Misa Diaria, Ciclo C

MISA DIARIA DE CAMINANDO CON JESUS

"La Eucaristía es fuente y culmen de toda la vida cristiana" (LG 11)

Página de Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

20 años en Internet

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16-09-2018

EDICION N.º MD 7.316

LITURGIA DE LA HORAS

 

DOMINGO XXIV

NO RETIRÉ MI ROSTRO CUANDO ME ULTRAJABAN Y ESCUPÍAN. (Is 50, 5-9). ANTE EL MISTERIO DE LA CRUZ, JESÚS NO SE ECHA ATRÁS(Mc 8, 27-35)

bto24Con el domingo vigésimo cuarto llegamos al final de la primera parte del evangelio de Marcos. Una vez reconocido como Mesías por Pedro, Jesús precisa de qué tipo de Mesías se trata: es el “Siervo de Yahvé” que se entrega en obediencia a los planes del Padre confiando totalmente en su protección (Is 50, 5-9). El discípulo no sólo debe confesar rectamente su fe a un Mesías crucificado y humillado, sino que debe seguirle fielmente por su mismo camino de donación, de entrega y de renuncia. Todo lo que sea salirse de la lógica de la cruz es deslizarse por los senderos de la lógica satánica.

Una vez desvelado el destino de sufrimiento y muerte que le corresponde como Hijo del Hombre, Jesús emprende su camino hacia Jerusalén, lugar donde han de verificarse los hechos por Él mismo profetizados. A lo largo de este camino Jesús va manifestando más abierta y detalladamente su destino doloroso y el estilo que deben vivir sus seguidores.

Ante el misterio de la cruz, Jesús no se echa atrás. Al contrario, se ofrece libre y voluntariamente, se adelanta ofrece la espalda a los que le golpean. En el evangelio de hoy aparece el primero de los tres anuncios de la pasión: Jesús sabe perfectamente a qué ha venido y no se resiste. ¿Acepto yo de buena gana la cruz que aparece en mi vida? ¿O me rebelo frente a ella?

La raíz de esta actitud de firmeza y seguridad de Jesús es su plena y absoluta confianza en el Padre. “Pero el Señor viene en mi ayuda: por eso, no quedé confundido” (Is 50, 5-9). Si tenemos que reconocer que todavía la cruz nos echa para atrás es porque no hemos descubierto en ella la sabiduría y el amor del Padre. Jesús veía en ella la mano del Padre y por eso puede exclamar: sé muy bien que no seré defraudado (Is 50, 5-9). Y esta confianza le lleva a clamar y a invocar al Padre en su auxilio.

Al fin y al cabo, nuestra cruz es más fácil: se trata de seguir la senda de Jesús, el camino que Él ya ha recorrido antes que nosotros y que ahora recorre con nosotros. Pero es necesario cargarla con firmeza. La cruz de Jesús supuso humillación y desprestigio público, y es imposible ser cristiano sin estar dispuesto a aceptar el desprecio de los hombres por causa de Cristo, por el hecho de ser cristiano. “Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí y por la Buena Noticia, la salvará".

Para ver la Reflexión completa de las 3 lecturas y el salmo de la Liturgia de este domingo XXIII, pinchar este link: (Enlace): PALABRA DE DIOS

 

 

I.  RITOS INICIALES

ANTÍFONA DE ENTRADA Cf. Eclo 36, 18

Señor, concede la paz a los que esperan en ti, para que se compruebe la veracidad de tus profetas. Escucha la oración de tu servidor y la de tu pueblo Israel.

ACTO PENITENCIAL

·         Tú, entregaste tu cuerpo a quienes te golpeaban. Señor, ten piedad.

·         Tú, quieres que nuestra fe se demuestre en obras, Cristo, ten piedad.

·         Tú, eres el Mesías, el Ungido de Dios. Señor, ten piedad.

ORACIÓN COLECTA

Míranos, Dios nuestro, creador y Señor del universo, y concédenos servirte de todo corazón, para experimentar los efectos de tu amor. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

SE DICE GLORIA A DIOS

Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor. Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso. Señor, Hijo único, Jesucristo. Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra suplica; tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros; porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre. Amén.

II. LITURGIA DE LA PALABRA

PRIMERA LECTURA Is 50, 5-9a

Sólo la confianza puesta en Dios permite afrontar el desprecio y el ataque que recibe el servidor de Yahvé. No hay condena para este servidor, porque quienes lo atacan no perdurarán; en cambio, el servidor vivirá con Dios.

