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MISA DIARIA DE CAMINANDO CON JESUS

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Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

 

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18-03-2018

Edición Nº MD 5.141

LITURGIA DE LA HORAS

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DOMINGO, V SEMANA DE CUARESMA

 

Jer 31,31-34; Heb 5,7-9; Jn 12,20-33

CRISTO FUE ESCUCHADO

bcu5La segunda lectura, aludiendo a la oración del huerto, afirma que Cristo «fue escuchado» por su Padre. Expresión paradójica, porque el Padre no le ahorró pasar por la muerte. Y, sin embargo, fue escuchado. La resurrección revelará hasta qué punto el Hijo ha sido escuchado. A este Cristo que había pedido: «Padre, glorifica a tu Hijo» (Jn 17,1), lo vemos ahora coronado de honor y gloria precisamente en virtud de su pasión y su cruz (Heb 2,9). Más aún, una vez resucitado, llevado a la perfección, «se ha convertido para todos los que le obedecen en autor de salvación eterna». A la luz de la Resurrección entendemos en toda su verdad que es el grano de trigo que cae en tierra y muere para dar mucho fruto. Sí, efectivamente, en lo más hondo de su agonía el Hijo ha sido escuchado por el Padre.

Esto es iluminador también para nosotros. Mucha gente se queja de que Dios no le escucha porque no le libera de los males que está sufriendo. Pero a su Hijo tampoco le liberó de ni le ahorró la muerte. Y, sin embargo, le escuchó. Dios escucha siempre. Lo que ocurre es que nosotros «no sabemos pedir lo que conviene» (Rom 8,26). Dios puede escucharnos permitiendo que permanezcamos en la prueba y no evitándonos la muerte. Nos escucha dándonos fuerza para resistir en la prueba. Nos escucha dándonos gracia para ser aquilatados y purificados. Nos escucha glorificándonos a través del sufrimiento. Nos escucha haciéndonos grano de trigo que muere para dar fruto abundante...

Todos los cristianos y santos de todas las épocas somos fruto de la pasión de Cristo. Gracias a ella el príncipe de este mundo ha sido echado fuera. Gracias a ella hemos sido arrancados del poder del demonio y atraídos hacia Cristo. Gracias a ella Dios ha sellado con nosotros una alianza nueva. Gracias a ella nuestros pecados han sido perdonados. Gracias a ella Dios ha creado en nosotros un corazón puro y nos ha devuelto la alegría de la salvación. Gracias a ella ha sido inscrita en nuestro corazón la nueva ley, la ley del Espíritu Santo...leer mas en este link: Domingo V de Cuaresma

Para ver la Reflexión completa de las 3 lecturas y el salmo de la Liturgia de este domingo pinchar este link: (Enlace): PALABRA DE DIOS

 

I.- RITOS INICIALES

ANTÍFONA DE ENTRADA Sal 42 1-2

Hazme justicia, Señor, y defiende mi causa contra gente sin piedad; del hombre falso y perverso líbrame, Señor; porque tú eres mi Dios, mi fortaleza.

ACTO PENITENCIAL

·       Tú que eres la promesa del Padre; Señor, ten piedad.

·       Tú que padeciste por nuestra salvación; Cristo, ten piedad.

·       Tú que quisiste morir como el grano de trigo; Señor, ten piedad.

ORACIÓN COLECTA

Señor Dios nuestro, te rogamos que tu gracia nos ayude a imitar animosamente la caridad de tu Hijo que por amor al mundo se entregó a la muerte. Por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

II.- LITURGIA DE LA PALABRA

PRIMERA LECTURA Jer 31, 31-34

Dios promete su Nueva y Eterna Alianza con nosotros asegurando haber perdonado nuestras iniquidades.

Lectura del libro de Jeremías.

