Misa Diaria, Ciclo C

MISA DIARIA DE CAMINANDO CON JESUS

"La Eucaristía es fuente y culmen de toda la vida cristiana" (LG 11)

Página de Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

21 años en Internet

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Fecha: 16-09-2019

Edición Nº  MD 7.670

 

Santos Cornelio y Cipriano

Cornelio, natural de Roma, fue elegido papa en el 251, después de un período sin pontífice a causa de la persecución del emperador Decio, durante el cual había gobernado la Iglesia el sacerdote Novaciano. Este se opuso a la elección de Cornelio, porque acogía con misericordia a los apóstatas convertidos, y se provocó la división entre los cristianos de Roma. Murió exiliado y martirizado en Civitavecchia durante la persecución de Treboniano Galo.

Cipriano, era un pagano convertido. Fue consagrado obispo de Cartago (África) hacia el 249, y se encontró con el mismo problema que Cornelio: readmitir o no a los apóstatas arrepentidos. Era de la misma opinión que Cornelio y lo apoyó en contra de Novaciano. Con este motivo Cornelio y Cipriano mantuvieron una asidua correspondencia epistolar. Convocó el sínodo de Cartago, en el cual prevaleció su criterio de la misericordia. Fue martirizado en la persecución de Valeriano el año 258 por negarse a apostatar de la fe cristiana.

ANTÍFONA DE ENTRADA

Los santos derramaron su sangre por el Señor, amaron a Cristo en su vida, lo imitaron en su muerte y por eso merecieron la corona de gloria.

ORACIÓN COLECTA

Dios nuestro, que diste a tu pueblo como pastores solícitos y mártires invictos a los santos Cornelio y Cipriano, por su intercesión fortalece nuestra fe y constancia, y concédenos trabajar generosamente por la unidad de la Iglesia. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

LECTURA 1 Tim 2, 1-8

COMENTARIO: La oración es un punto de unidad y encuentro para la comunidad, según el apóstol Pablo, por eso les da a conocer una metodología, en la carta a Timoteo, que los ayude a no descuidar nada ni nadie al momento de elevar las súplicas, peticiones, intercesiones y acciones de gracias al Padre.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo.

Querido hijo: Ante todo, te recomiendo que se hagan peticiones, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos los hombres, por los soberanos y por todas las autoridades, para que podamos disfrutar de paz y de tranquilidad, y llevar una vida piadosa y digna. Esto es bueno y agradable a Dios, nuestro salvador, porque él quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad. Hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres: Jesucristo, hombre él también, que se entregó a sí mismo para rescatar a todos. Éste es el testimonio que él dio a su debido tiempo, y del cual fui constituido heraldo y apóstol para enseñar a los paganos la verdadera fe. Digo la verdad, y no miento. Por lo tanto, quiero que los hombres oren constantemente, levantando las manos al cielo con recta intención, sin arrebatos ni discusiones.

Palabra de Dios.

SALMO Sal 27, 2. 7-9

R. ¡Oye la voz de mi plegaria, Señor!

Oye la voz de mi plegaria, cuando clamo hacia ti, cuando elevo mis manos hacia tu santuario.

R. ¡Oye la voz de mi plegaria, Señor!

El Señor es mi fuerza y mi escudo, mi corazón confía en él. Mi corazón se alegra porque recibí su ayuda: por eso le daré gracias con mi canto.

R. ¡Oye la voz de mi plegaria, Señor!

El Señor es la fuerza de su pueblo, el baluarte de salvación para su ungido. Salva a tu pueblo y bendice a tu herencia; apaciéntalos y sé su guía para siempre.

R. ¡Oye la voz de mi plegaria, Señor!

ALELUYA Jn 3, 16

Aleluya. Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único; todo el que cree en él tiene vida eterna. Aleluya.

EVANGELIO Lc 7, 1-10

COMENTARIO: “Señor, no soy digno que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme” es la expresión del centurión del relato evangélico y que hacemos propio en cada eucaristía, reconociendo así que todos somos llamados a construir una fe humilde y sincera en Jesús y su Palabra.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas.

Jesús entró en Cafarnaúm. Había allí un centurión que tenía un sirviente enfermo, a punto de morir, al que estimaba mucho. Como había oído hablar de Jesús, envió a unos ancianos judíos para rogarle que viniera a sanar a su servidor. Cuando estuvieron cerca de Jesús, le suplicaron con insistencia, diciéndole: “Él merece que le hagas este favor, porque ama a nuestra nación y nos ha construido la sinagoga”. Jesús fue con ellos, y cuando ya estaba cerca de la casa, el centurión le mandó decir por unos amigos: “Señor, no te molestes, porque no soy digno de que entres en mi casa; por eso no me consideré digno de ir a verte personalmente. Basta que digas una palabra y mi sirviente se sanará. Porque yo – que no soy más que un oficial subalterno, pero tengo soldados a mis órdenes – cuando digo a uno: “Ve”, él va; y a otro: “Ven”, él viene; y cuando digo a mi sirviente: “¡Tienes que hacer esto!”, él lo hace”. Al oír estas palabras, Jesús se admiró de él y, volviéndose a la multitud que lo seguía, dijo: “Yo les aseguro que ni siquiera en Israel he encontrado tanta fe”. Cuando los enviados regresaron a la casa, encontraron al sirviente completamente sano.