Lectura del libro de Isaías.

El Señor abrió mi oído y yo no me resistí ni me volví atrás. Ofrecí mi espalda a los que me golpeaban y mis mejillas, a los que me arrancaban la barba; no retiré mi rostro cuando me ultrajaban y escupían. Pero el Señor viene en mi ayuda: por eso, no quedé confundido; por eso, endurecí mi rostro como el pedernal, y sé muy bien que no seré defraudado. Está cerca el que me hace justicia: ¿quién me va a procesar? ¡Comparezcamos todos juntos! ¿Quién será mi adversario en el juicio? ¡Que se acerque hasta mí! Sí, el Señor viene en mi ayuda: ¿quién me va a condenar?

Palabra de Dios.

SALMO Sal 114, 1-6. 8-9

En medio del dolor, viene la ayuda del Señor, por eso el salmo canta la gratitud de quien se siente socorrido por Dios, entonces aclámanos: R. Caminaré en la presencia del Señor.

R. Caminaré en la presencia del Señor.

Amo al Señor, porque él escucha el clamor de mi súplica, porque inclina su oído hacia mí, cuando yo lo invoco.

R. Caminaré en la presencia del Señor.

Los lazos de la muerte me envolvieron, me alcanzaron las redes del Abismo, caí en la angustia y la tristeza; entonces invoqué al Señor: "¡Por favor, sálvame la vida!"

El Señor es justo y bondadoso, nuestro Dios es compasivo; el Señor protege a los sencillos: yo estaba en la miseria y me salvó.

Él libró mi vida de la muerte, mis ojos de las lágrimas y mis pies de la caída.

Yo caminaré en la presencia del Señor, en la tierra de los vivientes.

SEGUNDA LECTURA Sant 2, 14-18

La fe no es una excusa para desentenderse de las necesidades de los hermanos y de las hermanas. Por el contrario, la fe sólo se manifiesta en las obras concretas que hacemos por aquellos que padecen alguna necesidad. Conocida y repetida por nosotros es la expresión usada respecto a los pobres: "Los pobres no pueden esperar", porque según la promesa de Jesús a Judas "los tendremos siempre con nosotros".

Lectura de la carta de Santiago.

¿De qué le sirve a uno, hermanos míos, decir que tiene fe, si no tiene obras? ¿Acaso esa fe puede salvarlo? ¿De qué sirve si uno de ustedes, al ver a un hermano o una hermana desnudos o sin el alimento necesario, les dice: "Vayan en paz, caliéntense y coman", y no les da lo que necesitan para su cuerpo? Lo mismo pasa con la fe: si no va acompañada de las obras, está completamente muerta. Sin embargo, alguien puede objetar: "Uno tiene la fe y otro, las obras". A éste habría que responderle: "Muéstrame, si puedes, tu fe sin las obras. Yo, en cambio, por medio de las obras, te demostraré mi fe".

Palabra de Dios.

ALELUYA Gál 6, 14

Aleluya. Yo sólo me gloriaré en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo está crucificado para mí, como yo lo estoy para el mundo. Aleluya.

EVANGELIO Mc 8, 27-35

Jesús es reconocido como Mesías. Él mismo nos muestra su verdadero mesianismo. No es el Mesías autoritario, ni el Mesías del éxito aparente, sino el que como el servidor de Yahvé, sufrirá el rechazo y la oposición. Él es fiel y coherente con su misión, aunque esto traiga como consecuencia el ataque de los poderosos y de los falsos Mesías. Como Pedro, también nosotros nos vemos tentados de abandonar el camino del Reino, para no tener que sufrir el rechazo. Cuando la cruz es la consecuencia de ser fieles al Reino, no es un fracaso, sino que es camino para la vida.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos.

Jesús salió con sus discípulos hacia los poblados de Cesarea de Filipo, y en el camino les preguntó: "¿Quién dice la gente que soy yo?" Ellos le respondieron: "Algunos dicen que eres Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los profetas". "Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?" Pedro respondió: "Tú eres el Mesías". Jesús les ordenó terminantemente que no dijeran nada acerca de él. Y comenzó a enseñarles que el Hijo del hombre debía sufrir mucho y ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas; que debía ser condenado a muerte y resucitar después de tres días; y les hablaba de esto con toda claridad. Pedro, llevándolo aparte, comenzó a reprenderlo. Pero Jesús, dándose vuelta y mirando a sus discípulos, lo reprendió, diciendo: "¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres". Entonces Jesús, llamando a la multitud, junto con sus discípulos, les dijo: "El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí y por la Buena Noticia, la salvará".

