MISA DIARIA DE CAMINANDO CON JESÚS

Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

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17-01-2010

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ORDINARIO

C

LITURGIA DE LA HORAS

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DOMINGO II DEL TIEMPO ORDINARIO      Liturgia de la Horas, Tomo III, Semana II

 

DOMINGO II DEL TIEMPO ORDINARIO

Por amor de Sión

Is 62,1-5; Sal 95; Jn 2, 1-11

Fuera ya del tiempo de Navidad, la liturgia de hoy todavía se detienen a saborear algo de lo que en ese tiempo se nos ha dado. El Evangelio nos habla de un misterio nupcial: “había una boda”. Cristo aparece como el Esposo que celebra el festín de las bodas con la Esposa, la Iglesia, cuyo modelo es María –“la mujer”–. En efecto, la liturgia de Navidad nos ha hecho contemplar el misterio de la encarnación como los desposorios del Verbo con la humanidad.

A la luz del evangelio, la primera lectura expresa este amor apasionado de Cristo por su Iglesia, a la que anhela embellecer y adornar con su propia santidad: “por amor de Jerusalén, no descansaré hasta que rompa la aurora de su justicia”. La Iglesia, antes abandonada y devastada, ahora es la “Desposada”. El amor de Cristo, lavándola y uniéndola consigo, la ha hecho nueva: “Te pondrán un nombre nuevo pronunciado por la boca del Señor”. Más aún, la ha engalanado, depositando en ella sus propias gracias y virtudes, la ha colmado de una gloria que es visible para todos los pueblos.

El salmo 95 – típico del tiempo de Navidad – canta estas maravillas obradas en la Iglesia Esposa, invitando a “toda la tierra” a unirse a su alabanza. Es un himno exultante: “Contad a los pueblos su gloria, sus maravillas a todas las naciones”, pues la gloria de la Iglesia le viene de su Esposo. “Cantad al Señor un cántico nuevo”, pues la Iglesia que ha sido renovada por la gracia de la Navidad es capaz de cantar de manera nueva. (FGD)

 

I. RITOS INICIALES

ANTÍFONA DE ENTRADA Sal 65,4

Toda la tierra se postra ante ti, Señor, y canta en tu honor, en honor de tu Nombre.

ORACIÓN COLECTA

Padre todopoderoso, que gobiernas con sabiduría y amor todo el universo, escucha con bondad nuestra oración y ayúdanos a librarnos de nuestro egoísmo y orgullo para promover la justicia y la paz entre nuestros hermanos. Por nuestro Señor Jesucristo.

ACTO PENITENCIAL

·    Tú que eres el camino que conduce al Padre. Señor ten piedad

·    Tú que eres la verdad que ilumina a los pueblos Cristo ten piedad

·    Tú que eres la vida que renueva al mundo. Señor ten piedad

SE DICE GLORIA A DIOS.

Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor. Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso. Señor, Hijo único, Jesucristo. Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra suplica; tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros; porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre. Amén.

II. LITURGIA DE LA PALABRA

Sentados

PRIMERA LECTURA Is 62, 1-5

Las promesas sobre la renovación del pueblo están llenas de imágenes emotivas. Al final llega el clímax de estas imágenes al comparar la relación de Dios con su pueblo con la relación matrimonial. Dios «se casa» con su pueblo, porque lo ama, hace alianza con él, a pesar de que sabe que no le será siempre fiel. Dios se compromete con su pueblo, incluidos nosotros, porque está enamorado de su pueblo.

Lectura del libro de Isaías.

Por amor a Sión no me callaré, por amor a Jerusalén no descansaré, hasta que irrumpa su justicia como una luz radiante y su salvación, como una antorcha encendida. Las naciones contemplarán tu justicia y todos los reyes verán tu gloria; y tú serás llamada con un nombre nuevo, puesto por la boca del Señor. Serás una espléndida corona en la mano del Señor, una diadema real en las palmas de tu Dios. No te dirán más “¡Abandonada!”, ni dirán más a tu tierra “¡Devastada!” sino que te llamarán “Mi deleite”, y a tu tierra “Desposada”. Porque el Señor pone en ti su deleite y tu tierra tendrá un esposo. Como un joven se casa con una virgen, así te desposará el que te reconstruye; y como la esposa es la alegría de su esposo, así serás tú la alegría de tu Dios.

Palabra de Dios.

SALMO Sal 95, 1-3. 7-10a.c.

El salmo nos invita a entrar en el gozo de la fiesta y a abrirnos a la dimensión universal del proyecto de amor de Dios sobre el mundo.

R. Anuncien las maravillas del Señor por todos los pueblos.

Canten al Señor un canto nuevo, cante al Señor toda la tierra; canten al Señor, bendigan su Nombre. R.

Día tras día, proclamen su victoria. Anuncien su gloria entre las naciones, y sus maravillas entre los pueblos. R.

Aclamen al Señor, familias de los pueblos, aclamen la gloria y el poder del Señor; aclamen la gloria del Nombre del Señor. R.

Entren en sus atrios trayendo una ofrenda, adoren al Señor al manifestarse su santidad: ¡que toda la tierra tiemble ante él! R.

Digan entre las naciones: “¡El Señor reina! El Señor juzgará a los pueblos con rectitud”. R.

SEGUNDA LECTURA 1 Cor 12, 4-11

La imagen de la Iglesia como cuerpo es bien desconocida. Pero quizás debemos entender un poco más, porque san Pablo usa esta imagen para hablar de la interrelación de los creyentes, de la actividad de los cristianos, de lo que hacen los cristianos en el mundo. Cada cristiano ocupa un lugar y su hacer es importante en el conjunto de la actividad de la comunidad. Cada acto, nuestro en bien de la comunidad, la hace crecer.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto.

