MISA DIARIA DE CAMINANDO CON JESUS

Pedro Sergio Antonio Donoso Brant ocds

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Fecha: 19-08-2011

Edición   MD 2991

T.O. CICLO A, SEM XX

LITURGIA DE LA HORAS

Viernes, De la feria. Verde. San Juan Eudes, presbítero. (ML). Blanco

 

ANTÍFONA DE ENTRADA Sal 83, 10-11

Señor, protector nuestro, mira el rostro de tu Ungido, porque vale más un día en tus atrios que mil en otra parte.

ORACIÓN COLECTA

Dios nuestro, que has preparado bienes invisibles para los que te aman, infunde en nuestros corazones la ternura de tu amor para que, amándote en todas y sobre todas las cosas, alcancemos tus promesas que superan todo deseo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

LECTURA Rut 1,1-8. 14-16.22

Lectura del libro de Rut.

Durante el tiempo de los Jueces hubo una gran sequía en el país, y un hombre de Belén de Judá emigró a los campos de Moab, con su mujer y sus dos hijos. El hombre se llamaba Elimélec; su esposa, Noemí; y sus dos hijos, Majlón y Quilión. Al morir Elimélec, el esposo de Noemí, ella se quedó con sus hijos. Estos se casaron con mujeres moabitas -una se llamaba Orpá y la otra Rut- y así vivieron unos diez años. Pero también murieron Majlón y Quilión, y Noemí se quedó sola,

sin hijos y sin esposo. Entonces se deci dió a volver junto con sus nueras, abandonando los campos de Moab, porque se enteró de que el Señor había visitado a su pueblo y le había proporcionado alimento. Mientras regresaban al país de Judá, Noemí dijo a sus nueras: “Váyanse, vuelvan cada una a la casa de su madre. ¡Qué el Señor tenga misericordia de ustedes, como ustedes la tuvieron con mis hijos muertos y conmigo!” Orpá despidió a su suegra con un beso, mientras que Rut se quedó a su lado. Noemí le dijo: “Mira, tu cuñada regresa a su pueblo y a sus dioses; regresa tú también con ella”. Pero Rut le respondió:

“No insistas en que te abandone y me vuelva, porque yo iré adonde tú vayas y viviré donde tú vivas. Tu pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi Dios». Así regresó Noemí con su nuera, la moabita Rut, la que había venido de los campos de Moab. Cuando llegaron a Belén, comenzaba la cosecha de la cebada.

Palabra de Dios.

COMENTARIO

Desde el Concilio Vaticano II se insiste en proteger la libertad religiosa y el respeto a los que profesan otras religiones. Reafirmando esto el papa Juan Pablo II se ha reunido y comunicado con los líderes de todas las religiones de la tierra, promoviendo el diálogo interreligioso, a partir del primer encuentro con éstos en Asís, tierra donde nació san Francisco. Noemí y su nuera Rut son pioneras en esta libertad. Noemí regresa a su patria, acompañada por Rut, oriunda de Moab. Es el amor entre ambas mujeres el que iguala las creencias: “Tu pueblo será mi pueblo, tu Dios es mi Dios”, decide Rut. El amor a la suegra es más fuerte que el amor al clan y adopta la fe de aquélla. Lo que no sospecha Rut es que con su decisión por el Dios de Israel se injerta en el árbol genealógico de Jesús

SALMO Sal 145, 5-10

R. ¡Alaba, alma mía, al Señor!

Feliz el que se apoya en el Dios de Jacob y pone su esperanza en el Señor, su Dios: él hizo el cielo y la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos. R.

Él mantiene su fidelidad para siempre. Hace justicia a los oprimidos y da pan a los hambrientos. El Señor libera a los cautivos. R.

Abre los ojos de los ciegos y endereza a los que están encorvados, el Señor ama a los justos y protege a los extranjeros. R. Sustenta al huérfano y a la viuda; y entorpece el camino de los malvados. El Señor reina eternamente, reina tu Dios, Sión, a lo largo de las generaciones. R.

ALELUYA Sal 24, 4.5

Aleluya. Señor, enséñame tus senderos, guíame por el camino de tu fidelidad. Aleluya.