Palabra del Señor.

SE DICE EL CREDO

Creo en Dios Padre todopoderoso. Creador del cielo y de la tierra. Y en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor; que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen; padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos; al tercer día resucitó de entre los muertos; subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre todopoderoso; desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos.

Creo en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia Católica, la comunión de los Santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne, y la vida eterna. Amén.

ORACIÓN DE LOS FIELES

Celebrante: Invoquemos a Dios que nos ha dado a Cristo su Hijo como Redentor nuestro y digámosle:

Ten piedad y escúchanos.

·      Por los cristianos del nuevo milenio: que nunca nos avergoncemos de nuestra fe ni rebajemos nuestra radicalidad. Oremos al Señor.

·      Por el Papa: que en comunión con los obispos acompañe al Pueblo de Dios con solicitud pastoral. Oremos al Señor.

·      Por los que tienen poder para promover la paz: que dejen de lado los intereses de las minorías privilegiadas y promuevan la justicia y el bien común. Oremos al Señor.

·      Por los que son atormentados, perseguidos o calumniados: que Dios se les manifieste con su fuerza salvadora. Oremos al Señor.

·      Por los que sufren soledad, enfermedad o falta de amor: que sean consolados y encuentren ayuda. Oremos al Señor.

·      Por nosotros: que nuestra fe sea el fundamento de nuestro compromiso real con los más pobres. Oremos al Señor.

Celebrante: Ten piedad de tu pueblo, Señor, y escucha sus oraciones que surgen de un corazón que quiere amarte y servirte. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.

Amén.

III. LITURGIA EUCARISTICA

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Escucha, Padre, nuestras súplicas y recibe con bondad estas ofrendas de tu Pueblo, a fin de que los dones presentados por cada uno en honor de tu Nombre aprovechen a todos para su salvación.

Por Jesucristo nuestro Señor.

PREFACIO DOMINICAL

ANTÍFONA DE COMUNIÓN Cf. 1Cor 10, 16

¡Qué inapreciable es tu misericordia, Señor! Los hombres se refugian a la sombra de tus alas.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Te rogamos, Dios nuestro, que el don celestial que hemos recibido impregne nuestra alma y nuestro cuerpo, para que nuestras obras no respondan a impulsos puramente humanos sino a la acción de este sacramento. Por Jesucristo, nuestro Señor.

IV. RITO DE CONCLUSIÓN

Bendición final

  REFLEXIÓN BÍBLICA

 

“¿quién dice la gente que soy yo?”

Mc 8, 27-35

Autor: Pedro Sergio Antonio Donoso Brant


1.  CRISTO SE DIRIGE “A LAS ALDEAS DE CESÁREA DE FILIPO

Marcos sitúa esta escena cuando Cristo se dirige “a las aldeas de Cesárea de Filipo”. Marcos, lo mismo que Lucas, sólo traen en este lugar el relato que hacen los apóstoles sobre quién dicen las gentes que sea Él, y la confesión de Pedro proclamando que Jesús es “el Cristo,” el Mesías. Ambos traen también la prohibición que les hace para que no digan que Él es el Cristo. Mira siempre a evitar exaltaciones mesiánicas prematuras.

Aunque en diversas escenas anteriores, relatadas por Marcos, los “endemoniados” lo proclaman Mesías, en los apóstoles se ve un retraso en su comprensión. Puede ser que haya escenas “anticipadas” o a las que se les haya prestado un contenido posterior, ya que, en los “endemoniados,” el objetivo directo es la supremacía de Cristo sobre los demonios, con lo que el mesianismo se presenta en Israel: así al reconocerlo ellos y vencerlos, se acusaba, literariamente, aún más su triunfo.

2.  "¿QUIÉN DICE LA GENTE QUE SOY YO?"

Es en este lugar de Cesárea de Filipo, es el momento cuando Jesús, dirigiéndose a los discípulos, les hace abiertamente esta pregunta: ¿Quién dice la gente que soy yo? Jesús no lo ignoraba por su conocimiento sobrenatural, pero también lo que pensaba la gente de Él lo sabía, como los apóstoles, por el rumor popular. ¿Por qué les pregunta primeramente a ellos lo que piensan de Él las gentes?