Llegarán los días —oráculo del Señor— en que estableceré una nueva Alianza con la casa de Israel y la casa de Judá. No será como la Alianza que establecí con sus padres el día en que los tomé de la mano para hacerlos salir del país de Egipto, mi Alianza que ellos rompieron, aunque Yo era su dueño —oráculo del Señor—. Esta es la Alianza que estableceré con la casa de Israel, después de aquellos días —oráculo del Señor—: pondré mi Ley dentro de ellos, y la escribiré en sus corazones; Yo seré su Dios y ellos serán mi Pueblo. Y ya no tendrán que enseñarse mutuamente, diciéndose el uno al otro: “Conozcan al Señor”. Porque todos me conocerán, del más pequeño al más grande —oráculo del Señor—. Porque Yo habré perdonado su iniquidad y no me acordaré más de su pecado.

Palabra de Dios.

COMENTARIO: La experiencia de Dios es siempre nueva y sorprendente. Página a página la Biblia ha notificado el fracaso de la alianza por la infidelidad de Israel. Pero, al mismo tiempo, certifica el amor y misericordia del Señor para perdonar y recomponer. El relato de hoy es de suma importancia: El Señor anuncia que instaurará una alianza nueva, que se denominará por siempre la --nueva alianza--.

SALMO Sal 50, 3-4. 12-15

El salmo responde a la promesa de Dios pidiendo piedad, purificación y renovación interior. Participamos de esta oración, aclamando: Crea en mí, Dios mío, un corazón puro.

R. Crea en mí, Dios mío, un corazón puro.

¡Ten piedad de mí, Señor, por tu bondad, por tu gran compasión, borra mis faltas! ¡Lávame totalmente de mi culpa y purifícame de mi pecado! R.

Crea en mí, Dios mío, un corazón puro, y renueva la firmeza de mi espíritu. No me arrojes lejos de tu presencia ni retires de mí tu santo espíritu. R.

Devuélveme la alegría de tu salvación, que tu espíritu generoso me sostenga: yo enseñaré tu camino a los impíos y los pecadores volverán a ti. R.

SEGUNDA LECTURA Heb 5, 7-9

Jesucristo, con sus sufrimientos, fue causa de salvación eterna para todos.

Lectura de la carta a los Hebreos.

Hermanos: Cristo dirigió durante su vida terrena súplicas y plegarias, con fuertes gritos y lágrimas, a Aquél que podía salvarlo de la muerte, y fue escuchado por su humilde sumisión. Y, aunque era Hijo de Dios, aprendió por medio de sus propios sufrimientos qué significa obedecer. De este modo, él alcanzó la perfección y llegó a ser causa de salvación eterna para todos los que le obedecen.

Palabra de Dios.

COMENTARIO: El dolor y la mortificación del cuerpo cobra sentido y valor cuando viene acompañada de una liberación integral del hombre. Por eso la obediencia de Jesús lo lleva hasta el sacrificio de sí mismo para sellar con su sangre la nueva y eterna alianza entre el Padre y la humanidad.

ACLAMACIÓN Jn 12, 26

“El que quiera servirme, que me siga, y donde Yo esté, estará también mi servidor”, dice el Señor.

EVANGELIO Jn 12, 20-33

Jesús es el grano que muere para dar vida a todos. Asume su muerte como “la hora” - el momento supremo - en que el Padre será glorificado.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan.

Había unos griegos que habían subido a Jerusalén para adorar a Dios durante la fiesta de Pascua. Éstos se acercaron a Felipe de Betsaida de Galilea, y le dijeron: “Señor, queremos ver a Jesús”. Felipe fue a decírselo a Andrés, y ambos se lo dijeron a Jesús. Él les respondió: “Ha llegado la hora en que el Hijo del hombre va a ser glorificado. Les aseguro que si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto. El que tiene apego a su vida la perderá; y el que no está apegado a su vida en este mundo, la conservará para la Vida eterna. El que quiera servirme que me siga, y donde Yo esté, estará también mi servidor. El que quiera servirme, será honrado por mi Padre. Mi alma ahora está turbada. ¿Y qué diré: “Padre, líbrame de esta hora”? ¡Si para eso he llegado a esta hora! ¡Padre, glorifica tu Nombre!”. Entonces se oyó una voz del cielo: “Ya lo he glorificado y lo volveré a glorificar”. La multitud, que estaba presente y oyó estas palabras, pensaba que era un trueno. Otros decían:

“Le ha hablado un ángel”. Jesús respondió: “Esta voz no se oyó por mí, sino por ustedes. Ahora ha llegado el juicio de este mundo, ahora el Príncipe de este mundo será arrojado afuera; y cuando Yo sea levantado en alto sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí”.

Palabra del Señor.

COMENTARIO: Pocos días antes de su pasión, Jesús anuncia que ha llegado la hora de la glorificación del Hijo del hombre. Nótese bien que Juan incluye como parte de la glorificación el morir como el grano de trigo para dar frutos abundantes, y el ser levantado sobre la cruz como paso a la resurrección. Aún cuando Jesús teme a la muerte, no ha dudado en seguir la vocación del grano de trigo. Su cuerpo quebrado y su sangre derramada son el signo de quien se ha olvidado de sí mismo para conseguir la vida eterna.

CREDO

Creo en un solo Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible.

Creo en un sólo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación bajo del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin.

Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas.

Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica. Confieso que hay un solo Bautismo para el perdón de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro. Amén.

ORACIÓN DE LOS FIELES

·       A cada intención, pedimos: Ayúdanos a imitar tu entrega.

·       Para que todos los cristianos imitemos la caridad de Cristo, que se entrega por todos los hombres. Oremos.

·       Para que los dirigentes de la sociedad quieran «gastar la vida» sirviendo a los demás. Oremos.

·       Para que los que trabajan y sufren por el bien del prójimo experimenten el gozo de una vida fecunda. Oremos.

·       Para que en la próxima Semana Santa se acerquen a los sacramentos los hermanos alejados de la práctica religiosa. Oremos.

III.- LITURGIA EUCARÍSTICA

Presentación de las ofrendas: Cristo muerto y resucitado para nuestra salvación, es nuestra gran ofrenda al Padre. Junto a él, presentemos al Señor los esfuerzos realizados en esta Cuaresma para purificar y renovar nuestra vida.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Escúchanos, Dios todopoderoso, y por la eficacia de este sacrificio purifica a quienes has instruido con la doctrina de la fe. Por Jesucristo nuestro Señor.

Prefacio (Cuaresma II): Dios, por Jesucristo ha renovado definitivamente su Alianza. Por eso, demos gracias al Señor, nuestro Dios, que estableció para sus hijos un tiempo especial de conversión para recuperar la pureza del alma.

ANTÍFONA DE COMUNIÓN Jn 11,26

Dice el Señor: Todo el que vive y cree Dios todopoderoso, te pedimos que en mí no morirá jamás.

Comunión: La Eucaristía es el fruto del amor de Jesús para nuestra salvación. Con alegría, marchemos a la mesa del Señor.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Dios todopoderoso, te pedimos que nos cuentes siempre entre los miembros de Cristo cuyo Cuerpo y Sangre hemos recibido. Por Jesucristo nuestro Señor.

VI. RITO DE CONCLUSION

Canto final: Reconfortados porque Jesús obtuvo ya salvación eterna para todos los que le obedecen, nos retiramos cantando.

  REFLEXIÓN BÍBLICA

 

Jesús es el grano que muere para dar vida a todos,

Con sus sufrimientos, fue causa de salvación eterna para todos.

