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ANTÍFONA DE ENTRADA Ecli 15, 5
Los pueblos proclamen la
sabiduría de los santos, y la Iglesia cante sus alabanzas; sus nombres
vivirán por los siglos de los siglos.
ORACIÓN COLECTA
Dios nuestro, que has querido
iluminar a tu iglesia con la vida y la enseñanza de los santos obispos
Basilio Magno y Gregorio Nacianceno, concédenos la gracia de conocer
humildemente tu verdad y de vivirla fielmente en la caridad. Por nuestro
Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del
Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.
LECTURA 1Jn 2, 22-28
Lectura de la primera carta de san Juan.
Hijos míos: ¿Quién es el
mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Ése es el Anticristo:
el que niega al Padre y al Hijo. El que niega al Hijo no está unido al
Padre; el que reconoce al Hijo también está unido al Padre. En cuanto a
ustedes, permanezcan fieles a lo que oyeron desde el principio: de esa
manera, permanecerán también en el Hijo y en el Padre. La promesa que él
nos hizo es ésta: la Vida eterna. Esto es lo que quería escribirles acerca
de los que intentan engañarlos. Pero la unción que recibieron de él
permanece en ustedes, y no necesitan que nadie les enseñe. Y ya que esa
unción los instruye en todo y ella es verdadera y no miente, permanezcan en
él, como ella les ha enseñado. Sí, permanezcan en él, hijos míos, para que
cuando él se manifieste, tengamos plena confianza, y no sintamos vergüenza
ante él en el día de su venida.
Palabra de Dios.
COMENTARIO
La carta está escrita en medio de
una situación de engaño y mentira que atenta contra la vida de los
creyentes. ¿Cómo vivir cuando estos peligros acechan constantemente a la
comunidad? La clave es permanecer firmes en Jesucristo; en él están la
verdad y la vida.
SALMO Sal 97, 1-4
R. ¡El Señor manifestó su victoria!
Canten al Señor un canto nuevo,
porque él hizo maravillas: su mano derecha y su santo brazo le obtuvieron
la victoria. R.
El Señor manifestó su victoria,
reveló su justicia a los ojos de las naciones: se acordó de su amor y su
fidelidad en favor del pueblo de Israel. R.
Los confines de la tierra han
contemplado el triunfo de nuestro Dios. Aclame al Señor toda la tierra,
prorrumpan en cantos jubilosos. R.
ALELUYA Heb 1, 1-2
Aleluya. Después de haber
hablado a nuestros padres por medio de los profetas, en este tiempo final,
Dios nos habló por medio de su Hijo. Aleluya.
EVANGELIO Jn 1, 19-28
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan.
Éste es el testimonio que dio
Juan, cuando los judíos enviaron sacerdotes y levitas desde Jerusalén, para
preguntarle: Quién eres tú?, él confesó y no lo ocultó, sino que dijo
claramente: -Yo no soy el Mesías-. -¿Quién eres, entonces?-, le
preguntaron. -¿Eres Elías?-. Juan dijo: -No-. -¿Eres el Profeta?-.
–Tampoco- respondió. Ellos insistieron: -Quién eres, para que podamos dar
una respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?-. Y él les
dijo: -Yo soy una voz que grita en el desierto: Allanen el camino del
Señor, como dijo el profeta Isaías-. Algunos de los enviados eran fariseos,
y volvieron a preguntarle: -¿Por qué bautizas, entonces, si tú no eres el
Mesías, ni Elías, ni el Profeta?-. Juan respondió: -Yo bautizo con agua,
pero en medio de ustedes hay alguien al que ustedes no conocen: Él viene
después de mí, y yo no soy digno de desatar la correa de su sandalia-. Todo
esto sucedió en Betania, al otro lado del Jordán, donde Juan bautizaba.
Palabra del Señor.
COMENTARIO
El relato presenta de manera
progresiva y cronológica los inicios de la misión de Jesús. Presenta
también la actividad de Juan Bautista que precede a la predicación de Jesús
y que resulta cuestionadora para los jefes religiosos de la época, al punto
que preguntan por su identidad. La respuesta de Juan, más que satisfacer la
curiosidad de los sacerdotes, levitas y fariseos, quiere suscitar en los
corazones la expectativa y la apertura hacia el que viene, Jesús.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Recibe, Señor, este sacrificio
de tu pueblo, para que los dones ofrecidos a ti en honor de los santos
Basilio y Gregorio, sean para nuestra salvación eterna. Por Jesucristo,
nuestro Señor.
ANTÍFONA DE COMUNIÓN Lc 12, 42
Nosotros predicamos a Cristo
crucificado, fuerza y sabiduría de Dios.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Te pedimos, Dios todopoderoso,
que la participación en la mesa celestial robustezca y aumente las fuerzas
espirituales de quienes celebramos la fiesta de los santos Basilio y
Gregorio; para que guardemos con integridad el don de la fe y recorramos el
camino que nos señalaron. Por Jesucristo, nuestro Señor.