El contacto de los apóstoles con las muchedumbres a causa de la predicación y milagros de Jesús les había hecho recibir toda clase de impresiones en torno a esto. Las que recogieron eran éstas: Unos, que Juan Bautista; otros, que Elías, y otros, que uno de los profetas. Jesús, para unos, era Juan Bautista, sin duda resucitado, como sostenía el mismo Herodes Antipas. Pues esta opinión había cobrado cuerpo entre el pueblo, ya que Lucas mismo dice que Antipas estaba preocupado con la presencia de Jesús, puesto que algunos decían que era Juan, que había resucitado de entre los muertos (Lc 9:7).

3.  "ALGUNOS DICEN QUE ERES JUAN EL BAUTISTA; OTROS, ELÍAS; Y OTROS, ALGUNO DE LOS PROFETAS"

Para otros, Jesús era Elías. Lucas recoge en otro lugar esta creencia popular. Jesús era, para diversos grupos, Elías, que había aparecido (Lc 9:8). Según la estimación popular, Elías no había muerto, y debía venir para manifestar y ungir al Mesías.

Otros piensan que fuese Jeremías (Mateo). El profeta Jeremías era considerado como uno de los grandes protectores del pueblo judío, sobre todo por influjo del libro II de los Macabeos (2:1-12). Pero no pasaba por un precursor del Mesías. Mateo ya hizo referencia a él (2:17). Acaso se lo cita por el simple prestigio que tenía en el judaísmo, y del que se podrían esperar cosas extraordinarias.

Por último, sin saber a ciencia cierta quién sea, para muchos era algún profeta de los antiguos, que ha resucitado (Lucas). Era el poder milagroso de Jesús el que los hacía creer en la resurrección de un muerto (Mt 14:2; Mc 6:14).

No deja de extrañar el que los apóstoles no citen, tomado de la opinión de las gentes, el que El fuese o pudiese ser el Mesías.

4.  "Y USTEDES, ¿QUIÉN DICEN QUE SOY YO?"

Así fue como ellos le respondieron: “Algunos dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los profetas. Y preguntó, "Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?"

Por eso, después de oír lo que las gentes pensaban de Él, se dirige a los apóstoles para preguntarles abiertamente qué es lo que, a estas alturas de su vida y de su contacto de dos años con El, han captado a través de su doctrina, de su conducta, de sus milagros. Era un momento sumamente trascendental. Si no fuera que Jesús tenía un conocimiento de todo por su ciencia sobrenatural, se diría que esperaba impaciente la respuesta de sus apóstoles.

Los tres sinópticos no dicen la respuesta que hayan podido tener éstos. Sólo recogen la respuesta que le dirigió Pedro. Todos los detalles se acumulan en la narración de Mateo para indicar no sólo la precisión que interesa destacar, sino con ella acusar la solemnidad del momento y la trascendencia del acto.

5.  PEDRO RESPONDIÓ: "TÚ ERES EL MESÍAS".

Mientras Marcos y Lucas presentan sin más a Pedro, Mateo lo precisa ya de antemano como Simón Pedro. En efecto, Pedro tenía por nombre Simón (Mateo 4:18 y par.). En Juan se lee que Jesús, al ver por vez primera a Simón, le anunció que será llamado Pedro (Jn 1:42). Ya desde un principio, Jesús puso en Simón la elección para Pedro, para ser piedra El conservar aquí los dos nombres es sumamente oportuno.

La confesión de Pedro es expresada así: Pedro respondió: "Tú eres el Mesías". Aquí se confiesa por Pedro la mesianidad y la divinidad de Jesús. Al decir que es el Mesías, indica su relación supereminente de autoridad con Dios — el Padre — que lo envía.

Pedro, desde su primer encuentro con Jesús, deja al descubierto, por una parte, la amistad no disimulada del Maestro, y por otra, la entrega sin reservas a su servicio o compañía, es así como Pedro sabe quién es Jesús, el Mesías, el Hijo de Dios.