EVANGELIO Mt 22, 34-40

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo.

Cuando los fariseos se enteraron de que Jesús había hecho callar a los saduceos, se reunieron con él, y uno de ellos, que era doctor de la ley, le preguntó para ponerlo a prueba: “Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la ley?”. Jesús le respondió: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu. Este es el más grande y el primer mandamiento. El segundo es semejante al primero: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos dependen toda la ley y los profetas”.

Palabra del Señor.

COMENTARIO

Muchas veces hemos escuchado que el árbol impide ver el bosque. Pero también es cierto que los detalles de la Ley pueden ocultar el amor que la inspiran. Es la esencia lo que ante todo debemos ver y observar, aunque para ello fuera necesario pasar por alto algunos detalles. Tal cual sucede cuando el Maestro, respecto al descanso sabático, rompe algunas prescripciones, quebrantando la ley cuando se trata de sanar a un enfermo o dar de comer a una multitud hambrienta y cansada. Se pregunta sobre cuál es el mandamiento más importante. El Maestro responde que consiste en aceptar la voluntad del Padre en la propia vida por amor y el modo de hacerlo es servir al prójimo por amor. Quien cumple ha puesto en práctica toda la Ley y la enseñanza de los profetas.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Acepta, Señor, nuestra ofrenda, en la cual se realiza un admirable intercambio, para que, al ofrecerte lo que nos diste, podamos recibirte a ti mismo. Por Jesucristo, nuestro Señor.

ANTÍFONA DE COMUNIÓN Sal 129, 7

En el Señor se encuentra la misericordia y la redención en abundancia.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Señor y Padre nuestro, unidos a Cristo por este sacramento, imploramos humildemente tu misericordia, para que, hechos semejantes a Él en la tierra, merezcamos gozar de su compañía en el cielo. Que vive y reina por los siglos de los siglos.

REFLEXIÓN BÍBLICA

 

“Amarás a tu prójimo como a ti mismo”

Mt 22, 34-40

Autor: Pedro Sergio Antonio Donoso Brant ocds

1.        “MAESTRO, ¿CUÁL ES EL MANDAMIENTO MÁS GRANDE DE LA LEY?”

“Cuando los fariseos se enteraron de que Jesús había hecho callar a los saduceos, se reunieron con él, y uno de ellos, que era doctor de la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba: “Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la Ley?”. Jesús le respondió con el mandamiento tomado del Deuteronomio: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu” y les asegura que: “este es el más grande y el primer mandamiento.” Y luego tomado de Levíticos 19,18 les amplía: “El segundo es semejante al primero: Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Estos eran mandamientos conocidos, pero muy tenidos en menos como los más importantes.

Aquí se busca conocer el pensamiento de Jesús, sobre un mandamiento de la ley, seguramente éste estaba en las habituales discusiones del ambiente rabínico, porque sabemos que era común de aquel tiempo discutir sobre la importancia de los preceptos. Sucedía que de todos los mandatos, una buena parte se consideraban como positivos y otros negativos, como del mismo modo se calificaban en graves y otros en leves. En este ambiente surge la pregunta que se le va a hacer a Jesús.

Los fariseos se caracterizaban por su rigor y austeridad en el cumplimiento de la letra de la ley y en la atención a los aspectos externos de los preceptos religiosos y los saduceos eran ciertas personas, que pertenecían a la aristocracia sacerdotal judía que negaban la inmortalidad del alma, aquí en este Evangelio, el fariseo quiere probar la opinión de Jesús, con habilidad y astucia para conseguir algo con oscuros propósitos y así comprometerlo, en otras palabras, mediante una treta, busca perjudicar a Jesús.

2.        UN SOLO MANDAMIENTO “EL AMOR” Y PARA TODOS LOS EFECTOS LA NOVEDAD ESTÁ EN UBICARLOS EN PRIMER LUGAR

Jesús, les declara que “De estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los Profetas”, y lo que hace con esto, al relacionar esto dos preceptos, los transforma en uno solo, y nos enseña que la voluntad del Padre, se concentra en el doble precepto del amor a Dios y al prójimo. Entonces la novedad es que no es necesario ya para nosotros discernir cuáles cual es el mas grande de los mandamientos, porque nos quedamos con uno solo “el amor” y para todos los efectos la novedad está en ubicarlos en primer lugar, es así como el Señor insistirá en situar el precepto del amor a Dios sobre todas las cosas, en su lugar primero, absoluto y excepcional, “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu”. Y luego va a insistir y situar en su propio lugar otro mandamiento descuidado por el judaísmo y pospuesto a otros preceptos menores, “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Jesús da este segundo mandamiento sin que el doctor de la Ley se lo haya preguntado. ¿A qué se debe esta insistencia y la proclamación de su excelencia?