Jn 12, 20-33

Autor: Pedro Sergio Antonio Donoso Brant


1.     PONDRÉ MI LEY DENTRO DE ELLOS, Y LA ESCRIBIRÉ EN SUS CORAZONES

Por su extrema culminación, Cristo es el Sumo Sacerdote que reconcilia con la propia sangre a los hombres con Dios, estipulando de este modo aquella “nueva alianza” de la que habla Jeremías (Jer 31, 31-34): “Llegarán los días —oráculo del Señor— en que estableceré una nueva Alianza con la casa de Israel y la casa de Judá.” Por medio de ella, el hombre se renueva en su ser más intimo; la ley de Dios no es ya una simple ley externa grabada en tablas de piedra, sino una ley interior escrita en el corazón por el amor y con la sangre de Cristo. Por la pasión de Cristo, en efecto, llegaron los días de los que Dios había dicho: “Esta es la Alianza que estableceré con la casa de Israel, después de aquellos días —oráculo del Señor—: pondré mi Ley dentro de ellos, y la escribiré en sus corazones.”

Pero, al mismo tiempo, refrenda el amor y misericordia del Señor para perdonar y recomponer. “Yo seré su Dios y ellos serán mi Pueblo. Y ya no tendrán que enseñarse mutuamente, diciéndose el uno al otro: “Conozcan al Señor”. Porque todos me conocerán, del más pequeño al más grande.”

Y Dios promete su Nueva y Eterna Alianza con nosotros asegurando haber perdonado nuestras iniquidades. “Porque Yo habré perdonado su iniquidad y no me acordaré más de su pecado.”

2.     JESUCRISTO, CON SUS SUFRIMIENTOS, FUE CAUSA DE SALVACIÓN ETERNA PARA TODOS.

“Cristo dirigió durante su vida terrena súplicas y plegarias, con fuertes gritos y lágrimas, a Aquél que podía salvarlo de la muerte” (Heb 5, 7-9). Con gran sensibilidad Pablo nos describe las angustias de Cristo, con una humanidad que impresiona, cuando con gritos y con lágrimas, presentó nuestro Señor Jesucristo sus oraciones y súplicas al que podía salvarlo, aludiendo a los lamentos del Señor en Getsemaní. El es Hijo, pero el Padre no le perdona porque le ha entregado para la salvación del mundo (Jn 3, 16); “Y, aunque era Hijo de Dios, aprendió por medio de sus propios sufrimientos qué significa obedecer” y el Hijo acepta voluntariamente la voluntad del Padre aprendiendo, sufriendo y obedeciendo: “De este modo, él alcanzó la perfección y llegó a ser causa de salvación eterna para todos los que le obedecen.”.

1.         ES NECESARIO OBEDECER NEGÁNDOSE A SI MISMO.

Siendo Hijo de Dios, no tenía necesidad alguna de someterse a la muerte ni de obedecer a través del sufrimiento, pero abrazó ambas cosas para convertirse para todos los que le obedecen en autor de “salvación eterna”.

La pasión revela así, del modo más elocuente, la sublimidad del amor del Padre y de Cristo hacia los hombres; y revela también que para ser salvados por aquel que consumó el holocausto de la obediencia en la muerte de cruz, es necesario obedecer negándose a si mismo. (Comentario de Intimidad Divina, Padre Gabriel de SMM ocd.)

3.     HA LLEGADO LA HORA EN QUE EL HIJO DEL HOMBRE VA A SER GLORIFICADO

La hora de la muerte de Jesucristo ya es inminente. Hecha la entrada mesiánica en Jerusalén, el período para su muerte está ya en marcha. Esta es la hora tantas veces anunciada, así esta relatada en el Evangelio de San Juan (Jn 2:4; 7:30; 8:20; 13:1; 17:1) y la que sistematizó su vida.

Pero esta hora es “la hora en que el Hijo del hombre será glorificado.” San Juan, es el evangelista que por excelencia, destaca la muerte de Jesucristo como su triunfo: no sólo victoria sobre el pecado, sino paso, pascua, al Padre (Jn 13:1) e ingreso de su humanidad en la plenitud de sus derechos divinos (Jn 17:1b.5.24).

Este fragmento del Evangelio, (Jn 12, 20-33),  nos ilustra este triunfo, es la comparación parabólica con el grano de trigo. Si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto. Lo que Cristo enseña con una semejanza es la riqueza del fruto universal (Jn 11:52) de su muerte.