6.  JESÚS LES ORDENÓ TERMINANTEMENTE QUE NO DIJERAN NADA ACERCA DE ÉL

En este fragmento del Evangelio de Marcos, Jesús solo le dice: “Jesús les ordenó terminantemente que no dijeran nada acerca de él”, sin embargo según Mateo (Mt 16:13-20), Jesús le dijo: ¡Dichoso tú, Simón, hijo de Juan!, porque eso no te lo ha revelado ningún mortal, sino mi Padre que está en los cielos.

La respuesta de Jesús tiene dos partes bien marcadas: la primera es una felicitación a Pedro por la revelación tenida. La felicitación de Jesús a Simón es porque esta confesión no se la reveló ni la carne ni la sangre, con la que se expresa el ser humano. Tal era la grandeza de este misterio, que su revelación se la hizo su Padre celestial. Se trata, pues, de un misterio desconocido a Pedro, y un misterio que no podía, sin revelación, ser alcanzado por la carne y sangre — el hombre — Entonces, este conocimiento no es por su capacidad humana, es un don de Dios. En efecto, Pedro alcanzó este conocimiento por la fe.

Y les ordenó a sus discípulos que no dijeran a nadie que él era el Mesías. Los tres sinópticos añadirán, después de esto, que Jesús prohibió a los discípulos que a nadie dijesen que Él era el Mesías, Dada la efervescencia mesiánica que había, y que se había ya manifestado en orden a Jesús, hasta querer las multitudes arrebatarlo para llevarlo a Jerusalén y proclamarle, sin duda en el templo, “Rey,” Mesías (Jn 6:15), se imponía no contribuir a excitar a las gentes ni precipitar los acontecimientos. Había que esperar la hora de Dios.

7.  JESUS COMENZÓ A ENSEÑARLES

“Y comenzó a enseñarles que el Hijo del hombre debía sufrir mucho y ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas”. Marcos resalta (es el único que lo dice), que Jesús les enseñaba sobre la predicción de; su pasión y muerte con mucha claridad. Otro detalle del Señor es que le anuncia “resucitar después de tres días”, en otros relatos aparece como “en el tercer día.” Claramente les hablaba de esto. Era un momento ya oportuno. Había que corregirles el concepto erróneo del medio ambiente. No era el Mesías político nacionalista que los judíos y ellos esperaban (hechos 1:6).

Era el Mesías profético del dolor: el “Siervo de Yahvé” de Isaías. Por eso les anuncia: Que éste es el plan de Dios, para esto ha de ir a Jerusalén: “No puede ser que un profeta muera fuera de Jerusalén” (Lc 13:33), y que allí será condenado por “los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas” (Mateos), además allí “sufrirá mucho” y será “entregado a la muerte.” Pero “al tercer día resucitará.

8.  "¡RETÍRATE, VE DETRÁS DE MÍ, SATANÁS!

Entonces “Pedro, llevándolo aparte, comenzó a reprenderlo” y trató de disuadirlo.  Pero Jesús, dándose vuelta y mirando a sus discípulos; “lo reprendió, diciendo: "¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres".

La respuesta de Jesús a Pedro es que no sea para El un Satanás, el gran enemigo del reino. Por eso, la proposición de Pedro, nacida de ignorancia y de afecto, era para el Señor un obstáculo de seguirla, para no cumplir el mesianismo de dolor, que era el plan del Padre. No es de extrañar en Pedro una dificultad para aceptar aquellas profecías de Jesús. Pedro conocía y confesaba la mesianidad de Jesús, pero algo deformada por los prejuicios rabínicos que el antes había oído sobre un Mesías triunfador y nacionalista, entonces no le era fácil aceptar la imagen de un Mesías doliente, humillado y crucificado por los jefes de la nación. Así es como Jesús le hace ver que habla al modo humano y, que elude el dolor.

Jesús debía padecer y morir, ese era el Plan de Dios, pero ese sufrimiento había de ser la causa de nuestra salvación.

Como a Pedro, nos sucede lo mismo, el no entendía las cosas de Dios, del mismo modo, por no situarnos en el Plan del Padre, se nos hace difícil entender sus obras. Tenemos necesidad de despojarnos de los criterios del hombre y adoptar solo y únicamente el de Jesucristo.