Palabra del Señor.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Señor, acepta la ofrenda que tu pueblo te presenta en honor de tus mártires, y así como la eucaristía fortaleció en la persecución a los santos Cornelio y Cipriano, también a nosotros nos alcance la constancia en medio de las adversidades. Por Jesucristo, nuestro Señor.

ANTÍFONA DE COMUNIÓN Lc 22, 28-30

Dice el Señor: ustedes son los que han permanecido siempre conmigo en medio de mis pruebas. Por eso yo les confiero el Reino, y ustedes comerán y beberán en mi mesa.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Por estos misterios recibidos te suplicamos, Padre, que nos confirmes con tu espíritu de fortaleza para que, a ejemplo de los santos Cornelio y Cipriano, demos fiel testimonio de la verdad evangélica. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

  REFLEXIÓN BÍBLICA

 

“Basta que digas una palabra y mi sirviente se sanará”

Lc 7, 1-10

Autor: Pedro Sergio Antonio Donoso Brant


1.     "ÉL MERECE QUE LE HAGAS ESTE FAVOR”

Jesús entró en Cafarnaúm. Había allí un centurión que tenía un sirviente enfermo, a punto de morir, al que estimaba mucho. Como había oído hablar de Jesús, envió a unos ancianos judíos para rogarle que viniera a sanar a su servidor.

Al oriente de Galilea, junto al Lago de Galilea, esta Cafarnaúm, lugar donde sucedió este acontecimiento de extraordinaria fe de un oficial romano, un centurión que amaba al Pueblo de Dios, soldado modelo de ecumenismo, ya que había construido una sinagoga, sin ser judío.

Cuando estuvieron cerca de Jesús, le suplicaron con insistencia, diciéndole: "Él merece que le hagas este favor, porque ama a nuestra nación y nos ha construido la sinagoga".

El oficial es un hombre abierto a los demás, considerado con su prójimo, por lo que declaran su empleados, favorece a sus creencias y mantiene buenas relaciones, incluso es bien calificado, ya que el servidor dice “él merece”

2.     NO SOY DIGNO DE QUE ENTRES EN MI CASA

Jesús fue con ellos, y cuando ya estaba cerca de la casa, el centurión le mandó decir por unos amigos: Señor, no te molestes, porque no soy digno de que entres en mi casa; por eso no me consideré digno de ir a verte personalmente

Sin ser discípulo de Jesús, el centurión, sabe y admite el poder de Cristo y admite su condición de que no tiene categoría moral, que no tiene mérito o calidad suficiente. El centurión tenía conciencia de no pertenecer al Pueblo de Dios, por eso creía que no tenía derecho a pedir algo a Jesús.

3.     BASTA QUE DIGAS UNA PALABRA Y MI SIRVIENTE SE SANARÁ.

Basta que digas una palabra y mi sirviente se sanará. Porque yo -que no soy más que un oficial subalterno, pero tengo soldados a mis órdenes- cuando digo a uno: "Ve", él va; y a otro: "Ven", él viene; y cuando digo a mi sirviente: ""¡Tienes que hacer esto!", él lo hace".

El oficial, manteniendo su condición jerárquica de su grado, explica la obediencia de sus sub-alternos, y muestra como los estima y como reconoce que ellos tienen calidad humana, y merecen ser cuidados, pero al mismo tiempo reconoce el facultad de realizar milagros o actos extraordinarios de Jesús, incluso de forma especial, porque no le pide a Jesús que toque al enfermo.

4.     "YO LES ASEGURO QUE NI SIQUIERA EN ISRAEL HE ENCONTRADO TANTA FE"

Al oír estas palabras, Jesús se admiró de él y, volviéndose a la multitud que lo seguía, dijo: "Yo les aseguro que ni siquiera en Israel he encontrado tanta fe". Cuando los enviados regresaron a la casa, encontraron al sirviente completamente sano.

Es la fe del centurión la que hace el milagro, una fe que no había encontrado Jesús en los judíos, esa fe que otras veces les había expresado “Les aseguro que si tuvieran fe como un grano de mostaza le dirían a aquella montaña que viniera aquí, y vendría. Nada os sería imposible” (Mt 17,20).

