este convento, porque no quiero otro esposo que a Vos".

La madre, deshecha en lágrimas de alegría, al ver la precoz generosidad de su hija, la abrazó con ternura, y ella misma ofreció también a Dios aquella inocente víctima. Poco después, la madre, debilitada por sus muchas austeridades, se durmió en el Señor. Ella y su esposo están canonizados.

Su hija la lloró con lágrimas de consuelo y esperanza. Y unida ya con más estrechos lazos al cielo que a la tierra, redobló sus fervores, aumentó sus penitencias y buscaba los oficios más humildes.

Para probar su virtud, permitió el Señor que fuera acosada por la envidia y celos de alguna religiosa, sobre todo por una que se llamaba Germania, que la trató de hipócrita y ambiciosa. La respuesta de nuestra dulce Eufrasia fue arrojarse a sus pies, y con la mayor humildad le pidió perdón, a la vez que le suplicaba por amor de Dios que rogase por ella.

El Señor se había prendado de su fiel esposa, y hacia el año 410, ocupando la silla de San Pedro el papa Inocencio I, cuando Eufrasia frisaba los treinta años de edad, coronó su vida santa con una preciosa muerte. Todo el mundo decía que había sido un ángel desterrado del cielo.

 

FUENTES DE LA PAGINA

 

La Pagina de la Misa Diaria, esta preparada y es enviada por Pedro S. A. Donoso Brant ocds, desde Santiago de Chile, como un servicio de apostolado, amor por Nuestro Señor Jesucristo y por la Iglesia. Les ruego su oración, para que pueda mantenerse este servicio y subsidio, dando gracias a nuestro Dios que tanto nos ama.

Nota: Para la Liturgia de la Palabra, utilizo “Liturgia Cotidiana” de Ediciones San Pablo, para el estudio y comentario de la Palabra, utilizo los textos de la Biblia Nácar-Colunga, (SBNC) y/o Biblia de Jerusalén (SBJ),

(3) Para la Lectio Divina, Lectio Divina para cada día del año, de Giorgio Zevini y Pier Giordano Cabra (Eds.) y/o, Intimidad Divina, Fr. Gabriel de Santa M. Magdalena ocd,

(4) Santoral preparado por la Parroquia de la Sagrada Familia de Vigo.

ESTA PERMITIDO EL RE-ENVIO, LA COPIA Y LA PUBLICACIÓN DE ESTA PAGINA, SOLO DEBE INDICARSE EL AUTOR Y LAS FUENTES DE ORIGEN

 

 

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