9.  EL QUE QUIERA VENIR DETRÁS DE MÍ, QUE RENUNCIE A SÍ MISMO, QUE CARGUE CON SU CRUZ Y ME SIGA.

En este fragmento del Evangelio, Cristo nos hace reflexionar profundamente, El advierte a la muchedumbre y a sus discípulos sobre cuáles son las condiciones que deben tenerse en cuenta para seguirlo. "El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga”. Las advertencias van dirigidas a los que quieran ingresar en su reino. Es verdad que, si la invitación se hace a las gentes que les seguía, también se hace a los discípulos, lo que parecería dársele un valor no sólo de ingreso, sino de actividad ya en el reino. Será lo que haga, destacando más este aspecto moralista, al decir que es necesario negarse a sí mismo cada día (Lc 9:23), sin duda incluido en la invitación de Marcos al ingreso en el reino. Dice el Señor; “que cargue con su cruz y me siga”. Las escenas de crucifixiones no eran raras en aquel tiempo. La imagen se evocaba del medio ambiente. Pero no sería improbable que aquí el “tomar su cruz” y “sígame” esté matizado por el ejemplo de Cristo en la Vía Dolorosa.

10.           EL QUE PIERDA SU VIDA POR MÍ Y POR LA BUENA NOTICIA, LA SALVARÁ

El motivo por el que ha de perderse la vida, si fuere preciso, “el que pierda su vida por mí”,  es “por el Señor”. Se señala en los Evangelios de Mateo y Lucas, “por mi causa, y este fragmento Marcos añade también “por la Buena Noticia”, es decir por Evangelio, de alguna forma se ve ya la aplicación de esta enseñanza de Cristo ante persecuciones cristianas.

Marcos, del mismo modo como lo hacen Mateo y Lucas, destaca la importancia de la persona de Cristo. Por Él ha de perderse, si es preciso, la vida. Esto da a Cristo, máxime en todo el contexto, un valor de trascendencia: todo ha de subordinarse a Él.

Se habla aquí de “Perder su vida” Algunas traducciones ponen; “Alma” ya que es el conocido semitismo que significa “vida.” Dice el Evangelio de Mateo: ¿qué puede dar el hombre a cambio de su vida? (Mt 16,16), este un proverbio. Pero en el caso presente según el Evangelio de Marcos, este se refiere a la vida eterna. “El que pierda su vida por mí….la salvará".

El Señor les Bendiga, Cristo Jesús, viva en nuestros corazones

Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

PARA LA LECTIO DIVINA  (3)

 

¿QUIÉN ES PARA MÍ JESÚS?

La pregunta nos viene dirigida directamente. Nosotros somos hoy los discípulos que, habiendo vivido con Jesús, están invitados a pronunciarse sobre él. Puede resultar sencillo repetir una fórmula aprendida en el catecismo o asumir una posición aceptable por la mayoría sin una excesiva implicación personal: Jesús es el Señor, Jesús es un gran hombre, Jesús es el protector de los débiles...

¿Quién es para mí Jesús? Toda respuesta suena vacía si no afecta a mi vida, si no expresa mi compromiso con él. Sí, Jesús es el Hijo de Dios hecho hombre, el que nos ha revelado el amor del Padre por todos y en particular por los indefensos. Reconocerle y aceptarle como tal, invocarle como Señor, adquiere su significado pleno si, en consecuencia, le sigo en su camino. El amor que Jesús nos da y nos hace conocer es el amor de quien da la vida por los otros y paga cualquier precio con tal de permanecer fiel a ese amor. Jesús es verdaderamente nuestro Señor, si nosotros, dejando de lado nuestros proyectos mezquinos, asumimos el suyo, sin dejarnos condicionar por la mentalidad corriente, absolutamente centrada en el beneficio y en el culto a nosotros mismos.

Nuestras obras expresan la verdad de nuestra decisión, de nuestra respuesta a la pregunta sobre la identidad de Jesús.

ORACION (3)

 

Perdóname, Señor Jesús: también hoy he tenido miedo del rechazo y de la burla. No he conseguido seguirte en tu camino y me he rebajado a pactos con los criterios que, en este mundo, permiten estar de la parte de los vencedores. Tú elegiste el amor y fuiste escarnecido, no te creyeron y, por último, te mataron. Nunca dejaste de amar ni de demostrar amor: lo que decías lo ponías en práctica. Fuiste un derrotado para las crónicas mundanas, pero en el silencio de una aurora de primavera, resucitaste de la muerte. El amor, nos dijiste, es la única salvación, y creer en ti derrota todo abuso, todo egoísmo tiránico.