Hermanos: Ciertamente, hay diversidad de dones, pero todos proceden del mismo Espíritu. Hay diversidad de ministerios, pero un solo Señor. Hay diversidad de actividades, pero es el mismo Dios ‘el que realiza todo en todos. En cada uno, el Espíritu se manifiesta para el bien común. El Espíritu da a uno la sabiduría para hablar; a otro, la ciencia para enseñar, según el mismo Espíritu; a otro, la fe, también en el mismo Espíritu. A éste se le da el don de sanar, siempre en ese único Espíritu; a aquél, el don de hacer milagros; a uno, el don de profecía; a otro, el don de juzgar sobre el valor de los dones del Espíritu; a éste, el don de lenguas; a aquél, el don de interpretarlas. Pero en todo esto, es el mismo y único Espíritu el que actúa, distribuyendo sus dones a cada uno en particular como él quiere.

Palabra de Dios.

ALELUYA Cf. 2 Tes 2, 14

Aleluya. Dios nos llamó por medio del Evangelio para poseer la gloria de nuestro Señor Jesucristo. Aleluya.

EVANGELIO Jn 2, 1-11

Isaías en la primera lectura ya había anunciado que Dios vendría a desposarse con su pueblo. Ahora, en este pasaje, se ve la consumación de aquel anuncio. El clima de bodas muestra que Cristo es el verdadero esposo del pueblo que ha traído el mejor vino, dejándolo para el final de la historia.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan.

Se celebraron unas bodas en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús también fue invitado con sus discípulos. Y, como faltaba vino, la madre de Jesús le dijo: “No tienen vino”. Jesús le respondió: “Mujer, ¿qué tenemos que ver nosotros? Mi hora no ha llegado todavía”. Pero su madre dijo a los sirvientes: “Hagan todo lo que él les diga”. Había allí seis tinajas de piedra destinadas a los ritos de purificación de los judíos, que contenían unos cien litros cada una. Jesús dijo a los sirvientes: “Llenen de agua estas tinajas”. Y las llenaron hasta el borde. “Saquen ahora, agregó Jesús, y lleven al encargado del banquete”. Así lo hicieron. El encargado probó el agua cambiada en vino y, como ignoraba su origen, aunque lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua, llamó al esposo y le dijo: “Siempre se sirve primero el buen vino y, cuando todos han bebido bien, se trae el de calidad inferior. Tú, en cambio, has guardado el buen vino hasta este momento”. Éste fue el primero de los signos de Jesús, y lo hizo en Caná de Galilea. Así manifestó su gloria, y sus discípulos creyeron en él.

Palabra del Señor.

Homilía

Sentados

Profesión de fe. De pie.

EL CREDO

Creo en Dios Padre todopoderoso. Creador del cielo y de la tierra. Y en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor; que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen; padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos; al tercer día resucitó de entre los muertos; subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre todopoderoso; desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos.

Creo en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia Católica, la comunión de los Santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne, y la vida eterna. Amén.

ORACIÓN DE LOS FIELES

Que el espíritu de Jesús resucitado interceda por nosotros al Padre y que anime nuestra oración por la salvación del mundo.

·    Oremos por la Iglesia de Jesucristo. Que sea hermosa como una novia, tierna como una esposa y que haga germinar la alegría en el corazón de todos. Que despierte el Evangelio como una aurora sobre las tinieblas del mundo. Que la salvación de Jesucristo llamee como una antorcha en la noche de la tristeza y de la infidelidad. Roguemos al Señor

·    Oremos por los que ejercen ministerios. Que la diversidad de carismas que suscita el Espíritu de Jesús refuerce la unidad del cuerpo entero. Que cada uno se sienta amado por el bien particular que realiza. Roguemos al Señor

·    Oremos por la paz de Dios en el mundo. Que esta paz una a todas las naciones; que congregue todas las religiones; que una todas las familias y nos guarde en la unidad del amor. Roguemos al Señor

·    Oremos por los que se van a casar, por los que están casados. Que Jesús y María se hagan presentes en la fiesta de su amor como estuvieron en las bodas de Caná. Roguemos al Señor

·    Oremos por nuestra comunidad. Que seamos por nuestros hermanos fuente de alegría y esperanza. y que podamos verter para ellos el vino del gozo mesiánico. Roguemos al Señor

Escucha, Señor, la oración de esta comunidad que has llamado a ser el Pueblo de la Alianza nueva. Que tu Espíritu transforme nuestras existencias y les dé el gusto sabroso del vino nuevo del Evangelio.

Por Jesucristo nuestro Señor.

III. LITURGIA EUCARÍSTICA

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Concédenos, Padre, participar dignamente de esta Eucaristía, porque cada vez que celebramos la renovación del sacrificio de Cristo, se realiza la obra de nuestra redención.

Por Jesucristo nuestro Señor.

PREFACIO DOMINICAL

RITO DE COMUNION

PADRE NUESTRO

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.

LA PAZ

Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: “La paz os dejo, mi paz os doy”. No tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia, y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

CORDERO

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, danos la paz.

ANTÍFONA DE COMUNIÓN

Nosotros conocemos el amor que Dios nos tiene y creemos en él.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Derrama, Padre, sobre nosotros tu Santo Espíritu, para que quienes nos hemos alimentado con el pan de vida eterna vivamos siempre unidos en un solo corazón.