Así es, como en esta ocasión, Jesús por medio de esta metáfora, nos anuncia su glorificación por su propia muerte por medio de la comparación con el grano de trigo, con lo cual nos hace ver que su muerte no será un fracaso, al contrario será los que nos permitirá una vida nueva.

4.     LES ASEGURO QUE SI EL GRANO DE TRIGO QUE CAE EN LA TIERRA NO MUERE, QUEDA SOLO; PERO SI MUERE, DA MUCHO FRUTO.

Como es habitual en él, Jesús es un hombre sencillo para comunicarse con los suyos, y emplea un lenguaje que no difícil de entender. En esta ocasión los hace con metáforas de la vida ordinaria como en este caso de la semilla del trigo, todo campesino sabe muy bien que al sembrar el grano en la buena tierra, este muere, esto es, se pudre, pero como consecuencia de esto de el surge una nueva planta que crece y luego bien regada da muchos granos más, y su siembra resultaría un verdadero fracaso si el grano no muriera.

Es así, como no sirve un grano de trigo sin germinar, pero la germinación de vida supone entrar él mismo en la muerte, como la muerte de Jesucristo y de los que estamos unidos a Él por la fe y el Bautismo, es como la muerte del grano de trigo y de esa muerte nace Vida Nueva. Para seguir a Cristo, no podemos evitar la cruz, si lo hiciéramos, estaríamos siendo como el grano sin germinar.

5.     EL QUE QUIERA SERVIRME, QUE ME SIGA, Y DONDE YO ESTÉ, ESTARÁ TAMBIÉN MI SERVIDOR.

Jesús nos invita a seguirle y nos pide siempre entrega total. Nos invita a tener una actitud de confianza completa y sin reservas a la salvación del reinado de Dios, siguiendo a Cristo perderemos muchas cosas superfluas de esta sociedad, pero se convertirán en ganancia en fuente de vida. Jesús siempre nos pide una entrega radical y nos pide una vida sin egoísmo y sin pensar en asegurar nuestra propia existencia, tenemos que olvidarnos por completo de si mismo, como el lo hizo y sin palabra, el lo hizo con su vida en la cruz.

El que sirve a Cristo, ha de seguirle. Donde Cristo está, también deberá estar él. Si El está ahora en la muerte, también el servidor ha de seguirle por este camino. “El que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame” (Mt 16:24 par.). La enseñanza no se limita a solos los apóstoles o discípulos; es universalmente para todos. Esto exige, en orden a la vida eterna, perder su alma en este mundo. Cuando leemos los Evangelios de san Juan, el mundo tiene el sentido de los hombres malos. Por eso, el que quiera guardarla intacta y preservarla (Jn 17:12) para la vida eterna, ha de perderla para la vida de este mundo malo.

6.     EL QUE QUIERA SERVIRME, SERÁ HONRADO POR MI PADRE

El Evangelio siempre nos pide un cambio y un compromiso, si miramos como está la sociedad hoy día, encontramos ese mundo malo del que habla Juan, donde cada vez hay menos interés por vivir como nos ha enseñado Jesús, donde se pierde fácilmente el estimulo por ser solidario con los mas pobres, un mundo que le es difícil amar y entregarse incondicionalmente al prójimo de la forma como Jesús nos ha pedido, una sociedad olvidada de orar. Entonces nos preguntamos ¿Qué frutos se pueden esperar con esta forma de vida? Para dar buenos frutos, hace falta entregarse como semilla, hace falta comprometerse por lo que uno cree, entonces si queremos dar fruto, debemos ser capaces de darnos, de entregarnos, de morir por aquello que estamos convencidos que es bueno.