Perdóname, Señor Jesús, cuando expreso mi fe sólo de palabra, cuando me refugio en el escondite del «así hacen todos», en vez de saborear los espacios abiertos de tus caminos, a lo largo de los cuales se experimenta la alegría de dar la vida por los hermanos.

SANTORAL

 

SAN CORNELIO Y SAN CIPRIANO   S. III

San Cipriano, obispo de Cartago, fue decapitado el 14 de septiembre del 258. Refugiado desde hacía algún tiempo en el campo, había regresado a Cartago para sufrir el martirio puesto que, como escribía, «conviene que sea en la ciudad, al frente de cuya Iglesia se halla, donde el obispo confiese al Señor para que de este modo la irradiación de su confesión represente la de todo el pueblo». Le acompañó una gran muchedumbre hasta el lugar de la ejecución, y su muerte revistió toda la majestuosidad de una solemne liturgia. Cipriano es el modelo ideal del obispo católico. Como cabeza de una comunidad, para quien la Iglesia es «un pueblo que forma una única cosa con su sacerdote», se halló siempre en la brecha para sostener los ánimos que desfallecían, para animar a los hermanos condenados a las minas o al destierro y para reconciliar a los caídos; llevaba consigo, al igual que San Pablo, el cuidado de todas las Iglesias y la obsesión de su unidad. Más tarde, cuando le llegó el momento, acogió su condena a muerte con un vibrante: ¡Deo gratias!.

Cipriano estaba unido por los lazos de la amistad con el papa Cornelio que murió algunos años antes desterrado en Civitavecchia, tras un breve pontificado (250-253): «En caso de que Dios le haga a uno de nosotros la gracia de que muera pronto - había escrito Cipriano a Cornelio - que nuestra amistad continúe junto al Señor». Al no separar el recuerdo de ambos, la Iglesia perpetúa la memoria de semejante amistad.

En tiempo de las persecuciones romanas, algunos cristianos primitivos renunciaron a su fe. Muchos de nosotros, teniendo que escoger entre los leones y un juramento al emperador, habríamos hecho lo mismo. Sin embargo, cuando las persecuciones finalizaron, algunos que habían abandonado la Iglesia quisieron volver.

Algunos cargos de la Iglesia creían que cualquier que hubiera negado la fe estaba de mala suerte. Si te sales una vez, es para siempre, sostenían. Otros creían que a quienes habían abandonado se les debía permitir volver, aunque sólo tras ardua penitencia. Aún había otros que creían que debía acogerse de vuelta a todo el mundo sin hacer preguntas.

San Cornelio fue Papa durante este periodo de gran controversia. Las cosas se caldearon tanto finalmente que convino un sínodo, el cual determinó que quienes habían saltado del barco, por así decirlo, podrían volver a bordo a través de los medios usuales del sacramento de la penitencia.

En cierto sentido, San Cornelio es el santo de las segundas oportunidades. Dado que todos cometemos errores, todos necesitamos una segunda oportunidad alguna vez en nuestra vida. Metemos la pata hasta el fondo, y no podemos hacer ya otra cosa sino decir que lo sentimos y pedir perdón. Aunque los otros seres humanos puedan no siempre estar tan predispuestos, Dios siempre está dispuesto a recibirnos de nuevo. La única cosa capaz de separamos del amor de Dios es nuestra propia obstinación y nuestro rehúse a pedir perdón.

 

FUENTES DE LA PAGINA

 

La Página de la Misa Diaria, está preparada y es enviada por Pedro S. A. Donoso Brant, desde Santiago de Chile, como un servicio de apostolado, amor por Nuestro Señor Jesucristo y por la Iglesia. Les ruego su oración, para que pueda mantenerse este servicio y subsidio, dando gracias a nuestro Dios que tanto nos ama.

Nota: Para la Liturgia de la Palabra, utilizo “Liturgia Cotidiana” de Ediciones San Pablo, para el estudio y comentario de la Palabra, utilizo los textos de la Biblia Nácar-Colunga, (SBNC) y/o Biblia de Jerusalén (SBJ),

(3) Para la Lectio Divina, Lectio Divina para cada día del año, de Giorgio Zevini y Pier Giordano Cabra (Eds.) y/o, Intimidad Divina, Fr. Gabriel de Santa M. Magdalena ocd,

(4) Santoral preparado por la Parroquia de la Sagrada Familia de Vigo.

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