Por Jesucristo nuestro Señor

IV. RITO DE CONCLUSION

BENDICION

Canto final

ESTUDIO Y REFLEXIÓN BÍBLICA

 

"Hagan todo lo que Él les diga"

Jn 2, 1-11

Autor: Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

1.      SE CELEBRARON UNAS BODAS EN CANÁ DE GALILEA, Y LA MADRE DE JESÚS ESTABA ALLÍ.

Seguramente las relaciones sociales, de parentesco o amistad, hacían que María estuviese presente en la boda. María vino, por su parte, probablemente desde Nazaret, que esta más o menos a la distancia de siete kilómetros de Cana, entonces pudo hacer su viaje en el mismo día. Sin embargo por la forma de decir que estaba allí la madre de Jesús, hace suponer que María estaba ya en Cana cuando llegó su Hijo. Dice san Juan Jesús también fue invitado con sus discípulos, quien llego a Cana desde más lejos, Betania del Jordán, algo mas de 115 kilómetros. Sabida su llegada, es cuando, probablemente, recibió la invitación.

Otro dato en el desarrollo de la escena, por la forma breve en que se presenta a María, manifestando a su Hijo la carencia de vino, hace suponer que Jesús había estado ya con su Madre, sin embargo no se menciona a José, esposo de María, por cuanto podemos suponer que ya no vivía.

2.      FUERON INVITADOS A LA BODA, COMO COMPAÑÍA DE JESÚS

Jesús, aún no era conocido por milagro alguno, tampoco el se había presentado como el Mesías, El primer grupo de sus pocos discípulos de ese minuto, fueron invitados a la boda, como compañía de Jesús, algo que la hospitalidad oriental permitía ciertamente. Las bodas en Oriente comienzan al oscurecer, con la conducción de la novia a casa del esposo, acompañada de un cortejo de jóvenes, familiares e invitados, a los que fácilmente se viene a sumar, en los villorrios, todo el pueblo, y prolongándose las fiestas varios días, se lee estos en varios pasajes bíblicos.

En las bodas de los pueblos, los menesteres de la cocina y del banquete son atendidos por las hermanas y mujeres familiares o amigas. Es lo que aparece aquí en el caso de María. A ellas incumbe atender a todo esto. Otro dato, es que el vino es tan esencial en un banquete de bodas en Oriente, que dice el Talmud: “Donde no hay vino, no hay alegría.” Según los escritos de esa época, la duración de las bodas era de siete días si la desposada era virgen, y tres si era viuda. Durando las bodas varios días, los invitados se renuevan. Por que no suponer además, la posibilidad de la llegada de huéspedes inesperados.

3.      "MUJER, ¿QUÉ TENEMOS QUE VER NOSOTROS?

Es en este marco en el que se va a desenvolver la escena del milagro de Jesús. La boda debe de llevar ya algunos días de fiesta y banquete. Nuevos comensales han ido llegando en afluencia, tanto que las provisiones calculadas del vino van a faltar. Jesús, como invitado esta ya con ellos en la fiesta. Estando El presente, el vino llegó a faltar, algo esencial para la fiesta y la vergüenza iba a caer sobre aquella familia. Probablemente se debía de estar al fin de las fiestas de boda, cuando en algún aumento imprevisto hizo crítica la situación. Y éste es el momento de la intervención de María, que como amiga invitada de la familia, solidaria y talvez ayudando en los enseres de la cocina, pudo estar informada a tiempo de la situación crítica y antes de que trascendiese a los invitados, discretamente se lo comunica a su Hijo, "No tienen vino".

Jesús le respondió: "Mujer, ¿qué tenemos que ver nosotros? Mi hora no ha llegado todavía". El decir “Mujer”, a su madre, esta palabra en labios de Jesús no indicaría desamor o despego, sino solemnidad. Así dice a la cananea: “¡Oh mujer!, grande es tu fe” (Mt 15:28), este término tiene un matiz de ternura. Sin embargo, la respuesta de Jesús es una negativa a la petición de María, por no haber llegado la hora de los milagros. Pero ante la actitud de María ante su Hijo, por conocer como madre privilegiadamente, el corazón de Jesús, llena de confianza, sabe que será escuchada, da la orden a los sirvientes de que hagan cuanto su Hijo les diga.

4.      UN CONOCIMIENTO MUY EXCEPCIONAL EN MARÍA DE SU HIJO

Seguramente, es un supuesto, que la frase era una simple información al Hijo, pero todo esto pasa en un ambiente de sentimientos delicados, y hace ver que María espera una intervención especial, sobrenatural, de Jesús. Esto supone un conocimiento muy excepcional en María de su Hijo. Esta escena descorre un velo sobre el misterio de la vida oculta de Nazaret y sobre la “ciencia” de María sobre el misterio de Jesús. Ella, esta, segura de la intervención de su Hijo y se acerca a los sirvientes diciendo: "Hagan todo lo que Él les diga". Esta iniciativa y como orden de María a los servidores se explica aún más fácilmente suponiendo la especial familiaridad de ella con los miembros de aquel hogar.

Dice el fragmento del evangelio: Había allí seis tinajas de piedra destinadas a los ritos de purificación de los judíos, que contenían unos cien litros cada una. Es decir vendría a ser de unos 600 litros. Cantidad verdaderamente excepcional. Se trataba, pues, de una fiesta de gran volumen; lo que hace pensar en una familia destacada y con muchos invitados.

5.      EL MILAGRO SE REALIZA SIN APARATOSIDAD.

El evangelista mismo lo relata sin comentarios ni adornos. Jesús, en un momento determinado, le dijo a los sirvientes: "Llenen de agua estas tinajas". Y las llenaron hasta el borde”. San Juan resalta bien este detalle, con ello se iba a probar, a un tiempo, que no había mixtificaciones en el vino y, además de demostrase la generosidad de Jesús en la producción de aquel milagro. El milagro se realizó súbitamente, una vez colmadas de agua las tinajas, Jesús les mandó Saquen ahora, y lleven al encargado del banquete", seguramente un familiar o un siervo que estaba encargado de atender a la buena marcha del banquete.