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Él viene después de mí, y yo no soy digno de desatar la correa de
su sandalias
Jn 1, 19-28
Autor: Pedro Sergio Antonio Donoso Brant ocds
1. YO NO SOY EL MESÍAS.
Este es el testimonio que dio
Juan el Bautista, cuando los judíos de Jerusalén enviaron una comisión de
sacerdotes y levitas para preguntar a Juan quién era. El confesó
rotundamente: Yo no soy el Mesías.
Estas palabras introductorias
podrían ser una alusión literaria a la misión del Bautista, que se dijo en
el prólogo que era la de dar testimonio de Cristo (Jn 1:6-8), aunque allí
nada se dijo de la forma histórica en que el Bautista cumplió ese
testimonio.
El momento en que el Bautista
hace su aparición en el valle del Jordán, predicando la proximidad del
reino de Dios y orientando hacia él los espíritus y preparándoles con un
bautismo que era símbolo de la renovación total, era un momento en Israel
de máxima expectación mesiánica.
La figura y predicación de Juan
el Bautista era lo que más contribuía a crear este interés mesiánico en las
multitudes. Los evangelios sinópticos hablan ampliamente de la persona
ascética del Bautista: se presenta con una vestidura austera, que evocaba
la vestidura de viejos profetas de Israel, y con ausencia de ellos después
de tantos siglos, y con gran austeridad en su vida y su escenario era el
desierto de Judá, de donde, conforme al ambiente de entonces, se esperaba
saldría el Mesías.
La manifestación del Bautista
en la región del Jordán, en aquel ambiente de expectación mesiánica, y
anunciando que “llegó el reino de Dios” (Mt 3:2), produjo una conmoción
fortísima en Israel. Ante esta fuerte conmoción religioso-mesiánica, es
cuando el evangelista recoge la comisión que le enviaron desde Jerusalén
los judíos.
En el Evangelio de Juan los
Judío tiene diversas acepciones, pero en este caso, se puede decir con
bastante probabilidad que los judíos que enviaron a Juan Bautista, son una
delegación de sacerdotes y levitas, son las autoridades religiosas de
Jerusalén, los grandes sacerdotes, excitados y movidos por los fariseos.
A primera vista extraña el
porqué se incluyen en esta delegación oficial a los levitas, ya que éstos
no eran miembros del Sanedrín. Los levitas eran especialistas en los actos
cultuales, eran los liturgistas o ritualistas del culto. Y el Bautista se
caracterizaba por un especial bautismo, de tipo desconocido en Israel, y
del que esta delegación le pedirá cuenta porque lo hace. Talvez por eso la
delegación está formada por especialistas en materia de purificación
cultual.
El diálogo de este
interrogatorio, tal como lo relata el evangelista, es sintético, pero
preciso, y acusa la austeridad, y puede pensarse como de sagacidad, del
Bautista.
“¿Tú quién eres?” Naturalmente,
lo que les interesa no es su origen, sino su misión, la respuesta del
Bautista es clara y terminante: Yo no soy el Mesías. Acaso hubo preguntas
más explícitas sobre este punto. Pero, en todo caso, el Bautista responde
al ambiente de expectación que había sobre su posible mesianismo. Lc dice,
a propósito de la acción y conmoción que produce la presencia del Bautista:
se hallaba el pueblo en expectación, y pensando todos en sus corazones
acerca de Juan si seria él el Mesías (Lc 3:15; cf. Hech 13:25).
2. NO SOY ELÍAS.
Ellos le preguntaron: Entonces,
¿eres tú Elías? Juan respondió: No soy Elías.
Descartado que fuese el Mesías,
su aspecto y conducta, anunciando la proximidad de la venida del reino,
hizo pensar, en aquellos días de expectación mesiánica, que él, vestido
como un viejo profeta pudiera ser el
precursor del Mesías, el cual, según las creencias rabínicas, sería el
profeta Elías.
Los rabinos habían ido
estableciendo las diversas funciones que ejercería Elías en su venida
precursora. Vendría a reprochar a Israel sus infidelidades, para que se
convierta, vendría a resolver cuestiones difíciles, que aún no estaban
zanjadas, tendría una misión cultual y restituiría al templo el vaso del
maná, la redoma del agua de la purificación, la vara de Aarón, y traería la
ampolla con el aceite de la unción mesiánica. Y según una tradición judía,
recogida por San Justino, Elías anunciaría la venida del Mesías, le daría
la consagración real y le presentaría al pueblo. Tal era el ambiente que
sobre la función precursora de Elías, que había en el Israel contemporáneo
de Cristo, como reflejan estos escritos. Jesucristo mismo hizo ver que esta
función de Elías precursor la había cumplido el Bautista (Mt 17:10-13; Mc
9:11-13).
