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MISA DIARIA DE CAMINANDO CON JESUS

Pedro Sergio Antonio Donoso Brant ocds
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Fecha: 17-10-2011
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Edición
Nº MD 3051
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T.O. CICLO A, SEM XXIX
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LITURGIA DE LA HORAS
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LUNES, San Ignacio de
Antioquia, Obispo y martir. (MO), Rojo
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San
Ignacio de Antioquia
Fue el segundo sucesor de san Pedro como obispo de Antioquia
(Siria). Se decía de él que era un «hombre de fuego», haciendo honor a su
nombre. Fue un gran pastor, de agudísimo ingenio, apasionado por Cristo y
por el hombre. Siguiendo el ejemplo de san Pedro, centró su vida y su
iglesia en Cristo Eucaristía. Cuando el emperador Trajano (98-117) organizó
festejos en Roma por su victoria en Dacia, decretó que los cristianos
debían ser uno de los mejores espectáculos, condenándolos a las fieras en
el circo. Fueron arrestados los principales jerarcas cristianos, y entre
ellos Ignacio, que fue conducido a Roma encadenado, en un largo calvario,
con ochenta años y enfermo. En el trayecto fue acogido por varias
comunidades cristianas y escribió siete cartas llenas de fe y caridad,
invitando a los cristianos a huir del pecado, guardarse de la herejía
gnóstica y conservar la unidad. Y a quienes intentaban salvarlo del
martirio, les decía: «Espero encontrar a las fieras bien dispuestas. Las
acariciaré para que me devoren de un bocado». «Si muero, ustedes no pierden
nada; pero yo pierdo a Dios si me salvo de ellas». «Inciten a las fieras
para que sean mi tumba y no dejen restos de mi cuerpo, y así mis funerales
no serán una carga para nadie». Llegó a Roma en el 107, y a los pocos días
se encaminó radiante hacia el Coliseo para ser triturado por las fieras,
que le merecieron la corona del martirio y la gloria eterna, como era su
ardiente deseo.
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ANTÍFONA DE
ENTRADA Gál 2,19-20
Estoy crucificado con Cristo, y ya no vivo yo, sino que Cristo vive
en mí. Vivo en la fe en el Hijo de Dios, que me amó Y se entregó por mí.
ORACIÓN COLECTA
Dios todopoderoso y eterno, que honras a todo el cuerpo de tu
Iglesia con el testimonio de los santos mártires; concédenos que la gloria
del martirio hoy celebrada nos merezca tu constante protección, así como
cristo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en
la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.
LECTURA Rom 4,
20-25
Lectura de la carta del
apóstol san Pablo a los cristianos de Roma.
Hermanos: Abraham no dudó de la promesa de Dios, por falta de fe,
sino al contrario, fortalecido por esa fe, glorificó a Dios, plenamente
convencido de que Dios tiene poder para cumplir lo que promete. Por eso, la
fe le fue tenida en cuenta para su justificación. Pero cuando dice la Escritura:
“Dios tuvo en cuenta su fe”, no se refiere únicamente a Abraham, sino
también a nosotros, que tenemos fe en Aquel que resucitó a nuestro Señor
Jesús, el cual fue entregado por nuestros pecados y resucitado para nuestra
justificación.
Palabra de Dios.
COMENTARIO
La
afirmación de que somos justificados por la fe y no por las obras no se
refiere solamente a Abraham. La gracia de Jesús, su muerte y resurrección,
nos han liberado del pecado también a todos nosotros, uniéndonos a nuestro
antepasado Abraham y haciéndonos parte de su tradición.
SALMO Lc 1,69-75
R. ¡Bendito sea el Señor,
Dios de Israel!
Nos ha dado un poderoso Salvador en la casa de David, su servidor,
como lo había anunciado mucho tiempo antes por boca de sus santos profetas.
R.
Para salvarnos de nuestros enemigos y de las manos de todos los que
nos odian. Así tuvo misericordia de nuestros padres y se acordó de su santa
Alianza. R.
Del juramento que hizo a nuestro padre Abraham de concedernos que,
libres de temor, arrancados de las manos de nuestros
enemigos, lo sirvamos en santidad y justicia bajo su mirada, durante toda
nuestra vida. R.
ALELUYA Mt 5, 3
Aleluya. Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les
pertenece el Reino de los Cielos. Aleluya.
EVANGELIO Lc 12, 13-21
Evangelio de nuestro Señor
Jesucristo según san Lucas.