Los servidores obedecen la orden de Jesús y llevan al encargado, maestresala, “el agua convertida en vino.” Fácilmente se supone la sorpresa de los servidores. Nada le dicen del milagro. Expresamente lo dice el evangelista.; Así lo hicieron. El encargado probó el agua cambiada en vino y, como ignoraba su origen, aunque lo sabían los sirvientes. La sorpresa del maestresala se acusa, está ignorante del milagro, tanto que llamó al esposo, sin duda por ser el dueño del hogar, y se lo advierte en tono de reflexión un poco amarga, ya que él, responsable de la buena marcha del banquete, y estaba ignorante de aquella provisión. Todo ello se acusa en la reflexión que además le hace. "Siempre se sirve primero el buen vino y, cuando todos han bebido bien, se trae el de calidad inferior. Tú, en cambio, has guardado el buen vino hasta este momento", quiere aludir con ello a esa hora en que, ya saciados, se presta especial atención a un refinamiento más.

6.      EL MILAGRO ENCUADRABA A JESÚS EN UNA AUREOLA SOBRENATURAL.

De esta manera tan maravillosamente sencilla cuenta el evangelista este milagro de Jesús. Y completará: Éste fue el primero de los signos de Jesús, y lo hizo en Caná de Galilea. O acaso, aún mejor, sea el primero de los milagros oficiales que El realiza en su presentación pública de Mesías, era un “signo” que hablaba de la grandeza de Jesús, del testimonio que el Padre le hacía de su divinidad y de su misión y Así manifestó su gloria, y sus discípulos creyeron en él. Su gloria” aquella gloria que le convenía “como a Unigénito del Padre” y que “nosotros” hemos visto” y que era la evocación sobre Jesús de la “gloria” de Yahvé en el Antiguo Testamento, y lo mismo en el Nuevo, donde se asocian las ideas de “gloria” y “poder” de tal manera que la “gloria” se manifiesta precisamente en el “poder.” Y ante esta manifestación del poder sobrenatural que Jesús tenía, sus discípulos “creyeron en El.” Ya creían antes, pues el Bautista se lo señaló como Mesías, y ellos le reconocieron, como Juan relató en el capítulo anterior, y como a tal le siguieron. Pero ahora creyeron más plenamente en El. El milagro encuadraba a Jesús en una aureola sobrenatural.

7.      LA SANTIFICACIÓN DEL MATRIMONIO

Otro aspecto de este milagro se refiere a la santificación del matrimonio. La presencia de Jesús y María en unas bodas, santificándolas con su presencia y rubricándolas con un milagro a favor de sus regocijos, son la prueba palpable de la santidad de la institución matrimonial y, la condena de toda tentativa de sectores de la sociedad de hoy, de carácter herética sobre la misma. Esta actitud del Señor, es como preparación de elevación del matrimonio al orden sacramental.

Muchos valores simbólicos nos enseñan este milagro, como la multiplicación de los panes, es probablemente también una orientación hacia la Eucaristía. Otra interpretación es ver en el vino milagrosamente dado un “símbolo” de la nueva, sobrenatural y generosa doctrina que Jesús trae. La extrañeza del maestresala de que el vino mejor se guardó para el fin, va a ser símbolo de la alegría ya que el vino que alegraba el convite. En Proverbios, 9,5 se lee; "Venid, comed mi pan y bebed mi vino que yo he mezclado” La escena de los primeros discípulos invita a los hombre a recibir a Jesús como fuente de la Sabiduría que es preciso buscar para encontrarla. Entonces ella conduce a sus discípulos hasta el banquete en donde ella les da el vino de la enseñanza y de la doctrina que conduce a la vida.

"Hagan todo lo que Él les diga"

El Señor les Bendiga

Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

LAS BODAS DE CANÁ

 

Las Bodas de Caná

P. Eduardo Sanz de Miguel, o.c.d.

La antífona del magníficat de las segundas Vísperas del día de Epifanía, decía así: «Veneremos este día santo, honrado con tres prodigios: hoy la estrella condujo a los magos al pesebre; hoy el agua se convirtió en vino en las bodas de Caná; hoy Cristo fue bautizado por Juan en el Jordán, para salvarnos». La palabra “Epifanía” significa “manifestación” y Jesús se ha manifestado como el enviado de Dios, el Mesías anunciado por los profetas, el salvador del mundo, en la adoración de los magos (que lo reconocen como Dios, como rey y como hombre), en su bautismo (en que el Padre dice que es su Hijo amado) y en las bodas de Caná (donde realizó su primer milagro, manifestó su gloria y surgió la fe de sus discípulos). Si el día de Epifanía meditábamos principalmente en la adoración de los reyes magos y en día del bautismo en el acontecimiento del Jordán, hoy nos detendremos en el significado místico de las bodas de Caná.

En las bodas de Caná, Jesús «realizó su primer signo» (Jn 2,11). Isaías, en la primera lectura, nos ayuda a comprender su significado, cuando nos habla de los tiempos mesiánicos y del pacto amoroso que Dios realizará con su pueblo: «Ya no te llamarán abandonada, ni a tu tierra devastada; a ti te llamarán Mi favorita, y a tu tierra Desposada; Porque el Señor te prefiere a ti y tu tierra tendrá marido. Como un joven se casa con su novia, así te desposa el que te construyó; la alegría que encuentra el marido con su esposa, la encontrará tu Dios contigo» (Is 62, 4-5).