Una fe, capaz de admitir que Jesús era dueño de la salud y de la enfermedad, de la vida y de la muerte, por eso Jesús podía dar la salud, y aún más, la vida a su sirviente.

5.     BASTA CON SU PALABRA PARA TRANSFORMARNOS

Nos enseña Jesús, como la Palabra de Dios, nos produce vivir en buena salud y en el bien de nuestro espíritu, nos muestra como basta con su Palabra para transformarnos, como es de eficaz, Palabra, que nos debe llevar al amor de Dios, al amor de nuestro prójimo, quien quiera que sea, de nuestro mismo pueblo o extranjero. El centurión no era Israelita, pero amaba al Pueblo de Dios, ese amor fue causa del milagro que hizo Jesús con el sirviente enfermo.

La fe, de todas formas es amor, y no es propiedad de nadie ni por su intelectualidad, ni por su conocimiento de mucha teología, ni por su cultura o actividad, porque no es el que más conoce, o sabe el que tiene más fe, si no el que más ama al Señor. Es así como muchos humildes y sencillos, de mínima formación educacional, llegan a profundizar en el amor al Señor, sin dejar de comprender que además, fe y humildad van tomadas de la mano. La fe crea humildad y es condición indispensable para exista fe.

6.     CONSIDERÁNDOSE COMO INDIGNO APARECIÓ COMO DIGNO

San Jerónimo nos explica: Así como admiramos la fe en el centurión, porque creyó que el paralítico pudo ser curado por el Salvador, así se manifiesta también su humildad, en cuanto se considera indigno de que el Señor entre en su casa”

Sin duda creyó el centurión que más bien debía ser rechazado por Jesús por ser gentil, que no ser complacido, porque aunque ya estaba lleno de fe.

San Agustín nos comenta sobre esto “Considerándose como indigno apareció como digno, no de que entrase el Verbo entre las paredes de su casa, sino en su corazón. Y no hubiera dicho esto con tanta fe y humildad si no hubiese llevado ya en su corazón a Aquel de quien temía que entrase en su casa, pues no era una gran felicidad que Jesús hubiese entrado en su casa y no en su pecho”.

7.     LA FE EXIGE SACRIFICIO DE SI MISMO Y ACEPTACIÓN TOTAL A DIOS.

Hemos observado que la falta de fe, impidió en alguna ocasión al Señor hacer alguna de sus maravillosas obras, así nos dice Mateo 13,58, “Y no hizo allí muchos milagros, a causa de la falta de fe”. Es así como debemos vivir en gran profundidad la fe, de esa manera serían aún más visibles las obras de la gracia del Señor.

Tal como este centurión, que gracias a su fe, obtuvo del Señor Jesús ese milagro de la curación de uno de sus hombres, no le cerremos a Él, ese deseo de poner sus manos en nosotros por nuestra falta de fe.

El ejemplo de este centurión, es que él era pagano y en ese entonces supero la fe del pueblo de Dios, ¿y nosotros?, que nos decimos creyentes, ¿nos damos cuenta que a veces somos superados en la fe por otros hermanos que no se dicen practicantes o católicos?, la fe exige sacrificio de sí mismo y aceptación total a Dios.

El Señor les Bendiga

Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

PARA LA LECTIO DIVINA  (3)

 

“QUIERE QUE TODOS LOS HOMBRES SE SALVEN Y LLEGUEN AL CONOCIMIENTO DE LA VERDAD”.

La liturgia de la Palabra nos enseña hoy, en primer lugar, la importancia de la oración litúrgica, oración de la Iglesia por “todos los hombres”, en particular por aquellos que ejercen el poder, a fin de que estén al servicio de la tranquilidad social. Dios Padre “quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad”. La salvación es conocimiento de la verdad (cf 2 Tim 2,25; 3,7). Cristo, testigo del Padre con su vida, lo fue en grado supremo con su muerte. El siervo del centurión —señala Lucas— estaba enfermo y a punto de morir. Jesús, con la autoridad que le viene de la obediencia al Padre hasta la muerte en la cruz, le libera de la muerte, le cura (cf 7,10). La fe humilde del centurión se encuentra con la Palabra autorizada de Jesús, su conciencia de pobreza con la Palabra eficaz del Maestro. Y la confianza del oficial pagano media en la curación de su criado.

La oración litúrgica, recomendada en la primera lectura, intercede, dondequiera que se encuentre la Iglesia, junto al mediador Jesucristo y cura de las iras y de las contiendas, para “que podamos gozar de una vida tranquila y sosegada plenamente religiosa y digna”. El conocimiento de la verdad se convierte entonces en salvación integral de la persona, que en su vida diaria da testimonio de una vida colmada de piedad y transparente de dignidad humana, una dignidad madurada por su conciencia cristiana.