A los cristianos se nos exige renunciar a nosotros mismo, renunciar a nosotros mismos en el servicio. “Servir” y “seguir”, son dos palabras que se usan frecuentemente para decir que somos cristianos: se sirve al Señor y se sigue al Señor y si seguimos a Cristo en todo momento y en todas las circunstancia, muriendo con Cristo, también seremos glorificados con Él. Así es, como el premio a este “servicio” y “seguimiento” a Cristo, será como nos anuncia El mismo: será honrado por mi Padre".

7.     ORACION

Es así como oramos y damos al Señor Jesús, ya que su muerte en la cruz, es fuente de vida, gracias a esta generosa entrega de su parte, y ha permitido que muchos hombres hayan recibido y recibirán la vida eterna. Su sufrimiento lleno de amor y por amor extremo a nosotros es fecundo, de su pasión, somos frutos nosotros.

¡OH!, Cristo, que la contemplación de ti crucificado, encienda en nosotros el deseo de acompañarte en la cruz para dar vida al mundo; “os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca. (Jn 15, 16)

¡OH!, Cristo, que crucificado atrae irresistiblemente las miradas y los corazones, rogamos que sea fácil para nosotros comprender que la cruz es expresión del amor del Padre a su Hijo: “Por eso me ama el Padre, porque doy mi vida, para recobrarla de nuevo. (Jn 10,17)

¡OH!, Cristo, por amor a nosotros, no rehúye la cruz, porque “Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo:  (Jn 38,37), por todo esto, “Gracias Señor”

Comos Santa Teresa de Jesús, decimos: Vuestra soy, para Vos nací, ¿Qué mandáis hacer de mí?

El Señor les Bendiga

Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

PARA LA LECTIO DIVINA  (3)

 

"QUISIÉRAMOS VER A JESÚS, QUISIÉRAMOS CONOCERLO".

El pasaje evangélico de hoy es muy significativo en nuestro camino cuaresmal. Jesús ha subido a Jerusalén a la fiesta de pascua. Algunos griegos acuden a Felipe y le dicen: "Quisiéramos ver a Jesús, quisiéramos conocerlo". Es una pregunta que también nosotros deberíamos hacer siempre. Siempre necesitamos acercarnos a Jesús, conocerlo de nuevo, como si nunca lo hubiésemos visto, porque nunca acabamos de conocer al Señor. Cada día deberíamos sentir cómo surge dentro de nosotros más vivamente este deseo: ver a Jesús. ¿Quién nos conducirá a él, quién nos lo señalará, quién nos lo hará ver?

Precisamente este deseo nos lleva a escuchar su Palabra, a buscarle en la Sagrada Escritura, en el Evangelio, en la Iglesia, en los hermanos, en los sacramentos, en nuestro corazón. Ahora ya no debemos buscarle fuera de nosotros, porque Jesús vive en nosotros, si de verdad creemos. Lo más importante es participar íntimamente, con corazón de creyente, en el misterio de Cristo. Sólo así daremos fruto. Pero Jesús nos recuerda que nadie vive verdaderamente -y esto significa dar fruto- si no  acepta penetrar en el misterio del grano que muere, misterio vivido por él antes que nadie.

Nosotros no tenemos fuerza suficiente para ahondar en la tierra fecunda si no tenemos presente que el terreno para morir es el del amor, que da sentido a la cruz de Cristo y a todas las cruces que se levantan junto a ella, esperando a su sombra el cumplimiento de la alianza nueva que es su pascua (cf. Ap 14,13).

ORACION (3)

 

También nosotros queremos verte, Jesús, en esta hora en que, como semilla, te siembras en la tierra de nuestro dolor y germinal en apretada espiga, esperanza de mies abundante. Tú nos descubres qué dulce es morir para el que ama y se da con alegría. Perder la vida por ti y contigo es encontrarla. Entonces hasta el llanto florece en sonrisa.

En tus llagas encontramos refugio y en ellas recobra sentido el padecer humano. Sólo mirándote hallamos fuerza para abandonarnos confiadamente en las manos paternas de Dios. Purifica los ojos de nuestro corazón hasta que, no como en un espejo ni de modo confuso, sino en un amoroso cara a cara te veamos como eres. Amén.