Uno de la multitud dijo a Jesús: “Maestro, dile a mi hermano que
comparta conmigo la herencia”. Jesús le respondió: “Amigo, ¿quién me ha
constituido juez o árbitro entre ustedes?”. Después les dijo: “Cuídense de toda
avaricia, porque aún en medio de la abundancia, la vida de un hombre no
está asegurada por sus riquezas”. Les dijo entonces una parábola:
“Había un hombre rico, cuyas tierras habían producido mucho, y se
preguntaba a sí mismo: “Qué voy a hacer? No tengo
dónde guardar mi cosecha”. Después pensó: “Voy a hacer esto: demoleré mis
graneros, construiré otros más grandes y amontonaré allí todo mi trigo y
mis bienes, y diré a mi alma: Alma mía, tienes bienes almacenados para
muchos años; descansa, come, bebe y date buena vida”. Pero Dios le dijo:
“Insensato, esta misma noche vas a morir. ¿Y para quién será lo que has
amontonado?”. Esto es lo que sucede al que acumula riquezas para sí, y no
es rico a los ojos de Dios”.
Palabra del Señor.
COMENTARIO
A quien
protesta el Maestro le recuerda que él no es un juez ni un mediador de
conflictos familiares. Sin embargo, aprovecha la ocasión para instruir
sobre la ambición y la codicia. El hombre de la parábola no entendió las
exigencias del Reino. Acumuló riquezas con trabajo y al final de su vida se
va solo, sin más séquito y bagaje que sus obras. Los faraones se fueron y sus
tesoros se quedaron en la tumba, junto a un montón de huesos. Lo humano,
incluido el hombre, es pasajero, como las flores silvestres. Sólo el Señor permanece
y es el único que basta, como expresa santa Teresa de Avila.
ORACIÓN SOBRE
LAS OFRENDAS
Señor, concédenos ofrecerte estos dones con un corazón generoso,
para que tu gracia nos purifique por estos mismos misterios que celebramos.
Por Jesucristo nuestro Señor.
ANTIFONA DE
COMUNIÓN 5a132,18-19
Los ojos del Señor están fijos sobre sus fieles, sobre los que
esperan en su misericordia, para librar sus vidas de la muerte y
sustentarlos en el tiempo de indigencia.
ORACIÓN DESPUÉS
DE LA COMUNIÓN
Señor, te pedimos que nos aproveche la celebración de este misterio,
para que seamos ayudados por tus beneficios en esta vida y crezcamos en el
conocimiento de los bienes eternos. Por Jesucristo nuestro Señor.
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REFLEXIÓN BÍBLICA
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“Eviten toda clase de avaricia, porque
el alma del hombre no depende de la abundancia de los bienes que posea”.
San Lucas 12, 13-21:
Autor: Pedro Sergio Antonio Donoso
Brant ocds
1. MAESTRO, DILE A MI
HERMANO QUE COMPARTA CONMIGO LA HERENCIA
En aquel tiempo, hallándose
Jesús en medio de una multitud, un hombre le dijo: Maestro, dile a mi
hermano que comparta conmigo la herencia”. En este relato, Lucas pone una
introducción histórica, que le da motivo para insertar luego la parábola
sobre la avaricia. Es el único evangelista que la trae. Esta persona le
pide, basado en el prestigio que tenía, más que como un simple rabí, que
intervenga en un asunto familiar.
En la Ley se decía que el
hermano mayor, cuando eran dos, llevaría dos partes de la hacienda, y el
menor una (Dt 21:17). Pero, cuando eran más
hermanos, los rabinos resolvían la cuestión de maneras distintas. En la Mishna hay una sección para las herencias, y que era
orientadora para las consultas que les hacían a los rabinos. Nada se dice
aquí si el mayor retenía injustamente la parte del menor o si, siendo
varios, a éste no le satisfacía la solución aceptada según el criterio
rabínico. En todo caso, siempre era un asunto enojoso la intromisión en
partición de herencias, y, sobre todo, Cristo le hace ver que su misión es
otra, no la de arreglar cuestiones materiales. “No quiere aparentar que
aprueba una actitud de absorción por los bienes de este mundo”
2. UN HOMBRE RICO TUVO
UNA GRAN COSECHA Y SE PUSO A PENSAR
Lucas relata la parábola de
Jesús contra la avaricia. Lo que sugiere en el hermano antes citado una retención
injusta de la hacienda.