Por otra parte, dado el grado
de suficiencia y petulancia farisaicas, sería difícil saber el grado de
sinceridad que hubo en este interrogatorio. Las respuestas secas del
diálogo, ¿serán simple resumen esquemático, acusándose literariamente el
intento polémico del Evangelista, o reflejarán el desagrado del Bautista
ante el interrogatorio y tono exigente y escéptico de aquella misión
farisaica jerosolimitana?
3. ¿ERES EL
PROFETA QUE ESPERAMOS?
Luego volvieron a preguntarle:
¿Eres el Profeta que esperamos? El respondió: No. No de no ser ninguno de
estos personajes mesiánicos, no cabría más que preguntar, ante aquella
figura y conducta del Bautista, si era un profeta, cuya investigación es
uno de los puntos de competencia explícitamente citados en la legislación
sobre el Sanedrín. ¡Hacía tanto tiempo que la voz del profetismo había
cesado en Israel! ¡Unos cinco siglos!
Pero el problema está en que
aquí le preguntan si él es el Profeta, en singular y con artículo,
determinándolo de modo preciso. Los rabinos no parecen que hayan
interpretado este pasaje de ningún profeta insigne en concreto. Los judíos entendían
un confuso modo, sea del Mesías (Jn 6:14), sea de alguno de entre los
grandes personajes de Israel (Jn 7:40): como Samuel, Isaías, Jeremías. Y
hasta se pensó que pudiera referirse al mismo Moisés, pues se tenía la
creencia popular de que no había muerto, sino que había sido arrebatado
corporalmente al cielo.
Lo más extraño es que el
Bautista niega ser el Profeta, cuando, en realidad, su misión era
profética. En el Benedictus se le reconoce por tal: será llamado profeta
del Altísimo (Lc 1:76). Y Cristo dirá de él mismo que no hay entre los
nacidos de mujer profeta más grande que Juan (Lc 7:28).
Acaso la solución se encuentra
en el mismo evangelio de Jn. Después de la multiplicación de los panes, los
“hombres, viendo el milagro que había hecho, decían: Verdaderamente éste es
el Profeta que ha de venir al mundo (Jn 6:14). Juan entiende probablemente
el profeta en un sentido equivalente a Mesías; de ahí su respuesta
negativa.
4. ¿QUÉ DICES DE
TI MISMO?
De nuevo insistieron: Entonces
dinos quién eres. Tenemos que dar una respuesta a los que nos enviaron.
¿Qué dices de ti mismo? Y el Bautista, ante aquella delegación oficiosa del
Sanedrín, va a dar: testimonio de la Luz (Jn 1:7). Y va a dar el testimonio
oficialmente, para que lo transmitan a la autoridad de la nación. Yo soy la
voz que grita en el desierto: enderecen el camino del Señor.
El Bautista se figura que él es
el mensajero que, estando en el desierto, desde él pide a todos que se
preparen para la inminente venida del Mesías.
Algunos de la comisión eran
fariseos. No sería improbable que, si el Sanedrín fue el que envió esta
delegación, lo hiciese, como antes se dijo, movido por los fariseos. Estos
le preguntaron: Si no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta esperado,
¿por qué bautizas?
Estos enviados fariseos,
especialistas en todo lo de la Ley, al ver que él negaba ser el Mesías, o
Elías, o el Profeta, le preguntan por qué entonces bautiza. Que éstos
instituyesen ritos nuevos, nada tenía de particular; como enviados de Dios,
podían obrar conforme a sus órdenes. Pero un simple asceta, ¿podría
arrogarse este derecho?
En la época de Cristo, los
judíos practicaban numerosos ritos de purificación. Pero no eran verdaderos
bautismos. El verdadero bautismo para ellos era el de los prosélitos, que
se administraba a los paganos que se incorporaban al judaísmo. Los demás
ritos de lavado, entre los judíos, no tenían carácter bautismal, y ninguno
estaba en función de la venida del reino. Pero el Bautista había
introducido un rito nuevo, pues estaba en función de la purificación del
corazón, conversión, y en relación
con la inminencia de la venida del reino de Dios. ¿Qué potestad tenía él
para esto? Era lo que le exigía la autoridad religiosa, encargada de velar
por las tradiciones de Israel.
5. YO BAUTIZO CON
AGUA.
Entonces Juan, afirmó: Yo
bautizo con agua. En efecto, a la primera parte de la respuesta del
Bautista: Yo bautizo con agua, se esperaría la contraposición que Cristo
bautizaría en fuego o en Espíritu Santo. El Bautista no conoció el bautismo
en el Espíritu Santo, como apropiación de una persona divina; no salió de
la mentalidad del ambiente del A.T., en el que el Espíritu Santo era la
acción del Dios “ad extra.”