La imagen no era nueva. A partir de Oseas, los profetas habían llamado a Dios esposo de Israel. Todos insisten en que Dios ama con pasión a su esposa (personificada en Jerusalén o Sión), a pesar de que ésta es infiel en muchas ocasiones (de hecho, los pecados de idolatría son llamados adulterio en la Sagrada Escritura). Dios perdona los pecados a su esposa y está dispuesto a darle un corazón nuevo, para que pueda amarle como Él la ama a ella (cf. Ez 36,26). El Cantar de los Cantares se convertirá en la mejor imagen de este amor.

Pues bien, ya ha terminado la era de los ritos judíos de purificación, cuyas tinajas de agua son transformadas en vino. Ya ha concluido la época de las promesas. Con el signo de Caná, Cristo ha adelantado la hora de su manifestación ante el mundo: Él es el Esposo, enviado por Dios para unirse en matrimonio de amor con la Iglesia y con el alma de cada uno de los creyentes. El banquete de Caná, en realidad, está celebrando este desposorio místico.

El agua de los ritos judíos de purificación anuncia el agua del bautismo, en el que la Iglesia ha sido purificada. Ahora se dispone a celebrar el matrimonio con Cristo y a participar en el banquete de bodas. Ella sólo puede ofrecer su agua, con la confianza de que Cristo realizará todo lo demás. María, Madre y figura de la Iglesia, se encarga de interceder ante su Hijo para que esto suceda.

El agua transformada en vino, anuncia el vino transformado en sangre en la Eucaristía. El banquete de bodas al inicio de la vida pública de Jesús anuncia el banquete de las bodas del Cordero, al final de los tiempos. La referencia a la hora de Jesús anuncia la Cruz. La presencia de María en estos dos momentos tan significativos, en los que Jesús se dirige a ella llamándola mujer anuncian el cumplimiento de las promesas de redención realizadas por Dios a los primeros padres. Ninguna palabra, ningún gesto es casual en esta narración.

Jesucristo se definió a sí mismo como el novio y a sus discípulos como los amigos del novio (cf. Mt 9,15). También comparó el Reino de los cielos con un banquete de bodas (Mt 22,1ss) e invitó a la perseverancia en la fe y en la oración, poniendo como ejemplo a las vírgenes sensatas, que esperan la llegada del esposo en medio de la noche (Mt 25,1ss). San Pablo presenta a Cristo como esposo de la Iglesia (Ef 5,32) y de cada creyente (2Cor 11,2). La salvación definitiva es celebrada en el Apocalipsis con la imagen de las bodas del Cordero con la Iglesia (Ap 19,7ss).

Quizás nadie como Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz hayan comprendido estos textos con toda su profundidad, ya que ellos gozaron del matrimonio espiritual con Cristo ya en la tierra y desarrollan en todas sus obras una espiritualidad esponsal.

Santa Teresa, por ejemplo, nos dice que un alma enamorada pasa por Cristo, su Esposo «todos esos regalos y desmayos y muertes y aflicciones y deleites y gozos con Él […] “Béseme con beso de su boca”. ¡Oh Señor mío y Dios mío, y qué palabra ésta, para que la diga un gusano a su Criador! ¡Bendito seáis Vos, Señor, que por tantas maneras nos habéis enseñado! Mas ¿quién osara, Rey mío, decir esta palabra, si no fuera con vuestra licencia? Es cosa que asombra. Dirán que soy una necia, que no quiere decir esto, que tiene muchas significaciones, que está claro que no habíamos de decir esta palabra a Dios, que estas cosas no las debe leer la gente simple. Yo lo confieso, que tiene muchos entendimientos: mas el alma que está abrasada de amor que la desatina, no quiere ninguno, sino decir estas palabras. Sí, que no se lo quita el Señor» (Meditaciones sobre el Cantar de los Cantares, 6 y 10).

Y San Juan de la Cruz, añade: «En este alto estado de matrimonio espiritual, con gran facilidad y frecuencia descubre el Esposo al alma sus maravillosos secretos, como a su fiel consorte; porque el verdadero y entero amor no sabe tener nada encubierto al que ama; y así, le comunica principalmente dulces misterios de su encarnación y los modos y maneras de la redención humana, que es una de las más altas obras de Dios, y así es más sabrosa para el alma» (Cántico Espiritual 23,1).

Animados por los ejemplos de Santa Teresa de Jesús y de San Juan de la Cruz, profundicemos en nuestra relación de amor con Cristo, dejándole que realice en nosotros ese maravilloso desposorio con el que quiere bendecirnos y para el que nos ha creado. A Él, cuyo amor no tiene límites, sea la gloria y el honor y la alabanza y la acción de gracias por siempre. Amén.

Roma, enero de 2010.