SANTORAL (4)

 

SAN CIRILO DE JERUSALÉN

Obispo y doctor de la Iglesia  315-387

San Cirilo de Jerusalén era un hombre lleno de paz y mansedumbre en medio de las agitaciones de su tiempo. Nació en Jerusalén o cercanías hacia el año 315. Nada sabemos de su juventud. Hay indicios de que la pasó en la vida monástica, en estudio y oración. Tendría unos treinta años cuando San Máximo de Jerusalén le ordenó sacerdote.

San Cirilo fue consagrado como obispo de Jerusalén alrededor del año 350, y murió el 386 ó 387. Era la época en la que la Jerusalén cristiana brillaba con toda la luz de su breve esplendor en la juventud de sus basílicas y el fervor popular de las procesiones que se desarrollaban a lo largo del año: desde Sión, «la madre de todas las iglesias» (Liturgia de Santiago), hasta el Calvario, y del Monte de los Olivos a la Anástasis, la basílica de la Resurrección.

El ministerio pastoral de Cirilo conoció múltiples tribulaciones unidas a su defensa de la fe definida en Nicea. Por tres veces se vio obligado el obispo, a causa de ello, a tomar el camino del exilio, y, la tercera de ellas, durante once años (367-378). Cirilo sufrió la prueba con entusiasmo, como auténtico testigo de la divinidad de Jesús.

Algo de esta fe, junto con su deseo de difundir el amor a Cristo, se echa de ver en sus Catequesis bautismal, que se remontan, a lo que parece, al comienzo de su episcopado.

Uno de los misterios que trata con más precisión es el de la presencia real. Dice a los neófitos: "Bajo la figura del pan recibís el Cuerpo de Cristo, y bajo las apariencias de vino recibís su Sangre, y esa recepción hace de vosotros un solo cuerpo y una sola sangre con Él".

Luego explica cómo acercarse los fieles a la sagrada mesa: "Haced de vuestra mano izquierda como un trono en que se apoye la mano derecha, que ha de recibir al Rey. Santificad luego vuestros ojos con el contacto del Cuerpo divino y comulgad. No perdáis la menor partícula. Decidme: Si os entregasen pajuelas de oro ¿no las guardaríais con el mayor cuidado? Pues más preciosas que el oro y la pedrería son las especies sacramentales”.

"En la figura del pan se te da el Cuerpo y en la del vino la Sangre; para que tú, recibiendo el Cuerpo y la Sangre de Cristo, te hagas un cuerpo y una sangre con él; a fin de que seamos cristóforos, portadores de Cristo, al comunicársenos a nuestros miembros su Cuerpo y su Sangre".

Asiste al concilio I de Constantinopla, ecuménico II, tiene el consuelo de ver el triunfo de sus ideas y contempla con gozo que va renaciendo la concordia.

 

FUENTES DE LA PAGINA

 

La Pagina de la Misa Diaria, esta preparada y es enviada por Pedro S. A. Donoso Brant ocds, desde Santiago de Chile, como un servicio de apostolado, amor por Nuestro Señor Jesucristo y por la Iglesia. Les ruego su oración, para que pueda mantenerse este servicio y subsidio, dando gracias a nuestro Dios que tanto nos ama.

Nota: Para la Liturgia de la Palabra, utilizo “Liturgia Cotidiana” de Ediciones San Pablo, para el estudio y comentario de la Palabra, utilizo los textos de la Biblia Nácar-Colunga, (SBNC) y/o Biblia de Jerusalén (SBJ),

(3) Para la Lectio Divina, Lectio Divina para cada día del año, de Giorgio Zevini y Pier Giordano Cabra (Eds.) y/o, Intimidad Divina, Fr. Gabriel de Santa M. Magdalena ocd,

(4) Santoral preparado por la Parroquia de la Sagrada Familia de Vigo.

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