Moralmente, quizás a los judíos les sonaba bien esto como un valor moral, en este caso para Jesús es un mandato y se los anuncia con las palabras del Levítico: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Lev 19:18). Pero en su mismo contexto se ve que este prójimo de un judío es sólo otro judío, y a lo más el “peregrino” que morase con ellos. Los samaritanos, los publícanos y las gentes de mala vida no eran para ellos prójimo; los samaritanos y los publícanos eran positivamente odiados (Eclo 50:27.28).

Entonces, Jesús sitúa este precepto en el puesto que le corresponde, y lo reglamenta en función de Dios. Por eso se da aquí a este mandamiento dos características. Por una parte saca el concepto de prójimo de los estrechos límites judíos para darle la universalidad de lo “humano”; es la doctrina de Jesús. Por otra parte, El pone y destaca la gravedad e importancia del mismo, al ponerlo, por encima de todas las insignificancias y pequeñeces del amor de Dios, porque no hay otro mandamiento mayor que éstos. Precisamente el precepto del amor al prójimo es “semejante” al mandamiento del amor a Dios. “La semejanza está en la caridad, que no va al prójimo sino por amor de Dios.” Pero lo que aquí también se urge es la gran obligación semejante al primero, la práctica del amor al “prójimo”

El amor a Díos, y el amor al prójimo, sumados las dos recopilan y sintetizan toda la Ley, de estos preceptos las leyes restantes cobran mucho sentido.

3.        “AMARÁS”, Y CON TODO EL CORAZÓN

Este es nuestro deber, “Amarás”, y con todo el corazón, sin ninguna restricción y con todo lo que te da la vida, con toda el alma, esto con el primer principio de nuestra vida, lo mas importante, la parte espiritual e inmortal, capaz de entender, querer y sentir, y que, junto con el cuerpo, constituye su esencia humana, con toda la mente, con la capacidad intelectual humana, con el pensamiento, mas allá de toda imaginación y voluntad. Esto es amar con todo lo que hemos recibido de Dios, por tanto con todo lo que podemos acercarnos a Dios y estar con El.

Así es como Jesús, nos exige un amor total, El no aceptas un amor parcial o limitado, y lo mismo nos enseña y nos exige, la entrega y el amor, tanto a Dios como al prójimo. Eso quizás fue sorprendente para el fariseo, Jesús puso al mismo nivel los dos mandamientos, y así lo aclara el evangelio cuando diciendo “De estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los Profetas".

Para nosotros, cristianos, seguidores de Jesús, debemos ser absolutamente contrarios a cualquier sentimiento acentuado de hostilidad, antipatía, rechazo y odio a los hombres, sin embargo es algo con lo que convivimos a diario, esta a la vista de cualquiera en la familia, en la amistad, con los vecinos, con los que piensan diferente, entre los políticos, entre las naciones y pueblos.

Esto es los que nos enseña Jesús, el hombre es imagen de Dios, y si tu amas a tu prójimo, amas a Dios, y si amas a Dios, lo amas en también en el prójimo.

Estos preceptos son nuestros fundamentos de la vida cristiana, ambos basados en el amor, y por amor a Dios y al prójimo, juntos el mandamiento más grande de la Ley

Jesús, con estas palabras, nos ha dado a toda la Humanidad otra de esas lecciones trascendentales. Es la lección de la caridad cristiana volcándose en la fraternidad de todos los seres humanos.