Jesús nos ilustra con esta
parábola de un rico que sólo se dedica a atesorar riquezas, pensando
disfrutar largos años de buena vida con ellas. Pero la muerte le sobrevino:
la avaricia le hizo no poder disfrutarlas. La palabra “alma” está por vida.
Se le llama “insensato” que en A.T. (Sal 14) se
aplica al que, en la práctica, niega a Dios; aquí absorbido por las
riquezas de la vida. Y termina con esta sentencia: “Así será el que atesora
para sí y no es rico ante Dios.”
Este versículo añade un
elemento nuevo a la parábola. Esta hace ver la inutilidad del atesorar para
prolongar la existencia, pero aquí se añade un pensamiento nuevo: la
riqueza en función de la vida eterna. Por eso algunos la tienen por un
elemento “adventicio” a la parábola, aunque tomado de otra sentencia del
Señor.
3. “EVITEN TODA CLASE DE
AVARICIA”
Y dirigiéndose a la multitud,
dijo: “Eviten toda clase de avaricia, porque el alma del hombre no depende
de la abundancia de los bienes que posea”.
La avaricia es uno de los
pecados capitales, está prohibido por el noveno y décimo mandamiento. (CIC
2514, 2534). Es importante en la vida del cristiano saber se este mal, para
no caer en la insensatez.
Recordemos que el Señor nos
también nos dice: El que no renuncie a todo lo que posee, no puede ser
discípulo mío (Lc 14,33) y en el Catecismo
Católico, (2536) se dice que el décimo mandamiento proscribe la avaricia y
el deseo de una apropiación inmoderada de los bienes terrenos. Prohíbe el
deseo desordenado nacido de lo pasión inmoderada de las riquezas y de su
poder. Prohíbe también el deseo de cometer una injusticia mediante la cual
se dañaría al prójimo en sus bienes temporales:
Cuando la Ley nos dice:
"No codiciarás", nos dice, en otros términos, que apartemos
nuestros deseos de todo lo que no nos pertenece. Porque la sed del bien del
prójimo es inmensa, infinita y jamás saciada, como está escrito: "El
ojo del avaro no se satisface con su suerte" (Si 14,9) (Catec. R. 3,37) (1 Co 6,10). "No robarás" (Dt 5,19). "Ni los ladrones, ni los avaros...ni los
rapaces heredarán el Reino de Dios"
(CC 2450)
4. EL ANSIA O DESEO
DESORDENADO Y EXCESIVO POR LA RIQUEZA.
La avaricia es el afán
excesivo de poseer y de adquirir riquezas para atesorarlas o la Inclinación
o deseo desordenado de placeres o de posesiones.
“La avaricia (del latín
"avarus", "codicioso",
"ansiar") es el ansia o deseo desordenado y excesivo por la
riqueza. Su especial malicia, ampliamente hablando, consiste en conseguir y
mantener dinero, propiedades, y demás, con el solo propósito de vivir para
eso”.
Dice Santo Tomás: Cuando el
amor desordenado de sí mismo se convierte en deseo de los ojos, la avaricia
no puede ser retenida. El hombre quiere poseerlo todo para tener la impresión
de que se pertenece a sí mismo de una manera absoluta. La avaricia es un
pecado contra la caridad y la justicia. Es la raíz de muchas otras
actitudes: perfidia, fraude, perjurio, endurecimiento del corazón.
El instinto de conservación,
se manifiesta en esa perversión que no hace más que exagerar el instinto de
economía y ahorro.
La avaricia sobrepasa la
precaución y la prudencia; es un vicio espiritual, puesto que ha dado lugar
a la precaución de la precaución, y ambiciona no carecer de nada. La
avaricia es la enfermedad del ahorro. A veces, este pecado es considerado
como una virtud en razón de la modestia de vida del avaro y de su lógica
ante el porvenir.
Teólogos y científicos han
observado la psicología del avaro y han comprendido la perversión moral y
psicológica de tal hombre. El avaro se aparta de los demás, se encierra en
sí mismo y se impone una austeridad que va incluso en contra de sus
necesidades vitales. Como menos de lo necesario, pierde horas de sueño
(para velar su fortuna), vive en la obsesión del robo o del incendio.
5. ¿PARA QUIÉN SERÁN
TODOS TUS BIENES?’