ORACION (3)

 

Oh Padre, liberador poderoso y guía seguro de nuestra historia, concédenos a través del hombre Jesucristo, muerto y resucitado en rescate por todos, reconocer los signos de tu Palabra incluso en las condiciones a veces paganas de nuestra vida cotidiana y social. Haznos capaces de recibir tu visita, de experimentar y dar testimonio de la eficacia curadora de la Palabra de nuestro único Maestro y Señor. Haznos comprender que la eficacia de la Palabra de Cristo se debe a su obediencia a tu voluntad, porque tú y él sois “una sola cosa”. Y que, curados cada día por la Palabra tuya y suya, podamos ser testigos gratos y alegres de aquella fe que hace “levantar al cielo manos limpias”

SANTORAL

 

SAN CORNELIO Y SAN CIPRIANO   S. III

San Cipriano, obispo de Cartago, fue decapitado el 14 de septiembre del 258. Refugiado desde hacía algún tiempo en el campo, había regresado a Cartago para sufrir el martirio puesto que, como escribía, «conviene que sea en la ciudad, al frente de cuya Iglesia se halla, donde el obispo confiese al Señor para que de este modo la irradiación de su confesión represente la de todo el pueblo». Le acompañó una gran muchedumbre hasta el lugar de la ejecución, y su muerte revistió toda la majestuosidad de una solemne liturgia. Cipriano es el modelo ideal del obispo católico. Como cabeza de una comunidad, para quien la Iglesia es «un pueblo que forma una única cosa con su sacerdote», se halló siempre en la brecha para sostener los ánimos que desfallecían, para animar a los hermanos condenados a las minas o al destierro y para reconciliar a los caídos; llevaba consigo, al igual que San Pablo, el cuidado de todas las Iglesias y la obsesión de su unidad. Más tarde, cuando le llegó el momento, acogió su condena a muerte con un vibrante: ¡Deo gratias!.

Cipriano estaba unido por los lazos de la amistad con el papa Cornelio que murió algunos años antes desterrado en Civitavecchia, tras un breve pontificado (250-253): «En caso de que Dios le haga a uno de nosotros la gracia de que muera pronto - había escrito Cipriano a Cornelio - que nuestra amistad continúe junto al Señor». Al no separar el recuerdo de ambos, la Iglesia perpetúa la memoria de semejante amistad.

En tiempo de las persecuciones romanas, algunos cristianos primitivos renunciaron a su fe. Muchos de nosotros, teniendo que escoger entre los leones y un juramento al emperador, habríamos hecho lo mismo. Sin embargo, cuando las persecuciones finalizaron, algunos que habían abandonado la Iglesia quisieron volver.

Algunos cargos de la Iglesia creían que cualquier que hubiera negado la fe estaba de mala suerte. Si te sales una vez, es para siempre, sostenían. Otros creían que a quienes habían abandonado se les debía permitir volver, aunque sólo tras ardua penitencia. Aún había otros que creían que debía acogerse de vuelta a todo el mundo sin hacer preguntas.

San Cornelio fue Papa durante este periodo de gran controversia. Las cosas se caldearon tanto finalmente que convino un sínodo, el cual determinó que quienes habían saltado del barco, por así decirlo, podrían volver a bordo a través de los medios usuales del sacramento de la penitencia.

En cierto sentido, San Cornelio es el santo de las segundas oportunidades. Dado que todos cometemos errores, todos necesitamos una segunda oportunidad alguna vez en nuestra vida. Metemos la pata hasta el fondo, y no podemos hacer ya otra cosa sino decir que lo sentimos y pedir perdón. Aunque los otros seres humanos puedan no siempre estar tan predispuestos, Dios siempre está dispuesto a recibirnos de nuevo. La única cosa capaz de separamos del amor de Dios es nuestra propia obstinación y nuestro rehúse a pedir perdón.

FUENTES DE LA PAGINA

 

La Página de la Misa Diaria, está preparada y es enviada por Pedro S. A. Donoso Brant, desde Santiago de Chile, como un servicio de apostolado, amor por Nuestro Señor Jesucristo y por la Iglesia. Les ruego su oración, para que pueda mantenerse este servicio y subsidio, dando gracias a nuestro Dios que tanto nos ama.

Nota: Para la Liturgia de la Palabra, utilizo “Liturgia Cotidiana” de Ediciones San Pablo, para el estudio y comentario de la Palabra, utilizo los textos de la Biblia Nácar-Colunga, (SBNC) y/o Biblia de Jerusalén (SBJ),

(3) Para la Lectio Divina, Lectio Divina para cada día del año, de Giorgio Zevini y Pier Giordano Cabra (Eds.) y/o, Intimidad Divina, Fr. Gabriel de Santa M. Magdalena ocd,

(4) Santoral preparado por la Parroquia de la Sagrada Familia de Vigo.

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