P. Eduardo Sanz de Miguel, o.c.d.

SANTORAL

 

SAN ANTONIO ABAD

Autor: Jesús Marti Ballester

Nació el año 251, en una aldea del sur de Menfis del Alto Egipto, de familia cristiana, pero ile­trada, como lo fué él. A los veinte años había heredado una gran fortuna que le habían dejado sus padres, ya fallecidos y tuvo que cui­darse de una hermana, menor que él. Un día, en la iglesia, oyó leer al diácono, las palabras del evangelio: “Ve, vende cuanto tienes, dáselo a los pobres y ten­drás un tesoro en los cielos” (Mt. 19,21) y, lo que no aceptó aquel joven a quien Jesús las dirigió, lo puso en práctica Antonio, reservándose lo necesario para vivir. Lo que nos confirma que las palabras de Cristo no quedan estériles, aunque el primer destinatario invitado se vaya triste por no querer seguirlas. Bien decía, con espíritu de fe, el padre Segundo Llorente, jesuita, misionero de Alaska, el país de los eternos hielos: Salgo a sembrar vocaciones en Alaska, aunque se que allí no germinarán, pero con seguridad de fe, se que darán fruto en otro lugar del mundo. En Antonio fructificaron al ciento por uno. Poco después volvió a oir: “No os preocupéis por el mañana” (Mt 6,34), y terminó de vender lo que aún poseia, colocó a su hermana en una especie de monasterio femenino, y se retiró a vivir en un paraje, cercano a su pueblo, para vivir al estilo de otro anciano eremita. San Antón, como se le llama en España, ha sido y es santo de devoción extendida, que hoy perdura en los pueblos. Duran­te la Edad Media su culto se difundió por Oriente y Occidente. San Atanasio, escribió su vida, de autenticidad indudable, con la que hoy contamos para nuestra información. Encontró San Pablo, primer ermitaño a San Atanasio escribiendo y no le quiso molestar diciendo: “Sinamus Sanctum pro Sancto laborare”, “dejemos trabajar a un santo por otro santo”. San Atanasio describe sus tentaciones famosas. El demonio le atacó primero con imaginaciones obscenas, y se le apa­reció él mismo en forma de mujer seductora y de negro amena­zador. La oración, la mortificación y la vigilancia exquisita de los sentidos dieron al Santo la victoria. Conseguida ésta, se retiró todavia más al interior del de­sierto, donde un amigo le llevaba pan de vez en cuando. El demonio tornó de nuevo al ataque, ahora con gran aparato de ruidos, recurriendo también a su presencia visible y una vez le dio una paliza tan monumental, tan realmente infernal, que su amigo lo encontró sin sentido. Al recobrarse, clamó al Señor: "¡Dios mío!, ¿dónde has estado este tiempo?" El Señor le contestó: "Siempre junto a ti"

VIDA PENITENTE

Desde el año 272 hasta el 285, observó una vida penitente y retirada, aun­que no del todo solitaria, en las proximidades de la ciudad y aun dentro de ella. Sin embargo, en ese año San An­tonio inaugura la vida completa de soledad, cruzando el Nilo y refugiándose, no en las cercanías de Koman, sino en lo alto de un monte, en el que pasó cerca de treinta años, sin ver más que a un hombre que le lle­vaba pan una vez cada seis meses. Comía seis onzas de pan mojadas en agua y algunos dátiles, una vez al día, al ponerse el sol y fueron frecuentes las veces en que pasó tres y cuatro días sin probar bocado y a pesar de su austeridad, se mantenía tan fuerte y saludable, que más de un extranjero le reconoció entre sus discípulos por la alegría del rostro.

DISCÍPULOS Y MONASTERIOS

En efecto, le llovían muchas solicitudes, que le obligaron el año 305 a fundar va­rios monasterios, casi todos constituídos por celdas independientes, que visitaba de vez en cuando, lo que le ocasionó escrúpulos de conciencia por romper la soledad. Para visitarlos tenia que atravesar, y lo hacía tranquilamente, un río, infestado de cocodrilos: Podemos imaginarnos cuál sería la formación ascética y mortificada que daría a sus monjes. Sin embargo, insistía en que la perfección no consiste en la penitencia, sino en el amor. Les recalcaba el pensamiento de la muerte, haciéndoles imaginar que no terminarían el díao la noche. Santa Teresa escribe que parece que algunas monjas se cuidan tanto como si hubieran venido al convento para no morir. Hoy se puede decir que la gente cree que no hay más vida que ésta, en consecuencia hay que difrutarla y procurar no morirse nunca, tal es la valoración que hacen de sus propios cuerpos. Antonio educaba a sus discípulos en el ma­yor desprecio al demonio. "Es un ser -les decía- que teme la oración, el ayuno y las buenas obras. No es capaz ni siquie­ra de detenerme cuando hablo mal de él. En el año 311 Antonio se presentó en la ciudad de Alejandría. Maximiano había recrudecido su persecución, y el Santo, con su túnica de pieles blancas, bajó a con­solar a los posibles mártires. En cuanto renació la paz, volvió él a su monasterio, de donde salió para fundar otro monasterio, cer­ca del Nilo, aunque él siguió viviendo en su montaña. Allí continuó alternando el trabajo manual con la oración, hasta que el arrianismo le sacó otra vez de su Tebaida y le llevó a Alejandría, donde sus sermones y milagros convirtieron a muchos.

SAN JERONIMO Y DIDIMO EL CIEGO

Cuenta San Jerónimo que durante su estancia se encontró con el famoso filósofo cristiano Didimo el Ciego, al que con­soló diciendo que debía apreciar más la luz de Dios y de su amor que la de los ojos, que nos es común hasta con los gusanos. Lo mismo San Jerónimo que San Atanasio nos refie­ren sus disputas con los filósofos paganos, a algunos respondió que no necesitaba de libros en su retiro, contemplando el de la naturaleza, frase que Juan Pablo II repetía en sus cortas vacaciones entre montañas. A algunos, que intentaban reírse de su falta de letras, les preguntó qué era más intere­sante, si los libros o el buen sentido que los inspiraba. "El buen sentido", -le dijeron. -"Pues ése lo tengo yo.     