El Señor les Bendiga

Pedro Sergio Antonio Donoso Brant ocds

PARA LA LECTIO DIVINA  (3)

 

PREPARAR LA GENERACIÓN DE LA QUE HABRÍA DE NACER EL MESÍAS

El relato de Rut remite al Dios de Israel, que viene al encuentro de su pueblo. La iniciativa es suya y es gratuita, a fin de que la respuesta a la que invita sea una reciprocidad de amor en la libertad de la entrega. La vida de Rut se va construyendo a lo largo del camino de toda su existencia, a través de los acontecimientos normales de la vida diaria: en su decisión de formar una familia, en los sufrimientos de la pérdida de sus seres queridos, en su decisión de convertirse a su vez —como ya había sucedido con Noemí— en emigrante en tierra extranjera. Conoce el sufrimiento por la falta de un hijo y por la muerte prematura de su marido.

Dios está presente en su historia y obra en ella como lo hace en el pueblo y en los pueblos. Noemí, con su testimonio, se vuelve para Rut mediación de una llamada del Señor para que abandone sus propias tradiciones, su propia cultura, su propia gente, sus propios dioses, y se abra a una nueva vida desconocida para ella, pero que forma parte de un designio de amor de inmensos confines. Rut irá conociendo en su camino nuevas alegrías y nuevos dolores, la incomprensión, los conflictos, las incertidumbres y el sufrimiento íntimo de un pueblo que se ha convertido en el suyo. Rut cree, responde y va, es decir, sigue al Dios de la alianza, a quien ahora pertenece por haberse entregado a él.

El Señor la ha elegido, del mismo modo que ha elegido a otras mujeres de Israel y a mujeres de otros pueblos para preparar la generación de la que habría de nacer el Mesías. Rut tendrá un hijo, testimonio de que Dios provee a su pueblo, porque lo ama.

La respuesta de Jesús, narrada en la perícopa evangélica de Mateo, revela el mecanismo profundo del ser del hombre que le impulsa hacia Dios y hacia los hermanos. El hecho de haber unido de modo indisoluble los dos mandamientos del amor a Dios y del amor al prójimo significa que la raíz del hombre es el amor, porque Dios es amor. Significa que la totalidad del compromiso con Dios se convierte en amor sin reservas al prójimo. Significa, sobre todo, que el modelo de nuestra relación con los otros es el obrar del Dios- amor con el hombre. No se trata de una imitación moral, sino de la tensión de nuestro ser partícipes de la vida de Dios.

ORACION (3)

 

Hay una belleza que salvará al mundo: es la tuya, el más bello de los hijos del hombre, y es la de María, tu Madre y nuestra Madre. Al contemplar tu misterio, que hoy se ha hecho manifiesto en la vida y en la experiencia de Rut, brota la oración de nuestro corazón: es el Padrenuestro, la súplica que nos revela el camino para la belleza de la humanidad y de cada rostro.

Te pedimos vivirlo, no repetirlo como fórmula de rezo. Te pedimos que descubramos, al vibrar con las notas que lo componen, la belleza del grano de trigo que, al pudrirse, florece y madura en pan de vida. Pudrirse no es morir; es amarte a ti sobre todas las cosas y es amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos, o sea, es vivir, oh Cordero de Dios, corazón del mundo, en nuestras propias carnes de hijos con tu pasión por el hombre, convertido, gracias a tu sangre redentora, en mi hermano.

He aquí las notas del cántico que la vida, al consumarse, eleva: venga a nosotros tu Reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, que todo hombre tenga su pan de cada día, venza al Maligno, encuentre la felicidad y desemboque en la belleza de su ser de hombre y de mujer, en la armonía con la creación. Eso es lo que te pido. Eso es lo que te pedimos.

SANTORAL (4)

 

SAN JUAN EUDES 1601-1680

Pertenece a la generación que está a caballo entre los reinados de Luis Xlll y Luis XIV, cuando Francia, después de salir de la tragedia de las guerras religiosas, ve florecer una edad de oro de la fe y la cultura cristianas, no sin excesos y tormentas, pero con una plenitud y una profundidad que dejan una huella hondísima.

La familia Eudes amenazaba extinguirse. Sólo quedaba un hijo, Isaac, que estaba cursando la carrera eclesiástica y ya era subdiácono. Para que continuase el apellido abandona la carrera sacerdotal y contrae matrimonio con la joven María Corbin. En la familia Eudes-Corbin se vive la fe. El padre y la madre rezan el Oficio Divino cada día. El Señor les bendice con siete hijos. El mayor de ellos será el protagonista de esta historia.