El Evangelio (Mt, 6,24) dice
“Nadie puede servir a dos patrones: necesariamente odiará a uno y amará al
otro, o bien cuidará al primero y despreciará al otro. Ustedes no pueden
servir al mismo tiempo a Dios y al Dinero”
De acuerdo este relato, el personaje de la parábola
es un rico que, tras haber obtenido una abundante cosecha, decide
almacenarla en unos nuevos y grandiosos graneros, saboreando ya el placer
tanto de poseer muchos bienes como de disponer de muchos años para gozarlos
alegremente. Sin embargo, Dios le despierta de su estupidez haciéndole
consciente de que no es él el dueño de su vida y de que, de un momento a
otro (siempre muy pronto), será llamado a entregarla al Señor.
El Señor nos quiere hacer ver
que quien piensa en acumular bienes para enriquecerse en vistas a un
interés sólo personal es un insensato, porque es ante Dios, realizando el
precepto del amor, como se enriquece el hombre. En efecto, sólo dando es
como nos enriquecemos del amor de Dios y de su premio eterno.
Jesús nos ha recomendado que
no acumulemos tesoros en la tierra, sino en el cielo, y nos ha hecho
conscientes de que allí donde consideremos que está nuestro tesoro, allí
estará constantemente nuestro corazón (cf. Mt 6,19ss). En consecuencia, es
importante que, especialmente en las profundidades del corazón, nos
mantengamos libres de los “apetitos de la carne” que nos llevan a este
desordenado instinto de la ambición.
El Señor les Bendiga
Pedro Sergio Antonio Donoso Brant ocds
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PARA LA LECTIO DIVINA (3)
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LA GLORIA DE DIOS ES EL HOMBRE VIVO
El
apóstol Pablo nos recuerda, en la primera lectura, que Abrahán no vaciló
con incredulidad frente a la promesa divina, sino que «dio gloria a Dios».
Sin embargo, el cumplimiento de esa promesa andaba muy lejos de la
evidencia y el patriarca no tenía ninguna garantía visible de la herencia
futura. También el cristiano está llamado a la fe. Sin embargo, él sí ha
visto en Cristo el cumplimiento de las promesas y puede repetir con el
apóstol su profesión de fe: «Sé en quién he creído». Jesús, muerto y
resucitado por nuestra salvación, nos invita cada día a la mesa de la
Palabra, de su cuerpo y de su sangre. En ella podemos alcanzar de manera
abundante la verdadera vida, la alegría, la paz. En efecto, participando en
el misterio de su ofrenda es como el hombre se vuelve cada vez más capaz de
amar y de dar y, así, de glorificar a Dios.
Qué
bello es pensar, con san Ireneo, que la gloria de Dios es el hombre vivo, o
sea, nosotros, cuando, en un mundo aplastado por el odio y por la
violencia, nos convertimos en dóciles testigos del amor; cuando, en un
mundo asfixiado por el odio y por la violencia, nos convertimos en dóciles
testigos del amor; cuando, en una sociedad asfixiada por la búsqueda
exasperada del beneficio, tenemos el corazón “en otra parte”, “en lo alto”,
y somos capaces de decir a los hermanos la palabra de esperanza de la que
también su corazón tiene sed. Dado que somos habitantes de este mundo, es
inevitable que estemos implicados en problemas de herencias o de intereses.
Qué importante es, pues, sobre todo en esos casos, que el creyente se
manifieste “distinto”, libre de los criterios mundanos de quienes tienen
como único horizonte los bienes de la tierra. Si Abrahán supo ya mirar más
allá del presente, cuánto más nosotros, invadidos por el Espíritu del
Resucitado, debemos tener el corazón desvinculado de lo que es caduco,
habitado por la secreta dulzura que supone ser hijos amados por el Padre,
para que el Señor no deba llamarnos “Insensatos” por habernos contentado con lo que no vale y
haber olvidado que estamos destinados a la vida eterna.
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ORACION
(3)
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La caza del
tesoro es el juego preferido, la epidemia más extendida, hoy. Loterías
compradas como el pan de cada día. Juegos de azar que arruinan a muchas
familias. Esposos que se separan para rescatar los miles de millones del
divorcio. Padres que olvidan los afectos más entrañables para hacerse un patrimonio.
¿Hasta cuándo,
Señor, seguirá atado el hombre a tanta falsedad? ¿Hasta cuándo se negará a
comprender que la vida no está atada a los bienes? ¿Hasta cuándo se
embriagará con las mentiras de los medios de comunicación, ignorando que
quien acumula tesoros para sí no se enriquece ante Dios?