San Jerónimo cita varias cartas del Santo dirigidas a sus monjes. En ellas les recomienda como necesario para cada escalón de la santidad el conocimiento de sí mismo. San Atanasio nos ha conservado la que contestó a Constantino el Grande y sus dos hijos recomendándoles que no se olvida­ran del juicio. "No os maraville -decía a sus monjes- que el emperador haya escrito a un hombre como yo. Maravillaos de que Dios nos haya hablado por medio de su Hijo: Cuando los suyos se asombraron del número de vocaciones religiosas, él les anunció con lágrimas en los ojos que llegaría el día en que los monjes habitarían en buenos edificios en las ciudades, comerían en abastecidas mesas, y no se diferenciarían de los seglares más que en el vestido. Hoy ni siquiera en eso.

COMO JUAN BAUTISTA EN EL DESIERTO

Si refiriéndose a Juan Bautista Jesús hizo el elogio mayor que brotó de sus labios, hoy, tomándolo del evangelio, la Iglesia puede decir lo mismo de Antonio y, a la vez, podemos considerarlo como                       

EL FUNDADOR DE LA VIDA RELIGIOSA

Aquel egipcio analfabe­to y tosco, con sus cien años de historia, casi en su totali­dad pasados en soledad y silencio, es uno de los hombres de Dios que más han influí­do en la construcción del Reino de Dios. Pedro está a la cabeza de los papas y obispos, Pablo al frente de doctores y misione­ros, Esteban el primero de los mártires, Antonio el funda­dor de los doctores de la santidad. Tras él monjes, frailes, religiosos, todos le siguen como pastor y padre. He aquí su obra que ni él mismo pudo nunca medir y agradecer debidamente a Dios. La vida humana como una búsqueda absoluta de santidad, la vida humana resuel­ta según este único afán y propósito, ese fué su invento, su hallazgo genial, su sistematización del evangelio para ofrecer un género de vida original y extraño, pero tan profundo  y definitivo, que todos los demás fundadores han aplicado su invención en cada tiempo. Su vida pues, obtiene todo el valor de una voz que se alza en el desierto, invitando desde allí a los elegidos del Señor, a seguir su senda. Otros escribirán tratados, o recorrerán el mundo, o derramarán su sangre, Antonio sobre aquellos arenales junto a Menfis encenderá una hoguera para orientar a los generosos, tras las huellas del Señor. Empezó tomando a la letra aquello de “ve y vende todo lo que tienes...” Tenía veinte años, no sabía leer ni escribir, no era más que un pobre ignorante que entendió a Dios. Lo vendió todo y siguió a Cristo buscándole en la soledad. Primero junto a su casa, después escondido en un sepulcro, al fin la inmensa soledad de los desiertos. Allí se puso a hablar con Dios. Y surgió la fecundidad que te­nía que surgir, porque aquel hombre diminuto, como semilla sobre la tierra, llevaba la vida y la verdad. A él acudían de todos lados los buscadores de Dios. Arreciaba la última per­secución, justo el año en que Diocleciano subía a emperador de Roma.

UNA NUEVA SOCIEDAD

Antonio bajaba al desierto. Las ciudades se despoblaban y rebosaban las grutas y las ermitas. Surgió una nueva sociedad de hombres que seguían una forma de vida, aparentemente vie­ja, pero auténticamente original, la comunidad cristiana depurada, el programa del evangelio hecho carne. Aquellos primeros monjes vivían cantando al Señor y meditando, trabajando con sencillez y mortificando la carne, peleando  con demonios y elevando a profesión la más bella caridad. Cantaban. En aquellos desiertos se empezó a sistematizar el canto de los salmos se­gún las horas del día y a leer la escritura distribuida en leccio­nes. Se estrenaba el la práctica del oficio divino, y la meditación del evangelio a determinadas horas. La vida era durísima. Pan, agua y sal constituían la comida diaria; algunas verduras cocidas en agua constituía la comida de los invitados. A la puesta del sol se tomaba el refrigerio único, el pan se guardaba en agua más de seis meses, ¿aquello era comer? Se inventó la  interrumpción del sueño levantándose a cantar, se instituyó el cilicio perpetuo sobre la carne, se hizo de las pieles de animales el primer hábito y se descubrió que había un modo de trabajar elemental y sencillo, que consistía no en producir, como hoy decimos, sino en alabar al Señor tejiendo mimbres para esteras y cestas que se daban a los pobres. Y todo en fraternidad en que aprendieron por fin los hombres el arte de ser humildes y de ser sinceros, en fraternidad y sumisión al superior que era el abad, es decir padre. Y todo batallando perpetua­mente con demonios de toda especie, que convertían el desierto y después los monasterios y los con­ventos en auténticas palestras. Había nacido la vida religio­sa. Sólo faltaba su proyección social. Antonio se la dió y acudía a Alejandría cuando el obispo le llamaba. Unas veces para exhortar al marti­rio -eran los tiempos de Maximiano-, otras para discutir con los filósofos paganos, o para increpar a los prime­ros arrianos y otros herejes, también para escribir a Constantino, el primer emperador cristiano, y siempre para volverse a su “palacio” con aquellos príncipes del amor, que iban con el tiempo a extender su invento por Oriente y Occidente. Heráclides, Isidro, Pablo, Basilio, Gregorio, Casiano. Antonio era iletrado, pero sapientísimo. Ya lo había dicho Jesús: “Te alabo. Padre, porque ocultas­te estas cosas a los sabios y se las has revelado a los peque­ños”. Antonio era pequeño, por ello supo tanto, que su palabra todavía late en los escritos de los autores que han escrito sobre la santidad.