En efecto, el bautismo de Juan
no tenía valor legal moral, sino que tenía valor en cuanto, siendo un
símbolo externo de purificación, excitaba y protestaba la confesión de los
pecados (Mt 3:6; Mc 1:5). Hasta el historiador judío Flavio Josefo destaca
esto, así es como escribe que: este bautismo no era usado para expiación de
crímenes, sino para la purificación del cuerpo, una vez que ya las mentes
estaban purificadas por la justicia.
Pero, en lugar de contraponer a
su bautismo el de Cristo, hace el elogio de éste en contraposición consigo
mismo, “pero en medio de ustedes hay uno a quien no conocen. Es ello una
alusión al tema mesiánico conocido en Israel. Según creencia popular, el
Mesías, antes de su aparición, estaría oculto en algún lugar desconocido.
Llama así la atención mesiánica sobre Cristo, conforme a la creencia
ambiental. Luego dirá el Bautista cómo supo él que Cristo era el Mesías (Jn
1:31-34). Por eso, si Cristo está oculto, el que los judíos no le conozcan
no es reproche. Precisamente la misión del Bautista es presentarlo a Israel
(Jn 1:31). Así evocaba la creencia ambiental en el Mesías oculto, Cristo, y
en Elías precursor, cuya función realizaba el Bautista (Mt 11:14; Lc 7:27).
6. EL VIENE
DETRÁS DE MÍ, AUNQUE YO NO SOY DIGNO DE DESATAR LAS CORREAS DE SUS
SANDALIAS.
Luego dice: El viene detrás de
mí, aunque yo no soy digno de desatar las correas de sus sandalias. El
Bautista, de forma enigmática, anuncia que él sólo es el precursor de una
persona cuya dignidad anuncia, pero que él no es digno de desatarle las
correas de la sandalia. Era este oficio propio de esclavos.
Aprendemos de este fragmento
del Evangelio, que profetizar es proclamar un mensaje de salvación, ya que
el profeta es un mensajero, un porta voz que habla en nombre de Dios, y
todos nosotros podemos ser como Juan Bautista, pero al modo de él, sin
avanecerse por su misión. Recordemos que el niega lo que es, pero da a
conocer lo que es y lo hace defiriéndose a Cristo y lo alaba juzgándose a
si mismo, indigno aún de desatar las correas de sus sandalias.
El Bautista nos da demostración
que su razón de ser es dar testimonio del Mesías, a él no le interesa otra
cosa que dar testimonio de Cristo, el nos demuestra que no hace falta
perder tiempo en defender posiciones propias, y lo que importa no es el
concepto que otros tengan de nosotros y si tenemos o no autoridad, lo que
vale es el testimonio de Cristo. No tengamos miedo de hablar de Jesucristo,
podemos hacerlo en cualquier momento, en cualquier ocasión, hablar de El
nunca esta de más, al contrario, es positivo y da mucha paz hacerlo.
7.
EN MEDIO DE USTEDES HAY ALGUIEN AL QUE USTEDES
NO CONOCEN
Avivemos hoy nuestra fe de creyente,
hagamos notar la bondad activa que nos ha enseñado Jesús para con nuestros
hermanos, esto será un medio importante y eficaz para dar testimonio de
Cristo, pero por sobre todo, darlo a conocer al mundo. Tengamos presente
las palabras del Bautista: “Yo bautizo con agua, pero en medio de ustedes hay
alguien al que ustedes no conocen”. Es Jesús el
que esta en medio de nosotros, en medio de la Iglesia, en la Eucaristía, y
en la gracia por la cual esté presente y operante en los bautizados. “Hay alguien al que
ustedes no conocen”.
En efecto, el mundo no lo conoce, y esto
sucede porque a nuestro pesar, muchos prefieren cerrar los ojos, y también
porque no son muchos los que dan testimonio del Evangelio vivido de esa
bondad que revele al mundo de la bondad de Cristo Jesús. Y también tenemos
que reconocer, que en medio de nosotros, hay muchos hermanos que son
creyentes, y tampoco lo conocen, porque nos se dan el tiempo a estar muy
unidos con el Señor a través de la oración, o porque su frialdad no les
permite reconocer donde él se esconde, allí en los mas pobres, en los
afligidos, en los que buscan consuelo, en los que sufren de enfermedad
física o espiritual.
El Evangelio, nos muestra a un Juan
Bautista, que es modelo de testimonio de Cristo; que nos revela una fe
pujante, que es austero, desinteresado, humilde y que: “Vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de
él.”
El Señor les Bendiga
Pedro
Sergio Antonio Donoso Brant ocds
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