Sólo quien
busca encuentra, sólo quien da recibe, sólo quien rescata con sus propios
bienes a un esclavo es libre, sólo quien renuncia a sus comodidades vence
la miseria ajena, son quien se muestra solidario con los pobres tendrá cien
veces más en esta tierra y, además, la vida eterna.
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SANTORAL
(4)
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SAN IGNACIO DE ANTIOQUÍA 107
San Ignacio de Antioquía firmaba el 24 de agosto la carta que
escribía, hacia el año 110,
a los cristianos de Roma, a la Iglesia «que preside
en la caridad», suplicándoles que no hicieran valer su dignidad para
alejarle del martirio: «Dejadme que reciba la luz pura. Mi deseo terreno ha
quedado crucificado, y ya no queda en mí sino un agua pura que murmura: Ven
hacia el Padre», «Contentaos con pedir que tenga fuerza, a fin de que sea
cristiano no sólo de nombre, sino en la realidad». Antes de los dos meses -
el 17 de octubre, si atendemos al Martirologio oriental - era «molido por
los dientes de las fieras a fin de llegar a ser blanco pan de Cristo». Al
tratar de Ignacio de Antioquía no es que se hable
de él, se le escucha, puesto que confió a las páginas que escribió camino
de su martirio uno de los más hermosos cantos que jamás hayan salido de un
espíritu humano. Himno de amor a Cristo y a su Iglesia; Ignacio nunca
separa ambas cosas. Para él la señal infalible del amor de los bautizados
hacia el Señor y la presencia del Espíritu en ellos consiste en la unidad
de cada una de las Iglesias en torno a su obispo, y la de todas ellas en la
única Iglesia: «No tenéis que tener sino un solo sentir con vuestro
obispo», escribe a los Efesios. Les felicita, por otra parte, pues se
encuentran estrechamente unidos, «como la Iglesia lo está con Jesucristo y
Jesucristo con su Padre, dentro de la armonía de la unidad universal.»Muy
famoso entre los primeros mártires, quizá sirio de origen, probablemente
discípulo de los apóstoles, y el cristiano de mayor reputación en tierras
de Oriente después de la muerte de san Juan. Por eso debió de ser llamado
como obispo a la sede de Antioquía, que había
presidido el propio san Pedro.
Una tradición supone que era el
mismo niño que en el capítulo dieciocho de san Mateo llama Jesús para
ponerle como ejemplo ante sus discípulos: «En verdad os digo que si no os
volvierais y os hiciereis como niños ... »; pero
esto, además de ser incomprobable, huele
demasiado a leyenda piadosa de la más cándida hagiografía.
La verdad de san Ignacio no
está en esta identificación ni en otros episodios más que dudosos, sino en
el hecho bien documentado de su largo viaje hasta la muerte, después de su
condena, desde Antioquía a Roma, pasando por las
costas de Asia Menor y Grecia, con una parada en Esmirna.
Su destino era morir en el
circo romano para celebrar los triunfos del emperador Trajano en la Dacia,
y en el curso de la navegación escribe cartas que son uno de los
testimonios más impresionantes de la fe ante el martirio que nos ha legado
la Iglesia primitiva; en especial la que dirige a los fieles de Roma,
pidiéndoles que no intercedan por él a fin de que «nada me impida ahora
alcanzar la herencia que me está reservada».
Custodiado por feroces
guardias, «los diez leopardos», como él dice, Ignacio, sin alardes de
jactancia ni gestos estoicos, ve la vida y la muerte como cosas entregadas,
que casi no le pertenecen.
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FUENTES DE LA PAGINA
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La Pagina de la Misa Diaria, esta
preparada y es enviada por Pedro S. A. Donoso Brant ocds, desde Santiago de
Chile, como un servicio de apostolado, amor por Nuestro Señor Jesucristo y
por la Iglesia. Les
ruego su oración, para que pueda mantenerse este servicio y subsidio, dando
gracias a nuestro Dios que tanto nos ama.
Nota: Para la Liturgia de la Palabra, utilizo
“Liturgia Cotidiana” de Ediciones San Pablo, para el estudio y comentario
de la Palabra,
utilizo los textos de la Biblia Nácar-Colunga, (SBNC) y/o Biblia de
Jerusalén (SBJ),
(3) Para la Lectio Divina,
Lectio Divina para cada día del año, de Giorgio Zevini y Pier Giordano
Cabra (Eds.) y/o, Intimidad Divina, Fr. Gabriel de Santa M. Magdalena ocd,
(4) Santoral preparado por la Parroquia de la Sagrada Familia
de Vigo.
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