Juan Eudes nació en Ri (Orne) en 1601.

Fuera de una estancia de algunos años en París, donde fue discípulo de Berulle y de Condren, tuvo siempre como marco de su vida su Normandía natal: estudios con los jesuitas de Caen, y, más tarde, tras su ingreso en el Oratorio Berulano, misiones por la diócesis de Bayeux y de Lisieux, así como asistencia a los apestados de Caen.

Fue aquí donde fundó el Instituto de Nuestra Señora de la Caridad para la regeneración de las prostitutas, y luego, en 1643, la Congregación de Jesús y María, que se consagraría a la dirección de seminarios. Con la fundación de los seminarios de Caen, Contances, Lisieux y Rouen, San Juan Eudes había dado cumplimiento a la gran ilusión de su vida. Para él, la clave de la evangelización de los campos, de la asistencia a los pobres y de la recuperación de las almas pecadoras, se hallaba en la existencia de sacerdotes fervorosos y doctos, suficientemente evangélicos como para anunciar a los hombres, por medio de la palabra y con su propia vida, «las insondables riquezas de Cristo». Lo mismo en sus escritos espirituales que en su ansia por la formación de los sacerdotes se muestra Juan Eudes como el mensajero del Corazón de Jesús, lleno de amor hacia el Padre y de ternura para con los hombres.

San Juan Eudes fue el hijo mayor de una pareja de granjeros franceses. Aunque ellos querían que se casara, San Juan se unió a los oratorianos y fue ordenado a los veinticuatro años. Durante los siguientes años trabajó como misionero parroquial.

San Juan Eudes llevó el amor de Dios (así como ayuda material, por ejemplo, cobijo) a los escalones inferiores de la sociedad: prostitutas, víctimas de la peste, marginados.

Al Padre Eudes lo que más le preocupa es formar dignamente al clero. Aquí está - dice - el porvenir de la Iglesia tanto en Francia como en todo el mundo. Abandona el Oratorio muy a pesar suyo y se entrega a la formación del clero. Escribe unas Constituciones, forma un grupo de clérigos que le siguen a todas partes y a pesar de las enormes dificultades que encuentra por todos lados, da vida a su obra.

Su apostolado primordial es extender por todas partes la devoción a los Sagrados Corazones de Jesús y de María. Para ello funda el Instituto de Jesús y María (Eudistas se llaman ahora popularmente) y empieza a extenderse por todas partes. Viene la aprobación de Roma. Le vienen muchas dificultades, calumnias, persecuciones.

Fundó otra comunidad, las Hermanas de la Caridad de las Desechadas, con el específico propósito de ayudar a prostitutas que deseaban cambiar sus vidas.

Él nunca se olvida de su voto martirial que hizo el 1636. Ahora llega la hora de la verdad. Interviene el Rey, el Papa... Todo por fin queda arreglado y en las manos de Dios. Puede morir tranquilo. Esto sucede el 19 de agosto de 1680. Su palma de martirio incruento era un hecho.

FUENTES DE LA PAGINA

 

La Pagina de la Misa Diaria, esta preparada y es enviada por Pedro S. A. Donoso Brant ocds, desde Santiago de Chile, como un servicio de apostolado, amor por Nuestro Señor Jesucristo y por la Iglesia. Les ruego su oración, para que pueda mantenerse este servicio y subsidio, dando gracias a nuestro Dios que tanto nos ama.

Nota: Para la Liturgia de la Palabra, utilizo “Liturgia Cotidiana” de Ediciones San Pablo, para el estudio y comentario de la Palabra, utilizo los textos de la Biblia Nácar-Colunga, (SBNC) y/o Biblia de Jerusalén (SBJ),

(3) Para la Lectio Divina, Lectio Divina para cada día del año, de Giorgio Zevini y Pier Giordano Cabra (Eds.) y/o, Intimidad Divina, Fr. Gabriel de Santa M. Magdalena ocd,

(4) Santoral preparado por la Parroquia de la Sagrada Familia de Vigo.

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