MAESTRO DE SANTIDAD

Fué San Atanasio, su más glorioso biógrafo, quien nos dejó ordenada la límpida corriente de su doctrina de abad, aquel pan de cielo que él partía con cientos de hijos, allá cuando el sol se ponía en lontananza y aullaban los chacales del desierto. Los temas elemen­tales de su  pedagogía eran sencillos: modo fuerte de luchar contra los demonios, modo sencillísimo de hacer el servicio de Dios y una sólida interpretación de esta vida como espera y palenque. Su arte de pelear, su estrategia divina es extensa y escasa en normas, reglas y consejos. Afirma que los demonios combaten a los monjes, más que a los mundanos, a quienes ya tienen cazados. La oración y el ayuno de que habló el Señor son las armas invencibles, pero él añade por su cuenta otras dos ingenuas, encantadoras, infantiles, Antonio escupe al demonio cuando se le presenta, Le ahuyenta con la señal de la cruz. Podemos creer que a él se debe desde entonces la costum­bre de hacer la señal de la cruz y creer en su eficacia. Buen invento que sólo pudo hacer un niño o un ángel. Antonio inculca sin cesar a los monjes que ellos son los siervos del Señor. Su vida monacal es su servicio, ser­vicio pues, el canto de los salmos a hora prima y a hora tercia; servicio, la penitencia y la abstinencia; servicio la lección y el trabajo humilde de los cestos. Servicio y es­pera de la vida eterna. Aquí es donde Antonio trascien­de y explica lo que a nosotros se nos hace tan inexplica­ble: aquella manera de vivir. Antonio no cesa de incul­car que la vida es breve y la eternidad es sin fin, que las cosas de abajo son pequeñas si se las compara con las de arriba y que la hora del paso, de la cita con Dios, de la hermosa muerte, es incierta, lo que obliga a estar siem­pre en espera, en tensión siempre. Apenas nada más encontramos en aquellas exhortacio­nes paternas de Antonio a los suyos.

LA ALEGRIA DEL ESPIRITU

Su austeridad extrema puede in­ducirnos a creer en la doctrina y ejemplo de un hombre pe­simista que nos vino a amargar la existencia. Sin embargo no es así. En la doctrina de Antonio encontramos una mina deliciosa de optimismo. El gran penitente habla poco de pecados y mucho de la bondad de nuestra alma. “Su integridad principal -nos dice- no ha sido manchada nunca por nada.” Dios no hace nada mal hecho, somos buenos y nuestro deber está en guardar el alma buena que el Creador nos dió. Es tal el optimismo de este santo tan duro, que al llegar a mencionar a sus enemigos más terribles, los demonios, contra los que nunca cesó de luchar, insiste en que ellos no son malos por naturaleza sino por su voluntad. ¿Habría leído Juan Jacobo Rouseau estas animosas palabras del santo que no se fué a la Arcadia sino al desierto a hacer penitencia? Antonio pide y enseña sin cesar, que es menester conservar la santa “laetitia”, esa divina alegría sin la cual la virtud y dureza de sus hombres no será ni buen servicio al Dios que nos hizo buenos, ni buena espera de un cielo, que por ser también bueno, hay que saber esperarlo alegre­mente. Frente a la angustia de los tiempos modernos, que son los tiempos blandos, ¡cómo conforta encontrar en Antonio la armonía y alianza de las dos posiciones contra­rias a la cultura moderna, la dureza y la alegría!

SU MUERTE

A los ciento cinco años, conociendo su fin próximo, repartió su herencia, enviando una túnica de piel de cordero a San Atanasio, como símbolo de la unidad de su fe con el campeón de la Santísima Trinidad, y otra al obispo Serapión. La historia de los símbolos con que es representado San Antón es muy variada. Se le representa con un báculo en forma de cruz, por su dignidad abacial. o como recuerdo del signo que tanto usó para rechazar al demonio, o con la campanilla, un cerdito o un libro, y alguna vez con unas llamas. El simbolismo del libro se refiere al de la naturaleza que decía leer, o a las reglas de los monjes, aunque no escribió ninguna. El cerdito ha dado lugar a una evolución curiosa. Al principio, representaba al demonio y las tentaciones impuras con las que le acometió, pero en el siglo XII se consideró al cerdo animal relacionado con el Santo, por los cerdos que se vendían para dar limosnas a los pobres. Se les ponía una camanilla en la nariz y se los alimentaba gratuitamente por las casas donde se metían, y así se llegó a la protección sobre los animales. A San Antonio Abad se le cita en el canon de las liturgias bizantina, copta y armenia. Antonio tenía noventa años, ya era hora para esperar al Señor. Huyendo de la fama se había retirado con los dos discípulos predilectos, Amato y Macario, a lo más profundo del desierto. Allí va a morir a los ciento cinco años y despidiéndose de sus discípulos expiró dulcemente, el 17 de enero del año 356, dejando en testamento que le entierren donde nadie pueda saberlo, “ya me verán, dijo sonriendo, el día en que mi cuerpo resucite para siempre”.

JESUS MARTI BALLESTER

PEDIDOS DE ORACION

Por Manuel Lara Fuentes, amigo y hermano, recién operado de alguno ganglios, además el fue operado de un cáncer renal, para que el Señor, le traiga alivio y consuelo en su enfermedad. 

 

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Nota: Para la Liturgia de la Palabra, utilizo “Liturgia Cotidiana” de Ediciones San Pablo, para el estudio y comentario de la Palabra, utilizo los textos de la Biblia Nácar-Colunga, (SBNC) y/o Biblia de Jerusalén (SBJ),

(3) Para la Lectio Divina, Lectio Divina para cada día del año, de Giorgio Zevini y Pier Giordano Cabra (Eds.) y/o, Intimidad Divina, Fr. Gabriel de Santa M. Magdalena ocd,

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